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El cerco ideológico

Para abordar la pregunta que nos convoca en este encuentro: ¿Como contribuye la reflexión filosófica en la experiencia de la libertad? Quiero indagar por el papel de la ideología en los procesos de dominación, y del pensamiento en los procesos de resistencia y emancipación.
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EL CERCO IDEOLÓGICO, A PROPÓSITO DEL PAPEL DE LA IDEOLOGÍA EN LOS PROCESOS DE DOMINACIÓN Y DEL PENSAMIENTO EN LA RESISTENCIA Y EMANCIPACIÓN

Para abordar la pregunta que nos convoca en este encuentro: ¿Como contribuye la reflexión filosófica en la experiencia de la libertad? Quiero indagar por el papel de la ideología en los procesos de dominación, y del pensamiento en los procesos de resistencia y emancipación. 
(Texto base ponencia presentada en el segundo encuentro de Filosofía del Núcleo Educativo 926, mayo 26 de 2016. Medellín - Colombia)


EL ESCENARIO

En la actualidad asistimos al fortalecimiento, sin precedentes, de tendencias como la tecnificación, la estandarización, y la vanalización del pensamiento, y con ellas, como veremos, se cierne un poderoso cerco a las posibilidades de la libertad humana, se trata de la concreción del complejo proceso de inculcación ideológica.

En el campo educativo, que nos es bien cercano, fácilmente se evidencia la tendencia a reducir a su mínima expresión las humanidades en la escuela, reificar los resultados de evaluaciones estandarizadas (Saber, Pisa, ISCE) e imponer la tecnificación del sistema educativo; pensarnos y pensar la realidad, son asuntos cada vez más extraños en un sistema educativo que claramente apunta a la instrucción en competencias laborales y ciudadanas.

Asistimos entonces, al desarrollo de un proyecto de construcción de un sujeto social funcional al mercado, con competencias laborales que le permitan ser mano de obra y competencias ciudadanas que limiten su ejercicio social al ámbito de la producción, el consumo y la democracia liberal.

Con el debilitamiento del pensamiento, las condiciones de posibilidad del ejercicio y reivindicación de libertades y derechos quedan gravemente maltrechas o a los sumo se hacen banales: la libertad de pensamiento, de expresión, de conciencia, de opinión, por citar algunas, quedan reducidas, para la mayoría, a la libertad de pensar, opinar y expresar idioteces.

La filosofía, es la filosofía de la empresa, la filosofía del director técnico de un equipo de fútbol, la libertad de opinión se limita a lugares comunes sobre aquello que ofrecer la industria cultural, que además se hace cada vez más ligera, pues eso es lo que la población consume y el mercado responde feliz, generándose así un círculo vicioso.

En este escenario histórico, social y político, es precisamente donde se desarrolla nuestra práctica como estudiantes y profesores de filosofía en la escuela, espacio reducido, que sin embargo, creo vale la pena mantener y defender, por la importancia que tiene el pensamiento en los procesos de resistencia y emancipación humana.

EL CERCO IDEOLÓGICO

Imaginemos un gran campo y en él, un cerco que rodea una porción de éste, pensemos el campo como las posibilidades de la libertad humana, y el espacio rodeado como el ámbito de la experiencia de la libertad de los individuos, finalmente el cerco como aquello que impide que la experiencia de la libertad se extienda por el ámbito de sus posibilidades; pensemos además que el cerco como tal es prácticamente invisible para los individuos.

Las posibilidades de la libertad humana que le son accesibles al individuo están cercadas, y con ellas la experiencia misma de la libertad se domestica subordinándose a los limites que las relaciones de producción imperantes les marca; violencia, coerción pero sobre todo ideología conforman los tablones del cerco.

En este escenario, pensar en qué consiste la experiencia de la libertad, resistir aún en los límites que impone el cerco, evidenciar el cerco, e incluso tratar de romperlo, es en mi opinión, la no despreciable tarea de la reflexión filosófica en el ámbito que nos compete, pues como lo sostiene Marx en la célebre tesis 11 sobre Feuerbach, la tarea de la filosofía es ante todo transformadora.


