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Reseña de Heráclito, vida y obra.

Filósofos presocráticos y esencia.
Los filósofos presocráticos tienen como punto en común la búsqueda de la esencia de lo existente (el arkhé), apuntando más allá de lo sensible para buscar las causas de nuestro origen. Algunos de ellos sitúan nuestra génesis en los elementos (agua, tierra, aire, fuego), mientras que otros lo nombran y describen de diversas formas (apeiron, nous). En cualquier caso, todos ellos describen un proceso de creación o composición del universo (kosmos), cimentado en la idea de naturaleza (physis) de las cosas sensibles completada por la causa generadora particular dependiendo del autor.

En este contexto debemos ubicar a Heráclito, el autor que nos ocupa. Este pensador, cuyo origen hallamos en la Jonia, fue natural de Éfeso (544 a.C. - 484 a.C.). Diógenes Laercio (filosofo contemporáneo de Heráclito) le atribuyó un libro titulado “Sobre la naturaleza”, que, dividido en tres partes, versaría sobre cosmología, política y teología, pero no solo no se poseen pruebas concluyentes de que el de Éfeso escribiese este libro, sino que muchos indicios parecen apuntar lo contrario. De su obra refrendada conservamos más de un ciento de sentencias inconexas, pero este hecho no presenta un inconveniente al referirnos a Heráclito, pues el estilo literario que eligió fueron los aforismos, sentencias independientes de carácter críptico. Esta singular forma de expresión nos lleva por asociación al Oráculo de Delfos.

A este templo, dedicado a los dioses Apolo y Dionisos y situado al pie del Monte Parnaso, se dirigían los griegos para preguntar a las deidades sobre sus inquietudes. Allí, tras ofrecer un sacrificio, la sacerdotisa (Pitia) daba su respuesta, que era transcrita en aforismos y entregada al consultante por medio de un sacerdote. Pero Delfos no solo fue un lugar de oración y consulta para los griegos. Delfos representa el origen del saber, si queremos, el símbolo del llamado "Paso del Mito al Logos", pues mediante la interpretación del oráculo se nos insta a buscar la respuesta en la racionalidad más que en el dios en sí. Los dioses están, pero es el hombre el que ha de mirar más allá de sí y de lo divino para encontrar las respuestas que busca.

En este tiempo, alrededor de esta búsqueda, nació la filosofía. Lo que destaca precisamente a Heráclito dentro de este proceso es que fue el único en su época en utilizar el aforismo como método principal para divulgar sus enseñanzas. Utilizó el sistema de comunicación del oráculo para desarrollar una completa proposición sobre el orden de todo lo existente y, a la vez, fue probablemente el más apasionado defensor de sus teorías. Tras poner en duda el hecho de que el origen de lo existente está en los dioses, apuntala sus enseñanzas con un deje de religiosidad, afirmando dormidos a aquellos que no pueden ver o entender lo que afirma. El de Éfeso conjuga como ningún otro verdad absoluta y racionalidad, y es precisamente esto lo que le vincula de manera singular a Delfos por lo que representa, convirtiéndose a la vez en una extensión –como perteneciente al movimiento de razón del que Delfos es centro– y en una alternativa –usando el mismo recurso, pero en otra dirección.

Heráclito ofrece pues un sistema de respuestas para el mundo que percibimos. El jonio nos insta a echar un vistazo tras la cortina de nuestros sentidos. Nos habla del alma, del orden del universo y del lugar que los dioses ocupan en dicho sistema. Su pensamiento nos permite, por tanto, adentrarnos en las que tradicionalmente han sido las preocupaciones más hondas del ser humano.

"The Kid"

"The Kid".
Quisiera hacer un breve homenaje a uno de los mejores cineastas de todos los tiempos: Charles Chaplin. De este modo, me gustaría recordar su primer largometraje, "The Kid", y así esbozar el papel que juega el arte en la crítica filosófica.


"The Kid" es el primer largometraje del magnífico cineasta Charles Chaplin. Una verdadera joya del séptimo arte donde, en menos de una hora, Chaplin nos hace oscilar entre la comedia y el drama. Tal vez la maestría del film radique en que, concebida primigeniamente como una comedia, llega a emocionar al espectador.

