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El error de los conductistas es confundir un patrón empírico con un universal filosófico y científico.

(BAUM, RIBES, ROCA Y HAYE) Sostienen que su disciplina ha identificado universales del comportamiento, basándose en principios como el análisis funcional, la conducta gobernada por reglas o la equivalencia de estímulos. Sin embargo, esta afirmación comete un error epistemológico fundamental: confundir patrones empíricos replicables con verdaderos universales.



Los “universales” del conductismo no son más que patrones que pueden repetirse con frecuencia, pero cuyo cumplimiento depende de múltiples variables: el organismo, el contexto, el entorno, el estado fisiológico y hasta el historial de reforzamiento previo.

Como ejemplo:

La denominada ley de latencia describe el tiempo que transcurre entre la presentación de un estímulo y la respuesta del organismo. Ningún ser vivo está exento de mostrar una latencia, lo cual parece sugerir un principio general. Sin embargo, lo decisivo no es la mera presencia de latencia, sino su predicción exacta y constante.

El problema es que el conductismo no puede establecer una fórmula universal que prediga sin error el tiempo preciso de respuesta. Un mismo estímulo puede provocar una reacción en tres, siete o diez minutos, dependiendo del organismo, del contexto o incluso del estado fisiológico. Esta variabilidad muestra que no existe una constante invariable, sino una distribución empírica de casos.

Por tanto, lo que se presenta como “ley universal” no es más que un patrón replicable: útil para describir regularidades observables, pero incapaz de alcanzar el rango de universal científico. Llamar ley a esta regularidad es cometer un error categorial, al confundir una tendencia empírica con un universal estricto como los que encontramos en física o química.



¿QUÉ ES UN UNIVERSAL, ENTONCES?

“UNIVERSAL FILOSÓFICO VS UNIVERSAL CIENTÍFICO”

UN UNIVERSAL EN FILOSOFÍA EN EL ÁMBITO ONTOLÓGICO, no depende de la observación, sino de la estructura del ser. En ontología, el universal no es una regularidad empírica, sino una condición de existencia. Por ejemplo, tomamos una roca en nuestras manos, ¿existe o no existe? No hay tercera posibilidad. Esta dicotomía no depende del observador ni del contexto, sino de la infraestructura del ser que se estudia en su momento. Por lo tanto, hay universales en filosofía también.

UN UNIVERSAL EN LA CIENCIA, son principios que son independientes de lo particular, no dependen de un sujeto ni de un contexto local. En la ciencia se le conoce como leyes universales. Se usa específicamente para magnitudes físicas que no cambian, mientras que la ley científica describe relaciones reproducibles y verificables.

Ejemplos:

EN QUÍMICA, la reacción entre ácido clorhídrico (HCl) y sodio (Na) siempre produce cloruro de sodio (NaCl) y gas hidrógeno (H
). Esto se cumple de forma idéntica en cualquier lugar del mundo, en cualquier época, sin importar el contexto.

EN FÍSICA, la velocidad de la luz en el vacío es exactamente 299,792,458 metros por segundo. Este valor no cambia si el experimento se hace en París o en el desierto del Sahara, hoy o dentro de mil años, mientras las condiciones sean equivalentes (vacío absoluto).

Estos son universales, filosóficos o científicos: su validez no depende del sujeto, del entorno ni de variables incontrolables. Son constantes.

EL ERROR CONDUCTISTA.

"CONFUNDIR REPLICABILIDAD CON UNIVERSALIDAD"

Que algo se repita muchas veces no lo convierte en universal. Lo universal es aquello que se verifica siempre, sin excepción, sin necesidad de condicionar su aparición a factores contextuales. Por eso, afirmar que principios como la ley de latencia, la conducta gobernada por reglas o la equivalencia funcional de estímulos son “universales” es una falacia de categoría. Lo que el conductismo ha identificado son patrones empíricos útiles y observables, pero no universales, científicos. Para elevarse al rango de universal, una ley debe cumplir con el principio de verificación sin variable: es decir, debe poder comprobarse en cualquier condición, con resultados constantes y sin desviaciones. Si no es así, no es una ley universal. Es solo un patrón de comportamiento condicionado... 

Una vez expuestos estos puntos, podemos percibir que las propuestas del conductismo evidencian que sus supuestas “leyes universales” no alcanzan la categoría de universales filosóficos ni científicos, sino que constituyen patrones empíricos condicionados. Estos dependen de múltiples variables y no se verifican de manera constante e invariable, por lo que su generalización como leyes universales es una falacia de categoría. Los verdaderos universales, ya sean ontológicos o científicos, poseen independencia de contextos, sujetos o circunstancias, y se mantienen constantes bajo cualquier condición. Por tanto, el aporte del conductismo es útil para identificar tendencias observables, pero no puede sostenerse como base de leyes universales, limitándose a describir regularidades replicables dentro de ciertos marcos empíricos.

 

Adrian Valencia.

LAS “DERECHAS E IZQUIERDAS” ¿YA NO RESPONDEN A ESTE TIEMPO?


 

Por Luis Enrique Albizuri — Filósofo.

La tradicional dicotomía “derecha e izquierda”, que tanto se ha usado durante los dos siglos pasados para entender el mundo, ya no sirve para comprender la situación política mundial. En primer lugar, debemos tomar en cuenta que se trata de términos que surgieron durante un momento específico de la historia, cuando la aristocracia europea perdió el poder que tenían por sobre los nobles y la burguesía emergente enriquecida con la Era Industrial.

