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Un boceto para pensar la esperanza latinoamericana: filosofía y política

Un boceto para pensar la esperanza latinoamericana

Imelda Cisneros

Mapa artístico de América Latina con libros y luz de amanecer representando la esperanza política
 La educación y la identidad mestiza como ejes para una nueva filosofía política latinoamericana.

Desde su propio calificativo, Boceto, este ensayo delinea —como afirma su autor— una política de la solidaridad, donde la libertad fluye acompañada de anhelos de justicia. Se trata de un texto que invita a ser continuado, profundizado y trabajado, incluso a pensar la ruta de su implantación estratégica desde soluciones sustentadas en evidencia y razonamiento lógico.

Jonatan Alzuru Aponte dialoga con siete pensadores venezolanos —Simón Rodríguez, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Arnaldo Esté Salas, Rigoberto Lanz, José Antonio Abreu, Enzo Del Bufalo y Armando Rojas Guardia— cuyas ideas permiten delinear una filosofía política situada, sensible a la historia y a la singularidad latinoamericana.

Pienso América Latina desde la literatura y la teología, pero sobre todo desde setenta y nueve años de vida profesional y cotidiana. Desde allí, esta propuesta resulta especialmente sugerente: una apuesta que integra teología, economía y literatura latinoamericana. Desde una teología que rescata la dignidad de los marginados; desde una economía social de mercado que articula libertad y justicia; y desde una literatura contemporánea que refleja con fuerza la condición humana en nuestra región.

Uno de los ejes centrales del libro es la educación como espacio de emancipación. Este enfoque solo puede sostenerse desde una visión optimista y esperanzadora del devenir latinoamericano: una filosofía política que reconozca avances —quizá lentos, pero reales— en lo económico, político y social; que aprenda tanto de los aciertos como de los errores; y que valore los progresos culturales, tecnológicos, científicos y artísticos que permiten afirmar que es posible seguir avanzando y prosperar.

No se trata de una actitud ingenua, sino de reconocer, sin complejos y con datos comprobables, los progresos existentes, aun en medio de circunstancias dolorosas. Es imposible construir una filosofía política edificante desde el pesimismo. Con frecuencia, cuando hablamos de América Latina, partimos de diagnósticos que la desmerecen: una cultura “apenas” floreciente, una sociedad “en formación”, un tejido social irremediablemente desgarrado. Sin negar realidades, no se puede promover una política transformadora desde la desesperanza.

América Latina muestra hoy signos claros: se aleja de los caudillismos, rechaza dogmatismos, reconfigura la relación entre fe, política, justicia social y naturaleza, y avanza —entre tensiones— hacia mayores consensos sobre mercado, regulación y competencia justa. Nuestra región posee una cosmovisión propia. Una filosofía política latinoamericana no puede pensarse con lentes ajenos.

El realismo mágico no es solo una metáfora literaria: forma parte de nuestra experiencia histórica. Este Boceto nos recuerda que pensarla filosóficamente sigue siendo una tarea urgente y necesariamente abierta.

Boceto para una filosofía política latinoamericana. Desde el mestizaje venezolano, de Jonatan Alzuru Aponte (Microfilosofía, julio de 2025).

Filosofía política y mestizaje: un boceto conceptual desde América Latina

Libro: Boceto para una filosofía política latinoamericana

Representación abstracta del mestizaje y el pensamiento rizomático en la filosofía política latinoamericana.
El mestizaje como acto de creación y matriz para una nueva filosofía política.


Pensar filosóficamente, desde la América Latina, exige la revisión de los presupuestos que han orientado la comprensión de sus formas políticas y de su historia. Esa es, en sustancia, la inquietud que recorre el más reciente ensayo de Jonatan Alzuru. Su “boceto” no es un simple ejercicio preliminar, sino el gesto inicial de un proyecto que aspira reinventar la filosofía política desde la experiencia concreta del continente, y muy particularmente desde el mestizaje venezolano. El mapa conceptual que sigue retoma el itinerario originalmente trazado, no para resumirlo en sus conclusiones, sino para exponer la arquitectura inmanente de sus ideas, su particular modo de articular tradición, lenguaje, teología, cuerpo, estética y política en una misma trama.

