La ideología de los psicólogos en la práctica detrás de cada enfoque.

Reflexión de un psicólogo humanista sobre la ideología en psicoterapia: psicoanálisis, conductismo y el riesgo del narcisismo terapéutico.
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    Mind Wandering desadaptativo.

    Introducción, descubrimiento del Mind wandering.

    La psicología de las formas de ayuda psicológica se esfuerza en encontrar los mejores métodos terapéuticos para cambiar y aliviar el sufrimiento, en este sentido es importante para la psicoterapia centrada en ayudar el descubrimiento de las divagaciones mentales deliberadas, sobre todo para los enfoques humanistas.

    Los síntomas de ansiedad o depresión causarán malestar, alguna vez en la vida, a un 40% de la población, y es que los síntomas aislados de ansiedad y depresión son muy comunes, y lo que es más, nueve de cada diez individuos experimenta alguno de ellos a lo largo de su vida. Para dejarlo más claro aún, la mitad o más de las consultas de un psicólogo, terapeuta o psiquiatra están relacionadas con síntomas de ansiedad o depresión. Por ello -como se verá- son muy relevantes las investigaciones recientes en torno a las divagaciones mentales o Mind wandering.

    El Mind wandering (en adelante MW) o divagación mental, consiste en un episodio en el que se desvía el curso actual de la atención. Como se ha constatado, se trata de un proceso muy común en todas las actividades diarias humanas, pues lo realizamos entre un treinta y un cincuenta por ciento de nuestro tiempo (Killingsworth y Gilbert, 2010). Smallwood, (2013) argumenta que el MW se produce cuando la atención se aleja de una tarea en curso o un contexto externo hacia pensamientos internos no relacionados con la tarea, como recuerdos o pensamientos. Sin embargo, a la hora de describir el cómo y el por qué de su surgimiento emergen las discrepancias entre distintos autores.

    En los últimos años se han realizado investigaciones que intentan responder a la pregunta sobre como y por qué surge el MW.  Se han realizado investigaciones que relacionan el MW con los estados afectivos. Estas encontraron que las personas que con más frecuencia experimentaban episodios de MW presentaban mayor afecto negativo y menor bienestar psicológico (Killingsworth y Gilbert, 2010; Smallwood, Fitzgerald, Miles y Phillips, 2009). Así mismo, los datos reflejados por la validación del cuestionario "Mind wanderin questionaire" (Mrazek, Phillips, Franklin, Broadway y Schooler, 2013) que puntúa episodios de MW también se asociaron con peor estado de ánimo, mayor estrés y menor autoestima. Los resultados incidían en mayores tasas de síntomas depresivos y de ansiedad (estrés, temblores, preocupación, baja autoestima, etc) y predecían que los episodios de MW eran desadaptativos.

    Descubrimiento de una segunda concepción: Mind wandering adaptativo

    Divagaciones mentales y solución de problemas.

    Pero un estudio muy reciente de Seli, Beaty, Marty-Dugas, y Smilek (2019) consideró investigar las relaciones entre el MW y las disfunciones afectivas diferenciando entre dos formas de MW.  Pensaron que un factor importante podría ser la intencionalidad de los episodios de MW. Seli, Risko, Smilek, & Schacter, (2016) comprobaron que existe una disociación entre diferentes formas de MW, concretamente entre episodios de MW deliberado y MW espontáneo. La diferencia entre estos dos tipos de MW se deriva del proceso que subyace a la experiencia de MW: si emerge espontáneamente, o permanece bajo el control mental del individuo. Es decir, en los casos deliberados la atención se desplaza intencionadamente de la tarea actual a pensamientos internos. Mientras que en los episodios espontáneos, los pensamientos no relacionados con la tarea, provocan un cambio incontrolado de la atención a otras líneas de pensamiento. Seli et al (2019) encontraron que el MW deliberado no se asoció significativamente con la depresión en las dos muestras de sujetos que evaluaron. Y que se asoció negativa y significativamente con la ansiedad, es decir, que las personas que realizaban MW deliberado, no presentaron síntomas depresivos y presentaron niveles inferiores en ansiedad. Estos resultados muestran que al realizar actividades en las que se incide en permitir mayor cantidad de MW deliberado, los participantes tienden a experimentar mayor bienestar.

