Síguenos por email

Buscar

Todas las publicaciones.

    Mostrando entradas con la etiqueta Qué es la filosofía. Mostrar todas las entradas

    Necesidad de la filosofía

    Necesidad de la filosofía por @jrherreraucv

    Decía el joven Lukács que la filosofía surge en sociedades que han perdido toda armonía, todo sentido y todo significado, como consecuencia de una profunda crisis orgánica, de un tiempo profundamente desgarrado.


    Necesidad de la filosofía

    Ella –la filosofía– es un síntoma de la diversidad esencial entre el yo y el mundo, un signo de la incongruencia entre el pensamiento y la acción. Por eso los tiempos felices carecen de filosofía. No abunda la medicina entre los sanos. Los orígenes de la filosofía se remontan al momento en el cual el mundo perdió su capacidad para vivir en justa libertad, cuando los ciudadanos de las antiguas repúblicas griegas presenciaron, no sin asombro, el fin del preciado elemento unitivo, la plenitud que hasta entonces los había conducido. Lacónico momento en el que los ciudadanos llegaron a comprender que la tragedia no era asunto de mero espectáculo teatral, sino el modo de expresar el último acto de su “perfecta unidad”.

    El Ethos antecede las crisis orgánicas. En el Ethos los ciudadanos viven la unidad de pensamiento, palabra y obra. La relación entre la vida civil y el poder político es fluida y adecuada. No existen separaciones insalvables entre los individuos y el Estado que se han dado. Viven la civilidad. Al perderse la armonía, entre los escombros de lo que fue y la resistencia de los que van quedando, aparece el cada quien y el cada cual. Se nubla el reconocimiento, a medida que los intereses del poder y los de la ciudadanía entran en conflictos que se van haciendo, día tras día, más irreconciliables y hostiles. En ese momento, surge –cual inmenso fractal– la reflexión y, con ella, la necesidad de la filosofía. Entonces la crisis deja atrás las certezas para devenir autoconciencia. El oficio de la filosofía consiste, pues, en el esfuerzo racional de develar, comprender y superar el desgarramiento, al tiempo de re-elaborar la idea de la unidad con base en los llamados Elementos o Principios. Especialmente cuando la unidad de los términos opuestos pierde su capacidad interactiva, a consecuencia de lo cual se extraña y aísla. Se trata de poner en evidencia que lo que en un determinado momento del desarrollo de la cultura logró portar la forma universal concreta, ahora se ha cristalizado en recíproca indiferencia y puesto como algo particular. Para lo cual es menester explicitar el hecho de que la unidad ya no se manifiesta en la plenitud, tanto de sí como de la diversidad, sino como un elemento separado, ajeno y distante. La unidad deja de ser unidad para convertirse en la otra parte.

    Y, en efecto, la unidad deviene imagen congelada, sometida al control del poder, tanto de un lado como del otro. Las imágenes se imponen y superponen, una sobre la otra. En esa duplicación, surge la oposición entre fe y saber, libertad y necesidad, Estado y sociedad, como esferas concentradas en sus intereses particulares y, a medida que se profundiza la separación, estas asumen la forma polar, como Sujeto y Objeto. El poder ocupa el puesto de la unidad, y coloca fuera de sus límites todo aquello que le resulta ajeno e indomable. Pero lo que el poder rechaza, aquello que concibe como lo distinto, lo separado, se asume a sí mismo como lo auténticamente unido, con base en lo cual se concentra para rechazar el poder y autoproclamarse como el otro del poder, el poder otro. Ahora existen dos autoproclamadas unidades, y cada una cree hallarse por encima de la otra, negándose recíprocamente, enfrentándose y luchando por el dominio y la supremacía absoluta. Todo lo cual no hace más que confirmar el desgarramiento y colocar, entre uno y otro término, una barrera, a pesar de tener la misma premisa: la lógica del poder.

    Solo cuando se asume con plena conciencia la oposición, esta puede ser sorprendida y superada. Solo llevando la oposición hasta su máximo punto de inflexión puede resurgir la auténtica unidad. En esta labor es claro que la filosofía no puede estar exenta de tropiezos y fracasos. No pocas veces renuncia y cae tendida ante los manifiestos apasionamientos de lo uno o de lo otro. Todo depende de la dimensión del conflicto. Por eso, ella debe esforzarse para no sucumbir ante simplicidades y prejuicios. La superación que conserva los puntos de vista es la resolución del acertijo ante la duda escéptica y la fe dogmática. La filosofía no pretende eliminar las diferencias. Su propósito es restablecer el diálogo entre quienes se creen dueños de la verdad. Por eso mismo, no puede negar el dolor de su paciente insistir, los desalientos del error o las heridas del conflicto. Se puede ser idealista, sin que ello signifique renunciar a la realidad o a la multiplicidad de sus impresiones; ser espiritualista, sin cerrar los ojos ante las férreas leyes del mecanicismo. Se trata de penetrar las fronteras del dualismo y del monismo, que sólo se sienten seguros mientras son prisioneros de una lógica simplista y maniquea: solo dentro de sus mazmorras los opuestos pueden excluirse; solo en ellas el ser es y el no-ser no es; solo en ellas las discordancias se vuelven irresolubles. Más que conocer, se trata de re-conocer-se.

    En momentos en los cuales la tiranía está llegando a su fin, resulta imposible dar respuesta a los antagonismos si el pensamiento se abstrae de la vida. Es necesario que los hombres se dirijan a sí mismos, para descubrir su más auténtica verdad: ser los constructores de una objetividad en la que el ser ya no es sino que viene a ser, no siendo ni algo dado ni algo inmediato. Saber es aprender desde el principio, lo que solo es posible mediante la reconstrucción del propio proceso. Filosofía es –al decir de Hegel– el propio tiempo aprehendido con el pensamiento.

    De ahí que pueda decirse que no exista lo verdadero, lo bueno o lo bello como tales y desde siempre, porque son el resultado histórico de la acción humana, del incesante hacer de los hombres. No son ni una especie de esencia natural ni un don divino o mágico, que flotan por encima –o más allá– del quehacer social e histórico. Tampoco son solo lo que ha sido hasta el presente, sino que son lo que los hombres siempre están dispuestos a hacer, en virtud de las necesidades del conjunto de las relaciones sociales que son capaces de construir. Son un hacer permanente, renovable, construible y reconstruible.

    Por eso la felicidad no es lo que se ha disfrutado, sino lo que impulsa a su término opuesto, lo que no permanece en la monotonía de un disfrutar abstracto o en la oscuridad que impulsa a la derrota, sino lo que se renueva y reconquista con nuevos ímpetus, con nuevas fatigas, mediante el sacrificio y el esfuerzo mancomunado.