En este sentido, Alzuru propone que “el pensamiento latinoamericano” solo se puede afirmar si parte de la propia “experiencia de la conciencia”. No se trata de una reivindicación identitaria de carácter natural —tan frecuente como insuficiente—, sino de reconocer que toda filosofía se enraíza en una forma específica de vida, o como diría Hegel, en la historicidad de su propio tiempo y de su propia Bildung. Por ejemplo, el mestizaje venezolano es más que un dato sociológico: constituye una matriz conceptual desde la cual pensar la relación entre sujeto, comunidad y poder. Así entendido, el mestizaje no es una mezcla pasiva, sino un acto vivo de creación, un punto móvil en el que convergen múltiples tradiciones —indígena, hispánica, africana, cristiana— cuya tensión estructural produce un modo singular de comprender el mundo. En esa clave, el mestizaje se convierte en una categoría filosófica que no describe un origen, sino una dinámica permanente. Es, en términos de la filosofía de la praxis, el resultado del espacio donde la vida se rehace a sí misma. De allí que constituya el cimiento de una filosofía política que se piense desde la experiencia latinoamericana y no desde la reproducción mecánica de los modelos europeos o anglosajones, es decir, desde la abstracción o la genericidad de un “Occidente” que, por cierto, ha devenido término sin contenido y sin significado real en la actualidad. No se trata de negar -a la manera de Voltaire- la propia condición occidental, sino de su Aufgehoben, es decir, de su superación y conservación a un tiempo.

Quizá por eso, uno de los ejes más originales del ensayo de Alzuru sea el de la crítica de la estructura “arborescente” del pensamiento occidental. El árbol representa la verticalidad, el orden rígido y jerárquico: un saber organizado con raíces fijas, troncos delimitados, ramas predecibles. Alzuru sostiene que semejante forma de ordenar el pensamiento —y que también es una forma de ordenar la política— ha condicionado las instituciones, las categorías y hasta el lenguaje de la América Latina. Frente a ese modelo, el autor propone la imaginación rizomática, inspirada en Deleuze y Guattari. El rizoma no presupone un origen único ni una teleología, sino múltiples conexiones, desplazamientos y aperturas. El pensamiento ya no avanza solo por deducción sino, además, por irradiación. No surge de un centro estático, sino de muchos encuentros provisionales. Esta metáfora se convierte en una clave hermenéutica que permite pensar la política desde la multiplicidad, que está a la base de la cultura latinoamericana, y no desde la uniformidad de los esquemas heredados por la tradición. La filosofía política latinoamericana, entonces, no puede edificarse como un sistema cerrado, sino como un mapa de referencias y relaciones, un tejido vivo en el que convergen prácticas, lenguajes, imaginarios, estéticas, mitologías, saberes ancestrales y tecnologías contemporáneas. Filosofar en América es dibujar el mapa de la celebración de la diferencia.

De ahí que uno de los aspectos esenciales del libro esté en la revalorización de la importancia filosófica de la lengua española. Para Alzuru, el idioma no es un simple vehículo de comunicación, sino la estructura simbólica que articula la experiencia del ethos. El español —con su tradición literaria, religiosa y política— no solo refleja una historia, sino que la modula, la orienta, la anticipa. En la lengua se condensan las formas posibles de la historicidad en la comprensión del poder, la comunidad y la justicia. Un énfasis que, por cierto, recuerda la intuición heideggeriana de que el lenguaje es “la casa del ser”, solo que, a la manera del barroco de Aleijadinho, Alzuru lo desplaza hacia un registro de lectura histórico y mestizo: es la lengua como territorio compartido, moldeado por la conquista, la evangelización, la resistencia, la oralidad popular y la reinvención cotidiana de los pueblos latinoamericanos. Así, pues, pensar políticamente desde América Latina impone la exigencia de repensar la potencia simbólica del español, su capacidad para decir el mundo desde la mixtura, la tensión y la creatividad.

