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Comparación conceptual de la filosofía de Nietzsche y Spinoza.



Diferentes retratos a lo largo de los años de Nietzsche y Spinoza, dos filósofos no siempre comprendidos.
Seguramente conocerán a los dos filósofos que aquí se tratan, el uno alemán, "mal dicho" y mal entendido, al que se le ha relacionado desde su muerte con el emergimiento del pensamiento nazi, el otro holandés, mal entendido y perseguido, mandado al ostracismo por su pensamiento tanto en razones religiosas como políticas, dos filósofos que han cambiado el mundo y que fueron excluidos y mandados al ostracismo precisamente por pensar las mismas ideas en épocas parecidas.

El teólogo ortodoxo y el sefardie, seguramente por la tan parecida teoría conceptual, no han sido comprendidos en los años venideros, presentan una teoría funcional del ser humano y el mundo casi idéntica -que es lo que pretendo mostrar en este escrito, y un método expresivo característico en sendos lenguajes completamente opuesto, el uno con el aforismo, el otro con la proposición, dos técnicas opuestas para el mismo mapa conceptual, pero esto ya lo expuse en la entrada El estilo de Nietzsche y Spinoza. Lo que se busca ahora es desgranar levemente varias de las ideas principales y observar como la función conceptual es casi idéntica.

-La negación del mal de Spinoza, con la desvaloración de todos los valores de Nietzsche, son exactamente la misma idea:

"Así pues, queda claro, en virtud de todo esto, que nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos". (Ética, III).

"Símbolos son todos los nombres del bien y del mal: no declaran, sólo hacen señas. ¡Tonto es quien de ellos quiere sacar saber!
Prestad atención, hermanos míos, a todas las horas en que vuestro espíritu quiere hablar por símbolos: allí está el origen de vuestra virtud" (Así habló Zaratustra, I, De la virtud que hace regalos).

-El Dios ha muerto del hombre del martillo con la infinita multiplicidad de todos los atributos en los hombres a través de la idea de Dios, es la misma idea conceptual en ambos filósofos.


"VI.—Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito, esto es, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita" (Ética, I, Definiciones).

En la siguiente proposición Spinoza demuestra que Dios no existe en acto, y por condición tampoco existe en acto la idea de Dios.
"VII. - La esencia de todo lo que puede concebirse como no existente no implica la existencia" (Ética, I, Axiomas).

-La afirmación Spinoziana de que cuerpo y alma son una misma cosa, con la no existencia de la experiencia externa al ser en Nietzsche son la misma idea una vez más.


"PROPOSICIÓN I
Según están ordenados y concatenados en el alma los pensamientos y las ideas de las cosas, así están ordenadas y concatenadas, correlativamente, las afecciones o imágenes de las cosas en el cuerpo" (Ética, V).

"Nietzsche termina identificando su inspiración con su revelación exterior y cree que su espíritu contiene y engendra bajo una forma mística la quintaesencia del Ser: "Para mí -¿cómo podría haber un afuera-de-mi? ¡No existe ningún afuera", dice en Así habló Zaratustra".
(Lou Andreas Salomé, Nietzsche. Sus metamorfosis).

-El eterno retorno como castigo al hombre de ideales, y la definición VIII y su explicacxión, juntan otra vez la misma idea con distinta forma: 


"341. La carga más pesada. ¿Qué dirías si un día o una noche se introdujera furtivamente un demonio en tu más honda soledad y te dijera: "Esta vida, tal como la vives ahora y como la has vivido, deberás vivirla una e innumerables veces más; y no habrá nada nuevo en ella, sino que habrán de volver a ti cada dolor y cada placer, cada pensamiento y cada gemido, todo lo que hay en la vida de inefablemente pequeño y de grande, todo en el mismo orden e idéntica sucesión, aun esa araña, y ese claro de luna entre los árboles, y ese instante y yo mismo. Al eterno reloj de arena de la existencia se lo da vuelta una y otra vez y a ti con él, ¡grano de polvo del polvo!"? ¿No te tirarías al suelo rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que así te hablara? ¿O vivirías un formidable instante en el que serías capaz de responder: "Tú eres un dios; nunca había oído cosas más divinas"? Si te dominara este pensamiento, te transformaría, convirtiéndote en otro diferente al que eres, hasta quizás torturándote. ¡La pregunta hecha en relación con todo y con cada cosa: "¿quieres que se repita esto una e innumerables veces más?" pesaría sobre tu obrar como la carga más pesada! ¿De cuánta benevolencia hacia ti y hacia la vida habrías de dar muestra para no desear nada más que confirmar y sancionar esto de una forma definitiva y eterna?" (Gaya ciencia).


"VIII.—Por eternidad entiendo la existencia misma, en cuanto se la concibe como siguiéndose necesariamente de la sola definición de una cosa eterna.
Explicación: En efecto, tal existencia se concibe como una verdad eterna, como si se tratase de la esencia de la cosa, y por eso no puede explicarse por la duración o el tiempo, aunque se piense la duración como careciendo de principio y fin" (Ética, I, Definiciones).

-Y por último el super-hombre Nietzscheano con la quinta parte de la ética de Baruch, que es en definitiva la misma demostración de un pensamiento sin ideales, es decir, del super-hombre.


"Paso, por fin, a esta última Parte de la Ética, que trata de la manera de alcanzar la libertad, es decir, del camino para llegar a ella. En esta Parte me ocuparé, pues, de la potencia de la razón, mostrando qué es lo que ella puede contra los afectos, y, a continuación, qué es la libertad del alma, o sea la felicidad; por todo ello, veremos cuánto más poderoso es el sabio que el ignaro".
(...)
"Aquí trataré, como he dicho, solamente de la potencia del alma, o sea, de la razón, y mostraré ante todo la magnitud y características de su imperio sobre los afectos, en orden a regirlos y reprimirlos".
(...)
"Así, pues, dado que la potencia del alma, como más arriba he mostrado, se define por la sola capacidad de conocer, los remedios contra los afectos —remedios que todos conocen por experiencia, pero que, según creo, no observan cuidadosamente ni comprenden con distinción— los determinaremos por el solo conocimiento del alma, y de dicho conocimiento deduciremos todo lo que concierne a su felicidad" (Ética, V, Prefacio).

"El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra!" (Así habló Zaratustra, Prólogo, 3).

- Las tres fases de la elevación del pensamiento en ambos filósofos.

Las tres transformaciones o cambios que requiere el alma para conseguir el pensamiento intuitivo es descrito por Nietzsche y demostrado por Spinoza, pues son las voliciones (deseos o determinaciones ya sean conscientes o insconscientes) forma de entendimiento para el holandés:
Artículo: Nietzsche y las tres transformaciones del hombre.

"Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño" (Así habló Zaratustra, I, De las tres trasformaciones).


"PROPOSICIÓN XLIX
En el alma no se da ninguna volición, en el sentido de afirmación y negación, aparte de aquella que está implícita en la idea en cuanto que es idea.
Corolario: La voluntad y el entendimiento son uno y lo mismo.
Demostración: La voluntad y el entendimiento no son sino las mismas voliciones e ideas singulares (por la Proposición 48 de esta Parte y su Escolio). Ahora bien: una volición singular y una idea singular son uno y lo mismo (por la Proposición anterior). Luego la voluntad y el entendimiento son uno y lo mismo. Quod erat demostradum" (Ética, II).

-Y sin antes acabar, porqué no esgrimir  la técnica que diferencia a ambos filósofos y que sin llegar a formar concepto, si muestra y enmascara a cada uno de ellos.

El alemán con el aforismo pretendía hacer un "bien social" destruyendo con martillo en mano los ideales de sus iguales, y librarles así de la losa que los detenía e impedía su avance, y en cierto modo, también por incapacidad personal de crear el sistema lógico que emplea el que piensa con la autosuficiencia de su super-hombre, por otro lado esto es lo que crea Spinoza; Un mapa conceptual posible axioma por axioma, hilo de proposiciones conectadas al detalle y concluyente en una forma de pensamiento libre como el mismo cielo.

"- yo hablo, en efecto, en parábolas, e, igual que los poetas, cojeo y balbuceo; ¡y en verdad, me avergüenzo de tener que ser todavía poeta! -" (Así habló Zaratustra, III, De tablas viejas y nuevas).

"¡Estoy totalmente admirado, totalmente fascinado! ¡Tengo un predecesor, y vaya uno! Casi no conocía a Spinoza: lo que ahora me llevó a él fue una 'acción instintiva'. No sólo su orientación general es semejante a la mía -hacer del conocimiento el afecto más poderoso-, sino que, además, yo mismo me reconozco en cinco puntos fundamentales de su doctrina; este pensador, el más anómalo y solitario, me resulta más cercano en lo siguiente: niega la libertad-; los fines--; el orden ético del mundo-; la falta de egoísmo-; el mal-; aunque es verdad que las disparidades son grandes, se debe más bien a diferencias de tiempo, de cultura, de ciencia. In summa: mi soledad, que a menudo, como sucede sobre las cimas muy altas, me producía sofocos y hacía que la sangre afluyera por todas partes, resulta ahora, al menos, compartida con otro(junio de 1881, correspondencia con Overbeek).

"Ya no pastor, ya no hombre, - ¡un trasfigurado, iluminado, que reía! ¡Nunca antes en la tierra había reído hombre alguno como él rió!".
(Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, De la visión y enigma, 2.).

Y teniendo la misma idea el trabajo de ambos es diferente, Nietzsche quería romper los ideales de los hombres, Spinoza crear en solitario una filosofía sin ideales, en definitiva superior en un sentido nietzscheano.

