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    De la moral y la ética

    De la moral y la ética por @jrherreraucv

    Hay quienes presuponen que la ética y la moral son simples sinónimos. Son, en su mayoría, quienes atienden las representaciones propias del más craso sentido común, ese que Spinoza califica como “el primer grado del conocimiento” o “el conocimiento de oídas o por medio de cualquier signo de los llamados convencionales”. Pero también “por experiencia vaga, no determinada por el entendimiento”. Son quienes desconocen el hecho de que las palabras son determinaciones de la historia, surgen en ella y en virtud de la necesidad que ella, objetivamente, impone. O lo que es igual, que la acción humana –devenida Espíritu– se impone a sí misma. Ni la historia es un anecdotario del pasado ni las palabras son flatus vocis. La historia es, siempre, y como afirma Croce, “historia contemporánea”, dado que su estudio encuentra su motivación esencial en un interés que surge en el presente, en el 'aquí y ahora'. Las palabras, por su parte, tienen sentido y significado históricos, y no pueden ser utilizadas sin ton ni son, abstractamente, es decir, indeterminadamente, sin que ello tenga consecuencias, por cierto, históricas, sociales y, en última instancia, políticas.

    Moral y ética.


    Cuando una sociedad se pregunta por temas y problemas relativos a la ética y la moral es porque, quizá sin poseer cabal conciencia de ello, está poniendo al descubierto el síntoma de sus fallas y ausencias. Se exige, se reclama, lo que no se tiene. En medio de su infelicidad, la conciencia siente que cuando los precios de los artículos de primera necesidad aumentan día a día y cada vez más, cuando las calles se inundan de basura, cuando se va la electricidad “las horas que sean necesarias” o no sale agua por el grifo, es porque hay responsables, no solo por incompetencia técnica o profesional sino, sustancialmente, porque alguien se está enriqueciendo con el sufrimiento de la población. ¿Quién responde por las desgracias de los venezolanos? ¿Quién o quiénes son los responsables de sus actuales miserias? He ahí –como se dice– un asunto que atañe directamente a cuestiones de naturaleza ética y moral.

    Pero, cuando tal exigencia se hace, no pocas veces se asume como si, quien la hace, estuviese ubicado más allá de todos los impíos y pecaminosos, como si el resto, aquellos maculados por la corrupción de cuerpo y alma, le fuesen extraños, ajenos, distintos y distantes. El dedo señala y apunta en una sola dirección: son “ellos”, los “otros”, los únicos responsables del desastre. Desde su inmaculada, reluciente e intachable vestidura de blanco perfecto, la conciencia infeliz acude al púlpito para enjuiciar, pero nunca para enjuiciarse. Denuncia y exige sin denunciarse y exigirse. Las cosas no caen del cielo. La verdad es norma de sí misma y de lo falso. No han sido pocas las veces que la historia ha convalidado un viejo argumento hegeliano: Los pueblos construyen los gobiernos que tienen. Nada sale de la nada. El único “castigo divino” está en el abandono de la educación en sentido enfático, estético, orgánico, en haberla sustituido por la simple instrumentalización, la cual, por cierto, al excluir de sus intereses la razón educativa, se hace cada vez más ignorante y mediocre. De las entrañas de esa ignorancia, de esa mediocridad, que se va propagando como la peste, surge la corrupción como modo de vida, mientras hace del colapso, el fracaso, el temor y el culto a la muerte sus mayores logros, sus elementos supremos, su satisfacción autocumplida.

    Y de aquí resulta una diferenciación fundamental entre la ética y la moral, que conviene tomar en cuenta, a la hora de establecer precisiones que trascienden las abstracciones que desbordan el actual estado de la conciencia. Cuando se dice, de la mano de la reflexión del entendimiento, que la ética es teórica mientras que la moral es práctica, o, en otros términos, que la moral es la práctica de la teoría ética, se da por supuesto que la teoría es una cosa y la práctica es otra. La moral sería el lado activo, la ética el pasivo, que unas veces se entrelazan –como las trenzas de un zapato– y otras se separan. Se olvida que no puede haber conocimiento moral –en este caso, ético– sin objeto de estudio moral, pero, además, que no puede haber objeto de estudio moral sin sujeto que lo conozca. Así como no hay individuos sin sociedad ni sociedad sin individuos, no hay ética sin moralidad ni moralidad sin ética. Como no existe sujeto sin objeto, ni teoría sin praxis. Porque, entre dichos términos existe una relación necesaria y determinante. Solo se puede conocer lo que se hace. Solo se hace lo que se puede conocer. El mismo conocimiento es, de hecho, un hacer continuo. Verum et factum convertuntur, como dice Vico.