EL CONTEXTO

Todo fenómeno humano siempre debe estar encuadrado dentro de un contexto (una situación conjunta geográfica, social, económica, política, científica y religiosa) que es lo que la explica. No es lo mismo juzgar al ser humano nómada, de apenas unos cuantos cientos o miles, que a una población sedentaria de ocho mil millones. Lo que puede haber funcionado para entender a los primeros ya no tiene sentido para hablar de los segundos. Hoy el contexto no es el de la confrontación entre los dueños de las empresas fabricantes de productos versus los obreros y empleados como lo fuera durante los siglos XIX y XX. El poder económico (y, por ende, el político) se concentra actualmente en el capital financiero, ese que se encuentra en las pantallas de las computadoras de los principales centros de negocios.

Hoy, quienes son dueños de las mayores riquezas jamás antes vistas, no son personas que producen o fabrican, sino quienes compran y venden corporaciones dedicadas a toda clase de cosas que son las que surten al mercado mundial. El dinero es el que crea dinero, y, a más dinero concentrado, más poder e influencia en la sociedad. Esto ha cambiado por completo el equilibrio de fuerzas en las diversas naciones donde el estamento laboral, los trabajadores, han perdido toda importancia en el proceso, convirtiéndose en una simple mano de obra barata anónima e individual, a diferencia de lo que sucedía en los tiempos de las huelgas y paralizaciones a manos de los sindicatos.

LAS DERECHAS E IZQUIERDAS

Por ello mismo, en la política contemporánea han perdido todo significado las denominaciones “derecha e izquierda” puesto que estas reflejaban una realidad que hoy ya no se ve en ninguna parte. Originalmente, la derecha representaba al empresario que ponía una fábrica mediante una determinada inversión con el objetivo de incrementarlo y obtener riqueza. Eso daba como consecuencia la contratación de miles de trabajadores que obtenían, a cambio de sus esfuerzos, un salario suficiente como para alimentarse y regresar siempre a sus ocupaciones diarias. Esta dicotomía ocasionaba por lo regular un enfrentamiento de intereses, formándose dos bandos: los dueños de las empresas y los trabajadores, cada uno representado en el gobierno por partidos políticos denominados como derecha para los primeros e izquierda para los segundos.

LAS REVOLUCIONES

Esta pugna social produjo también nuevas propuestas políticas que planteaban alternativas distintas como las socialistas, comunitarias o estatales que buscaban equilibrar la balanza de los beneficios del comercio mundial, creándose movimientos que llegaban hasta alterar la composición interna de los estados, como el caso de la Revolución Rusa o la China. Sin embargo, estas opciones en su mayoría no renegaban del capitalismo o industrialismo, sino que únicamente procuraban otra forma de dirección y repartición de las ganancias que este producía. Después de varios intentos y numerosos enfrentamientos a todo nivel, ese impulso se ha visto muy reducido y en Occidente prácticamente ha desaparecido. El punto de vista individualista o anti colectivista es lo que prima ahora en esta batalla y hay un consenso en cuanto a que los intereses del individuo se hallan por encima de los de la comunidad.

LA CONFRONTACIÓN ACTUAL

A pesar de esta situación, aún perdura el conflicto interno sobre cuál debe ser el rumbo que la sociedad de mercado y el capitalismo deben seguir. En Occidente predomina la visión dialéctica de la vida, que significa que toda discrepancia entre dos posturas debe ser resuelta mediante el triunfo de una sobre la otra (cuál es la mejor). Sin embargo, en Oriente se entiende esto como la armonía de los opuestos (el yin y el yang), donde el resultado no es la eliminación de uno de los miembros (la guerra) sino la unión de ambos en una nueva forma de hacer las cosas.

Si observamos la geopolítica actual, que es lo que está definiendo al planeta, tenemos esas dos visiones enfrentadas respecto a cuál debe prevalecer en el control del mercado. Occidente piensa que debe haber una confrontación bélica para “definir” quién debe ser el que ejerza la hegemonía, mientras que Asia (liderada por China) propone que el mercado puede desenvolverse con efectividad sin necesidad de que exista una fuerza dominante que imponga las reglas según su criterio.

LA DIVISIÓN ACTUAL

No habiendo entonces ya los “patrones” que eran dueños de las fábricas ni los “obreros” que reclamaban mejoras (porque todo esto ha sido absorbido por el mismo mercado y por la sociedad de consumo), lo que se da ahora son: los que piensan que el modelo capitalista a seguir es el “dirigismo” o la orientación del mercado mediante una planificación específica (reflejado esto en propuestas como la Agenda 2030 y muchas otras) versus aquellos que quieren que este siga siendo “espontáneo”, donde nadie instituya otras reglas que las que deciden la oferta y la demanda (que es lo que sostienen los llamados conservadores o tradicionalistas).

Dicho de otro modo, el conflicto es entre los progresistas (entendiendo el progreso como los cambios necesarios que se deben hacer al capitalismo para que este siga funcionando correctamente) y los conservadores o soberanistas (que se refugian en la protección la soberanía de las naciones como trincheras para defenderse de quienes intentan hacer las modificaciones). Ambos son, obviamente, capitalistas al cien por ciento, pero no se ponen de acuerdo en cuál debería ser el rumbo que este sistema debe adoptar.

LAS POTENCIAS EN CONFLICTO

Los países que propugnan el progresismo (gobernados en su mayoría por partidos socialistas o, dicho de otro modo, capitalistas populistas) son los europeos, a los que se suman otros como Japón, Israel y Australia (el entorno anglosajón), mientras que los que están en el lado conservador son China, Rusia, India, y muchos otros (especialmente los que pertenecen a los BRICS). El caso de EE. UU. es especial, pues su Estado Profundo (Deep State) es progresista, pero tiene en la presidencia a un conservador (Trump) con una posición sumamente débil ante este. En cuanto a los países latinoamericanos, los que se inclinan por el modelo conservador soberanista son los más cercanos a China y Rusia como Cuba, Venezuela y Nicaragua, mientras que el resto (con un Brasil incierto) apuestan por el progresismo. Las NNUU están dominadas por la línea progresista.

