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El soliloquio de descartes

 

La mente humana es un laberinto de ideas, conceptos y saberes que abren constantes caminos a la aceptación de realidades, que sin más se convierten en axiomas, o en su defecto, en la duda mismas; siendo esta una acción llevada a cabo de manera caprichosa, o argumentativa, dependiendo de cómo este el firmamento de la psique, detallando paso a paso lo que debería ser la revelación de las pruebas que den como resultado una verdad, que sin importar el escenario donde esta se presente siempre salga airosa; dejando así, desvelada la posición de irreverencia de quien tuvo la osadía de cavilar.

 

Pues, a partir de nuestro primer soplo de vida, ya nuestra mente es colmada por “verdades” proveniente de las tradiciones, sean familiares, religiosas o sociales, donde en su mayoría son fundamentadas a través de la falacia de apelación a la autoridad, debido que, se afirma que estas son verdades irrefutables por el solo hecho de ser emitidas por tal o cual personalidad; dejando un espacio a la sombra y casi escondida para la opción, el discernir y la crítica.

 

Rene Descartes


Rene Descartes, quien no escapó de este bombardeo y además vivió la dureza de aquella época donde el solo hecho de poner en la palestra una idea contraria a la aceptada por las autoridades era prueba incuestionable para ser hallado culpable, y por lo tanto, ser sepultado en las catacumbas del olvido oficial, al mismo tiempo llevar esa letra de color escarlata de hereje en la solapa. Sin embargo, y a pesar de los vientos adversos que pudieran estar acariciando la polis donde Descartes transitaba, tomó la decisión libre de abrazar la soledad y murmullo del silencio, para así, escuchar lo que su mente gritaba, pero que por los momentos nadie más debiese escuchar.

 

He advertido hace ya algún tiempo que, desde mi más temprana edad, había admitido como verdades muchas opiniones falsas, y que lo edificado después sobre cimientos tan poco sólidos tenía que ser por fuerza muy dudoso e incierto; de suerte que me era preciso emprender seriamente, una vez en la vida, la tarea de deshacerme de todas las opiniones a las que hasta entonces había dado crédito y empezar todo de nuevo desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias.” (Meditaciones Metafísicas con objetivos y respuestas. Editorial Alfaguara-1977. Pág. 17).

 

Descartes inicia así sus meditaciones, da el primer paso fuera del umbral de lo aceptado solo por usanza, comenzando, un viaje sin retorno, y teniendo como estandarte la frase “De las cosas que pueden ponerse en duda”; inaugurando la filosofía moderna en occidente.

 

“Así pues, ahora que mi espíritu está libre de todo cuidado, habiéndome procurado reposo seguro en una apacible soledad, me aplicaré seriamente y con libertad a destruir en general todas mis antiguas opiniones” (Meditaciones Metafísicas con objetivos y respuestas. Editorial Alfaguara-1977. Pág. 17). Se nota claramente que es ya un hombre moderno, está solo y actúa con total libertad, es decir, esto lo hace porque quiere y no está sometido a las doctrinas escolásticas; desvelándose la importancia de la voluntad de querer hacer libremente, lo cual, será una característica de la filosofía que este grandioso pensador tendrá en el devenir de sus días.

 

Después de las dos aclaraciones trazadas, comienza propiamente el planteamiento de la duda metódica, ante la necesidad de una primera evidencia, y el poder alcanzar una verdad de que no se pueda de ninguna manera dudar, recurre pues, a situar todo a través de la duda. Entonces, se formula una cuestión, ¿de dónde procede todo nuestro conocimiento? ¡De los sentidos!, por tanto duda que el conocimiento que estos nos proporcionan sea totalmente cierto, desarrollando un juego de duda y contra-duda, comparando lo que captamos por los sentidos con las alucinaciones de los llamados “locos” y, con las imágenes que nos proyectamos en sueños; destacando lo siguiente: “pero, aun dado que los sentidos nos engañan a veces, tocante a cosas mal perceptibles o muy remotas, acaso hallemos otras muchas, de las que no podamos razonablemente dudar, aunque las conozcamos por su medio; como, por ejemplo, que estoy aquí, sentado junto al fuego, con una bata puesta y este papel en mis manos, o cosas por el estilo. Y ¿cómo negar que estas manos y este cuerpo sean míos, si no es poniéndome a la altura de esos insensatos, cuyo cerebro está tan turbio y ofuscado por los negros vapores de la bilis, que aseguran constantemente ser reyes, siendo muy pobres, ir vestidos de oro y púrpura, estando desnudos, o que se imaginan ser cacharros, o tener el cuerpo de vidrio? Más los tales son locos, y yo no lo sería menos si me rigiera por su ejemplo”. (Meditaciones Metafísicas con objetivos y respuestas. Editorial Alfaguara-1977. Pág. 18).

 

Descartes, se encuentra seguro a esta altura de la meditación que aquello compuesto, es decir, los sentidos no son de fiar, ya que, nos pueden tener sumergidos en un engaño infinito, quedando a merced de la vulnerabilidad de estos, fáciles de manipular por factores externos al individuo, o en algunos casos, víctimas de galimatías de su propia existencia. Pero, entonces, de que no duda Rene, y la respuesta es de las cosas simples y universales, como las matemáticas, quedando en evidencia, en el hecho de que este construye su método basándose en ellas, asegurando que “pues, duerma yo o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco, y el cuadrado no tendrá más de cuatro lados; no pareciendo posible que verdades tan patentes puedan ser sospechosas de falsedad o incertidumbre alguna”. (Meditaciones Metafísicas con objetivos y respuestas. Editorial Alfaguara-1977. Pág. 19). Esto debido que, sin importar donde la persona se encontré, como se encuentre y cuando se encuentre, estas a través de su simplicidad serán siempre fiables, indubitables; pues, aunque los sentidos nos lleve a un mundo de cielos purpuras, aguas gobernadas por tritones y montañas de azúcar, las partes de un cuadrado serán cuatro y las sumas jamás restaran.

 

Ahora bien, ¿son las matemáticas una ciencia irrebatible en su fiabilidad? Es una interrogante que para Descartes era incuestionable, pero aun así, debía indagar la existía de alguna grieta aunque pequeña que fuera, que pudiera permear la luz del engaño sobre estas, a pesar de la certeza que ya habitaba en él. Para esto, Rene debió recurrir a Dios, pues solo Dios todopoderoso podría ser responsable que las matemáticas no fueran axiomáticas, yaciendo allí una contradicción “pues se dice de Él que es la suprema bondad…” (Meditaciones Metafísicas con objetivos y respuestas. Editorial Alfaguara-1977. Pág. 20); dando lugar, a un nuevo desafío para la argumentación hasta ese momento esbozada por Descartes, debido que, ¿cómo un Dios de caridad pudiera apelar a tretas y engaños?

 

Para Descartes, “si el crearme de tal modo que yo siempre me engañase repugnaría a su bondad, también parecería del todo contrario a esa bondad el que permita que me engañe alguna vez, y esto último lo ha permitido sin duda.” Haciendo algo impensado para ese tiempo, que es titubear sobre la bondad de Dios, y asegurar en cierta forma que Él mueve los hilos de las circunstancias para tergiversar la realidad conocida por el hombre, echando por tierra fundamentos escolásticos defendidos por siglos.

 

Pero este, ¿sigue fundamentando la tesis de la contradicción de la bondad de Dios? No, puesto que, establece la hipótesis del genio maligno, al decir “así pues, supondré que hay, no un verdadero Dios – que es fuente suprema de verdad, - sino cierto genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso, el cual ha usado de toda su industria para engañarme” (Meditaciones Metafísicas con objetivos y respuestas. Editorial Alfaguara-1977. Pág. 21). Dejándonos hasta este momento un sabor de boca agridulce, porque ha duda de todo, incluso de las matemáticas, siendo esta hipótesis, el último recurso para convencernos de tal idea, pero que al final, es un mero recurso, pues ¿Por qué puede haber un genio maligno que pese a la omnipotencia de Dios tenga el poder de persuadir que 2 más 3 no son 5, siendo mentira?, la respuesta es No. Evidenciándose que no duda de todo, porque si las matemáticas no son verdaderas las ciencias serian imposible, llegando a ridiculizar la posibilidad de la existencia de un modelo matemático que funcione, y al mismo tiempo sea falso, de allí la creación de la figura risible que puede ser el genio maligno. Pero, entonces ¿Qué nos plantea como filósofo? ¿Para qué todo este juego de contradicciones?, Descartes formula este planteamiento para hacer la primera crítica del problema del conocimiento.

 

La segunda meditación comienza con un Descartes sumido en la duda, cuando por fin llega la primera evidencia que tanto andaba buscando, “pues no: si yo estoy persuadido de algo o meramente si pienso algo, es porque yo soy. Cierto que hay no sé qué engañador todopoderoso y astutísimo, que emplea toda su industria en burlarme. Pero entonces no cabe duda de que, si me engaña, es que yo soy; y, engáñeme cuando quiera, nunca podrá hacer que yo no sea nada, mientras yo esté pensando que soy algo. De manera que, tras pensarlo bien y examinarlo todo cuidadosamente, resulta que es preciso concluir y dar como cosa cierta que esta proposición: yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu”. (Meditaciones Metafísicas con objetivos y respuestas. Editorial Alfaguara-1977. Pág. 24). Pudiendo notar, que por una parte es imposible que el “engañador” risible lo burle cuando se piensa, y por otra, que al decir “yo soy, yo existo”, se refiere a un Ser como cosa que piensa. Asimismo, unas líneas más abajo nos aclara diciendo, “de los atributos del alma hay uno que me pertenece, siendo el único que no puede separarse de mí. Yo soy, yo existo; eso es cierto, pero ¿Cuánto tiempo? Todo el tiempo que estoy pensando” (Meditaciones Metafísicas con objetivos y respuestas. Editorial Alfaguara-1977. Pág. 24), quedando a simple vista que el “cogito” o primera convicción es la vivencia del yo pensante y nada más, es decir, que la famosa frase de Descartes “pienso, luego existo” lo que significa es que él solo afirma con seguridad que existe cuando se nota pensar, y solo mientras está pensando; desde aquí el siguiente paso es averiguar que son las cosas corpóreas, porque hay que tener en cuenta que el “cogito” no es corpóreo, así que, de momento Descartes no tiene nada físico, nada relativo al mundo en el ámbito de sus certezas.

