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Negociación y moral.

Por José Rafael Herrera / @jrherreraucv 

Tirano y necio


En una intervención relativamente reciente, sostenida en la sede de la OEA, el expresidente español Felipe González, afirmó que la expresión “tirano” puede comportar el significado etimológico de “necio”, es decir, de aquel que “no sabe que no sabe” lo que debería saber. Es evidente que existe una diferencia esencial entre el socrático “saber que no se sabe” y el no saberlo, porque Sócrates, con plena autoconciencia de ello, reconoce no saber, mientras que el necio no solo adolece de ella sino que, precisamente por eso, por el hecho de no haber efectuado la experiencia del ejercicio autoconsciente de su no saber, se precipita, poseído por la audacia que caracteriza a los irresponsables, al afirmar creer que sabe lo que en realidad no sabe. Y es que, como observa Hegel, la conciencia sabe lo que no dice y dice lo que no sabe”. Así pues, todo indica que en el fondo de cada tirano se oculta un necio. La pregunta es si, tal vez, viceversa, detrás de cada necio de oculte un tirano.

En los últimos tiempos, en el ámbito político venezolano, y como resultado de la tremenda crisis orgánica que padece su población, decir lo que se sabe a medias, lo que casi no se sabe o lo que definitivamente no se sabe, se ha convertido en una suerte de deporte nacional. Haga el lector un breve ejercicio de abstracción: un vehículo se accidenta en medio de una carretera de una sola dirección y sin retorno, ubicada entre dos montañas que forman una suerte de valle. No hay modo de moverlo. Y su inmovilidad compromete, en consecuencia, el movimiento de miles de vehículos que lo anteceden. La tranca es inmensa. Nadie puede devolverse. Y no parece haber salida. El conductor, nervioso, se baja del vehículo y levanta el capot, para echar un vistazo, a pesar de que no tiene ni la menor idea de la mecánica automotora. No logra entender lo que pudo pasar. Muy pronto, antes de lo previsto, el resto de los conductores se van acercando al vehículo accidentado y, a pesar de que ninguno de ellos posee ni la pericia ni la formación en esa complicada profesión, comienzan, a cuenta y riesgo, a lanzar posibles diagnósticos. Y, así, se inicia el “lanzamiento de flechas”.

“Debe ser que se le salió el TIAR”, dice uno de ellos; “hay que aplicarle un 187 numeral 11”, observa otro, con cierta gravedad; “¡no! –afirma otro–: eso parece arreglarse definitivamente con un proceso electoral”; a lo que, casi de inmediato, otro conductor responde: “Malandro no sale con elecciones”. “Nada podrá repararlo, pues la fecha de expiración definitiva de ese coche es 2021”, sostiene un prestidigitador de oficio, dueño de un Honda “Civic”, un tanto destartalado. Debajo de un árbol cercano, cubriéndose del inclemente sol que azota la carretera, ahora convertida en calle ciega, un conductor que permanecía en silencio, espera el momento oportuno para dar muestras de sus avezadas experiencias automotrices: “Se le dañó el secuestro. En estos casos, las negociaciones son parte de la naturaleza humana del motor. Todo humano tiene un motor y la condición sine qua non de todo ser humano es la de negociar. Eso sí: cuando se negocia, la moral queda suspendida. La negociación carece de moralidad. Esa es la única forma de reparar el vehículo, estableciendo una relación ‘ganar-ganar’ que permita que las partes del motor que han sido dañadas sean reparadas por la pieza que las dañó”.

¡Válgame Dios!, como solían decir los caraqueños de antes. Esto sí que es toda una auténtica metafísica automotriz. El No-Yo de Fichte acaba de sufrir un revés porque, de hecho, se ha revertido contra el Yo puro –purísimo– de su artífice. Lo más sorprendente de semejante argumentación –y conviene recordar que, según Aristóteles, la filosofía comienza con el estupor– es la relación, o más bien la diferencia, que se establece sin empachos entre ser humano y ser moral. Y es que, más allá de toda posible figuración, tales consideraciones han sido efectivamente formuladas en un artículo de reciente data, cuyo título reza “Sobre la negociación y Barbados”, que comienza con una cita de Adam Smith: “No es la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”. Su argumento central: todos los seres sociales negocian. Lo hacen para satisfacer sus intereses individuales, de los que surge “el bien común”. Antes que homo faber el hombre en un negotiator. En consecuencia, los hombres son negociantes por naturaleza. De tal argumentación se podría concluir que, por ejemplo, Hermes no es la simbolización del resultado de la actividad sensitiva humana, de su historicidad, sino su premisa “natural” simbolizada.

La inclinación de convertir presuposiciones en verdades no es nueva. Incluso hay quienes creen que una media verdad es toda la verdad, transmutando lo particular en universal y lo abstracto en concreto. Si la benevolencia de un médico fuese exclusivamente su propio interés es muy probable que no se esté hablando de un médico. ¡Y no se diga de un profesor! Si lo que distingue a los hombres del resto de los seres vivos es el haber logrado conquistar la moralidad, ¿cómo podría ser esta suspendida en una negociación entre los secuestradores de unas víctimas y sus familiares?, ¿cómo poner entre paréntesis la moralidad en el momento de semejante negociación? ¿No es moral la premisa de tal negociación?, ¿o es que salvar a las víctimas de semejante flagelo no es un acto moral? No se negocia porque se haya suspendido la moral sino precisamente porque se reafirma, al proponerse la liberación de los secuestrados.

Es cierto que la negociación es una de las prácticas más antiguas y características de la entera humanidad. Por años le han achacado a Maquiavelo la responsabilidad de haber dicho que “el fin justifica los medios”. Hace unos cuantos años, quien escribe tuvo el honor de traducir El Príncipe. Fue publicado por los Libros de El Nacional. La frase que se le atribuye al gran pensador florentino no figura por ningún lado, entre otras cosas porque atentaría contra el resto de la obra, la cual, a pesar de los prejuicios sembrados en su contra, es una joya de profundo contenido ético, tanto que se propone unificar y liberar a Italia de sus opresores. La misma expresión “negocio” comporta un profundo sentido axiológico: negotium es la negación del ocio –nec-otium–, es decir, significa ocuparse, trabajar, producir. No hay un negotiator que no sea un homo faber, que no cumpla con el divino mandato de “ganarse el pan con el sudor de la frente”. El malandro no trabaja. El secuestro no puede ser considerado como un trabajo. El asunto, en consecuencia, se concentra en el qué, cómo, cuándo, dónde y por qué se negocia. Pero sobre todo: en el con quién se negocia. Y valdría la pena saber si es posible establecer algún tipo de negociación con quienes se representan la eticidad como un prejuicio de pequeños burgueses. Cuando uno de los términos se niega a reconocer al otro término, cuando usa el mecanismo del negotium como su negación abstracta, como otium, entonces la supuesta negociación no es más que una desgracia.

@jrherreraucv

El derecho natural de gentes


Por José Rafael Herrera @jrherrraucv

..Y de las ruinas, surgirá la nueva vida. Friedrich Schiller

La filosofía de Vico no es, como ha querido hacer ver el entendimiento abstracto, un “fruto fuera de estación”. Más bien, es uno de los focos de luz más potentes, en los que se concentra la especulación humana durante el siglo XVIII. No tanto por haber recogido en su seno la más rica herencia histórica y cultural del pasado, sino por anticipar la más válida, la más civil, de las exigencias por la conquista del porvenir. Cuando el pensamiento está determinado por una visión profundamente crítica que, tarde o temprano, genera una nueva concepción del mundo y de la historia, da la impresión de hallarse ajeno a la circunstancia inmediata del ambiente social y cultural que lo circunda, lo que, no sin frecuencia, motiva el rechazo de quienes, absortos por los prejuicios y la enajenación características de su tiempo, no pueden comprender el nuevo contenido, la nueva estructura especulativa y organizacional que, a la luz de dicho pensamiento, apenas acaba de nacer. Carlos Fuentes tenía razón: hubiese sido mejor leer a Vico que a Descartes y a Hume, que a Voltaire y a Rousseau, para formarse un concepto concreto de la historia y la cultura latinoamericanas, especialmente entre quienes tomaron la iniciativa de construir las repúblicas independientes.


Vico comprendió que la integridad de la sociedad civil descansa en la fantasía de los hombres, como elemento fundante de sus necesidades inmediatas. La religión, el lenguaje y la elocuencia son esenciales para la ley, la política y el Estado, y éstas nunca podrán reducirse a la categorización abstracta, meramente prepositiva, propia de las ciencias físico-matemáticas. Ajenos a un concepto filológico adecuado, Descartes, Grocio, Hobbes, Locke, Hume o Rousseau, no lograron cimentar la pretensión de establecer una filosofía jurídico-política como ciencia "universal" del bienestar público atemporal, ajena a los contextos culturales de los pueblos. Terminaron en la formulación de un “modelo” hipotético: el derecho natural.


Vico, en cambio, fijó la mirada sobre las relaciones que enlazan el pensamiento con la sociedad y viceversa. Lo hizo con novedosa originalidad. Nadie, más que él, ha operado en pro de la historización de la filosofía. Su pensamiento es opuesto al empleo reductivo y anacrónico del naturalismo tout court y de la tradición utilitarista de la ley de las ciencias políticas y sociales. El hombre de Vico aprende a buscar tanto la utilidad como la verdad. La racionalidad, según el modelo cartesiano de claridad y distinción, es insuficiente para la adquisición social e histórica del arte de conocer y hacer la verdad. El saber no puede reducirse a prácticas profesionales exclusivas de la ciencia natural y de la lógica formal. Debe incluir los más diversos modos de razonar propios del sentido común, es decir, lingüísticos, retóricos, religiosos, morales, políticos, legales, económicos, sociales, en fin, históricos: lo cual incluye la evidencia, la conjetura y la refutación. Este es el resultado que, para Vico, ni el dogmatismo colectivista ni el pragmatismo liberal están en condiciones de secuestrar, sin llegar a producir graves consecuencias.