Otro aspecto que conviene tener presente de este “boceto” es la revalorización de la teología latinoamericana. Frente a la visión modernista, que contrapone religión y política, Alzuru muestra que la matriz teológica —especialmente la cristiana y, dentro de ella, la protestante— ha configurado estructuras profundas del poder contemporáneo, incluso en sus formas aparentemente seculares. El gesto es doble: por un lado, muestra que la política moderna nunca fue del todo laica, pero, por el otro, sostiene que la teología latinoamericana contiene claves —imaginativas, éticas y narrativas— capaces de pensar el poder de un modo diferente. Por ejemplo, el modo particular de concebir la figura de Cristo, la noción de gracia, la dimensión comunitaria, el simbolismo del sacrificio y la promesa de liberación, forman parte del imaginario político latinoamericano, aunque no se lo reconozca explícitamente. Por eso mismo, una filosofía política latinoamericana no puede prescindir de la compenetración de la teología y de su reinterpretación como parte del horizonte simbólico del sentido, y no como mera superstición premoderna.

Alzuru no concibe la filosofía como una construcción exclusivamente conceptual. En correspondencia con su propia línea de pensamiento, subraya la unidad orgánica de cuerpo, experiencia y pensamiento. Filosofar no es, a su juicio, elevarse por encima de la vida, sino profundizar en ella. El cuerpo es el archivo de la memoria, el lugar de inscripción de la historia y el espacio donde se revelan las tensiones del poder. Este énfasis desemboca en una dimensión estética: la música, la literatura, el paisaje, la gestualidad, la voz. La filosofía política latinoamericana no nace en el aula ni en los sistemas conceptuales sino en los ritmos populares, en la danza, en la violencia social, en la esperanza política, en la práctica comunitaria. La estética no es un ornamento, sino la condición sine qua non de posibilidad de la praxis social y política.

Es verdad que este ensayo de Alzuru se autodefine, apenas, como un “boceto” a “mano alzada” de lo que exhorta a construir. No obstante, comporta las premisas de su propio concrecimiento. Destaca, entre ellas, la idea de Casas de Educación Integral, espacios comunitarios donde la formación no reproduce el modelo escolástico, esquemático y tradicional de Occidente, sino que incorpora la experiencia petrolera, los saberes populares, la tecnología digital y la conciencia histórica del mestizaje. La educación es entendida como praxis creadora, como formación de un sujeto capaz de pensar y actuar en su propio territorio simbólico. Y, de igual modo. el autor explora la dimensión económica y tecnológica del poder, especialmente en relación con la industria petrolera, la digitalización y la estructura global del capital. La política latinoamericana debe pensarse no solo desde el pasado, sino desde su inserción en las dinámicas contemporáneas del poder técnico.

Tal es el mapa conceptual que desemboca en una tesis central: una filosofía política latinoamericana es posible a condición de que se piense desde su propia experiencia histórica y simbólica. Esa experiencia —mestiza, corporal, lingüística, teológica, estética y cotidiana— no puede ser reducida a categorías externas. América Latina no necesita una copia del canon, sino un pensamiento que surja de la diversidad que le es inherente a su propio suelo. Alzuru no ofrece un sistema acabado sino, más bien, una invitación: la filosofía es un acto vital, un ejercicio de libertad creadora, un intento de comprender el poder desde las formas reales de vida de los pueblos. Y en este sentido, su “boceto” es ya un gesto político: la afirmación de que América Latina es capaz de poder pensar por sí misma.

Venezuela como problema: Boceto para una filosofía política desde el mestizaje

Programa Especial: Venezuela como problema. De la filosofía al diálogo

Portada del libro Boceto para una filosofía política latinoamericana junto a Jonatan Alzuru y José Rafael Herrera para evento de Microfilosofía.


