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La metamorfosis política.

Por @jrherreraucv / José Rafael Herrera 
Buitre del dinero

¿Es posible que un águila pase a
ser un halcón para luego terminar siendo un buitre? La escritora británica J. K. Rowling ha dado cuenta de la existencia de ciertos “animales fantásticos”. Nunca se sabe. La verdad es que, en medio del pesado transitar de este desdibujado presente, nada pareciera ser imposible. Si ya en tiempos de Leonidas los ruines intereses de un disforme –retorcido y genuflexo– pusieron en peligro la seguridad de toda la cultura occidental; si, según Maquiavelo, lo gris que hay en el hombre es, más que una característica, su rasgo común preponderante; si el bien supremo se representa más como la riqueza, el poder o la sensualidad que como la virtud del bien verdadero, ¿qué de extraño puede tener –en una sociedad que ha hecho de lo efímero y fugaz su mayor éxito, de la compra-venta el único valor significativo de la existencia, de las formas vacías el eco de un ardid en el silencio de la nada– que se produzcan las más inverosímiles metamorfosis políticas? Se es lo que se hace. Ser es hacer. Un empresario no puede hacer política sin dejar de pensar en los negocios. La llamada antipolítica no es tan antipolítica después de todo, aunque suela conducir los destinos de un país como si se tratara exclusivamente de una corporación financiera, en claro detrimento de la eticidad.

“Todas las opciones están sobre la mesa” se ha dicho una y otra vez. Y sin embargo, todo indica que de todas las opciones la más probable lleve los signos de un águila que de halcón ha devenido carroñero. Como dice el adagio popular: “Tanto nadar para morir en la orilla”. No pocas veces, en política, la lealtad es conducida directamente por intereses calculados: se trata de ser práctico –se dice– y de que la relación costo-ganancia se incline siempre a favor de la parte interesada. Son palabras traídas desde el entendimiento abstracto. Tragar sapos en algún momento fue, más que una recomendación, una enseñanza de vida para Goya, en su transitar por los caprichos del poder. Cada piedra del largo camino de este infierno está hecha con el estiércol de las buenas intenciones. Metamorfosearse no pareciera ser tan difícil, por lo visto.

El debate, el diálogo y, por supuesto, la participación en comicios electorales, siempre y cuando sean pulcros, son modos diversos a través de los cuales se expresan legítima y racionalmente los atributos de la democracia. Pero, ¿cómo y cuando se llega a producir un estado de metamorfosis política? No se diga, a los fines de honrar la magna obra de Ovidio, desde la creación del mundo hasta la transformación del alma de Julio César en una stella, sino, más humildemente, del mito hollywoodense de posguerra que va desde el belicoso let's go with all, guys, to the charge!, al más prudente take it easy my boys. Lo cierto es que del “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” y del “sí o sí” ya va quedando muy poco. Al parecer, flatus vocis, pues se trata de frases cuya férvida conmoción se han ido deslizando por largas alfombras, diluyendo y enfriando poco a poco, hasta llegar al inminente acuerdo de un proceso comicial. ¡Haberlo dicho antes!

Lo cierto es que el “como vaya viniendo vamos viendo”, esa suerte de “método científico” criollo que envuelve –y oculta– il sassolino de la “paradoja del inventor”, el ensayo y error en toda su crudeza empirista, es el norte que va guiando no solo a la dirigencia política nacional, sino también a la internacional. Y es que la política del ensayo y error va orientando las más sorprendentes metamorfosis, a medida que la situación va mostrando sus costos y complicaciones. A fin de cuentas, una hipótesis no es más que una simple conjetura que debe ser sujeta a verificación. Se trata, como en efecto se ha venido tratando, de poner sobre la mesa un conjunto de opciones que cumplan con todos los requisitos necesarios a objeto de ser debidamente ensayadas –ceteris paribus–, siempre sobre la base de experiencias previas, hasta dar con la variable indicada. Uy, ¡eureka!: si se aprieta el gatillo de una pistola cargada con pólvora y bala, lo más probable es que la pistola se dispare; pero –y este parece ser el caso– si la pólvora estuviese mojada, entonces, lo más probable es que heurísticamente no se dispare. Como podrá apreciarse, el entendimiento abstracto es de una sorprendente genialidad. Se sabe que los chinos y los rusos son expertos en pólvora, por lo que no solo saben encenderla sino también apagarla. Y así, en unos pocos meses, el Halcón ha dejado de serlo para transmutar, nada menos, que en un Falcón.

Con ejemplar paciencia, Venezuela ha transitado por una larga senda de sufrimientos, de penurias, de zozobras, de crisis y temores inmerecidos. Ha marchado, ha protestado, ha participado en innumerables convocatorias de calle; ha respondido, con la cara pintada de “color esperanza”, a los más diversos llamados que se le han hecho, para manifestar de viva voz su descontento, su “fuerza” y su “fe”; una enorme cantidad de venezolanos se ha visto en la necesidad de huir del país. Las cárceles están llenas de presos políticos, humillados y torturados. No pocos fueron los militares y policías que desertaron en nombre de un mejor destino que nunca llegó. Una multitud fue a recibir con los brazos abiertos la llegada de la ayuda humanitaria, “sí o sí”, pero las gandolas nunca lograron entrar. Se han padecido innumerables cortes de luz y agua, la comida es cada día más inaccesible, las medicinas son cada vez más escasas y costosas, los sueldos no alcanzan, resultan ridículos; en los hospitales es evidente la impotencia de su personal médico, las colas en las gasolineras se han hecho antología de la eternidad. Y todo esto a la espera del fin de la usurpación y de la instauración de un gobierno de transición. Total, después de todo, “veinte años no son nada”, “la luz al final del túnel” ya se ve, está cerca, muy cerca, y “ya casi” se le puede tocar. Pero, de pronto, y como en circunstancias anteriores, se presenta un cambio de planes. Se mojó la pólvora. Ahora, desde Oslo, pero también desde Washington, se dice que la solución está negociándose para ir a unas elecciones “con garantías”, aunque con el mismo Consejo Electoral.

