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El plan del gang

El plan han de los mafiosos



 No son pocas las grandes ciudades contemporáneas que han surgido de forma insólita, acelerada e inesperada, como si se tratara de auténticos inventos de la creación imaginativa y hasta de la más audaz de las ficciones. Medellín, por ejemplo, fue un humilde y respetable pueblecito de la provincia colombiana hasta que, de pronto y como por arte de magia, tal como Venus salida de la espuma del mar o al igual que los hongos, que crecen y se multiplican en el bosque de un día para el otro, se transformó en una atractiva ciudad, de manera inaudita, sorprendente. Las Vegas fue, en estricto sentido, un árido desierto que, ex nihilo, se convirtió en un gran centro de deslumbrantes y sensuales casinos, maravillosos hoteles, centros internacionales de convenciones, bodas express y exquisitos centros comerciales. Miami fue un pantanal plagado de cocodrilos y alimañas, un territorio que España no quiso conservar entre sus colonias y que se convertiría con el tiempo en “centro de acopio” para pieles roja expropiados y lugar de castigo para esclavos “alzados”. ¿Quién podría sospechar que de aquel vasto terreno fangoso, de indefinida mezcla de lodo y arena de mar, infestado de reptiles y de toda clase de insectos, en tiempo record, se elevaran majestuosas edificaciones, calles y autopistas infinitas flanqueadas por palmeras, los últimos autos deportivos y los más glamorosos yates atravesando la bahía de un inmenso circuito de turismo internacional y, por si fuera poco, en la auténtica capital de la América Latina?


 No se puede negar el gran papel desempeñado por las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción en estas, sin duda, formidables empresas de desarrollo urbano. Gente honesta y trabajadora contribuyó decididamente en la concreción de la gran meta, de esos grandes sueños hechos realidad. Pero sería ingenuo voltear la mirada para evitar reconocer que, detrás de muchas de las ingentes inversiones, se hallaba el dinero lavado por los sindicatos del crimen. Como afirmaba el famoso general italiano al servicio del Emperador Napoleón I, “non tutti, ma buonaparte”. De hecho, se puede afirmar que, por ejemplo, Las Vegas es una hija de la mafia en América. No sólo porque su construcción se tradujo en la posibilidad cierta de lavar el dinero sucio, sino porque, una vez construida, pasó a ser un auténtico núcleo de inversiones del cual obtener ganancias sin precedentes. Sin contar su relativa cercanía con la frontera mexicana, donde los carteles ya poseían grandes extensiones de tierra, presta para el cultivo, producción y distribución de narcóticos. Así las cosas, el otro objetivo fue la Cuba de Batista, que al poco tiempo se convertiría nada menos que en el cuartel general de la mafia en América. Y todo indica que, a pesar del cambio de administración, aún lo sigue siendo. La argucia de Fidel Castro, Il padrino de ese cartel de los carteles que es el Foro de Sao Paulo, estuvo en “vender” las ruinas de lo que fue una hermosa ciudad como La Habana en un museo para el turismo. Él es el gran fundador de la estética de la perversidad contemporánea.

 La capital de la Venezuela de hoy está sufriendo una severa -aunque no anunciada- modificación, un rediseño y, quizá -para sorpresa de muchos-, hasta un eventual embellecimiento, a los efectos de generar una sensación -ilusoria- de bienestar general. La refacción y puesta en funcionamiento del icónico Hotel Humbolt; la iluminación de calles y avenidas que hasta hace poco tiempo permanecían oscuras; la llegada de los pomposos bodegones; la ordenanza del “gris sobre gris” sobre las santamarías de los locales comerciales; el interés de convertir la parroquia San Pedro -Santa Mónica, Los Chaguaramos y Las Acacias- en una segunda Las Mercedes, son, tal vez, los primeros síntomas del plan general que parece haberse puesto en práctica. Y es probable, dentro de tales coordenadas, que se hayan propuesto el estrangulamiento de la Universidad Central de Venezuela para, una vez liquidados sus valores y principios autónomos fundamentales, ponerla al servicio de los intereses del gansterato y, entonces sí, reabrirla y refaccionarla.


 Sólo que, para poder dar cumplimiento al plan general de embellecimiento de la ciudad, se hace necesario “limpiarla” del lumpanato, del malandraje criminal que, hasta la fecha, la ha venido azotando, manteniéndola en vilo. Una ciudad a la que se proponen reembellecer y resaltar sus virtudes, en beneficio de “los grandes negocios”, encendiendo la gran lavadora de dólares, no necesita de los hamponzuelos, matones y secuestradores de barrio, que en otro momento resultaron indispensables para colmar de terror a la sociedad civil que reclamaba sus derechos en la calle. Con los tiempos, las cosas cambian. Con más de seis millones de antagonistas fuera del país y con una población preocupada por el Covid, las remesas internacionales, el tener que hacer la cola para echar gasolina, esperar “que llegue” el agua, la electricidad o la internet, comprar comida y medicamentos, etc., un malandraje “respondón” no sólo se hace incómodo, sino, de hecho, prescindible. Así ha operado, históricamente, el crimen organizado. Fue, de hecho, la mafia la que terminó entregando a Bonnie & Clyde, a Johnny Dillinger o a Al Capone, justo cuando comenzaron a hacerse incómodos para sus “más elevados” propósitos.


 La incursión masiva de las fuerzas policiales, con la asistencia de las fuerzas armadas, sobre la 'Cota 905' es, en buena medida, parte del plan general de “limpieza” trazado por el gansterato que mantiene bajo secuestro a Venezuela. Pudieron haberlo hecho hace mucho tiempo y evitarle a los ciudadanos tanto dolor, pero no era el momento indicado. Ahora que las cosas van saliendo según el guión pautado, y a medida que la llamada “oposición” va aceptando las reglas del juego gansteril, la hora de los “Koki” parece haber llegado. Basta con expiar las culpas y lavar la sangre derramada sobre los últimos alzados contra el régimen.


 

José Rafael Herrera

@jrherreraucv

¿Qué es el liberalismo?

Qué es el liberalismo


 

            Las doctrinas no son filosofías, a pesar de lo que pueda llegar a creer el sentido común. El socialismo y el liberalismo no son, de hecho, filosofías. A lo sumo, se trata de una toolbox con ciertos parámetros doctrinarios, barnizados con un brochazo de universalismo abstracto y lubricados por la mala infinitud. Por eso, ante la menor prueba de realidad, confirman el hecho de que, históricamente, sus presuposiciones no pueden no sufrir severas modificaciones con base en los obstáculos, las condiciones y circunstancias, que les impone el devenir, el transitar del ser y de la conciencia sociales en el tiempo. Spinoza las designa con el nombre de imaginatio, o imaginación. Hegel las llama representaciones (Vorstellung). Marx las denomina ideología (Ideologie). No obstante, se trata de los mismos pre-juicios, de los mismos su-puestos de tapa amarilla con pretensiones filosóficas, hechos a base de los retazos de genericidad que va dejando el sentido común y hasta el buen sentido. Prácticamente todas las obras -por lo menos las de mayor importancia- escritas por Marx tienen por subtítulo el sustantivo de Kritik. Ironía de ironías: el haber transmutado una teoría crítica de la sociedad en doctrina, marca la diferencia real entre Marx y el socialismo marxista. Ese es, en última instancia, el sentido y significado más hondo de su enfático “Ich bin kein Marxist” (“yo no soy marxista”).