EN EL PERÚ

Países como el Perú aún no se adecúan al entorno contemporáneo y su política interna permanece todavía anclada al siglo XX donde quedan los rezagos de la Guerra Fría, de ahí que mantengan el esquema mental “derecha izquierda” aunque, en la práctica, ninguno de sus partidos profesa ya dichas ideologías. La población en general (salvo los que pasan de los 70 años) no le da importancia a dicha clasificación y opta por el pragmatismo puro de evaluarlo todo según la conveniencia, donde el beneficio y la rentabilidad es la forma de medir las cosas. En cambio, su clase alta navega en la indecisión de continuar con su lealtad a un EE. UU. (progresista) como forma de consolidar su poder interno y las necesarias inversiones que, en los hechos, solo las hace el capital chino (conservador). Eso hace que su política exterior y sus planes de expansión carezcan de coherencia y futuro. De modo que en el Perú se vive en un eterno compás de espera para ver cómo se desenvuelve el panorama internacional para, según eso, ver cómo acomodarse.

Conclusión.

Aunque se proclaman antagónicos, muchos partidos de “izquierda” y “derecha” terminan respaldando, en la práctica, un mismo modelo económico: capitalismo financiero, apertura de mercados y políticas pro-inversión. ¿Se trata de una convergencia ideológica inevitable o de una pérdida de coherencia doctrinal? Este fenómeno cuestiona las categorías políticas tradicionales y exige un examen profundo de sus causas y consecuencias.

¿Qué es un genio realmente? Desde la filosofía


Hoy en día, el concepto de genio ha sido distorsionado y reducido a parámetros meramente académicos o técnicos. Se califica como genio a quien obtiene calificaciones sobresalientes, acumula títulos universitarios o alcanza logros académicos a temprana edad. Sin embargo,para los grandes pensadores, esta visión resulta superficial.



Hoy en día, el concepto de genio ha sido distorsionado y reducido a parámetros meramente académicos o técnicos. Se califica como genio a quien obtiene calificaciones sobresalientes, acumula títulos universitarios o alcanza logros académicos a temprana edad. Sin embargo, para los grandes pensadores, esta visión resulta superficial.

De igual forma el concepto de inteligencia ha sido reducido a una métrica numérica: El coeficiente intelectual (IQ). Este indicador, usado ampliamente por instituciones educativas, científicas y laborales, se ha convertido en el estándar moderno para etiquetar a las personas como “inteligentes” o “no inteligentes”. Sin embargo, esta visión reduccionista no solo distorsiona la naturaleza compleja del pensamiento humano, sino que incurre en errores lógicos, epistemológicos y metafísicos graves.

¿Qué define realmente a un genio?

JEAN-PAUL SARTRE:El genio no se determina por los títulos académicos ni por la cantidad de información que una persona puede memorizar ni a la velocidad que lo hace, sino por la capacidad creativa que transforma su entorno. Como decía JEAN-PAUL SARTRE, el genio no se define por su formación formal, sino por lo que es capaz de aportar al mundo. El talento para memorizar no es sinónimo de inteligencia creadora. Podemos observar el caso de John Stuart Mill, quien en su infancia dominaba lenguas, lógica y economía, con una capacidad cognitiva sobresaliente. No obstante, sus contribuciones no alteraron de forma radical el curso del pensamiento o la historia. En cambio, Copérnico, con un cociente intelectual probablemente menor, revolucionó la visión del universo. Esta diferencia nos enseña que el genio no es una cuestión de saber más, sino de crear algo nuevo, de romper con lo establecido y abrir nuevas formas de pensar. El verdadero genio radica en la originalidad, el ingenio y la capacidad de innovación, cualidades con las que todos nacemos en cierto grado, pero que solo florecen si las desarrollamos con libertad y pasión.

Sartre no creía que el genio fuera un “don divino” o una habilidad innata exclusiva. El ser humano no tiene una naturaleza predeterminada. Primero existimos, luego decidimos qué seremos. En este sentido, el genio no está predestinado, se forja en la lucha, en la experiencia, en la creación consciente de uno mismo. (El existencialismo es un humanismo” (L’existentialisme est un humanisme, 1945) es un ensayo de Jean-Paul Sartre, toca el punto sobre lo que es un genio. El genio no nace, se hace a través de acciones y elecciones radicalmente libre, sobre todo se menciona su famosa frase, el hombre no es nada más que lo que él se hace” resume su idea de que no hay esencia previa) 

Talento vs. Genio: ¿qué los distingue realmente?

SCHOPENHAUER: (El hombre de talento) El talento se forma a través del estudio, la experiencia y la práctica. Es quien domina un campo, quien memoriza, reproduce, y aplica con eficacia lo que otros ya han formulado. Schopenhauer lo define como: “El talento es capaz de alcanzar lo que otros no pueden hacer; el genio, lo que otros ni siquiera pueden imaginar.” Así, un médico, abogado o científico con títulos y especialidades puede ser altamente competente, incluso brillante, pero eso no lo convierte en genio. Es un hombre de gran talento, pero su conocimiento es causal, derivado, funcional.

La trampa moderna: Confundir acumulación con genialidad.

Schopenhauer alertaría sobre:

  1. La idolatría a los títulos: Tener 3 maestrías no te hace genio, sino un “archivista del saber ajeno”.
  2. La obsesión por las notas: Un 10/10 solo prueba eficiencia en repetir, no capacidad de crear.
  3. Los “niños prodigio”: Si solo reproducen conocimiento preexistente ( calcular rápido, tocar piezas difíciles), son monos amaestrados, no genios. ESTA DISTINCIÓN IMPORTA HOY; Vivimos en una era que premia la especialización, pero castiga la originalidad radical.