A través de una majestuosa narración, se nos cuenta la historia de un bebé abandonado que es encontrado por un vagabundo (Chaplin), el cual -a partir de ese momento- se hace cargo de él; ambos utilizan (una vez crecido el bebé) las técnicas más antiguas de la picaresca con el único objeto de sobrevivir en un frío y crudo mundo que no deja espacio para la solidaridad social. El director retrata la situación de la sociedad de su tiempo. No hay aquí elementos shakesperianos, mas sí un lenguaje cinematográfico, sumamente cuidado y limpio, que esconde una feroz crítica al sistema capitalista. Lo cierto es que la obra guarda cierta relación con la vida personal de Chaplin (recordemos que fue abandonado por su padre), no obstante la película es más bien una alegoría que sirve para representar cierto tipo de crítica social.

La puesta en escena del film recuerda -y mucho- a los relatos de Charles Dickens y de Mark Twain. Las vestimentas así como los decorados encajan perfectamente en el contexto de la obra. De la mano del propio Chaplin (actor, productor y director del film) nos adentramos en los comienzos de la Europa del siglo XX, dominada por el capitalismo industrial (muy característico es la presencia de obreros y grandes fabricas).

No quisiera revelar nada más acerca del argumento de la película, como tampoco anticipar las imágenes más espectaculares y memorables. Por eso, invito al lector a acercase él mismo a este genio del cine. Chaplin es, probablemente, el mejor artista visual de la historia del cine. Al menos a mi juicio, ya que nunca antes había experimentado tantas cosas con tan pocas palabras. En Chaplin vemos cómo el arte tiene una función muy clara: la crítica. Y tal vez lo más hermoso es la expresión que esa crítica toma. Aparentemente sólo hay expresión, sin embargo el fondo esconde una profunda inquietud humana. Eso, y no otra cosa, debe ser el arte.

Gracias, Charles Chaplin.

"El Criticón" o pesimismo antropológico en el barroco


"El Criticón" o pesimismo antropológico en el barroco
El siguiente post tiene el objetivo básico de hacer una reseña crítica de una de las obras más importantes de Baltasar Gracián, a saber, El Criticón. No voy a hacer una exposición densa de su obra, sino, simplemente, tocar algunos temas que considero interesantes para acercarnos un poco a este coloso del pensamiento español..


Antes de hablar sobre el tema de mi exposición, me gustaría precisar y contextualizar mi trabajo haciendo unas mínimas referencias a lo que -considero- son las claves importantes del pensamiento graciano en el contexto del Barroco. El Criticón es la alegoría que sirve de representación de las edades de la vida humana (concretamente, el libro se divide en tres partes, es decir, tres edades) pero de una forma narrada que hace más fácil su lectura. En este marco, y en consonancia con una más que plausible interpretación del Barroco, Gracián mezcla subgéneros literarios, convirtiéndose en uno de los máximos exponentes del Barroco. Muchos han querido ver en Gracián una crítica a las costumbres y al momento de su época; y, aunque busque corrección, parece que no es ésta la finalidad. Otros intérpretes, más bien, han querido ver semejanzas o parecidos con el Quijote del maestro Cervantes: sentar las bases de las buenas costumbres, más que criticarlas como tal. En cualquier caso, y antes de plantear mi reseña propiamente hablando, hay tres puntos que son, a mi juicio, fundamentales para entender el pensamiento graciano. Dichos tres puntos son los siguientes:


a) Pesimismo como reflejo de la época barroca.

b) Finalidad didáctica: pretende dotar a las personas de recursos que les permitan defenderse socialmente.

c) Su lenguaje es plenamente conceptista: busca la agudeza del concepto y la concisión.

Contextualizada la obra en un marco considero que suficiente, voy a dilucidar sobre una problemática que hay en El Criticón de nuestro autor: la problemática en torno a la visión que el propio Gracián tiene del hombre. El hombre es un ser maravilloso, pero muy complejo, como nos han enseñado los sabios, dice Gracián. El Criticón nos enseña lo que cuesta hacerse hombre, pues éste es gran cosa, pero también un gran “desconcertador de mundos”. El hombre nace bárbaro y se humaniza por medio de la cultura para cultivarse a sí mismo. En El Criticón se plantea la necesidad de la reforma de ese hombre desconcertante.