Nos encontramos ante un momento crucial para el pensamiento de nuestra región. La pregunta sobre la identidad latinoamericana ha dejado de ser un mero ejercicio académico para convertirse en una urgencia vital y política. En este contexto, Microfilosofía se complace en anunciar un evento sin precedentes: la presentación mundial del libro 'Boceto para una filosofía política latinoamericana. Desde el mestizaje venezolano', la obra más reciente del filósofo Jonatan Alzuru Aponte.

Un programa especial en streaming de dos horas de duración, producido bajo el sello de "Venezuela como problema", que reunirá a algunas mentes lúcidas del continente para debatir si estamos condenados a la imitación perpetua de los modelos occidentales o si, como sentenció Simón Rodríguez, somos capaces de "inventar" nuestra propia existencia política y social.

El Libro: Una provocación necesaria

En Boceto para una filosofía política latinoamericana, Alzuru Aponte nos desafía a mirar de frente el "rizoma protestante" que ha estructurado la modernidad —esa amalgama de fe, dinero y poder estatal— y contrasta su insuficiencia para explicar y gestionar la realidad de nuestro mestizaje. La obra es un llamado a pensar desde nuestras propias heridas coloniales y nuestras potencias creadoras, proponiendo una "cultura del petróleo" y una "educación para los excluidos" que no sean meros parches técnicos, sino refundaciones ontológicas de nuestro ser social.

Detalles del Evento y Estructura

La conducción del programa estará a cargo de dos figuras centrales: el Dr. José Rafael Herrera y el propio autor, Jonatan Alzuru. Juntos, tejerán un diálogo que promete ser tan profundo como accesible.

El programa se estructura en seis bloques dinámicos:

  • Apertura: José Rafael Herrera dará inicio a la jornada contextualizando la importancia de pensar a Venezuela no solo como un caso de crisis, sino como un problema filosófico universal.

  • Lanzamiento Editorial: Esteban Higuera, editor, presentará oficialmente el libro y, en una primicia exclusiva, revelará la nueva plataforma web de Microfilosofía, diseñada para ser el ágora digital de este nuevo pensamiento.

  • Cuatro Voces, Cuatro Miradas: El núcleo del programa contará con intervenciones de 10 minutos de cuatro intelectuales de peso:
    • Rafael Hurtado (Venezuela) abordará "Pensar con el cuerpo", explorando la dimensión vitalista en la obra de Alzuru.
    • Roberto Follari (Argentina), una de las voces más críticas de la región, diseccionará la tríada "Protestantismo, individualismo y dinero".
    • Mauricio Mancilla (Chile) nos invitará a "Filosofar desde el mestizaje", cuestionando la política que pide permiso a los cánones europeos.
    • Miguel Ángel Mata (Venezuela) cerrará este bloque calificando la obra de Alzuru como "Un parto necesario".

  • El Coloquio: Una ronda de preguntas y debate moderada por Herrera, con la participación de personalidades de la cultura como Faitha Nahmens, María Elena Ramos, Imelda Cisneros, Yioyana Ahumada, María Beatriz Medina, Rayda Guzmán y Miguel Márquez.

  • Interacción y Cierre: El evento culminará con un diálogo libre y una reflexión final del autor.

¡Conéctate en Directo!

No pierdas la oportunidad de ser parte de este debate que busca redefinir las coordenadas de nuestro pensamiento político. La transmisión será en vivo a través de YouTube.

¿Es posible una filosofía que no sea calco y copia? ¿Puede Venezuela ofrecer desde su complejidad una luz para el resto del continente? Únete a nosotros para descubrirlo. "O inventamos o erramos". Te esperamos.

Te dejamos un vídeo que presenta el libro sobre Jonatan.


Boceto para una filosofía política latinoamericana: Desde el mestizaje venezolano

¿Necesita América Latina su propio camino? Hoy vamos a explorar el boceto de una nueva filosofía política, una que busca, bueno, romper con esos modelos occidentales que siempre han dominado y al final, forjar una identidad propia.