    Que la moral y la ética no sean lo mismo y que no deban ser confundidas, o que la una no sea la supuesta aplicación práctica de la no menos supuesta teoría de la otra, no significa que su recíproco reconocimiento y adecuación no conformen los términos constitutivos de la vida humana, de la vida misma del devenir de la historia. La moralidad comporta el aspecto subjetivo de la conducta del individuo, la intencionalidad del sujeto, su disposición interior. La eticidad, en cambio, contiene el conjunto de costumbres y valores que se van efectivamente realizando en la historia, como lo son la familia, la sociedad civil y el Estado. Si bien la palabra moralis –mores– es la traducción al latín del ethikós –ethos– griego, no menos cierto es que conviene tener presente que el hecho de que las ciudades-Estado griegas enfatizaban lo social -la polis- por encima de lo individual, mientras que, viceversa, los romanos fueron los primeros en dignificar la figura del individuo y de otorgarle ciudadanía. Aristóteles habla de una “theoría ética”, no de una ética como teoría de la moral. El hecho de que ethikós derive de ethos, cuyo significado es el de costumbres, ya es indicativo de que la ética no se limita a la descripción de la conducta moral sino, más bien, versa sobre los criterios y valores que deben ser respetados por parte de los ciudadanos. En este sentido, y como sostiene Hegel, la eticidad es la idea misma de libertad, el “bien viviente” de la comunidad. No es un recetario de principios naturales o formales, previos al quehacer social, sino, justamente, la posesión en la conciencia social del saber y el querer que, mediante su actuación concreta, se constituye en realidad efectiva. La eticidad es la libertad conquistada que se ha convertido en mundo existente, en “naturaleza de la autoconsciencia”, de la que la moralidad forma parte indispensable, toda vez que en cada acto de cada individuo ella se hace objetiva. Su sustento es la educación. Es, pues, una demanda y una exigencia para todo nuevo orden que lucha por surgir de las cenizas, dejadas por la crisis, el comenzar a construir desde ya las bases firmes de una nueva ética para la consolidación de una nueva sociedad.

    Corrupción y orden social

    ¿Un nuevo orden social es posible?

    "En las épocas de corrupción caen los frutos del árbol; me refiero a los individuos, portadores de las semillas del futuro, instigadores de (…) la formación de nuevos órganos del Estado y de la sociedad". F. Nietzsche
    La corrupción hace que caigan todas las concepciones que sostienen los andamiajes sociales. Pues se introduce en la vida social e individual hasta el punto de carcomer las bases éticas, y sostener que es imposible evitarla, incluso pareciera que sólo una concepción utilitarista puede dar respuesta a una nueva configuración social.


    "En las épocas de corrupción caen los frutos del árbol; me refiero a los individuos, portadores de las semillas del futuro, instigadores de (…) la formación de nuevos órganos del Estado y de la sociedad".[1]
    En el ensayo “Nietzsche y la corrupción”[2], se ve claramente como la corrupción hace que caigan todas las concepciones que sostienen los andamiajes sociales. Pues se introduce en la vida social e individual hasta el punto de carcomer las bases éticas, y sostener que es imposible evitarla, incluso pareciera que sólo una concepción utilitarista puede dar respuesta a una nueva configuración social.
    El estado caótico en que se encuentran algunas sociedades, producto de la corrupción, disgregación social, individualismo, desdén por los principios éticos, nos llama a tratar de establecer un nuevo contrato o pacto social, a refuncionalizar la República (del Latín res = cosa, publicae = pública), los asuntos públicos que, por tener esta condición, interpela a todos los individuos que forman parte del tejido social, y la respuesta es multifacética, compleja, ideologizada y corporativa -a veces los que van en contra de esta última forma de respuesta, se agrupan y terminan siendo tan corporativistas como los que dicen contrariar-.
    Debido a la complejidad de miradas con que se analiza la realidad[3], las mismas se tendrían que precisar; además el hecho que todo ser humano anda por la vida con una postura filosófica a cuestas, aunque a veces sin ser concientes de ello, se hace necesario explicitar las distintas concepciones acerca de las bases sobre las cuales se construye una sociedad.
    En primer lugar, para poder sentar algunas bases para el establecimiento de un nuevo contrato/pacto social, deberíamos hacer explícito lo que se entiende sobre los siguientes conceptos:
    -         La condición de perfectibilidad del ser humano[4].
    -         Su condición social.
    -         La subjetividad como obstáculo y garantía de un nuevo orden social.

