Síguenos por email

Popular Posts

Archivos de publicación

Buscar

Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas

La metamorfosis política.

Por @jrherreraucv / José Rafael Herrera 
Buitre del dinero

¿Es posible que un águila pase a
ser un halcón para luego terminar siendo un buitre? La escritora británica J. K. Rowling ha dado cuenta de la existencia de ciertos “animales fantásticos”. Nunca se sabe. La verdad es que, en medio del pesado transitar de este desdibujado presente, nada pareciera ser imposible. Si ya en tiempos de Leonidas los ruines intereses de un disforme –retorcido y genuflexo– pusieron en peligro la seguridad de toda la cultura occidental; si, según Maquiavelo, lo gris que hay en el hombre es, más que una característica, su rasgo común preponderante; si el bien supremo se representa más como la riqueza, el poder o la sensualidad que como la virtud del bien verdadero, ¿qué de extraño puede tener –en una sociedad que ha hecho de lo efímero y fugaz su mayor éxito, de la compra-venta el único valor significativo de la existencia, de las formas vacías el eco de un ardid en el silencio de la nada– que se produzcan las más inverosímiles metamorfosis políticas? Se es lo que se hace. Ser es hacer. Un empresario no puede hacer política sin dejar de pensar en los negocios. La llamada antipolítica no es tan antipolítica después de todo, aunque suela conducir los destinos de un país como si se tratara exclusivamente de una corporación financiera, en claro detrimento de la eticidad.

“Todas las opciones están sobre la mesa” se ha dicho una y otra vez. Y sin embargo, todo indica que de todas las opciones la más probable lleve los signos de un águila que de halcón ha devenido carroñero. Como dice el adagio popular: “Tanto nadar para morir en la orilla”. No pocas veces, en política, la lealtad es conducida directamente por intereses calculados: se trata de ser práctico –se dice– y de que la relación costo-ganancia se incline siempre a favor de la parte interesada. Son palabras traídas desde el entendimiento abstracto. Tragar sapos en algún momento fue, más que una recomendación, una enseñanza de vida para Goya, en su transitar por los caprichos del poder. Cada piedra del largo camino de este infierno está hecha con el estiércol de las buenas intenciones. Metamorfosearse no pareciera ser tan difícil, por lo visto.

El debate, el diálogo y, por supuesto, la participación en comicios electorales, siempre y cuando sean pulcros, son modos diversos a través de los cuales se expresan legítima y racionalmente los atributos de la democracia. Pero, ¿cómo y cuando se llega a producir un estado de metamorfosis política? No se diga, a los fines de honrar la magna obra de Ovidio, desde la creación del mundo hasta la transformación del alma de Julio César en una stella, sino, más humildemente, del mito hollywoodense de posguerra que va desde el belicoso let's go with all, guys, to the charge!, al más prudente take it easy my boys. Lo cierto es que del “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” y del “sí o sí” ya va quedando muy poco. Al parecer, flatus vocis, pues se trata de frases cuya férvida conmoción se han ido deslizando por largas alfombras, diluyendo y enfriando poco a poco, hasta llegar al inminente acuerdo de un proceso comicial. ¡Haberlo dicho antes!

Lo cierto es que el “como vaya viniendo vamos viendo”, esa suerte de “método científico” criollo que envuelve –y oculta– il sassolino de la “paradoja del inventor”, el ensayo y error en toda su crudeza empirista, es el norte que va guiando no solo a la dirigencia política nacional, sino también a la internacional. Y es que la política del ensayo y error va orientando las más sorprendentes metamorfosis, a medida que la situación va mostrando sus costos y complicaciones. A fin de cuentas, una hipótesis no es más que una simple conjetura que debe ser sujeta a verificación. Se trata, como en efecto se ha venido tratando, de poner sobre la mesa un conjunto de opciones que cumplan con todos los requisitos necesarios a objeto de ser debidamente ensayadas –ceteris paribus–, siempre sobre la base de experiencias previas, hasta dar con la variable indicada. Uy, ¡eureka!: si se aprieta el gatillo de una pistola cargada con pólvora y bala, lo más probable es que la pistola se dispare; pero –y este parece ser el caso– si la pólvora estuviese mojada, entonces, lo más probable es que heurísticamente no se dispare. Como podrá apreciarse, el entendimiento abstracto es de una sorprendente genialidad. Se sabe que los chinos y los rusos son expertos en pólvora, por lo que no solo saben encenderla sino también apagarla. Y así, en unos pocos meses, el Halcón ha dejado de serlo para transmutar, nada menos, que en un Falcón.

Con ejemplar paciencia, Venezuela ha transitado por una larga senda de sufrimientos, de penurias, de zozobras, de crisis y temores inmerecidos. Ha marchado, ha protestado, ha participado en innumerables convocatorias de calle; ha respondido, con la cara pintada de “color esperanza”, a los más diversos llamados que se le han hecho, para manifestar de viva voz su descontento, su “fuerza” y su “fe”; una enorme cantidad de venezolanos se ha visto en la necesidad de huir del país. Las cárceles están llenas de presos políticos, humillados y torturados. No pocos fueron los militares y policías que desertaron en nombre de un mejor destino que nunca llegó. Una multitud fue a recibir con los brazos abiertos la llegada de la ayuda humanitaria, “sí o sí”, pero las gandolas nunca lograron entrar. Se han padecido innumerables cortes de luz y agua, la comida es cada día más inaccesible, las medicinas son cada vez más escasas y costosas, los sueldos no alcanzan, resultan ridículos; en los hospitales es evidente la impotencia de su personal médico, las colas en las gasolineras se han hecho antología de la eternidad. Y todo esto a la espera del fin de la usurpación y de la instauración de un gobierno de transición. Total, después de todo, “veinte años no son nada”, “la luz al final del túnel” ya se ve, está cerca, muy cerca, y “ya casi” se le puede tocar. Pero, de pronto, y como en circunstancias anteriores, se presenta un cambio de planes. Se mojó la pólvora. Ahora, desde Oslo, pero también desde Washington, se dice que la solución está negociándose para ir a unas elecciones “con garantías”, aunque con el mismo Consejo Electoral.

En Santo Domingo, los aliados internacionales le exigieron a los factores democráticos no participar en diálogos y retirarse de las conversaciones. No se negocia con secuestradores, afirmaban. Pero ahora se recomienda negociar con los secuestradores y llegar a un acuerdo. Simples cuestiones de método. Por eso mismo, cabe preguntarse si existirá alguna diferencia, quizá de tipo heurístico, entre un diálogo y otro, o entre este discurso y el anterior. Quizá la gente se hubiese ahorrado un poco de sufrimiento en este largo período plagado de dolor. Desde la colina, un metamorfoseado pajarraco guiña un ojo y sonríe, mientras pareciera balbucear un extraño I told you!...

