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El Cartel

Cartel de la mafia.


El significado de la palabra cartel es, en sí mismo, una extraordinaria experiencia para la conciencia histórica, no sólo en virtud de sus prolongadas transformaciones fonéticas sino, además, por la extensión del solapamiento sufrido por su acepción original. Tanto que podría decirse que la historia de la formación del término en cuestión coincide con el carácter habilidoso, casi subterfugio -engañoso -, con el cual se manifiesta en el presente. Y es que la palabra cartel puede transitar desde una lámina que se emplea para informar, instruir o publicitar, un convenio establecido por un grupo de respetables empresas o consorcios que evitan competir entre sí, a objeto de regular un determinado producto en el mercado, hasta, por supuesto, un grupo de mafias u organizaciones criminales que establecen acuerdos o alianzas para obtener jugosas ganancias sin perjudicar los intereses de las diversas “familias” que lo conforman. Según los especialistas, en sus orígenes la expresión fue de uso común entre los latinos. La Charta era un papel escrito mediante el cual dos o más personas establecían comunicación. Pero su traducción al francés se transformó en cartel, mientras que en español se estableció la diferencia entre la carta y el cartel, galicismo que indica aviso público. En alemán se dice Kartell. Y fue en los Estados Unidos, a partir de los años '30 del siglo XX, que las mafias de origen alemán, las cuales se comunicaban entre sí por medio de cartas, terminaron por ser definidas como cartels o carteles.

Hace pocos días, el reputado periodista Carlos Alberto Montaner expuso “cinco razones” por las cuales, a su juicio, el embargo impuesto por el gobierno de Donald Trump al régimen que usurpa el poder en Venezuela terminará logrando su objetivo principal: “povocar un cambio de régimen y ponerle fin a la narco-dictadura de Nicolás Maduro, aliada a los terroristas islamistas”. Se trata, según Montaner, de una situación muy distinta a la que, lejos de defenestrar al régimen dictatorial de los Castro en Cuba, produjo el efecto inverso: terminó por transformar, ante los ojos del mundo, a los victimarios del pueblo cubano en las víctimas por excelencia del “imperialismo yanki”, manteniéndolos por sesenta años en el poder. La estrategia del gobierno estadounidense sería, en cambio, exitosa en Venezuela. En primer lugar, porque mientras el castrismo no podía comerciar con los Estados Unidos sí podía, en cambio, hacerlo con el resto del planeta. Pero en el caso venezolano la Casa Blanca ha sido enfática: los países o empresas del mundo entero deben elegir: o negocian con la narco-dictadura madurista o negocian con los Estados Unidos. En segundo lugar, el gobierno de USA ha sostenido la autoridad de la legítima Asamblea Nacional y la presidencia interina de Juan Guaidó, procurándole un muy respetable respaldo internacional, a lo cual se suma el control de Citgo. Lo cual no ocurrió en Cuba, y mucho menos después de la reapertura de relaciones con la isla promovida por el gobierno de Barck Obama. En tercer lugar, porque, a diferencia de la imagen de un legendario y carismático Fidel Castro, con quien los más diversos jefes de Estado mundiales aspiraban fotografiarse y poder conversar , la de Maduro es la imagen misma del desprestigio: “Maduro y su 'socialismo ornitológico' (Vargas Llosa dixit) es el hazmereír general”.


En fin, hay todavía dos razones más. La primera es que Rusia y China terminarán por quitarle el respaldo al régimen de Maduro, ya que la administración Trump les ha ido convenciendo de que el fin de la narco-dictadura y la instauración de un gobierno democrático, ajustado a la constitución, es la mejor garantía para poder saldar en los mejores términos la enorme deuda adquirida con ellos, asumiendo, además, el compromiso de hacer cumplir los acuerdos. Y la última razón: a pesar de la insistencia en declarar que “todas las opciones están sobre la mesa”, la salida escogida por el gobierno de USA para derrocar al régimen de Maduro es mediante un proceso electoral pulcro y transparente, para lo cual se hace indispensable remover a los actuales rectores del CNE, depurar el registro electoral y supervisar el sistema de equipos automatizados y de redes, a fin de evitar un nuevo fraude. Así, pues, sin necesidad de la “caballería”, sin los “desembarcos”, sin “bombardeos quirúrgicos” ni “rayos electro -magnéticos”, es decir, sin que la “insolente planta del invasor” -por cierto, oración de Cipriano Castro, no del Buzz Lightyear de Sabaneta- se hunda en la arena de las playas venezolanas. Estas, en síntesis, las cinco razones argumentadas por Montaner, a quien, no obstante, parece habérsele pasado un detalle que quizá convenga no descuidar.

Hace ya bastante tiempo que los movimientos de insurgencia y subversión revolucionaria en latinoamérica deslizaron sus banderas desde los viejos dichos socialistas hasta los nuevos hechos empresariales. Al principio parecía un modo de encontrar recursos para proseguir en “la lucha por la liberación nacional y el socialismo”, es decir, un medio para alcanzar el fin final. Pero, como casi siempre ocurre, nel mezzo del cammin, el medio se fue transformando en el fin en sí mismo. Fidel Castro lo comprendió muy bien. Y mientras, tras bambalinas, esgrimía el argumento de que el mejor modo de derrotar al imperialismo era introduciendo el consumo masivo de narcóticos entre sus jóvenes, hasta convertir la población de los países que conforman el así llamado “primer mundo” en auténticos fantoches narco-dependientes, el gran negocio del cultivo, procesamiento, almacenamiento y tráfico de la coca y otras sustancias tóxicas se iba haciendo cada vez más próspero. Detrás de las frases huecas sobre el amor, lo cooperación, la solidaridad y el humanismo, características del izquierdismo latinoamericano, se ocultan los intereses del Foro de Sao Paulo, ese gran cartel de “familias” que han convertido el negocio de la droga en una de las más rentables -si no la más rentable- de las industrias del nuevo milenio. Con ella, las diferencias ideológicas, teológicas o políticas llegan a su fin. Ella hace coincidir lo inconciliable. Más que el petróleo, que el oro o que el coltán, el negocio de la droga se ha convertido en una inagotable fuente de poder, riqueza y sensualidad. Nietzsche decía que “lo que no me mata me fortalece”. Una vea más, se equivocaba: lo que mata a unos fortalece a otros.

Montaner ha dejado fuera de sus “razones” la razón principal, el punctum dollens en el que economía, política y sociedad parecen encontrarse en un nudo: el narco-régimen venezolano forma parte de un gran cartel internacional con tentáculos estratégicamente apostados en las más diversas regiones del planeta. Por eso mismo, la lucha contra la tiranía venezolana comporta implicaciones mucho mayores -aunque en apariencia invisibles- que un asunto de mera estrategia política. Derrotarlo es asestar un duro golpe al más poderoso de los carteles de la historia. La peste de la narcodependencia es el mejor modo de honrar la escisión de sujeto-objeto. Si, según Marx, la religión es el opio de los pueblos, habrá que decir que el -ya no tan infantil- izquierdismo actual es la cocaína de los pueblos. Más que un razonamiento abstracto, la lucha contra la tiranía que ha secuestrado a Venezuela es la lucha por la reivindicación de la entera humanidad.

Por José Rafael Herrera / @jrherreraucv

Del lenguaje

Cortes del lenguaje por el gran tirano.
Como cortar el pelo, pero más adentro.

