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    Marx en el Ecuador: La subversión de la comunidad ancestral.








    Lejos de cualquier fin de la historia, estamos entrando en un nuevo ciclo de luchas y reconstrucción de las Sociedades  y Estados  a nivel mundial. Latinoamérica se hace nuevamente central[1]. La onda económica de la crisis financiera iniciada en 2008 trajo consigo una grieta del modelo neoliberal y al mismo tiempo fisuró el ciclo de gobiernos progresistas del denominado modelo del socialismo del siglo XXI. El nuevo ciclo de luchas político-económicas en la región está marcado por la constante disputa de hegemonía a través de métodos convencionales y no convencionales, actualizando la forma de disputa con una serie de “Golpes legislativo” (Honduras 2009, Paraguay 2012 y Brasil en 2016) y, aunque un intento, “Golpes diplomáticos” (construcción del Grupo de Lima y autoproclamación de Guído como presidente de Venezuela al inicio de este año), sirviéndose de la Guerra Económica y ataque mediático (guerras de 4ta generación). El cambio de panorama político es todavía pendular; de izquierda a derecha y, de ahí nuevamente a Izquierda... para terminar en…más de lo mismo. Ha prevalecido la tendencia de centro (tanto de uno como de otro extremos) agudizándose la enfermedad de la corrupción y el gamonalismo político. Nos encontramos ante un panorama político inestable en la región  por la  re-estructuración de la correlación de fuerzas entre los grupos socio-económicos, denotando la formación de una nueva época histórica.

    Entonces, no es el mismo fantasma chocarrero que otrora rondó Europa, el que ha rondando el Ecuador (acompaña las luchas en el Brasil, México, la resistencia mapuche en Chile profunda, acompaña al proceso boliviano y la rebeldía vuduizante en Haití). La pasada movilización social ocurrida entre el 2 y 13 de octubre (se extenderá en toda la región?), es el «espíritu ancestral de rebeldía danzante», una lucha que permanece latente ante la civilización del capital en América Latina.  La historia si bien sucede dos veces, en América latina, no se trata de ver si el género es  farsa o tragedia, sino de retorno de subversión de la comunismo Ancestral, un reajuste estructural de más de quinientos años de resistencia ante el colonizador (La mejor conmemoración del día de la resistencia de los pueblos originarios el pasado 12 de octubre en Quito).

    ***
    El movimiento homeostático del capitalismo demuestra que, en su movimiento mundial, el principio de la “valorización del valor”,  integra en una red de relaciones, a todos los países de tal manera que no se puede pensar Estados como si fuesen entidades aisladas. Del mismo modo como en la Argentina de Mauricio Macri, el gobierno de Lenín Moreno en Ecuador desde el inicio de su periodo administrativo en 2017 comenzó una serie acercamiento a los antiguos grupos de oposición y aplicar medidas económico-políticas que mostraron ser un claro giro de centro “izquierda” del espectro político, hacia un lado más cercano de la derecha y del capital transnacional del Movimiento Revolución Ciudadana (MRC). El imperativo político de las medidas es “reactivar la economía”, que funciona como mantra de los sacerdotes neoliberales que olvidan que no hay nada más dinámico que el Proceso del Trabajo Social. Sobre la vieja fórmula de endeudamiento y reducción del gasto público, típicos de los paladines del FMI y de los intereses norteamericanos en la región, se establecieron una serie de medidas económicas (contenidas en el decreto presidencial N° 883), con ánimos de disminuir el riesgo crediticio, en los que se encuentran la fortalecimiento de la dolarización, austeridad del gasto público, un ajuste salarial, utilización del dinero electrónico, la eliminación o reducción de aranceles para maquinaria y materias primas agrícolas e industriales, así como el fin de los subsidios al transporte, reajuste fiscal y el avance del pago de una deuda fraudulenta[2], operacionalizados por la clásica doctrina de shock, la manera forzada de la vuelta al principio del mercado desregulado como eje de la producción de la riqueza social, fundamental forma de oxigenación de las burguesías nacionales, dando margen a la nueva configuración que se presenta en el capitalismo en su movimiento mundial luego de su crisis financiera contemporánea.




    Sin haber vuelto a la derecha por la fuerza, a través de la nueva receta de los Golpes de Estado legislativos, Lenín Moreno obtiene el poder de manera "legitima", amparado en la soberanía y el imperio del derecho constitucional, gracias al "juego de la Democracia". La idea de salvaguardar  lo realizado por el gobierno del MRC, apoyado directamente por Rafael Correa en Alianza País, obtiene el camino, y se les es cedido prácticamente el poder  del Estado ecuatoriano a un sector de la burguesía financiera. Fue la formula clásica de la "traición" y el arribismo político propios del maquiavelismo burgués y no la fuerza, la que pone la derecha en el control de la economía y el Estado en el Ecuador. La coyuntura política local ecuatoriana se define por la disputa entre el "correísmo" y el "oficialismo", articuladas a un sistema dinámico de alianza entre distintos gremios y fracciones de clase al interior de la sociedad, permaneciendo  inter-relacionada con el nuevo ciclo del capital. Es por ello que el conjunto de actores participes en la sublevación y en la contención Estatal, conjuga sindicalistas y distintos gremios económicos y grupos sociales, así como empresarios locales y extranjeros, como los intereses de Washington en el mantenimiento de la hegemonía regional.

    Sin embargo, aun con la división entre Presidente y Expresidente, el gobierno de Alianza País de Lenín Moreno, parecía ser uno de los gobiernos más estables ante la coyuntura regional, permitiéndole  al presidente electo en 2017 un nivel  mayor de credibilidad en sus maniobras ante la comunidad internacional para articular los intereses del capital imperialista en la región. Pero, como es sabido, la aparición de la forma valor como fuente del poder social, construye el aparato del Estado la formalización de la “producción social del poder” a favor de quienes poseen los medios de producción, al mismo tiempo que  “la legitimidad” no viene de fuera, sino de dentro de la sociedad, dando margen a la disputa del pueblo (enteramente superior a sus dirigentes y a las élites políticas), frente al fundamento del poder político.  Así que lo que parecía ser una buena receta, termino  por estropearle el banquete a la clase financiera ecuatoriana y de paso a los intereses imperialistas en la región.