Notas Filosóficas sobre la Coyuntura Política Nacional





El Florero de Llorente 


El filósofo ante la Realidad Política

Para ingresar en los problemas políticos hay que tener claro qué se entiende por «Política». La política es el escenario de discusión de los problemas de la  convivencia entre los seres humanos[1]. Como lo refiere  T. H. W. Adorno en Misceláneas I (2004, p.287): «[…] la sociedad organizada de la que más tarde derivará el Estado era necesaria para permitir la supervivencia de la humanidad […]», es decir, la sociedad- y con ella más tarde el Estado- nace para garantizar la supervivencia humana frente a su entorno físico- natural  y frente a sus impulsos Tanaticos. Solo  que en una determinada etapa del desarrollo de la humanidad, el ser humano se ha empecinado  en dominar al otro,  aun con los postulados hegelianos del inicio de la historia y la cultura con dialéctica del Amo y el Esclavo (Hegel, 1993). Para tal efecto, dominación de un grupo sobre otro grupo, se ha construido la humanidad un Aparato como el Estado para  ejercer de manera más racional esta dominación y no precisamente como la confirmación del espíritu absoluto.
El problema de las relaciones entre la filosofía y la ciencia a la hora de abordar los problemas políticos, es la manifestación, al nivel de la conciencia teórica, del movimiento histórico de especialización y secularización de la razón occidental propio de la modernidad[2]. Sin embargo, no por ello es de negar las claras diferencias presentes entre la Filosofía política, la ciencia política, la sociología política y la antropología política, al momento de enfrentarse al abordaje de su estudio. N.Bobbio (2005, p.77 ) enuncia que según la consideración del concepto de filosofía política podremos establecer las diferencias entre las demás “especialidades” del conocimiento sobre el fenómeno político[3]; para nosotros ese es un falso problema, ya que no es posible diferenciar en el fenómeno mismo de «lo Política» y la «Política», el ideal normativo que construye el discurso y sus presupuestos de verdad y objetividad como formas de legitimación del poder en la construcción de carácter propio del fenómeno en relación a las demás esferas de la vida humana.
Estamos hablando de atreverse a pensar «lo Político» y la «Política»,  no solamente problemas complejos, sino también y en la misma medida, problemas difíciles. Lo difícil, guarda en relación a lo complejo, la necesidad de perspectivas transdisciplinares, pero va más allá de este, en la medida que presenta el ocultamiento de las lógicas más internas de los fenómenos, situaciones y procesos considerados en los problemas tratados. Lo complejo abre hacía la constelación de dimensiones posibles del problema, lo difícil, enuncia la necesidad de su re-formulación para generar una síntesis de lo complejo. Se trata de atreverse a pensar como filósofo latinoamericano, lo cual implica ir más  allá de la prehistoria del pensamiento, de abandonar la filosofía  europea como único referente, superando la encarcelación (en disciplinas especiales) en la que se ha visto envuelto el pensar. No se trata de un mero problema bibliográfico, sino biográfico e histórico: es un asunto de direccionamiento del pensamiento y la acción.

La Coyuntura Política Nacional

En Colombia llevamos más de medio siglo en el marco de un conflicto armado. El  24 de noviembre de 2016[4] se daba inicio a un nuevo momento histórico del conflicto político que tomaría su forma democrática. El acuerdo entre el Gobierno de Juan Manuel Santos  y la Guerrilla de FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo) definía así el final de un ciclo largo de Violencia política con la firma de un «Acuerdo de Paz»[5] entre las partes. El Estado y la Subversión armada se comprometen a cumplir los términos de ese «Pacto Social» construyéndose las condiciones de posibilidad de la participación política y la construcción Democrática del Estado.
Los pasados 26, 29, 30 de abril y 01 de mayo  de 2019 se discutieron en el Senado las objeciones del Presidente de la República en el trámite de la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz - JEP. Fue un acontecimiento crucial en el establecimiento del cumplimiento de dicho «Pacto Social», ya que garantiza política  y jurídicamente las condiciones del ejercicio político de las Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común (partido político FARC) al mismo tiempo que la se ponía en juego la legitimidad del propio orden institucional del Estado Colombiano en el cumplimiento de las obligaciones adquiridas en lo acordado. Este es el «acontecimiento», una plenaria del Senado  que  define la «correlación de Fuerzas» sociales y políticas y da dinamismo a esta nueva Coyuntura política nacional como eslabón de una nueva «Etapa  Histórica».

El Conflicto Armado y el Acuerdo de Paz

El análisis de la génesis del Estado moderno, y aún más el análisis del Estado moderno en Colombia, nos enfrenta  con la tarea de dilucidar antes la relación entre el análisis histórico y el sociológico, pues, el análisis sociológico, se apoya arduamente en la historia, en cuanto  ésta es su materia (Martindale, 1668).
La civilización  en Colombia y, en américa latina,  ha estado marcada por la barbarie, como el hecho teórico a verificar. Lo que se demuestra en los discursos historiográficos y teleológicos colombianos, es una expresión de poder de la Razón de Estado, que necesita  controlar los discursos, pues el discurso es la bisagra entre poder y mente (Munera, 2009). Como dice el profesor Leopoldo Munera, en Colombia la interpretación del Estado ha sido además de teleológica y normativa (2009, p.11), demuestra ser también eurocéntrica.
En este sentido, los modelos teóricos que  acerca a considerar el nacimiento del Estado moderno, tienen una íntima relación con la forma de organización social en la que los frutos del trabajo son vendidos en el mercado (modo de producción capitalismo), sirviendo para identificar la importancia de la concentración y acumulación de violencia y capital en el proceso sicogenético del Estado (Munera, 2009). Las palabras han creado guerras (Uribe Hincapie, 2004). Las explicaciones del proceso de génesis del estado moderno en Colombia,  está determinado por la historia misma; los cambios en la teoría que explique el devenir histórico social,  están determinados evidentemente por la viveza del científico y sus intereses políticos y económicos. 
De ese modo, la misma definición del Conflicto ha determinado la lucha política y como tal, desencadenado la misma marcha de los acontecimientos históricos. En su reciente libro publicado, el expresidende Juan Manuel Santos, revela (2019, pp.267-280) que una de sus Batallas más difíciles por la construcción del acuerdo de Paz fue la aceptación de la existencia de un conflicto político en Colombia que se desarrolló a partir de una modalidad armada. El tema era crucial, ya que es estratégico para el Estado, en su propia construcción del enemigo, el establecimiento de beligerancia frente al mismo, esto por un tema tanto jurídico como político. Como el mismo Santos dice (ibíd.) desde el 2005, el Estado se planteó como estrategia la adopción de un discurso que enunciará ante la comunidad internacional y en el territorio nacional, que en Colombia había una Amenaza Terrorista y no un  conflicto armado.
Un año antes de la firma del acuerdo (en  febrero de 2015) la Comisión Histórica del Conflicto y sus Victimas da a conocer el informe final Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, un texto de poco más de 800 páginas  realizado por 16 académicos (de las más diversas áreas y desde los posicionamientos político-epistémicos a veces contrapuestos) organizado en 14 artículos, dos relatorías y una introducción conjunta entre los dos relatores[6]. De ese modo la academia realizaba su aporte al proceso de paz dejando claro que, si bien existen actores con intereses puestos en juego en el ejercicio del enfrentamiento armado, las causas del conflicto obedecen a determinantes objetivos de orden social, económico, cultural e histórico de la construcción de la sociedad y el Estado Colombiano. De esa manera se realizaba un diagnóstico y se dejaba claro la conveniencia social del acuerdo para la democracia y la sociedad colombiana.
Ahora bien, la eficacia de los discursos se comprueba en la construcción de realidades prácticas, en la medida que determinen acontecimientos. El 2 de octubre se demostró que lejos de estar preparada, la sociedad colombiana entraba en una nueva fase del conflicto político. Con un porcentaje de 50, 2% el No ganó el plebiscito por la paz y anticipó la victoria en las elecciones presidenciales. No por ello, el sector de la oligarquía tradicional en el poder dejaría la batalla. La paz se decretó y el acuerdo cumplió las normativas constitucionales convirtiéndose en el acto legislativo 01 de 2017:
 "POR MEDIO DEL CUAL SE CREA UN TíTULO DE DISPOSICIONES TRANSITORIAS DE lA CONSTITUCiÓN PARA lA TERMINACiÓN DEL CONFLICTO ARMADO Y lA CONSTRUCCiÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA Y SE DICTAN OTRAS DISPOSICIONES"[7]

