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Tomás de Aquino, la verdad y la Existencia de Dios.

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Relaciones entre Razón y Fe: “La Necesidad de ir a Aristóteles”

La vida de Santo Tomás es una entrega total a la búsqueda de la verdad absoluta; su pasión por Dios es una pasión dirigida también hacia la verdad. Santo Tomás no era únicamente un teólogo, sino que lo era en la medida que era también un filósofo riguroso en sus reflexiones. El tomismo es un sistema general, una síntesis tanto teológica como filosófica. Tenemos que aclarar entonces cómo considera Tomás la relación entre la fe y la razón, para ver allí el punto dónde se hace necesario recurrir a la filosofía de Aristóteles.
Santo Tomás es un pensador de lo concreto; no se refugia en trascendentalismos ni en posiciones dogmáticas, sino que parte del mundo sensible, parte de lo concreto inmediato de la realidad para demostrar a partir de allí, la verdad de aquello que no es posible captar de manera entera con los sentidos: Dios. Como dice Chesterton (2014), aún con una admiración innegable hacia los griegos, Santo Tomás nos salvó de ser platónicos, puesto que reivindico el misterio de la encarnación divina al traer nuevamente a Dios a la tierra, a lo concreto del mundo y sacarlo de aquella jaula trascendentalita donde lo habían ubicado los neoplatónicos y San Agustín. Las primeras cosas que conocemos son realidades sensibles y, siendo Dios la plenitud absoluta del Ser, él no se puede separar del mundo de manera trascendente; por el contrario, Dios ha de estar unido «Inmanentemente al mundo» ya que este es producto de su creación (Gilson, 2013). La razón se alimenta de los sentidos, de eso no se avergüenza Santo Tomás; por el contrario, sabe que nada tiene más realidad que aquello que podemos ver, oler, palpar y saborear (Chesterton, 2014). Dios, como ser absoluto, no «existe» en la abstracción del pensamiento, sino que  «existe» en  aquello concreto empírico que estimula nuestra intuición sensible.
Santo Tomás es entonces un Reformador;  alguien preocupado por imponer un nuevo punto de vista que permitiera abrir miras hacia nuevas formas de acceder a la verdad absoluta (Chesterton, 2014; Manser, 1947). Ahora, es falso considerar que fue Aristóteles su principal fuente de inspiración; él es, antes que nada, un ferviente cristiano devoto  a su fe católica y a su amor por cristo (Chesterton, 1947).  No existe hueso más duro de roer que la divinidad de cristo, que su encarnación, por ello, Santo Tomás se hacía más cristiano que Aristotélico al enuncia que Dios  y su imagen, permanecen en contacto con el mundo material (Chesterton, 2014). Como lo expresa Chesterton (2014:): «[…] Sus argumentos son racionales y naturales, pero su propia deducción está enteramente a favor de lo sobrenatural […]».
La genialidad y potencia del pensamiento tomista se ve manifiesta en la manera en que establece las relaciones entre fe y la razón. Santo Tomás realiza una rigurosa  distinción entre ambas para poder así, manteniendo su autonomía, sostener la posibilidad de ambas como formas legítimas de experiencia espiritual de la verdad absoluta, posibilitando, aun con su distinción, una armonía entre ambas,en la medida que provenían  de la gracia divina (Manser, 1947; Coutinho, 2008).
Hasta la aparición de del tomismo, dos eran las vías para solucionar el dilema de la relación entre estas dos formas de experiencia espiritual:

