11 de julio de 2011



Anécdotas filosóficas: contexto, microcontexto y hermenéutica de la expresión filosófica.

Publicado por: Esteban Higueras Galán / @HGEsteban

Anécdotas filosóficas es la denominación para una sátira y como he dicho en un par de ocasiones, no soy bueno para el oficio de las sátiras. Quiero explicar que motiva en mí y como entiendo esa afirmación; comencemos por el segundo propósito: no soy bueno haciendo sátiras pues siempre acabo dándoles un sentido éticamente formal y un tono de epopeya. No puede decirse de mí como creador de sátiras que soy como esos Griegos, inocentes creadores de ficciones simbolizadas, burlones inmorales del espectáculo contemplado, auténticos bromistas de y para la representación teatral. Mis sátiras son más bien risas suaves en el teatro, risas de mujer en la calle si cambiamos de escenario histórico; para definir mejor, pequeñas quejas en ocasiones en forma de aforismo contra el espectáculo que se contempla.

Y en efecto, la sátira va contra algo. Va contra algo que se contempla y en el mejor de los casos que se piensa. Aún así, no hay en la anécdota como vocablo un ataque ni una defensa indirecta a una cientificidad no construida con presupuestos auténticamente genuinos de su propia estirpe, se trata entonces en referencia a los maestros del arte griego de una sátira nombrada, cuando menos en el acto en que tácitamente se nombra lleva inocencia y por supuesto, lleva ficción si es que el esfuerzo de creatividad del escritor surte efecto. ¿Y de que hablamos esta vez? De una caracterización suis generis que va en oposición a la tradición histórico filosófica occidental que hemos descrito en otros artículos en las que el filósofo está inserto en la organización histórica estructural de las ideas y en la que encaja dentro del marco de las proposiciones, los objetos y la ciencia filosófica. La oposición consiste en la autonomía del filósofo frente al universo que le da autonomía, que lo hace existente; el filósofo, debe en contraparte, determinar el gradaje en el que pertenece a ese universo.

Referimos por supuesto en la adecuada existencia histórica de las ideas y el universo físico a un elemento antifilosófico y por esencia, suprahistórico. Se trata de la condición opuesta al filósofo y su condición originaria traducida en el universo físico en su dignidad especial; se trata del cuerpo descompuesto y viviseccionado, orden de eventos que es difícil y casi incierto enumerar y clasificar tangencialmente.
Y es que valga la pena decirlo y resulte valioso para el lector, hay personas intelectuales que se preocupan por encontrar al ser humano en su esencia pura. Hace un tiempo estuve investigando y escribiendo sobre la posibilidad de los intelectuales y los filósofos actuales de encontrar al ser humano en esencia, dicha preocupación hacía parte de un debate privado. Yo llegué a la conclusión de que no tenía sentido y que era una pretensión insostenible frente a la realidad misma de tal inspiración pues se trata de una línea de pensamiento Heideggeriana-Nietzscheana que como entre dientes sostienen muchos Nietzscheanos y que se me permita la indiscresión, es cada vez más discorde tanto con los descubrimientos y señalamientos de los horizontes de la filosofía Nietzscheana y aparte, de la filosofía Heideggeriana; Tema este que da para abordajes más amplios y que no tocaré en este momento pero que, estoy seguro que el lector apenas un poco informado podrá identificar las fuentes de esta línea y las vertientes de las opiniones que la rodean que dicho sea de más, son expositores y argumentaciones fabulosas.

Por mi parte, llegué a la conclusión de que los intelectuales y filósofos actuales apenas podían hacer descripciones paralelas a esta línea y propiamente eso, descripciones. Hacer descripciones de los seres humanos a partir de los excesos y potenciaciones racionales de determinados pensadores que dejaron inconclusos o desviados sus investigaciones y planteamientos; Nietzsche por ejemplo, describir, describirse y encontrarse en las descripciones. Tema también muy amplio el cual confieso que prefiero no revelar y apenas compartir parcialmente como es la naturaleza de mis publicaciones en internet.

