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Karl Marx: Exposición de la exigencia de la filosofía como negación.

Lectura de Karl Marx en la introducción de Filosofía del Derecho de Hegel.


La Filosofía alemana del Derecho y del Estado es la única historia alemana que está a la par con el tiempo oficial moderno. El pueblo alemán debe por eso ajustar éste su sueño de historia a sus actuales condiciones y someter a la crítica no sólo estas condiciones presentes sino también su abstracta continuación. Su porvenir no se puede limitar ni a la inmediata negación de sus condiciones reales, ni a la inmediata realización de sus condiciones ideales, políticas y jurídicas, puesto que en sus condiciones ideales está la negación inmediata de sus condiciones reales y ya ha vivido como para haber visto, entre los pueblos vecinos, la inmediata realización de sus condiciones ideales. 

Por eso, de derecho, la parte político-práctica en Alemania exige la negación de la filosofía. Su carcoma no reside ya en esta exigencia, sino en detenerse en ella, a la que no traduce seriamente ni puede llevar a la práctica. Ella cree resolver esta negación con volver la espalda a la filosofía y torciendo la cabeza murmurar acerca de ella algunas frases coléricas y superficiales. La estrechez de su horizonte no cuenta a la filosofía, ni siquiera en el ámbito de la realidad alemana, o la estima por debajo de la praxis alemana y de las doctrinas inherentes a éstas. Vosotros queréis que os tomen los movimientos de un germen real de vida, pero olvidais que el germen real de vida del pueblo alemán ha fructificado sólo bajo su bóveda craneana. En una palabra: Vosotros no podéis suprimir la filosofía sin realizarla. 

En el mismo error, sólo que con factores invertidos, incurre la parte política teórica que extraía movimientos de la filosofía. Ella vio en la lucha actual sólo la lucha crítica de la filosofía con el mundo alemán; no ha considerado que la filosofía hasta hoy pertenece a este mundo y es su complemento ideal, sea como fuere. 

Crítica hacia la parte adversaria, ella en este punto nos conducía sin crítica respecto a sí misma, mientras tomaba las bases de las premisas de la filosofía y se detenía en los resultados obtenidos, o bien daba como exigencias y resultados inmediatos de la filosofía, exigencias y resultados percibidos por otro conducto; también aquéllos —establecida su exactitud—, se pueden sostener, sin embargo, sólo mediante la negación de la filosofía profesada hasta ahora, de la filosofía como filosofía. Nosotros nos reservamos un designio más profundo en este punto. Su falta fundamental se reduce a creer poder realizar la filosofía sin negarla. 

La crítica de la filosofía del Derecho y del Estado, que
por obra de Hegel ha tenido la más consecuente, rica y última consideración, es lo uno y lo otro —tanto el análisis crítico del Estado y de la realidad vinculada a él, cuanto la decidida negación de toda forma seguida hasta nosotros de la conciencia política y jurídica alemana, cuya expresión más noble, más universal, elevada a ciencia, es precisamente la filosofía del derecho especulativo. Si sólo en Alemania era posible la filosofía del derecho especulativo, este abstracto, exuberante pensamiento del Estado moderno cuya realidad perdura más allá, este más allá puede hallarse también sólo allende el Rhin. Igualmente, el pensamiento alemán de llegar al concepto de Estado moderno abstrayendo del hombre real, por más que anormal, sólo era posible porque y en cuanto el mismo Estado moderno hace abstracción del hombre real y responde a los planes del hombre total, no dividido de un modo imaginario. 

Los alemanes han pensado lo que los otros pueblos han hecho. Alemania ha sido su conciencia teórica. La abstracción y elevación de su pensamiento marcharon siempre a igual paso con la unilateralidad y la humildad de su vida real. Por lo tanto, si el statu quo del Estado alemán expresa la conclusión del antiguo régimen, la transformación de leña en carne del Estado moderno, el statu quo de la ciencia alemana del Estado expresa el incumplimiento del Estado moderno, el deshacerse de su propia carne. 

Ya, como decidida contraposición a la forma hasta ahora conocida de la conciencia práctica alemana, la crítica de la filosofía del derecho especulativo no va a terminar en sí misma, sino en un problema para cuya solución sólo hay un medio: la praxis. 

