¿Tú qué crees que es la filosofía?

¿Tú qué crees que es la filosofía?, tendemos a pensar que la filosofía es una vaina ahí para intelectuales y para personas que no van a fiesta, gente aburrida; pero si nos tomamos en serio la pregunta, nos damos cuenta de que es una duda realmente complicada, es muy sencillo quedarse en decir “la filosofía es una cosa” y no acabar diciendo nada, literalmente tenemos una palabra en el diccionario común y nadie en la calle sabe lo que es.
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Imagen de "la chica que saltaba a través del tiempo"
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    Antes que nada


    En general, las actividades humanas son muy abstractas como concepto, aunque la economía la podemos explicar como eso que hay cuando le das una moneda a alguien y recibes algo a cambio -y todas las repercusiones que tiene eso en la sociedad-, la escritura es cuando escribes algo, la música es cuando una mezcla de sonidos suena agradable, y demás, pero no es tan sencillo cuando llegamos a esta bella palabra que comienza por la letra f, sabemos que la filosofía es lo que hacen los filósofos, bueno, ¿y qué hacen los filósofos?.


    Me gusta rescatar las palabras de un maestro de lógica que tuve: no existe la literatura, existen literatos, no existe la filosofía, existen filósofos. Siendo, entonces, algunas actividades humanas el resultado de un tipo específico de persona. Conociendo mucha gente a lo largo de mi vida puedo llegar a decir que la filosofía no es para todos, o al menos es así en los tiempos que corren, no todos son capaces de producir pensamiento reflexivo, eso no se lleva mucho hoy en día; no todo el que es capaz de pensar es un pensador, y no todo el que sea capaz de reflexionar es un filósofo. Y no es un elitismo, es más bien selección natural, algunas personas simplemente no tienen facilidad cognitiva para algunas cosas, y eso no tiene nada de malo.


    Habiendo comprendido la filosofía como “lo que hacen los filósofos”, entonces nos queda otro dilema: la forma en la que vemos la filosofía. Solemos pensar que esta ya está escrita y que no podremos proponer nada que no sea una revisión de obras, leer un texto “filosófico” y hacer un comentario al respecto, intentando sonar profundo, intentando sonar lo suficientemente sofisticado y entendido, ser comentaristas y no aportar nada nuevo; pero la verdad indiscutible es que siempre se podrá proponer algo nuevo y hacer filosofía, mientras la vida le permita a Pessoa, éste seguirá fumando, y mientras la vida me permita filosofar, seguiré filosofando, ya que la filosofía no está en las palabras y reflexiones profundas y medio enredadas de unos señores chistosos de bigotes y barbas, la filosofía está más presente en nuestras vidas de lo que pensamos, está en cuestiones incluso banales, en preguntarse si tiene algún sentido ocupar un espacio y un tiempo determinados, y, en función de esto, preguntarse cómo es la forma más o menos correcta de actuar, para acto seguido preguntarse por qué actuamos como actuamos o por qué tenemos emociones tan complejas que a veces ni siquiera podemos entender, y, aún con todo eso, seguimos siendo igual de irrelevantes que ayer, tal vez un poco menos que mañana.

    ¿Eso tiene respuesta?


    Al responder la pregunta de “¿qué es la filosofía?” salta de vuelta el problema que ya planteamos al principio, y es que ésta actividad humana es demasiado difusa, no es algo que se haga tan concretamente como las ciencias, que incluso se han formalizado mediante un método general. Muchos filósofos le han dado un enfoque distinto a la filosofía, tratando temas y dimensiones diferentes y creando sus propios métodos, siendo esto una especie de estandarización, un modo de ordenar algo caótico.


    Por lo tanto, esta pregunta, al igual que todo en filosofía, no tiene una respuesta universal, sino diferentes enfoques y puntos de vista, y es decisión de cada persona -que se lo plantee- qué respuesta le quiere dar, qué respuesta le satisface esa duda. Claramente habrán muchos a los que esa pregunta ni les viene ni les va, no les interesa en lo más mínimo, y creo que es un buen test para identificar quién tiene madera de filósofo y quién no: si esta pregunta le siembra un fuerte deseo o incluso necesidad de ser respondida, y si realmente se interesa por investigar las fuentes que considere, y dedicarle tiempo a esa tarea intelectual, podríamos considerar que tiene ese deseo de conocimiento, no para alardear, sino para satisfacer el hambre de sabiduría y regodearse en la gula de los saberes.