El ser humano porta y soporta lo irracional, lo oscuro. Es necesario que la razón penetre en todo lo indefinible y movedizo que encierra la vida humana. ¿Cómo llevar a cabo este proceso del que hablamos? Por medio de la ironía, la sátira, la fábula y, en general, por medio de la literatura. He aquí una de las “peculiaridades” del denominado pensamiento español; su vehículo no es el propio de la filosofía, sino que busca otras vías más cercanas a la literatura, el arte, etc. Gracián es un pensador plástico, filósofo y poeta al mismo tiempo, que propone, de algún u otro modo, una filosofía terapéutica. Gracián se da cuenta de que, sin los buenos modos, no se puede transparentar el ser. En este “mundo inmundo”, lo único que puede hacer el hombre es perfeccionarse interiormente, pues la realidad cambia y fluctúa constantemente, no habiendo un punto fijo al que agarrarse. El hombre está en tensión con el mundo, hay una lucha entre apariencia y realidad, de ahí que la vida humana sea, para nuestro autor, un proceso de maduración.

Por otro lado, creo que en El Criticón hay un reflejo del pesimismo barroco. El hombre vive engañado, y cuando empiezan a desengañarse, tristemente, muere. En este sentido, El Criticón no es una simple obra literaria más, sino que implica un nuevo nivel de reflexión que intenta dar una respuesta a la tan difícil pregunta por el sentido y propone, más o menos sistemáticamente, un modelo de conducta moral. En cualquier caso, vemos como en Gracián, al igual que en todos los grandes autores de la historia, se repite el mismo problema: el sentido de la existencia humana. Al final hallamos en la obra una mirada amarga y desolada. No es de extrañar que Arthur Schopenhauer la calificara como la mejor obra de todos los tiempos, pues está en consonancia con su visión pesimista de la condición humana.

Para concluir, me gustaría citar uno de los pasajes de El Criticón, en el que se recoge una reflexión sublime sobre el acontecer del hombre: "Eternízanse los grandes hombres en la memoria de los venideros, mas los comunes yacen sepultados en el desprecio de los presentes y en poco reparo de los que vendrán. Así que son eternos los héroes y los varones eminentes e inmortales. Éste es el único y eficaz remedio contra la muerte. Seguidme, que hoy intento trasladaros de la Casa de la Muerte al Palacio de la Vida, de esta región de horrores, del silencio, a los honores de la fama.” (El Criticón III. Crisis XII. Pág. 995).

Escrito de Daniel Peres Díaz / Twitter:  @Daniel_peres21 / email: [email protected]

Laques, diálogos Socráticos sobre la correcta educación de los hijos.

Laques, dialogo platónico sobre la correcta educación de los hijos.
Laques es uno de los diálogos más importantes de Platón. El encuentro tiene lugar en algún gimnasio público de Atenas, comienza con cinco personajes en reunión durante una exhibición de hoplomachía -una especie de combate de un soldado de infantería pesada con el armamento completo, se trata de Sócrates, Lisímaco, Melesías, Nicías y el que da título a la obra, Laques. Los dos últimos son convocados por Lisímaco y Melesías para pedirles consejo acerca de un tema de gran importancia a lo largo de la historia, la correcta educación de sus hijos. A raíz de este tema, tras ser introducido el sabio Sócrates en el coloquio, los contertulianos desarrollan temas de virtud, sabiduría y valor.

Laques (Colección Microfilosofia)
En la etapa socrática de Platon  el dialogo es de extensión breve, estructura dramática sencilla, final aporético, la discusión sobre un tema ético siempre acaba por enfrentar a los personajes.

