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Grandes urbes y la vida del espíritu.

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“LAS GRANDES URBES Y LA VIDA DEL ESPÍRITU” 1903 Geor Simmel (1858-1918)

Informe de Lectura

La tercera no es la vencida, sino la cuarta. No son tres padrinos en la sociología, siempre se ha dejado al margen a quien en verdad es el padre de esta disciplina. Pero para no ponernos en líos por paternidades no reconocidas, diremos que la sociología es hija -mujer!- de su época y resultado de la construcción de una nueva mentalidad : la burguesa.  Georg Simmel (1858-1918) es así, un sociólogo clásico, un fundador de la sociología alemana - al lado de Tönnies y Weber- y el creador de la sociología de las Formas, del análisis detallista de las imagenes momentáneas de universo social y un crítico de la vida moderna.  Lo que sigue es solo una invitación a leer a un padrino olvidado de la sociología. 



La posición del hombre en el mundo está determinada por la circunstancia de que dentro de toda dimensión de sus propiedades y de su postura se halla en todo momento en dos dimensiones. Esto se presenta como estructura formal de su existencia…”

G. Simmel
La  Intuición de la vida



La cuestión  de la relación entre el individuo y la sociedad, es la cuestión de toda sociología. Ya se llamen escuelas micro o macro, esta tensión siempre está presente, sea para unilateralizarla o para dinamizarla en razonamientos dialécticos. Estos últimos han sabido ver la naturaleza  real de lo social. Georg Simmel es un pensador que siempre tuvo presente esta problemática, la cual, al igual que la cuestión de la vida urbana, trasversalizan su producción teórica.  De este modo,  la “Sociología Detallista” de Simmel,  como autoconsciencia de la vida moderna, plantea de manera directa una dialéctica entre Individuo y sociedad como el  problema general de la vida moderna.






En su artículo “Grandes Urbes y la Vida del Espíritu” (1903), también traducido como “Metrópoli y Vida Mental” , Simmel describe los cambios que sucedieron al surgir las nuevas naciones Europeas  y el advenimiento de la modernidad. Al ver el tránsito de la vida rural a la vida urbana, al ver la transición de sociedades tradiconales a las formas de vidas modernas, quiere comprender dichos cambios en la FORMA en que interactúan los hombres y los efectos en la vida cotidiana de los mismos. Es decir, el texto es una puesta en marcha de su manera de ver el mundo social; concentrándose  en Berlín – cuando apenas estaba convirtiéndose en la gran ciudad de hoy día-  ,  observa y describe los distintos fenómenos que se estaban produciendo en la nueva vida urbana marcada por la era moderna.

Simmel observa la transformación de la vida y la  manera en que el individuo comienza a interactuar     ser, para terminar describiendo la dinámica que se da en la contraposición  entre el individuo y la sociedad. Las categorías de Forma y de Vida (Contenido), son las categorías últimas de la concepción del mundo, así, Simmel es la autoconsciencia  de la vida moderna al pensarse la vida y forma de la modernidad.

Comenzará entonces este escrito, diciendo que la vida y forma que se comenzaba a gestar en Berlín entre 1817-1902, revelaba que los más profundos problemas de  la vida moderna surgen de la lucha entre el individuo y la sociedad. El primero buscando preservar su autonomía, peculiaridad y libertad; y el  segundo como herencia histórica, cultura externa, buscando  homogeneizarlo, universalizarlo   y despojarlo de toda su peculiaridad.   Lo que llamara  como “Tragedia de la –cultura”, mostrara que el espíritu objetivo impone al subjetivo su total subyugación hacia él.  Es una profundización en el análisis sociológico  de la relación entre el individuo y la sociedad a través de la  pregunta  ¿Cómo la consciencia (personalidad- Individuo) se acomoda a las exigencias de la sociedad? , que se pretende resolver en este ensayo.




