9 de junio de 2017



F. Nietzsche y la corrupción

Publicado por: Norberto E. Martín

Los filósofos también profetizamos

En toda sociedad existe la corrupción, es algo inherente al ser humano, pues tiene tendencia acumular poder, que le viene de los resabios del instinto de dominio. Especialmente en aquellas personas que tienen alguna cuota de poder. En una sociedad organizada, con instituciones independientes y fuertes, que se controlen mutuamente, la posibilidad de que la corrupción llegue a todos los ámbitos es poca.


A fines del siglo XIX el filósofo alemán Friedrich Nietzsche[1], en el libro “La gaya ciencia”, en el punto 23, propone “Los síntomas de la corrupción”.
Dice: "Detengámonos a observar en el interior de las condiciones sociales…, los síntomas que son calificados de "corrupción".[2]
En un primer lugar: "comienza a predominar una superstición de diversos aspectos, mientras que se degrada y se vuelve impotente la creencia que hasta entonces profesaba un pueblo en su totalidad: la superstición es efectivamente un librepensamiento de segundo orden, quien se entrega a ella opta por un determinado número de formas y de fórmulas que le convienen, concediéndose a sí mismo el derecho a elegir. En comparación con el individuo religioso, el supersticioso es mucho más "personal".[3]
En las última década del siglo XX, luego de “la caída del muro de Berlín” resurge el liberalismo económico, a la nueva versión se le denomina “neoliberalismo” que propone nuevas formas de libertad de mercado, se desecha la idea del “Estado de Bienestar” y comienza la era de la “Teoría del Derrame”, se impone en la sociedad, supersticiones del tipo “hay que privatizar las empresas estatales”, y se concibe la idea de la privatización de la educación y salud. El Estado ya no es indicador del camino a seguir sino que sólo es regulador.
Asimismo, junto con el aspecto económico, se pone énfasis en el goce individual, en lo valioso de las distintas culturas, la globalización de la información, la diseminación de las distintas religiones mono y politeístas, filosofías orientales, aparece el postmodernismo[4], ya no hay verdades absolutas.
En segundo lugar sobreviene el relajamiento de las costumbres: "se acusa de relajamiento a la sociedad en la cual la corrupción gana terreno; y es evidente que en ella disminuyen el aprecio de la guerra y la afición a ésta, mientras que de ahora en más se aspira a las comodidades de la vida con el mismo fervor con el que antes se aspiraba a los honores gimnásticos y guerreros."[5] ¿Quién no puede estar de acuerdo con el fin de las guerras?, con más razón después de las dos guerras mundiales, la guerra fría, etc. y, como si fuera un movimiento pendular, se pasa a las comodidades de la vida que se manifiesta en el goce a toda costa, con el consecuente enriquecimiento. Sin tener en cuenta que se está perjudicando a todo el resto de la sociedad, se antepone el beneficio propio por sobre el bien común. El “otro” se convierte en un medio para alcanzar los fines personales.
Pero, "precisamente, en épocas de "relajamiento", la tragedia frecuenta las casas y recorre las calles, surgen grandes amores y grandes odios"[6], comienzan a crecer en gran medida los excluidos de las sociedades, los sin trabajo, las migraciones internas a los grandes centros de poder, recrudecen las adicciones, la violencia doméstica, la virulencia de los delitos…
"Se tiende a considerar, para compensar de algún modo los inconvenientes de la superstición y del relajamiento, que en estas épocas de corrupción existe una mayor dulzura que en las precedentes y que, en comparación con las épocas más creyentes y fuertes"[7], se ensalzan, al máximo, los valores de libertad, tecnologización, propiedad y algunos disvalores como el lujo, vulgaridad, ostentación…, se tiende a justificar la corrupción con la frase “roban, pero hacen”.
"La crueldad ha retrocedido considerablemente. Pero yo no podría sumarme a esta forma de alabanza, como tampoco podría hacerlo a censuras semejantes; sólo aceptaré que ahora la crueldad se hace más sofisticada y que en adelante sus formas más antiguas atentan contra el buen gusto, aunque en épocas de corrupción las heridas y torturas mediante palabras y miradas alcanzan su pleno desarrollo; asimismo, en tales épocas se crean tanto la maldad como el placer por la maldad"[8]. Se incrementan los daños producidos por el neoliberalismo y el individualismo, es cada vez mayor la marginalidad, pobreza; y la consecuente exclusión y protesta social. 