Se pregunta: ¿puede Alemania llegar a una praxis, a la hauteur des principes, esto es, a una revolución que la eleve no sólo ai nivel oficial de los pueblos sino a la elevación humana que instituirá el porvenir próximo de estos pueblos? 

El arma de la crítica no puede soportar evidentemente
la crítica de las armas; la fuerza material debe ser superada por la fuerza material; pero también la teoría llega a ser fuerza material apenas se enseñorea de las masas.. 

La teoría es capaz de adueñarse de las masas apenas se muestra ad hominem, y se muestra ad hoTninem apenas se convierte en radical. Ser radical significa atacar las cuestiones en la raíz. La prueba evidente del radicalismo de la teoría alemana y, por lo tanto, de su energía práctica, es hacer que tome como punto de partida la cortante, positiva eliminación de la religión. 

La crítica de la religión culmina en la doctrina de que el hombre sea lo más alto para el hombre; en consecuencia, en el imperativo categórico de subvenir a todas las relacionas en las cuales el hombre es un ser envilecido, humillado, abandonado, despreciado; relaciones que no se pueden delinear mejor que con la exclamación de un francés a propósito de un proyecto de impuestos sobre los perros: "¡Pobres perros! ¡Os quieren tratar como hombres!".

También desde el punto de vista histórico la emancipación teórica tiene una importancia específica práctica para Alemania. El pasado revolucionario de Alemania es justamente teórico: es la Reforma:. Como entonces el monje, ahora el filósofo en cuyo cerebro se inicia la revolución. 

Lutero ha vencido la servidumbre fundada en la devocien, porque ha colocado en su puesto a la servidumbre fundada sobre la convicción. Ha infringido la fe en la autoridad, porque ha restaurado la autoridad de la fe. Ha transformado los clérigos en laicos, porque ha convertido los laicos en clérigos. Ha liberado al hombre de la religiosidad extema, porque ha recluido la religiosidad en la intimidad del hombre. Ha emancipado al cuerpo de las cadenas porque ha encadenado al sentimiento. 

Pero si al protestantismo no le importaba verdaderamente desligar, le interesaba poner en su justo pimto al problema. No era más necesaria la lucha del laico con el clérigo fuera de él; importaba la lucha con su propio clérigo íntimo, con su naturaleza sacerdotal. Y, si la transformación protestante de laicos alemanes en curas, emancipó a los papas laicos, a los príncipes jvmto a su cortejo, a los privilegiados y a los füisteos, la transformación filosófica de sectarios alemanes en hombres emancipará al pueblo. Pero como la emancipación no prendió entre los príncipes, así no pudo durar la secularización de bienes cumplida con la expoliación de las iglesias, que la hipócrita Prusia había puesto en obra antes que todos los otros Estados. Entonces, la guerra de campesinos, el acontecimiento más readical de la historia alemana, fué a romperse contra la teología. Hoy, el acontecimiento más servil de la historia alemana, en el cual la misma teología ha naufragado, nuestro statu quo irá a destrozarse contra la filosofía.

 El día antes de la Reforma, la Alemania oficial era la
sierva más completa de Roma. El día antes de su revolución es la sierva más absoluta de algo bastante inferior a Roma: de Prusia y de Austria, de krautjunker y de filisteos.

En tanto parece que una dificultad capital se opone a
una radical revolución alemana. 

Las revoluciones tienen necesidad especialmente de un
elemento receptivo, de tma base material. La teoría en un pueblo alcanza a realizarse, en tanto cuanto se trata de la realización de sus necesidades. Ahora, a la enorme disidencia entre las preguntas del pensamiento alemán y las respuestas de la realidad alemana, ¿corresponde una igual disidencia de la sociedad burguesa con el Estado y consigo mismo?.

¿Las necesidades teóricas constituyen inmediatas exigencias prácticas? No basta que el pensamiento impulse hacia la realización; la misma realidad debe acercarse al pensamiento.