    - La condición de perfectibilidad del ser humano:
    El ser humano es una existencia inacabada, incompleto, está en constante perfeccionamiento. Siempre está en constante tensión entre las pasiones y las razones, entre lo que es y lo que quiere llegar a ser. Es un ser-en-el-mundo y un ser-con-el/lo-otro.
    Ser-en-el mundo: El término expresa el hecho de que la existencia no se define sólo como rebasamiento que trasciende la realidad dada en dirección de la posibilidad, sino que este sobrepasamiento es siempre sobrepasamiento de algo, está siempre situado, está aquí. Existencia, Dasein, ser-en-el-mundo, son sinónimos. Los tres conceptos indican el hecho de que el hombre está «situado» de manera dinámica, es decir, en el modo del poder ser. En la acción de estar haciendo algo la experiencia se vuelve transitiva, lo cual nos coloca en situaciones que al estar experimentando eso lo hacemos en directo y sin elucubraciones intelectuales.[5]
    Ser-con-el/lo-otro: En la construcción del yo voy elaborando una cosmovisión (mi visión del mundo), construida en el aquí/ahora con las circunstancias que me rodean, la primera relación que construyo es YO – TÚ, con los otros que me rodean, que me abrigan, que me dan afecto. Voy tomando conciencia de  mí mismo, por oposición al otro. Después le toca el turno a YO – LAS COSAS/OTRO, sobreviene la etapa del animismo: no distingo aquello que tiene vida de lo que no, de personas animales o cosas. Posteriormente la distinción entre yo – tú – otro – las cosas[6].

     - Su condición social:
    El ser humano es un animal social, gregario, necesitado de los “otros” para su desarrollo, a su vez, es esta misma condición lo que lo limita y lo interpela.
    Como grupo social construimos el mundo, nos apropiamos de una cosmovisión, que limita la acción individual.
    En el último siglo y medio, la sociedad en su conjunto ha quitado, en la concepción del hombre, la condición espiritual que nos hace persona[7], y nos queda sólo el aspecto psicofísico, considerando al ser humano como un animal superior, poseedores de razón, sentimientos, pasiones…
    Esta nueva mirada, hace que resalten especialmente estos aspectos:
    -         La voluntad de dominio, la supervivencia del más fuerte.
    -         El goce, las pasiones.
    -         Yo sobre todo lo demás.
    -         El otro como obstáculo.
    Además se profundiza la dialéctica social, ya Marx y antes Hegel consideran la conformación social como una dialéctica de dos grandes grupos:
    -         Los opresores, aquellos que son más fuertes (económica y físicamente).
    -         Los oprimidos, aquellos que para subsistir se dejan sojuzgar por los primeros, y dentro de este grupo se encuentran dos subgrupos:
    ·         los oprimidos propiamente dichos, y
    ·         los que se ponen a disposición de los que tienen poder y adscriben a su discurso (y a veces con las armas) para imponer, al resto de los mortales, la cosmovisión del más fuerte (en ocasiones declamando que lo hacen en beneficio de aquellos que son sojuzgados).
    Lo paradójico de la situación es que esta realidad se presenta independientemente de la concepción de sociedad de sus actores, todas las ideologías dominantes en la actualidad, mantienen esta estructura de poder.
    Por otra parte la realidad humana no la podemos analizar puramente desde la dialéctica, es plural, cada ser humano es único e irrepetible, por lo que podríamos agregarle infinidad de otras categorías a las mencionadas, me voy a limitar a enumerar unas cuantas:
    -         Los intelectuales que elaboran las teorías para mantener este orden.
    -         Los que adscriben a esa teoría y tratan de convencer a toda la sociedad que es la mejor solución.
    -         Los violentos que quieren imponerlas.
    -         Los que piensan distinto, y conciben la sociedad como medio para la realización plena del ser humano.
    -         Los que piensan que se puede construir una sociedad humana con el aporte de todos, salvo de las actitudes violentas de todo tipo.