    Estudios neurocientíficos sobre el Mind wandering


    En aditiva, es importante destacar que los resultados encontrados por Seli et al (2019) son congruentes con las investigaciones neurocientíficas que estudian el MW en personas con rasgos de ansiedad y depresión. Los rasgos de ansiedad consisten básicamente en respuestas emocionales incómodas a estímulos amenazantes. Las respuestas que ocasionan incluyen: palpitaciones, dificultad para concentrarse, problemas de sueño, irritabilidad, inquietud, temblores o parálisis absoluta (American Psychiatric Association, 2013; Davis y Whalen, 2001). Estos cambios se deben a la incapacidad de estas personas de controlar el sistema de alerta de la atención, que se encuentra en la amígdala (Etkin, Prater, Schatzberg, Menon y Greicius, 2009; Davis y Whalen, 2001)

    Un estudio neurológico más reciente realizado por Christoff et al (2017) analizó la activación de estructuras corticales en pacientes con ansiedad y en pacientes depresivos. Encontraron diferencias en la activación neuronal entre ambos pacientes que los llevó a definir los episodios de ansiedad como "un episodio de Mind wandering que ha salido mal". Christoff et al (2017) observaron que los participantes con ansiedad presentaban interrupciones de la actividad neuronal entre la amígdala y las estructuras corticales responsables de la contrastación de la información. En cambio, las personas con rasgos depresivos no presentaban actividad entre la amígdala y estas estructuras corticales. En vez de eso, las personas con rasgos depresivos presentaban altos niveles de activación entre la amígdala y las estructuras corticales responsables de un contenido asentado y no contrastable.

    Por tanto, estas investigaciones neurológicas han constatado que el MW que se produce en personas con rasgos depresivos no interfiere en los sistemas de alarma de la atención, no crean preocupación, sino que, en este caso el pensamiento intrusivo desadaptativo, es recurrente, y normalmente sentido como imposible de solucionar.

    Estudios sobre el Mind wandering y la creatividad.

    Las divagaciones mentales impulsan la creatividad.
    Divagando y propiciando la creatividad..

    Para terminar de mostrar los resultados, también se han realizado investigaciones donde se observa una facilitación de MW. Se trata de un estudio realizado por Baird, Smallwood, Mrazek, Kam, Franklin, y Schooler (2012) que utilizó periodos de incubación. Los periodos de incubación consisten en dejar un espacio de tiempo entre la demanda de la tarea y las respuestas de los participantes. Baird et al (2012) comprobaron que realizar tareas externas simples durante los periodos de incubación sobre una tarea principal, facilita el MW deliberado y la solución creativa de problemas. También Sio y Ormerod, (2009) encontraron que los intervalos de incubación consiguen mejores resultados cuando los individuos realizan tareas simples. Estos resultados encontrados en poblaciones aleatorizadas, encontraron que a mayor MW deliberado, facilitado este por periodos de incubación, los participantes encontraban un mayor número de respuestas creativas. Los resultados de las investigaciones citadas, sugieren que realizar periodos de incubación en los que realizamos una actividad manual simple, como coser, levantar un dedo cuando aparezca algún objeto o seguir una línea de puntos con un lápiz, aumenta la posibilidad de encontrar la solución a un problema principal planteado, de forma satisfactoria y poco usual.

    Análisis psicológico de los datos experimentales.


    Lo que sabemos del Mind wandering hasta hoy es que afecta a las personas en el grado en que experimentan episodios de ansiedad y depresión, pero dependiendo de si son capaces de propiciar la ocurrencia de estas divagaciones intencionadamente o no, padecen más de estos episodios o menos.