Los regímenes tiránicos se sustentan sobre el terror, la crueldad y la opresión con el premeditado propósito de mantenerse a toda costa en el poder, para lo cual tienen que someter la protesta hasta doblegarla y transmutarla en servilismo. Pero los siervos siguen pensando, y quienes piensan se convierten en potenciales enemigos de sus intereses. De manera que, cuando una determinada sociedad es arrastrada hasta la condición de servidumbre, las tiranías tienen la necesidad de arrojarla en los brazos de la idiotez. El idiota, por definición, es aquel que no se ocupa de los asuntos públicos sino sólo de sus mezquinos intereses. Por eso mismo, los latinos tradujeron del griego la expresión “idiota” por “ignorante”. Mientras mayor sea la ignorancia de los oprimidos más fácil será para los opresores permanecer indefinidamente en el poder. Y es por esa razón que las tiranías le temen tanto a los medios de comunicación y a los centros de enseñanza, especialmente a las universidades. Por lo cual se ven en la necesidad de controlar los primeros y de acabar con las últimas.

A mayor pobreza espiritual de un pueblo mayor será su sometimiento. Y el modo más efectivo de someter su espíritu y empobrecerlo es a través del lenguaje. Porque el lenguaje no es, como se supone, un mero instrumento, una simple herremienta de comunicación. El lenguaje es, en realidad, mucho más que un mecanismo comunicativo externo. El lenguaje es el espíritu existente de un pueblo, su ser-ahí, su cultura, su forma de ser, de pensar y de actuar, la conciencia y el sistema de sus representaciones. Es la potencia en la que el espíritu realiza la experiencia de su propia consumación como espíritu. Si se empobrece el lenguaje se empobrece el espíritu y se enriquece la idiotez de quienes, en el mayor y más desgarrador punto de la multiplicidad orgánica de la sociedad, son capaces de autoproclarse como quienes “tamos unidos”. Las tiranías terminan imponiendo su lenguaje raquítico, auténticamente escuálido, palúdico, y, con él, su miserable modo de percibir el mundo.

Como podrá observarse, el lenguaje no es sólo forma, sino también contenido. Porque quien es capaz de asumirse como el prius unitario de una totalidad entera, siendo apenas una pequeñísima parte de la concreta totalidad del ser social, pone de manifiesto su servil adecuación con la cultura de la miseria auspiciada y propiciada por una determinada tiranía. Y es que, a pesar del saludable beneficio de la duda -que en tales casos es conveniente mantener-, resulta inocultable el hecho de que el siervo ha terminado no sólo por asumir el lenguaje que le es grato a su señor -el tirano-, sino que con ello ha terminado por reconocerlo, precisamente, como su señor. Lo cual los hace, en la práctica, doblemente sospechosos. Nombrar implica reconocer. Ora et labora, dice Hegel, siguiendo las Escrituras. Dar nombre a las cosas comporta en sí mismo un hacer, un ejercer la acción. Por eso mismo, el lenguaje es, de suyo, acto. Sólo se puede reconocer al amo cuando se ha asumido el lenguaje del amo, cuando se le imita -o en el peor de los casos, se le remeda-, es decir, cuando se ha objetivado su lógica y se ha actuado según sus criterios, necesidades y determinaciones.

Sin lenguaje no hay modo de que se produzca reconocimiento, aunque tal reconocimiento no sea recíproco, es decir, correlativo, justo, sino unilateral, tal como sucede en sociedades sometidas a relaciones de dominio y vasallaje. Porque sin lenguaje no puede haber traspaso, ni del yo al otro ni del otro al nosotros. En consecuencia, sin lenguaje no hay ethos, no hay civilidad. Y a medida que el intercambio es más rico, más amplio y mejor elaborado, la formación social se constituye sobre relaciones sociales más sólidas, más consistentes, estables y ricas. En ese tipo de sociedades lo que se hace coincide con lo que se dice, la producción material se adecúa con la producción espiritual y la sociedad civil con la sociedad política. Son esos los pueblos libres. Todo lo contrario de los pueblos en los que impera la violencia, la injusticia y el enfrentamiento de todos contra todos. En sociedades marcadas por el menester y la impotencia, por la carencia y la lucha por la sobrevivencia, el lenguaje se empobrece cada vez más, sus signos y sus símbolos nada dicen, están marcados por el no reconocimiento. Son formas vaciadas de contenido, en las cuales las relaciones sociales que se establecen están limitadas por las necesidades básicas, primarias, instintivas, por el apetito, la pulsión y el deseo. La confrontación excede los límites de la más mínima cortesía. Los extremos se confunden, se truecan incesantemente. Al final, la vida salvaje reina a sus anchas y la muerte acecha a cada paso. Es la vuelta a la barbarie, propia del estado de naturaleza. El lenguaje se achica, se va haciendo cada vez más limitado, más tosco, más pobre, hasta que se extinge y calla. Ahora todo se reduce a los gritos de un silencio estremecedor, en el que sólo pueden hablar los odios, los golpes, los puñales, las pistolas y las metralletas. Y es así como el silencio -la ausencia de lenguaje- se confunde con el miedo.

Las heridas que han causado el desgarramiento se profundizan. Los días y las horas se cuentan entre esperanzas y temores. Son heridas hondas, y más que de una lucha por la sobrevivencia, se trata de una lucha a muerte. Los secuestradores no han dejado resquicio a los secuestrados y ya casi les resulta imposible respirar. El odio se torna contra el sí mismo desigual en sí mismo. Un odio que se mira en su propio reflejo purulento, que se percibe abyecto y vil, útil sólo para el otro que lo rodea, lo tortura lo hace morder el polvo de sus vergüenzas, de su mancillada dignidad, en medio del arrebato y la ganga, de la caja de sobras, de la línea muerta, del dinero inútil, de la remesa que no alcanza, del muchacho que se vá, de la doña que muere por desidia, de la casa sin luz y sin agua, de la miseria que se hace lenguaje y del lenguaje que se hace miseria. El que exhibe su poder sabe de su vileza de origen, una vileza que compra para satisfacer el ego de su alma en ruinas, objeto insaciable de su prostitución. No habla ya, no dice, no puede pensar. No es más que un despojo que balbucea el lenguaje de los rufianes, el código de lo predecible, el extraño y hueco ideograma que nada es y nada dice. Son esos los caracteres generales de un tiempo en bucle, las ruinas circulares de la decadencia que ahora toca reconstruir. Porque una vez que se termine este tiempo de salvaje impiedad, después del estallido del bar-bar de las ranas, cuando se apague el humo de la pira y exhalen sus últimos quejidos los victimarios, reaparecerá, otra vez, el lenguaje, sustituyendo la secta criminal por el debate de ideas y valores, la guerra por la política y la violencia por la palabra.

Por José Rafael Herrera / @jrherreraucv

Negociación y moral.

Por José Rafael Herrera / @jrherreraucv 

Tirano y necio


En una intervención relativamente reciente, sostenida en la sede de la OEA, el expresidente español Felipe González, afirmó que la expresión “tirano” puede comportar el significado etimológico de “necio”, es decir, de aquel que “no sabe que no sabe” lo que debería saber. Es evidente que existe una diferencia esencial entre el socrático “saber que no se sabe” y el no saberlo, porque Sócrates, con plena autoconciencia de ello, reconoce no saber, mientras que el necio no solo adolece de ella sino que, precisamente por eso, por el hecho de no haber efectuado la experiencia del ejercicio autoconsciente de su no saber, se precipita, poseído por la audacia que caracteriza a los irresponsables, al afirmar creer que sabe lo que en realidad no sabe. Y es que, como observa Hegel, la conciencia sabe lo que no dice y dice lo que no sabe”. Así pues, todo indica que en el fondo de cada tirano se oculta un necio. La pregunta es si, tal vez, viceversa, detrás de cada necio de oculte un tirano.