En Santo Domingo, los aliados internacionales le exigieron a los factores democráticos no participar en diálogos y retirarse de las conversaciones. No se negocia con secuestradores, afirmaban. Pero ahora se recomienda negociar con los secuestradores y llegar a un acuerdo. Simples cuestiones de método. Por eso mismo, cabe preguntarse si existirá alguna diferencia, quizá de tipo heurístico, entre un diálogo y otro, o entre este discurso y el anterior. Quizá la gente se hubiese ahorrado un poco de sufrimiento en este largo período plagado de dolor. Desde la colina, un metamorfoseado pajarraco guiña un ojo y sonríe, mientras pareciera balbucear un extraño I told you!...

UN GESTO DE PROTESTA CONTRA LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS





Por Juan Martin Masciardi


El alemán carece de lógica:

¨…la preposición ohne(sin) va con la cuarta declinación, la preposición mit(con) va con la tercera declinación. ¿Por qué? Ambas preposiciones significan el aspecto positivo y negativo de la misma relación y por lo tanto deberían ir con la misma declinación¨

Brigitte es de esas personas que a cada hecho de su vida le da su toque épico. No acepta fisuras ni contradicciones, adhiere a los postulados voluntaristas que sostienen que  todos podemos conseguir cualquier cosa con sólo mantenemos firmes en nuestra decisiones, es cuestión de proponérselo. Cada uno debe luchar y afirmar su lugar en el mundo. Ser coherente, mantener una relación de coherencia entre lo que se dice y se hace, razonamiento lógico y sentido común son los signos distintivos de una vida limitada al plano de los hechos que se traducen en los contenidos de su mente. A eso llama coherencia, lo que piensa es. Brigitte articula coherencia y lucha. Luchar, ese es el punto, el término que mejor la define. Además es lógica, y en ella ésta se relaciona con el sentido común, eso le da tranquilidad.

¨No es lógico, ya lo sé, pero ése es el uso que se ha ido imponiendo a lo largo de los siglos- decía como si quisiera pedir a la joven francesa que se compadeciera de un idioma maldecido por la historia-¨.

El profesor de alemán es un joven que se sabe extranjero, se disculpa por algo que lo excede. Disculparse es una respuesta correcta bajo la lógica de Brigitte porque no tiene derecho a defenderse, porque en él falta la verdad, el profesor se excusa en la tradición, en el uso cotidiano que hacemos del lenguaje y en el paso del tiempo. Brigitte le niega al idioma alemán su ser histórico porque así funciona su lógica. Las palabras son. Deben responder a una lógica interna que les permita una coherencia que no pueda ser rota por el uso en el habla o de su mal uso sería más apropiado. Las palabras deben ser fijadas como compartimientos estancos sin sufrir alteraciones. Así trabajan quienes conforman los diccionarios y dictan las definiciones de las palabras, agrupándolas en orden alfabético. Trabajo difícil pero más que trabajo es éste un castigo del infierno.

¨Estoy contenta de que lo reconozca. No es lógico. Pero un idioma tiene que ser lógico (…) Un idioma que no es lógico pueden aprenderlo los niños, porque los niños no piensan. Pero nunca pueden aprenderlos un extranjero adulto. Por eso para mi el alemán no es un idioma internacional¨.

Luego abandona la clase, ha logrado su victoria silogística. El alemán no es un idioma internacional porque no es lógico, por lo mismo cualquier idea de hegemonía imperial es absurda, una falacia. No es posible un imperio alemán porque carecen de idioma. Para ser un imperio deben poder imponer su lengua, su idioma. Brigitte como buena lógica conforma razonamientos: los niños no razonan entonces sólo los niños pueden aprender cosas ¨ilógicas¨.  Toda persona de bien cree en dios, juan martin no cree en dios, jm es mala persona y así en más.

Más tarde comprará un vino de Bordeaux pero la puerta de la tienda está repleta de manifestantes que como ella luchan por sus derechos. Piden que sus derechos sean respetados. La manifestación es un caos de voces en la que no se logra divisar qué reclaman. Imaginemos:¨ lenguaje inclusive para todes¨, ¨salvemos las dos vida, no al matrimonio¨, ¨muerte al psicoanálisis heteronormativo¨, ¨no al saqueo de nuestros recursos por el imperio, fuera estados unidos de la órbita del planeta¨, ¨soy aliade feministe y me siento cómode y segure caminando desnude entre todes estes mujeres. Pido le misme para elles¨ y así en más. La imaginación no tiene límites la realidad sí o era al revés? En fin, como dije. Compró una botella de vino, al salir se encuentra con policías de tránsitos apunto de hacerle una multa por estar mal estacionada. Pero no olvidemos las claves del texto: protesta contra la violación de los derechos humanos.

¨¿Pueden decirme dónde tenía que aparcar? Si está permitido comprar coches habrá que garantizarle a la gente que va a tener dónde dejarlo, ¿no? ¡Hay que ser lógicos!-les gritó¨.

Nuevamente la lógica. Los derechos y la lógica parecieran tener, al menos en el texto, cierta correspondencia. Habría algo así como ciertos tipos de necesidades humana que por ser tal habrían de traducirse en derechos. Pero los derechos no se dan solos, hay que luchar por ellos, conquistarlos, enunciarlos, gritarlos y manifestarse en grupo para reclamar por más derechos. Los derechos son infinitos porque dependen de nuestros apetitos. Por eso son universales. Porque nos son comunes. Luego le cuenta a su padre todo lo sucedido con gesticulaciones y sobreactuación de cómo defendió sus derechos. 

¿Qué representa esta lucha? 

¨expresa el indignado asombro ante el hecho de que alguien quiera negarnos  nuestros derechos más elementales. Por eso llamamos a este gesto la protesta contra la violación de los derechos humanos¨  El derecho a cuestionar una lengua extranjera y el derecho a tener dónde estacionar el auto son derechos inalienables, es decir van implícito por el sólo hecho de ser humanos. Se desprenden de cada necesidad. Nace una necesidad, nace un derecho.

