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El humanismo extraviado


Hercules humano


A las almas buenas de los sepultados”.
                                               G.B. Vico


            Y fueron por cierto los entierros de los difuntos los que dieron lugar y origen a la humanidad, porque -como observa el autor de la Scienza Nuova- “al estar durante mucho tiempo quietos y situar las sepulturas de sus antepasados en un lugar determinado, resultó que fueron fundados y divididos los primeros dominios de la tierra”. De modo que fue a causa de la tierra “humada como nacieron los primeros humanos, los primeros “hijos de la tierra” que, más tarde, encontrarían en Hércules su figura arquetípica, su propio reflejo idealizado, dado que fue él -símbolo mítico de los primeros hombres- quien prendió fuego a la selva nemea para poder cultivar la tierra. Cultivo con el cual aquellos primeros humanos se fueron literalmente “puliendo”. Y es que quien cultiva se cultiva. Cultivar es pensar, toda vez que se trata de encontrar el modo correcto de sujetar las ciegas fuerzas del destino o, al decir de Maquiavelo, de la fortuna. La “politeia” de los griegos, el gobierno civil, deriva entre los latinos de “politus”, que se puede traducir por limpio, liso, pulido.


            Sólo después de la larga noche de las tinieblas –la llamada por Vico “barbarie ritornata”-, la humanidad comenzó a redescubrirse. Volteó la mirada en busca de sus orígenes y le formuló preguntas al pasado. De pronto se fue descubriendo, se fue des-velando -a pesar del tupido y peligroso velo de los dogmas escolásticos-, hasta poder hilvanar la trama de las respuestas adecuadas. Respuestas que le permitieron reencontrarse consigo misma, en la dimensión de su 'aquí y ahora'. De modo que el hallazgo de su propio pasado la hizo reorientar la miserable visión que, hasta ese momento, conservaba de sí misma. Y sólo entonces se hizo humanista. Mas, con el humanismo, pronto surgiría la exigencia de volver a nacer, es decir, de re-nacer. No por caso, a ese período de la historia de la humanidad se le conoce con el nombre de Renacimiento. No se trata de repetir el pasado. Como tampoco de aferrarse al nostálgico recuerdo del ayer. Lo que fue ya no será más. Pero lo que es no es otra cosa que las ruinas de lo que fue. Y para poder resarcirlo es menester comprender lo que fue. Comprender, por cierto, quiere decir superar y conservar a un tiempo. Esta y no otra es, bajo la actual crisis de la sustancia por la que atraviesa Venezuela, la labor que toca emprender al humanismo contemporáneo.


            En tiempos de hegemonía del Reggaetón -tan propio de la mediocridad, tan infame como Maduro y su combo de delincuentes-, conviene recordar que, en medio de la gran crisis que fue dejando a su paso la “guerra fría”, fueron las bellas formas de la música sinfónica las que animaron la magistral creación de la música progresiva de la segunda mitad del siglo XX. En una sociedad que ha hecho de la inmediatez y la superficialidad sus valores más preciados, no es de extrañar que los efectos sean puestos en el lugar de las causas y las causas en el lugar de los efectos. ¿Cómo se pueden autodefinir “humanistas” quienes, ocupando el rol de “expertos”, “analistas” o “comunicadores”, hayan terminado difundiendo -y elevando a ley cumplida- la presuposición de que el Covid-19 es la causa de la crisis y no, más bien, el efecto de una sociedad mundial profundamente pandémica de espíritu, y que en medio del mayor desarrollo tecnológico de la historia de la humanidad, paradójicamente, se llegue a justificar el trance pusilánime hacia la nueva barbarie ritornata?


            Y, al igual que especulan con el Covid-19, los nuevos “humanistas” pretenden victimizar a los victimarios, promover a los agresores como parte constitutiva, esencial, de la dinámica “imprevisible y contingente de la historia”, porque la única salida posible que se representan para superar el desgarramiento que padece Venezuela es el de “llegar a entenderse” con los criminales que la mantienen secuestrada. Semejante “concepto” de la “historia humana”, además de indigna, pone la carreta delante de los burros. Que Maduro y sus maleantes roben, conduzcan al país a la peor de sus ruinas, repriman y asesinen, es la consecuencia de la protesta, el resultado de no sentarse a dialogar con ellos “por las buenas”, tal y como “se hacen las cosas”, de acuerdo a las lecciones que, según el punto de vista de estos humanistas extraviados, “nos ha dejado la historia”. Para ellos, y ante el “épico fracaso” de la oposición venezolana, se impone un “relevo hegemónico”. Esto no es humanismo. Es hipocresía y sumisión. Vale la pena preguntarse, ¿y cómo de lo “imprevisible y contingente” se podrán sacar cuentas tan precisas?  


            Es una falta de respeto a la razón histórica y -como diría el buen Pico della Mirandola- a la dignidad del hombre la pretensión de sostener que, en Venezuela, la radicalización de la oposición, esa tendencia “usurpadora” y “extremista”, debe cesar. Es necesario generar una purga interna que los coloque al margen, que excluya y aísle a ese puñado de “irracionales”, que permita reconquistar la línea democrática que se trazara en 2015. No más el “mantra” del “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”, sino el otro, el de la vía “electoral, pacífica y constitucional”. Y, a continuación, sigue el estribillo, el de las “pruebas fehacientes” y los “irrefutables argumentos” políticos de estos grandes humanistas del presente, los nuevos intérpretes de la historia “científica” que, finalmente, han logrado, a punta de sus esfuerzos metodológicos y estadísticos positivistas, dar cristiana sepultura al “demonio” de Nicolás Maquiavelo: el pacifismo de Gandhi y el de Mandela, los movimientos políticos que pusieron fin al totalitarismo en la Europa central, el Frente Amplio chileno, el movimiento turco, la oposición boliviana. En fín, ni el mismísimo Popper se atrevería a refutar la impecable matematicidad de semejantes modelos. Hay, incluso, quienes los suman, los ponderan, los miden, los contrastan, los estiran y los convierten en gráficos. Noble labor que trae a la memoria la figura del paciente copista medieval, pero no la Virtù que anidaba en las mentes de Petrarca y Bocaccio.


            Rara historia la de una historia que ha perdido la sal de la historia. Como si un pueblo distinto al de las formas culturales que le son propias a los habitantes de la India pudiese adquirir, por obra y gracia del entendimiento abstracto, la persistente disciplina del inmaculado pacifismo que, habilmemte, utilizara Gandhi como estrategia y táctica políticas para dar concreción a la larga y paciente lucha de liberación de su nación. Como si se pudiera segmentar el difuso, cruel, violento y sangriento proceso de lucha surafricano de su última etapa: la pacífica. De nuevo, las carretas adelante, los burros detrás. Como si los venezolanos mantuvieran una confrontación con actores políticos y no con criminales. Como si, en suma, no se tratara de hacer de la praxis política la expresión del espíritu de un pueblo. Nadie niega el momento crucial de un eventual “entendimiento”. Pero separarlo del proceso de lucha y confrontación que lo precede, no pasa de ser más que una ilusión, una vacía abstracción.                    




Por José Rafael Herrera
@jrherreraucv

¿De dónde proviene el desgarramiento?

Desgarramiento de una nación.



“El espíritu sólo conquista su verdad cuando es capaz de
encontrarse a sí mismo en el absoluto desgarramiento”
                                                                      G.W.F. Hegel


            Muchas de las afirmaciones hechas por Laureano Vallenilla Lanz, al momento de hacer su diagnóstico sobre la formación social venezolana, no carecen de verdad efectiva. Por el contrario, su Cesarismo democrático, por más cuestionable que pueda ser para algunos, guarda unas cuantas verdades que permiten comprender la razón histórica en virtud de la cual pudiese llegar a afirmarse que, objetivamente -y siguiendo el hilo conductor constitutivo del surgimiento de prácticamente todas las formaciones sociales, políticas y culturales de la historia humana-, Venezuela, y a partir de ella el resto de los países que hoy conforman la América Latina, nació de un doloroso desgarramiento, de una Trennung. Y es que, en efecto, la escisión, el desgarramiento, es el punto de partida de la Bildung criolla.

            Venezuela se desgarró de Colombeia, el ideal republicano de Miranda y Bolívar, en 1830, con lo cual se vieron frustrados los sueños de crear una gran nación, poderosa, sólida, capaz de competir con las grandes potencias económicas y de preservar la independencia política. Pero la ambición y la ruindad, resultado de la propia conformación cultural y, por eso mismo, de la más crasa y ciega mediocridad, pudieron más que los deseos y propósitos. No siempre los “modelos teóricos” coinciden con las realidades específicas. Una misma procedencia, una misma lengua, una misma religión y una misma cultura -¡“es que éramos tan distintos”!-, confirmaron que, al final, los prejuicios de la contrarreforma y la inquisición, la furia desatada, pero sin ideas, y el desproporcionado tamaño de las ambiciones de la gran miseria humana, eran -y siguen siendo- muertos que gozaban -y siguen gozando- de una excelente salud. El miedo se sustenta en la ignorancia. Por eso mismo, el miedo no puede no ser el móvil sustancial de toda esclavitud. Decía Maquiavelo que “quien controla el miedo de la gente se convierte en el amo de sus almas”. La espada de la conquista y la cruz de la contrarreforma calaron hondo en el alma ensangrentada de las colonias americanas de la Hispania imperial, convirtiéndose, inevitablemente, en el sacramentum et signum del desgarramiento de las nacientes repúblicas. Y es ese mismo miedo, sólo que con diferente ropaje, el que sigue haciendo sangrar -quizá hoy más que ayer- a la población de un país que ha terminado por devenir un territorio asaltado por el pillaje.

