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Laberintos

  

“No habrá nunca una puerta. Estás dentro

y el alcazar abarca el universo

y no tiene ni anverso ni reverso

ni extremo muro ni secreto centro..

Es de hierro tu destino

como tu juez..”

                 Jorge Luis Borges, El Laberinto

 

 

laberinto y minotauro

 


            El laberinto es uno de los símbolos histórico-culturales que refleja con mayor precisión -aunque, no pocas veces, dialécticamente invertida- la propia interioridad del Espíritu. Es, de hecho, una de las mayores alegorías de su complejidad. Las galeras de “la mente heróica” viquiana son laberintos que se transitan una y otra vez, en un recorrido de confusos y ansiosos senderos que con inesperada frecuencia se interrumpen, se bifurcan y se quiebran, sin principio ni fin, y que, siempre de nuevo, deben ser re-iniciados, re-trazados, re-transitados en busca de una salida, para no perderse, que termina siendo un nuevo -aunque siempre viejo- comienzo. La vida es historia y nada más que historia, si por historia se comprende no la memoria sino el recuerdo del propio calvario: un hacer que es un pensar y un pensar que es un hacer en continua, perenne, construcción, destrucción y reconstrucción. Pero, por eso mismo, la historia es el laberinto por el que, paso a paso, la humana voluntad inevitablemente transita, no sólo para encontrarse -o extraviarse- en y con el mundo, sino, y al mismo tiempo, para encontrarse -o extraviarse- en sí y consigo misma. Un laberinto infinito, en forma de espiral, cifra los caracteres del código genético de la humanidad.

            Como el universo entero, o como la propia existencia, el laberinto es señal de desafío, de reto, pero también de temor y engaño o, peor aún, de autoengaño, si es verdad que en él se representa el proceso incesante de transformaciones de toda posible experiencia humana que, de continuo, debe enfrentar la aterradora caída en el abismo o en la suprema elevación. Cada época -y, por esa misma razón, cada quien- se va labrando su propio laberinto. El escenario está servido. Ahora cada quien debe asumir sus acciones y sus consecuencias. Y -¡oh sorpresa!- en el interior de sus pasadizos el uno deviene dos, porque en él se asiste al desdoblamiento del sí mismo, al ese otro de este otro. Es la confrontación de la voluntad y el destino, del justo frente a la bestia, del monstruo y del virtuoso que cada quien lleva por dentro, en sus entrañas. Son uno que son dos, dos que son uno. ¿Quién vence? ¿Quién termina por imponerse? Llega el momento crucial, el de quien busca permanecer impune en la crueldad de las sombras y el de quien pugna pacientemente, aquel que se impone a la fuerza de la barbarie venciéndola y, en virtud del re-cordar, sale a la luz, arrastrando con él al monstruo que ha vencido. Son, en fin, la trama, los elementos esenciales, de la confrontación del Minotauro, mitad toro mitad hombre. Teseo ha vencido a su propia naturaleza. Los hilos del re-cuerdo siempre salvan.

            La primera noticia del laberinto es egipcia. Labi Ro Hunt quiere decir “templo a la orilla del lago”, y hace referencia a la fortaleza de Bikrat Qarum ubicada junto al lago Moeris al sur de El Cairo, construido de tal forma que resultaba impenetrable para sus eventuales invasores, dada la cantidad de pasadizos premeditadamente diseñados para confundirlos. Para los griegos, la palabra proviene de la contracción de lábyros (cueva, cavidad) e intos (hacia adentro), un lugar del que difícilmente se puede salir. Los latinos emplearon el término labirintos para significar los trabajos interiores o que se construyen por dentro: labir es una variación de labor o de trabajo, e intus hace referencia a lo interno. En todo caso, un laberinto siempre invoca el artificio, el hacha de los sacrificios (Labrys), la fuerza del ingenio de la creación humana. A fin de cuentas, se trata de la obra de Dédalus.

            Los primeros laberintos se componen de siete caminos concéntricos conectados a una meta central que semejan dos hojas cortantes (los labus o labios) y la recta empuñadura del hacha de “la diosa madre” minoica, cretense, amazónica y lunar. Es el cetro y el hacha, la justicia y el sacrificio, la guerra y el trabajo. De nuevo, una que son dos, dos que son una. El resto de la historia es conocido. El toro -la nave de criminales o saqueadores de ultramar, según Vico- termina fecundando a Pasifae, esposa del rey Minos. El resultado es uno que son dos: el Minotauro, un hombre con cabeza de toro o un toro con cuerpo humano. La bestia es encerrada, sometida a la custodia de Labrys, el laberinto. El reto es vencer su sanguinaria ferocidad. Finalmente, la humanidad, representada por Teseo, vence a la fiera y, con su muerte, el horror es vencido.

            En sus tempranos escritos políticos, más específicamente, en La constitución de Alemania, Hegel se pregunta por el Teseo germano que acabará con la tiranía del Minotauro y logrará reunificar a su pueblo. Hegel no busca un héroe, un “lider supremo”. Sabe bien que Teseo es la representación de la civilidad frente a la barbarie, la constitución y las leyes, el orden frente al caos de las fieras. En fin, el lado humano, civil, del laberinto. Por cierto, ha comenzado a difundirse lo que tal vez sea el secreto mejor guardado, hasta la fecha, de un gansterato desesperado. Se trata de la construcción de una importante cantidad de túneles subterráneos, con sus respectivos bunkers, ubicados en varias regiones del país. Son los laberintos dentro de los cuales el régimen criminal tiene el propósito de ocultarse en el momento crucial y definitivo. La bestia -ya se sabe- no tiene escapatoria posible. Es cuestión de tiempo. En veinte años de cruel secuestro no construyeron ni autopistas, ni carreteras, ni vías de penetración, ni puentes, para el beneficio general de los venezolanos. Al contrario, dejaron que todo colapsara, convirtiendo a Venezuela en una extinta nación, en un no-Estado. Siempre partieron de la torpe -por abstracta- premisa -de origen orientalista- de representarse la idea del Estado como la de una máquina de sometimiento y tortura, un vulgar instrumento de coerción. Pero los túneles son otra cosa. Son el laberinto mítico del gang forista, para el cual las madrigueras no son tanto historia como tradición, costumbre, vuelta instinto de conservación, el locus dentro del cual el agobiado Minotauro cree poder ocultarse para evadir la justicia que se viene, que no tarda en llegar. Como dice Borges, “es de hierro tu destino, como tu juez”. No es cuestión de cronologías sino de la razón histórica. Teseo aguarda pacientemente en la penumbra.   

 

 

           

José Rafael Herrera

@jrherreraucv

 

 

 

Mediocres en tiempos mediocres

 ¡Veinte puntos! 

            

Un mediocre en tiempos mediocres


           Un mediocre o una “mediocra” -como dirían, por cierto, los mediocres asistidos por estos tiempos de salvaje mediocridad-, nunca dejará de autocalificarse como el más competente, el más apto, el mejor. El mediocre se halaga a sí mismo, presume de sus arduas batallas y de sus incalculables éxitos, se premia, se obsequia. Acaricia los múltiples títulos de la triquiñuela, con la que cree haber logrado engañar a todos. A fin de cuentas, la apariencia es la única realidad con que cuenta, su un, dos, tres, cinco, diez, veinte continuo, obsesivamente interminable e indetenible, “a paso de vencedores”. Él es the best of the best, la última mutación del homo sapiens, la 'cresta craneal' del veinte puntos por los caminos verdes de la trampa. Y cuando se ponen más astutos o más malandros, y logran finalmente asociarse o formar comparsas y cofradías, se puede llegar a creer que se trata de un encuentro de celebridades, de puras estrellas del firmamento. Los cielos de la web se iluminan, los aplausos no paran, los halagos no alcanzan. Cada uno de ellos conoce bien el tamaño del rabo de paja del otro. Por eso, taparlo es taparse. Y todos se tapan. Son piratas, aves de rapiña. Son las consecuencias sombrías de los afanes de la producción en serie y, por supuesto, el producto de los insufribles 'eternos retornos' de la industria cultural. Si los chinos pueden producir teléfonos o zapatos como churros, ¿qué puede impedir que se produzcan canallas como chorizos por la simple transmutación alquimica de la calidad en cantidad? Y es que hay que intentar, en lo posible, de ocultar la mediocridad a punta de mala infinitud, porque sólo ella resiste la insuficiencia detrás de una cuantificación externa y convencional, numéricamente artificiosa, plenada por el indetenible afan de contar el mito de sus grandes logros, de sus heróicas metas alcanzadas, de sus in-calculables hazañas. Por eso siempre imaginan en función del “veinte puntos”. Ni más ni menos. Como reza el adagio popular, los mochos se juntan para rascarse.


            La expresión “foro” es de origen latino, y significa “lo que está afuera” (foris, foras), más allá de la puerta. De hecho, el forum es el lugar de intersección del espacio público en el que confluyen las vías principales de una determinada urbe, la “plaza mayor” o la “plaza del mercado”, en torno a la cual se ubicaban los poderes públicos y el templo sagrado. El foro es el lugar de reunión por excelencia de todos, bajo la luz del sol. Y, de entradas, establece -como es propio de la cultura romana- la diferencia entre las virtudes públicas y los vicios privados, porque más allá de los límites del domus -del hogar-, está el foro como el gran espejo manifiesto de las propias virtudes. Es por eso que aquellos que han mostrado llevar una vida pública contraria a las leyes de la ciudad, es decir, a la sombra del crimen, se les llama forajidos, o sea, los 'fora-ejido' (de forum y exire), los que han sido exiliados del foro.