En los últimos tiempos, en el ámbito político venezolano, y como resultado de la tremenda crisis orgánica que padece su población, decir lo que se sabe a medias, lo que casi no se sabe o lo que definitivamente no se sabe, se ha convertido en una suerte de deporte nacional. Haga el lector un breve ejercicio de abstracción: un vehículo se accidenta en medio de una carretera de una sola dirección y sin retorno, ubicada entre dos montañas que forman una suerte de valle. No hay modo de moverlo. Y su inmovilidad compromete, en consecuencia, el movimiento de miles de vehículos que lo anteceden. La tranca es inmensa. Nadie puede devolverse. Y no parece haber salida. El conductor, nervioso, se baja del vehículo y levanta el capot, para echar un vistazo, a pesar de que no tiene ni la menor idea de la mecánica automotora. No logra entender lo que pudo pasar. Muy pronto, antes de lo previsto, el resto de los conductores se van acercando al vehículo accidentado y, a pesar de que ninguno de ellos posee ni la pericia ni la formación en esa complicada profesión, comienzan, a cuenta y riesgo, a lanzar posibles diagnósticos. Y, así, se inicia el “lanzamiento de flechas”.

“Debe ser que se le salió el TIAR”, dice uno de ellos; “hay que aplicarle un 187 numeral 11”, observa otro, con cierta gravedad; “¡no! –afirma otro–: eso parece arreglarse definitivamente con un proceso electoral”; a lo que, casi de inmediato, otro conductor responde: “Malandro no sale con elecciones”. “Nada podrá repararlo, pues la fecha de expiración definitiva de ese coche es 2021”, sostiene un prestidigitador de oficio, dueño de un Honda “Civic”, un tanto destartalado. Debajo de un árbol cercano, cubriéndose del inclemente sol que azota la carretera, ahora convertida en calle ciega, un conductor que permanecía en silencio, espera el momento oportuno para dar muestras de sus avezadas experiencias automotrices: “Se le dañó el secuestro. En estos casos, las negociaciones son parte de la naturaleza humana del motor. Todo humano tiene un motor y la condición sine qua non de todo ser humano es la de negociar. Eso sí: cuando se negocia, la moral queda suspendida. La negociación carece de moralidad. Esa es la única forma de reparar el vehículo, estableciendo una relación ‘ganar-ganar’ que permita que las partes del motor que han sido dañadas sean reparadas por la pieza que las dañó”.

¡Válgame Dios!, como solían decir los caraqueños de antes. Esto sí que es toda una auténtica metafísica automotriz. El No-Yo de Fichte acaba de sufrir un revés porque, de hecho, se ha revertido contra el Yo puro –purísimo– de su artífice. Lo más sorprendente de semejante argumentación –y conviene recordar que, según Aristóteles, la filosofía comienza con el estupor– es la relación, o más bien la diferencia, que se establece sin empachos entre ser humano y ser moral. Y es que, más allá de toda posible figuración, tales consideraciones han sido efectivamente formuladas en un artículo de reciente data, cuyo título reza “Sobre la negociación y Barbados”, que comienza con una cita de Adam Smith: “No es la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”. Su argumento central: todos los seres sociales negocian. Lo hacen para satisfacer sus intereses individuales, de los que surge “el bien común”. Antes que homo faber el hombre en un negotiator. En consecuencia, los hombres son negociantes por naturaleza. De tal argumentación se podría concluir que, por ejemplo, Hermes no es la simbolización del resultado de la actividad sensitiva humana, de su historicidad, sino su premisa “natural” simbolizada.

La inclinación de convertir presuposiciones en verdades no es nueva. Incluso hay quienes creen que una media verdad es toda la verdad, transmutando lo particular en universal y lo abstracto en concreto. Si la benevolencia de un médico fuese exclusivamente su propio interés es muy probable que no se esté hablando de un médico. ¡Y no se diga de un profesor! Si lo que distingue a los hombres del resto de los seres vivos es el haber logrado conquistar la moralidad, ¿cómo podría ser esta suspendida en una negociación entre los secuestradores de unas víctimas y sus familiares?, ¿cómo poner entre paréntesis la moralidad en el momento de semejante negociación? ¿No es moral la premisa de tal negociación?, ¿o es que salvar a las víctimas de semejante flagelo no es un acto moral? No se negocia porque se haya suspendido la moral sino precisamente porque se reafirma, al proponerse la liberación de los secuestrados.

Es cierto que la negociación es una de las prácticas más antiguas y características de la entera humanidad. Por años le han achacado a Maquiavelo la responsabilidad de haber dicho que “el fin justifica los medios”. Hace unos cuantos años, quien escribe tuvo el honor de traducir El Príncipe. Fue publicado por los Libros de El Nacional. La frase que se le atribuye al gran pensador florentino no figura por ningún lado, entre otras cosas porque atentaría contra el resto de la obra, la cual, a pesar de los prejuicios sembrados en su contra, es una joya de profundo contenido ético, tanto que se propone unificar y liberar a Italia de sus opresores. La misma expresión “negocio” comporta un profundo sentido axiológico: negotium es la negación del ocio –nec-otium–, es decir, significa ocuparse, trabajar, producir. No hay un negotiator que no sea un homo faber, que no cumpla con el divino mandato de “ganarse el pan con el sudor de la frente”. El malandro no trabaja. El secuestro no puede ser considerado como un trabajo. El asunto, en consecuencia, se concentra en el qué, cómo, cuándo, dónde y por qué se negocia. Pero sobre todo: en el con quién se negocia. Y valdría la pena saber si es posible establecer algún tipo de negociación con quienes se representan la eticidad como un prejuicio de pequeños burgueses. Cuando uno de los términos se niega a reconocer al otro término, cuando usa el mecanismo del negotium como su negación abstracta, como otium, entonces la supuesta negociación no es más que una desgracia.

@jrherreraucv

Fichte, o de cómo se desata un bucle.

Por @jrherreraucv 

Una imagen dice mucho de un miedo.

La mayoría de los lectores profesionales de manuales, lo mismo que aquellos que suelen exhibir sin la menor vergüenza toda una gala de prejuicios y presuposiciones, derivados, en su mayor parte, de “vagas experiencias” o de “conocimientos de oídas”, suelen atribuirle a Hegel una formulación de la dialéctica sustentada en lo que el Maestro Pagallo solía denominar en sus clases, no sin ironía, como la “dialéctica del cha-cha-chá”. Esto es: hay una tesis –el lado “bueno”– a la que se le opone una antítesis –el lado “malo”– y que, después de unos cuantos dimes y diretes, llegan a un “entendimiento”, esto es, a una síntesis –el término medio entre lo “bueno” y “lo malo”, o sea, el “centro”–. Y es a eso, además, a lo que cierta vulgata sociológica y politológica le atribuye el nombre de “el método dialéctico”. Por supuesto, un Hegel así representado, que naufraga en un mar infinito de manuales, diccionarios y enciclopedias, no pasa de ser una mala caricatura del gran pensador. La conocida expresión göbbeliana, según la cual “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, ha encontrado en la dialéctica hegeliana una de sus mayores víctimas, incluso cuando Hegel vivía, pues algunos de sus discípulos, no menos que sus detractores, repetían la letanía en cuestión una y otra vez, hasta que terminó por convertirse, para el gran público, en una “verdad irrefutable”, en un dogma.

