26 de diciembre de 2012



Esencia, Existencia, Incertidumbre y Lenguaje

Publicado por: Germán Gallego Laborda
Esencia, Existencia, Incertidumbre y Lenguaje.
El propósito de este escrito es pasar por la licuadora dos emblemáticos y esenciales términos filosóficos con objeto de conseguir el residuo seco, el cual, a diferencia de lo que pudiera pensarse, no está formado únicamente por la piel o envoltorio, sino también por el corazón y las semillas, es decir, por el núcleo, que es lo que nos importa. Indefectiblemente, en esta tarea, nos encontraremos con la incertidumbre derivada del típico y tópico "problema del lenguaje", el equivalente filosófico del omnipresente "problema de la medida", responsable a su vez de la incertidumbre cuántica.

Empezaré con una breve explicación del porqué de este escrito, con una justificación de su "existencia", brindando con ello al lector la posibilidad de decidir, de entrada, la conveniencia de continuar o no con su lectura. Aunque dejando ya entrever el fondo de la cuestión: para conocer su "esencia", deberá llegar hasta el final. Y con esto también habremos presentado a los dos protagonistas principales.

Se trata de dos términos que forman una de las muchas parejas (por su evidente relación -real o impostada-) objeto de atención filosófica, a las que nos hemos referido en "Filosofía, Ciencia, Metafísica, Física y Equilibrio", términos que, sin duda, son portadores de una elevada "carga conceptual" (lo que en física denominaríamos "densidad" o "peso específico"). Frecuentemente, el discurso filosófico resalta esta importancia dotándoles, en la notación escrita, de la mayúscula inicial.

Pues bien, el catalizador de estas reflexiones ha sido el reciente descubrimiento, por mi parte, del ¿filósofo? Richard Rorty, gracias a una semblanza aparecida en una revista de filosofía que tiene todo mi crédito, semblanza que me impactó y que resumiré a continuación. No me importa reconocer que no conozco su obra, anomalía que pienso corregir más pronto que tarde (de momento ya he empezado a digerir "El giro lingüistico" (1967)), pero deseo decir que, a pesar de conocerle "de oídas", sé que he encontrado otra de mis "almas gemelas" filosóficas (que vendrían a hacer compañía a Aristóteles, Wittgenstein y Russell). Al parecer, Rorty (a quien se califica en la semblanza como "el filósofo que no quería serlo") se ganó la animadversión y el distanciamiento de sus colegas con obras tales como "La filosofía y el espejo de la naturaleza" (1979) donde redefinía el Conocimiento como una simple consecuencia de la conversación y la práctica social, negándole la condición de almacén de verdades objetivas y "Consecuencias de pragmatismo" (1982) donde acusaba a la filosofía occidental de "mera colección de abstracciones con mayúscula", tales como la Verdad, el Conocimiento, etc. (supongo que en esta categoría entran también los protagonistas del articulo, la Esencia y la Existencia [con mayúsculas], con lo que ya nos estamos aproximando a la "breve" justificación a la que me refería hace ya bastantes líneas). Esto retrata a Rorty como un pragmático extremo que afirmaba con rotundidad que "las ideas deben estar al servicio de la acción" y que "la teoría ha de subordinarse a lo concreto y no al contrario". En resumen, bajo mi particular punto de vista, un "ingeniero filosófico". Y ya empiezo a constatar que la prometida brevedad de la presentación brillará por su ausencia.

Si a esto le sumamos mi obsesiva preocupación (no restringida al ámbito filosófico) por el lenguaje, responsable, por nuestra inadecuada utilización, de todos los déficit de comunicación (estuve a punto de escribir "males") de este mundo, estamos casi al cabo de la calle. Por lo tanto, empecemos.