Desde la firma del acuerdo un número aproximado de 128 ex militantes del partido de las Fuerzas Alternativas del Común han sido asesinadas[8], van más 500 líderes sociales con la misma suerte[9] y, queda claro que, luego del atentado a la General Santander por parte del ELN[10], el gobierno de Iván Duque y, del partido Centro Democrático, sigue aferrado al No directo sobre cualquier idea de cambio hacia lo que se dio en llamar “post-Conflicto”, esa es su principal estrategia política para mantenerse en el poder. Las objeciones por inconveniencia que realizadas el pasado 11 de marzo[11] del presente año, demuestran el claro hecho choque entre el mandato constitucional a que se ve obligado el Estado por la firma del acuerdo de paz  y la voluntad del gobierno de turno en cumplir ese mandato (todavía más si se considera la posición que tuvo Duque en relación al cumplimiento de los protocolos con el ELN en la mesa de Cuba), creándose un conflicto entre la legalidad y legitimidad del Estado, al ponerse en duda el cumplimiento  o no de lo acordado.
La propia credibilidad del  Estado como ordenamiento social y político queda en duda, pues, siendo él producto del pacto social, cómo garantizar ahora el cumplimiento de propio orden constitucional cuando se sabe que el Estado no cumple sus propios acuerdos.  
Lejos de grandes oradores (a excepción de algunos casos como  el Senador Iván Marulanda, G. Petro, José Aulo Narvaez, E. Robledo y J. E. Ulloa) en los honorables Senadores prevalecía más la trampa y la “triquiñuelas”; se dilató la discusión en lo esencial, siendo deturpada la posibilidad real de un análisis serio sobre la cuestión; los argumentos más ácidos fueron expuestos en la discusión del orden del día (del 26 de abril), siendo el 29 de abril una discusión más por los impedimentos que cualquier cosa. La votación finalmente ocurriría el día 30 de abril, con un resultado de 47  en favor del informe "Minoritario" expuesto por el Senador Iván Marulanda, que proponía negar en su conjunto las 6 objeciones, frente a 34 en contra de ese informe. En medio de gritos, surgió el conflicto la determinación de la mayoría absoluta (debido al mismo tema de las inhabilitaciones!). El 1 de mayo, se realizó una nueva votación, teniendo como resultado “a favor” de la bancada del gobierno, sin embargo, sin mayoría absoluta. De nuevo como al principio. La Corte Constitucional definirá sobre las objeciones fueron las palabras el presidente del Senado Ernesto Macías Tovar, en el momento que daba inicio a la discusión por el Plan Nacional de desarrollo que prácticamente no fue discutido (vaya pacto por la equidad que nos espera!!)
Queda claro que para algunos actores (senador Álvaro Uribe Vélez y toda su bancada), es preferible tener “guerrillero armado en el monte” que un adversario político en el capitolio nacional[12]. De esa manera es urgente cerrar todas las posibilidades políticas a los enemigos morales, para convertirlos en los enemigos sin los cuales no se puede sobrevivir. El guerrillero en el monte (dando bala por cierto!) es funcional al mantenimiento del discurso de la guerra, de la amenaza y de la defensa de la sociedad, instrumento por el cuál la oligarquía colombiana se a mantenido en el poder sin la necesidad de un régimen dictatorial continuado. 
El Bloque hegemónico en el poder ha consolidado al Estado como una maquina en la que se anule la  oposición, siendo este un rasgo  constante en el comportamiento política y en el orden constitucional. En Colombia más que una Causa la guerra ha sido un pretexto, una necesidad política que excusa el ius ad bellum,  que permita mantener el orden de dominación (Franco Restrepo, pp.39-62).
El acontecimiento en el Senado de la República, manifiesta lo que Marx (2010, p. 83) nos decía ya:
[…] El elemento estamental es la mentira sancionada, legal, de los Estados Constitucionales: que el Estado es el Interés del Pueblo o el pueblo es el interés del Estado, esa mentira se revelada en su contenido […]

Muy distantes de construir una nueva forma de sociedad, de tal manera que las causas objetivas del conflicto y la violencia en Colombia sean superadas, entramos en una nueva fase de ese enfrentamiento[13]. Ante un nuevo ciclo del capital, adviene en nuestro país un nuevo ciclo de violencia. Este mantiene rasgos estructurales de antaño (problema de la tierra, estructura de clases, formación del Estado), pero constituye otros (nuevos actores, desarrollos tecnológicos, nuevos escenarios de subjetivación, etc.), de tal manera que estamos en el centro de la espiral histórica; vemos su movimiento, no obstante, no sabemos con ciertamente cuál es su dirección y, apenas podemos enumerar los nuevos atributos esenciales. 
El partido político de las FARC ya sabe en el juego que se ha metido. Esperemos no adquiera y aprenda las "mañas" y modos de sus antiguo y ahora nuevos compañeros y, sea prudente al elegir con quienes realizar "amistades" (alianzas) estratégicas, no vaya a perder los horizontes de lucha por encajar bien en el "juego democrático".
***

El papel del filósofo estriba precisamente en identificar las condiciones objetivas de ese nuevo ciclo del conflicto. Una cosa es clara luego de considerar el «acontecimiento», la forma actual del conflicto – como en todas las formas pasadas- demuestra aquello que es más propio a nosotros. Lo político se encuentra entrelazado con la experiencia humana en cuanto esta es entretejida en la amalgama de construcciones sociales, culturales e históricas. En ese orden de ideas, es imposible una descripción de «lo Político» y la «Política», sin una consideración por «lo humano» y la «humanidad», es decir, al margen de una antropología filosófica de nosotros mismos. Parece ser, parafraseando al oscuro de Éfesos (DK.119), que“la Guerra, el conflicto, [ha-sido] es  [esta- siendo] el Destino de la nación colombiana” . 