Alguna responsabilidad indirecta tiene Johann Gottlieb Fichte en todo esto, también él no pocas veces mal interpretado por los fanáticos de las simplificaciones. Fichte fue un aventajado seguidor de Kant, tanto que puso al descubierto el nervio vital de la filosofía crítica y lo concibió como el principio supremo de todo saber, de todo conocimiento y de toda posible fundamentación científica. Se trata nada menos que de la libertad. Y para poder demostrar la superación de las llamadas “antinomias de la razón”, expuestas por Kant en la tercera parte de su Crítica, meticulosamente ordenadas en dos columnas sobre las cuales colocó las palabras tesis y antítesis, con el fin de mostrar, en la primera, la justificación a favor de un determinado objeto metafísico –Dios, Alma, Mundo– y, en la segunda, la justificación de la argumentación opuesta, Fichte se propuso la tarea de poner en evidencia la necesidad de la síntesis –los límites– de la una y de la otra. De manera que no es de Hegel esta formulación, sino de Fichte. Y cabe agregar que en la extensa obra de Hegel semejante planteamiento no se haya ni explícita ni implícitamente, a no ser para refutarlo, desde el 14 de septiembre de 1800.

En todo caso, la gran contribución de Fichte al pensamiento occidental consistió en transformar el “Yo pienso” (Ich denke) kantiano en un “Yo” puro, comprendido como la libre certeza intuitiva que, de continuo, se crea a sí misma y cuyo resultado crea toda posible realidad. Como ha observado uno de sus grandes intérpretes, Luigi Pareyson: “El genial y poderoso descubrimiento de Fichte, el vuelo de águila que lo eleva de golpe por encima de todos los kantianos de su tiempo y que caracteriza a su pensamiento, es la afirmación del Yo como intuición intelectual que se capta por sí mismo y se afirma a sí mismo. Un Yo que, proporcionando un sustrato nouménico al mundo fenoménico, garantiza la unidad entre lo sensible y lo inteligible, como principio único y supremo, colocando al Yo práctico como fundamento del Yo teórico; un Yo que, en la infinitud de su tender, representa el ardiente anhelo de la libertad, y que en la actividad del hombre une los opuestos rasgos de la infinitud y la limitación”. En otros términos, Fichte completa el “giro copernicano” de Kant: ya la acción humana no es una consecuencia del ser sino, por el contrario, el ser es una consecuencia de la acción humana, o como afirma Fichte: esse sequitor operari, el ser se deriva, es el resultado, de la acción.

De las formulaciones hechas por Fichte, surge la idea de que la objetividad del mundo externo no solo no es inexpugnable o indomable sino que, muy por el contrario, ella no es más que el resultado de la actividad sensitiva humana, de la acción del sujeto, de su objetivación. Es, pues, el libre actuar del Yo que deviene materia –que se ha puesto a sí mismo–, lo que va creando la realidad, como consecuencia directa de su hacer. Lo objetividad es el producto de la labor continua del sujeto. La física contemporánea lo ha mostrado fehacientemente: la realidad es lo que el dinamismo del sujeto sea capaz de producir. Que se haya “endurecido”, que se separe y se extrañe de su creador, es otra cosa. Y en este punto se puede decir que concuerdan plenamente Spinoza, Vico y Hegel con la filosofía de Fichte: “El orden y la conexión de las ideas es idéntico al orden y la conexión de las cosas”. Verum et factum convertuntur reciprocatur, como dice Vico. Una sociedad con ideas ordenadas y articuladas es una sociedad ordenada y articulada. Una sociedad con “ideas inadecuadas” o sin ideas es un desastre, un “caos primitivo” recurrente. Los “bucles” son, precisamente, eso: un desorden generado por el predominio de una objetividad que ha tomado cuerpo y vida propia. Ha tomado el control y se ha separado y extrañado del sujeto social, sometiéndolo a una viciosa circularidad. Cuando el sujeto pierde la conciencia de la libertad y se deja someter por la necesidad que le impone el objeto que lo circunda, entonces siente temor y solo le queda resignarse ante lo que le depare la esperanza.

Dice un viejo adagio que cada quien se labra su propio destino. Fichte lo suscribiría. Lo que comúnmente se llama destino está en manos de sus destinatarios –aunque no tengan conciencia de ello–, siempre y cuando sus ideas sean claras y sus objetivos estén bien definidos. El “No-Yo”, esa asfixiante objetividad que circunda a la Venezuela de hoy, es la consecuencia de una autoimposición. Una sociedad no tiene miedo porque haya creado una imagen: ha creado una imagen porque tiene miedo. Y, en este caso, la imagen creada ha sido la de sus propias vergüenzas. De ahí su apego a la esperanza, porque la esperanza es el correlato necesario del miedo. Este régimen terrorista, criminal, represivo y corrupto, que ha sometido a la población a la peor de las miserias –la de su espíritu–, tiene que cesar cuanto antes. El Yo venezolano tiene que reordenar su No-Yo para poder recuperar la libertad. Este es el momento preciso para desenredar de una vez por todas el “bucle”.

Notas Filosóficas Sobre la Coyuntura Política Nacional (II)

(II)[1]

Estomago de clase (latinoamericana)
Consciencia de lumpen
Nacido en la basura
Comer de todo y para todos
Soberanía espiritual
Rebeldía y apetito del insecto anarco-descolonial
Para la cucaracha de KafKa


Que no vayan a tomar por verde la madurez política del partido Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común (FARC). El acto realizado el pasado 12 de junio por los miembros de la bancada del Partido Verde en la Cámara de Representantes (más que lo ocurrido en la en la comisión 7ma de la misma corporación), demuestra que a los nuevos inquilinos de las instituciones democráticas del Estado colombiano, más les vale  saber elegir muy bien entre sus “amigos”, ya que es mucho más letal un “amigo no muy maduro” (verde!!) que un muy bien identificado enemigo.  Nada más leal que el odio de un enemigo; este garantiza el acuerdo mutuo de que en el menor descuido se cortará la cabeza del contrario.  Cualquier cosa puede esperarse del enemigo, menos una traición de ese principio. Más vale alejarse de un “amigo no muy maduro” (verde!!) para permanecer cerca del enemigo político.
Notas filosóficas

La Madurez de una consciencia política está íntimamente relacionada con el proceso total de construcción de lo social. En ese sentido, no se trata exclusivamente de una concordancia en términos exclusivamente ideológicos, sino que envuelve la totalidad de fuentes y procesos por los cuales se legitima el poder. A veces en el propio interior del partido – en algunos de sus elementos- o el partido como tal! Son “amigos de esos verdes” que muchas veces no concuerdan sus intereses con nuestra propia forma ( y posibilidad!!) de existir. Todavía más, nosotros podemos ser esos verdes, carecer de carácter revolucionario, y, así no sólo traicionar a nuestra clase (nuestro género y raza), sino fundamentalmente a nosotros mismos.  Entonces, fue dicho por un buen académico al proceso de paz con la todavía  guerrilla del ELN (amigos o enemigos?):

La paz es un proceso dialéctico, esto es, con avances y retrocesos, y construido mediante la movilización, confrontación y acumulación. Y en la perspectiva de confortación del Sujeto de la paz como el bloque histórico del cambio, un sujeto que erija la agenda política y social de paz con justicia social (Roncancio Jiménez, 2015, p. 141).

La política es la guerra por otros medios, decía Foucault en sur cursos de “Defender la Sociedad” en el Collège de France entre 1975 y 1976, cosa que repite Josef Ramoneda en un traducido texto para el portugués por Claudia Rossi. El poder es inmanente no se expresa únicamente en el terreno puramente partidista, no se encuentra únicamente en el enfrentamiento en el interior del capitolio nacional y en las urnas y, sin embargo, se expresa ahí como su elemento (espacio) más pleno (Singular)[2].   Seuxis Pausias Hernández, el conocido Jesús Santrich, tuvo la actitud que le es propia, un revolucionario que se entrega a sus convicciones como a su vida, sabe que un buen argumento, fundado en la potencialidad de la crítica revolucionaria, es tan letal para el enemigo, como una bala o un atentado con 80 kilos de pentolita. 