            No hace mucho tiempo, Fernando Escalante Gonzalbo, profesor de filosofía del Colegio de México, publicó la voz “Liberalismo” para el ya clásico Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora. Se trata, por demás, de un extracto tomado de su ensayo Historia mínima del neoliberalismo, de 2019, que ya va por la quinta edición. La voz en cuestión da cuenta de cómo, y “según el caso”, liberalismo puede llegar a significar muchas cosas: “que alguien es generoso o que es tolerante, de mente abierta”, o puede llegar a tener connotaciones más específicas, “como cuando se habla de profesiones liberales o de una educación liberal”. Y, por supuesto, en un sentido político, “el liberalismo no es propiamente un sistema de ideas, sino algo más impreciso, de imágenes más amplias, una tradición de pensamiento que ha tenido manifestaciones históricas diferentes, y a veces contradictorias”, cuya característica esencial consiste en “la preocupación por ampliar, defender y garantizar las libertades individuales”. En otros términos, quizá se trate de “una fórmula tosca, rudimentaria, pero que precisamente por eso puede ser útil como punto de partida, porque a poco que se piense resulta obvio que esa preocupación por las libertades significa cosas distintas si se trata de las libertades políticas, las libertades civiles, las libertades económicas. Por eso no hay el liberalismo, en singular, sino una gran variedad de modos de ser liberal”.

            Hegel tuvo razón al titular uno de sus ensayos del período de Jena De las diversas maneras de tratar científicamente el derecho natural, dado que el derecho natural es la fuente principal de la que se nutre el liberalismo. Y es que, en efecto, durante los últimos dos siglos han habido, cuando menos, cinco maneras diversas de tratar el liberalismo que, como bien afirma Escalante Gonzalbo, no han sido ni precisa ni necesariamente compatibles entre sí. La primera de ellas apunta a la consagración de la libertad personal, es decir, al derecho que posee cada quien de decidir sobre su propia vida. John Stuart Mill lo define del siguiente modo: el individuo no debe dar cuenta de sus actos a la sociedad, siempre que estos no interfieran con los intereses de otros individuos. Esta es la definición más “clásica” del liberalismo: libertad de conciencia, de pensamiento y expresión, derecho a la privacidad y a la intimidad. La segunda manera apunta a las libertades económicas, que se traduce en la exigencia de la no intervención del Estado en las actividades productivas de los individuos, lo cual supone la privatización, el derecho a la libertad de contratación, trabajo, empresa y mercado. La tercera se refiere a la libertad política, al derecho a participar en las decisiones que competen a la cosa pública, es decir, al Estado. Se trata de la libertad de asociación, expresión, participación, manifestación y, por supuesto, de voto.

            La cuarta manera de interpretar al liberalismo es un tanto complicada. Se trata del derecho de poder desarrollar las propias capacidades, de conquistar una vida digna y meritoria. No se puede ser libre si no existen las condiciones materiales para poder elegir lo que se desea hacer, si no hay oportunidades objetivas para poder optar por lo que se quiere ser en la vida. Lo que significa que cada individuo merece ser libre de privaciones, de hambre, enfermedades, ignorancia y miserias. De otro modo, la libertad que se predica deviene ilusoria. Pero ello implica una serie de derechos fundamentales que, en muchos casos, resultan incompatibles y antagónicos con las libertades económicas e incluso personales, estrechando los márgenes y confundiendo los límites entre el individuo y la sociedad. La quinta manera de interpretación del liberalismo consagra el derecho a la pluralidad, el rechazo hacia toda imposición, a toda expresión de “pensamiento único” y a todo intento de uniformización de los individuos. Es la aversión al paternalismo, al autoritarismo y a la pérdida de la autonomía personal. Es la exigencia del derecho a elegir la propia vida, los propios valores e ideas, las propias inclinaciones, tradiciones, cultos, sexualidad y un amplio etcétera. Se comprende que una noción de liberalismo que admita la absoluta multiplicidad de los derechos pone en riesgo la propia definición de unidad del derecho y, con ella, la condición que privilegia la igualdad de los derechos universalmente concebidos.

            En síntesis, la clasificación misma es problemática y, como señala su autor, sólo puede ser “aproximativa”. Sin duda, un tema de importante factura, “para que se pueda ver la profundidad de las divisiones que puede haber dentro de la tradición liberal”. Todo lo cual deja constancia del hecho de que “ninguno es el verdadero liberalismo, porque no existe tal cosa”. Una “mezcla de actitudes, sentimientos, valores, instituciones e ideas que ha cristalizado en diferentes doctrinas, en diferentes programas políticos, en los últimos trescientos años”. De él se puede afirmar que, via reflectionis, coincide de plano con su mayor antítesis doctrinaria, el totalitarismo socialista, con base en el hecho de que puede perfectamente existir un liberalismo de extrema izquierda tanto como un socialismo de extrema derecha. Son estos, en efecto, los términos del antagonismo, del no reconocimiento, presentes en un mundo que decidió sustituir las ideas por los stickers, y que desde hace ya mucho tiempo asumió la aventura de andar por los bordes del abismo trazados por el entendimiento abstracto.          

           

           

           

 

José Rafael Herrera

@jrherreraucv

 


       

Un mundo de representaciones

 

Schopenahuer representación

 

 

 

            Después de que Schopenhauer desmintiera el argumento leibniziano de “el mejor de los mundos posibles”, con aquella terrible sentencia según la cual “la vida es un anhelo opaco y un tormento”, las puertas del infierno positivista quedaron abiertas de par en par, desatándose la furia de todos sus demonios. El mundo como voluntad y representación (Die Welt als Wille und Vorstellung), de 1819, es, de hecho, la declaración formal de la bancarrota de los intentos oblicuos de la teología filosofante y de la metafísica moderna por interpretar el sentido y significado último de sus principales objetos de estudio y, con ellos, del fundamento de la existencia misma. La mesa del festín mefistofélico quedó servida para que el “sueño dorado” de la ratio instrumental -el dominio total, die Herrschaft, ya advertido por Webber- comenzara a producir sus primeros monstruos y sus primeras monstruosidades. No pasaría mucho tiempo para que surgiera la opaca leyenda de la anciana “madre de las ciencias” -suerte de reina Isabel del conocimiento- que, ya achacosa e impotente, daba paso a sus vigorosos retoños, aunque aceptaba, humildemente, un lugar en la grande abbuffata, ubicada, eso sí, por detrás de las últimas disciplinas -no por caso, catalogadas como las “ciencias débiles”-, en el sitial de las nostalgias del pasado y de las sombrías entelequias de lo que aun latía en el débil corazón de la vida espiritual.