¨no conozco a un solo político que no hable diez veces al día de  la ¨lucha por los derechos humanos¨ o de la ¨falta de respeto por los derechos humanos¨.

Los derechos humanos así considerados son un tipo de metáfora que remite análogamente a un ideal fantástico a un lugar vacío sin materialidad, por eso pueden ser llenado con cualquier tipo de consigna-necesidad. Por ejemplo mi derecho a estacionar el auto en cualquier lugar. La lógica de Brigitte se rompe en pedazos. Nace un derecho, luego es violado. Todos sabemos de qué se trata aunque no podamos expresar con precisión cómo se materializan, cómo es que se hacen concretos en la superficie de un mundo sudoroso y violento en el que un hombre sin hogar es prendido fuego por otro porque un vagabundo lo es por carecer de una voluntad determinada a salir de esa situación de miseria. Necesidad-derecho-lucha. Otra imagen: una joven con un niño en brazos pide ayuda vendiendo bolsas de consorcio mientras personas pasan a su lado como si nadie estuviera allí, como si ese niño y esa madre que piden ayuda no existieran. O nuestros progresistas de redes sociales lamentando entre lágrimas que nuestros pobres ya no puedan comer de contenedores de basura porque ahora éstos funcionan con tarjeta magnética. Porque los Derechos no se dan solos, hay que conquistarlos. La lucha por los derechos humanos o de la falta de respeto por los derechos humanos también es un tema complejo dentro del entramado mundo de La Inmortalidad de Milan Kundera. La falta está en pronunciar su nombre más de diez veces al día y en lamentarse que un pobre tipo no pueda comer de la basura como en los viejos buenos tiempos en los que sí podía hacerlo o porque no lucha como se debe para afirmar su necesidad como un derecho.

¨La lucha por los derechos humanos, cuanto más ganaba en popularidad, más perdía en contenido concreto y se convertía en una especie de postura genérica de todos hacia todos, en una especie de energía que convierte todos los deseos humanos en derechos. El ansia de amor en derecho al amor, el ansia de desencanto en derecho al desencanto, el ansia de amistad en derecho a la amistad, el ansia a circular a velocidad prohibida en derecho a circular a velocidad prohibida, el ansia de felicidad en derecho a la felicidad, el ansia de publicar libros en derecho a publicar libros¨

Kundera no está en contra de los derechos humanos, lejos de eso, pero sí embiste contra su banalización, los remito a los ejemplos más contemporáneos mencionados arriba.

La clave está en el término luchar. ¨Luchar por¨ siempre va ligada a la ¨lucha contra¨, y la preposición ¨por¨ queda siempre olvidad en el trascurso de la lucha en favor de la preposición ¨contra¨. ¿Contra quién se lucha cuando se habla de la violación de los derechos humanos? 

Kundera se mueve entre el cinismo y el escepticismo. 

¨Lo que hace que la gente levante el puño, lo que le pone fusiles en la mano, lo que la impulsa a la lucha común por causas justas e injustas, no es la razón, sino el alma hipertrofiada¨

Toda deformidad pareciera conllevar cierto resentimiento.

 Sin embargo la obra tiene como protagonista a Agnes, una mujer hermosa frente a un mundo que olvidó la belleza, que se pasea por las calles con una nomeolvides entre sus manos. Es una historia de amor. Cuya protagonista es una mujer extraordinaria. Tan real.

Por último:

¨La suma de la utilidad de todas las personas de todas las épocas está plenamente contenida en el mundo tal como es hoy. De lo que se deriva: nada es más moral que ser un inútil¨.

      Estética de la belleza sobre un fondo de escepticismo y cinismo.       

Némesis

Por José Rafael Herrera / @jrherreraucv

Venganza, Némesis

Los antiguos griegos tenían el don de transformar hasta las cosas más crueles en un acto de belleza infinita. Es el caso de Némesis. Velada, misteriosa y de intimidantes alas, siempre al acecho y dispuesta a castigar. Ramnusia fue el nombre que los primeros áticos del Ramnonte le atribuyeron a la antigua diosa de la venganza, la igualdad rasante y la ciega fortuna. Siempre, entre sus manos, mantiene firmes una rueda y una espada, instrumentos con los cuales suele poner en práctica sus temerarios y horrendos castigos. Invidia, la llamaron los romanos, mucho antes de los tiempos de la república, desde la formación del Lacio, bajo el reino de Evandro. Es una de las Furias, y forma parte de la primera generación de los dioses, temida incluso por ellos y, paradójicamente, ubicada muy por encima de ellos: la temible celadora del igualitarismo por debajo, se erige a sí misma por encima de todos.

De hecho, Némesis es la potencia de la denigración de lo encumbrado, el castigo que precipita de su altura a todo lo que alguna vez fue dichoso, para preservar la neutra y sosa igualdad. El castigo contra lo que rebasa la medida. El derecho a ser iguales es, en ella, derecho abstracto y externo, que no llega a hacer del contenido ético el real contenido de la justicia. Perteneciente al círculo de los antiguos dioses, privilegia su relación con las necesidades subordinadas de los hombres, por lo que friza sobre la negación de las capacidades individuales, sobre lo distinto y lo mejor de los individuos. Y si bien es cierto que ya en ella se avisora la preocupación por el derecho y la justicia bajo la forma del odio, la venganza, la violencia y la represión, no menos cierto es que, a pesar de presentarse ante quien considera un impío como el brazo ejecutor del castigo, todavía no logra elevarse a la superior condición del derecho y la civilidad. Las Furias no son las Horas. Némesis no es Diké ni, mucho menos, Iustitia.