El genio.

El genio va más allá de la lógica formal, de lo académico y lo técnico. No solo 
sabecrea. Es una fuerza que inventa caminos nuevos, que aporta lo que aún no figura en manuales, universidades o tratados científicos.

  1. El genio innova desde la intuición, la imaginación o la inspiración, pero no de forma vaga: transforma esas visiones en nuevas verdades, nuevos conceptos, nuevas formas de ver el mundo.
  2. Su motivación no es la medalla, ni el reconocimiento, sino el impulso de contribuir, de transformar, de expresar algo original y significativo.

Ejemplo analógico: Un hombre puede estudiar varias carreras universitarias y no ser un genio. Puede memorizar perfectamente lo que otros pensaron, y ser admirado por su capacidad técnica. Pero el genio es aquel que, aún sin títulos, transforma la forma en que comprendemos algo. Por eso Einstein revolucionó la física desde la intuición antes que desde los laboratorios. Por eso Sócrates, siendo una analfabeta, cambió la historia de la filosofía con su pensamiento. (En la obra Parerga y Paralipómena (1851) de Arthur Schopenhauer, hace una distinción muy precisa y profunda entre el talento y el genio)

¿Qué pensaba immanuel kant sobre el genio?

Según Kant: “El genio es el talento (don natural) que da la regla al arte.” Es decir, para Kant, el genio no es simplemente un gran ejecutante o alguien que hace bien las cosas según reglas ya establecidas, sino aquel que crea las reglasaquel que inaugura un nuevo estilo, una nueva forma de pensar o hacer arte, ciencia o filosofía.

Tenía que poseer estas características;

  1. Originalidad: El genio crea obras originales que no pueden ser enseñadas ni copiadas mecánicamente.
  2. Ejemplaridad: Lo que el genio crea se convierte en ejemplo para otros, aunque él mismo no pueda explicar del todo cómo lo hizo.
  3. No puede enseñarse: Kant dice que el genio tiene un “espíritu productivo” que no puede transmitirse por educación.
  4. Inspira sin saber cómo: Aunque genera obras ejemplares, ni siquiera el propio genio puede explicar del todo el proceso creativo que lo llevó a ellas.

Kant y la Memorización.

Kant nunca habría considerado un “genio” a alguien solo por sus títulos o por su capacidad de memorizar. De hecho, para él, memorizar reglas o reproducirlas sin creatividad es un acto sin valor genuinamente estético o trascendente. La genialidad está más cercana a la intuición creativa y productiva, que trasciende la mera repetición. (Kant desarrolla su idea del genio principalmente en su obra “Crítica del juicio” (1790), particularmente en el apartado sobre el juicio estético.)

Una vez que hemos analizado diversas posturas filosóficas sobre el genio y la inteligencia, es menester abordar una de las formas más populares (y problemáticas) de “medir la inteligencia”: la prueba de Coeficiente Intelectual (IQ). Aunque esta prueba ha sido defendida por algunos sectores de la psicología, desde un enfoque filosófico presenta serias inconsistencias metafísicas, lógicas y epistemológicas.

Prueba de IQ: Deficiencias Metafísicas.

La prueba del Coeficiente Intelectual (IQ), aunque utilizada como herramienta para medir inteligencia, presenta graves deficiencias metafísicas que ponen en duda su validez como criterio universal.

Supuestos ontológicos erróneos.


La prueba parte de una 
concepción ontológica limitada de la inteligencia, donde se asume que esta es una entidad homogénea, cuantificable, y fija en el individuo. No considera que la inteligencia puede ser dinámica, contextual, emergente y relacionada con múltiples dimensiones del ser humano: desde la imaginación y la intuición hasta las habilidades emocionales, prácticas y sociales.

Ausencia de una teoría de primer orden lógico.

El IQ carece de una fundamentación filosófica de primer orden que justifique claramente qué es la inteligencia desde una perspectiva integral. Se mide algo que ni siquiera ha sido correctamente definido, lo cual genera una ambigüedad epistémica seria.

Error dualista.

La prueba incurre en un dualismo reduccionista, considerando que solo las capacidades lógico-matemáticas y lingüísticas son centrales, mientras que las dimensiones físicas, emocionales, creativas o prácticas son vistas como secundarias o irrelevantes. Esta separación artificial distorsiona la naturaleza holística de la inteligencia.

Supuesto de linealidad.

Se asume un proceso de desarrollo intelectual lineal y homogéneo, cuando muchas capacidades cognitivas se manifiestan de forma no lineal, incluso en etapas avanzadas de la vida. La prueba no contempla talentos tardíos ni formas de pensamiento que emergen a través de la experiencia o la maduración.

Falta de alineación sociocultural El test no toma en cuenta los contextos sociales, históricos y políticos. Ignora los objetivos del Estado o comunidad en la que se aplica: sus valores, necesidades educativas, culturales o prácticas. En consecuencia, puede terminar evaluando habilidades que no son significativas para el desarrollo humano en determinado entorno.

La prueba IQ y sus deficiencias epistemológicas.

Desde una perspectiva epistemológica, la prueba del Coeficiente Intelectual (IQ) presenta serias limitaciones que comprometen su validez como medio para conocer o medir el fenómeno de la inteligencia.

Reduccionismo y exclusión.

La prueba IQ parte de una visión reduccionista del conocimiento, simplificando un fenómeno complejo como la inteligencia en variables cuantificables, y excluyendo dimensiones igualmente importantes como la creatividad, la intuición, la empatía o el pensamiento integrado. El enfoque es parcial y sesgado, privilegiando únicamente habilidades lógico-analíticas.

Deficiencia en la construcción teórica.