            Lejos de condenar la sin razón, el positivismo le dio la bienvenida y le hizo los honores, dado que es su complemento necesario. Muy pronto, las multitudinarias procesiones hacia Tierra Santa o hacia La Meca, sufrieron una severa desviación de su curso hacia el Oeste. Y el reencuentro directo con Dios fue sustituido por el encuentro, visible y palpable, aunque no menos ilusorio, nada menos que con un ratón. Es el sublime “reino de la fantasía”, construido sobre pantano, madera y yeso. Es “la magia” de lo efímero. Dicen las Escrituras que el reino de Dios está construido con madera de cedro. El reino de la representación está, en cambio, hecho con cartón piedra. La antinomia de fe y saber ha sido, finalmente, resuelta por la cadena de montaje de la industria del turismo. Los feligreses transmutados en Guests. Ahora, el centro objetivo de los pueblos del mundo se ubica en la parte occidental del gran templo, mientras que para los cada vez más pocos y desprestigiados adoradores de un Dios infinito este espacio determinado, carente de toda configuración, no pasa de ser un simple lugar. Y es que “el sentimiento de lo divino, el sentimiento por el que se siente lo infinito en lo finito, llega a su plenitud sólo si se le agrega la reflexión, la reflexión que se detiene sobre él. Y sin embargo, la relación de la reflexión con el sentimiento es sólo un conocimiento del mismo en cuanto algo subjetivo; es sólo una conciencia del sentimiento, una reflexión separada sobre el sentimiento separado”. A diferencia de otras fuerzas y actividades de la producción espiritual, y a consecuencia de la división en dominios específicos, procedimientos, contenidos y sistema organizacional, la ciencia y la técnica del presente sólo pueden comprenderse con referencia a la sociedad para la cual funciona. El positivismo, que concibe la abstracción científica como una herramienta necesaria para la defensa automática del progreso, es tan fraudulento como la glorificación de la tehcné. Es esto lo que permite comprender por qué el gansterato chavista surgió del seno de las universidades.


            Es verdad que Platón propuso hacer a los filósofos gobernantes. Pero los tecnócratas han hecho de la ingeniería y de la administración, en sus más diversas especializaciones y desempeños, un consejo de vigilancia social y política. La doctrina positivista es, en realidad, el fundamento de la tecnocracia filosófica, eso a lo que aún hoy algunos ignorantes insisten en calificar como “la filosofía de la empresa”, que se ha ido expandiendo hasta sustanciarse como modo de vida. Están convencidos de que el único camino posible para salvar la humanidad consiste en someterla estrictamente a las reglas y métodos de la ratio cientificista. Curiosamente, vendieron la idea -y el sentido común la compró con entusiasmo- de que el pensamiento se identifica con la ancilla administrationis, la cual, paradójicamente ha devenido rector mundi. Es tiempo de recordar que el desarrollo puramente técnico-científico, guiado por la enfática ficción de la verdad positivista, elevada a Weltanshauung, no solo ha conducido a las mayores confrontaciones bélicas de la humanidad, a los campos de concentración, a los regímenes totalitarios y supremacistas y al narco-terrorismo, sino, especialmente, a lo que Hannah Arendt definiera como la banalidad del mal: “El problema con Eichmann fue precisamente que muchos fueron como él, y que la mayoría no eran ni pervertidos ni sádicos, sino que eran y siguen siendo terrible y terroríficamente normales. Desde el punto de vista de nuestras instituciones legales y de nuestras normas morales a la hora de emitir un juicio, esta normalidad es mucho más aterradora que todas las atrocidades juntas”.


            Que “el mundo sea mi representación” y que la voluntad propiamente dicha trascienda los confines de la realidad fenoménica, constituyendo un universal abstracto, un malandro infinito, ciego, carente de motivo alguno, absolutamente tiránico e irracional, no sólo significa haber permitido la transmutación de las ideas en “pinturas mudas sobre el lienzo”. Es, además, una rendición incondicional, la renuncia a la autoconsciencia, a toda posibilidad de ciudadanía y a toda construcción del Ethos. Significa, en consecuencia, el haber abdicado a la libertad como una conquista de la praxis, de la actividad sensitiva humana y, con ello, a la comprensión de la sustancia como sujeto, dejando el camino libre para la aceptación de la guerra de todos contra todos o del triunfo de la barbarie. The lamb lies down on Broadway, afirmaba la banda de rock progresivo “Génesis” en 1974. Hoy el mundo ha comprobado que un conocimiento ajeno a la formación crítica e histórica, tendencialmente apologeta del cientificismo, exclusivamente técnico e instrumentalizado, termina en un mundo de ovejas dormidas: en la tiranía de una crueldad larvada, oculta tras los ropajes de la ficción del “triunfo” del progreso.                          



 

José Rafael Herrera

@jrherreraucv

 

Meritofilia

 

 

A Moisés y las tablas virtuales

de su contrapunteante amistad

 

Merito del que no sabe.

 

 

            La reflexión es un fenómeno que se produce cuando un rayo de luz choca contra una superficie para, acto seguido, reproducir -reflejar, precisamente- el rayo de modo oblicuo, formando el efecto de un ángulo igual al de la luz, solo que en dirección invertida, es decir, cambiando la dirección sin cambiar el medio por donde esta se propaga. Por lo general, este fenómeno físico se sucede sobre la superficie del agua, de los espejos o de las carreteras. Pero, además, se trata de un fenómeno meta-físico que, de continuo, se sucede sobre la superficie de la conciencia, y especialmente de las representaciones o prejuicios del ser social. Solo que, en relación con ella, ya no se trata de un rayo de luz sino de un rayo de conocimiento que, via reflectionis, deviene imaginación, el cual, quizá, sea tan o más potente que el de la luz, dada la imprevisibilidad de sus consecuencias. Así, por ejemplo, la meritofilia es una reflexión de la meritocracia que, lejos de enriquecer con su luz el entorno social de su proyección, contribuye decididamente con la diseminación de la pobreza del Espíritu. Es el reflejo, la inversión especular -y por ello mismo, la ficción- de una formación cultural que se sustenta sobre las bases del mérito.

            El mérito es, en estricto sentido filológico, la “debida recompensa”. Viene del latín mereri, que significa “ganar” o “merecer”. La meritocracia es justo eso: la fuerza o el poder de quienes, con su esfuerzo y constancia, bien se lo merecen. Se trata, pues, de un modelo de formación cultural cuya estructura se fundamenta sobre la base del reconocimiento de quienes se lo han sabido ganar, es decir, de quienes han demostrado en los hechos ser los más competentes, los mejor preparados., los más capaces Es, en suma, el gobierno de los probadamente mejores. No se trata de “los más fuertes”, ni de “los más aptos”, desde la perspectiva darwiniana, como tampoco de aquellos que se valen de las argucias o de la violencia para imponer sus deseos sobre el resto del organismo social. Se trata de los más valiosos, los más estudiosos, los más disciplinados, los más honestos, quienes han contribuido durante su trayectoria, es decir, mediante su dilatada formación moral e intelectual, con el bienestar del ser social. Una sociedad que se respete y valore a sí misma, que sea consciente de que solo a través del desarrollo de la cultura en todos sus ámbitos, de la preparación, del trabajo responsable, de la conquista de nuevas metas y mayores alcances, es una sociedad productora del mayor bien de la humanidad: la riqueza de Espíritu.