En el dialogo cabe mencionar que tanto Lisímaco como Melesias son ciudadanos honorables, hijos de personajes ilustres en la política., que no han realizado nada digno de su noble ascendencia. El hecho de que piensen que una buena educación puede permitir a sus hijos superar esta medianía y recobrar el renombre de sus abuelos es un signo de los tiempos en que los sofistas acudían a la democrática Atenas, ofreciéndose como maestros de virtud para la juventud distinguida. Por otra parte, el hecho de que duden si la hoplomachía será conveniente para la educación de los jóvenes, seguramente muestra lo despistados que ambos padres están respecto al futuro de la educación.

En el dialogo "todo se lía", a  partir de aquí los personajes hacen una reflexión acerca de la virtud que a su vez les obligan a profundizar en el valor y otros conceptos.Y llega entonces una secuencia definitoria, Sócrates toma la palabra:

SÓC. -Así pues, también ahora toca examinar esto en primer término: si alguno de nosotros es, o no, un técnico en el tema que consideramos. Y si lo es, obedecerle, aunque sea uno solo, y prescindir de los demás. Y si no lo hay, buscar a algún otro. ¿O creéis que os arriesgáis en algo de poca monta tú y Lisímaco, y no sobre esa posesión que es efectivamente la mayor de las vuestras? Se trata de si vuestros hijos se harán personas de bien o lo contrario, y toda la casa del padre se administrará según como resulten sus hijos.
MEL. - Dices verdad.
SÓC. -Por tanto, conviene mantener gran previsión en eso.
MEL. -Desde luego.
SÓC. - ¿Cómo, pues, según yo decía hace un momento, podríamos averiguar, caso de que decidiéramos hacer el examen, quién de nosotros es un buen técnico en atletismo? ¿No sería aquel que lo hubiera aprendido y practicado, y que hubiera tenido buenos maestros de ese arte?
MEL. - Me parece que sí.
SÓC. - Por tanto, ¿de qué asunto, en principio, vamos a buscar a los maestros?
MEL. - ¿Cómo dices?
SÓC. -Tal vez será más claro de esta manera. Me parece que no hemos reflexionado desde el comienzo qué es lo que examinamos y sobre lo que deliberamos: quién de nosotros es experto, quién ha tenido buenos maestros al respecto, y quién no.

Extracto de texto de Laques (Colección Microfilosofia)

Heidegger y el nazismo, el "giro" olvidado


Heidegger y el nazismo, el "giro" olvidado.
Reseña del libro de Rudiger Safranski, Un Maestro de Alemania. Heidegger y su tiempo, donde tenemos en cuenta una de las más fatídicas percepciones heideggerianas: la igualación entre Ser y ente.


Leyendo a Platón, Martin Heidegger no se siente apremiado por la política, pero espera un cambio histórico que quizá traiga una nueva comprensión del ser. [...]

Hermann Mörchen hace una visita al filósofo en la cabaña de Todtnauberg. Mörchen escribió sus impresiones en el diario: "Allí se duerme largamente; por la noche, a las ocho y media es ya la 'hora en la cabaña'. No obstante, en invierno hace ya mucho rato que ha caído la noche, de manera que queda todavía algo de tiempo para conversar. Lo cierto es que no se habló de filosofía, sino, sobre todo, de nacionalsocialismo. ¡Gertrud Bäumers, otrora tan adicta a los liberales, se ha hecho nacionalsocialista, y su marido la sigue! No lo habría creído, y, sin embargo, propiamente no hay que admirarse. Heidegger no entiende mucho de política, y de este modo, su repugnancia frente a todas las mediocres deficiencias le permite esperar algo del Partido, que promete hacer cosas decisivas y, con ello, sobre todo oponerse eficazmente al comunismo. El comentario es que el idealismo democrático y la apelación de Brüning a la conciencia no pueden hacer ya nada, una vez que se ha llegado tan lejos; y así hay que dar la aprobación a una dictadura que no se asuste de los medios acordados en Boxheim. Sólo mediante tal dictadura puede evitarse otra peor, la comunista, que destruye toda cultura de la personalidad y con ello toda cultura en el perro sentido occidental. Heidegger apenas se ocupa de preguntas políticas particulares. Quien vive aquí arriba tiene otros patrones para todo eso." [...]