    El desarrollo del capitalismo contemporáneo en el Ecuador unifica en una misma totalidad histórica los momentos contrarios a los gobiernos y el propio desarrollo del Estado moderno. Desde  el gobierno de Sixto Durán Ballén, comienza un plan de modernización económica que implicaba una “reducción del Estado”, la posterior  aplicación de la “ley de instituciones financieras” que liberalizo el sistema bancario al inicio y finales de la década de los 90´s (el “Feriado Bancario”) hasta la actualidad, la etapa del capitalismo dirigido por las finanzas en la sociedad ecuatoriana. Las primeras medidas de internacionalización de la banca en la década de los 90´s  posibilitaron una mayor iniciativa privada en el sector financiero (el gran robo de la clase financiera) aumentando el crédito, reajustando la tasa de inflación y de desempleo. La dolarización ocurre en 1999 en el gobierno de Jamil Mahuad y ante una crisis social, económica y política que sumió en la miseria a gran parte de la población, por lo que se puede decir que  el parto del neoliberalismo es (siempre) doloroso,  así su movimiento y crecimiento.

    Ya para 2006 cuando gana el poder del gobierno el movimiento progresista de la “Revolución Ciudadana”, el Ecuador se encontraba sumido en la crisis social e institucional y con el inicio de una positiva en el desarrollo del capital interno gracias a los altos precio del petróleo y el gas a nivel internacional. La crisis financiera internacional de 2008 vio nacer la carta magna ecuatoriana de estabilización social y política, así que el movimiento del ciclo contemporáneo  está determinado por el encuentro de sus contradicciones. Durante la bonanza, se fortaleció el sector público, el control del Estado en la economía con una dosis de liberalización en los sectores donde se hacía necesario dar dinamismo, aumentando el gasto social y disminuyendo fuertemente la brecha social (vieja fórmula del keynesianismo de “izquierda”) amparado en el propio artículo 313 de la Constitución [de la República del Ecuador] que instrumentaliza ahora Lenín Moreno. El periodo entre 2006-2017 no implicó una transformación radical del modo de producción, sino que articuló el proceso de producción y circulación realizando un reajuste en la construcción de los ciclos de sus capitales.

    La desmovilización del movimiento aborigen ocurrida bajo el gobierno del MRC y la serie de medidas neoliberales de su sucesor, deja ver que entre ambos se mantiene una misma estructura tradicional de la colonialidad del poder y desarrollo del capitalismo financiero, diferenciada sólo en términos de la política de regulación o desregulación del mercado (una especie de dicotomía entre Hayeck o Keynes), superficial y no una negación radical del modelo civilizatorio en relación a la estructurara y construcción de la producción de las fuentes del poder social en la modernidad. La metamorfosis que opera en el trabajo como una mercancía que se intercambia como equivalente por una cantidad de dinero concebida como salario, es el garante de la "libertad" y la "igualdad" entre los individuos en una sociedad  regulada por el Estado. (que además de acuñar la moneda, tiene soberanía como medio de circulación, establece las reglas del juego entre capital y trabajo, mientras toma partido en el tema cubriendo sus intereses como intereses comunes o generales)[3]. Aparece entonces un sistema completo de dominación de clase por medio de un Circuito de Rotación del capital como un proceso de Explotación/Dominación del trabajo en el proceso de producción de plusvalía (Reproducción social= Circulación + Producción).

    En el "XVIII Brumario de Luis Bonaparte", Marx coloca al estado como un campo de múltiples disputas incesantes sobre el poder, disputas mantenidas por personajes organizados en partidos políticos; organizaciones que a su vez representan clases sociales, que buscan principalmente dominar el estado, revelado en el coyuntura de acontecimientos histórico-políticos. Cuando el pasado 02 de octubre comenzaron las movilizaciones, articulando a sectores amplios de la sociedad ecuatoriana y distintos gremios económicos y organizaciones políticas como FUT (Frente Unitario de Trabajadores), el Gremio de los transportadores articulados en la FENACOTIP (Federación Nacional de cooperativas de transportadores Públicos de Pasajeros), el FP (Frente Popular) el MICC (Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi), el MRC (Movimiento de Revolución Ciudadana) y sus fracciones correítas y anti-Correa,  y la CONIE (Confederación Nacional de Indígenas del Ecuador), entre movimientos sociales LGTBI, mujeres, afros y Estudiantiles (sobre todo en la Universidad Central), la forma de lucha se fue dando de modo gradual, entre paros adelantados inicialmente por el sector transporte[4] y distintas movilizaciones que se tomaron las calles de las principales ciudades y bloquearon las vías.


    Al detener la circulación y la producción, aparece la alteración normal del procedimiento homeostático de equilibrarían del capital; la presión estalla en la dimensión política. La irregularidad de las actividades cotidianas, el desabastecimiento en los supermercados, el alza y especulación de los precios de las mercancías, aumentaron la violencia y la radicalización de algunos sectores sociales dando vía libre a formas de la violencia. El Estado moderno activó su lado de mayor racionalización: el monopolio de la violencia, declarándose el “Estado de Excepción”[5], dando margen la una manera constitucionalmente construida que permite el exceso de la fuerza y la capacidad para matar que posee el Estado en la retomada del orden público. Las enfrentamientos tomaron el ambiente de inmanencia de declive total de las instituciones y el propio 07 de octubre  se traslada la sede de gobierno para Guayaquil luego de que el día anterior se registrará la primer muerte, no sin antes aplicar la medida de toque de queda, deslegitimando la protesta al acusar de una conspiración internacional del Gobierno de Venezuela y la infiltración de  guerrilleros de las FARC y el ELN.  

     La revuelta social convoca a un Paro Nacional el 09 de octubre, día de la conmemoración de la independencia de Guayaquil siendo el sector Indígena  el que lidera una movilización masiva hacia Quito, presentándose una “contra marcha” de sectores oficialistas. 

    Los diferentes sectores y fracciones de  clase perdían o ganaban radicalidad en la protesta según sus propios intereses. El gremio de los transportadores  (FENACOTIP) dejo ya desde el 04 de octubre el paro nacional apenas consiguió algunas dividas (aumento de las tarifas de transporte)[6]. Los  enfrentamientos dinamizaron de ese modo el sistema de alianzas e intereses de clase. El saldo aproximado es de 1192 personas detenidas, 1340 heridos y 8 muertos[7], es un saldo fatal para la propia idea de Estado de derecho que respeta la movilización y protesta social. Ante este atavismo del Estado, los pueblos originarios aplicaron la ancestralidad de la rebeldía danzante y fortalecieron sus modelos de lucha.

    Es de resaltar que lo que constituye la particularidad y la importancia de la revuelta ante la coyuntura geopolítica regional : el hecho que hayan sido los pueblos originarios del Ecuador y no los gremios y  sindicatos económicos quienes hayan mantenido el fuego de la rebelión ante las medidas económicas del FMI anunciadas por el  gobierno de Lenín Moreno, demostrando que el descontento posee una raíz más profunda; no dice ni enuncia, sino que indica la existencia de un descrédito y rebeldía tanto sobre el capital como del Estado y la socialdemocracia de centro (izquierda o derecha). El “despertar del aborigen” demostró que se trata de una disputa entre el poder tradicional y la subversión ancestral de los pueblos originarios por otros horizontes civilizatorios.