            No basta con la ratio instrumental, la mera capacitación técnica, es decir, la promoción de una educación exclusivamente basada en la formación de “especialistas” o “expertos” en las más diversas áreas, los cuales, sin duda, son imprescindibles para la construcción de sociedades que se han trazado el objetivo de conquistar un bienestar sostenido en el tiempo. Si en algo contribuyó el Maestro Juan David García Bacca fue, por cierto, en mostrar las ventajas que la techné comportaba para toda posible experiencia de imprescindible factura en busca del desarrollo de la humanidad. De hecho, lo llamaba el tránsito que va desde el humanismo teórico al práctico y, desde este, al positivo. No obstante, los peligros de una instrumentalización en sí misma y para sí misma no son pocos. No se puede pretender vivir  sin una idea de conjunto, en la que lo particular sustituya lo universal, del mismo modo que no se puede pretender que un árbol sustituya al bosque. De ello solo puede surgir el idiota, aquel que está firmemente convencido de que lo único que cuenta en el mundo es su propio ombligo. Pero, además, el idiota siempre termina dejando el camino libre para que otros idiotas, como él, se ocupen del “condominio”, y sean ellos quienes asuman los cargos de representación pública. Todo lo cual termina en la más cruel barbarie, en el homo homini lupus hobbesiano.

            Es imprescindible la formación estética de todo y de todos. No existe el yo sin el nosotros ni el nosotros sin el yo. La tecné por sí sola, enseñoreada y transmutada en fuente de inspiración para el dominio y manipulación de las mayorías, ha sido la auténtica gran peste del presente, desde la culminación de la primera guerra mundial hasta lo que va de siglo. No basta con ser los mejores en las más diversas disciplinas técnicas y ser, al mismo tiempo, un iletrado, una analfabeta funcional, un individuo sin compromiso, incapaz de comprender que si no hay Ethos, si no se trabaja en beneficio del todo orgánico, viviente, su mezquina parte termina en la peor corrupción y condición salvaje: la de su propia alma. Desde ahí, el concepto de meritocracia se devuelve como reflejo para devenir meritofilia.

            La idea de meritocracia, en efecto, pierde así su real significado, separando ser y concepto, contenido y forma, para reflejarse, degradarse e invertirse. El horror sigue a continuación. Y es que la meritofilia consiste en creer que cada idiota se lo merece todo sin tan siquiera tener que hacer el más mínimo esfuerzo por merecerlo, es decir, da por sentado, como uno de los “derivados” de su naturaleza humana, que él es merecedor de alguna recompensa, de algún tipo de beneficio especial, de una distinción, que lo convierte en un ser privilegiado, distinto del resto, de “los demás”. El meritófilo es el individuo que existe -no vive- en la ficción que le ha sido dada por el populismo -esa estancia meritofílica- para hacerle sentir importante, por lo que siempre debe estar a la caza de una nueva sensación que colme su ansiedad, que le ayude a cubrir su mediocre -y siempre triste- pobreza interior.   

           

                


José Rafael Herrera

@jrherreraucv

La mente como un mapa de aprendizaje


Diferencia percepción y percepto



La idea de percepto es para Deleuze un conjunto de estímulos percibidos sin significado, él se refería a los artistas, a percepciones que perduran más que el artista mismo, es decir, eran una forma de sentir con más capacidad, pero hace ya tiempo que creo que hay que diferenciarlo más.


Sobre los "perceptos" que creamos.


Estos "perceptos" son unidades estimuláres sin significado que se relacionan entre sí. Es decir, no podemos hacer otra cosa que relacionar todo lo que percibimos de una forma automática sobre las cualidades formales de los estímulos, y esto es algo que habla sobre nosotros, pero no necesariamente influye en la interpretación de cómo creamos que influye.


Son una composición con orden, están organizados y no interpretados.


Como digo estas formas no tienen significado por sí, lo que si tienen es un medio para falsarse siguiendo un sentido basado en la experiencia. Un medio casi siempre visual y automático, no es racional directamente sino solo a posteriori.


Entonces por ejemplo si me enfoco en la interpretación y la composición digo: "soy torpe", y esto remite a un significado que quiero asociar, al de "torpe", y comprobar que coincide con mi experiencia "haberme caído", en este caso me parece que coincide, entonces "soy torpe" tiene sentido.


Pero lo que no funciona en el párrafo anterior es que solo estoy hablando de la composición; la composición de la idea de torpeza encaja con la composición de la misma idea en la imagen de la caída, entonces "lo soy" por asociación.


Y no hablo del desarrollo ni de la organización de las cosas. Creo importante poder relacionar lo que soy no solo por asociación, no solo por interpretación, o por lo menos que no deje de ser -aún mínimamente- la misma experiencia descrita para que pueda ser en la organización y en el desarrollo también.


Por ejemplo en el otro extremo puedo ser algo por organización, porque experimento el agua en la baldosa, porque recuerdo aquel ruido que no sé reconocer. Y el movimiento, la afección (¿percepción condicionada en contexto de aversión?) que se genera del agua, del resbalón, del susto al ruido, del tiempo de vulnerabilidad, de la caída.


Lo que ocurre en este último párrafo es que solo hablo de formas, todo es aprendizaje, todo es desarrollo, todo es organización del estímulo percibido. ¿Es esto una mente?, ¿una mente puede ser solo aprendizaje?.


Hay cosas muy curiosas aquí, siempre estamos intentando saber qué es la mente, en que se traduce la activación neurológica, qué sustenta el comportamiento o el aprendizaje. Pero  no se usan sino mapas de interpretaciones para asociar lo pasado, no tanto lo que es sino lo que fue, y a veces solo en la cabeza de quien lo interpreta que puede no ser el que aprende (como hace el psicoanalista que interpreta al paciente).


¿Una mente nueva?


Entonces tenemos mapas de composición, esto se asocia con "aquello se parece a la verdad" por asociación de las ideas con las imágenes de las cosas, pero qué pasa con lo que somos como intensidad, con la velocidad del aprendizaje, con la descripción de mi experiencia actual, con la diferenciación sensitiva de mi recuerdo con mi nueva experiencia. ¿Puede esto ser una mente?


Creo que sí, una mente puede definirse como recipiente de aprendizajes, y como aprendizajes en movimiento que cambian. Una mente puede ser una multiplicidad de estímulos que buscan como relacionarse y acoplarse a una percepción, para adelantar un peligro, para investigar por curiosidad.


Un montón de estímulos que se forman en perceptos sin reflexionar ya son una mente, ya sienten, ya hacen sentir, ya experimentan diferencias entre capacidades afectivas; de miedos, de tristezas incapacitantes, ya es algo que puedo experimentar como recipiente por su orden y variación.


Creo que esta formula puede valer en términos de aprendizaje de conductas y, también en encuentros de desarrollos personales significantes. Aunque la idea que viene en la pregunta de ¿es una mente un mapa de perceptos que busca comprenderse? dice algo más.


¿Buscan las agrupaciones de estímulos sin significado por sí comprenderse? Si que buscan adelantar el futuro castigo o el futuro premio pero, ¿comprenderse entre sí?.


