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La eternidad de la nada

Eternidad.

Pronto olvidarás todo; pronto te olvidarán a ti. Marco Aurelio.


Asomado al balcón, en casa de mis padres, pensaba en tantas personas como he visto marchar a lo largo de mi vida. Personas que estuvieron presentes, activas, cargadas de sueños y de pesadillas; personas que llenaron el mundo de estampas, escenas que hoy amarillean camino del olvido. Mientras estaban, parecía imposible que un día hubieran de ausentarse para siempre. Ahora que no están, que ya no estarán nunca, parece asombroso que hubiesen estado alguna vez.
Richard Dawkins asegura que, puesto que no existió durante miles de millones de años, no le preocupa dejar de existir otro tanto (siempre me ha parecido sorprendente que hayamos aparecido justo en la mitad del trayecto del Sistema Solar). Es más: “Nosotros, los pocos privilegiados que ganamos la lotería de nacer contra todo pronóstico, ¿cómo osamos lloriquear por nuestro inevitable regreso a ese estado previo del que la inmensa mayoría jamás escapó?” Si a ese privilegio le añadimos tantos otros, concernientes a las circunstancias de nuestra vida frente a las de millones de personas, parece que la muerte resulte una minucia. Y, sin embargo, dado que somos vida y nuestra vocación es la vida, la muerte siempre se nos aparece como una siniestra paradoja. Una paradoja que, además, provoca nuestra rebeldía. Porque no podemos pensar en la muerte con la sangre fría: es un asunto demasiado personal.  

Vuelvo a mis muertos. A veces los evocamos solo desde el angustioso pesar de haberlos perdido para siempre, de que hayan ingresado en esa ausencia que, como dice Comte-Sponville, “durará y durará”. Y, como el protagonista de La habitación verde de Truffaut, que convierte una habitación en el mausoleo obsesivo de su mujer perdida, quisiéramos esforzarnos por mantenerlos vivos construyéndoles un santuario en nuestra memoria, convirtiendo nuestra vida en una remembranza de los que amamos. Sin embargo, también nosotros nos iremos, y ya no estará nuestra memoria para oponerse al tiempo. ¿Quién encenderá entonces la vela de nuestra evocación?
Reflexionando sobre esto se me ocurrió que dejar de estar viene a ser como no haber estado nunca, que al día siguiente de una desaparición el mundo tapia el hueco que ocupaba esa persona y apenas queda un rastro que se va desvaneciendo poco a poco, hasta que al final desaparece del todo. La realidad seguirá su curso, ya para siempre, sin los que se fueron, y eso significa que, para un cierto presente que sucederá algún día, nunca habrán existido. A nuestras espaldas se acumula una multitud innumerable de muertos anónimos, de los que ya nada se sabe, que se perdieron para siempre en la ceniza del pasado. Y entendía un poco mejor ese principio budista de la “impermanencia”: si un día dejaremos de existir, si un día se borrarán por completo todos los rastros que dejamos en el mundo, entonces es como si ya no existiéramos, como si nuestra existencia fuese, ya aquí y ahora, un mero hálito ocasional de la nada eterna. Lo pasmoso, lo desconcertante, no es que habiendo sido dejemos de ser, sino que cuando desaparezcamos será como si no hubiésemos estado nunca.

Hemos de concluir, por consiguiente, que la verdadera característica del ser no es la levedad, como en la novela de Kundera, sino la nada; la eternidad de la nada que es ya un hecho en nuestro futuro. El pasado no existe, ya está perdido y nada lo hará regresar; no tiene consistencia ontológica más que como causa o precedente, pero aunque las cosas guarden en sí mismas la huella de sus causas, ya no son estas, del mismo modo que llevamos los genes de nuestros antepasados, pero no somos ellos: ellos se han desvanecido, la mayoría por completo, puesto que ya no queda nadie para recordarlos. En cuanto al presente, ¿dónde encontrarlo? ¿En qué minuto, en qué segundo, en qué milésima exacta está el presente, esa lámina tan infinitesimal que resulta imposible de aislar? Lo único consistente es el futuro: la infinitud de las posibilidades, la incuestionable seguridad del fin. Heidegger tenía razón: estamos lanzados hacia ese futuro, todo nos conduce a él, nos aguarda en algún cruce de todos los caminos; somos seres para la muerte.
Así que el tiempo, para nosotros, es una vivencia, un fenómeno ante todo psicológico. Para Kant es la intuición en la que se asientan los marcos de nuestras percepciones, esas estructuras a priori que él llamó categorías. Conceptualmente, lo construimos al diferenciar pasado, presente y futuro. Pero no existe la línea objetiva que los distinga: solo hay un flujo incesante que avanza, una marea que empuja, una flecha que se abre paso en una única dirección. Y en esa flecha todo sucede y deja de suceder, todo está y no está, todo relumbra y se apaga. “Dentro de un rato te marcharás por el mismo camino por el que has venido, y será como si nunca hubieses estado aquí, porque aquí ya no quedará nada tuyo”, me dijo más o menos un ermitaño que guardaba el parque de Bigues (un pequeño pueblecito próximo a Barcelona), y al que conocí casualmente yendo de excursión. En aquella ocasión me pareció una idea triste: al fin y al cabo, habíamos compartido un rato de afable charla; me daba pena que ese regalo se perdiera en la nada.

Desde la memoria he evocado a menudo aquel encuentro, y he reflexionado sobre la lección de mi querido ermitaño, al que, en efecto, nunca volví a ver. Acertó: de nuestro encuentro no queda nada real, solo la vaga sombra que acerca de él reconstruye la memoria. Allí ya no queda nada mío, y aquí, en mí, tampoco queda nada suyo, salvo el revoloteo, distraído y bostezante, de los recuerdos.
Y pensarlo ya no me parece tan triste, aunque siga desconcertándome. El viejo refrán tenía razón, una razón literal: no somos nada. O más bien habría que enunciarlo en positivo: somos nada. Una nada eterna que se despliega en el tiempo, que también es nada. Ni la habitación verde ni el santuario que construye Davenne, el personaje de Truffaut, a modo de baluarte, salvará a su mujer (tampoco a él, ni a aquella otra mujer que él perdió la oportunidad de amar) del olvido: todas las velas acabarán por apagarse, porque la luz es la excepción, porque lo eterno es la oscuridad.

Publicado en mi blog Filosofías para vivir 01/02/2019

Las tinieblas.


 Tinieblas de ideas.

No fueron siete las plagas que, por intermediación de Moisés, el mismísimo Dios le infligiera a los egipcios, con el propósito de que el faraón liberara y permitiera el éxodo del pueblo hebreo. Fueron diez en total, a pesar de lo que el sentido común suele asegurar invariablemente, bajo la forma del adagio popular: “a ese pobre país le han caído las siete plagas de Egipto”, se dice en la actualidad, casi siempre haciendo referencia a Venezuela, una ex-nación que, hasta la llegada al poder del llamado chavismo, gozaba de la mayor pujanza económica y de una envidiable estabilidad política y social, con un desarrollo cultural y educativo de los más altos en la región, amén de su privilegiada situación geográfica, del encanto de sus paisajes y de sus incalculables riquezas naturales. En 1498, al llegar a suelo venezolano, Cristóbal Colón la bautizó como “Tierra de gracia”. Y, en efecto, hasta hace veinte años, y desde que las plagas del cartel chavista -literalmente- la devoraran, Venezuela era considerada por el mundo como Il più bel segreto dei caraibi.