Epistemológicamente, la prueba carece de una teoría robusta y coherente del objeto de estudio. La inteligencia no ha sido claramente definida dentro del marco de la prueba, lo cual imposibilita construir una teoría de validación seria, pues no se sabe con precisión qué se está midiendo. Esta ausencia de universalidad conceptual debilita el rigor científico del instrumento.

Simplicidad frente a lo dinámico.

La prueba intenta determinar lo indeterminado, es decir, busca una medida estática y cerrada de un fenómeno profundamente dinámico y mutable. De este modo, simplifica procesos complejos, como el desarrollo del pensamiento, que pueden cambiar por la experiencia, el contexto o incluso los estados emocionales.

Supuestos innatistas y descontextualización.

El IQ suele atribuir los resultados a factores innatos, desestimando variables socioculturales, educativas, económicas o emocionales. Esta postura ignora el papel del entorno en el desarrollo cognitivo, reproduciendo una visión atomista que no reconoce lo proactivo de lo social.

Origen eugenésico y sesgo histórico.

Históricamente, la prueba IQ nació ligada a corrientes eugenésicas, como parte de un intento por jerarquizar razas, clases y capacidades. Esto deja una huella en su ausencia de neutralidad, haciéndola poco confiable como herramienta científica universal. No es ajena a intereses ideológicos ni a sesgos de poder.

La prueba de IQ como instrumento falaz: análisis lógico-filosófico.

La prueba de Coeficiente Intelectual (IQ), ampliamente usada para medir la inteligencia, se presenta como una herramienta objetiva y universal. Sin embargo, desde una perspectiva lógica y filosófica, incurre en múltiples falacias que cuestionan su validez metodológica.

 Falacias lógicas presentes en la prueba IQ:

  1. Falacia de generalización apresurada
    Mide principalmente habilidades lógico-matemáticas y lingüísticas, sin considerar otras formas de inteligencia (musical, emocional, social, creativa, etc.). Asume que esas pocas habilidades representan la totalidad del fenómeno.
  2. Falacia ad antiquitatem (apelación a la tradición)
    La validez de la prueba se sustenta en su uso histórico, pero no en una revisión crítica de su fundamento. El argumento “se usa porque siempre se ha usado” no justifica su eficacia ni su validez.
  3. Falacia del falso dilema
    Plantea que solo se es “inteligente” o “no inteligente” según los resultados de la prueba, excluyendo matices, contextos y variables externas que influyen en el desarrollo del pensamiento.
  4. Falacia del término medio no distribuido
    Se generalizan conclusiones sobre “la inteligencia” basándose en una categoría intermedia mal definida. Así, quienes obtienen altos puntajes en IQ son asumidos como más inteligentes sin considerar otros factores.
  5. Falacia de reducción al mérito
    Se parte del supuesto de que el rendimiento en la prueba refleja un “talento puro”, ignorando el entorno social, educativo, económico o emocional que influye en el desempeño.
  6. Falacia circular
    El IQ afirma medir la inteligencia y luego define la inteligencia como aquello que el IQ mide. Esta circularidad impide una verificación independiente del concepto.
  7. Falacia del falso consenso
    Se asume que, como muchas instituciones adoptan la prueba IQ, entonces es válida, omitiendo el análisis crítico de sus fundamentos epistemológicos y científicos.
  8. Falacia del sesgo de confirmación
    Se destacan únicamente los resultados que respaldan la eficacia del IQ, ignorando estudios y posturas críticas que ponen en duda su fiabilidad o su enfoque unilateral.
  • Falacia de simplificación excesiva
    Se reduce el fenómeno complejo de la inteligencia a un solo índice numérico, pretendiendo universalizar un resultado parcial y descontextualizado.

Conclusion.

Desde una perspectiva filosófica, la inteligencia no puede reducirse a la acumulación de conocimientos o a una puntuación numérica. Como lo señala Kant, el genio no se aprende ni se enseña: es una disposición natural para crear lo que no existía. Sartre refuerza esta idea al sostener que el verdadero valor del genio no se mide por títulos, sino por su capacidad para transformar el mundo a través de su obra. Schopenhauer distingue entre el talento que ejecuta con excelencia y el genio que origina nuevas formas de comprensión o expresión.

A partir de esto, entendemos que la inteligencia verdadera no es repetición ni memorización, sino creación. Crear implica interpretar la realidad, establecer relaciones nuevas, generar sentido donde antes no lo había. Por lo tanto, la prueba IQ es metafísicamente frágil, lógicamente inconsistente y epistemológicamente limitada. Asume como medible algo que no ha sido adecuadamente definido, incurriendo en múltiples errores lógicos que la convierten en un instrumento más ideológico que científico.

¿Hay carreras universitarias más difíciles que otras? No existe un estudio científico que demuestre esto, ni postura filosófica que lo respalde.

 

Se considera coloquialmente que sí, por factores como el material a estudiar, complejidad, tiempo para adquirir una habilidad. Aunque esto parece un argumento totalmente válido, para la ciencia no basta. No hay praxis reproducible y con control de variables que demuestre objetivamente que una carrera sea intrínsecamente más difícil que otra. Filosóficamente, carece de marco teórico que explique causalmente, porque es inherente que una es más compleja que otra.

 


Esto es una falacia esencialista lógica:
 

Asumir que la dificultad es una propiedad innata de la carrera, cuando en realidad es relacional (depende del sujeto que aprende). Una persona con gran facilidad para las matemáticas podría considerar la ingeniería relativamente fácil. (Dado que sus habilidades se alinean con las exigencias lógico-matemáticas de esa disciplina) Pero alguien que es bueno en matemáticas, quiere estudiar derecho, pero tiene problemas en la competencia verbal, argumentativa y abstracción, podría experimentar que el derecho es difícil. Esto evidencia que la percepción de dificultad está condicionada por la correspondencia entre las aptitudes del estudiante y las demandas específicas de cada carrera, lo que refuerza la idea de que la dificultad es una propiedad relacional y no inherente a la propia carrera. (una exige razonamiento lógico, otra comprensión, ¿cuál es "más difícil"? no hay parámetro neutral.)