a)                    en primera medida, aquella postura que veía una total contradicción entre ambas experiencias, que terminaba en las posturas unilaterales del fideísmo y el  racionalismo; los primeros entregados ciegamente a la revelación y los segundos, encerrados en las operaciones lógicas del pensamiento, se veían a ambos como enteros contradictorios.
b)                    Una segunda postura surgía con aquellos que consideran la armonía entre fe y razón. Aquí tenemos tres posibilidades que se dieron en la historia de la filosofía y de la teología:
1) La postura que se fundamentó en la distinción de ambos ámbitos, viendo la armonía de los dos en su imposibilidad de contacto ya que tanto uno como otro poseían perspectivas y objetos diferentes, por lo que no pueden entrar en contradicción.  
2) la otra postura, armonizo ambas experiencias en una confusión que a veces identificaba fe y razón de manera enteramente  ambigua, por lo que a veces supeditando la una al servicio de la otra (ya fuera la fe a la razón o la razón al servicio de la fe).    
En todo caso, los pensadores adscritos a la primera clase de opinión, mantenían contrapuestas fe y razón, de tal manera que no permitían ver la inseparable conexión espiritual  entre filosofía y teología; mientras que el segundo grupo de pensadores, confundían fe y razón ya sea en relación a su origen, concepto  o en relación a la esfera perteneciente a cada una (Manser, 1947).
La tercera posición, es la que considera una armonía entre fe y razón a partir de la distinción de objeto, método y principios propios, siendo construida por Santo Tomás de Aquino. Ambas, fe y razón, son producto de la providencia y la gracia divina; ambas son fuentes fidedignas de la verdad; ambas son una y la misma cosa desde la perspectiva de Dios. Ahora bien, en la manera en que aparecen en la experiencia humana, ambas son modos diferenciados (Manser, 1947; Coutinho, 2008; Chesterton, 2014). En ese sentido, el abordaje que realiza Santo Tomás de Aquino a esta importantísima cuestión central en los escolásticos, partió precisamente de las confusiones clásicas en su abordaje. El aquinante distingue por ello la fe y la razón en relación a su origen, en relación a su concepto y en relación a su orden.
Con relación al origen, dice Santo Tomas que, sabiendo que ambas son producto de Dios y nos son dadas por Dios, así como ambas son aptitudes intelectuales,  la fe nos viene dada por la «revelación», mientras que la razón (la filosofía), es producto de la «abstracción» (Manser, 1947). Es necesario prestar mucha atención al movimiento hecho por Santo Tomás, porque en primera instancia parece ser un mero repetir de lo ya dicho por otras posturas por él ya criticadas con anterioridad, como ya tratamos de mostrar [1]
La postura de Santo Tomás de Aquino, la postura tomista, parte de una identidad ontológica, pues, al ser ambas, la razón y la fe, provenientes de la gracia y providencia divina, su objeto es uno y la misma cosa: Dios; pero a  la vez, en el plano epistemológico parte de una distinción, pues son dos disposiciones diferentes en el hombre para llegar al conocimiento de la verdad absoluta del Ser. Como bien lo muestra Manser (1947), la postura tomista en relación a la diferencia de origen entre fe y razón, manifiesta que el ser humano experimenta por medio de sus sentidos, la substancian [Ousia] verdadera del mundo. Así, mientras, en una es dado al hombre como un regalo divino, en la otra es producto de la afectación de la interioridad pasiva del ser humano que la organiza reproduciéndola luego idealmente por medio de la enunciación lógica de sus categorías.
En este punto, reitera Manser (2014), se manifiesta que el objeto, de una y otra disposición del alma es diferente: de la fe es Dios de manera inmediata, pues él mismo es quien se revela; en la razón, es la verdad, pues aunque Dios sea en ultimas la fuente y origen de la verdad del mundo y de las cosas, no está dado completamente para la abstracción que realiza el hombre, por ello, misterios como el de la Trinidad nunca fueron considerados por Santo Tomás como revelados al hombre por medio de la razón. Como bien Manser (2014) nos dice, una verdad de fe, nunca puede ser revelada para el saber, es por ello que es una verdad de fe, distinguiéndose  de la verdad de razón.