            En tiempos de mediocridad, el foro ha sido secuestrado por los forajidos. Ya no es más el reino de las virtudes sino el imperio de los vicios. El arma de la decadencia. Se trata de la cabal demostración de la incursión y progresiva sustitución del crimen organizado en el centro nuclear del escenario político y social del presente. La pandemia de la pandemia del siglo XXI. Eso es, de hecho, el Foro de Sao Paulo. Y tal como le asignan a las representaciones que, individual y colectivamente, hacen de sí mismos, no con cinco ni diez sino con veinte puntos, con impecable coherencia, digna de un auténtico sistema de metafísica prostibularia, han acordado una agenda “post-pandemia” cuantificada en lo que podría calificarse como los veinte objetivos de la criminalidad, cuyo propósito principal consiste en generar, especialmente en Occidente, un “plan estratégico de desestabilización”, mediante la generación de “movilizaciones masivas” en los países “satélites de la órbita estadounidense”. La creación y organización de cuerpos paramilitares que generen terror; la exigencia de reformas constitucionales que debiliten la estabilidad de los sistemas políticos; el secuestro y manipulación de los movimientos de lucha por “la equidad, el género y el racismo”; la desmistificación de las religiones y la promoción de la brujería, formada en los “preceptos revolucionarios”; el control de las redes sociales y de los mass media, así como la aplicación de “medidas ejemplarizantes” para aquellos comunicadores que se atrevan a denunciarlos; la promoción del aborto y el consumo de drogas “como parte del desarrollo de la personalidad”; la creación de la “teoría de la relatividad de los valores”, cabe decir, que todo lo que favorezca al gansterato es “bueno”; la creación de nuevos “símbolos nacionales”, como el caso de Floyd en USA; la intensificación del “culto al líder” o el “Chávez vive” como caja de resonancia; la conversión de la educación en un centro de enseñanza de “la lucha de clases”; la creación de “células” de control ciudadano, espías en las barriadas y urbanizaciones; la destrucción de los partidos políticos; la destrucción de los aparatos productivos; la siembra de “infiltrados” en todas las instituciones públicas y la creación de “estructuras paralelas a los entes del Estado”; la promoción del uso de la moneda virtual (Bitcoin) y el control de la banca, de las divisas y el rastreo de capitales que no sean complacientes con los negocios del gansterato; el reparto de la propiedad mediante las invasiones; el empobrecimiento sistemático de la sociedad, a objeto de controlarla; el pasar “de la brisa a la tormenta” a través de la manipulación de las redes sociales. En fin, toda una proeza. ¡Veinte puntos!


             En este tiempo, “la ruta de la seda comienza en Venezuela”, como afirmara Xi-JinPin. Desde la coca hasta el opio. Si la llamada “sociedad abierta” no ha empleado aún los mecanismos de inteligencia, control y seguridad que le permitan poner fin a esta auténtica -real- amenaza en contra de sí misma, cazar a los gansters y colocarles sus respectivos uniformes de presidiario, sólo puede explicarse porque la penetración de las instituciones que la cofradía gansteril dice proponerse, ya se ha producido. Y desde hace ya bastante tiempo. Que el llamado “mundo libre”, que fundaran con tanto esfuerzo y auténtica virtud los antiguos griegos y romanos, sellando el fin de las ambiciones del despotismo oriental sobre Occidente, esté en la actualidad en manos de forajidos, al servicio de intereses financieros ocultos a costa de la desgracia de un mundo cada vez más ignorante, pobre y enfermo, sólo útil para la servidumbre, no es “un tema”, sino el problema esencial, fundamental, a resolver. Mientras más tiempo pase más difícil será la posibilidad de liberar la sociedad de la peste desatada por la mediocridad de un grupo de gansters al servicio de los intereses de la tiranía oriental. Fue por falta de atención que Venezuela pasó de ser la “tacita de plata” de la América Latina para convertirse en el “pocillo de loco” de la más espantosa de las miserias.      

                          Por  José Rafael Herrera

@jrherreraucv

27 de Agosto nacimiento de Hegel

 

José Rafael Herrera

@jrherreraucv

A mi Maestro, Giulio F. Pagallo

In honorem

 

 

            El pasado 27 de Agosto se cumplieron doscientos cincuenta años del nacimiento de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, quien junto con Aristóteles y Spinoza conforman el más elevado y honorable de los títulos otorgados por la historia de la filosofía al oficio de pensar. No obstante, y al igual que sucede con Aristóteles y Spinoza, la mayor parte de lo que se ha dicho sobre Hegel se sustenta en presuposiciones y prejuicios, extraídos de la lectura de diccionarios, enciclopedias, manuales y breviarios que no sólo no se compadecen con la verdad, sino que la “resumen” y “sintetizan” -es decir, la tuercen y retuercen-, a objeto de hacer “digeribles” o “listos para llevar” pensamientos, ideas y conceptos que el propio Hegel recomendaba necesariamente “rumiar” más de una vez. Es el modo de reducir una filosofía a mercancía de la industria cultural. Por fortuna, en su lecho de muerte, el filósofo sentenció esta frase que, por lo demás, comporta un desafío: “De todos mis discípulos sólo uno me ha entendido; pero me ha malentendido”. En fin, y para decirlo con todas sus letras, lo inmediato, instantáneo y fugaz, tan propio de la cultura del presente, ni ayuda a comprender a Hegel ni, mucho menos, contribuye directamente con la verdad. Sólo alimenta las aguas turbias que forman la inmensa cárcava del engaño. No obstante, y como decía Spinoza, la verdad es index de sí misma y de lo falso. De manera que cuanto mayor sea el foso de la falsedad mayor será la altura de la cima que Hegel comparte con los honorables filósofos de Estagira y Amsterdam.


            A propósito de las tríadas, son esencialmente tres las representaciones en las cuales insisten los “intérpretes” para “resumir” su concepción filosófíca: 1) Hegel es un pensador idealista. 2) Su filosofía se sustenta sobre el método dialéctico -elevado a “ley” universal-, según el esquema de tesis, antítesis y síntesis. 3) Hegel es el mayor cultor del conservatismo político, todo un reaccionario, nada menos que el padre del prusianismo jurídico y político. Por si esto fuese poco, casi todas las tendencias del pensamiento contemporáneo -desde Schopenhauer hasta Popper, pasando por la vulgata del marxismo pro-soviético-, asocian sus ideas con galimatías y su modo de escribir con construcciones rimbombantes y enrevesadas que ni él mismo comprendía, con el fin de ocultar su más completa vacuidad. Como el “Soplagaitas de la filosofía” o “el espíritu absoluto en pantuflas”, lo definió Schopenhauer, partiendo del criterio según el cual el propósito principal de la filosofía consiste en ayudar a los hombres a sobrellevar la dureza de la vida y, en ningún caso, se trata de un extravagante trabalenguas ininteligible. Este es el criterio generalizado, el cliché que el chato -aplastado- sentido común ha terminado por imponerle al decidido esfuerzo de pensar enfáticamente.


Sujeto pensa hegel


            Que Hegel sea idealista nada tiene que ver con la torpeza de llegar a creer que el idealismo es aquella concepción del mundo que cree que la realidad inmediata -material- no existe. Quien se represente este tipo de dislate probablemente no tiene idea de quién era Kant, y, de hecho, debe portar en sus creencias la condición elemental del empirismo pre-kantiano, la cual, en el fondo, está sobresaturada por el convencionalismo de la liturgia religiosa: como Dios creó la naturaleza antes de crear a Adán y a Eva, entonces el mundo ya existía antes de la creación de la humanidad. Mientras más materialista se cree ser más dogmáticamente creyente se termina siendo. La pregunta es: ¿de cuál mundo se está hablando, para qué o para quién es esa “naturaleza”, esa objetivación sin sujeto? Porque, que se sepa, no hay objeto posible sin sujeto que lo conciba, como no hay sujeto que lo conciba sin objeto posible. Sujeto y objeto son términos correlativos. No hay objeto sin sujeto ni sujeto sin objeto. Ser idealista consiste precisamente en eso, en la comprensión de la necesaria y recíprocamente determinante unidad de sujeto y objeto, que es lo que recibe la dignidad del nombre de eidos, el penetrante razonamiento que sorprende y traspasa la inmediatez del mero sentido.


            No existe en Hegel tal cosa como “las leyes del método dialéctico”, ni se puede afirmar rigurosamente que en Hegel el movimiento del pensamiento opere por tesis, antítesis y síntesis. En tiempos de Hegel no existía el “cha-cha-chá dialéctico”, y de haber existido probablemente no le hubiese atraído. Entre Beethoven o Rossini y el ritmo cubano hay un mundo. De la irreconciabilidad de la tesis y de la antítesis, a propósito de los objetos de estudio de la metafísica, escribe Kant en la tercera sección de su Crítica. Y quien concibe la síntesis como identidad del Yo puro es Fichte. Hegel nunca lo hace. Por lo demás, la dialéctica no es un método, ni un instrumento, ni una receta, sino el movimiento del pensamiento mismo. Ni existe una dialéctica de tres términos, porque sólo existen dos (duis-bis) términos opuestos polares. No hay un polo Norte, un polo Sur y un “medio” o “semi” polo, es decir, un intermediario. El desarrollo del movimiento dialéctico va, siempre de nuevo, desde la indiferencia recíproca de cada término de la oposición -sujeto y objeto- hasta su necesario reconocimiento e interdependencia, en virtud de la negación determinada. Toda determinación es una negación. El resto es pura exterioridad, promovida por el entendimiento abstracto.