A dicha gesta de acercamiento entre intelectuales y netos individuos faltó la segunda parte, el complemento de la doble tabla de afinidad: describir al filósofo y al intelectual. ¡Pero qué odisea¡ no hemos descrito siquiera al individuo y apenas tenemos la denominación común de sujeto como legado de la historia filosófica del siglo XX. Hace falta la explicación de porque la consideramos una odisea. En el mero estado de cosas, cualquier elemento tiene su objeto de acciones y de percepciones y en ese estado de cosas el sujeto es únicamente el reflejo hermenéutico de las realidades materiales y conceptuales. No se trata entonces siquiera de la tradicional relación artificial entre el sujeto y el objeto, se trata por el contrario de la más primaria relación entre el objeto y el objeto. ¿Nota usted amable y por mí respetado lector esa paradoja ordinaria que nos ofrece la ciencia filosófica misma? Desde la más primaria percepción del mundo tenemos que definir la existencia de los elaboradores de ideas y los meros individuos y no hay siquiera un elemento diferencial bien puesto entre los dos pues en los dos casos se trata tanto para el intelectual y el individuo un relación de percepciones, objetivaciones y percepciones iguales. En efecto atendemos a una necesidad primaria cuyo campo de acción en un mero estado de cosas no ‘está por fuera’ de los estados primarios del pensamiento.


Describir al intelectual requiere del paso biunívoco por la relación objeto-objeto y objeto universo, no hay en ello siquiera en el nivel epistemológico un establecimiento pre-dialéctico; Aunque sepamos que los libros cristianos de historiografía filosófica mientan en sus clasificaciones individuales y especialmente por motivos de discernimiento moral, éstos no se equivocan en estructurar la definición epistemológica y nos enseñan correctamente en la historización del concepto que, en la denominada por convención relación previa a la categoría sujeto-objeto no hay una relación plausible de biunivocidad ni univocidad que permita un establecimiento de tres o siquiera de dos. Seguimos entonces viendo la descripción de la dificultad de la tarea de describir al intelectual. Nota aparte: ¿Cuál es la explicación de la clasificación? Aunque discutible, se trata de que Nietzsche es el mayor representante de esta categoría, de la relación objeto-objeto en tanto a!
la compresión del mundo. Aunque me cueste reconocerlo, las experiencias de la lectura intensa de Nietzsche no sólo revelan una asistematización desagradable sino una comprensión difusa e insuficiente del universo físico. Ya Deleuze había dado una fórmula para combatir este fenómeno pero no ahondaremos en ella, el que quiera hacerlo que se dedique a leerlo y a reflexionarlo permítaseme amistosamente la broma. Diremos únicamente que la indagación epistemológica y ontológica en la relación objeto vs objeto dicha de manera cómica y realista es la que puede darnos las definiciones y conceptuaciones para describir al intelectual y al mero individuo. Por mi parte adelanto cada día en dicha investigación y no tengo problema en compartir con usted apreciado lector/a esa intuición. Aunque sí, confieso que aquí sólo hago pequeños resúmenes y concisas revelaciones que espero, ayuden a reflexionar a los lectores.