Vale, fijémonos en algo que hemos visto mil veces: un billete de dólar. A primera vista es solo papel, ¿no? Pero, ¿qué nos está diciendo en realidad? Nos habla de fe, ahí está, clarísimo: “In God We Trust”. Nos habla de poder político, con la Casa Blanca. Y cómo no, de riqueza económica.

Y aquí viene la pregunta del millón. ¿Cómo es posible que estas tres cosas —la fe, el dinero y el poder del Estado— acabaran unidas en una sola idea? Bueno, pues eso es justo lo que vamos a intentar desentrañar. Cómo esa fusión se convirtió en la base de una visión del mundo, una que de hecho ha moldeado el planeta en el que vivimos.

Empezamos por ahí. Porque, como decíamos, ese simple trozo de papel es, uff, es muchísimo más que dinero. Es que es un símbolo que condensa siglos y siglos de historia, de ideas. Vamos, una auténtica visión del mundo.

Es que esa fusión, esa unión de lo divino, lo político y lo económico, es el rasgo clave del modelo occidental. Pensemos en ello como un nudo, un nudo muy apretado donde la fe, el poder y las riquezas se entrelazan de tal forma que nos cuentan una única y poderosa historia.

Vale. ¿Y de dónde viene todo esto? Para entenderlo tenemos que seguirle la pista a las raíces históricas de esta idea. El autor de la obra que analizamos lo llama, de una forma muy particular, el rizoma protestante.

Vamos a hacer un viaje rápido en el tiempo. Mirad, en la antigua Grecia, la filosofía era el pensamiento libre. Luego llega la Edad Media y, bueno, la teología reina con la Iglesia como la autoridad suprema que lo decidía todo. Pero de repente, ¡boom!, llega la Reforma y lo fractura todo. Redefine por completo la relación entre religión, política y economía, y nos abre las puertas a lo que hoy llamamos modernidad.

Y aquí se ve clarísimo el cambio. Es que es un giro de ciento ochenta grados. Pasamos de una verdad que venía de fuera, dictada por una autoridad colectiva como la Iglesia, a una verdad que se busca desde dentro, desde la razón de cada individuo. O sea, de la autoridad a la autonomía. Y ese cambio, el motor de ese cambio, fue la Reforma Protestante. Es fundamental entender esto.

Y es curioso, porque grandes filósofos que vinieron después, gente como Hobbes, Kant, Hegel, incluso Heidegger, aunque eran pensadores seculares, en el fondo actuaron casi como teólogos modernos. Estaban súper influenciados por esa cultura protestante. ¿Y qué hicieron? Construyeron sistemas de pensamiento gigantescos que intentaban darle un sentido total a la vida, uniendo de nuevo lo espiritual, lo político y lo material.

Vale, hemos visto el modelo occidental. Y aquí llegamos al punto clave de todo este análisis. Este modelo, este plan maestro de influencia protestante, que, ojo, ha sido muy exitoso en Occidente, pues resulta que no encaja, o al menos no encaja del todo, con la realidad tan distinta de América Latina.

La historia única de América Latina, marcada por el colonialismo, por el mestizaje cultural, choca directamente con ese modelo importado. Y aquí está el giro argumental. Si el modelo no encaja, ¿qué hacemos? Pues la conclusión es clara: se necesita una filosofía nueva, una que sea auténtica. Se necesita, en definitiva, un camino propio.

Muy bien. Si la solución no es copiar el modelo occidental, la pregunta es obvia: ¿De dónde se sacan los materiales? ¿Cuáles son los ladrillos para construir esa filosofía propia latinoamericana?