Bibliografía:
Adorno, Th., W. (2004). Miselaneas I. Madrid. España:AKal
Bobbio, N.. (2005). La Teoria General de la Política. Madrid, España: Editorial Trotta.
Franco Restrepo, V., L. (2009)  Orden contrainsurgente y dominación, Bogotá: Instituto Popular de Capacitación : Siglo del Hombre Editores.
Hegel, W. F. (1993). Fenomenología del Espíritu. México: Fondo de Cultura Económica.
Marx, K. (2010).Crítica da filosofía do Direito de Hegel. São Paulo: Boitempo.
Martindale, D. (1968). La Teoria Sociologica: Naturaleza y Escuelas. Madrid, España: Aguillar S.A.
Munera, R. L. (2009). Genesis del Estado en Colombia 1810-1830. En R. L. Munera, Fragmentos de lo Publico Politico en colombia. Bogota: La Carreta UNAL.
Santos, J. M. (2019). El Reconocimiento del Conflicto. En: La Batalla por la Paz. Bogotá.
Uribe Hincapié, M. T.  (2004). Las Palabras de la Guerra. En. Rev. Estudios Políticos N-25, Ude A.  Medellín. Colombia.








[1] Los que se inscriben dentro del realismo político dirán que «lo político»  es lo considerado con las relaciones de dominación, con el poder; nosotros por el contrario, consideramos que es lo concerniente  con la convivencia, con la búsqueda de una mejor forma de vivir colectivo. Nuestra  noción de política parece conciliarse entonces, con el mundo griego del “zoom politicom”  Aristotélico, es la participación  en los asuntos políticos, de la discusión  colectiva de los asuntos de la convivencia en el  Agora  griego.
[2] Los antiguos griegos, tanto Platón como Aristóteles, en su Πολιτεία construyeron un concepto de lo político en el que se relacionaba con toda una concepción filosófica del universo, por lo que desde el inicio estaban entrelazados los concepto de Ser, Verdad, Ser humano y  el de Bien. No habría una distinción tajante entre la reflexión ontológica y reflexión ética u antropológica, las dos entran como elementos interrogados coherentemente en la construcción de un único sistema. Esta manera de considerar la política es propia e es heredada dentro de toda la tradición del pensamiento político occidental.
[3] Así, dice Bobbio que sería entendido la filosofía política como a). Teoría normativa sobre el modelo ideal de Estado y sociedad; b). Estudio de los fundamentos últimos del poder, definición de la legitimidad del Estado; c). Determinación del concepto propio de la política al diferenciarlo de otros conceptos y esferas como la económica y la social, etc.  Y, finalmente d). Como crítica discursiva, como metaciencia que fundamenta los presupuestos de verdad y pretensiones de objetividad por parte de la ciencia política (Bobbio, 2005 pp.77-79).
[4] La mesa de negociaciones fue instalada en 2012, los acuerdos firmados en Cartagena el día 26 de septiembre de 2016, refrendados el 02 de octubre de 2016, donde gano el No con el 50, 2% de los votos, por lo que fueron modificados ente octubre y noviembre, para nuevamente ser firmados el día 24 de noviembre en el teatro Colon de Bogotá, siendo aprobados luego por el Congreso de la República con una votación de 75 votos a favor y cero en contra en el Senado y, 130 votos a favor y  0 en contra en Camara, sabiendo que en ambas corporación los representantes del No, salieron a la hora de votación
[5] Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”. Ver: http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-conversaciones/Paginas/Texto-completo-del-Acuerdo-Final-para-la-Terminacion-del-conflicto.aspx [Consulta 20/01/2017]
[8] El pasado 15 de abril de 2019 un bebé, hijo de una indígena wayúu y un excombatiente de las FARC, luego de un atentado a sus padres. Para ver la noticia https://www.telesurtv.net/news/farc-denuncia-128-asesinatos-de-excombatientes-tras-acuerdo-de-paz--20190415-0034.html [Consulta 17/ abril].
[9] Para ver una ampliación de esta cifra,ver: https://www.telesurtv.net/news/500-lideres-sociales-asesinados-colombia-20190415-0022.html [Consulta, 2 mayo/2019].
[10] Para ver un análisis sobre este hecho y la construcción del conflicto en Colombia https://www.microfilosofia.com/2019/04/de-la-toma-de-simacota-al-atentado-de.html.
[11] Para ver más sobre los 6 puntos objetados remitirse al documento presentado por el presidente
[12] Para ver las declaraciones en videos:
[13] Podemos identificar tres etapas: a). Conflicto de formación de la República del Siglo XIX (Guerras Civiles); b). La violencia Bipartidista de la primera mitad del  siglo XX y c). Conflicto contrainsurgente. Todos con actores y características propias que unifican el proceso de acumulación del capital, con sus ondas expansivas y regresivas (Ciclos económicos), junto a ciclos y ondas de la violencia.

Las tinieblas.


 Tinieblas de ideas.

No fueron siete las plagas que, por intermediación de Moisés, el mismísimo Dios le infligiera a los egipcios, con el propósito de que el faraón liberara y permitiera el éxodo del pueblo hebreo. Fueron diez en total, a pesar de lo que el sentido común suele asegurar invariablemente, bajo la forma del adagio popular: “a ese pobre país le han caído las siete plagas de Egipto”, se dice en la actualidad, casi siempre haciendo referencia a Venezuela, una ex-nación que, hasta la llegada al poder del llamado chavismo, gozaba de la mayor pujanza económica y de una envidiable estabilidad política y social, con un desarrollo cultural y educativo de los más altos en la región, amén de su privilegiada situación geográfica, del encanto de sus paisajes y de sus incalculables riquezas naturales. En 1498, al llegar a suelo venezolano, Cristóbal Colón la bautizó como “Tierra de gracia”. Y, en efecto, hasta hace veinte años, y desde que las plagas del cartel chavista -literalmente- la devoraran, Venezuela era considerada por el mundo como Il più bel segreto dei caraibi.

El verbo apercibir es un verbo transitivo. Significa hacer saber a alguien las sanciones a las cuales se expone. En derecho procesal se habla de apercibir cuando un juez emite una comunicación a alguna de las partes implicadas en un proceso judicial para advertirla de las consecuencias que acarrearía su incumplimiento. Se trata de una advertencia, un llamado de atención, un exhorto, que se hace a la luz de la conciencia. Los verbos transitivos expresan la acción -precisamente, el tránsito- del sujeto sobre su predicado, es decir, sobre su objeto. Es por eso que Kant define la apercepción trascendental como el tránsito -el “lazo”, dice Kant- que posibilita la unidad del sujeto y del objeto. Ese “lazo”, ese actus, es el movimiento de la conciencia conciente de sí misma, de la autoconciencia, el “Yo pienso que debe poder acompañar todas mis representaciones”, la unidad de la sustancia con el sujeto. Una de las páginas más sublimes de la filosofía kantiana.

Según el segundo libro del Pentateuco, que lleva por título Éxodo, Moisés, en nombre de Dios, apercibe al faraón para que libere al pueblo judío. De no hacerlo, Dios iría sucesivamente aumentando las sanciones con grandes pestes contra los dominios del faraón. El lector avisado se encuentra ahora, mutatis mutandi, en pleno cese de la usurpación. Y, en efecto, la primera de aquellas plagas fue la transformación del agua en sangre, a la que, ante la persistente soberbia del faraón, seguirían la de las ranas, los piojos, las moscas, el exterminio del ganado, las úlceras en la piel, la lluvia de granizo y fuego, las langostas y, las dos últimas: la llegada de una tiniebla tan densa que podía sentirse su presencia física, y, finalmente, el arribo del “ángel exterminador”, que acabaría con la vida del hijo primogénito del faraón, el heredero del dios Horus, el galáctico. Como podrá observarse, todas las opciones estaban sobre la mesa del apercibiente. El resto es historia conocida. El mar se abrió y el pueblo judío conquistó la libertad y reconstruyó su nación.

