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La intuición del filósofo.


La intuición del gran pensador

La intuición del pensador.



Estando hoy en la playa y habiéndome bañado entre olas y jugado con una niña pequeña que reconozco como hija, cansado del sol y la arena decidí tumbarme y buscar en mi teléfono algún libro para releer, de esos que ya tuviera leídos, por eso de seguir descansado. Encontré en una carpeta aquél libro de aforismos que escribió Hegel en Jena con 32 años, y lo abrí por tenerlos yo cumplidos de hace días.

Se trata de un libro de intuición pensante en el que destaqué con una nota un aforismo que dice: ¡En Lucena han sido vetados, por ser una muestra de lujo nocivo para el país, los cabellos encrespados que superen los 18 pulgares de diámetro!.

¿Esto se puede interpretar?, en mi nota tenía anotado: !Es el Averroismo!, Pero qué deseo es este del que aún es un pequeño pensador obsesionado. De esta forma me dió por imaginar y recrear, y en aquella toalla tirado escribí que Averroes fue desterrado a Lucena por "demostrar dialécticamente" [1]  que la "mezcla" era más "perfecta" que la "sustancia pura" (de Aristóteles) al quedar unida por sus accidentes. Que por esto concluyó que no existía el alma sin el cuerpo, y sí una posible igualdad de inteligencia entre sexos, y entre hombres de distinta "clase social"[2].

¿A qué llamaba Hegel entonces "lujo nocivo para el país"?, Pues sería a esta no regulación de los afectos de los hombres en el estado en que quedó el Averroismo. Pues Averroes decía que el filósofo podía creer en sus ideas pero el hombre común se debía a las historias contadas en los libros religiosos, que había una doble verdad. Que quería decir que las ideas del uno no afectaban al otro, que no había estado de cosas. De esto se entiende que en la época de Hegel el que sabía lo sabía con unos pocos, en formas dogmáticas y aisladas conscientemente del resto de la sociedad. O al menos así lo intuía Hegel en estos aforismos tempranos.

También se refiere Hegel a Spinoza como "filósofo oriental" y dice que fue el que más se acercó a la verdad. Para Spinoza los afectos son diferentes en cada persona, pero en cuanto llegamos a entender con "Dios" son perfectos y se llaman Alegría, Tristeza, Envidia, etc. Entonces, si Hegel se refiere a la regulación de los afectos, él quiere entender los afectos desde un continuo para entenderlos por los derechos humanos y el estado. Mientras Spinoza habla de personas y sus creencias (incluida la de Dios) Hegel habla como el estado y su finalidad.

Cuando habla Hegel en sus obras más cuidadas no habla una persona, habla el estado, Ortega y Gasset lo llamaba por esto el "filósofo emperador".

Un pensador vive su época y ese es su esfuerzo, y Hegel lo fué y lo hizo, como Averrores y Spinoza.


Esta orilla ha sido mi Jena y aquí queda este pequeño ensayo.



Notas:


[1]. Las comillas en la "demostración dialéctica" son por interpretación propia. Ya que Averroes habla de Aristóteles a través de su propia época, como si estuviera comparando las ideas de dos tiempos mientras las va cambiando fruto de la conversación que mantiene con el griego. Lo que él llama especulación, más bien se trata de dialéctica discursiva entre las ideas de Aristóteles y las de Averroes.

[2]. Las  comillas en "clase social" son de interpretación, pues para Averroes las personas se diferenciaban por dos grandes grupos, los que pensaban por sí mismos y tenían creencias propias, y los no educados, que aceptaban las creencias contenidas en las historias religiosas y no podían pensar por sí. Existía una doble verdad y esto es comparable a la alienación establecida por los hábitos que formuló Karl Marx.




Política y criminalidad

El orden político
 

 

          Desde que los humanos decidieron comenzar a construir la historia -su historia-, se vieron en la necesidad de poner “orden en casa”, que es lo que significa economía.   Y es eso, en efecto, lo que traduce literalmente la palabra griega Oikonomos (casa-en-orden). Administrar el orden de la acción humana, ordenarlo, implica ir acumulando el trabajo de modo organizado, adecuado, racional. Pero el trabajo que se va acumulando es lo que da origen al valor inmanente a la riqueza, al capital. No obstante, y si bien es cierto que toda época ha producido y acumulado capital, no es correcto afirmar que toda la historia de la humanidad ha sido capitalista, porque la determinación esencial de cada época es culturalmente particular y diversa. La historia misma es eso: la unidad en la diversidad, la historia de las diferentes historias, la razón de cada específica y peculiar manifestación de la locura, como, no sin sensatez poética, lo afirmara Shakespeare. El resto es una ficción. Y, de hecho, sólo con la irrupción definitiva de la sociedad civil, durante la edad moderna, las diferentes formas de conexión social comenzaron a ser percibidas por los individuos como un simple medio para lograr sus fines privados.


            Por más que el actual sentido común -siguiendo en ello la ilusión de toda época nueva- pretenda considerar la política como el oficio de unos funcionarios cuya función consiste en la negación de toda función, cabe decir, en la representación del papel útil de lo inútil y del trastocamiento de lo verdadero por lo ficticio, o incluso como la más cercana aproximación a la corrupción y al crimen, la verdad es que en la historia de la humanidad la política ha ejercido un oficio fundamental en y para el desarrollo de la vida en sociedad. La civilidad, el mundo civil, ciudadano, es el resultado de la praxis política, la concreción de la koinonia politiké o la comunidad política: el hogar del zoon politikón. Los individuos aislados sólo pertenecen a la imaginación desprovista de fantasía, propia de “las grandes y pequeñas robinsonadas”. Paradójicamente, ha sido durante la época en la que se ha generado el mayor grado de desarrollo de las relaciones económicas, sociales y políticas en la que ha surgido la representación del punto de vista de la existencia de individuos absolutamente aislados entre sí, cultores de la abstractacción de lo privado y del 'pensamiento débil'. Con lo cual, y roto el espejo del ethos, propio del mundo civil, la praxis política pierde su centro neurálgico para quedar a merced y, deslizándose sobre la alfombra roja de la vanidad, ser sometida por la carroña de carteles criminales, cuyo propósito consiste en desmembrarla para poder usufructuarse de sus restos.


            El quehacer político del presente ha sido penetrado, en todos sus ámbitos y como nunca antes en la historia, por una criminalidad que se ha ido transmutando en gansterato. No por el hecho de que en otros tiempos existiera el crimen e incursionara en el ámbito de lo político se trata del mismo escenario. Del mismo modo que la producción de capital a lo largo y ancho de la historia no implica la existencia perennis del del modo de producción capitalista, la existencia histórica de las incursiones del crimen en la praxis política no implica ni la identificación mecánica de la una con el otro ni su condición genérica. Más bien, se trata de una determinación específica, inédita, como nunca antes se había manifestado en la historia. La política en el estricto sentido clásico del término, la política hecha por los políticos en funciones políticas, como servidores públicos, ha sido desplazada de su eje, de su centro de masa, para ir siendo ocupado por poderosos carteles internacionales que, en nombre de las formas políticas tradicionales y de sus viejas banderas de lucha, se enriquecen grosera y grotescamente, sin ningún tipo de escrúpulo y con el mayor cinismo. Y en esa misma medida, planifican no sólo la implosión de Occidente, mediante la promoción masiva de la narco-dependencia, sino la desaparición misma de la idea general de ethos político.