El derecho natural no es una premisa matemática sino una conquista civil. No es un punto de partida sino un punto de llegada. El derecho “natural” no es natural sino histórico. En la Scienza Nuova Vico logra descifrar esa conquista y establecer un sistema de “derecho natural de gentes” que se va concretando a lo largo de tres edades cíclicas: la de los dioses, en la que los hombres creían vivir bajo gobiernos divinos y en las que todas las cosas les eran ordenadas mediante auspicios y oráculos; la edad de los héroes, en la que éstos reinaron en todos los sitios mediante repúblicas aristocráticas, basadas en una cierta diferencia atribuida a su superior naturaleza respecto a la de los plebeyos; y la edad de los hombres, en la que todos se reconocen como iguales en cuanto a su naturaleza humana, bien a través de repúblicas populares o de monarquías, siendo ambas las formas de gobierno propiamente humanas.


Una inmensa región del mundo, conquistada y convertida en colonia de un poderoso imperio, a la que se le ha impuesto un nuevo orden de cosas y de ideas, se vió necesariamente forzada a modificar abruptamente, y a ver truncado, el curso de su propio devenir. Por lo menos eso afirma Vico. Pero si, además, se le hace ver, como se lo hicieron ver los independentistas -deslumbrados por el espíritu de la Ilustración europea-, que se es naturalmente libre y que se tienen derechos innatos, aún sin habérselos ganado, y sin poseer la formación social -la Bildung- necesaria para hacer el recorrido mediante lo que Vico denomina “la mente heróica”, entonces, de la Liberté surge el libertinaje, de la Igualité el igualismo y de la Fraternité la audacia del vivarachismo criollo. No serán necesarios el esfuerzo, la constancia, el estudio, la preparación, el compromiso, la responsabilidad, es decir, no será necesario poseer una educación estética capaz de permitir la reconstrucción del proceso -por la vía del pensamiento-, porque “naturalmente”, como si se tratara de un champignon, se puede hacer lo que se quiera, lo que se venga en gana. Se puede, en consecuencia, ocupar cualquier cargo de Estado, cualquier posición, a pesar de no poseer la necesaria capacidad para hacerlo. Y, por esa vía, se puede saquear, corromper, torturar, asesinar, puesto que, ya que existen unos tales derechos “naturales”, gracias a los cuales se es libre “por naturaleza”, se puede hacer lo que se venga en gana. Un mundo así representado es propicio para los Boves, los Monagas, los Zamora, los Castro, los Gómez y los Chávez. Es el mundo de los Carujo, no el de los Vargas. Y, por esa vía, se llega directo a este desastre militarista, salvaje, corrompido hasta los tuétanos, que ha conducido al país a su mayor pobreza material y espiritual. No existe libertad sin conciencia de la necesidad, ni hay derecho natural que no sea el resultado, la conquista, de la conciencia histórica. El Derecho Natural sólo puede ser derecho de gentes, como dice Vico. Gente proviene de gen, que significa engendrar, producir, devenir. El Derecho Natural deviene.


A pesar de contar con doscientos años de vida republicana, Venezuela sólo ha tenido cuarenta de vida democrática. La diferencia está en la educación, no en la simple instrucción. No se puede superar una realidad sustentada en una ficción con otra ficción. De las ruinas hay que hacer surgir una nueva Venezuela. Y para ello, la mayor labor, la más importante de todas, tiene que ser la educación estética.

Fichte, o de cómo se desata un bucle.

Por @jrherreraucv 

Una imagen dice mucho de un miedo.

La mayoría de los lectores profesionales de manuales, lo mismo que aquellos que suelen exhibir sin la menor vergüenza toda una gala de prejuicios y presuposiciones, derivados, en su mayor parte, de “vagas experiencias” o de “conocimientos de oídas”, suelen atribuirle a Hegel una formulación de la dialéctica sustentada en lo que el Maestro Pagallo solía denominar en sus clases, no sin ironía, como la “dialéctica del cha-cha-chá”. Esto es: hay una tesis –el lado “bueno”– a la que se le opone una antítesis –el lado “malo”– y que, después de unos cuantos dimes y diretes, llegan a un “entendimiento”, esto es, a una síntesis –el término medio entre lo “bueno” y “lo malo”, o sea, el “centro”–. Y es a eso, además, a lo que cierta vulgata sociológica y politológica le atribuye el nombre de “el método dialéctico”. Por supuesto, un Hegel así representado, que naufraga en un mar infinito de manuales, diccionarios y enciclopedias, no pasa de ser una mala caricatura del gran pensador. La conocida expresión göbbeliana, según la cual “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, ha encontrado en la dialéctica hegeliana una de sus mayores víctimas, incluso cuando Hegel vivía, pues algunos de sus discípulos, no menos que sus detractores, repetían la letanía en cuestión una y otra vez, hasta que terminó por convertirse, para el gran público, en una “verdad irrefutable”, en un dogma.

Alguna responsabilidad indirecta tiene Johann Gottlieb Fichte en todo esto, también él no pocas veces mal interpretado por los fanáticos de las simplificaciones. Fichte fue un aventajado seguidor de Kant, tanto que puso al descubierto el nervio vital de la filosofía crítica y lo concibió como el principio supremo de todo saber, de todo conocimiento y de toda posible fundamentación científica. Se trata nada menos que de la libertad. Y para poder demostrar la superación de las llamadas “antinomias de la razón”, expuestas por Kant en la tercera parte de su Crítica, meticulosamente ordenadas en dos columnas sobre las cuales colocó las palabras tesis y antítesis, con el fin de mostrar, en la primera, la justificación a favor de un determinado objeto metafísico –Dios, Alma, Mundo– y, en la segunda, la justificación de la argumentación opuesta, Fichte se propuso la tarea de poner en evidencia la necesidad de la síntesis –los límites– de la una y de la otra. De manera que no es de Hegel esta formulación, sino de Fichte. Y cabe agregar que en la extensa obra de Hegel semejante planteamiento no se haya ni explícita ni implícitamente, a no ser para refutarlo, desde el 14 de septiembre de 1800.

En todo caso, la gran contribución de Fichte al pensamiento occidental consistió en transformar el “Yo pienso” (Ich denke) kantiano en un “Yo” puro, comprendido como la libre certeza intuitiva que, de continuo, se crea a sí misma y cuyo resultado crea toda posible realidad. Como ha observado uno de sus grandes intérpretes, Luigi Pareyson: “El genial y poderoso descubrimiento de Fichte, el vuelo de águila que lo eleva de golpe por encima de todos los kantianos de su tiempo y que caracteriza a su pensamiento, es la afirmación del Yo como intuición intelectual que se capta por sí mismo y se afirma a sí mismo. Un Yo que, proporcionando un sustrato nouménico al mundo fenoménico, garantiza la unidad entre lo sensible y lo inteligible, como principio único y supremo, colocando al Yo práctico como fundamento del Yo teórico; un Yo que, en la infinitud de su tender, representa el ardiente anhelo de la libertad, y que en la actividad del hombre une los opuestos rasgos de la infinitud y la limitación”. En otros términos, Fichte completa el “giro copernicano” de Kant: ya la acción humana no es una consecuencia del ser sino, por el contrario, el ser es una consecuencia de la acción humana, o como afirma Fichte: esse sequitor operari, el ser se deriva, es el resultado, de la acción.

De las formulaciones hechas por Fichte, surge la idea de que la objetividad del mundo externo no solo no es inexpugnable o indomable sino que, muy por el contrario, ella no es más que el resultado de la actividad sensitiva humana, de la acción del sujeto, de su objetivación. Es, pues, el libre actuar del Yo que deviene materia –que se ha puesto a sí mismo–, lo que va creando la realidad, como consecuencia directa de su hacer. Lo objetividad es el producto de la labor continua del sujeto. La física contemporánea lo ha mostrado fehacientemente: la realidad es lo que el dinamismo del sujeto sea capaz de producir. Que se haya “endurecido”, que se separe y se extrañe de su creador, es otra cosa. Y en este punto se puede decir que concuerdan plenamente Spinoza, Vico y Hegel con la filosofía de Fichte: “El orden y la conexión de las ideas es idéntico al orden y la conexión de las cosas”. Verum et factum convertuntur reciprocatur, como dice Vico. Una sociedad con ideas ordenadas y articuladas es una sociedad ordenada y articulada. Una sociedad con “ideas inadecuadas” o sin ideas es un desastre, un “caos primitivo” recurrente. Los “bucles” son, precisamente, eso: un desorden generado por el predominio de una objetividad que ha tomado cuerpo y vida propia. Ha tomado el control y se ha separado y extrañado del sujeto social, sometiéndolo a una viciosa circularidad. Cuando el sujeto pierde la conciencia de la libertad y se deja someter por la necesidad que le impone el objeto que lo circunda, entonces siente temor y solo le queda resignarse ante lo que le depare la esperanza.