Pero Alemania no ha llegado ascendiendo por los grados medios de la emancipación política, lo mismo que los pueblos modernos. Aun los grados, que teóricamente ha superado, prácticamente no los ha alcanzado todavía. ¿Cómo podría con un salto mortal no sólo dejar atrás tales obstáculos propios, sino al mismo tiempo aquellos de los pueblos modernos, los límites que en realidad debe aún disputar y sentir como liberación de sus reales barreras? Una revolución radical sólo puede ser la revolución de necesidades radicales de las cviales parecen fallar igualmente las premisas y las sedes propicias a su resurgimiento. 


Pero, si Alemania ha seguido la evolución de los pueblos modernos sólo con la abstracta actividad del pensamiento, sin tomar una parte material en los esfuerzos reales de esa evolución, por otro lado comparte los dolores de esa evolución sin participar en sus placeres, sin sus placeres, sin su parcial satisfacción. A la actividad abstracta, por un lado, responde el sufrimiento abstracto por otro. Por eso, Alemania se hallará un buen día al nivel de la decadencia europea, antes de haberse encontrado al nivel de la emancipación europea. Se podrá parangonar a un prosélito del fetichismo que perece de la enfermedad del cristianismo.

El legado

El legado por @jrherreraucv

Lo que es cierto no necesariamente coincide con lo que es verdadero. Una verdad “pura” e indiferenciada, universal-abstracta, ahistórica, no es verdadera. Pero, de igual modo, una determinada certeza que pretenda, a partir de sus hallazgos particulares, por más pulcros que estos puedan ser, presentarse como la verdad indiscutible, no es más que una presunción, un vanidoso prejuicio. La diferencia –pero también el reconocimiento recíproco– que se presenta entre lo uno y lo otro depende de la conciencia de la historicidad que se pueda ser capaz de conquistar. De hecho, la filosofía tiene la tarea de reconducir –ordo et conectio– lo cierto a lo verdadero, y viceversa, en el tiempo, cabe decir, de historizarlo, de develarlo en su concreción como hecho –factum– histórico, como “actividad sensitiva humana”, como praxis continua.


Se trata de la adecuación, en medio de las radicales transformaciones provocadas por la profunda crisis de la cultura contemporánea, nada menos que del orden de las ideas (verum) y de la incontenible multiplicidad de cogniciones de las experiencias fenoménicas (certum). Adecuación que permite alcanzar una comprensión transparente “del presente y de lo real”, no sometida a los dogmas ni a los “principios supremos” sobrepuestos y sobrentendidos a las instancias de lo específico, sino del diálogo tolerante, continuo y fluido de lo universal y de lo particular. Diálogo, en fin, lo suficientemente capaz de producir la conformación de una nueva concepción de la historia y, con ella, de un nuevo consenso, una nueva eticidad, para el “aquí y ahora”.

En este mismo sentido, concebir la representación de un “legado” como verdad o como certeza absolutas e indiscutibles –en realidad, abstractas– es un fraude, una mentira repetida hasta el hastío, con el objetivo de transmutarla en “revelación divina”. Enseñanza brotada de las insanias mentales de un Joseph Goebbels, quien, no por mera casualidad, fuera ministro de la confusión entre la “Ilustración Pública” y la “Propaganda” del Tercer Reich. Terminada la guerra, el Ejército Rojo de Stalin ocupó la parte oriental de Alemania y reclutó a los expertos en publicidad nazi, poniéndolos a su servicio en el diseño de sus “verdades” y “certezas”. Más tarde, esos auténticos laboratorios de torsión y retorsión pasarían a formar parte del modo característico de hacer política en la Cuba de los Castro. Y, con el actual dominio castrista de Venezuela, las viejas prácticas fascistoides, ese empeño desmesurado, cínico, por voltear certezas hasta hacerlas devenir verdad, ha terminado por convertirse, tal vez, en la más importante de las políticas de un Estado que, hace ya mucho tiempo, dejó de ser un Estado para convertirse en un cartel.