Pues una de las primeras fuentes, y quizá una de las más sorprendentes, es la literatura. Hay una cita fantástica de Ernesto Sabato que lo explica genial. Él decía que mientras en Europa la filosofía se metía en sistemas abstractos y complicadísimos, en América Latina ha sido la novela el lugar donde se ha pensado de verdad sobre la existencia. No como algo teórico, sino desde la propia carne, desde la historia real de la región.

Así que, ¿cuáles son esos bloques de construcción? Pues son varios. Por un lado, la novela, como acabamos de ver, una herramienta para explorar la vida. Por otro, la teología latinoamericana, muy enfocada en la dignidad de los que siempre han estado al margen. También la sabiduría que nace precisamente de esa marginalidad, de las experiencias de los excluidos. Y finalmente, la idea de una economía social de mercado que busca equilibrar la libertad con la justicia social. Todo esto son ingredientes que nacen de la propia tierra para forjar un camino distinto.

Y si buscamos un ejemplo práctico, pensemos en alguien como Pepe Mujica, el expresidente de Uruguay. Es que es un caso de estudio perfecto. La gente le ponía etiquetas, ¿no? “Es marxista”, decían algunos. Y él respondía: “No, el estoicismo es más viejo que el cristianismo”. Su forma de pensar, su filosofía, iba mucho más allá de las categorías políticas del siglo XX. Se anclaba en algo mucho más profundo, mucho más antiguo.

Esa otra frase suya, “Pobre es el que precisa mucho”, lo resume todo de una forma brillante. Es puro estoicismo. Para él, la verdadera pobreza no es no tener cosas, es necesitar siempre más. Esa necesidad que nunca se sacia. Y claro, esa filosofía, que pone la comunidad y la sencillez por delante del consumismo, pues acaba moldeando toda su visión de la economía y la sociedad.

Vale, todo esto de la filosofía, la teología, el estoicismo, puede sonar un poco abstracto, ¿verdad? Pero lo interesante del planteamiento que estamos analizando es que no se queda ahí. Nos muestra cómo estas ideas pueden bajar a la tierra y traducirse en acciones muy, muy concretas.

Vamos a ver cómo se haría. El autor pone sobre la mesa dos propuestas concretas para llevar esta filosofía a la práctica. La primera: construir una verdadera cultura del petróleo en Venezuela. Y la segunda: crear un modelo totalmente nuevo de educación para los excluidos.

La primera idea es muy potente. Se trata de transformar por completo la relación de Venezuela con su recurso más importante: el petróleo. Dejar de verlo como una especie de billete de lotería que te toca y ya está, y empezar a convertirlo en una fuente de identidad nacional, de conocimiento. ¿Cómo? Pues metiéndolo de lleno en la cultura, en la educación, en la universidad e incluso en la economía.

Y luego está la segunda propuesta. Esta se enfoca en la educación, en concreto en reimaginar una institución de formación técnica, el INCE, para convertirla en algo totalmente diferente: casas de educación integral.

Pero ojo, que esto no tiene nada que ver con las típicas escuelas de oficios. La idea es mucho más ambiciosa. Se trata de fusionar las habilidades técnicas con las artes, el diseño de alta costura. La clave es un currículo transversal. Que los estudiantes de técnica aprendan arte, y los de arte aprendan técnica. Y la evaluación no serían exámenes, sino exhibiciones públicas, festivales, desfiles. Se trata, al final, de darle a la gente que el sistema ha dejado atrás herramientas no solo para trabajar, sino para crear, para transformar su realidad.

Y todo esto nos lleva a una frase, una máxima potentísima del pensador Simón Rodríguez, que lo resume todo a la perfección: “O inventamos o erramos”. O inventamos nuestro propio camino o estamos condenados a equivocarnos. No hay más. Para América Latina el camino no puede ser la imitación, tiene que ser la creación. Y la pregunta, claro, queda ahí en el aire: ¿Estará la región a la altura de ese desafío?


Video con derechos de autor, 2025. Ediciones Microfilosofía y Jonatan Alzuru Aponte. Vídeo creado con ayuda de Inteligencia Artificial. Producido con NotebookLM.