Dice un viejo adagio que cada quien se labra su propio destino. Fichte lo suscribiría. Lo que comúnmente se llama destino está en manos de sus destinatarios –aunque no tengan conciencia de ello–, siempre y cuando sus ideas sean claras y sus objetivos estén bien definidos. El “No-Yo”, esa asfixiante objetividad que circunda a la Venezuela de hoy, es la consecuencia de una autoimposición. Una sociedad no tiene miedo porque haya creado una imagen: ha creado una imagen porque tiene miedo. Y, en este caso, la imagen creada ha sido la de sus propias vergüenzas. De ahí su apego a la esperanza, porque la esperanza es el correlato necesario del miedo. Este régimen terrorista, criminal, represivo y corrupto, que ha sometido a la población a la peor de las miserias –la de su espíritu–, tiene que cesar cuanto antes. El Yo venezolano tiene que reordenar su No-Yo para poder recuperar la libertad. Este es el momento preciso para desenredar de una vez por todas el “bucle”.

Giambista Vico: Conclusión ciencia nueva.

Una lectura de Vico qué, asièndola a nuestra época informa de una forma de comunicación entre el pueblo y el gobernante, la religiosa. Aquí descrita como ciencia nueva por Giambista Vico, qué de nueva tiene la formulación pero que dice, servía en las más crudas épocas feudales. Si atendemos a la ciencia nueva de Vico, podríamos entender el mundo social como compuesto por una realidad religiosa, una fuerza productora de sociedades que se guía por la providencia de la virtud. 


Ciencia nueva de Vico.
Pero, con el transcurso del tiempo, al desarrollarse cada vez más las mentes humanas, las plebes de los pueblos se desengañaron finalmente de la vanidad de tal heroísmo, y entendieron que ellos eran de igual naturaleza humana que los nobles; por lo que también ellos quisieron entrar en los órdenes civiles de las ciudades. De modo que, debiendo al cabo del tiempo ser soberanos esos pueblos, la providencia permitió que las plebes, antes, durante mucho tiempo, rivalizaran con la nobleza en cuanto a piedad y religión en las contiendas heroicas hasta que los nobles tuvieron que comunicar a los plebeyos los auspicios, para comunicarles también todos los derechos cívicos públicos y privados que se consideraban dependendientes de él; y así, el mismo cuidado de la piedad y el afecto de la religión llevara a los pueblos a ser soberanos en las ciudades: en lo que el pueblo románo se adelantó a todos los demás del mundo, y por eso llegó a ser el pueblo señor del mundo. De tal manera que, introduciéndose cada vez más el orden natural entre esos órdenes civiles, nacieron las repúblicas populares: en las que, puesto que se tenía que reducir todo a la suerte o la balanza, para que no reinase el azar o destino, la providencia ordenó que el censo fuera la regla de los honores; y así, los industriosos y no los infractores, los parcos y no los pródigos, los capaces y no los haraganes, los magnánimos y no los mezquinos de corazón, y en una palabra, los ricos en cualquier virtud o con alguna imagen de virtud, y no los pobres, con muchos y descarados vicios, fueran considerados óptimos para el gobierno. De repúblicas tales —donde pueblos enteros, que aspiran en común a la justicia, ordenan leyes justas, porque son universalmente buenas, que Aristóteles define divinamente como «voluntad sin pasiones», y tal es la voluntad del héroe que ordena las pasiones— salió la filosofía, a partir de la forma de esas repúblicas, destinada a formar al héroe y, para formarlo, interesada en la verdad; y así, la providencia ordenó: que, no habiéndose acercado más a través de los sentidos de la religión (como se había hecho antes) a las acciones virtuosas, la filosofía hiciese entender las virtudes en su idea, por cuya reflexión, si los hombres no practicaban la virtud, al menos se avergonzaran de los vicios, pues los pueblos diestros en obrar mal sólo así pueden mantenerse en el deber. Y a partir de las filosofías permitió que apareciese la elocuencia, que en consecuencia de la misma forma de esas repúblicas populares, donde se ordenan buenas leyes, fuese una apasionada de lo justo; y así, ésta, a partir de esas ideas de virtud incitara a los pueblos a ordenar buenas leyes. Determinamos con resolución que esta elocuencia floreció en Roma en los tiempos de Escipión el Africano, en cuya edad la sabiduría civil y el valor militar, pues ambos, que establecieron felizmente para Roma el imperio del mundo sobre las ruinas de Cartago, debieron llevar aparejados necesariamente una elocuencia robusta y sapientísima.

Pero, al irse corrompiendo también los Estados populares, y por tanto las filosofías (ya que, al caer en el escepticismo, los estultos doctos se emplearon en calumniar la verdad), y al surgir de aquí una falsa elocuencia, dispuesta igualmente a apoyar en las causas a las dos partes opuestas, sucedió que, usando mal la elocuencia (como los tribunos de la plebe en la romana) y no contentándose ya los ciudadanos con las riquezas para instituir el orden, quisieron hacer de ella su poder, como furiosos austros en el mar, promoviendo guerras civiles en sus repúblicas, las llevaron a un desorden total, y así, desde su libertad perfecta, la hicieron caer bajo una perfecta tiranía (que es lo peor de todo), es decir, la anarquía, o la desenfrenada libertad de los pueblos libres.

Ante este gran desastre de las ciudades la providencia obra uno de estos tres grandes remedios según el siguiente orden de las cosas civiles humanas.

Pues dispone, primero, el que se halle dentro de esos pueblos uno que, como Augusto, surja y se establezca como monarca, quien, ya que todos los órdenes y todas las leyes halladas para la libertad no bastaban ya para regularla y refrenarla, tenga en su mano todos los órdenes y todas las leyes con la fuerza de las armas; y por el contrario, constriña esa forma del estado monárquico, a la voluntad de los monarcas en ese su imperio infinito, dentro del orden natural de mantener contentos y satisfechos de su religión a los pueblos, así como de su libertad natural, sin cuya universal satisfacción y conformidad los Estados monárquicos no son ni duraderos ni seguros.

Luego, si la providencia no halla tal remedio dentro, lo va
a buscar fuera; y, ya que tales pueblos de tan corruptos que eran ya, se habían convertido por naturaleza en esclavos de sus desenfrenadas pasiones (del lujo, de la delicadeza, de la avaricia, de la envidia, de la soberbia y del fasto) y debido a los placeres de su disoluta vida se arruinaban en todos los vicios propios de vilísimos esclavos (como el ser mentirosos, astutos, calumniadores, ladrones, cobardes y simuladores), por tanto, dispone que lleguen a ser esclavos por el derecho natural de las gentes que sale de dicha naturaleza de las naciones, y acaben estando sometidos a naciones mejores, que les hayan conquistado con las armas, y por éstas se queden reducidos a provincias. En lo cual, además, refulgen dos grandes luces del orden natural: una es, que quien no puede gobernarse por sí mismo, se deje gobernar por otros que puedan; la otra, que gobiernen el mundo siempre los que son mejores por naturaleza.

Pero, si los pueblos marchitan en esta última peste civil, que ni dentro consienten a un monarca nativo, ni llegan naciones mejores a conquistarles y conservarles desde fuera, entonces la providencia, ante este su extremo mal, obra este extremo remedio: que —puesto que tales pueblos a modo de bestias no se habían acostumbrado sino a pensar en los propios intereses de cada uno y habían dado en el colmo de la delicadeza o, mejor dicho, del orgullo, como fieras que, al ser mínimamente contrariadas, se resienten y enfurecen, y así, en el mayor gentío o muchedumbre de cuerpos, viven como bestias inhumanas en una suma soledad de espíritu y de sentimiento, sin que apenas dos puedan ponerse de acuerdo porque cada uno sigue su propio placer o capricho—, por todo esto, con obstinadísimas facciones y desesperadas guerras civiles, llegan a hacer selvas de las ciudades, y de las selvas, cubiles de hombres; y de tal manera que, al cabo de largos siglos de barbarie, llegan a herrumbarse las malnacidas sutilezas del ingenio malicioso, que había hecho de ellos fieras más inhumanas con la barbarie de la reflexión de lo que lo habían sido con la primera barbarie del sentido. Ya que ésta mostraba una fiereza generosa, de la que otros podían defenderse, huir o guardarse; pero aquélla, con una fiereza vil, con halagos y abrazos, acecha en la vida y en las suertes de sus confidentes y amigos. Por ello, los pueblos de tal reflexiva malicia, con este último remedio que obra la providencia, aturdidos y estúpidos, no sienten ya ni las comodidades, ni las delicadezas, ni los placeres ni el fasto, sino solamente las utilidades necesarias para la vida; y, por el escaso número de los hombres que al fin quedan y por la abundancia de las cosas necesarias para la vida, llegan a ser naturalmente moderados; y, debido al retomo de la primera simplicidad del primer mundo de los pueblos, son religiosos, veraces y fieles; y así retoma entre ellos la piedad, la fe, la verdad, que son los fundamentos naturales de la justicia y son gracias y bellezas del orden eterno de Dios.

Porque precisamente los hombres han hecho este mundo de naciones (que fue el primer principio incuestionado de esta Ciencia, una vez que desesperamos de encontrarla en filósofos y filólogos); sin embargo, este mundo, sin duda, ha salido de una mente muy distinta, a veces del todo contraria y siempre superior a los fines particulares que los mismos hombres se habían propuesto; estos fines restringidos que, convertidos en medios para servir a fines más amplios, ha obrado siempre para conservar la generación humana en esta tierra. Ya que los hombres quieren usar la libido bestial y perder sus partos, y establecen la castidad de los matrimonios, de donde surgen las familias; quieren los padres ejercitar sin medida los poderes paternos sobre los clientes, y les someten a los poderes civiles, de donde surgen las ciudades; quieren los órdenes reinantes de los nobles abusar de la libertad señorial sobre los plebeyos, y llegan a la servidumbre de las leyes, que establecen la libertad popular; quieren los pueblos libres librarse del freno de sus leyes, y llegan a la sumisión de los monarcas; quieren los monarcas, con todos los vicios de la disolución que les asegura, envilecer a sus súbditos, y les disponen para soportar la esclavitud de naciones más fuertes; quieren las naciones perderse a sí mismas, y llegan a salvar sus avances en las soledades, de donde, como el fénix, resurgen nuevamente. Quien hizo todo esto, fue mente, porque lo hicieron los hombres con inteligencia; no fue destino, porque lo hicieron con elección; no azar, porque perpetuamente, haciéndolas siempre del mismo modo, salen las mismas cosas.