    Gris sobre gris. La labor de la filosofía va desde el hombre hasta los hombres, del yo al nosotros. Dilatado y arduo viaje del saber con el cual se atraviesa, no sin valiente curiosidad, en el océano del ser de una naturaleza multiforme y camaleónica, que nunca es, aunque continuamente nace y continuamente muere, para retornar siempre de nuevo. Sí: el universo uno puede reflejarse en la mente de los hombres, a quienes le está concedido el devenir y la multiplicidad traspasada que la naturaleza –sive substantia– produce sin pausa, que deja atrás las figuras de sal de un régimen moribundo para rencontrar la inteligencia que permanece siempre idéntica consigo misma, en la finalidad y el orden de un epílogo sin fin.

    Karl Marx y la crítica como razón histórica

    Karl Marx y la crítica como razón histórica por @jrherreraucv

    No son pocos los profesionales y técnicos –bien formados en sus respectivas áreas laborales– que, al referirse a las normas por las que se rige una determinada corporación o institución, e incluso una determinada ideología política y su correspondiente acción partidista, invocan, con tono solemne, la expresión “la filosofía de la empresa”, como si, en realidad, existiera semejante ligereza. Hay otros, en cambio, que al hacer mención de una determinada filosofía se refieren, más bien, a los “temas y problemas” que pudiesen derivarse de la misma, cabe decir, que confunden esa filosofía con la interpretación de la historia, de la sociología, de la economía, de la política o de la antropología que se deriva de su centro nervioso, de su fulcro o fundamento conceptual, confundiendo las partes con el todo y el todo con sus partes. En fin, hay otros que, al considerar que una de esas partes resulta ser de relevante importancia para dicha filosofía, deciden que, en realidad, no es una filosofía sino que es, más bien, un discurso esencialmente dedicado a esa parte –por ejemplo, a la economía–, por lo cual ese discurso debería ser acogido en algún asilo filosófico que le sirviera de sustento, con el objetivo de poder crecer bajo el cobijo de una gran doctrina.


    Marx critica.
    Durante los últimos tiempos, Karl Marx ha sido considerado no como una víctima de las incontables ligerezas y prepotencias del entendimiento abstracto –en su afán por reducir lo pensante a lo pensado, lo vivo a lo muerto, sustituyendo la verdad por la certeza y el pensamiento por el método– sino, más bien, como un victimario: como el responsable directo –o indirecto– de la conformación del bloque de las autocracias más inhumanas, criminales, hambreadoras, atroces, que, en un determinado momento de la historia relativamente reciente, llegaron a adueñarse de la mitad del mundo y amenazaron, no sin terror, con apropiarse de la otra mitad, en nombre del así llamado socialismo y comunismo internacionales, términos que, desde la parte oriental del mundo, ocultaban el propósito de reabrir las oscuras puertas de la tenebrosa selva del ricorso de la esclavitud a nivel mundial. Y cabe agregar: con el plácer de los muchos profesionales y técnicos que, asistidos por el entendimiento abstracto, hoy se aferran al alambique de los “temas y problemas”, mientras ocultan sus falencias y desprecian prejuiciosamente lo que no conocen y, quizá, no sean lo suficientemente capaces de conocer.

    Decía Hegel en alguna parte que, por desgracia, la filosofía es el único de los saberes del que todo el mundo se cree en capacidad de dar cuenta. A nadie se le ocurriría discutir acerca de “temas y problemas” propios de la física cuántica con el investigador de rigor, ni de patologías autoinmunes con el médico especialista, ni de números irracionales con el dedicado profesor de matemática. Sólo para la filosofía no se necesitaría poseer una preparación y formación especiales, más allá de la improvisación de opiniones y representaciones traídas del más pedestre sentido común. Por eso mismo, para quienes estimulan la labor favorita del entendimiento reflexivo –la separación de pensamiento y realidad– conviene más el Prozac que Marx, con lo cual toman los ensueños de sus abstracciones por algo verdadero y lo hinchan de su “deber ser”, que, además, predican en el ámbito político. Se subestima la filosofía de Marx porque se subestima a la filosofía en general.

    La de Marx, en realidad, no es una filosofía política, ni una filosofía económica y social. Ni es una filosofía de la historia, si por historia se entiende la erudición de datos, el contar anécdotas del pasado o aprenderse fechas de memoria. Un museo de cera, sin el más mínimo aliento vida. Como tampoco hace referencia ni a unas “leyes” ni a una “metodología” que se le aplica a la historia para que esta se comporte de acuerdo con los dictámenes de aquella. Por supuesto, no es una ciencia, en el sentido que en estos tiempos se le ha dado a esa expresión. Ni es una “filosofía científica” ni es una “ciencia filosófica”. La filosofía de Marx es, en sustancia, una ontología del ser y de la conciencia de su tiempo. De hecho, toda auténtica filosofía es su tiempo aprehendido con el pensamiento, o como dice Marx, es “la lógica específica del objeto específico”. Pero precisamente por eso, como toda ontología tiene el oficio de diluir lo cosificado, de restablecer el flujo de los ríos de la historia ahí donde los castores del entendimiento lo han represado, como la ontología es actio mentis continua, la de Marx no puede no ser una filosofía necesariamente crítica e histórica. Crítica, en el estricto significado dado a esta expresión por Kant, cabe decir, como el develamiento profundo, íntimo, de los fenómenos. Histórica, en el sentido abiertamente hegeliano, reconocido muchas veces por el propio Marx, ya desde su tesis doctoral sobre la Diferencia de las filosofías de Demócrito y Epicuro. Porque la mirada retrospectiva, la reconstrucción del pasado, se traduce en la experiencia de la propia autoconsciencia, en la mejor comprensión del presente y de lo real y, por eso mismo, en su necesaria superación. La experiencia es, de hecho, la primera conciencia del contenido de la filosofía, por lo cual el contenido de la filosofía no es otro que la realidad de un determinado tiempo histórico.

    La crítica como razón histórica recorre toda la obra de Marx, desde la ya citada Diferencia, la Crítica de la filosofía hegeliana del Derecho Público, la “Crítica de la crítica-crítica”, la “crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes y del socialismo alemán en sus diferentes profetas”, la crítica de la economía política y la crítica de las diversas representaciones, de corte natural –es decir, no histórico– del socialismo. Si hay un término –un “hilo conductor”– que une todo el pensamiento de Marx es, precisamente, el de la crítica como la razón dialéctica e histórica de su tiempo. Los creyentes en dogmas desgastados y los materialistas pre-críticos, tanto como los propiciadores de regímenes tiránicos y totalitarios o los enemigos de la propiedad privada, podrán alegar lo que quieran. Marx no sólo los hubiese enfrentado con su Kritik, sino que muy probablemente se mofaría de ellos.

    Ética de ideologías, Kant, Shopenhauer y Nietzsche.

    Cuando las ideologías se dogmatizan.

    A lo largo de la historia, los filósofos, desde su propia concepción filosófica, construyeron una ética a partir de la misma y también han elaborado modelos de organización política.
    Esta situación, relación concepción filosófica, organización política y ética es advertida por todos los filósofos.
    Es así que la concepción filosófica da fundamento a la ética, y también lo hace con el modelo de organización política, o sea, los valores que sustentan el pensamiento filosófico están presentes en ambas.