El verbo apercibir es un verbo transitivo. Significa hacer saber a alguien las sanciones a las cuales se expone. En derecho procesal se habla de apercibir cuando un juez emite una comunicación a alguna de las partes implicadas en un proceso judicial para advertirla de las consecuencias que acarrearía su incumplimiento. Se trata de una advertencia, un llamado de atención, un exhorto, que se hace a la luz de la conciencia. Los verbos transitivos expresan la acción -precisamente, el tránsito- del sujeto sobre su predicado, es decir, sobre su objeto. Es por eso que Kant define la apercepción trascendental como el tránsito -el “lazo”, dice Kant- que posibilita la unidad del sujeto y del objeto. Ese “lazo”, ese actus, es el movimiento de la conciencia conciente de sí misma, de la autoconciencia, el “Yo pienso que debe poder acompañar todas mis representaciones”, la unidad de la sustancia con el sujeto. Una de las páginas más sublimes de la filosofía kantiana.

Según el segundo libro del Pentateuco, que lleva por título Éxodo, Moisés, en nombre de Dios, apercibe al faraón para que libere al pueblo judío. De no hacerlo, Dios iría sucesivamente aumentando las sanciones con grandes pestes contra los dominios del faraón. El lector avisado se encuentra ahora, mutatis mutandi, en pleno cese de la usurpación. Y, en efecto, la primera de aquellas plagas fue la transformación del agua en sangre, a la que, ante la persistente soberbia del faraón, seguirían la de las ranas, los piojos, las moscas, el exterminio del ganado, las úlceras en la piel, la lluvia de granizo y fuego, las langostas y, las dos últimas: la llegada de una tiniebla tan densa que podía sentirse su presencia física, y, finalmente, el arribo del “ángel exterminador”, que acabaría con la vida del hijo primogénito del faraón, el heredero del dios Horus, el galáctico. Como podrá observarse, todas las opciones estaban sobre la mesa del apercibiente. El resto es historia conocida. El mar se abrió y el pueblo judío conquistó la libertad y reconstruyó su nación.

Todo en Venezuela ha sido deliberadamente puesto al revés. El país que fue es, ahora mismo, ruina circular, laberinto de espejos, precipicio en reverso sin fondo visible: un “mundo invertido”. Mientras lo que va quedando de país productivo usa la cabeza para caminar, quienes usurpan el poder político usan los pies para pensar. Los fanatismos son asunto de cuidado. Por lo general, invocan pomposos ideales que conducen directamente al callejón sin salida de los más bajos y perversos apasionamientos, en manos de la inescrupulosa canalla. De la luz sólo quedan sombras, de las aguas sólo sed y pestilencias, del alimento excremento, de la paz la guerra, del moralismo la corrupción, del justicialismo el crimen organizado, del purismo de la verdad el engaño, del triunfalismo la derrota, del comunitarismo la egolatría, del instruccionismo la incompetencia. El Estado se ha hecho negocio privado y los negocios privados asunto de Estado. Entretanto, los mercenarios asumen la función de las langostas, de los sapos, de los piojos, de las moscas. La “Venezuela potencia” ha terminado en la más miserable, triste e impotente de las Venezuelas históricamente existentes. Tiembla, y hay fuego y granizo. Una desgracia. Creencia y entendimiento se contraen y dilatan, proyectan su recíprocidad, hasta hacerse espejísmos, ficciones, el uno del otro, mientras van trastocando sus roles de continuo para poner siempre de nuevo en evidencia su correspondiente -correlativa- bancarrota. Las manos del entendimiento abstracto están teñidas de la sangre de las víctimas que brota del manantial de los fanatismos.

Quizá la peor de todas las plagas, la que ha dejado las mayores secuelas y, al mismo tiempo, las renovadas premisas que retroalimentan la viscosidad de su eterno retorno, haya sido la de las tinieblas que va dejando a su paso el populismo, esa vil enfermedad que puede palparse en cada niño que fallece de inanición, en el rostro de las madres que van perdiendo a sus hijos, en la angustia y la desesperación del día a día para poder sobrellevar el peso de una vida que hace tiempo dejó de serlo. Es tan tragicómico el populismo en Venezuela que no ha necesitado ni de los castigos de Dios ni de las apercepciones de Moisés: ellos mismos han hundido al país en terribles plagas. El populismo chavista es la muleta de quien hipoteca su voluntad para que alguien -el “gran líder”-, a quien considera mejor que él, la dirija a su antojo. Es el padre que, de vez en cuando, pone la electricidad o el agua, envía la cajita de alimentos, desprecia la educación y la cultura, asfixia las universidades y el desarrollo del saber, otorga una generosa pensión para poder comprar menos de seis huevos al mes y permite el ingreso del enfermo a un hospital sin recursos para que pueda morir “en paz”. El populismo es la negación de la luz del conocimiento y de la libertad, ese que deja la puerta abierta al gran negocio del narcotráfico, que corrompe el cuerpo y el espíritu de la sociedad hasta los tuétanos. Y cuando la incompetencia y el rentismo parasitario comienzan a dar sus primeros frutos, cuando todo falla y nada alcanza, entonces inicia la retórica de la expiación. Surgen las iguanas, los francotiradores, los ataques electro-magnéticos, la “guerra económica”, los “enemigos del pueblo”. El “pueblo”, ese vasallaje de los narcotraficantes. Venezuela como nación no es más que la triste fachada de la Cuba castrista. Es una satrapía. La enfermedad populista ha colocado las premisas. Y cuando todo se ha invertido, la apercepción ya no es la premisa sino el resultado de las tinieblas.

De la toma de Simacota al Atentado de la Escuela de Cadetes General Santander:


«Honradamente queremos la paz.  Lo que ocurre es que nuestra propuesta no es una propuesta de entrega, de rendición o desarme, porque entendemos que la paz sólo puede ser fruto de la justicia social y la democracia»
Manuel Peréz.


«El deber de un cristiano es ser revolucionario y, el deber de todo revolucionario es hacer la revolución »
Camilo Torres Restrepo




  
 Los movimientos armados por lo general tienen a construir una historia heroica de su aparición en la escena política.
Política colombia