Antes de avanzar dos ideas:

1. los discursos no son neutros, y en consecuencia tanto sus postulados y definiciones como la forma como estos se expresan en la vida social están determinados por intereses, así en su expresión pretendan lo contrario.

2. entenderemos de forma muy sencilla por ideología, un discurso imaginario sobre una realidad, con la ideología se convence a los miembros de una sociedad de que están ante la mejor alternativa posible, estableciéndose ya no solo un discurso sino una relación imaginaria con la realidad.


EL CONCEPTO DOMINANTE DE LIBERTAD

Un punto de inicio casi obligado en cualquier abordaje que se dé a la idea de libertad, es la definición que da Isaiah Berlin, en “Dos conceptos de libertad”, donde distingue entre a libertad negativa y la libertad positiva, mostrando a su vez lo frágil de su coexistencia.

Estas podemos definirlas de forma básica:

- libertad negativa: libertad de oportunidades, entendida como ausencia de prohibición en la búsqueda de fines.

- libertad positiva: libertad de recursos, entendida como la posibilidad material de una acción o fin.


En la teoría política liberal, claramente se privilegia la libertad negativa, existiendo posturas que van desde el intento de fundamentar su coexistencia, hasta la total primacía de la libertad negativa que encontramos, por ejemplo, en los liberales libertarios como Robert Nozick.

Si tomamos como referencia la realidad política y económica de las sociedades con pretensiones de ser democracias liberales, habrá que aceptar que la definición dominante de libertad dentro del discurso y la práctica económico-política, es la liberal, primando en nuestro contexto el matiz o formulación neo-liberal, que como es sabido pone el acento en lo económico.

Esta definición, podemos matizarla con Hayek, premio Nobel de economía e ideólogo de primera línea del neo-liberalismo, para quien la libertad negativa posibilita alcanzar la libertad positiva.

El individuo en el neo-liberalismo se postula, entonces, como libre de buscar sus propios fines, el Estado u otras organizaciones no deben intervenir en sus decisiones e iniciativas individuales de cuyo éxito podría el individuo alcanzar la libertad positiva o real para realizarlos.

Siguiendo esta lógica: nadie te prohíbe ser millonario y en consecuencia conseguirlo depende solo de las iniciativas y decisiones que tomes como individuo y en especial de las que tomes en el ámbito del mercado.

Este es el espejismo que vende la ideología neo-liberal, sin embargo, la realidad es bien distinta: la igualdad formal en la búsqueda de fines, que supone la libertad negativa, está muy lejos de traducirse en libertad real para realizarlos.

Sociedades con pretensiones de ser democracias liberales, donde se ha adoptado, con mayor o menor nivel de profundidad el discurso y la práctica neo-liberal, son precisamente sociedades con enormes índices de desigualdad, donde la inmensa mayoría de la población está muy lejos de poder buscar sus propios fines y más lejos aún de poder realizarlos.


NOS COMEMOS EL CUENTO

Ante una situación tal de desigualdad, en las posibilidades prácticas de la libertad, cabe preguntarse:

¿Por qué, pese a esto, creemos ser libres?

¿Por qué no nos hacemos libres más allá de la formal libertad negativa?

E incluso ¿por qué, en no pocas ocasiones, nos autolimitamos y hasta renunciamos a ese pequeño ámbito de libertad que supone la definición dominante?

De forma directa y sin eufemismos se puede decir que asistimos a un proceso de dominación que se desarrolla con diversos niveles de concreción sobre la población, en el cual el componente ideológico juega un papel fundamental, en el proceso de sostenimiento del estatus quo.