 La vida moderna en las ciudades y el estilo de vida del urbanita,  no se reconstruye por el desarrollo de la economía de intercambio monetario, ni  por una revolución política ni técnica, sino por  la <<aglomeración de personas y cosas>>  que genera un acrecentamiento de  la  Vida Nerviosa, a causa del acrecentamiento de la consciencia por medio del entendimiento, que es la mejor manera de reaccionar al ininterrumpido intercambio de impresiones internas y externas.  Simmel sostendrá  que en la metrópoli moderna, lo que podríamos denominar como la  base sociológico, está definida por el la intensificación de los estímulos nerviosos, que explica el profundo carácter  Intelectualista de la vida urbana y genera un contraste entre esta forma de vida y la rural en lo que respecta al estímulo sensorial.  La aglomeración de personas y cosas,  genera la indolencia, un sentimiento de Blassée, que no es más que un fenómeno adaptativo de estas condiciones; es un negarse a reaccionar ella, pues, el acrecentamiento de la vida nerviosa genera incapacidad para reaccionar a estímulos nuevos a los que se enfrenta el urbanita constantemente.  Ahora bien, esta actitud, es también  el tipo Urbano por excelencia, ya que es la actitud de reserva del urbanita para preservar su subjetividad. Para ser más claros, es tanto un efecto como una condición de la vida urbana. El hombre es un ser de diferencias,  su consciencia se constituye por la diferencia (Hegel) entre la imagen o aprensión del momento y la del pasado; la vida en la ciudad produce un  sin número de estos momentos que no alcanzamos a pre-concebir la realidad misma, sino como un fluir de impresiones cambiantes. Esto genera una oposición con el fluir sensorial y espiritual de la vida en el campo. Esta diferencia entre la vida urbana y la vida rural, se muestra por el carácter intelectualista de la primera y el sentimentalista de  la segunda. La vida rural apela a lo más inconsciente[1] de la vida anímica, a la sensibilidad, a un estrato inferior frente a lo consciente trasparente de la vida urbana que apela a l entendimiento que como facultad superior, es de nuestras facultades interiores, la de mejor adaptación.  El hombre urbano, dice Simmel, desarrolla una capacidad de defensa que es eminentemente racional,  toda vez que actúa con la Razón y no con el corazón; deja aun lado la sensibilidad que lo ha mantenido en estado  de constante de alerta, para preservarse( Reserva)  en la Racionalidad indiferente.   De este modo, con el acrecentamiento de la vida anímica en la vida urbana moderna, el hombre reacciona con el entendimiento, que no se excitan tanto, como la sensibilidad, con el aumento de impresiones. Aparece entonces una racionalidad –instrumental- que  es una adaptación para preservar la vida anímica subjetiva frente a los imperios de la totalidad social, de lo supra individual y violencia de la gran ciudad. La  ciudad es el entorno auténtico de la actitud Blassée, ya que la psique solo encuentra en este sentimiento, en esta actitud, su única manera de adaptarse a las formas y contenidos de la vida metropolitana. Es la conservación de la individualidad, de la peculiaridad del individuo al devaluar el mundo objetivo. Pero esto mismo lleva a  la propia personalidad a sentir en carne propia, la misma desvalorización.

Pero hay otro factor importante que señala Simmel está en estrecha relación no solo con la actitud Blassée, sino también, con el carácter intelectualizaste de la vida moderna en ciudad: La Economía monetaria. La gran ciudad ha sido, desde tiempos  atrás, la sede de la economía monetaria, que permite el mejor intercambio entre la aglomeración de personas y cosas que una economía de trueque  de la vida Rural. A  la economía monetaria y la actitud intelectualizaste, les es común  la objetividad en el trato de los hombres y  cosas. El hombre estrictamente racional le es indiferente la peculiaridad cualitativa, lo extremadamente individual; la concreción le es indiferente frente a la identidad del universal de cuánto. Lo No-Idéntico proporciona relaciones inagotables que el entendimiento, la racionalización del pensamiento lógico no tolera,  ni mucho menos el valor de intercambio. El principio del dinero no pregunta por la concreción, sino por el universal; no busca lo cualitativamente peculiar, sino  lo idéntico  a todo; el valor de cambio que  nivela a todos en identidad de propiedades,  pregunta por el cuánto cuesta?  Esta elevación en la vida urbana moderna, revela que hay una supremacía de los medios sobre los fines. La vida moderna trasforma todos los componentes en medios; no existe nada inmediato, ya no hay relaciones cara a cara , porque todo está estructurado por medios. Y es el dinero el que se ha convertido en el medio por excelencia, dominando la metrópoli y con ella la vida moderna.

 Al  hombre de la multitud,  le es necesario una auto- conservación, una reserva de su subjetividad, que refleja la indiferencia de la producción de mercancías y su exactitud calculadora. No es de extrañar que  el texto considerado mas importante de la obra de Georg Simmel sea “La Filosofía del Dinero” ().  El dinero se convierte entonces en el más feroz  común denominador de toda experiencia. Las relaciones racionalizadas calculan el trato del hombre como el trato con los números. La relaciones de la personas en la ciudad adquiere la objetividad mas despiadada, ya no hay un real cara a cara entre el productor y el consumidor, se produce  para desconocidos; la base de las relaciones es el  entendimiento económico calculador egoísta, que no tiene desviación en la relación. Consecuentemente con lo observado, asegura Simmel que, el carácter intelectualista de la vida moderna está estrechamente relacionado con el carácter intelectualista de la economía monetaria, de tal manera  que no se sabe quién origino a quien, pues, la forma de vida del urbanita es la más fértil para esta reciprocidad. Pero la economía monetaria también mantiene una reciprocidad con la actitud propia del urbanita.  Las cosas pierden su diversidad cualitativa para  un ojo que todo lo ve gris. El origen fisiológico de esta actitud,  es otro factor que surge de la economía monetaria;  la experiencia del sujeto, mediada en todo instante por la racionalidad del dinero,  hace que de esta resulte una insensibilidad ante la diversidad de los objetos, lo cual no quiere decir que los contrastes no sea percibidos, sino que solo superficialmente, ya que en la diferenciación de los casos – y los casos mismos- no puede existir  preferencia sobre un objeto,  pues, al existir la equivalencia de todos los caos en la misma forma- dinero, se vacía para todos los casos la peculiaridad cualitativa.  Obsérvese entonces, que lo que muestra Simmel es que la actitud Blassée es por el contrario a un disociador social, el más fuerte cohesionador de la vida urbana moderna, siendo fiel reflejo de la economía monetaria internalizada.