El ELN había dado sus primeros pasos de vida política guerrillera con la “Toma de Simacota”  el 7 de enero de 1965, siendo el “Manifiesto de Simacota” un documento  fundacional que daba vida al movimiento político armado al establecer sus ideales que motivaban su lucha revolucionaria con el objetivo de ser escuchado por la opinión pública nacional. Antes de aquel evento,  un año atrás, el ELN era ya una organización armada, con una estructura ya construida, con un proyecto político y económico, con una lectura frente al devenir histórico del país. El 4 de julio de 1964 acontece la “Primera Marcha” de un grupo de familias campesinas (de Santa Helena, Orpon, Fortuna y Simacota) algunas familias de filiación  liberales-comunista, así como algunos integrantes militantes del MRL,  que en tesis da surgimiento a la estructura armada del ELN. Pero el momento genético es en 1962 con la “Brigada José Antonio Galan” que se propone, luego de una experiencia formativa ideológico y militar en Cuba, impulsar la lucha por la liberación en América Latina[i]. Lo que empezó con toda anterioridad, se efectivo con su primera acción militar, que al mismo tiempo fue su presentación política.
El atentado a la escuela de cadetes General Santander el pasado 17 de enero aparece como otra fecha emblemática, una que nuevamente se presenta como evento mítico para el ELN al poner el carácter ambivalente de su propuesta de unificar una reflexión  política  junto a un  accionar militar.
Después del atentado, lejos de ser debilitadas la utraderecha oligárquica nacional, se fortaleció su discurso, legitimando el propio actuar coercitivo del Estado como instrumento de “la defensa de la seguridad democrática”. Se desvió el foco del debate público en torno del caso de corrupción más grande del país "Odebrecht", así como las duras críticas a los altos funcionarios del gobierno (el Ministro de Hacienda Carrasquilla y el Fiscal general Nelson Humberto Martínez), el país nuevamente se polariza y como mayor medida, se cierra la Mesa de negociación, reactivándose nuevamente las ordenes de captura para los principales líderes y equipo negociador en la Habana. El país pasó entonces de un ambiente de construcción de paz y de movilización de las bases sociales al discurso del enemigo, la amenaza constante y de  tensión con el vecino país bolivariano.
En ese sentido muchos sectores ven en la posición del ELN una postura compleja, puesto que tras el atentado, se presupone una mala lectura del conflicto armado y de la situación política del país y de la región por parte del grupo guerrillero.
Es posible una defensa todavía hoy del proyecto político del ELN? Creemos que sí, porque defender el proyecto de este grupo político alzado en armas significa innegablemente defender el proyecto de Liberación del oprimido y con ello regresar al espíritu misionero de Camilo Torres Restrepo, de Paulo Freire y al pensamiento crítico latinoamericano.  
En Defensa de la Liberación

Los orígenes de los movimientos de la liberación deben encontrarse en la realidad de dominación, explosión y sufrimiento de los pueblos oprimidos, no solamente en Latinoamérica, sino también de otras latitudes del mundo. En ese sentido, esta postura nace en una profunda conexión con su tiempo, como una regeneración del pensamiento y la acción política. Importantísimos antecedentes son los movimiento de lucha por la emancipación colonial e imperial ya desde la propia época de la invación y la conquista (grupos de resistencia indígena y quilombos), así como los movimientos más recientes del siglo pasado de lucha guerrillera y las posturas  intelectuales de la liberación, en la teología (C, Torres, Gutierrez), en la sociología (F. Borda), en la pedagogía (P. Freire), unidos al boom Literario latinoaméricano (Cortazar, Marquez  etc.).  Se trata de una situación de «crisis», en sus dimensiones política, económica, social y espiritual. El concepto mismo de liberación enmarca la necesidad de ejercer, no solamente una praxis teórica, sino una praxis enteramente política que posibilite la emancipación de los oprimidos.
Política colombia

El establecimiento de esta condición caracteriza la historia reciente (prehistoria) del ser humano y enmarca su experiencia en el mundo como la búsqueda implacable de su reconciliación. El ser humano se encuentra en una situación falsa que se hace evidente con la existencia real de la contradicción entre  opresor y oprimido que cada vez inviabiliza el proyecto de humanidad[ii]. El ser humano ha caído preso de un orden socio-económico y político que impide su propio desarrollo; un orden que si bien posee sus causas estructurales, se mantiene por el interés de grupos locales e internacionales que se lucran con el despojo de los pueblos a los que oprimen. El surgimiento del modo de vida moderno y del modo de producción capitalista en todo el mundo lleva inscrito una lógica colonial de explotación y dominación, que se fundamenta en el saqueo de los recursos naturales de los pueblos, imponiendo en toda la maquina civilizatoria el principio de la valorización del valor (principio del lucro y la ganancia por sobre el principio de la vida y la dignidad) como el engranaje que hace da dirección al movimiento de la máquina. Esta situación falsa del mundo caracteriza propiamente la manera en que se presenta la  Situación del oprimido cuanto la Situación del opresor, construyendo la relación entre ambos como una relación deshumanización[iii].
La búsqueda de la liberación es la procura de la superación de esta situación falsa, siendo un proceso de emancipación de los marcos de pensamiento que permiten el análisis crítico de la situación existencial que oprime, así como una acción política que procura la superación efectiva de este orden de experiencias. Liberatio-onis  es una acción de poner en libertad; se trata de una acción que implica la perdida de las cadenas materiales y espirituales. La praxis de liberación, en palabras de P. Freire, es “Amor hecho praxis” porque es potencia que libera de la contradicción que deshumaniza, un verdadero acto de bondad del oprimido frente a la violencia del opresor[iv].
Es sobre este marco filosófico que se debe entender el actuar ético y la lectura política, así como las maneras de actuar de esta organización como quedó expuesto en los 12 puntos del “manifiesto de Simacota”[v].  
Bajo el lema “¡Liberación o muerte!” el ELN manifiesta su postura revolucionaria que plantea diferentes escenarios de lucha y reivindicación que parten de una idea general y utópica de la liberación desde una perspectiva de la experiencia colonial[vi].  En ese sentido, la dificultad de la liberación nacional radica en el mantenimiento de las estructuras de dominación y explotación colonial sobre la construcción de la República al servicio de las oligarquías mundiales (estructura neocolonial), por lo que la idea de liberación propuesta por el ELN tiene dos niveles. a). Condiciones internas de dominación y explotación y b). Condiciones de la dinámicas del poder mundial[vii].
Es esta bandera por la liberación del oprimido lo que caracteriza  el horizonte político cultural de la organización del ELN, que se propone como una fuerza de resistencia armada en comunión con la lucha de las organizaciones sociales y civiles de los pueblos por su liberación frente a las estructuras del poder mundial (anticolonialismo), frente a las formas de composición social (anti racismo y defensa de la justicia social) así como de la soberanía y autodeterminación de los pueblos.

Subversión del Oprimido

 Lo que legitima la lucha armada es precisamente la imposibilidad de realizar una actividad  política por otros medios. El levantamiento armado de un grupo guerrillero obedece a una serie de causas socio-históricas que dan la condición de posibilidad de la emergencia de una acción política que ve en el uso de la lucha armada el mecanismo de manifestación política. Cuando Fals Borda considera la dimensión sociológica de la subversión[viii] nos está hablando del carácter objetivo que determina el surgimiento de levantamiento subversivo como la propia tendencia en el interior de la sociedad por alcanzar el cambio social que se presenta como necesario para el pueblo.
La creación de formas de dominación social en Colombia – y en Latinoamérica como un todo- hunde sus raíces en la experiencia colonial. Desde allí se nos está marcada una ruta en el proceso mismo de construcción de un orden vigente al que le es connatural el conflicto político. La experiencia de independencia republicana fundó una nueva modalidad de experiencias sociales y políticas (creación de Estados nacionales) sin modificar en sentido sustancial la estructura de dominación social. La violencia como fenómeno social y político marca la experiencia histórica de nuestro país, por lo que hace bien en considerar el profesor Moncayo que las causas y los orígenes de la violencia en Colombia han de buscarse fundamentalmente en el orden social vigente[ix], en el que permanece la contradicción entre oprimido-opresor en cada una de las esferas de la experiencia social, cultural, económica y política del país (y de la región). El orden social vigente se erige como una modesta, pero efectiva, forma de dominación política que permite la explotación de las personas en la expropiación de la riqueza social, siendo la causante del choque de intereses en el seno de la sociedad como un todo.
Política colombia