 

Ahora en la búsqueda de una segunda evidencia, que muestre verdades sobre el mundo corpóreo, Descartes menciona “tomemos, por ejemplo, este pedazo de cera que acaba de ser sacado de la colmena: aún no ha perdido su dulzura de la miel que contenía, conserva todavía algo del olor de las flores con que ha sido elaborado, su color, su figura, su magnitud son bien perceptibles, es duro, frio, fácilmente manejable y, si lo golpeáis, producirá un sonido. En fin, se encuentran en el todas las cosas que permiten conocer distintamente un cuerpo. Más he aquí que, mientras estoy hablando, es acercado al fuego. Lo que restaba de sabor se exhala, el olor se desvanece, el color cambia, la figura se pierde, la magnitud aumenta, se hace líquido, se calienta, apenas se le puede tocar y, si lo golpeamos, ya no producirá sonido alguno. Tras cambios tales, ¿permanece la misma cera? Hay que confesar que si: nadie lo negara (…) Ahora bien, ¿Qué quiere decir flexible y cambiante? ¿No será que imagino que esa cera, de una figura redonda puede pasar a otra cuadrada, y de esa a otra triangular? No: no es eso, puesto que la concibo capaz de sufrir una infinidad de cambios semejantes, y esa infinitud no podría ser recorrida por mi imaginación: por consiguiente, esa concepción que tengo de la cera no es obra de la facultad de imaginar (…) Debo pues, convenir en que yo no puedo concebir lo que es esa cera por medio de la imaginación y sí solo por medio del entendimiento…” (Meditaciones Metafísicas con objetivos y respuestas. Editorial Alfaguara-1977. Pág. 28-29). En este fragmento se denota muy bien que Descartes no niega que el mundo exista, sino es incapaz de dejar de dudar de las perfecciones sensoriales que tenemos de él, puesto que son cambiantes, lo único que se puede conocer con certeza es la extensión, la cual se conoce solo por medio del pensamiento, una vez que descarta los sentidos y la imaginación cuando determina que hay algo que está haciendo analizado por su pensamiento, entonces si se deja de dudar.

 

Rene ha encontrado sus dos primeras sustancias, el alma (res cogitans) y la materia (res extensa); aunque en estas dos primeras meditación no está expuesta la tercera sustancia, se puede observar muy bien porque en la actualidad se habla del círculo vicioso de la filosofía de Descartes, pues, es evidente aquí, que sus sustancias y sus certezas siempre se refieren a lo mismo, pensamiento y matemáticas; ejemplo la definición de la tercera sustancia que es Dios, lo cual, a todas luces es matemático, debido que hasta el nombre que escoge lo muestra: “res infinita”, del mismo modo, la de “res extensa”, porque del mundo se quedó tan solo con la extensión, pues es lo medible del mismo; por eso se tiene la convicción que Descartes desde el principio de su filosofía está seguro de lo mismo, de su pensamiento y la capacidad de este para llegar a certezas matemáticas, por ello se le denomina circulo vicioso, porque en todo su camino en la duda metódica y sus meditaciones nunca sale de ese punto de partida que ya conocía, pero lo que hace de forma astuta es presentarlo de diferentes maneras, en las que no afirma explícitamente su creencia firme solo en aquello que se pueda matematizar. Sin duda alguna, sus meditaciones lo convirtieron en anfitrión de la modernidad del pensamiento, una “bisagra” por así decirlo, entre dos tiempos de la filosofía, pues como personas “abrigamos una multitud de prejuicios si no nos decidimos a dudar, alguna vez, de todas las cosas en que encontremos la menor sospecha de incertidumbre” (cita de Rene Descartes) seguiremos habitando “in sæcula sæculorum  las cavernas de Creta.  

 

Cogito ergo sum.   

POR: Luis Natera Tibari


El futuro de la democracia en América

  

Futuro de la democracia

             Afirmaba Hegel en sus Vorlesungen sobre la Filosofía de la Historia Universal que América era “el Continente del porvenir, por lo que en tiempos futuros se mostraría su importancia histórica”. America  -y específicamente la América del Norte- representaba para él el Continente de la “nostalgia para todos los que están hastiados del museo histórico de la vieja Europa”. El surgimiento de las repúblicas americanas -más allá de sus especificidades o incluso de sus confrontaciones internas o de sus crisis-, fue, de hecho, el anuncio de un nuevo mundo para la entera historia de la humanidad, cuya sustancia-sujeto iría conformando el Espíritu consciente de sí mismo. Y es que “sólo cuando el Espíritu llega a conocerse a sí mismo se da cuenta de que es libre”, por lo que tiene como tarea principal la preservación de su libertad, que es, por cierto, el actual gran reto que se le presenta a la democracia en América. En el caso de la América Latina, se trata de un campo de confrontaciones históricas entre lo que podría definirse como la arcaica memoria de la tiranía atlante y el recuerdo republicano ateniense. De un lado, la irrefrenable sed de dominio y control por parte de los caudillos de siempre. Esos a los que Bolívar calificara como los “tiranuelos de turno”, que sueñan con el poder como eternidad. Del otro, el continuo esfuerzo por conformar una sociedad civil orgánica, efectivamente productiva en todos sus niveles, lo suficientemente educada y -por ende- crítica, capaz de resistir las tentaciones tiránicas y de construir un régimen de libertades democráticas, de equidad y de justicia social. Una contradicción -una antinomia- que, en los últimos tiempos, lejos de morigerarse, ha recrecido y amenaza, una vez más, con aplastar la herencia histórico-cultural del ethos ciudadano, si es que ya no lo ha hecho, en medio de estos tiempos de posverdad, cuya característica básica consiste en atribuirle más valor a las formas que a los contenidos, a las apariencias que a las esencias. Fracturada entre el deseo heterónomo y el anhelo autónomo, la América Latina requiere dejar de ser pura geografía para poder dar el salto cualitativo y entrar, definitivamente, en la historia. Este es el reto, no sólo para sus políticos y legisladores, sino también para sus intelectuales, sus pedagogos y sus religiosos, sus artístas, sus escritores, sus científicos y sus empresarios.

            El caso de la América del Norte no deja de ser menos preocupante. Una vez más, conviene citar a Hegel al respecto: “Para que un Estado adquiera las condiciones de existencia de un verdadero Estado, es preciso que no se vea sujeto a una emigración constante y que la clase agricultora, imposibilitada de extenderse hacia afuera, tenga que concentrarse en ciudades e industrias urbanas. Si existieran aún los bosques de Germania no se habría producido la Revolución Francesa. Norteamérica sólo podrá ser comparada con Europa cuando el espacio inmenso que ofrece esté lleno y la sociedad se haya concentrado en sí misma”. Y así lo hizo, en efecto, la América del Norte: llenó, a sangre y fuego, su inmenso espacio y concentró la sociedad corporativa en sí misma, como su sacramento y signo. Sólo que su empeño en el desarrollo de sus fuerzas productivas, y su exclusiva focalización en la ratio instrumental, la hizo desdeñar la Educación Estética. El resultado es la paradoja de un inmenso desarrollo tecnológico y el de una Bildung atrapada en las fauces del entendimiento abstracto. Su premura por conquistar el gran desarrollo industrial, una gran máquina productiva en todos los ámbitos de su existencia, la aproximó cada vez más al entendimiento y menos a la razón. Y, como decía Kant, “el entendimiento sin la razón es ciego, tanto como la razón sin el entendimiento es vacía”. De hecho -valga la alegoría-, podría decirse que mientras la América del Sur muestra una racionalidad vacía, la América del Norte muestra un entendimiento ciego. Se dice que el águila -emblema principal de las Estados Unidos- tiene una visión que duplica la de los humanos. Pero, paradójicamente, la concentración de Norteamérica en la reflexión del intellectus la ha hecho devenir una poderosa nación invidente frente a los actuales peligros que rodean al Continente.

            Hoy el Oriente, esa civilización que ha hecho de las autocracias, los totalitarismos y los despotismos su modo milenario de existencia y su “razón” de ser, se ha volcado, como nunca antes, a la conquista de América. Mientras abruman financiera, comercial y tecnológicamente a los Estados Unidos, van, al mismo tiempo, cercando a Latinoamérica, transformándola, poco a poco, en una presa fácil de sus intereses planetarios. Venezuela, por ejemplo, ya no es un Estado, y su territorio ha sido fracturado para ponerlo al servicio de la brutal explotación China, Rusa e Iraní sobre sus riquezas naturales. Han convertido al país más rico de América Latina en un país secuestrado por una pandilla de gansters, de narcotraficantes al servicio del Foro de Sao Paulo. Hoy la mayor parte de su población se ha vuelto miserable y famélica. Ya el éxodo ronda los siete millones. Venezuela se ha convertido en la Israel del siglo XXI. Pero el resto de Latinoamérica no es una excepción. Recientemente, China  puso en práctica un plan basado en aparentes proyectos de cooperación política, desarrollo de infraestructura, inversiones y facilitación de comercio, integración financiera e intercambio cultural y social que, en el fondo, no solo redunda en fuentes directas de expoliación sino, sobre todo, en una cada vez mayor y más profunda injerencia en Latinoamérica. China le prestó a Ecuador 18.170 millones de dólares al 7% de interés, a cambio de la entrega de 1.365 millones de barriles de petróleo, con un valor mucho menor al del mercado. Pero, poco después, China vendió la deuda de Ecuador a cuatro bancos europeos, los cuales renegociaron y revendieron la deuda a la compañía Gunvort, una empresa vinculada a Vladimir Putin. Las pérdidas para Ecuador han sido inmensas. Lo mismo sucede en muchos otros países del Continente. China y Rusia ofrecen armas, petróleo, pertrechos militares, entrenamiento militar y tecnológico a cambio de la cada vez más visible penetración de sus intereses expansivos, en lo que representa una auténtica “punta de lanza” contra los Estados Unidos. China es, de hecho, el principal contratista y fuente de financiamiento para el “proyecto de desarrollo nacional de Bolivia” que han liderado Evo Morales y su sucesor, Luis Arce Catacora. Por si fuese poco, la introducción masiva del consumo, distribución y venta masiva de estupefacientes, cuyo objetivo consiste en el progresivo debilitamiento moral de los individuos y la consecuente pobreza espiritual de los ciudadanos, está afectando severamente el modo de percibir y de percibierse de cada quien y de cada cual, el “orden y la conexión de las ideas y las cosas” de los -otrora- herederos de la civilidad.  