La filosofía lucha contra el sinsentido y la contradicción.

La contradicción y el sinsentido son los fantasmas de la filosofía
¿Los filósofos se contradicen? Para una gran mayoría de la población la filosofía trata sobre artilugios abstractos, es en estos casos que se piensa que la filosofía no tiene utilidad, puede que por la lejanía de sus ideas. Y que los filósofos se contradicen unos a otros -entiéndase que no se contradicen cuando tratan cosas diferentes- como hacen los políticos, en el caso de la filosofía la contradicción no es posible. Siempre que un filósofo coge la palabra lo hace a través de su propio concepto, como la maquina convertida en idea, y en el caso de que incluya la contradicción, solo cabe esperar que el filósofo se equivoque, o, que el lector no conozca el concepto -encerrado en- la palabra.

Sin más, acabo de recordar una antigua conversación sobre Deleuze, sobre el rizoma y la imposibilidad de contradicción. Yo decía que ha Deleuze le gustaba contradecirse (esta es una opinión personal, no viene en ningún libro, ni texto) pero no me refería a que sus escritos no tuvieran consistencia, o formarán una mala composición filosófica. Solo pensaba que un concepto nace de un "rizoma", y otro, de otro "rizoma". Y por esto mismo pueden contradecirse, sin faltar a la contradicción. Claro, en realidad no se contradicen por que hablan de cosas diferentes, son raices diferentes, múltiples, ya sé!. Pero pueden comunicar conceptos opuestos, conceptos que se tensan al mirarse a los ojos, que, a ojos de la persona no acostumbrada a la filosofía, rivalizan entre sí, ojo!, nada peor, ni más equivocado -palabra de lector, que es esta una gracia muy amable en cualquier filósofo digno. En Deleuze siempre es muy claro, las ideas que contradicen al individuo -lector, son en la linea siguiente explicadas, re-conceptualizadas mejor dicho, es el trabajo del artista en filosofía el que dignifica Deleuze. Ahora hay que saber, que Deleuze hace una filosofía múltiple, siempre busca encuentros, y nunca cerrará su sistema, el suyo es el sistema de la multiplicidad y son otros quienes lo terminan, y hablan de conceptos lejanos que tocan a los que él imagino, lo mejor, que siguen siendo útiles. Son muchos los filósofos que aprenden de él -aunque sin discípulos directos, quizá en esto se parezca a Spinoza.

Spinoza no tuvo discípulos directos, pero en nuestro tiempo, medio mundo se adueña de sus ideas y su ética, en cambio el sistema de proposiciones ya está terminado. En Spinoza el sistema esta cerrado, él creó un sistema "perfecto" -el sentido humorístico de su Ethica parece insaciable. Es un sistema lógico perfecto, las definiciones, los axiomas, las proposiciones. Encajan a las mil maravillas. Y, no puede constituirse como sistema. No puede pensarse en conjunto como un sistema sin al mismo tiempo, vincularse con cada una de las proposiciones que forma cada demostración. En realidad es una crítica hacia todo lo cerrado. Magia de Spinoza, quien fue visto, entre otros por Nietzsche y Deleuze, como el príncipe de los filósofos.

Si es así, ahora se habla de las contradicciones en la filosofía, esas que no tienen cabida alguna, no entran en ninguna composición filosófica. Un concepto no puede contradecirse en su definición, y si se contradice, como causa puede darse: (1) que la posibilidad del concepto sobrepase lo que el individuo conoce, y este invente a su antojo un final contradictorio. O, (2) que el filósofo en cuestión no hiciese bien su trabajo, creando a ojos pares, contradicciones en una definición, y generando la inutilidad del concepto. En los dos casos el resultado es inútil, y el lector de filosofía se frustrará. Así funciona un lector de filosofía, busca completar su deseo. Si se piensa detenidamente, la búsqueda deseante se plantea con mucha más intensidad que en el resto de lectores, y, se dirá que más que completar su deseo, quiere darle forma -existe un componente individual, dar forma a los deseos es el mayor privilegio de un pensador cualquiera, y este es -a todas luces- el propósito del filósofo.

En la Ethica, un individuo puede inventar lo que quiere desear,(este es un planteamiento muy deleuziano dentro de la lógica spinozista) tanto que el deseo puede cesar de ejercer una dependencia sobre él, y, hasta puede que le sirva como herramienta.

Pero, ¿no esta más claro aún que todo este palabrerío no sirve de nada?, al menos, siempre que no se concrete una filosofía coherente, carente del sinsentido y la contradicción. Cuidado dubitativos!, la contradicción y el sinsentido es lo que llena muchas de las cabezas vacías.

Reflexión de un libro brillante, lógica del sentido, donde se trata la inconveniencia del sinsentido.  Sin duda una forma más compleja de pensar esta misma idea, pero de la misma naturaleza.




Escrito de Esteban Higueras Galán Filosofías de la contradicción y el sinsentido.
Correo electrónico: Higalano@gmail.com. Sígueme en Google+Facebook y Twitter @HGEsteban
Imagen de Claudia De Grandi , compra una copia o el original directamente aquí.

Diferencias entre verdad histórica y verdad filosófica.

Escrito de Jesus Alejandro Villa Giraldo. Verdad histórica y verdad filosófica.
Jesus Alejandro Villa Giraldo define en este breve escrito unas diferencias que necesariamente hay que tener en cuenta a la hora de aprender filosofía.


La historiografía debe ser imparcial y objetiva, sin embargo, en ocasiones en el pensamiento filosófico se imposibilita hacer esto por medio de la presentación de juicios sobre el objeto a ser historiado. La filohistoria responde a lo anterior; para ella el interés no se encuentra en juzgar la historia, sino en observarla de una forma objetiva e intentar describir las cosas que sucedieron en el pasado.

La objetividad en la historia consiste en no introducir en lo que se estudia valoraciones o juicios subjetivos, el ser objetivo es, entonces, algo complicado para el historiador pues este, como cualquier persona, tiene unos puntos de vista e intereses particulares.

El problema de la objetividad, también se presenta en la historia del pensamiento, no obstante, en el caso de la filosofía, se afirma que ella no es una disciplina histórica igual a las demás y que si lo es, lo es de una manera especial.

La objetividad en la historia de la filosofía consistiría, según se observa en el documento, en describir con imparcialidad las doctrinas filosóficas de cada periodo histórico, cuidándose a la vez de ir a descuidar los contextos en que se desarrollaron dichas doctrinas.

Leo Strauss propone subsumir la verdad filosófica a la verdad histórica mientras que Albert Levi sostiene que es necesario, ante todo, para el historiador, observar el contexto espacio-temporal del objeto de estudio. Se denominan historia y filosofía desinteresadas a aquellas que no introducen juicios de valor en sus investigaciones.

Desde la filosofía desinteresada, se afirma que, aquellos que buscan la verdad no pueden ser objetivos respecto a los pensamientos del pasado pues, el interés de buscar la verdad o falsedad puede distorsionar la apreciación del objeto de estudio y por ende impedir la objetividad e imparcialidad.

Cuando se antepone la verdad filosófica a la verdad histórica, se dice que se esta haciendo una historiografía interesada pues, se busca ante todo indagar en torno a la verdad o falsedad de las doctrinas filosóficas.

Lo que le historiador debería hacer, antes que emitir juicios de valor, es profundizar en su objeto de estudio y en el caso de la filosofía buscar entender por que el autor opto por una solución o propuesta y no por otra.



Jesus Alejandro Villa Giraldo
Correo: jesusvilla7@gmail.com
Página web: Motor de pensamiento
Verdad histórica y verdad filosófica
Imagen: Desert Story de Colcerex

Nietzsche y la definición de hombre -Superhombre- por Ortega y Gasset.

EL SOBRE HOMBRE
Articulo de El Imparcial, 13 julio 1908.


