8 de mayo de 2017



Ansias de eternidad

Publicado por: Norberto E. Martín

La Conciencia Como Fundamento Del Deseo De Perennidad

Y al final es uno mismo el que ignora la conciencia,
el que avanza a contramano, sin medir las consecuencias.
Jorge Rojas.

Todos los seres humanos sentimos el ansia de perennidad, nosotros, a lo largo de la historia, hemos tratado de dar una respuesta. Algunas dentro desde lo mítico, otras desde lo religioso, también desde la ciencia, y la filosofía. En este ensayo planteo si aún hoy seguimos dando respuestas míticas revestidas de ciencia, y de dónde nos viene este deseo.


En el ensayo “el Yo como conciencia de si mismo” planteo una serie de problemas, que el ser humano, a lo largo de la historia, ha tratado de dar respuesta.
Entre las mismas hay varias que retomaré, empezando por
       ¿Por qué sentimos ansias de eternidad?
Todos los seres humanos sentimos ese ansia de perennidad, de eternidad.
La ciencia, a través de la biología, nos da cuenta de los procesos que van sucediendo desde el embrión hasta la descomposición total del cuerpo, de todos los seres vivos incluido el hombre.
También nos da cuenta que todos los vivientes pasan por los siguientes estadios: nacen crecen, se reproducen, mueren.
A esto se suma, en los animados, los instintos, que complejizan la vida, en especial el de la conservación del individuo, que junto con el de preservación de la especie hacen que se reproduzcan y se perpetúen en el tiempo. Pero sin conciencia de lo que se realiza. Cada instinto tiene una función específica y finalidad propia.
En el ser humano, estos instintos están sublimados a la inteligencia, a la razón, a la conciencia de sí mismo.
En razón de lo expresado hasta aquí, la primer respuesta que podríamos dar a la pregunta sobre el ansia de eternidad, es la sublimación de los instintos de conservación del individuo y de la especia que conjugado con la imaginación, hacen creer al ser humano, que puede llegar a ser eterno, o que parte de él lo es. Lo cual sería una ilusión, pero también un sinsentido por tener un deseo que no se corresponde con una función o finalidad. Y la acción de la naturaleza tiende a atrofiar o hacer desaparecer algo que no tiene función o finalidad, pero el ser humano sigue teniendo este deseo.
Consideremos que la conciencia de sí mismo, el “yo”, es además comprensible y transmisible.
El Yo puede trasmitir, por la palabra, sus necesidades, sus pensamientos, sus elecciones, y los “otros yo” comprenderlos.
A esta realidad es lo que nosotros llamamos cultura, por lo que el hombre se convierte en un ser cultural y social.
Quiero introducir aquí un hecho, solo tomando al homo sapiens, las distintas culturas diseminadas a lo largo del tiempo y del espacio de la tierra, coinciden en la respuesta al ansia de eternidad: el alma humana (parte del/ o el hombre mismo) es eterna (transmigra, va al cielo/infierno). No hay ninguna expresión cultural que de otra interpretación a este deseo, que no incluya un elemento humano eterno.
El homo sapiens lleva sobre la tierra, alrededor de ochenta mil años. Hoy mirando hacia atrás y considerando el progreso científico y tecnológico, entendemos que todas esas respuestas culturales a la pregunta sobre el ansia de eternidad, como animismo, como mitología. Y por lo tanto un saber arcaico.
       ¿Qué nos da el derecho de tirar por la borda ochenta mil años de cultura?
       Pero esta forma de entender, actual, el deseo de perennidad, como mitológico ¿no sería una nueva forma de mito?
       ¿Un nuevo paradigma no es un nuevo mito con apariencia de saber auténtico?
       ¿Qué nos hace pensar que lo que hoy llamamos conocimientos válidos no son otra forma de mitología?
Tenemos que definir en primer término, el significado de mito.
Según la definición usual se le llama mito a:
       1.- Historia fabulosa de tradición oral que explica, por medio de narración, las acciones de seres que encarnan en forma simbólica fuerzas de la naturaleza, aspectos de la condición humana, etc.
       2.-Historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o cosa y le da más valor de la que tienen en realidad.
Si tomamos, por ejemplo, la teoría atómica, que representa el sostén de una importante fracción del conocimiento actual, y que es verificada constantemente, está fundada sobre un elemento, el átomo, que nadie ha podido ver. Hasta el momento hay varias teorías que establecen como sería el modelo atómico, sin embargo, no se lo ha podido visualizar, ni siquiera con aparatos complejos. Lo que sí se ha podido comprobar y verificar son las consecuencias de su funcionamiento.
Si a la teoría atómica le aplicamos las dos definiciones usuales veremos que se ajusta a las mismas.
       1.- La teoría atómica es una historia fabulosa (producto de la imaginación) que explica las acciones de seres (átomos) que encarnan en forma simbólica (utiliza símbolos para especificar propiedades energéticas y de cada elemento químico) las fuerzas (energía) de la naturaleza.
       2.- La teoría atómica, historia imaginaria que altera (ha producido una revolución en el conocimiento humano acerca del funcionamiento del universo) las verdaderas cualidades de una cosa (cuando se interpreta como solo movimiento atómico) y le da mas valor de la que tiene en realidad (reemplaza el valor del ser de las cosas, ya no son entes en sí mismo sino un conjunto de átomos).
Seguramente alguien me podrá decir que lo ut supra escrito sobre la teoría atómica es una interpretación muy alejada (torcida) de la realidad, y posiblemente tengan razón, pues no soy un experto en la misma. Mi objetivo es sembrar la duda acerca de si los conocimientos verificables no son en definitiva nuevos mitos, dicho de otro modo, si las condiciones de verificabilidad y de sentido que le pedimos a un conocimiento teórico, práctico  y/o tecnológico y que se logra, comúnmente a través de tecnologías inventadas a tal fin, no son nuevas formas de construir nuevos mitos, relatos, con la pretensión de acercarnos a lo verdadero, a la realidad.
Volviendo al punto en cuestión, entender el ansia de eternidad en el ser humano, como un mito basado en nuestros conocimientos actuales, sería alejarlo de la realidad, descartarlo, en base a otro mito que reemplaza al anterior.
El ansia de eternidad en el ser humano es un  hacho que problematiza y merece una respuesta y a mí particularmente no me conforma la explicación biológica (expuesta al principio) pues deja muchas dudas sin resolver.
El deseo de perennidad es un hecho que nos produce una situación paradojal:
       “El ansia de eternidad o es una sublimación de los instintos de conservación, entonces es un sinsentido, pues en la naturaleza nada hay que no tenga un sentido o función que no se atrofie o desaparezca, por lo que el deseo de perennidad o se atrofia y desaparece, lo cual no ocurrió hasta el momento, o no es un deseo natural por lo cual debe tener otra explicación”.
Es el ser humano el único capaz de crear paradojas, pero justamente, lo paradójico lo es para buscarle una solución, que no se encuentra en el mismo enunciado del problema, justamente es la base de la posibilidad del conocimiento, es la motivación de la búsqueda de respuestas, es el problema que nos lleva a plantear hipótesis. Toda paradoja tiene solución, aunque se tarde toda una vida en resolverla, de lo contrario se convertiría en absurdo.
En definitiva, lo que quiero expresar es que el conocimiento actual limitado por las condiciones de verificabilidad y de sentido hacen que “el deseo de eternidad” que subyace en el ser humano, entre en el terreno de lo paradójico. Un deseo que no puede ser satisfecho es un sinsentido, algo absurdo y por lo tanto no puede existir, no puede ser real. Pero existe y es real, por lo que hay que buscar otra forma de acceso a la respuesta.