Todo en Venezuela ha sido deliberadamente puesto al revés. El país que fue es, ahora mismo, ruina circular, laberinto de espejos, precipicio en reverso sin fondo visible: un “mundo invertido”. Mientras lo que va quedando de país productivo usa la cabeza para caminar, quienes usurpan el poder político usan los pies para pensar. Los fanatismos son asunto de cuidado. Por lo general, invocan pomposos ideales que conducen directamente al callejón sin salida de los más bajos y perversos apasionamientos, en manos de la inescrupulosa canalla. De la luz sólo quedan sombras, de las aguas sólo sed y pestilencias, del alimento excremento, de la paz la guerra, del moralismo la corrupción, del justicialismo el crimen organizado, del purismo de la verdad el engaño, del triunfalismo la derrota, del comunitarismo la egolatría, del instruccionismo la incompetencia. El Estado se ha hecho negocio privado y los negocios privados asunto de Estado. Entretanto, los mercenarios asumen la función de las langostas, de los sapos, de los piojos, de las moscas. La “Venezuela potencia” ha terminado en la más miserable, triste e impotente de las Venezuelas históricamente existentes. Tiembla, y hay fuego y granizo. Una desgracia. Creencia y entendimiento se contraen y dilatan, proyectan su recíprocidad, hasta hacerse espejísmos, ficciones, el uno del otro, mientras van trastocando sus roles de continuo para poner siempre de nuevo en evidencia su correspondiente -correlativa- bancarrota. Las manos del entendimiento abstracto están teñidas de la sangre de las víctimas que brota del manantial de los fanatismos.

Quizá la peor de todas las plagas, la que ha dejado las mayores secuelas y, al mismo tiempo, las renovadas premisas que retroalimentan la viscosidad de su eterno retorno, haya sido la de las tinieblas que va dejando a su paso el populismo, esa vil enfermedad que puede palparse en cada niño que fallece de inanición, en el rostro de las madres que van perdiendo a sus hijos, en la angustia y la desesperación del día a día para poder sobrellevar el peso de una vida que hace tiempo dejó de serlo. Es tan tragicómico el populismo en Venezuela que no ha necesitado ni de los castigos de Dios ni de las apercepciones de Moisés: ellos mismos han hundido al país en terribles plagas. El populismo chavista es la muleta de quien hipoteca su voluntad para que alguien -el “gran líder”-, a quien considera mejor que él, la dirija a su antojo. Es el padre que, de vez en cuando, pone la electricidad o el agua, envía la cajita de alimentos, desprecia la educación y la cultura, asfixia las universidades y el desarrollo del saber, otorga una generosa pensión para poder comprar menos de seis huevos al mes y permite el ingreso del enfermo a un hospital sin recursos para que pueda morir “en paz”. El populismo es la negación de la luz del conocimiento y de la libertad, ese que deja la puerta abierta al gran negocio del narcotráfico, que corrompe el cuerpo y el espíritu de la sociedad hasta los tuétanos. Y cuando la incompetencia y el rentismo parasitario comienzan a dar sus primeros frutos, cuando todo falla y nada alcanza, entonces inicia la retórica de la expiación. Surgen las iguanas, los francotiradores, los ataques electro-magnéticos, la “guerra económica”, los “enemigos del pueblo”. El “pueblo”, ese vasallaje de los narcotraficantes. Venezuela como nación no es más que la triste fachada de la Cuba castrista. Es una satrapía. La enfermedad populista ha colocado las premisas. Y cuando todo se ha invertido, la apercepción ya no es la premisa sino el resultado de las tinieblas.

Corrupción espiritual.


Tortura populista

Es público y notorio el caso de la jueza María Lourdes Afiuni, conocida también como “la presa de Chávez”, después de que, en el año 2009, ante los medios de comunicación, la llamara “bandida”, ordenara su “detención inmediata” y la condenara a “treinta años de prisión”. Él, el “supremo”, el “galáctico”, fiscal, juez y verdugo de la “causa”. Todo de un plumazo, o más bien, de un bayonetazo. Ese día acusó, responsabilizó y condenó a la jueza por haber liberado al banquero Eligio Cedeño enemigo personal del autócrata, pero señalado de cometer un fraude financiero-, a pesar de que el tirano le había dado “instrucciones precisas” para encarcelarlo. Pero la jueza no prestó la debida atención, o no quiso prestarse para ello, y, asumiendo el desafío, ejerció, no sin valentía, el compromiso con su sacerdocio, asistida más por la convicción en la majestad del estado de derecho que por los arrogantes ímpetus del terror. Pero lo que en tiempos de normalidad es labor cotidiana en tiempos de anormalidad resulta temerario. Asumir riesgos frente a un tirano tiene consecuencias. Y la jueza pagó muy caro el precio. Seis días después de la alocución del déspota, fue encarcelada y casi de inmediato sometida a agravios, torturas y violaciones por los impíos esbirros de un régimen que ha hecho del oprobio su santo y seña.

La “presa de Chávez” fue, en efecto, detenida y enviada a una cárcel de mujeres a las afueras de Caracas durante un año y dos meses. En ese centro de reclusión fue objeto de toda clase de torturas y abusos sexuales. De continuo, la rociaban con gasolina y la amenazaban con quemarla viva; la violaron hasta destruirle la vagina, la vejiga y el ano. Quedó embarazada y tuvo un aborto. Finalmente, tuvieron que someterla a una cirugía para vaciarle el útero. Y sólo entonces le otorgaron el “beneficio” del arresto domiciliario. Durante tres años y nueve meses fue víctima de los horrores de un régimen que decidió transmutar la política en brutal salvajismo. Después de semejante experiencia, ver a la doctora Bachelet leyendo aquél informe acerca de la constatación de la violación de los Derechos Humanos en Venezuela, en un tono más bien flemático, para no decir apático, hace recordar las irreverentes palabras de Don Miguel Bosé, salidas de la más honda de las vergüenzas ajenas y de la indignación franca y abierta.

Pero ahí no queda todo. El chavismo -esa suerte de maldición del populismo extremo que le ha caído encima cual plaga al país potencialmente más rico de latinoamérica-, intenta reaccionar ante su inminente fin echando mano de los únicos medios que aún le quedan disponibles y que maneja muy bien: el psico-terror y la violencia. Al secuestro de Roberto Marrero y de otros dirigentes políticos opositores, pertenecientes al equipo de trabajo del Presidente encargado Juan Guaidó, se suma la reapertura del caso de la jueza María Afiuni. Los primeros, en el mejor estilo del G-2 cubano, son acusados de ser los cabecillas de una “banda terrorista”. La segunda es acusada nada menos que de “corrupción espiritual”.