    La filosofía, según como yo la podría definir, es una forma de perder el tiempo, una anestesia para el sufrimiento de estar vivo, en muchas culturas la vida es sufrimiento, las cosas que conlleva estar vivo es sufrimiento, la vida está llena de preocupaciones y castigos, y se han ideado diferentes métodos para que ese dolor no te consuma, considero que la filosofía, si bien no se desarrolló como movimiento con eso en mente, ha suplido esa necesidad de un analgésico en muchos casos, ahí tenemos a las religiones, salvando almas de esta desesperación, incluso Søren Kierkegaard le dedicó un libro a esa desesperación del ser humano por sus propias limitaciones y condición humana, lo que podemos interpretar como un sufrimiento más.

    Trascender


    En medio de todo esto, existen unas ganas de dejar algún tipo de huella entre los seres, una búsqueda de un éxito, el sueño humano, me gustaría llamarlo, pues buscamos un éxito que los medios nos prometen, cuando unos suertudos nos dicen “la suerte no existe”, eso nos motiva a esforzarnos: lo que nunca nos dijeron es que, ni aunque te esfuerces al máximo, nada te asegura estar en un mejor lugar que antes o avanzar en ningún sentido, y eso nos duele ahí, justo en la mortalidad.


    Y es que el ser humano desde siempre se ha contado historias de héroes, nuestra especie, cada cultura se ha visto influenciada por la búsqueda del heroísmo, de ser recordados post mortem, vencer no sólo a la individualidad, destacándose para dejar huella en generaciones venideras que hablen de dicho individuo, sino vencer también a la muerte misma.


    Me gusta proponer la analogía de la cocina: ¿quién decide si eres un buen cocinero?, pues todo el que sepa hacer arroz se sentirá todo un chef, se considerará un buen cocinero, con que sepamos hacer unos espaguetis todos somos buenos cocineros, pero sólo en nuestras propias cocinas; y para que alguien nos considere buenos cocineros, necesitará probar uno de nuestros bocados; así que es muy vago decir “mis ideas son muy geniales” cuando nadie más las ha probado y les ha dado el visto bueno, sería muy necio decir eso, por lo cual, para ser considerados como filósofos, necesitamos hacer llegar nuestra filosofía, porque sino esa filosofía se queda en la cocina de nuestras mentes.


    Entonces, quien decide compartir sus ideas, quien decide montar un puesto de comidas o un restaurante de esquina para compartir su cocina, lo hace porque busca trascender, que su arte no se quede en casa, exteriorizar y promover el consumo de sus productos -en tanto a que la comida, y los pensamientos, son producidos y necesitan un proceso-, una vez que alcanza el reconocimiento buscado, habrá gente que naturalmente se sentirá identificada con su mensaje, aunque todo esto es una vanidad (Reflexión sobre la Metafísica y su rol en la juventud pútrida a la que algunos estamos condenados, Nicolás Cifuentes Serna).


    La filosofía, o más bien, el ejercicio filosófico, es una forma de hacer que el conocimiento humano trascienda, supere a la barrera que es el individuo. Es un movimiento brusco mediante el cual el individuo lanza su paquete de pensamientos fuera de su mente o espíritu y espera a que alguien esté de acuerdo o no, que fortifique o refute dicho sistema, a ver si trasciende, a veces por un proyecto personal, a veces como proceso de concientización para masas, porque nadie escribe para sí mismo, todos escribimos para alguien.

    El proceso de trascender suena muy bonito y todo, porque la triste realidad es que, muy probablemente, sólo nos acaben recordando las personas a las que les debíamos dinero, y toda esta idea de que sólo se muere el que se olvida queda como un sueño, una consciencia suspendida, los fantasmas de una vida acabada, las historias de casas y sitios embrujados para no toparse con estos entes, que podrán contar historias, como en Canterville, o serán un cuento para mantener a la gente alejada, como en Cair Paravel muchos siglos después de la partida de los monarcas.

    Sentirse importante


    Uno necesita sentirse parte de algo más grande que uno mismo, es la razón por la que existe el patriotismo, el sentido de pertenencia, es por lo que vamos a marchas y nos consolidamos en un mismo movimiento y cada persona de esa multitud homogénea se siente completamente única y que en verdad una sola persona que no atienda a una manifestación ya es alguien detestable sólo por no hacer parte de su grupo, de la gran mayoría, necesitamos sentir que las acciones del individuo tienen repercusión en las decisiones de las masas, lo cual considero que es una idea demasiado romantizada de un movimiento ideológico.