Política y filosofía
La organización ha tomado una decisión, ahora el enfrentamiento, se realiza por procedimientos erísticos y, como se sabe, de las más bajas artimañas mediáticas.  Hasta ahora parecía que las FARC se concentraban en identificar bien a sus enemigos, neutralizar los ataques y seguir el camino de la construcción de PAZ y justicia social. Pero parece que no estaba pensando muy bien sobre “sus aliados”. Sin el elemento de la visión crítica no se puede elegir bien a nuestros “amigos políticos”.
Puede el «Oprimido» aliarse con el «Opresor»? Considero esta la peor situación, la tragedia de todo ímpetu por la liberación y la paz con justicia social para un pueblo y comunidad política, el declino de la utopía y el carácter revolucionario de la acción. “Los verdes” dicen: «Defendemos la Paz, no ha Santrich». Qué quiere decir exactamente esto?  Eso suena a que defienden “esa tal paz de Santos”, aquella alineada a la realización de los intereses de la oligarquía más tradicional de país y, lejos de pretender la justicia social, están más del lado de la paz con ganancia del capital transnacional. En lo material, el país vio los llamados “cartelitos” y actitudes (todavía más) cercanas al sector que pretende acabar con cualquier posibilidad de un ambiente de paz para el país; es decir, defienden una especie de paz que reproduce y da fuerza al modelo atávico de la confrontación bélica (los síntomas de un estado de nuevo ciclo de barbarie se dejan ver al repetirse la practica institucional de falsos positivos por parte de las fuerzas del ejército y el ministerio de Defensa).
Política y filosofía

En "el monte", si se quiere las cosas son más  fáciles, el Estado como aparato represor y legitimador del orden institucional que reproduce las condiciones materiales que hacen posible la injusticia social del capital (moderno colonial), se trata de un enfrentamiento de uniformes que permite identificar el enemigo político. Incluso los paramilitares  en ese campo del conflicto político vía armada, eran vistos como enemigos diferenciados dentro del marco general de la lucha contra una maquina más superior de represión.  No parece ser tan fácil en el terreno del capitolio y de las instituciones democráticas del Estado y la constitución de la Republica Colombiana. Las elecciones regionales se acercan. Y de la misma lucha política, electoral y en los espacios de participación social y política, dependerá la defensa misma del acuerdo de paz.
El lado positivo (creación de una realidad social) mismo del poder es el Estado como eje de reproducción de una determinada forma de socialidad humana. Sin una crítica del Todo (el proceso social de construcción del poder), no podremos construir una buena estrategia y táctica  y, todavía menos no lograremos establecer bien nuestras “amistades” a la hora de defender la Paz con justicia social y realizar una oposición al gobierno del Centro Democrático.  De la definición del “amigo político”, de su “madurez” en términos de la coincidencia perspectiva radical, depende directamente la propia lectura objetiva (teórica) que habrá de tener las FARC alrededor del conflicto político colombiano.
Una consecuente visión materialista del poder, no puede caer en la exclusiva idea de que todo depende de la Voluntad y no de las condiciones históricamente construidas para satisfacer las necesidades materiales de existencia[3].  Las relaciones entre lo positivo y lo negativo del poder determinan el grado de «humanidad» que podemos ver en la construcción de los modos de producción de la vida que es el ámbito propio de «lo humano». Las fuentes del poder social son los procesos intrínsecos e inmanentes al proceso de Trabajo Social en un determinado proyecto civilizatorio (esto es en un determinado momento histórico), que se entiende como forma de  apropiación colectiva de la naturaleza. El ser humano tiene que encontrarse en condiciones de poder vivir, para poder realizar la historia, tiene que tener los Medios de subsistencia que heredó de sus ancestrales en conjunción con lo que "puede hacer" con aquellas condiciones heredadas. Solo después de considerar las condiciones materiales de poder vivir en el "acontecer" histórico, es que se puede hablar de: "Conciencia" que registra el "acontecer" en el tiempo y en el espacio.
Las relaciones “Amigo-Enemigo” en la política se definen por el grado de desarrollo histórico, siendo la lucha de clases  el transcurso de esa relación. Es por ello que Marx dice (2007, p. 76) sobre la existencia del agente social como la existencia de una  personalidad condicionada, desdoblada en una corporalidad inmediata; un individuo personal, es al mismo tempo la forma concreta de presentarse la historia, la individualidad de una clase social. Las relaciones de poder están entonces contenidas en la  "Conciencia" y, gracias a esta podremos encontrar los medios por los cuales identificar los “Amigos”, puesto que ya definido concretamente que el Enemigo” es el Orden social que produce la violencia. La burguesía no es quien crea la sociedad burguesa, es esta última que permite la construcción de un sujeto Burgués:

[…] Como agente consciente de este movimiento, el poseedor de dinero se convierte en capitalista. El punto de partida y de retorno de dinero se halla en su persona, o mejor decir en su bolsillo.  El contenido objetivo de este proceso de circulación- valorización del valor- es su fin subjetivo, y sólo actúa como capitalista, como capital personificado, dotado de consciencia y de voluntad, en la medida de que sus operaciones no tienen más motivo propulsor que la apropiación progresiva de la riqueza abstracta [….] convirtiéndose así en sujeto automático […]  (Marx C.I ,2011 p. 109) 
La calidad mental de los miembros del partido verde se define por esta determinación objetiva, que en lo subjetivo, genera esa explosión que aparece como diversidad de posturas y personalidades. No todos los militantes de ese partido estuvieron de acuerdo en ese acto y, sin embargo, hay que tener claro que fue el partido como un todo que se posicionó contra Santrich. Con o sin Santrich, la paz de los verdes se define más por la determinación objetiva que por el matriz ideológico, siendo este (el matriz ideológico) la manifestación que aparece velando el orden real del acontecer. Veamos:
Desde su fundación  25 de noviembre en 2005 y el 5 junio 2007 cunado obtuvo su personería jurídica[4], el partido Verde colombiano en sus estatutos[5] se construye como una manera mental, una actitud frente al mundo, una determinada consciencia sobre la cual establecen su proyecto político como una  de opción centro. Aparece el concepto de Vida como “Centro” fundamental de la susodicha actitud mental que pretende acoger las minorías desde una postura de “centro democrático”, propuesta que consideran necesaria y urgente que se sobrepase los extremos de una Izquierda recalcitrante y una Derecha Arrogante.