CERRANDO EL CERCO

La imagen vendida

El neo-liberalismo como discurso se trata de presentar como neutro; en él se encuentran elementos auto justificantes, que tratan de hacerlo ver como algo natural cuyas consecuencias nada tienen que ver con agentes externos al propio individuo; en este sentido se pueden destacar cuatro elementos:

1. igualdad formal: todo individuo es igualmente libre (en sentido negativo), en tanto todos asisten a la misma ausencia de prohibición en la búsqueda de fines.

2. Justificación de la desigualdad real: la desigualdad y la carencia de libertad real para desarrollar sus propios proyectos de vida, que afecta a la mayoría, sostiene esta ideología, no ha sido causada por el orden establecido, el sistema político-económico y las relaciones sociales y de producción, sino por el uso que cada uno ha hecho de la libertad.

3. justificación de la explotación: unos, la minoría, situados en una posición ventajosa fruto de sus decisiones, pueden someter a los otros, la mayoría, a la búsqueda de sus propios fines, convirtiéndolos en medios, siendo esto el resultado natural del desempeño de cada quien y de las decisiones libremente tomadas.


Nota: Convenientemente Hayek y sus cosectarios se olviden de que el punto de inicio de cada uno es diferente, existiendo ventajas que no devienen de las decisiones individuales sino de factores externos.


4. naturalización del orden establecido: la metáfora de la mano invisible del mercado (Adam Smith) sienta las bases del postulado neo-liberal de un “orden espontáneo” que para Hayek, esta fuera del alcance planificador o diseño humano y en consecuencia, es un desarrollo natural que no responde a un proyecto humano, o la acción de individuos organizados.

Conclusión inducida (imagen vendida): si todos somos formalmente iguales, si nuestra situación existencial es el exclusivo resultado de nuestras decisiones y si el orden establecido es espontáneo y no depende de agentes exógenos, no podríamos pensarnos sino como libres, independiente de si alcanzamos o no los fines buscados, o de si nos constituimos en medios para fines ajenos.

EL PAPEL DE LA IDEOLOGIA

Sin embargo, el asunto no es tan sencillo como decir que se le presenta un discurso al conjunto de la sociedad, y ésta simplemente lo acepta aceptando a su vez los efectos prácticos de éste, que como vemos no son nada agradables para la mayoría de los individuos.

Pese a que a los elementos autojustificantes mencionados y el espejismo del éxito, actúan como apaciguarte, es difícil pensar que con este discurso basta para que creamos ser libres, para que no busquemos ser libres más allá de la libertad negativa aceptando un estado tal de desigualdad e incluso para que renunciemos al reducido espacio de la libertad negativa.

Una primera reacción, podría ser pensar que esto sucede por la represión y coerción violenta, pero ésta de por sí, es claramente identificable, de hecho buena parte de las pretendidas resistencias a las limitaciones a nuestra libertad se enfocan en ese aspecto, si a un individuo o grupo social se lo fuerza violentamente a una situación determinada, claramente sabe que no es natural, que no la ha elegido libremente y que no es el resultado de sus propias decisiones, obviamente nadie en una situación tal creería ser libre.

El asunto es entonces mucho más sofisticado.

Aparatos ideológicos

Para que una ideología sea más que una mera fábula o una simple formulación teórica y tenga efectos en el mundo práctico se hace necesaria la sistemática acción sobre la consciencia de los individuos, para que en palabras coloquiales “se coman el cuento”.

Este proceso que podemos denominar como inculcación ideológica, tiene como resultado, la hegemonía cultural de las clases dominantes, quienes logran hacer ver sus intereses, ideas, valores y creencias como de validez universal, de allí que en medio de la diversidad, de lo variables de las situaciones de origen y de las enormes desigualdades que se hacen presentes en nuestras sociedades, el estatus quo parezca intocable e incluso libremente aceptado.

Con la inculcación ideológica las clases domines, logran que el grueso de la población asuma como propias las ideas e intereses que a ellas les son funcionales, por ejemplo la concepción dominante de libertad, estableciéndose así el cerco del que hemos venido hablando.