            En Venezuela, el peso que tuvo el temor ante la lanza de los Boves es legendario. “Los primeros legisladores de la república -observa Vallenilla Lanz-, los revolucionarios del 19 de abril y los constituyentes de 1811, salidos de la más rancia aristocracia colonial, “criollos indolentes y engreídos”, que “gozaban para con el populacho de una consideración tan elevada cual jamás la tuvieron los grandes de España en la capital del reino”, proclamaron el dogma de la soberanía popular, llamando al ejercicio de los derechos ciudadanos al mismo pueblo por ellos despreciado. Sobre la heterogeneidad de razas que daba sustento a sus preocupaciones de casta, pretendieron levantar el edificio de la república democrática”. El derecho abstracto lo aguanta todo. Con “leyes” formales se iba construyendo una república de papel, mientras que con resentimiento se iba alentando el espíritu de la realidad de verdad. Afirmaba el General Páez que “un delito generalizado pronto se vuelve un derecho”. El mismo Páez fue fugitivo de la justicia. El malandraje que secundaba al sanguinario Boves, que saqueaba las haciendas y degollaba a sus propietarios, terminó sirviendo a la causa de la independencia, bajo las órdenes de Páez. Y fue él quien facultó a los llaneros para que, por su propia cuenta, se hiciesen el pago de sus deudas de guerra con las propiedades y el ganado de los realistas. Por supuesto, desde ese momento, comenzaron a declarar “realistas” a todos los que tenían alguna propiedad que les fuera de interés. De aquellas aguas provienen estos lodos.


            El “contad con la vida aún siendo culpables”, del decreto de “guerra a muerte”, terminaría por transformarse en el salvoconducto sobre el cual, por ejemplo, el general Farfán inició una “revolución” contra el gobierno, porque un juez de parroquia ordenó azotar a un individuo, un auténtico precursor de los “pranes” del presente, que resultó ser nada menos que un sobrino del “heróico” general. A una causa similar se obedeció el alzamiento del general Francisco Rangel, en 1846. Y cabe acotar que la impunidad no era exclusiva de los 'liberales' o de los 'conservadores'. Más bien, era la norma general, desde los tiempos de la revolución de independencia. Y fue ese, por cierto, el motivo de que la causa 'patriótica' obtuviese aceleradamente popularidad entre las gentes del llano venezolano. Como afirma Vallenilla, “en un estado social semejante, con el predominio de hombres habituados al peligro, que habían actuado en una larga guerra, que conocían el camino por donde Páez y tantos otros llegaron a la cumbre, y que no habían estado sometidos jamás a otra disciplina que a la del caudillo, cuando de pastores se convirtieron en guerreros, ¿qué respeto podían inspirarles aquellas leyes que iban contra lo que ellos creían sus derechos o las adquisiciones de su lanza?”. Este es el origen del “oligarcas temblad”, ya palpitante en la escisión de “Colombia la grande” e inminente en el derrocamiento de los “godos” que llevó al poder a los “liberales” en 1859. A partir de entonces, y hasta la segunda mitad del siglo XX, los venezolanos no lograron salir de esta barbarie ritornata.

            El primer “movimiento bolivariano revolucionario” del que se tenga noticia fue obra de los hermanos Monagas. En efecto, después de separarse Venezuela de Colombia y de sancionarse la constitución de la república naciente, que preparaba el terreno para que Páez ascendiera a la presidencia, los Monagas -enemigos del caudillo llanero- se pronunciaron a favor de la reintegración colombiana “bajo la égida de Bolívar”. Pero al hacerse del dominio público la muerte del Libertador, los mismos Monagas, fundadores de aquél primer “MBR”, cambiaron de táctica y decidieron convocar “asambleas populares” y una “constituyente”, para hacerla votar resoluciones previamente “cocinadas”. Antes de 1830, varias poblaciones de Caracas se habían manifestado en favor de la reintegración colombiana, pero la iniciativa fracasó porque los Monagas intervinieron directamente en contra.

            El chavismo es la metástasis cumplida de esta desgarramiento, la pesadilla sublimada, la obra póstuma de las obras incompletas, de las cuales el período democrático que se iniciara después de la caída de Pérez Jimenez es, apenas, una apostilla. Después de la inminente liberación que no tardará mucho tiempo en producirse, Venezuela como concepto, es decir, como pensamiento y realidad, tendrá la obligación de reinventarse. Una Venezuela ha llegado a su fin. Hay que pujar por una saludable Venezuela naciente.   


Por José Rafael Herrera
@jrherreraucv

Gedeón o el milagro del rocío

Gedeón batalla.
Los hombres de Gedeón.




             La creencia tautológica según la cual “el ser es el ser y nada más que el ser”, sólo significa que el ser no es más que la nada. Es una fantasía política, sólo apta para los candores del gran público, la pretensión de hacer pasar una simple evasión de estrategia política por una suerte de fórmula algebraica invertida, capaz de atriburle al lenguaje habitual contenido matemático, y no al revés, transmutando al lenguaje matemático expresiones del lenguaje habitual. De ahí que el conocido “todas las opciones están sobre la mesa” también se pueda interpretar como el desconocido “ninguna de las opciones está sobre la mesa”. Omnis determinatio est negatio. Y quizá, por eso mismo, convenga no buscar sobre la mesa lo que no debería estar sobre la mesa, cuando las cosas que se planifican con pulcro rigor y mesura suiza no sólo no deben sino que no pueden ponerse en riesgo de exhibición. Decía Maquiavelo que, en política, no siempre se dice lo que se hace ni se hace lo que se dice.
            Gedeón es palabra hebrea. Significa “destructor”. Y, según las Escrituras, fue el nombre de un poderoso guerrero y juez del antiguo Israel. Tras la ruina dejada por la invasión de tribus nómadas, amalecitas y madianitas, Yahveh envió a uno de sus ángeles a hablar con Gedeón. El ángel, revestido de un fuego misterioso, le anuncia que Dios ha decidido encargarle la tarea de liberar a su pueblo. Como respuesta a la destrucción del profano altar de Baal, los nómadas concentraron su ejército para hacerle frente a Gedeón, quien había reunido un ejército de trescientos hombres y algunas tropas “auxiliares”. Atacó a los nómadas por sorpresa en la noche y se produjo tal confusión que los madianitas se atacaban entre ellos, hasta que, finalmente, huyeron despavoridos, perseguidos por las tropas de Gedeón. Fue un milagro que, como frescor de rocío sobre verdes ramos, la misión lograra liberar al pueblo de Israel de sus opresores y saqueadores. Una historia, por cierto, muy distinta a la que en días recientes experimentó el pueblo de Venezuela, sometido también por invasores nómadas, cubanos, rusos y drusos, cómplices de las mafias de narco-traficantes autóctonos, que han terminado por transmutar la política en una cuestión de crimen estructural, en un ruin “negocio” para enriquecerse a manos llenas mientras hunden a la población en la peor de las miserias. Eso sin contar con el deliberado objetivo de ir en contra de la sociedad occidental, envenenándola con narcóticos hasta convertirla en presa fácil de sus intereses. Todo lo cual los convirtierte en una seria amenaza para la libertad, la paz y la seguridad mundial.

            Tal vez, después de todo, Marx tenía razón cuando afirmaba que, como decía Hegel, la historia se repite dos veces. Pero, en su opinión, a Hegel se le olvidó agregar que la primera vez se trata de una gran tragedia, mientras que la segunda se trata de una ridícula farsa. El mármol del glorioso ejército de Napoleón I terminó en el yeso de los mercenarios -y del lumpanato- de Napoleón III. El primer Gedeón fue una gran tragedia. El segundo, a duras penas, una vergüenza. Eso sin contar con uno que otro triste y lamentable “dirigente” que, echando por la borda las viejas virtudes israelíes, obnubilado como está por las frases hechas y la consecuente confusión del Objekt con el Gegenstand, ha llegado a proclamar sus “teorías” -meros puntos de vista- como auténticos principios humanos, mientras asume la “praxis” de “los demás” como una fijación característica de la “sórdida forma judáica”. Como dice el adagio, “no hay peor cuña que la del mismo palo”.

            En el lenguaje de la medicina, un “falso positivo” es un error de apreciación mediante el cual, al momento de realizar la exploración física complementaria de un paciente, el resultado indica una enfermedad que, en realidad, no tiene. En este sentido, el segundo Gedeón histórico no puede ser calificado como un “falso positivo” sino, más bien, como un non-nato. Desde que se tomara la decisión de seleccionar a una empresa de vigilancia como la Silvercorp Inc., especializada en la custodia y seguridad de personalidades, ya las cosas no andaban por el camino trazado por Gedeón. Sus mismos contratistas parecieran haberlo comprendido, aunque tardíamente. Pero la empresa en cuestión, al ver que el negocio con los contratistas había llegado a su fin, decidió venderle la información al narco-régimen, el cual tomó la decisión de pagarle a la empresa, ordenándole seguir adelante con la operación.  Ahora el narco-régimen había encontrado una oportunidad única para distraer la atención de los gravísimos problemas que aquejan al país. Y así comenzó la representación de la más reciente comedia bufa, que lleva por título: “la furia bolivariana”. El yeso había comenzado a fraguarse.
            Sólo faltaba acusar, una vez más, al “Imperialismo yanki” de intentar posar su “planta insolente” sobre “el sagrado suelo de la patria”, a través de una avanzada de “sus organismos de inteligencia”, con lo cual se le advertía al mundo sobre las “verdaderas intenciones” del gobierno norteamericano y sus “lacayos”, pero, a la vez, se trataba de mostrar cómo la “furia bolivariana” de unos “simples pescadores revolucionarios y patriotas” era capaz de someter a un nutrido grupo de experimentados “marines”, y así elevar la moral de la cada vez más mermada, deprimida y escuálida población chavista, además de ocultar el aumento de los artículos de la “cesta alimentaria”, la falta de efectivo y de gasolina, y el ya inocultable desastre de los servicios públicos. Mataron a unos muertos y apresaron a unos incautos. Por si fuese poco, sometieron a la dirigencia democrática al escarnio público y la colocaron en posición de un cisma en ciernes, de una inminente confrontación interna. En esto último, sin duda, algunos periodistas que actúan como francotiradores a sueldo -auténticos mercenarios del escándalo- cumplieron un papel estelar. En fin, entre gallos y media noche, hasta las antiguas huestes chavistas de las barriadas populares fueron acusadas de estar financiadas por la CIA y la DEA. Todo en un mismo saco de truculencias, sazonada con la retórica del trasnocho. En suma, un éxito para el narco-cartel. El yeso se había secado. Una auténtica bombona de oxígeno para los moribundos.
            Para las fuerzas democráticas, más allá de las intrigas, las acusaciones recíprocas y las consecuentes facturas, de este Gedeón de marketing sólo queda el amargo recuerdo. Y, sin embargo, recordar, siempre, implica volver a hilar, recomponer el tejido, reordenarlo, restructurarlo. Hay que recuperar la cordura. Todo lo cual significa, a fin de cuentas, pensar, una y otra vez, siempre de nuevo. Todo recuerdo es una lectio. No se puede seguir haciendo política sin pensamiento en sentido enfático. Mucho está en juego cuando se habla de la recuperación integral de todo un país. Por eso mismo, las bufonadas tienen que parar. Deben llegar a su fin. No habrá milagro ni mucho menos rocío sin voluntad y unidad, es decir, de nuevo, sin pensar. 

