Ricorso

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“En todos esos tiempos infelices, las naciones

volvieron a hablar entre ellas una lengua muda”

                                                Giambattista Vico

Ricorso de la historia



 El quinto Libro de la Scienza Nuova (terza), de Giambattista Vico, describe con sorprendentes detalles el proceso de conformación del ricorso -o regressus- sufrido por el curso -o corso- de la historia de la humanidad, una vez que, paradójicamente, había llegado a alcanzar su mayor momento de esplendor y realización. No es cosa del azar ni del ciego destino, como tampoco lo es del abismo nihilista. Se trata del resultado, minuciosamente comprendido, en clave histórico-cultural y filológico-filosófica, de los tiempos de la llamada barbarie ritornata que, a diferencia de quienes conciben la historia de manera lineal -los unos por grados de menor a mayor y los otros por los mismos grados, pero de mayor a menor- o de aquellos que declarándose ateos convencidos terminan jurando  que “la historia vuelve a repetirse”, Vico la descubre y, la va describiendo, como una infinita espiral -al decir de Hegel, como un “círculo de círculos”- en el que cada giro que la conforma está conformado a su vez por infinitas espirales, nunca repetibles y, al mismo tiempo, siempre repetibles. Como bien observaba Núñez Tenorio en sus lecciones de “Historia de la filosofía de la historia”: “se trata de un movimiento espiral, cuyas escalas son paralelas pero no sincrónicas”. Desde la antigua Nápoles, y no desde Paris o Londres, Vico logra captar la inmensidad del ADN de la historia del ser social, tramite el devenir de su mente heroica.

 La voluntad humana no solo está en capacidad de hacer posibles los ascensos necesarios que requiere la historia sin otra intervención que la de sus propias fuerzas -dentro de determinadas condiciones materiales de existencia- sino también de todo lo contrario, es decir, de posibilitar sus descensos: “Los humanos -observa Vico- primero sienten lo necesario, después buscan lo útil, enseguida advierten lo cómodo, más adelante se deleitan del placer, luego se entregan al lujo y, finalmente, enloquecen al dilapidar los bienes”. Como podrá observarse en este parágrafo, el autor de la Ciencia Nueva sintetiza en él el discurrir de la historia ideal y eterna de las naciones, en cuya constante inmanente se patentiza la naturaleza del espíritu de los pueblos, la cual se manifiesta “primero ruda, después severa, luego benigna, más tarde delicada y finalmente disoluta”. Es verdad lo que sostiene Carlos Fuentes en su Valiente mundo nuevo: la consciencia latinoamericana sigue pagando el precio de haber desatendido la lectura de Vico, en medio de sus -no pocas veces desbocados- afanes por querer llegar a tiempo al gran banquete de la modernidad, obnubilado ante los delirios de un ofertado progreso que hoy muestra el atroz rostro de las bestias.

 Que nadie se engañe: la nostalgia sembrada por el fantástico idilio de los caribes danzando de felicidad alrededor de los platanares, al son de las maracas y del cocuy de penca, que atiende a la también sembrada y muy reaccionaria creencia de que todo pasado siempre fue mejor, forma parte del marketing ideológico de los actuales regímenes gansteriles, que han secuestrado y conducido a los países de la América Latina -y particularmente a Cuba, Nicaragua y Venezuela- a la oscura y salvaje selva de la barbarie de la que habla Vico. La llamada “resistencia indígena” es un espejo en el cual, via invertionis, se refleja la mórbida obesidad del tirano -socio y protegido de los imperios gansteriles asiáticos y de sus cómplices occidentales, amantes de las autocracias- que, en otros tiempos, estaría preso, junto con su pandilla de saqueadores y narcotraficantes, en una amurallada, húmeda y lúgubre prisión ubicada en algún islote abandonado del Pacífico. El ya famoso “Tren de Aragua”, nacido a la sombra de la tiranía gansteril, hecho a su imagen y semejanza, da cuenta del “salto atrás”, precisamente del ricorso, en la historia del espíritu de un pueblo que ha terminado por perder su espíritu, hipotecándolo -y auto-encadenándose- a las ficciones propias de la ilusión militarista y caudillesca. En el menesteroso presente, los buenos fámulos que honran el gobierno del lumpen llaman a las ilusiones discursivas 'narrativa' y a las mentiras compulsivas, líquidas, de los populismos de cualquier ralea o calaña se le denomina, 'post-verdad'. Vaya giro de la historia. We can do it!

 A fin de cuentas, los gobiernos -como dice Vico- “deben conformarse a la naturaleza de los hombres gobernados”, que es un modo particular de sostener lo que, más tarde, Hegel advertiría: que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. “En el género humano primero surgen hombres crueles y groseros, como los Polifemos; después magnánimos y orgullosos, como los Aquiles; luego valerosos y justos, como los Aristides y los Escipiones; más cercanos a nosotros, aparecen otros con grandes imágenes de virtud que se acompañan con grandes vicios, que despiertan entre el vulgo un estrépito de verdadera gloria, como los Alejandro y los César; más tarde aun, los tristes reflexivos, como los Tiberio; finalmente, los furiosos disolutos y descarados, como los Caligula, los Nerón, los Domiciano”. La historia reciente de Venezuela da cuenta de cómo, en apenas cuarenta años, se decidió dar “el gran viraje”, pero no para el ascenso ciudadano y republicano sino, una vez más, hacia el sombrío pasado. El no haber logrado sacar de raíz a los Polifemos que llevaba en sus entrañas, a los Boves o al resto de los “coroneles” que lo sustituyeron, para -en su lugar- sembrar a sus Tiberios, a sus Roscio o a sus Bello, ha tenido un alto costo. Vico sugiere, no obstante, que todo retorno de las sociedades hasta el fondo de la barbarie, además de ser la consecuencia necesaria de una clase política y económica que se fue habituando a la pusilanimidad, contiene en sus entrañas el germen de un nuevo comienzo, el punto de inflexión en virtud del cual tiene sus inicios un nuevo e inédito curso de la historia. La tarea requiere de la necesaria “paciencia del concepto”. Pero solo con decidida voluntad y constancia ineluctable se podrá superar el bochornoso imperio del largo ricorso venezolano.


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