    A lo largo de la historia, los filósofos, desde su propia concepción filosófica, construyeron una ética a partir de la misma y también han elaborado modelos de organización política.
    Esta situación, relación concepción filosófica, organización política y ética es advertida por todos los filósofos.
    I. Kant, en un intento por elaborar una ética autónoma, propone el imperativo categórico “obra de tal manera que la norma que rige tu acción pueda ser considerada ley universal”, o sea una moralidad basada en el 'deber ser' un fundamento que no logra ser independiente,  pues así también es su propia interpretación del mundo.
    En su “Crítica de la Razón Pura”, propone una estructura del conocimiento, dividida en doce categorías en las cuales ‘encajan’ las ideas que tenemos del mundo exterior, expresados en ‘juicios a priori’ (universales y necesarios) y que nos limita el llegar al νόuμενο (nóumeno), el objeto en sí, mismo (extramental). Y que se presenta en todos los seres humanos, de la misma manera. En la ética, este ‘juicio a priori’ se muda a un ‘imperativo categórico’ también universal y necesario. En este ejemplo se ve claramente la íntima relación entre concepción filosófica y ética. 
    Es así que la concepción filosófica da fundamento a la ética, y también lo hace con el modelo de organización política, o sea, los valores que sustentan el pensamiento filosófico están presentes en ambas.
    Cuando esta situación se encuentra en el plano de las ideas, a lo sumo genera adherentes  o refutaciones por parte de otras formas de interpretación de la realidad, que la pueden ir enriqueciendo.
    Como todo ser humano quiere ser consecuente en su accionar, con su pensamiento, sus concepciones políticas y la consecuente ética, las lleva a la práctica, convirtiéndose así en ideologías.
    Las dificultades surgen cuando intervienen las emociones humanas, especialmente el fanatismo, que pueden convertir la ideología en la única forma de organización social posible y se la quiere imponer por todos los medios. 
    Un artículo de Arthur Schopenhauer, me pareció apropiado para hacer una observación acerca de las ideologías y de las consecuencias que producen[1]; el texto original se refiere a la religión, me tomé el atrevimiento de modificarlo para mostrar las similitudes que hay con las ideologías, cuando éstas dejan de ser ideas políticas para convertirse en una especie de  dogma de fe. ‘Obsérvese aquí de paso que lo que da a todas las ideologías, su gran fuerza, el punto de apoyo por el que se apoderan de los espíritus, es su aspecto ético, si bien no inmediatamente en cuanto tal, sino en cuanto aparece firmemente unido y entretejido con las ideas peculiares a cada doctrina política, como si solo por ellos se pudiera explicar; ello hasta tal punto que, aun cuando el significado ético de las acciones no es explicable según el principio de razón y sin embargo todas las ideas peculiares siguen ese principio, los creyentes consideran el significado ético de la conducta y sus ideales como totalmente inseparables y hasta idénticos, y todo ataque al mito lo ven como un ataque a la justicia y la virtud. Eso llega tan lejos que en los pueblos ideologizados, el libre pensamiento o la presencia de una diversidad de posturas sociales es sinónimo de ausencia de toda moralidad. Tales confusiones conceptuales son bienvenidas a los promotores de dichas ideologías cual sacerdotes de alguna fe o como pontífices de un dios con pies de barro, y solo como consecuencia de ellas podía surgir aquel terrible monstruo, el fanatismo, y no imperar acaso únicamente en individuos aislados especialmente equivocados y malvados, sino sobre pueblos enteros; y al final, para deshonra de la humanidad, aparece una y otra vez en la historia, personificarse en una forma de Inquisición o persecución que culmina con la muerte de aquellos que no piensan de la misma manera’.
    ‘A modo de ejemplo, solo en Madrid, en 300 años, por la Inquisición, hizo morir atormentados en la hoguera por cuestiones de fe a 300.000 hombres. Los muertos de otras manifestaciones cristianas (también hubo Inquisición en todas las expresiones cristianas). Las sucesivas guerras Islámicas. El genocidio Armenio. Todas estas religiosas. Pero también las hay por razones no religiosas. En la Alemania Nazi, por el predominio de la raza aria, 6.000.000 de Judíos, 1.500.000 polacos. En la URSS comunista, por el advenimiento de paraíso comunista, 30.000.000 condenados a morir de frío y trabajos forzados en Siberia, o directamente ejecutados y los que no sabemos de Cuba, China, Corea, a la que se suma hoy Venezuela, por la misma razón, etc. También el mundo capitalista, tiene lo suyo, los muertos en fábricas, quemados vivos porque reclamaban mejores condiciones laborales, o la guerra de secesión estadounidense, por la liberación de los esclavos, en razón de la libertad, no me quiero olvidar de los distintos colonialismos y sumisión de pueblos enteros en aras de imponer una mejor forma de vida, que terminó siendo solo para los colonizadores, y así podríamos enumerar infinidad de acontecimientos históricos en que una parte de la sociedad quiere suprimir a aquellos que piensan distinto, o que no comparten la misma ideología’[2].
    En un artículo anterior, “F. Nietzsche y la corrupción”[3], hice un análisis acerca de la evolución de la corrupción y la llegada del “Cesar”, un tirano disfrazado de salvador que toma una ideología política haciéndola dogma social, y quisiera retomar la última parte de ese escrito para complementarlo con la ética que se construye a partir de la ideología utilizada.
    Cuando la sociedad está harta de las manipulaciones políticas, las debacles económicas, la inoperancia de los que gobiernan, etc. y sostiene “que se vayan todos”, dice F. Nietzsche: "Cuando la descomposición alcanza el mayor grado, justo como la lucha entre tiranos de todo tipo, surge entonces el César, el tirano definitivo, que pone fin al conflicto agotado por el dominio exclusivo de uno solo, dejando que el cansancio actúe por su cuenta. A su llegada, el individuo está ya en plena madurez y, por consiguiente, la "cultura" ha alcanzado su más grande estado de fecundidad (si bien no a causa de él ni por él, aunque a los hombres sumamente cultos les gusta adularla haciéndose pasar por obra suya)"[4].
    Seducen a todas las organizaciones sociales de todo tipo con su discurso, "hasta las manos más nobles se ofrezcan en cuanto un hombre poderoso se muestre dispuesto a derramar en ellas su oro. En ese instante se descubre una gran incertidumbre respecto del futuro que se vive para el presente; es un estado anímico en relación con el cual todos los seductores disponen de buenas oportunidades de juego, en tanto que la seducción y la corrupción se dejan para "el presente", ¡reservándose el futuro y la virtud![5]
    Construyen poder con la teoría ‘amigo-enemigo’, necesitan de un enemigo común externo o interno, que siempre son poderosos, aúnan las voluntades de los pueblos y acallan voces que reclaman por la corrupción reinante; corrompen y desvían, de su propósito o ideal, a las organizaciones que en ellos pusieron su confianza. Se apropian y tuercen los ideales que sostuvieron a una sociedad ensamblada. Se sienten inmortales, y con derecho a eternizarse en el poder.
    “Los individuos…, se preocupan del momento más de lo que lo hacen sus oponentes, los hombres gregarios, pues se consideran a sí mismos tan imprevisibles como el futuro. De esta manera, se unen con gusto a los violentos, pues se sienten capaces de actuar y disponen de recursos que la masa no comprendería ni perdonaría, mientras que, por otro lado, descubren que el César extiende el concepto de derecho del individuo hasta incluir también sus transgresiones, y que le interesa convertirse en el intérprete de una moral privada más audaz. El tirano piensa de sí mismo, y quiere también que los demás piensen, lo que a su modo dijo Napoleón de una manera totalmente clásica: "Tengo el derecho a contestar todas las quejas que me hagan con un eterno 'yo soy el que soy'. Yo estoy al margen de todos, no acepto condiciones de nadie. Deben someterse a todos mis caprichos y estimar como absolutamente natural que me entregue a tales o cuales distracciones". Así le aseveró Napoleón a su esposa, un día que ella puso en duda, no sin fundamento, la fidelidad conyugal de su marido”[6]. Sostienen que tienen el derecho a disponer de los bienes de todos como si fueran suyos, someten a la sociedad a su imperio y orden, hasta se creen sus propios discursos, y se sienten únicos capaces de salvar a la patria de los enemigos, que ellos mismos establecieron.
    Tanto el “Cesar” o el que encarna al salvador de la patria, como aquellos que adhieren (algunos por interés, debido a los beneficios que reciben de la corrupción en que se vive, otros por convicción) construyen un entramado ideológico y una ética particular, no fundamentada en valores sobre la persona humana, sino sobre valores que se desprenden de ese credo al que adhieren.
    Esa concepción ideológica, es generalmente construida sobre consensos que el grupo social reconoce, como ser derechos humanos, ancestrales, al trabajo, etc. la cual para imponerse necesita de un “otro” al que hay que reconocerle ese derecho y de un “otro” que se lo impide. Y es justamente esos “otros”, los que le dan sustento a una ética basada en imponer, dicha ideología a todos los que no piensan de la misma manera.
    La tentación de convertirse en nuevo ‘Cesar’ de aquellos que legítimamente acceden al poder, luego de grandes períodos de corrupción y tiranía, así como la de recuperar el terreno por parte de aquellos que lo han perdido, es muy alta, pues es también profunda la penetración de la ideología y de su oposición a ella, en la comunidad. La sociedad en su conjunto necesita estar vigilantes para no caer en ideologías dogmatizadas. 
    Como sostiene Arthur SchopenhauerTodo fanático ha de acordarse de ello tan pronto como quiera levantar la voz, lo cual ya sabemos, es imposible por el solo hecho de ser fanático”.[7]