TODOS los que no siendo actualmente demasiado viejos nos hemos dejado llevar desde la niñez a un comercio supérfluo y tenaz con las cosas del espíritu encontramos en el recuerdo de nuestros dieciocho años una atmósfera caliginosa y como un sol africano que nos tostó las paredes de la morada interior. Fue aquella nuestra época de «nietzscheanos»; atravesábamos a la sazón, jocundamente cargados con los odrecillos olorosos de nuestra juventud, la zona tórrida de Nietzsche. Luego hemos arribado a regiones de más suave y fecundo clima, donde nos hemos refrigerado el torrefacto espíritu con aguas de alguna perenne fontana clásica, y sólo nos queda de aquella comarca ideal recorrida, toda arena ardiente y viento de fuego, la remembranza de un calor insoportable e injustificado. Y, sin embargo, no debemos mostrarnos desagradecidos. Nietzsche nos fue necesario; si es que algo de necesario hay en nosotros, pobres criaturas contingentes y dentro de los aranceles de la historia universal probablemente baladíes. Nietzsche nos hizo orgullosos.
Ha habido un instante en España —¡vergüenza da decirlo!— en que no hubo otra tabla donde salvarse del naufragio cultural, del torrente de achabacanamiento que anega la nación un día y otro, que el Orgullo. Gracias a él pudieron algunos mozos inmunizarse frente a la omnímoda epidemia que saturaba el aire nacional. «Vous étes appelés á recommencer l'histoire!», clamaba Barreré a los hombres de la Asamblea Legislativa, y esto, que es por sí mismo una ridiculez, parece en ocasiones necesario si ha de salvarse algo del maltraído equipaje de la cultura. Fue forzoso a aquellos españoles jóvenes creer que España nacía con ellos, que habían venido sobre la tierra por generación espontánea, sin colaboración de los antepasados, y, en consecuencia, sin la morbosa herencia de lo antes pasado. Movióles el orgullo a buscar una norma propia para sus propias energías, a cavarse en el árido terruño un estuario por el que fluir libremente y sin contagio repudiando las normas tradicionales y los cauces viciados. Pero las cosas han ido adobándose con mejor ventura y el ambiente espiritual de España ha mejorado un poco —no por virtud de la sabiduría catalana ciertamente, sino más bien por una mezcla dichosa de lo vasco y asturiano con lo de la región que fue rica en «castiellos». Es, pues, hora buena para corregir nuestra formación antigua y rectificar las capas juveniles de nuestro ánimo. Convengamos en que la historia comenzó un chorro de siglos antes de nuestra venida. Fue nuestro orgullo una de esas mentirijillas benéficas y necesarias merced a las cuales va el mundo poco a poco hacia una organización superior y que forman parte de lo que Renán —¡siempre Renán!—- llamaba plan jesuítico de la naturaleza. Acabo de leer un libro de Jorge Simmel, donde el celebérrimo profesor habla de Nietzsche con la agudeza que le es peculiar, más sutil que profunda, más ingeniosa que genial. Las opiniones centrales de Nietzsche me parecen, no obstante, admirablemente fijadas en este libro. Desde su primera obra —«El nacimiento de la tragedia del espíritu musical»— hasta su última carta (1888) escrita, en plena amencia, a Jorge Brandes y firmada «El Crucificado», Nietzsche ha movido guerra vehemente y sin tregua al problema más hondamente filosófico: la definición del hombre. El problema es, asimismo, lo único que de científico tiene su labor. Las revoluciones políticas, la del patentemente, son también luchas por la definición del hombre, y, sin embargo, suele hallarse en las barricadas muy poca filosofía. Si hubiera de determinarse con puntualidad cronológica la hora en que ésta aparece plenamente sobre el haz de Europa, habría que escoger aquella en que Sócrates se preguntó: ¿Qué cosa es el hombre?

Los clásicos de la filosofía han ido pasándose de mano en mano, siglo tras siglo, esta cuestión, y cuando la pregunta se escurría por descuido o adrede, entre dos manos, cayendo sobre el pueblo, reventaba una revolución. La definición del hombre, verdadero y único problema de la Ética, es el motor de las variaciones históricas. Por eso los gobernantes han perseguido en todo tiempo la «moralita», explosivo espiritual, y han hecho lo imposible para precaverse ante el terrorismo de la Ética. Si Nietzsche, por tanto, busca una nueva definición del hombre, queda fuera de toda duda que se afana tras una nueva moral. Zarathustra es un moralizador, y acaso de los más fervientes. La palabra «amoralismo», usada por algunos escritores en los últimos años, no es sólo un vocablo bárbaramente compuesto, sino que carece de sentido. Nietzsche busca también una norma de validez universal que determine lo que es bueno y lo que es malo. Guando habla «allende el bien y el mal», entiéndase el bien y el mal estatuido por la moral greco-cristiana, con quien es necia y groseramente injusto. «La moral, ruge el ardiente pensador, es hoy en Europa moral de rebaño; por consiguiente, sólo una especie de moral humana, junto a la cual, antes de la cual y después de la cual son o deben ser posibles muchas otras, y, desde luego, superiores, morales».

El siglo xix —dice Simmel— ha creado una noción cuantitativa, extensiva de la «humanidad»: según ella, lo social, lo comunal, es lo humano. El individuo no existe realmente: es el punto imaginario donde se cruzan los hilos sociales. Los cuerpos se componen de átomos, pero los átomos son elementos hipotéticos, ficticios: en la realidad sólo hay cuerpos, es decir, compuestos; lo simple es sólo un pensamiento. Sólo es real la sociedad; el individuo es un fantasma como el átomo. Por consiguiente, lo individual no es lo que tiene un valor absoluto, capaz de servir de norma, sino lo general, lo común a todos los hombres. El producto político de esta noción de humanidad es el socialismo; como lo humano es lo común, más vale los muchos que los pocos, más importante es mejorar en lo posible la suerte de una gran masa que cultivar, a fuerza de esclavitudes, unos cuantos ejemplares exquisitos. A esta noción extensiva de humanidad opone Nietzsche lo siguiente: cierto que el individuo no es un algo aislado, pero de aquí no se sigue que haya de ser la muchedumbre norma de valores. Al través de la historia se ha ido creando un capital de perfecciones espirituales, y así como el socialismo —Nietzsche suele decir «nihilismo»— al socializar el capital imposibilitará la existencia de riqueza intensiva, así también impedirá ei henchimiento progresivo de la cultura, que ha sido y será siempre obra de unos pocos, de los mejores. La cultura es la verdadera humanidad, es lo humano: con la expansión de las virtudes nobles no se hacen mayores, más intensas estas virtudes.

En cada época unos hombres privilegiados, como cimas de montes, logran dar a lo humano un grado más de intensidad: lo que suceda a la muchedumbre carece de interés. Lo importante es que la humanidad, la cultura, aumente su capital en unos pocos: que hoy se den algunos individuos más fuertes, más bellos, más sabios que los más sabios, más bellos y más fuertes de ayer.

Nótese bien una cosa: para Nietzsche no tienen valor esos individuos por ser individuos: Nietzsche no es individualista ni egoísta. No todo individuo por ser un «yo», un «sujeto», debe ser considerado como norma, sino aquellos individuos cuyo ánimo, cuya «subjetividad » pueda tener un valor objetivo para elevar un grado más, sobre los hasta aquí alcanzados, al tipo Hombre. El conjunto, pues, de virtudes culturales —no digamos ahora cuáles son éstas— cada vez más perfectas y potentes, es lo que Nietzsche llama humanidad, oponiendo al concepto extensivo y cuantitativo, que dan a esta palabra los altruistas, una noción cualitativa e intensa. Para Nietzsche vivir es más vivir, o de otro modo, vida es el nombre que damos a una serie de cualidades progresivas, al instinto de crecimiento, de perduración, de capitalización de fuerzas, de poder. E l principio de la vida, la voluntad de la vida es «Voluntad de poderío». Tanto de vida habrá en cada época cuanto más libre sea la expansión de esas fuerzas afirmativas. De aquí que la moral de Zarathustra imponga como un deber fomentar la liberación de esas energías. En cada siglo ciérnese ante las miradas de los fuertes el ideal de una organización humana más libre y expansiva donde unos cuantos hombres podrán vivir más intensamente. Este ideal es el Superhombre.

Como se ve, Nietzsche no predica el rompimiento de toda ley moral. «El hecho —nota Simmel— de que se haya tomado esta doctrina como un egoísmo frivolo, como la santificación de una epicúrea indisciplina, es uno de los errores ópticos más extraños en la historia de la moral». Zarathustra escupe mil desdenes e improperios contra los snobs del libertinaje, a quienes falta el instinto para los altos fines de la humanidad. «Yo, grita, soy una ley para los míos, no para todos». Y en otro lado: «No se debe querer gozar». «El alma distinguida se tiene respeto a sí misma». En fin: «El hombre distinguido honra en sí mismo al potente, al que tiene poder sobre sí mismo, al que sabe hablar y callar, que ejercita placentero rigidez y dureza consigo mismo y siente veneración hacia todo lo rígido y duro».
            

Microrrelato: Encantos de Mago en el bosque.

En el centro de un bosque habita un hombre que la gente llama Mago. A él acuden todos aquellos que quieren olvidar el ser hombre, los que no quieren ser más un humano. Pues todo aquel que lo visita es transformado en alimaña. Reyes lo han visitado, terminan como cerdos; ladrones se vuelven buitres o cuervos; los sacerdotes en arañas. El Mago, como buen mago, no cuenta su secreto. Cuando alguien lo visita, le dicen “Tú, gran sabio, ¡ayúdame que la vida es absurda!”, entonces los encamina a su cueva y no salen de ahí hasta el siguiente día, uno transformado el otro siempre igual. A veces tarda más de un día la metamorfosis, eso depende de cómo se escuche el silencio. El único que ha entrado a la cueva y salido sin cambio es el Mago, por eso la gente lo ha llamado así, como sinónimo de sabio-místico. ¿Quieres visitar al Mago? ¿O acaso has descubierto ya su secreto? Es sencillo y se los diré, su fórmula mágica se llama Soledad, con ella florece la bestia que somos por dentro. No hay trucos, ni ilusiones, sólo es mudar la esencia de un cuerpo a otro.



Escrito de Luis Roberto Calderón García en Impresionesvivas. 
Puedes hablar con el en Facebook, y Correo: luis_rooo@hotmail.com

                                  

Microrrelato: Alejandra, la incertidumbre de volverla a ver.

¿Volvería a ver a Alejandra? Tantas veces la tuve a mi lado. Muchas veces bastaba venir aquí, y asomarme para verla. Ahí, sentada en la escalera, donde nos conocimos, pero no ha llegado. Creo que no vendrá, o no se aparecerá. Sólo una vez nos hemos citado, mas no ha sido una la vez que nos hemos visto. ¿Cómo es posible eso? No lo sé, y la posible respuesta no quisiera saberla. Prefiero seguir la idea que tenemos Ale y yo acerca de nuestras reuniones: pensar en uno. Por ejemplo, ella (me ha dicho), piensa en mis palabras. Piensa en mi voz. Piensa en lo que siente cuando está a mi lado. Y por extrañas circunstancias: le llamo. Siempre le llamo en los momentos que más me necesita (me lo ha confesado). “Como si el viento te hubiese traído”, me dice cuando nos encontramos hablando por teléfono o nos encontramos en un pasillo, una escalera, una calle, una puerta, un árbol, un cuarto.