            Buena parte de la dirigencia política, todavía persiste en señalar que el gansterato que mantiene secuestrada a Venezuela es una dictadura. Algunos analistas prefieren referirse a los secuestradores en cuestión como si se tratara de un régimen totalitario o de una tiranía. Y los unos y los otros califican a los sectores políticos que aún se mantienen en pie de lucha -y a la luz de sus respectivos modelos de asumirla- como “la oposición” al régimen. Dice Hegel que comprender quiere decir superar. El único modo de superar un problema es comprendiéndolo a fondo, desde sus raíces. Con el debido respeto, y como consecuencia de la insostenibilidad de la actual situación de crisis orgánica que padece la sociedad venezolana, ha llegado el momento de comprender que los tradicionales esquemas hermenéuticos de interpretación del actual fenómeno político no pasan de ser eso, esquemas, “modelos” que no se compadecen con la realidad efectiva de las cosas, con la realidad concreta. No se trata de la realiter sino de la Wirklichkeit. Ni del Objekt sino del Gegenstand. Es necesario remontarse desde el entender hasta el comprender.


            La criminalidad del gansterato es perversamente polimórfica y polisémica -piénsese en la neo-lengua-, y ha sido durante años introducida progresivamente a través del poder de influencia de los mass media, incluyendo las redes sociales, que están a su servicio. No se puede seguir promoviendo la imagen según la cual el delincuente o el adicto son una suerte de íconos sociales y, mucho menos, sentarse a esperar que ocurra un milagro. El crimen se ha vuelto la norma. Apareció en la llamada “agenda pública” latinoamericana en las últimas tres décadas, promovida, primero, por los restos de los movimientos subversivos y, luego, por el Foro de Sao Paulo. Las afecciones que ha producido en la economía, en el desarrollo cultural y social y en la vida política del continente, son devastadoras y han terminado por erosionar severamente no sólo la estabilidad de prácticamente todos los países de la región -especialmente a los Estados Unidos- sino que los han desordenado (¡oikonomos!) y empobrecido material y espiritualmente, conduciéndolos, además, a la adopción de la violencia como si se tratara de un modo “natural” de vida. La criminalidad no ha secuestrado tan sólo a Venezuela: ha secuestrado al ser y a la conciencia sociales del presente.


            La llamada “oposición” política no se enfrenta contra (gegen) su término opuesto correlativo. El gansterato hace tiempo que renunció a ese derecho. Como theoria y praxis, la política, ahora, se enfrenta contra “algo” distinto, diferente. La política tiene que recuperar su condición de política, enfrentar al delito y superarlo. La confrontación, en consecuencia, no puede ser asumida según las formas adecuadas a la acción política convencional. Con un ganster no se llega a acuerdos ni  convenimientos, ni se compite en elecciones, ni se les pide conformar una coalición para formar un “gobierno de transición”. A un ganster se le pone en prisión, porque quien ha cometido un crimen y ha violado la oikonomía del ser social ha perdido sus derechos ciudadanos. Es el derecho contra el delito, no la venganza sino la penalidad que honra al delincuente al respetarle sus derechos y, al mismo tiempo, reivindica la función de la justicia. El fin de la criminalidad es la reconciliación de la política y del derecho consigo mismos.         

              

                  

Por José Rafael Herrera

@jrherreraucv

 

           

 


El cuerdismo en una sociedad enferma



El cuerdismo hoy y ayer.


El 25% de la población mundial tiene algún tipo de trastorno mental, lo que equivale a una de cada cuatro personas[1]. Sea mayor o menor el número de personas que viven con algún tipo de trastorno mental, no hay excusa para la discriminación. Nuestra cultura nos enseña a burlarnos y excluir a aquellos que consideramos “diferentes” y, en este caso, son muchas las personas que se encuentran marginadas por este motivo. Sin embargo, no nos paramos a pensar en que, en la sociedad que vivimos, todos estamos enfermos, a costa de que este tipo de sistema siga sobreviviendo. Y es precisamente porque la sociedad está enferma, por lo que se dan los diferentes tipos de discriminación, entre ellos, el cuerdismo.

La estigmatización de la enfermedad mental tiene muchas veces, como consecuencia, el autoestigma: “el estigma internalizado se ha relacionado con creencias de desvalorización y discriminación, con disminución de la calidad de vida, la autoestima, la autoeficacia y el agravamiento de los síntomas.”[2] De modo que además de soportar la carga de la opresión externa, podemos llegar a dañarnos todavía más a nosotros mismos con esa supuesta valoración negativa a la que debemos someternos.

“El estigma que este colectivo sufre no está sencillamente arraigado en la carencia de información, aun cuando también colabora negativamente sino que está arraigado en las personas, en las familias, en la sociedad misma.  Muchos de los mitos sobre el enfermo mental especialmente el de la violencia y el de la incapacidad son transmitidos de unos a otros, en las familias, en los medios de comunicación, en el cine, etc. contaminando todas las actividades sociales.”[3]


Cuerdismo en la sociedad.
“Extracción de la piedra de la locura”. El Bosco o de un seguidor del maestro. 1475-1480
                Haciendo un breve repaso a lo largo de la historia, diremos que, en la Edad Antigua se consideraba a las enfermedades mentales como posesiones demoníacas y se trataba a las personas con métodos mágico-religiosos. Sería en Grecia, donde se comenzaría a estudiar las enfermedades mentales desde una perspectiva científica. Los romanos, siguiendo el ejemplo de los griegos, afirmarían que “las pasiones y deseos insatisfechos actuaban sobre el alma produciendo enfermedades mentales”. Con la llegada de la Edad Media, se produciría una decadencia intelectual en Occidente, que conllevó el retorno de la consideración de las enfermedades mentales como posesiones demoníacas. El Renacimiento, dejando también mucho que desear, se convertiría en uno de los peores periodos de la historia de la psiquiatría y de los derechos de las personas afectadas por la enfermedad. En el periodo de la Ilustración, los individuos con enfermedades mentales, seguían sin correr mejor suerte, o eran internados como delincuentes, o vagaban solitarios siendo objeto de burlas y exclusión. Ya en el siglo XX, la utilización de psicofármacos produciría un gran avance en el campo de la psiquiatría. La antipsiquiatría, rechazaría el modelo tradicional del uso de manicomios o asilos. El enfermo mental, según esta corriente, no era un ser humano que debía ser tratado, sino la víctima de un sistema que crea malestar con la cultura.[4]

                El proceso de estigmaticación supone un conjunto de características:
“a) la distinción, etiquetado (labeling) e identificación de una determinada diferencia o marca que afecta a un grupo de personas. b) la asociación a las personas etiquetadas de características desagradables, en función de creencias culturales prevalentes. c) su consideración como un grupo diferente y aparte: “ellos” frente a “nosotros”. d) las repercusiones emocionales en quien estigmatiza (miedo, ansiedad, irritación, compasión) y en quien resulta estigmatizado (miedo, ansiedad, vergüenza) […] e) la pérdida de estatus y la discriminación que afecta consecuentemente a la persona o grupo estigmatizado, dando lugar a resultados diferentes y habitualmente desfavorables en distintas áreas. f) la existencia de factores o dimensiones estructurales que tiene que ver en último término con asimetrías de poder […] sin las cuales el proceso no funcionaría o, al menos, no con la misma intensidad ni con las mismas consecuencias para las personas afectadas.”[5

Entrevista


Aprovechemos la ocasión, para hacer una breve entrevista a Nacho Arteaga, psicólogo clínico, quien forma parte de la cooperativa A teyavana, Centro de Apoyo a la Integración en Salud Mental[6]:

-          ¿Cómo dirías que afecta el cuerdismo a tus pacientes?