    [1] El texto original, que se reproduce a continuación, se refiere a la religión, me tomé el atrevimiento de modificarlo para mostrar las similitudes que hay con las ideologías, cuando éstas dejan de ser ideas políticas para convertirse en una especie de religión dogmática.
    Arthur Schopenhauer: "Obsérvese aquí de paso que lo que da a todos los dogmas de fe positivos su gran fuerza, el punto de apoyo por el que se apoderan de los espíritus, es su aspecto ético, si bien no inmediatamente en cuanto tal, sino en cuanto aparece firmemente unido y entretejido con los demás dogmas míticos peculiares a cada doctrina, como si solo por ellos se pudiera explicar; ello hasta tal punto que, aun cuando el significado ético de las acciones no es explicable según el principio de razón y sin embargo todos los mitos siguen ese principio, los creyentes consideran el significado ético de la conducta y su mito como totalmente inseparables y hasta idénticos, y todo ataque al mito lo ven como un ataque a la justicia y la virtud. Eso llega tan lejos que en los pueblos monoteístas el ateísmo o la ausencia de un dios es sinónimo de ausencia de toda moralidad. Tales confusiones conceptuales son bienvenidas a los sacerdotes, y solo como consecuencia de ellas podía surgir aquel terrible monstruo, el fanatismo, y no imperar acaso únicamente en individuos aislados especialmente equivocados y malvados, sino sobre pueblos enteros; y al final —lo cual, para honra de la humanidad, solo aparece una vez en la historia— personificarse en este Occidente en la forma de una Inquisición que, según los más recientes datos auténticos, solo en Madrid (en el resto de España fueron numerosos esos antros de asesinos espirituales) en 300 años hizo morir atormentados en la hoguera por cuestiones de fe a 300.000 hombres: todo fanático ha de acordarse de ello tan pronto como quiera levantar la voz" («El mundo como voluntad y representación», primer volumen; Madrid: Trotta, 2013 [1819], página 422).

    [2] Cfr. Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, primer volumen; Madrid: Trotta, 2013 [1819], página 422
    [3] http://www.microfilosofia.com/2017/06/f-nietzsche-y-la-corrupcion-nem.html
    [4] Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia, edición digital.
    [5] Ídem
    [6] Ídem
    [7] Cfr. Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, primer volumen; Madrid: Trotta, 2013 [1819], página 422

    Walter Benjamin: Tesis sobre el concepto de historia.

    INTRODUCCIÓN.

    Los escritos de Walter Benjamín se podría decir, sin temor a equivocar, son un género escaso de escritos de náufragos; borradores para ser metidos en una botella y ser enviados al correo del mar. La pesadez de su propio fracaso intelectual, que no le daba para mantener una buena situación material y no lo obligase a someterse a las críticas teóricas de quienes le “daban la mano”, y aun su torpeza para manejar su situación de exiliado, que le llevo al suicidio, demuestran su naufragio. Pero el verdadero naufragio está en el desarrollo de la historia, por lo que el fracaso propio de Benjamin, no es más que la alegoría de una realidad: el mundo completo está dentro de él, una época y por supuesto dentro de ésta un proyecto han naufragado juntos. En las tesis sobre el concepto de historia, último texto publicados dos años después de su muerte, la desesperación y la barbarie del mundo se hacen autoconscientes de sí llevando a la mejor expresión del modelo de praxis que Th. W. Adorno siempre defendió.

    En el presente trabajo trato de mostrar los alcances de la teoría de tiempo presente de Benjamín mostrando con esto la crítica que hace el autor a la concepción de progreso. De igual manera, tratare de mostrar la relación de esta crítica de Benjamín con la propia crítica de Theodor Adorno  a la idea  de Progreso.