La interconexión  entre el orden social vigente (las formas de dominación social) y el cierre de las posibilidades políticas para las posturas contrarias a ese orden, construyen las condiciones objetivas para la subversión armada como estrategia política. Como dijo Camilo Torres Restrepo:

 «[…] La miseria de sus hogares, la angustia de no poder llevar al hogar el mercado necesario, de no poder pagar el arrendamiento, de no poder educar a los hijos, les está demostrando a todos los desempleados la necesidad de emprender la lucha definitiva contra el sistema» [x]

El choque entre las fuerzas de estabilización por parte de la oligarquía y las fuerzas de subversión por parte los grupos populares caracteriza el desarrollo del conflicto político en una modalidad armada, puesto que de parte de las fuerzas de estabilización de la oligarquía se cuenta con toda la capacidad bélica del aparato represivo del Estado y, por parte de las comunidades se establecen ejércitos de liberación con armamento militar en el ejercicio de su defensa. La violencia estableció como fundadora de derecho y luego como conservadora del mismo, del tal modo que la oligarquía adquirió un derecho (casi divino!) por el monopolio del uso legítimo de la violencia.
Acciones de insurgencia y contrainsurgencia como la característica del conflicto armado de los últimos 60 años, marcados los ciclos del capitalismo trasnacional y por fuertes oleadas de violencia interna.
La Subversión del ELN no es moral ni inmoral, su naturaleza es producto del proceso histórico que se construye como una acción utópica hacia el futuro. Lo político y lo militar en el ELN se explican por su carácter anti-sistémico y de negación del orden social vigente al mismo tiempo que el cierre de las posibilidades de enunciación de esa negación y de procura de cambio, lo llevan a la acción armada. La Subversión del oprimido puede realizarse de múltiples maneras, culturales, religiosas, económicas y civiles, etc.;  no es la violencia lo que se promueve, lejos de eso, la acción armada y militar aparece como un mecanismo de defensa ante  las fuerzas de estabilización que buscan la aniquilación del movimiento popular de liberación. Ante la violencia legal del opresor, la violencia liberadora del oprimido.

 El Camino de la Solución Política del Conflicto en Colombia  

Lejos de una efectiva implementación de los acuerdos de Paz firmados con las FARC- EP[xi], en medio de una fase de transición del conflicto bélico a  conflicto político, la barbarie de la guerra se repite como acontecimiento cotidiano de la historia de la nación. El pasado 11 de marzo fueron objetados, por inconveniencia social y económica, en 6 puntos la Ley Especial para la Paz (JEP) dejando nuevamente claro que la postura del gobierno, del partido Centro Democrático y de la clase oligárquica de ultraderecha, está muy lejos de una voluntad de paz.  Esto confirma las propias palabras del ELN el 21 de enero cuando se adjudicaron la autoría del atentado a la Escuela de cadetes General Santander[xii] manifestando del mismo modo su disposición política para continuar la mesa de negociación. El atentado del 17 de enero es respuesta ante la arremetida militar en su contra y las evasivas  en la continuidad de la mesa en la Habana.
Las burguesías transnacionales se han direccionado hacia una serie de posturas de completo cierre de las posibilidades democráticas de participación política. El Estado colombiano está jugando un papel clave en su posicionamiento geopolítico frente a al Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, liderando las acciones regionales en su contra. Lejos de superarse el conflicto bélico interno, se anda provocado insistentemente en el inicio de un contexto bélico regional (un nuevo ciclo de violencia, un nuevo ciclo del capital internacional que amenaza con una intervención militar en Venezuela, un repliegue a las posiciones totalitarias). Lejos de la salida negociada, el gobierno Duque demuestra que se inicia una nueva etapa de enfrentamientos y de persecución a los movimientos sociales, como lo ha venido haciendo desplegando la capacidad represiva de contra la minga indígena que deja al menos 16 muertos en los que se encuentra el comunero Breiner Yunda Camayo  que murió hoy (02 de abril). La oligarquía colombiana ha construido una retórica en la que unos muertos valen y otros no; en el que unas vidas son valiosas y las otras son “el precio del progreso”. 
Como insurgencia, el ELN el pasado 17 de enero tomaron su decisión, hacen lo propio y quedando como Ejercito popular; ahora las movilizaciones en las calles y todos los movimientos sociales articulados, podrán dar lucha en esa correlación de fuerzas. No es momento de des-legitimar su lucha y caer en un discurso que facilita el cierre de posibilidades políticas y afiance el mecanismo de dominación social.
Y finalizo con unas palabras de Camilo Torres Restrepo

[…] Ahora el pueblo ya no creerá nunca más. El pueblo no cree en las elecciones. El pueblo sabe que las vias legales están agotadas. El pueblo sabe que no queda sino la vía armada. El pueblo está desesperado y resuelto a jugarse la vida para que la próxima generación de colombianos no sea de esclavos […] [xiii]







[i] De ese grupo fundacional se encuentran  Fabio Vásquez Castaño, Víctor Medina Marrón, Heriberto Espítia, Ricardo Lara Parada, Luis Rovira, Mauricio Hernández , José Marchan.  Para una mayor descripción de ese proceso de creación del grupo guerrillero del ELN, ver: Medina Gallego, M. FARC-EP Y ELN: una Historia política Comparada (1958-2006). Tesis doctoral. Universidad Nacional De Colombia. Bogotá, 2012, p.
[ii] Freire, P. Pedagógia do Oprimido. Rio de Janeiro. Editorial Paz e Terra. 2014, p. 56.
[iii] Ibíd, p. 67.
[iv] Ibíd, p. 70
[v] Ver manifiesto Simacota 1965: https://www.cedema.org/ver.php?id=3703
[vi] Pedraza, Oscar Humberto.  El ejercicio de la liberación nacional: ética y recursos naturales en el ELN. En: Controversia no. 190 (junio 2008). Bogotá : IPC, FNC, CINEP, CR, ENS, 2008.
[vii] Ibid. p. 220.
[viii]  La subversión en Colombia: el cambio social en la historia, Bogotá, FICA/CEPA, 2008, pp. 249-275.
[ix] Moncayo, V. Relatoria: “Haciala verdad del Conflicto: Insurgencia Guerrillera y Orden Social Vigente. En: Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia Comisión Histórica. Del Conflicto y sus Víctimas Febrero de 2015
[x] MENSAJE A LOS DESEMPLEADOS.  En: Periódico Frente Unido N° 10, Octubre 28 de 1965
[xi] La mesa de negociaciones fue instalada en 2012, los acuerdos firmados en Cartagena el día 26 de septiembre de 2016, refrendados el 10 de octubre de 2016, donde gano el No con el 50, 2% de los votos, por lo que fueron modificados ente octubre y noviembre, para nuevamente ser firmados el día 24 de noviembre en el teatro Colon de Bogotá, siendo aprobados luego por el Congreso de la República con una votación de 75 votos a favor y cero en contra en el Senado y, 130 votos a favor y  0 en contra en Camara, sabiendo que en ambas corporación los representantes del No, salieron a la hora de votación.
[xii] Comunicado del ELN 21 de enero 2019 “El camino es la Solución política del Conflicto”. 
[xiii] Proclama al pueblo colombiano. Emitido desde la clandestinidad en forma de volaron nte y publicado por diversos medios de la prensa colombiana en enero de 1966

La hazaña de la libertad.