    Antes de desarrollar este análisis primero voy a aclarar la forma de toma de datos realizada en las investigaciones, los participantes elegían una opción de una escala tipo likert entre varias, estas oscilaban entre 5 y 7. Por ejemplo, se preguntaba en las primeras investigaciones, aquellas que encontraron afecto negativo en las personas que declaraban realizar mucho MW : “¿Con cuánta frecuencia experimentas divagaciones mentales en tu vida diaria?, puntúa desde 1, casi nunca, a 5, casi siempre”. Posteriormente se introdujo la diferencia entre MW deliberado o espontáneo, incluyendo para su diferenciación, advertencias sobre la posibilidad de “observar los pensamientos intrusivos”, o “permitir que los pensamientos no relacionados capten mi atención”, por ejemplo. Tras esto, en las investigaciones que diferenciaban entre MW espontáneo o deliberado con periodos de incubación, para ello incluían preguntas del tipo “¿En que grado estas permitiendo que tus pensamientos divaguen conscientemente?”. Y por último se realiza una actividad para medir los signos de ansiedad, depresión o creatividad.  Pasamos al analisis.

    Partamos de las últimas investigaciones de Baird et al (2012), estas mostraron que realizar una actividad de atención externa y simple, como puede ser coser, por ejemplo, consigue que se declaren mayores puntuaciones de MW deliberado, y que se obtengan mayores puntuaciones de creatividad, es decir, que los participantes encuentren soluciones a los problemas planteados inusuales y mejores que las usuales.

    Se han encontrado resultados comparables entre las investigaciones neurológicas realizadas con participantes con síntomas de depresión y ansiedad, y en los participantes de grupos aleatorizados; Ya que según la teoría neurológica, los participantes con síntomas depresivos serían menos capaces de desencadenar pensamientos intrusivos deliberados, y se ha hallado que así ocurre, las puntuaciones en MW no varían significativamente entre sesiones. Si comparamos los resultados con síntomas de ansiedad, las investigaciones neurológicas declaran que los participantes con estos síntomas tendrán mucha facilidad para divagar mentalmente, es decir, que el MW espontáneo tendrá mucha incidencia, como así sucedía en las primeras investigaciones. Pero si de forma voluntaria los participantes se comprometen a permitir los pensamientos intrusivos, las puntuaciones en ansiedad disminuyen considerablemente. Con lo cual se acepta que la teoría neurológica de las divagaciones mentales o Mind wandering, es consistente con los resultados experimentales realizados.

    Desde luego las últimas investigaciones citadas que utilizan periodos de incubación, encuentran un aumento de respuestas creativas en los participantes cuando realizan la actividad. Lo que implica que se ha producido un cambio emocional positivo en los participantes, no dándose estados depresivos ni ansiosos, y produciendo un estado de “flujo” o “placer personal intenso” en los participantes (está probado que la creatividad implica un placer personal único asociado al pensamiento arborescente, ha sido estudiado por especialistas en superdotación, por ejemplo). Y que este cambio es también comparable con el modelo neurológico, pues los participantes realizan una actividad que no debilita su capacidad para promover los pensamientos recurrentes, como son los problemas actuales en búsqueda de solución, y además permiten la irrupción de pensamientos divergentes, qué, a juzgar por los análisis de creatividad, consiguen mejores resultados en la resolución de la tarea principal que cuando no se permiten.

    Análisis filosófico: Una  nueva consciencia.


    Consciencia y Mind Wandering.
    Una nueva consciencia.

    La primera problemática que me llama la atención trata sobre la concepción de consciencia, pues ya no podemos decir, como avalan los diccionarios psicológicos, que la consciencia es el “acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo“. Primero porque consciencia se refiere, como ha quedado en evidencia, a la percepción consciente de un pensamiento cuando este domina la acción. Y esto significa, por un lado, que 'yo' ya no domino mi consciencia, pues la concepción de un yo que dirige la acción acorde a mis deseos no presenta ninguna evidencia, en vez de eso podemos aceptar que existen varios canales de consciencia, y que esta será más fuerte y tendrá más capacidad de solución, cuantos más canales de consciencia puedan llevar a la consciencia sus pensamientos sin interrumpir los pensamientos de otro canal.

