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El error de los conductistas es confundir un patrón empírico con un universal filosófico y científico.

(BAUM, RIBES, ROCA Y HAYE) Sostienen que su disciplina ha identificado universales del comportamiento, basándose en principios como el análisis funcional, la conducta gobernada por reglas o la equivalencia de estímulos. Sin embargo, esta afirmación comete un error epistemológico fundamental: confundir patrones empíricos replicables con verdaderos universales.



Los “universales” del conductismo no son más que patrones que pueden repetirse con frecuencia, pero cuyo cumplimiento depende de múltiples variables: el organismo, el contexto, el entorno, el estado fisiológico y hasta el historial de reforzamiento previo.

Como ejemplo:

La denominada ley de latencia describe el tiempo que transcurre entre la presentación de un estímulo y la respuesta del organismo. Ningún ser vivo está exento de mostrar una latencia, lo cual parece sugerir un principio general. Sin embargo, lo decisivo no es la mera presencia de latencia, sino su predicción exacta y constante.

El problema es que el conductismo no puede establecer una fórmula universal que prediga sin error el tiempo preciso de respuesta. Un mismo estímulo puede provocar una reacción en tres, siete o diez minutos, dependiendo del organismo, del contexto o incluso del estado fisiológico. Esta variabilidad muestra que no existe una constante invariable, sino una distribución empírica de casos.

Por tanto, lo que se presenta como “ley universal” no es más que un patrón replicable: útil para describir regularidades observables, pero incapaz de alcanzar el rango de universal científico. Llamar ley a esta regularidad es cometer un error categorial, al confundir una tendencia empírica con un universal estricto como los que encontramos en física o química.



¿QUÉ ES UN UNIVERSAL, ENTONCES?

“UNIVERSAL FILOSÓFICO VS UNIVERSAL CIENTÍFICO”

UN UNIVERSAL EN FILOSOFÍA EN EL ÁMBITO ONTOLÓGICO, no depende de la observación, sino de la estructura del ser. En ontología, el universal no es una regularidad empírica, sino una condición de existencia. Por ejemplo, tomamos una roca en nuestras manos, ¿existe o no existe? No hay tercera posibilidad. Esta dicotomía no depende del observador ni del contexto, sino de la infraestructura del ser que se estudia en su momento. Por lo tanto, hay universales en filosofía también.

UN UNIVERSAL EN LA CIENCIA, son principios que son independientes de lo particular, no dependen de un sujeto ni de un contexto local. En la ciencia se le conoce como leyes universales. Se usa específicamente para magnitudes físicas que no cambian, mientras que la ley científica describe relaciones reproducibles y verificables.

Ejemplos:

EN QUÍMICA, la reacción entre ácido clorhídrico (HCl) y sodio (Na) siempre produce cloruro de sodio (NaCl) y gas hidrógeno (H
). Esto se cumple de forma idéntica en cualquier lugar del mundo, en cualquier época, sin importar el contexto.

EN FÍSICA, la velocidad de la luz en el vacío es exactamente 299,792,458 metros por segundo. Este valor no cambia si el experimento se hace en París o en el desierto del Sahara, hoy o dentro de mil años, mientras las condiciones sean equivalentes (vacío absoluto).

Estos son universales, filosóficos o científicos: su validez no depende del sujeto, del entorno ni de variables incontrolables. Son constantes.

EL ERROR CONDUCTISTA.

"CONFUNDIR REPLICABILIDAD CON UNIVERSALIDAD"

Que algo se repita muchas veces no lo convierte en universal. Lo universal es aquello que se verifica siempre, sin excepción, sin necesidad de condicionar su aparición a factores contextuales. Por eso, afirmar que principios como la ley de latencia, la conducta gobernada por reglas o la equivalencia funcional de estímulos son “universales” es una falacia de categoría. Lo que el conductismo ha identificado son patrones empíricos útiles y observables, pero no universales, científicos. Para elevarse al rango de universal, una ley debe cumplir con el principio de verificación sin variable: es decir, debe poder comprobarse en cualquier condición, con resultados constantes y sin desviaciones. Si no es así, no es una ley universal. Es solo un patrón de comportamiento condicionado... 

Una vez expuestos estos puntos, podemos percibir que las propuestas del conductismo evidencian que sus supuestas “leyes universales” no alcanzan la categoría de universales filosóficos ni científicos, sino que constituyen patrones empíricos condicionados. Estos dependen de múltiples variables y no se verifican de manera constante e invariable, por lo que su generalización como leyes universales es una falacia de categoría. Los verdaderos universales, ya sean ontológicos o científicos, poseen independencia de contextos, sujetos o circunstancias, y se mantienen constantes bajo cualquier condición. Por tanto, el aporte del conductismo es útil para identificar tendencias observables, pero no puede sostenerse como base de leyes universales, limitándose a describir regularidades replicables dentro de ciertos marcos empíricos.

 

Adrian Valencia.