Venezuela ya no es un Estado. Por Estado no debe comprenderse exclusivamente la existencia de los llamados “poderes públicos”, es decir, la existencia de los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Ciudadano, los mismos que este gang hace tiempo secuestró. Estado es mucho más que eso: es la compleja y rica adecuación de la sociedad política con la sociedad civil. Tal adecuación ya no existe. Desde que el régimen se propuso asfixiar a la sociedad civil, condenar el desarrollo de la producción de riquezas, criminalizar el bienestar de la sociedad, la educación, la salud y la seguridad social y ciudadana; desde que impusiera la amenaza, la coerción y la humillación de toda la sociedad como “plan”, la fuerza bruta y la “equidad” de la hambruna y la miseria; desde que hiciera del atropello y el crimen el modo de ser “patriota”; desde que el lenguaje oficial se hizo malandro y mediocre y los antivalores fueran transformados en valores, con su versión banal, mutilada y ridícula de la historia; desde que implantó esta inmensa, infinita, pobreza espiritual; desde que se decidió que los intereses de un grupito exclusivo, al servicio de los Castro, estuviese por encima de los intereses fundamentales de todo un país. En fin, desde ese instante, Venezuela dejó de ser un Estado. Por supuesto que, y como consecuencia directa de lo anterior, tampoco es una república soberana, independiente y, mucho menos, democrática. Venezuela es un territorio en el que impera la violencia, secuestrada por una mafia, tal como lo está Cuba. El único “legado” que ha dejado este régimen es la barbarie.

La acción de “legar” –¡eso es un legado!–, o más específicamente, el pretender transmitir a las nuevas generaciones lo peor del país, la truhanidad, la trampa, la deshonestidad, la piratería, el robo, el asesinato, la violencia, la venganza, el resentimiento y la más crasa ignorancia, con el premeditado propósito de someter la civilidad, de impedir a toda costa el triunfo de la razón, la libertad y el progreso, no se puede concebir como un legado sino como una vergüenza, una ignominia a la que, tarde o temprano, tendrán que responder ante los órganos de justicia correspondientes. ¿Puede llamarse “legado” el cuatrerismo de Boves, las pulperadas de Zamora, los desfalcos y atrocidades de los Monagas o del Cabito Castro? ¿Qué pensar de los dictadorzuelos que –precursores de Hitler, Stalin, Mussolini o Franco– durante años hicieron del país su hacienda personal, sosteniendo sus lustradas botas militares sobre las espaldas de un país en ruinas?

Como dice Hegel en la Filosofía del Derecho, “el bárbaro es perezoso y se distingue del cultivado en que se empolla en la estupidez”. La historia de estas certezas, llenas de audaces Carujos, habituados a las tropelías, los mazazos y empujones, quizá forme la parte lamentable de este ser social; pero esa no es su historia completa, la historia de la verdad de una sociedad que con el ingenio de David, más que con la fuerza bruta de Goliat, ha contribuido a liberar naciones, ha sido partícipe del desarrollo de la ciencia y la tecnología contemporáneas, ha colocado su talento por encima de las más duras adversidades. Esta civilidad nada tiene que envidiar a nadie y de nadie puede sentirse inferior. El “¿quién dijo miedo?” es adagio de este pueblo. El “si la naturaleza se opone” implica mucho más que la referencia a una tormenta o a un terremoto. Implica tomar el propio destino por los cuernos hasta doblegar al opresor. Ese es el auténtico legado de los hombres y mujeres comprometidos con el reto de restituir los valores de su democracia. Quod est in votis.

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/legado_191524

Hegel: La unidad del concepto en la Filosofía del Derecho

¨Lo que es racional es real y lo que es real es racional¨



Hegel representa en la filosofía el último gran esfuerzo por superar la fisura establecida en la modernidad, la misma va de Descartes a Kant. La escisión supone un sujeto por un lado y a la realidad por el otro. Dualismo sujeto-objeto. Pero el punto de inflexión será Kant. Para quien la razón queda sujeta a la empíria al trabajar sobra la base de la síntesis de la apercepción; la razón opera desde la sensibilidad de la estética trascendental sobre la forma del aparato categorial del entendimiento en la constitución del fenómeno dentro del marco espacio temporal del sujeto.