    I
    Filosóficamente el escrito es totalmente materialista, Benjamín radicaliza el materialismo crítico- no mecanicista- de Marx. Y sociológicamente, su crítica es llevar la concepción materialista a su máxima expresión, la salvación Mesiánica viene de la fuerza de la sociedad al propio sistema político social. Esta radicalización es necesaria, no solo por el propio contexto histórico del autor, sino también, porque el nacional socialismo coincide con el fracaso de la izquierda en Europa. Aquella socialdemocracia en la que se estaba convirtiendo el marxismo, necesitará de la mano teológica para su radicalización. La tesis uno y nueve nos muestran ya esta concepción en el pensamiento de Benjamín.
    La radicalización teológica, no debe ser entendida como una suavización del materialismo por la ideología idealista de la teología, sino por el contrario, la teología viene para reforzar este materialismo; la radicalización es en el sentido de poder llegar a las contradicciones y sus raíces en lo existente, pero solo que esta empresa solo será posible gracias a la teología. La teología da la posibilidad de romper con el continum del tiempo, pues al poner Benjamin al servisio del materialismo a la teología, muestra que lo que existe a primera vista no es la totalidad, la última palabra de la historia muestra una Esperanza, que hay algo mas alla de la barbarie. Esto queda mas claro cuando nos preguntamos ¿Por qué es un Angel de la historia? Esta pregunta pone de manifiesto esta relación de la que venimos hablando.
    Benjamín tomara un cuadro suyo de Paul Klee, “ Angelus Novus” , el cual remite a la leyenda originaria del Talmund y de la que bebió para la construcción de su teoría del Ángel de la historia; una teoría pesimista del devenir histórico, como un ciclo incesante de barbarie y desesperación, pero que esta criatura celestial renueva- o por lo menos tiene la posibilidad de hacerlo- con un cantico eterno ante Dios. La fuerza mesiánica es considerar que el pasado está en el presente y por ello engendra una nueva concepción de tiempo. Teoría del Tiempo Presente, concepción que es una crítica a la interpretación del tiempo como tiempo continuo y lineal. De este modo, es evidente que la interpretación de Benjamín de la ruptura temporal, es que no se queda en el plano de lo Divino, ideal, sino que ve la posibilidad de la ruptura dentro del mundo material mismo.

    II
    El concepto de tiempo es el punto central de la crítica, pero este entendido en la ideología burguesa, como progreso, por lo que esta crítica del tiempo es sustancialmente una crítica del progreso, es decir, todo depende de que la crítica del tiempo sea entendida en la misma medida que una crítica del progreso, principalmente a su causalidad e idea de continuidad y necesidad lógica de la historia, en la que cada hecho de la historia parece como una unidad en si misma que conduce a una línea progresiva. Se ha utilizado este concepto para comparar lo que en sí es incomparable (trabajo humano) y por ello en la ideología tal postulado se hace incuestionable a tal modo, de considerar la relatividad del tiempo físico y no la del tiempo histórico.
    La teoría del Jetztzeit, se articula entonces con la división hecha por Adorno y Horheimer de la razón en su forma burguesa, en tanto que el concepto de tiempo también la presenta:
    • Razon Instrumental (que se desarrolla sin limites –es subjetiva-)
    • Razon en sentido amplio (tal y como la consibe Hegel por ejemplo- es objetiva),
    Mientras la primera, en relación con el tiempo, en esta formación social se aprovecha en términos técnicos y prácticos, de los descubrimientos por ejemplo la de Eisten de la Relatividad, la Razón objetiva esta tan estancada que no se encuentra en condiciones de efectuar una crítica al concepto de tiempo en el sentido histórico. Marx ya había dejado un germen de dicha critica, en su desarrollos teóricos sobre el concepto de Valor, asi la concepción burguesa del tiempo como necesidad lógica y lineal, pierde su base material, y esta critica de Benjamin lleva a su máxima expresión la efectuada por Marx.
    Habrá que remitirnos a la pregunta, realizada ya por Stefan Gamdler (2003) de: por qué el Angelus Novus mira hacia atrás? Encontrando en esta cuestión, las bases para comprender el alcance de la critica:
    A lo largo de las tesis, nos deja enunciado Stefan Gamdler (2003:14) queda claro que se pueden encontrar tres razones por las cuales el Angel de la historia mira hacia atrás, que a su vez considerará que la ideología dominante está inmersa en la mente de los oprimidos.
    1. Ontológicamente el futuro no existe, aquel tiempo que dicen que avanza progresivamente hacia la “prosperidad” no existe.
    2. Epistemologicamente: Es inevitable y necesario que el angel mira hacia atrás, pues no podemos conocer el futuro, entonces lo que hace el Angel es mirar hacia atrás para comprender su entorno y a sí mismo.
    3. Politicamente: es necesario mirar por las dos razones hacia atrás , pues el progreso no es una tendencia, antes bien, el progreso es un progreso de la barbarie, por lo que mirar hacia atrás implica salvar la tradición y los muertos del pasado.



    Mirando hacia atrás el Angel recuerda lo olvidade y se Redimirse. Benjamin Criticara la idea de Fusión de progreso y humanidad, que tiene su máxima exresion en Kant y que tomaron los socialdemócratas que confundieron el progreso, con las habilidades instrumentales (fuerzar productivas) con el de la humanidad, idea que se encuentra bien expresada en la Antropoligia kanteana. Esta antropología Kanteana deja implícita la idea de que para el hombre, la naturaleza tiene un plan oculto, que es el progreso y eso es el Cosmopolitismo. El hombre pude con sus facultades, singulares, ayudar a mejorar su modo de existencia con la Razón, de esta manera, la humanidad, en tanto es una representación de un mejor bienestar de las generaciones futuras, implica decir que la historia se encuentra hacia el progreso en tanto que cuando hablamos de progreso hablamos también de humanidad. Esto derivaría una visión melancólica, ya que implica que el hombre vive en el presente peor de lo que irá a vivir en el futuro, lo único que logra mostrar ello para el hombre, es que inevitablemente se acerca hacia al progreso.