En mi caso, yo pienso en ella, en su mirada y su sonrisa. Por curiosidades de la vida, aparece su rostro frente al mío, como si la hubiese invocado. Aparece en las situaciones menos extrañas y pensadas. Como la vez que la encontré debajo del puente. Alejandra arrojaba piedras al agua. Yo no nunca había ido a ese lugar, pero ese día (no sé por qué) decidí ir ahí, y ella estaba presente, en el mismo lugar, en el mismo instante. Pero esta vez no está. Ha fallado a nuestra reunión, aunque no era una cita formal. Nunca hay citas formales. Hoy las escaleras están vacías.

¿Cómo hemos llegado a crear un cariño tan grande? Nadie nos presentó (como suele pasar con muchas parejas). Sólo un día apareció, ¿o yo aparecí? Alejandra bajaba mientras yo ascendía esas escaleras. Los dos quedamos parados uno enfrente del otro, nos quedamos callados, y reímos. ¿Cómo surgió la plática? No lo recuerdo, pero desde ese día ha crecido nuestro querer. Ha llegado a mí sin saberlo.
No he sabido de ella en tres días. La última vez que estuvimos juntos fue en un abrazo, a una cuadra de su casa, para que su padre no nos vea. Como he dejado claro, un encuentro ocasional era lo menos ocasional en nuestras vidas. Nuestras vidas son como una contradicción, porque caminábamos sin buscarnos, pero sabíamos que caminábamos para encontrarnos. Eso es lo que en verdad nos fascina a los dos, nuestra espontaneidad de encuentros. La última vez me dijo que tenía un poco de fiebre. Pero me advirtió que no me preocupara, que siempre está bien y nos volveríamos a ver. Aun así me preocupa el bienestar de Alejandra. Será mejor que le llame.

Escrito de Luis Roberto Calderón García en Impresionesvivas. 
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Micrrorelato: Cuadros y miradas.

Mi casa está llena de cuadros, dibujos e imágenes que he creado o capturado. Pero los retratos tienen algo en común, y la gente siempre se alarma por ese detalle y me dice que sufro delirio de persecución o paranoia o esas cosas. Cada vez que llega alguien a mi casa y ve mis trazos pregunta: “¿Por qué los retratos tienen los ojos tapados, borrados o arrancados?” Y me causa risa que me lo cuestionen. Yo sólo les contesto: Porque así como la música cobra vida al ser interpretada, mis ilustraciones cobran vida al ser plasmadas. Mis cuadros tienen vida, tienen ojos, los ojos ven, y yo no quiero sentirme observado.



Escrito de Luis Roberto Calderón García en Impresionesvivas. 
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Microrelato: El hombre y su sombra.

El hombre lleva siete horas sentado, pensando como terminar su mal. Se levanta, camina hacia los extremos del cuarto y vuelve a sentarse. Vive en desesperación por una entidad que parece fuera de su alcance. Lleva meses grises por un ser que lo sigue, y no lo deja jamás. A veces al dormir, está con él y gobierna su vida, ya al amanecer descubre platos rotos, libros en el suelo y manchas de pintura en la pared. Trata de buscar pistas de cómo ha pasado todo, pero es imposible, ni si quiera recuerda haber escuchado ruido en la noche. Tampoco recuerda en qué momento se volvió un problema. Y se atormenta por su acompañante, se ha vuelto delirio y pesadilla. Quien está con él es su sombra. Ella es sigilosa y delgada, como una silueta, y puede estar con nosotros sin que nos demos cuenta. Sigue sentado y medita, cómo acabar con la sombra. Entonces, sabe que no queda otra opción. Va al espejo y confirma su sospecha, la sombra, era él mismo. Esa sombra que nos acompaña siempre y no queremos voltear a ver. La misma que crece con nosotros y la ignoramos confundiéndola en la oscuridad. Acabar con la sombra, es terminar con parte de nosotros, en algunos casos, todo lo que somos.



                       

Aprender a escribir una novela con Miguel de Unamuno.

En estas circunstancias y en tal estado de ánimo me dio la ocurrencia, hace ya algunos meses, después de haber leído la terrible Piel de zapa (Peau de chagrin) de Balzac, cuyo argumento conocía y que devoré con una angustia creciente, aquí en París y en el destierro, de ponerme en una novela que vendría a ser una autobiografía. Pero ¿no son acaso autobiografías todas las novelas que se eternizan y duran eternizando y haciendo durar a sus autores y a sus antagonistas?

En estos días de mediados de julio de 1925 —ayer fue el 14 de julio— he leído las eternas cartas de amor que aquel otro proscripto que fue José Mazzina escribió a Judit Sidoli. Un proscripto italiano, Alcestes de Ambris, me las ha prestado; no sabe bien el servicio que con ello me ha rendido. En una de esas cartas, de octubre de 1834, Mazzini, respondiendo a su Judit que le pedía que escribiese una novela, le decía: «Me es imposible escribirla. Sabes muy bien que no podría separarme de ti, y ponerme en un cuadro sin que se revelara mi amor... Y desde el momento en que pongo mi amor cerca de ti, la novela desaparece». Yo también he puesto a mi Concha, a la madre de mis hijos, que es el símbolo vivo de mi España, de mis ensueños y de mi porvenir, porque en esos hijos en quienes he de eternizarme, yo también la he puesto expresamente en uno de mis últimos sonetos y tácitamente en todos. Y me he puesto en ellos. Y además, lo repito, ¿no son, en rigor, todas las novelas que nacen vivas, autobiográficas y no es por esto por lo que se eternizan? Y que no choque mi expresión de nacer vivas, porque a) se nace y se muere vivo, b) se nace y se muere muerto, c) se nace vivo para morir muerto y d) se nace muerto para morir vivo.

Sí, toda novela, toda obra de ficción, todo poema, cuando es vivo, es autobiográfico. Todo ser de ficción, todo personaje poético que crea un autor hace parte del autor mismo. Y si éste pone en su poema un hombre de carne y hueso a quien ha conocido, es después de haberlo hecho suyo, parte de sí mismo. Los grandes historiadores son también autobiógrafos. Los tiranos que ha descrito Tácito son él mismo. Por el amor y la admiración que les ha consagrado —se admira y hasta se quiere aquello a que se execra y que se combate... ¡Ah! ¡Cómo quiso Sarmiento al tirano Rosas!— se los ha apropiado, se los ha hecho él mismo. Mentira la supuesta impersonalidad u objetividad de Flaubert. Todos los personajes poéticos de Flaubert son Flaubert y más que ningún otro Emma Bovary. Hasta monsieur Homais, que es Flaubert, y si Flaubert se burla de monsieur Homais es para burlarse de sí mismo, por compasión, es decir, por amor de sí mismo. ¡Pobre Bouvard! ¡Pobre Pécuchet!

Todas las criaturas son su creador. Y jamás se ha sentido Dios más creador, más padre, que cuando se murió en Cristo, cuando en él, en su Hijo, gustó la muerte.
He dicho que nosotros, los autores, los poetas, nos ponemos, nos creamos, en todos los personajes poéticos que creamos, hasta cuando hacemos historia, cuando poetizamos, cuando creamos personas de que pensamos que existen en carne y hueso fuera de nosotros. ¿Es que mi Alfonso XIII de Borbón y Habsburgo–Lorena, mi Primo de Rivera, mi Martínez Anido, mi conde de Romanones, no son otras tantas creaciones mías, partes de mí, tan mías como mi Augusto Pérez, mi Pachico Zabalbide, mi Alejandro Gómez y todas las demás criaturas de mis novelas? Todos los que vivimos principalmente de la lectura y en la lectura, no podemos separar de los personajes poéticos o novelescos a los históricos. Don Quijote es para nosotros tan real y efectivo como Cervantes o más bien éste tanto como aquél. Todo es para nosotros libro, lectura; podemos hablar del Libro de la Historia, del Libro de la Naturaleza, del Libro del Universo. Somos bíblicos. Y podemos decir que en el principio fue el Libro. O la Historia. Porque la Historia comienza con el Libro y no con la Palabra, y antes de la Historia, del Libro, no había conciencia, no había espejo, no había nada. La prehistoria es la inconciencia, es la nada.


Lectura de Miguel de Unamino en Como se hace una novela.

                                        

Lo siento, microrelato de Luis Roberto Calderón García

¿No dices nada? ¿Por qué tan callado? Ya te dije que lo siento, ¿me escuchas? Siento haberte gritado, haberte golpeado así, perdón. Estás muy frío, casi helado: como muerto. Sabes que soy un poco celosa, es difícil imaginar una vida sin ti. Me han traicionado tanto. Pero tú, sólo tú te has mostrado cariñoso y fiel conmigo, por eso te quiero bastante. Dime algo, por favor. Sé que soy muy impulsiva, y eso no te agrada; soy un poco nerviosa; exaltada, un poco; lo siento. Soy un poco violenta (me lo has dicho), pero siempre recapacito minutos después, ya me conoces. No debí haberte insultado, no debí haberte maltratado de esa manera. En todo caso, tú tienes un poco de culpa: no debiste amenazarme con irte de aquí. Te quiero, tú lo sabes, y no hubiera dejado que salieras por esa puerta con tu maleta. Creo has cambiado de decisión, te has quedado ahí, como si durmieras un poco. Pero ya levántate, ya te perdí perdón varias veces. Muévete, dame tu gélida mano para saber que me escuchas y saber que me perdonas, por favor. Estás muy frío: como muerto.