    Ternura
    Oswaldo Guayasamín

    No fue celebración el 12 de octubre, fue la praxis ancestral de lucha y resistencia frente a la colonización del poder y el capital financiero. Desde el cierre de vías por medio de Rocas grandes y fragmentadas, la formación de cuadrillas de ataque, el sistema de ayudas, la articulación con los estudiantes de medicina para el atendimiento, mostraron que lejos del “correísmo”, es la auto organización de los pueblos originarios, el retorno de sus formas ancestrales articuladas a sus nuevas formas de organización (CONIE y MICC). La imagen histórica los líderes aborigen frente al poder político y económico en la mesa de negociación el día 13 de octubre.

    Bien acertadamente dijo hace poco un amigo y camarada que esta forma organizativa, el CONIE (y el MICC), presenta contradicciones, pues  ante un Estado y gobierno que está acostumbrado a la formula clásica de la "traición" y el arribismo político propios del maquiavelismo burgués, se “negocia la derogatoria para sofocar la insurrección”[8]. Acertado análisis político de Jualian Granda, ya que el impulso rebelde continúa, pero como bien dice, extinguen, o pretenden extinguir, su llama. Los últimos días luego de la derogación del 833, se han visto marcados por la persecución política y las arbitrariedades jurídico militar.

    La pobreza y el hambre en contraposición al capitalismo de la grande y pequeña burguesía,  determina la correlación de fuerzas en la cotidianidad; más de quinientos  años de explotación y dominación, de la gran periferia a la pequeña periferia,  del lunpem-proletariado aborigen y campecino, la puesta del ser como lo más barato del mercado.

    La historia no se repite, retoma los movimientos y sigue sus ritmos cíclicos, crisis del capital y nuevas oleadas de lucha y violencia. Ante este panorama, un ciclo de resurgimiento de luchas ancestrales. El Modelo del colonizador como siempre llama civilización al proceso de exterminio, nós-Otros decimos: "Se acabó!" y retomamos el ritmo de la rebeldía danzante. 

    La conquista fue un hecho político, interrumpiendo el proceso de construcción autonoma del proceso civilizatorio. El problema del indio clasificado por Mariategui como un problema económico[9], se completa con la reformulación de Fausto Reinaga[10]: “es un problema político de tomada de las fuentes del poder social. Fueron muchísimos los levantamientos de los pueblos aborígenes desde Manco II hasta Tupac Amaru, Katari, Pumakawa, Willka, Atusparia…Todas estas enseñanzas consolidarán la conciencia de clase-etnia propias al sujeto revolucionario en América Latina. En ese sentido es que la reacción contra la revuelta, dejo ver el “racismo solapado” de las burguesías  (de centros!). Es imprescindible una revisión total de nuestras formas de lucha. Tal vez lo logrado hoy día por el MICC y el CONIE pueda darle vida a un partido indio en Ecuador, pero es sabido ya que por el “juego democrático” se nos entra el enemigo como amigo, eso con su falta de radicalidad en la mesa de negociación con el gobierno. El tema es de AutoPRaxis[11].

    Las nuevas formas de organización de las fuerzas internacionales caracterizan el capitalismo actual en su movimiento de mundialización a partir del imperialismo multipolar, eso define la construcción de la Totalidad como escindida en momentos particulares con determinaciones especificas. La bifurcación del desarrollo del capital financiero y del neoliberalismo en el Ecuador, como la disputa local de dos modelos: el clásico imperialismo norteamericano y el nuevo imperialismo Chino-Ruso. Eso define el dinamismo del sistema de alianzas y disputas políticas.

    Las comunidades aborígenes en América Latina se encuentran en el primer frente de lucha ante el capital y defensa de la naturaleza. El problema es de organización y de praxis política, por eso creo que se debe retomar la ancestralidad política, la "Gran Comunidad"o la behetría con nuestro AYLLU, la subversión directa contra el Estado y las formas burocráticas que formalizan la comunidad insurrecta como los partidos, gremios y formas electorales de lucha. Porque los ancestrales son el camino, decía el fantasma chocarrero y barbado de Marx:
    «El nuevo sistema "hacia el cual tiende la sociedad moderna" será un renacimiento (el renacimiento) en una forma superior (en el superior forma), de tipo social arcaico”. Entonces no es necesario tener miedo a la palabra 'arcaico'»[12]
    El ciclo del capital y el ciclo político en Ecuador, mustran la inversión de la formula: primero inicia como farsa, con el gobierno de Rafael Correa, y ahora parece que se viene avecinando una Tragedia, propia del modelo neoliberal y su doctrina de Shock. Romper con ese ciclo histórico, depende de retomar la rebeldía  ancestral. Hoy la izquierda se radicaliza con el retorno de lo primigenias (Arcaico originario) formas de vida social, lucha y resistencia, si pretende conservar su  impulso liberador. El fantasma Anarco-Descolonial ronda los Andes…







    [1] « […] Por eso es que América Latina tiene un lugar tan excepcionalmente importante en lo que ocurre hoy a las relaciones entre la especie y el planeta […] »Ver:  QUIJANO, A. Colonialidad del poder y Descolonialidad del Poder.  Conferencia dictada en el XXVII Congreso de la Asociación Latinoaméricana de Sociología, 2009  

    [2] Puede  ver  el Decreto presidencial N° 883: https://www.eltelegrafo.com.ec/images/Fotos_ElTelegrafo/Banners/2019/d_883_20190902121437.pdf [consulta 11/oct./ 2019
    [3]  «[..] As condições históricas de existência de este [o capital] não se dão, muito pelo contrario, com a circulação do dinheiro e a mercadoria. O capital só surge ali onde o possuidor de meios de produção e de vida encontra no mercado ao obreiro livre como vendedor da sua forca de trabalho, e esta condição histórica envolve toda uma historia universal , por isso, o capital marca, desde sua aparição, uma época no processo da produção social [...]» Ver: MARX, K. Grundisses. Editora: Boitempo.  2011, p. 123
    [9] MARIATEGUi, C. Siente Ensayos sobre la Realidad Peruana. Biblioteca Amauta. Chile. Movimiento popular.
    [10] REINAGA, Fausto. La Revolución India.Ediciones Movimiento Katarista MINKA. La Paz.4ta Edición. 2010.
    [11] RUBEL, Maximilien. Marx Anarquista.  Barcelona. Editorial Etcetera. 1977


    Los demonios sueltos.

    Representación de demonios y fantasmas en Latinoamérica.