Ha salido de la selva nemea para morir y resucitar muchas veces. Se le ha visto por Andorra, Davos y el Vaticano, aunque predique en contra de la riqueza. Vive entre las cajas de alimentos subsidiados, entre los controles de precios, entre los negocios de las concesiones, entre las ayudas y las dádivas. O en las universidades en las que su personal académico pretende ser igualado con el resto, bajo el genérico rubro de “trabajadoras y trabajadores universitarias”. Vico da cuenta de ella transmutada en león, en su obra mayor: “esta Ciencia, en sus principios, contempla primeramente a Hércules (puesto que toda nación antigua habla de uno que la fundó); y lo contempla en el mayor de sus trabajos, que fue con el que mató al león, el cual, vomitando llamas, incendió la selva nemea, desde donde Hércules, adornado con su piel, fue elevado a las estrellas (el león resulta ser aquí la gran selva antigua de la tierra, a la que Hércules, que debió ser del carácter de los héroes políticos, prendió fuego para hacerla cultivable). Y así, los tiempos de los griegos comenzaron cuando comenzó entre ellos el cultivo de los campos”. El león es un numen, es Caco, el ladrón, quien despedía fuego por la boca por ser hijo de Vulcano. Caco hospeda a Hércules en su cueva, donde podían verse los restos descompuestos de sus víctimas como si fuesen trofeos. El terror, la desesperación y la impotencia rondaban en Lacio. Hércules toma la decisión de enfrentarlo y, antes de acabar definitivamente con su usurpación, usa su fuego para quemar la selva, dando con ello inicio a la cultura. Y es de aquel humano que proviene, asegura Vico, la humanidad.


Terminar con las miserias de la usurpación, con su mediocre y patético pregón de justicia e igualdad administrada, entendidas como venganza y resentimiento, una y otra vez, sigue siendo la principal tarea del presente. Como afirma Platón, lo bueno no puede encerrar nunca envidia alguna, porque lo divino es contrario a la envidia. En la mezquindad de su inmediatez populista, Némesis procura rebajar y empequeñecer lo grande y lo bueno, pues no soporta lo digno y lo sublime. Su cháchara pretende que se abandone lo mejor del espíritu para entregarse a las pasiones tristes, a los ruines intereses y, por supuesto, a la ignorancia, la vulgaridad y la miseria. Su aparente humildad, su exaltación de la pobreza, es un crimen contra el poder de creación y perseverancia del ser y de la conciencia sociales.


Es verdad -observa Aristóteles en Metafísica- que sólo Dios posee el privilegio de lo ilimitado, pero es indigno de los hombres no buscar la ciencia. Y “si la envidia fuese la naturaleza propia de lo divino, resultaría que todos los que aspirasen a algo más alto serían unos desgraciados”. Némesis, según relatan los poetas, castiga a todo aquel que trata de descollar por encima de lo corriente. Su función consiste en igualarlo y nivelarlo todo. Pero sólo puede ser un auténtico Dios aquel que honra lo excelente, el esfuerzo, la dedicación, en fin, la voluntad de quienes trabajan pacientemente para ser cada día mejores. No es lo mismo un médico-cirujano, que ha dedicado su vida entera a investigar y especializarse para beneficio de sus pacientes, que un médico-comunitario, al que se le ha engañado, haciéndole creer que posee las mismas capacidades y destrezas del más experimentado de los doctores. O lo que es todavía peor: conspirando irresponsablemente contra los estudios académicos de medicina, con la intención de llevarlos al mismo nivel de los cursos de medicina comunitaria.


Los pueblos no se desarrollan premiando la mediocridad. Se desarrollan como resultado del trabajo de su espíritu, lo que requiere de mucha constancia, disciplina y sacrificios. El mediocre es ignorante e irresponsable. Su única salida es la venganza a la que llama “justicia”, esa que encuentra en la envidia su móvil para actuar en contra de quienes no han tenido que hacer el menor esfuerzo para poder superarlos con creces. Tienen que igualar por debajo. No soportan ser lo que son, pero nada hacen para vencer sus propias limitaciones. Sólo quedan la trampa, la zancadilla, el fraude o la expropiación para poder contrarrestar el indetenible ímpetu del conocimiento. Su desprecio por la aspiración hacia lo más alto es impotencia devenida rabia. El saqueo y la destrucción sistemática de todo un país que, hasta el presente, resiste, no se deja y no está dispuesto a perderse en el abismo de la cruel barbarie. El delincuente, tarde o temprano, queda al desnudo, es sorprendido en el estiercol de la selva nemea, que amerita ser humada a fin de reiniciar, una vez más, el cultivo. Es tiempo de siembra. Tiempo de griegos.

Origen del problema Mente-Cuerpo y La Creencia Cartesiana del Cogito



Vivimos y actuamos con una creencia sobre la que casi nunca tenemos duda alguna: El «Yo» de la primera persona del singular. Es difícil determinar a ciencia cierta que “es” y, sin embargo, es una de las creencias más sólidas de la experiencia cotidiana del mundo. Difícilmente dudamos de la existencia del «Yo» (de nosotros mismos) teniendo una convicción auto justificada de la certeza de la existencia del «Yo». Parece que todos tenemos incorporado la idea según la cual: «Pienso = soy»; si- «Yo»- pienso, entonces tengo que existir.
Nos aferramos tanto a esta idea, que producimos proyecciones de nosotros mismos en la naturaleza, por eso en la historia de la humanidad, el surgimiento de las culturas se anuda con la construcción religiosa de una proyección humana sobre los objetos del mundo, de esa manera se pone sobre la realidad la premisa de la inmanencia de una «primera persona» que lo creo todo y, creemos en la idea de un «Dios» como figura personalizada; del mismo modo nos imaginamos una vida después de la muerte como instrumentos de asegurar la permanencia del «Yo» por medio de la creencia en el «inmortalidad del alma».
Afirmamos recurrentemente: «siento=Yo siento», «quiero = Yo quiero», «Percibo = Yo percibo»¸e incluso «Te odio= Yo te odio», etc. Sin embargo la afirmación «Pienso = Yo piensos». Esta creencia sostiene nuestra acción pues siempre consideramos nuestros deseos, voluntades y pensamientos son el efecto de una entidad unitaria que da sentido a esos movimientos, considerando a sí la idea misma de «libertad» sobre la premisa de esta creencia. El «Yo» acompaña y da unidad a todas mis experiencias, «Soy».  En forma sencilla y simple, podemos decir que creemos  en el núcleo personal del “Yo”, S” cree que P.