Antonio Machado, todo pasa y todo queda.
Antonio Machado, todo pasa y todo queda.


El tiempo de Dios no es ni perfecto ni imperfecto, como se suele creer en estos tiempos de desgarramiento, minado de temores y esperanzas. La perfección de la sustancia sólo puede ser idea concreta, real identidad de lo subjetivo y lo objetivo, de lo universal y lo particular, o identidad de finito e infinito, cabe decir: de los términos contrapuestos. Cuando la perfección -que es unidad de lo uno y lo múltiple- es abstraída desde uno de los extremos de la oposición, deriva identidad formal, concepto vacío, ratio kantiana. Es la carne que ha sido escindida de la osamenta por los instrumentos del entendimiento reflexivo. Puesta frente a lo finito, aparece como la nada de lo finito mismo, en tanto lado negativo de la perfección. Puesta como realidad inmediata, aparece como lo infinito positivo, no subjetivo, no productivo, sino como objeto y producto, como la nada indeterminada en la pureza de su identidad. Así, y precisamente por ello, se manifiesta como la pura contraposición. Teología filosofante, de un lado. Positivismo rampante, del otro. En realidad, frases hechas, consignas altisonantes y rimbombantes. Pero, en el fondo, ninguna de estas determinaciones de la perfección -por más perfecta o imperfectamente que sea representada la divinamente profana temporalidad- está en capacidad de definir, de modo concreto, ni al tiempo ni a Dios ni a la perfección, simplemente porque adolesce de eso que el divino Spinoza -¡y vaya que si era divino!- llamaba el Infinito actu, la unidad de la unidad y de la multiplicidad de las determinaciones. La temporalidad, devenida historia de carne y hueso, es la hazaña de la Libertad.

Lo que sí parece ser inobjetable es que la sustancia, que se reconoce en sí y para sí misma como sujeto, no pocas veces actúa por caminos insospechados y hasta, podría decirse, misteriosos o cuando menos sorprendentes. Del Libro del Eclesiastés -cuya traducción al español, por cierto, sería el Libro del Asambleísta- es esta frase: “los caminos de Dios son misteriosos como la senda del viento, o como la forma en que el espíritu humano se infunde en el cuerpo del niño aún en el vientre materno”. Su autor se hace llamar Qohéleth, que significa “el representante de la Asamblea”, un tribuno de la legítima Asamblea del pueblo que, hastiado de las creencias dominantes bajo las cuales habían sido sometidas las mayorías, decide tomar la palabra y actuar en consecuencia. Lutero lo llama -no sin razón- “el orador”. Decía Vico que la historia de la humanidad se diferencia de la historia de la naturaleza porque los hombres hacen la una y no la otra. Las cosas en la historia cambian de continuo en virtud, precisamente, del empeño de la libre voluntad. Como bien dice el poeta: “todo pasa y todo queda”. Y es que la exigencia del cese de la usurpasión de una determinada tiranía quizá sea, si no el principal, por lo menos uno de los motivos esenciales del desarrollo histórico de la civilización humana.

El tiempo del ignorante conduce directamente a la perfección del mal. Un puñado de militares mediocres y de civiles fracasados, movidos por el resentimiento social, la sed de venganza y una curiosa mezcla de prejuicios y presuposiciones doctrinarias, tomadas de una mortaja remendada, hirieron gravemente a la que, hasta entonces, fuera reconocida como la democracia más antigua de latinoamérica y el país más pujante de la región. A la larga, se hicieron del poder con la ayuda de una élite económica y política aventurera e irresponsable, gustosa de vitorear a un fantoche parlanchín, zamarro y embaucador, convertido en César todopoderoso. Los mochos -dice el adagio popular- se juntan para rascarse. Veinte años y un poco más han pasado. El balance es desolador: destruyeron y corrompieron todas las instituciones del Estado, el poder judicial, el poder electoral, la Fiscalía y la Contraloría, así como la administración pública, la red de salud, las instituciones educativas, las universidades, las empresas del Estado. Desarticularon y corrompieron hasta la metástasis a las fuerzas armadas, hoy convertirlas en un cuerpo de mercenarios. Transformaron los organismos de seguridad del Estado en una pandilla del cartel, que terminó por secuestrar y aterrorizar a la población. Entre tanto, y a medida que destruían el aparato productivo, se dedicaron a enriqueserce con los dineros del Estado y transmutar el territorio nacional en un puerto seguro para la distribución de narcóticos y en un aliviadero seguro para grupos terroristas de toda calaña, desde el Hezbollah hasta las Farc y el Eln, además de entregarles en bandeja de plata el control del país a un Estado forajido como lo es el cubano. Las dramáticas consecuencias no tienen precedente en la historia venezolana. La miseria material y espiritual cunde como la plaga. La gente tiene hambre, las patologías se multiplican, los pacientes mueren por falta de asistencia médica o por la casi total carestía de medicamentos. La deserción educativa, a todos los niveles, es espantosa. Reina la inseguridad ciudadana en calles oscuras y mugrientas. Los servicios públicos -agua, aseo, luz, gas, transporte, telefonía, vialidad- apenas funcionan y cada vez más se incrementa el deterioro. Por si no bastara, no existe Estado de Derecho y la prensa está amordazada. El terror reina aún a sus anchas.

Venezuela ha tocado fondo, ciertamente. Pero justo cuando se pensaba que todo estaba perdido, desde el fondo del pantano se ha vuelto a levantar para luchar por la Libertad. Los caminos de Dios son, sin duda, misteriosos. Hoy se encuentra Venezuela en las calles, retando a la tiranía. Decidida y sin retorno, lucha por ponerle fin a la maldición populista. La troja se le ha descompuesto al cartel. Están acorralados y la comunidad internacional ya los conoce bien. Están solos, a solas, y con el sol sobre sus espaldas. Esta será sin duda una lucha dura y difícil contra la opresión del sujeto y del objeto. Pero será una lucha histórica, una -siempre antigua y siempre inédita- hazaña de la Libertad.

José Rafael Herrera

@jrherreraucv

El mal y su perdón


Perdonar el mal.