Claro está, en la categoría del objeto cómica y explicativamente dicho, del objeto en oposición al objeto se encuentran muchas más descripciones, conceptuaciones y especializaciones que el lector perspicaz puede inferir si se atreve a direccionar sus investigaciones lectoras y sus experimentaciones ontológicas en ese sentido o bien, si va directamente a las fuentes escritas y a las fuentes históricas( un poco de risa amigos, es bueno estimular nuestros sentidos cultivando la imaginación filosófica).
Hablamos entonces de la relación física del objeto en oposición al objeto, para ironía y paradoja de cualquier mente filosófica, el sujeto es una ficción motivada por factores externos a la existencia material de los objetos y de repente, tocamos un viejo tópico que se mezcla con uno de la exquisita e invaluable Francia intelectual: el rizoma y el cruce de los estratos, la ruptura del átomo en pro de la fragmentación de los objetos puros da entrada al concepto de individuo neto. Pero es mucho más; a partir del rizoma se constituye el sujeto como sujeto y como sujeto deseante lo cual lo contrapone de manera peligrosa en el campo de prácticas de la experimentación por el conocimiento. La acotación de lo deseante desde la nueva análitica psicológica abre la puerta al camino para resolver el problema de la formación y conformación del sujeto en aquél épico problema de los siglos IXX y XX.
Pero dejemos la proyección filosófica subhistórica de lado que es de por sí bastante pretenciosa y que requiera de un trabajo honesto, arduo y meditado que aún no está consagrado. El objeto y el objeto mantienen una relación de afinidad que es apenas y en términos no holísticos objetos percibidos por un sujeto trascendente, es decir, por un sujeto entrado en individuación superior al estado puro de los objetos. Y valga la aclaración y que sea para disolver mitos infundados como los hay y otros no, mitos infundados acerca de la extracción de contenidos de la que ya hemos proferido unas palabras en artículos anteriores los cuales causaron molestia en algunos foristas espontaneos, foristas a los que atiendo su recomendación de hacer de mis escritos un espacio exclusivo de análisis. El mito de la extracción de contenidos en el auge y renacimiento de la filosofía francesa tan denostada y tergiversada por prejuicios hacía pensadores consiste en que se supone que tales extracciones se hicieron básicamente por experiencias sensoriales y místicas, desde Bataille hasta Deleuze cuando al contrario, se trató de una exposición histórico filosófica que se perfeccionó en la segunda mitad del siglo XX. La especificación temática es la siguiente: superar el espíritu puro adición a las cosas no es otra cosa que un método, un método de estudio de los objetos, lo demás es organización estructural de los contenidos, recreación de los tópicos e investigaciones temáticas de acuerdo a los ambientes y entornos. La pasionalidad de Deleuze por los autores en especial por Nietzsche no reduce las acciones racionales y argumentativas de la extracción; tema este también para abordar específicamente.

Hecha la contradicción sírvase el lector a deshacerse de los mitos de la televisión y como dice el mismo Deleuze, sírvase a leer el guion y siga los pasos del director ¿Dónde? En el libro, pues no encontrará recurso más adecuado para percibir el sistema de signos y graduaciones de lo que ha sido la gesta en este caso Deleuzeana en los abismos bitemáticos del siglo XX; puede también reír burlonamente del escritor pues se ha esforzado mucho por hacer una metáfora descriptiva en torno al ‘’puro espíritu’’ de las cosas. (opsss perdón multitemáticos y ampliamente sugerentes).

Ya hemos dado un paso intermedio y no clasificado en nuestra investigación, sepa querido lector/a que he compartido una fragmentación ontológica extractada de mis propias investigaciones acerca del aforismo la cual usted puede encontrar muy fácilmente como primera publicación de este blog. En ella no va a encontrar una gran explicación pues no fue escrita para ello propiamente sino para molestar a los eruditos que viven muy ocupados, para que hicieran abstracción, pensaran más allá del libro ¡¡y funcionó¡¡, así que hable con ellos y le darán buenas guías y consejos, enterese también que estudiar la estructura gramátical y la evolución sintáctica del aforismo le dará las claves para leerlo de la mejor manera y para reconocer los contenidos que lo conforman ¿no es un gran avance?.