***

La historia de la filosofía se ha empeñado en dilucidar la racionalidad o irracionalidad de esa creencia, teniendo todo un conjunto de posturas y de sistemas de pensamientos  que va desde las más sofisticadas y exóticas elaboraciones místicas y metafísicas, pasando por los modelos más claros y explicativos de las ciencias experimentales hasta las construcciones más lógicos y formales.

Levantemos brevemente algunas de las interpretaciones de los más ilustres filósofos:

Antiguamente para decir “Yo” los griegos concebían toda una complejidad de realidades. La tradición religiosa y  Homérica concebía este principio como una unidad de  σομα y  Ψυχή, donde ambos son el soplo vital ( πνευμα), una parte (psiché) que es interior y que abandona el cuerpo (soma) después de la muerte, lo cual no implica una oposición entre ambos, sino que los dos son una misma realidad que los une dinámicamente que es el soplo vital (pneuma) [1].  Acá todavía no existe una noción de “yoidad”, ya que al morir desde la concepción homérica, se termina su existencia como individuo, ya que “las sobras de los muertos que entran al Hades” no gozan de ninguna existencia consiente, sino que es  ψυχαί, una especie de representación en el mundo de los muertos de los héroes mismos (αὐτοί) como queda expresado en algunos pasajes de la Iliada[2]. Esta concepción contrasta directamente con algunas religiones místicas como el orfismo y la concepción de Píndaro que concebían ya la psiché como una realidad virtual íntima que persistía después de la muerte. No podemos desarrollar acá toda una discusión filológica sobre los sentidos del concepto Ψυχή en el mundo antiguo[3], solamente queremos enunciar que de entrada parece ser un problema poder determinar la realidad misma que se quería enunciar con el termino, estando relacionado con toda la concepción cosmológica del origen del universo y una concepción de los fundamentos del ser humano. Antes de la época clásica el término Ψυχή  no necesariamente se refería  a esa realidad intima que estamos buscando.


Platón y Aristóteles se detuvieron atentamente en estas cuestiones, construyendo modelos explicativos entrelazados con toda su sistemática conceptual en la que la Relación Mente-Cuerpo se entrelaza con el problema del “Yo”. 
Platón al considerar un modelo cosmo-onto-teologico, construye una visión sobre la realidad intima del ser humano de tal manera que el dualismo cosmo-onto-teologico se corresponde con un dualismo antropológico. Fundamentado en una creencia órfica que hablaba de preexistencia, caída y transmigración de las almas, establece la realidad de un alma  diferenciada del cuerpo, siendo esta el principio motor y principio racional que caracteriza la esencia humana. El “Yo” comienza a ser definido como alma  (psyché) en su referencia a una realidad – y a veces como propiedad- distinta del cuerpo.
Hay definiciones en las que establece claramente el concepto del pensamiento como “Yo” en la medida que define el pensar como dialogo consigo mismo. Sin embargo, entre los diálogos de madurez, Menon, Fedon (en los que se sostiene la doctrina de la reminiscencia y la inmortalidad del alma como principio racional de la teoría de las ideas) y los diálogos críticos como el Tetteto, el Sofista y el Timeo (en los que se pone en duda los principios de la teoría de las ideas) encontramos ciertas ambigüedades en que tiene que ver con las relaciones entre Mente y cuerpo en tanto premisa para la definición de la realidad de “Yo”, ya que en esta parte de su sistema aparecen las mismas grietas que se encuentran en el problema de la participación de las ideas en las cosas sensibles, es decir, aunque Platón formula claramente una concepción dualista, queda abierta la cuestión entre la participación de la Mente  en el cuerpo cuerpo y, todavía más abierta como esto determina el “yo”:

[…] Lo que hay que decir de los huesos, la carne y otras cosas de esta naturaleza, es lo siguiente: todas tienen su principio y formación en la medula, porque los vínculos de la vida, por los cuales el alma está unida al cuerpo, están sujetos a la medula como sifueran las raíces de la especie mortal, la medula misma proviene de los elementos diversos [..][4]

            Esto es todavía más contundente si consideramos la división tripartita del alma contenida en el libro III de la República, ya que nos habla del mismo modo de una armonía entre ese principio y el ordenamiento social en clases y estamentos[5]. Lo cierto es que parece prevalecer en la concepción platónica, al menos así ha sido leído por la tradición de la filosofía, una construcción de la supremacía del alma sobre el cuerpo, de la razón sobre las demás partes del alma, pero no es así con relación a la primera persona “Yo”.
            Aristóteles por su parte, trató de distinguirse fielmente de toda la tradición anterior y, en lo esencial, buscaba superar a su maestro y la escuela platónica, en muchos de los vacíos que él consideraba dejaba la teoría de las ideas. Existirían dos principios ontológicos inseparables, sólo que relacionados inmanentemente: la materia (hyle) y la forma (eidos), ambos constituyen la substancia (ousía) como aquello que permanece más allá de los accidentes. Aplicados al problema del ser humano, consideraríamos que desde la perspectiva del estagirita, el ser humano es una substancia compuesto, accidentalmente por alma y cuerpo sólo que tampoco se puede distinguir muy bien una formulación del problema de “Yo”. Existen unos usos equívocos de las categorías en Aristóteles, pudiéndose confundir el uso de cuerpo, como materia prima con la que se moldea lo humano, al mismo tiempo que enuncia la unidad materia (hyle) y forma (eidos); del mismo modo que es ambiguo al construir la idea de alma como unidad, ya que esta se presenta también dividida entre psyché y nous, entre un intelecto activo y un intelecto pasivo, por lo que permanecía una visión dualista[6].  
En el helenismo estos problemas tomarán un carácter ético al establecerse las reflexiones sobre la ascesis y las técnicas del Yo como maneras de acceder a la virtud y a la verdad. Ahora, el acercamiento a una pregunta por el “Yo” fue siempre considerado en su acercamiento al concepto de mente, consciencia y alma en contraposición al cuerpo. El “yo” fue definido fundamentalmente como algo contrapuesto a lo “Otro”, el cuerpo, comenzando a ser traducidos ya por el cristianismo. La tradición primitiva semita conspiraba tres términos esenciales: Basar,  que quiere decir Carne, Nefes que simboliza el alma y Ruah que es espíritu[7] en los que no existe una diferenciación entre los principios, sino que todos son una unidad, haciendo referencia a dimensiones diferentes del ser humano. Acá hay una noción de interioridad relacionada inmediatamente con la exterioridad del cuerpo y la esencia divina. La traducción de esta tradición, junto con los principios de la filosofía griega, es lo que traerá como resultado la doctrina cristiana de la oposición entre el cuerpo y el alma, manifestando la terrenalidad del cuerpo y la divinidad del alma en el intelecto.
El tomismo medieval, fue una de las mayores aproximaciones a esta problemática al construir el concepto de in-tendere que será traducido por la fenomenología y la moderna filosofía de la mente como intencionalidad. De ese modo Tomás de Aquino define las relaciones entre lo divino y la mente humana, en relación con la inmanencia y la representación cognoscitiva[8].