Cito de memoria: ¨Todo conocimiento comienza por la experiencia¨ Así, la razón no puede ir más allá de la sensibilidad, por lo tanto se pierde en antinomias cuando la base empírica está ausente; de este modo: dios, la libertad y el alma carecen de sustancialidad, es decir, quedan fuera de toda posibilidad de conocimiento, se limitan al ámbito especulativo, abstracciones-necesarias y universales- en las cuales la razón se pierde. Cuando parecía imposible superar la fisura y establecer un sistema que diera cuenta del todo, de la unidad del concepto; Hegel, emprende la tarea titánica de conformar dicha unidad y dar cuenta de una filosofía que abarque la totalidad de lo real y superar así la contradicción entre lo subjetivo y lo objetivo. Cómo. Pues bien, dar cuenta de la unidad del concepto desde la filosofía del derecho será la tare a continuación. Mi método de trabajo será expositivo. Iré exponiendo los aspectos centrales del texto citado, comentando y emitiendo juicios de carácter personal productos de mi trabajo de lectura. 

 Las determinaciones del concepto son: el derecho privado-moral-familia-sociedad civil-Estado-Historia Universal. Cada uno de los momentos del concepto expresa la manifestación empírica y el desarrollo necesario de la historia. Es decir que desde el concepto se produce la materia que se expresa como la autodeterminación de los sujetos particulares que se desarrolla en el movimiento dinámico a través de los distintos procesos históricos. De este modo las determinaciones del concepto no hacen más que explicitar la dinámica de las conciencias que realizan los pueblos. Lo cual supone un desarrollo necesario en el cual lo indeterminado genera su propia determinación. Lo indeterminado en tanto momento abstracto positivo hace posible el devenir histórico al generar desde sí su propia determinación negativa que surge de la actividad del pensamiento. La dinámica establece como transito necesario el momento de la identidad de los opuestos: el ser en sí y el para sí en la unidad del ser. Con lo cual los procesos históricos además de necesarios es negativo, condición que presupone la superación de lo abstracto en la determinación concreta pero conteniendo en sí el momento anterior. Por ende: teleológico. Momento en que lo real se sabe a sí mismo y se sabe como momento del Saber Absoluto. Qué busca Hegel con todo este andamiaje conceptual? Simple: Deducir leyes especulativas que den cuenta de los procesos históricos objetivos. Pero por qué es eso posible? Porque la dialéctica es la formulación de la identidad entre sujeto y sustancia. Es decir que el concepto se realiza y al hacerlo la realidad es subjetivada. Más simple: Ser y Pensar se corresponden.

Hegel dice:

La dialéctica superior del concepto consiste en producir y concebir la determinación no simplemente como límite opuesto, sino producir y concebir desde él el contenido positivo y el resultado en cuanto solamente así es desarrollo y progreso inmanente. Esta dialéctica no es, pues, el hacer externo de un pensar subjetivo, sino el alma propia del contenido, que hace brotar orgánicamente sus ramas y frutos. El pensar, en cuanto subjetivo, ve este desarrollo de la idea como actividad propia de su razón, sin añadir nada de su parte. Considerar algo racionalmente no significa traer una razón desde afuera para el objeto y elaborarlo de ese modo, sino que el objeto es racional para sí mismo. Aquí es el espíritu en su libertad la más alta cumbre para la razón autoconsciente la que se da realidad y se engendra como mundo existente. La ciencia sólo tiene el oficio de traer a conciencia ese trabajo propio de la razón de la cosa.


 Como puede apreciarse la simplificación de la dialéctica en tesis-antítesis-síntesis es otra de los tantos reduccionismos que se hace injustamente en filosofía. En ningún momento de la presente obra se expresa esta formula común en la filosofía en su versión de manual. Ahora bien, retomando la exposición; qué quiere decir todo esto. Lo que explicitamos hace un momento. Es decir que la propiedad privada, la familia, la sociedad civil, la justicia, son determinaciones del concepto de libertad. Dicho de otro modo, manifestaciones empíricas de los distintos procesos históricos del hombre que surgen a través de la negación de la conciencia; no hay una realidad por un lado y un sujeto por el otro, el cual haría uso de algo así llamado ¨método dialéctico¨ para aplicar a un objeto externo para dar cuenta del despliegue del concepto. Sino que sujeto y realidad se corresponden. La ciencia a la que refiere Hegel es la filosofía. La filosofía es la que hace consciente los distintos momentos del concepto: moral-eticidad-estado. Adelantamos demasiado en la exposición porque en Hegel la unidad conceptual tiene su realidad efectiva en el Estado. Vale decir, los momentos son las determinaciones del concepto de libertad.