    El siglo XIX venezolano fue una tragedia anunciada. Después de que terminara la guerra de Independencia, el país, ya dividido de “Colombia la Grande”, perdió cien años de historia. Siempre es bueno recordar la asombrosa vigencia de la conocida carta escrita por Bolívar, al final de sus días, a Juan José Flores, del 9 de noviembre de 1830: “He mandado veinte años, y de ellos he sacado más que pocos resultados ciertos: 1) la América es ingobernable para nosotros; 2) el que sirve a una revolución ara en el mar; 3) la única cosa que se puede hacer en América es emigrar; 4) este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas; 5) devorados por los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos; 6) si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período de la América”. Bolívar resume, con extraordinaria precisión, lo que por más de cien años –con contadas excepciones– ha caracterizado a Venezuela y, en no poca medida, a la América Latina.

    Las luchas intestinas entre “conservadores” y “liberales” en Venezuela son, más o menos, similares a las del resto de Latinoamérica. Todas comportan una escisión de origen que pocas veces ha logrado cicatrizarse para, en un relativamente corto tiempo, volver a abrirse y sangrar. Se trata de la lucha a muerte por el reconocimiento de dos figuras a las que Hegel define como “señorío y servidumbre” o la “lucha de las autoconciencias contrapuestas”. Dos términos incompatibles, opuestos entre sí, que, no obstante, son interdependientes y, en última instancia, idénticos, en la medida en la cual se determinan recíprocamente. Los unos son elitistas, los otros populistas. Los primeros dicen defender a Dios, la familia y la propiedad. Los segundos a la historia, la prole y la justicia social. Son la razón de los monstruos y los monstruos de la razón.

    Cuando uno de los extremos pierde sus privilegios y es conducido a la ruina, asume el papel del revolucionario liberal, en nombre de los desposeídos. Pero una vez que retoma el poder y consolida su triunfo asume cabalmente el lugar del otro. Este drama continuado de “tiranuelos de turno” ha terminado arruinando al país, hasta conducirlo, como advertía Bolívar, al “caos primitivo”. Juan Vicente Gómez, un campesino zamarro de los Andes venezolanos, puso fin al combate a través del ejercicio del terror durante 27 años, desde 1908 hasta 1935.

    A sangre y fuego, el dictador extinguió la llamarada de los constantes alzamientos de los caudillos regionales a lo largo y ancho del país. La creación de un ejército profesional y la construcción de carreteras por casi todo el territorio tuvieron ese propósito. Pero con ello, acaso sin proponérselo, terminó unificando la nación y fraguando los fundamentos del Estado moderno en Venezuela. Es un ejemplo impecable de la astucia de la razón. Gómez ató con la fuerza del tirano a los demonios del desgarramiento y los mantuvo bien amarrados, por lo menos, hasta después de su muerte.

    Solo hasta el 18 de Octubre de 1945, con el golpe militar contra Medina Angarita, el otro extremo pudo reagruparse y recuperar sus fuerzas para rearmarse. Pero pronto las fuerzas conservatistas le asestarían un nuevo golpe, que las mantuvo fuera de combate hasta 1959, época de la caída de la dictadura de Pérez Jimenez.

    Fue durante la presidencia de Rómulo Betancourt –y luego la de Raúl Leoni– que se logró amarrar, una vez más, a los demonios del extremismo. Durante sus primeros años en el poder, Betancourt debió enfrentar la contraofensiva militarista y conservadora hasta reducirla a su mínima expresión. Más tarde, debió enfrentar a la llamada “guerra de guerrillas” de la extrema izquierda, a la que también logró desarticular y reducir. Betancourt, ideólogo del Pacto de Puntofijo –un acuerdo consensuado entre los más representativos sectores democráticos del país–, había neutralizado a los extremos en pugna y estabilizado el naciente régimen democrático. Él fue, sin lugar a dudas, el más importante político venezolano de todo el siglo XX. Coerción y consenso a un tiempo. Solo después de la hazaña democrática liderada por Betancourt el país prosperó progresiva y sostenidamente y pudo entrar al siglo XX. Venezuela tuvo cuarenta años de estabilidad política y de crecimiento económico y social. Hasta que Chávez desatara –una vez más– los demonios decimonónicos.

    Los extremos se tocan, y Chávez hizo que se tocaran, aprovechándose del creciente descontento general de la población y de la desconfianza en las instituciones democráticas. Descontento y desconfianza, por demás, sembradas a través de poderosos e influyentes medios de comunicación, en manos de sectores interesados en sacar provecho. Sectores conservatistas que, en esta oportunidad, cerraron filas del lado de la extrema izquierda en contra del sistema democrático. Los extremos devienen, no son puntos fijos, inamovibles. Más bien, y de acuerdo con sus intereses, son camaleónicos, miméticos. Ahora los nuevos aliados marchaban juntos y reconocían sus coincidencias. Esa fue la función de los llamados “notables”: la de tender los puentes necesarios para que derecha e izquierda extremas se fusionaran por primera vez en la historia del país y se consolidaran en un mismo polo –el “polo patriótico”–, a objeto de hacer desaparecer de la faz de la tierra el sistema democrático representativo fundado por Betancourt. Y así se hizo.

    Hasta que, en el año 2002, Chávez comenzó a manifestar diferencias de fondo con la vieja godarria, al tiempo que se acercaba, cada vez más, a Fidel y al cartel del Foro de Sao Paulo. Después del golpe de Estado del 11 de Abril, rompió los compromisos adquiridos con la derecha histórica para instaurar un régimen dictatorial de extrema izquierda, esta vez bajo la capucha de las apariencias democráticas. En realidad, un cartel al servicio del narcotráfico y del terrorismo internacionales, que ha terminado colmando de miserias, corrupción, saqueo del erario público, violencia sin fin y la más brutal de las represiones.

    Con Chávez el país regresó a los peores días del caos primitivo del siglo XIX. Bajando por la espiral de la historia viquiana, Venezuela ha pasado nuevamente de la modernidad a la premodernidad. La tarea que sigue es inevitablemente ardua y pasa por la reconstrucción de su tejido civil, en el cual la educación estética tendrá que ocupar un lugar preponderante.

    Son tiempos de demonios sueltos, tiempos de oscuridad, tiempos tenebrosos. Grises, al decir de Maquiavelo. De semejante experiencia histórica conviene salir lo más pronto. Lo que está en juego no solo es el bienestar y desarrollo latinoamericano sino la seguridad y la estabilidad de toda la civilización occidental en su conjunto. El narcochavismo es la reivindicación de la barbarie, la vuelta al estado de naturaleza, la violencia y el salvajismo como modo de vida. Similar a la formación de las mafias, el movimiento formado a pulso por los Castro y enquistado en Venezuela representa al cartel de los antivalores occidentales. Los demonios siguen sueltos. El gang de los soles es el cartel de la muerte.