            La Filosofía del Derecho de Hegel contiene los lineamientos fundamentales de su concepción jurídica y política. Es el tránsito fenomenológico del individuo abstracto del derecho que se va descubriendo -se va reconociendo- como parte constitutiva de un cuerpo familiar, laboral, civil y ético, del cual forma parte esencial y sin el cual no puede ser individuo. Ni el individualismo abstracto ni el societarismo abstracto, que mientras más se niegan recíprocamente más se determinan. Ni el contractualismo ni el comunitarismo, porque tanto lo uno como lo otro son términos que no logran comprender que no existe uno de los términos con independencia del otro. Lo uno determina lo otro, sin medias tintas, sin medianías. Y, en tal sentido, no se trata de un “modelo” de Estado ideal -por cierto, y conviene advertirlo, ideal no significa idealista-, sino quizá del modelo de Estado más concreto, progresista y republicano existente. Quien no lo crea que le pregunte a la señora Merkel. De manera que el mito de un Hegel reaccionario y totalitarista no es más que eso: un mito.


            Que Schopenhauer creyese que la filosofía es un paño de lágrimas para las almas en desgracia, una suerte de manual de auto-ayuda para soportar el peso de una vida marcada por la amargura de la envidia, es asunto de él y de sus frustraciones. Que Popper considerara a Hegel como uno de los enemigos jurados de la “sociedad abierta”, teniendo como referencia las sandeces de la propaganda soviética, convencido de que la robinsonada de un contractualismo sin historia, de origen lockeano, es el modelo perfecto de toda sociedad, sólo puede ser el resultado de las ingentes limitaciones de un neo-positivista. En todo caso, conviene advertir que quien quiera pensar en serio, en estricto sentido enfático, no podrá prescindir de aceptar el reto que Hegel le exige.                      

HERÁCLITO VOLUMEN I : CAMBIO Y LOGOS

 



Este es el primer artículo de una serie de escritos que gira en torno a una figura que me ha estado obsesionando este verano. Hablo del presocrático Heráclito. Su pensamiento es como un prisma de múltiples caras, todas forman parte de una misma figura y es necesario verlas por separado para entender profundamente que forman parte de un todo.

 

Mi camino hacia su pensamiento se inició hace mucho y me gustaría poder compartir este comienzo tan personal. A la tierna edad de 5 años tuve una especie de encontronazo filosófico donde salí de mi zona de confort. Es algo así como cuando te quitan las rueditas de atrás de la bici.

Yo estaba sola en el baño de casa de mis abuelos jugando con un juguete muy básico que hoy en día siguen vendiendo en ferias y bazares. Se trata de un palo de colores flúor que en su extremo inferior se une con un cilindro perforado. Yo miraba como giraba y giraba de forma hipnótica, estaba totalmente atrapada por la forma y el movimiento. Algo tan simple despertó en mi el siguiente pensamiento:

“Gira y gira, parece que todo el rato es igual pero en realidad es diferente.”

La vedad que ese pensamiento me dejo un poco loca. No sabía muy bien como interpretar ese pensamiento, solo sentí que algo me removía por dentro. Eran pensamientos muy vagos y difíciles para una niña pequeña.

Al poco rato mi abuela me llamó, ya era la hora de comer (Os juro que mataría alguien ahora mismo por un plato de comida de mi yaya).


 

Para este proto pensamiento filosófico encontré alivio en 1º de Bachillerato cuando mi profesor nos habló Heráclito. Lo primerito que hay que saber es que a Heráclito lo apodaron “el oscuro” ya que escribía en formato de aforismo (sentencias breves que nos sirven como reglas). Como os podéis imaginar su estilo no facilita para nada el seguimiento posterior de su obra y además grandes filósofos como Platón o Aristóteles lo citan de mala gana y con poco rigor. Como un Chupa-Chups en el patio de un colegio, Heráclito es hartamente manoseado y su mensaje se ve deformado por montones de pensadores posteriores.

 

Hoy en día nos ha llegado la siguiente información, se ve que vivió entre el siglo VI a.c. y el siglo V a.c., en Efeso, una ciudad de Asia Menor y que escribió un libro titulado “Acerca de la naturaleza” dividido en tres partes: Una dedicada al Universo, otra a la política y otra a la teología. También sabemos que lo apodaron “el sin risas” ya que era un misántropo de mal carácter, soberbio (algo muy poco habitual en el mundo de la filosofía…ja  ja ja) y que despreciaba a figuras de 1ª línea como Pitágoras, acusándolo de poseer un conocimiento meramente acumulativo y no verdaderamente filosófico. Supongo que el no ser el chico más popular del instituto no le ayudó a que posteriormente lo citaran correctamente.

 

Ya entrando en materia os diré que Heráclito es famoso por la siguiente sentencia que quizás ya conocéis: “No nos podemos bañar dos veces en el mismo río” (como el girar del juguete, el agua del río fluye). Esta frase la escuché por 1ª vez cuando tenía 16 años y mi concepción de la filosofía heracitiana ha ido evolucionando. En un inicio interpreté su celebre frase como que todo fluye en el cosmos, que todo es devenir y cambio como el caudal del río que discurre sin pausa.

 

Pero luego pensé lo siguiente… ¡Cuidado que igual os va a explotar la cabeza! Que todo fluya no quiere decir que el cambio constituye lo real y que por ello no existe identidad debajo de los cambios. El flujo universal del cosmos es compatible con la permanencia en el cambio. A pesar de que parece complejo pero es muy sencillo si tomamos el siguiente ejemplo: Mi reflejo en el espejo va cambiando, soy mutable y caduca, pero para que este cambio se de ha de haber un sujeto que cambie, un sujeto que permanezca. Si amigas/os cambio y permanencia son compatibles. Todo esta en perpetuo cambio, vuestros cuerpos serranos también, pero necesitamos de un sujeto, un río o un juguete, que permanezcan para que dicho cambio se dé.

 

El cambio es un tema central en su filosofía y existen diferentes interpretaciones pero para entenderlo bien y crearnos una opinión propia hemos de ver porque reglas se rige. Las reglas del juego nos las da el logos, término filosófico más que polisémico. En las obras de la época se entiende como logos una especia de razón o de verbo entendido como habla, pero para Heráclito el logos abarca mucho más, es un patrón universal que rige el Universo. Son las normas que alumbran y determinan el juego aquí y en Pokón.

 

Según el filosofo podemos captar este logos, la razón, en la propia cotidianidad de la vida ya que todo sucede de acuerdo a esta “programación”. Pero la cosa no es tan sencilla ya que de momento los misterios de la vida siguen siendo eso, misterios. Ya en su tiempo Heráclito era consciente de ello y defendía que la gente corriente no era capaz de entender ni captar la estructura que estaba delante de sus ojos, por ello nos propone un método, una ayudita, que nos permita ver con más claridad. Nos propone descomponer las partes y examinarlas y asimilarlas por separado para luego observar la relación que hay entre ellas (huele a regla cartesiana). Aún así solo el verdadero/a filosofo/a será capaz de verlo. La normativa cósmica está estrechamente ligada con el cambio ya que el mundo que observamos está atado a la corrupción y al cambio y como prueba el nacimiento y muerte de todo ser. Es un ciclo sin fin como en El Rey León. Toda criatura, sin excepción, nace, vive y muere al margen de fantasías propias de Entrevista con el vampiro.

 


No solo del logos y cambio vive su filosofía, hay muchas más caras interconectadas en este poliedro que veremos más adelante.  Con estos escritos no solo quiero reivindicar la figura “del oscuro”, también quiero reivindicar el papel de la filosofía como elemento sanador en nuestra cotidianidad. Estoy más que harta de aquellas personas que la encierran en una torre de marfil y no permiten que sea accesible. Todas las personas tenemos encontronazos filosóficos desde la infancia y la filosofía nos puede acompañar.

 

CONTINUARÁ…

 

 

Elogio al boicot

Un ensayo escrito entre dos, uno Esteban Higueras y otra la genial e intempestiva Andrea Fano, dos cabezas piensan mejor pues la alienación y la realidad se confunden y nos confunden, siendo necesaria la ayuda mutua.

Vivimos sometidos desde el nacimiento a una serie de normas impuestas. Actuamos como se espera de nosotros, pese a que las consecuencias de nuestros actos destruyan el planeta y conlleven al maltrato humano y animal. Es “más fácil” no pensar en lo que implican nuestros actos, resulta “peligroso” salir de los estándares impuestos, nadie quiere ser “raro” o “diferente” por miedo al trato que pueda recibir; trato que, sin dudar, damos a quien no cumple los criterios de normalidad.

La desobediencia fingida.
¿Qué pasaría si nos negásemos a colaborar con el sistema destructivo en que vivimos?. Que la revolución sería ahora una revolución del boicot, y un negarse a colaborar con situaciones de opresión. Un no tener miedo al cambio pues no tiene por qué “lo malo conocido” ser mejor que lo “bueno por conocer”. A lo largo de la historia siempre ha habido personas que han mostrado resistencia, que han sabido boicotear a quien estaba en el poder. ¿Y esto como lo han hecho?, ¿No será cambiando algo que nos cambie a todos?. Hoy, “actuamos” sumidos en la conformidad, y es que nos cuesta distinguir entre aquello que nos beneficia y aquello que nos perjudica. Cuesta: saberlo, comprenderlo y hacerlo comprender. No sabemos prestar atención a nuestras propias necesidades, aunque estás clamen atención y se muestren en forma de malestar.

