1 de abril de 2017



Lyotard: Feuerbach y la crítica aparente de Marx a la filosofía

Publicado por: martin masciardi / @MartMasciardi



La undécima tesis sobre Feuerbach escrita en 1945 dice: ¨Los filósofos no han hecho sino interpretar el mundo de distintas maneras; se trata de transformarlo¨ ¿A qué apunta la crítica de Marx, no postula la misma la ineficacia de la filosofía y su completa desvinculación con la acción capaz de transformar el mundo? No precisamente, porque la crítica del joven Marx es el punto de partida para reflexionar sobre la supuesta ineficacia de la filosofía y demostrar que no están de un lado los que hablan y del otro los que obran.


  Porque es necesario tener en cuenta que hay en Marx una crítica aparentemente radical de la filosofía pero las cosas son más complejas que eso, en todo caso hay que demostrar que así sea. Es decir, Marx no decreta la anulación de la filosofía o la muerte de ella por ineficacia; sino, por el contario, le da a la filosofía su plena dimensión que va más allá de considerar a la filosofía como una reflexión separada de la realidad. Y es así porque la filosofía misma está habitada de manera inconsciente por la realidad y la problemática social real. De este modo, la crítica misma, nos conduce a considerar a la filosofía como a una ideología; como ese inconsciente presente en la realidad.  


La filosofía es una ideología porque es ese inconsciente presente en la realidad. Sin embargo una ideología como la reflexión filosófica tiene su razón, en sentido marxista, porque hunde sus raíces en la realidad y sus problemas; con los cuales, en su culminación, en sus respuestas a esos problemas, parece desconectarse por completa.


  Y esto es así porque mientras existan resistencias en la realidad a ese deseo que busca manifestarse, a ese inconsciente que busca tornarse consciente en la realidad, y no tenga el poder de organizar a los hombres y las cosas en correspondencia con ese deseo, con ese inconsciente, se expresa la filosofía de otro modo, se disfraza y juega en otro ámbito de la realidad. Es por ello que es ideología. Porque mientras no están dadas las condiciones de materializar ese deseo inconsciente en la realidad, la filosofía en su culminación, en sus respuestas a los problemas del mundo, se desconecta por completo de esa realidad que pretende cambiar.

Veamos un ejemplo claro que nos da Lyotar, éste nos permitirá ilustrar lo expuesto:

¨Si por ejemplo desde la filosofía de Descartes hasta la de Kant, la libertad aparece como un tema cada vez más central para la concepción del hombre y del mundo, como un concepto cada vez más decisivo en  la teoría, es porque en la práctica se está fraguando, creciendo una corriente que sumergirá a Europa en la revolución francesa; es así, porque un nuevo orden social y humano está en gestación dentro del antiguo que le impide expansionarse y porque encuentra en la problemática filosófica de la libertad una expresión posible de su propio deseo.¨


   ¿Por qué la filosofía es falsa, por qué la filosofía en su culminación, en sus respuestas parece desvincularse por completo de esa realidad que pretende transformar? Aquí es donde la crítica de Marx a la filosofía adquiere toda su profundidad. Sin embargo la falsedad de la filosofía no es como en el juicio que afirma que la pared es verde cuando en realidad es roja. La filosofía es falsa de otro modo, es falsa en cuanto traslada a otro mundo el mundo metafísico, en tanto sublima, lo que pertenece a este mundo. Su falsedad consiste en que las respuestas a los problemas de la realidad, del mundo, salen fuera del mundo real y no conducen a resolverlos.


    Pero entonces, la filosofía no tienen realidad, cuál es la realidad de la filosofía.  La realidad de la filosofía procede solamente de la irrealidad de la realidad. Porque la misma procede de la carencia que experimenta la realidad, por ejemplo, de otra organización de las relaciones entre los hombres presente en la sociedad pero que no logra liberarse del todo de las viejas normas sociales. Y como en el mundo humano real hay carencia, deseo, la filosofía puede construir en esa carencia un mundo no-humano, es decir: metafísico.


   Marx toma a la filosofía en su consideración más profunda, la del deseo, como hija del deseo. ¿Pero qué subyace por debajo de ese deseo? La búsqueda de su muerte que se traduce en la no-necesidad de la posibilidad de la filosofía y de colmar así ese deseo. Pero como la filosofía es ideología, según entiende Marx, es incapaz de ponerse fin a sí misma porque  su existencia depende de esa carencia que existe en la realidad y porque su decir al ser ideológica no puede colmar esa realidad y por ello también es falsa, porque en sus respuestas, en sus intentos de transformación de la realidad, se desconecta de eso que pretende cambiar situándolo en otro lado, en un más allá de este mundo.

   El ¨ahora se trata de transformar el mundo¨ de Marx, significa cambiar la realidad y la vida de tal forma que no haya necesidad de filosofar. ¿Pero cómo puede el filósofo en relación a esta exigencia realista transformar el mundo? En el sentido de Marx una acción transformadora consiste en destruir lo que hace posible la falsa conciencia, la filosofía, la ideología en general, en colmar esa carencia en la que tiene su origen la desorientación ideológica. Porque transformar el mundo supone que en él hay una aspiración a ser otra cosa y es así porque lo que falta, esa aspiración, ya está ahí presente. Hay un sentido latente que ronda las cosas y transformar el mundo es liberar ese sentido, darle pleno poder.


   De esta manera se articulan palabra y acción, como se mencionó al comienzo: no están de un lado los que hablan y del otro los que obran. Porque la acción transformadora  es una ¨teoría¨, una palabra que se arriesga y que desea con el mismo deseo que la realidad. Por ello es necesario el encuentro entre el pensamiento y la realización porque el pensamiento y la palabra sólo pueden ser verdaderos si la realidad viene al pensamiento, si el mundo viene  a la palabra.


  Porque si es verdad que el mundo pide ser transformado es porque hay sentido en la realidad que pide acontecer, pero si es verdad que ese sentido pide acontecer, es porque su advenimiento se ve impedido en cierta forma. ¿Pero dónde está esa resistencia, quién es el adversario? El adversario está dentro, dentro de nuestro propio pensamiento porque pensar desde la acción no es entrar en lo ya pensado, es ante todo luchar contra lo que separa, contra lo que impide al deseo tomar la palabra y con la palabra el poder. Sin embargo, la mayoría de las veces, la teoría se ve socavada por su posición social e histórica como ideología, al estar amenazada desde su mismo interior, por la caída en lo ya pensado, por degeneración en lo establecido; entonces, la filosofía qué. ¿Entonces la filosofía no sirve para nada?...


A modo de conclusión:

No se puede transformar el mundo si no es comprendiéndolo, es decir, articulando palabra y acción, porque la filosofía es ese momento en que el deseo que está en la realidad viene a sí mismo, ese momento en que la carencia que padecemos en cuanto individuos o en tanto colectividad se nombra y al hacerlo se transforma. Por eso filosofar, porque hay deseo en nosotros: eros y philia. Y porque está en nosotros la capacidad de articular lo que aún no está con la realidad más que de manera inconsciente pero latente y en potencia pero sobre todo filosofar porque el motor que nos impulsa a hacerlo no se limita a la falta, a la carencia, en todo caso porque nuestro deseo nos desborda, desborda de eros y philia. Y para concluir, junto a Lyotard al final de su texto: En verdad, ¿cómo no filosofar?



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