            Mientras tanto, la pobreza espiritual se va apoderando de todo y de todos. Ella es una peste más potente y mortal que el Covid para el Continente entero. Nunca un tiempo había azotado con tanta saña al territorio americano. De ahí la necesidad de concentrarse en la investigación, de esforzarse en el estudio y desarrollo de la cultura, la educación de calidad, el pensamiento dialéctico, crítico y creador, con el objetivo de generar un nuevo gran consenso, una nueva concepción ilustrada y republicana del mundo, que sea capaz de recuperar la propia herencia histórica, política y social, pero que, sobre todo, sea capaz de recuperar el derecho de ser libres, de reinventarse de continuo, de asumir la democracia como el sagrado derecho a decir que no. Quizá este sea el mayor de todos los retos de América.        

 

De la reconstrucción de la civilidad republicana

reconstruir civilidad

 

 

            La idea de la construcción de la eticidad o civilidad republicana, trasciende la percepción característica de las presuposiciones propias de las ideologías que configuran -y han venido determinando- el horizonte problemático de este inicio de siglo XXI. Se trata de un horizonte histórico, político, social y cultural en crisis orgánica, al que, sin embargo, se le pretende enmasillar con las tonalidades extremas -abstractamente reflejadas, en realidad- de los “ismos”, inherentes a toda fe positiva, carente de vida. Son esas tendencias ideológicas a las que, hoy en día, cada uno de los extremos involucrados suele designar bajo el nombre expiatorio de posverdad. Llámese socialismo, liberalismo o populismo. Pero, por eso mismo, la negatividad que algunos intérpretes rechazan y despachan sin más, como si se tratara del diablo, se vuelve contra ellos mismos, al punto de que, en vez de empeñarse en el estudio de la superación histórica de las antinomias -que es, además, el oficio que no sin paciencia conceptual ha asumido desde sus orígenes la filosofía-, se sugiere padecerlas, convivir inmersos en la charca de su martirio, anunciando “la buena nueva” de una herida sangrante, de una hemorragia indetenible. Como dice Hegel, “Ten el valor de equivocarte”. De ahí que el esfuerzo de “seguir pensando” -la superación que conserva-, que asume el rigor de lo negativo y la fuerza de la crítica histórica, se ha evidenciado como la mayor de las exigencias de la inteligencia del presente. Una exigencia necesaria y determinante, por lo que tiene que someter a juicio las abstracciones maniqueístas derivadas de la lógica de la identidad.

            La idea de “la cosa pública” o de la Res-pública es, en efecto, una de las mayores contribuciones hechas por la filosofía a la historia de Occidente. Cada época, cada aquí y ahora, cada término del pensamiento y de la extensión del tiempo, ha tenido su modo particular de concebirla y comprenderla. Todos sus exponentes han ido tejiendo el entramado de su verdad. Lo que deja claro que ha sido justamente en virtud de su concrecimiento histórico de donde ha surgido su condición universal, ya que no se trata de un “modelo”, ni de una receta, ni de un esquema abstracto -ab extra- de interpretación de “la realidad misma” sino, más bien, de la autoconsciencia y el sistema de la realidad efectiva. No de la realidad inmediata (la realiter) sino de la realidad de verdad (la Wirklichkeit), la realidad comprendida como la acción de su realización, como “la hazaña de la libertad”. No, pues, como su práctica, sino como su praxis. La lista es amplia. Para citar tan solo a los más representativos: Platón, Aristóteles, Cicerón, Tito Livio, Maquiavelo, Moro, Bruno, Hobbes, Campanella, Spinoza, Vico, Montesquieu, Rousseau, Hegel. En todos ellos, la República manifiesta los caracteres propios de sus respectivas épocas. Pero todos ellos contribuyeron, cada uno a su modo, con la reafirmación de su autenticidad y, sobre todo, de su vigencia. Es el pasaje de lo pensado a lo pensante. La historia, dice Croce, siempre es historia contemporánea. Solo basta reconstruirla, seguir su hilo de Ariadne, para poder comprender que los latidos del corazón del topo labran el presente y construyen el porvenir. No sin la paciencia del concepto, la mortaja de Ulises fue tejida, destejida y retejida, una y otra vez, con hilos de civilidad republicana. 

            Hoy, y quizá como nunca antes, el reordenamiento de la teoría y la praxis republicana se ha vuelto una exigencia. No se trata de la mera reivindicación verticalmente unilateral del concepto republicano en la jefatura del Estado. Ya ni siquiera se trata del republicanismo sino de la republicanidad. Y, por eso mismo, se trata de emprender el camino inverso: no el que va de las formas a la vida, sino el que va de la vida a las formas. Se trata, en consecuencia, de la recomposición -la superación que conserva- del orden y la conexión de la idea republicana y, en consecuencia, del compromiso de rescatar y reafirmar su condición institucional, esta vez, de manera abierta y flexible, sustentado en un renovado proyecto educativo, en una nueva expresión cultural. Si algo caracteriza la autenticidad de la vida republicana es la diversidad, la pluralidad, la diseminación. Su principio supremo es la real y efectiva división de los poderes, no solo de los constituidos sino, incluso, de los poderes más cercanos, los de las comunidades, esas que hacen posible la transformación del individuo en ciudadano. La confianza republicana no está depositada exclusivamente en las instituciones del poder central sino en la institucionalidad mínima local, porque es desde la base federativa de las comunidades que puede surgir la legitimación de toda la estructura. Por eso mismo, es menester traspasar las limitaciones propias del militante -y, todavía más, del miliciano- si se quiere tener una auténtica República de ciudadanos, en la que impere el reino de la justicia y la libertad, la nítida percepción de confianza y seguridad que sostenga, con bases firmes, la estabilidad integral de las instituciones. Nada más lejano del espíritu republicano y civil que el empeño invasivo presidencialista por controlar el funcionamiento de las instituciones del Estado. Toda forma caudillista le es contraria al espíritu y cuerpo republicanos.

            Una nueva Ilustración se impone en medio de la tendenciosa oscurana de los “ismos”. Su atmósfera densa, corrompida, hipócrita y traicionera, oculta sus intereses particulares tras la atribución de una supuesta condición “natural”, de una “robinsonada”, ajena a toda historicidad. La verdad es que los antagonismos se complementan y solapan. Nada más solidario al populismo que el neoliberalismo, porque al destruir las bases de la republicanidad civil surge, casi de inmediato, la exigencia del atajo populista. Y, a la inversa, el fracaso al que siempre conduce el populismo es la premisa principal para la masiva irrupción de los intereses del cada quien y del cada cual, que pretenden sustituir el Ethos por la codicia. Quien quiera quejarse del uno debería quejarse del otro. En el fondo, son las mezquinas abstracciones, los extremos enajenados y recíprocamente indiferentes -el “otro del otro”- de toda sana civilidad republicana.             

 

 

           

 

Qué es conatus

 

  

Expresión Conatus

            La expresión conatus es de origen latino, aunque tanto los seguidores de Aristóteles como los estoicos utilizaran la palabra όρμήν (órmen), con la cual caracterizaban el impulso instintivo de conservación de todas las especies. Su traducción al español va desde el originario “esfuerzo”, hasta el “apetito”, el “deseo” y la “voluntad” (del latín, respectivamente, appetit, velle, vult). Aristóteles, Diógenes Laercio y Cicerón coinciden en afirmar que el conatus consiste en el rechazo a la propia destrucción: los seres humanos -afirmaban- no desean hacer algo porque piensen que es bueno, sino que piensan que es bueno porque desean hacerlo. La inclinación instintiva de todo ser consiste en el deseo de autopreservarse, siendo ese su mayor deseo. León Hebreo -uno de los referentes esenciales para la adecuada comprensión de los orígenes del pensamiento de Spinoza- decía que se trataba del movimiento natural “hacia arriba y hacia abajo” de un ser equilibrado en posición intermedia, en busca del “amor natural”.

            Para Descartes, y a diferencia del sentido antropomórfico que mantuvo el término -como expresión de esfuerzo y lucha ético-política- durante toda la filosofía antigua, el conatus consiste, más bien, en “una fuerza o tendencia activa de los cuerpos a moverse, expresando el poder de Dios”. Con lo cual, además, su interés por el conatus se concentra no tanto en los seres vivos como en el interés por el entendimiento de las leyes físico-matemáticas que controlan el sistema de la razón natural. No debe olvidarse que Descartes es el filósofo de las distinciones -clarité et distinction-, por lo que, para él, nada tiene que ver, por ejemplo, la gravedad -conatus a centro- o la fuerza centrífuga -conatus recedendi- con una disposición inmanente o con un deseo animado, implícito en la materia, de querer preservar su movimiento. De hecho, su conatus se movendi no es más que una anticipación del principio galileano de la inercia: “todas las cosas -dice- en tanto que descansan, siempre conservan el mismo estado, y cuando son movidas, siempre continúan moviéndose”.