    En realidad, de lo descubierto aquí se sigue que la consciencia en sí, es voluntad de consciencia, pues la consciencia puede detenerse a voluntad, e iniciarse a voluntad, y dejar que actúe a voluntad, pero que, en realidad sólo se puede aceptar por consciencia la dominancia de uno o varios pensamientos sobre otros, siendo, como quiero decir, que más consciente se está cuantos más pensamientos dominen la consciencia y más relacionados entre sí estén. De aquí se sigue una complicación, pues el hecho de estar consciente consiste en estar activamente observando los pensamientos, pensamientos que no controlamos en todos los casos. En cierto momento nos asalta una divagación mental, que pasa a ser consciencia, pero antes en la consciencia no era nada, era pues ¿inconsciente?.

    Análisis filosófico: Una inconsciencia muy consciente.


    La problemática principal que traen estas investigaciones consiste en la necesidad de incluir el concepto de consciencia en el de inconsciente por una obligación neurológica y práctica, es decir, como está probado, los núcleos cerebrales que propician los pensamientos recurrentes o las divagaciones se comunican seamos o no conscientes, son señales encefálicas en un mapa del encéfalo. Y cuando se presentan en la consciencia son experiencias concretas, conceptos y palabras precisas, o expectativas sobre un hecho dado. Como se pretende hacer ver, deben de ser teoría y práctica como el plano y el ladrillo, y la consciencia ser el trabajo en sí. Que es a fin de cuentas el continuo crear de ideas en enunciados, de experiencias en reacciones y de expectativas en afecciones.

    Por ejemplo, quiero tener presentes las dos vías neurológicas comentadas, una, la que afecta negativamente a los participantes con síntomas depresivos se encarga de mantener activa una serie de pensamientos problemáticos a los que la persona quiere dar solución, en cambio la vía neurológica que hemos llamado de “alarma de la atención” se encarga de incluir pensamientos dominantes en la consciencia ante estímulos importantes para alguna situación o problema. Siendo ambas juntas, capaces de solucionar las dificultades en personas sin problemas patológicos de salud mental, y, si alguna de estas vías se colapsa, pasa posiblemente el problema de esta persona a "ser" patológico. Por tanto podemos decir, que la consciencia sin inconsciencia puede acarrear problemas patológicos de ansiedad y depresión. Lo inconsciente consiste básicamente en la capacidad latente de poder cambiar el pensamiento dominante de nuestra consciencia. Hay también por ello un orden en lo inconsciente que delata el funcionamiento de nuestra consciencia.

    Sugerencias futuras.


    Una sugerencia práctica para el psicólogo en terapia, consiste en que además de seguir lo aprendido en la universidad y la evidencia actual en nuestra ciencia, debe de saber y practicar filosofía, es decir, debe desarrollar “el gusto por el saber” para sí, y con su cliente. Puede que haya de transformarse en un imitador a sueldo, de las palabras, creencias, conceptos y experiencias de su cliente. Pues resulta de ayuda para los problemas de ansiedad y depresión la asunción terapéutica, de un profesional que acepte para sí durante la consulta los posibles pensamientos que puedan incurrir en la consciencia de su cliente, para que sirva a este de distracción y ayuda sobre el control de sus propios pensamientos conscientes. Pero también, para que ayude a razonar a su cliente, planteando preguntas sobre las propias creencias y posibilitando de esta forma un progreso lógico y racional, que consiga establecer un autodominio entre consciencia e inconsciencia duradero. Y que dote a la práctica psicológica de las bondades del ejercicio filosófico.

    Para terminar este artículo sugiero a investigadores en el campo de la psicología, universitarios, y en general a futuros estudiosos del Mind Wandering, la conveniencia de replicar la investigación de Baird et al (2012) con participantes con síntomas de ansiedad y/o depresión, para el estudio de puntuaciones de MW deliberado, y el efecto de los periodos de incubación con tareas simples.