“El estigma social, el autoestigma, las situaciones deshumanizantes en los ingresos hospitalarios así como la negación del propio poder de decisión del paciente sobre sus vidas o su tratamiento están, por desgracia, a la orden del día. Y de una u otra manera se hace patente en las personas afectadas, convirtiéndose estos factores en algo más a trabajar en consulta.

Los efectos de la discriminación por la condición de tener un diagnóstico de salud mental son múltiples y siempre están presentes de una u otra forma en las personas que atendemos. Desde  una pérdida del rol social con el consiguiente aislamiento o pérdida de relaciones personales debido a la incomprensión, pasando por una indefensión aprendida, asumiendo las limitaciones que la sociedad les impone como propias.  En ocasiones obstaculiza más el proceso de recuperación que los propios síntomas.”

-          Sabemos que vivimos en una época de grandes avances científicos, aun así, hay algunos tipos de medicación que tiene efectos secundarios notables, ¿cuáles son los efectos secundarios más habituales que pueden sufrir los pacientes?

“Si, así es, aunque sí es verdad que los fármacos de última generación provocan menos efectos secundarios visibles, todavía siguen estando presentes. Los más habituales son la sedación, somnolencia, temblores y dificultades a nivel sexual (falta de deseo, disfunción eréctil, anorgasmia..). En este sentido hay mucho por hacer todavía. A nivel farmacológico, mejorando los fármacos; a nivel médico escuchando al paciente y tratando de medicar a la baja. Pero a nivel usuario también hay mucho que hacer, en Ateyavana hablamos mucho sobre la importancia de “educar” a los psiquiatras. Hay que contarles qué efectos secundarios se sufren, exigir alternativas de tratamiento y buscar soluciones conjuntas. Si esto se obvia la salida que encuentran muchas personas es dejar la medicación de golpe con la frecuente consecuencia de una recaída y un ingreso hospitalario en el que serán de nuevo sobremedicados.”

-          ¿puede el tipo de sociedad en la que vivimos provocar problemas de salud  mental?
“No es que pueda provocarlos, es que de hecho los provoca.
Vivimos en una sociedad altamente exigente, estresora y competitiva, donde lo que prima es tener éxito, o al menos aparentarlo, donde se nos presiona a encajar en un molde en el que a veces no encajamos. Muchas veces el hecho de que no desarrollaremos un problema de salud mental depende de la forma en que consigamos modificar ese molde o de los factores de protección que tengamos alrededor o los que consigamos construir.”

-          Erich Fromm afirmaba que el concepto de salud mental en una sociedad depende del concepto de naturaleza humana que dicha sociedad tenga, ¿quién está enfermo, el individuo o la sociedad?

“Totalmente de acuerdo, lo que es normal, enfermo o loco se construye desde la sociedad con criterios estadísticos y sesgados por la cultura de quien define lo que está a un lado o a otro. El sufrimiento, en cambio, escapa a este sesgo. Es un medidor más fiable de lo que es un problema para la persona o su entorno. Por ejemplo, escuchar voces (alucinaciones auditivas) es un síntoma que es considerado un problema de salud mental, pero si esas voces en ningún momento me generan sufrimiento ni me dificultan el funcionamiento, no tiene por qué ser considerado un problema.

Algunas personas, por predisposición genética, aprendizajes, traumas, etc, pueden desarrollar dificultades a la hora de desenvolverse en esta sociedad ultra exigente y cuando esas dificultades son muy fuertes o se cronifican en el tiempo, la sociedad les aparta.
Más que personas con enfermedad mental prefiero pensar en personas que por un factor u otro desarrollan una mayor vulnerabilidad  al estrés en sus diferentes vertientes.
Si tengo que decantarme por “quién está enfermo”, en mi opinión la sociedad claramente.”

-          La sociedad va cambiando, y el trato a las personas con problemas de salud mental también, pero ¿cuáles dirías que son los avances que necesitamos de modo inmediato en el campo de la salud mental?

“Lo primero abrir el campo de la salud mental al resto de la sociedad, que los problemas de salud mental dejen de ser ese gran desconocido de la población general. Todo el mundo ha oído hablar de la esquizofrenia, pero muy pocos saben lo que realmente es, hace falta informar, romper estereotipos y sacar a la salud mental del “armario”.

También incluirla en educación, no sólo a nivel de información sino de entrenamiento en habilidades para cuidar nuestra salud mental. Si la educación emocional, la gestión del estrés o las habilidades sociales nos las hubiesen enseñado de pequeños hoy en día estaríamos mucho mejor.

También pienso que la atención sanitaria que se da en salud mental necesita mejorar con urgencia. Humanizar los tratamientos, eliminar determinadas prácticas como las contenciones mecánicas (atar con correas) en las plantas de psiquiatría y aumentar los tratamientos psicosociales donde las personas afectadas sean las protagonistas de su propio proceso de recuperación. No es descabellado, tenemos ejemplos en otros países…”

La salud social.


Erich Fromm ha definido el concepto de salud mental desde una perspectiva ética: que beneficia al ser humano y qué lo daña. Hay determinadas cosas que estimulan nuestro desarrollo, y otras que lo impiden, y como los seres humanos y la sociedad formamos una unidad, ya que la sociedad ejerce gran influencia sobre nosotros, Fromm no ve posible separar los términos sociedad y salud mental. El ser humano, además de luchar por sobrevivir, como el resto de animales, en nuestras sociedades, deberá luchar ante el peligro de “volverse loco”.

Mientras que, para Freud, el ser humano es asocial y necesita someterse para que la vida en sociedad sea posible; para Fromm, los seres humanos llegamos a una determinada sociedad que nos moldea, y esto, no es necesariamente positivo:

“Si los integrantes de una sociedad funcionan bien y se adaptan, pero al mismo tiempo se aburren, beben demasiado, pasan largar horas frente a la televisión y no pueden gestar su vida de manera creativa y espontánea, entonces la conclusión es que ocurre algo poco saludable. En analogía al concepto de carácter versus carácter individual Fromm formuló un concepto, que posibilita hacer una distinción entre neurosis individual y aquellos fenómenos colectivos, que no son considerados en principio neuróticos.”[7]

Fromm se refiere a ello como un defecto socialmente predeterminado[8]. Al ser experimentado por todos o la mayoría de los individuos de la sociedad, no lo vemos como un defecto, y lo asimilaremos como formar parte de un grupo.