Por José Rafael Herrera

@jrherreraucv


La mirada de Minerva




    José Rafael Herrera

    El búho de Minerva inicia su vuelo cuando irrumpe el ocaso
    G.W.F. Hegel


    América Latina diversa.

    Mirar cómo Borges.


    noctua, diosa del cielo y de la tierra. Bajo las tinieblas, en la obscuridad de la noche, resulta difícil poder ver. Y sin embargo, los penetrantes ojos de Minerva son capaces de traspasar la lobreguez, de rasgar con su mirada el señorío de la noche, la dureza que se oculta, como sólida roca, recubierta por el velo de las tinieblas. Se sabe que ver es el efecto del percibir las cosas mediante la recepción de los ojos, como resultado de la acción de la luz, en tanto que el mirar es la acción de aguzar la vista sobre los objetos. Ver, pues, implica la manifestación de un medium pasivo. Mirar, en cambio, constituye un actus de suyo. Jorge Luís Borges es, en este sentido, una referencia ineludible. Era invidente: ¡pero sí que miraba! Prueba de ello es la penetración de la que fue capaz para vencer las sombras que, por años, nos han impedido –a nosotros, los latinoamericanos- con-templar y com-prender, y más aún, contemplarnos y comprendernos, en este lugar y en este tiempo que contiene todos los lugares y todos los tiempos. Más de una vez, nuestro particular Homero pudo traspasar, precisamente, el señorío de la noche, dentro del cual nos hemos habituado a vivir. Y es que, al igual que Homero, Borges tenía un don, portaba el signo de los dioses: lo asistía la mirada de Minerva.


    El propósito de estas breves líneas consiste en exhortar a los lectores a mirar, y no simplemente a ver, la obra “poética” de Borges como punto de partida de una concepción del mundo que le es propia, y que tal vez sea la base de esta una y múltiple, universal y particular, pura y mestiza, filosofía. Filosofía pues, de la mirada barroca.


    ¿Barroca?



    El lector se preguntará, no sin razón: pero, ¿por qué barroca? Bastará, a modo de respuesta, señalar algunas consideraciones que, quizá, permitan comprender el significado de semejante afirmación.


    Lo que hace interesante el estudio de las configuraciones filosóficas sufridas por la historia no es su linealidad escolástica, o el estrecho criterio de su exposición en el museo de cera de la repetibilidad fidedigna, técnica, que habitúa separar los conceptos de sus fenómenos y circunstancias: es, como decía Lezama-Lima, en el 'saboreo' de sus sinuosas espirales, que tejen y destejen el mismo espíritu y el mismo saber, en sus más variadas -e incluso extravagantes- manifestaciones, donde reside la fuerza verdadera de su atracción. Un caso admirable, y que podría contribuir a la confirmación de este argumento, lo constituye, precisamente, “el período” barroco. En efecto, ¿Es posible pensar en la linealidad barroca? ¿Puede suponerse una separación -por más analíticamente encaminada que ésta pueda estar- entre las relaciones políticas y sociales existentes en aquél período de la historia humana y la expresión artística que en él se produjo? O, en otros términos: si puede hablarse de música barroca o de pintura barroca, ¿sería imposible hablar de una medicina barroca y de un derecho barroco, o de una política y de una economía barrocas?, cabe decir, ¿de una cultura barroca en general?. Pero, más aún: ¿está confinada dicha cultura barroca a un tiempo y a un espacio irrecuperables y, en consecuencia, irrepetibles?. Con relación a ello, conviene recordar una anécdota, a manera de emblema definitorio o elípticamente problemática: en la Alemania de 1800, el maestro Dionisio Weber, fundador y director del museo de Praga, prohibía a sus discípulos leer o interpretar a otros compositores que no fuesen barrocos. Un día, uno de sus discípulos, escuchó hablar de un compositor que había sido capaz de elaborar una música barroca opuesta a todas las reglas del barroco, y decidió penetrar la obra de aquél extraño e irreverente compositor, para quedar prendado de él por el resto de sus días. El extraño compositor atendía al nombre de Ludwig Van Beethoven. El joven discípulo de Weber se llamaba Moscheles. Después de haber probado, una y otra vez, la fruta prohibida, el propio Moscheles escribió: “en ella encontré un consuelo y un placer que ningún otro compositor me había proporcionado antes”.


    Relación entre Borges, América y Minerva.


    Pero, ¿qué relación guarda esto con Borges, con su invidencia; qué relaciona al barroco con Minerva y, más aún, con la América Latina?


    En realidad, el barroco es una constelación de ideas y valores, o, más bien, una de las figuras recurrentes y constitutivas de la experiencia de la conciencia social. Más aún, desde el momento en que la América dejó de ser naturaleza para devenir cultura de la crisis utópica, es decir, una vez que –al decir de Carlos Fuentes- devino cronotopía, la expresión barroca se hizo carne y sangre de la nueva civilización. El barroco, en efecto, es uno de los pilares esenciales y determinantes del desarrollo espiritual que le es inmanente al continente americano, dado que es el concreto armado, integral, con el cual aún se sigue fraguando la ancha base que sustenta el mestizaje de su cultura.
    No resulta improbable, en consecuencia, que al tener la necesidad de definir en una palabra el movimiento barroco, el ensayista sienta el enfático deseo de sugerir la expresión curiosidad. El estilo excesivo que surgiere, en pleno siglo XVII, plenado de rizadas orlas gongóricas, de formas múltiples y plurales -y sólo en apariencia insustanciales-, dos siglos después terminará por convertirse en la referencia más importante de una racionalidad diversa, aunque siempre estéticamente encaminada. Los ejemplos se desbordan por sí mismos: “aparte de Cervantes, Quevedo y Sor Juana; aparte de Kondori, Alejaindinho y del propio Boturini, discípulo de Vico, los ejercicios loyolistas, la pintura de Rembrandt y el Greco, las fiestas de Rubens y el ascetismo de Felipe de Champagne, la fuga bachiana, un barroco frío y un barroco bullente, la matemática de Leibniz, la ética de Spinoza, y hasta algún critico excediéndose en la generalización afirmaba que la tierra era clásica y el mar barroco” (Cfr.:Lezama-Lima).


    Pero arar en el mar –Bolívar dixit- es, por cierto, para la América Latina, el mayor de sus desafíos, y quizá su santo y seña. Cuando, en su hora, Hume alertaba sobre la uniformidad e invariabilidad de las facultades humanas, en ese preciso instante convocaba, acaso sin sospecharlo, las fuerzas de la otredad que le son inmanentes, opuestas a semejante argumento. Convocaba, precisamente allende el mar, nada menos que al spinozismo de la sustancia, inescindiblemente unido al viquianismo de un mundo diverso y culturalmente múltiple, cuya sola presencia estética e intelectiva transformaría en fragmentos la razón de su tiempo, devenida, ahora, deseo y utopía, verbo e imagen, frontera entre la razón y el sueño, dentro del poliedro del ciego vidente, de Homero a Borges. Verbo e imagen, el uno y la otra, capaces de apropiarse de todas las tradiciones culturales, a fin de mostrar, en el borgiano espejo de los laberintos -o en el laberinto de los espejos- el reflejo fiel de un ser social hechizado; reflejo, por demás, metafísico, que sin embargo siempre se niega a degenerar en sistema de sí mismo.


    Imaginar y mirar después.



    La imaginación -decía Cecilio Acosta, en 1879- tiene sus sueños, que no son menos que su manera de concebir las cosas: si las otras facultades del alma labran con ideas, ella labra con colores, y sus creaciones son cuadros... es como la luz, llevando delante reflejos y dejando detrás tintas hermosas. Pero, a veces, las cuadraturas de su creación rondan sin cesar, delineando los incesantes giros de un laberinto circular.


    En su intento por sintetizar las culturas fundacionales del Nuevo Mundo, la imaginación, presente en la flexión de la lengua hispana, permite a Jorge Luís Borges apropiarse legítimamente de tal herencia intelectual y moral -indígena e hispana, musulmana y judía, africana y asiática- a fin de construir el espejo de una historia siempre recurrente y siempre original, que comporta, de modo esencial, el hilo de la memoria y el entramado del deseo.


    Memoria y deseo son, pues, los términos dentro de los cuales, en la obra de Borges, se va gestando la crítica de las formas propias de la concepción moderna del absoluto, para hacer surgir la Imaginatio de un paisaje barroco, caracterizado por su diversidad -como dice Fuentes- policultural y multirracial. El mentor metafísico de semejante empresa hermenéutica es, no por mera casualidad, Giambattista Vico.