    La ideología de los psicólogos
    Brian D'Cruz Hypno Plus


    Como psicólogo humanista me desagrada el psicoanálisis por ser mecanicista y servirse de la imaginación del terapeuta, pero este rechazo es un reflejo del mismo error en el que incurren los psicólogos "cientifistas", es decir, los conductistas también se sirven de su imaginación para elegir las conductas a reforzar, para elegir cuando decir: "¡muy bien!", o cuando callar, tanto que en ambos casos puede parecer que el sujeto que viene a ser ayudado es engañado sobre lo que le pasa. ¿Por qué el psicoanálisis y el conductismo utilizan palabras tan diferentes y en la praxis terapéutica se parecen tanto?. ¿Y el tercer enfoque, el mío, el humanista, por qué no se da cuenta de su ideología?, y ¿qué es una ideología en el contexto de la psicoterapia?.

    Sobre qué entender por ideología cuando hablamos de psicología.

    Una ideología según expone su inventor Karl Marx en "la ideología alemana" consiste en la formación de creencias derivadas de la práctica o de la experiencia manual. Es decir, el obrero lo que cree o lo que sabe consiste en el trabajo diario que realiza, si se dedica a doblar acero su saber consiste en la maleabilidad del acero, y por eso el acero le pertenece, es su saber, y se define a él mismo por eso que hace. 

    La idea de ideología en Marx viene de la idea de "imaginación" de Spinoza, más la idea de "fenómeno" en Hegel. Y esto quiere decir que la ideología es ni más ni menos que el contacto deformado o imaginado que las personas tienen de su realidad antes de ponerse a pensar. Es la evidencia completamente real que viene de la experiencia misma, y por ello es algo que no puede pasarse por alto, pues consiste en lo que hay para ponerse a pensar (o antes de empezar a pensar).

    Cuando hablamos de ideología - se ve - que hablamos de lo que más seguro tenemos en el mundo, pues el mundo nos confirma una y otra vez que es completamente cierto, que pasa siempre y que consiste a la vez, en la seguridad que tenemos sobre nosotros mismos, pero que, por eso mismo también es falso e imaginado.

    Ya vemos que el problema persiste, y que si alguien trabaja de algo como los psicólogos en consulta, esas personas deberán de tener una ideología, ¿no?.

    Por ello en el campo de la psicoterapia, en el que convergen tres enfoques y una multitud (más moderna) de mezclas entre estos tres, los psicólogos saben muy bien lo que hacen: son efectivos, son científicos o psicoanalizan muy bien porque tienen ideología. Una ideología que nace del desempeño de su trabajo, como en todos los trabajos. 

    Definiendo las ideologías de los psicólogos partiendo de sus enfoques

    El psicoanálisis es una tecnología artística que cura neurotizando los comportamientos (esto lo exponen muy bien Deleuze y Guattary en "El antiedipo" / también puedes leer sobre la dependencia del psicoanálisis con el proceso neurótico en mi anterior artículo sobre los delirios), y el conductismo arregla problemas psicológicos amontonando respuestas personales según sus consecuencias, es decir, que al igual que en el psicoanálisis las consecuencias de la tecnología conductista son elegidas para centrarse en el efecto neurótico, y de ahí pasar a solucionar el problema.

    Psicoanálisis y conductismo tienen en común su incapacidad para entender el proceso psicótico, los primeros quieren obligar a los deseos dispersos a concentrarse en una imagen familiar, los segundos quieren encerrar las respuestas deslocalizadas en consecuencias cada vez más lógicas. 

    Pero no hay que olvidar que la familia es un grupo expuesto al continuo flujo de fuerzas políticas y de producción social, así como las respuestas operantes, si las llevamos al extremo son ambas (tanto las representaciones como las consecuencias de las respuestas) su propia consecuencia. No es extraño que lo asignado a la representación familiar en el psicoanálisis consista en el efecto de fuerzas extra familiares, ni que la consecuencia de la respuesta consista en la elección de la respuesta misma y no de una supuesta consecuencia interna o externa. 

    De esta manera, una respuesta operante puede destruirse a sí misma y quedar pérdida entre la infinitud de consecuencias, igual que la representación del padre en la imaginación del niño puede consistir en el incremento de las demandas de la empresa donde trabaja el padre, que aunque no son ahora captadas por la percepción del niño, actúan de forma muy diferente encerradas en una representación familiar. Como se ve entran aquí incluso cuestiones macroeconómicas que no tienen nada que ver con el padre.