Lo que llama la atención de semejantes argumentaciones -si es que eventualmente se pueden calificar de ese modo- es la facilidad con la cual el gansterato que usurpa el poder en Venezuela acostumbra manipular y torcer el discurso, proyectando sobre quienes se oponen a sus intereses los defectos que les son propios. Sorprende cómo un grupo de bandidos, consustancialmente vinculados con la subversión armada, el tráfico de drogas y el terrorismo internacional, quienes históricamente han forjado sus tristísimas y muy lamentables existencias en los lodazales del odio, el resentimiento, la conspiración clandestina y la violencia, como suprema expresión de sus instintos primitivos, puedatener el descaro de acusar a gente de comprobada trayectoria democrática -gente decente, bien formada y civilista- endilgándoles los pesados fardos propios de sus almas retorcidas. Aquello del “ladrón que juzga por su propia condición” es, acá, un axioma. Torcer la verdad es un modo de comerse la muerte para venerarla. Mortífago significa “el que se come la muerte”, el morsmordre. Ellos son los herederos de los cultores de la muerte, los come-muerte. Lo aprendieron de los castristas y éstos de los stalinistas y éstos de los nazis. No hay un alma más corrompida que la que tributa y sirve a la muerte.

Para la representación del analfabeta funcional promedio, con cargos de dirección en el narcorégimen, “espíritu” significa, más o menos, una entidad abstracta e inmaterial. Y como la santería afrocubana -ese culto a la muerte- les resulta tan familiar, tan cercana, imaginan que una persona acusada de 'corrupción espiritual' es aquella que tiene un 'santo' que ha incurrido en corrupción o que obliga a su devoto a cometer actos corruptos. Pero, en todo caso, suponga el lector, otorgéndole a la narco-usurpación el beneficio de la duda, que cabe la remota posibilidad de que algunos de ellos -los menos ignorantes- llegaran a intuir, siguiendo los trazos del manido materialismo dialéctico (el diamat ), que el espíritu es una creación del idealismo para confundir al proletariado y, engañándolo, someterlo a la dominación material. Entonces, la llamada “corrupción del espíritu” debería ser celebrada en grande, lejos de imputarla, porque ello implicaría “la toma de conciencia revolucionaria”, atea y antijudeocristiana, según la cual sólo la materia cuenta, pues corromper el espíritu es la premisa de su destrucción.

En última instancia, la acusación que se le hace a la jueza es que su espíritu está corrompido. Quienes se han inventado la sentencia deben contar con algún instrumento capáz de medir los niveles de corrupción espiritual, porque, de resto, sería como acusar de asesinato a quien tomó la decisión de acabar con la vida de un fantasma. De no contar con tan sofisticado instrumento de medición, sólo cabe hacer la advertencia de que, en primer lugar, no conviene confundir el alma con el espíritu, que la primera atañe a lo individual y lo segundo a la sociedad -¡nada menos que al muy concreto ser social!-, y que no hay mayor fuerza objetiva en la historia que el espíritu de un pueblo que se ha decidido liberar del yugo de sus secuestradores, de ese gang de almas corrompidas y cada vez más solitarias, esas ánimas de purgatorio, que suelen expiar sobre el resto de la humanidad, como en el Dorian Grey de Wilde, el lienzo de sus propias felonías.

La hazaña de la libertad.

Antonio Machado, todo pasa y todo queda.
Antonio Machado, todo pasa y todo queda.


El tiempo de Dios no es ni perfecto ni imperfecto, como se suele creer en estos tiempos de desgarramiento, minado de temores y esperanzas. La perfección de la sustancia sólo puede ser idea concreta, real identidad de lo subjetivo y lo objetivo, de lo universal y lo particular, o identidad de finito e infinito, cabe decir: de los términos contrapuestos. Cuando la perfección -que es unidad de lo uno y lo múltiple- es abstraída desde uno de los extremos de la oposición, deriva identidad formal, concepto vacío, ratio kantiana. Es la carne que ha sido escindida de la osamenta por los instrumentos del entendimiento reflexivo. Puesta frente a lo finito, aparece como la nada de lo finito mismo, en tanto lado negativo de la perfección. Puesta como realidad inmediata, aparece como lo infinito positivo, no subjetivo, no productivo, sino como objeto y producto, como la nada indeterminada en la pureza de su identidad. Así, y precisamente por ello, se manifiesta como la pura contraposición. Teología filosofante, de un lado. Positivismo rampante, del otro. En realidad, frases hechas, consignas altisonantes y rimbombantes. Pero, en el fondo, ninguna de estas determinaciones de la perfección -por más perfecta o imperfectamente que sea representada la divinamente profana temporalidad- está en capacidad de definir, de modo concreto, ni al tiempo ni a Dios ni a la perfección, simplemente porque adolesce de eso que el divino Spinoza -¡y vaya que si era divino!- llamaba el Infinito actu, la unidad de la unidad y de la multiplicidad de las determinaciones. La temporalidad, devenida historia de carne y hueso, es la hazaña de la Libertad.

Lo que sí parece ser inobjetable es que la sustancia, que se reconoce en sí y para sí misma como sujeto, no pocas veces actúa por caminos insospechados y hasta, podría decirse, misteriosos o cuando menos sorprendentes. Del Libro del Eclesiastés -cuya traducción al español, por cierto, sería el Libro del Asambleísta- es esta frase: “los caminos de Dios son misteriosos como la senda del viento, o como la forma en que el espíritu humano se infunde en el cuerpo del niño aún en el vientre materno”. Su autor se hace llamar Qohéleth, que significa “el representante de la Asamblea”, un tribuno de la legítima Asamblea del pueblo que, hastiado de las creencias dominantes bajo las cuales habían sido sometidas las mayorías, decide tomar la palabra y actuar en consecuencia. Lutero lo llama -no sin razón- “el orador”. Decía Vico que la historia de la humanidad se diferencia de la historia de la naturaleza porque los hombres hacen la una y no la otra. Las cosas en la historia cambian de continuo en virtud, precisamente, del empeño de la libre voluntad. Como bien dice el poeta: “todo pasa y todo queda”. Y es que la exigencia del cese de la usurpasión de una determinada tiranía quizá sea, si no el principal, por lo menos uno de los motivos esenciales del desarrollo histórico de la civilización humana.