El malestar no es únicamente individual, sino que es colectivo, es interactivo y social. Y la sociedad actual se presenta como el camino a seguir, consistiendo este camino en un rodeo de publicidad y productos inservibles, ¿vendemos nuestra consciencia a cambio de una falsa satisfacción?. No creemos en las palabras de quien nos gobierna, pero las reconocemos y aceptamos, es quien decide por nosotros y nos importa formar parte del circo. Estamos demasiado acostumbrados a que no nos respeten, a no cuestionar, a obedecer.

La nostalgia de lo completamente otro, se ha transformado en nostalgia por lo “comprablemente otro”. El vivir la única vida de la que disponemos se ha cambiado por el vivir la vida de los que muestran como vivir, la vida de los felices y felicísimos mostrada con filtros de red social.

El comer de acuerdo con nuestras necesidades, ha transmutado en el holocausto animal, pero disfrazado de amabilidad y música relajada en el supermercado. El modo en que nos relacionamos sustituye a cualquier tipo de relación basada en el respeto, ya no admiramos a nadie porque sabemos que lo que vemos es fingido, ¡queremos aparentar mejor!. Y competir es el único modo en el que se permite tener contacto con los demás seres humanos. 

Boicot silencioso 



La libertad del no virtuoso.

Vivimos con miedo a la exclusión, al rechazo, a la pobreza y, sin embargo, nunca hemos sido tan pobremente esclavos como ahora. Creemos ser libres pero no tenemos deseo por conocer, es decir, no nos hacemos virtuosos.

Si creemos ser libres, es para elegir que comprar, o para escoger a quien pisotear, queremos ser libres para cambiar de canal, creemos ser libres porque vamos a votar. La libertad dista mucho de estas supuestas libertades, estamos demasiado lejos de ser libres, no somos virtuosos. ¿Podrá ser que resquebrajando el sistema, este que no nos permite simplemente ser curiosos mínimamente, ni como voy diciendo, virtuosos, podamos ser completamente libres?

Defendemos nuestra cultura como si se nos fuera la vida en ello, ¿Una cultura de la sumisión y de la obediencia o una de lo estático y pasado a modo de museo?, ¿Una cultura de la tortura y la esclavitud pero adornada de estímulos alegres?, ¿Una cultura patriarcal y especista en un siglo que se dice feminista y animalista?, todo esto conlleva, creo, dejar de saber quienes somos. No nos damos cuenta de que una cultura puede cambiar, puede abrirse a la vida, y que se da a veces separada del poder.

¿Qué es el poder?

Cualquiera se asombra si es capaz de reconocer la influencia que tiene en las diferentes esferas. Y es que por encima del estado, está la cultura. Cultura que heredamos y que se impone. ¿Por qué pensamos que no tenemos derecho a decidir cómo vivir?, puede que por nuestra educación, que lejos de fomentar un pensamiento crítico (¿acaso es otro su fin?) nos incita a aceptar la evidencia actual, a obedecer. “Obedece y compite y serás alguien en la vida”, obedece y compite y serás una marioneta más de un sistema destructivo, que te destruye a ti mismo, a los demás y al planeta.

¡Qué incómodo es pensar que no decido nada de lo que atañe a mi vida!, ¡dejadme ser libre!, ¡dejadme aprender! Aprender algo más allá de modas pasajeras, aprender algo más allá de la última tendencia de teléfonos móviles, aprender a vivir conforme a mis necesidades reales.

Han dicho grandes pensadores que no nombraré por no importar ahora, que “radical es lo que va a la raíz”, es decir, que es radical aquello que nos acerca a nosotros mismos. Ojalá por esto sean radicales estas palabras, y no muramos sin haber vivido.

Pero cuando hablamos de radical normalmente queremos hablar de algo que escoge la peor de las formas posibles, y que por eso no va a la raíz como debiera sino a la imaginación más pervertida y alejada de la realidad. Hoy, radicalmente perversas son las guerras, y la explotación. Radicales son las fronteras, y de una imaginación radical es la exclusión social. Radical es que la educación no te eduque, sino que te adoctrine. Endiabladamente radical es que la cultura te diga hasta como defecar en anuncios de veinte segundos. Radicalmente escondida y sumida por imaginaciones inauditas es la colonización, y su hermana la servidumbre. Radical en este sentido peyorativo es no tener un pensamiento propio. Radical es no saber desobedecer, porque no sabemos cuándo estamos obedeciendo. Malignamente radical es el sistema en el que vivimos que ha dejado de valorar la verdadera radicalidad.

Como se va prestando ya este pequeño ensayo a decir lo que su título buscaba, que es que hemos perdido la raíz, vamos Andrea Fano y yo (que soy quien va escribiendo esta línea, pero no la anterior ni la siguiente) a aceptar que existe una radicalidad propia y posible, y que consiste en un boicot a nuestro tiempo. Que podemos ser radicales en nuestros actos y reencontrarnos con nuestra raíz, ¿Qué cómo?.

¡Aprendiendo a desobedecer!, aprendiendo a elegir, admirando a los demás y tras ello a nosotros mismos. Aprendamos a ver aquello que nos limita. Aprendamos a ser quienes somos. Lo normal es alienante, destructivo. Lo “raro” o diferente es lo único que puede abrir paso a la vida, a una vida plena y propia. No cambies de canal, apaga el televisor y sal de la esfera de la esclavitud mental. Tan invisible que no la puedes palpar, pero que domina tu vida. ¡Atrévete a ser libre!.

Ordenar nuestras afecciones según el orden del entendimiento.

Mientras no nos dominen afectos contrarios a nuestra naturaleza, tenemos la potestad de ordenar y concatenar las afecciones del cuerpo según el orden propio del entendimiento.

Las creencias contrarias a nuetra naturaleza



Demostración: Los afectos contrarios a nuestra naturaleza, esto es (por la Proposición 30 de la Parte IV), los que son malos, lo son en la medida en que impiden que el alma conozca (por la Proposición 27 de la Parte IV). Así, pues, mientras no estamos dominados por afectos contrarios a nuestra naturaleza, no es obstaculizada la potencia del alma con la que se esfuerza por conocer las cosas (por la Proposición 26 de la Parte IV- En enlace anterior); y, de esta suerte, tiene la potestad de formar ideas claras y distintas, y de deducir unas de otras (ver Escolio 2 de la Proposición 40 y Escolio de la Proposición 47 de la Parte II); y, por consiguiente (por la Proposición 1 de esta Parte), tenemos la potestad de ordenar y concatenar las afecciones del cuerpo según el orden propio del entendimiento. Q.E.D.

Escolio: Mediante esa potestad de ordenar y concatenar correctamente las afecciones del cuerpo, podemos lograr no ser afectados fácilmente por afectos malos. Pues (por la Proposición 7 de esta Parte) se requiere mayor fuerza para reprimir los afectos ordenados y concatenados según el orden propio del entendimiento que para reprimir los afectos inciertos y vagos. Así, pues, lo mejor que podemos hacer mientras no tengamos un perfecto conocimiento de nuestros afectos, es concebir una norma recta de vida, o sea, unos principios seguros, confiarlos a la memoria y aplicarlos continuamente a los casos particulares que se presentan a menudo en la vida, a fin de que, de este modo, nuestra imaginación sea ampliamente afectada por ellos, y estén siempre a nuestro alcance. 

Por ejemplo, hemos establecido, entre los principios de la vida (ver Proposición 46 de la parte IV, con su Escolio), que el odio debe ser vencido por el amor o la generosidad, y no compensado con odio. Ahora bien, para tener siempre presente este precepto de la razón cuando nos sea útil, debe pensarse en las ofensas corrientes de los hombres, reflexionando con frecuencia acerca del modo y el método para rechazarlas lo mejor posible mediante la generosidad, pues, de esta manera, uniremos la imagen de la ofensa a la imaginación de ese principio, y podremos hacer fácil uso de él (por la Proposición 18 de la Parte II) cuando nos infieran una ofensa. Pues si tuviésemos también presentes la norma de nuestra verdadera utilidad, así como la del bien que deriva de la amistad mutua y la sociedad común, y el hecho, además, de que el supremo contento del ánimo brota de la norma recta de vida (por la Proposición 52 de la Parte IV), y de que los hombres obran, como las demás cosas, en virtud de la necesidad de la naturaleza, entonces la ofensa, o el odio que de ella suele nacer, ocuparía una mínima parte de nuestra imaginación, y sería fácilmente superada; o si ocurre que la ira, nacida habitualmente de las ofensas más graves, no es tan fácil de superar, con todo resultará superada —aunque no sin fluctuaciones del ánimo- en un lapso de tiempo mucho menor que si no hubiéramos reflexionado previamente acerca de estas materias, como es evidente por las Proposiciones 6,   7   y 8 de esta Parte. Del mismo modo, para dominar el miedo se ha de pensar en la firmeza; esto es, debe recorrerse a menudo con la imaginación la lista de los peligros corrientes de la vida, pensando en el mejor modo de evitarlos y vencerlos mediante la presencia de ánimo y la fortaleza. Pero conviene observar que, al ordenar nuestros pensamientos e imágenes, debemos siempre fijarnos (por el Corolario de la Proposición 63 de la Parte IV y la Proposición 59 de la Parte III) en lo que cada cosa tiene de bueno, para, de este modo, determinarnos siempre a obrar en virtud del afecto de la alegría. 