 Comparar carreras con tipos distintos de desafíos, es como preguntar si "el rojo es más color que el círculo". (Es importante recordar que la dificultad percibida de una carrera puede variar según las habilidades individuales, los intereses personales y la dedicación al estudio.)

 
Lo que tenemos es un juicio de valor y sesgo de confirmación cultural.

Las sociedades industrializadas sobrevaloran lo cuantificable mientras subestiman la extracción y argumentación. Por ejemplo: En el siglo XIX, la Medicina era considerada "menos científica" que la Física porque no usaba matemáticas avanzadas. Hoy sabemos que diagnosticar una enfermedad es tan complejo como modelar un sistema físico. E irónicamente, en la actualidad, la medicina figura entre las carreras que socialmente se perciben como más difíciles, lo que demuestra que tales juicios cambian con el tiempo y responden más a valoraciones culturales que a criterios objetivos…Aun así, el prejuicio persiste, y se traslada a otras áreas del conocimiento, alimentando la creencia de que aquellas disciplinas con mayor carga numérica son, por definición, “más difíciles”, lo cual constituye un juicio de valor y no un hecho objetivo.

La filosofía lo anticipó. 

Whitgenstein (en Investigaciones Filosóficas) explicó que las distintas áreas del conocimiento funcionan como juegos de lenguaje: cada una tiene sus propias reglas, finalidades y formas de validación. Lo que cuenta como “rigor” en una disciplina puede ser irrelevante en otra. Decir que una carrera es más difícil que otra usando un único criterio equivale a comparar fútbol con ajedrez y querer decidir cuál es “más deporte”.

 Thomas Khun, en la estructura de las revoluciones científicas, mostró que cada campo de estudio opera dentro de un paradigma propio, con métodos, estándares y problemas reconocidos. En ingeniería, el progreso se mide por la precisión y aplicabilidad de modelos matemáticos; en filosofía, por la coherencia lógica y la capacidad de generar nuevas interpretaciones. No existe un “medidor” único de dificultad que sea válido para ambos.

Aristóteles, en su clasificación de las ciencias (Ética a Nicómaco, Metafísica), ya diferenciaba entre ciencias teóricas, prácticas y productivas. Reconocía que cada una exige virtudes intelectuales distintas: la sofía (sabiduría contemplativa) no se evalúa igual que la téchne (técnica productiva) o la phrónesis (prudencia práctica). Así, no se puede decir que una sea “más difícil” que otra sin reducirlas indebidamente a un mismo patrón de medida.

Conclusión.

Lo que tenemos es un debate mal planteado con respuestas engañosas:

Desde la ciencia, sin métricas universales y condiciones experimentales reproducibles, afirmar que una carrera es intrínsecamente más difícil que otra es una proposición no falsable, en el sentido de Karl Popper: no hay forma objetiva de someterla a prueba.

Desde la filosofía, es un pseudo problema que parte de una premisa errónea: asumir que la dificultad es un atributo absoluto. Las habilidades, el contexto y la cultura del aprendiz son inseparables del proceso de aprender. Así, más que responder “cuál es más difícil”, el enfoque riguroso es entender que toda dificultad es relacional, contextual y dependiente del marco de referencia desde el que se formula la pregunta.

Adrián Valencia

¿Cómo cambiaría la filosofía si se comprobara la existencia de vida alienígena?

INTRODUCCION

La confirmación de la existencia de vida alienígena tendría un impacto transformador en la filosofía, llevándonos a reconsiderar muchas de nuestras suposiciones y conceptos fundamentales. Esto abriría nuevas áreas de investigación y reflexión, enriqueciendo y expandiendo el campo de la filosofía de maneras que actualmente solo podemos comenzar a imaginar.

Podemos Fundamentar la inferencia en dos pilares de la filosofía con metafísica y ontología: 

METAFÍSICA: Se ocupa de lo que es en cuanto es, del ser como totalidad, de lo universal. Los extraterrestres entran en esta categoría. 

ONTOLOGÍA: Estudia los entes, los modos específicos de ser. La existencia de vida alienígena es una inferencia ontológica (otro ente), pero su significado más profundo es metafísico. 


Ilustración futurista de una silueta humana translúcida rodeada de figuras alienígenas etéreas en un fondo cósmico, con signos abstractos y estructuras matemáticas flotantes, representando la comunicación alienígena y las matemáticas como lenguajes universales o relativos.


CRISIS DEL ANTROPOCENTRISMO METAFÍSICO

Aristóteles definió al ser humano como "animal racional" (zōon logon echon), pero si existen alienígenas racionales, ¿seguiría siendo esta la esencia del "ser"? Si se confirma la existencia de vida alienígena con capacidad racional, entonces el logos no sería exclusivo del ser humano. Esto nos obliga a preguntarnos:

¿sigue siendo la racionalidad lo que nos define como humanos?

¿O deberíamos pensar la esencia humana desde otra perspectiva, más relacional o situada?

La definición aristotélica del ser humano como "animal racional" podría ser vista como una descripción de una categoría más amplia de seres racionales, que incluiría tanto a los humanos como a los alienígenas.

FILOSOFÍA DEL LENGUAJE

Ludwig Wittgenstein, dice que el lenguaje se basa en la institución. Saussure que el lenguaje es un sistema de signos, pero los signos dependen de una base común de percepción y cognición. Noam Chomsky, que existe una "gramática universal" innata en los seres humanos que podría extrapolarse a otras formas de vida inteligente. (si así lo adaptamos) Si los alienígenas usan algún tipo de sistema simbólico o de comunicación estructurada, esto sugeriría que el lenguaje es una característica universal de la inteligencia. El problema sería.

