“Introducción”
La
pregunta acerca de si debe separarse la obra del autor constituye uno de los
dilemas más persistentes en la crítica contemporánea. No se trata de un
problema con una respuesta única ni universal, sino de una cuestión cuya
resolución depende del marco filosófico desde el cual se aborde.
La
discusión suele formularse de manera simplista regularmente, como si existiera una
obligación moral o intelectual general de separar o no la obra de su creador.
Sin embargo, esta formulación incurre en un error fundamental: presupone que
todos los tipos de producción humana (científica, artística, lógica,
discursiva) pueden evaluarse bajo un mismo criterio.
DESDE LA LÓGICA
En
la lógica lo importante es la validez del razonamiento y la coherencia interna
de la obra. El argumento se evalúa por su estructura y conclusión, no por quién
lo dijo. Aquí, la figura del autor es irrelevante: un silogismo válido lo es,
sin importar si proviene de Aristóteles o de un desconocido. (Aquí
no importa la vida del autor si no su trabajo)
DESDE LA EPISTEMOLOGÍA
En cambio, en la epistemología el
origen del conocimiento sí importa. Se estudia cómo el autor llegó a formular
ciertos axiomas, qué experiencias, hábitos, sesgos o contextos influyeron en la
construcción del saber. Aquí, la vida del autor puede ser un dato relevante
para entender el tipo de conocimiento que produce y su validez.
DESDE LA ÉTICA
¿Es moralmente aceptable valorar o difundir la obra de alguien cuya vida contradice radicalmente los principios que promueve en sus escritos? Esto, al no ser una rama pura, es indeterminado. No hay una respuesta única o necesaria, ya que depende del marco moral desde el cual se juzgue (época, sociedad, entre otros).
DESDE LA ESTETICA
La
estética filosófica
establece que la obra de arte posee autonomía respecto a su creador,
de modo que su valor y verdad no dependen necesariamente de la ética o las
intenciones del autor, sino de su propia estructura y de la experiencia del
espectador. La belleza de una sinfonía o la armonía de una pintura no dependen
de si el autor era un santo o un criminal. Las propiedades estéticas (ritmo,
color, estructura) (“Las propiedades formales pueden analizarse
independientemente del autor”) No obstante, esta autonomía no es absoluta.
LA SEPARACIÓN ENTRE OBRA Y AUTOR NO ES UNA RESPUESTA UNIVERSAL FILOSOFICA, SINO UNA CUESTIÓN DE ENFOQUE FILOSÓFICO. En lógica, la separación es necesaria. En epistemología, es parcialmente relevante según nuestro criterio y aplicación. En ética, es indeterminada. En estética, es posible pero debatida. NO DEBEMOS IMPONER RESPUESTAS UNIVERSALES DONDE SOLO HAY DIFERENCIAS ESTRUCTURALES FILOSOFICAS.
NOTA CRÍTICA (OBJECIÓN AL DOBLE
ESTÁNDAR)
Esto se
sale un poco del tema, pero es menester abordarlo para observar ciertas contradicciones
argumentativas:
¿Por qué no
cancelan los avances científicos que se obtuvieron torturando otros seres
humanos, pero si quieren cancelar obras literarias o artísticas de personas por
su conducta?
Porque
no nos indignamos con los científicos que experimentaron con niños, que mataron
mujeres en gestación, que mutilaban hombres sin anestesia, todos esos avances
sirven hoy en día para darnos mejor calidad de vida a cambio del sufrimiento de
otros. Porque no nos negamos a usar esos procedimientos que nos pueden salvar
la vida que se obtuvieron mediante homicidio y tortura. Que diseccionan animales.
¿POR
QUÉ NOS ESCANDALIZA EL ARTISTA INMORAL, PERO NO EL CIENTÍFICO ASESINO? ¿DONDE
ESTA LA COHERENCIA MORAL?
SI EL ORIGEN
MORAL IMPORTA ¿POR QUÉ IMPORTA MÁS PARA EL ARTE QUE PARA LA CIENCIA?
La
incoherencia revela que no es el "origen moral" lo que
realmente nos mueve, sino el tipo de beneficio que obtenemos. Aceptamos el horror científico porque nos
salva la vida. Rechazamos al artista inmoral porque su obra no nos resulta
indispensable. En el fondo, no somos jueces morales consistentes: somos utilitaristas
consientes o inconsciente de
que lo somos, que aplicamos el criterio que más nos conviene según el caso y circuntancia.
Adrian Valencia