Hay que anotar  algo importante luego de lo anterior expuesto, Simmel está planteado que  las relaciones espaciales y la circulación  y disposición de los objetos  en aglomeración, son condición, por un lado y representación (símbolo) por el otro, de las relaciones de reciprocidad de los hombres.  Las grandes urbes posibilitan el mejor intercambio, la mejor mercantilización de los objetos – y las personas-  que las localidades pequeñas, pues, los aglomera y permite su intercambiabilidad de una manera  trasparente. Por esta misma razón, encontrara Simmel que la actitud Blassée es la actitud del estilo de vida del urbanita;  la ciudad es la sede por excelencia de la actitud Blassée. En la ciudad se acumula el mayor cantidad de cosas y hombres que estimula el sistema nervioso a su máxima expresión (máximos grados de exitacion), y ese mismo medio condicionante, se convierte en el factor opuesto que desemboca en la actitud del urbanita.  La actitud proteje de dos peligros  muy típicos de la vida metropolitana: 1) de la indiferencia y 2) la extrema susceptibilidad a las sugerencias mutuas.  Expresa Simmel que :

 El estilo de vida metropolitano comprende inseparablemente en un mismo todo a su propia extensión, a las combinaciones de sus elementos, al ritmo de su surgimiento y desaparición, a las formas bajo las cuales se satisface, así como a los motivos que le imparten unidad en el sentido más estricto.…” (Simmel, 1903: 18).
Por ello lo que aparece de manera directa en el estilo de ida metropolitano como una disociación, es una de sus formas más puras de Socialización. Lo anterior, lleva a Simmel a una observación importante, no solo para el análisis particular que esta realizando, sino también para su sociología en general: que la forma de vida urbana se remonta a las formas más primitivas de la vida social; se remonta a una tendencia general de la vida social, de las pocas que se puede tejer una ley general:

“(…) un círculo relativamente pequeño que está cerrado firmemente frente y contra otros círculos vecinos, extraños o, de alguna forma, antagónicos. Sin embargo, este círculo es ceñidamente coherente y sólo le permite a cada miembro un estrecho campo para el desarrollo de sus cualidades individuales y para la realización de movimientos libres cuya responsabilidad recaiga consigo mismo (…)”
El fenómeno mental más general  de la vida urbana moderna,  concede un tipo de libertad que otras condiciones sin igualdad en otras condiciones, aunque expresa la anterior ley general, al origen de todas las agrupaciones (familia, partidos, empresas, etc). No se puede permitir la libertad individual – completa- ni mucho menos el desarrollo de la personalidad interna y externa. Simmel, dirá que, el desarrollo social procede de dos direcciones diferentes pero correspondientes: la primera, advierte que  a medida que  la unidad  social crece, su unidad interna se refleja proporcionalmente y la rigidez se suaviza por medio de las conexiones y relaciones mutuas con el exterior. Al mismo tiempo (2do)  el individuo avanza en materia de libertad que en la difícil forma inicial. Así, el individuo logra una peculiaridad específica, que hace posible y necesaria la División del Trabajo de la colectividad en crecimiento. Consecuentemente, hay que decir, que la ciudad es la sede por excelencia de la más alta  división social del trabajo. La vida urbana trasformo la lucha contra la naturaleza por la supervivencia, en una lucha entre los hombres por la ganacia.  La ciudad, hace necesario que el hombre llegue a especializarse en una actividad que no pueda ser  fácilmente despojada por otra. De esta misma manera, el hombre asegura también una individualidad dentro de la colectividad, pero de manera negativa. Pues, crea una dificultad para hacer valer su individualidad. Lo anterior, nos lleva al punto crucial del  a priori sociológico de la  Vida social Empírica­-  de  lo no social en el individuo. De este modo, la fragmentación del Yo o del individuo,  muestra que el hombre necesita fragmentarse para poder  pertenecer a un todo fragmentado. Este fenómeno presenta – como afirma el profesor Gilberto  Aldana en el  análisis de la sociología urbana de Simmel,  a la individualización como cosificación. Esto obedece  a lo que Simmel denominó , como ya lo señalamos, Tragedia de la Cultura.



Ya para terminar con este informe, diremos que  Simmel caracteriza la vida moderna como la preponderancia del espíritu objetivo sobre el subjetivo. La  vida del urbanita moderno, es el desarrollo de la cultura objetiva que trasciende la vida personal. La relación entre  individuo y sociedad, termina por la subyugación completa del individuo frente al espíritu objetivo, pues, se ha convertido en un engranaje de una enorme organización de poderes, que le arrebatan la posibilidad de trasformar (trabajar- objetivar) algo a partir de su subjetividad plena; el individuo en su estilo de vida urbano moderno, solo tiene una forma de vida puramente objetiva.



[1] Entiéndase a aquí lo inconsciente no como lo reprimido y la herencia arcaica, sino como lo bajo de las facultades racionales y sensibles.

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