¿Cómo entenderíamos un lenguaje alienígena que no se basa en nuestras mismas estructuras cognitivas? podrían usar vibraciones, energía electromagnética, o incluso comunicación química. (Alguna otra forma que desconocemos, podrían estar más avanzados que nosotros y no requerir el lenguaje)

¿Cómo replanteamos la semántica?

¿Habrá principios universales que podrían ser compartidos por cualquier ser inteligente.?

¿Es posible un sistema de comunicación sin reglas gramaticales, símbolos, o una estructura lógica?

Esto abriría debates sobre qué condiciones son necesarias para que algo sea considerado un lenguaje. Como con Frege en la filosofía del lenguaje, y su visión de cómo se relacionan con los objetos y conceptos que representan. El problema aquí seria que podrían no usar palabras para referirse a objetos, sino sistemas gestuales o basados en fenómenos que no comprendemos. Esto obligaría a revisar nuestras teorías sobre cómo funciona la referencia y el significado.  Claro sobre todo la ambigüedad semántica, en caso extraordinario de que se presente la relación.

¿Cómo podemos saber que entendemos correctamente un lenguaje alienígena si no compartimos su contexto cultural o perceptual? Si los alienígenas se comunican sin usar un sistema simbólico a través de emociones directas o transmisión de pensamientos), se plantearían preguntas sobre si el lenguaje es una condición necesaria para la comunicación y para la inteligencia.


CASOS HIPOTÉTICOS Y SUS IMPLICACIONES DEL LENGUAJE

Lenguaje no simbólico

Transmisión directa de estados mentales o sensaciones puras (como dolor, alegría, duda, concepto abstracto) sin usar palabras, imágenes o símbolos. (¿sería esto "lenguaje"?)

Lenguaje cuántico

Comunicación instantánea mediante entrelazamiento cuántico, donde un cambio en la "partícula mental" de un emisor se refleja sincrónicamente en el receptor, sin transmisión local de señales.

Comunicación sin tiempo

Una especie que percibe el tiempo como bloque completo (pasado-presente-futuro simultáneos), se comunica con estructuras significativas completas, no verbales ni secuenciales.

¿Es el lenguaje una condición necesaria para la inteligencia?

Si definimos la inteligencia como la capacidad de resolver problemas complejos, y asumimos que esto exige comunicación, entonces el lenguaje podría ser visto como una condición necesaria para la inteligencia. La comunicación, en este contexto, podría ser entendida como la capacidad de transmitir información y coordinar acciones, lo cual es fundamental para resolver problemas complejos.

Sin embargo, si aceptamos la posibilidad de inteligencias no lingüísticas, como una mente colectiva que "siente" soluciones, entonces el lenguaje no sería una condición necesaria para la inteligencia. En este caso, la inteligencia podría manifestarse de maneras que no dependen de la comunicación lingüística, sino de otras formas de interacción y comprensión.

Lo que me lleva a preguntarme lo siguiente "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" (Wittgenstein). ¿Pero si hay mundos más allá de nuestro lenguaje?

Vayamos más lejos con ayuda de la metafísica: ¿ y si hay organismos que leen mente? Esto desafía radicalmente el marco de Wittgenstein y obliga a replantear la ontología de la comunicación. Su capacidad de acceder a contenidos mentales (sin simbolización) invalidaría la tesis wittgensteiniana. Nuestros "lenguajes privados" (que Wittgenstein negaba) serían públicos para ellos.

 Lo que genera otras preguntas:

¿Perciben tus experiencias subjetivas (tu dolor ) como propias, sin traducción simbólica?

¿Si cuando lo hacen estas sufriendo, pueden percibir o hacer suyo ese dolor o no?

¿Acceden a lo que ni tú conceptualizas? (como el inconsciente cognitivo de Chomsky o los arquetipos de Jung).

Otro punto es que Frege y Russell: Su teoría de la referencia colapsa (no hay "significantes" que medien)


La inteligencia quizá no requiera lenguaje, pero nuestra comprensión de la inteligencia si. "El universo no está obligado a ser comprensible en nuestros términos". 


FILOSOFÍA MATEMÁTICA


Aquí tenemos dos supuestos, las matemáticas son un descubrimiento o una invención. abordemos la primera premisa: 

Como ejemplo el Platonismo matemático (Descubrimiento) Las matemáticas existen independientemente de cualquier mente. Los humanos (y posiblemente otros seres inteligentes) simplemente las descubren.

Si una civilización alienígena desarrolla matemáticas, habría dos posibilidades:

Algunas estructuras como la aritmética básica, teoría de conjuntos, o topología podrían emerger en cualquier mente racional enfrentada a la realidad. Esto apoyaría el platonismo débil: las matemáticas no son humanas, sino estructuras ontológicas fundamentales.

Otro punto interesante seria Si su “matemática” no incluye números, o no sigue lógicas bivalentes, eso sugeriría que: La percepción sensorial-biológica (vista, tacto, etc.) condiciona el tipo de estructuras que construimos. O que existen formas de razonar y computar ajenas a nuestras categorías.

Lo que haría Aparecer una metamatemática pluralista: diferentes matemáticas, cada una válida dentro de su propio sistema cognitivo-ontológico. 

Seria interesante considerar lo siguiente, por nuestra morfología nuestras matemáticas pueden percibir y describir fenómenos que ellos no pueden acceder. Por su limitante biológico. Y viceversa. Por lo tanto, habrá circunstancia donde nuestras matemáticas son más idóneas en ciertos ámbitos y otras donde la de ellos son mas factibles.  Entonces no podemos hablar de inferioridad o superioridad si no complementaciones axiomáticas.  La forma en que una especie percibe, se estructura y se organiza cognitivamente (a partir de su biología (condiciona qué parte del universo matemático puede "ver", construir o validar.)