    Así, pues, Imaginación y Diversidad: la aguda mirada –a todas luces, filosófica- de Borges da cuenta de una formación cultural plenada por la ausencia, y que, no obstante, se hace abundante y rica en determinaciones, casi siempre, rigurosamente barrocas, en virtud de las cuales se pone de manifiesto la huella indeleble, y no siempre disonante, de todos los lugares y de todos los tiempos en un solo lugar y en un solo tiempo.


    Qué es América Latina.



    La América Latina es, por un lado, un mundo ficticio, el fantástico mundo de la imaginación, el lugar del no lugar, la U-topía deseada; pero, por otro lado, y al mismo tiempo, es un continente real, el continente de la necesidad y de los encuentros, el lugar de los lugares, la topía concreta, el laberinto de La Biblioteca de Babel descrito por Borges. Indo-afro-ibero-América es, pues, un espejo, en el que sus actores no se ven, pero se miran. Más precisamente, es aquél lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. En breve fórmula, es una inversión especular en la cual una cierta caleidoscopía puede llegar a percibir, en un mismo rostro, al griego, al romano, al judío, al negro, al asiático y al indio. Eso sí: para asir semejante inversión, resulta indispensable la obscuridad, la inmovilidad y la acomodación ocular, en fin, el contraste de luces y sombras, a objeto de fijar la mirada en la empinada escalera -espiral- de la historia. Acaso, la mejor definición de latinoamérica esté contenida en la conocida metáfora borgiana presente en La muerte y la brújula, en la que las tardes desiertas se parecen a los amaneceres. O, lo que es igual, en la que los amaneceres poblados se parecen a las tardes.


    América en el mundo.



    Pero, precisamente, la entera historia de la humanidad, como ha dicho Borges, está situada entre el alba y la noche. Mas, en todo caso -y según Fuentes- la presencia bien puede ser un sueño, el sueño una ficción y la ficción una historia renovable a partir de la ausencia. La procesión va por dentro: la América Latina es el barroco microcosmos de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo. En consecuencia, espacios soñados y tiempos renovables. Tiempos renovables y espacios soñados. Espacios y Tiempos, Tiempos y Espacios. Imperio de lo divergente, lo convergente, lo paralelo; espacios y tiempos, tiempos y espacios, como los de El Jardín de los senderos que se bifurcan, o los de El Aleph, de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Es un hecho el que las repúblicas fundadas por nómadas ameriten –casi siempre- del indispensable concurso de forasteros para todo lo que sea albañilería...:

    ... apenas concluyeron los albañiles, se instaló en el centro del laberinto...No importa que el escritor argentino -lector de Croce y, en no pocos casos, cercano a su historicismo filosófico- no se refiera a temas directamente relacionados con las tradiciones culturales indígenas o africanas. Le ha correspondido a Asturias, a Gallegos o a Carpentier, esa importante labor. Sobre Borges ha recaído la responsabilidad de recrear -y conviene advertir que toda recreación es una nueva creación- dentro del espacio y del tiempo uno y múltiple de la América hispánica, toda la herencia de la cultura occidental, a fin de demostrar, por cierto, la ficción de su improbable univocidad y unidimensionalidad, y, por ello mismo, de su carácter lineal. En una expresión, Borges, por muchos y azulados desagües, heredero de Vico, ha aprendido -¡y ha enseñado!- que la América india, ibérica y africana no es la insípida réplica de una cultura monolíticamente occidental sino, más bien, su espejo, su otro correlativo, necesario e inescindible:


    Yo que sentí el horror de los espejos
    No sólo ante el cristal impenetrable
    Donde acaba y empieza, inhabitable,
    un imposible espacio de reflejos

    Sino ante el agua especular que imita
    El otro azul en su profundo cielo
    Que a veces raya el ilusorio vuelo
    Del ave inversa o que un temblor agita
    ...
    Hoy, al cabo de tantos y perplejos
    Años de errar bajo la varia luna,
    Me pregunto qué azar de la fortuna
    Hizo que yo temiera a los espejos.

    Espejos de metal, enmascarado
    Espejo de caoba que en la bruma
    De su rojo crepúsculo disfuma
    Ese rostro que mira y es mirado,

    Infinitos los veo, elementales
    Ejecutores de un antiguo pacto,
    Multiplicar el mundo como el acto
    Generativo, insomnes y fatales
    .


    “Los espejos -advierte Borges- Prolongan este vano mundo incierto/ En su vertiginosa telaraña;/ A veces en la tarde los empaña/ El hálito de un hombre que no ha muerto”. Tiempo de tiempos: las rectas galerías de la historia occidental han terminado por ceder su paso inevitable, perentorio, al surgimiento de curvaturas que, secretamente, han devenido círculos, hasta delinear la ruta espiral del laberinto Ideal y Eterno. Espacio de espacios: cíclicamente vuelven los astros y los hombres, en medio de una oscura rotación pitagórica que, noche a noche, arroja a los mismos hombres en un -después de todo- no tan remoto lugar del mundo. La eternidad se concreta entonces para cifrar su inmensidad en lo mínimo, y la contradicción del tiempo que pasa y de la identidad que perdura.., termina en el infinito diálogo de una substancia compartida. La historia se concentra entonces, para luego estallar, revelándose en un tropel de infinitos contrastes. Y, otra vez, la otredad se pone de manifiesto en su elemento diverso, hiriendo con su brusca luz la obscuridad de lo cristalizado impuesto, en medio del destierro y del olvido.


    Lo que trajo Borges.



    Como ha indicado Fuentes, a partir de Borges la narrativa hispanoamericana asume, conscientemente, la paradoja que forma y conforma el horizonte de su comprensión cultural, a fin de dar cuenta, precisamente, de su muy particular modo de construir la totalidad. Se trata de una visión universal que, por ello mismo, se expresa en toda su riqueza cronotópica: simultaneidad y secuencia, sincronicidad, tiempo progresivo y tiempo mítico, son elementos esenciales de composición, en grado diverso. Concepción -agrega Fuentes- inclusiva del tiempo, o más bien, de los tiempos “divergentes, convergentes y paralelos”, que comprende los lenguajes capaces de representar la variedad de los mismos. Diversos lenguajes que, a su vez, representan una pluralidad de tiempos.
    La mirada es la profundidad misma del saber, la filosofía misna, bajo la forma de su representación estética esencial. Al decir del joven Marx, de la cabeza de Zeus, padre de los dioses, surgió Pallas Atenea. La nueva diosa presenta, aun, la figura obscura del sino, de la luz pura o de la pura tiniebla. Fáltanle los colores del día. La dicha en tal desdicha resulta ser, pues, la forma subjetiva, la modalidad con que tal filosofía se comporta respecto de la realidad: “La filosofía echa a sus espaldas los ojos (la osamenta de su madre son lucientes ojos) cuando su corazón se entrega decididamente a la creación de un mundo”.


    Por encima de las ideologías, sendas que perdieron por el camino de los maniqueísmos caudillescos su talante filosófico, Borges está, hoy y para nosotros, más cerca de Spinoza, de Vico, de Hegel e, incluso, del joven Marx. Mucho más de lo que los disecadores de oficio se podrían imaginar.


    Dispongámonos, pues, a la creación de un mundo, miremos más profundamente en la obscuridad del presente. Es tiempo de vencer la escisión y el desgarramiento, a la luz de nuestra particular y, a la vez, universal filosofía.





    ¿Qué es eso de historicismo?

    Historicismo libro



    “Nadie es mejor que su tiempo, a lo sumo es su propio tiempo”. G. W. F. Hegel

    No resulta tarea fácil la pretensión de poner en duda las capacidades intelectuales de un pensador de la talla de Karl Popper, autor de una Lógica de la investigación científica, con sus criterios de demarcación y su doctrina del “falsacionismo”. Por fortuna, el “principio del orden espontáneo”, que el prestigioso autor compartió desde siempre con Von Hayek, da cuenta de que no siempre lo que es bueno para el pavo es bueno para la pava. Entre austríacos te veréis. De modo que, por ejemplo, si bien La sociedad abierta y sus enemigos es un ensayo que recoge algunas verdades de peso, que permiten dar sustento y justificación al devenir de la democracia occidental, el ensayo sobre la Miseria del historicismo es, a lo sumo, una vergüenza, no solo textual –¡que lo es!–, sino esencialmente contextual. La versión popperiana de la conocida sentencia de Wittgenstein: “Quien sea incapaz de hablar con claridad debe callar hasta poder hacerlo”, se vuelve en contra de su propio autor.

    El historicismo, según el punto de vista que de él ha dado Karl Popper, es una concepción cuasi mística, plena de palabras infladas y pretensiosas sin mayor significado, que pretende profetizar cuál es el origen y cuál será el fin de la historia universal. Según el filósofo austríaco, existen dos tendencias o tipos de historicismo: los “anticientíficos” y los “procientíficos”. Los primeros están cargados de un esencialismo totalizante, holístico, místico-religioso, si se quiere, que niega de plano el incuestionable triunfo de las ciencias físico-matemáticas y de la metodología de la investigación científica en el abordaje de los procesos políticos y sociales, que los historicistas pretenden sustituir con la intuición y el “esencialismo” que emana de la “comprensión vivencial” de las realidades históricas. La segunda, parte de lo que apenas es una tendencia conceptual –una hipótesis– y termina presentándola como un postulado conclusivo, como una “ley inexorable y universal” de la historia. En todo caso, en ambas tendencias se presentan los mismos defectos: creen que las fuerzas ocultas de la historia determinan las acciones humanas y que el conocimiento del pasado permite prever el futuro. Y es así como tales creencias son convertidas en leyes, en mandatos supremos. Es por eso que para Popper el historicismo es miserable, porque termina siendo el gran causante de la justificación de los peores totalitarismos padecidos por la humanidad. He aquí la lista negra de los “rufianes”, de “los más buscados” por mister Popper: Platón, Aristóteles, Hegel y Marx.