    Así pues, parece que la necesidad de organizar, planificar o prever, que tienen psicoanálisis y conductismo los fuerza a descartar la intervención psicótica o sin guía.

    Las ideologías, se necesitan unas a otras para garantizarse su existencia.


    ¿Se puede afirmar que el psicoanálisis necesita al conductismo igual que el conductismo necesita al psicoanálisis, como pasa en política con la derecha y la izquierda?. Para empezar si alguno de los dos faltase no habría opuesto en el que comprobar la falsedad o la inutilidad de la psicoterapia contraria. 

    Si al tonto le faltase el listo no podría verificar lo tonto que sigue siendo, y dejaría de ser tonto, pero lo que es peor es que no sabría qué ser sin la representación que hace del listo. De igual forma, si mi respuesta queda sin consecuencias (sentidas) o si las consecuencias son tantas que no puedo sentir qué consecuencias me obligan, ¿será la respuesta que doy la consecuencia misma?.

    En ambos casos la respuesta no es capaz de condicionarse, en ambos casos la representación no encuentra imagen, y tanto el psicoanálisis como el conductismo se dedican entonces a forzar al individuo a volverse neurótico mediante una nueva respuesta - que guía el psicólogo -con consecuencias "mejor" definidas.

    Pero, ¿y el tercer enfoque, y el humanismo?

    Pero, y ¿qué pasa con el humanismo?, ese enfoque sin contrario, ese que no puede mirarse en su opuesto para reconocerse. Ese enfoque que es tan dificil definir y que puede convertirse en cualquier otra cosa.

    De cualquier forma el humanismo, entendido como el proceso terapéutico entre un paciente y un psicólogo en el que lo que está permitido que pase es solo lo que hace el paciente. En esta terapia humanista, el psicólogo se ocupa por encima de cualquier cosa de no influir al paciente con interpretaciones o con refuerzos (como eso de decirle: ¡muy bien!, o sonreír, o en su defecto quedarse callado y hablar de otra cosa de una forma planificada) como hacen los psicoanalistas o los conductistas en este orden. 

    En la terapia humanista todo el desarrollo se hace sin molde, no hay un otro que guía, no hay un opuesto ideológico, no puede el psicólogo saber que es el bueno ya que no hace la terapia "mala", es decir, la opuesta en esta relación de contrariedad mutua que tienen psicoanálisis y conductismo, por ejemplo. 

    Si es que se da la "bondad" de la terapia humanista es porque esta se da cuando "el psicólogo no le quita nada al paciente" (la famosa frase de Rogers), o lo que es lo mismo, porque el psicólogo no se siente en la necesidad de darle nada que no sea ya del cliente. Lo que da a entrever que no es como la describía Rogers, no es que sea el punto medio sin opuesto, sino que sus opuestos son todos los puntos posibles; Pues aquí tenemos el opuesto de cualquier estereotipo, cualquier categoría diagnóstica hace de opuesto ideológico frente a la terapia humanista. Por ejemplo: "tú no eres el TOC, o no eres el TLP" es algo que puede sentir un psicólogo frente a su cliente, y como sabe que eso no es lo que siente su cliente, porque eso lo siente él como producto de su formación, decide no decir nada - y está mal ocultarle algo al cliente.

    E indiscutiblemente ahí hay un fallo, un roce ideológico, que es el fallo que encontró Rogers, y por el que dijo que los "counsellers" (o ayudadores, o asesores psicológicos) no debían de formarse en teoría ni en psicología sino solo en práctica terapéutica "centrada en la persona". Y esto como explica en varios libros, pero sobre todo en "El proceso de convertirse en persona" tiene que ver con el punto de vista político de la terapia humanista, el de permitir radicalmente la expresión completamente real de la persona, para así facilitar el cambio.

    Ahora bien, ¿Cómo puede la teoría - siempre política y poderosa - interrumpir e incluso impedir la ayuda del psicólogo?, ¿Los problemas psicológicos, los trastornos mentales, los trastornos mentales graves, no deben de estudiarse por el hecho de constituirse en formas imaginadas e ideológicas que influyen para mal en consulta?, ¿Y esto le quita algo al paciente?. Lo formulo interrogativamente pero esto mismo es lo que afirma el humanismo más radical.