    - La subjetividad como obstáculo y garantía de un nuevo orden social.
    La subjetividad e individualidad en que se mueve el mundo, hace que vivamos en una paradoja constante, ya no existen la certeza, la verdad, solo miradas, puntos de vista, interpretaciones distintas. No se pone el acento entre lo pensado y su correlato[8].
    Una paradoja surge única y exclusivamente de una ambigüedad engañosa, ya sea por casualidad o porque así se desea[9], por lo que necesita ser resuelta.
    Esta distintas miradas/interpretaciones, podrían ser una forma de construir un nuevo orden social, aprovecharlas para enriquecer, compartir, construir una sociedad mas humana, si podemos dejar de lado las ambiciones personales.
    “A los filósofos se nos llama a interpretar e interpelar la realidad, a intentar modificarla, desde las argumentaciones, y proponer futuros posibles”.

    Es así que, en segundo lugar, toda propuesta de un orden social debe estar basada en una concepción ética.
    De hecho todas las concepciones sociales lo están, así por ejemplo:
    -          El comunismo, está basado en la concepción ética que la igualdad social está por encima de otros derechos.
    -          El capitalismo, en que la libertad es el valor supremo.
    -          En la misma línea de concepción están el socialismo y el neoliberalismo, respectivamente, aunque atenuadas por los horrores del holocausto, los campos siberianos, los terrorismos de estado…
    -          Con la globalización comunicacional, queda en evidencia la gran desigualdad social; con la económica, se produce el fenómeno de aumento de pobreza en algunos lugares y descenso en otros, sin solucionar el problema; con la tecnificación, el aumento de mano de obra calificada, y la pérdida de fuentes de trabajo no idóneo, dejando fuera del sistema productivo a un tercio de la población mundial. Sin embargo los principios éticos que la inspiran es el del bienestar del ser humano, con más consumo de artículos materiales, tareas más livianas, mayor comodidad y tiempo libre para el propio desarrollo.
    -          En los últimos años ha aparecido un nuevo/viejo fenómeno, el populismo, que está basado en la ética, producto de una concepción nihilista, que el “otro” es el que me limita, como individuo o sociedad, que en otras palabras es “el otro es el enemigo” aunque a veces disfrazado considerándolo como sujeto que lo encumbra como poseedor de atributos: derechos, libertad, sentimientos, pasiones…, a su vez esta misma concepción deja librado a la subjetividad, del resto de los mortales, su aceptación. Se culpa al otro (otras sociedades, etnias, corporaciones, religiones) de todo lo malo que nos sucede.

    De donde se desprende que, en tercer lugar, hay que tener en cuenta algunos valores éticos para dar nueva forma a la organización social, propongo los siguientes.