Por tanto, Epicuro es refutado de hecho, ya que dice que es
por el azar, y con él sus secuaces Hobbes y Maquiavelo; y de hecho es refutado Zenón, y con él Spinoza, que dicen que es por el destino. Por el contrario, de hecho se pone a favor de los filósofos políticos, cuyo príncipe es el divino Platón, que establece que la providencia regula las cosas humanas. Por lo que tenía razón Cicerón, que no podía razonar con Ático sobre las leyes, si éste no dejaba de ser epicúreo y no le concedía primero que la providencia regula las cosas humanas. Providencia que Pufendorf ignora en su hipótesis, Selden supuso y Grocio prescindió de ella; pero los jurisconsultos romanos la establecieron como primer principio del derecho natural de las gentes. Porque en toda esta obra se ha demostrado que los primeros gobiernos del mundo en su forma completa, tuvieron gracias a la providencia la religión, únicamente sobre la cual se fundó el estado de las familias; de ahí que, pasando a los gobiernos heroicos civiles o aristocráticos, aquella religión debiera de ser su principal y firme base; luego, llegando a los gobiernos populares, la misma religión sirvió a los pueblos para llegar a ellos; y deteniéndose finalmente en los gobiernos monárquicos, la religión debió de ser el escudo de los príncipes. Por lo que, al perderse la religión en los pueblos, no les queda nada para vivir en sociedad; ni escudo para defenderse, ni medio para aconsejarse, ni base donde regirse, ni forma por la cual estar en el mundo.

Tiempo y ser.

Por José Rafael Herrera / @jrherreraucv

A Antonio Sánchez García, mi amigo. Con todo respeto.

Pensando en el bucle.


En un pequeño cuaderno de anotaciones, hechas en Jena entre 1803 y 1806, que lleva por título Wastebook -“libro de desechos”, podría traducirse-, su autor, el joven Hegel, escribió cien aforismos que, a pesar del premeditado y alevoso título, no tienen desperdicio. Más bien, esos aforismos son de una enorme importancia para la comprensión del tránsito cumplido por el gran pensador en la ardua y paciente tarea que hizo posible la construcción de la “ciencia de la experiencia de la conciencia”. Uno, en particular, inspira las líneas que siguen a continuación, y probablemente sean su premisa: “Con admiración se cita a Kant, indicando que él no enseñaba filosofía, sino el filosofar; como si alguien enseñase carpintería, pero no enseñase a construir una mesa, una silla, una puerta, un armario, etc.”. En Latinoamérica los complejos -esa fuente continua de resentimiento y pobreza espiritual- sobran. Por ejemplo, afirmar que en Venezuela es “inimaginable” la existencia de filósofos, ya que, si acaso habrán profesores de filosofía, es una temeridad que en sí misma recoge el espíritu del desgarramiento presente en la formulación kantiana, entre lo que se es y lo que se hace. Nada tiene de pomposo pensar y enseñar a pensar, como nada tiene de exhuberante conocer la historia y exponerla, conocer el derecho y abogar por su cumplimiento, o aprender medicina y velar por la salud de los pacientes.

Negar la posibilidad de la existencia de la filosofía, pero pretender ejercerla, llevando “a cabo” una “reflexión sobre la naturaleza de Venezuela, dar con su esencia, desentrañar heideggerianamente hablando, su Ser y su Tiempo”, es, una audacia, más digna de las osadías inventivas de Simón Rodríguez que de las sutiles prudencias de Andrés Bello, quien, por cierto, no sólo fuera un lingüísta de primera -como lo fue Heidegger-, sino, además, el autor de una Filosofía del conocimiento, cuyas cercanías con Kant y de lo que en él persiste de Hume, son admirables, sobre todo por el hecho de ser también- hijo de la cultura del “hedonismo tropical, la barbarie imperante, la exhuberante naturaleza, el enriquecimiento súbito y la opulencia, un poco burda, vulgar y desarrapada, sin finesa alguna” que, no obstante, contribuyó decididamente en la construcción de la Bildung chilena, dado que fue Senador, redactor del Código Civil y Rector de la Universidad de Chile. No se puede juzgar a un pueblo sólo por sus características geográficas o su mestizaje. Mucho menos por lo que algunos villanos -hedonistas tropicales- han decidido hacer con él. Si fuese así, habría que afirmar que a unos cuantos emperadores romanos o a unos cuantos monarcas y dictadores europeos, sólo les faltaron las palmeras de las bellas costas venezolanas para ser también “hedonistas tropicales”.

Theodor Adorno afirma, en Dialéctica Negativa, que el gran defecto de la ontología de Heidegger consiste en la pretensión de fundar un concepto de historicidad carente de “la sal de la historia”. Por cierto, para Marx, la ciencia de la historia no es ni más ni menos que la filosofía desprendida de toda formulación ahistórica. Se trata de comprender la filosofía de modo viviente. Croce tuvo el privilegio de definirla bajo los siguientes términos: “la filosofía es historia y nada más que historia”. Por supuesto, esta concepción de la historia no consiste en un cúmulo de crónicas -o de cronologías-, ni en un museo de cera o de trastos antiguos, acompañados de la respectiva nostalgia por lo que ya nunca más volverá. Se trata de la historia in fieri, en acto continuo. No, pues, la historia res gestae sino la historia rerum gestarum, como comprensión del yo que es un nosotros y del nosotros que es un yo, de la sustancia que deviene sujeto. Y es de esto, justamente, de lo que se trata: el ser no es una entidad fija, rígida, estática, inamovible. El ser es lo que se va haciendo, el devenir continuo. La llamada esencia humana no es una fotografía ni un cuadro estadístico, y está determinada por la formación cultural que los hombres sean capaces de generar entre sí.

Cuando una sociedad se ha escindido, los extremos aparecen (erscheinen) con toda claridad. La luz y la sombra se separan y se concentran, mientras los claroscuros se van difuminando hasta mostrar su evanesencia y su consecuente insustancialidad. La fictio del “centro” o de la medianía no es, no porque los extremos empujen en su contra, sino porque, por temor y esperanza, no empujan lo suficiente. No existe moderación sin conflicto. Más bien, la moderación es resultado del conflicto, su conquista, su Aufgehoben. En su Venezuela independiente, Mariano Picón Salas -otro “inimaginable” pensador venezolano-, se pregunta: “¿Por qué no fue desde los grandes y aúreos Virreinatos del Perú y de México de donde se expandió el movimiento insurgente por toda la América Hispana, sino desde provincias un tanto marginales de la vida económica y el esplendor colonial, como Caracas y Buenos Aires?”. Su respuesta no es heideggeriana, aunque sí historicista: a diferencia de los cerrados movimientos indigenistas, la formación y la voluntad de sus líderes tuvo un carácter mucho más universal. No les satisface el mito de la restauración del mundo perdido del indígena, esa fantasía que, por cierto, tanto provecho le trajo al cartel chavista. La independencia de América la interpretaban no como un asunto local sino mundial. No era una revolución racista, india o negra, para derrocar a Pizarro o a Cortéz y restablecer el imperio de los incas o aztecas; no se trataba de retroceder el reloj de la historia para ir de vuelta al tiempo cósmico de los mayas: se trataba de colocarse, sin complejos, a la altura de su tiempo. Pero ningún tiempo es bueno o malo en sí mismo. Todo tiempo tiene sus ventajas y desventajas, sus virtudes y sus defectos. Por eso, precisamente, el tiempo deviene y el devenir se hace ser.

Lo que no comprende el extremismo, sea cual sea su posición, es que no sólo no puede mantenerse incólume, sino que en sus esfuerzos por mantenerse incólume asume -y se podría decir que expropia- la lógica del otro extremo. Es por eso que el extremismo de izquierda, llevado a sus últimas instancias, termina por convertirse en extremismo de derecha. Los términos de la oposición se reflejan recíprocamente. Son el otro del otro. Una época de ezquizofrenia justifica las ruindades del desgarramiento. Venezuela no es la excepción sino -al decir de Carlos Fuentes- la región más transparente, en este caso, del morbo del presente. Hoy, más que nunca, la tarea de la inteligencia consiste en desenredar el bucle que la propia sociedad se ha impuesto como ser del tiempo y como tiempo del ser.

El bucle

Por José Rafael Herrera / @jrherreraucv
Representación del cocepto "esquizo".

La ciencia ficción no es tan ficticia, después de todo. No lo es como, en cambio, sí lo es cierta rimbombancia epistemológica y metodologicista –en el fondo, tristes derivados escolásticos del entendimiento abstracto– a la que en los últimos tiempos le ha dado por autoproclamarse como científica, a la hora de arrojar sus pretenciosas sentencias tautológicas, vertidas en “datos” y “hechos”, sobre un ser social aboyado, a punto de naufragar y hundirse en las espesas y descompuestas aguas de la pobreza espiritual, ese estanque de putrefacciones que afanosamente una banda de criminales dejó desbordarse, muy por encima de los niveles previstos por la decencia civil. Son ellos los Caronte del presente. Y es que, más bien, se podría concluir que, bajo el pomposo ropaje científico –tablet en mano–, se ocultan los comprensibles temores de quienes, siempre cargados de frases hechas en favor de la esperanza, hasta la fecha, han sido incapaces de resolver los enigmas develados por la ciencia ficción a la que tanto desprecian o consideran como mero divertimento. Que se sepa: el arte no solo inspira y se inspira en la auténtica ciencia, sino que crea y recrea las ideas que terminan por transformar la realidad.