La anterior distinción ya posee, de manera implícita, la distinción con relación a su concepto. Santo Tomás de Aquino, no quiere trasformar lo creído en saber racional, ni mucho menos convertir el saber racional en mero instrumento de la fe (Manser, 2014). Lo que realiza el tomismo es distinguir que, como ya dijimos, el objeto (material y formalmente) es diferente; el efecto es diferente (en la fe es la libertad, en la ciencia la necesidad) y, el sujeto es diferente (esto quiere decir que una misma verdad no se puede presentar para un mismo sujeto como verdad de fe y verdad de razón); por lo que fe y saber racional pertenecen a dos órdenes diferentes, en uno, lo sobrenatural y en otro lo natural (Manser, 2014).
Llegados a este punto tenemos que preguntar, como bien pregunta Manser (2014) en su trabajo, cómo es posible reconciliar una materia natural con un materia sobre -natural de superior envergadura? Pues bien, como la armonía se establece a partir de la rigurosa distinción que hemos intentado describir, Santo Tomás de Aquino considera que  el principio Aristotélico de potencia pasiva  es un eje por donde es posible solucionar este difícil problema. Esta potencia es, como no lo explica Manser (2014) refiriéndose a Aristóteles, la posibilidad de padecer «algo»  externo, recibiendo de ese otro, una nueva manera de ser. En ese sentido, las categorías lógicas del entendimiento, no son dadas por la actividad interna de la conciencia, sino que son modos en los que se manifiesta la realidad inmanente del ser real; es decir, lo empíricamente dado a la percepción de los sentidos del ser humano.
En este punto, queda clara la postura eminentemente aristotélica, ya que  recoge la noción de «intelecto pasivo», de la «parte pasiva del alma», que permite la abstracción, de la verdad de un sustrato material que es la actividad pura del mundo. En otros términos y, siguiendo a Manser (2014), la potencia pasiva es natural en tanto, el agente es la naturaleza exterior al hombre y, la potencia pasiva es obediencia, en tanto es el creador quien predispone al hombre para su propia revelación. En ambos casos, lo fundamental es el carácter pasivo, frente a una substancia absoluta que se presenta de manera activa.
Consecuentemente, los principios de una y otra no son para nada los mismos; en el saber racional tenemos  que el principio es la demostración; en la fe, el principio es la autoridad divina (Manser,2014).  La fe por su parte es producto de mérito, de la iluminación proporcionada por la misma gracia divina que se nos revela. En ese sentido, la teología, no dice Santo Tomas de Aquino en la Suma Teológica (2001), siendo igualmente una ciencia, no posee unos principios propios, sino que a diferencia de las demás ciencias, ella obtiene sus principios de la revelación divina.
La armonía entre la fe y la razón es extraída de la potencia pasiva aristotélica que permite comprender el mundo a partir de la materialidad concreta. La distinción es el punto donde se manifiesta las modalidades en que aparece esta potencia pasiva, pues, como dice Santo Tomas (2001), disposiciones diferentes para la verdad absoluta, necesita de ciencias diferentes.
Ciencias diferentes se constituyen por métodos diferentes. Los procedimientos con que opera la fe son en todo diferentes a los  procedimientos con que opera la razón.
La Esencia [esentia]  y existencia [Esse] de Dios es el punto en donde se configura el realismo onto-teológico de Santo Tomás de Aquino. La fe necesita un substrato último, Dios, como autoridad formal y material de sus creencias, intuiciones y sobre todo como sustento último de los misterios del dogma cristiano como la trinidad o la encarnación del Dios en la figura de cristo su hijo. La filosofía y la ciencia conocen la existencia de Dios, mientras que en la teología se conoce su esencia; no obstante, en Dios mismo, esencia y existencia se identifican, concluye el tomismo diciendo que «si un viejo pagano llamado Aristóteles me puede ayudar a hacerlo, yo se lo agradeceré con toda humildad » (Tomás de Aquino, citado en Chesterton, 2014: 42).
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Dios y La Substancia: “La Teología Realista de Aristóteles y la recepción de Tomás de Aquino”