“Supongamos que en nuestra cultura occidental dejaran de funcionar sólo por cuatro semanas los cines, la radio, la televisión, los eventos deportivos y los periódicos. Cerrados todos esos medios de escape, ¿cuáles serían las consecuencias para las gentes reducidas de pronto a sus propios recursos? No me cabe duda de que, aun en tan breve tiempo, ocurrirían miles de perturbaciones nerviosas, y que muchos miles más de personas caerían en un estado de ansiedad aguda no diferente del cuadro que clínicamente se diagnostica como neurosis.”[9]

Pero, ¿por qué está enferma la sociedad? La locura puede definirse como desequilibrio mental o social.[10] Las características principales de la patología global se observan en diferentes áreas: En lo referente al individuo, podemos encontrar el individualismo extremo, el narcisismo, la insensibilidad y la codicia. En torno a la familia, vemos la anomia (incapacidad de armonía familiar), la extinción de la familia natural, con la consecuente hegemonía de la familia proveedora que fomenta el individualismo extremo. La sociedad, por su parte, se caracteriza por la sujeción a lo material, relación de los antivalores (odio, codicia, envidia…) psicopatización colectiva “pérdida de los valores ético-morales, con asunción de roles disociales en perjuicio de la familia y la colectividad”, adicciones masivas, cultura tanática y machismo salvaje.[11]

“La adaptación nos ayuda a sobrevivir sí, pero ¿tú quieres sobrevivir o vivir?”[12] que la mayoría de las personas sean capaces de adaptarse a las sociedades contemporáneas, no quiere decir que puedan vivir, bajo esas circunstancias, plenamente. La alienación nos anula y nos enferma, con una de las patologías más comunes: la depresión. Alrededor de 300 millones de personas en todo el mundo sufren depresión, estando España situado como en cuarto país de Europa con más casos[13].

                Estemos “locos” o “cuerdos”, es de admirar a aquellos sujetos que no se someten al sistema que tanto nos oprime. A aquellas personas que, en vez de competir, colaboran; que en vez de discriminar o separar, incluyen. El cuerdismo es una de tantas discriminaciones impuestas por la sociedad y la cultura, a la que la mayoría de la población se somete sin cuestionarse las causas. Como siempre que nos sometemos a algo, sin tener un pensamiento crítico acerca de ello, perjudicamos a las personas involucradas y al conjunto de la sociedad.

                “Ese modo de negarse a sí mismo es, también, una forma de negar a los otros. La mentira con la que se ciega la propia libertad produce, al mismo tiempo, la falsedad y la doblez hacia los demás. Para ello, la “mala fe” tiene que alimentarse del miedo. Vivimos, a causa de esa originaria indigencia, en una existencia arriesgada; pero ese riesgo del vivir que nos pone en guardia ante distintos peligros, asume otros miedos que los propios: los miedos con los que la “mala fe” de ciertos intereses del poder nos angustian y nos oprimen. De esta manera, se va levantando en el individuo el complejo universo de la enemistad por el acoso de reales o imaginarios peligros.”[14]

                El tipo de sistema en el que vivimos conlleva a que estemos enajenados de nosotros mismos, de nuestros semejantes y de la naturaleza. Nuestro carácter nos empuja a traficar y a consumir, tanto objetos materiales como espirituales [15]; los autómatas en los que nos hemos convertido, no pueden amarse entre sí[16]. En nuestra cultura, en la que el éxito material constituye un valor dominante, no es de extrañar que las relaciones sigan el mismo esquema de intercambio gobernado por los bienes.[17] La exclusión social se convierte en una consecuencia directa de nuestro modo de vida, opuesto a la solidaridad y el apoyo mutuo. La teoría del más fuerte inunda nuestra mente, y no somos capaces de ver más allá, lo que nos beneficiaria tanto individualmente, como colectivamente. La sociedad está profundamente enferma, pero, ¿realmente es algo inamovible?


Referencias



[1] 1 de 4 personas en el mundo tiene un trastorno mental https://www.rtve.es/noticias/20161003/cada-cuatro-personas-mundo-tiene-trastorno-mental/1418640.shtml [09/07/2020]
[2] La estigmatización de la enfermedad mental https://www.isep.es/actualidad/la-estigmatizacion-de-la-enfermedad-mental-limita-al-paciente/ [09/07/2020]
[4] M. León Castro, Héctor. Estigma y enfermedad mental. Revista de psiquiatría y salud mental Hermilio Valdizan. Vol VI Nº1 Enero-Junio 2005. Páginas 36-40.
[5][5] López, Marcelino; Laviana, Margarita; Fernández, Luis; López, Andrés; Rodriguez, Ana María; Aparicio, Almudena. La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental. Una estrategia compleja basada en la información disponible. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2008, vol. XXVIII, nº101. Página 48.
[7] Ubilla, Enrique. El concepto de salud mental en la obra de Erich Fromm. Rev. Chil. Neuro-Psiquiat. 2009; 47. Página 159.
[8] Op. Cit. Passim
[9] Fromm, Erich. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Fondo de Cultura Económica. México. 1956. Página 22.
[10] Dimeo Coria, Mauricio. Filosofía para una sociedad enferma. Editorial Académica Española. 2016. Página 9.
[11] Nizama-Valladolid Martín. Sociedad enferma. Revista IIPSI. Vol. 18, nº1. 2015.Página 156-158.
[12] “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma” https://www.ecorganicweb.com/arnau-benlloch3/ [10/07/2020]
[13] España, cuarto país de Europa con más casos de depresión. http://www.medicosypacientes.com/articulo/espana-cuarto-pais-de-europa-con-mas-casos-de-depresion [10/07/2020]
[14] Lledó, Emilio. Ser quien eres. Ensayos para una educación democrática. Prensas universitarias de Zaragoza. Zaragoza. 2009. Páginas 56-57.
[15] Fromm, Erich. El arte de amar. Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona. 1959. Página 110-112.
[16] Op. Cit. Página 130.
[17] Op. Cot. Página 16.

¿Quién piensa concretamente? (Wer denkt konkret?)



            No son pocos los que suelen autodefinirse como “realistas”, aunque cabe advertir -por si las dudas- que quienes gustan definirse de ese modo poco tienen que ver con los que, en otros tiempos, representaban a los nobles y comprometidos caballeros, defensores de la “realeza”. En todo caso, a lo que algunos de ellos sí se aproximan es a la definición de los afanosos amantes de “los reales”, que es otra cosa. Pero, más específicamente, aquí el término “realistas” hace referencia a los que dicen prescindir de las fantasmagorías y los insondables fastidios del pensamiento abstracto, para concentrarse, más sensatamente, en los pensamientos “sólidos” que brotan de la experiencia misma, esos que son tangibles, “positivos”, acordes con la naturaleza propia de “la realidad concreta”, tan dura y pesada como un ladrillo. Coinciden -quizá sin haberse percatado de ello, o tal vez como consecuencia de tanta concreción- con Hugo Chávez, quien en una de sus insufribles cadenas televisivas definió el sentido común -Descartes por delante- como “la cosa mejor repartida de este mundo”, porque, en su opinión expertísima, todo el mundo tenía y disfrutaba equitativa y democráticamente de “el sentido del tacto, del olfato, del oído, del gusto y de la visión”. ¡Oh sublime y dulce poesía, para las largas y agudas orejas de tan refinados hinchas, de tan acerada formación metafísica!

            Lo curioso es que, a pesar de haber hecho uso -y no pocas veces abuso- de los mencionados cinco sentidos, el citado profeta de “lo concreto” no parece haber dado las mayores muestras de sentido común, para no tener que decir de buen sentido. Y es improbable, en consecuencia, que aquello a lo cual se refería el racionalista Descartes en su Discurso del Método tuviese algo que ver con “los sentidos” a los que hacía mención el flamante Sócrates de Sabaneta. Más que de metafísica, cosas de  geografía. Porque quién sabe si, en vez de Zaraza, resulta ser Sabaneta la auténtica “Atenas del llano”. Sólo se sabe que no se sabe. A pesar de la cicuta cubana, algún inaudito cartel, roído y amarillento, venido a menos, aún pareciera indicarlo: “Aquí no se habla mal de Sócrates”. Al parecer, últimamente las cosas no le han salido del todo bien a la versión retaca de Alcibíades, hijo insigne del Furrial.