Escrito de Luis Roberto Calderón García en Impresionesvivas. 
Puedes hablar con el en Facebook y Correo: luis_rooo@hotmail.com.

                                 

Historia de un crimen en El Tunel, obra cumbre de Ernesto Sábato.


Tras la muerte de Ernesto Sábato y en señal de duelo, publicamos hoy un extracto de su Obra esencial, El Tunel. Novela poseedora e impregnada de los elementos básicos de su visión metafísica del existir.

Como decía, me llamo Juan Pablo Castel. Podrán pregun­tarse qué me mueve a escribir la historia de mi crimen (no sé si ya dije que voy a relatar mi crimen) y, sobre todo, a buscar un editor. Conozco bastante bien el alma humana para prever que pensarán en la vanidad. Piensen lo que quieran: me im­porta un bledo; hace rato que me importan un bledo la opi­nión y la justicia de los hombres. Supongan, pues, que publico esta historia por vanidad. Al fin de cuentas estoy hecho de carne, huesos, pelo y uñas como cualquier otro hombre y me parecería muy injusto que exigiesen de mí, precisamente de mí, cualidades especiales; uno se cree a veces un superhom­bre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pér­fido. De la vanidad no digo nada: creo que nadie está des­provisto de este notable motor del Progreso Humano. Me hacen reír esos señores que salen con la modestia de Einstein o gente por el estilo; respuesta: es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto. Aun cuando se imagina que no existe en absoluto, se la descubre de pronto en su for­ma más sutil: la vanidad de la modestia. ¡Cuántas veces tro­pezamos con esa clase de individuos! Hasta un hombre, real o simbólico, como Cristo, pronunció palabras sugeridas por la vanidad o al menos por la soberbia. ¿Qué decir de León Bloy, que se defendía de la acusación de soberbia argumen­tando que se había pasado la vida sirviendo a individuos que no le llegaban a las rodillas?
La vanidad se encuentra en los lugares más inesperados: al lado de la bondad, de la abnega­ción, de la generosidad. Cuando yo era chico y me desespera­ba ante la idea de que mi madre debía morirse un día (con los años se llega a saber que la muerte no sólo es soportable sino hasta reconfortante), no imaginaba que mi madre pudiese tener defectos. Ahora que no existe, debo decir que fue tan bue­na como puede llegar a serlo un ser humano. Pero recuerdo, en sus últimos años, cuando yo era un hombre, cómo al co­mienzo me dolía descubrir debajo de sus mejores acciones un sutilísimo ingrediente de vanidad o de orgullo. Algo mucho más demostrativo me sucedió a mí mismo cuando la operaron de cáncer. Para llegar a tiempo tuve que viajar dos días ente­ros sin dormir. Cuando llegué al lado de su cama, su rostro de cadáver logró sonreírme levemente, con ternura, y murmu­ró unas palabras para compadecerme (¡ella se compadecía de mi cansancio!). Y yo sentí dentro de mí, oscuramente, el va­nidoso orgullo de haber acudido tan pronto. Confieso este se­creto para que vean hasta qué punto no me creo mejor que los demás.
Sin embargo, no relato esta historia por vanidad. Quizá estaría dispuesto a aceptar que hay algo de orgullo o de so­berbia. Pero ¿por qué esa manía de querer encontrar explica­ción a todos los actos de la vida?
Cuando comencé este relato estaba firmemente decidido a no dar explicaciones de ningu­na especie. Tenía ganas de contar la historia de mi crimen, y se acabó, al que no le gustara, que no la leyese. Aunque no lo creo, porque precisamente esa gente que siempre anda detrás de las explicaciones es la más curiosa y pienso que ninguno de ellos se perderá la oportunidad de leer la historia de un cri­men hasta el final.
Podría reservarme los motivos que me movieron a escri­bir estas páginas de confesión; pero como no tengo interés en pasar por excéntrico, diré la verdad, que de todos modos es bastante simple, pensé que podrían ser leídas por mucha gen­te, ya que ahora soy célebre; y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores de estas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. aunque sea una sola persona.
"¿Por qué —se podrá preguntar alguien— apenas una débil esperanza si el manuscrito ha de ser leído por tantas perso­nas? Éste es el género de preguntas que considero inútiles, y no obstante hay que preverlas, porque la gente hace constan­temente preguntas inútiles, preguntas que el análisis más su­perficial revela innecesarias. Puedo hablar hasta el cansancio y a gritos delante de una asamblea de cien mil rusos, nadie me entendería. ¿Se dan cuenta de lo que quiero decir?
Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, pre­cisamente, la persona que maté.

Lectura de El Tunel Por Ernesto Sábato


                                

Nietzsche el filósofo valiente

Quiero empezar esta entrada nombrando y alabando la valentía, que -como ya sabe el lector- es la misma de la que hacen gala los guerreros, allí donde las luchas siempre son a vida o muerte. Se dirá, que un espíritu valiente, vive acostumbrado al vértigo de perderlo todo, él, no sufre por alguna pasión, prefiere agarrar ese placer, y alcanzar hasta componer la forma del gusto, busca la sorpresa y esa es su virtud, encontrar en esta emoción neutra, lo aún no visible. Se observan a si mismos fugaces, huyen de su subjetividad, de formar bloques y conjuntos -no pierden tiempo en estas cosas-.

Y, ¿Quién sabe sobre esta valentía?, Se pueden conocer grandes filósofos que se lo jugaron todo. Todo lo antes creído. Y les diría que conocen esta valentía. En Nietzsche, al leerlo, es fácil observar esta valentía, en su afán por no crear escuela -superar el miedo de perder el nombre-, el fue quien detesto el sistema, guardándose de crear una teoría e ideando trampas a sus futuros discípulos. Lucho así contra el afecto de auto conservación, de supervivencia, diversificándose y deveniniendo estoico.

Cuando creyó en la sorpresa y el miedo, fue valiente, el luchó con estas armas en su filosofía. Con miedo te muestra la debilidad, la insuficiencia y el temor - siempre se sufre por supervivencia-, y después te asombra, te convierte en perplejo y admirativo, te sorprende. Esto es algo que el gustaba de hacer, sorprender y enmudecer a golpe de martillo, sangrar al lector en un malestar preocupante, y , a la vez, guardarse de devenir ídolo, con escritos impregnados de época y rencores, para esperar el momento, en que mostrar lo inimaginable.

Quizá el sabía -como saben los nuevos psicólogos de la emoción- de la tremenda adaptación del miedo, implicando al organismo en la búsqueda de un objetivo. En ese estado, conservas el animo propicio para afrontar un peligro, detectando y produciendo respuestas sobre la conducta. Ahora, sabemos que como pasión, la respuesta primaria es escapar -la persona con miedo escapa- y si no puede huir, se hace muy urgente buscar una solución. Ahora, se pensará: ¿Cual era esa afición de Nietzsche por jugar con nuestras amígdalas? cuando avisó en el anticristo, que pensaba romper los oídos del filósofo, y al tiempo, construyo una trampa para creyentes.

Pequeña nota: Igual que Nietzsche se corona como el anticristo, Spinoza posa como príncipe de filósofos. El no rompe nada, solo cambia y construye. Pero esto será otro día.

Personas normales y personas humanas. ¿cómo podemos ser?

Escrito realizado con un alto grado de atención en los puntos de la mecánica de amistad.

Un murmullo social dicta que:

Las personas buscan relacionarse con gente normal.
Las personas dedican tiempo en asignar un orden y estructura a sus impresiones.
Las personas realizan una clasificación que concuerda con este orden y estructura.

Así, he oido que esto es lo que se entiende por persona normal y en este escrito tengo el interés de agrandar estas impresiones para hacerlas más comunes.

Una impresión de Deleuze sirve para comenzar, si diferenciamos entre quienes buscan el concepto en la palabra y quienes buscan un significado tras el significante, podríamos decir que en este contexto las personas "normales" actúan como sujetos incapaces de pretender la impresión, o de crear el concepto, es decir, no conocen la palabra como un enlace a un afecto, sino como un significante que remite a un significado sociocultural. Por esto estas personas observan en otras (que no utilizan significantes) a individuos no-normales, es claro si nos ponemos a imaginar un individuo acostumbrado a catalogar significantes, en el momento que no encuentre donde encaja alguna cosa, esta irremediablemente es "rara", la cosa rara de la que no se sabe, la no-normal.

Por contra estas personas no-normales se entienden a si mismas no como raras, sino como humanas. Este tipo de personas se encuentran interesadas en la búsqueda de afectos. Aquí al recibir palabras y signos estas buscan la pasión que la contiene, que la gobierna. Este tipo de personas (en un contexto diferente) podrían definirse como; "las portadoras de la potencia de amistad", aunque no se trata aquí de ampliar el concepto de amistad, se trata de definir a un tipo de persona. Entonces, las personas que encajan en esta definición utilizan el deseo en dirección al afecto -algo pasa en este modo de pensamiento que salta a la vista por su simplicidad- ¿porqué este tipo de persona no clasifica?. ¿Y cómo consigue comunicarse?.

