La
confirmación de la existencia de fantasmas tendría un cambio radical en la
filosofía, pues implicaría la verificación empírica de entidades que hasta
ahora se ubican en el terreno de lo mítico o lo sobrenatural. Este hecho nos
obligaría a replantear supuestos fundamentales sobre la naturaleza de la
realidad, la relación entre vida y muerte, la identidad personal y los límites
del conocimiento humano.
Podemos
fundamentar la inferencia en dos pilares de la filosofía como lo es la METAFÍSICA
Y ONTOLOGÍA:
Metafísica: Se ocupa de lo que es en cuanto es, del
ser como totalidad, de lo universal. Los fantasmas entran en esta
categoría.
Ontología:
Estudia los
entes y modos específicos de ser. Esto seria un poco complejo en definir,
pero con base en Aristóteles hasta Heidegger, un "ente"
es simplemente "aquello que es" o "lo
que tiene ser". Todo lo que de alguna manera es, es un
ente. Por lo tanto, bajo esta definición:
Sí, un fantasma, por el mero hecho de ser (de existir de
alguna manera, aunque sea como aparición), sería considerado un ente. (Esto
en la forma clásica) Un
ente es aquello que es, en cualquier modo, lo corpóreo y lo
incorpóreo, lo actual y lo potencial, lo visible y lo invisible.
Ahora
visto desde la ontología actual tiene
categorías para distintos modos de ser:
- Entes
materiales (una
mesa, un cuerpo humano): Existen en el espacio y el tiempo, son medibles y
obedecen a las leyes de la física.
- Entes
abstractos (un
número, una idea): Existen, pero no en el espacio-tiempo. No son físicos.
- Entes
ficticios (Sherlock
Holmes): Existen como conceptos en la mente cultural, pero no tienen una
existencia independiente.
Aquí
sucede algo muy interesante si queremos encuadrar su naturaleza en la ontología
actual: no encajan del todo en las categorías actuales.
- No
son materiales,
porque no tienen cuerpo físico estable.
- No
son abstractos,
porque se manifiestan empíricamente.
- No
serían ficticios,
porque su existencia sería independiente de la mente humana.
Entonces
habría que pensar una cuarta categoría ontológica, algo así como Entes
fenoménico-energéticos: Aquellos que no son plenamente materiales ni
abstractos, pero que tienen modos de aparecer e interactuar en el
espacio-tiempo sin ser reducibles a lo físico convencional. Solo por darle cierto nombre provisional. (La
ontología no exige cuerpo, sino modo de ser. Y si ese modo incluye
interacción, presencia o efecto, entonces estamos ante un ente que merece ser
clasificado, estudiado y comprendido dentro del marco ontológico.)
PARA NO DESENTONAR Y CAMBIAR
ABRUPTAMENTE A OTRA ÁREA FILOSÓFICA, COMENZAREMOS A DESARROLLAR LA ONTOLÓGICA.
El
Problema de la Persistencia: Si
me encuentro con el fantasma de mi abuelo, ¿estoy realmente ante mi
abuelo? La filosofía de la identidad personal debate qué
nos hace la misma persona a través del tiempo: la continuidad corporal
(imposible), la continuidad psicológica (¿conserva todos sus recuerdos y
rasgos?), o la continuidad de la conciencia. Un fantasma pondría a prueba
estas teorías de forma extrema. Si el fantasma tiene lagunas de memoria o ha
cambiado su personalidad, ¿sigue siendo la misma persona? (o al menos
tiene la misma esencia)
De
igual forma podemos inferir ciertas preguntas ontológicas; si los fantasmas tienen
cavidad filosófica seria un nuevo tipo de ente que nos hace generar ciertas
interrogantes.
¿Qué
estatuto ontológico tienen? ¿son personas, residuos energéticos, nuevas formas
de ser?
¿Poseen
identidad personal (la
misma que tenían en vida) o son simples proyecciones impersonales?
¿Se
encuentran dentro de la categoría de seres vivos o constituyen un género
distinto, no reducible ni a lo biológico ni a lo mineral?
¿Pueden
ser sujetos de derechos morales o solo objetos de estudio?
¿Están
hecho de una energía que desconocemos?
(material o inmaterial o algo intermedio)
Si es material, ¿qué tipo de material seria? (Uno diferente al material
que conocemos, es evidente.)
Pero
si lo clasificamos como inmaterial (sin ningún sustrato físico) y aun así puede
interactuar con el mundo material, se rompe el principio de causalidad tal como
lo entendemos.
¿Si
es un tipo de energía intermedia como la clasificamos o determinamos?
¿Cómo
puede algo que no es físico causar un cambio en lo físico? Esto reactivaría con fuerza el dualismo
mente-cuerpo y sugeriría que existe un "plano ontológico"
no físico que puede interactuar con el nuestro. Sería un nuevo modo de ser:
el "ente inmaterial interactuante", UNA CATEGORÍA
QUE LA CIENCIA Y LA FILOSOFÍA MODERNAS HAN DESCARTADO EN GRAN MEDIDA.