    III
    Será Theodor Adorno, quien describirá esta noción y pérdida del hombre ante el curso de la historia hacia el progreso, basado no solo en las tesis que fueron editadas por él mismo, quienes le mostraran el accionar del ángelus novus en ese tiempo presente. En su escrito dedicado exclusivamente a este tema (Progreso, 1962), hace una crítica dialéctica a la categoría de progreso, mostrando que para que esta pueda ser utilizada, debe ser considerada en forma tal que pierda la apariencia mistificada de su uso. Demostrara Adorno en este escrito, que quien se proponga la dilucidación del ser del progreso, destruirá aquello a lo que se propone realizar, es decir, mientras más se acerca un teorico critico a la dilusidacion del concepto de progreso, desvanecerá al mismo concepto, se desvanece lo que propiamente se menciona con él (qué progresa y que no, con respecto a qué etc..) (Adorno,1962) Sostiene en este escrito que, si el angel de la historia rompe el contimun de la historia en el presente, solo es posible lo mesianico en la teoria, pues, ante la imposibilidad de modificar el curso del movimiento del absoluto, solo queda la posibilidad de un grito de desesperación teórico del hombre, que lo confronte con su propia objetividad, con su propio fenómeno, con su propia manera de ser en este mundo, que se le ha escapado de las manos dejándolo como mero instrumento de su configuración y a sí lograr redimirse.
    Es dificil, no sostener, que si bien la praxis emancipatoria para Benjamin y Adorno no son exactamente en sentido teorico analogas, el segundo, a quien mas se le ha criticado su posicion sobre la praxis politica, consideré la praxis del primero como la mejor muestra de praxis emancipatoria, tal y como él la habia formulado. Ambos,muestran que el hecho que el progreso sea referido a la totalidad, se va contra el mismo progreso, por lo que sostienen que “al decir de Kafka nunca ha habido progreso” (Adorno, 1962: 30). Su concepcion del progreso, les lleva a considerar, que por mas que el concepto remita a la supervivencia de la especie, es imposible aceptarlo, pues da por sentado que la sociedad ya existe como tal y por ello progresa. Esta especie de nocion de historia universal, no debe ser aceptada por un materialismo historico, que entiende a su vez que el hecho de que la totalidad sigue atrapando a la humanidad, no podria ser pensado sin la misma nocion de humanidad:“La temporalidad del progreso mismo, su simple concepto, sujeta a este mundo empirico; pero sin él la impiedad del curso del mundo pepetuaria tanto mas la idea de que la creacion misma será obra de un demonio gnostico” (Adorno, 1962).
    La nocion del Prgreso en Benjamin, será visto por Adorno, como la demostracion que el individuo particular esta incapacitado para modificar, en una pratica politica, el movimiento de la totalidad hacia el progreso de la barbarie, su educion del texto manchado de sangre, le demuestra que, lo unico que pudo dejar Benjamin fue una teoria, una compilacion de tesis que esbozaban la esperanzan del jetztzeit, pero que para Adorno, la muerte del propio Benjamin que las condiciones no estaban dadas, aun cuando el grito de desesperacon era cada vez mas fuerte. El pensamiento sociologico se demuestra cuendo, la aceveracion de ambos de que sin sociedad no habria progreso alguno y que la forma de organización se haantepuesto al individuo particular,así, El Angelus novus, que se encuentra enfremtado a un espiritu absoluto hegeliano que dice que el movimeinto de la historia es el movieminto del progreso de la razon y que por ello la redencion debe quedar descechada, se ve inclinado por la tendencia objetiva de esta totalidad de la historia, solo a una practica teorica, en tanto que cualquier otra forma de praxis ya esta reproducciendo las relaciones de explotacion e incluso fortaleciendolas:“ … El activismo se inserta en la misma tendencia a la que cree o presume conbatir..” (Adorno, Notas Marginales Sobre Teoria y Praxis: 76). Adorno antes de Exiliarse en EEUU, se resistia ha hacerlo, queriendo liderar la resistencia al fascismo, no obstante, ha de recosiderarse el hecho de la muerte de Benjamin por el movimiento de la totalidad, un evento importante a la hora de ver su posicion sobre el movimeinto de la historia y la forma de praxis emancipatoria.
    De alguna forma su formulacion sobre esta praxis emancipatoria, se oserva la herencia del pensamiento de S. Kracauer cuando formulo que“el conocimiento de esta situación (situacion que es de barbarie), además, no solo es condición necesaria para todas las transformaciones, sino que supone, ya de por sí, un cambio, ya que si la situación aludida se conoce a fondo, será preciso actuar sobre la base de la nueva consciencia conquistada acerca de aquélla” ( Los Empleados 1930: 106 – parentesis yo). El angelus novus mira hacia atrás pero teoricamente dirá Adorno, pues el problema del progreso encierra en si mismo el problema de la teoria y praxis, ya que el progreso ha creado una nocion de practica humana que solo debe guiarse hacia él y por l cual muestra la propia imposibilidad de reflexionar sobre el progreso.
    Para concluir, vemos que esta formulacion Adorniana sobre la praxis politica, encuentra de alguna manera en Benjamin su mayor expresion, o hrencia principal, pues este, se vio obligado por la misma totalidad a recurrir a la praxis teorica para no hacer de su muerte un naufragio toral, sino dejar un mensaje en la botella, para los proximos angeles que se atreban a mirar hacia atrás. Adorno convertira la necesitad historica hegeliana, con esta herencia en Dialectica de lo contingente y allli se encuentra su herencia de la critica del concepto de Tiempo, pero en la praxis, su herencia es la historia personal de Benjamin un cuando ese evento, y su cernania con su otro amigo de gran influencia (Horkheimer) , llevaran a considarlo a él contra si mismo, en el sentido de aplicar su propia dialectica negativa a él.
    Bibliografia:


    Adorno, T. (1962). Progreso. PROGRESO: . Conferencia pronunciada en el congreso de filosofia de Munster el 22 de octubre.
    ________. (2004). Individuo y Estado. En T. Adorno, Misceláneas I (págs. 290- 300). Madrid: Edotorial AKal.
    _________(2005). II El Espiritu del Mundo e historia de la Naturaleza: Excurso sobre Hegel. En T. Adorno, Dialéctica Negativa. Madrid.
    ________ (2005). Notas Marginales Sobre Teoria y Praxis. Madrid: Edotorial AKal.
    Benjamín, W. (1942). Tesis sobre el concepto de Historia. Berlin.
    Gandler, S. (2003). ¿Por qué el ángel de la historia mira hacia atrás? Acerca de las tesis Sobre el concepto de historia de Walter Benjamín.  Rev. Utopía y Praxis Latinoamericana / Año 8. Nº 20 (Enero-Marzo, 2003) Pp. 7-39 Revista Internacional de Filosofía Iberoamericana y Teoría Social / ISSN 1315-5216 CESA – FCES – Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela



    Corrupción y orden social

    ¿Un nuevo orden social es posible?

    "En las épocas de corrupción caen los frutos del árbol; me refiero a los individuos, portadores de las semillas del futuro, instigadores de (…) la formación de nuevos órganos del Estado y de la sociedad". F. Nietzsche
    La corrupción hace que caigan todas las concepciones que sostienen los andamiajes sociales. Pues se introduce en la vida social e individual hasta el punto de carcomer las bases éticas, y sostener que es imposible evitarla, incluso pareciera que sólo una concepción utilitarista puede dar respuesta a una nueva configuración social.


    "En las épocas de corrupción caen los frutos del árbol; me refiero a los individuos, portadores de las semillas del futuro, instigadores de (…) la formación de nuevos órganos del Estado y de la sociedad".[1]
    En el ensayo “Nietzsche y la corrupción”[2], se ve claramente como la corrupción hace que caigan todas las concepciones que sostienen los andamiajes sociales. Pues se introduce en la vida social e individual hasta el punto de carcomer las bases éticas, y sostener que es imposible evitarla, incluso pareciera que sólo una concepción utilitarista puede dar respuesta a una nueva configuración social.
    El estado caótico en que se encuentran algunas sociedades, producto de la corrupción, disgregación social, individualismo, desdén por los principios éticos, nos llama a tratar de establecer un nuevo contrato o pacto social, a refuncionalizar la República (del Latín res = cosa, publicae = pública), los asuntos públicos que, por tener esta condición, interpela a todos los individuos que forman parte del tejido social, y la respuesta es multifacética, compleja, ideologizada y corporativa -a veces los que van en contra de esta última forma de respuesta, se agrupan y terminan siendo tan corporativistas como los que dicen contrariar-.
    Debido a la complejidad de miradas con que se analiza la realidad[3], las mismas se tendrían que precisar; además el hecho que todo ser humano anda por la vida con una postura filosófica a cuestas, aunque a veces sin ser concientes de ello, se hace necesario explicitar las distintas concepciones acerca de las bases sobre las cuales se construye una sociedad.
    En primer lugar, para poder sentar algunas bases para el establecimiento de un nuevo contrato/pacto social, deberíamos hacer explícito lo que se entiende sobre los siguientes conceptos:
    -         La condición de perfectibilidad del ser humano[4].
    -         Su condición social.
    -         La subjetividad como obstáculo y garantía de un nuevo orden social.