Así como en la filosofía el problema del ser el  centro gravitacional por el cual gira todo, como vimos, para la teología, Dios es el sol que todo lo ilumina (Manser,1947). Ahora, también hemos dicho que la perspectiva tomista se fundamenta en la concreción sensible del mundo. El concepto de inmanencia es fundamental en la perspectiva de Santo Tomás, así como lo fue en la perspectiva de Aristóteles, puesto, que aquello que sostiene el mundo y le da un dinamismo, no se encuentra trascendentalmente alejado del mundo material, por el contrario, se encuentra relacionado a este dotándolo de Ser. La manera en que el dominicano Tomás de Aquino, logro conciliar esta perspectiva materialista, realista, con el teísmo cristiano, fue gracias a la doctrina Aristotélica del Acto y la Potencia (Manser, 2014).
Santo Tomas de Aquino recurre a Aristóteles porque por medio de este es posible superar las visiones unilaterales que ven en el ser un mero  devenir (Heráclito) o un estatismo completo (Parménides, Melisso, Zenón) (Manser, 2014). El movimiento, la trasformación el cambio [KYnesis] es lo central dentro de la perspectiva del tomismo, puesto que de lo que se trata es de encontrar a dios en cada uno de los entes contingentes  materiales de la experiencia sensorial más inmediata. Por lo anterior, Santo Tomás queda decididamente orientado hacia la síntesis aristotélica del ser y el devenir, del venir a ser, de la producción y la corrupción, de la privación y la generación, que se sostiene sobre las nociones de Acto y potencia. Como expresa Manser (2014), Santo Tomás es defensor acérrimo de la explicación onto-dinamica del universo.
En ese sentido, podríamos afirmar que lo que constituye Santo Tomás es un Realismo Teológico, puesto que se trata de poner a Dios como fundamento material del movimiento y existencia del mundo. Lo corpóreo material es un camino para llegar a Dios; pues, la confirmación de la presencia intima de Dios en la materia, manifiesta que el  ente es una victoria de Dios frente a la nada. Lo contingente, entonces,  ha de depender de lo necesario, así que lo necesario es fundamento último de lo contingente.
No es posible sostener la existencia absoluta del movimiento, puesto que de este modo, no sería posible ningún ser; lo uno sería imposibilitado por la existencia lo multiple (Aristóteles, 1994). Del mismo modo, tampoco es posible sostener la existencia de un uno, estático e inmóvil, ya que esto negaría la existencia evidente de la multiplicidad, así como del movimiento mismo. Es necesario un tercer término, aquel que permita una conjunción tanto del ser y del devenir. Este tercer término es el Ser-en – potencia, que se actualiza en su efectuación. Al pregunta que surge es cómo distinguir entre el ser potencial y el ser efectivo? A ello responde Santo Tomás diciendo que su rasgo esta dado en el transcurso del movimiento de ir de uno al otro (Manser, 2014). Sin embargo esta respuesta de Santo Tomás no deja muy claro la manera en que se relacionan Ser y Devenir, en el paso del Ser-potencial al ser efectivo.
Los entes pueden presentarse según el tiempo, el lugar, la cuantidad, la calidad o la relación, etc., de cualquier manera el ente «es», sin importar los modos en el que se presenta o el modo por el cuál vienen a ser. Esto es evidente en el movimiento y la naturaleza sensible de las cosas. Sócrates, puede ser, tanto bajo, como alto, negro como blanco, estar en Atenas o en Efeso, pertenecer al siglo III a.c o al siglo XIX,  puede incluso pasar de uno a otro, de Sócrates blanco a Sócrates negro por ejemplo, más Sócrates sigue siendo Sócrates? De donde le viene dado su ser? Qué produce el movimiento interno de Sócrates?
Aristóteles (1994) solucionó el problema enunciado por medio de la idea de Substancia y causa eficiente, sostenidas ambas sobre la ontología del Acto y la potencia. La ontología, en el libro IV de la Metafísica, queda definida como la búsqueda de la Substancia de las cosas, como la búsqueda de   aquello que existe pos sí mismo y no necesita de otro para existir, como la búsqueda del ser en cuanto ser. El problema de la inmanencia  se relaciona directamente con este punto, en tanto que inmanente es la particularidad, múltiple y diversa del «Esto» de la experiencia empírica, más en ella misma se manifiesta la generalidad, un sustrato – ousía- que da sustento a la particularidad. Aunque el ser se dice de varias maneras, el ser, en cuanto ser, sigue siendo el mismo.  La substancia es entonces la unidad inmanente de materia y forma.
Una cosa, un ente, está en acto por su presencia misma en la inmediatez; mientras que está en potencia, en relación a lo que puede llegar a ser. Ahora, las substancias, están sujetas al movimiento y estas pasan de potencia a acto. . Pero todo se mueve a partir de “algo” uno que «Es». Aquello que causa el movimiento, la Causa eficiente, es lo que produce el tránsito de la potencia al acto. Por un lado tenemos el ente y por el otro, tenemos el ser de ese ente, es decir la substancia [Ousia], que se actualiza una y otra vez, pasado por procesos de corrupción, privación y generación de nuevas substancias.
En el libro XII de la Metafísica, el estagirita se propone sobre todo mostrar la existencia de un algo, Dios, inteligible motor inmóvil que lo mueve todo. Para ello afirma que siempre cambia: «Algo», la materia, «Hacía algo», la forma y, «Por acción de algo», aquello primero que mueve. Aristóteles considera entonces una entidad, separada del mundo material, siendo ella de naturaleza inmaterial y puro acto intelectivo, que es inmóvil  que produce el movimiento de las demás entidades: Dios.
En este punto se nota la ambigüedad en las definiciones de la metafísica como Ontología y como Teología, ya que en últimas habría un primer motor que sería la causa eficiente de todo el movimiento, sin ser él para nada movido.
         Como dice Gilson (2013), en lo relacionado a la física, fisiología, meteorología, Santo Tomás es mero alumno de Aristóteles, pero en lo que tiene que ver con la génesis de las cosas, las criaturas de la creación y Dios, Santo Tomás es él mismo. Cuando entra Tomás en la discusión aristotélica con los árabes Aviceron, Avicenas y Averroes fundamentalmente, lo hace desde el concepto cristiano de creación que le sirve como eje por el cual sostener un comienzo de lo absoluto del ser a partir de otro que permanece diferente: Dios. No solo habrá que distinguir a los seres compuestos por su materia y forma, ya que aparecen seres que no se componen de estos dos elementos como los ángeles y Dios, compuestos de pura forma, sino que habrá que distinguir también entre la esencia y la existencia  en las substancia como una manera de explicar el movimiento del paso del ser potencia al ser real efectivo (Tomás de Aquino, 2000). Como dice Santo Tomás en uno de sus textos de juventud “El Ente y la Esencia”: «El ser y la esencia son las primeras nociones que nuestro entendimiento concibe […]» (Tomás de Aquino, 2000:15).  En esta distinción, Santo Tomás no hace sino seguir lo ya planteado por el comentador Avicenas, quien ya había distinguido entre la esencia y la existencia, ahora lo que hace el aquinante, es dotarla de un contenido eminentemente ontológico al considerar que cada ser es alguna cosa que es y, cualquier naturaleza que sea, o la esencia de la cosa, no incluye jamás su existencia (Gilson, 2013).
         Santo Tomás (2000) realiza un aporte importantísimo, ya que trae una nueva forma de considerar a los seres compuestos que va más allá de la tradicional composición entre forma y materia. Dios y la Substancia adquieren otra manera de relacionarse, ya no se trata de que Dios sea la única substancia inmaterial, no compuesta, sino que se trata de ver como él participa en el mundo e inclusive, de ver como en su interior se desarrolla la dinámica entre esencia y existencia.