En tercer lugar: los corruptos en general son los que acusan a otros de lo mismo que son ellos, le cabe aquél refrán que dice “el ladrón cree a todos de su misma condición” y para ello agudizan sus discursos. "Los hombres de la corrupción son muy ingeniosos y agresivos; saben que existen otras maneras de matar diferentes a las causadas por un puñal y un golpe de mano, y no desconocen que todo lo que se dice bien goza de credibilidad"[9], y toda mentira que se repite hasta el hartazgo al final queda subyacente como verdad.
En cuarto lugar cuando el terreno está propicio, surgen los tiranos: "Cuando la descomposición alcanza el mayor grado, justo como la lucha entre tiranos de todo tipo, surge entonces el César, el tirano definitivo, que pone fin al conflicto agotado por el dominio exclusivo de uno solo, dejando que el cansancio actúe por su cuenta. A su llegada, el individuo está ya en plena madurez y, por consiguiente, la "cultura" ha alcanzado su más grande estado de fecundidad (si bien no a causa de él ni por él, aunque a los hombres sumamente cultos les gusta adularla haciéndose pasar por obra suya)."[10]
Seducen a todas las organizaciones sociales de todo tipo con su discurso, "hasta las manos más nobles se ofrezcan en cuanto un hombre poderoso se muestre dispuesto a derramar en ellas su oro. En ese instante se descubre una gran incertidumbre respecto del futuro que se vive para el presente; es un estado anímico en relación con el cual todos los seductores disponen de buenas oportunidades de juego, en tanto que la seducción y la corrupción se dejan para "el presente", ¡reservándose el futuro y la virtud![11]
Construyen poder con la teoría ‘amigo-enemigo’, necesitan de un enemigo común externo o interno, que siempre son poderosos, aúnan las voluntades de los pueblos y acallan voces que reclaman por la corrupción reinante; corrompen y desvían, de su propósito o ideal, a las organizaciones que en ellos pusieron su confianza. Se apropian y tuercen los ideales que sostuvieron a una sociedad ensamblada. Se sienten inmortales, y con derecho a eternizarse en el poder.
“Los individuos…, se preocupan del momento más de lo que lo hacen sus oponentes, los hombres gregarios, pues se consideran a sí mismos tan imprevisibles como el futuro. De esta manera, se unen con gusto a los violentos, pues se sienten capaces de actuar y disponen de recursos que la masa no comprendería ni perdonaría, mientras que, por otro lado, descubren que el César extiende el concepto de derecho del individuo hasta incluir también sus transgresiones, y que le interesa convertirse en el intérprete de una moral privada más audaz. El tirano piensa de sí mismo, y quiere también que los demás piensen, lo que a su modo dijo Napoleón de una manera totalmente clásica: "Tengo el derecho a contestar todas las quejas que me hagan con un eterno 'yo soy el que soy'. Yo estoy al margen de todos, no acepto condiciones de nadie. Deben someterse a todos mis caprichos y estimar como absolutamente natural que me entregue a tales o cuales distracciones". Así le aseveró Napoleón a su esposa, un día que ella puso en duda, no sin fundamento, la fidelidad conyugal de su marido”[12]. Sostienen que tienen el derecho a disponer de los bienes de todos como si fueran suyos, someten a la sociedad a su imperio y orden, hasta se creen sus propios discursos, y se sienten únicos capaces de salvar a la patria de los enemigos, que ellos mismos establecieron.
"En las épocas de corrupción caen los frutos del árbol; me refiero a los individuos, portadores de las semillas del futuro, instigadores de la colonización espiritual y de la formación de nuevos órganos del Estado y de la sociedad. La palabra corrupción no es sino un término despectivo para hacer referencia a las épocas otoñales de un pueblo."[13]
Pero, como son seres humanos, también les llega el final de la vida, o la sociedad, al sentirse tan humillada, bastardeada, dice “basta”.
Para salir de esta situación se necesita de instituciones fuertes e independientes, no corruptas, las cuales el “cesar” se ha encargado de destruir.
Se necesita volver a fundar el “pacto social” pero cuidado, en una auténtica democracia se deben escuchar todas las voces, aún las de lo que están en contra de ella, aún las que siguen sosteniendo al ‘césar’, pues se corre el peligro de caer en la demagogia o lo que es peor aún en la oclocracia[14].
Esto es un simple análisis sobre la historia reciente que me toca vivir, y le quité aspectos particulares para que se pueda realizar una analogía con la los hechos que les ha tocado vivir a cada uno en los últimos años. Porque la historia siempre enseña lo que NO debemos volver a repetir.