Como decimos que al encontrar un afecto se pretenderá a la misma vez la definición de este (Punto 4), diremos que al encontrar la definición hallaremos la herramienta necesaria para la comunicación. Y ahora si, podemos decir que este tipo de personas se comunican utilizando definiciones comunes (Punto 6) y que hacen amigos con cierta facilidad.

Como en ambas definiciones de persona ejerce su influencia el efecto de rareza, la rareza aquí media entre la clasificación o la conceptualización:
Si el efecto de rareza pertenece aquí a una clasificación, se procederá a continuación a la búsqueda de un rango o grupo de referencia –esto es algo muy general- y ya que las clases están ordenadas bien podríamos abrir un manual de patología clínica y encuadrar un comportamiento con una clase o demencia. ¿Qué tipo de signos nos aclaran el trastorno de esta persona? ¿cuál es el nombre patológico para este individuo? Así se hace, ahora se procede a la asignación del nombre, teniendo en cuenta cada signo y cada alteración que se escapa de la media, después se corrige este, o al menos se intenta. La pregunta es: ¿así que conseguimos? ¿dirías que se consigue el beneficio para el sujeto?; más bien se consigue aquí la puesta a salvo del modo correcto, la forma normal, la ideal sale ganando.


El grito no enunciable sería: ¡¡Clasifíquense y pónganse a salvo!!!.

En contra, cuando el efecto de rareza pertenece a la conceptualización se procede a la búsqueda de un modo de ver, aquí es la visión quien se altera, se siente curiosa, sabe que pueden existir afectos sin concepto más no es suficiente, esto avergüenza a la visión, se hace muy necesario encontrar el concepto ya que tiene la potencia de atravesar al afecto, de controlarlo, liberalo y utilizarlo a placer. No partir en su búsqueda sería afirmar la impotencia.


El grito no enunciable sería:  ¡¡Conceptualízense y háganse libres!!

Relato. El chico que se gustaba en hacer el mal.

Si la trama de poder no hubiera atravesado al chico no pasaría nada. Actuó con valentía, eso cuenta cuando no dominas la situación, cuando quiso darse cuenta había cambiado 30 cosas de sitio y llegó a casa con 10 victorias y 20 derrotas.

Que la ambición le haga saber lo que es el arte, por eso siempre pasa de la cultura, que importa si no soy culto, y ademas si lo hago mal y a mi que, si tengo clase y disfruto, a más placer más vida, más existencia.... Solo hurga en los problemas por violencia. Y hay veces que quiere un problema y más de una discusión por miedo a la inmovilidad. El decía; Maldito aburrimiento, dame algo que pueda destruirme!! Yo quiero la alegría y la tristeza, ser amigo y no tenerlos...

Actúa como si no supiera nada, si algo le acelera le gusta, y sufre con un placer que le atrapa en un entorno próximo a la trama de poder. Detesta de las cosas buenas y se esfuerza en no hacerlas, pero su bien trata de los afectos, de esta forma su bien acecha cuanto más amistad experimente hacia alguna cosa, este bien es automático, así resulta que suele hacer "el mal" solo por desconocimiento de "el bien". Ignora la norma y lo normal, esta le aburre...

Carisma, un post nuevo con palabras distintas.

Hay un concepto que me gusta, es poderoso, es fácilmente identificado pero difícil de poseer, este concepto responde al nombre de carisma.


Grandes actores de Hollywood se adjudican este apelativo, junto a buenos futbolistas, cosa que también comparten los políticos, miembros de la aristocracia, y no solo ellos, pues quien alguna vez pase por la frutería del mar en c/ mil flores captará rápidamente una muchacha repleta de esto mismo, su nombre es Pili.


El carisma sale a la luz en el momento que un plano se desliza, este desliz contribuye al concepto de carisma como a algo necesario en la interacción.



Ocurrió una historia:
Una muchacha observa a quien le habla, la conversación captó temas peliagudos, y bien podría tratarse de temas sexuales, como de trabajo, en fin, digamos que dialogan sobre un amigo en común que se encuentra en problemas, ahora ella esta atenta a quién le habla y se encuentra interesada en captar el problema: "el se sentía desnudo hacia esa situación, pues nada más abrir la puerta todos se callaron, ¿entiendes?", Si, afirmo apresurada ella, "bien, pues yo estaba en aquella sala, no muy cerca de donde hablaban, escuche hablar de el Susana, se reían de el" me imagino, y ¿que más?, "hablaban de como echarlo del grupo, pues como sabes a Alba no le.... ". Y hasta aquí estuvo presente él.


Este amigo aguantó hasta que ceso la comunicación, antes contribuía sigilosamente en la conversaciónsin sin emitir palabra alguna, dejando entrever su carisma. Cuando ambos hablaban el investigó, observó gestos en Javier, quien contaba el suceso algo cabreado, más tarde, cuando Susana se dedicaba a escuchar el la observaba, quería descubrir en que punto se encontraba, si ella era capaz de captar el mapa de Javier, y volviendo al muchacho, continuó comunicándole tranquilidad mediante gestos con las manos y otros gestos comunes entre ellos. Después mientras la conversación se rompía, cuando ambos amigos dejaron de comunicarse, el se marcho.


Existen transformaciones intensas en el intercambio anterior, hay un chico que no habla, ocurre algo en esa situación que tranquiliza y acompaña, una manera de ser, o una forma de amistad que une a dos de ellos. El chico es quien poseé la amistad en potencia, hay momentos en que se hace necesario juntar los planos de forma rítmica, podríamos decir alinear planos, encontrar puntos, coordenadas para la unión. Todo esto sucede en una interacciónn recordemos, donde el objeto es un enunciado y los sujetos dos conocedores de un problema, que siendo el mismo difieren en las proposiciones, por un lado Javier verbaliza sus proposiciones, sus experiencias, mucho mayores en numero y en dificultad. Susana recibe, ordena y desfigura las suyas propias, para amoldarlas a las próximas que pueden ser creadas.


Por eso aquí el trabajo esta en crear un enunciado muy común a quienes dialogan, el chico, el carismático, sin palabras se aproxima a los dialogadores como si su plano contuviera a los otros dos. Su plano es muy abierto, esta bien ejercitado para hender sus redes en el de otros individuos, actúa como imán y acompaña la producción enunciativa por rutas comunes.


Las personas carismáticas confeccionan planos flexibles que ejercen por su movilidad un mayor dominio en temas diversos, si el interés se sitúa en un conocido, una conversación puede surgir,también cambiar o desviarse por rutas cualesquiera, tales son: familia, trabajo, conocidos, estudios, o demás enlaces que unen al conocido con los presentes. Casos así son propicios para los planos flexibles de esta gente tan carismática pues, responden a la mayor demanda ambiental, captan alegrías de un gran numero de personas y hacen que exploten, para re-crearlas y volverlas al presente recién vivas.


Estas alegrías realizadas de forma común son el motor de la confianza, entre individuos e individualmente. Este es el secreto de la gente carismática. Parece que su diversión es la alegría en el esfuerzo por conocer a la persona.

Creación de amistad, potencia de amistad.

Una amistad nace, se crea entre individuos, entre cuerpos con puntos cercanos. Con la captación de una región aislada que alienta el deseo de amistad, como si ciertos puntos vacios de significantes entrasen en contacto con otros, realizando una potencia amistosa. Por eso quedan sin lengua las palabras en un cuerpo amigo, por la creación de una lengua propia entre dos cuerpos. Comienza la construcción de gestos, expresiones, sonrisas, sollozos, y todo se hace necesario y común en una red de amistad. La forma de relacionar estos nuevos significantes con su significado. O mejor dicho, con el concepto que es creado.


Resulta principal crear el concepto, deja de ser útil el significado. El concepto remite a la carne, al entendimiento común, mientras que el significado requiere de interpretación, algo bastante superficial y lejano para dos amigos. Más claro aún, podemos inferir que un grupo de significantes sin significado, por simple necesidad se constituirían potencialmente en busca del concepto. Así nace una amistad, en la búsqueda del concepto, en la creación de una lengua.


En cambio la no-potencia de amistad invoca al sufrimiento. Porque el sufrimiento surge como inferencia de la distancia hacia lo aún no conocido, hacia lo no común, como si echásemos la vista hacia lo que no existe. Porque se iluminan regiones vaciás en el espacio, el sufrimiento resuena como la iluminación de la no existencia.


Una potencia múltiple amistosa, sería la formación de conceptos donde habitaban significados, o donde no había nada. Trabaja la desterritorialización para otorgar un territorio común, múltiple, completamente intensivo, jodidamente vivo y cambiante. Como dos amigos que crean una lengua en movimiento, como si ambos utilizaran como envoltorio un cuerpo sin órganos. Como Deleuze y Felix.

Etica Demostrada Segun El Orden Geometrico, importancia y significado.

Imagen de Dr. Peter Berndt.
Prefacio de Émile-Auguste Chartier, conocido como Alain

La filosofía es, en efecto, una gran cosa; puede hacerse todo lo que se quiera con ella, excepto algo chato. Sucede lo mismo con la Razón y con la Sabiduría, que consisten sobre todo en un fuego cuya eficacia es importante conservar; pues nada se pierde con mayor facilidad que la vida y la fuerza de las ideas.

Comienzo, pues. Es preciso partir de Descartes y llevar esta admirable doctrina hasta Spinoza. Éste es el medio para no caer en la filosofía escolar y para despertar al hombre en el lector. Así pues, dejaos penetrar por el espíritu de las Meditaciones, atendiendo sobre todo a lo que pudo asustar al propio Descartes y devolverlo a las Matemáticas, cien veces más fáciles, donde igual que en la guerra el coraje es suficiente.
 