Esto es algo no muy fácil de pillar, para que un percepto pueda comprender a otro percepto no puede ser solo una agrupación de estímulos, tiene que seguir un movimiento que le permita no mostrar lo que no coincide, y manifestar lo que si coincide.


Tiene que ser algo que sienta o haga sentir, para que influya en una futura comprensión por sus causas percibidas.


Recuerdo que un percepto según Deleuze pertenece solo al artista, pero hoy somos más los artistas y "percibidores" amateurs que los ajenos a lo mostrado por la imagen.


Además un percepto es algo que hace todo el mundo con su móvil hoy. Un percepto es una agrupación que permite sentir, es una organización de aprendizajes sin significado que se expresa. Es ser algo antes de que pueda reflexionar sobre ello.


Un percepto es la prueba del cambio de la percepción y además es el mismo cambio percibido. Es forma, sujeto, organización y desarrollo.

Gansters, las zonas económicas especiales y la neolengua

 


Niño perverso económico y polimorfo

  

 

            Las consignas que avivaron al izquierdismo radical de los años sesenta, setenta y ochenta sonaban, por entonces, como el anhelo de la realización de la “utopía concreta”. La “liberación nacional” y “el socialismo” eran, en efecto, las grandes banderas de la lucha, el motivo de la exigencia de quienes, en medio de una época de “reacomodos geopolíticos” y en nombre de la “justicia social”, invocaban un cambio radical, la “vuelta de tortilla” que pusiera fin a las políticas neo-coloniales de los países desarrollados sobre los países sub-desarrollados o del “tercer mundo”, los oprimidos, los sometidos a la vorágine, la hojarasca que seguía detrás de los designios del “capital monopólista” que Sweezy y Barán habían magistralmente detallado, denunciado y puesto en evidencia.

            Era necesario, en consecuencia, poner fin a los negocios leoninos con las grandes empresas transnacionales, encargadas de extraer de los suelos de “la patria expoliada” y “mancillada” sus recursos naturales, para convertirlos en materia prima, obteniendo así ganancias exorbitantes y dejando tras de sí “la sangre, el sudor y las lágrimas” de la miseria y el sometimiento servil. “¡Ya basta ya!”, afirmaban. Era preferible hacer negocio con los camaradas chinos y rusos, porque ellos no tenían los mismos propósitos expoliadores que Norte América o Europa ¡No!, ellos representaban esa parte buena y sana de la humanidad que ya había logrado sobrepasar la última estación del tren de la prehistoria e iban, con “el viento del Este” a favor, rumbo a la Historia, o sea, construyendo el futuro, que “inevitablemente” -decían- sería “el socialismo”. Ellos, los “camaradas” chinos y rusos -junto a los pueblos musulmanes, que también se hallaban luchando por su “liberación”, eran “nuestros hermanos”, los pares de una América Latina sometida y humillada por el imperialismo, a excepción de Cuba, ese “bastión de la dignidad”, ese “territorio libre de América”.

            Después de tantos años de esfuerzos, de tantas luchas, de tanta épica y tantas capuchas, hélos ahí, en el poder, dando cumplimiento a la “utopía concreta”, negociando con los “camaradas”, nada menos que con “nuestros hermanos” chinos y -¿quién sabe?- “más tarde que temprano” con el resto de “la gran familia” de los pasajeros del “tren de la historia”, “los buenos”, que vienen a echarle una mano a Maduro, Padrino, Rodriguez, Maikel, Cabello, Elaissami y Saab, entre otros. En una expresión, vienen a “ayudar” al gang, a la pandilla, a subirse en “el tren”, a través de la escalera de las “zonas económicas especiales”. Un sueño hecho realidad. “El cielo tomado por asalto”. Finalmente, la “utopía realizada”.

            Si en algo tuvo Lenin sensatez -ese astuto volatinero, perspicaz transmutador del maniqueísmo en propaganda de guerra- fue en el hecho de denunciar al izquierdismo como una perniciosa enfermedad infantil, por cierto, identicamente adecuada al derechismo. Y es que, como observaba Doktor Freud, todo infante -todo niño- es “perverso y polimorfo”. Hay, en efecto, unos cuantos sexagenarios del presente que nunca lograron superar ni las perversiones ni los ataques de polimorfia crónica, sufridos desde el remoto pasado. Y mientras más sustancias tóxicas consumen, con las cuales intentan desesperadamente morigerar sus desequilibrios “estables”, mayores parecen ser las dolencias, la ira, los monstruos volcánicos que van surgiendo de las entrañas de su dogmático “sueño de la razón”. Y por “razón”, aquí, se debe comprender la ratio instrumental, el “brazo armado” del entendimiento abstracto, el mismo que hizo que, después de Auschwitz, se apoderara del mundo la barbarie y se hiciera imposible la existencia de la poesía como actividad sensitiva humana.

            Pero el realismo, tarde o temprano, se impone. Después de todo, hay que madurar. Los infantes izquierdistas finalmente abandonaron, en sentido litaral, las universidades, para ocuparse de los negocios. Crecieron. Cambiaron El libro rojo por las libretas bancarias, cambiaron las capuchas por las corbatas de seda y abandonaron el papel de los oprimidos para convertirse en los opresores. Después de todo, mejor Xi Jin Ping que Mao Tse Tung, mejor Putin que Brézhnev. Mejor el gansterato que el izquierdismo. Y hasta se podría decir -una vez más, parafraseándo a Lenin- que el gansterismo es la fase superior del izquierdismo. La zafra de caña o de arroz ya no es un negocio rentable, por lo menos no tanto como el de los narcóticos, sobre todo si el proceso de cultivo, producción y comercialización se transforman en un negocio con alcances acordes a los tiempos de un mundo cada vez más globalizado. Y, por si esto fuese poco, está “el arco minero”, la producción petrolera o el negocio del turismo, entre otros renglones disponibles. Este es el trasfondo real que justifica el discurso de la neolengua de las “zonas económicas especiales”, el cumplimiento real de los alcances de “las fuerzas del bien” y de “la luz” contra “las tinieblas” de las fuerzas “reaccionarias” y “anti-progresistas”, contra “la planta insolente del invasor” imperialista y de su “bloqueo económico”.

            Lo de 1984 de Orwell fue, a pesar de las pretensiones hermenéutico-literarias de unos cuantos opinadores de oficio -en realidad, franco-tiradores de profesión-, mucho más que “mera literatura”. Y en el caso de La granja, donde parece haber pintado las imágenes de los “Napoleones” y los “Bolas de Nieve” criollos, para no decir de los “perros” a su servicio, mucho más que un cuento infantil. El lenguaje correctamente empleado es flexible, hace fluir la adecuación de la realidad como realización continua. La neo-lengua cosifica y endurece: escinde la realidad y el discurso, los confunde e invierte.  La idea misma de la zonificación “especial” ya es, en sí misma, sospechosa, tanto como los límites de la neo-lengua sobre la cual se sustenta.  