Por José Rafael Herrera - @jrherreraucv


La cultura contemporánea muestra una profunda herida en medio de lo que suele representarse como “la comunidad”. Pueblo, patria, socialismo, son términos que, frente al creciente sentido de la condición individual, lucen su peor momento. La figura de un “mundo inmaculado” que, como dice Hegel, “no mancha ninguna escisión”, comporta el devenir quieto de una de las potencias de dicha escisión sobre la otra. Por lo cual, cada lado, cada extremo de ella, mantiene y produce por sí misma la otra. Dos esencias que se dividen en su realidad y que mantienen una oposición que es, “más bien, la confirmación de la una por la otra y, allí donde entran en contacto de un modo inmediato como esencias reales, su término medio y su elemento son la compenetración inmediata de ellas”. Pero, a diferencia de un mundo inmaculado, este mundo de hoy ha dejado por mucho de serlo. Como señala Adorno, después de Auschwitz resulta imposible escribir poemas. El mundo como “modelo”, un mundo idílico, quieto como una foto, es un concepto puesto por la reflexión del entendimiento, es un mundo vacío, abstracto, muerto. Podría decirse que es el mundo ideal de las destempladas fantasías de cierto chofer de Metrobús o de cierto gorilita iracundo, no de un auténtico estadista del presente. Como tampoco hay un modelo eterno, una suerte de topus hyperuranios del 23 de Enero.

La tragedia Antígona, de Sófocles, le ha hecho comprender a Hegel que ella “trastorna la organización quieta y el movimiento estable del mundo ético”, y que “lo que en este se manifiesta como orden y coincidencia de sus dos esencias, una de las cuales confirma y completa la otra, pasa a ser con la acción un tránsito de dos contrapuestos, en el que cada uno se demuestra más bien como la anulación de sí mismo y del otro que como su confirmación. Terrible destino que devora en la sima de su simplicidad tanto la ley divina como la humana”. Los simas –conviene recordarlo– son pozos profundos, abismales, que se forman a partir de una pequeña fisura o grieta en el terreno, y que termina comunicando la superficie con múltiples cavernas y corrientes subterráneas. No pocas veces se puede poner en evidencia el hecho de que lo que se designa bajo el nombre de “suelo común” es, en realidad, el lugar de las mayores diferencias, el locus de lo irreconciliable. No hay salida: hacer es transgredir. Quien actúa –y toda acción comporta caracteres éticos, con independencia del valor axiológico que las formas de la cultura le asigne– inevitablemente está destinado a introducir un desdoblamiento, un “ponerse para sí” y, con ello, un poner frente a sí una realidad que le resulta diferente de sí, externa, ajena. Pero es justamente en virtud de dicha acción que se obtiene una renovada condición ética. Quien actúa construye y, con ello, pone de relieve su específica peculiaridad: “Porque sufrimos reconocemos que hemos errado”. No hay “comunidad” sin que haya el suficiente oxígeno para que los individuos puedan respirar libremente. La idea de toda posible comunidad, en el presente, necesita ser rediseñada en profundidad, superada y conservada a un tiempo.

El camino indicado para tal rediseño no puede consistir, a la manera del cómplice, en voltear la mirada ante las crueldades cometidas. Sería históricamente imperdonable un nuevo “aquí no ha pasado nada”. Quien ha actuado y transgredido no puede estar exento de culpa. No hay –y no puede haber– un “como me dé la gana” a los fines de la reconstrucción de la etcidad. Quien ha asesinado, quien ha sometido y pisoteado los derechos más elementales de los individuos; quien ha saqueado las arcas públicas para enriquecerse, y robando a los más necesitados, a los más humildes la posibilidad de satisfacer sus necesidades primarias y, con ello, su dignidad; quien ha convertido las instituciones públicas en castillos de arena frente a una voraz marejada populista, en nombre de “la comunidad”, “la patria”, “el socialismo” o vaya usted a saber en nombre de qué bochinche; quien ha quebrado las piernas y brazos al aparato productivo de la otrora nación –hoy inexistente–, no puede no asumir su responsabilidad ante la justicia. Amnistía no significa “borrón y cuenta nueva”. La reconstrucción de una sociedad de individuos libres se sustenta en la creación de instituciones sólidas y de prestigio, orgánicamente unidas con la vida ciudadana, pero, sobre todo, en la más patente presencia de la justicia. El macondismo tiene que ser finalmente remontado, a objeto de que termine de una vez la fiesta de los carnavales infinitos. Se acerca la hora del miércoles de ceniza del espíritu.

No se trata de no dar cabida al perdón. El reconocimiento de las diferencias, el derecho de disentir, es la necesidad más importante y la mayor de las garantías para el desarrollo coherente de las complejas democracias contemporáneas. No hay comunidad de verdad si no existe respeto por la infinita multiplicidad de lo diverso. Lo decía Maquiavelo: la época dorada de la Roma republicana fue la de la mayor manifestación de sus diferencias y la del respeto de las oposiciones. Pero la reconciliación no se decreta, no es una ley formal, abstracta. Los conflictos no se desvanecen por el simple hecho de hacerse la vista gorda. Por el contrario, se incrementan y se reproducen como la maleza. El perdón solo puede entrar en escena allá donde los intereses finitos ya no pueden remontarse ni negarse, cuando toca el momento histórico de restablecer la auténtica comunidad concreta. El perdón se manifiesta en los límites del reconocimiento de la moralidad y del derecho, como el intento firme de la voluntad colectiva por mantener el restablecimiento del orden de las ideas y de las cosas.

La totalidad es mucho más que la simple sumatoria de sus partes. El perdón solo puede ser el resultado del reconocimiento de la complejidad de la vida moral adecuado al cumplimiento de las leyes. Hay perdón si hay juicio y condena. Solo de ese modo se puede responder ante los límites que permean las acciones humanas y, en tal sentido, se trata de la única posibilidad cierta de una reconciliación exitosa.

Memoria y coartada

Memoria


Uno de mis recuerdos preferidos es la evocación de una tarde de la infancia que pasé jugando con una niña vecina de mi abuela. La escena me llega a la memoria entre tantas brumas que apenas sabría precisar ningún detalle. No recuerdo ni la cara de aquella niña, ni nada de lo que hablamos o hicimos, ni cuánto duró la visita. Apenas se me esboza en la mente la imagen de un salón en su casa, mi saludo vergonzoso, su sonrisa. Pero conservo con mucha intensidad la sensación gozosa de estar a su lado, la dulzura del rato que pasamos, la difusa evocación de una conversación feliz hilada de confidencias y complicidades.
He atesorado esa estampa toda la vida, enseña nostálgica del amor ideal, quizá porque no se me dieron muy bien los amores reales. La duda que me acomete a menudo es si esa escena sucedió realmente, y si fue tal como la recuerdo o tanto romanticismo es fruto de mi imaginación soñadora, que inventa más que revive. Si no fuera porque años más tarde mi madre me confirmó la existencia de aquella niña, dudaría de ella misma, puesto que no la volví a ver.