            Pero si Descartes es pensador de la distinción, Spinoza lo es de la unidad que comprende las distinciones. Comprender quiere decir superar: “Ordo et conectio idearum idem est ac ordo et conectio rerum”. El particular conatus de los cuerpos es el appetitus de lo general que le es inmanente a la virtus que conforma la libre voluntad de los hombres: “Este conatus, cuando se refiere solo al alma, se llama voluntad; en cambio, cuando se refiere a la vez al alma y al cuerpo, se llama apetito. Éste no es, pues, otra cosa que la misma esencia del hombre, de cuya naturaleza se sigue necesariamente aquello que contribuye a su conservación y que el hombre está, por tanto, determinado a realizar”. Sujeto y Objeto. El esfuerzo por preservar el ser implica la correlativa adecuación de extensión y pensamiento. El mito del materialismo crudo spinoziano, de su supuesto afán por exaltar el dominio absoluto de la naturaleza sobre la humanidad -negando el ethos civil, la constitución de una sociedad de libertades-, no sólo es un mito sustentado en una lectura triste -unidimensional- de su obra, es, además, una aberración. “No se puede acusar de ateísmo a una filosofía que tiene a Dios como fundamento”, advierte Hegel al referirse al prejuicioso unilateralismo de quienes se aproximan a Spinoza asistidos, desde la “Nueva Izquierda”, por la lógica de la identidad.

            “Nada se puede destruir excepto mediante una causa externa”. Es la resistencia spinoziana frente a la autodestrucción, el feliz esfuerzo por preservar la propia existencia y aumentar su poder. La conquista de la libertad es el resultado de esta pulsación continua, de este “impulso perpetuo hacia la perfección”. De hecho, para Spinoza, la felicidad consiste, primeramente, en la capacidad de preservarse a sí mismo, y en esa preservación encuentra los fundamentos del reconocimiento de la propia virtud. Por eso mismo, la libertad es conciencia de la necesidad. En este sentido, Vico tiene razón al afirmar -siguiendo a Spinoza- que el conatus es la fuerza generadora del movimiento in fieri de la historia, la esencia misma de la sociedad.

            Por oposición, una sociedad que ha perdido su alma es una sociedad que ha entregado su conatus y se prepara para su propia destrucción. Las crisis orgánicas de los pueblos ponen de relieve la presencia del desgarramiento entre el individuo y la sociedad, entre lo que se piensa y lo que se hace, entre lo público y lo privado, entre las virtudes de la razón y los afectos pasivos de la imaginación. Todo apunta hacia la pérdida colectiva del conatus y, con él, de la fuerza motora que alimenta la libertad. Es evidente que cuando se concentra toda la atención en la resolución de las necesidades básicas (alimentarse, reproducirse, guarnecerse), cuando la sociedad entera queda sometida a las precariedades del subsistir y se concentra la atención en la adquisición de los recursos mínimos, suficientes para poder saldar los servicios básicos que garanticen alguna seguridad, la moral de la impotencia se hace manifiesta y las actuales figuras de la esclavitud se transforman en señorío. La pérdida del conatus es la garantía del despotismo, la tumba de la libertad y de la felicidad y, con ellas, del “amor intelectual de Dios”. La afirmación de Einstein: “Creo en el Dios de Spinoza, quien se revela a sí mismo en las armoniosas leyes del universo, no en un Dios que se ocupa del destino y el castigo de la humanidad”. Una clase política que no comprenda la necesidad de esta función esencial del conatus para vencer la pobreza espiritual, para generar el apetito de la libertad mediante la formación de una nueva cultura, de un nuevo “bloque histórico”, de un nuevo consenso hegemónico, con instituciones sólidas y eficientes, está condenada al fracaso, y, lo que quizá sea aún más doloroso, asegurará la ruina y la infelicidad de sus conciudadanos, porque garantizará la muerte de las ideas republicanas y de la república misma. 

    

             

José Rafael Herrera

@jrherreraucv

 


                       

Comprender el populismo político hoy

 

Del populismo

 

  

Autoritarismo y populismo

            Nadie puede negar los estrechos vínculos que, con el paso de los días, se han ido urdiendo entre la praxis política propiamente dicha y las ideologías de estricto corte populista, por lo menos no durante lo que va de este sombrío y decadente siglo XXI. Y es que pareciera que cada nueva centuria -corso e ricorso- se estrena con esta exigencia devenida fervor, con este exasperado grido del popolo, iluminado por la mayor de las esperanzas y oscurecido por la mayor de las frustraciones. No obstante, es verdad que, en la extensión de esta mala infinitud, existen populismos y populismos, como también existen diversos modelos de socialismo y, por supuesto, de liberalismo. No se puede hacer un saco de gatos en medio de la floreciente posverdad acechante, a pesar de las quejas interpuestas por los siempre entusiastas reductores del saber social a la floreciente instrumentología del presente. De ahí que el populismo al que apunta la vulgata sociológica suela ser vinculado exclusivamente con el llamado narodnismo ruso del siglo XIX -término que, por cierto, deriva de la expresión narodnichestvo, y cuya traducción literal al español significa “ir hacia el pueblo”. Pero no por ello resulta menos cierto el hecho de que del populismo pueda hablarse, histórica y culturalmente, desde el surgimiento mismo de la Polis griega y, más específicamente, desde las primeras formas de aparición de la demagogia. Como afirmaba una vieja publicidad de la línea aérea Pan-Am -que Hegel no tendría inconvenientes en refrendar- “la experiencia -en este caso, de la conciencia- hace la diferencia”.

            Claro que, así como no es lo mismo hablar del desempeño del dinero en la antigüedad clásica en comparación con el peso específico que éste mantiene en la actual sociedad del capital financiero, no se puede confundir el populismo de los tiempos de Cleón, Alcibíades o Cleofonte con el de los tiempos de Trump, Putin o Chávez, del que, por cierto, Maduro es, apenas, una caricatura grotesca, pintarrajeada por las manos del poder gansteril. De ahí la crucial atención que merece el discernimiento de los caracteres fundamentales del fenómeno en y para el presente. Tarde o temprano, la “astucia de la razón” impacta la cotidianidad. Así, quince años después de iniciarse el día a día del nuevo siglo, José Luis Villacañas, lúcido y distinguido filósofo español, publicó un breve ensayo que lleva por título Populismo (Madrid, La Huerta Grande). Su contribución a la comprensión de este problema -una vez más, de esta experiencia de la conciencia contemporánea- que ha estremecido con tanta severidad el hacer, el pensar y el decir del presente, resulta de factura esencial, a los efectos de sorprender los posibles intersticios que han terminado poniendo severamente en peligro los fundamentos mismos sobre los cuales ha surgido la cultura occidental, su bella eticidad ciudadana, su institucionalidad y, particularmente, la actualidad de su idea republicana, en sentido enfático.

           “Atravesamos una época de riesgo sistemático. De cualquier sitio puede emerger la situación que inicie una cristalización peligrosa y dé paso a nuevos posicionamientos de todos los actores. No es azar que los fenómenos de espionaje se hayan tornado universales e intensos. Este hecho testimonia un movimiento histórico de fondo, cuya configuración final está lejos de presentarse a la vista”. Época de juicios confusos, de aliados esquivos, de intereses múltiples, de juegos ambiguos: “unos actores se muestran deshinibidos y sin escrúpulos, como Rusia, otros, como Alemania, se atienen a fijaciones fetichistas cuya nítida función de producción de seguridad apenas se puede ocultar”. Son, sin duda, palabras importantes escritas por Villacañas. Palabras de extraordinaria vigencia que remiten a la toma de conciencia de una sociedad que ha sido empujada por la razón instrumental y el pensamiento débil hacia la mayor oscuridad, cuyos puntos de inflexión escisiva conforman el epitafio de la estricta rigidez del cesarismo, por un lado, o de la inescrupulosa promesa de la flexibilización paternal, por el otro. Extremismos que, en última instancia, terminan apuntalando el mismo resultado, el mismo retorno de la barbarie, aunque no pocas veces con factores invertidos. En el fondo, se sirve a la causa de la sociedad orwelliana, sea ésta la del desaliño y vulgarización lumpemproletaria o la de la estricta regulación que finge garantizar la libertad mientras la condena a la cotidianidad de una enorme, apabullante, cadena de montaje.

            “El populismo es la teoría política que siempre ha sabido que la razón es un bien escaso e improbable”, porque en la época de la política de masas, “la razón es la última de las potencias masivas capaces de responder a la crisis”. Por eso el populismo tiene la necesidad de poner en duda que los fundamentos de la sociedad tengan una base racional. “Lo que en tiempos de estabilidad parecía una exageración, incluso una patología, ahora se torna normalidad. El populismo se levanta sobre esta operación de borrado entre lo normal y lo patológico.. Pero su mirada, bastante penetrante, comprende que en la base de las sociedades hay siempre una falta de suelo, esa falta de fundamento que muestra la filosofía de Heidegger, y que cuando esta sensación de operar en el vacío emerge, sale a la luz un exceso peligroso”. Sólo basta que la crisis alcance cierta densidad para inundar todo con su saña y asaltar los espacios trabajosamente conquistados por la razón.

            La política del populismo consiste en convencer a las sociedades de que no existe otra política que la populista. Sólo es cuestión de tiempo. Su ritmo patológico contagia, al punto de que su exigencia convoca a la indeterminación guiada por una pasión exacerbada que conduce, directamente, a la perversión de la nada devenida -via negationis- todo, transmutada en dependencia totalitaria. El totalitarismo es, de hecho, su meta. Quizá como nunca antes la filosofía se ha vuelto imprescindible, a los efectos de propiciar salidas concretas ante esta atmósfera asfixiante. Y quizá la inminente propuesta de la fundación de una nueva Ilustración contenga, aquí y ahora, mucho más que una imperiosa necesidad.        

        


José Rafael Herrera

@jrherreraucv

 

 



La superfectación de marx por la historia

 Liebre de marzo

 

 

La liebre de Marzo será mucho más interesante y,

tal vez, como nos encontramos en Mayo no estará

loca de atar..., por lo menos no tanto como estaba

en Marzo”.

Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas

Marx, historia y superfectación 

 

            Superfectación, palabra, por cierto, poco conocida y tan extraña como su significado. No obstante, a pesar de esa inhabitual condición, su uso tanto en las ciencias médicas -especialmente en obstetricia- como en el campo de la zoología, no es del todo infrecuente. Pero no así en el de la lógica simbólica o, por extensión, en el de aquellas disciplinas que han hecho del silogismo aristotélico su fundamento natural, su punto de partida y de llegada. 'P>Q', fin de la discusión. O llueve o no llueve. No se puede ser o estar y no ser y no estar en el mismo espacio y al mismo tiempo. Y, sin embargo, la superfectación, a pesar de las precisas indicaciones aristotélicas, comporta la posibilidad cierta de que, por ejemplo, una mujer quede embarazada estando ya embarazada, a pesar de que cuando se produce la fecundación de un óvulo -como indica la reseña en cuestión-, “se inicia una cascada hormonal, cuyo objetivo es impedir que sigan madurando nuevos óvulos y que se produzcan nuevas fecundaciones”. Pero -y es que en filosofía, como en la vida misma, siempre acecha un terrible pero- “en ocasiones acaban anidando en el útero varios fetos en distinto estado de desarrollo. Así, la zoologa Kathleen Röllig, del Instituto Leibniz, en Berlín, ha descubierto con ecografías que las liebres preñadas pueden sufrir un segundo embarazo”. Durante su época de apareamiento, en marzo, las liebres macho boxean entre sí por el amor de las hembras. Se dice que pierden por completo “la cordura”. El estar “loco como una liebre de marzo”, es una conocida metáfora popular, especialmente en los países de ascendencia anglosajona.  

 

            Unas cuantas liebres de marzo han terminado 'boxeando' sobre el fértil terreno de la lógica aristotélica, generando a la larga peligrosas superfectaciones que, poco tiempo después, terminan en empreñamientos de doble factura, curiosas epifanías, Janos o 'vuelvan caras', cuyas insolvencias materiales y espirituales terminan produciendo esos extraños freakies que, tarde o temprano, ponen en peligro el buen nombre de la civilización humana. No cabe duda: tipos como Hitler o Stalin, Mussolini o Mao Tse Tung, Franco o Fidel, Chávez o Putin, son el resultado de tan curiosas experiencias, de esos extraordinarios fenómenos que reciben el nombre en cuestión. Son la liebres de ese largo, prolongado marzo de la historia. Y no son pocos los casos tanto en las ciencias sociales como en las ciencias políticas. La obra de unos cuantos filósofos adolesce de esta engorrosa condición. Especialmente la de aquellos que gozan de mayor popularidad. Ya lo decía Sartre en relación con una obra como el Manifiesto de Marx: se trataba, en su opinión, de “la vulgarización de un pensamiento”. Y es que -para no tener que atravesar las aguas del insufrible barruntar posmoderno, en relación con Nietzsche- bastará con señalar que cuando Marx postula la actividad sensitiva humana -la praxis- como núcleo central de su filosofía, con ello, y a fortiori, está declarando la bancarrota del materialismo. Pero si Marx -según lo que oficialmente sostienen los apologetas de la franquicia- es un materialista, entonces inevitablemente le pone fin a la actividad sensitiva humana como centro motor de su pensamiento. Más aún, cuando la filosofía ejerce su función como legítima teoría crítica de la sociedad, con ello desecha la vana manía de pretender predecir el futuro. Pero cuando esta se dedica a predecir el porvenir, con ello cesa su función como teoría crítica y, por ende, como filosofía en sentido estricto. Una concepción filosófica no es, y no puede ser, una doctrina, una fe, un dogma, una ideología. Mientras la filosofía se esfuerza por denunciar -more geometrico demostrata, diría Spinoza- la irracionalidad, la injusticia o la decadencia de una determinada formación cultural, las llamadas doctrinas procuran sembrar esperanzas en un mundo construido, según la conocida expresión maquiaveliana, “sobre las nubes”, garantizando con ello su propio beneficio y preservación.  

            Cuenta un entrañable amigo de siempre que, durante sus años de “formación” ideológica en la Juventud Comunista, Pedro Ortega Díaz les decía, no sin severidad enfática: “el marxismo no es un dogma.. ¡Repitan conmigo..!”. Por supuesto, Lenin lo superaba con creces: según su ortodoxa opinión, “el marxismo es una ciencia exacta”. Pero, en todo caso, el así llamado “socialismo del siglo XXI” es, en relación con sus figuras precedentes, la superfectación de una superfectación. Y, por cierto, nada de esto tiene que ver con el pensamiento dialéctico. En primer lugar, porque no es pensamiento sino representación. En segundo lugar, porque no es dialéctica sino fe positiva, tomada de la más momificada versión del entendimiento abstracto. Así, pues, Heinz Dieterich, padre de la creatura del llamado “nuevo proyecto histórico”, que consiste en apuntalar una sarta de recetas acerca del cómo se debe implementar un régimen neo-totalitarista: “desarrollismo democrático”, “economía de equivalencias”, “democracia participativa y protagónica”, organización de los “colectivos de base”,  construcción del “Bloque Regional de Poder” como garante de la integración económica de los “Estados progresistas” latinoamericanos O el “Bloque Regional de Poder Popular”, suerte de coordinadora continental de los movimientos sociales en apoyo al “proceso revolucionario”. En fin, la ficción puede resumirse en una consigna: “liberalismo sin capitalismo; socialismo sin estatismo”. De nuevo, una superfectación. Por fortuna, the dream is over, como diría Lenon.

            Sin más fundamentación que la presuposición y el dar por sentado, y tomando como referencia immobile esa especie de alter ego de un Marx superfectado por la fértil imaginación del fanatismo materialista soviético, el novísimo socialismo del siglo XXI, fecundado por una liebre de marzo, dejó de ser un legajo de sublimes -y ociosas- fantasías para terminar -puesto en manos de un roedor de las estepas barinesas- en el más vetusto de los regímenes autocráticos, cuyo destino inevitable es el terror, la corrupción y el crimen. En una expresión, la gansterilidad. Decía Hegel que los sueños más sublimes de la revolución francesa terminaron en la pesadilla de la guillotina. Sí, “sublime, terriblemente sublime, pero no bellamente humano”. Dieterich declaró, entre brincos y saltos, que Lepus, el Galáctico, desvió el camino que él, magistralmente, había trazado. Doctor Frankenstein se niega a asumir las consecuencias de su monstruosa creación. A pesar del frescor -o quizá como su consecuencia-, la primavera puede servir para la gestación de más de un parto en un mismo cuerpo.


José Rafael Herrera

@jrherreraucv

 

 


Zelenski y la guerra glocalizada

 

Guerra glocalizada y Zelenski

I

Explicito el lugar epistemológico, mi caja de herramientas, desde el cual realizo el análisis, en clave de twitter. (1) Desde la tradición de la filosofía política inaugurada por Maquiavelo, llamada realismo político. (2) Desde la reinterpretación de Maquiavelo realizada por Nietzsche en el Crepúsculo de los ídolos, en la sección titulada Lo que le debo a los antiguos, a propósito de dos vocablos: libertad y belleza. El primero definido en el fragmento 38 de Incursiones de un intempestivo, a saber: “¿Qué es la libertad? Tener voluntad de autorresponsabilidad” y el segundo, en el fragmento 47: “Regla suprema: es preciso no dejarse ir ni siquiera delante de sí mismo.” (3) Desde la reinterpretación de Nietzsche que realiza Foucault; pero, sobre todo, su mirada de lo social como mallas de poder; como lo expresó en sus lecciones publicadas con el nombre El gobierno de los vivos, “(…) no hay ningún poder que no se apoye en la contingencia y la fragilidad de una historia…” (Foucault, 2012/2014 pág. 99) y otra idea fundamental en uno de sus artículos recogidos en el libro Estética, ética y hermenéutica: las “(…) formas de poder son heterogéneas. Así pues, no debemos hablar del poder si queremos hacer un análisis del poder; sino que debemos hablar de poderes e intentar localizarlos en su especificidad histórica y geográfica.” (Foucault, 1994/1999 pág. 239).

II

Utilizo el vocablo glocalizada, en el sentido contemporáneo de la sociología, la guerra es local, es decir, geográficamente delimitada, Ucrania, pero que tiene efectos globales y viceversa; pero, además, hay un nivel de guerra global en el campo económico. Es decir, afecta al planeta, a todos los países, económicamente, en distintas dimensiones y de forma diversa. La Guerra glocalizada es una novedad de nuestra época.

La guerra glocalizada que estamos presenciando tiene unas características novedosas con relación a la palabra guerra, a propósito de los criterios para discernir el éxito o el fracaso de un ataque. Cuando se decía guerra en la época moderna, se entendía que era una confrontación, donde atacar era una acción que realizaba uno de los actores con la finalidad de dañar de forma inmediata al enemigo en el corto, mediano y largo plazo. Era exitoso el ataque si el atacante permanecía igual o mejor que antes del ataque, con relación a sus costos. Se consideraba que el ataque era un fracaso, si el resultado tenía más costos que beneficios para el atacante.  

Una imagen de la globalización ha sido McDonald´s. La trasnacional tomó la decisión de cerrar todos sus establecimientos en Rusia. Esa decisión se considera como un ataque económico a Rusia.  En el corto, el mediano y en el largo plazo (de mantener la medida), esa decisión tiene más costos para McDonald´s que para Rusia. Para Rusia es mínimo porque es social (su población no podrá disfrutar de un tipo de comida) y quedarán una cantidad de trabajadores sin empleo (pero eso mínimo, considerando la población del país) y para Mc Donald´s, el costo es máximo porque no obtiene ningún beneficio y asume solo costos económicos. Es decir, se encuentra en peor posición que antes de atacar. Pero lo que sucede con la trasnacional, es similar en otros campos económicos con relación al efecto, en el campo económico, que llamo boomerang.

Al ser una guerra planteada globalmente en el campo económico, hasta el momento, toda decisión de la OTAN tiene un efecto boomerang, es decir, algún país de la alianza sufre los costos de la decisión sin ningún beneficio o con muy pocos beneficios. Es por ello que el mayor ataque, bloquear el suministro de energía a Rusia, tenía el efecto boomerang contra el estado alemán; por lo tanto, tuvieron que derogar esa decisión.  Al tener el efecto boomerang, cualquier medida económica, en el corto, mediano y largo plazo, tendrá efectos negativos en los distintos países de la OTAN de forma inmediata, mediata o a largo plazo y el efecto es expansivo globalmente.