En este sentido, la visión general que Althuser presenta sobre cómo operan los aparatos ideológicos es ilustrativa.

El objetivo es la reproducción de las relaciones de producción imperantes, lo que implica la reproducción de la fuerza del trabajo y de la sumisa aceptación del orden social, esto se logra por medio de los denominados aparatos ideológicos, familia, religión, orden jurídico, escuela y medios de comunicación, que inculcan en los individuos la ideología.

La reproducción de la fuerza de trabajo, no es otra cosa que la garantía de existencia de individuos que cumplan su rol en el proceso productivo, para esto es necesario que existan como realidad biológica y que tengan ciertas habilidades para desempeñarse en dicho proceso; familia y escuela cumplen el papel central en este aspecto.

La reproducción de las relaciones de producción, por su parte, supone la sumisa aceptación del orden social; en este aspecto, familia y la escuela se complementan con el discurso democrático-liberal y el orden jurídico, que junto a la muy destacada función de los medios de comunicación, con su avalancha constante de información, de entretenimiento, de falsos problemas, siembran la satisfactoria sensación de que participamos de la toma de decisiones y de la construcción del orden social.

En la ideología, se encuentra entonces una representación imaginaria del mundo, y fruto de la inculcación ideológica, dicha representación, media la relación de los individuos con la realidad haciendo igualmente imaginaria dicha relación.

La ideología no da cuenta de las relaciones reales que determinan la existencia de los individuos, sino de la relación imaginarias de estos con la realidad que viven y con las relaciones que determinan su existencia en dicha realidad.

Con el encierro ideológico, como decía al comienzo, se domestica la experiencia de la libertad y se la subordinan a los límites que impone la ideología dominante, que no son otros que los límites de las relaciones de producción imperantes, escindiéndola de sus propias posibilidades; de allí que creamos ser libres, no busquemos ir más allá e incluso renunciemos a algunas libertades de ese pequeño terreno que marca el cerco.

EVIDENCIAR EL CERCO… ROMPER EL CERCO

La tarea de la emancipación humana, señala Marx en la cuestión judía “sólo se realiza cuando el hombre reconoce y organiza sus propias fuerzas como fuerzas sociales"

La quietud, que implica el individuo como sujeto al status quo, y plenamente funcional a este, contrasta con la labor del intelectual, que podemos caracterizar con Gramsci como la labor de quien asume la critica a la superestructura político-ideológica existente, en beneficio de las clases dominadas, o bien, en contraposición, la labor de quien las justifica en beneficio de las clases dominantes.

Ante este escenario, el papel del pensamiento, y en nuestro ámbito, de la reflexión filosófica, en mi opinión, no puede ser otro que contribuir en los procesos de resistencia y emancipación, asumiendo la tarea de la filosofía como una tarea ante todo transformadora y en consecuencia liberadora.

Cuatro puntos que frente a la idea del cerco ideológico que hemos desarrollado, serian propios de la reflexión filosófica así concebida, serian:


1 - asumir y orientar la reflexión filosófica hacia evidenciar la ideología, haciendo conscientes los discursos y relaciones imaginarias con la realidad en busca de consciencia sobre la situación y sobre lo que el hombre es.

2 - identificar la distancia que existe entre el interés que defiende el individuo y que no le es propio, y el que si le es propio.

3 - tarea de desmonte de los espejismos ideológicos, pensar las relaciones reales e intereses que esta oculta.

4 - desnaturalizar las relaciones sociales imperantes, darse cuenta que no ha sido siempre así y que puede por ende ser cambiado.

Pues, finalmente, solo cuando se evidencia y rompe el cerco ideológico, se puede pensar en la transformación de la sociedad y en una experiencia de la libertad que se extienda por el ámbito de sus propias posibilidades.


Jesús Alejandro Villa Giraldo

Blog del autor: motordepensamiento.blogspot.com


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