    No me malentiendan, no quiero decir que la filosofía sirve únicamente para sentirnos especiales, sin embargo la única razón de que a día de hoy siga existiendo la palabra “filosofía” -y el uso de la misma- es la de alardear de ella, como algo muy culto y exclusivo, hemos pervertido su uso y ahora sólo es un detalle para que los demás tengan cierta percepción aumentada de uno, siendo que la verdadera filosofía debería ser la lupa, no el aumento. Asumiendo esto, aseguro también que aún existe una actividad intelectual en los grupos de amigos en la noche de los sábados, en un salón de clases, en la lectura y en el compartir ideas, pero no sé si a esto se le pueda a llamar filosofía como a lo que se dedicaban los grandes de la “filosofía”. Sin embargo, considero también que la filosofía, en cierto modo, es una cuestión de heroísmo por cómo reconocemos a los grandes y los usamos hasta como argumento de autoridad.

    El escape de la realidad


    Además de todo esto, diré algo que resultará confuso o irreverente: la filosofía es un escape de la realidad.

    Entonces, ¿qué diferencia habría entre religión y filosofía?, ambas cumplen la función de ser un analgésico para la mente. La diferencia radica en que la religión busca su escape mediante la fe en alguna fuerza, figura o sensación más allá de esta realidad o mundo material, mientras que la filosofía buscaría el escape desde esta realidad misma: La gran mayoría de filósofos, si es que no son todos, se han visto inspirados por la vida en comunidad, razonan con base en el comportamiento humano en sociedad y a partir de ello se ponen a criticar la “normalidad” establecida en esta vida en comunidad, sus falencias y sus virtudes, dejando por el camino la opinión personal del autor y cómo solucionar el asunto según este individuo.

    Todos ellos se sienten de alguna forma ajenos a la masa, aceptan a su realidad en cuanto a que existe, pero no están muy contentos de hacer parte de ella y buscan escapar de esa situación mediante la propuesta de soluciones o la revisión de los problemas sociales, para pasarle la vara a alguien más y que propongan la ruta de escape, la filosofía escapa de su realidad mediante la búsqueda de soluciones a futuro, el presente está mal y nos esperanzamos con que la solución -que propuso un filósofo de renombre- nos traerá tiempos mejores, porque sería muy vago y escueto criticar a lo establecido sin proponer una utopía, eso no es propio del filósofo, eso es propio del charlatán.


    La diferencia, en síntesis, es que la religión busca un escape total de esta realidad, el filósofo sólo se aleja un poco y decide desvelarse con la esperanza de que vendrán tiempos mejores, viendo como todo siempre se puede poner peor, pero sin perder la esperanza. Esperando una realidad menos putrefacta.

    El miedo a la irrelevancia


    Profundizando ligeramente en la sensación de relevancia: todos los individuos somos completamente reemplazables, vivimos por 70 años -en promedio-, algunos tienen la suerte de estudiar, otros no; de los que estudian, sólo algunos llegan a graduarse con éxito, otros no; de los que se gradúan, sólo algunos logran conseguir un trabajo, ganarse la vida y lograr sentirse importantes, pero ese sólo es un camino muy específico para alcanzar una meta muy cerrada, y que casi todos tomamos como la correcta. Algún otro humano puede decir “no, ese camino o esa meta no me satisface, yo quiero ser un fracasado”; tomamos esa concepción del éxito y el fracaso en algo tan abstracto como lo es la vida y le otorgamos cierta deseabilidad al éxito, pensando de quien no lo busca que es un fracasado y un insano, un necio y un sandio. Promovemos la imposición de estos ideales para una fácil generalización, para sistematizar de algún modo la realidad social que habitamos, para decir “esto es lo deseable y esto no”, y luego nos quejamos del sistema.


    Con una existencia tan aburrida no le queda de otra al pobre simio con lenguaje que proponerse otras realidades más deseables que ésta, agregar la dimensión del éxito, decidir que ésta realidad es detestable y debemos superarla hacia un mundo más inmaterial, el ser humano se rehúsa a aceptar que la vida no tiene un sentido, que no hay nada al otro lado del espejo, que ha vivido su vida acorde a una religión, una filosofía de vida o unos valores, para nada, para encontrarse en la vacía infinitud del ser como especie, que vinimos al mundo por suerte y para absolutamente nada, nuestros infortunios muchas veces no tienen una explicación divina ni sobrenatural, y nos choca lidiar con esa profunda racionalidad de la realidad que habitamos:

    Ese es el terror: haber nacido por nada, tener un nombre, consciencia de uno mismo, profundos sentimientos internos, una excruciante necesidad de vivir y expresarse…, y, con todo esto, morir. Parece una estafa. ¿Qué clase de deidad haría tan compleja y deliciosa comida para gusanos? (Ernest Becker).