    Historia y conciencia de los extremos.

    Enviado por @jrherreraucv 
    Pieter Brueghel el Viejo: “La torre de Babel” (1563).
    Pieter Brueghel el Viejo: “La torre de Babel” (1563). 

    El siglo XIX venezolano fue una tragedia anunciada. Desués de terminada la guerra de independencia, y con la muerte de Bolívar, el país, ya dividido de “Colombia la Grande”, perdió cien años de historia. En una conocida carta del 9 de Noviembre de 1830, Bolívar le escribe a su amigo el General Juan José Flores -primer presidente de Ecuador-: “He mandado veinte años, y de ellos he sacado más que pocos resultados ciertos: 1) la América es ingobernable para nosotros; 2) el que sirve a una revolución ara en el mar; 3) la única cosa que se puede hacer en América es emigrar; 4) este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas; 5) devorados por los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos; 6) si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América”. Bolívar resumía, con extraordinaria precisión, lo que durante los siguientes cien años caracterizaría a Venezuela y, en no poca medida, al resto de la América Latina.

    Las luchas intestinas entre godos y liberales en Venezuela fueron, más o menos, similares a las del resto de latinoamérica. En realidad, todas poseían una escisión de origen que pocas veces ha logrado cicatrizarse para, en un relativamente corto lapso de tiempo, volver a abrirse y sangrar, Immerwieder. Se trata de la lucha a muerte por el reconocimiento de dos figuras de la experiencia de la conciencia social e histórica, a las que Hegel, en la Fenomenología del Espíritu, define como “señorío y servidumbre”, la “lucha de las autoconciencias contrapuestas”. Dos términos incompatibles, opuestos entre sí, que, sin embargo, son interdependientes y, en última instancia, idénticos en la medida en la cual se determinan recíprocamente. Los unos son conservatistas, los otros liberales; éstos son elitístas, aquéllos populistas. Los primeros dicen defender a Dios, la familia y la propiedad. Los otros a la Historia, la prole y la justicia social. Son la razón de los monstruos y los monstruos de la razón. En El espejo enterrado Carlos Fuentes los ha definido magistralmente: “un chiste corriente en Bogotá decía que la única diferencia entre ellos era que los liberales iban a misa de seis y los conservadores a misa de siete”.

    Lo cierto es que cuando uno de los extremos perdía sus privilegios frente al otro y, aplastado, era conducido a la ruina y al no-reconocimiento, asumía el papel del “revolucionario liberal”, en el nombre de los desposeídos. Pero una vez que tomaba el poder y consolidaba su triunfo asumía cabalmente el lugar del otro. Y viceversa. Este drama continuado de “tiranuelos de turno” terminó arruinando al país, hasta conducirlo, como advertía Bolívar, al “caos primitivo”. Juan Vicente Gómez, un campesino zamarro de los Andes venezolanos, puso fin al combate a través del ejercicio del terror durante ventisiete años, desde 1908 hasta su fallecimiento, en 1935. A sangre y fuego, el dictador extinguió la llamarada de los constantes alzamientos de los caudillos regionales a lo largo y ancho del país. La creación de un ejército profesional y la construcción de carreteras por casi todo el territorio nacional tuvo ese propósito. Pero con ello, además, terminó unificando la nación y fraguando los fundamentos del Estado moderno en Venezuela. Es un ejemplo más de la hegeliana astucia de la razón. Gómez ató con fuerza a las diferentes figuras asumidas por los extremos y las mantuvo bien atadas, con grilletes, por lo menos hasta después de su muerte. Sólo hasta el 18 de Octubre de 1945, con el golpe militar contra Isaías Medina Angarita, el otro extremo pudo reagruparse y recuperar sus fuerzas, rearmándose. Pero pronto las fuerzas conservatistas le asestarían un nuevo golpe, que las mantuvo fuera de combate hasta 1959, época de la caída de la dictadura de Pérez Jimenez.

    Fue con la presidencia de Rómulo Betancourt, de 1959 a 1964, y luego con quien lo sustituiría en el cargo, Raúl Leoni, que el país logró volver a atar con firmeza a sus demonios extremistas.

    Durante sus primeros años en el poder, Betancourt debió enfrentar la contraofensiva militarista y conservadora hasta reducirla a su mínima expresión. Más tarde, debió enfrentar a la llamada 'guerra de guerrillas' de la extrema izquierda, a la que también logró desarticular y reducir. Betancourt, ideólogo del Pacto de Punto Fijo -acuerdo consensuado entre los más representativos sectores democráticos del país-, había neutralizado a los extremos en pugna y estabilizado el naciente régimen democrático. Él fue, sin lugar a duda, el más importante político venezolano de todo el siglo XX. Coerción y consenso a un tiempo. Sólo después de la hazaña democrática liderada por Betancourt el país prosperó progresiva y sostenidamente y pudo entrar al siglo XX. Venezuela tuvo cuarenta años de estabilidad política y de crecimiento económico y social. Hasta que Chávez desatara -una vez más- los demonios decimonónicos. Los extremos se tocan, y Chávez hizo que se tocaran, aprovechándose del creciente descontento general de la población y de la desconfianza en las instituciones democráticas. Descontento y desconfianza, por demás, sembradas a través de poderosos e influyentes medios de comunicación, en manos de sectores interesados en sacar provecho mientras se autodefinían como “el centro”. Sectores conservatistas que, en esa oportunidad, cerraron filas del lado de la extrema izquierda y en contra del sistema democrático. Los extremos devienen, no son puntos fijos, inamovibles. El centro es, en realidad, una ilusión, la mala conciencia de los extremos. La ¨lógica binaria” no se resuelve con una lógica “alternativa” sino inmanentemente. Más bien, y de acuerdo con sus intereses, los extremos son camaleónicos. Los nuevos aliados marcharon juntos, mientras reconocían sus coincidencias. Esa fue la función de Luis Miquilena y de José Vicente Rangel, entre otros operadores políticos: tender los puentes necesarios para que las fuerzas extremas se fusionaran y se consolidaran en un mismo polo -en el llamado “polo patriótico”-, a objeto de hacer desaparecer de la faz de la tierra el sistema democrático representativo fundado por Betancourt. Y así lo hicieron. Hasta que, en el año 2002, Chávez comenzó a manifestar diferencias de fondo con la vieja godarria, al tiempo que se acercaba, cada vez más, a Fidel y Raúl Castro. Y, después del golpe de Estado del 11 de Abril, decidió romper los compromisos adquiridos con la derecha histórica para instaurar un régimen dictatorial de extrema izquierda, bajo la capucha de las apariencias democráticas. En realidad, un cártel, un gang, al servicio del narco-tráfico y del terrorismo internacionales, bajo la sombra del Foro de Sao Paulo, que ha terminado colmando de miserias, corrupción, saqueo del erario público, violencia sin fin y la más brutal de las represiones. Con el llamado socialismo del siglo XXI, Venezuela -y con ella, buena parte de la América Latina- regresó, bajo las formas propias del ricorso viquiano, a los peores días del caos primitivo del siglo XIX. Bajando por la espiral de la historia viquiana, Venezuela ha pasado, una vez más e indefectiblemente, de la modernidad a la pre-modernidad. La tarea que sigue a continuación es inevitablemente ardua y su recuperación pasa por una reconstrucción de su tejido civil en el cual la educación estética tendrá que ocupar un lugar preponderante.