[1] Friedrich Nietzsche. Friedrich Wilhelm Nietzsche; Röcken, (15 de octubre de 1844 - Weimar, 25 de agosto de 1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. https://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Nietzsche
[2] Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia, edición digital.
[3] Ídem
[4] En una famosa declaración del fin del modernismo, simbolizado por Auschwitz, el post modernista francés Jean-François Lyotard preguntó: "¿Después de los metarrelatos, dónde puede residir la legitimidad?" Entonces, ¿qué es el post modernismo? "Simplificando hasta el extremo, yo defino lo post moderno como la incredulidad hacia los metarrelatos". Es decir, el post modernismo es profundamente escéptico (o receloso) hacia los grandes sistemas o historias explicativos. También critica todo criterio que proclame ser neutral, imparcial o racional. El filósofo cristiano Merold Westphal observa que el modernismo se caracterizaba por la búsqueda de (a) la certeza absoluta (piense en Descartes) y (b) el totalismo, ese sistema "todoincluyente" (metarrelato). Los modernistas intentaron crear "grandes historias" --sin referencia a Dios-- sobre las cuales fundamentar la dignidad humana, la libertad, la moralidad y el progreso.
Mientras que el modernismo buscaba sistemas totalizantes y una certeza absoluta, el post modernismo ahora los pone en duda de dos maneras. Para contrarrestar el totalismo, el post modernismo asevera que frecuentemente utilizamos la "razón" para buscar el cumplimiento de nuestros intereses y deseos; la "verdad" es cualquier cosa que fomente mi voluntad o intereses (o los de mi grupo). Hay una "agenda política" en cualquier cosa que declaremos como verdad. El conocimiento no es neutral. (Esta observación utiliza la "hermenéutica de la sospecha"). En respuesta a la certeza imparcial, el post modernismo enfatiza que nuestras ideas y juicios están incrustados en un contexto histórico-cultural; así que nunca podemos salirnos totalmente de dicho contexto por pura reflexión. (A esto se le ha llamado la "hermenéutica de la finitud"). http://es.4truth.net/fourtruthespbnew.aspx?pageid=8589983633
[5] Ídem
[6] Ídem
[7] Ídem
[8] Ídem
[9] Ídem
[10] Ídem
[11] Ídem
[12] Ídem
[13] Ídem
[14] La oclocracia es el gobierno de la muchedumbre, es decir," la muchedumbre, masa o gentío es un agente de producción biopolítica que a la hora de abordar asuntos políticos presenta una voluntad viciada, evicciosa, confusa, injuiciosa o irracional, por lo que carece de capacidad de autogobierno y por ende no conserva los requisitos necesarios para ser considerada como  «pueblo»" https://es.wikipedia.org/wiki/Oclocracia
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