Por ahora, las poblaciones de todos los países de la OTAN, pueden asumir los costos de las decisiones de sus gobiernos, a propósito de los acuerdos de la alianza; pero, de prolongarse la guerra, el panorama se transforma.  Imaginemos a la población de Canadá, Alemania, Italia o Francia, por ejemplo, si permanece la guerra empezarán a sufrir las consecuencias económicas; y la oposición política en cada uno de sus países capitalizará el descontento y quienes estén tomando esas decisiones, actualmente, correrán el riesgo de perder el poder político en sus estados, localmente, por una decisión global…  Porque localmente, la población expresará su descontento a su gobierno porque el primer deber es tomar decisiones que minimicen los costos y maximicen los beneficios para el país.  De allí que los decisores tienen que acordar medidas comunes, pero tienen un límite, los intereses de su país; porque si pierden de vista sus intereses locales, tanto los decisores como sus partidos que ejercen el gobierno, actualmente, arriesgan su capital político.

Si la guerra se mantiene en el plano económico. Rusia solo tiene que resistir, no tendrá beneficios en el aspecto económico, tendrá altísimos costos, pero tendrá menos costos tanto económicos y como políticos que sus oponentes. A menos que sean tantos los costos económicos para Rusia, que se le genere un problema interno y se desestabilice su gobierno. Pero si le causan un máximo daño económico, como tiene un efecto boomerang, esa medida, será proporcional o peor para la alianza. De allí que este escenario es improbable.

Si la OTAN toma una decisión distinta, más allá de enviar armas, apoyo económico, técnico, tecnológico, la guerra deja de ser local y sería global. Esto significa que los espacios de confrontación se realizarían en sus países, con una gran probabilidad que utilicen armas nucleares. En ese caso, todos pierden. Tal escenario es el resultado es suma cero, para utilizar el vocablo de la teoría de juegos. 

De allí que lo más racional, desde la perspectiva económica para la OTAN, era acordar con Rusia, lo más rápido posible después de su invasión.  Rusia alcanzaría unos territorios, pero se le hubiesen aplicado medidas paras paralizar se crecimiento como imperio, aunque tuviese un efecto boomerang en los países más débiles dentro de la alianza y Estados Unidos, dentro de la OTAN, hubiese acrecentado su poder. 

Pero no fue así por la contingencia Zelenski. Es contingencia porque las dos decisiones fueron de carácter ético. Afrontar la situación, decidir liderar la guerra y no asilarse cuando se lo ofrecieron. La consecuencia práctica de ambas decisiones es que cada día, se le está complicando más la forma de jugar a la OTAN con respecto a Rusia. La ventaja que ha tenido Zelenski, como jugador dentro del escenario local y global, se debe a una condición epocal, las redes sociales. Zelenski logra el apoyo y la asesoría del hombre más millonario del mundo, especialista en comunicación, Elon Musk, con un twitter donde lo confrontó directamente, indicándole que estaba invirtiendo dinero para llegar al planeta Marte y no estaba preocupado por la tierra.  Ese mensaje directo, le generó un arma, más poderosa, en los tiempos actuales que un misil, tener a su disposición una plataforma de comunicación con el mundo. Y tener a un asesor, con extraordinaria pericia, en el manejo de las comunicaciones.

Pero, además, sin tener poder económico ni militar, se transformó en el general de su guerra local, con el apoyo de la alianza alrededor de la OTAN. Apoyo que logra porque logró comunicar su decisión globalmente, diciendo que estaba en desacuerdo con la forma que la OTAN planteaba cómo confrontar con Rusia, por eso dijo, “nos quedamos solos”, pero iremos a la guerra. Logra su condición de general por la decisión de no asilarse. Pero esa decisión no la expresó solo localmente, sino que la hizo global, le dijo al mundo que Francia y Estados Unidos le estaban ofreciendo asilo y lo que él necesitaba eran armas.  Desde ese instante, no antes, Zelenski adquiere la condición de un general, un líder, que le habla y exige a las potencias aliadas.

Un buen decisor, un buen general lo es, no por las alianzas poderosas ni por los brillantes asesores, sino porque sabe decidir. Estoy resumiendo en términos contemporáneos lo que explica Maquiavelo con sumo detalle a propósito de los príncipes exitosos. Si tiene una alianza con poderosos y sus decisiones son las que indican los poderosos, dejar de ser príncipe, porque los otros deciden por él y se transforma en un esclavo de sus aliados. Si tiene buenos asesores y no sabe decidir, los asesores asumen el lugar del príncipe. Si tiene buenos asesores y tienen opiniones contrarias, no podrá tomar la decisión, sino piensa por sí mismo. Un buen príncipe es quien tiene alianza con poderosos, pero les exige que colaboren en lo que él necesita y de la manera cómo lo necesita. Y es capaz de tomar decisiones y establecer, según su perspectiva, cuál es el mejor curso de acción con independencia de las miradas contrarias de los asesores. Es decir, sabe discernir.

Ahora veamos ejemplos recientes. Es una novedad que un presidente de un país sin recursos económicos ni militares, se dirija a las grandes potencias, quienes lo están financiando militar, económica, técnica, y tecnológicamente y les llame débiles, indicándoles que están desunidos, que no saben tomar decisiones; adjetivaciones realizadas cuando aprobaron toneladas de gasolina, pero rechazaron la propuesta de Zelenski, de cerrar el espacio aéreo. Discursivamente, retóricamente, se colocó por encima de todos los mandatarios de la alianza, como si fuesen subordinados a él. Pero no solo les dijo eso, sino que lo que acontece en su localidad no solo era responsabilidad de Rusia sino de la OTAN por su falta de acción; retóricamente, le expresó una sentencia moral y política. 

Esa condición de general se debe en primer lugar a la coherencia entre sus decisiones y sus acciones, a saber, asumir la guerra y no asilarse. En segundo lugar, a la valentía para hablarle a la OTAN diciendo lo que piensa, sin medias tintas y con sentido de oportunidad, lo que llamaban los romanos parresia. En tercer lugar, porque tiene conciencia que se lo puede decir, porque tiene una comunicación global, sin esa comunicación global, hubiese tenido las dos condiciones anteriores, pero nunca se sabría de él y solo de las acciones de la OTAN; en ese escenario, la ausencia de las redes sociales, transformaría las reglas del juego y la forma de afrontarlo para Zelenski.   

La estatura de general de guerra mundial, simbólicamente, sucedió cuando le habló al parlamento inglés. En primer lugar, tal como lo han reseñado los medios, es la primera vez que un mandatario se dirige al parlamento en un año antes que la reina. Eso marca un hecho histórico en el pueblo inglés. Quien conoce de protocolos y de la importancia para los ingleses del cuidado de las formas, porque son una monarquía constitucional, el haber permitido que hablase Zelenski es un dato simbólico extraordinariamente relevante, para él como actor político en el escenario global. Ahora bien, él como decisor, no solo narró cómo había enfrentado la guerra, sino que, da un paso osado, con sentido de oportunidad, les exige compromisos y le hace solicitudes concretas al parlamento, como declarar que Rusia es un estado terrorista. Los ingleses que, protocolarmente, no suelen ser efusivos, le dieron un aplauso de pie, antes y después del discurso. La prensa internacional y local, reseñó el acto como un momento estelar que no se había tenido, en ese parlamento, desde Winston Churchill.  Aplausos y alabanzas, incluso admiración, pero que para Inglaterra y para todos los de la OTAN, dichas solicitudes pueden generarles costos inimaginables, de allí que los coloca en un serio problema para acompañarle.

Además, al utilizar de forma magistral los medios de comunicación para coaccionar, discursivamente, a la OTAN y dar ejemplo que está liderando la guerra (tanto local como globalmente), muestra por video de su residencia y las calles de la ciudad donde está ubicado. Tales acciones de Zelenski, para él, tiene un extraordinario beneficio, porque cada día que pasa se hace más complejo para la OTAN permitir su muerte; porque la opinión pública local y global se manifestará en cada país contra los líderes que la permitieron; es decir, tiene un costo político en la localidad de cada país de la OTAN y con seguridad, de llegar suceder eso, los partidos opositores en todos los países, se lo cobrarán a quienes dirigen. Es decir, tiene un alto costo político en lo local y en lo global no apoyarlo. Así que para la OTAN las tomas de decisiones, se les ha complicado, muchísimo más que para Rusia, paradójicamente. De allí que la OTAN tendrá que presionar a Zelenski para negociar y también le conviene a Rusia negociar con Zelenski. Pero él ha mostrado que es un decisor. Para utilizar una sinonimia, era un juego de ajedrez donde Zeneski era un peón y, de pronto, la pieza tuvo metamorfosis y se volvió un jugador. Las reglas del juego se trastocaron. A los tres jugadores les conviene acordar; aunque políticamente, en este momento, Rusia puede darse el chance de mantener un poco más la ofensiva, porque tiene más beneficios que costos; por la complejidad para la OTAN de construir decisiones cooperativas que tengan un efecto boomerang mínimo y maximicen el ataque a Rusia.

Y quien piense que era mejor para el mundo que Zelenski se hubiese asilado, porque tal decisión tendría menos costos y más beneficios económicos y políticos, global y localmente, estaría sosteniendo como valor moral que es preferible ser esclavo, no pensar por sí mismo y está en contra del principio jurídico de la autodeterminación de los pueblos. En otras palabras, es mejor que las grandes potencias decidan el destino de los pueblos que no tienen poder.

En términos personales Zelenski gana. Si muere será un héroe cuyas decisiones complicaron las relaciones globales y si sobrevive, sin duda alguna, tendrá la estatura de un estadista con independencia de sus prácticas como gobernante localmente; pero, sobre todo, será un mensaje para los países pequeños, que no tienen poder económico ni militar, cómo se manejan las relacionales con las potencias en el mundo contemporáneo, en un mundo globalizado.   