                       

             

José Rafael Herrera

@jrherreraucv


                    

 

 

Del 28A al 28M: La actualización del modelo atávico de confrontación Bélica en Colombia

 En un análisis de los acontecimientos políticos y sociales ha de tenerse siempre presente las dimensiones estructurales y coyunturales de los hechos históricos considerados. El contexto actual de movilizaciones y protestas sociales en Colombia, combina problemas históricos vinculados al desarrollo del conflicto armado, junto con las problemáticas que se crean a raíz de la administración de un gobierno en medio de una crisis sanitaria. Lo que está aconteciendo en Colombia es producto de la acumulación de estas tensiones históricas y coyunturales, que crean un hilo explicativo para la comprensión de los hechos de la movilización política nacional.


Obra de Eibar Castillo


A la larga tradición de sublevación popular[i] debe sumarse otra línea de tradición de contención contrarevolucionaria[ii], como un hecho característico de la idiosincrasia política colombiana. El modelo atávico de confrontación bélica obedece a esta tensión entre subversión popular y contrainsurgencia oligárquica, dos líneas de tradiciones históricas en una sociedad como la colombiana que ha permanecido en un conflicto armado por más de medio siglo.

Es así que lejos de terminar, el conflicto ha entrado a una nueva fase de desarrollo luego de la firma del acuerdo de paz en 2016 por parte del Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).  Este nuevo ciclo ha implicado una recomposición en los actores, escenarios, recursos, acciones e intenciones, como una actualización de las modalidades de la guerra que se pensaban superadas; a las nuevas modalidades del asesinato “a gota gota” – pero sistemático-  de líderes y lideresas sociales ( el número total ya  supera los mil), debe sumarse el regreso de los atentados con carros bomba y las masacres (el año pasado se produjeron 76  con un saldo de 272 victimas), además del asesinato también  a sistemática “a gota gota”  de los firmantes del acuerdo (las cifras muestran un total de 275). 

Desde la refrendación (victoria del plebiscito del No con el 50, 2% de los votos) la sociedad colombiana mostró una división frente al contexto de un final del conflicto armado vía negociación política, demostrando así, una fisura entre las burguesías oligárquicas y las clases emergentes narco paramilitares, como una particularización de la dinámica global por la disputa por la hegemonía en las burguesías mundiales por la preservación de los valores tradicionales de la modernidad liberal y sus tendencias más reaccionarias y supremacistas; una división ente civilistas e irracionales en el seno de la clase dominante (los defensores de Trump y los de Biden). Las elecciones del 2018 se vieron enmarcadas por este escenario de fragmentación clasista en la burguesía en medio de una crisis de hegemonía mundial y regional.  La victoria de Iván Duque candidato del partido Centro democrático significó la victoria del uribismo y con ella, una clara inclinación hacia la derechización del país en la misma vía política de carácter fascista representada por Donald Trump en los EEUU y por Jair Bolsonaro en el Brasil. Una de sus principales agendas políticas se centró entonces en el saboteo gubernamental de los acuerdos de Paz en lo interior y un ataque sistemático contra el gobierno bolivariano de Venezuela, en lo externo. El gobierno Duque no solamente objetó el trámite de la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz – JEP, sino que al mismo tiempo lideraba el Cerco diplomático y se convertía en el principal aliado regional de la autoproclamación de Juan Guaidó incitando a la rebelión social y a la insurrección militar en Venezuela. La estrategia era construir un golpe de Estado en Venezuela y derribar los acuerdos de Paz en Colombia, para construir las condiciones de la retomada de hegemonía norteamericana en la región latinoamericana. 

Sobre este contexto nacional e internacional de crisis de hegemonía, es que en 2019 la primavera latinoaméricana llega a Colombia desatando una serie de movilizaciones que inician el 21 de noviembre, caracterizadas por constantes protestas sociales que reivindicaban problemáticas históricas como la Educación, la restitución de los derechos de las comunidades indígenas, estabilización laboral,  como por problemas coyunturales ante la grave situación de orden público (masacres, asesinato de líderes y excombatientes) y el descontento por nombramientos en altos cargos públicos de figuras como Alberto Carrasquilla en el ministerio de hacienda, vinculado con actos de corrupción conocido como bonos de agua[iii],  Nestor Humberto Martinez en la fiscalía, vinculado al escándalo de ODEBRECHS  y Guillermo Botero en el ministerio de Defensa, que se mostraba legitimador del exterminio de líderes sociales y excombatientes de las FARC. La participación de la población en esta ola de movilizaciones latinoamericanas se motivaba por cuatro dimensiones como lo son la radicación del “paquetazo” -Ley de Crecimiento Económico-, el asesinato sistemático de la oposición (líderes sociales e indígenas, además de los excombatientes), un proyecto de educación gratuita y de calidad, como por el incumplimiento del acuerdo de paz firmado en 2016[iv]. 

La pandemia de covid-19 declarada el 11 de marzo de 2020 significó un apaciguamiento de la protesta, dada la necesaria medida de impedir todo tipo de aglomeración social. En medio de la declaración de “la emergencia sanitaria por causa del COVID-19” por parte del Ministerio de Salud y Protección Social (mediante Resolución 385 del 12 de marzo de 2020), se modificó drásticamente las agendas administrativas y de planeación del Estado, suponiendo un reto doble a las instituciones y los políticos y técnicos que las dirigen: por un lado, realizar un atendimiento inmediato de tal manera que se supere de forma eficaz y eficiente la situación de Emergencia, garantizando el retorno al orden normal del  funcionamiento  tanto de la economía como de las instituciones y, todavía más de la vida de las personas, con el menor impacto posible; por el otro, no puede modificar la orientación previa de su funcionamiento, esto tanto con ejes estratégicos del Estado como con programas, planes y proyectos en el atendimiento de los principales problemas de la sociedad. El manejo de la pandemia en la administración Duque ha sido uno de las peores, junto con la de Bolsonaro en Brasil. Van más de 80 mil muertes y, hasta el momento sólo se ha logrado vacunar menos del 20 % de la población, en medio de un colapso del sistema de salud.  El tema es que el ejecutivo, durante la crisis sanitaria,  comenzó un periodo de “uso de sus atribuciones constitucionales y legales”, expidiendo una serie de Decretos  a partir de la promulgación del 417 por el cual se declara un “Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica en todo el territorio Nacional”, alterando consustancialmente no sólo el ordenamiento jurídico, la vida de las personas puesta en riesgo por la Pandemia, sino también la correlación de fuerzas en el interior de la disputa por el aparato Estatal, asegurando con esto un control casi total de las decisiones frente al manejo de la contingencia sanitaria y otras eventualidades como la política fiscal o la estructura misma del control político al ejecutivo. Al decir del maestro Salomón Kalmanovitz[v], la no consulta de las implicaciones de tales decretos por los demás poderes públicos y la sociedad como un todo, se construyó una «Dictadura civil», que sólo se vería truncada por la movilización social, hasta el mes de septiembre del mismo año, a raíz del asesinato de Javier Ordóñez en manos de la policía nacional durante un control en medio del aislamiento social[vi], que reactiva nuevamente una ola de protesta social y represión Estatal policial[vii].     