****
Resumiendo a grandes rasgos,  antes de la modernidad, no existía una formulación por la pregunta por la existencia de un “yo” como sujeto de la primera persona, eso no quiere decir, que no haya existido una referencia a los problemas relativos de la  interioridad de la vida humana. Antes lo contrario, hubo una reflexión seria sobre los problemas por la interioridad en relación con la sus vínculos con el cuerpo y el orden divino del universo. Se mezclaban temas psicológicos con temas teológicos y ontológicos, como el carácter divino de del alma en su elemento racional, redundando las discusiones muchas veces en problemas sobre las fuentes y fundamentos del conocimiento.  El problema por el principio de la identidad personal del “Yo” aparentemente es algo propio a una nueva época dentro de la razón occidental.
El cartesianismo es quizá quien más ha fundamentado esta creencia en el “Yo” dentro de la historia del pensamiento occidental. Sin embargo no ha sido el único en este camino. La crítica de Th. Hobbes a la idea de animismo cartesiana, abre otra forma de entender la misma cuestión. No consideremos todavía el abordaje hobbesiano y concentrémonos en la formulación de R. Descartes que es la que más fundamenta la creencia de “S” en “P”.
R.  Descartes inaugura una manera de pensar pues construye un sujeto-método[9] del conocimiento que permita construir certezas como claras y evidentes, ya que la Duda metódica es el punto de partida para el establecimiento de una ruptura con los sentidos, así como el establecimiento del sujeto de conocimiento; es decir, el establecimiento  de la duda, es al mismo tiempo, el establecimiento de la necesidad de la consciencia en la primera persona. 
El problema por cómo conozco clara y distintamente se relaciona con el conocimiento por cómo existe el mundo, sustentados ambos en una bisagra que conecta el conocer con el Ser: el cogito. La verdad del cogito es puesta a partir de los criterios de construcción de la duda, puesto que en la medida que se niega la existencia del mundo externo (de la realidad), no es posible negar la propia actividad. En el Discurso sobre el Método() y en las Meditaciones de filosofía primera (1641) queda claro que la actividad Negativa de la consciencia, su duda, es lo que le permite realizar un juicio distintivo entre lo real y lo ilusorio del soñar y configurarse como conciencia que sabe con certeza que “p”.
Descartes afirma que el Cogito es fundamentalmente pensamiento y sin embargo no niega la existencia del cuerpo. La forma de su dualismo esta de substancia como de propiedad, ya que para identificar una unidad “yoica” formula la distinción rotunda entre ambas dimensiones para considerar la inmortalidad del alma como garante de la propia mismidad, frente a la corrupción y muerte del cuerpo. Al poderse conocer clara y distintamente que la mente es “algo pensante”, se considera como separada de “algo no pensante”, como lo otro de lo pensado distinguiéndolos como dos substancias (realidades) separadas con sus propiedades contrapuestas:


PROPIEDADES DE CADA SUBSTANCIA
Mente
Cuepo
No es espacial
Es Espacial
Sin figura
Tiene figura
No divisible
Es divisible
Mayor conocimiento
Menos conocimiento
Acceso privilegiado
Acceso no privilegiado

Elaboración propia, basado en:
Descartes. (2008). Meditacoes sobre Filosofía Primera. Campinas -Brasil: Editora Unicam.
 

Esta distinción, manifiesta propiedades y realidades diferenciadas. El cuerpo es como una maquina, determinada por las leyes del movimiento mecánico de los cuerpos, perteneciente a un determinado espacio. La estructura fisiológica entre seres humanos y animales, toda vez que ambos son cuerpos fisiológicamente vivos, respiras, se reproducen, crecen, se alimantan y mueren. Ahora a diferencia del ser humano, el animal no posee cogito, es un cuerpo automato[10]. El cogito se encuentra atrelado a un cuerpo, y sin embargo es una realidad diferente de él en su propio interior. El cuerpo se “algo” a ser doblegado por los imperios del cogito. Esposible entender entonces un “Yo” diferenciado del Cuerpo, eso sería el criterio de distinción entre falsedad y verdad en las representaciones (creencias). Al estar unido al cuerpo, el cogito, puede encontrarse con la falsedad de sus sentidos, percepciones e imágenes, pero el juicio racional del cogito  es lo que permite distinguir lo falso de lo verdadero, es una actividad, que percibe, siente, quiere, imagina, pero la certeza de su ser la da su pensamiento.
Gracias a los sentidos, percibimos el mundo (sens data) y, podemos tener contenidos de pensamiento. Sin embargo, no son criterio de conocer lo verdadero, ese es el papel de cogito que, como ya dijimos se construye como primera persona y formula de distinción.  Los movimientos analíticos cartesianos:

(φ) Actividad pura del pensamiento
(ψ) Autoreferencia
(ω) Certeza de que se es algo_ Existencia de algo como pensante

Descartes estabablece la formula : «Pienso Luego Existo», construyendo un método de conocimiento a partir de la enunciación de un sujeto universal. El cogito es una verdad evidente e inmediata para nosotros mismos y para la objetividad del mundo.
El proceso de raciocinio, se produce en la mente o en cerebro, qué es el “Yo”. Es realmente “clara y evidente” esta creencia?
Podemos dudar de la existencia del mundo (realidad), parece que no así de la existencia del «Yo», ya que al dudar sobre el mundo damos así una existencia al “Yo”. Es fácil cuando consideramos la videncia del “Yo” a partir de su referencia y capacidad de negar o afirmar algo sobre el mundo, en la medida que la introspección intelectiva del cogito es lo que da certeza de la existencia del propio del cogito como actividad pensante que  determina su propia esencia como pensamiento al pensar.

                                                                       

                                                                                         Autorretrato del Pintor Egon Schiele



Si lo vemos desde el propio “Yo” como contenido de la duda,  vemos que esta proposición cartesiana  que parece ser autoevidente por sí misma, al mismo tiempo parece ser una tontería: S” cree que P, donde “S”=Yo y, “P” =Yo, “Yo” creo que “Yo”. Si la reformulamos: Yo” creo que “Soy”, parece tener más sentido. El hecho es que nunca parece perder su auto evidencia, ya que al pensar estamos siendo. Creer que “Soy” me hace “Ser”. Acá el sujeto se relaciona directamente con el predicado. El desdoblamiento epistémico y ontológico se relacionan en que al determinar un sujeto de la primera persona determinó una cualidad de realidad, en que la existencia como sujeto de la primera persona determina su propia esencia, lo defino como una substancian, como algún existente.
Esto deja muy obscuro el carácter escéptico de Descartes, ya que cómo puede negar las creencias tradicionales del sentido común o la evidencia de los sentidos y luego afirmar creencias  tal como el propio Cogito? Podemos estar engañados por un genio maligno también sobre esta sombra interior que llamamos “Yo”.
Necesario diferenciar:
 (ψ)1 “Yo” (actividad de auto referencia)
(φ)1 Actividad (Sensitiva, perceptiva, imaginativa, jucios, emociones, deseos, etc.)
(ω)1 Cuerpo

En la medida que se define el pensamiento como sustancia pensante caemos ya en una postura fundacionista que parte de una petición de principio, además que en un argumento circular. Debemos decir que Descartes configura un principio de conocimiento en el que:

(PC): Uno sabe que p y capta (comprende) la proposición de que uno sabe que p, sólo si uno está justificado al creer que las fuentes de la creencia propia son (mínimamente) fiables (esto es, no son no-fiables)[11]

De ese modo que debemos aceptar tres axiomas que no son debidamente justificados por Descartes: a) El Cogito; b) el método_Duda y c) Dios.
Dos proposiciones que lo llevan a un círculo:


(i)                           Puedo saber con certeza que (p) cualquier cosa que perciba de manera clara y distinta es verdadera, sólo si primero sé con certeza que (q) hay un Dios veraz.
(ii)                         Puedo saber con certeza que (q) hay un Dios veraz, sólo si primero sé con certeza que (p) es verdadera cualquier cosa que perciba de manera clara y distinta.[12]

De ese círculo argumentativo surge la claridad y evidencia del “Yo”, del cogito cartesiano. “S” cree que “P” no posee clareza ni distinción, ya que además necesitamos saber que “q” (Dios existe). Hemos traído una sombra mayor. Tal vez el estamos engañados en todo momento y no somos un “Yo” sino un programa de computación.




[1] Jeager, W. La teología de los Primeros Filósofos Griegos. Tad. Jose Gaos. Ed. Fondo de Cultura Económica. México. 2013, p. 77 y ss.
[2] Ibíd. pp. 77-79.
[3] Wagner Jeager en su estudio realiza una excelente presentación sobre la evolución de los sentidos del termino considerando el desarrollo de la teología de los primeros filósofos griegos, considerando el desarrollo de la visión pre-filosófica hasta llegar a la concepción filosófica.
[4] Timeo (2005). In: Platón, Dialogos Tomo II. Bogotá: Ediciones Universales.p. 287.
[5] Cf. Republica libro III, p. 42. In: Platón (2005) Dialogos Tomo I. Bogotá: Ediciones Universales.
 142 y ss.
[6] Cf. Carlos Beorlegui. Filosofía de la Mente. Panorama Actual.
[7] Ibíd.
[8]Cf. Cañas Montoya, P. Inmanencia, Intencionalidad y Representación en Tomas de Aquino. En:Veritas  no.28 Valparaíso mar. 2013.
[9] Cf. Descartes, R. (2008). Discurso Sobre o Método. Petropolis Brasil: Editora Vozes y Descartes, R. (2008). Meditacoes sobre Filosofía Primera. Campinas -Brasil: Editora Unicam.

[10] Texeira, J. F. (2000). Mente, Cerebro e Cognicao. Petropolis Brasil: Editora Vozes, p. 28 y ss.
[11] Stroud, B. (1991). El problema del mundo externo. En B. Stroud, El Escépticismo Filsófico y su Significación. México: Fondo de Cultura Económica (FCE), p. 16.
[12] Sousa, E. (1996). Cómo Resolver la Problematica Pirronica: Lo que se Aprende de Descartes. Revista:Teorema, XVI(1), 7-26.

Civilidad.