El análisis realizado es independiente del pensamiento de Zelenski. Él puede pensar como ultra derecha, derecha, centro, izquierda, ultra izquierda y el razonamiento sobre su práctica, desde nuestra perspectiva permanece inalterable.

Psicópatas: Somos ciegos ante su presencia

 

 

No vemos al psicópata

1. Introducción

Tratemos de ser precisos en un tema difícil y confuso. Partamos para ello de una premisa cierta: Todos somos distintos, ligeramente distintos entre sí. En modo alguno somos iguales. Por eso se nos reconoce. Por eso nos identifican y nos llaman por nuestro nombre. Plantear que todos somos iguales es una simplificación de la realidad. Lo que sí somos es “semejantes”. Somos y nos sentimos semejantes a los demás. De ahí surge nuestra capacidad de mostrar y tener empatía, nuestra capacidad de ponernos en el lugar del próximo, del otro, es decir, en el lugar de los demás. Sin embargo, un pequeño porcentaje de seres humanos nace con una pequeña peculiaridad, muy ventajosa en algunos aspectos y perjudicial en otros, tanto para quien nace con esa característica como para el resto de la sociedad en donde viva.  Esta peculiaridad consiste en lo siguiente: Siendo semejante se siente distinto, en concreto, se siente superior a todos los demás. Esta sensación errónea le va a acompañar durante toda su vida desde su nacimiento lo que le hará obrar en consecuencia. Sin embargo, se ve obligado a ocultar tal persistente sensación para poder integrarse entre “sus inferiores”. Solo así va a poder pasar desapercibido y podrá dirigirlos, utilizarlos, manipularlos, engañarlos, cosificarlos, y cosas peores…, sin sentir el más mínimo remordimiento. Su suprema superioridad le da pleno derecho a ello aunque sus “tontos” congéneres no lo vean así. A los seres humanos comunes este hecho nos resulta inconcebible, imposible, falso, una fabulación contraria a nuestra sensación de igualdad (o mejor dicho, semejanza). Nos resulta incluso más creíble la existencia de marcianos, zombis o alienígenas. Sin embargo, la realidad es tozuda y –de cuando en cuando– nos muestra a uno de estos seres semejantes pero, a la vez, tan distintos a nosotros por carecer de empatía. Sentimos de inmediato un enorme rechazo frente a ese sujeto a la vez que nos asombra el hecho de que pueda existir un ser tan aberrante y parecido a nosotros. Nos asombra el hecho de que no hayamos sido capaces de verlo antes, que no hayamos sido capaces ni de sospecharlo. Sí, estamos ante un psicópata y lo alcanzamos a ver, momentáneamente, aunque no le podamos comprender. “Debe estar loco”, pensamos equivocadamente.


2. Ciegos ante los psicópatas

Hay tres motivos por los cuales somos ciegos ante su presencia: nuestra empatía (como seres humanos), nuestra necesidad de buscar y encontrar líderes (como seres sociales y gregarios) y la capacidad innata que tienen los psicópatas para mimetizarse entre comunes. Ellos son unos actores excelentes, pues han de entrenar esa faceta desde su más tierna infancia para no ser descubiertos. Al sentirse superiores tienen una percepción de la realidad (ligeramente) distinta, por lo que razonan y actúan de manera diferente a los comunes. Y ello nos sorprende. A su vez, los comunes buscamos a personas especiales a las que poder admirar por nuestro instinto gregario jerarquizado. En consecuencia, los psicópatas resultan magníficos candidatos a ser admirados si tienen habilidades sociales para el grupo (rapidez de pensamiento, facilidad de palabra, buena presencia, aplomo, simpatía superficial, propuestas audaces,…). Estaremos ante falsos líderes que no buscan el bien común sino el poder por el poder para confirmar su superioridad. Son líderes peligrosos que tratarán de perpetuarse en el poder a toda costa una vez alcanzado porque el poder no les cansa. Muy al contrario, les alimenta el ego y les permite confirmar su superioridad.    

Algunas pruebas de que somos ciegos: Prácticamente, no conocemos a ninguno y tergiversamos el asunto utilizando el término al tuntún como insulto o apelativo para nuestros peores contrincantes, nuestros enemigos. “¡Bah…, no será para tanto!”, “¡Menudo infundio!”, “No me lo creo.” o “No me interesa.” son también posturas que ayudan al desconocimiento total, a la ignorancia más absoluta sobre tan importante tema. El hecho de que no conozcas en tu vida a casi ningún psicópata es una buena prueba, es un claro indicio de que eres ciego ante los psicópatas, al igual que quien esto escribe. También lo es el hecho de que tergiverses el asunto fijándote únicamente en los psicópatas forenses (= delincuentes, criminales, violentos) cuando –en realidad– la gran mayoría son psicópatas integrados (= ocultos, cotidianos). ¿Necesitas más argumentos para llegar a entrever que somos ciegos ante los psicópatas?

¿Por qué somos ciegos ante ellos? Porque interesa a la especie que así sea.

¿Por qué los hay? Por igual motivo. Resultan útiles a la especie: la biodiversidad, la “ideodiversidad” nos hace versátiles para ocupar muchos nichos ecológicos.

¿Se conoce la causa de la psicopatía? No.

¿Se conoce el porcentaje de psicópatas? Bastante mal, de manera muy imprecisa. Se maneja una cifra aproximada (un 3%) pero con una horquilla muy amplia (0,5% - 7%), pues también los investigadores son ciegos ante los psicópatas. De hecho, es un tema que solo admite un estudio indirecto. Los psicópatas, la población objetivo a estudiar, no se deja estudiar.

¿Predominan más los hombres que las mujeres psicópatas? No, los hay en la misma proporción aunque hasta tiempos bien recientes se consideraba que la proporción era, aproximadamente, tres a uno.

¿Últimos avances importantes? Debidos a Robert Hare (test PCL-R; sus estudios están basados fundamentalmente en la población reclusa psicópata) y a Hugo Marietán (descriptor de rasgos psicopáticos; sus estudios están basados principalmente en los testimonios de l@s complementari@s). Tres libros interesantes para profundizar en la materia figuran al final de este trabajo; también se indica el enlace a dos vídeos.

¿Errores sobre el tema? Numerosos. Mucho galimatías, mucho confusionismo por ser un tema complejo, increíble, invisible, casi imposible de investigar. El “objeto” a estudiar se oculta ante nuestros ojos. Además, es un tema desconcertante y atractivo, ideal para fantasear, hacer películas de miedo y para tertulianos, yutuberos, influencers y demás farándula que deseen aumentar audiencia y notoriedad. Muchos errores actuales persisten, por ejemplo, la distinción entre dos tipos de psicópatas (los que nacen y los que se hacen por circunstancias familiares o sociales adversas). Otro ejemplo paradigmático de despiste lo constituye el concepto de triada oscura, concepto que confunde churras con merinas (por ejemplo, los narcisistas con los psicópatas). Se trata de mezcolanzas confusas que poco ayudan a esclarecer el tema. Por el otro extremo están los que subdividen los psicópatas en infinidad de tipos y subtipos. La realidad es otra. Todos los psicópatas tienen los mismos rasgos comunes. Dicho de otra manera, muy simplista e imprecisa (que recuerda el comienzo de este artículo), todos los psicópatas son iguales. ¡No y no! Son muy semejantes entre sí (los mismos rasgos) pero muy diferentes en su puesta en escena individual (son excelentes actores) y el lugar en donde satisfacen sus necesidades especiales, el lugar en donde realizan sus actos psicopáticos, siempre con disimulo, intentando no ser descubiertos.   

El asunto es muy complejo aunque la humanidad lo conoce desde los mismos inicios de su propia singladura, pues los psicópatas son integrantes de cualquier sociedad que formemos o hayamos formado. Nos han acompañado siempre, forman parte de nuestra sociedad. Otra muestra (otro claro indicio) de que el tema es muy complejo la encontramos en el propio término que usamos para referirnos a estos seres humanos, un término que desliza  un importante error de partida: psicópata, psicopatía, cuando no se trata de una patología. En efecto: No se trata de una enfermedad (una patología) sino de una forma especial de ser. Tal vez convenga buscar y encontrar un término más apropiado para referirnos a ellos con más acierto: ¿cuál? … ¡Así de perdidos andamos en tan importante tema social e individual!

3. Algunos ejemplos de nuestra ceguera


Vamos a comentar brevemente cinco ejemplos ilustrativos.


3.1. El ángel caído (en la tradición cristiana; en otras religiones pueden encontrarse ejemplos equivalentes)


Al parecer, en el principio de los tiempos un ángel quiso ser más que Dios. Con este propósito convenció a otros ángeles para que se unieran a su causa. Pero Dios descubrió la traición y con el arcángel Miguel al frente sofocó la intentona a tiempo. Lucifer fue expulsado del paraíso. Antes de su traición era uno de los ángeles más cercanos a Dios, según narra la Biblia, pues era uno de los ángeles más brillantes por su sabiduría e inteligencia (de ahí su nombre). La expulsión le supuso a Lucifer su destierro definitivo, lo que significó su traslado a la Tierra para que viviera entre los hombres, convertido en Satanás. Moraleja: La solución es el contacto cero y para conseguirlo se precisa de ayuda.