En el momento de la visita de Mörchen en Todtnauberg y de las lecciones sobre Platón, en el invierno de 1931-1932, la toma de partido de Heidegger por el Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo (NSDAP) no es otra cosa que una opinión política. Ve en este Partido una fuerza de orden ante la miseria de la crisis económica y el caos de una república de Weimar que se desintegra, y sobre todo un baluarte contra el peligro de un vuelco comunista. "Un tronco grueso que necesita una cuña gruesa", le dice a Mörchen. Pero de momento su simpatía política por el nacionalsocialismo no tiene cabida en su filosofía. Un año más tarde eso cambiará radicalmente. Entonces, en efecto, para Heidegger está ahí el gran instante de la historia, aquella "transformación de todo el ser humano" de la que con gran presentimiento había hablado en el curso sobre Platón. Entonces la revolución nacionalsocialista se convierte en un evento poderoso para el ser-ahí, en un suceso que impregna su filosofía hasta lo más íntimo e impulsa al filósofo más allá de los "límites de la filosofía". [...] "Hay que adherirse", dice Heidegger a Jaspers en marzo de 1933.

Es bien sabido que a lo largo de la vida filosófica de este autor hay muchos cambios en su perspectiva reflexiva, siempre en torno a la cuestión del Ser. De hecho, él mismo recurre muchas veces a la palabra Kehre para referirse a estos cambios. El que más se ha sacado a colación es el que hay desde Ser y tiempo hasta los cursos sobre metafísica del 30, que pasa de escribir ser a escribir Ser, y después de esto la kehre que nos lleva al fracaso metafísico por el cual empieza a escribir el Ser pero hay un cambio que no está demasiado comentado y a mi juicio poco documentado, que es el que hace en pleno nacionalsocialismo. Quizá imbuido por el movimiento se deja llevar y consigue una aberración antiheideggeriana: escribe que el Ser es igual que el ente. Más tarde se retractará de esto, antes de la Carta sobre el humanismo, incluso al final echará la culpa al Ser ya que erró en su nombre y por él mismo. Personalmente me parece una manera de echar cartas fuera y salvarse a medias, lo cierto es que en un análisis alejado de la idealidad heideggeriana podemos decir que es un autor metafísico que actúa en contra de ella. ¿Qué es el pastoreo del Ser? ¿Acaso no es más coherente que lo único que se puede guardar es el ente, ya que es algo, que no el Ser que es la Nada como dirá en su último giro? Pero lo que aquí nos atañe es mostrar que hasta una gran mente, privilegiada como la de Heidegger para poder llegar a esas abstracciones, puede caer en las redes de una mentalidad desfasada. Sin embargo, la aspiración del autor es que este régimen nuevo pueda traer una manera distinta de pensar el Ser y por ende de superar la metafísica. Eso es lo que cree y creo que en ese aspecto no es reprochable su actitud, de hecho no son pocas las voces como la de Mörchen que afirman la poca idea que tenía el de Messkirch de política. A pesar de todo, quiero finalizar con la respuesta al por qué de su afiliación propuesta por Hans-Peter Hempel porque creo que también es algo que se ha obviado:

"El conflicto permanece insoluble mientras usted, por ejemplo, en un mismo día lea por la mañana el Principio de razón y por la tarde relatos o películas documentales de los años posteriores del régimen de Hitler, mientras usted juzgue el nacionalsocialismo solamente desde la perspectiva de hoy, mirando atrás desde aquí y teniendo en cuenta lo que después de 1934 salió poco a poco con claridad a la luz. Al principio de los años treinta, las diferencias sociales en nuestro pueblo se había hecho insoportables para todos los alemanes que vivían con un sentimiento de responsabilidad social, y resultaba igualmente intolerable el grave amordazamiento económico de Alemania por causa del Tratado de Versalles. En el año 1932 había siete millones de parados, que con sus familias no veían ante sí sino necesidad y pobreza. La confusión por causa de estas circunstancias, que la generación actual ya no puede imaginarse, pasó también a las universidades". Cita: Un maestro de Alemania: Martin Heidegger y su tiempo.