Consideraré primero la presencia de Dios, tan evidente en las Meditaciones. Imaginad que Descartes se sumerge en un retiro para estar solo, cultivar su propio espíritu y reencontrar el mundo entero y todo el Ser. En primer lugar, Dios, o el Espíritu, es indivisible: lo cual hace que, si descubrimos una parte de Él en nosotros, necesariamente debemos encontrarlo todo; de manera que la actividad de rezar, o de meditar, nos retira de los hombres y de las cosas y nos pone en posesión de nuestra libertad, que es Dios mismo. Semejante conclusión, que Descartes no desarrolló, debía asustarle, como todo lo que brinda al hombre un gran poder.

La posición del rey inspira naturalmente mucha desconfianza. En cada cual está el Espíritu absoluto, el Gran Juez, juez de todos los valores, juez de la opinión, de la majestad, juez de las ceremonias. Un poder semejante invita enérgicamente al hombre a fundar una religión: “¡Vaya -se dice a sí mismo-, otra más!”. Esta reflexión sobre sí fue la que animó a Rousseau, y no podía ser de otro modo. Estoy convencido de que Rousseau nunca pudo olvidar el capítulo de El Contrato social titulado “El derecho del más fuerte”, y de que jamás se lo perdonó. Exactamente, del mismo modo, también la moral de Kant, que hacía inútiles tantos razonamientos metafísicos, dio miedo a esta gran filósofo, que rechazó esta grandeza.

El penetrante ojo de Descartes había percibido todas estas dificultades. Además, aconsejado por Mersenne, el gran jesuita, debió arrepentirse de su puesto de soldado, bastante temible ya por sí mismo, y llegar a la Modestia absoluta de la que he encontrado ejemplos en Lagneau y en Lachelier.

He aquí que ya hemos avanzado bastante en nuestro camino, al conocer gracias a Descartes que el Espíritu es uno. Ahora bien, también Spinoza leyó a Descartes. Bajo el título de Cogitata Metaphysica había presentado a Descartes en proposiciones matemáticas. Pero Spinoza, por su parte, no tenía el menor miedo de su Espíritu y se entregó a él por completo, con la admirable ingenuidad de un lector de la Biblia.

Si leéis la Biblia no podréis evitar pensar que la única religión es ésa, y que ése es el único Dios y la única verdad política. A menudo dije, y lo repito aquí, que quienes han mamado desde pequeños la Biblia tienen una inmensa ventaja sobre sus contemporáneos; saben adorar y despreciar; ello explica la persecución continua que, al separarlos de los hombres, los ha obligado a formar la Humanidad. Y también explica el odio que aún persiste y que sólo puede cesar mediante el desarrollo de la inmensa idea hebraica, un odio que no puede permanecer, que reclama un resultado y una infinidad de Mesías. ¡Cuántos peligros entraña aún esta gloria! Spinoza aceptó este papel de impío y de paria, porque puso en la balanza los placeres de la amistad y los placeres del amor a Dios, y tomó partido por la felicidad, como se observa en la quinta parte de la Ética.

Si habéis leído la Biblia, sabéis que allí está el verdadero Dios y la única religión que se ha conocido; de ahí su desprecio por todas las demás religiones; y de ahí también los odios, como advertí; y ese espantoso aislamiento que se debe a no querer nada, a no amar nada más que el Pensamiento, que nos permite mantenernos en comunicación con Dios. Por eso las piedras lanzadas contra Spinoza vuelven a caer sobre nosotros. Tal es el monasterio moderno. Están claras, pues, las razones para hacerse spinozista; pues también eso está prohibido. El movimiento de mezclarse con el pueblo es el movimiento propio de todo Espíritu. Pero el movimiento de retirarse en uno mismo, de negarse, es aún más fuerte. Tal es la situación de un espíritu moderno ante la Política, tan detestada como inevitable.

Al leer el Tratado político de derecho natural de Spinoza, así como el Tratado teológico-político, encontraréis sin duda todas las condiciones de la República, y sin duda me perdonaréis también que haya considerado a Spinoza como el radical puro. Es asombroso que tanto el jacobino puro como el monje puro se dieran en la persona de Spinoza, tantas veces, y tan en vano, maldita. Queda claro, pues, para qué puede usarse a Spinoza.

No cabe duda que el poder de este resumen tan sabio, que constituye el contenido de la presente pequeña obra, resulta asombroso. Sí, ¿pero qué hay del alma? Encontramos más alma en los perseguidores, en los guerreros, en todos los individuos Gloriosos de la Historia, que en el judío estudioso que, sin embargo, acabará llevando por las calles el letrero que Spinoza llevaba para denunciar a todos los tiranos.

La cuestión está, pues, claramente planteada. Pues hay que preferir la justicia y vengar al inocente. Me resulta imposible no sorprenderme al comprobar cómo la imponente masa de los sacerdotes y de los fieles, en fin, de toda la Iglesia, hace tan a menudo lo contrario y suscribe el esclavismo universal. En alguna ocasión he dicho que la filosofía resultaba muy peligrosa. Por eso ningún hombre fue más refutado que Spinoza. Ningún sistema fue más maldito que ese detestable panteísmo. Falta saber lo que sea tal cosa. Puesto que Dios es uno e indivisible, Dios está presente por todas partes; por lo demás, eso es lo que se enseña. Pero pobre de quien lo enseña. Y el jesuita eterno nos recuerda que no hay que decirlo. Cuando hayáis considerado lo suficiente todas estas contradicciones, que libran una guerra en nuestro interior, entonces copiaréis la Ética de cabo a rabo, puesto que es así como debe empezarse si se quiere sentir esta belleza bíblica, modelo de toda grandeza.

Después de esto, las muy sabias Proposiciones y los muy prudentes Escolios de la Ética os parecerán grandes y bellos versículos de la nueva religión. Convenceos de que la Gran Reconciliación se hará de este modo y de ningún otro; por el culto de la Humanidad recobrada y por lo que debe llamarse el gozoso fanatismo de la Razón. Pensad en el número de hombres indignados al ver que es la sinrazón la que reina. Porque en último término es preciso oponerse a ella. No tenemos derecho a abandonar la Razón y la Justicia. A estos abandonos se debe lo que vemos en el presente.

Así pues, cada vez que regreséis a Spinoza, perdido todo vuestro coraje y sin ver ya nada en él, refugiaos, como Descartes, en ese vasto mundo e interrogad al Espíritu uno e indivisible. Entonces, inevitablemente, recobraréis el espíritu, y las fórmulas spinozistas recuperarán su sentido, tanto si os consagráis a la Política, a la Moral o al placer. Entonces os reencontraréis en la Biblia, ante Jehová y ante una sabiduría tan antigua como el mundo.

Tal es, pues, el sentido del spinozismo, sentido muy positivo y muy fácil de comprender, siempre que estemos persuadidos de encontrarnos en presencia del Espíritu Universal. Esta convicción os hará soportable el pensamiento, y de repente os reconoceréis como hombres, siempre a la luz del axioma: El hombre es un dios para el hombre, que es la clave de la futura República y de la igualdad del 48. He dicho igualdad porque no es posible que el hombre carezca de pasiones y porque todo afecto deja de ser una pasión en cuanto nos formamos una idea adecuada de él. He aquí el secreto de la Paz, que en cualquier caso es la Paz del alma, verdad muy ignorada. Por este motivo aprenderéis a tomar partido por Spinoza, un partido que evitaréis calificar de judío, pero que no por ello lo será menos. Entonces, sin combate, el nazismo, el fascismo y toda suerte de despotismos serán vencidos, y la maldad enteramente impotente, tal como efectivamente es (pues no es nada). Éste es el porvenir inminente que encierra este pequeño libro. 

Puedes leer el libro completo aquí.

Clasicos de la cultura: Ética demostrada según el orden geométrico (Gastos de envío gratuitos)

El falso amor en Kierkegar y Nietzsche. Comentario

Un comentario sobre dos impresiones, de Kierkegard y de Nietzsche, la primera sacada de un escrito titulado Diario de un seductor y la segunda de Así hablo Zaratustra, donde habla del amor al projimo.


Relata Kierkegard el encuentro de algunas hojas revueltas sobresaliendo de un cajón abierto, en un acto poco respetuoso, cuenta que se abalanzó a la lectura de algunas líneas quedando sorprendido en la temática, escritos privados sobre impresiones con una muchacha, realizados por algún selecto seductor que hablaba con su alma a solas.
Recopiló Kierkegaard estos escritos otorgándole un orden, al que después tituló Diario de un seductor.

Más tarde de la entrada anterior, al leer algunas páginas de este diario, se relata el primer encuentro con esta señorita, sobrecogen con más fuerza unas cuantas líneas (pegadas a continuación), con recuerdos de un viejo Nietzsche en Así habló Zaratustra, forjan una comparación bastante fácil entre las cualidades de un espejo (relatadas por el autor del diario) y una gran crítica Nietzscheana sobre el amor al prójimo.

 Comparación en unas lineas de unión .
Un espejo como todos sabemos, ama al prójimo más que cualquier ente viviente jamás podría, pobre de el, más aún, pues no puede saberlo, que es incapaz de guardar imagen alguna sobre cualquier cosa, sobrecogido el reclama todo lo que da y que no le devuelven, solo mujeres guapas con prisa o sin ella lo utilizan de imagen para adornar sus cuerpos, un espejo complaciente.
Decidido a hacerse notar, este vidrio noble refleja todo lo sublime nítidamente, menos los fantasmas, esos que tienen poder de cambio animoso, que huyen de el pues no reciben compañía y saben que no podrían alcanzar amistad alguna.
Aspiras a ser mendigo de imágenes, ¿el que seduce a su dueña para conseguir poder?, ya no seas más espejo, si puedes.