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Esencia y Existencia: “La Relación de los Entes con la Substancia Absoluta

         La esencia no es el ser, pero es aquello por la cual el ente es lo que es (Gilson, 1992).  La existencia es el presentarse inmediato de un ente, más ello no le garantiza su ser. El ente, para ser lo que es, necesita componerse conjuntamente tanto de esencia como de existencia (Gilson, 1992).  La esencia responde a la pregunta ¿qué cosa es? Mientras que la existencia responde a la pregunta ¿qué es? Como bien nos dice Gilson en su texto sobre la Metafísica Tomista (1992:5), en sus palabras, «La esencia no es nada sin su acto de ser (esse), pero éste no es nada sino es el ser de algo; el ser finito no es sino aquello por lo cual, una esencia o cosa, es».




         La esencia o ser real, es entonces diferente de la existencia (Tomas de Aquino, 2000), ya que todas necesitan de un ser otro para poder existir como realidad efectiva. El ser del ente es su quididad, su esencia, mientras que su existencia es el acto de darse esta esencia en un ser. Por ello, es mucho más simple la existencia que la esencia, pues, la esencia es como la definición de la cosa, que permite atrapar toda una realidad que fluye por medio del pensamiento, mientras que su existencia es su presentarse en la realidad.  La esencia esta con respecto a la existencia como la potencia respecto al acto, puesto que es ella quien da ser al ente, lo dota de su peculiaridad (Tomas de Aquino, 2000).  Así, lo que una cosa sea, puede ser comprendido al margen de su existencia. Por ejemplo podemos conocer a un Fénix aún aunque no sabemos si existe o no.
        
         Dice Tomás de Aquino (2000: 34):

Todo aquello que no está incluido en el "concepto" de una esencia debe llegarle del exterior y adaptarse a ella, ya que una esencia no puede ser concebida sin sus partes esenciales. Por tanto, toda esencia o "quiddidad" puede ser captada por la razón sin que la existencia lo sea igualmente. Yo puedo comprender lo que es un hombre o un fénix e ignorar si uno u otro existen en la naturaleza de las cosas. Está claro que la existencia es algo muy distinto de la esencia. [...] Luego todo lo que conviene a una cosa, o se deriva de los principios de su naturaleza (como la capacidad de reír en el hombre), o bien proviene de un principio extrínseco, como la luminosidad de la atmósfera depende del sol. Es imposible que la existencia de una cosa proceda de su naturaleza o de su forma, es decir, proceda a título de causa eficiente. En ese caso, una cosa se convertiría en su propia causa, se produciría a sí misma, lo cual es imposible. Es necesario que toda realidad, en la que la existencia es distinta de la esencia, haya recibido de otro esta existencia.

En ese sentido, la esencia es como la potencia, mientras que la existencia es el acto.  Lo que pone de relieve Santo Tomás es que para que los entes de mundo empírico existan, ellos deben su existencia aun otro algo, que les dé la posibilidad de actualizar en su existencia lo que llevan contenidos como potencia en su esencia. Todos los entes serían en esa media contingentes ya que es posible conocer su esencia sin la necesidad alguna de que esos entes existan o no. Así, como hemos dicho, en el centro se posiciona la idea de creación divina, puesto que siendo Dios el único que posee su esencia idéntica a su existir mismo; él posibilita que las demás cosas sean, participando de ellas en diferentes grados de su perfección (Gilson, 1992).
Resumiendo, la distinción que realiza Santo Tomás entre la esencia y la existencia, permite concebir un ser superior por el cual los seres son creados, ya que es por la gracia divina que una esencia, como potencialidad, viene a existir efectivamente.  La relación existente entre naturaleza, esencia y substancia, es lo central dentro de todas estas reflexiones tomistas, ya que siendo Dios el único ser en el que esencia y existencia no se distinguen, él es la substancia absoluta, la naturaleza creada a partir de su esencia dada por Dios.

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Consideraciones Finales

Hemos transitados por la vida de Santo Tomás, en ella nos hemos encontrado con que su vida estuvo completamente dedicada a la reflexión metafísica y teológica. También, nos detuvimos con detalle a ver la postura de Santo Tomás frente a las relaciones entre fe y razón para terminar adentrando, de manera introductoria a su metafísica del ente absoluto y los conceptos de esencia y existencia.
Con relación a estas últimas nociones, vimos la novedad hecha por Santo Tomas en relación a las nociones clásicas aristotélicas de materia y forma, ya que permiten una aproximación  la realidad del movimiento del ser encontrando su origen el ser original Dios. Ahora bien, queremos dejar claro, que existen interpretaciones que consideran que Santo Tomás realiza una tergiversación sobre las orientaciones Aristotélicas, puesto que da estatuto ontológico a lo que es una consideración lógica entre definición y demostración (Echauri, 1975). Lo que se había propuesto Aristóteles en los segundos analíticos, es mostrar que teniendo una definición de algo, puedo conocer sus atributos y esencia fundamentales sin, necesidad de conocerlo o verlo realmente en la realidad existencial empírica. El debate queda aún abierto.
Nosotros por nuestro lado nos habíamos propuesto únicamente una aproximación al pensamiento integro de Santo Tomás de Aquino, todavía no nos consideramos preparados para realizar este tipo de análisis que terminarían realmente en un análisis filológico del mismo. Sin más no queda sino decir y remarcar nuevamente, como la experiencia filosófica como teológica, se encuentra fundamentalmente unidas al considerar a la verdad absoluta.