    -          Ευδαιμονία: (Eudaimonía): Felicidad.
    Toda acción humana está orientada a la felicidad, la buscamos en cada ocasión, aunque no sepamos de qué se trata. Según Aristóteles: la felicidad es la finalidad del ser humano y consiste en el desarrollo de sus aspectos más nobles, inteligencia y voluntad (espíritu). Para los estoicos, es la Ataraxia: tranquilidad del espíritu. Si unificamos ambos conceptos podríamos decir que la felicidad es “la tranquilidad que se logra por el desarrollo de las cualidades propias del ser humano”
    -          Αρετή: (areté) Virtud
    Virtud: cualidad positiva que permite producir ciertos efectos. Existen distintos usos del término vinculado a la fuerza, la valentía, el poder de obrar, la eficacia de una acción o cosa, la integridad del ánimo.
    Así, por ejemplo la virtud de la fuerza, nos permite levantar pesos; la valentía, enfrentar un peligro; el poder de obrar, el desarrollo de la tecnología y la ciencia; la eficacia de un remedio para curar o aliviar una enfermedad; la integridad del ánimo, superar momentos difíciles.
    Virtuosidad: Dominio y perfección propia de un arte o una técnica. Habilidad para superar dificultades y evitar consecuencias negativas.
    En cambio la virtuosidad nos permite al levantar un peso, no lastimarnos; al enfrentar un peligro saber si está o no más allá de nuestras posibilidades; el uso adecuado de la tecnología y la ciencia y le da orientación al hacer para mejorar las condiciones de vida de la humanidad, etc.
    Uniendo ambos conceptos podemos intuir que es necesario realizar un camino de esfuerzo y constancia para desarrollar una cualidad, el poder de obrar, convirtiéndola en una habilidad que nos permita producir ciertos cambios para superar las dificultades, evitando consecuencias negativas.
    -          Bien común:
    Toda organización social se construye sobre la base del bien común, (aunque sean pocos los beneficiados de ese bien).
    Para poder comprender mejor el concepto hay que distinguirlo de bienestar general: éste considera que los bienes materiales se puedan distribuir entre el conjunto de la sociedad (aunque se permite que algunos queden afuera de esa distribución).
    El Bien Común incluye lo anterior y lo trasciende, pues es crear las condiciones materiales y culturales para que cada ser humano, de todas las condiciones sociales, no sólo tengan lo indispensable para sus necesidades, sino que además puedan desarrollarse en plenitud desde su propia cosmovisión.
    -          Justicia:
    Principio moral que inclina a obrar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde.
    Es un conjunto de valores esenciales sobre los cuales debe basarse una sociedad y el Estado, estos valores son; el respeto, la equidad, la igualdad y la libertad.
    En sentido positivo es el conjunto de normas codificadas en función del bien común.
    -          Justicia social:
    La justicia social se refiere a las nociones fundamentales de igualdad de oportunidades y de derechos humanos, más allá del concepto tradicional de justicia legal. Está basada en la equidad y es imprescindible para que los individuos puedan desarrollar su máximo potencial…[10]
    Además hay que tener en cuenta que “existe una correlación positiva entre la pobreza, la miseria y el crimen”.
    -          Equidad:
    Igualdad de ánimo. Propensión a dejarse guiar por el sentimiento del deber. Justicia natural, por oposición a justicia legal. Cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece o necesita por sus méritos o condiciones[11].
    -          Cooperación:
    La cooperación es el resultado de una estrategia aplicada al objetivo (lo que se quiere lograr) desarrollado por grupos de personas o instituciones que comparten un mismo interés u objetivo. En este proceso generalmente son empleados métodos colaborativos y asociativos que facilitan la consecución de la meta común. La cooperación ha sido estudiada desde diferentes campos disciplinarios: las matemáticas, las ciencias políticas, la biología, la ecología, la antropología, etc.
    Desde la Ecología se establece que corresponde a una relación interna específica de colaboración para la obtención de un objetivo común de una población, como la protección o la cacería. Entendiéndose población como el conjunto de individuos de una misma especie, ubicada en un área determinada[12].
    En síntesis: es colaboración para la obtención de un objetivo común de una sociedad, entendiendo que aquél es el bien común.
    -          Solidaridad:
    La solidaridad es un valor por excelencia que se caracteriza por la colaboración mutua que existe entre los individuos, lo que sin duda permite lograr la superación de los más terribles desastres, como guerras, pestes, enfermedades, entre otros, aplicarlo también con nuestros familiares, amigos y/o conocidos que se encuentren en situaciones difíciles y con la ayuda recibida permita salir adelante y mejorar en cierto modo la situación.
    La solidaridad entre los seres vivos permite resistir las adversidades que se presenta a lo largo de la vida. La persona solidaria no duda en colaborar y apoyar a todos aquellos individuos que se encuentran en situaciones desfavorecidas, lo que permite distinguirse de las personas indiferentes, egoístas ante sus compañeros.
    Es importante fomentar la solidaridad desde la infancia ya que puede ser vista como la base de otros valores humanos que logra desarrollar valiosas relaciones de amistad, familiares y/o sociales basadas en la ayuda, apoyo, respeto y tolerancia[13].
    Por último un concepto que se ha dejado de lado en pos de la individualidad: “es el otro el que me constituye como ser humano”.
    “Nadie es una isla, autónomo e independiente de los demás: solamente podemos construir el futuro juntos, sin excluir a nadie”.[14]
    Hay una frase que se dice por estos lugares, “la patria es el otro”, pero quién es ese otro, y la respuesta es subjetiva, sólo yo determino quien es ese “otro”. 
    El otro como sujeto es una construcción social que lo encumbra como poseedor de atributos: derechos, sentimientos, pasiones, libertad…, a su vez esta misma concepción deja librado a la subjetividad, del resto de los seres humanos, su aceptación como otro. Cuando lo objetivamos, cuando lo convertimos en un tú, permitimos que nos interpele, que lo tratemos como otro, es ese momento que comienzo a constituirme como ser humano y constituyo al “otro” como ser humano.