    El Mito de la Filosofía

    Sobre el fundamento del Eurocéntrismo

    Atreverse a pensar como filósofo latinoamericano, significa superar el hechizo del concepto y volver al carácter mítico del pensar, a su dimensión poética, analógica y por eso crítica. Estudiar filosofía desde latinoamerica significa muchas veces la interiorización de un prejuicio frente al pensar mitológico en cuanto forma del reflexionar en filosofía. Recuperar el carácter analógico de la Razón y superar la univocidad del concepto, sin recurrir a equivocidad, sino a las posibilidades que la Semesjanza de la experiencia humana nos ofrece en un dialogo cultural sin imponer un ethos particular como universal: sin establecer un mito que encubre al Otro, es hacer de la ontología una Ética Ontológica  y del filosofar un proceso de Liberación. 



    La palabra Mito viene del griego «μῦθος» que significa relato, palabra,  reflexión y razón[1] haciendo referencia al proceso por el cual la consciencia humana, en un momento fundamental (inicial) del pensamiento, así como la estructura interna del pensar, representa y explica el origen de lo real y sus fenómenos, a partir de la intuición fantasiosa. Qué relación existe entonces entre esta forma de consciencia, la mítica, y la conciencia filosófica?

    El ser humano es un animal simbólico; del lenguaje adquiere su esencia y su determinación más fundamental. Sin la representación del mundo, sin una imagen de él, el ser humano se siente como en  un abismo enorme y lo invade la angustia de la inmensidad de lo incondicionado: el todo [ser]. Temeroso por ser devorado por los más feroces y temerarios animales salvajes; temeroso de las luces resplandecientes y el movimiento perpetuo de las esferas que observa en la bóveda celeste, el ser humano proyectó sus miedos, sobre toda la inmensidad desconocida del cosmos, a través de figuras en los muros de sus cavernas. La representación y el mito están unidos, pues el ser humano necesitó hallar explicaciones a los objetos de la naturaleza (realidad), además de representarlos de las más variadas maneras. El origen del mito y, con éste, el origen del lenguaje y de la dimensión simbólica, es el asombro por lo desconocido.

    La naturaleza en una primera medida abstracta y sin una determinada forma, comenzó a tornarse con figuras conocidas: animales, plantas y el ser humano mismo, comenzaron a ser representaciones del cosmos y su orden, de la vida y de la muerte, de los impulsos externos e internos, que antes ni una imagen tenían. Fue necesario des-cubrir, como un especie de acto al mismo tiempo creativo, el origen y fundamento de lo des-conocido. Ya sean griegos, hindúes, persas, árabes, incas, mayas o Himba  y Mosquimano… la estructura mitológica presenta un rasgo común: todos los relatos y representaciones de las culturas más variadas, encontramos un impulso por explicar y comprender el origen del mundo y la creación del universo y sus procesos. Sea Zeus, Ra, el Tao o Gaia… pueden ser reducidos a formas simbólicas- lingüísticas – que sirven para dejar el miedo y volver al hombre la confianza que lo desconocido arrebataba con su angustia. Con el mito finalmente el ser humano supera su miedo y domina la naturaleza[2].

    El mito entonces no es irracional, sino un muestra de racionalización de la realidad. Todo mito posee una unidad coherente; cada uno de sus elementos es necesario e indispensable para la explicación que el da a la realidad o alguno de sus fenómenos particulares. Una coherencia interna que parece dilsolverse en lo mágico de su narrativa y los rituales y creencias a él inscritos por la colectividad. El mito integra la psicología individual a la vez que organiza las relaciones de todo el colectivo y, sin embargo, en cuanto estructura “formal”(estructura explicativa), el mito conserva una autonomía. La imagen de Zeus como Dios en la mitología y cultura griego, si bien no puede ser separado de la construcción del pueblo griego antiguo, es independiente de este en tanto noción simbólica –lingüística-, puesto que lo que el viene a ser es explicar un proceso general de la naturaleza. Lo mismo acontece con Ra  en la cultura egipcia o Ala  en los pueblos semitas del antigua gran palestina y todas estas figuras en general.

    El lenguaje es la capacidad mediante la cual el ser humano se sitúa frente al universo y hace de este un hogar junto a los otros, construyendo al “Verbo” la experiencia por la cual deja de ser un ente entre entes para transformarse en su habitante.[3] El mito explica el mundo, da origen y logicidad a lo indeterminado infinito, pero está plagado de subjetividad y contenido particular, adheridos al misticismo y la “alucinación” colectiva del grupo que lo crea.
    La dificultad de desvincular la coherencia interna (racional) del mito con la cultura que lo crea, es precisamente aquello que acusan de su limitación  con respecto a la forma que lo sucederá: el concepto. Para  la tradición académica, la filosofía tiene un carácter geográfico (geo-filosofía), lo cual quiere decir que su nacimiento, desarrollo y construcción la posicionan en un territorio: la Grecia antigua. ¿Por qué se desarrolló allí? ¿Cuáles son los procesos centrales para que en ese territorio se diera la transición de la consciencia del μῦθος al λόγος?

    Durante el periodo micénico y homérico [siglos a.c – a.c] de esta civilización de la antigua Grecia, se desarrolló un pensamiento y consciencia mítica constitutivamente de tradición oral (Homero y Hesíodo son considerados los principales exponentes de esta tradición, o por lo menos a ellos se les adjudica la creación de los relatos y versos). Como toda consciencia mítica, se representa la realidad por medio de imágenes fabulosas y relatos esotéricos, con personajes sorprendentes que mostraban los orígenes de la cultura y fenómenos de la realidad. Sólo hasta el periodo Pre-clásico (donde aparecen los presocráticos []) y posteriormente en el periodo clásico [] se presenta dicha transición o quiebre con el pensamiento mítico[4].
    Alejarse de la imaginación, dejar la emoción y restringir las pasiones sobre el pensamiento. En  otras palabras: «[…] Sólo el pensamiento que se hace violencia a sí mismo, es suficientemente duro para quebrar los mitos [...]»[5]. En ese camino de las “luces” de la ciencia, la evidencia y la universalidad, se sacrifica el «sentido» por la formula, la causa, la regla y la probabilidad[6]. La naturaleza queda en mera «objetividad», una “cosa” manipulable y el mito finalmente es disuelto. 