Por ejemplo, si alguien se da cuenta de que anda en pos de la gloria con demasiado empeño, deberá pensar en cosas como el buen uso de ella, el fin que se persigue al buscarla y los medios para adquirirla, pero no en cosas como el mal uso de ella, lo vana que es, la inconstancia de los hombres u otras por el estilo, en las que solo un ánimo morboso repara. En efecto: esta última clase de pensamientos aflige sobremanera a los muy ambiciosos, cuando desesperan de conseguir el honor que ambicionan, y quieren disimular los espumarajos de su ira bajo una apariencia de sabiduría. Es, pues, cierto que son quienes más desean la gloria los que más claman acerca del mal uso de ella y la vanidad del mundo. Y esto no es privativo de los ambiciosos, sino común a todos aquellos a quienes la fortuna es adversa y son de ánimo impotente. Pues el avaro, cuando además es pobre, no para de hablar del mal uso de la riqueza y de los vicios de los ricos, no consiguiendo con ello nada más que afligirse y dar pública muestra de su falta de ecuanimidad, no solo para sobrellevar su propia pobreza sino para soportar la riqueza ajena. Así también, los que son rechazados por su amante no piensan sino en la inconstancia y perfidia de las mujeres, y demás decantados vicios de ellas, para echarlo todo en olvido rápidamente en cuanto ella los acoge de nuevo. 

Así, pues, quien procura regir sus afectos y apetitos conforme al solo amor por la libertad, se esforzará cuanto pueda en conocer las virtudes y sus causas, y en llenar el ánimo con el gozo que nace del verdadero conocimiento de ellas, pero en modo alguno se aplicará a la consideración de los vicios de los hombres, ni a hacer a estos de menos, complaciéndose en una falsa apariencia de libertad. Y el que observe y ponga en práctica con diligencia todo esto (lo que no es difícil), podrá sin mucha tardanza dirigir en la mayoría de los casos sus acciones según el imperio de la razón.

La intuición del filósofo.


La intuición del gran pensador

La intuición del pensador.



Estando hoy en la playa y habiéndome bañado entre olas y jugado con una niña pequeña que reconozco como hija, cansado del sol y la arena decidí tumbarme y buscar en mi teléfono algún libro para releer, de esos que ya tuviera leídos, por eso de seguir descansado. Encontré en una carpeta aquél libro de aforismos que escribió Hegel en Jena con 32 años, y lo abrí por tenerlos yo cumplidos de hace días.

Se trata de un libro de intuición pensante en el que destaqué con una nota un aforismo que dice: ¡En Lucena han sido vetados, por ser una muestra de lujo nocivo para el país, los cabellos encrespados que superen los 18 pulgares de diámetro!.

¿Esto se puede interpretar?, en mi nota tenía anotado: !Es el Averroismo!, Pero qué deseo es este del que aún es un pequeño pensador obsesionado. De esta forma me dió por imaginar y recrear, y en aquella toalla tirado escribí que Averroes fue desterrado a Lucena por "demostrar dialécticamente" [1]  que la "mezcla" era más "perfecta" que la "sustancia pura" (de Aristóteles) al quedar unida por sus accidentes. Que por esto concluyó que no existía el alma sin el cuerpo, y sí una posible igualdad de inteligencia entre sexos, y entre hombres de distinta "clase social"[2].

¿A qué llamaba Hegel entonces "lujo nocivo para el país"?, Pues sería a esta no regulación de los afectos de los hombres en el estado en que quedó el Averroismo. Pues Averroes decía que el filósofo podía creer en sus ideas pero el hombre común se debía a las historias contadas en los libros religiosos, que había una doble verdad. Que quería decir que las ideas del uno no afectaban al otro, que no había estado de cosas. De esto se entiende que en la época de Hegel el que sabía lo sabía con unos pocos, en formas dogmáticas y aisladas conscientemente del resto de la sociedad. O al menos así lo intuía Hegel en estos aforismos tempranos.

También se refiere Hegel a Spinoza como "filósofo oriental" y dice que fue el que más se acercó a la verdad. Para Spinoza los afectos son diferentes en cada persona, pero en cuanto llegamos a entender con "Dios" son perfectos y se llaman Alegría, Tristeza, Envidia, etc. Entonces, si Hegel se refiere a la regulación de los afectos, él quiere entender los afectos desde un continuo para entenderlos por los derechos humanos y el estado. Mientras Spinoza habla de personas y sus creencias (incluida la de Dios) Hegel habla como el estado y su finalidad.

Cuando habla Hegel en sus obras más cuidadas no habla una persona, habla el estado, Ortega y Gasset lo llamaba por esto el "filósofo emperador".

Un pensador vive su época y ese es su esfuerzo, y Hegel lo fué y lo hizo, como Averrores y Spinoza.


Esta orilla ha sido mi Jena y aquí queda este pequeño ensayo.



Notas:


[1]. Las comillas en la "demostración dialéctica" son por interpretación propia. Ya que Averroes habla de Aristóteles a través de su propia época, como si estuviera comparando las ideas de dos tiempos mientras las va cambiando fruto de la conversación que mantiene con el griego. Lo que él llama especulación, más bien se trata de dialéctica discursiva entre las ideas de Aristóteles y las de Averroes.

[2]. Las  comillas en "clase social" son de interpretación, pues para Averroes las personas se diferenciaban por dos grandes grupos, los que pensaban por sí mismos y tenían creencias propias, y los no educados, que aceptaban las creencias contenidas en las historias religiosas y no podían pensar por sí. Existía una doble verdad y esto es comparable a la alienación establecida por los hábitos que formuló Karl Marx.




Política y criminalidad

El orden político
 

 

          Desde que los humanos decidieron comenzar a construir la historia -su historia-, se vieron en la necesidad de poner “orden en casa”, que es lo que significa economía.   Y es eso, en efecto, lo que traduce literalmente la palabra griega Oikonomos (casa-en-orden). Administrar el orden de la acción humana, ordenarlo, implica ir acumulando el trabajo de modo organizado, adecuado, racional. Pero el trabajo que se va acumulando es lo que da origen al valor inmanente a la riqueza, al capital. No obstante, y si bien es cierto que toda época ha producido y acumulado capital, no es correcto afirmar que toda la historia de la humanidad ha sido capitalista, porque la determinación esencial de cada época es culturalmente particular y diversa. La historia misma es eso: la unidad en la diversidad, la historia de las diferentes historias, la razón de cada específica y peculiar manifestación de la locura, como, no sin sensatez poética, lo afirmara Shakespeare. El resto es una ficción. Y, de hecho, sólo con la irrupción definitiva de la sociedad civil, durante la edad moderna, las diferentes formas de conexión social comenzaron a ser percibidas por los individuos como un simple medio para lograr sus fines privados.


            Por más que el actual sentido común -siguiendo en ello la ilusión de toda época nueva- pretenda considerar la política como el oficio de unos funcionarios cuya función consiste en la negación de toda función, cabe decir, en la representación del papel útil de lo inútil y del trastocamiento de lo verdadero por lo ficticio, o incluso como la más cercana aproximación a la corrupción y al crimen, la verdad es que en la historia de la humanidad la política ha ejercido un oficio fundamental en y para el desarrollo de la vida en sociedad. La civilidad, el mundo civil, ciudadano, es el resultado de la praxis política, la concreción de la koinonia politiké o la comunidad política: el hogar del zoon politikón. Los individuos aislados sólo pertenecen a la imaginación desprovista de fantasía, propia de “las grandes y pequeñas robinsonadas”. Paradójicamente, ha sido durante la época en la que se ha generado el mayor grado de desarrollo de las relaciones económicas, sociales y políticas en la que ha surgido la representación del punto de vista de la existencia de individuos absolutamente aislados entre sí, cultores de la abstractacción de lo privado y del 'pensamiento débil'. Con lo cual, y roto el espejo del ethos, propio del mundo civil, la praxis política pierde su centro neurálgico para quedar a merced y, deslizándose sobre la alfombra roja de la vanidad, ser sometida por la carroña de carteles criminales, cuyo propósito consiste en desmembrarla para poder usufructuarse de sus restos.


            El quehacer político del presente ha sido penetrado, en todos sus ámbitos y como nunca antes en la historia, por una criminalidad que se ha ido transmutando en gansterato. No por el hecho de que en otros tiempos existiera el crimen e incursionara en el ámbito de lo político se trata del mismo escenario. Del mismo modo que la producción de capital a lo largo y ancho de la historia no implica la existencia perennis del del modo de producción capitalista, la existencia histórica de las incursiones del crimen en la praxis política no implica ni la identificación mecánica de la una con el otro ni su condición genérica. Más bien, se trata de una determinación específica, inédita, como nunca antes se había manifestado en la historia. La política en el estricto sentido clásico del término, la política hecha por los políticos en funciones políticas, como servidores públicos, ha sido desplazada de su eje, de su centro de masa, para ir siendo ocupado por poderosos carteles internacionales que, en nombre de las formas políticas tradicionales y de sus viejas banderas de lucha, se enriquecen grosera y grotescamente, sin ningún tipo de escrúpulo y con el mayor cinismo. Y en esa misma medida, planifican no sólo la implosión de Occidente, mediante la promoción masiva de la narco-dependencia, sino la desaparición misma de la idea general de ethos político.