    Y es que como iba diciendo antes, esto es lo que creo que falla en esta teoría, en el hecho de que el tercer enfoque llamado humanista no tenga opuesto, sino que sus opuestos son todos, sus opuestos son cualquier idea sin definir, cualquier expresión sin intención del psicoterapeuta, incluso cualquier gesto. El valor de la terapia humanista es incluir "lo esquizo", o lo que puede delirar como solución a cualquier problema - incluso - de naturaleza neurótica. 

    Y esta inclusión de la disyunción es a la vez tener como opuesto ideológico a cualquier "todo molecular". Cualquier saber del psicólogo es un opuesto, cualquier expresión íntima consigo mismo del psicólogo puede ser dañina (como mirar hacia abajo mientras recordamos algo - de ahí la fijación por mirar a los ojos de los "counsellers").

    Hay algo que me gusta mucho de la postura humanista, de la regla de dar el poder al paciente o al consultante, y es la de poder ayudar incluso aunque su problema no tenga "solución" a través de las consecuencias de sus respuestas ni a través de una representación familiar definida. Pero hay algo que no me gusta, y es la no aceptación del punto de vista ideológico, o la mayor dificultad para aceptarlo (pues no es que los conductistas o los psicoanalistas lo acepten de buen grado al consistir cada uno en su opuesto).

    Sobre el saber teórico y su influencia como forma ideológica de la psicología humanista

    Aquí llego a pensar, que la obsesión de las posturas humanistas más radicales por separarse de las formas teóricas de la "enfermedad mental", consisten en el dolor mismo del reconocimiento de su propia (o de mi propia) ideología.

    Pues cuando se ayuda a alguien con sus palabras, cuando pretendo entender a esa persona y los conceptos que utiliza, o el significado que tienen en su vida concreta. Cuando no tengo yo una teoría para pensar tu problema, sino que la guía principal es el sentido (que es el sentimiento aún sin forma del cliente) te estoy forzando cariñosamente a que des forma a tus creencias basándote en un sentimiento que al mismo tiempo se está formando. Y que mi intervencíón principal, en un sentido directivo, consiste en señalar dentro de tus propios razonamientos o procesos de pensamiento, qué cosa se te escapa, o qué argumento parece contradictorio. 

    Lo que veo, al analizar mi propia práctica, es que me parece que mi saber teórico puede entorpecer ese aprendizaje tuyo. Pero por eso mismo puede que sea mentira y falso, puede que esa sea mi "defensa ideológica".

    Y como a veces me pasa, y creo efectivo, cuando una persona me pide una interpretación yo se la doy, asegurándome de dejarle claro de que esa interpretación puede tener fallos. Y cuando una persona me pide algún ejercicio para afrontar su problema, yo le ayudo a plantearlo, y marcamos una metas conductuales, y le explico por qué lo planteo así, siempre diciéndole "que esto puede no funcionar porque puede que esté influyendote demasiado en algo que es tuyo".

    Y por eso, voy creyendo que el informar sobre las complicaciones que tiene mi "saber científico" o mi saber sobre la "representación familiar" consigue que no se cree una dependencia muy grande hacia mi dirección —evitando así caer en esas dinámicas de abuso de poder y narcisismo que tanto daño hacen en las relaciones asimétricas, un tema que analizo a fondo en mi libro Terapia Espinosa—, y de que aunque hablemos de "patologías" que le afectan a esa persona, entienda que la trato como a una persona única y valiosa.

    Este artículo plantea una problemática sobre la que estoy escribiendo un libro.

    ¿Estaré aceptando mi ideología como psicólogo?, al menos en este artículo me he desahogado, es algo que estoy escribiendo de una forma mucho más extensa, y que se publicará en un futuro trabajo que se centrará en los delirios y la ideología.

    Gracias por leer, EHG.

    ¿Sabes que trabajo como psicólogo por videollamada?, entra en Ayuda psicológica online y nos vemos.


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