    El entusiasmo con esta versión popperiana del historicismo tuvo un éxito formidable entre no pocos científicos de la política y la sociedad, particularmente entre los años setenta y ochenta, una época marcada, como se sabe, por la progresiva “muerte de las ideologías” y el advenimiento de los adioses a las viejas convicciones de unos cuantos ex camaradas que, en el fondo, nunca lograron tramontar, a pesar de sus muy sinceros y denodados esfuerzos, el más allá de la tercera página de la Fenomenología de Hegel o de los dos primeros párrafos de la Dialéctica negativa de Adorno. La era de las grandes ideologías y, con ella, de las complicaciones argumentativas –es decir, ”dialécticas”– en el horizonte de la comprensión histórica, había –¡por fortuna!– culminado, y ahora el vasto territorio del sentido común quedaba libre a sus anchas para poder cumplir el anhelado retorno a esas pequeñas satisfacciones de la vida, al fruto de las cosas más elementales –pero dulces–, en el que los viejos resabios de la abuela, el chinchorreo, la sabiduría popular, la buena cerveza y la metodología de las ciencias sociales se confunden y hermanan en un abrazo. Se trataba, finalmente, de dar “el salto del aguilucho” y de transmutar los rigurosos acordes de la Quinta sinfonía de Mahler por los cálidos compases del “Chiquitita” de Abba o el “Lady” de Kenny Rogers.

    Lo cierto es que ningún historicista, plenamente consciente de serlo, puede permitirse el toupet de ser juzgado ni como un profeta del pasado o del futuro ni como un amante de los totalitarismos, según la ligereza de ignorantes y prejuiciosos, entregados a los brazos del entendimiento reflexivo. Más aún, ningún historicista, por respeto a sus propias consideraciones, podría llegar a argumentar la mamarrachada de representarse el porvenir como la predeterminada conclusión de “lo que pasó ayer”, y menos aún de concebir que “son los hechos” los que, por sí mismos, “tejen una cadena de eslabones inseparables”, fabricados con el material de los errores que, cual espantos, persiguen y se empeñan en acorralar a la humanidad.

    El señor Popper ha sido, sobre todo, un severo y respetable crítico de los dogmas y los esquematismos, en cuanto al estudio de las “ciencias duras” se refiere. Pero la subordinación que hace en sus obras del saber histórico al uso y abuso –como solía afirmar Federico Riu– de sus intereses políticos inmediatos lo transforma en el peor de los fanáticos, capaz de representarse a Platón o a Hegel como los antecesores de Mussolini o de Hitler y a Stalin como el más legítimo heredero de Marx. Por ese camino, el general Pérez Arcay o el taimado Luis Miquilena –los primeros mentores de Chávez– terminarían siendo calificados como supremos historicistas convencidos, por más aventurado y temerario que resulte afirmar que sus vidas estuvieron consagradas a la lectura de –por lo menos– una sola página de la obra de Hegel, prestos, como en efecto, al servicio de la verdad y la libertad.

    Claro que Popper tenía sus méritos. Eso es innegable. Pero no así sus repetidores de oficio. Afirmar que historicismo significa esa “manía de que los fenómenos son producto inevitable de las condiciones y de fuerzas históricas indetenibles”, además de mal escrito, sería como afirmar que el gran descubrimiento de Arquímedes consistió en inventar el jacuzzi y que Newton se hizo un nombre con la invención de los ordenadores Apple. Todo lo contrario, es el hombre, al decir de Marx, quien permite comprender la anatomía del mono, no la del mono al hombre. Ni son las “fuerzas históricas indetenibles” las que predestinan a la humanidad, sino que es la humanidad la que, con sus errores y virtudes, sus aciertos y desaciertos, se va labrando su propio destino en la historia. Es más, las tales “fuerzas” de la historia no son más que la objetivación de la propia acción de los hombres. Y es que tales “fuerzas” son, al decir de Vico, de “factura humana”, porque justo donde termina la creación de los hombres comienza la objetividad. Y a la inversa. Verum et factum convertuntur. Tampoco el historicismo se preocupa por pretender definir el futuro de la historia, porque su preocupación se centra en el presente y lo real. De hecho, como dice Hegel, la filosofía es el propio tiempo aprehendido con el pensamiento.

    En el presente, y a diferencia de los férreos años de la dictadura neopositivista sobre el pensamiento libre, la vulgata de los esquematismos –tesis, antítesis y síntesis incluidas– contra el historicismo filosófico ha sido desechada por fraudulenta. Todo lector contemporáneo sabe bien que Hegel nada tenía ni de prusiano ni de totalitario y que entre Marx y el marxismo se alza, por cierto, una inmensa barrera, un auténtico “criterio de demarcación”. Y no se diga más de Platón y Aristóteles, por respeto a la inteligencia. Quizá una buena actualización contribuya a desechar los viejos prejuicios de otros años en unos cuantos y hasta contribuya a despistar los síntomas de la peligrosa peste de la mediocridad.

    Por @jrherreraucv

    Importancia de Ramón LLull en las lenguas modernas.

    Ramón LLull y lengua
    Ramón LLull, textos en "idioma vulgar"

    Como cambió el mundo Ramón Llull en el siglo trece.


    Digamos que el afato (nombre que le da al sexto sentido Ramón Llull) constituye una sintaxsis expresiva de las capacidades del hombre, que es recipiente, es decir, que tiene capacidad sensorial.


    Todo esto es muy interesante por que estamos hablando de un señor del siglo trece, Mallorquín, que convivía con hablantes de Latín y Árabe, y que también convivía con quienes no sabían hablar estos idiomas tan difíciles o hablaban formas simples de estos, como el romance de los latinos o el árabe aljaimado.


    El pensador era sobretodo un luchador religioso que tenía por deseo convertir al cristianismo a muchos hablantes árabes, algo que consiguió en bastantes partes de la costa africana.


    La época.



    Además pasaba que quienes no conocían las lenguas, como mínimo hablarían el habla vulgar, que se llamaba por aquél entonces Andalusie, este consistía en formas de hablar sin gramática, sin comprensión lectora, pero comunicativas. Se cree que el dialecto núnca se escribió, al menos qué sepamos. Y aunque existen textos escritos antiguos que dicen estar escritos en Andalusie, puede que en realidad estén escritos en Aljaimado mal escrito. Por el contrario si que hay escritos en dialectos romances y aljaimados ya hacía dos siglos, por lo que es de suponer que este supuesto Andalusie sería dialecto de clases bajas, y puede tener relación con el idioma vulgar de Ramón.


    Personalmente, me trae un poco sin cuidado conocer si existió realmente este dialecto en el siglo 13, o si simplemente es un mito. Y, puede que lo más probable sea que solo existiese el Aljaimado, y que este se fue ligando a las formas lingüisticas del romance latino. Esta última hipótesis estoy por tomarla en segura por que durante la infancia y adolescencia de Ramón se conquistaron Córdoba y Sevilla, que eran el corazón de la cultura arabo hispánica, y se prohibió inmediatamente hablar Árabe.


    El descubrimiento.



    Posicionándome entonces, y sabiendo que cuando el miedo entra en la vecindad las razones se vuelven inocuas. Creo que el sorprendente descubrimiento de Ramón, consistía en el encuentro “real” con el sentido que el creyó el más íntimamente humano, y que esto lo descubrió de la observación de los cambios en las formas lingüísticas de la población.


    Digo que, el común de las personas hablarían Andalusie en aquella época más bien que Aljaimado, por que el lenguaje cambió, el hablar aljaimado fue mudando a lo socialmente más aceptado. Para comprender las distintas estructuras del poder (utilizo aquí el concepto de Foucault) que mudarían hacia lo socialmente aceptado. Debemos representarnos, ¿Cuál era el lenguaje del señor?.



    La sociedad.



    Hay que comprender quienes eran los señores,  pues en la estructura social de entonces en las islas peninsulares, había más de un señor, y habría que contentarlos. En esa época el comercio árabe solo tenía una vía de entrada peninsular, ya no se comerciaba con Sevilla ni con Málaga (que estaba aislada) y los barcos se dirigían a las islas y costas altas. Los señores comerciantes solían tener ascendencia árabe y en cambio el poder militar era latino.


    Como voy diciendo la mayoría de los señores de las capitales Andalusíes conquistadas se trasladaron primeramente más al norte, dónde aún se permitía, aunque no estuviera bien visto,  hablar aljaimado, y aunque ya no soportaban cargos si que mantendrían contactos que les permitían destacar socialmente. Estos contactos les permitían principalmente comerciar con el norte de África y enlazar con otras partes de Europa.



    La política.



    Tras entender la realidad social,  que incorporaba una mezcla lingüística dominada por la necesidad de incluir la cultura árabe en la estructura de poder dominante, es facil comprender que Ramón fuera un pensador querido por árabes y cristianos. Ramón representaba el deseo del árabe de ser aceptado, por que le ofrecía lo que necesitaba, una forma de cristianizarse sin perder su cultura árabe.


    La misión.



    Es de suponer, que de estas variables, saberes, y sentidos que sintió este religioso español, se convirtió en el más firme defensor de un idioma común para el analfabeto. Por que al hablar sin gramática, se le negaba a la naturaleza el mismo sentido del afato que el pensador creía real. Ramón "tenía fe" en que una necesidad natural de los hombres era la búsqueda de la gramática.


    Después de su profundización en el idioma vulgar, como él lo llamaba, pasaron casi tres siglos hasta que hablar en árabe y sus dialectos se prohibió completamente y se persiguió insistentemente, de esta forma se empezó a hablar el “idioma vulgallullo” en las islas.



    ¿Inventó un lenguaje?



    Ramón Llull vivía en Mallorca, y este idioma vulgar que nombraba es lo más parecido a una forma de Mallorquín antiguo. Por lo que hoy se dice que escribió el primer dialecto Mallorquín, aunque la ambición por plasmar los dialectos en forma escrita influyó al Castellano, al Valenciano y al Catalán, y puede que incluso a otras lenguas y lugares.