El tiempo del ignorante conduce directamente a la perfección del mal. Un puñado de militares mediocres y de civiles fracasados, movidos por el resentimiento social, la sed de venganza y una curiosa mezcla de prejuicios y presuposiciones doctrinarias, tomadas de una mortaja remendada, hirieron gravemente a la que, hasta entonces, fuera reconocida como la democracia más antigua de latinoamérica y el país más pujante de la región. A la larga, se hicieron del poder con la ayuda de una élite económica y política aventurera e irresponsable, gustosa de vitorear a un fantoche parlanchín, zamarro y embaucador, convertido en César todopoderoso. Los mochos -dice el adagio popular- se juntan para rascarse. Veinte años y un poco más han pasado. El balance es desolador: destruyeron y corrompieron todas las instituciones del Estado, el poder judicial, el poder electoral, la Fiscalía y la Contraloría, así como la administración pública, la red de salud, las instituciones educativas, las universidades, las empresas del Estado. Desarticularon y corrompieron hasta la metástasis a las fuerzas armadas, hoy convertirlas en un cuerpo de mercenarios. Transformaron los organismos de seguridad del Estado en una pandilla del cartel, que terminó por secuestrar y aterrorizar a la población. Entre tanto, y a medida que destruían el aparato productivo, se dedicaron a enriqueserce con los dineros del Estado y transmutar el territorio nacional en un puerto seguro para la distribución de narcóticos y en un aliviadero seguro para grupos terroristas de toda calaña, desde el Hezbollah hasta las Farc y el Eln, además de entregarles en bandeja de plata el control del país a un Estado forajido como lo es el cubano. Las dramáticas consecuencias no tienen precedente en la historia venezolana. La miseria material y espiritual cunde como la plaga. La gente tiene hambre, las patologías se multiplican, los pacientes mueren por falta de asistencia médica o por la casi total carestía de medicamentos. La deserción educativa, a todos los niveles, es espantosa. Reina la inseguridad ciudadana en calles oscuras y mugrientas. Los servicios públicos -agua, aseo, luz, gas, transporte, telefonía, vialidad- apenas funcionan y cada vez más se incrementa el deterioro. Por si no bastara, no existe Estado de Derecho y la prensa está amordazada. El terror reina aún a sus anchas.

Venezuela ha tocado fondo, ciertamente. Pero justo cuando se pensaba que todo estaba perdido, desde el fondo del pantano se ha vuelto a levantar para luchar por la Libertad. Los caminos de Dios son, sin duda, misteriosos. Hoy se encuentra Venezuela en las calles, retando a la tiranía. Decidida y sin retorno, lucha por ponerle fin a la maldición populista. La troja se le ha descompuesto al cartel. Están acorralados y la comunidad internacional ya los conoce bien. Están solos, a solas, y con el sol sobre sus espaldas. Esta será sin duda una lucha dura y difícil contra la opresión del sujeto y del objeto. Pero será una lucha histórica, una -siempre antigua y siempre inédita- hazaña de la Libertad.

José Rafael Herrera

@jrherreraucv

Superfectación


Por José Rafael Herrera @jrherreraucv.

Superfetación


La superfectación es una extraña palabra, tan extraña como su significado. No obstante, y a pesar de su condición extraordinaria, su uso tanto en las ciencias médicas -especialmente en obstetricia como en el campo de la zoología, no es del todo infrecuente. No así en el de la lógica simbólica o, por extensión, en el de aquellas disciplinas que han hecho del silogismo aristotélico su fundamento natural, su punto de partida. Pone fin de la discusión. O llueve o no llueve. No se puede ser o estar y no ser y no estar en el mismo espacio y al mismo tiempo. Y, sin embargo, la superfectación, a pesar de las precisas indicaciones aristotélicas, comporta la posibilidad cierta de que, por ejemplo, una mujer quede embarazada estando ya embarazada, a pesar de que cuando se produce la fecundación de un óvulo como dice la reseña en cuestión-, “se inicia una cascada hormonal, cuyo objetivo es impedir que sigan madurando nuevos óvulos y que se produzcan nuevas fecundaciones”. Pero -y es que tanto en la vida como en la filosofía siempre hay un terrible pero- “en ocasiones acaban anidando en el útero varios fetos en distinto estado de desarrollo. Así, la zoologa Kathleen Röllig, del Instituto Leibniz, en Berlín, ha descubierto con ecografías que las liebres preñadas pueden sufrir un segundo embarazo”. Durante su época de apareamiento, en marzo, las liebres macho boxean entre sí por el amor de las hembras. Se dice que pierden por completo “la cordura”. El estar “loco como una liebre de marzo”, es una conocida metáfora popular.


Unas cuantas liebres de marzo han terminado 'boxeando' sobre el fértil terreno de la lógica aristotélica, generando a la larga peligrosas superfectaciones que, poco tiempo después, terminan en empreñamientos de doble factura, curiosas epifanías, Janos o 'vuelvan caras', cuyas insolvencias materiales y espirituales terminan produciendo esos extraños freakies que, tarde o temprano, ponen en peligro el buen nombre de la civilización humana. No cabe duda: tipos como Hitler o Stalin, como Mao o Kim Il Sun, como Fidel o Chávez, son el resultado de tan curiosas experiencias, de esos extraordinarios fenómenos que reciben el nombre en cuestión. Y no son pocos los casos tanto en las ciencias sociales como en las ciencias políticas. La obra de unos cuantos filósofos adolesce de esta engorrosa condición. Especialmente la de aquellos que gozan de mayor popularidad. Ya lo decía Sartre en relación con una obra como el Manifiesto de Marx: se trataba, en su opinión, de “la vulgarización de un pensamiento”. Y es que -para no tener que atravesar las aguas del insufrible barruntar posmoderno en relación con Nietzsche- bastará con señalar que cuando Marx postula la actividad sensitiva humana la praxis- como núcleo central de su filosofía, con ello, a fortiori, está declarando la bancarrota del materialismo. Pero si Marx -según lo que oficialmente sostienen los apologetas de la franquicia- es un materialista, entonces inevitablemente le pone fin a la actividad sensitiva humana como centro motor de su pensamiento. Más aún, cuando la filosofía ejerce su función como legítima teoría crítica de la sociedad, con ello desecha la vana manía de pretender predecir el futuro. Pero cuando ésta se dedica a predecir el porvenir, con ello cesa su función como teoría crítica y, por ende, como filosofía en sentido estricto. Una concepción filosófica no es, y no puede ser, una doctrina, una fe, un dogma, una ideología. Mientras la filosofía se esfuerza por denunciar -more geometrico demostrata, diría Spinoza- la irracionalidad, la injusticia o la decadencia de una determinada formación cultural, las llamadas doctrinas procuran sembrar esperanzas en un mundo construido, según la conocida expresión maquiaveliana, “sobre las nubes”, garantizando con ello su propio beneficio y preservación. Cuenta un entrañable amigo de siempre que, durante sus años de “formación” ideológica en la Juventud Comunista, Pedro Ortega Díaz les decía, no sin severidad enfática: “el marxismo no es un dogma.. ¡Repitan conmigo..!”. Por supuesto, Lenin lo superaba con creces: según su ortodoxa opinión, “el marxismo es una ciencia exacta”. Pero, en todo caso, el así lamado “socialismo del siglo XXI” es, en relación con sus figuras precedentes, la superfectación de una superfectación. Y, por cierto, nada de esto tiene que ver con el pensamiento dialéctico. En primer lugar, porque no es pensamiento sino representación. En segundo lugar, porque no es dialéctica sino fe positiva, tomada de la más momificada versión del entendimiento abstracto. Así, pues, Heinz Dieterich, es el padre de la creatura de ese llamado “nuevo proyecto histórico” que consiste en apuntalar una sarta de recetas acerca del cómo se debe implementar un régimen socialista: el “desarrollismo democrático”, la “economía de equivalencias”, la “democracia participativa y protagónica”, la organización de los “colectivos de base” , la construcción del “Bloque Regional de Poder”, como garante de la integración económica de los “Estados progresistas” latinoamericanos, así como del “Bloque Regional de Poder Popular”, suerte de coordinadora continental de los movimientos sociales en apoyo al “proceso revolucionario”. En fin, su propuesta puede resumirse en una simple consigna: “liberalismo sin capitalismo; socialismo sin estatismo”. Por fortuna, the dream is over, como diría Lenon.