El coronavirus es una variable dinámica que logra acelerar o contraer la lucha de clases en el interior de cada formación social. En Colombia ha logrado acelerar la acumulación de estas tensiones sociales, dejando al descubierto tanto el agotamiento del modelo neoliberal como el repliegue hacia al totalitarismo por parte del bloque en el poder. Así mismo, el surgimiento de una clase popular subalterna, movilizada masivamente, ha demostrado una articulación difusa de las organizaciones populares, en la que más que una estrategia unificada de acción colectiva, se presenta una serie de acciones espontaneas, vinculadas a un sentimiento de indignación social y desgaste de las tradicionales organizaciones partidistas y sindicales. Se trata de contra tendencias que condicionan, objetiva y subjetivamente, el desarrollo de este nuevo ciclo de violencia en el país.

Principales acontecimientos entre 28A y 28M

-28Abril Inicia Jornada de movilización y protesta nacional luego de que centrales obreras y gremios articulados en el comité del paro declararán el inicio del paro nacional para 01 de mayo. El detonante de la movilización está marcado por el nuevo proyecto de reforma tributaria ante el déficit fiscal que presenta el Estado para hacer frente a la crisis económica y sanitaria agudizada con el coronavirus y que pretende extraer los recursos con impuestos que terminan de asfixiar a la clase más pobre y la clase media. La población civil comienza a demostrar su descontento a través de múltiples manifestaciones y acciones a un nivel local, regional y nacional, que van desde marchas y actos culturales, acciones de la gente del común, sin premeditación y desde la espontaneidad del descontento social, de forma diurna o nocturna en la apropiación del espacio público, hasta el derribamiento de estatuas y símbolos de la dominación colonial en algunas plazas (como fue el caso del monumento a Santiago de Belalcázar en Cali que fue derribada por indígenas Misak). Así mismo, desde el inicio de las jornadas de protesta, la respuesta represiva del Estado ha mostrado completa desproporcionalidad en el uso de la fuerza contra los manifestantes e innumerables violaciones a los derechos humanos [viii].

 -30 abril Twitter suspende cuenta de Álvaro Uribe Vélez por el contenido que incitaba a la violencia. Uribe propiamente instaba a los uniformados de la policía a utilizar sus armas de dotación como instrumentos de autodefensa del ataque de los manifestantes[ix] en medio de las protestas.

-01 mayo marcha por la dignidad de los y las trabajadoras a lo largo y ancho del país. Continúan sumándose multitud de grupos sociales, desde juventudes urbanas, comunidades de campesinos e indígenas, hasta obreros y trabajadores de la educación y la salud, además de los trabajadores informales y desempleados.

-02 de mayo se retiró la reforma tributaria por parte del gobierno y se presenta la renuncia del ministro de hacienda Alberto Carrasquilla. La población continúa movilizada.

-06 de mayo se realiza un Diálogo amplio nacional en audiencia pública sobre situación en Colombia con diferentes actores, gremios y funcionarios del gobierno en la plenaria del senado de república[x]. Ese mismo día civiles armados disparan contra manifestantes en Pereira[xi]

-07 mayo se reúnen miembros de la coalición de la Esperanza y el gobierno[xii]. Ambos sectores fijaron posiciones y advirtieron los resultados del dialogo se verán reflejados en los avances en las negociaciones con los sectores movilizados. Este encuentro fue duramente criticado por las organizaciones pertenecientes al comité del paro y por otros sectores políticos. Este hecho demuestra que el escenario de las manifestaciones se vincula al escenario de la venidera disputa electoral por la administración del Estado.

-09 mayo continúan las movilizaciones. Civiles armados atacan a integrantes de la minga indígena y del CRIC en Cali[xiii]. El gobierno militariza la ciudad y llega a la ciudad en la madrugada del 10.

-10 mayo se reúnen en mesa de diálogo el comité del paro y representantes del gobierno nacional. Aunque se postularon los puntos a ser discutidos, no se llega a un avance claro en las negociaciones. Los representantes del comité del paro consideran los siguientes puntos como los centrales a). Retiro del proyecto de ley reforma a la salud, b). Renta básica por lo menos de un salario mínimo, c). Defensa de la producción nacional, d).   Matricula cero y no alternancia educativa, e). No discriminación de género y sexo f). No privatizaciones y derogación del decreto 1174[xiv].

-11 mayo muerte de Lucas Villa[xv] activista y manifestante que se ha convertido en un verdadero símbolo de la resistencia de los jóvenes y del accionar desproporcionado y brutal del Estado contra los manifestantes, demostrando la presencia de fuerzas para estatales en los ataques letales con arma de fuego a los manifestantes. Esta muerte exacerba todavía más la indignación de la población en las calles.

-13 mayo se hace viral el suicidio de la joven Alison Lizeth Salazar Miranda quien había denunciado abuso sexual por parte de agentes del SMAD que la detuvieron en medio de las protestas[xvi]. Este es otro caso emblemático de las actuales manifestaciones, puesto que demuestra el accionar sistemático contra las mujeres y el uso de las violencias sexuales como modo de infligir terror a las manifestantes. Se registran 22 casos de abuso sexual por parte de la fuerza pública según cifras de la ONG  TEMBLORES[xvii].  El descontento crece.

-17 mayo el Gobierno ordena desplegar máxima operacionalizad policial para desarticular los bloqueos. Se hace público en confusos hechos la muerte del guerrillero de las FARC segunda Marquetalia Jesús Santrich. Duque continúa amenazando con el estado de conmoción interno. Siguen las manifestaciones.

-19 mayo se archiva el proyecto de ley 010 de 2020 reforma a la salud[xviii] y se realiza una modificación en la estructura ministerial al nombrarse como nueva canciller a la también vicepresidenta Marta Lucia Ramírez[xix].  Esta maniobra ministerial busca encubrir la respuesta del Estado ante las manifestaciones en el escenario del seguimiento a los acontecimientos en el ámbito internacional.

-24 mayo debate de moción de censura contra el ministro de defensa Diego Molano en el senado de la república. Las distintas fuerzas políticas se miden, presentando discursos tanto a favor como en contra del ministro y la respuesta de la fuerza pública frente a las protestas.  Ese mismo día inicia una visita de la vicepresidenta y canciller de Colombia a Washington[xx].

-25 mayo Marchas anti-bloqueos por parte de grupos de la población vinculados a la defensa del gobierno[xxi] y bases electorales del uribismo. Su símbolo es el uso de prendas blancas junto a banderas del mismo color.

-27 mayo es tomada la decisión de la moción de censura en el senado con un resultado de 69 votos en contra y 31 votos a favor[xxii], el ministro es ratificado en su cargo.

-28M retomada de movilizaciones a un mes del inicio de la protesta social. Ese mismo día el gobierno sanciona el decreto 575[xxiii] por medio del cual se define una asistencia militar para la garantía de la democracia a partir del robustecimiento policial y militar en distintas localidades donde persisten los bloqueos.