Los psicólogos tienen cada vez más claro que la memoria no consiste tanto en un almacén de experiencias pasadas como en un mecanismo de reconstrucción y reinterpretación del pasado desde las circunstancias presentes. Nuestros recuerdos son reestructurados, como quien cambia los muebles de sitio, cada vez que los engarzamos en nuestra historia de la forma que más nos conviene. Un detalle inventado por aquí, una omisión por allá, y el recuerdo, creado y convertido en relato, se encaja más o menos con nuestra necesidad de vivir o la contradice, lo que puede ser otro modo de cumplir una función pertinente: en ocasiones necesitamos llevarnos la contraria; a veces, ¡ay!, no sabemos vivir sin una piedra en el zapato.
Esta tendencia, una vez más, reafirma aquel axioma de que nos importa más la vida que la verdad. El concepto de nosotros mismos y sus mitos fundacionales radicados en el pasadono aspiran a ser fidedignos, sino que están hechos para dotar a nuestra existencia de significados apropiados, que, una vez establecidos, tienden a retocarse para consolidar su coherenciarecordemos la disonancia cognitiva, que es también emocional y su plausibilidad. Necesitamos que el vivir tenga sentido, y ese sentido se expresa siempre en forma narrativa: somos una historia, y son las historias que nos contamos acerca de nosotros mismos las que nos hacen descifrables, las que van perfilando eso que llamamos identidad. Si nuestra historia funciona, si da cuenta de nosotros de manera satisfactoria, o si, simplemente, es la que hemos asumido, tenderá a ganar en detalles, a intensificarse hasta cobrar carta de realidad, aunque en el fondo se trate de un mito sobre nosotros mismos.
Esas historias confieren sentido y fuerza a nuestra frágil presencia en el mundo. Aportan también seguridad, al enraizarnos en una secuencia causal y coherente, y por tanto previsible y explicable. No soy un ser caótico, no me comporto de un modo determinado por mero azar, sino porque “soy así” y no puedo ser de otra manera: así me han predispuesto mis genes y me han modelado mis vivencias. El fatalismo implícito nos protege y nos justifica. Reacciono con agresividad porque desde pequeño tuve que aprender a defenderme, o con poca resolución porque nadie elogió mi valía: no falta nunca una coartada el padre alcohólico, la madre ausente, los compañeros brutales… que da cuenta de esa naturaleza ineludible. Otro ejemplo: soy depresivo porque mis padres no me comprendieron, o me abandonaron, o no me dieron el cariño que precisaba… Desde el psicoanálisis, los pobres padres han cargado cada vez con más responsabilidad sobre nuestro talante y hasta nuestra suerte. ¿Y qué le voy a hacer? “Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”, se lamentaba con voz lastimera Jeanette en una canción que se hizo famosa en mi infancia.

Así pues, la memoria, más que un almacén de información, se nos revela como un instrumento puesto al servicio de nuestra supervivencia, o de nuestro interés. Como archivo no parece demasiado fidedigno, sino más bien ambiguo y maleable, un conjunto de manchurrones en el muro del tiempo en los que vemos lo que sabemos o queremos ver. El presente fuerza al pasado a su favor, lo usa como causa y como pretexto. Si soy infeliz, tal vez opte por renegar de mala suerte que es a menudo, también, otro mito, como sucede con el concepto del karma, o bien puedo explicármelo lamentando una infeliz infancia en la que no conté con modelos adecuados. También lo bueno puede consolidarse y ganar sentido con el salvoconducto del pasado: si soy feliz con mi pareja, es porque estábamos hechos el uno para el otro, porque era mi “media naranja” mito sempiterno donde los haya y estábamos predestinados a encontrarnos. 
Sartre llamaba “mala fe” a estas componendas, a estas excusas instrumentales y míticas con las que aligeramos la responsabilidad. Para él, siempre somos libres y por tanto responsablesde lo que elegimos. En un sentido absoluto, es obvio que tiene razón. Pero olvidó que no somos seres de una pieza, sino una amalgama de felicidades y traumas, de alimentos y hambres, de apuntalamientos desesperados y pérdidas angustiosas. Olvidó nuestra naturaleza narrativa, la conspiración de los genes, el enquistamiento del dolor. Olvidó que, de las fuerzas que nos mueven, la menos intensa es la razón, y la más potente a menudo a nuestro pesar es nuestra historia, real o mítica, pero siempre grabada a fuego en forma de emociones insidiosas, de convicciones enquistadas, de comportamientos automáticos. En definitiva, el admirable filósofo francés ignoró el peso de la narrativa, a menudo inconsciente, casi siempre desfigurada, pero, por imaginaria que resulte, activa de un modo muy real. No es la verdad lo que nos mueve, ni siquiera lo que nos interesa: es el mito y la memoria construida.
¿Legitima eso nuestras excusas y nuestras distorsiones, tantas veces torticeras? En absoluto. Desde el punto de vista ético, hay que ponerse del lado de Sartre: estamos requeridos a exigirnos lucidez, a trabajar a su favor, a optar por lo arduo del pensamiento crítico. Pero desde el enfoque vitalista, desde la urgencia del vivir y la vulnerabilidad del ser, podemos al menos dedicarnos una cierta comprensión piadosa, y a menudo quizá no tengamos más remedio que hacer la vista gorda. La verdad no solo duele: a veces, simplemente, sus ángulos no encajan con la ardua sinuosidad de la existencia. 
Una infancia desdichada o una economía precaria no justifican al maltratador, pero deberían volvernos más cautos a la hora de juzgarlo, y desde luego de explicarlo y prevenirlo. Deberían servirnos para admitir en él una complejidad que va más allá de la simple sentencia cristiana de pecador o monstruo. En una proporción que desconocemos, es cierto que “el mundo le hizo así”: eso, que no lo disculpa (y por tanto no le exime de sanción), sí añade una dimensión en la que es tan víctima como culpable, en la que nos hace a todos un poco responsables, en tanto que cómplices de una sociedad que engendra maltratadores. Y si queremos que deje de haberlos tendremos que reflexionar también sobre esa responsabilidad común.

Truman Capote, en su novela A sangre fría, descartó la simplicidad y puso su empeño en perfilar pacientemente los requiebros del laberinto humano; los asesinos de Kansas pudieron elegir, pero, por más que nos incomode, hemos de admitir que también eran víctimas: de su miseria, de su desesperación, de su propia narrativa personal de seres a la deriva por una sociedad que no tenía lugar para ellos, una sociedad que genera monstruos. Cuando se abrió la trampilla del patíbulo y la caída les quebró el pescuezo, ¿no estábamos desplomándonos con ellos, un poco, cada uno de nosotros? ¿No hay en todos los “ajusticiamientos” algo de esa fantasía de redención colectiva que cumplen los chivos expiatorios, como tan bien supo explicarnos René Girard?
Por consiguiente, hay que responder a Sartre que sí, que siempre podemos elegir, que poner excusas basadas en lo externo es mala fe. Pero matizándole que esa dimensión ética coexiste con otras muchas dimensiones, donde tienen también su lugar el pasado, tanto el real como el mítico. La ética no puede ceñirse al ralo veredicto de la dicotomía bueno/malo. Tiene que atreverse a sondear las intrincadas profundidades del individuo que se las arregla en el mundo, los apaños con que su memoria haya zurcido los desgarrones de su biografía. De lo contrario correremos el riesgo de caer en simplificaciones que son, a su vez, míticas: la bella y la bestia, el ángel y el demonio…  Al final, no solo importa si somos culpables, sino también los mil matices de la culpabilidad.

Publicado en mi blog Filosofías para vivir 05/01/2019 

El aprendizaje en adultos autistas sin déficit intelectual.