    Y es que, volviendo a la necesidad del sexto sentido, para el Balear, su sexto sentido, el Afato, era tan real como la vista y el gusto, y no quedaba relegado solo a una capacidad. Así lo expresó en su texto "Del ascenso y descenso del intelecto". También su idioma vulgar al escribirse se convirtió en realidad, su invención completa considera que existe una necesidad de la naturaleza en todas las personas para entender la gramática del lenguaje. Por lo cual él solo llevó a cabo la parte material de captar la gramática del habla y escribirla.



    Su influencia.


    Lo que este renacentista temprano llevó a cabo fue una investigación empírica en toda regla, algo parecido a lo que hacen los investigadores actuales en psicología. Ramón primero creó un artefacto escrito para un habla que tenía escuchada, y después intentó incluirla en la práctica, mediante la difusión de sus textos. Si esto fuera así, en Llull además de un científico experimental de las ciencias sociales precoz, tenemos a un padre compasivo de las lenguas modernas latinas.


    Posdata



    PSDT: Remarco la idea de que Ramón Llull escribió lo que él llamaba el "idioma vulgar", advirtiendo sobre la falsedad y mal entendidos actuales sobre el hecho de que escribiera en Catalán, esto vertido por grupos de índole nacionalista, e incluso por algunas personas con autoridad.

    Ramón Llull nunca escribió en idioma Catalán, ni en Español, estos no existían, él inventó una forma de escribir vulgar al dotarla de forma escrita y gramática básica, que partía de lo que escuchaba en proximidad, y que sólo podríamos aventurar que fuese un dialecto mallorquín, que si ha influido en las lenguas peninsulares posteriores.

    Tres escenarios y un mismo código




    Entrados los años setenta, durante los gobiernos de Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez respectivamente, en plena época de la llamada “pacificación” de la guerra de guerrillas, las universidades y liceos públicos venezolanos se transformaron en auténticos centros de resistencia de la subversión izquierdista contra el statu quo democrático, que no sólo les había derrotado y reducido a su mínima expresión, sino que les ofrecía la oportunidad de enmendarse, de rectificar y de luchar por la conquista del poder no por medio de las armas sino por medio de los votos. Más consenso y menos beligerancia. Un grueso sector de la izquierda, proveniente de la juventud del Partido Comunista y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, críticos, además, de las prácticas totalitarias del “socialismo real” en la Unión Soviética y China, aceptaron el reto de asumir las reglas del juego dialógico y participar, desde sus posiciones críticas, en la consolidación de un país que, finalmente, se proponía dejar atrás los rencores de las guerras de caudillos -de las que tanto el militarismo como el populismo criollos no eran más que reminiscencias- para entrar, definitivamente, a un nuevo ciclo de la historia.


               En no pocos casos, se trataba de empalmar la agresión criminal con la política: “violencia de los ricos, violencia de los pobres”. Y, así, el potencial malandraje devino “militancia revolucionaria”. Pero no toda la izquierda se pacificó. Un reducido sector, quizá el más atrasado, primitivo e instintivo, quedó “picado de culebra”, con ganas de seguir en el frente hasta “tomar el cielo por asalto”. Para ellos, “los abajo firmantes” de la pacificación -los Pompeyo y Teodoro, los Moleiro y Martín, cabezas visibles del “nuevo modo de ser socialistas”- eran unos traidores a la causa, unos reformistas y revisionistas de las sagradas tablas del leninismo, el stalinismo y el “pensamiento Mao-Tse-Tung”, como solían decir sus “camaradas” de otros tiempos y ahora detractores. Merecían la muerte tanto como la merecían los capitalistas, los adecos y los copeyanos. No había tregua posible y mucho menos armisticio. Sólo quedaba dar “dos pasos atrás y uno adelante”, “desechar las ilusiones y prepararse para la lucha (armada)”. Y comenzó la recluta de jóvenes liceístas y universitarios, provenientes, en su mayoría, de las barriadas populares, en las que el resentimiento alimenta la violencia y la transforma en modo de vida


                No le fue fácil a la recién incorporada izquierda democrática morigerar el clima de hostilidades foquistas que, por un largo período, generaron los jóvenes estudiantes de la llamada “ultra-izquierda”. Al principio, trataron de hacerlos entrar en razón, de establecer medios de entendimiento, de negociaciones, de diálogos. Pero el único lenguaje que “los compañeritos” manejaban era el de la confrontación a través de la única vía posible para ellos: la violencia física, empírica, auténticamente materialista, según las indicaciones bibliográficas dictadas por el diamat (la dialéctica materialista), auténtica reinvención de una “dialéctica” salida de los laboratorios de propaganda del stalinismo y el maoísmo. Llegados a un cierto punto, las reyertas llegaron a causar preocupación entre los dirigentes de la izquierda democrática, dada la cantidad de heridos y muertos que eran capaces de causar. Y, entonces, se tomó la decisión de derrotarlos políticamente en toda posible elección estudiantil, pero, además, de no permitir más agresiones, de organizarse para repeler sus ataques -más que con fuerza bruta con astucia- y no seguir cumpliendo el rol de víctimas de sus habituales emboscadas. Es de aquella época que proviene el irrefutable adagio: “cuando están solos, los malandros son cobardes”. La estrategia resultó y, finalmente, perdieron el control “político-militar” -así lo definían- de los liceos y universidades.


                Pocos años después, a mediados de los años ochenta, la ya no tan adolescente ultraizquierda estudiantil se replegó en las universidades autónomas, aprovechando el hecho de que la izquierda democrática centró sus intereses en otros propósitos, al tiempo que iba abandonando el campo de la lucha ideológica -haciéndose cada vez más “pragmática”- y, con ello, desatendiendo la presencia militante en los centros de enseñanza. Iniciaba así la era de “el fin de las ideologías”, que contribuyó en no poca medida con la laxificación de los rígidos esquemas de la dogmática bolchevique, dentro de los cuales se había formado la nueva generación ultraizquierdista. No fue por casualidad que el ex-rector Chirinos la calificara de “boba”. Hasta que, al final, se produjo el “salto atrás”. Si el resentimiento, la sed de venganza y la violencia están a la base de la forma mentis de un determinado individuo que luego es adoctrinado, al resquebrajarse las bases de su doctrina al individuo en cuestión sólo le queda saltar atrás, sustentar sus acciones en el estado de naturaleza que le resulta familiar. Y, así, la capucha del delincuente comenzó a cubrir el rostro del dirigente estudiantil universitario. Fue durante ese período que florecieron los dondiego de día, esa planta que no permite ver el rostro de sus capuyos en las sombras. Se iniciaba el tránsito del político al delincuente, o del político de día y delincuente al atardecer. Terminaron por imponer el chantaje, el terror y el caos como expresión de lucha política. Lo más parecido a las Farc, cuyos jerarcas habían iniciado una guerra contra el Estado colombiano y acabaron gerenciando uno de los más perversos negocios criminales de la historia contemporánea. Tampoco fue fácil su derrota en las universidades. Los daños fueron considerables y aún quedan las heridas. Desde entonces, dejaron por sentado el testimonio de que el único lenguaje que les resultaba familiar, su único código, “en última instancia”, era el de la violencia.


    Por José Rafael Herrera

    @jrherreraucv

    Terror a la pandemia

     
    Una mujer segura de si misma.
    No hay terror para ella.



                La supuesta “vedad revelada” es arrojada sobre las narices de todos los temerosos creyentes del mundo con todo el peso de las tablas de Moisés, recién salido de su flamante encuentro con “el que Es”. No obstante, y por una vez, conviene tomar en cuenta el hecho de que el sentido común es el terreno propicio para el cultivo de toda clase de prejuicios y presuposiciones. Se sabe que no es posible evadirlo y que, tarde o temprano, inevitablemente se debe atravesar por ese campo fangoso, minado de recetas, refranes y resabios, para poder pisar con firmeza el terreno de la verdad. Pero que el sentido común fije y eleve a condición de sentencia suprema tal afirmación -“el miedo es libre”-, aparte de ser una de las acostumbradas e innumerables frases hechas que le son propias, oculta la verdadera intención de su naturaleza más íntima, a saber: la consideración de la libertad como un hacer lo que se venga en gana, un simple acto de abstracta escogencia, una inclinación por “lo que sea” -Whatever es, no por casualidad, palabra frecuente en la jerga de los mliennials. Todo lo cual no es, ni más ni menos, que la traducción de la libertad como deber y del terror como ser. Nada menos libre que el miedo. El miedo es el fracaso mismo de la libertad, el triunfo del terror que la somete, la oprime y esclaviza. No, el miedo no es libre.


                  Y es que el terror es, justamente, el lado oculto de la representación genérica de la libertad. En efecto, la “libertad absoluta”, tan predicada por el radicalismo izquierdista latinoamericano, que con los años terminó por convertirse en una de las corporaciones narco-traficantes más poderosas del planeta, es, al decir del mismísimo Lenin, la “enfermedad infantil” del maduro terrorismo de Estado que inevitablemente porta en sus entrañas. El sueño de una libertad sin determinaciones -decía Spinoza que libertad es conciencia de la necesidad-, al toparse con la realidad de verdad, procura que la organización de la sociedad se corresponda con ella, con ese ideal de la “pura” libertad, una libertad inmaculada, unánime, indivisa, indistinta, sin restricción alguna, y que la nueva institucionalidad revolucionaria esté al servicio del ideal libertario. Y sin embargo, la misma condición absoluta, la misma “pureza”, pronto se encarga de devorarlo todo, porque toda diferencia -toda determinación- supone relaciones asimétricas que contradicen el ideal igualitario. Ahora la libre voluntad general se impone por encima de todo y de todos. “Con Chávez manda el pueblo”. Pero por esa misma razón, resulta imposible objetivarse y construir un nuevo orden político y social positivo, porque ello implicaría establecer nuevas diferenciaciones, nuevas desigualdades, reconocimiento de méritos específicos, en fin, nuevos espacios y relaciones de imprescindible desigualdad: justo aquello contra lo cual habían luchado. En consecuencia, como, al decir de Hegel, “ninguna obra ni acto positivo puede producir la libertad universal, a dicha libertad sólo le resta el obrar negativo, la furia del desaparecer”.