La
epistemología clásica,
no nos da cavidad y nulifica el axioma (fantasmas) “Sin verificación
intersubjetiva e instrumental, solo tenemos anécdotas psicológicas".
Se clasificaría como un "estado psicológico peculiar", no
como un acceso cognitivo a un hecho nuevo. Sería como considerar a un daltónico
un experto en colores.
Ahora
LA EPISTEMOLOGÍA NO CONSENSUADA nos da una apertura, aunque no todos
perciban al fantasma, se podría buscar correlaciones objetivas en
los sensitivos: patrones genéricos y únicos, respuestas fisiológicas
consistentes (cambios en la conductancia de la piel, ritmo cardíaco) ante el
mismo estímulo ambiental, o coincidencias históricas verificables que el
sensitivo no podría saber.
En
este sentido no se definiría solo por lo medible por todos,
sino por que produce efectos consistentes y explicables en
sistemas perceptivos adecuadamente "sintonizados" y en el
ambiente. Se pasaría de una epistemología de lo públicamente
accesible a una de lo consistentemente interactuable.
Entonces
surgirían preguntas epistemológicas para justificar el axioma fantasma;
¿Cómo
podríamos conocer y estudiar a los fantasmas de manera confiable?
¿Qué métodos serían válidos?
¿Qué
papel jugarían la ciencia y la experiencia subjetiva en la validación de su
existencia?
¿Cómo
se resolverían los problemas de sesgo o error en la percepción de los
fantasmas?
El "AXIOMA FANTASMA" se justificaría no por testimonios, sino por su capacidad de integrarse en una red causal explicativa. La epistemología no consensuada no diría "los fantasmas existen", sino algo más profundo: "Existe una clase de interacciones ambiente-cerebro-conciencia, aún no mapeada, que produce de forma consistente experiencias con atributos fantasmales, y hemos desarrollado métodos para estudiar el fenómeno. (El axioma final no es concluyente)
Si
ya estamos en el campo epistemológico que produce argumentaciones acerca de las
condiciones, límites y justificaciones del conocimiento. Sería
interesante tomar en cuenta Descartes en la mediación de los sentidos en la
construcción de la realidad. Donde los sentidos pueden engañarnos y estamos
condicionados por nuestros sentidos al comprender la realidad a pequeña o gran
escala, así como animales que pueden ver colores que nosotros no podemos
percibir, puede existir personas con sentidos mas desarrollados que otros y
estos si pueden percibir estas energías. Si el conocimiento de los fantasmas depende de
una capacidad perceptual minoritaria (los "sensitivos"),
entonces tenemos un tipo de conocimiento que no es público. Esto rompe
el principio fundamental de la ciencia moderna y gran parte de la epistemología
que la evidencia debe ser, en principio, accesible a cualquier
observador competente.
Entonces la
realidad no se nos presenta de una sola manera, sino a través de múltiples
"interfaces" sensoriales que son productos evolutivos específicos.
Por
ejemplo:
Un
murciélago "conoce" el mundo a través del sonar
(ecolocalización). Su realidad fenoménica es radicalmente distinta a la
nuestra. Un sensitivo sería, en esta analogía, un "murciélago
humano” alguien cuyo sistema perceptivo está "sintonizado"
a rangos de estímulo que para la mayoría son ruido de fondo.
No
hay un "observador ideal" universal. Hay diferentes interfaces de acceso a la
realidad. Nuestra ciencia actual es la ciencia construida por y para la interface
sensorial humana promedio.
La
objetividad dejaría de significar "independiente de todo
observador". En un mundo con perceptores de interfaces distintas, eso
es otro problema. Confundir limites particulares biológicos con los limites de
un sistema de valoración. En caso contrario cometemos el error que Kant
anticipó. No conocemos las cosas "en sí mismas" (noúmeno), solo
las cosas tal como se nos aparecen (fenómeno), tras ser procesadas por las
estructuras a priori de nuestra mente (espacio, tiempo
y las categorías del entendimiento, como causalidad y sustancia).
Si el conocimiento de los fantasmas depende de una minoría, la ciencia no debe descartar el fenómeno, sino evolucionar su sistema de validación para que la "interfaz minoritaria" sea traducible a la "interfaz común".
¿Cómo
validar un fenómeno que solo es accesible a través de una
perceptiva" minoritaria?
DESDE LA LOGICA
Si
la abordamos desde la lógica de primer orden esta te preguntan
( Lógica formal);
¿Qué
propiedades tienen?
¿Qué
relaciones mantienen con el mundo físico?
¿Qué
predicados los definen?
Al
no poder establecer axiomas precisos, la lógica de primer orden invalida
automáticamente el intento de formalizar su existencia.