    [1] F. Nietzsche, La gaya ciencia.
    [7] Lo espiritual en el ser humano, está dado por su carácter de trascente. Ver http://www.microfilosofia.com/2017/04/el-yo-como-conciencia-de-si-mismo-nem.html
    [8] La verdad es la conformidad de la relación pensada con la situación objetiva.
    [9] Isaac Asimov
    [10] www.enredate.org/cas/educacion_para_el_desarrollo/justicia_social
    [11] Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
    [12] https://es.wikipedia.org/wiki/Cooperaci%C3%B3n
    [13] https://www.significados.com/solidaridad/

    La posibilidad del ¨orden social¨ según Marx, Habermas y Rawls





                            1. La pregunta por la posibilidad del orden social.

       Por qué la pregunta sobre la posibilidad del orden. Qué problema subyace a la pregunta por el orden. La misma ha tenido a lo largo de la historia de la filosofía política una multiplicidad de respuesta entre las cuales intentaré dar un muy breve panorama; sin embargo, por el momento, me gustaría limitarme a la posibilidad de la pregunta por el orden. La pregunta nos permite tomar nota de algunos aspectos que hacen a su posibilidad sin ser por ello respuestas a la misma, veamos cuales:


    • -          no hay correspondencia entre los intereses individuales y generales
    • -          se pone en evidencia la necesidad de encontrar un nuevo orden social

    • -          La pregunta es producto también de un largo proceso de desintegración y crisis permanente que tiene lugar en la antigüedad y atraviesa sucesivas etapas de ruptura y repliegue del individuo sobre sí mismo que se manifiestan con mayor claridad en la modernidad y se traduce en la pregunta de: cómo establecer un orden social.

       Entonces la pregunta ha sido formulada y reformulada a lo largo de toda la historia del pensamiento de la filosofía política con diferencia de matices y con respuestas propias de las coyunturas históricas. Sin embargo, según el sociólogo  Talcott Parsons (1902-1979) fue Thomas Hobbes (1588-1679) el que desarrolló su teoría partiendo de la pregunta: cómo es posible el orden social? Porque la pregunta por el orden social apunta a dar respuesta y solución al problema de la integración de los individuos en las organizaciones sociales. Recordemos el primer ítems de la posibilidad de la pregunta: no hay correspondencia entre los intereses individuales y generales, lo cual conduce a suponer la necesidad de encontrar un nuevo orden social que concilie este antagonismo estableciendo un nuevo orden social, segundo ítems, y la respuesta de Hobbes, como la mayoría que brindan los filósofos, responde a un problema que nace con la disolución entre los intereses individuales y colectivos, presente en la polis griega(noción de comunidad), que encuentra su punto de quiebre más notorio en la modernidad.  Contraposición que se usa para explicar los problemas, conflictos y situaciones de nuestra sociedades compleja. La sociedad civil por un lado y la sociedad política por el otro. La respuesta a este problema será la teoría del contrato social.