Una incursión a mi libro de cabecera filosófico (el Diccionario de Filosofía Abreviado de Ferrater Mora) en las entradas de referencia, revela la atención prestada por la filosofía a ambos términos, representando una demostración palmaria de otra de las afirmaciones transgresoras de Rorty, que aparece ya en las primeras palabras de su obra "El giro lingüístico": "La historia de la filosofía está puntuada por las revoluciones contra las prácticas de los filósofos precedentes... ...en Descartes, Kant, Hegel, Husserl y Wittgenstein, se encuentra el mismo tipo de disgusto ante el espectáculo de filósofos enzarzados en un debate interminable sobre el mismo tipo de cuestiones" (como me gusta Rorty). Confirmaremos sus sabias palabras con un resumen muy resumido del contenido del Diccionario, sazonado con algunos comentarios propios (en cursiva):
  • Esencia: Aristóteles considera que es el "qué" de la cosa, no el hecho de "ser", sino lo que "es" (como me gusta Aristóteles). Por mi parte ya lo podríamos dejar aquí, pero veamos la evolución del concepto: la Esencia se dice de aquello que es Ser, corresponde sólo a Dios (San Agustín); la Esencia es aquello por lo cual y en lo cual, la cosa tiene el Ser (SantoTomás); no existe distinción entre Esencia y Existencia (Suárez, Averroes, Occam); toda Esencia tiende inmediatamente a la Existencia (parece que la Esencia es algo "potencial" que se perfecciona en la Existencia si el Ser es ¿¿necesario??) (Leibniz); el absoluto aparece primero como Ser, luego como Esencia y luego como Concepto (Hegel); las Esencias son "unidades ideales de significación", son intemporales y apriorísticas, anteponiéndose a los "hechos" que son temporales y aposterióricos (sic, vaya palabrita), las Esencias no poseen realidad, sino idealidad (Husserl). En resumen, más allá de la simple y diáfana definición de Aristóteles, la Esencia parece que tiene un alcance muy metafísico, polifacético y variopinto.
  • Existencia: Si le diéramos crédito a la atención prestada en el Diccionario (en términos de extensión) diríamos que este concepto tiene menos peso filosófico. Veamos:  como derivado del latín significa "lo que está ahí" y, en este sentido, es equiparable a la "realidad". Y para mí, ya nos podríamos quedar aquí. Pero la cosa se complica cuando empezamos a hablar de la "esencia de la existencia" y la discusión se centra en la relación entre ambos términos. Aristóteles los vinculó con los conceptos de materia y forma, potencia y acto. Los griegos, materialistas ellos, entendían la Existencia como "cosa", mientras que, en general, los medievales sostenían que "existían Existencias que no eran propiamente cosas" (pensando en personas o en Dios); la Existencia es un accidente de la Esencia (Avicena); la Existencia prima sobre la Esencia (San Buenaventura, Santo Tomás); algunos autores sostienen que "la Existencia no existe" (que contradicción lingüística, glub!!!); la Existencia no es un predicado. Referirse a algo y decir que existe es una redundancia (Kant); la Existencia es ante todo "un existente", el "existente humano" (Kierkegaard); la Existencia no es lo que "ya es" sino su "poder ser" (el "Dasein", traducido a veces por Existencia, es el ser humano, el único ente que se pregunta por el sentido del "ser"). (Heiddeger).
Deberemos reconocer que tras esta breve incursión en la ortodoxia filosófica sedimentada en los últimos 25 siglos, resulta difícil encontrar un denominador común, poniéndose de relieve la pragmática postura de Rorty al respecto: el "pisoteo" constante del significado de la terminología por parte de los distintos filósofos. Y aquí se recrudecen mis dudas sobre el propósito final de la filosofía. Resulta ahora apropiado hacer entrar en juego un poco a Wittgenstein: Tractatus... 4.112, "El objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento. Filosofía no es una teoría, sino una actividad. El resultado de la filosofía no son «proposiciones filosóficas», sino el esclarecimiento de las proposiciones" (como me gusta Wittgenstein). Aunque, visto lo visto en el Diccionario, resulta evidente el incumplimiento de la anterior sentencia. Lo que encontramos es poco esclarecimiento y "verdades" para todos los gustos. Una especie de autoservicio. Tal variedad de definiciones suena a Groucho Marx: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros". Sírvase usted mismo.

También son palabras de Wittgenstein: "El filósofo, en lugar de buscar la naturaleza de las palabras, juega con ellas" (no puedo dar la referencia, pero le doy credibilidad, pues creo que refleja a la perfección su pensamiento; si no es suya, podría serlo perfectamente). ¿Porqué esta obsesión por querer hacer decir a las palabras cosas que no dicen? Si especulamos suficientemente, todo puede querer decir cualquier cosa.

Y acometeremos ya la parte final de este escrito. Y lo haremos con la ayuda de una frase literaria paradigmática: "To be or not to be...", primera intervención de Hamlet en el acto III de la obra homónima de William Shakespeare, frase que añade a la propia indefinición de los términos analizados, la dificultad de estar escrita en otra lengua, lo que propicia reflexiones de importancia capital para el propósito anunciado(1).

"Ser o no ser...he ahí el dilema". Pero... ¿Porqué no "Estar o no estar..."? En nuestra lengua tenemos la suerte de disponer de dos verbos de significado bastante (no totalmente) preciso, a diferencia de la lengua inglesa, que, en este caso, necesita la apelación al contexto. Pero siempre le atribuimos a Hamlet una preocupación por "ser", en lugar de por "estar". ¿Porqué? Y puestos a complicar las cosas, todavía podríamos expresar el dilema de dos formas más: "Ser o no estar..." o "Estar o no ser...". Resulta evidente que deberemos apelar al contexto, cosa que haremos tras adelantar nuestra reduccionista y simplificadora definición de ambos términos, una aportación más a las definiciones incluidas en el Ferrater Mora.