3.2. Tiranos, déspotas, dictadores, autócratas, sátrapas y… admiradísimos líderes

Para empezar, conviene citar a Platón en su Politeia. Describe a un psicópata en el poder a la perfección: "Al principio, sonríe y saluda a todo el que encuentra a su paso, niega ser tirano, promete muchas cosas en público y en privado, libra de deudas y reparte tierras al pueblo y a los que le rodean y se finge benévolo y manso para con todos [...] Suscita algunas guerras para que el pueblo tenga necesidad de conductor [...] Y para que, pagando impuestos, se hagan pobres y, por verse forzados a dedicarse a sus necesidades cotidianas, conspiren menos contra él [...] Y también para que, si sospecha de algunos que tienen temple de libertad y no han de dejarle mandar, tenga un pretexto para acabar con ellos entregándoles a los enemigos [...] ¿Y no sucede que algunos de los que han ayudado a encumbrarle y cuentan con influencia se atreven a enfrentarse ya con él, ya entre sí [...] censurando las cosas que ocurren, por lo menos aquellos que son más valerosos? [...] Y así el tirano, si es que ha de gobernar, tiene que quitar de en medio a todos éstos hasta que no deje persona alguna de provecho ni entre los amigos ni entre los enemigos".  Más claro que el agua, pero caemos muchas veces en el error de aupar a psicópatas por la razón esgrimida aquí hasta la saciedad. Una regla sencilla para detectar este tipo de psicópatas con carisma es la siguiente: “Son aquellos líderes que no sueltan el poder ni a tiros.” Por desgracia, los solemos detectar demasiado tarde, es decir, a posteriori, al ser ciegos ante ellos. El psicópata se aferra al poder contra viento y marea. Por el contrario, el verdadero líder lleva a término su programa y se retira gustoso del cargo que ostenta cuando llega el momento oportuno, pues el poder le desgasta, le supone una enorme carga de responsabilidad. El psicópata no obra así en absoluto: Busca el poder por el poder y cuando lo consigue está encantado de poseerlo y perpetuarse en él, para lo cual lleva a cabo toda clase de argucias y artimañas. No siente ninguna angustia ni tensión en el poder sino mucho placer al estar confirmando con hechos que es superior a los demás. ¿Conoces algún líder psicópata del pasado? ¿Muchos? ¿Conoces la historia de tu país y del mundo? … ¿Conoces alguna profesión que los coleccione? … ¿Y conoces algún líder psicópata actual? … Trata de ser ecuánime, prescinde de tus convicciones políticas al hacer la lista, amigo lector, y no olvides que somos ciegos ante ellos y que tendemos a admirarlos. ¡Mucho ánimo y clarividencia en tu selección!

Para no alejarte mucho en el tiempo y evitando el presente, puedes empezar tu colección con Stalin y con Hitler. Los dos fueron unos psicópatas de libro, uno muy de izquierdas y el otro muy de derechas. Pero en el fondo no es así. Al igual que cosifican a las personas, los psicópatas tampoco valoran las ideologías, los principios sociales ni los éticos. Eligen una doctrina como herramienta para conseguir su propósito, para alcanzar el poder. Anteponen todo para  tal fin. En realidad, una realidad oculta, ¡por supuesto!, un psicópata no tiene otra ideología que la de alcanzar la máxima cota de poder y perpetuarse en ella. Bueno será recordar aquí una célebre cita cómica atribuida a Groucho Marx que ilustra muy bien la mentalidad acomodaticia y multifronte de los psicópatas: “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros.”  Resulta inquietante pensar que de una democracia sana a una patocracia medie solo un pequeño paso, un ligero traspiés en la elección del líder.


3.3. Una anécdota de Robert Hare: El profesor psicópata de otra universidad interesado en el tema de la psicopatía.

Me invitaron a dar una conferencia sobre psicopatía en California. Mis honorarios eran de quinientos dólares más gastos. Seis meses después de la conferencia, todavía  no me habían pagado, así que hice las investigaciones pertinentes y me enteré de que el organizador había sido arrestado en un encuentro gubernamental en Washington. Se le acusaba de varios cargos: fraude, falsificación y hurto. A partir de ese incidente, salió a la luz que tenía un largo pasado delictivo, había sido diagnosticado por varios psiquiatras como un «psicópata clásico» y había falsificado los documentos y las cartas de referencia que usó para conseguir su empleo. Claro que no fui el único conferenciante que no cobró aquel trabajo. Para rematar las cosas, poco después de mi charla me envió una copia –con comentarios editoriales– de un artículo sobre el diagnóstico de la psicopatía. Después de su arresto, consiguió salir bajo fianza y desde entonces sigue desaparecido. Irónicamente, antes de la conferencia, comimos juntos y, más tarde, nos encontramos en el bar. Yo no detecté nada inusual o sospechoso; mi antena falló en aquella ocasión. ¿Le hubiera prestado dinero? Posiblemente sí. Recuerdo que insistí en pagar la cuenta del bar. ¡Y es que no llevaba la campanilla colgada al cuello!” (Hare, 2020, p. 150)

3.4. Una anécdota de Hugo Marietán: El compañero de estudios, un cirujano psicópata.

Yo era muy amigo de un compañero de estudio de medicina, de esos pocos que desde primer año ya sabía que iba a especializarse en cirugía. Estudiaba anatomía con pasión, pedía permiso para quedarse hasta tarde disecando cadáveres. Cuidaba sus manos con esmero y, justo es decirlo, tiene un pulso envidiable. Nos graduamos y hasta el día de hoy nunca me perdonó que me dedicara a la psiquiatría, especialidad que le merecía un calificativo que no repito para no ofender. – Cierta vez fui a visitarlo a una de sus guardias de cirugía. Lo encontré pálido, sudoroso, muy inquieto, se veía muy mal. Le pregunté qué le pasaba, se resistió un poco, pero en honor a nuestra amistad, me tiró la planilla de operaciones. Estaba vacía. «Te das cuenta lo que me pasa, no tengo a quién cortar, eso me tiene mal». Ese comentario me sorprendió y recién hace pocos años, después de estudiar este tema, logré entender aquel episodio. Él tenía una necesidad, ‘tenía hambre de cortar’ y en esa guardia no podía satisfacerla; sólo le quedaba la esperanza de una emergencia. Él es un cirujano brillante, y sé que muchos cirujanos no lo entenderán, pero sé también que algunos de ellos se sentirán aliviados al saber que hay otros que sienten, como ellos, esta necesidad.” (Marietán, 2008, p. 262, 263).


3.5. Una anécdota personal

He estado más de cincuenta años conviviendo con un psicópata cercano a mí sin ser consciente de ello en absoluto. Actualmente, tengo plena certeza de ello a través del diagnóstico coincidente de dos especialistas en la materia.

Sí, somos ciegos ante los psicópatas; yo el primero. - Si, además de ciego, estás pensando que yo soy bastante tonto, tienes toda la razón, pero no te olvides de tu ceguera natural. A estas alturas del texto, ¡por favor!, no te las des de listo en la materia.


4. Profesiones preferidas

Todas aquellas que otorguen poder, generen tensión y faciliten el ocultamiento son las profesiones preferidas por los psicópatas, aunque puedan estar integrados en otros lugares de la sociedad, en función de su capacidad intelectual, de su habilidad social, sus circunstancias familiares y sus gustos particulares, cuestiones que cada psicópata desarrolla por el ambiente en el que se desenvuelva. Por eso son tan distintos entre sí pero tan iguales en el fondo. Por eso nos resulta imposible el distinguirlos.

En consecuencia, espías, timadores, estafadores, cirujanos, forenses, médicos en urgencias, santones, políticos, locutores de radio y televisión, periodistas, chefs de cocina, banqueros, proxenetas, negreros, gerentes de empresa, jefes de personal, mandos militares, policías, jueces, abogados…son sus profesiones preferidas.  Otro sitio ideal en donde sentirse superior y tener poder es la enseñanza universitaria. Además, es un lugar en el cual –una vez bien situado– se puede vaguear, manipular, parasitar, acosar, etc., quedando impune gracias al compañerismo imperante entre colegas. Agreguemos, pues, esta profesión en la serie anterior.

En cambio, profesiones en las que haya que desplegar generosidad o entrega a los demás son harto infrecuentes para psicópatas: enfermeros, maestros, artesanos, peluqueros, soldados rasos, misioneros,… Por supuesto que se pueden agregar aquí a los que se dedican a realizar obras caritativas en organizaciones altruistas (las ONG), a los afiliados de base, pero hay que exceptuar a los que estén en la base coyunturalmente en tránsito hacia el poder, lo cual tampoco significa que en la cúpula de una ONG tenga que haber psicópatas forzosamente. Tampoco es así. Tan solo es un recordatorio de que somos ciegos ante ellos, de que buscan el poder y de que –lógicamente y si pueden– se concentran en los lugares de poder. Con el mismo sentido, conviene aclarar que muchos mandos militares, jerarcas religiosos, jefes de personal, cirujanos, profesores de universidad, etc. son personas comunes, es decir, no son psicópatas. Entiéndase bien este mensaje por muy complejo y enrevesado que resulte.


5. Un consejo a modo de conclusión

Olvida este mensaje, táchalo de increíble y quédate tranquilo pensando que es fruto de un trauma o de una indigestión mental de quien esto ha escrito. Tú sigue feliz en la inopia, amigo lector, pero cuídate mucho de poner a uno de estos personajes en tu vida, en tu trabajo, en tu entorno social o en tu país. Ten cuidado, sé prudente, porque sin ser mayoría suponen un porcentaje elevado de la población. Insisto, ¡infórmate y procura ser feliz siempre, amigo lector!

Andrés de los Jerbos

Referencias y algunos trabajos para ampliar conocimientos:

Ø Anónimo (2020): Psicópatas: los temibles zánganos de las colmenas humanas. Decálogo sobre los psicópatas ocultos. Disponible en https://psicotemibles.weebly.com

Ø Hare, R. D. (2020; 10ª impresión): Sin conciencia: El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean. Paidós Ibérica. Traducción de la obra de Robert D. Hare (1993): Without conscience: The disturbing world of the psychopaths among us. New York, NY: Pocket Books.

Ø Jerbos, A. de los (2021): Nociones sobre psicopatía. Revista Microfilosofía. Disponible en https://www.microfilosofia.com/2021/03/nociones-fundamentales-sobre-psicopatia.html

Ø Marietán, H. (2009): Curso sobre psicopatía. Los extravagantes. Editorial Ananké. Buenos Aires.

Ø Marietán, H. R. (2020): El Jefe psicópata. Psicopatía y poder. Editorial Ananké. Buenos Aires.

Enlace a vídeos:

https://www.youtube.com/watch?v=h2wYybxlOf0 (Robert Hare; año 2013)

https://www.youtube.com/watch?v=tLhSXLKA3Ao (Hugo Marietán; año 2017)