 Esta es una forma particular de socialdemocracia, que nacida en Europa a mediados de la década del 70´s, se desarrolla al unísono con la nueva configuración del capitalismo internacional y, la nueva síntesis en la correlación de fuerzas políticas entre los distintos pueblos del mundo. Esta actitud política verde, es la maduración del proceso de desarrollo global del capital.
La base social de esta colectividad es en gran medida los sectores medios urbanos de la sociedad, ubicados entre las profesiones más variadas y, casi siempre con sectores con alguna tipo de formación universitaria o técnica. Su defensa del ambientalismo hace del sector juvenil uno de los grupos etarios que más aporta a la militancia de este partido, así como los sectores LGBTI y mujeres. Ahora, la actitud política verde es una forma de ese partisan que perdió la pasión política de la que habla Josepf Ramoneda (2000).
Josepf Ramoneda realiza un interesante diagnóstico sobre el contexto de esta “nueva” actitud mental de “centro democrático”. El partisan, el partidario y militante, se ha hecho Reformista (2000, p. 19). Este quiebre tiene que ver con la máxima expresión de la pasión política como el enfrentamiento del “Amigo-Enemigo” en la segunda guerra mundial y el tránsito por la guerra fría, hasta el  “fin de la historia” de la era global y neoliberal del capital.  La  política  aparece como Despolítizada, el enemigo ideológico es difuso, no es el enfrentamiento con un personaje de las mismas cualificaciones, aparece como una figura más de  bárbaro, como la manifestación de la pura irracionalidad que hay que higienizar como proceso civilizatorio; es decir, cerrándose el circulo ideológico de lo político, el enemigo es aquello que sale de modelo triunfante: el capitalismo (2000, p. 22).  La “nueva” legitimación de ese Enemigo universal, no puede ser dada sino a partir de la universalidad de los Derechos humanos; así, la construcción del enemigo se construye gracias a un principio de moralidad que juzga entre el bien- mal. De esta manera el espacio-posible de esta nueva actitud política del siglo XXI (Ramoneda escribia en 1999!) es la síntesis de esa nueva etapa del capitalismo internacional, construyendo con ello, una consciencia especifica de lo político como  actitud de “centro democrático”.
Sabido es que no es posible construir una cohesión social sin creencia (Ramoneda, 2000, p. 107) y, si bien la Actitud política verde parece ser un hábito para cuestionar el sistema de producción capitalista en los puntos de distribución económica y sostenibilidad ambiental, así como moralmente cuestiona la violación a los derechos fundamentales, lo hace defendiendo la propiedad privada y con ello la forma de “Producción” como un todo, simplemente rectificando sus desajustes ambientales (amenizando la explotación del hombre por el hombre al ponerle un sentido ambiental), en una clara evidencia de que las razones para obedecer no mudar en esencia. En ese sentido, entre el verde y el naranja del modelo económico neoliberal, existe solamente una diferencia puramente cromática, el ojo que percibe (la consciencia) ve gracias a la misma luz del capital, su postura política es de centro, parece ser tan neutral y "tibia" como la abstracción del dinero ante la carnalidad del sufrimiento diario de quienes son explotados y dominados.
Una cosa es clara, los intereses de clase en la lucha revolucionaria. Ellos, “los verdes” demuestran su coherencia, ese es el juego de la "democracia", los "progres del capital”, cercanos en algunos temas más a las oligarquía y la clase emergente narcoparamilitar, que a sus propias clases medias urbanas, son  en lo fundamental pequeña burguesía. A las FARC les es imperativo enfocarse en la relación entre Movimiento, partido y proceso económico, a la hora de seleccionar sus amigos políticos en el escenario del capitolio nacional, sin perder de vista las relaciones entre movimiento de clase y consciencia de clase, sabiendo que Clase  es una categoría  de análisis para la crítica de la sociedad burguesa, para ir de lo más concreto a lo más abstracto y de allí nuevamente a la concretud lograda por un sujeto crítico en el horizonte de una praxis revolucionaria[6].


Política y filosofía
"jamás muere un legado siempre vivo!" 

El profesor José Aricó (2012, p. 56) nos enseñó que la crítica de la ideología debe ubicarse como propedéutica del análisis de la vinculación entre el fetichismo de la sociedad burguesa y la reproducción de las relaciones de producción capitalista.  No, el partido FARC no se puede quemar con el agua tibia. Nuestros hermanos y camaradas están siendo cada día asesinados, el gobierno no da garantías y el Estado manifiesta sus mecanismos propios de acción contrainsurgente. La participación política, la posibilidad de un proyecto comunista (liberador) de sociedad, sigue siendo cercenado.
Hoy en la reunión del directorio nacional del partido se debe saber que no se puede perder la pasión política revolucionaria! Los movimientos revolucionarios radicales no pueden caer en “veganismo político” cuando de sus militantes se hace el banquete sangriento del nuevo ciclo de la violencia política nacional. Más vale alejarse de un “amigo no muy maduro” (verde!!) para identificar bien el enemigo político; el movimiento guerrillero latinoamericano ha sabido ser antropófago.
Los verdes que dicen “defender la paz sin Santrich”, la “paz sí, Santrich no”, alientan la horda del “centro naranja” del fascismo colombiano. Son tan culpables del odio creado a los militantes de las FARC que llevó al asesinato de nuestros hermanos camaradas Anderson Pérez Osorio y Daniel Esterilla, como son cómplices del orden social que posibilita la violencia en Colombia[7]. En lo personal, considero que no se puede ser “amigo político” de quienes alimentan el odio y el asesinato de mis hermanos (verdaderos amigos!!!).  Que no vayan a tomar por verde la madurez política del partido Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común (FARC).



Trabajos Citados:

Aricó, J. Nueve Lecciones sobre Economía y Política en el Marxismo: Curso de El Colegio de México. Edtorial FCE. México, 2012.  
Dos Santos, Th. Concepto de Clases Sociales. 1976.
Germán Roncancio Jiménez.  ¿Cómo propiciar la solución política con el ELN? El lugar de la participación decisoria e incluyente de la población. En: Negociación Gobierno-ELN: Y sin embargo, se mueve”. Editor: Victor de Currea Lugo. Bogotá Octubre 2015, p. 141.
Marx, K. LA Ideología Alemana. Venezuela: Fundación Editorial El Perro y la Rana, 2007
__________. El Capital Tomo I. Proceso de Producción. Fondo de Cultura Económica. México, 2011.
Ramoneda, J. Depois da paixao política, Trad. Claudia Rossi. Editora. SENAC. São Paulo, 2000
Read, Jason, Marx y Foucault: trabajo abstracto y poder disciplinario. Fragmento En: La micropolítica del capital. Marx y la prehistoria del presente, trad. Aurelio Sainz Pezonaga, Ciempozuelos, tierradenadie ediciones, 2016.  



[1] Dedicado a mi papá, “Gordo te amo”, sin parricidio no podría ser fiel a tus enseñanzas, el ímpetu de seguir desesperadamente su propio orgullo y construir un carácter propio.
[2] En esto no sólo concordamos con  Josep Ramoneda, sino que lo hacemos en la medida que esto implica seguir una de las formulaciones más críticas de Foucault.  Cf. Ramoneda, J. Depois da paixao política, Trad. Claudia Rossi. Editora. SENAC. São Paulo, 2000, pp. 99-100.
[3] Entendemos una diferencia con relación al concepto de Poder de Ramoneda, en términos de relación Foucault- Marx, ya que consideramos que la idea de Trabajo Abstracto permite considerar otra lectura del concepto de poder de Ramoneda y el que nosotros mantenemos. Una ampliación de esta lectura puede verse en:  Cf. (Read, 2016).
[4] Decreto 03 90 de 2007.
[6] Para ver una discusión al respecto de la clase en el pensamiento de Marx véase los análisis de T. Dos Santos quien considera esta como un elemento fundamental para la crítica teórica en el proceso político de lucha revolucionaria.  Cf.  (Dos Santos, 1976).

La metamorfosis política.