    Este largo proceso puede ser explicado por los siguientes desarrollos socio-históricos:


    A): Desarrollo de la EscrituraLa aparición de la escritura como forma de inmortalizar el pensamiento, la cultura y la tradición, hizo que los relatos orales (míticos) comenzarán a ser relativizados.

    B): Desarrollo del ComercioEl desenvolvimiento del intercambio comercial con otras culturas como la egipcia y la oriental, permitió que lo pueblo y ciudades que conformaron la civilización griega se pernearan de otras visiones de concebir el mundo, así como otras formas de conocimiento - entre los que se encuentran las matemáticas- que permitieron que aquella consciencia mítica, comenzara a ser revaluada como forma de explicación del mundo (Tales de Mileto por ejemplo, viajó por multitud de pueblos, influenciándose de estas formas de ver el mundo, hasta considerar un principio univoco: el agua). Esta actividad comercial, precisó del desarrollo de un equivalente monetario que permitiera el intercambio de mercancías, es decir, de la creación del Dinero. Este factor, el de la creación de un referente de equivalencia - el Dinero- lo que posibilitó fue la abstracción de todas las cualidades de los objetos (valores de uso) en un denominador común, trayendo con sigo la noción de unidad como algo fundante. Lo anterior, el desarrollo del   comercio y el Dinero , mina el pensamiento mítico en la medida de que con ellos, se explicaba la necesidad de una unidad orgánica coherente con todas las formas culturales de los pueblos del mundo, para explicar la realidad y sus fenómenos. La apertura a otras culturas, permite relativizar la propia cultura y el dinero, permite considerar la unidad y la universalidad para explicar los fenómenos. 

    C): Estado-Ciudad (política): De la misma manera que lo anterior, el desarrollo de sistemas políticos de convivencia democrática entre los griegos, les permitió considerar la importancia de poner la responsabilidad de lo que acontecía de la experiencia humana en sociedad, no en meros entes y seres superiores, externos, sino en el juicio mismo de los seres humanos. Esto hizo, no de manera inmediata, pero si de manera contundente, que la supremacía del poder de los Dioses y mitos, fuese relativizada y cambiara hacia una  explicación más acorde con la racional. Ejemplo de ello, es que las reflexiones éticas, ya no son puestas por una estructura divina, sino humana, son las personas, en conjunto, quienes, en el Ágora, dictan sus propias leyes y da fundamento a la polis

    Estos tres elementos (A, B y C) y, para enunciar mi punto de interpretación (intento de creación filosófico conceptual) son los procesos socio-históricos fundamentales que permiten entender la construcción de una Cultura, en la que lo constitutivo esta la paulatina Racionalización de sus formas de vida y, como venimos diciendo la transición de la consciencia mítica a la conciencia conceptual como el paulatino desarrollo del pensamiento Abstracto. 

    El pensamiento mítico es entonces una aproximación a la dominación del mundo por medio del pensamiento. Su estructura fundamental está unida indiscutiblemente con los procesos más básicos y complejos del lenguaje humano. El mito es el relato que explica el mundo para el ser humano, lo representa, se representa a sí mismo en esa representación (antropomorfismo de los mitos) y, en definitiva, da tranquilidad a su miedo. La construcción mitológica delo mundo es un proceso de construcción mitológica del mundo es un dominio con el lenguaje y el pensamiento.

    Los mitos son discursos y construcciones coherentes, sin embargo no poseen universalidad. Sólo el Concepto, la posibilidad de crear definiciones y visiones generales sobre los fenómenos del mundo, aplicables a cualquier cultura! es propiamente lo que brinda de unidad racional y explicación racional al caos que se pretende dominar. Este desarrollo de la abstracción (concretizado en las relaciones sociales con el comercio, el dinero y la escritura), es el fondo que permitió el desarrollo de la filosofía occidental como ejercicio estrictamente conceptual, según dicen los colonizadores claro está.



    ***

    Acaso eso no es la fundación de un nuevo mito? Si se considera el Saber filosófico como construido a partir de su universalidad de los conceptos, significa querer universalizar caracteres propios a una cultura y pueblo particular, como si estos fueran el modelo prototípico de todo pensar Racional, incluso, como el modelo excepcional de experiencia humana en el mundo con los otros, de la totalidad de la  cultura y la historia.

    Al separar la filosofía del mito, se establece una separación también entre las civilizaciones y el grado de humanidad entre los pueblos del mundo, tomando “la Experiencia griega” como prototipo y arquetipo de la humanización. En Grecia se construye “la filosofía sin más” porque allí se incrusta el arquetipo de la humanidad: el λόγος[7]. Es por ello que el debate por la existencia de la filosofía latinoamericana, no puede resolverse simplemente considerando la filosofía como modelo de humanidad, por más matices críticos que este pensamiento pueda traer, se recae en una colonización epistémica. Bien crítica Zea en su texto el hecho de que desde el inicio el problema de la humanidad de los indígenas es un problema que construyó la raíz de la discusión por el pensamiento filosófico latinoamericano, en donde occidente estableció tres arquetipos de “humanidad” y de modelo filosófico:
                       -El helénico-Romano
                       -El cristiano
                       - El Europeo (hoy el norteamericano)[8]

    No por ello, su respuesta termina sobre la base de un mito: “la filosofía sin más”, el olvido del «Núcleo Ético-Mítico»[9], y la vía de universalidad por asimilación. Dice:

    «[…]Tomar, Seleccionar, elegir, esta o aquella solución filosófica para ayudar a resolver la propia no implica renunciar a esta forma de originalidad que que nos ha enseñado Europa […] El mundo de Platón y Aristóteles es un mundo distinto del cristiano, pero no distinto del hombre, que en una y otra circunstancia, se ha planteado problemas que, por distintos que sean, no por ellos dejan de ser problemas de hombre […]»[10]

    No tendríamos que imitar los frutos, las materias ya acabadas, pero si deberíamos servirnos de la actitud, del punto de vista, del ímpetu que hizo posible esos frutos. Pero como el mismo Zea dice: acaso eso no es ya una experiencia humana? Zea problematiza cómo el sujeto In-humano se ha encarado a sí mismo como humano, mostrando con ello que le núcleo del pensamiento occidental de su tradición filosófica, permite que la conciencia europea encuentre sus límites en Latinoamérica (Lo absolutamente Otro) mientras que esta encuentre sus posibilidades al pensar su realidad como fuente de su originalidad; así la historia del pensamiento filosófico latinoamericano sería la historia de la recepción y actualización de las corrientes de la filosofía occidental y el desarrollo de los momentos de la conciencia filosófica latinoamericana, como los momentos y tránsitos que van de una conciencia inauténtica que imita, a una  conciencia originalidad de asimilación, hasta llegar a una  de asimilación emancipación que sería una  superación de lo asimilado. La cultura occidental deja de ser el arquetipo de la humanidad, para encontrarse como ser humano entre demás seres humanos y, por este misma vía el carácter concreto de nuestra manera de existir en el mundo, nuestros valores raizales, dejan de prevalecer “sin más”[11].