                                         2. Las teorías del contrato social

       El pensamiento centrado en el individuo entra en conflicto con la realidad del poder político en la modernidad. El derecho a la libertad individual choca con el poder absoluto de un poder político sin justificación, de esta manera las teorías del contrato social intentaran conciliar esta oposición entre individuo y estado, ente la sociedad civil y la sociedad política. Así, la teoría del contrato social está presente en la mayoría de los filósofos de la modernidad, por supuesto, con variedad de matices; sin embargo el denominador común es que a través de la razón es posible llegar a un gobierno justo. Pero qué es el contrato social? El contrato social no es sino el reconocimiento de que no es posible ya regresar al paraíso natural poblado por salvajes buenos, como pensaba Rousseau, por lo tanto hay que construir una sociedad racional en la que el despotismo de los ricos y poderosos sea sustituido por un pacto de igualdad. Es muy importante tener en cuenta que todos los teóricos del contrato social proyectan un orden bueno y justo, que será fruto de eso que Kant (1724-1804) llamará la ¨buena voluntad¨ de los hombres. Por lo tanto es necesario que el individuo sustituya el interés individual por el general, es decir, las voluntades individuales deben ser capaces de encolumnarse detrás de una voluntad general.

       Por lo tanto la teoría del contrato social intentará conciliar lo individual con lo social porque ambos forman un conjunto indisoluble, de tal forma que la sociedad es obra de las voluntades individuales, y las voluntades individuales son una construcción social. El problema está en que la filosofía simplifica y subraya sólo uno de estos aspectos omitiendo el otro imposibilitando así obtener una visión de conjunto global.

                                                   3. Marx crítico radical

       Para comprender el alcance de la crítica de Marx es necesario antes repasar muy brevemente un antecedente histórico filosófico sin el cual no se entiende nada. Estoy haciendo referencia a Hegel y su intento de conciliar la antinomia que venimos viendo a lo lago de la presente exposición.

       Ahora bien, para Hegel la Sociedad Civil y la Sociedad política no son ámbitos opuestos. La primera se rige por las pasiones mientras que la segunda está dominada por la razón. De esta manera Hegel cree encontrar el punto de reconciliación a través de la sociedad política o Estado por ser racional porque el Estado representa lo racional en sí y para sí. El Estado es el punto que aglutina el espíritu nacional de los diversos reinos y principados alemanes, téngase en cuenta que Alemania como Estado estaba en pleno proceso de reunificación nacional y de conformación que culminará con la unificación del Estado prusiano. Así el Estado es la identificación con la patria y la nación.

        La crítica de Marx apunta al corazón del andamiaje hegeliano: el estado no es la reconciliación. Porque ningún Estado a lo largo de la historia ha logrado ser la representación universal y esto es así porque en una sociedad donde las relaciones de producción son profundamente desiguales, el Estado no es más que el reflejo de los intereses del sector dominante. Es decir, mientras subsistan las estructuras económicas capitalistas y la división de clases consecuencia de la misma, los aparatos del estado servirán sólo para mantener y consolidar la desigualdad. Pero Marx intenta ir más allá de la crítica para poder establecer un orden alternativo, es decir, la posibilidad de fundar un nuevo orden social. De esto nos ocuparemos a continuación.


                                    4. La posibilidad del orden social según Marx

       Cómo es posible establecer el orden social según Marx? No es una pregunta sencilla de responder dada la complejidad del autor que aquí nos convoca pero intentaré dar alguna respuesta. Vimos la crítica radical, ahora es momento de exponer el modo de superación y la posibilidad de establecer un orden social nuevo. Pero cómo? Con la desaparición del sistema capitalista. Sin la desaparición de este sistema económico es imposible la posibilidad de instaurar un orden nuevo. Porque en las democracias burguesas el Estado no sirve a los intereses de todos los ciudadanos porque el mismo poder económico se lo impide consecuencia de la división social y sus respectivos intereses contrapuestos. Para terminar con la  desigualdad es necesario que el sistema capitalista desaparezca, que por otro lado está destinado a desaparecer, según nuestro autor, producto de sus propias contradicciones. Para instaurar la igualdad la sociedad debe avanzar hacia el comunismo pero antes habrá de pasar por una fase intermedia que el autor llama: la dictadura del proletariado o control democrático del estado y la sociedad para luego poder dar lugar a una sociedad sin clases. En Marx, este recorrido histórico es necesariamente inevitable porque la historia está regida por leyes que permiten el avance de la misma por medio de sus contradicciones hasta la síntesis o telos final: la sociedad comunista. De esta manera, partiendo de la crítica radical, se desplaza Marx,  a la posibilidad de establecer un nuevo orden social.