    Ante dicha desilusión, el simio cae en la aceptación, organiza su habitación metafóricamente y empieza a buscar explicaciones por su propia cuenta, ahora en este mundo, no en otro después de esta vida, sino aprovechando la certeza de estar vivo, ahora más cerca de la ciencia pero sin llegar a ella (porque la filosofía ha sido la sirvienta de la ciencia, se le permite escuchar los chismes de su ama, pero no participar en esa discusión), ahora desnudo de fe, convencido de buscar el sentido de tener esperanza en los tiempos que corren, esperanza de que todo se solucionará y viviremos en un espacio y tiempo mejores.


    La filosofía


    Concuerdo con Jesús Mosterín cuando dice que “la filosofía es un intento de religión racional”, pero considero que es más que eso, considero que la filosofía no se queda en lo que estoy diciendo, en esta función de “dopaje”, la filosofía verdadera, la filosofía “con mayúsculas”, es una herramienta importantísima para que no seamos uno más en este mundo lleno de problemas, sino para que nos encaminemos a encontrar la salida y no seamos unos simples criticones, porque es muy sencillo seguir con la vida corriente y hacer caso sólo a lo evidente, decir “¡oof!” y expresiones similares cuando nuestros pares se lamentan furiosos de algo sin siquiera entender la referencia, decir que vivimos en una porquería de país sólo porque escuché a alguien más “inteligente” que yo decirlo, no echarle alimento al intelecto y ser parte de la masa mala; no es tan fácil salir de ella.


    Ahora, la filosofía puede tener tres significados: la filosofía como actividad humana, la filosofía sólida y la filosofía fugaz. La primera es el concepto de filosofía, de la sirvienta de la ciencia, como dice Alfred Ayer, es lo más general. La segunda es mucho más específica, más concreta, es la filosofía de los grandes filósofos que han vivido, los que dejarán de hacerlo, y los que lo harán; una filosofía que se asemeja más a la historia de los grandes filósofos que a otra cosa, con sus contextos, influencias y visiones del mundo. 


    La filosofía fugaz es más como la filosofía para el hombre promedio, aquellos que no tenemos reconocimiento ni en nuestra vivienda, unos completos Don Nadie, aquellos que nunca apareceremos en un libro de historia, prácticamente estamos sentenciados a ello, mientras que los grandes nombres proponen sistemas universales de acción, reacción, preparación y solución, el hombre promedio hace sistemas que le sirva a esa persona en particular, sistemas que son más como mantras, y esa sería la “filosofía de vida”. Aquí el peligro es que una filosofía en cualquier momento se puede convertir en una religión, como le pasó a lo que hoy conocemos como catolicismo, que no es más que la monopolización del cristianismo, que es la degeneración y divinización de una filosofía de amor y paz de un judío pobre. La filosofía fugaz se puede solidificar, ninguno de nosotros está exento de que algún día su pensamiento tenga éxito, a menos que vivas en el tercer mundo, donde eso es para chicanear y pocas posibilidades hay de que alguien escuche a quienes lo hacen por pasión.


    Si todos podemos hacer filosofía, ¿entonces por qué no todos somos filósofos? Bueno, resulta que la filosofía no es algo que precisamente se haga, sino que debe ser reconocida, para un filósofo ya de renombre es muy fácil escribir algún artículo y que éste sea aclamado como una obra maestra, pero luego una persona cualquiera se aventura a hacer lo mismo y todos lo tachan de charlatán y demeritan su contenido aunque a veces sean genialidades; entonces la filosofía sólo es filosofía si hay alguien que la reconozca con ese nivel de cultura, porque actualmente pareciera que nos guiáramos por eso: a lo más exclusivo, exitoso y sobrio le llamamos “cultura”, a todo aquello que nos haga parecer más intelectuales.