     ¡Si supieran los amantes de la sensorialidad, de lo empírico, de la “auténtica realidad”, esos que tanto huyen de las abstracciones como de la pandemia, que la conquista de lo concreto no consiste en darle la espalda a las abstracciones y voltear sus sentidos para estrellarlos contra la dura “realidad” sino, precisamente, en poder traspasar las abstracciones, saber destejerlas y volver a entretejerlas! Se trata de superarlas y conservarlas, como observaba Hegel. Porque el único modo posible de conquistar lo concreto -Marx dixit- es “por la vía del pensamiento”. En una expresión, y paradójicamente, aquellos que se autodefinen como los más realistas de todos, los mayores cultores de la realidad, los detractores de las gaseosas y fantásticas abstracciones, son, en verdad, los más abstractos de todos, por más que se nieguen a creerlo y, en consecuencia, a aceptarlo.

            Qué sea lo concreto depende de una adecuada definición de lo abstracto, porque se trata de términos opuestos correlativos. No es que lo abstracto sea motivo de desprecio sino más bien de temor. Tampoco se trata de que las abstracciones resulten ser muy comunes, sino de que, por el contrario, son imaginadas como cosas muy elevadas y distinguidas, aunque de poca utilidad “práctica”. Y sin embargo, se trata de presuposiciones que poco o nada tienen que ver con la realidad a la que tanto se suele apelar. Son los prejuiciosos y los insensatos los que piensan abstractamente, no los juiciosos ni los sensatos. Bastará con un ejemplo para mostrarlo. Un dirigente político ex-chavista es sometido y llevado a la prisión del gansterato. Para el común de la gente opositora, el dirigente en cuestión ahora sufrirá en carne propia lo que tantos opositores han sufrido. “¡Se hará justicia!”. Quizá alguien llegue a afirmar que, en el pasado, el dirigente se equivocó, que tuvo una idea errada de los narco-gansters, que en su momento creyó en la buena fe de quienes ofrecían cambio, equidad, justicia y más democracia. Pero unos cuantos afirmarán que esa opinión es insensata y hasta terrible. “¿Cómo puede haberse equivocado un malandro?, ¿cómo alguien puede atreverse a pensar que ese desgraciado rectificó y afirmar que, por más que desde hace años luche en contra del régimen, se le pueden perdonar sus vínculos históricos con esa gente? ¡Bien bueno que lo apresaron! Los que opinan de ese modo deberían estar acompañándolo en la cárcel, y deberían ser torturarlos también!”. Y agregará algún fiel seguidor del cristianismo más puro: “¡esa es la verdadera corrupción de la moralidad!, ¡Es culpa del izquierdismo que prevalece entre los intelectuales universitarios!”.


            Esto significa pensar abstractamente: no ver en el dirigente incriminado más que una parte de su trayectoria política y fijarla, es decir, que fue chavista y, a través de esa única caracterización, anular de un plumazo todo el resto de sus experiencias existenciales, políticas, sociales. En fin, el resto de sus determinaciones. Poco importa que el dirigente en cuestión comenzara oponiéndose a los abusos de un régimen que fue haciéndose progresivamente menos político, menos vinculado a una determinada concepción del mundo y de la vida y, en esa misma medida, más corrupto y delincuencial, más cínico, más cruel. Como tampoco importa que ese dirigente, que pudo perfectamente haberse “hecho el loco”, no se dejara comprar, ni se hiciera el de “la vista gorda”, con lo cual hubiese sido premiado. Y es probable que lo hubiesen nombrado gobernador, alcalde, ministro o embajador. Se lo hubiese ganado, sin duda, con “el sudor de su frente”, lo que para un ganster del cartel significa adular, vestir de rojo sangre, aplaudir como una foca, sacar el “carnet de la patria”, repetir viejas e insostenibles estupideces y, sobre todo, mantener cerrado “el pico”. Pero no. El hoy preso de la “justicia” gansteril -vaya usted a saber el tamaño de semejante contradicción- tomó la decisión de unirse a la lucha contra la disolusión de la democracia, la desvergüenza, el robo sin miramientos, el saqueo de lo que queda de país, la destrucción del aparato productivo y de las fuerzas armadas, el amordazamiento de los medios de comunicación y la hambruna general, el entierro de las universidades y del sistema de salud pública, los asesinatos extra judiciales y los encarcelamientos masivos, entre otros rubros de no poca importancia. En fin, decidió sumarse a lo concreto, a la síntesis de múltiples determinaciones, a la comprensión unitaria de lo diverso. Todo ello, a pesar de los que tadavía creen que las abstracciones pertenecen exclusivamente a las matemáticas o -¡peor aún!- a la filosofía. El precio de asumir el pensamiento concreto no ha sido bajo. Hoy celebran las voces del gansterato y celebran la de los fariseos, igualmente incultos, igualmente abstractos.



conservar y superar
  Dos personas concreciendo.  


        Pensar concretamente nada tiene que ver con lo sensorial e inmediato. Más bien, es la antítesis de la inmediatez. Nada tiene que ver con lo empírico, ni con el mero uso de los sentidos. Si los sentidos fuesen el sustento de lo concreto el mundo no estuviese en manos de los secuaces de Pavlov. El mundo del pensamiento abstracto, de las meras sensaciones y representaciones, es pre-civil, propio del reino animal. Lo concreto es lo que concrece, el devenir de lo que se construye con el pensamiento, no lo dado, ni lo inmediato, sino aquello que va con-creciendo, lo que crece-con la superación de la inmediatez -propia de los inmediatistas-, hasta descubrir detrás de las abstractas apariencias la auténtica realidad.
           
              
Por José Rafael Herrera
@jrherreraucv
                       
           
           
           

La tiranía del especismo.

Especismo cruel


Es habitual escuchar que el veganismo está de moda. ¿Es una moda el hecho de no discriminar a alguien? ¿o es un avance ético que se niega a someterse a una moral impuesta? Discriminar a alguien, con la excusa que sea, siempre genera la misma consecuencia: violencia, en cualquiera de las formas que pueda manifestarse. Han salido a la luz numerosos reportajes que reflejan el holocausto animal y, aun así, las prácticas abusivas a las que sometemos a los animales no dejan de crecer. Alimentación y vestimenta basadas en productos de origen animal, experimentación con animales, zoológicos, mascotismo, etc., son muestras de cómo nos comportamos con quienes consideramos inferiores. 
Realmente no necesitamos consumir productos de origen animal para mantener una alimentación sana y equilibrada, pero, sin embargo, esta información no es suficiente para terminar de una vez por todas con el hacinamiento y la tortura de diferentes animales no humanos. 


“En un estudio acerca de la alimentación sin carne y sin productos animales, la Academia de Nutrición y Dietética (previamente llamada Asociación Estadounidense de Dietética) ha llegado a una conclusión muy clara. Ha afirmado de forma concluyente que dejar de comer productos animales no implica ninguna clase de riesgo para la salud en ninguna etapa de la vida. De hecho, puede conllevar ventajas en comparación con las dietas que incluyen productos animales.”


¿Qué es lo realmente radical, dejar de consumir productos de origen animal o seguir consumiéndolos, sin necesidad, sabiendo que causan la muerte y el sufrimiento de innumerables animales? Entendiendo por tiranía, opresión o abuso, y por especismo, la “discriminación de los animales por considerarlos especies inferiores”, será nuestra obligación cuestionar la moralidad impuesta y esa supuesta racionalidad que nos empuja a la colaboración directa y/o indirecta del maltrato animal.