 2 La moralidad es la libertad particular que cobra existencia empírica en el derecho positivo. Es la libertad subjetiva. En síntesis, es el mundo del individuo. Cito parágrafo 138: ¨Esta subjetividad en cuanto autodeterminación abstracta y pura certeza sólo de sí misma, volatiliza, asimismo, toda determinidad del derecho y del deber y de la existencia empírica en sí, en cuanto ella es el poder judicativo de determinar sólo desde sí lo que es bueno respecto a un contenido, y a la vez el poder, el cual el bien, primeramente sólo representado y que debe ser, agradece una realidad¨ La moralidad es la autodeterminación del derecho, es la negatividad pura de la cual surge la oposición entre lo universal y lo singular en cuanto constituye lo absoluto porque depende de la voluntad del sujeto pero sin realidad efectiva; así, en tanto momento del espíritu debe darse un contenido a través de las instituciones, leyes y costumbres racionales para lo cual es necesario el tránsito a la eticidad. Es esta fricción entre lo singular y universal lo que hace posible la dinámica social. De esta manera la libertad individual se introduce en el mundo en consonancia con la razón. ¨De este modo, la identidad concreta del bien y de la voluntad subjetiva, la verdad de ellos, es la eticidad¨ Y más adelante, cito: ¨La unidad del bien subjetivo y objetivo que es en sí y para sí es la eticidad y en ella, según el concepto, ha ocurrido la reconciliación. Pues si la moralidad es la forma de la voluntad en general según el lado de la subjetividad, la eticidad no es simplemente la forma subjetiva y la autodeterminación de la voluntad, sino el tener su concepto, es decir, a la libertad, como contenido¨ 


El bien ético-la eticidad- es real cuando el espíritu se manifiesta en la realidad. Su concepto es la familia o el pueblo. El movimiento se desarrolla: 

 • Familia-individualidad-necesidades recíprocas 
 • Sociedad civil-necesidades vitales-sistema de trabajo 
 • Estado-verdad suprema y absoluta del espíritu 

 El concepto se expresa progresivamente. Los distintos momentos producen en su interior su propia autodeterminación dando a la historia un carácter progresivo necesario cuya expresión acabada es el Estado pero no el Estado alemán porque en el momento de redactar el tratado que vengo exponiendo tal cosa no existe. El Estado que Hegel tiene ante sus ojos es no-real, es decir: falso. 