                     5. La posibilidad del orden social según Habermas y Rawls

       Desde medios del siglo XX confluyen en el pensamiento de la filosofía política por un lado los epígonos de las filosofías críticas y por el otro la única doctrina ético política aún en pie: el utilitarismo(idea básica de utilitarismo: la moralidad de cualquier acción o ley viene definida por su utilidad para los seres en conjunto). Estas corrientes representan un retorno a la filosofía trascendental: es decir a toda condición no empírica de la posibilidad de los objetos. Es decir que hay un regreso a Kant para recomponer la filosofía política. De esta manera, Habermas y John Rawls representan el retorno a una filosofía trascendental pero que también se pregunta por el orden político y apuntan a una propuesta normativa.

       La propuesta de Habermas sobre el orden social se basa en la realidad de la comunicación. La realidad específica humana se fundamenta en la capacidad de comunicarse con sus semejantes. Pero cuál es el fin de la comunicación? Es la de establecer la posibilidad de llegar a un consenso. Es decir que la normatividad, todo aquello que debe ordenar la vida en comunidad, radica en las normas. La posibilidad del orden social radica en la necesidad de las normas comunes que deben estar orientadas racionalmente. Pero cómo: a través del mismo lenguaje y de la comunicación que son los medios que hacen posible el diálogo y acercan a consensos racionales. Por ello la comunicación debe respetar las condiciones de comunicación ideal, que Habermas denomina como: comunidad ideal del diálogo. La comunidad ideal del diálogo debe entenderse como un ideal y perfecta, donde todo individuo tenga el derecho a hablar en igualdad de condiciones y evitar mediante ésta el desacuerdo sobre las normas fundamentales que deben regular la vida en común. Así como Kant pensaba que en el reino de los fines sobraría el imperativo categórico, no haría falta porque todos los seres se moverían sólo por impulsos raciones, buenos y correctos, así ocurre con esta comunidad ideal proyectada por Habermas. La misma es la condición de la convivencia racional cuya orientación son los valores éticos.

       John Rawls retoma las teorías del contrato como fundamento de una filosofía política que acepta el capitalismo y propone como modelo de justicia el estado interventor. Rawls defiende:


    • -          Principio de libertad para todos
    • -          Igualdad de oportunidades orientada a mejorar la situación de los más pobre

       En síntesis, esto son los principios que estructuran el estado de bienestar. ¿Pero cómo se pone en práctica este estado de bienestar, cuál es la posibilidad de establecer un orden social basado en estos principios que los sostienen? Pues a través de un Pacto Hipotético Originario. Según Rawls, todos los seres humanos que viven en ¨sociedades bien ordenadas¨ aceptan este pacto porque tienen a la justicia como horizonte y como fin, es decir, tienen los mismos principios de justicia. Seré breve: A lo que punta nuestro autor es a partir de una idea de contrato para establecer una teoría normativa que fundamente el estado de bienestar cuya norma es procurar el bienestar de todos siendo la medida de ese bienestar unos principios éticos políticos que han de imponerse a la realidad. Esta es en síntesis la propuesta de orden social en Rawls.

    A modo de conclusión:

       Todos los esfuerzos por conciliar al individuo y a la sociedad no satisfacen. El orden social no responde a una dinámica unitaria. Las parcialidades no son más que lecturas recortadas de fenómenos complejos donde la diversidad hace imposible la aprehensión de la misma en una teoría. Los esfuerzos de los filósofos hasta el momento no parecen convencer, ni la mirada parcial de uno de esto elementos, ni la unificación ¨metafísica¨ a través de un contrato arbitrario como tampoco la crítica radical nos ha permitido lograr superar las problemáticas de las coyunturas de estos autores que se extiende hasta nuestros días. Entonces qué? Escepticismo? No, nada de eso. Pensar y encontrar en nosotros mismos nuestro propio decir, desde las lecturas que realizamos, desde nuestra realidad personal, para poder así, quizá en algún momento lejano, expresar con nuestras propias palabras lo que ahora no sabemos cómo decirlo.