Lo que nos deja dos supuestos matemáticos: 

Las matemáticas no son totalmente subjetivas (porque permiten describir estructuras reales).

 Pero tampoco son completamente objetivas y universales (porque la forma en que se accede a ellas depende de la corporalidad y percepción).


LAS MATEMÁTICAS COMO INVENCIÓN HUMANA


En esta postura las matemáticas no existen por sí mismas en la realidad, sino que son creadas por la mente humana como herramienta simbólica, lenguaje abstracto y modelo lógico, para interpretar, medir o anticipar fenómenos percibidos.

¿Qué cambia con la idea de invención?

Que la matemática no descubre verdades absolutas, sino que crea sistemas simbólicos con base en percepciones o necesidades.

El símbolo no representa una esencia universal, sino una herramienta funcional inventada para pensar, predecir, calcular.

Desde el punto de vista de la invención, cada civilización (humana o no) inventará su propio sistema matemático, dependiendo de:

su biología,

su forma de percibir la realidad,

su cultura simbólica,

su necesidad tecnológica.

Esto implica que no existe una matemática universal, sino familias de sistemas simbólicos construidos localmente, aunque algunos de ellos puedan coincidir en ciertas partes (como pasa con la geometría euclidiana en muchas culturas humanas).

Entonces: Las matemáticas no son verdades universales, sino lenguajes locales.

Lo que nos lleva hacernos las siguientes preguntas: 

¿Las matemáticas son un producto humano o si son una estructura universal que existe independientemente de los seres humanos?

¿Las matemáticas es una lengua universal, independiente de la biología y la historia de cualquier especie?

¿Las matemáticas son un conjunto de principios humanos, solamente?

¿Son una herramienta creada en función de las necesidades cognitivas y tecnológicas de cada especie??

¿cómo podemos acceder y comprobar las verdades matemáticas.?

¿Existen matemáticas alienígenas?

¿El descubrimiento de seres inteligentes de otro planeta podría cuestionar la universalidad de las matemáticas?

¿Las matemáticas son universales pero diferentes axiomas, connotaciones?

¿Si los alienígenas tuvieran un sistema propio podría sugerir que las matemáticas no son universales, sino un producto humano?

¿Las variaciones puede deberse a la manera de percibir mediante nuestros sentidos a la realidad? ¿Al hacer matemáticas y modificación axiomática?


ONTOLÓGICAMENTE: EL SER HUMANO DESCENTRALIZADO

El hallazgo de vida inteligente no humana nos obligaría a reformular la ontología contemporánea, particularmente en lo relativo a la centralidad del ser humano como medida del ser. Desde Immanuel Kant hasta Heidegger, la filosofía ha considerado al ser humano como el ser que se pregunta por el ser, situándolo como eje del sentido cósmico.

Sin embargo, la presencia de inteligencias no humanas con sus propias formas de autocomprensión, lenguaje y existencia implicaría que la ontología ya no podría ser exclusivamente antropológica. Habría que considerar una ontología plural, descentralizada, posiblemente interespecífica o incluso interestructural.


METAFÍSICAMENTE: REFORMULAR EL SER, LA CONCIENCIA Y LA INTELIGENCIA

El concepto de “ser” mismo se vería tensionado. Si existen entidades con formas de vida radicalmente distintas quizá sin lenguaje verbal, sin cuerpos como los conocemos o con estructuras cognitivas no lineales, entonces nuestros conceptos de:

a- Conciencia,

b- Inteligencia,

c- Identidad,

d- e incluso existencia,

deberían ampliarse o modificarse. Ya no bastaría con definir la conciencia desde un modelo racionalista o biológico; deberíamos reconceptualizar el “ser consciente” como una categoría abierta, dependiente del modo de ser en el mundo de cada forma de vida.


EPISTEMOLÓGICAMENTE: NUEVAS FORMAS DE CONOCER

La pregunta “¿cómo conocemos lo real?” se enfrentaría a un límite radical: el de comprender otras formas de cognición.

¿Seríamos capaces de comprender sus lenguajes o modos de representación?

¿Cómo validaríamos o traduciríamos sus conocimientos?

¿Es posible un “conocimiento común” entre especies con estructuras cognitivas completamente distintas?

Esto pondría en cuestión nuestros propios métodos científicos y filosóficos, y daría lugar a una epistemología comparada, o incluso una meta-epistemología trans-biológica.


FILOSOFÍA DE LA RELIGIÓN: FIN DEL ANTROPOCENTRISMO ESPIRITUAL

Uno de los pilares más afectados sería la visión religiosa tradicional, en la que el ser humano es concebido como creación privilegiada, razón y propósito.

¿Qué lugar ocuparía el ser humano en un universo donde otras inteligencias también reflexionan sobre el origen, el destino y el absoluto?

¿Tendrían religiones?

¿Experimentarían algo similar a lo que llamamos fe, divinidad, trascendencia?

¿Qué formas tendría lo “espiritual” en estructuras no humanas?

¿Existen otras formas de “encarnación” o “revelación”?

El diálogo con otras religiones alienígenas podría inaugurar una teología cósmica, donde Dios ya no sería patrimonio de una sola especie ni de una sola cultura.

CONCLUSION

Esta reflexión no agota las múltiples implicaciones profundas ni aborda de forma plena todas las ramas filosóficas que se verían afectadas. Tan solo pretende ser un ejercicio metafísico inicial, una aproximación especulativa que nos permite vislumbrar cómo la existencia de inteligencias alienígenas podría transformar radicalmente nuestra comprensión del mundo y del lugar que ocupamos en él.