Esencia es "ser": Es lo que caracteriza a algo o a alguien. Y una característica es un "rasgo diferenciador". Por lo tanto, la Esencia expresa los rangos diferenciadores de la cosa. Lo que "es". Así de simple.

Existencia es "estar": Todo lo que existe "está" en algún lugar. Ocupa un lugar en el espacio.

Por lo tanto, Hamlet se enfrenta realmente a dos dilemas: puede encontrarse ante una crisis de identidad (ser o no ser Hamlet, perder sus señas, vulnerar su ética) o ante una crisis existencial física, no metafísica (estar o no estar, existir o no existir, dejar o no este perro mundo). Y para dilucidar esta incertidumbre lingüística nos ayudaremos de la traducción y de las interpretaciones incluidas en la obra de referencia (1). De la traducción podemos deducir que la preocupación de Hamlet está asociada con la muerte, a la cual cita textualmente en varias ocasiones. De las cinco interpretaciones del monólogo aventuradas en la obra citada, cuatro de ellas están también relacionadas con la muerte, ya sea como suicidio del propio Hamlet o como asesinato del rey, aunque añade explícita y taxativamente que, en ningún caso, Hamlet se refiere directamente a él mismo. Máxima ambigüedad. Entonces... ¿Con cual de las traducciones nos quedamos? ¿Que quiso decir exactamente Shakespeare? Pues, la verdad, tras este análisis, aparece un nuevo dilema: si no se refiere a él, "Ser o no ser..." es la correcta, pero si está pensando en el suicidio, la traducción adecuada sería "Estar o no estar...". Visto lo cual, a partir de hoy, siempre veré la frase como un paradigma de la ambigüedad y de la incertidumbre del lenguaje.

Finalicemos filosofando un poco. Resumiendo y complementando nuestra particular definición de Esencia y Existencia:

Esencia es "ser": Es lo que caracteriza a algo o a alguien. Y una característica es un "rasgo diferenciador". Por lo tanto, la Esencia expresa los rasgos diferenciadores de la cosa. Lo que "es". Así de simple. La mejor y más intuitiva forma de entender el significado de "esencia" es pensando en un perfume (existente, por supuesto).

Existencia es "estar": Todo lo que existe "está" en algún lugar. Ocupa un lugar en el espacio. Además, todo lo que existe, es. Es decir, tiene una Esencia. Tiene una identidad unívoca. Entonces, la Esencia es una consecuencia de la Existencia. La Esencia, por sí misma, no existe. Es un atributo (2). La Esencia es, precisamente, lo que diferencia a una Existencia de otra.

¿Qué decir de la relación entre ambas? ¿Existe relación de precedencia? En mi opinión, solamente en la mente del artista, del creador o del diseñador. Él es el único que, en un ejercicio de abstracción, antepone la Esencia a la Existencia. Es quien se crea una imagen mental de algo todavía inexistente. Y con ello se pueden correr muchos riesgos. Me vienen a la cabeza muchos ejemplos sufridos en carne propia de diseños fabulosos sobre el papel (la Esencia de un nuevo producto), absolutamente inviables e infabricables (de Existencia imposible). No nos engañemos, lo que existe es lo que es y no otra cosa. Y lo que solo es, no puede existir. Por lo tanto, ambas aparecen (y desaparecen) de forma simultánea. No existe precedencia.

En el ejemplo, Hamlet, al perder su Esencia, dejaría de "ser" Hamlet, y al perder su Existencia, dejaría de "estar" vivo.

Y después de la muerte, cuando ERES un recuerdo, también ESTÁS: existes (ocupas un lugar) en la mente de los que te recuerdan. Por lo tanto, mientras te recuerden, la regla sigue siendo válida: no existe Esencia sin Existencia.

Y como guinda final, cuestiones abiertas: ¿cómo diríamos en inglés "Ser o estar...he ahí el dilema"? ¿No será que estamos como al principio y que debemos aprender a vivir (ser y estar) en la incertidumbre? ¿No será la incertidumbre la única verdad absoluta?

Notas:
1 - Traducciones e interpretaciones correspondientes a la obra Hamlet, edición bilingüe del Instituto Shakespeare, dirigida por Miguel Angel Conejero, Cátedra, Letras universales, ISBN: 84-3761097-4.
2 - Dejamos al margen las interpretaciones místicas, las cuales se refieren al Ser, sinónimo de Ubicuidad y de Existencia Eterna, Absoluta y Universal (me quedé sin adjetivos).

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