            Buena parte de la dirigencia política, todavía persiste en señalar que el gansterato que mantiene secuestrada a Venezuela es una dictadura. Algunos analistas prefieren referirse a los secuestradores en cuestión como si se tratara de un régimen totalitario o de una tiranía. Y los unos y los otros califican a los sectores políticos que aún se mantienen en pie de lucha -y a la luz de sus respectivos modelos de asumirla- como “la oposición” al régimen. Dice Hegel que comprender quiere decir superar. El único modo de superar un problema es comprendiéndolo a fondo, desde sus raíces. Con el debido respeto, y como consecuencia de la insostenibilidad de la actual situación de crisis orgánica que padece la sociedad venezolana, ha llegado el momento de comprender que los tradicionales esquemas hermenéuticos de interpretación del actual fenómeno político no pasan de ser eso, esquemas, “modelos” que no se compadecen con la realidad efectiva de las cosas, con la realidad concreta. No se trata de la realiter sino de la Wirklichkeit. Ni del Objekt sino del Gegenstand. Es necesario remontarse desde el entender hasta el comprender.


            La criminalidad del gansterato es perversamente polimórfica y polisémica -piénsese en la neo-lengua-, y ha sido durante años introducida progresivamente a través del poder de influencia de los mass media, incluyendo las redes sociales, que están a su servicio. No se puede seguir promoviendo la imagen según la cual el delincuente o el adicto son una suerte de íconos sociales y, mucho menos, sentarse a esperar que ocurra un milagro. El crimen se ha vuelto la norma. Apareció en la llamada “agenda pública” latinoamericana en las últimas tres décadas, promovida, primero, por los restos de los movimientos subversivos y, luego, por el Foro de Sao Paulo. Las afecciones que ha producido en la economía, en el desarrollo cultural y social y en la vida política del continente, son devastadoras y han terminado por erosionar severamente no sólo la estabilidad de prácticamente todos los países de la región -especialmente a los Estados Unidos- sino que los han desordenado (¡oikonomos!) y empobrecido material y espiritualmente, conduciéndolos, además, a la adopción de la violencia como si se tratara de un modo “natural” de vida. La criminalidad no ha secuestrado tan sólo a Venezuela: ha secuestrado al ser y a la conciencia sociales del presente.


            La llamada “oposición” política no se enfrenta contra (gegen) su término opuesto correlativo. El gansterato hace tiempo que renunció a ese derecho. Como theoria y praxis, la política, ahora, se enfrenta contra “algo” distinto, diferente. La política tiene que recuperar su condición de política, enfrentar al delito y superarlo. La confrontación, en consecuencia, no puede ser asumida según las formas adecuadas a la acción política convencional. Con un ganster no se llega a acuerdos ni  convenimientos, ni se compite en elecciones, ni se les pide conformar una coalición para formar un “gobierno de transición”. A un ganster se le pone en prisión, porque quien ha cometido un crimen y ha violado la oikonomía del ser social ha perdido sus derechos ciudadanos. Es el derecho contra el delito, no la venganza sino la penalidad que honra al delincuente al respetarle sus derechos y, al mismo tiempo, reivindica la función de la justicia. El fin de la criminalidad es la reconciliación de la política y del derecho consigo mismos.         

              

                  

Por José Rafael Herrera

@jrherreraucv

 

           

 


El cuerdismo en una sociedad enferma


    El cuerdismo hoy y ayer. 


    El 25% de la población mundial tiene algún tipo de trastorno mental, lo que equivale a una de cada cuatro personas[1]. Sea mayor o menor el número de personas que viven con algún tipo de trastorno mental, no hay excusa para la discriminación. Nuestra cultura nos enseña a burlarnos y excluir a aquellos que consideramos “diferentes” y, en este caso, son muchas las personas que se encuentran marginadas por este motivo. Sin embargo, no nos paramos a pensar en que, en la sociedad que vivimos, todos estamos enfermos, a costa de que este tipo de sistema siga sobreviviendo. Y es precisamente porque la sociedad está enferma, por lo que se dan los diferentes tipos de discriminación, entre ellos, el cuerdismo. 

    La estigmatización de la enfermedad mental tiene muchas veces, como consecuencia, el autoestigma: “el estigma internalizado se ha relacionado con creencias de desvalorización y discriminación, con disminución de la calidad de vida, la autoestima, la autoeficacia y el agravamiento de los síntomas.”[2] De modo que además de soportar la carga de la opresión externa, podemos llegar a dañarnos todavía más a nosotros mismos con esa supuesta valoración negativa a la que debemos someternos. 

    “El estigma que este colectivo sufre no está sencillamente arraigado en la carencia de información, aun cuando también colabora negativamente sino que está arraigado en las personas, en las familias, en la sociedad misma. Muchos de los mitos sobre el enfermo mental especialmente el de la violencia y el de la incapacidad son transmitidos de unos a otros, en las familias, en los medios de comunicación, en el cine, etc. contaminando todas las actividades sociales.”[3]   

    La enfermedad mental en la edad media

    La piedra de la locura. El bosco


    El cuerdismo en la sociedad


    Haciendo un breve repaso a lo largo de la historia, diremos que, en la Edad Antigua se consideraba a las enfermedades mentales como posesiones demoníacas y se trataba a las personas con métodos mágico-religiosos. Sería en Grecia, donde se comenzaría a estudiar las enfermedades mentales desde una perspectiva científica. Los romanos, siguiendo el ejemplo de los griegos, afirmarían que “las pasiones y deseos insatisfechos actuaban sobre el alma produciendo enfermedades mentales”. Con la llegada de la Edad Media, se produciría una decadencia intelectual en Occidente, que conllevó el retorno de la consideración de las enfermedades mentales como posesiones demoníacas. El Renacimiento, dejando también mucho que desear, se convertiría en uno de los peores periodos de la historia de la psiquiatría y de los derechos de las personas afectadas por la enfermedad. En el periodo de la Ilustración, los individuos con enfermedades mentales, seguían sin correr mejor suerte, o eran internados como delincuentes, o vagaban solitarios siendo objeto de burlas y exclusión. Ya en el siglo XX, la utilización de psicofármacos produciría un gran avance en el campo de la psiquiatría. La antipsiquiatría, rechazaría el modelo tradicional del uso de manicomios o asilos. El enfermo mental, según esta corriente, no era un ser humano que debía ser tratado, sino la víctima de un sistema que crea malestar con la cultura.[4] 

    El proceso de estigmaticación supone un conjunto de características: “a) la distinción, etiquetado (labeling) e identificación de una determinada diferencia o marca que afecta a un grupo de personas. b) la asociación a las personas etiquetadas de características desagradables, en función de creencias culturales prevalentes. c) su consideración como un grupo diferente y aparte: “ellos” frente a “nosotros”. d) las repercusiones emocionales en quien estigmatiza (miedo, ansiedad, irritación, compasión) y en quien resulta estigmatizado (miedo, ansiedad, vergüenza) […] e) la pérdida de estatus y la discriminación que afecta consecuentemente a la persona o grupo estigmatizado, dando lugar a resultados diferentes y habitualmente desfavorables en distintas áreas. f) la existencia de factores o dimensiones estructurales que tiene que ver en último término con asimetrías de poder […] sin las cuales el proceso no funcionaría o, al menos, no con la misma intensidad ni con las mismas consecuencias para las personas afectadas.”[5 

    Entrevista


    Aprovechemos la ocasión, para hacer una breve entrevista a Nacho Arteaga, psicólogo clínico, quien forma parte de la cooperativa A teyavana, Centro de Apoyo a la Integración en Salud Mental[6]: 

    - ¿Cómo dirías que afecta el cuerdismo a tus pacientes? 

    “El estigma social, el autoestigma, las situaciones deshumanizantes en los ingresos hospitalarios así como la negación del propio poder de decisión del paciente sobre sus vidas o su tratamiento están, por desgracia, a la orden del día. Y de una u otra manera se hace patente en las personas afectadas, convirtiéndose estos factores en algo más a trabajar en consulta. 

    Los efectos de la discriminación por la condición de tener un diagnóstico de salud mental son múltiples y siempre están presentes de una u otra forma en las personas que atendemos. Desde una pérdida del rol social con el consiguiente aislamiento o pérdida de relaciones personales debido a la incomprensión, pasando por una indefensión aprendida, asumiendo las limitaciones que la sociedad les impone como propias. En ocasiones obstaculiza más el proceso de recuperación que los propios síntomas.” 

    - Sabemos que vivimos en una época de grandes avances científicos, aun así, hay algunos tipos de medicación que tiene efectos secundarios notables, ¿cuáles son los efectos secundarios más habituales que pueden sufrir los pacientes? 

    “Si, así es, aunque sí es verdad que los fármacos de última generación provocan menos efectos secundarios visibles, todavía siguen estando presentes. Los más habituales son la sedación, somnolencia, temblores y dificultades a nivel sexual (falta de deseo, disfunción eréctil, anorgasmia..). En este sentido hay mucho por hacer todavía. A nivel farmacológico, mejorando los fármacos; a nivel médico escuchando al paciente y tratando de medicar a la baja. Pero a nivel usuario también hay mucho que hacer, en Ateyavana hablamos mucho sobre la importancia de “educar” a los psiquiatras. Hay que contarles qué efectos secundarios se sufren, exigir alternativas de tratamiento y buscar soluciones conjuntas. Si esto se obvia la salida que encuentran muchas personas es dejar la medicación de golpe con la frecuente consecuencia de una recaída y un ingreso hospitalario en el que serán de nuevo sobremedicados.” 