                  Entonces, la “revolución” queda inhabilitada para construir, y sólo puede negar, destruir, sin la menor intención de construir en beneficio del pueblo al que tanto invoca. Toda posible construcción es considerada oficialmente como una traición al ideal revolucionario. Por ejemplo, una universidad que establezca méritos y escalafones académicos entre sus miembros tiene que ser percibida como una institución que promueve un condenable atentado contra la patria. Un académico no es más que un “trabajador universitario” y no tiene mayor mérito que un obrero. Él es otro obrero más. Sus estudios, su formación, sus investigaciones, las diversas y complicadas pruebas a las que ha tenido que someterse, no cuentan para el rasero de medida del “proceso”. Si el mismísimo presidente de la república es un obrero, ¿por qué un profesor universitario tendría que tener “coronita”?  Por supuesto, todo esto a nivel oficial. Extraoficialmente se pueden hacer “negocios” y sacar algún provecho personal, sin levantar mucho polvo. De resto, y aparte de llevar adelante el gran plan geopolítico de destruir el orden establecido a través de la intoxicación narcótica de todo Occidente, la “pureza revolucionaria” no puede darse el lujo de promover ni diferencias ni estatus, porque eso sería un atentado contra la libre voluntad general del pueblo. De modo que el único acto efectivamente libre es la muerte o, en su defecto, la prisión, que es de algún modo una forma de morir. Es así como el imperio del terror se apodera de todo y de todos.

                  Los secuestrados viven presos en sus temores, se cuidan de no ser “sospechosos de traición”. Muchos, para evitar ser señalados, se sacan el “carnet de la patria”, con lo cual, además, podrán tener acceso a algunos alimetos, a llenar de vez en cuando el tanque de combustible o a un eventual beneficio que decrete el régimen de terror. Se resignan y se acostumbran. Todo lo cual evidencia el hecho de que el miedo se va apoderando de la ciudadanía. El miedo no los hace libres, sino más bien esclavos, entes serviles, directa o indirectamente, a “la causa” de la cúpula “revolucionaria”, en nombre de “el pueblo”. Porque, además, tarde o temprano, se deben tomar decisiones, por lo que siempre termina gobernando alguien. La cuestión consiste en saber en las manos de quién se está. En teoría, manda el pueblo, que es quien decide. Pero en la práctica el poder real se encuentra en manos de una camarilla de delincuentes, con bandas armadas milicianas que los respaldan. Por eso mismo, hay entre ellos una cruenta lucha por la exclusividad del poder, como también existen “treguas” de los carteles que han organizado, ante eventuales amenazas que pongan en riesgo sus intereses particulares. La corrupción y los antiguos intereses, los excesos y las deslealtades, los han permeado. Y los envenenan cada día que pasa.


              El terrorista Cabello ha hecho de su programa televisivo eso: un medio para difundir el terror entre las gentes de bien. Amenaza de continuo con tomar represalias en contra de quienes se atrevan a levantar la voz para rechazar el actual estado de cosas. “Sabemos quiénes son y dónde viven”. Claro que para él “los terroristas” son quienes se atrevan a expresar sus opiniones contra el régimen de terror. Algunos afirman que ha amenazado con anular los títulos de los egresados universitarios que “conspiren desde afuera”, en contra del narco-régimen. Y si no lo dijo da lo mismo. Patán y soéz, como suele ser, el teniente de los pantalones húmedos de otros tiempos ahora resulta ser todo un campeón del terror. Él mismo es un esclavo de sus profundos miedos. Proyecta su temor infundiendo terror, como lo hace Maduro, los Rodríguez o los Tarek. Y es que el miedo no sólo no es libre: el miedo es la condena de los condenados. Antes de arribar a la tremenda crisis por la que atraviesa el planeta en los actuales tiempos, el último gran Papa de la historia contemporánea exhortó a sus feligreses a no tener miedo. Sabía bien que el no temer es la puerta que conduce directamente a la auténtica libertad. La tiranía va a sucumbir, porque todos sus sentimientos, sus intereses y su justificación se han vuelto en contra de su propio ideal de libertad, de esa representación de libertad fanática y terrible que en algún momento proclamara. Ya es tarde. El tiempo se les ha agotado y la historia no perdona.

    Qué es el Mind Wandering.




      Mind Wandering desadaptativo.

      Introducción, descubrimiento del Mind wandering.

      Los sintomas de ansiedad o depresión causarán malestar, alguna vez en la vida, a un 40% de la población, y es que los síntomas aislados de ansiedad y depresión son muy comunes, y lo que es más, nueve de cada diez individuos experimenta alguno de ellos a lo largo de su vida. Para dejarlo más claro aún, la mitad o más de las consultas de un psicólogo, terapeuta o psiquiatra están relacionadas con síntomas de ansiedad o depresión. Por ello -como se verá- son muy relevantes las investigaciones recientes en torno a las divagaciones mentales o Mind wandering.

      El Mind wandering (en adelante MW) o divagación mental, consiste en un episodio en el que se desvía el curso actual de la atención. Como se ha constatado, se trata de un proceso muy común en todas las actividades diarias humanas, pues lo realizamos entre un treinta y un cincuenta por ciento de nuestro tiempo (Killingsworth y Gilbert, 2010). Smallwood, (2013) argumenta que el MW se produce cuando la atención se aleja de una tarea en curso o un contexto externo hacia pensamientos internos no relacionados con la tarea, como recuerdos o pensamientos. Sin embargo, a la hora de describir el cómo y el por qué de su surgimiento emergen las discrepancias entre distintos autores.

      En los últimos años se han realizado investigaciones que intentan responder a la pregunta sobre como y por qué surge el MW.  Se han realizado investigaciones que relacionan el MW con los estados afectivos. Estas encontraron que las personas que con más frecuencia experimentaban episodios de MW presentaban mayor afecto negativo y menor bienestar psicológico (Killingsworth y Gilbert, 2010; Smallwood, Fitzgerald, Miles y Phillips, 2009). Así mismo, los datos reflejados por la validación del cuestionario "Mind wanderin questionaire" (Mrazek, Phillips, Franklin, Broadway y Schooler, 2013) que puntúa episodios de MW también se asociaron con peor estado de ánimo, mayor estrés y menor autoestima. Los resultados incidían en mayores tasas de síntomas depresivos y de ansiedad (estrés, temblores, preocupación, baja autoestima, etc) y predecían que los episodios de MW eran desadaptativos.

      Descubrimiento de una segunda concepción: Mind wandering adaptativo

      Divagaciones mentales y solución de problemas.

      Pero un estudio muy reciente de Seli, Beaty, Marty-Dugas, y Smilek (2019) consideró investigar las relaciones entre el MW y las disfunciones afectivas diferenciando entre dos formas de MW.  Pensaron que un factor importante podría ser la intencionalidad de los episodios de MW. Seli, Risko, Smilek, & Schacter, (2016) comprobaron que existe una disociación entre diferentes formas de MW, concretamente entre episodios de MW deliberado y MW espontáneo. La diferencia entre estos dos tipos de MW se deriva del proceso que subyace a la experiencia de MW: si emerge espontáneamente, o permanece bajo el control mental del individuo. Es decir, en los casos deliberados la atención se desplaza intencionadamente de la tarea actual a pensamientos internos. Mientras que en los episodios espontáneos, los pensamientos no relacionados con la tarea, provocan un cambio incontrolado de la atención a otras líneas de pensamiento. Seli et al (2019) encontraron que el MW deliberado no se asoció significativamente con la depresión en las dos muestras de sujetos que evaluaron. Y que se asoció negativa y significativamente con la ansiedad, es decir, que las personas que realizaban MW deliberado, no presentaron síntomas depresivos y presentaron niveles inferiores en ansiedad. Estos resultados muestran que al realizar actividades en las que se incide en permitir mayor cantidad de MW deliberado, los participantes tienden a experimentar mayor bienestar.

      Estudios neurocientíficos sobre el Mind wandering


      En aditiva, es importante destacar que los resultados encontrados por Seli et al (2019) son congruentes con las investigaciones neurocientíficas que estudian el MW en personas con rasgos de ansiedad y depresión. Los rasgos de ansiedad consisten básicamente en respuestas emocionales incómodas a estímulos amenazantes. Las respuestas que ocasionan incluyen: palpitaciones, dificultad para concentrarse, problemas de sueño, irritabilidad, inquietud, temblores o parálisis absoluta (American Psychiatric Association, 2013; Davis y Whalen, 2001). Estos cambios se deben a la incapacidad de estas personas de controlar el sistema de alerta de la atención, que se encuentra en la amígdala (Etkin, Prater, Schatzberg, Menon y Greicius, 2009; Davis y Whalen, 2001)

      Un estudio neurológico más reciente realizado por Christoff et al (2017) analizó la activación de estructuras corticales en pacientes con ansiedad y en pacientes depresivos. Encontraron diferencias en la activación neuronal entre ambos pacientes que los llevó a definir los episodios de ansiedad como "un episodio de Mind wandering que ha salido mal". Christoff et al (2017) observaron que los participantes con ansiedad presentaban interrupciones de la actividad neuronal entre la amígdala y las estructuras corticales responsables de la contrastación de la información. En cambio, las personas con rasgos depresivos no presentaban actividad entre la amígdala y estas estructuras corticales. En vez de eso, las personas con rasgos depresivos presentaban altos niveles de activación entre la amígdala y las estructuras corticales responsables de un contenido asentado y no contrastable.