Por @jrherreraucv / José Rafael Herrera 
Buitre del dinero

¿Es posible que un águila pase a
ser un halcón para luego terminar siendo un buitre? La escritora británica J. K. Rowling ha dado cuenta de la existencia de ciertos “animales fantásticos”. Nunca se sabe. La verdad es que, en medio del pesado transitar de este desdibujado presente, nada pareciera ser imposible. Si ya en tiempos de Leonidas los ruines intereses de un disforme –retorcido y genuflexo– pusieron en peligro la seguridad de toda la cultura occidental; si, según Maquiavelo, lo gris que hay en el hombre es, más que una característica, su rasgo común preponderante; si el bien supremo se representa más como la riqueza, el poder o la sensualidad que como la virtud del bien verdadero, ¿qué de extraño puede tener –en una sociedad que ha hecho de lo efímero y fugaz su mayor éxito, de la compra-venta el único valor significativo de la existencia, de las formas vacías el eco de un ardid en el silencio de la nada– que se produzcan las más inverosímiles metamorfosis políticas? Se es lo que se hace. Ser es hacer. Un empresario no puede hacer política sin dejar de pensar en los negocios. La llamada antipolítica no es tan antipolítica después de todo, aunque suela conducir los destinos de un país como si se tratara exclusivamente de una corporación financiera, en claro detrimento de la eticidad.

“Todas las opciones están sobre la mesa” se ha dicho una y otra vez. Y sin embargo, todo indica que de todas las opciones la más probable lleve los signos de un águila que de halcón ha devenido carroñero. Como dice el adagio popular: “Tanto nadar para morir en la orilla”. No pocas veces, en política, la lealtad es conducida directamente por intereses calculados: se trata de ser práctico –se dice– y de que la relación costo-ganancia se incline siempre a favor de la parte interesada. Son palabras traídas desde el entendimiento abstracto. Tragar sapos en algún momento fue, más que una recomendación, una enseñanza de vida para Goya, en su transitar por los caprichos del poder. Cada piedra del largo camino de este infierno está hecha con el estiércol de las buenas intenciones. Metamorfosearse no pareciera ser tan difícil, por lo visto.

El debate, el diálogo y, por supuesto, la participación en comicios electorales, siempre y cuando sean pulcros, son modos diversos a través de los cuales se expresan legítima y racionalmente los atributos de la democracia. Pero, ¿cómo y cuando se llega a producir un estado de metamorfosis política? No se diga, a los fines de honrar la magna obra de Ovidio, desde la creación del mundo hasta la transformación del alma de Julio César en una stella, sino, más humildemente, del mito hollywoodense de posguerra que va desde el belicoso let's go with all, guys, to the charge!, al más prudente take it easy my boys. Lo cierto es que del “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” y del “sí o sí” ya va quedando muy poco. Al parecer, flatus vocis, pues se trata de frases cuya férvida conmoción se han ido deslizando por largas alfombras, diluyendo y enfriando poco a poco, hasta llegar al inminente acuerdo de un proceso comicial. ¡Haberlo dicho antes!

Lo cierto es que el “como vaya viniendo vamos viendo”, esa suerte de “método científico” criollo que envuelve –y oculta– il sassolino de la “paradoja del inventor”, el ensayo y error en toda su crudeza empirista, es el norte que va guiando no solo a la dirigencia política nacional, sino también a la internacional. Y es que la política del ensayo y error va orientando las más sorprendentes metamorfosis, a medida que la situación va mostrando sus costos y complicaciones. A fin de cuentas, una hipótesis no es más que una simple conjetura que debe ser sujeta a verificación. Se trata, como en efecto se ha venido tratando, de poner sobre la mesa un conjunto de opciones que cumplan con todos los requisitos necesarios a objeto de ser debidamente ensayadas –ceteris paribus–, siempre sobre la base de experiencias previas, hasta dar con la variable indicada. Uy, ¡eureka!: si se aprieta el gatillo de una pistola cargada con pólvora y bala, lo más probable es que la pistola se dispare; pero –y este parece ser el caso– si la pólvora estuviese mojada, entonces, lo más probable es que heurísticamente no se dispare. Como podrá apreciarse, el entendimiento abstracto es de una sorprendente genialidad. Se sabe que los chinos y los rusos son expertos en pólvora, por lo que no solo saben encenderla sino también apagarla. Y así, en unos pocos meses, el Halcón ha dejado de serlo para transmutar, nada menos, que en un Falcón.

Con ejemplar paciencia, Venezuela ha transitado por una larga senda de sufrimientos, de penurias, de zozobras, de crisis y temores inmerecidos. Ha marchado, ha protestado, ha participado en innumerables convocatorias de calle; ha respondido, con la cara pintada de “color esperanza”, a los más diversos llamados que se le han hecho, para manifestar de viva voz su descontento, su “fuerza” y su “fe”; una enorme cantidad de venezolanos se ha visto en la necesidad de huir del país. Las cárceles están llenas de presos políticos, humillados y torturados. No pocos fueron los militares y policías que desertaron en nombre de un mejor destino que nunca llegó. Una multitud fue a recibir con los brazos abiertos la llegada de la ayuda humanitaria, “sí o sí”, pero las gandolas nunca lograron entrar. Se han padecido innumerables cortes de luz y agua, la comida es cada día más inaccesible, las medicinas son cada vez más escasas y costosas, los sueldos no alcanzan, resultan ridículos; en los hospitales es evidente la impotencia de su personal médico, las colas en las gasolineras se han hecho antología de la eternidad. Y todo esto a la espera del fin de la usurpación y de la instauración de un gobierno de transición. Total, después de todo, “veinte años no son nada”, “la luz al final del túnel” ya se ve, está cerca, muy cerca, y “ya casi” se le puede tocar. Pero, de pronto, y como en circunstancias anteriores, se presenta un cambio de planes. Se mojó la pólvora. Ahora, desde Oslo, pero también desde Washington, se dice que la solución está negociándose para ir a unas elecciones “con garantías”, aunque con el mismo Consejo Electoral.

En Santo Domingo, los aliados internacionales le exigieron a los factores democráticos no participar en diálogos y retirarse de las conversaciones. No se negocia con secuestradores, afirmaban. Pero ahora se recomienda negociar con los secuestradores y llegar a un acuerdo. Simples cuestiones de método. Por eso mismo, cabe preguntarse si existirá alguna diferencia, quizá de tipo heurístico, entre un diálogo y otro, o entre este discurso y el anterior. Quizá la gente se hubiese ahorrado un poco de sufrimiento en este largo período plagado de dolor. Desde la colina, un metamorfoseado pajarraco guiña un ojo y sonríe, mientras pareciera balbucear un extraño I told you!...

UN GESTO DE PROTESTA CONTRA LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS



Protesta


Por Juan Martin Masciardi


El alemán carece de lógica:

¨…la preposición ohne(sin) va con la cuarta declinación, la preposición mit(con) va con la tercera declinación. ¿Por qué? Ambas preposiciones significan el aspecto positivo y negativo de la misma relación y por lo tanto deberían ir con la misma declinación¨

Brigitte es de esas personas que a cada hecho de su vida le da su toque épico. No acepta fisuras ni contradicciones, adhiere a los postulados voluntaristas que sostienen que  todos podemos conseguir cualquier cosa con sólo mantenemos firmes en nuestra decisiones, es cuestión de proponérselo. Cada uno debe luchar y afirmar su lugar en el mundo. Ser coherente, mantener una relación de coherencia entre lo que se dice y se hace, razonamiento lógico y sentido común son los signos distintivos de una vida limitada al plano de los hechos que se traducen en los contenidos de su mente. A eso llama coherencia, lo que piensa es. Brigitte articula coherencia y lucha. Luchar, ese es el punto, el término que mejor la define. Además es lógica, y en ella ésta se relaciona con el sentido común, eso le da tranquilidad.

¨No es lógico, ya lo sé, pero ése es el uso que se ha ido imponiendo a lo largo de los siglos- decía como si quisiera pedir a la joven francesa que se compadeciera de un idioma maldecido por la historia-¨.