    - ¿puede el tipo de sociedad en la que vivimos provocar problemas de salud mental? “No es que pueda provocarlos, es que de hecho los provoca. Vivimos en una sociedad altamente exigente, estresora y competitiva, donde lo que prima es tener éxito, o al menos aparentarlo, donde se nos presiona a encajar en un molde en el que a veces no encajamos. Muchas veces el hecho de que no desarrollaremos un problema de salud mental depende de la forma en que consigamos modificar ese molde o de los factores de protección que tengamos alrededor o los que consigamos construir.” 

    - Erich Fromm afirmaba que el concepto de salud mental en una sociedad depende del concepto de naturaleza humana que dicha sociedad tenga, ¿quién está enfermo, el individuo o la sociedad? 

    “Totalmente de acuerdo, lo que es normal, enfermo o loco se construye desde la sociedad con criterios estadísticos y sesgados por la cultura de quien define lo que está a un lado o a otro. El sufrimiento, en cambio, escapa a este sesgo. Es un medidor más fiable de lo que es un problema para la persona o su entorno. Por ejemplo, escuchar voces (alucinaciones auditivas) es un síntoma que es considerado un problema de salud mental, pero si esas voces en ningún momento me generan sufrimiento ni me dificultan el funcionamiento, no tiene por qué ser considerado un problema. 

    Algunas personas, por predisposición genética, aprendizajes, traumas, etc, pueden desarrollar dificultades a la hora de desenvolverse en esta sociedad ultra exigente y cuando esas dificultades son muy fuertes o se cronifican en el tiempo, la sociedad les aparta. Más que personas con enfermedad mental prefiero pensar en personas que por un factor u otro desarrollan una mayor vulnerabilidad al estrés en sus diferentes vertientes. Si tengo que decantarme por “quién está enfermo”, en mi opinión la sociedad claramente.” 

    - La sociedad va cambiando, y el trato a las personas con problemas de salud mental también, pero ¿cuáles dirías que son los avances que necesitamos de modo inmediato en el campo de la salud mental? 

    “Lo primero abrir el campo de la salud mental al resto de la sociedad, que los problemas de salud mental dejen de ser ese gran desconocido de la población general. Todo el mundo ha oído hablar de la esquizofrenia, pero muy pocos saben lo que realmente es, hace falta informar, romper estereotipos y sacar a la salud mental del “armario”. 

    También incluirla en educación, no sólo a nivel de información sino de entrenamiento en habilidades para cuidar nuestra salud mental. Si la educación emocional, la gestión del estrés o las habilidades sociales nos las hubiesen enseñado de pequeños hoy en día estaríamos mucho mejor. 

    También pienso que la atención sanitaria que se da en salud mental necesita mejorar con urgencia. Humanizar los tratamientos, eliminar determinadas prácticas como las contenciones mecánicas (atar con correas) en las plantas de psiquiatría y aumentar los tratamientos psicosociales donde las personas afectadas sean las protagonistas de su propio proceso de recuperación. Tenemos ejemplos en otros países…” 

    La salud social.


    Erich Fromm ha definido el concepto de salud mental desde una perspectiva ética: que beneficia al ser humano y qué lo daña. Hay determinadas cosas que estimulan nuestro desarrollo, y otras que lo impiden, y como los seres humanos y la sociedad formamos una unidad, ya que la sociedad ejerce gran influencia sobre nosotros, Fromm no ve posible separar los términos sociedad y salud mental. El ser humano, además de luchar por sobrevivir, como el resto de animales, en nuestras sociedades, deberá luchar ante el peligro de “volverse loco”. 

    Mientras que, para Freud, el ser humano es asocial y necesita someterse para que la vida en sociedad sea posible; para Fromm, los seres humanos llegamos a una determinada sociedad que nos moldea, y esto, no es necesariamente positivo: 

    “Si los integrantes de una sociedad funcionan bien y se adaptan, pero al mismo tiempo se aburren, beben demasiado, pasan largar horas frente a la televisión y no pueden gestar su vida de manera creativa y espontánea, entonces la conclusión es que ocurre algo poco saludable. En analogía al concepto de carácter versus carácter individual Fromm formuló un concepto, que posibilita hacer una distinción entre neurosis individual y aquellos fenómenos colectivos, que no son considerados en principio neuróticos.”[7] 

    Fromm se refiere a ello como un defecto socialmente predeterminado[8]. Al ser experimentado por todos o la mayoría de los individuos de la sociedad, no lo vemos como un defecto, y lo asimilaremos como formar parte de un grupo. 

    “Supongamos que en nuestra cultura occidental dejaran de funcionar sólo por cuatro semanas los cines, la radio, la televisión, los eventos deportivos y los periódicos. Cerrados todos esos medios de escape, ¿cuáles serían las consecuencias para las gentes reducidas de pronto a sus propios recursos? No me cabe duda de que, aun en tan breve tiempo, ocurrirían miles de perturbaciones nerviosas, y que muchos miles más de personas caerían en un estado de ansiedad aguda no diferente del cuadro que clínicamente se diagnostica como neurosis.”[9] 

    Pero, ¿por qué está enferma la sociedad? La locura puede definirse como desequilibrio mental o social.[10] Las características principales de la patología global se observan en diferentes áreas: En lo referente al individuo, podemos encontrar el individualismo extremo, el narcisismo, la insensibilidad y la codicia. En torno a la familia, vemos la anomia (incapacidad de armonía familiar), la extinción de la familia natural, con la consecuente hegemonía de la familia proveedora que fomenta el individualismo extremo. La sociedad, por su parte, se caracteriza por la sujeción a lo material, relación de los antivalores (odio, codicia, envidia…) psicopatización colectiva “pérdida de los valores ético-morales, con asunción de roles disociales en perjuicio de la familia y la colectividad”, adicciones masivas, cultura tanática y machismo salvaje.[11] 

    “La adaptación nos ayuda a sobrevivir sí, pero ¿tú quieres sobrevivir o vivir?”[12] que la mayoría de las personas sean capaces de adaptarse a las sociedades contemporáneas, no quiere decir que puedan vivir, bajo esas circunstancias, plenamente. La alienación nos anula y nos enferma, con una de las patologías más comunes: la depresión. Alrededor de 300 millones de personas en todo el mundo sufren depresión, estando España situado como en cuarto país de Europa con más casos[13]. 

    Estemos “locos” o “cuerdos”, es de admirar a aquellos sujetos que no se someten al sistema que tanto nos oprime. A aquellas personas que, en vez de competir, colaboran; que en vez de discriminar o separar, incluyen. El cuerdismo es una de tantas discriminaciones impuestas por la sociedad y la cultura, a la que la mayoría de la población se somete sin cuestionarse las causas. Como siempre que nos sometemos a algo, sin tener un pensamiento crítico acerca de ello, perjudicamos a las personas involucradas y al conjunto de la sociedad. 

    “Ese modo de negarse a sí mismo es, también, una forma de negar a los otros. La mentira con la que se ciega la propia libertad produce, al mismo tiempo, la falsedad y la doblez hacia los demás. Para ello, la “mala fe” tiene que alimentarse del miedo. Vivimos, a causa de esa originaria indigencia, en una existencia arriesgada; pero ese riesgo del vivir que nos pone en guardia ante distintos peligros, asume otros miedos que los propios: los miedos con los que la “mala fe” de ciertos intereses del poder nos angustian y nos oprimen. De esta manera, se va levantando en el individuo el complejo universo de la enemistad por el acoso de reales o imaginarios peligros.”[14] 

    El tipo de sistema en el que vivimos conlleva a que estemos enajenados de nosotros mismos, de nuestros semejantes y de la naturaleza. Nuestro carácter nos empuja a traficar y a consumir, tanto objetos materiales como espirituales [15]; los autómatas en los que nos hemos convertido, no pueden amarse entre sí[16]. En nuestra cultura, en la que el éxito material constituye un valor dominante, no es de extrañar que las relaciones sigan el mismo esquema de intercambio gobernado por los bienes.[17] La exclusión social se convierte en una consecuencia directa de nuestro modo de vida, opuesto a la solidaridad y el apoyo mutuo. La teoría del más fuerte inunda nuestra mente, y no somos capaces de ver más allá, lo que nos beneficiaria tanto individualmente, como colectivamente. La sociedad está profundamente enferma, pero, ¿realmente es algo inamovible?

    Referencias


    [1] 1 de 4 personas en el mundo tiene un trastorno mental https://www.rtve.es/noticias/20161003/cada-cuatro-personas-mundo-tiene-trastorno-mental/1418640.shtml [09/07/2020]

    [2] La estigmatización de la enfermedad mental https://www.isep.es/actualidad/la-estigmatizacion-de-la-enfermedad-mental-limita-al-paciente/ [09/07/2020]

    [3][3] El estigma http://salutmental.cat/la-enfermedad-mental/el-estigma.html [09/07/2020]

    [4] M. León Castro, Héctor. Estigma y enfermedad mental. Revista de psiquiatría y salud mental Hermilio Valdizan. Vol VI Nº1 Enero-Junio 2005. Páginas 36-40.

    [5] López, Marcelino; Laviana, Margarita; Fernández, Luis; López, Andrés; Rodriguez, Ana María; Aparicio, Almudena. La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental. Una estrategia compleja basada en la información disponible. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2008, vol. XXVIII, nº101. Página 48.