      Por tanto, estas investigaciones neurológicas han constatado que el MW que se produce en personas con rasgos depresivos no interfiere en los sistemas de alarma de la atención, no crean preocupación, sino que, en este caso el pensamiento intrusivo desadaptativo, es recurrente, y normalmente sentido como imposible de solucionar.

      Estudios sobre el Mind wandering y la creatividad.

      Las divagaciones mentales impulsan la creatividad.
      Divagando y propiciando la creatividad..

      Para terminar de mostrar los resultados, también se han realizado investigaciones donde se observa una facilitación de MW. Se trata de un estudio realizado por Baird, Smallwood, Mrazek, Kam, Franklin, y Schooler (2012) que utilizó periodos de incubación. Los periodos de incubación consisten en dejar un espacio de tiempo entre la demanda de la tarea y las respuestas de los participantes. Baird et al (2012) comprobaron que realizar tareas externas simples durante los periodos de incubación sobre una tarea principal, facilita el MW deliberado y la solución creativa de problemas. También Sio y Ormerod, (2009) encontraron que los intervalos de incubación consiguen mejores resultados cuando los individuos realizan tareas simples. Estos resultados encontrados en poblaciones aleatorizadas, encontraron que a mayor MW deliberado, facilitado este por periodos de incubación, los participantes encontraban un mayor número de respuestas creativas. Los resultados de las investigaciones citadas, sugieren que realizar periodos de incubación en los que realizamos una actividad manual simple, como coser, levantar un dedo cuando aparezca algún objeto o seguir una línea de puntos con un lápiz, aumenta la posibilidad de encontrar la solución a un problema principal planteado, de forma satisfactoria y poco usual.

      Análisis psicológico de los datos experimentales.


      Lo que sabemos del Mind wandering hasta hoy es que afecta a las personas en el grado en que experimentan episodios de ansiedad y depresión, pero dependiendo de si son capaces de propiciar la ocurrencia de estas divagaciones intencionadamente o no, padecen más de estos episodios o menos.

      Antes de desarrollar este análisis primero voy a aclarar la forma de toma de datos realizada en las investigaciones, los participantes elegían una opción de una escala tipo likert entre varias, estas oscilaban entre 5 y 7. Por ejemplo, se preguntaba en las primeras investigaciones, aquellas que encontraron afecto negativo en las personas que declaraban realizar mucho MW : “¿Con cuánta frecuencia experimentas divagaciones mentales en tu vida diaria?, puntúa desde 1, casi nunca, a 5, casi siempre”. Posteriormente se introdujo la diferencia entre MW deliberado o espontáneo, incluyendo para su diferenciación, advertencias sobre la posibilidad de “observar los pensamientos intrusivos”, o “permitir que los pensamientos no relacionados capten mi atención”, por ejemplo. Tras esto, en las investigaciones que diferenciaban entre MW espontáneo o deliberado con periodos de incubación, para ello incluían preguntas del tipo “¿En que grado estas permitiendo que tus pensamientos divaguen conscientemente?”. Y por último se realiza una actividad para medir los signos de ansiedad, depresión o creatividad.  Pasamos al analisis.

      Partamos de las últimas investigaciones de Baird et al (2012), estas mostraron que realizar una actividad de atención externa y simple, como puede ser coser, por ejemplo, consigue que se declaren mayores puntuaciones de MW deliberado, y que se obtengan mayores puntuaciones de creatividad, es decir, que los participantes encuentren soluciones a los problemas planteados inusuales y mejores que las usuales.

      Se han encontrado resultados comparables entre las investigaciones neurológicas realizadas con participantes con síntomas de depresión y ansiedad, y en los participantes de grupos aleatorizados; Ya que según la teoría neurológica, los participantes con síntomas depresivos serían menos capaces de desencadenar pensamientos intrusivos deliberados, y se ha hallado que así ocurre, las puntuaciones en MW no varían significativamente entre sesiones. Si comparamos los resultados con síntomas de ansiedad, las investigaciones neurológicas declaran que los participantes con estos síntomas tendrán mucha facilidad para divagar mentalmente, es decir, que el MW espontáneo tendrá mucha incidencia, como así sucedía en las primeras investigaciones. Pero si de forma voluntaria los participantes se comprometen a permitir los pensamientos intrusivos, las puntuaciones en ansiedad disminuyen considerablemente. Con lo cual se acepta que la teoría neurológica de las divagaciones mentales o Mind wandering, es consistente con los resultados experimentales realizados.

      Desde luego las últimas investigaciones citadas que utilizan periodos de incubación, encuentran un aumento de respuestas creativas en los participantes cuando realizan la actividad. Lo que implica que se ha producido un cambio emocional positivo en los participantes, no dándose estados depresivos ni ansiosos, y produciendo un estado de “flujo” o “placer personal intenso” en los participantes (está probado que la creatividad implica un placer personal único asociado al pensamiento arborescente, ha sido estudiado por especialistas en superdotación, por ejemplo). Y que este cambio es también comparable con el modelo neurológico, pues los participantes realizan una actividad que no debilita su capacidad para promover los pensamientos recurrentes, como son los problemas actuales en búsqueda de solución, y además permiten la irrupción de pensamientos divergentes, qué, a juzgar por los análisis de creatividad, consiguen mejores resultados en la resolución de la tarea principal que cuando no se permiten.

      Análisis filosófico: Una  nueva consciencia.


      Consciencia y Mind Wandering.
      Una nueva consciencia.

      La primera problemática que me llama la atención trata sobre la concepción de consciencia, pues ya no podemos decir, como avalan los diccionarios psicológicos, que la consciencia es el “acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo“. Primero porque consciencia se refiere, como ha quedado en evidencia, a la percepción consciente de un pensamiento cuando este domina la acción. Y esto significa, por un lado, que 'yo' ya no domino mi consciencia, pues la concepción de un yo que dirige la acción acorde a mis deseos no presenta ninguna evidencia, en vez de eso podemos aceptar que existen varios canales de consciencia, y que esta será más fuerte y tendrá más capacidad de solución, cuantos más canales de consciencia puedan llevar a la consciencia sus pensamientos sin interrumpir los pensamientos de otro canal.

      En realidad, de lo descubierto aquí se sigue que la consciencia en sí, es voluntad de consciencia, pues la consciencia puede detenerse a voluntad, e iniciarse a voluntad, y dejar que actúe a voluntad, pero que, en realidad sólo se puede aceptar por consciencia la dominancia de uno o varios pensamientos sobre otros, siendo, como quiero decir, que más consciente se está cuantos más pensamientos dominen la consciencia y más relacionados entre sí estén. De aquí se sigue una complicación, pues el hecho de estar consciente consiste en estar activamente observando los pensamientos, pensamientos que no controlamos en todos los casos. En cierto momento nos asalta una divagación mental, que pasa a ser consciencia, pero antes en la consciencia no era nada, era pues ¿inconsciente?.

      Análisis filosófico: Una inconsciencia muy consciente.


      La problemática principal que traen estas investigaciones consiste en la necesidad de incluir el concepto de consciencia en el de inconsciente por una obligación neurológica y práctica, es decir, como está probado, los núcleos cerebrales que propician los pensamientos recurrentes o las divagaciones se comunican seamos o no conscientes, son señales encefálicas en un mapa del encéfalo. Y cuando se presentan en la consciencia son experiencias concretas, conceptos y palabras precisas, o expectativas sobre un hecho dado. Como se pretende hacer ver, deben de ser teoría y práctica como el plano y el ladrillo, y la consciencia ser el trabajo en sí. Que es a fin de cuentas el continuo crear de ideas en enunciados, de experiencias en reacciones y de expectativas en afecciones.

      Por ejemplo, quiero tener presentes las dos vías neurológicas comentadas, una, la que afecta negativamente a los participantes con síntomas depresivos se encarga de mantener activa una serie de pensamientos problemáticos a los que la persona quiere dar solución, en cambio la vía neurológica que hemos llamado de “alarma de la atención” se encarga de incluir pensamientos dominantes en la consciencia ante estímulos importantes para alguna situación o problema. Siendo ambas juntas, capaces de solucionar las dificultades en personas sin problemas patológicos de salud mental, y, si alguna de estas vías se colapsa, pasa posiblemente el problema de esta persona a "ser" patológico. Por tanto podemos decir, que la consciencia sin inconsciencia puede acarrear problemas patológicos de ansiedad y depresión. Lo inconsciente consiste básicamente en la capacidad latente de poder cambiar el pensamiento dominante de nuestra consciencia. Hay también por ello un orden en lo inconsciente que delata el funcionamiento de nuestra consciencia.

      Sugerencias futuras.


      Una sugerencia práctica para el psicólogo en terapia, consiste en que además de seguir lo aprendido en la universidad y la evidencia actual en nuestra ciencia, debe de saber y practicar filosofía, es decir, debe desarrollar “el gusto por el saber” para sí, y con su cliente. Puede que haya de transformarse en un imitador a sueldo, de las palabras, creencias, conceptos y experiencias de su cliente. Pues resulta de ayuda para los problemas de ansiedad y depresión la asunción terapéutica, de un profesional que acepte para sí durante la consulta los posibles pensamientos que puedan incurrir en la consciencia de su cliente, para que sirva a este de distracción y ayuda sobre el control de sus propios pensamientos conscientes. Pero también, para que ayude a razonar a su cliente, planteando preguntas sobre las propias creencias y posibilitando de esta forma un progreso lógico y racional, que consiga establecer un autodominio entre consciencia e inconsciencia duradero. Y que dote a la práctica psicológica de las bondades del ejercicio filosófico.

      Para terminar este artículo sugiero a investigadores en el campo de la psicología, universitarios, y en general a futuros estudiosos del Mind Wandering, la conveniencia de replicar la investigación de Baird et al (2012) con participantes con síntomas de ansiedad y/o depresión, para el estudio de puntuaciones de MW deliberado, y el efecto de los periodos de incubación con tareas simples.

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