Douglas Hofstadter, científico y filósofo estadounidense, publicó en 1979 la que quizá sea su obra de divulgación científica y filosófica más importante, al punto de que con ella obtuvo el premio Pulitzer: GEB: an Eternal Golden Braid (traducido al español como EGB: un eterno y grácil bucle). El argumento del autor consiste en mostrar cómo interactúan de continuo los logros creativos de tres auténticos genios: el lógico-matemático Kurt Gödel, el artista plástico Mauricio Escher y el músico y compositor Johan Sebastian Bach, a la luz del concepto general de “bucle”: “Me di cuenta –escribe Hofstadter– que Gödel, Escher y Bach eran solamente sombras dirigidas en diversas direcciones de cierta esencia sólida central e intenté reconstruir ese objeto central”. El bucle es definido por el autor como una jerarquía de niveles recíprocamente vinculados que, sin embargo, se encuentran “enredados”, por lo que no se puede determinar con precisión cuál sea el nivel superior o el inferior, ya que desplazándose a través de ellos se vuelve siempre al punto de partida, en una suerte de continuo y eterno retorno nietzscheano. Las autorreferencias de los sistemas formales gödelianos; la circularidad de los constructos biunívocos de los diseños de Escher; el tejido barroco, de finas y gruesas orlas, que giran indefinidamente en el interior de la estructura de las composiciones de Bach. Pero también el flujo informativo que, a través de la síntesis de proteínas, va desde las enzimas al ADN y a la inversa.

En todo caso, y según el autor, el bucle no es un “circuíto físico abstracto”, sino una serie de etapas que constituyen el “ciclo-alrededor”, en el que la jerarquía del movimiento hacia arriba cambia hacia abajo, para dar lugar y tiempo a un ciclo cerrado. En una expresión, a pesar del sentido direccional in crescente del “vamos bien”, reflexivamente, se produce un choque en el que se es conducido al punto desde el que se había comenzado. Immerwieder: un bucle –dice Hofstadter– es “un lazo de retroalimentación paradójica a nivel cruzado”. Nada menos.

La exposición de esta –sin duda– asfixiante concepción de flujo en circuito cerrado, de eterno retorno indescifrable, tiene su sustentación en la llamada teoría del bucle temporal o curva cerrada de tiempo, de W. J. van Stockum y del propio Kurt Gödel, con base en la cual se puede volver al mismo espacio del cual se parte en un determinado lapso de tiempo. Una teoría que, recientemente, ha sido tema de inspiración de largometrajes y series de ciencia ficción: a finales del mes de enero de cualquier año, el protagonista del filme se despierta y comienza su día, lleno de fervor y esperanza. Se dispone a poner fin, junto a miles y miles de ciudadanos, al secuestro perpetuado por una banda de facinerosos, narcotraficantes y terroristas, que los mantienen sometidos a un régimen de opresión y miseria. “Calle, calle y más calle”, se grita con férvida pasión. Las concentraciones son masivas, multitudinarias. Estalla de alegría el colorido tricolor. ¡Esta vez sí se conquistará la tan ansiada libertad! Y se produce la confrontación. Hay fuerte represión. Las calles se llenan de heridos y muertos. Las residencias son allanadas y los daños a las propiedades son notables. Los “agitadores” son apresados y condenados. Las ciudades comienzan a apagarse. El terror se va imponiendo. Los dirigentes, sin embargo, insisten: “¡Vamos bien porque vamos juntos!”. El miedo y la zozobra cunden por doquier. Para el mes de mayo se comienza a hablar de una negociación propiciada por la mediación internacional. Los facinerosos mantienen el secuestro. El año termina y el protagonista se despierta a finales de un mes de enero cualquiera, con la cara pintada “color esperanza”, lleno de fervor y, bandera en mano, se dispone a poner fin al secuestro al que él y el resto de la población han sido sometidos. Una vez más, el bucle se ha cerrado.

Son cosas –“eventos”, como suelen decir– de la era posmoderna. Conducida de las manos de Nietzsche y Heidegger, surgió una cierta izquierda que, partiendo del totalitarismo, lo negaba, huía de él, para retornar a él. Su característica esencial puede ser definida, siguiendo la terminología de Deleuze, como un “sin fondo” (Abgrund), un abismo que devela el horizonte problemático, ezquizofrénico, en el que se mece, desde finales de los años sesenta del siglo pasado, el bucle del llamado posthumanismo, de origen esencialmente francés, obsesionados como están con el fantasma del cógito, contra el cual inútilmente maquinan acechos y celadas parricidas, edípicas. El sujeto de la historia es sustituido por una realidad que lo perpleja, lo conforma, lo disciplina y lo oprime, una y otra vez. Pero es el triunfo del “genio maligno” cartesiano y de Sade, como figuras centrales de la cultura. Es la realización efectiva de La naranja mecánica de Burgess, la elevación de la agresión y el sadísmo a política de Estado, a condición sine qua non de la vida civil o, más bien, de su epitafio.

Y así, los cantos eleusinos terminan en los gritos del silencio deleuzinos, en la postulación de un cosmos fraguado con espuma, con hule interestelar, hecho de pliegues y ruinas circulares, de ministerios del tiempo y de reiterativos e infinitesimales “si no te hubiese conocido”. Entretanto, los buenos epistemólogos y metodólogos, Carontes de siempre, víctimas de los efectos de la mariposa posmoderna, siguen buscando entre sus instrumentos de precisión el punto intermedio de la medición, la dialéctica de la medianía, el quod y el quantum, la tautología más adecuada para la sentencia, la copa de vino rosé: ni rouge ni blanc y, por supuesto, mucho menos bleu.

Notas Filosóficas Sobre la Coyuntura Política Nacional (II)

(II)[1]

Estomago de clase (latinoamericana)
Consciencia de lumpen
Nacido en la basura
Comer de todo y para todos
Soberanía espiritual
Rebeldía y apetito del insecto anarco-descolonial
Para la cucaracha de KafKa


Que no vayan a tomar por verde la madurez política del partido Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común (FARC). El acto realizado el pasado 12 de junio por los miembros de la bancada del Partido Verde en la Cámara de Representantes (más que lo ocurrido en la en la comisión 7ma de la misma corporación), demuestra que a los nuevos inquilinos de las instituciones democráticas del Estado colombiano, más les vale  saber elegir muy bien entre sus “amigos”, ya que es mucho más letal un “amigo no muy maduro” (verde!!) que un muy bien identificado enemigo.  Nada más leal que el odio de un enemigo; este garantiza el acuerdo mutuo de que en el menor descuido se cortará la cabeza del contrario.  Cualquier cosa puede esperarse del enemigo, menos una traición de ese principio. Más vale alejarse de un “amigo no muy maduro” (verde!!) para permanecer cerca del enemigo político.
Notas filosóficas

La Madurez de una consciencia política está íntimamente relacionada con el proceso total de construcción de lo social. En ese sentido, no se trata exclusivamente de una concordancia en términos exclusivamente ideológicos, sino que envuelve la totalidad de fuentes y procesos por los cuales se legitima el poder. A veces en el propio interior del partido – en algunos de sus elementos- o el partido como tal! Son “amigos de esos verdes” que muchas veces no concuerdan sus intereses con nuestra propia forma ( y posibilidad!!) de existir. Todavía más, nosotros podemos ser esos verdes, carecer de carácter revolucionario, y, así no sólo traicionar a nuestra clase (nuestro género y raza), sino fundamentalmente a nosotros mismos.  Entonces, fue dicho por un buen académico al proceso de paz con la todavía  guerrilla del ELN (amigos o enemigos?):

La paz es un proceso dialéctico, esto es, con avances y retrocesos, y construido mediante la movilización, confrontación y acumulación. Y en la perspectiva de confortación del Sujeto de la paz como el bloque histórico del cambio, un sujeto que erija la agenda política y social de paz con justicia social (Roncancio Jiménez, 2015, p. 141).

La política es la guerra por otros medios, decía Foucault en sur cursos de “Defender la Sociedad” en el Collège de France entre 1975 y 1976, cosa que repite Josef Ramoneda en un traducido texto para el portugués por Claudia Rossi. El poder es inmanente no se expresa únicamente en el terreno puramente partidista, no se encuentra únicamente en el enfrentamiento en el interior del capitolio nacional y en las urnas y, sin embargo, se expresa ahí como su elemento (espacio) más pleno (Singular)[2].   Seuxis Pausias Hernández, el conocido Jesús Santrich, tuvo la actitud que le es propia, un revolucionario que se entrega a sus convicciones como a su vida, sabe que un buen argumento, fundado en la potencialidad de la crítica revolucionaria, es tan letal para el enemigo, como una bala o un atentado con 80 kilos de pentolita. 