El profesor de alemán es un joven que se sabe extranjero, se disculpa por algo que lo excede. Disculparse es una respuesta correcta bajo la lógica de Brigitte porque no tiene derecho a defenderse, porque en él falta la verdad, el profesor se excusa en la tradición, en el uso cotidiano que hacemos del lenguaje y en el paso del tiempo. Brigitte le niega al idioma alemán su ser histórico porque así funciona su lógica. Las palabras son. Deben responder a una lógica interna que les permita una coherencia que no pueda ser rota por el uso en el habla o de su mal uso sería más apropiado. Las palabras deben ser fijadas como compartimientos estancos sin sufrir alteraciones. Así trabajan quienes conforman los diccionarios y dictan las definiciones de las palabras, agrupándolas en orden alfabético. Trabajo difícil pero más que trabajo es éste un castigo del infierno.

¨Estoy contenta de que lo reconozca. No es lógico. Pero un idioma tiene que ser lógico (…) Un idioma que no es lógico pueden aprenderlo los niños, porque los niños no piensan. Pero nunca pueden aprenderlos un extranjero adulto. Por eso para mi el alemán no es un idioma internacional¨.

Luego abandona la clase, ha logrado su victoria silogística. El alemán no es un idioma internacional porque no es lógico, por lo mismo cualquier idea de hegemonía imperial es absurda, una falacia. No es posible un imperio alemán porque carecen de idioma. Para ser un imperio deben poder imponer su lengua, su idioma. Brigitte como buena lógica conforma razonamientos: los niños no razonan entonces sólo los niños pueden aprender cosas ¨ilógicas¨.  Toda persona de bien cree en dios, juan martin no cree en dios, jm es mala persona y así en más.

Más tarde comprará un vino de Bordeaux pero la puerta de la tienda está repleta de manifestantes que como ella luchan por sus derechos. Piden que sus derechos sean respetados. La manifestación es un caos de voces en la que no se logra divisar qué reclaman. Imaginemos:¨ lenguaje inclusive para todes¨, ¨salvemos las dos vida, no al matrimonio¨, ¨muerte al psicoanálisis heteronormativo¨, ¨no al saqueo de nuestros recursos por el imperio, fuera estados unidos de la órbita del planeta¨, ¨soy aliade feministe y me siento cómode y segure caminando desnude entre todes estes mujeres. Pido le misme para elles¨ y así en más. La imaginación no tiene límites la realidad sí o era al revés? En fin, como dije. Compró una botella de vino, al salir se encuentra con policías de tránsitos apunto de hacerle una multa por estar mal estacionada. Pero no olvidemos las claves del texto: protesta contra la violación de los derechos humanos.

¨¿Pueden decirme dónde tenía que aparcar? Si está permitido comprar coches habrá que garantizarle a la gente que va a tener dónde dejarlo, ¿no? ¡Hay que ser lógicos!-les gritó¨.

Nuevamente la lógica. Los derechos y la lógica parecieran tener, al menos en el texto, cierta correspondencia. Habría algo así como ciertos tipos de necesidades humana que por ser tal habrían de traducirse en derechos. Pero los derechos no se dan solos, hay que luchar por ellos, conquistarlos, enunciarlos, gritarlos y manifestarse en grupo para reclamar por más derechos. Los derechos son infinitos porque dependen de nuestros apetitos. Por eso son universales. Porque nos son comunes. Luego le cuenta a su padre todo lo sucedido con gesticulaciones y sobreactuación de cómo defendió sus derechos. 

¿Qué representa esta lucha? 

¨expresa el indignado asombro ante el hecho de que alguien quiera negarnos  nuestros derechos más elementales. Por eso llamamos a este gesto la protesta contra la violación de los derechos humanos¨  El derecho a cuestionar una lengua extranjera y el derecho a tener dónde estacionar el auto son derechos inalienables, es decir van implícito por el sólo hecho de ser humanos. Se desprenden de cada necesidad. Nace una necesidad, nace un derecho.

¨no conozco a un solo político que no hable diez veces al día de  la ¨lucha por los derechos humanos¨ o de la ¨falta de respeto por los derechos humanos¨.

Los derechos humanos así considerados son un tipo de metáfora que remite análogamente a un ideal fantástico a un lugar vacío sin materialidad, por eso pueden ser llenado con cualquier tipo de consigna-necesidad. Por ejemplo mi derecho a estacionar el auto en cualquier lugar. La lógica de Brigitte se rompe en pedazos. Nace un derecho, luego es violado. Todos sabemos de qué se trata aunque no podamos expresar con precisión cómo se materializan, cómo es que se hacen concretos en la superficie de un mundo sudoroso y violento en el que un hombre sin hogar es prendido fuego por otro porque un vagabundo lo es por carecer de una voluntad determinada a salir de esa situación de miseria. Necesidad-derecho-lucha. Otra imagen: una joven con un niño en brazos pide ayuda vendiendo bolsas de consorcio mientras personas pasan a su lado como si nadie estuviera allí, como si ese niño y esa madre que piden ayuda no existieran. O nuestros progresistas de redes sociales lamentando entre lágrimas que nuestros pobres ya no puedan comer de contenedores de basura porque ahora éstos funcionan con tarjeta magnética. Porque los Derechos no se dan solos, hay que conquistarlos. La lucha por los derechos humanos o de la falta de respeto por los derechos humanos también es un tema complejo dentro del entramado mundo de La Inmortalidad de Milan Kundera. La falta está en pronunciar su nombre más de diez veces al día y en lamentarse que un pobre tipo no pueda comer de la basura como en los viejos buenos tiempos en los que sí podía hacerlo o porque no lucha como se debe para afirmar su necesidad como un derecho.

¨La lucha por los derechos humanos, cuanto más ganaba en popularidad, más perdía en contenido concreto y se convertía en una especie de postura genérica de todos hacia todos, en una especie de energía que convierte todos los deseos humanos en derechos. El ansia de amor en derecho al amor, el ansia de desencanto en derecho al desencanto, el ansia de amistad en derecho a la amistad, el ansia a circular a velocidad prohibida en derecho a circular a velocidad prohibida, el ansia de felicidad en derecho a la felicidad, el ansia de publicar libros en derecho a publicar libros¨

Kundera no está en contra de los derechos humanos, lejos de eso, pero sí embiste contra su banalización, los remito a los ejemplos más contemporáneos mencionados arriba.

La clave está en el término luchar. ¨Luchar por¨ siempre va ligada a la ¨lucha contra¨, y la preposición ¨por¨ queda siempre olvidad en el trascurso de la lucha en favor de la preposición ¨contra¨. ¿Contra quién se lucha cuando se habla de la violación de los derechos humanos? 

Kundera se mueve entre el cinismo y el escepticismo. 

¨Lo que hace que la gente levante el puño, lo que le pone fusiles en la mano, lo que la impulsa a la lucha común por causas justas e injustas, no es la razón, sino el alma hipertrofiada¨

Toda deformidad pareciera conllevar cierto resentimiento.

 Sin embargo la obra tiene como protagonista a Agnes, una mujer hermosa frente a un mundo que olvidó la belleza, que se pasea por las calles con una nomeolvides entre sus manos. Es una historia de amor. Cuya protagonista es una mujer extraordinaria. Tan real.

Por último:

¨La suma de la utilidad de todas las personas de todas las épocas está plenamente contenida en el mundo tal como es hoy. De lo que se deriva: nada es más moral que ser un inútil¨.

      Estética de la belleza sobre un fondo de escepticismo y cinismo.