    ¿Qué pasa cuando uno estudia filosofía?, con las esperanzas y las high hopes de que podremos encontrarnos a nosotros mismos y resolver las más grandes dudas de la humanidad y salvar a las ballenas y… y… Muchacho, si la filosofía se encargara de resolver las “más grandes dudas de la humanidad”, ya estarían resueltas, y habrían dejado de ser “grandes dudas”, aquí no te encontrarás ni salvarás a nadie, todo eso lo puedes hacer sin tener que estudiar filosofía, como dijo Pessoa:

    Miro los andrajos de cada uno -de los indigentes- y las llagas y la mentira, y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído -porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso- (Pessoa).

    Es posible ser un filósofo y hacer lo que hace un filósofo sin nunca haber estudiado filosofía, es posible re descubrirte y conocerte sin tener que hacer nada más que convivir contigo mismo.
    Cuando le digo a alguien que estudio filosofía, hay dos posibles reacciones: “uy, qué chévere, es muy complicado” -ya te digo, nivel de cultura-. o “¿es verdad que todos ahí fuman marihuana?”; no voy a profundizar en la segunda por la estupidez que es estigmatizar el consumo de psicotrópicos y atarlo a una cuestión tan banal como estar inscrito a una carrera específica, mejor voy por la primera.


    Se tiene esta percepción de que la filosofía es complicada y que es como la química: tenemos en mente al químico rodeado de tubos de ensayo, probetas con líquidos burbujeantes de colores llamativos y con sistemas de decantación que en cualquier momento todo podría explotar, es una caricatura; la triste realidad es que, al menos en la universidad a la que asisto, que no es precisamente la cúspide del conocimiento, lo que se tiene en el programa de filosofía es más un recorrido histórico que otra cosa, comienzas con los filósofos presocráticos, luego ves los diálogos platónicos, filosofía aristotélica, de ahí la helenística y ya te vas especializando un poco en lo que te interese: es un recorrido histórico lineal, cuando ni siquiera la historia es lineal, te ponen a leer ciertos textos de argumentación, te enseñan a algunos autores, claro que enseñan lógica, pero nunca ha sido la preocupación, te dan algunos textos de referencias y poco más, entonces el paso por la carrera de filosofía acaba siendo una entrega de bibliografías, conoces gente, te embrollas en asuntos académicos y personales, aprendes frasecitas sueltas en clases, pero en ningún momento te enseñan filosofía. Porque la filosofía no se aprende ni se enseña, sino que es un proceso personal de cada persona consigo misma, a como le vaya quedando, como dibujar, como hacer un postre de crema, como te vaya quedando.

    Y reitero en la analogía de la cocina: puedes hacer un curso de culinaria y te enseñarán conceptos básicos como recetas predefinidas, términos de cocción y cómo saber cuando algo se te está quemando, pero nadie te enseñará a cocinar; el único que sabe qué ingredientes usar y cómo prepararlos, cómo cocinarlos y cómo comerlos eres tú, y nadie más puede decirte eso; a menos que sigas una receta, pero ahí no estarías cocinando, estarías reproduciendo una obra ajena.



    ¿Y entonces qué?


    A modo de conclusión, la filosofía nos hace perder el tiempo, porque el tiempo no puede recuperarse, como dijo Virgilio: “tempus fugit”; es el miedo a no trascender, a no importarle a nadie, manifestándose y brindándonos una manera de ganarnos nuestra individualidad verdadera saliendo de la masa, sirve para organizar nuestra vida y moldear nuestra percepción del mundo. Es tan necesaria como la ciencia misma, porque la señora necesita a alguien que le limpie la casa, ya que ambas juntas cuentan la historia del pensamiento humano desde que el hombre se dio cuenta de que es vulnerable, que todos podemos morir en cualquier momento, sin reconocimiento alguno.

    El arte hace que una actividad sea más agradable para perder el tiempo, pintar un garabato al final del cuaderno es muy diferente a dejarse la vida en una pintura con técnicas demenciales, aunque en ambas se esté perdiendo el tiempo, proponerse preguntas “profundas” más tocadas que la meretriz del barrio es muy diferente a hacer filosofía, las artes nos salvan de la desesperación que nos supone sentir que tenemos tanto tiempo, y no sabemos cómo perderlo.

    Referencias

    Becker, Ernest, (1973), La negación de la muerte. Editorial Kairós.
    Mosterín, J. (2010). Filosofía. En Naturaleza, vida y cultura. Lima: Fondo Editorial de la
    UIGV.
    Pessoa, F. Tabaquería.

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