    El mito del helenocentrismo en filosofía es construido a la par que se construye el mito de la Modernidad, como el establecimiento de una normativa en la periodización de la experiencia histórica que demarca un ideal a ser igualada, como un origen y agente cultural que direcciona el proceso. El que la filosofía haya nacido en Grecia y, a partir de la diferenciación del discurso abstracto conceptual (universalizado, univoco) del mito y no en Mesoamérica, en Babilonia, Egipto o en la China, significa que si bien el espíritu universal nace en Asia, es Europa el Topos central de su desarrollo, el motor de su desenvolvimiento. Significa entre otras cosas que la construcción del discurso que sustenta lo real, se presente paradójicamente como una Estructura mítica: como el mito de la Filosofía occidental.

    La modernidad como esta Estructura mitológica realiza un procedimiento en el que explicando el mundo, lo encubre, disimula sus niveles de devastación y de irracionalidad[12]. Si el indígena es un sujeto i-lógico, su cultura toda es una contradicción al evangelio de la proposición racional: !un sacrilegio al principio de identidad!.. propio del pensar filosófico occidental. La No-Identidad con las notas de una definición universal de lo que significa pensar, justifica el vaciamiento de todo contenido cultural de un pueblo, para poder así colocar aquellas notas esenciales y de ese modo conseguir con que se ajuste a la universalidad de la definición. Dónde quedó la liberación y dignidad de la filosofía para el Azteca con la lógica de Hernán Cortez? Tampoco la moral de los puritanos fundadores demócratas aceptaron las proporciones que la cultura de los piel rojas sostenían sobre el mundo. Como nos dice Dussel[13] la modernidad se erige como un proceso de Autoafirmación a través del encubrimiento y negación (la destrucción y el genocidio) de lo no-idéntico, de lo Dis-tinto. En ese proceso la construcción del Mito de la Filosofía, juega un papel fundante.

    El imperio de lo mismo, la ontología de la identidad, antepone una unidad para la diversidad de relatos (mitos); el Todo es lo Verdadero, porque Europa se construye como la experiencia espiritual absoluta. Las relaciones entre mito y filosofía, el que la filosofía no sea mito, es el eje que da dinamismo a la construcción de toda episteme y construye el carácter Eurocéntrico de aquella estructura del pensar:! Que el mito jamás llegue a ser filosofía! 





    [1]De Urbina Pabóns, José M. Manual Griego Clásico-Español. Ed. VOX. Barcelona. 2016
    [2] Adorno, Th. Horkheimer, M. Dialéctica de la Ilustración. Ed. Trotta. Valladolid. 1998.
    [3] Zea, L. La filosofía Latinoamericana como filosofía sin Más. Ed. Siglo XXI. México. 1989, p. 9.
    [4] Para Leopoldo Zea, este hecho hace que sea posteriormente la figura social del filósofo aquel que cultiva la palabra como su excelencia, pues quiere saber del ser en la nada, del orden en el caos gracias al “verbo”. C.f. Zea, L. La filosofía en Latinoamérica como problema delo hombre. En: La filosofía Latinoamericana como filosofía sin Más. Ed. Siglo XXI. México. 1989, pp. 9-25. Coincidimos con él en el hecho de ver en esta experiencia una experiencia humana por excelencia, pero no reducimos lo que él llama allí por “el verbo” con la forma conceptual propia del concepto universal del discurso filosófico occidental. Así, sabemos ya que «μῦθος» guarda la misma estructura que «λόγος», en la medida que ambos son actos de:  «μιμέομαι», imitar, representar, remendar, así como «μιμνήσκω», recordar, en el sentido de traer al pensamiento-  una imagen- para pensar lo real.
    [5] Adorno, Th. Horkheimer, Dialéctica… Op. cit. p. 60.
    [6] «[..]La lógica formal ha sido la gran escuela de la unificación. Ella ofreció a los ilustrados el esquema de la calculabilidad del mundo. La equiparación mitologizante de las ideas con los números en los últimos escritos de Platón expresa el anhelo de toda desmitologización: el número se convirtió en el canon de la Ilustración [..]» Cf. Adorno, Th. Horkheimer, Dialéctica… Op. cit. p. 63.
    [7] «[…] Lo mismo pregunta por la existencia de una cultura, una filosofía que sea propia, como por la humanidad del que se hace estas preguntas [..] » En: Zea, L. La filosofía en Latinoamérica como problema delo hombre. En: La filosofía Latinoamericana como filosofía sin Más. Ed. Siglo XXI. México. 1989, p.16.
    [8] Ibíd. pp-20-22.
    [9] Con este concepto  P. Ricoeur expresa el complejo de valores y de actitudes valorizantes, como acciones correctivas sobre la experiencia de vida, del mismo modo que el conjunto de imágenes -imagos- símbolos que constituyen las representaciones básicas de un pueblo. Ver: Ricoeur, P. Civilización Universal y Culturas Nacionales (1961).  En: Ricoeur, P. Ética y Cultura. Ed. Prmeter. 2010, pp. 48-51.
    [10] Zea, L. La filosofía como Originalidad. En: La filosofía Latinoamericana como filosofía sin Más. Ed. Siglo XXI. México. 1989, p. 30.
    [11] Dice Zea: «[…]El hombre occidental y la cultura occidental no son sino una expresión del hombre encarnada en la absurda pretensión de universalidad . El hombre de América, a su vez, se h arrancado la máscara en el que ocultaba lo humano por excelencia, la máscara de que su sentimiento de ser menos que un hombre le había hecho adoptar. Antes que mexicano argentino, chileno, o lo que se quiera, era un hombre. Un hombre en situación, en una determinada circunstancia, pero un hombre sin más […]».  C.f. Zea, L. La filosofía europea y la conciencia Americana. En: La filosofía Latinoamericana como filosofía sin Más. Ed. Siglo XXI. México. 1989, p. 79. 
    [12] Dussel, E. Eurocéntrismo y Modernidad (Introducción a las Lecturas de Franfurt)1995. Recuperado 20/01/2017 http://enriquedussel.com/txt/Textos_Articulos/243.1993.pdf 
    [13] Ibíd.