Sin más fundamentación que la presuposición y el dar por sentado, y tomando como referencia
immobile a esa especie de alter ego de Marx superfectado por la fértil imaginación del fanatismo materialista soviético, el novísimo socialismo del siglo XXI, fecundado por Dieterich, dejó de ser un legajo de sublimes -y ociosas- fantasías para terminar, puesto en las manos del Galáctico de las estepas -¡esa liebre de marzo!-, en el más vetusto de los stalinismos. Decía Hegel que los sueños más sublimes de la revolución francesa terminaron en la pesadilla de la guillotina. Sí: “sublime, terriblemente sublime . Pero no bellamente humano”, escribe Hegel. Dieterich afirma que el Galáctico desvió el camino magistralmente trazado por él. Doctor Frankenstein se niega a asumir las consecuencias del desastre de su monstruosa creación, de su “legado”. Hay que ser irresponsable en la vida para no asumir las consecuencias de lo que, si no se ha pensado, por lo menos se ha dicho.

El mal y su perdón


Perdonar el mal.

Por José Rafael Herrera - @jrherreraucv


La cultura contemporánea muestra una profunda herida en medio de lo que suele representarse como “la comunidad”. Pueblo, patria, socialismo, son términos que, frente al creciente sentido de la condición individual, lucen su peor momento. La figura de un “mundo inmaculado” que, como dice Hegel, “no mancha ninguna escisión”, comporta el devenir quieto de una de las potencias de dicha escisión sobre la otra. Por lo cual, cada lado, cada extremo de ella, mantiene y produce por sí misma la otra. Dos esencias que se dividen en su realidad y que mantienen una oposición que es, “más bien, la confirmación de la una por la otra y, allí donde entran en contacto de un modo inmediato como esencias reales, su término medio y su elemento son la compenetración inmediata de ellas”. Pero, a diferencia de un mundo inmaculado, este mundo de hoy ha dejado por mucho de serlo. Como señala Adorno, después de Auschwitz resulta imposible escribir poemas. El mundo como “modelo”, un mundo idílico, quieto como una foto, es un concepto puesto por la reflexión del entendimiento, es un mundo vacío, abstracto, muerto. Podría decirse que es el mundo ideal de las destempladas fantasías de cierto chofer de Metrobús o de cierto gorilita iracundo, no de un auténtico estadista del presente. Como tampoco hay un modelo eterno, una suerte de topus hyperuranios del 23 de Enero.

La tragedia Antígona, de Sófocles, le ha hecho comprender a Hegel que ella “trastorna la organización quieta y el movimiento estable del mundo ético”, y que “lo que en este se manifiesta como orden y coincidencia de sus dos esencias, una de las cuales confirma y completa la otra, pasa a ser con la acción un tránsito de dos contrapuestos, en el que cada uno se demuestra más bien como la anulación de sí mismo y del otro que como su confirmación. Terrible destino que devora en la sima de su simplicidad tanto la ley divina como la humana”. Los simas –conviene recordarlo– son pozos profundos, abismales, que se forman a partir de una pequeña fisura o grieta en el terreno, y que termina comunicando la superficie con múltiples cavernas y corrientes subterráneas. No pocas veces se puede poner en evidencia el hecho de que lo que se designa bajo el nombre de “suelo común” es, en realidad, el lugar de las mayores diferencias, el locus de lo irreconciliable. No hay salida: hacer es transgredir. Quien actúa –y toda acción comporta caracteres éticos, con independencia del valor axiológico que las formas de la cultura le asigne– inevitablemente está destinado a introducir un desdoblamiento, un “ponerse para sí” y, con ello, un poner frente a sí una realidad que le resulta diferente de sí, externa, ajena. Pero es justamente en virtud de dicha acción que se obtiene una renovada condición ética. Quien actúa construye y, con ello, pone de relieve su específica peculiaridad: “Porque sufrimos reconocemos que hemos errado”. No hay “comunidad” sin que haya el suficiente oxígeno para que los individuos puedan respirar libremente. La idea de toda posible comunidad, en el presente, necesita ser rediseñada en profundidad, superada y conservada a un tiempo.

El camino indicado para tal rediseño no puede consistir, a la manera del cómplice, en voltear la mirada ante las crueldades cometidas. Sería históricamente imperdonable un nuevo “aquí no ha pasado nada”. Quien ha actuado y transgredido no puede estar exento de culpa. No hay –y no puede haber– un “como me dé la gana” a los fines de la reconstrucción de la etcidad. Quien ha asesinado, quien ha sometido y pisoteado los derechos más elementales de los individuos; quien ha saqueado las arcas públicas para enriquecerse, y robando a los más necesitados, a los más humildes la posibilidad de satisfacer sus necesidades primarias y, con ello, su dignidad; quien ha convertido las instituciones públicas en castillos de arena frente a una voraz marejada populista, en nombre de “la comunidad”, “la patria”, “el socialismo” o vaya usted a saber en nombre de qué bochinche; quien ha quebrado las piernas y brazos al aparato productivo de la otrora nación –hoy inexistente–, no puede no asumir su responsabilidad ante la justicia. Amnistía no significa “borrón y cuenta nueva”. La reconstrucción de una sociedad de individuos libres se sustenta en la creación de instituciones sólidas y de prestigio, orgánicamente unidas con la vida ciudadana, pero, sobre todo, en la más patente presencia de la justicia. El macondismo tiene que ser finalmente remontado, a objeto de que termine de una vez la fiesta de los carnavales infinitos. Se acerca la hora del miércoles de ceniza del espíritu.

No se trata de no dar cabida al perdón. El reconocimiento de las diferencias, el derecho de disentir, es la necesidad más importante y la mayor de las garantías para el desarrollo coherente de las complejas democracias contemporáneas. No hay comunidad de verdad si no existe respeto por la infinita multiplicidad de lo diverso. Lo decía Maquiavelo: la época dorada de la Roma republicana fue la de la mayor manifestación de sus diferencias y la del respeto de las oposiciones. Pero la reconciliación no se decreta, no es una ley formal, abstracta. Los conflictos no se desvanecen por el simple hecho de hacerse la vista gorda. Por el contrario, se incrementan y se reproducen como la maleza. El perdón solo puede entrar en escena allá donde los intereses finitos ya no pueden remontarse ni negarse, cuando toca el momento histórico de restablecer la auténtica comunidad concreta. El perdón se manifiesta en los límites del reconocimiento de la moralidad y del derecho, como el intento firme de la voluntad colectiva por mantener el restablecimiento del orden de las ideas y de las cosas.

La totalidad es mucho más que la simple sumatoria de sus partes. El perdón solo puede ser el resultado del reconocimiento de la complejidad de la vida moral adecuado al cumplimiento de las leyes. Hay perdón si hay juicio y condena. Solo de ese modo se puede responder ante los límites que permean las acciones humanas y, en tal sentido, se trata de la única posibilidad cierta de una reconciliación exitosa.