El hecho a partir del cual se puede esbozar una respuesta es que el “ansia de perpetuidad” se nos presenta a partir de la conciencia de sí mismo, de la inteligencia.
Si podemos de alguna manera establecer la naturaleza de la conciencia, la inteligencia, voluntad, a su vez podemos establecer de dónde nos viene el deseo de inmortalidad.
En la conciencia, la inteligencia, voluntad, etc. encontramos  características distintivas por ejemplo en el habla, el concepto, las ideas, las ideologías, el querer, el amor, y otros mas.
Tomemos la palabra, es el resultado de un acuerdo social para nombrar algo. Que a su vez representa la idea que nos formamos de ese algo: ej. casa, es un término que usamos para determinar un cierto tipo de objeto, mi casa, pero también es un concepto común a todas las casas. Por lo que una palabra, casa, se convierte en un concepto que representa una casa en particular y a todas las casa en general.
Quisiera aclarar que no hablo de lenguaje pues en un sentido amplio todos los seres vivos e incluso el universo, se expresan, algunos pueden entenderse entre ellos, pero solo el hombre puede inventar terminología para interpretarlos.
La posibilidad de conceptualización y transmisión de ideas que solo el ser humano posee, tienen características que tendríamos que analizar.
Lo que la ciencia ha demostrado hasta el momento es que el cerebro es la base en la que se asienta nuestra actividad pensante, y es a su vez su límite. Veamos un par de ejemplos. Cuando recordamos o creamos, nuestra mirada se dirige hacia uno u otro hemisferio cerebral como indicando qué parte del cerebro está en funcionamiento. Por otra parte una de las consecuencias nefastas que tiene la desnutrición infantil en el primer año de vida es el poco desarrollo del volumen de masa cerebral, que va a impedir que esa persona, en el futuro, pueda desarrollar su inteligencia.
Aunque limitado por la materialidad cerebral, la actividad pensante es la única función que puede reflexionar, o sea pensarse a sí mismo, dicho de otra forma, solo con el pensamiento podemos interpretar de distintas maneras el mundo, los animales y a nosotros mismos y nuestros pensamientos. Interpretar es pensar, interpretar es tener la posibilidad de comunicar y que se pueda comprender. Comprender es pensar.
Y esta actividad solo el ser humano, puede realizarla. Toda la naturaleza se expresa, en el aquí/ahora. Solo el pensamiento humano puede interpretarlo espacial y temporalmente en historia (pasado y presente) y proyectar (futuro).
En base a lo expresado hasta aquí se percibe que el pensamiento, la conciencia, es una actividad que va más allá de lo meramente cerebral, aunque limitado por este órgano. O sea, el pensamiento va más allá de lo meramente material, en definitiva es inmaterial.
Todo lo material está atado a los procesos naturales de corrupción, de finitud, del ciclo ecológico, del ciclo ecológico o universal. Comienza y termina.
Por lo cual si la conciencia, el pensamiento, u otra forma de denominarlo, es inmaterial, no está atado a esos procesos, no es corruptible, no tiene comienzo ni fin. Trasciende lo material.
Pero entonces ¿qué es el pensamiento? ¿de dónde viene? ¿a dónde va?, es una serie de preguntas que han tenido respuestas distintas a lo largo de la historia humana y que seguiremos investigando.
La limitación que impone el cerebro, al pensamiento, es justamente lo que nos hace que no podamos encontrar todas las respuestas, y especialmente todo lo referido a lo trascendente.
En conclusión: el “deseo de inmortalidad” nos viene de la propia naturaleza de la conciencia que es inmaterial.

A partir de aquí entramos en terreno de la fe y dejamos la filosofía.
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