Heidegger y el nazismo, el giro olvidado.
Enrique Martínez, mi blog personal: Esto es Kaos Contacto: Gmail: [email protected] / Facebook @Mart_Nrique

Filosofía para bufones


Recensión del libro: Filosofía para bufones: La historia del pensamiento a través de las anécdotas de los grandes filósofos, de Pedro González Calero. Colección Ariel, 2007, 185 págs.

Con qué puede ser más compatible la filosofía que con el humor, y no porqué ésta naciera haciendo reír a una joven esclava tracia, sino porque siempre se ha dicho que el sabio es aquél que se ríe de sí mismo, porque lo que se aprende de manera divertida nunca se olvida, porque en definitiva la vida es un gran chiste. Tal vez burlarse de la filosofía también sea –como dijo Pascal– hacer filosofía.

De esta manera tan singular invita el libro Filosofía para bufones. Un paseo por la historia del pensamiento a través de las anécdotas de los grandes filósofos a un acercamiento al mundo filosófico. Un recorrido por la historia del pensamiento de la mano de las anécdotas y las agudezas de los grandes filósofos. El autor se limita a proporcionar un contexto filosófico a las bromas seleccionadas, pero entre burlas y chistes muestra en ocasiones la cara más cómica de controversias filosóficas. El itinerario se remonta a la Antigüedad clásica donde se destaca sobre todo a los cínicos y cirenaicos, como Antístenes, Diógenes y Aristipo, “viendo que el hijo de una meretriz andaba entretenido tirándole piedras a la gente, Diógenes le gritó: Muchacho, no tires piedras a los desconocidos, no le vayas a dar a tu padre”. Todos ellos discípulos traviesos de Sócrates, al igual que Aristóteles o Platón. Entre la Antigüedad y la época medieval se encuentra una novedad: la filosofía oriental. Un breve repaso a una historia del pensamiento prácticamente desconocida en Occidente, justamente por no tomar en serio los pensamientos de el antimetafísico Buda, el benévolo Confucio o el desconocido Chuang Tzu. A estos pensadores que desplazamos enseguida por no poder dilucidarlos de una religión le siguen las anécdotas del díscolo San Agustín, el ecléctico Ramón Llul o al reflexivo Santo Tomás de Aquino.

El siguiente destino son las anécdotas de la Modernidad, después de Ockham, encontramos a Descartes, del cual se cuenta en el libro que “una vez estaba dando cuenta de un faisán en uno de los mejores mesones de París. Al verlo, el conde de Lamborn se dirigió a Descartes con estas palabras:
- No sabía que los filósofos disfrutaran con cosas tan materiales como ésta.
Contrariado por la impertinencia y la intromisión, Descartes le replicó:
- ¿Y qué pensabais, que Dios hizo estas delicias para que las comieran sólo los idiotas?”.

Tras él un amplio repaso a los cientifistas, politicistas y renovadores del pensamiento ilustrado que no es para tomar a risa. Aunque es difícil no sonreír al menos al ver las caricaturas de Voltaire, Rousseau o Kant realizadas por de Anthony Garner. Después de ellos los más dotados para el humor en la filosofía contemporánea fueron Nietzsche o Russell, que con sus mordacidades o deducciones lógicas se hacen un hueco la última parte del libro. Precisamente fue Nietzsche quien escribió que el hombre es el animal que sufre tan intensamente que ha tenido que inventar la risa.

No debemos buscar en este libro un manual histórico, o una prosa elegante, el autor se presenta como un barrendero, documentalista, profesor de filosofía y titiritero frustrado. No acertaría a decir cuál de todas ellas le llevó a escribir este libro pero la realidad es que me parece una gran oportunidad, primero, para desterrar muchos prejuicios, sobre todo a jóvenes, que la ven como un peso, acercándolos así de una manera atractiva a la historia del pensamiento y segundo, para los que no tenemos ya prejuicios es la manera más refrescante de repasar autores, conocer algo más de su vida y aumentar los comentarios adosados a unos apuntes, una nota a pie de página o un examen. Hoy en día que está tan de moda la filosofía a martillazos quizá haga falta más filosofía a carcajadas como el mejor de los prozacs.

Libro original en librería: Filosofía para bufones: La historia del pensamiento a través de las anécdotas de los grandes filósofos