Texto de Kierkegard - Diario de un seductor
Aún no me ha visto, aunque me encuentro al otro extremo del mostrador; en la pared de enfrente cuelga un espejo. ¡Desgraciado espejo que puedes reflejar su imagen pero no a ella misma! Y ni siquiera puedes adueñarte de esa imagen, espejo desdichado y ocultarla al mundo, sino que la traicionas a todos, como ahora a mí...
¡Qué tormento, aunque el hombre así hubiera sido creado! Hay hombres, sin embargo, que sólo comienzan a gozar de aquello que poseen cuando pueden mostrarlo a los demás: hombres sólo capaces de concebir las apariencias y no la esencia, y que todo lo pierden cuando el ser interior se muestra, así como este espejo perdería su imagen, si ella se traicionara ante él un solo instante...
¡Pero qué hermosa es, a pesar de todo! ¡Pobre espejo, qué tormento!


Audiolibro – Así habló Zaratustra


 

Abarcando cimas o Sobre Nietzsche y Spinoza.


Adelantado ya en la lectura del libro "Sobre Spinoza" de Deleuze, encuentro que de esta masa simbólica que compone su libro, a resultado la comprensión de varias ideas concisas del pensamiento Spinoziano, increiblemente relatadas por su pluma.
De esta forma consigo abarcar una cima, y no teniendo otra meta que el cambio ,no queda más remedio que representar ese cambio lo más bello posible.

Y así pasó que, mientras Spinoza hablaba sobre no-simbolos, se veían estos como lo que no eran. Por eso Spinoza basa su ética en relaciones de diferencias de afectos, entre animos o almas que manejan afecciones,pues sobrepasa el limite insalbable al que puede aspirar un simbolo, desapareciendo este para solo quedar una función de la naturaleza, bien, el cambio es este, pero ¿Cuál a sido la intensidad lograda? y ¿Cómo conseguir una medida aproximada de la amplitud de este cambio? No queda otra que hablar de Nietzsche, responsable en su mayor parte de la cima anterior, cuando el viejo Nietzsche, inmerso en su "enfermedad" y alentado por el primero (Spinoza) en la trasnfiguración de sus ideales, representaba con una violencia divina la magnitud simbólica, para: demoler, matar y asesinar ideales, irguiéndose ante ellos como el anticristo, en esos momentos, alcanzas la primera cima. Pero me detendre en los simbolos. Muy conocidos son el camello,el león y el niño, ¿Cómo actua el niño? un niño basicamente aprende, un ejemplo: podríamos compararlo con un estadio de desarrollo Piagetiano, como el sensoriomotor, donde el niño desarrolla sus capacidades innatas para el desenvolvimiento conjunto, de ambas capacidades: sensoriales(vista,tacto..) y motoras(movimiento ocular,manos...),el niño reaciona ante esos cambios, es decir, aprende manipulando sus habilidades en interacción con los objetos, pero aquí el niño no comprende, no responde ante la representación simbólica del objeto, ya que es primerizo (imaginemos incluso que es la primera vez que juega con ese objeto) por lo que el niño unicamente realiza continuamente su potencia de actuar, solo y exclusivamente se dedica a ejercer la maxima potencia que sus capacidades le permiten, así, paulatinamente, conforme al aumento en la tendencia simbolica,
descrive Nietzsche el olvido de esa actitud de omnipotencia infantil, y es que esa actitud desaparece.


¿Donde esta la contradicción?,pues, parece que Nietzsche se metió la lengua por el culo, en el momento en que creó al niño, era incapaz de crear un no-simbolo, se dedico a esculpir martillazo a martillazo más y más simbolos.
¿Calló en la trampa del poeta? ¿Persiguío la verdad, o se enrredó en el eterno retorno poético?, ni yo ni nadie, respondería a esto, ¿Pudiera ser su "enfermedad", el conocimiento de una devil voluntad de poder?.

Despues de escribir esta entrada,surge una comprensión más clara sobre la ética Spinoziana e indirectamente de la creación Nietzscheana, por lo que divagaré un poco más en Deleuze, con la meta de que continuos cambios de acomodación, cambien mi percepción en la intensidad correspondiente.

Alegría o deseo en la pasión o el acto. Spinoza

PROPOSICIÓN LVIII

Además de aquella alegría y aquel deseo que son pasiones, hay otros afectos de alegría y de deseo que refieren a nosotros en cuanto obramos.

Demostración: Cuando el alma se concibe a sí misma y concibe su potencia de obrar, se alegra (por la Proposición 53 de esta Parte); ahora bien, el alma se considera necesariamente a sí misma cuando concibe una idea verdadera, o sea, adecuada (por la Proposición 43 de la Parte II). Pero es así que el alma concibe ciertas ideas adecuadas (por el Escolio 2 de la Proposi­ción 40 de la Parte II). Luego se alegra también en la medida en que concibe ideas adecuadas; esto es (por la Proposición 1 de esta Parte), en cuanto obra. Además, el alma, ya en cuanto tiene ideas claras y distintas como en cuanto las tiene confusas, se esfuerza por perseverar en su ser (por la Proposi­ción 9 de esta Parte). Ahora bien, por «esfuerzo» entendemos el deseo, luego el deseo se refiere también a nosotros en cuanto entendemos, o sea (por la Proposición 1 de esta Parte), en cuanto obramos. Q.E.D.

PROPOSICIÓN LIX

De todos los afectos que se refieren al alma en cuanto que obra, no hay ninguno que no se remita a la alegría o al deseo.

Demostración: Todos los afectos se remiten al deseo, la alegría o la tristeza, según muestran las definiciones que de ellos hemos dado. Ahora bien, por «tristeza» entendemos lo que disminuye o reprime la potencia de pensar del alma (por la Proposición 11 de esta Parte y su Escolio), y así, en la medida en que el alma se entristece, resulta disminuida o reprimida su potencia de entender, esto es, su potencia de obrar (por la Proposición 1 de esta Parte). De esta suerte, ningún afecto de tristeza puede referirse al alma en la medida en que ésta obra, y sí, solamente, los afectos de la alegría y el deseo que (por la Proposición anterior) también se refieren al alma en aquella medida. Q.E.D.

Escolio: Refiero a la fortaleza todas las acciones que derivan de los afectos que se remiten al alma en cuanto que entiende, y divido a aquélla en firmeza y generosidad. Por «firmeza» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza en conservar su ser, en virtud del solo dictamen de la razón. Por «generosi­dad» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza, en virtud del solo dictamen de la razón, en ayudar a los demás hombres y unirse a ellos mediante la amistad. Y así, refiero a la firmeza aquellas acciones que buscan sólo la utilidad del agente, y a la generosidad, aquellas que buscan también la utilidad de otro. Así pues, la templanza, la sobriedad y la presencia de ánimo en los peligros, etc., son clases de firmeza; la modestia, la clemencia, etc., son clases de generosidad.

Con esto, creo haber explicado y mostrado por sus prime­ras causas los principales afectos y fluctuaciones del ánimo que surgen de la composición de los tres afectos primitivos, a saber: el deseo, la alegría y la tristeza. Por ello, es evidente que nosotros somos movidos de muchas maneras por las causas exteriores, y que, semejantes a las olas del mar agitadas por vientos contrarios, nos balanceamos, ignorantes de nues­tro destino y del futuro acontecer. Ahora bien, ya dije que he mostrado sólo los principales conflictos del ánimo, no todos los que pueden darse. Pues, siguiendo la vía más arriba recorrida, podemos mostrar fácilmente que el amor está unido al arrepentimiento, el desdén, la vergüenza, etc. Es más, creo que ha quedado claro para todos, por lo ya dicho, que los afectos pueden componerse unos con otros de tantas maneras, y que de esa composición brotan tantas variedades, que no puede asignárseles un número. Pero basta a mi propósito con haber enumerado ios principales, pues los demás que he omitido tendrían el valor de cosas curiosas, más que útiles. Queda por hacer, sin embargo, una observación acerca del amor, a saber: que ocurre con frecuencia que, mientras disfrutamos de la cosa que apetecíamos, el cuerpo adquiere, en virtud de ese disfrute, una nueva constitución, por la cual es determinado de otro modo que lo estaba, y se excitan en él otras imágenes de las cosas, y el alma comienza al mismo tiempo a imaginar y desear otras cosas. Por ejemplo, cuando imaginamos algo que suele deleitarnos con su sabor, desea­mos disfrutar de ello, es decir, comerlo. Ahora bien, al disfrutarlo de esa manera, el estómago se llena, y el cuerpo sufre un cambio en su constitución. Y de este modo, si dada ya esa nueva constitución, se mantiene en el cuerpo la imagen de dicho alimento —por estar ese alimento presente-, y, por consiguiente, se mantiene también el esfuerzo o deseo de comerlo, a ese deseo o esfuerzo se opondrá aquella nueva constitución y, consiguientemente, la presencia del alimento que apetecíamos será odiosa, y esto es lo que llamamos hastío y repugnancia. Por lo demás, he dado de lado aquí a las afecciones exteriores del cuerpo que acompañan a los efectos, como son el temblor, la palidez, los sollozos, la risa, etc., porque se refieren sólo al cuerpo, sin relación alguna con el alma.

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