Continuemos. Nadie es el juez del filósofo más que el mismo y ello no es como parecería una sentencia del mundo antiguo, es por el contrario una sentencia y una aproximación de la filosofía práctica del siglo XX ya que aquellos filósofos que se cuestionaban de sí mismos y que se juzgaban no eran los de la antigüedad sino los precursores del renacimientos de la filosofía Francesa ¿recuerda usted a Descartes? Pues es propiamente en Francia y su evolución político-filosófica hasta el siglo XX en donde nacen los controles para el filósofo. Subsiguientemente nace el autocontrol.
¿Y qué es el contexto? El contexto es una ciencia moderna, una vivencia conjunta de civilizaciones y marcos culturales, en esencia un anacronismo que aun hoy es antifilosófico. Los que condenan el anacronismo como elemento de creación conceptual olvidan que es propiamente por la desistematización de la relaciones del pensamiento como nacen tanto los pensamientos pluralistas como los sistemas y sus estructuras de construcción. Sin embargo, no es del necesario anacronismo y del subsiguiente contexto como nacen los contextos del filósofo. Los contextos del filósofo nacen de su escritura y del autocontrol de y por vía de sus anacronismos lógicos pues hasta en la metafísica aristotélica existe el sistema del movimiento y la desistematización del movimiento individual que no está clasificado por el sistema de tres. El contexto es el resultado de la invención y de la reposición en la relaciones entre el objeto y el universo y el objeto y el objeto próximo, es decir, pura aleatoriedad, dialéctica inconclusa, es decir el mero individuo.

Y el microcontexto, el microcontexto no es otra cosa que el dialogo desde la individuación y desde lo meramente individuado. Como ya lo hemos dicho, el dialogo, el efecto del lenguaje como acción gnoseológica primaria se explica por la aparición del sujeto en posición de antagonismo lógico con los meros objetos, esa es simplemente la acción que representa el estado primario de la filosofía y en sí la imposición filosófica sobre el objeto. ¿es esta una relación eterna o inmutable? Lo es sólo en el imaginario del filósofo y para paradoja que se constituye desde la representación externa amoral y atemporal, es sólo imaginario para el hombre primitivo que no concibe el mundo como una subjetivización de la categoría de lo que vive. Paradoja correcta del facismo escolar. ¿Verán ustedes salvajes lectores que atacan mis ideas sobre el cristianismo, de qué modo es que el cristianismo niega la formación del sujeto y al mismo tiempo lo cercena con la deformaciónde la idea de la autonomía? ¿entenderán el “secreto” de la filosofía de la inversión? Aquí no se amenaza a nadie, por el contrario se toleran amenazas de grupos y pro individuos que no soportan el señalamiento de la inversión natural del valor moral. Y en segundo lugar, aquí se expresan opiniones que tienen el mérito de haberse formado por el camino correcto y con la que no se esconden preceptos, por el contrario se dicen abiertamente y no son infundados.
El microcontexto no es otra cosa que la expresión tácita bien sea de la intuición, la ideación lógicamente construida o bien alogizante o en un tercer caso más generalizado, de la percepción de la acción, en términos filósoficos, refiere a las explosiones primarias del átomo.
Foucault, propiamente identificando el instante histórico-filosófico y eso para reafirmar que en este espacio no creemos en la filosofía como es natural, simplemente la razonamos. Foucault fue quien dio la clave y la estructura para la formación del filósofo autónomo por la vía de la verdad de manera distinta a la tradicional, es decir, específicamente, una verdad tangencial y flexible a la historia. Tal vez y para ser totalmente honestos, tendríamos que hacer con Foucault lo que Nietzsche con Schopenhauer; Forzar sus conclusiones a adaptarse con nuestra pretendida verdad que no es ninguna, cosa tal, que nos hace afines al doblete histórico Schopenhauer-Nietzsche, queremos lo mismo y estamos en busca de repetirlo.
La expresión filosófica en relación objetiva con la hermenéutica de acogerla no es otra cosa que la presunción del concepto por sobre la historia y su historización no regular, dicho de otra manera y casi poética: la hermenéutica de la expresión filosófica encuentra su ser en la plenitud de la relación de los objetos con el universo, pura poesía por supuesto; más aún, la hermenéutica de la expresión filosófica se explica por la percepción de las relaciones variables e invariables entre los objetos y los objetos. Sentado este principio queda la segunda causa ¿cúales relaciones y cualidades corresponden a cada objeto?
Por supuesto, hay elementos para responder a la pregunta, sin embargo, es menester que usted lector los busque con y más allá de las claves que aquí se profieren.

                                                   

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