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    EL PLACER RACIONAL: LA FELICIDAD HEDONISTA




    epicuro
    Hoy vengo con una de mis doctrinas éticas preferidas, el epicureísmo. Epicuro (Samos, aproximadamente 341 a. C.-Atenas, 270 a. C.) defendía el placer como principio y fin de la vida feliz, un hedonista racional de pura cepa, para el que todo placer vale pero no todo placer vale lo mismo. La intención de este artículo es mostrar, que el placer como criterio moral no es algo propio de monstruos depravados y viciosos, más bien de personas sosegadas y con capacidad de cálculo.
    Primero aterrizaremos en el epicureísmo y en el placer en general, para luego ver sus fuentes principales y su división y más tarde obtendremos recursos para paliar diferentes miedos que nos alejan del placer.
    Dicha ética surge en el período helenístico (época histórica a la que viajaría con mi máquina del tiempo imaginaria sin pensármelo dos veces) y su finalidad es la ataraxia. ¿Qué es esto de la ataraxia que suena a nombre de Pokemon? Es la tranquilidad del alma, y para alcanzarla es necesario satisfacer correctamente los deseos a través del correcto cómputo del placer. En Epicuro encontramos un ideal de moderación, conforme a la máxima griega “nada en exceso”. Así que las personas que se querían subir al tren hedonista del goce desenfrenado y la lujuria ya pueden ir buscándose otro plan, de echo la vida epicúrea es muy austera, para que un excesivo placer no se convierta en dolor.
    Para Epicuro la naturaleza humana es principalmente deseo, todo lo que hacemos es para satisfacer una carencia (deseo) y una vez lo obtenemos alcanzamos el placer. El deseo es la antesala del placer y en este sentido el placer es suicida ya que cuando lo gozamos se apaga. Además el epicureísmo es una ética empirista (la experimentamos a través de los sentidos) y relativista (relativa a la persona). El placer es una sensación privada, y algo que te puede resultar placentero a mí me puede dar puto asco o al revés. Por ejemplo a mí me flipa el té negro con leche y para algunas personas lo de añadir leche al té es una especie de sacrilegio imperdonable.
    Como vemos todo gira en torno al placer, pero ¿Cuáles son las fuentes de este placer? Y ¿Qué tipos de placeres nos podemos encontrar?
    Hay dos focos de placer que debemos conocer:
    1) La autonomía: El placer de uno mismo de escoger sus propios placeres. Obviamente lo que te genera placer no se escoge ni se impone, sería absurdo que te obligaran a sentir placer por aquel plato que detestas.
    2) La amistad: El placer compartido se maximiza. Por ello los epicúreos siempre viven en comunidades y nosotr@s nos reunimos en bares.
    Vamos la interesante división que hace Epicuro del placerLa primera división la encuentras entre los placeres dinámicos y cateastemáticos.
    Los placeres dinámicos: Tienen principio y fin. Son buenos pero no siempre son convenientes, solo si al realizarlos nos transportan luego a un estado de paz. Por ejemplo si me como una pizza viendo una buena peli de tanto en tanto todo bien, en cambio si necesito una dosis diaria de heroína todo mal. Los placeres han de ser controlados porque sino generan dependencia, y por este motivo los y las propias epicúreas llevaban una vida austera.
    Los placeres catastemáticos: Son placeres serenos, nada que ver los con subidones de azúcar, y que alcanzamos tras un buen tiempo y esfuerzo invertido y que se pueden dividir en varios placeres dinámicos. Un ejemplo de ello sería el acabar de pagar la hipoteca o el licenciarte en Filosofía; Tardas años en alcanzar dichas metas de forma progresiva a través de pagar letras o aprobar exámenes.
    La segunda división de los placeres es la que se da entre placeres naturales y necesarios como mear o dormir, los naturales y no necesarios como follar (aunque parezca mentira se ve que se puede sobrevivir sin sexo) y los no naturales y no necesarios como hacer punto de cruz.
    Para alcanzar la vida feliz hemos de tener en cuenta dos cosas: Las fuentes de placer y los tipos de placeres así como los miedos que nos alejan de la ataraxia. Por ello Epicuro busca fórmulas para combatir los 4 miedos más arraigados en su sociedad, el autor nos propone el cuádruple remedio, el “tetrafarmakon”:
    1) Un miedo atemporal ante el cual se para Epicuro es el miedo a la muerte. El gran miedo, al que el filósofo da portazo con los siguientes recursos:
    * El dolor espiritual que genera la idea de la muerte se calma tomando conciencia de la muerte como un proceso natural y aprovechando la vida. Para mi gusto este es el dolor más poderoso y el que me es más difícil de sosegar, soy hija de la tradición judeocristiana y eso pasa factura.
    * Podemos tener miedo no a nuestra propia muerte sino a la de nuestros seres más queridos. Ante esta situación debemos aceptarla y sufrirla, pero para prevenir este dolor Epicuro nos aconseja que pensemos que hoy no solo puede ser nuestro último día sino que también puede ser el último día de las personas amadas.
    *Epicuro no hace apología del suicidio ya que solo mediante la vida podemos obtener placer, pero si que lo comprende. Considera que es un error de cálculos ya que como dice el refrán “No hay mal que por bien no venga, ni mal que dure 100 años”. A pesar de ello es ciertamente interesante que se pueda abrir la reflexión ante un tema tan estigmatizado como es el suicidio.
    *Hay una frase de Epicuro que me calma ante la desazón de la muerte y es. “La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.” Recuerdo que en la peli de Nymphomaniac la utiliza un moribundo y genera cierta sensación de alivio y liberación.
    2) Otro miedo del que nos habla es el del miedo a los dioses, y aunque nos pueda parecer un miedo un poco banal, no es así ya que muchas personas en el mundo actúan en pro a una recompensa futura. Para paliar este miedo Epicuro defiende que los dioses ni se ocupan ni se preocupan del ser humano. Al no ser creyente me libro de un temor ¡Bien!
    3) Un miedo con el que nos podemos identificar es con el miedo al futuro, pero Epicuro se lo quita de encima argumentando que solo existe el pasado (memoria) y el presente (sensaciones actuales), y que no hay más futuro que el plan de seguir viviendo sin dolor. La teoría no está mal pero no sé yo si este remedio funciona muy bien cuando la sombra de algún mal acecha tu futuro próximo.
    4) El miedo al dolor corporal es de fácil solución ya que la farmacología nos seda y anestesia.
    Calculando bien los placeres y superando los miedos podremos ser felices según Epicupo. Está claro que racionalizar el placer no es tarea fácil y menos para caracteres adictivos como el mío pero con esfuerzo todo mejora, las adicciones y dependencias se reducen y los temores se van desvaneciendo. La ética epicúrea, es claramente deudora de su tiempo, ya que en el periodo helenístico, entre tantos cambios la gente lo que quería eran filosofías prácticas en las que poder apoyarse. Un perro lazarillo en el que confiar. Es una doctrina que defiende el placer como centro neurológico, pero como hemos visto no un placer vicioso, sino todo lo contrario, un placer comedido y responsable. Donde el exceso y el miedo son enemigos a combatir y la filosofía una arma de batalla.