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Cuando lo real es, no soy







El misterio es un lujo que el sujeto no puede permitirse porque el sujeto solamente puede actuar en lo simbólico. Con esto en mente sólo nos podemos mover a través del plano de las ficciones, por ello su importancia. No es que lo inventado pueda representar la realidad, pero es con lo único que se puede trabajar. Escribo sobre todo tipo de ficciones, pero hay ficciones más reales que otras, aunque nunca puedan ingresar en el territorio de lo real, es que lo inventado desde los primigenios gritos, proviene desde un acercamiento más genuino con lo real. Y si, lo real seguirá apareciendo, pero lo constitutivo de la estructura de nuestro ser fue nuestro primer roce con él; no podemos ser otro sujeto, ya somos este. Esto no involucra que los individuos no puedan cambiar, pero sólo pueden cambiar a través de la variabilidad de sus propios significantes. 

La ficción correcta es la que le permita convivir con sus muertos sin matar su deseo, la que lo haga disfrutar de su goce particular, pero que no lo destruya, porque su deseo nunca ha sido suyo, su deseo siempre ha sido el deseo del otro. Todo goce destruye, y le destruyó. Creer que el deseo nos pertenece es enfermedad, saber que no nos pertenece es una especie de liberación, de exorcismo del fantasma, es un segundo de sanación. Pero cuidado, conocerse es una guerra permanente (Soy un campo de batalla), el inconsciente encontrará otras maneras, nuevas maneras, de hacerle caer en la repetición, es esta la enfermedad y la sanación (Hermetismo). Esta guerra no es una guerra abierta, es una guerra de guerrillas en donde sus lapsus volverán cuando les plazca. La vida de las personas está estructurada como una neurosis para no enfrentarse a otros tipos de deseos desconocidos, y así evitar la pregunta más aterradora: ¿Qué sería de mí si fuera feliz?  Usted es la neurosis. 

El psicoanálisis no busca sanar la neurosis, ya que sin ella se acaba el individuo, lo que busca es transformar su economía, para que no se haga bucle sino un laberinto con una salida posible, un puente en el estrecho de un abismo. Este cambio en la gestión de las energías comunicantes puede ser capaz de transformar al sintomático y volverle potencialmente una persona sana. Que las palabras no tropiecen, que no se estanquen y se pudran, que se pueda decir algo nuevo con respecto a usted mismo, algo original y liberador. Misma neurosis, distinta economía, de la repetición mortífera a la variación creativa. Este es el único milagro. 

No busque un amo. La dialéctica del amo y del esclavo se manifiesta en el inconsciente. No  busque ser alguien, busque ser usted. En este proceso vivirá el encuentro con su verdadero deseo, no rehúya de él, es lo único verdadero que tiene en este mundo, pero debe enfrentarse a su imposibilidad y descomponerlo para que siga funcionando en síntomas menos dañinos. Elija usted los objetos de destrucción, no debe permitir que éstos le elijan a usted. Supongo que este es el único secreto. Todo lo sintomático que le afecte realmente en la conclusión de su deseo, debe desnudarse hasta poder vislumbrar la falta, llorar frente a ella; es la brújula hacia la única posibilidad de vida plena, de vida autentica. Que el mar de la vida no hunda su barco, elija usted la forma de naufragar. Es la única libertad. 

Pero mostrarse dueño de significantes no es la solución, es solamente su camino. Se debe reconocer que esto también es una ficción, por lo tanto no se puede habitar. Se puede habitar la pregunta, lo que hace más llevadero el peso del mundo. Cuando encuentre el abismo de su falla no intente taparla, debe dejar que ésta respire. Cree puentes, haga sus estructuras, pero sepa que el rasgadura no se zurce, es el lugar desde donde producir el lenguaje genuino. Sepa esto de antemano: Usted es una falla. Usted es una falta. 

Se debe reconocer que estar enfermo de una manera particular, fue la oportunidad que nos dio la realidad para no morir, la enfermedad no es una enemiga, fue una solución imperfecta que encontró nuestra mente, y que se guardó en el inconsciente para no desaparecer ante lo real. Ergo, se trata de curar el síntoma entendiendo para qué era necesario. Ame la roca, la elección de tener que empujarla antes de ser aplastado es la única que le pertenece, dado que esa fue la condición para existir. Los imposibles son los verdaderos deseos, los deseos que se pueden cumplir no pertenecen al orden sanatorio, pertenecen al orden de la repetición y el equívoco. Los deseos que nos mantienen a salvo son los que no se pueden cumplir, dado que el propio sujeto no se pudo cumplir, el deseo que lo desea a usted es el verdadero deseo. No hay que hacer algo con la falta, es lograr que la falta haga algo por usted para desear, para crear, para vivir.