Política y filosofía
La organización ha tomado una decisión, ahora el enfrentamiento, se realiza por procedimientos erísticos y, como se sabe, de las más bajas artimañas mediáticas.  Hasta ahora parecía que las FARC se concentraban en identificar bien a sus enemigos, neutralizar los ataques y seguir el camino de la construcción de PAZ y justicia social. Pero parece que no estaba pensando muy bien sobre “sus aliados”. Sin el elemento de la visión crítica no se puede elegir bien a nuestros “amigos políticos”.
Puede el «Oprimido» aliarse con el «Opresor»? Considero esta la peor situación, la tragedia de todo ímpetu por la liberación y la paz con justicia social para un pueblo y comunidad política, el declino de la utopía y el carácter revolucionario de la acción. “Los verdes” dicen: «Defendemos la Paz, no ha Santrich». Qué quiere decir exactamente esto?  Eso suena a que defienden “esa tal paz de Santos”, aquella alineada a la realización de los intereses de la oligarquía más tradicional de país y, lejos de pretender la justicia social, están más del lado de la paz con ganancia del capital transnacional. En lo material, el país vio los llamados “cartelitos” y actitudes (todavía más) cercanas al sector que pretende acabar con cualquier posibilidad de un ambiente de paz para el país; es decir, defienden una especie de paz que reproduce y da fuerza al modelo atávico de la confrontación bélica (los síntomas de un estado de nuevo ciclo de barbarie se dejan ver al repetirse la practica institucional de falsos positivos por parte de las fuerzas del ejército y el ministerio de Defensa).
Política y filosofía

En "el monte", si se quiere las cosas son más  fáciles, el Estado como aparato represor y legitimador del orden institucional que reproduce las condiciones materiales que hacen posible la injusticia social del capital (moderno colonial), se trata de un enfrentamiento de uniformes que permite identificar el enemigo político. Incluso los paramilitares  en ese campo del conflicto político vía armada, eran vistos como enemigos diferenciados dentro del marco general de la lucha contra una maquina más superior de represión.  No parece ser tan fácil en el terreno del capitolio y de las instituciones democráticas del Estado y la constitución de la Republica Colombiana. Las elecciones regionales se acercan. Y de la misma lucha política, electoral y en los espacios de participación social y política, dependerá la defensa misma del acuerdo de paz.
El lado positivo (creación de una realidad social) mismo del poder es el Estado como eje de reproducción de una determinada forma de socialidad humana. Sin una crítica del Todo (el proceso social de construcción del poder), no podremos construir una buena estrategia y táctica  y, todavía menos no lograremos establecer bien nuestras “amistades” a la hora de defender la Paz con justicia social y realizar una oposición al gobierno del Centro Democrático.  De la definición del “amigo político”, de su “madurez” en términos de la coincidencia perspectiva radical, depende directamente la propia lectura objetiva (teórica) que habrá de tener las FARC alrededor del conflicto político colombiano.
Una consecuente visión materialista del poder, no puede caer en la exclusiva idea de que todo depende de la Voluntad y no de las condiciones históricamente construidas para satisfacer las necesidades materiales de existencia[3].  Las relaciones entre lo positivo y lo negativo del poder determinan el grado de «humanidad» que podemos ver en la construcción de los modos de producción de la vida que es el ámbito propio de «lo humano». Las fuentes del poder social son los procesos intrínsecos e inmanentes al proceso de Trabajo Social en un determinado proyecto civilizatorio (esto es en un determinado momento histórico), que se entiende como forma de  apropiación colectiva de la naturaleza. El ser humano tiene que encontrarse en condiciones de poder vivir, para poder realizar la historia, tiene que tener los Medios de subsistencia que heredó de sus ancestrales en conjunción con lo que "puede hacer" con aquellas condiciones heredadas. Solo después de considerar las condiciones materiales de poder vivir en el "acontecer" histórico, es que se puede hablar de: "Conciencia" que registra el "acontecer" en el tiempo y en el espacio.
Las relaciones “Amigo-Enemigo” en la política se definen por el grado de desarrollo histórico, siendo la lucha de clases  el transcurso de esa relación. Es por ello que Marx dice (2007, p. 76) sobre la existencia del agente social como la existencia de una  personalidad condicionada, desdoblada en una corporalidad inmediata; un individuo personal, es al mismo tempo la forma concreta de presentarse la historia, la individualidad de una clase social. Las relaciones de poder están entonces contenidas en la  "Conciencia" y, gracias a esta podremos encontrar los medios por los cuales identificar los “Amigos”, puesto que ya definido concretamente que el Enemigo” es el Orden social que produce la violencia. La burguesía no es quien crea la sociedad burguesa, es esta última que permite la construcción de un sujeto Burgués:

[…] Como agente consciente de este movimiento, el poseedor de dinero se convierte en capitalista. El punto de partida y de retorno de dinero se halla en su persona, o mejor decir en su bolsillo.  El contenido objetivo de este proceso de circulación- valorización del valor- es su fin subjetivo, y sólo actúa como capitalista, como capital personificado, dotado de consciencia y de voluntad, en la medida de que sus operaciones no tienen más motivo propulsor que la apropiación progresiva de la riqueza abstracta [….] convirtiéndose así en sujeto automático […]  (Marx C.I ,2011 p. 109) 
La calidad mental de los miembros del partido verde se define por esta determinación objetiva, que en lo subjetivo, genera esa explosión que aparece como diversidad de posturas y personalidades. No todos los militantes de ese partido estuvieron de acuerdo en ese acto y, sin embargo, hay que tener claro que fue el partido como un todo que se posicionó contra Santrich. Con o sin Santrich, la paz de los verdes se define más por la determinación objetiva que por el matriz ideológico, siendo este (el matriz ideológico) la manifestación que aparece velando el orden real del acontecer. Veamos:
Desde su fundación  25 de noviembre en 2005 y el 5 junio 2007 cunado obtuvo su personería jurídica[4], el partido Verde colombiano en sus estatutos[5] se construye como una manera mental, una actitud frente al mundo, una determinada consciencia sobre la cual establecen su proyecto político como una  de opción centro. Aparece el concepto de Vida como “Centro” fundamental de la susodicha actitud mental que pretende acoger las minorías desde una postura de “centro democrático”, propuesta que consideran necesaria y urgente que se sobrepase los extremos de una Izquierda recalcitrante y una Derecha Arrogante.


 Esta es una forma particular de socialdemocracia, que nacida en Europa a mediados de la década del 70´s, se desarrolla al unísono con la nueva configuración del capitalismo internacional y, la nueva síntesis en la correlación de fuerzas políticas entre los distintos pueblos del mundo. Esta actitud política verde, es la maduración del proceso de desarrollo global del capital.
La base social de esta colectividad es en gran medida los sectores medios urbanos de la sociedad, ubicados entre las profesiones más variadas y, casi siempre con sectores con alguna tipo de formación universitaria o técnica. Su defensa del ambientalismo hace del sector juvenil uno de los grupos etarios que más aporta a la militancia de este partido, así como los sectores LGBTI y mujeres. Ahora, la actitud política verde es una forma de ese partisan que perdió la pasión política de la que habla Josepf Ramoneda (2000).
Josepf Ramoneda realiza un interesante diagnóstico sobre el contexto de esta “nueva” actitud mental de “centro democrático”. El partisan, el partidario y militante, se ha hecho Reformista (2000, p. 19). Este quiebre tiene que ver con la máxima expresión de la pasión política como el enfrentamiento del “Amigo-Enemigo” en la segunda guerra mundial y el tránsito por la guerra fría, hasta el  “fin de la historia” de la era global y neoliberal del capital.  La  política  aparece como Despolítizada, el enemigo ideológico es difuso, no es el enfrentamiento con un personaje de las mismas cualificaciones, aparece como una figura más de  bárbaro, como la manifestación de la pura irracionalidad que hay que higienizar como proceso civilizatorio; es decir, cerrándose el circulo ideológico de lo político, el enemigo es aquello que sale de modelo triunfante: el capitalismo (2000, p. 22).  La “nueva” legitimación de ese Enemigo universal, no puede ser dada sino a partir de la universalidad de los Derechos humanos; así, la construcción del enemigo se construye gracias a un principio de moralidad que juzga entre el bien- mal. De esta manera el espacio-posible de esta nueva actitud política del siglo XXI (Ramoneda escribia en 1999!) es la síntesis de esa nueva etapa del capitalismo internacional, construyendo con ello, una consciencia especifica de lo político como  actitud de “centro democrático”.
Sabido es que no es posible construir una cohesión social sin creencia (Ramoneda, 2000, p. 107) y, si bien la Actitud política verde parece ser un hábito para cuestionar el sistema de producción capitalista en los puntos de distribución económica y sostenibilidad ambiental, así como moralmente cuestiona la violación a los derechos fundamentales, lo hace defendiendo la propiedad privada y con ello la forma de “Producción” como un todo, simplemente rectificando sus desajustes ambientales (amenizando la explotación del hombre por el hombre al ponerle un sentido ambiental), en una clara evidencia de que las razones para obedecer no mudar en esencia. En ese sentido, entre el verde y el naranja del modelo económico neoliberal, existe solamente una diferencia puramente cromática, el ojo que percibe (la consciencia) ve gracias a la misma luz del capital, su postura política es de centro, parece ser tan neutral y "tibia" como la abstracción del dinero ante la carnalidad del sufrimiento diario de quienes son explotados y dominados.
Una cosa es clara, los intereses de clase en la lucha revolucionaria. Ellos, “los verdes” demuestran su coherencia, ese es el juego de la "democracia", los "progres del capital”, cercanos en algunos temas más a las oligarquía y la clase emergente narcoparamilitar, que a sus propias clases medias urbanas, son  en lo fundamental pequeña burguesía. A las FARC les es imperativo enfocarse en la relación entre Movimiento, partido y proceso económico, a la hora de seleccionar sus amigos políticos en el escenario del capitolio nacional, sin perder de vista las relaciones entre movimiento de clase y consciencia de clase, sabiendo que Clase  es una categoría  de análisis para la crítica de la sociedad burguesa, para ir de lo más concreto a lo más abstracto y de allí nuevamente a la concretud lograda por un sujeto crítico en el horizonte de una praxis revolucionaria[6].


Política y filosofía
"jamás muere un legado siempre vivo!" 

