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9 de octubre de 2017



Un hombre con atributos


Artículo enviado para su publicación por el Autor

El hombre produce al hombre por Arturo Garcés

Mi primer paso, mejor dicho por Wittgenstein, es de poner fin a la palabrería del confuso medio en el que nos vemos muchas veces influenciados, que para tender un puente que sea fácil de cruzar sobre el abismo, lo primero es pensar en lo cierto que determina la vida del hombre ya lo planteaba Jean-Paul Sartre: «El ser del hombre no es el ser fijo de las cosas, el hombre tiene que ser su ser a cada instante busca hacerse ser y ese es su proyecto», si la descontextualizamos de las otras publicaciones del escritor, podemos decir que así iniciaba la apología a las teorías sobre el comportamiento y las acciones humanas que van encaminada hacia el hombre del kaizen, del desarrollo y mejoramiento de sus aptitudes y actitudes.


El hombre atributos.
«El hombre es un ser de lejanías» según la expresión del propio Heidegger, que tiene como caracterización más cierta, si excavamos en su empresa, la libertad e individualismo, el hombre que primero pastoreándose a sí mismo puede mediante la interacción o la comunicación empoderar a otros

Vengo demasiado pronto -dijo entonces-, todavía no ha llegado mi tiempo, escribía el autor de la expresión ‘Dios ha muerto’; en su obra literaria, la gaya Ciencia. Dicho esto Nietzsche deriva la espera a una lejanía del tiempo para que se le diera cumplimiento a sus palabras, sin embargo la implicación tiene actualidad hoy, la nietzschemania del profeta Alemán se estarían cumpliendo al día de hoy, tomando su aspecto más humanos que dictatorial.

En la expresión de las actividades del hombre, ha llegado la hora del profeta, en los distintos campos multidisciplinarios, no en su sentido negativo de la voluntad de poder para dominar a los demás, sino en su sentido de administrar el poder uno mismo: Narrado en lo personal, lo familiar, lo profesional y lo social son ámbitos en la que el hombre debe ejercer poder sobre si mismos para la implementación del ‘yo puedo’ para así dirigir eficazmente nuestras propias vidas

Parafraseando lo firmado por Nietzsche: ‘Nosotros hemos descubierto la felicidad, conocemos el camino, hallamos la salida de muchos milenios de laberinto’ Estamos en aquella cima, empero no en la de la desesperación de Cioran, sino en la cima de la felicidad, de la automejora, la vida sintetizada en el atleta, el vegano que cuida de su salud y de su físico, que se empeña por tener buena apariencia e imagen, que se emplea en rendir, que lidera y se culturiza, el que sensibiliza su conciencia y proyecta empatía, el que busca la verdad de manera Unamuniana: Buscando la vida en la verdad y la verdad en la vida, en busca de certezas y lugares seguros y quizás inamovibles, aunque desfalleciendo en su búsqueda, dicho lo anterior es lo que nos hace humanos

Emprender nuestra vida con lo más completos que podemos llegar a ser, consiste en ponernos en marcha, abandonar el estado de conformidad, dejar atrás lo que somos a favor de lo que podemos llegar a ser.

Que es lo que cabe entonces: El vivir en la plenitud de un hombre optimizado, un hombre Emersoniano, que pueda sentir orgullo por sus atributos y predicado, dicho esto se requiere estar completo en todos los sectores de la vida; de la noche a la mañana no será el cambio, para internalizar una creencia vigorosa. Hay que buscar y remitirse a la literatura popular del éxito y liderazgo que describió con profundidad Steven Covey, que lo hace Anthony Robbins en todo sus buenos libros para el liderazgo y el autocrecimiento personal.

La creencia de la vida positiva, de la salud, de la vida de la manzana, el deporte y atletismo, de la castidad, la fidelidad, la lealtad, la verdad en lugar de la mentira, del amor en lugar del odio, la paz en lugar de la guerra, en el consenso en lugar de la imposición, la valentía en lugar de la cobardía, dando espacio para la empatía, el autoconocimiento, la sensibilización de la conciencia, la imagen sin concepción egocéntrica, para que finalmente demos lugar a lo bello y lo sublime, como lo narraba Kant; no ignorando que puedes lograr tus metas ya que es el hombre el que produce al hombre

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