Por José Rafael Herrera / @jrherreraucv

Civi vs militar


Es habitual o común representarse la idea de civilidad como la de un término que, por el hecho de referirse a lo civil, se define como aquello que es lo opuesto o lo ajeno a lo militar. Y, en efecto, no pocas son las voces que evocan y sentencian que la civilidad es un modo de vida alterno, incompatible y antagónico, al de la cifrada vida de los cuarteles: una vida que no solo no contempla sino que, por su propia condición, está obligada a rechazar. De ahí que se presuponga, por ejemplo, que cuando se habla de la sociedad civil se esté haciendo referencia inequívoca, aunque indirecta, a la existencia efectiva de una sociedad militar como tal –esa a la que los populistas suelen llamar la “gran familia”–; de tal manera que un Estado, cualquiera sea su signo y tendencia, estaría compuesto no por una sino por dos sociedades que, en virtud de su propia condición, no solo son distintas entre sí sino, lo que es más importante, recíprocamente antagónicas e incompatibles: la sociedad civil, es decir, la sociedad horizontal de “los civiles”, y la sociedad militar, la sociedad vertical de los hombres y mujeres que viven en los cuarteles, armados y uniformados de verde olivo, esa exclusiva –y excluyente– sociedad de y para los militares. Solo que, en realidad, semejante representación, propia de una percepción de oídas o de la vaga experiencia, no se adecúa con la idea, es decir, ni con el ser de la civilidad ni con su concepto.


Conviene recordar, en primer término, que los llamados Estados modernos conforman un bloque de poder –un “bloque histórico”, como lo denomina Gramsci–, que ya Maquiavelo, en su momento, había observado y expuesto en sus tratos generales. En efecto, los Estados se componen de una sociedad política y de una sociedad civil, cabe decir, de un cuerpo jurídico-político que sustenta la legalidad, la burocracia, la seguridad y defensa del Estado (del cual el estamento militar forma parte), y de un cuerpo en movimiento continuo, complejo, multiforme, en fin, un cuerpo productivo, tanto material como espiritual, al que los políticos suelen designar bajo el título de “las fuerzas vivas”, y en el que no pocas veces impera la competencia, el interés personal y el provecho propio. Hegel lo denomina “el reino animal del espíritu”, precisamente porque en él predomina una continua confrontación de intereses de la más diversa índole. Pero, paradójicamente, es en la sociedad civil donde se desarrollan constantemente las artes, las ciencias, las letras –¡las “tres gracias”!– y, por supuesto, las creencias religiosas. De tal modo, el Estado no se compone de una sociedad de los militares y una sociedad de los civiles, en la que se contraponen el militarismo y la civilidad. Se compone de una sociedad política y de una sociedad civil. Cuando ente ambas hay adecuación, reciprocidad y consenso, cuando la una se identifica plenamente con la otra, la ciudadanía crece y se desarrolla, haciendo estable y próspero al Estado. Cuando, por el contrario, entre la una y la otra se abre un período de no correspondencia recíproca, de fractura dialógica, de desgarramiento, de dominio y coerción, entonces se genera una crisis profunda que termina en una confrontación entre lo viejo y lo nuevo de imprevisible magnitud y duración. Esta es, por cierto, la actual situación que padece Venezuela, secuestrada por una banda criminal que nada sabe –y que por esa misma razón, no le interesa saber– ni de desarrollo ni de prosperidad, atada como está a sus bajas y muy tristes pasiones.

La civilidad es el resultado de la adecuación de la sociedad política y de la sociedad civil, no la contrapartida de una supuesta “sociedad militar”. Su definición más precisa es la de eticidad (Sittlichkeit). Se trata de la forma de vida, de costumbres, normas y valores, que una determinada sociedad se da a sí misma, y que son los fundamentos de la legitimidad de un Estado. Se diferencia del corpus legal por el hecho de que no se derivan de la imposición de los tribunales sino de las convicciones que comparte con el resto de los ciudadanos. Es lo que no comprenden quienes creen que el decretar una determinada ley, manu militari, modificará sustancialmente el espíritu de un determinado pueblo para, como dice Spinoza, sujetarlo como se sujeta un caballo con un freno. La ley será acatada sustentándose en la coerción, pero no en el consenso. Y mientras mayor sea su rigidez e incompatibilidad con las costumbres, mayores serán las argucias que hallarán los individuos para sortearlas. De ahí el adagio popular: quien inventa la ley inventa la trampa.

No son iguales las sociedades que cumplen formalmente con las leyes por coacción que las que lo hacen por ser conscientes de la necesidad de cumplirlas por el bien del todo y de las partes, con ánimo firme y por decisión propia. Las primeras atienden al derecho abstracto. Las segundas a la civilidad. Al observar abierta una de las puertas de acceso a la estación del tren de un país nórdico, un venezolano, asombrado, le preguntó a una de las funcionarias si no temían que por esa puerta se colaran los pasajeros. La funcionaria, sorprendida, le respondió: “¿Y por qué alguien tendría que hacer eso?”. Esa es la diferencia que muestran las sociedades en las que impera la civilidad. Es evidente que la gran mayoría de las sociedades, a fin de mantener el orden, se ven obligadas –conducidas de la mano de la ratio instrumental– a mantener firmes los frenos de la bestia que se lleva por dentro y que los individuos han sido condicionados a respetar las reglas de convivencia social más por temor que por convicción. Pero el temor no pocas veces se convierte en violencia contenida, y la violencia contenida pronto se expande para convertirse en crimen.

De las anteriores consideraciones derivan algunas conclusiones de interés, a la hora de establecer los lineamientos fundamentales para la elaboración de un eventual Plan País. No existe tal cosa como una “sociedad militar”, alterna a una “sociedad civil” o “civilista”. Estas presuposiciones carecen de todo rigor. Lo militar es parte de la sociedad política y, en tal sentido, está obligado a formar parte de la construcción de la civilidad. Las sociedades no se rigen por un modelo exclusivo, porque no atienden a razones matemáticas ni meramente instrumentales. Los procesos sociales no son unívocos. El causa-efectismo es, apenas, una mínima parte del proceso de comprensión de la historia de la humanidad. No hay forma de superar la barbarie y de colocarse a la altura de los tiempos sino mediante la concreción de un proyecto sostenido, de largo alcance, de educación estética, es decir, de formación cultural (Bildung), cuyo fin es la conquista de la civilidad. Porque no habrá ni libertad ni prosperidad efectivas, reales, si no hay civilidad.

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