El profesor José Aricó (2012, p. 56) nos enseñó que la crítica de la ideología debe ubicarse como propedéutica del análisis de la vinculación entre el fetichismo de la sociedad burguesa y la reproducción de las relaciones de producción capitalista.  No, el partido FARC no se puede quemar con el agua tibia. Nuestros hermanos y camaradas están siendo cada día asesinados, el gobierno no da garantías y el Estado manifiesta sus mecanismos propios de acción contrainsurgente. La participación política, la posibilidad de un proyecto comunista (liberador) de sociedad, sigue siendo cercenado.
Hoy en la reunión del directorio nacional del partido se debe saber que no se puede perder la pasión política revolucionaria! Los movimientos revolucionarios radicales no pueden caer en “veganismo político” cuando de sus militantes se hace el banquete sangriento del nuevo ciclo de la violencia política nacional. Más vale alejarse de un “amigo no muy maduro” (verde!!) para identificar bien el enemigo político; el movimiento guerrillero latinoamericano ha sabido ser antropófago.
Los verdes que dicen “defender la paz sin Santrich”, la “paz sí, Santrich no”, alientan la horda del “centro naranja” del fascismo colombiano. Son tan culpables del odio creado a los militantes de las FARC que llevó al asesinato de nuestros hermanos camaradas Anderson Pérez Osorio y Daniel Esterilla, como son cómplices del orden social que posibilita la violencia en Colombia[7]. En lo personal, considero que no se puede ser “amigo político” de quienes alimentan el odio y el asesinato de mis hermanos (verdaderos amigos!!!).  Que no vayan a tomar por verde la madurez política del partido Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común (FARC).



Trabajos Citados:

Aricó, J. Nueve Lecciones sobre Economía y Política en el Marxismo: Curso de El Colegio de México. Edtorial FCE. México, 2012.  
Dos Santos, Th. Concepto de Clases Sociales. 1976.
Germán Roncancio Jiménez.  ¿Cómo propiciar la solución política con el ELN? El lugar de la participación decisoria e incluyente de la población. En: Negociación Gobierno-ELN: Y sin embargo, se mueve”. Editor: Victor de Currea Lugo. Bogotá Octubre 2015, p. 141.
Marx, K. LA Ideología Alemana. Venezuela: Fundación Editorial El Perro y la Rana, 2007
__________. El Capital Tomo I. Proceso de Producción. Fondo de Cultura Económica. México, 2011.
Ramoneda, J. Depois da paixao política, Trad. Claudia Rossi. Editora. SENAC. São Paulo, 2000
Read, Jason, Marx y Foucault: trabajo abstracto y poder disciplinario. Fragmento En: La micropolítica del capital. Marx y la prehistoria del presente, trad. Aurelio Sainz Pezonaga, Ciempozuelos, tierradenadie ediciones, 2016.  



[1] Dedicado a mi papá, “Gordo te amo”, sin parricidio no podría ser fiel a tus enseñanzas, el ímpetu de seguir desesperadamente su propio orgullo y construir un carácter propio.
[2] En esto no sólo concordamos con  Josep Ramoneda, sino que lo hacemos en la medida que esto implica seguir una de las formulaciones más críticas de Foucault.  Cf. Ramoneda, J. Depois da paixao política, Trad. Claudia Rossi. Editora. SENAC. São Paulo, 2000, pp. 99-100.
[3] Entendemos una diferencia con relación al concepto de Poder de Ramoneda, en términos de relación Foucault- Marx, ya que consideramos que la idea de Trabajo Abstracto permite considerar otra lectura del concepto de poder de Ramoneda y el que nosotros mantenemos. Una ampliación de esta lectura puede verse en:  Cf. (Read, 2016).
[4] Decreto 03 90 de 2007.
[6] Para ver una discusión al respecto de la clase en el pensamiento de Marx véase los análisis de T. Dos Santos quien considera esta como un elemento fundamental para la crítica teórica en el proceso político de lucha revolucionaria.  Cf.  (Dos Santos, 1976).

La metamorfosis política.

Por @jrherreraucv / José Rafael Herrera 
Buitre del dinero

¿Es posible que un águila pase a
ser un halcón para luego terminar siendo un buitre? La escritora británica J. K. Rowling ha dado cuenta de la existencia de ciertos “animales fantásticos”. Nunca se sabe. La verdad es que, en medio del pesado transitar de este desdibujado presente, nada pareciera ser imposible. Si ya en tiempos de Leonidas los ruines intereses de un disforme –retorcido y genuflexo– pusieron en peligro la seguridad de toda la cultura occidental; si, según Maquiavelo, lo gris que hay en el hombre es, más que una característica, su rasgo común preponderante; si el bien supremo se representa más como la riqueza, el poder o la sensualidad que como la virtud del bien verdadero, ¿qué de extraño puede tener –en una sociedad que ha hecho de lo efímero y fugaz su mayor éxito, de la compra-venta el único valor significativo de la existencia, de las formas vacías el eco de un ardid en el silencio de la nada– que se produzcan las más inverosímiles metamorfosis políticas? Se es lo que se hace. Ser es hacer. Un empresario no puede hacer política sin dejar de pensar en los negocios. La llamada antipolítica no es tan antipolítica después de todo, aunque suela conducir los destinos de un país como si se tratara exclusivamente de una corporación financiera, en claro detrimento de la eticidad.

“Todas las opciones están sobre la mesa” se ha dicho una y otra vez. Y sin embargo, todo indica que de todas las opciones la más probable lleve los signos de un águila que de halcón ha devenido carroñero. Como dice el adagio popular: “Tanto nadar para morir en la orilla”. No pocas veces, en política, la lealtad es conducida directamente por intereses calculados: se trata de ser práctico –se dice– y de que la relación costo-ganancia se incline siempre a favor de la parte interesada. Son palabras traídas desde el entendimiento abstracto. Tragar sapos en algún momento fue, más que una recomendación, una enseñanza de vida para Goya, en su transitar por los caprichos del poder. Cada piedra del largo camino de este infierno está hecha con el estiércol de las buenas intenciones. Metamorfosearse no pareciera ser tan difícil, por lo visto.

El debate, el diálogo y, por supuesto, la participación en comicios electorales, siempre y cuando sean pulcros, son modos diversos a través de los cuales se expresan legítima y racionalmente los atributos de la democracia. Pero, ¿cómo y cuando se llega a producir un estado de metamorfosis política? No se diga, a los fines de honrar la magna obra de Ovidio, desde la creación del mundo hasta la transformación del alma de Julio César en una stella, sino, más humildemente, del mito hollywoodense de posguerra que va desde el belicoso let's go with all, guys, to the charge!, al más prudente take it easy my boys. Lo cierto es que del “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” y del “sí o sí” ya va quedando muy poco. Al parecer, flatus vocis, pues se trata de frases cuya férvida conmoción se han ido deslizando por largas alfombras, diluyendo y enfriando poco a poco, hasta llegar al inminente acuerdo de un proceso comicial. ¡Haberlo dicho antes!

Lo cierto es que el “como vaya viniendo vamos viendo”, esa suerte de “método científico” criollo que envuelve –y oculta– il sassolino de la “paradoja del inventor”, el ensayo y error en toda su crudeza empirista, es el norte que va guiando no solo a la dirigencia política nacional, sino también a la internacional. Y es que la política del ensayo y error va orientando las más sorprendentes metamorfosis, a medida que la situación va mostrando sus costos y complicaciones. A fin de cuentas, una hipótesis no es más que una simple conjetura que debe ser sujeta a verificación. Se trata, como en efecto se ha venido tratando, de poner sobre la mesa un conjunto de opciones que cumplan con todos los requisitos necesarios a objeto de ser debidamente ensayadas –ceteris paribus–, siempre sobre la base de experiencias previas, hasta dar con la variable indicada. Uy, ¡eureka!: si se aprieta el gatillo de una pistola cargada con pólvora y bala, lo más probable es que la pistola se dispare; pero –y este parece ser el caso– si la pólvora estuviese mojada, entonces, lo más probable es que heurísticamente no se dispare. Como podrá apreciarse, el entendimiento abstracto es de una sorprendente genialidad. Se sabe que los chinos y los rusos son expertos en pólvora, por lo que no solo saben encenderla sino también apagarla. Y así, en unos pocos meses, el Halcón ha dejado de serlo para transmutar, nada menos, que en un Falcón.

Con ejemplar paciencia, Venezuela ha transitado por una larga senda de sufrimientos, de penurias, de zozobras, de crisis y temores inmerecidos. Ha marchado, ha protestado, ha participado en innumerables convocatorias de calle; ha respondido, con la cara pintada de “color esperanza”, a los más diversos llamados que se le han hecho, para manifestar de viva voz su descontento, su “fuerza” y su “fe”; una enorme cantidad de venezolanos se ha visto en la necesidad de huir del país. Las cárceles están llenas de presos políticos, humillados y torturados. No pocos fueron los militares y policías que desertaron en nombre de un mejor destino que nunca llegó. Una multitud fue a recibir con los brazos abiertos la llegada de la ayuda humanitaria, “sí o sí”, pero las gandolas nunca lograron entrar. Se han padecido innumerables cortes de luz y agua, la comida es cada día más inaccesible, las medicinas son cada vez más escasas y costosas, los sueldos no alcanzan, resultan ridículos; en los hospitales es evidente la impotencia de su personal médico, las colas en las gasolineras se han hecho antología de la eternidad. Y todo esto a la espera del fin de la usurpación y de la instauración de un gobierno de transición. Total, después de todo, “veinte años no son nada”, “la luz al final del túnel” ya se ve, está cerca, muy cerca, y “ya casi” se le puede tocar. Pero, de pronto, y como en circunstancias anteriores, se presenta un cambio de planes. Se mojó la pólvora. Ahora, desde Oslo, pero también desde Washington, se dice que la solución está negociándose para ir a unas elecciones “con garantías”, aunque con el mismo Consejo Electoral.