    [6] https://www.ateyavanacooperativa.es [10/07/2020]

    [7] Ubilla, Enrique. El concepto de salud mental en la obra de Erich Fromm. Rev. Chil. Neuro-Psiquiat. 2009; 47. Página 159.

    [8] Op. Cit. Passim

    [9] Fromm, Erich. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Fondo de Cultura Económica. México. 1956. Página 22.

    [10] Dimeo Coria, Mauricio. Filosofía para una sociedad enferma. Editorial Académica Española. 2016. Página 9.

    [11] Nizama-Valladolid Martín. Sociedad enferma. Revista IIPSI. Vol. 18, nº1. 2015.Página 156-158.

    [12] “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma” https://www.ecorganicweb.com/arnau-benlloch3/ [10/07/2020]

    [13] España, cuarto país de Europa con más casos de depresión. http://www.medicosypacientes.com/articulo/espana-cuarto-pais-de-europa-con-mas-casos-de-depresion [10/07/2020]

    [14] Lledó, Emilio. Ser quien eres. Ensayos para una educación democrática. Prensas universitarias de Zaragoza. Zaragoza. 2009. Páginas 56-57.

    [15] Fromm, Erich. El arte de amar. Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona. 1959. Página 110-112.

    [16] Op. Cit. Página 130.

    [17] Op. Cot. Página 16.

    ¿Quién piensa concretamente? (Wer denkt konkret?)



                No son pocos los que suelen autodefinirse como “realistas”, aunque cabe advertir -por si las dudas- que quienes gustan definirse de ese modo poco tienen que ver con los que, en otros tiempos, representaban a los nobles y comprometidos caballeros, defensores de la “realeza”. En todo caso, a lo que algunos de ellos sí se aproximan es a la definición de los afanosos amantes de “los reales”, que es otra cosa. Pero, más específicamente, aquí el término “realistas” hace referencia a los que dicen prescindir de las fantasmagorías y los insondables fastidios del pensamiento abstracto, para concentrarse, más sensatamente, en los pensamientos “sólidos” que brotan de la experiencia misma, esos que son tangibles, “positivos”, acordes con la naturaleza propia de “la realidad concreta”, tan dura y pesada como un ladrillo. Coinciden -quizá sin haberse percatado de ello, o tal vez como consecuencia de tanta concreción- con Hugo Chávez, quien en una de sus insufribles cadenas televisivas definió el sentido común -Descartes por delante- como “la cosa mejor repartida de este mundo”, porque, en su opinión expertísima, todo el mundo tenía y disfrutaba equitativa y democráticamente de “el sentido del tacto, del olfato, del oído, del gusto y de la visión”. ¡Oh sublime y dulce poesía, para las largas y agudas orejas de tan refinados hinchas, de tan acerada formación metafísica!

                Lo curioso es que, a pesar de haber hecho uso -y no pocas veces abuso- de los mencionados cinco sentidos, el citado profeta de “lo concreto” no parece haber dado las mayores muestras de sentido común, para no tener que decir de buen sentido. Y es improbable, en consecuencia, que aquello a lo cual se refería el racionalista Descartes en su Discurso del Método tuviese algo que ver con “los sentidos” a los que hacía mención el flamante Sócrates de Sabaneta. Más que de metafísica, cosas de  geografía. Porque quién sabe si, en vez de Zaraza, resulta ser Sabaneta la auténtica “Atenas del llano”. Sólo se sabe que no se sabe. A pesar de la cicuta cubana, algún inaudito cartel, roído y amarillento, venido a menos, aún pareciera indicarlo: “Aquí no se habla mal de Sócrates”. Al parecer, últimamente las cosas no le han salido del todo bien a la versión retaca de Alcibíades, hijo insigne del Furrial.

         ¡Si supieran los amantes de la sensorialidad, de lo empírico, de la “auténtica realidad”, esos que tanto huyen de las abstracciones como de la pandemia, que la conquista de lo concreto no consiste en darle la espalda a las abstracciones y voltear sus sentidos para estrellarlos contra la dura “realidad” sino, precisamente, en poder traspasar las abstracciones, saber destejerlas y volver a entretejerlas! Se trata de superarlas y conservarlas, como observaba Hegel. Porque el único modo posible de conquistar lo concreto -Marx dixit- es “por la vía del pensamiento”. En una expresión, y paradójicamente, aquellos que se autodefinen como los más realistas de todos, los mayores cultores de la realidad, los detractores de las gaseosas y fantásticas abstracciones, son, en verdad, los más abstractos de todos, por más que se nieguen a creerlo y, en consecuencia, a aceptarlo.

                Qué sea lo concreto depende de una adecuada definición de lo abstracto, porque se trata de términos opuestos correlativos. No es que lo abstracto sea motivo de desprecio sino más bien de temor. Tampoco se trata de que las abstracciones resulten ser muy comunes, sino de que, por el contrario, son imaginadas como cosas muy elevadas y distinguidas, aunque de poca utilidad “práctica”. Y sin embargo, se trata de presuposiciones que poco o nada tienen que ver con la realidad a la que tanto se suele apelar. Son los prejuiciosos y los insensatos los que piensan abstractamente, no los juiciosos ni los sensatos. Bastará con un ejemplo para mostrarlo. Un dirigente político ex-chavista es sometido y llevado a la prisión del gansterato. Para el común de la gente opositora, el dirigente en cuestión ahora sufrirá en carne propia lo que tantos opositores han sufrido. “¡Se hará justicia!”. Quizá alguien llegue a afirmar que, en el pasado, el dirigente se equivocó, que tuvo una idea errada de los narco-gansters, que en su momento creyó en la buena fe de quienes ofrecían cambio, equidad, justicia y más democracia. Pero unos cuantos afirmarán que esa opinión es insensata y hasta terrible. “¿Cómo puede haberse equivocado un malandro?, ¿cómo alguien puede atreverse a pensar que ese desgraciado rectificó y afirmar que, por más que desde hace años luche en contra del régimen, se le pueden perdonar sus vínculos históricos con esa gente? ¡Bien bueno que lo apresaron! Los que opinan de ese modo deberían estar acompañándolo en la cárcel, y deberían ser torturarlos también!”. Y agregará algún fiel seguidor del cristianismo más puro: “¡esa es la verdadera corrupción de la moralidad!, ¡Es culpa del izquierdismo que prevalece entre los intelectuales universitarios!”.


                Esto significa pensar abstractamente: no ver en el dirigente incriminado más que una parte de su trayectoria política y fijarla, es decir, que fue chavista y, a través de esa única caracterización, anular de un plumazo todo el resto de sus experiencias existenciales, políticas, sociales. En fin, el resto de sus determinaciones. Poco importa que el dirigente en cuestión comenzara oponiéndose a los abusos de un régimen que fue haciéndose progresivamente menos político, menos vinculado a una determinada concepción del mundo y de la vida y, en esa misma medida, más corrupto y delincuencial, más cínico, más cruel. Como tampoco importa que ese dirigente, que pudo perfectamente haberse “hecho el loco”, no se dejara comprar, ni se hiciera el de “la vista gorda”, con lo cual hubiese sido premiado. Y es probable que lo hubiesen nombrado gobernador, alcalde, ministro o embajador. Se lo hubiese ganado, sin duda, con “el sudor de su frente”, lo que para un ganster del cartel significa adular, vestir de rojo sangre, aplaudir como una foca, sacar el “carnet de la patria”, repetir viejas e insostenibles estupideces y, sobre todo, mantener cerrado “el pico”. Pero no. El hoy preso de la “justicia” gansteril -vaya usted a saber el tamaño de semejante contradicción- tomó la decisión de unirse a la lucha contra la disolusión de la democracia, la desvergüenza, el robo sin miramientos, el saqueo de lo que queda de país, la destrucción del aparato productivo y de las fuerzas armadas, el amordazamiento de los medios de comunicación y la hambruna general, el entierro de las universidades y del sistema de salud pública, los asesinatos extra judiciales y los encarcelamientos masivos, entre otros rubros de no poca importancia. En fin, decidió sumarse a lo concreto, a la síntesis de múltiples determinaciones, a la comprensión unitaria de lo diverso. Todo ello, a pesar de los que tadavía creen que las abstracciones pertenecen exclusivamente a las matemáticas o -¡peor aún!- a la filosofía. El precio de asumir el pensamiento concreto no ha sido bajo. Hoy celebran las voces del gansterato y celebran la de los fariseos, igualmente incultos, igualmente abstractos.



    conservar y superar
      Dos personas concreciendo.  


            Pensar concretamente nada tiene que ver con lo sensorial e inmediato. Más bien, es la antítesis de la inmediatez. Nada tiene que ver con lo empírico, ni con el mero uso de los sentidos. Si los sentidos fuesen el sustento de lo concreto el mundo no estuviese en manos de los secuaces de Pavlov. El mundo del pensamiento abstracto, de las meras sensaciones y representaciones, es pre-civil, propio del reino animal. Lo concreto es lo que concrece, el devenir de lo que se construye con el pensamiento, no lo dado, ni lo inmediato, sino aquello que va con-creciendo, lo que crece-con la superación de la inmediatez -propia de los inmediatistas-, hasta descubrir detrás de las abstractas apariencias la auténtica realidad.
               
                  
    Por José Rafael Herrera
    @jrherreraucv