    - La condición de perfectibilidad del ser humano:
    El ser humano es una existencia inacabada, incompleto, está en constante perfeccionamiento. Siempre está en constante tensión entre las pasiones y las razones, entre lo que es y lo que quiere llegar a ser. Es un ser-en-el-mundo y un ser-con-el/lo-otro.
    Ser-en-el mundo: El término expresa el hecho de que la existencia no se define sólo como rebasamiento que trasciende la realidad dada en dirección de la posibilidad, sino que este sobrepasamiento es siempre sobrepasamiento de algo, está siempre situado, está aquí. Existencia, Dasein, ser-en-el-mundo, son sinónimos. Los tres conceptos indican el hecho de que el hombre está «situado» de manera dinámica, es decir, en el modo del poder ser. En la acción de estar haciendo algo la experiencia se vuelve transitiva, lo cual nos coloca en situaciones que al estar experimentando eso lo hacemos en directo y sin elucubraciones intelectuales.[5]
    Ser-con-el/lo-otro: En la construcción del yo voy elaborando una cosmovisión (mi visión del mundo), construida en el aquí/ahora con las circunstancias que me rodean, la primera relación que construyo es YO – TÚ, con los otros que me rodean, que me abrigan, que me dan afecto. Voy tomando conciencia de  mí mismo, por oposición al otro. Después le toca el turno a YO – LAS COSAS/OTRO, sobreviene la etapa del animismo: no distingo aquello que tiene vida de lo que no, de personas animales o cosas. Posteriormente la distinción entre yo – tú – otro – las cosas[6].

     - Su condición social:
    El ser humano es un animal social, gregario, necesitado de los “otros” para su desarrollo, a su vez, es esta misma condición lo que lo limita y lo interpela.
    Como grupo social construimos el mundo, nos apropiamos de una cosmovisión, que limita la acción individual.
    En el último siglo y medio, la sociedad en su conjunto ha quitado, en la concepción del hombre, la condición espiritual que nos hace persona[7], y nos queda sólo el aspecto psicofísico, considerando al ser humano como un animal superior, poseedores de razón, sentimientos, pasiones…
    Esta nueva mirada, hace que resalten especialmente estos aspectos:
    -         La voluntad de dominio, la supervivencia del más fuerte.
    -         El goce, las pasiones.
    -         Yo sobre todo lo demás.
    -         El otro como obstáculo.
    Además se profundiza la dialéctica social, ya Marx y antes Hegel consideran la conformación social como una dialéctica de dos grandes grupos:
    -         Los opresores, aquellos que son más fuertes (económica y físicamente).
    -         Los oprimidos, aquellos que para subsistir se dejan sojuzgar por los primeros, y dentro de este grupo se encuentran dos subgrupos:
    ·         los oprimidos propiamente dichos, y
    ·         los que se ponen a disposición de los que tienen poder y adscriben a su discurso (y a veces con las armas) para imponer, al resto de los mortales, la cosmovisión del más fuerte (en ocasiones declamando que lo hacen en beneficio de aquellos que son sojuzgados).
    Lo paradójico de la situación es que esta realidad se presenta independientemente de la concepción de sociedad de sus actores, todas las ideologías dominantes en la actualidad, mantienen esta estructura de poder.
    Por otra parte la realidad humana no la podemos analizar puramente desde la dialéctica, es plural, cada ser humano es único e irrepetible, por lo que podríamos agregarle infinidad de otras categorías a las mencionadas, me voy a limitar a enumerar unas cuantas:
    -         Los intelectuales que elaboran las teorías para mantener este orden.
    -         Los que adscriben a esa teoría y tratan de convencer a toda la sociedad que es la mejor solución.
    -         Los violentos que quieren imponerlas.
    -         Los que piensan distinto, y conciben la sociedad como medio para la realización plena del ser humano.
    -         Los que piensan que se puede construir una sociedad humana con el aporte de todos, salvo de las actitudes violentas de todo tipo.

    - La subjetividad como obstáculo y garantía de un nuevo orden social.
    La subjetividad e individualidad en que se mueve el mundo, hace que vivamos en una paradoja constante, ya no existen la certeza, la verdad, solo miradas, puntos de vista, interpretaciones distintas. No se pone el acento entre lo pensado y su correlato[8].
    Una paradoja surge única y exclusivamente de una ambigüedad engañosa, ya sea por casualidad o porque así se desea[9], por lo que necesita ser resuelta.
    Esta distintas miradas/interpretaciones, podrían ser una forma de construir un nuevo orden social, aprovecharlas para enriquecer, compartir, construir una sociedad mas humana, si podemos dejar de lado las ambiciones personales.
    “A los filósofos se nos llama a interpretar e interpelar la realidad, a intentar modificarla, desde las argumentaciones, y proponer futuros posibles”.

    Es así que, en segundo lugar, toda propuesta de un orden social debe estar basada en una concepción ética.
    De hecho todas las concepciones sociales lo están, así por ejemplo:
    -          El comunismo, está basado en la concepción ética que la igualdad social está por encima de otros derechos.
    -          El capitalismo, en que la libertad es el valor supremo.
    -          En la misma línea de concepción están el socialismo y el neoliberalismo, respectivamente, aunque atenuadas por los horrores del holocausto, los campos siberianos, los terrorismos de estado…
    -          Con la globalización comunicacional, queda en evidencia la gran desigualdad social; con la económica, se produce el fenómeno de aumento de pobreza en algunos lugares y descenso en otros, sin solucionar el problema; con la tecnificación, el aumento de mano de obra calificada, y la pérdida de fuentes de trabajo no idóneo, dejando fuera del sistema productivo a un tercio de la población mundial. Sin embargo los principios éticos que la inspiran es el del bienestar del ser humano, con más consumo de artículos materiales, tareas más livianas, mayor comodidad y tiempo libre para el propio desarrollo.
    -          En los últimos años ha aparecido un nuevo/viejo fenómeno, el populismo, que está basado en la ética, producto de una concepción nihilista, que el “otro” es el que me limita, como individuo o sociedad, que en otras palabras es “el otro es el enemigo” aunque a veces disfrazado considerándolo como sujeto que lo encumbra como poseedor de atributos: derechos, libertad, sentimientos, pasiones…, a su vez esta misma concepción deja librado a la subjetividad, del resto de los mortales, su aceptación. Se culpa al otro (otras sociedades, etnias, corporaciones, religiones) de todo lo malo que nos sucede.