Pero
aquí viene un ERROR LÓGICO INFORMAL al usar la frase, LOS FANTASMAS
NO EXISTEN PORQUE NO HAY EVIDENCIA, se tipifica la falacia ad
ignorantiam. Es tan falaz como "Los fantasmas existen porque no
puedes probar que no". Ambos transfieren la carga de la prueba de
manera incorrecta.
El
verdadero desafío, entonces, no es usar la lógica para probar o refutar
fantasmas, sino construir un marco lógico que pueda manejar fenómenos
difusos, dependientes del observador y epistémicamente inaccesibles de forma
directa.
Esto
es interesante porque la ciencia invalida automáticamente los fantasmas por
"falta de evidencia" no solo comete una falacia (ad ignorantiam),
sino que cae en un error categorial más profundo: está aplicando el cuadro teórico
de lo material-consensuado a un fenómeno que, de existir, pertenecería por
definición a un cuadro teórico distinto (lo
fenoménico-no-consensuado). Es como usar una red para pescar y declarar que
el viento no existe porque no lo puedes atrapar.
(Los
sistemas científicos actuales) han cometido el error de confundir el límite
de su interfaz con el límite de la realidad. Han decretado que lo
que no es intersubjetivamente público o instrumentalmente denso no tiene
derecho a la existencia ontológica. El "Axioma Fantasma" actúa
como la anomalía que quiebra esta clausura.
Esta
postura filosófica el axioma fantasma es
una pregunta legítimamente filosófica metafísica, porque se infiere un ente, lo
que hace que no se encuadre un filosofismo.
Desde
el plano de la existencia preguntaría;
¿Qué
SON? (El Problema de la
Naturaleza) La metafísica se vería forzada a crear una nueva categoría
ontológica. No serían ni sustancias materiales puras (como una roca) ni mentes
puras sino un híbrido:
¿En
qué DIMENSIÓN existen? (El
Problema de la Ubicación) Aquí, las hipótesis son aún más especulativas y
profundas:
No
en una "dimensión paralela" fantástica, sino en un régimen de
la realidad que nuestra física actual no modela: el dominio de lo no-local,
lo potencial y lo informacional. Podrían existir como superposiciones en el
campo cuántico del vacío o como estructuras en la geometría del espacio-tiempo
(como ecos continuos), accesibles
solo bajo estados específicos de acoplamiento cerebro-entorno. (Esto
implicaría que el universo tiene capas ontológicas integradas, no separadas. La
materia y la conciencia serían los extremos de un espectro, y los fantasmas
ocuparían una zona intermedia.)
¿Cómo
FUNCIONAN? (El Problema de la Interacción)
Su
mera interacción (mover objetos, causar frío) forzaría una revisión de las
leyes físicas:
Se
postularía una "física de transición" o una "termodinámica
de sistemas informacionales abiertos". No violarían la conservación de
la energía, sino que canalizarían energía ambiental de baja entropía (calor,
campos) para manifestarse, de manera similar a como un tornado se auto-organiza
a partir de un gradiente térmico.
¿Qué los PROVOCA? (El Problema de la Etiología
y la Teleología)
Esta
es la pregunta más trascendente. Su existencia apuntaría a que:
La
conciencia es un fundamento, no un derivado. La muerte corporal no sería la
aniquilación de la conciencia, sino su transformación a un estado de menor
acoplamiento material.
El
universo tiene una "memoria" a los eventos intensos (trauma, emoción extrema, unión fuerte)
podrían "imprimirse" en el tejido de la realidad, creando un patrón
residual que ciertas mentes pueden leer. Existiría una finalidad o un orden
cósmico. Su persistencia a menudo ligada a asuntos pendientes sugeriría que el
universo no es causalmente ciego, sino que permite la persistencia de
intencionalidades e identidades más allá de la muerte, en un esquema que
reconcilia el libre albedrío con un orden finalísimo.
La
metafísica no se
limita a negar o afirmar la existencia de fantasmas, sino que los
interpreta como posibles modos de ser que no encajan en las categorías
clásicas. Podrían ser entidades energéticas de otro tipo, manifestaciones de
niveles de existencia aún no comprendidos, y su relación con las leyes
naturales implicaría expandir la noción de causalidad y dimensión.
Una
vez que se han expuesto ciertas posturas filosóficas (Al menos desde mi
perspectiva improvisada) no intentamos invalidar la ciencia, o sistemas robustos,
si no recordarle que es menester no confundir el límite de sus sistemas con
el ilimite de los posible.
Ahora
si se llegara presentar el cambio de paradigma del axioma fantasma, no probarían lo sobrenatural,
sino algo más radical: Que nuestras categorías ontológicas, epistemológicas
y causales actuales son incompletas. Reconocer estos límites y que a veces
somos precipitados en nuestros resultados por
lo ambiguo de un tema, no conlleva que: “LA CIENCIA PIERDA AUTORIDAD NI PRESGIO-TODO LO CONTRARIO-
GANA PROFUNDIDAD”