 Parágrafo 258: ¨El Estado es realidad de la idea ética: es el espíritu ético en cuanto voluntad manifiesta, ostensible a sí misma, substancial, la cual se piensa y sabe, y la cual lleva a cabo lo que sabe y en cuanto sabe. En lo ético tiene el Estado su existencia inmediata, y en la autoconciencia del individuo, en su saber y actividad, su existencia mediata, así como éste, por su disposición en él, en cuanto su esencia y finalidad, y producto de su actividad, tiene su libertad substancial¨ El Estado representa el desarrollo objetivo del concepto en el cual el ideal ético deviene racional en tanto manifestación empírica de la voluntad particular en lo universal alcanzando la unidad objetiva del concepto. La misma se realiza en el Estado porque de este modo la unidad expresa la realidad efectiva en cuanto la idea ética expresa la libertad particular determinada de acuerdo a principios racionales. Por ello, lo universal debe expresar la voluntad individual y corresponderse ambas. El ideal ético es la mediación necesaria entre la voluntad subjetiva y el Estado objetivo. Cito: ¨Si la primera base del Estado es la familia, las clases son la segunda. Esta es tan importante porque las personas privadas, aunque egoístas, tienen la necesidad de dirigirse a las otras. Aquí está, por tanto, la raíz por la que el egoísmo se vincula a lo universal, al Estado, cuya preocupación tiene que ser que este vinculo sea sólido y firme.¨ El Estado objetiva sobre las bases del sistema de necesidades las particularidades por medio de la materialización de los valores éticos. Así, el sujeto deviene ciudadano. La familia, la sociedad civil, el Estado son figuras de la voluntad libre-como ya se señaló anteriormente-; momentos en el cual: ¨Lo bueno, el cual es aquí la finalidad universal, no debe permanecer sin embargo, simplemente en mi interior, sino que debe realizarse. La voluntad subjetiva exige ciertamente en mi interior, es decir es finalidad, obtenga existencia empírica externa, de modo que, por consiguiente, lo bueno debe ser realizado en la existencia externa. La moralidad, así como el primer momento del derecho formal, son ambos abstracciones, cuya verdad sólo es la eticidad. La eticidad es así la unidad de la voluntad en su concepto. Su primer existencia empírica, por otra parte, algo natural, en la forma del amor y del sentimiento: la familia, el individuo ha superado aquí su frágil personalidad y se encuentra con su conciencia en algo total. Pero el siguiente grado es ver la quiebra de la eticidad verdadera y de la unidad sustancial: la familia se desintegra y los miembros se comportan autónomos entre sí, uniéndolos solamente el nexo de las necesidades recíprocas. A este grado de la sociedad civil se le ha considerado a menudo como el Estado. Pero el Estado es sólo el tercero, la eticidad y el espíritu en el cual tiene lugar la prodigiosa unión de la autonomía de la individualidad y de la sustancialidad universal. Por tanto, el derecho del Estado es más alto que cualquier otro grado: es la libertad en su figura más concreta, la cual sólo cae todavía bajo la verdad suprema y absoluta del Espíritu del mundo.¨ 

 La cita es larga pero vale la pena porque Hegel explicita la exposición que vengo realizando. Hegel resume el desarrollo de los distintos momentos de objetivación del Espíritu a través de lo particular; porque los momentos representan el desarrollo de la historia que culmina en el momento que lo real sabe que ha llegado al Saber Absoluto. Es por eso que Hegel puede escribir en su prefacio: 

                                             ¨Lo que es racional es real 
                                              y lo que es real es racional¨ 


 Mencioné anteriormente que el Estado que Hegel tiene ante sus ojos es la expresión irracional, por ende falso y no-real. Para explicar este aspecto voy a tomar como ejemplo la monarquía francesa y la revolución de 1789. La monarquía de los borbones representa lo irreal, lo falso en tanto los valores de la ilustración encarnan la voluntad general de la sociedad civil que busca darse a sí existencia empírica, expresando además la dinámica de la historia necesaria. En tanto el en sí y para sí del Estado supone la realización de la libertad y a la razón como fundamento y unidad del concepto. En palabras de Hegel: ¨La esencia del Estado moderno mismo es que lo universal esté ligado a la libertad completa de la particularidad y al bienestar de los individuos, que, por tanto el interés de la familia y la sociedad civil tiene que juntarse en el Estado, pero que la universalidad de la finalidad no puede progresar sin el propio saber y querer de la particularidad, la cual tiene que conservar su derecho (…) Sólo por el hecho de que ambos momentos subsisten en su fuerza, es que hay que considerar al Estado como un Estado articulado y verdaderamente organizado¨ Es decir, el Saber Absoluto, en tanto conciencia de ser en su manifestación empírica, es expresada por los particulares actuantes en la historia que encarnan la conciencia de sí en el para sí del ser. En otros términos encarnan la realidad objetiva del concepto en correspondencia mutua. De ahí que Hegel profese una admiración desmedida por la figura de Napoleón Bonaparte, quien sería la exteriorización del Espíritu del mundo al expandir por Europa los principios racionales de la revolución francesa. En el presente ejemplo las monarquías absolutistas-momento de redacción del presente tratado en Prusia por ejemplo-expresarían el primer momento abstracto positivo. Téngase presente los valores reaccionarios-¡post revolución francesa!- de las monarquías aliadas en la Santa Alianza: el absolutismo. 