Recientemente los sujetos diagnosticados con un trastorno del espectro autista han aumentado drásticamente, al mismo tiempo se han descubierto diferencias teóricas que han cambiado el diagnóstico según DSM V y CIE 10, y actualmente la comunidad científica investiga sobre las capacidades psicológicas diferenciales comparándolas con el funcionamiento normogenético, este artículo da evidencia sobre la continuación de los déficits encontrados en la memoria a corto plazo en sujetos TEA sin déficit intelectual (antiguos Asperger en las ediciones psiquiátricas antiguas), siendo estos, adultos que se desenvuelven en ambientes de interacción y comunicación desde la total inclusión en una etapa anterior. Este trabajo evidencia el no desarrollo posterior de habilidades necesarias para el correcto control metamemorístico y acceso memorístico de estímulos ambientales poco estudiados,así en este artículo se sugiere investigar las distintas rutas y habilidades alternativas que utilizan los adultos TEA  para compensar este déficit.



Autistas adulto
Autistas adultos en la realidad y ficción.
Nos encontramos ante una patología, los trastornos del espectro autista, que teoricamente ha cambiado mucho en los últimos años, y en la que se han centrado y se centran actualmente múltiples investigaciones, los individuos TEA, por sus siglas, Trastorno del Espectro Autista se entienden hoy como individuos con un desarrollo neuronal diferencial. Williams DL, Goldstein G, Minshew (2006) en un trabajo neurobiológico con niños diagnosticados de espectro autista mostró que estos niños presentan dificultades en áreas neuronales utilizadas para aprender y recordar material presentado recientemente, no así para material consolidado, desde ahí, el trabajo Wojcik DZ, (2013) ha evidenciado la asociación existente entre pruebas de memoria en niños diagnosticados con TEA y las pruebas de metamemoria que evalúan las estrategias para el registro, almacenamiento y recuperación de dicha información, han utilizado pares asociados, con pruebas JOL y medidas de reconocimiento, y han obtenido resultados que respaldan la hipótesis de disociación en el rendimiento entre dos subtipos de memoria explícita, una memoria para objetos estudiados previamente (llamada memoria semántica) y otra para objetos presentados de forma breve (llamada memoria episódica), los datos de este estudio concluyen que los niños con TEA eran inexactos para predecir su rendimiento para objetos presentados durante pocos segundos, pero, en un estudio anteior Wojcik, DZ, Moulin CJ, Souchay C. (2013) evaluaron si los niños con TEA podrían utilizar sus juicios metacognitivos para regular una estrategia de tiempo de estudio. Los niños tenían que estudiar 15 pares de palabras asociadas, estas se diferenciaban entre asociaciones fáciles y difíciles, dándoseles la oportunidad de pasar el tiempo que quisieran estudiando los artículos. Los resultados mostraron claramente que los JOL dados por los adolescentes con TEA variaron de acuerdo con la dificultad, y estudiaron claramente más las asociaciones difíciles que el grupo control. Los resultados de Wojcik, DZ, Moulin CJ, Souchay C. (2013), además de sugerir que los niños con TEA pueden regular su aprendizaje, también se pueden interpretar de acuerdo a que el déficit observado depende del material presentado (información nueva presentada frente a información estudiada o ya conocida), pues los pares asociados fáciles se componían de palabras concretas, y se referían a estímulos que pueden aparecer juntos en una situación.

Por otra parte, la literatura científica sobre la evidencia terapéutica en TEA muestra resultados parecidos, por ejemplo en los trabajos de: Jacobson, J. W. y Mulick, J. A. (2000), Rosenwasse, B. y Axelrod, S. (2001) y Rosenwasse, B. y Axelrod, S. (2002) se evidencia que la terapia en análisis aplicado de la conducta es la más eficaz en TEA, consiguiendo resultados en un porcentaje alto de inclusión completa en niños con este trastorno en ámbitos de interacción y comunicación social, y consiguiendo que los resultados sean estables en el tiempo, por tanto, evidenciando que la inclusión de habilidades en la memoria a largo plazo mediante métodos programados de repetición de la conducta, son eficaces en la inclusión interpersonal de niños TEA.

Recientemente la terapia en programas de conducta aplicada ha conseguido que existan individuos diagnosticados TEA en su infancia integrados eficazmente hasta la edad adulta, y ahora, las pruebas de metamemoria se presentan como pruebas validas para evaluar el funcionamiento memorístico, así, si el déficit de memoria para objetos estudiados durante pocos segundos se mantiene en los individuos TEA adultos que realizan actividades de interacción social, de forma suficiente y autónoma, o sí, por el contrario, estos individuos tenderán a suplir este déficit con otras estrategias de memoria y metamemoria. Es interesante comprobar si tras la insercción total, para efectuar las estrategias necesarias en el registro, almacenamiento y la recuperación de la información de estímulos presentados y atendidos brevemente, los TEA adultos recuperados consolidan recursos a corto plazo como un previsible grupo control, o si utilizan recursos diferentes para desempeñarse, como por ejemplo el estudio estimular típico en las interacciones y procesos de comunicación.

Por tanto, tenemos una discusión problemática, si estos individuos interactúan en un mundo social del que no son capaces de recordar las cosas con las que interactúan, y continúan en la madurez con un déficit para estimar sus predicciones metamemorísticas para objetos no estudiados, ¿Cómo son capaces de suplir esta información sin que esto perturbe sus procesos de interacción y comunicación?, siguiendo la evidencia terapéutica al respecto, ¿Pueden los sujetos TEA adultos con habilidades de interacción y comunicación suficientes no utilizar preferiblemente procesos metamemorísticos a corto plazo?, no tenemos evidencia de ello en estudio alguno, pero, tras los resultados en terapia conductual aplicada en niños TEA, sabemos que mejoran sustancialmente las habilidades de interacción y comunicación tras el tratamiento, así, previsiblemente tenderán a utilizar rutas más asentadas por el estudio en sus procesos metamnemónicos, y podrían presentar deficiancias en actividades de predicción y de memoria de reconocimiento.


Citas:

Jacobson, J. W. y Mulick, J. A. (2000). System and cost research issues in treatments for people
with autistic disorders. Journal of Autism and Developmental Disorders, 30, 585-593.

Rosenwasse, B. y Axelrod, S. (2001). The contributions of applied behavior analysis to the
education of people with autism. Behavior Modification, 25, 671-677.

Rosenwasse, B. y Axelrod, S. (2002). More contributions of applied behavior analysis to the
education of people with autism. Behavior Modification, 26, 3-9.

Ruiz, M. (2004). Las Caras de la Memoria . Madrid: Pearson (caps. 3, 7 y 8)
Weaver, C.A. y Kelemen, W. L. (2003). Processing similarity does not improve metamemory:
evidence against transfer-appropiate monitoring. Journal of Experimental Psichology:
Learning, Memory, and Cognition, 29(6), 1058-1065.

Williams DL, Goldstein G, Minshew (2006) Neuropsychologic functioning in children with autism:
further evidence for disordered complex information-processing. Child Neuropsychol. 12(4-5):
279–98.

Wojcik DZ, (2013) Souchay C. Metamemory in children and adolescents with autism spectrum
disorder. OA Autism. Recuperado el 29 de Junio de 2018, de
https://www.researchgate.net/publication/270529768_Metamemory_in_children_and_adolescents_
with_autism_spectrum_disorder

Wojcik, DZ, Moulin CJ, Souchay C. (2013) Metamemory in children with autism: exploring
‘feeling-of-knowing’ in episodic and semantic memory. Neuropsychology. (1):19–27.