La militarización ha sido la respuesta del gobierno Duque, una reacción coyuntural y al mismo tiempo significa el retorno de lo reprimido, una condición estructural en la formación del Estado contrainsurgente. La policía construida para afrontar un conflicto interno, ha consolidado también un nuevo frente de batalla en las calles y contra los manifestantes[xxiv] perfilados como el enemigo a exterminar. El  prolongado accionar del terrorismo policial y militar, que en lo que va ocurrido deja más de 1133 víctimas de violencia física, más de 60 muertes, 10 de ellas ayer en Cali, 1445 detenciones arbitrarias, 47 víctimas de afectaciones o perdidas oculares, 22 víctimas de violencia sexual, más de 175 casos de disparos de armas de fuego por parte de civiles armados acompañados de la policía nacional[xxv], demuestra que tanto al Estado como al uribismo en su administración, les es inherente, dijéramos, un cierto ludismo sádico, ya que vemos como se construyen los caminos legales para la legitimación del accionar violento del Estado con el decreto 575 y la criminalización de las protestas en el discurso mediático.  Así que todo este escenario de movilización, puede entenderse también como una estrategia del bloque en el poder, que, sabiendo de su revés ante el enfrentamiento electoral del 2022, usa la inestabilidad interna para poder activar vías autoritarias y mantener desesperadamente el control del aparato de Estado.

Como bien es analizado por José Luis Romero en su obra clásica "Estudio de la Mentalidad Burguesa" (veáse pp. 34-45), en el seno de la formación de la sociedad burguesa se mezcla una mentalidad tradicionalista - señorial- con una actitud profana y racionalista, producto precisamente al necesario recorrido del desarrollo de la modernidad y el capitalismo sobre la base de una sociedad feudal y agraria. Las actitudes mentales cortesana, baroniales y aristocráticas persisten en contraste con una visión libre pensante e individualista. Estas variantes en el seno de la mentalidad burguesa continuan y es lo que permite comprender la formación de clases reaccionarias, adscritas a un conservadurismo de ultra derecha y clases civilistas en el seno del bloque clasista de la burguesía. En las formaciones sociales latinoamericanas - y del tercer mundo- , la edificación de la sociedad burguesa ha estado marcado por el proceso de dominación colonial, por lo que esta "formación dual" en el interior de la clase burguesa presenta todavía más complejidades en la construcción de sociedades de tipo "barroco", mezclandose formas de dominación señorial en medio de procesos de modernización de la estructura del poder o la estructura económica. La penetración de la economía del narcotrafico en la estructura clasista y en el poder en las sociedades latinoamericanas, también construye nuevos enlaces en esta "formación dual", ahora, lo cierto es que, ha ido creciento la tensión entre estas diferentes fracciones, condensandose sobre ambos núcleos de la mentalidad burguesa alrededor de diversos escenarios de confrontación oligarquica. 

Es muy complejo caracterizar la formación de clases en una sociedad como la colombiana en la que la construcción de redes de poder local se produce a partir del fenómeno de los clanes políticos, mezclándose no sólo lógicas feudales sino incluso problemas que tienen que ver con las formas del parentesco en algunas regiones del país. Sin embargo, es claro que el aparato del Estado tradicionalmente ha sido construido como una máquina de consolidación de cohesión nacional y dispersión regional interclasista. La primera finalidad, sobre la idea del “proyecto nacional”, consolidó las clases oligárquicas en sus intereses sobre el reparto de las ganancias totales en la riqueza de la nación; mientras que la segunda, construye al Estado como el escenario de la fragmentación oligárquica regional. Este carácter en la formación del Estado y de las oligarquías en Colombia, es por lo que, en el actual contexto, no se trata tanto de una crisis de gobernabilidad (por más que Duque sea uno de los presidentes con más poca credibilidad y popularidad de los últimos tiempos en Colombia), más bien es una crisis de hegemonía al interior de la burguesías y clase política tradicional, contrapuesta en dos bloques, civilistas -santistas e irracionales-uribistas, en la disputa por el control de la maquina burocrática.  

El repliegue de las oligarquías narco paramilitares sobre el control autoritario del poder, contrasta con el llamado de las oligarquías civilistas al dialogo y a la construcción de un gran pacto y consenso nacional. La amplia gama de fuerzas del progresismo alternativo (en donde podemos incluir una gran variedad de fuerzas políticas que, desde partidos como el Polo Democrático, Alianza Verde, MAIS, Colombia Humana, llega hasta algunos sectores del liberalismo y el nuevo liberalismo, Dignidad, etc., para mencionar los más masivos) representa el repliegue estrategico de los amplios sectores de las burguesías y pequeñas burguesías que disputan el poder y acumulación de los cargos del Estado. Estos sectores se caracterizan por un llamado al cumplimiento de los acuerdos de paz y por demandar la retomada de las garantías constitucionales y democráticas propias del liberalismo moderno. Se trata de una base social que combina sectores de la clase media ilustrada y urbana, con reductos considerables de las elites de larga tradición en el poder y, absorbe las demandas de nuvo cuño (raciales, de género y el ambientalismo) como las demandas tradionales de gremios como las centrales obreras y campesinas. 

La irrupción de una autonomía en la masa popular subalterna se presenta en medio de esta disputa en la clase dominante y, como ha sido tradicional en Colombia, mientras se enfrentan las oligarquías por el poder del Estado, surge la necesidad de articularse en medio de la confrontación, para contener y cooptar la irrupción de la fuerza política de las masas populares. Esta tradicional forma de articularse en medio de la confrontación, es lo que ha garantizado la dominación de las clases oligárquicas como bloque en medio de una disputa bipartidista de larga data y que se expresa ahora en toda una diversidad de partidos y fuerzas políticas. Esta unificación para cerrar las posibilidades políticas de transformación para estos sectores subalternos, es ya una clave explicativa para la propia formación de un Estado contrainsurgente. 

Como vemos, de manera permanente y prolongada, desde hace ya un poco más de un mes, desde 28A al 28M, todos los días, de forma local, regional y nacional, se han encontrado ambas tendencias, la subversión popular y la contención policial, construyendo la actualización de ese atavismo del modelo de confrontación bélica en la formación socio-política contemporánea de Colombia.



[i] Desde las movilizaciones de resistencia indígena y campesina durante la dominación colonial, la gesta libertadora que da nacimiento a la vida republicana, pasando por la movilización (anarco) sindicalista de los trabajadores de la united fruit company, el bandolerismo liberal y el surgimiento de los grupos guerrilleros que se conocen, como lo son el EPL, ELN y las desinencias de las FARC, hasta llegar al Paro cívico del 77

[ii] Que inicia con las acciones de dominación colonial y continúan durante el proceso independentista y republicano (eventos como la navidad negra y el genocidio del Putumayo), el periodo de la Regeneración y la hegemonía conservadora, la masacre de las bananeras, la creación de los Pajaros y Chulavitas, la creación del Frente Nacional, hasta llegar a la formación de un ejército contrainsurgente, la creación del paramilitarismo, la práctica de los falsos positivos.... etc. 

[iii] Para saber más del escándalo de los bonos de agua ver https://razonpublica.com/paso-los-bonos-carrasquilla/

[vi] Para ver la historia del asesinato ir a https://www.eltiempo.com/bogota/javier-ordonez-historia-del-asesinato-bogota-537555 

[xiv] Para ver uno de los comunicados del comité donde queda expuesto

[xxiv]Una excelente nota sobre esta organización de la policía la puede encontrar en ghttps://www.nytimes.com/es/2021/05/12/espanol/protestas-colombia-policia.html

[xxv] Puede revisarse las cifras de la ONG Temblores acá https://www.temblores.org/comunicados