 3 Es decir que el Estado cuando no corresponde al momento particular, y por tanto no hay unidad ni correspondencia, es un Estado irracional. El mismo en tanto momento abstracto debe ceder el tránsito al momento negativo concreto, la violencia no es más que la vía por la cual la historia expresa la dinámica necesaria para concluir-veremos pronto esto-en la unidad racional. El primer momento niega la libertad e imposibilita la realización de lo particular y el bienestar de los mismos, fundamento necesario que hace posible la unidad del concepto. En términos de Hegel: ¨El Estado es real y su realidad es que el interés del todo se realiza en las finalidades particulares. Realidad es siempre unidad de la universalidad y de la particularidad, el estar desplegado de la universalidad es la particularidad, la cual aparece como una particularidad independiente, aunque sólo en el todo es sustentada y mantenida. En cuanto esta unidad no existe, no es algo real, aunque existencia podría ser admitida. Un mal Estado es un Estado que meramente existe; un cuerpo enfermo también existe, pero no tiene ninguna verdadera realidad (…) la verdadera realidad es necesidad: lo que es real en sí necesario. (…) Pues el Estado posee un alma viviente y este animador es la subjetividad, la cual precisamente es la que crea las diferencias, pero por otra parte, es la que mantiene la unidad.¨ La cita es potente porque muchas veces se acusa a Hegel de ser el filósofo que expresa la consolidación del Estado alemán o como su justificador, pero aquí vemos como Hegel resalta la importancia de lo particular, la necesidad de corresponderse uno y otro en armonía, un mal Estado es un Estado enfermo en el que sólo uno de los elementos se sobrepone por encima del otro. Un mal Estado es el que limita las libertades. Entonces: ¿Es el Estado en Hegel la expresión que contiene todas las figuras del espíritu? Sí. Porque la historia humana no es el desarrollo de acontecimientos contingentes, es el despliegue del concepto a través de diferentes momentos hasta culminar en el Saber Absoluto. Cuando lo real ha llegado a tomar conciencia de sí, culminando en la objetivación del Estado como el momento de unidad. Sin embargo el proceso no culmina y estoy seguro que Hegel lo veía con claridad. Es decir no hay ¨conciliación¨ posible porque suponerlo implica una contradicción en el interior mismo del concepto dialéctico. Porque las unidades del concepto nunca pueden ser cerradas por completo, porque los momentos de superación conservando, inevitablemente, por la dinámica de las subjetividades en los procesos históricos que no dejan de generar desde sí nuevas determinaciones a lo indeterminado. En todo caso son momentos de unidad pero parciales y no absolutos. Y Hegel es plenamente claro al respecto, lo ve, advierte cuál es el nuevo momento que surge para negar la unidad del concepto en el Estado moderno. El lector interesado puede buscar en los siguientes parágrafos: 242, 243, 244, 245, 246, 247, 248. ¨La importante cuestión de cómo sería remedida la pobreza es una cuestión relevante que agita y martiriza a la sociedad moderna¨ Pero para ello habrá que esperar al mayor discípulo del maestro Jena. Remitirnos a él excede los límites de la presente exposición. 

                                                                  Bibliografía 

 CRONIN, Vincent, Napoleón Bonaparte, una biografía íntima, Zeta, Barcelona,2007 
 D´HONT´, Jacques, Hegel, Tusquets, Barcelona, 2002 
 FERRARI, Oward, Filosofía o barbarie. La Europa de la razón(del logos) y la Europa de la traición. Una introducción a la filosofía, Ediunc, Mendoza,2004 
 HEGEL, G.W.F, Rasgos fundamentales de la filosofía del derecho o compendio del derecho natural y ciencia del Estado; traducción: Eduardo Vásquez. 2ed. Caracas Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, 1991 


                                                                          Citas 

 Hegel, G.W.F, Rasgos fundamentales de la filosofía del derecho o compendio del derecho natural y ciencia del Estado; traducción: Eduardo Vásquez. 2ed. Caracas Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, 1991-nota: las cursivas son mías salvo que indique lo contrario. Todas las citas pertenecen a la edición aquí citada-. 
 Hegel, op. cit., pág. 168 
 Op.cit, pág. 182 
 Op.cit, pág. 183 
 Op.cit, pág 257 
 Ibíd.,pág 222 
 Ib., págs. 86-87 
 Ib., pág. 51 
 Ib., pág. 263