“[…] casi todo lo que hacen los hombres no brota del capricho de un único momento, sino de una costumbre que está anclada en la identidad.”


Siguiendo con el ejemplo de la alimentación, sabemos que lo que comemos nos lo dice la costumbre, inserta en la cultura. Pero deberíamos saber también, que el Sapiens imploraba el perdón de los espíritus de los animales que mataba, mientras que en la actualidad, cegados por nuestros hábitos, ni siquiera nos planteamos que tenemos un animal muerto en nuestro plato, y mucho menos el proceso por el cual los animales pasan hasta que llegan las neveras. 


Sin embargo, el veganismo va más allá de la alimentación, y rechaza cualquier tipo de opresión hacia los animales. Pensemos otro ejemplo con la experimentación animal:


“El tipo de conflictos a los que dan lugar los procedimientos experimentales son un buen escenario para el análisis porque se trata de conflictos morales genuinos. Pues si no queremos ser especistas, hemos de tratar la cuestión como un choque de intereses básicos de seres con igual valor intrínseco. Por un lado, el interés de no sufrir y de vivir de los animales con los que se va a experimentar, y por otro, el interés por parte de los seres humanos de disponer de productos que repercutan positivamente en su salud y bienestar.”


Olga Campos y Francisco Lara explican que la justificación de la experimentación animal por parte de los científicos se encuentra en base a dos premisas: por un lado, la afirmación de que los grandes avances científicos se han conseguido gracias a la experimentación animal, por otro, la idea de que protocolos alternativos tendrían consecuencias negativas para los seres humanos.  Veamos unos ejemplos de experimentación animal: antes de que se produzca la comercialización de determinados productos como, por ejemplo, insecticidas, anticongelantes, lejías, detergentes, etc., se testan en animales. El test más conocido es el LD 50 o Dosis letal 50%, se trata de forzar a los animales a ingerir grandes cantidades del producto, sea este poco o muy dañino, hasta que mueran la mitad de los animales del experimento, siendo asesinados también los animales que sobrevivan. Por otra parte, los cosméticos y otras sustancias, se prueban desde los años 40 con el test conocido como Draize, para determinar lo irritante que es una sustancia se coloca a los animales en un dispositivo que les deja fuera solo la cabeza, aplicándoles la sustancia en los ojos y abriéndoselos y cerrándoselos a voluntad del experimentador. 


La experimentación con animales es una práctica habitual de la ciencia: la vivisección es la experimentación que se lleva a cabo sobre las siguientes áreas: ciencia básica, experimentación química, experimentación médico-farmacológica, experimentación cosmética y experimentación militar. La vivisección es la disección de un animal vivo, la palabra “disección” procede del latín dissecare: cortar en pedazos.

“La disección consiste en cortar y estudiar animales. Cada año, 5.7 millones de animales son empleados en clases de ciencia de colegios secundarios y universidades. Cada animal rebanado y dispuesto como residuo no sólo representa una vida perdida, sino un eslabón de una larga cadena de maltrato a los animales y violencia innecesaria contra el medio ambiente.”


Aristóteles fue de las primeras personas en realizar disecciones en animales no humanos, prácticas que siguieron extendiéndose con el paso del tiempo y convirtiéndose cada vez en más habituales y crueles. Será hasta en siglo XX que podemos considerar a la ética como antropocentrista. El antropocentrismo es la tendencia a considerar al ser humano como medida y centro de todas las cosas, ¿por qué no asumimos que somos un animal más?


“La tendencia actual en el uso de animales experimentales es la de una visión antropocéntrica, en la que se reconoce al ser humano como el único ente moral. En el antropocentrismo fuerte el ser humano tiene todas las prerrogativas para manipular y usar los recursos naturales a su antojo. Bajo la cultura de las transnacionales y la globalización se apuesta por una sociedad impulsada por el lucro en que el uso de los recursos de la naturaleza es ilimitado siempre que produzca beneficios.”


El abuso hacia los demás animales podemos comprenderlo mejor si estudiamos el término especismo: es la creencia según la cual el ser humano es superior al resto de los animales, y por ellos puede utilizarlos para beneficio propio. Sin embargo, este término viene utilizándose desde que en 1970 lo acuñara Richard D. Ryder, psicólogo, filósofo y activista por los derechos de los animales. Corine Pelluchon, especialista en filosofía política y moral, en su Manifiesto Animalista del año 2017 define el especismo como una discriminación basada en la especie que desprecia los intereses de los que no son humanos y les utiliza como medios para lograr fines, afirmando que la violencia ejercida contra los animales no humanos está basada en prejuicios y, por lo tanto, es ilegítima. 


“El respeto por la vida de los animales es la razón principal por la que muchas personas rechazan los experimentos con animales. Pero incluso si se enfoca en los humanos como la justificación ética de los experimentos con animales, el enfoque es equivocado. No existe un dilema ético «sufrimiento animal en lugar de sufrimiento humano», sino abundantes pruebas científicas que evidencian que los experimentos con animales perjudican a los humanos en lugar de beneficiarlos.”


A día de hoy se habla de medicina individualizada, si los individuos no son comparables entre sí, más difícil será que lo sean con los animales no humanos. Hay muchas de las enfermedades que afectan a los humanos y que no ocurren, o raramente lo hacen en animales, como puede ser el Alzheimer o el Parkinson. Sin embargo, los animales son manipulados hasta que manifiesten síntomas semejantes a los de la enfermedad. Poniendo un ejemplo, en la investigación de la depresión, las ratas son colocadas en tanques de agua de los que no pueden escapar, siendo consideradas depresivas si dejan de nadar.


“Muchos experimentos con animales se realizan solo para desarrollar tales modelos animales. Posteriormente, se prueban medicamentos u otras formas de terapia en estos modelos animales. Si el síntoma desaparece, se supone que se ha encontrado un remedio para la enfermedad humana en sí misma y se ignoran los aspectos cruciales de la enfermedad en humanos, ya que los síntomas inducidos artificialmente no tienen nada en común con la enfermedad humana real que deben simular.”


Que una práctica se convierta en costumbre, no quiere decir ni que sea correcta, ni que sea la mejor vía posible. ¿Realmente es necesaria la experimentación con animales no humanos? Si no lo es, ¿por qué seguimos perpetuando y permitiendo tales prácticas crueles en vez de buscar una solución efectiva?


Sea cual sea la forma en la que se manifieste el especismo: comprando un animal (no es lo mismo que adoptar a alguien que no tiene hogar) que posiblemente sea abandonado, sufra falta de cuidados, cría intensiva, etc; asistiendo o permitiendo las “corridas” de toros, colaborando con la continuidad de los zoológicos, la caza, la pesca, la alimentación o vestimenta basada en productos de origen animal, etc.; supone la manifestación de la consideración de los animales no humanos como objetos, como cosas vendibles o comprables, como si su vida no tuviera el mismo valor que la de los animales humanos. Excusándonos en la costumbre y en aquél maldito concepto de normalidad, continuamos las prácticas que nos perjudican y con las que perjudicamos a los demás. “Que algo esté normalizado no quiere decir que sea correcto”, es una frase con la que aparentemente todos estamos de acuerdo, solo queda ponerla en práctica, tanto en lo referente a la discriminación y el abuso de animales, como en nuestras relaciones y formas de vida que puedan resultar opresivas para alguien. ¿Acaso no somos aquél animal racional del que tanto presumíamos? ¿Somos capaces de superar los límites de una cultura y una racionalidad heredada e impuesta? ¿O únicamente nos dejamos llevar por la corriente sin preguntarnos qué podríamos hacer para mejorar nuestra calidad de vida y la de nuestro entorno? ¿Somos capaces de pensar y decidir por nosotros mismos, o simplemente aceptamos los criterios de normalidad por miedo a salir de la norma establecida? ¿En qué nos convertimos si solo obedecemos a los intereses de un mercado y desconocemos los nuestros? Sapere aude! Nos rogaba Kant en ¿Qué es la ilustración? ¡Atrévete a pensar! Considerando que somos menores de edad, en la medida en que no damos ese paso. ¿Podemos afirmar que decidimos la forma en la que vivimos, como hacemos las cosas, o que decisiones tomamos?