    De donde se desprende que, en tercer lugar, hay que tener en cuenta algunos valores éticos para dar nueva forma a la organización social, propongo los siguientes.

    -          Ευδαιμονία: (Eudaimonía): Felicidad.
    Toda acción humana está orientada a la felicidad, la buscamos en cada ocasión, aunque no sepamos de qué se trata. Según Aristóteles: la felicidad es la finalidad del ser humano y consiste en el desarrollo de sus aspectos más nobles, inteligencia y voluntad (espíritu). Para los estoicos, es la Ataraxia: tranquilidad del espíritu. Si unificamos ambos conceptos podríamos decir que la felicidad es “la tranquilidad que se logra por el desarrollo de las cualidades propias del ser humano”
    -          Αρετή: (areté) Virtud
    Virtud: cualidad positiva que permite producir ciertos efectos. Existen distintos usos del término vinculado a la fuerza, la valentía, el poder de obrar, la eficacia de una acción o cosa, la integridad del ánimo.
    Así, por ejemplo la virtud de la fuerza, nos permite levantar pesos; la valentía, enfrentar un peligro; el poder de obrar, el desarrollo de la tecnología y la ciencia; la eficacia de un remedio para curar o aliviar una enfermedad; la integridad del ánimo, superar momentos difíciles.
    Virtuosidad: Dominio y perfección propia de un arte o una técnica. Habilidad para superar dificultades y evitar consecuencias negativas.
    En cambio la virtuosidad nos permite al levantar un peso, no lastimarnos; al enfrentar un peligro saber si está o no más allá de nuestras posibilidades; el uso adecuado de la tecnología y la ciencia y le da orientación al hacer para mejorar las condiciones de vida de la humanidad, etc.
    Uniendo ambos conceptos podemos intuir que es necesario realizar un camino de esfuerzo y constancia para desarrollar una cualidad, el poder de obrar, convirtiéndola en una habilidad que nos permita producir ciertos cambios para superar las dificultades, evitando consecuencias negativas.
    -          Bien común:
    Toda organización social se construye sobre la base del bien común, (aunque sean pocos los beneficiados de ese bien).
    Para poder comprender mejor el concepto hay que distinguirlo de bienestar general: éste considera que los bienes materiales se puedan distribuir entre el conjunto de la sociedad (aunque se permite que algunos queden afuera de esa distribución).
    El Bien Común incluye lo anterior y lo trasciende, pues es crear las condiciones materiales y culturales para que cada ser humano, de todas las condiciones sociales, no sólo tengan lo indispensable para sus necesidades, sino que además puedan desarrollarse en plenitud desde su propia cosmovisión.
    -          Justicia:
    Principio moral que inclina a obrar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde.
    Es un conjunto de valores esenciales sobre los cuales debe basarse una sociedad y el Estado, estos valores son; el respeto, la equidad, la igualdad y la libertad.
    En sentido positivo es el conjunto de normas codificadas en función del bien común.
    -          Justicia social:
    La justicia social se refiere a las nociones fundamentales de igualdad de oportunidades y de derechos humanos, más allá del concepto tradicional de justicia legal. Está basada en la equidad y es imprescindible para que los individuos puedan desarrollar su máximo potencial…[10]
    Además hay que tener en cuenta que “existe una correlación positiva entre la pobreza, la miseria y el crimen”.
    -          Equidad:
    Igualdad de ánimo. Propensión a dejarse guiar por el sentimiento del deber. Justicia natural, por oposición a justicia legal. Cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece o necesita por sus méritos o condiciones[11].
    -          Cooperación:
    La cooperación es el resultado de una estrategia aplicada al objetivo (lo que se quiere lograr) desarrollado por grupos de personas o instituciones que comparten un mismo interés u objetivo. En este proceso generalmente son empleados métodos colaborativos y asociativos que facilitan la consecución de la meta común. La cooperación ha sido estudiada desde diferentes campos disciplinarios: las matemáticas, las ciencias políticas, la biología, la ecología, la antropología, etc.
    Desde la Ecología se establece que corresponde a una relación interna específica de colaboración para la obtención de un objetivo común de una población, como la protección o la cacería. Entendiéndose población como el conjunto de individuos de una misma especie, ubicada en un área determinada[12].
    En síntesis: es colaboración para la obtención de un objetivo común de una sociedad, entendiendo que aquél es el bien común.
    -          Solidaridad:
    La solidaridad es un valor por excelencia que se caracteriza por la colaboración mutua que existe entre los individuos, lo que sin duda permite lograr la superación de los más terribles desastres, como guerras, pestes, enfermedades, entre otros, aplicarlo también con nuestros familiares, amigos y/o conocidos que se encuentren en situaciones difíciles y con la ayuda recibida permita salir adelante y mejorar en cierto modo la situación.
    La solidaridad entre los seres vivos permite resistir las adversidades que se presenta a lo largo de la vida. La persona solidaria no duda en colaborar y apoyar a todos aquellos individuos que se encuentran en situaciones desfavorecidas, lo que permite distinguirse de las personas indiferentes, egoístas ante sus compañeros.
    Es importante fomentar la solidaridad desde la infancia ya que puede ser vista como la base de otros valores humanos que logra desarrollar valiosas relaciones de amistad, familiares y/o sociales basadas en la ayuda, apoyo, respeto y tolerancia[13].
    Por último un concepto que se ha dejado de lado en pos de la individualidad: “es el otro el que me constituye como ser humano”.
    “Nadie es una isla, autónomo e independiente de los demás: solamente podemos construir el futuro juntos, sin excluir a nadie”.[14]
    Hay una frase que se dice por estos lugares, “la patria es el otro”, pero quién es ese otro, y la respuesta es subjetiva, sólo yo determino quien es ese “otro”. 
    El otro como sujeto es una construcción social que lo encumbra como poseedor de atributos: derechos, sentimientos, pasiones, libertad…, a su vez esta misma concepción deja librado a la subjetividad, del resto de los seres humanos, su aceptación como otro. Cuando lo objetivamos, cuando lo convertimos en un tú, permitimos que nos interpele, que lo tratemos como otro, es ese momento que comienzo a constituirme como ser humano y constituyo al “otro” como ser humano.



    [1] F. Nietzsche, La gaya ciencia.
    [7] Lo espiritual en el ser humano, está dado por su carácter de trascente. Ver http://www.microfilosofia.com/2017/04/el-yo-como-conciencia-de-si-mismo-nem.html
    [8] La verdad es la conformidad de la relación pensada con la situación objetiva.
    [9] Isaac Asimov
    [10] www.enredate.org/cas/educacion_para_el_desarrollo/justicia_social
    [11] Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
    [12] https://es.wikipedia.org/wiki/Cooperaci%C3%B3n
    [13] https://www.significados.com/solidaridad/