4 de abril de 2017



Publicado por: Norberto E. Martín

El otro.


El otro como indiferente.
El otro como objeto, con el que negocio.
El otro como sujeto, como tú, como otro yo.
El otro como Tú absoluto


TRECE HOMBRES QUE MIRAN
Para que pueda ser he ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia.
               Octavio Paz
TRECE HOMBRES QUE MIRAN
Mire la calle.
¿Cómo puede usted ver
indiferente a ese gran río
de huesos, a ese gran río
de sueños, a ese gran río
de sangre, a esa gran río?
               Nicolás Guillén
Yo.
Tú.
Él.
Nosotros los seres humanos.
Los otros nos interpelan, yo interpelo.
Paso desapercibido, pasan desapercibidos.
Los otros invisibilizados, no los veo, paso al lado.
No entran dentro de mi campo de interés. Están ahí, en el montón, en la marea humana. Son animales que estorban mi camino. Los hago a un lado, sigo.
Me digo postmoderno y lo que he hecho es profundizar lo que dice el tango:
Cuando la suerte qu’es grela
Fayando y fayando
Te largue parao...
Cuando estés bien en la vía,
Sin rumbo, desesperao...
Cuando no tengas ni fe,
Ni yerba de ayer
Secándose al sol...
Cuando rajés los tamangos
Buscando este mango
Que te haga morfar...
La indiferencia del mundo
Que es sordo y es mudo
Recién sentirás.
Verás que todo es mentira
Verás que nada es amor
Que al mundo nada le importa
Yira, yira
Ese otro, el que me es indiferente, el que no lo considero humano. De pronto, se visibiliza, entorpece mi camino, intento apartarlo, protesto porque me molesta, chocamos.
Ahí, recién, en ese momento, me doy cuenta que es un ser humano, que no puedo apartarlo como perro de la calle, entro en negociaciones con ellos. Son necesarios para mi vida diaria, me proveen de las cosas que necesito.
Son objetos necesarios en mi vida, así como la mesa, la hoja y la birome con la que escribo. No los conozco, no me conocen. Ni intentamos conocernos, solo negocios, solo objetos.

Con algunos de esos otros me involucro, ya no son otros son tú, tienen nombre, le ponemos nombre.
Nombrar, la acción mas importante del ser humano.
Nombrar, dar nombre, decir de las cosas y de las personas, individualizamos.
Con él al que llamamos por el nombre, al que llamamos tú, dejamos de lado el negocio, lo considero como otro yo, capaz de sentir, amar, pensar.
Sienten, aman, piensan, al igual que yo. Comenzamos y proseguimos una relación yo-tú, tú-yo.
Deja de ser un objeto en mi vida, es alguien, no cualquiera,  un tú, al que amo u odio, por el que tengo sentimientos encontrados, quiero que piense como yo, pero sabemos que ellos piensan por sí mismos, discutimos, razonamos, nos ponemos de acuerdo. En palabras de Benedetti:
HOMBRE QUE MIRA A OTRO HOMBRE QUE MIRA
Vos también estás asombrado
no querés admitir la salvación por el infierno
o acaso no podés creer que haya
cualesquiera hijos de vecino
que metan la vida prójima en el cepo
que un tipo pueda respirar
y buscar el amor
y faenar el tiempo
y besar a sus hijos
y decir oraciones
y hasta cantar bajito
después de haberse traicionado
corrompido
                    enmerdado
metiendo la vida prójima en el cepo
vos
como yo
estás asombrado
en realidad no hay fogata para ese humo
ni siquiera hay sed para ese cántaro
tal vez no haya pájaros para ese viento
para ese inmune no haya después
las venganzas yacen calmas y feroces
la paciencia se arruga de tanta espera
vos te preguntás donde está la cosecha
y sin embargo tu estupor intacto
demuestra por lo pronto que algo cosechaste
vos mirás como inmóvil y te miro mirar
somos dos conjeturas incómodas fraternas
no entendemos un pito de esta infame justicia
de esa fábrica de odios que propone el olvido
a lo mejor te vino la infancia en un destello
sentiste la sesera         esa insensible
pensaste el corazón         ese impensable
pero ni así te acostumbraste a esa saña piadosa
a esa masacre tan emputecida
así que no aflojaste ni un suspiro
y te seguiste asombrando te seguiste
yo te miro mirar como inmóvil
pero claro la cosa no se arregla
con miradas
                     ojeadas
                                  o vistazos
qué tal si nos arremangamos vos y yo.[1]
Pero también tropezamos con otro tú, un Tú, así con mayúsculas, un Tú absoluto.
Ante Él hago lo mismo que con los seres humanos.
Lo niego, lo aparto, busco formas de invisibilizarlo, y Él no se hace sentir, nos deja a nuestra elección.
A veces, las circunstancias de la vida, enfermedades, accidentes, aunque no crea en Él, lo busco, le pido, me dirijo a Él para remediar lo que me está sucediendo. Negocio, hago transacciones. Vos me das esto y yo te doy aquello. Prometo.
Pero cuando lo acepto como parte de mi vida, cuando lo considero como Tú, cuando comprendo que me ama, que me ha creado por amor, que me ha puesto en un tiempo y lugar para ser testigo de su amor, que me hace libre de elegirlo, comienzo a entender que mi vida tiene otro sentido, uno trascendente. Que puedo amarlo, que puedo sentirlo, que puedo hacerlo parte de mi vida.


Gabriel Marcel, filósofo existencialista del siglo XX, que en su análisis de la existencia humana hace este recorrido:
El otro como indiferente.
El otro como objeto, con el que negocio.
El otro como sujeto, como tú, como otro yo.
Este mismo análisis lo lleva a descubrir el Tú Absoluto, lo que lo lleva a su conversión al cristianismo.
El otro como Tú absoluto
El siguiente escrito está basado en su análisis. Fuente "Diario Metafísico"


[1] Mario Benedetti
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