Trabajos citados


Aquino, S. T. (2000). El Ente y La Esencia. (P. L. Gómez Danés., Trad.) Nuevo León (Mexico): Universidad Auntonoma de Nuevo León.

__________ (2001) Suma Teologica. Disponible en: http://biblioteca.campusdominicano.org/1.pdf
Aristóteles. (1994). Metafísica. Madrid: Gredos.

Chesterton, G. K. (2014). Santo Tomás de Aquino. (J. C. Pablos, Trad.) Granada (España): Universidad de Granada/ disponible en:www.chestertonblog.com .

Coutinho, J. (2008). Elementos de História da Filosofía Medieval. Braga: Universidade Católica Portuguesa.

Echauri, R. (1975). Esencia y existencia en Aristóteles. Anuario Filosófico VIII, 119-129.
Gilson, E. (1992). Elementos de una Metafísica Tomista del Ser. (P. J. Obradors, Trad.)

________.(2013). A Filosofía da Idade Média. Sao Paulo: WMF Martins Fontes Ltda.


Manser, G. (1947). LA ESENCIA DEL TOMISMO. (V. G. Yebra, Trad.) Madrid: Instituto de Santander.






[1] Se pueden presentar infinidad de variaciones con relación a este punto, por ejemplo, el l fideísmo se sustentaba en que la fe producto de la revelación, producía en el alma pasiva, el desvelamiento de la verdad absoluta; el racionalismo, veía en la actividad interior de una facultad superior en el alma – el nous- la principal causante de este develamiento, ni la intervención de la fe, sin contar aquellos que realizaban una reconciliación fundada en su ambigua relación, dando varias posturas en donde algunas contemplaban la postura de los racionalistas, en un nivel epistemológico  a la vez que consideraban un fideísmo a un nivel ontológico,… etc… etc… queremos solo enunciar la propuesta de Santo Tomás de Aquino.

La búsqueda de la verdad de Tomas de Aquino.

Filosofía y Teología en Santo Tomás de Aquino: “Una vida dedicada a la búsqueda de la Verdad” por Hander Andrés Henao / Twitter: @hormy11

Filosofía y teología se encuentran relacionadas de manera inmanente en aquello mismo que las constituye como experiencias espirituales del ser humano. Ambas buscan desesperadamente un encuentro con la verdad de lo absoluto. Para ello, se elevan sobre la experiencia cotidiana del mundo y se encaminan hacia la especulación, como un sumergirse decidido en lo trascendental. Santo Tomás de Aquino (1225- 1274) como filósofo y como teólogo cristiano, muestra con su vida esta inevitable relación, pues como consideró Chesterton (2014) en la biografía realizada por él a santo Tomás, la vida de dominico es la introducción a su filosofía, a la vez que su filosofía es la introducción a su teología.

Santo Tomas luz de la verdad

La época en la que transcurrió su vida, es la época de la consolidación del modo de producción feudal y de la forma de vida adherida a este. El siglo XIII, en materia del desarrollo cultural, se conoce, entre los historiadores de la filosofía y de la teología, como el apogeo de la escolástica; época en que se pacificaba el cristianismo debido al final de la guerra de conquista de la tierra santa y el enfrentamiento entre el sacerdocio y el imperio papal (Coutinho, 2008). Este ambiente de paz, posibilitó, no solo el desarrollo libre de estudio de las escrituras y de los textos antiguos, sino también el intercambio de saberes desarrollados por el mundo árabe musulmán como el Aristotelismo, así como la construcción de las primeras universidades como centros de reflexión y producción de los distintos saberes (Coutinho, 2008). En el centro del cristianismo, se configuran las denominadas ordenes medicantes, dedicadas a la preservación y expansión de la verdad del dogma cristiano por lo que aparecieron como las organizaciones idóneas en el control de aquellas instituciones de enseñanza y producción de cultura que eran las universidades. La escolástica no es para nada una época de oscurantismo, sino de ensanche, de búsqueda de mayor libertad; es una reforma de la antigua visión neoplatónica y agustiniana (Chesterton, 2014).