En Santo Domingo, los aliados internacionales le exigieron a los factores democráticos no participar en diálogos y retirarse de las conversaciones. No se negocia con secuestradores, afirmaban. Pero ahora se recomienda negociar con los secuestradores y llegar a un acuerdo. Simples cuestiones de método. Por eso mismo, cabe preguntarse si existirá alguna diferencia, quizá de tipo heurístico, entre un diálogo y otro, o entre este discurso y el anterior. Quizá la gente se hubiese ahorrado un poco de sufrimiento en este largo período plagado de dolor. Desde la colina, un metamorfoseado pajarraco guiña un ojo y sonríe, mientras pareciera balbucear un extraño I told you!...

UN GESTO DE PROTESTA CONTRA LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS



Protesta


Por Juan Martin Masciardi


El alemán carece de lógica:

¨…la preposición ohne(sin) va con la cuarta declinación, la preposición mit(con) va con la tercera declinación. ¿Por qué? Ambas preposiciones significan el aspecto positivo y negativo de la misma relación y por lo tanto deberían ir con la misma declinación¨

Brigitte es de esas personas que a cada hecho de su vida le da su toque épico. No acepta fisuras ni contradicciones, adhiere a los postulados voluntaristas que sostienen que  todos podemos conseguir cualquier cosa con sólo mantenemos firmes en nuestra decisiones, es cuestión de proponérselo. Cada uno debe luchar y afirmar su lugar en el mundo. Ser coherente, mantener una relación de coherencia entre lo que se dice y se hace, razonamiento lógico y sentido común son los signos distintivos de una vida limitada al plano de los hechos que se traducen en los contenidos de su mente. A eso llama coherencia, lo que piensa es. Brigitte articula coherencia y lucha. Luchar, ese es el punto, el término que mejor la define. Además es lógica, y en ella ésta se relaciona con el sentido común, eso le da tranquilidad.

¨No es lógico, ya lo sé, pero ése es el uso que se ha ido imponiendo a lo largo de los siglos- decía como si quisiera pedir a la joven francesa que se compadeciera de un idioma maldecido por la historia-¨.

El profesor de alemán es un joven que se sabe extranjero, se disculpa por algo que lo excede. Disculparse es una respuesta correcta bajo la lógica de Brigitte porque no tiene derecho a defenderse, porque en él falta la verdad, el profesor se excusa en la tradición, en el uso cotidiano que hacemos del lenguaje y en el paso del tiempo. Brigitte le niega al idioma alemán su ser histórico porque así funciona su lógica. Las palabras son. Deben responder a una lógica interna que les permita una coherencia que no pueda ser rota por el uso en el habla o de su mal uso sería más apropiado. Las palabras deben ser fijadas como compartimientos estancos sin sufrir alteraciones. Así trabajan quienes conforman los diccionarios y dictan las definiciones de las palabras, agrupándolas en orden alfabético. Trabajo difícil pero más que trabajo es éste un castigo del infierno.

¨Estoy contenta de que lo reconozca. No es lógico. Pero un idioma tiene que ser lógico (…) Un idioma que no es lógico pueden aprenderlo los niños, porque los niños no piensan. Pero nunca pueden aprenderlos un extranjero adulto. Por eso para mi el alemán no es un idioma internacional¨.

Luego abandona la clase, ha logrado su victoria silogística. El alemán no es un idioma internacional porque no es lógico, por lo mismo cualquier idea de hegemonía imperial es absurda, una falacia. No es posible un imperio alemán porque carecen de idioma. Para ser un imperio deben poder imponer su lengua, su idioma. Brigitte como buena lógica conforma razonamientos: los niños no razonan entonces sólo los niños pueden aprender cosas ¨ilógicas¨.  Toda persona de bien cree en dios, juan martin no cree en dios, jm es mala persona y así en más.

Más tarde comprará un vino de Bordeaux pero la puerta de la tienda está repleta de manifestantes que como ella luchan por sus derechos. Piden que sus derechos sean respetados. La manifestación es un caos de voces en la que no se logra divisar qué reclaman. Imaginemos:¨ lenguaje inclusive para todes¨, ¨salvemos las dos vida, no al matrimonio¨, ¨muerte al psicoanálisis heteronormativo¨, ¨no al saqueo de nuestros recursos por el imperio, fuera estados unidos de la órbita del planeta¨, ¨soy aliade feministe y me siento cómode y segure caminando desnude entre todes estes mujeres. Pido le misme para elles¨ y así en más. La imaginación no tiene límites la realidad sí o era al revés? En fin, como dije. Compró una botella de vino, al salir se encuentra con policías de tránsitos apunto de hacerle una multa por estar mal estacionada. Pero no olvidemos las claves del texto: protesta contra la violación de los derechos humanos.

¨¿Pueden decirme dónde tenía que aparcar? Si está permitido comprar coches habrá que garantizarle a la gente que va a tener dónde dejarlo, ¿no? ¡Hay que ser lógicos!-les gritó¨.

Nuevamente la lógica. Los derechos y la lógica parecieran tener, al menos en el texto, cierta correspondencia. Habría algo así como ciertos tipos de necesidades humana que por ser tal habrían de traducirse en derechos. Pero los derechos no se dan solos, hay que luchar por ellos, conquistarlos, enunciarlos, gritarlos y manifestarse en grupo para reclamar por más derechos. Los derechos son infinitos porque dependen de nuestros apetitos. Por eso son universales. Porque nos son comunes. Luego le cuenta a su padre todo lo sucedido con gesticulaciones y sobreactuación de cómo defendió sus derechos. 

¿Qué representa esta lucha? 

¨expresa el indignado asombro ante el hecho de que alguien quiera negarnos  nuestros derechos más elementales. Por eso llamamos a este gesto la protesta contra la violación de los derechos humanos¨  El derecho a cuestionar una lengua extranjera y el derecho a tener dónde estacionar el auto son derechos inalienables, es decir van implícito por el sólo hecho de ser humanos. Se desprenden de cada necesidad. Nace una necesidad, nace un derecho.

¨no conozco a un solo político que no hable diez veces al día de  la ¨lucha por los derechos humanos¨ o de la ¨falta de respeto por los derechos humanos¨.

Los derechos humanos así considerados son un tipo de metáfora que remite análogamente a un ideal fantástico a un lugar vacío sin materialidad, por eso pueden ser llenado con cualquier tipo de consigna-necesidad. Por ejemplo mi derecho a estacionar el auto en cualquier lugar. La lógica de Brigitte se rompe en pedazos. Nace un derecho, luego es violado. Todos sabemos de qué se trata aunque no podamos expresar con precisión cómo se materializan, cómo es que se hacen concretos en la superficie de un mundo sudoroso y violento en el que un hombre sin hogar es prendido fuego por otro porque un vagabundo lo es por carecer de una voluntad determinada a salir de esa situación de miseria. Necesidad-derecho-lucha. Otra imagen: una joven con un niño en brazos pide ayuda vendiendo bolsas de consorcio mientras personas pasan a su lado como si nadie estuviera allí, como si ese niño y esa madre que piden ayuda no existieran. O nuestros progresistas de redes sociales lamentando entre lágrimas que nuestros pobres ya no puedan comer de contenedores de basura porque ahora éstos funcionan con tarjeta magnética. Porque los Derechos no se dan solos, hay que conquistarlos. La lucha por los derechos humanos o de la falta de respeto por los derechos humanos también es un tema complejo dentro del entramado mundo de La Inmortalidad de Milan Kundera. La falta está en pronunciar su nombre más de diez veces al día y en lamentarse que un pobre tipo no pueda comer de la basura como en los viejos buenos tiempos en los que sí podía hacerlo o porque no lucha como se debe para afirmar su necesidad como un derecho.

¨La lucha por los derechos humanos, cuanto más ganaba en popularidad, más perdía en contenido concreto y se convertía en una especie de postura genérica de todos hacia todos, en una especie de energía que convierte todos los deseos humanos en derechos. El ansia de amor en derecho al amor, el ansia de desencanto en derecho al desencanto, el ansia de amistad en derecho a la amistad, el ansia a circular a velocidad prohibida en derecho a circular a velocidad prohibida, el ansia de felicidad en derecho a la felicidad, el ansia de publicar libros en derecho a publicar libros¨

Kundera no está en contra de los derechos humanos, lejos de eso, pero sí embiste contra su banalización, los remito a los ejemplos más contemporáneos mencionados arriba.

La clave está en el término luchar. ¨Luchar por¨ siempre va ligada a la ¨lucha contra¨, y la preposición ¨por¨ queda siempre olvidad en el trascurso de la lucha en favor de la preposición ¨contra¨. ¿Contra quién se lucha cuando se habla de la violación de los derechos humanos? 

Kundera se mueve entre el cinismo y el escepticismo. 

¨Lo que hace que la gente levante el puño, lo que le pone fusiles en la mano, lo que la impulsa a la lucha común por causas justas e injustas, no es la razón, sino el alma hipertrofiada¨

Toda deformidad pareciera conllevar cierto resentimiento.

 Sin embargo la obra tiene como protagonista a Agnes, una mujer hermosa frente a un mundo que olvidó la belleza, que se pasea por las calles con una nomeolvides entre sus manos. Es una historia de amor. Cuya protagonista es una mujer extraordinaria. Tan real.

Por último:

¨La suma de la utilidad de todas las personas de todas las épocas está plenamente contenida en el mundo tal como es hoy. De lo que se deriva: nada es más moral que ser un inútil¨.

      Estética de la belleza sobre un fondo de escepticismo y cinismo.