Notas.

[1] Horta, Oscar. Un paso adelante en defensa de los animales. Plaza y Valdés. Murcia. 2017. Páginas 138-139.
[3] Wolf, Ursula. Ética de la relación entre humanos y animales. Plaza y Valdés. Madrid. 2014. Página 167.

[4] Lenoir, Frédéric. Carta abierta a los animales (y a los que no se creen superiores a ellos) Editorial Planeta. Barcelona. 2018. Página 30.
[5] Campos, Olga. Lara, Francismo. Sufren, luego importan. Plaza y Valdés Editores. Murcia. 2015. Página 82.
[6] Op Cit. Página 83.
[7] Op Cit. Páginas 22-23.
[8] Leyton, Fabiola. Problemas bioéticos de la experimentación con animales no humanos. Página 2.
[9] Vivisección Wikipedia. [19/04/2020]
[10] Disección. Wikipedia [19/04/2020]
[11] Vivisección: una lección de crueldad. https://www.animanaturalis.org/818 [19/04/2020]
[12] Álvarez-Díaz, Jorge Alberto. La controversia sobre la vivisección. Acta Bioethica 2007; 13 (1). Páginas 54-55.
[13] Rodriguez Yunta, Eduardo. Desafíos éticos de la investigación con animales, manipulación genética. Rev Peru Med Exp Salud Pública. 2012; 29 (4): 535-540. Páginas 7-8.
[14] Especismo. https://dle.rae.es/?id=GX58T29 [19/04/2020]
[15] Especismo. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Especismo. [19/04/2020]
[16] Pullechon, Corine. Manifiesto animalista. Barcelona. Penguin Random House Grupo Editorial. 2018.
Páginas 29-33.
[1] Argumentos científicos contra la experimentación animal. https://alternativaexperimentacionanimal.addaong.org/argumentos-cientificos-contra-la-experimentacion-animal/ [19/04/2020]
[1] Op. Cit.


Herbert Marcuse, 122 años de una nueva sensibilidad


 "La razón exige por motivos transcendentales que haya una comunión del impulso formal con el material, esto es, que exista un impulso de juego, porque sólo la unidad de la realidad con la forma, de la contingencia con la necesidad, de la pasividad con la libertad, completa el concepto de humanidad."
Fedrerinch Schiller
(Cartas para la educacion estetica del hombre: XV, p.233, § 4). 


Marcuse ha planteado el estudio de las posibilidades objetivas y subjetivas de una praxis política emancipadora en medio de las crecientes tendencias  de «Unidimensionalización» de las sociedades industriales avanzadas. A través de  un pensamiento  que combina sociología y psicoanálisis, logró mostrar como la racionalidad instrumental, llevada por las instituciones sociales, penetra en la existencia individual (en la infraestructura libidinal), hasta reducir la realidad total a la dimensión única del hombre administrado.



Herbert Marcuse 



Nuestro «principio de actuación», forma histórica del «principio de realidad», es el principio de la opresión voluntaria, aquella que logra conjugar la explotación y el placer como mejores formas de dominación. Siguiendo la segunda tópica de Freud, el Yo entendido como una doble naturaleza de racionalidad y sensibilidad, es la síntesis del movimiento dialéctico de la psique psicoanalítica en tanto impulso de juego. No obstante, Marcuse muestra esta posibilidad negativa del Ello ya no como la mera sumisión a los mandatos y requerimientos del Superyó Ideológico Capitalista, expresados en la disposición de necesidad del yo, sino la vinculación de ambos principios (de placer y de realidad) como absoluta libertad del Ethos estético. El yo es para Marcuse, aquel vacío motor del devenir del aparato psíquico.

A través de un pensamiento que combina sociología y psicoanálisis, logra mostrar cómo la racionalidad instrumental, llevada por las instituciones sociales de la forma de vida capitalista, penetra en la existencia individual (en la infraestructura libidinal), hasta reducir la realidad total a la dimensión única del hombre administrado. Un recorrido por tres de las obras más importantes de Herbert Marcuse, El Hombre Unidimensional (1964), Eros y civilización (1955) y Un Ensayo sobre la Liberación (1969), en donde aparece formulada la tesis según la cual la Libido y la Sociedad están sumamente imbricadas la una y la otra, que se pierde de vista el claro hecho de que la articulación de los mecanismos de reproducción de la sociedad capitalista se enraízan en la estructura libidinal del individuo particular. El individuo dentro de sí posee todos los elementos constitutivos por medio de los cuales la sociedad se da vida en él; es decir, se debe considerar materialmente las posibilidades atrofiadas, tanto para la sociedad como para el individuo al examinar la filogénesis de la sociedad represiva y la ontogénesis del individuo reprimido; para luego mostrar la existencia de una negación inmanente de tales tendencias.Lo anterior, hace que tanto la sociología como el psicoanálisis, derriben cualquier frontera entre ambas. 

El desarrollo libidinal del aparato psíquico viene a recapitular el desarrollo de la sociedad y viceversa. Este argumento, mantiene en movimiento la dialéctica entre el individuo y la sociedad, teniendo a la libido – y su organización- como el punto mediador entre ambos. En la mirada de Marcuse el desarrollo histórico del proceso filogenético (paso de la horda primitiva a conglomerados humanos más complejos) se ha constituido, al ser la génesis de la conciencia moral, como el secreto de la esclavitud del hombre por el hombre. La concepción de Freud en el Malestar en la Cultura (1930) y aún más en Psicología de las Masas y Análisis del Yo (1921), suponía la constitución de una conciencia moral, de un «Súper Yo», como resultado de la lucha contra el padre (líder primordial de la horda), representante paradigmático del «principio de realidad». De esta manera, la aparición de esta conciencia moral, significó la subversión de las pulsiones mismas. 

Así, lo que llama Marcuse como «principio de actuación» es la forma histórica del principio de Realidad Freudiano, utilizando el concepto de «represión excedente» para mostrar que en el desarrollo histórico de la civilización humana surgen instituciones sociales específicas para la dominación. La «represión excedente», es la represión adicional o sobrante de la necesaria para la existencia humana; es decir, se eleva mucho más de la conservación de la organización del trabajo social para la preservación de la vida justificándose solamente en el dominio racionalizado. Las sociedades modernas funcionan bajo el principio de autonomía y libertad; salvaguardadas en el marco de la sociedad del control, de la sociedad unidimensional que hace de la libertad el mecanismo más eficaz para la dominación. Las normas son justas porque se reconoce en ellas el interés general y el crecimiento del conformismo de masas, fiel expresión de conducta política unidimensional en donde la vida administrada – producto del constante movimiento del Estado de bienestar y el Estado de Guerra- es la buena vida de los borregos manipulados conducidos inconscientemente a las puertas de su propia enajenación. Con la mayor satisfacción de las necesidades de la mayoría de la población, se reproduce con mayor contundencia el sistema de dominación. 