Por su parte, Tomás nació en Roccasecca, cerca de Aquino (en el sur de la región italiana del Lacio), en el seno de una familia noble y numerosa de sangre germana. Su padre estaba emparentado con el Emperador Federico II y su madre era una condesa (Chesterton, 2014, Manser, 1947). Siempre estuvo rodeado de riqueza, poder y mucho confort, pero su espíritu buscaba una experiencia que iba más allá de aquellas falsos bienes. A los cinco años, en 1230, fue enviado a la abadía de Montecassino en donde un familiar suyo era un abad; luego estudiaría en la universidad de Nápoles en 1239, en dónde rápidamente se uniría a la orden medicante de los Predicadores de la mano maestro general, Juan de Wildeshausen en 1244 (Chesterton, 2014). En la universidad de Nápoles no sólo tendría contacto con la lógica Aristótelica, sino también con una perspectiva de vida austera, de pobreza, dedicada a la experiencia intelectual y a la búsqueda de la verdad Divina. En 1245, un año después de unirse a la orden dominicana, continua sus estudios en París en donde conoce a Alberto Magno quien lo sumerge completamente en la obra del estagirita (Chesterton, 2014; Manser,1947).
Tomás género controversias, tanto en el ambiente intelectual de su tiempo como en el seno de su familia. Desde el comienzo su familia rechazo esta decisión de Tomás ya que la encontraba obstáculo para el desarrollo de sus propios intereses, ya que desde que habían enviado a Tomás para Monteccassino, su plan está en que éste remplazase a su tío en la dirección de aquella abadía. Su familia entonces lo raptaría y lo encerraría en una torre de su castillo, para aislarlo del desarrollo de las actividades de la orden dominicana. Tomás logrará escapar y continua con la búsqueda de la verdad absoluta al margen del poder, la riqueza o el confort. Siempre fue firme a sus lecturas e interpretaciones aristotélicas, sin importar que lo acusen de hereje, de tergiversador de las enseñanzas divinas al recuperar un autor pagano interpretado fundamentalmente por árabes. No solo esto, Tomás tuvo también a los propios árabes como sus contradictores en materia de aristotelismo.
Sin importar esto, Santo Tomás de Aquino tuvo una vida dedicada a la experiencia espiritual de la verdad absoluta y, como expresa Manser (1947:38) en su estudio sobre el Tomismo:
«Todo en él ha de acabar subordinándose de nuevo a la verdad y a su conocimiento y a su posesión, absolutamente todo, hasta el amor de Dios. S´olo en esta arm´onica subordinación se puede comprender bien y abarcar por completo la figura aristotélica de Tomás, en oposición al platonismo del siglo XIII»

La búsqueda de la verdad fue su principal objetivo; no se trataba de que este o aquel autor estuviese más en boga en la discusión, sino que se trataba única y estrictamente de encontrar los caminos seguros para el encuentro de la luz absoluta de la verdad. Nunca contrapuso, simple y llanamente, la verdad del dogma cristiano; por el contrario, estudiaba detalladamente los argumentos de sus adversarios para mostrar desde ellos mismos, el error de sus posturas frente a la verdad absoluta. En ese sentido, Santo Tomás de Aquino unión dos cosas que paren ser contradictorias en un principio: una inquebrantable fidelidad a la iglesia, junto con una entrega desesperada a la investigación racional (Manser, 1947). Acá no se trata de construir una jerarquía entre ambas líneas, por el contrario, diferenciando estas disposiciones, mantiene que ellas, son solo posible en virtud de la gracia divina que toca la experiencia humana. La verdad es amplia e inmensa como Dios, a quien le rinde culto y homenaje, pues ella amplia el horizonte de un alma grande que se dedica a la búsqueda de una experiencia fundamental de lo absoluto (Manser, 1947).
Su obra manifiesta esta majestuosidad, no solo por su volumen bastante extenso, sino por la amplitud de miras con las que abordo cada uno de los temas que se propuso considerar. Entre comentarios y refutaciones a los árabes, entre los comentarios a la biblia y las sumas, encontramos un espíritu entregado completamente al trabajo filosófico, al mismo tiempo que se tiene una vida completamente religiosa entregada a la plegaria y al conocimiento de los misterios y los sacramentos. Dios y la verdad son, como en ningún otro escolástico, una y la misma cosa.
Ahora, no por ello, se puede decir que Tomás confundió los campos de la teología y de la filosofía, por el contrario, mantuvo su diferenciación, a la vez que reconoció que ambas no podrían sino tener un único e igual origen divino (Manser, 1947). Esto lo aclararemos más adelante, por ahora nos interesa resaltar que Tomás tuvo un único y fundamental objetivo: La búsqueda de la verdad, que él comprendía como la búsqueda de Dios.