Ahora bien, la dialéctica del progreso (ilustrasión) impone ver su «negatividad», en la que la racionalización sobre la naturaleza, deviene en dominio sobre el ser humano mismo, relacionándose el progreso con el estado de no libertad fundado en la técnica. El método de concreto-abstracto-concreto en Herbert Marcuse se evidencia en tanto que su argumentación y formulaciones teóricas parten de la totalidad real, en la que a través de su desarrollo está produciendo su propia negación. Por ejemplo cuando considera el movimiento Estudiantil, dirá Marcuse en 1968 “Quizás tenga el poder de doblegar la política norteamericana. Pero no el propio sistema. El marco de la sociedad permanecerá igual” (12). Ahora bien, a través del movimiento estudiantil se demuestra que el concreto pensado proviene verazmente del concreto real. El concepto de nueva sensibilidad aparece como su desarrollo en las diferentes tendencias estructurales objetivas (aparición de un sujeto libre dentro del reino de la necesidad, alteraciones de las estructuras capitalistas que alteran las bases de la organización del sujeto histórico tradicional y el giro del énfasis objetivo al subjetivo en el propio proceso de producción) que permiten la esperanza de su realización y como tal esperanza, sigue siendo un concreto pensado.

La evidente contradicción de las fuerzas productivas (tecnología con la potencialidad de la liberación) y las relaciones de producción (lucha por la existencia) muestran que la nueva ilustración se expresa en el movimiento estudiantil en tanto este está revistiendo la forma de nuevo sujeto histórico en el ejercicio de su praxis que une tanto teoría e imaginación, tratar de traducir a la realidad las ideas y los valores más avanzados de la imaginación: “el aspecto más interesante de la “revolución de mayo”, la unión de Marx y André Breton. La imaginación en el poder, eso sí que es revolucionario” (Marcuse, 1968:14). El arte posibilita una «nueva experiencia de la conciencia», hace del hombre un animal reconciliado con la naturaleza y, de la libertad el ámbito pleno de la experiencia estética. 

La historia en tanto proyecto productivo y creativo en un ambiente de libertad, es parte activa de los proyectos de la imaginación; la sociedad toda sería mímesis de la forma de libertad. La consciencia liberada promueve que la técnica devenga en arte y que el arte construya la realidad. Es decir, el impulso Formal, como principio de realidad, así como el sensible, como el principio de placer, son autónomamente liberados a través del impulso de juego creativo, característico del arte, el cual se materializa en el Yo libre, la consciencia Autónoma, poseedora de la nueva sensibilidad que le permitirá desplegar una praxis política emancipadora. La nueva sensibilidad es la apertura instintiva para una “[…] realidad formada por la sensibilidad estética del hombre […]” (Marcuse, 1969, p. 27).

¿Cómo podemos imaginar un horizonte así? Marcurse (1995) es habilidoso con el discurso, pero sabe que detrás su dialéctica se esconde la determinación real del movimiento de la antropología crítica sobre el proceso civilizatorio: el intento de trazar un horizonte cultural más allá del propio «principio de actuación» es «irrazonable», en el sentido de que ya estamos en la jaula de la racionalidad, si razonamos, estaremos inmersos en sus propios artilugios (p. 151). Sólo la facultad de imaginar puede ir más allá de la razón; posee la posibilidad de construir puentes entre el placer y la restricción, en si misma la fantasía “[…] es cognoscitiva en tanto que preserva la verdad del Gran Rechazo, o, positivamente, en tanto que protege, contra toda razón, las aspiraciones de una realización integral […]” (ibíd.). Lo que Marcuse (1969) llama precisamente como una nueva manera de sentir, es una manera de rechazar, un existir en el rechazo constante del orden establecido, negarlo hasta sus ultimas consecuencias; producir las grietas en él a partir de agrietarnos a nosotros mismos, al rechazar nuestas propia manera de sentir el mundo, ya que de entrada sabemos que hemos sido atrofiados para la sensibilidad real y autonomía.

Marcuse (1995, p. 153 y p. 155) declara la necesidad de irse contra Prometeo, regresar al ocio, al juego y a la inutilidad de los placeres, reivindicar a Orfeo y a Narciso, como lo contrapuesto al imperio de esfuerzo, de la fatiga y el trabajo, de la supremacía del progreso y de la represión erótica. Debemos liberar el tiempo, volver a un encuentro con la naturaleza, jugar en el trabajo por la existencia y trabajar jugando; construir un orden sin connotación represiva, un eros libre. Es esta la «praxis política», una subversión en la infraestructura libidinal, una rebelión en la cultura como principal ámbito de subversión política. 

De igual manera en la Sociedad Industrial Avanzada la tecnocracia está desplazando al proletario como el en si de la revolución y el movimiento paulatino del proceso de producción muestra al estudiantado como el en sí y el para sí de la revolución. A hora bien, es concreto solo pensando, ya que el movimiento estudiantil no tiene la suficiente masa revolucionaria que le dé la suficiente fuerza como para destruir todo el sistema no obstante como la teoría marxista advierte, el concreto pensado es la verdad de la alternativa:
“Soy optimista, porque creo que jamás en la historia de la humanidad han existido, en tal grado, los recursos necesarios para la creación de una sociedad libre .Soy pesimista, porque creo que las sociedades establecidas, la sociedad capitalista en particular, están organizadas y movilizadas en su totalidad contra esta posibilidad” (Marcuse, 1968: 15).  
Pensar la actualidad del pensamiento crítico de H. Marcurse es pensar la necesidad de la formación de esa «nueva sensibilidad» en los movimiento sociales y políticos de latinoamerica, de Colombia y particularmente de la ciudad de Medellín, puesto que cada día más la formación de las subjetividades se encuentra sobre procesos de preconstrucción y administración, de tal forma que es muy difícil transparecér su autoformación autónoma. No es la obra de Marcurse quien nos interpela, sino nuestras circunstancias históricas que nos colocan en la obligación de cuestionarnos frente a los problemas que otrora formulará. No es una invitación de pensar a Marcuse, como exegetas, sino de pensar la praxis política cuestionando el hecho de que la sociedad carnívora, sobre la que dirigió su crítica, todavía tenga vigencia, todavía nos devora con sus experiencias placenteras. Cuál es el nivel de nuestro sentimiento de conformidad con la actual forma de vida, cómo nos sentimos y nos movilizamos con los actuales modos de sentido, qué tan placentero nos resulta nuestra propia alienación? Sólo así podemos dar un primer paso en la liberación definitiva de nuestros pueblos y de nosotros mismo ante la administración de la civilización del capital.


Referencias explicitas e implícitas:
Herbert, M. (1969). Un Ensayo Sobre La Liberación. Sevilla-España: Doble JJ.
_________. (1968). El Hombre Unidimensional. Barcelona: SEIX BARRAL.
_________. (1979). La Rebelión de los Instintos Vitales. Trad. Guillermo Hoyos Recuperado de http://www.bdigital.unal.edu.co/22694/1/19341-63583-1-PB.pdf 
_________. (1995). Eros y Civilización. Bogotá: Planeta-DeAgostini.

_________. (2007). La Dimensión Estética. Madrid: Biblioteca Nueva S. L.