En ese orden de ideas, podemos destacar dos valores que manifiestan el genio único de Santo Tomás de Aquino, como resalta Coutunho (2008): su capacidad de síntesis y su potencia de análisis. El aquinante, bebió de una diversidad de fuentes, superando cualquier sincretismo y eclecticismo, logró sintetizar los elementos de verdad de cada uno de ellos (del Neoplatonismo, de agustinismo, del Averroismo, etc.) construyendo un sistema coherentemente elaborado. Por otro lado, su capacidad de análisis lo constituye en un filigranista del pensamiento, ya que supo captar lo más profundo de cada cuestión y abrió miras en aquellos puntos obscuros o revelo obscuridades en aquellos otros que ya se consideraban solucionados y superados (Coutinho, 2008). Su estilo entonces no es retorico, sino frio y racionalista, ya que Santo Tomás no busca dejar un sello personal, sino permitir una vía de expresión a la verdad que está por encima de sus opiniones particulares y singulares.
Quisiéramos dejar claro en estas primeras palabras introductorias que santo Tomás de Aquino dedico sus esfuerzos vitales a la completa búsqueda de la verdad, no porque aspiraba con ella a ganar algún tipo de beneficio político, económico o celestial, sino porque reconocía que es Dios la única, eterna y entera verdad. Su experiencia teológica fue una experiencia filosófica, a la vez que su reflexión filosófica es sostenida con una clara vocación hacia la fe.

Nota breve sobre «Filosofía Cristiana»

 Existen varias opiniones sobre si los pensadores medievales hicieron, o no, filosofía. Es un debate que, a mi parecer, es muy subjetivo, digo, porque va a depender de la perspectiva con la que se analice y, también, del enfoque hermenéutico. Intentaré hacer algunas referencias a tales planteamientos desde lo que hasta hoy se ha hablado en relación a esta discrepancia.

Quizás uno de los más destacados en esta temática es el francés Étienne Gilson, filósofo e historiador de la filosofía, tiene una obra muy amplia sobre lo que en los últimos años se viene denominando con la expresión «filosofía cristiana» o «filosofía medieval» en la que desarrolla una amplia explicación sobre este asunto, E. Gilson es una de las figuras más importantes del tomismo en el siglo XX, junto a Frederick Copleston. Debo decirlo, comulgo con algunas de sus posturas. Tiene varias obras entre las cuáles merece la pena mencionar ‘El Espíritu de la Filosofía Medievalֹ’ [L’esprit de la philosophie médiévale]. Atención, no es la única, se han editado otros textos de su autoría como ‘La Filosofía en la Edad Media’ [Philosophie au Moyen Age], ‘Elementos de Filosofía Cristiana’, publicada en inglés [Elements of Christian Philosophy] y otra gran variedad de ensayos y artículos sobre Santo Tomás de Aquino.

 En esos textos, Étienne Gilson esgrime que la expresión ‘filosofía cristiana’ debe entenderse como el conjunto de doctrinas creadas por los pensadores medievales con la finalidad de construir una teoría lo suficientemente consistente que conjugue la fe cristiana y la ‘verdad filosófica’. Aunque la expresión ‘filosofía cristiana’ no es propiamente de Santo Tomás, sino del  papa  León  XIII que, en el año 1879, en  la  encíclica  Aetemi  Patris,  designó  el pensamiento del  Doctor  Angélico, como la doctrina universal  de  la  iglesia católica.

 Los estudiosos del pensamiento medieval alegan que fue él, Tomás de Aquino, quién con sus sumas y numerosas cuestiones disputadas, diseña el método para alcanzar esa unión, casi antagónica, de la fe y la razón. Todo el pensamiento medieval parte de un presupuesto que se conoce con la famosa expresión latina «credo ut intelligam» [creo para entender], es ese el punto de partida de la «filosofía» de Santo Tomás y, en ese sentido, se podría decir que había llegado a dónde quería llegar en términos del conocimiento. Si bien, realizó un gran esfuerzo en crear el camino ‘razonable’ para llegar al ‘saber teológico’, actitud que, a mi juicio, no va contra el propósito de la reflexión filosófica. Ese intento de separar en los medievales, la investigación filosófica y mantenerlos al margen, guiados sólo por la luz de la fe, es casi imposible, inclusive, se torna contradictorio

 No se deben desestimar los esfuerzos de los pensadores medievales quienes promovieron, en gran medida, a la difusión de las obras más importantes de la antigüedad griega, sobre todo, referente a Aristóteles, Platón, etcétera. Si la expresión ‘filosofía cristiana’ tiene sentido o si significa o no, apropiadamente, entonces, hablemos de ‘pensamiento cristiano medieval’. Personajes como Santo Agustín, Justino, Taciano, Orígenes, Gregorio de Nisa entre otros, eran filósofos que encontraron en la ‘sagrada’ escritura, una posible solución a los problemas claves de filosofía como: el fin de vida, la felicidad, la ética, la cosmología y el conocimiento. Recordemos que la mayoría pensadores medievales, no nacieron cristianos, sino que se hicieron cristianos.