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Cuestión de eticidad

Cuestión de eticidad por @jrherreraucv

Sobrevivir. Esa parece ser la condición del ser y de la conciencia sociales del venezolano del presente. Tiempos –diría Hölderlin– de menesterosidad consumada. Devenir de una sociedad en la que hacer y decir no coinciden y, más bien, son términos opuestos, incompatibles. Punto nocturno de una contradicción en la que, por un lado, se halla el sacramento de la “pecaminosidad consumada” y, por el otro, el signo de la pobreza espiritual. “Sacramentum et signum”, afirmaba el maestro Pagallo. No se dice ni se piensa lo que se hace; no se hace ni se dice lo que se piensa. La palabra va de un lado y la acción va del otro. Venezuela padece del peor desgarramiento –de la peor Trennung– de su historia. Más bien, parece haber vuelto a la prehistoria, a la hobbesiana lucha de todos contra todos. “Felices son los tiempos en los que se puede pensar lo que se dice y decir lo que se piensa”, reza un viejo adagio de la Grecia posaristotélica que el joven Marx transformara en nervio central de su filosofía. Infeliz es la expresión de angustia, de impotencia o temor de esos rostros que golpean –con profundo rencor– la mirada en el Metro, en la buseta, en la cola del mercado, en el cajero automático, en la parada o detrás de la cava desde la que son lanzados los desperdicios en bolsas negras que recoge la indigencia para poder salvar el día.


Las virtudes públicas se han desvanecido en un rostro cargado de la agresión, el odio o la ignara prepotencia que destila el guardia, el policía o en el asesino de 15 o 18 años que, sin piedad, dispara sobre el rostro de su presa. O en la satisfacción del secuestrador que regresa, en pleno acto de intimidación contra su víctima, al estado de naturaleza para asumir la originaria condición de lobo del hombre. El ciudadano, entre tanto, soporta la carga entre el miedo y la esperanza. Y es ahí donde el entendimiento declara su propia bancarrota, porque ya no hay más recetas, más modelos, más métodos, más instructivos, más bailoterapias ni más “exit poll” capaces de dar cuenta de lo real. Como tampoco hay más “planes de la patria” ni “misiones” ni “operativos” capaces de coincidir con la realidad efectiva, de dar respuestas que permitan comprender y superar el actual estado de creciente descomposición orgánica. Y entonces se acude al rescate –cual héroe de grises comics– del sollen sein, es decir, nada menos que del “deber ser”, el cual se ha transformado en un auténtico “claustro de María”, para todos aquellos que no logran entrar en el “cielo de los cielos” de la eticidad. El “deber ser” se ha transformado en un anhelo, en toda una “ciencia” de los nuevos tiempos, en el cifrado agujero negro de la evanescente era posmoderna. En él todo cabe y todo vale, y toda posibilidad formal encuentra amparo, desde la santería hasta la astrología, desde la superchería hasta los hirvientes expedientes “x” de la burocracia, los cárteles o la corrupción, pues, a estas alturas, todo da todo –o nada– en medio de esta larga noche de gatos pardos y vacas negras. Es el fracaso de las abstracciones del causa-efectismo elevado a dogma y compartido por quienes asumen la ficción de ser distintos.

La eticidad (Sittlichkeit) fue magistralmente definida por Ortega y Gasett como civilidad. La Venezuela de hoy ha perdido su condición civil, su urbanidad, su Virtus. No es que no haya perdido toda capacidad técnica, toda destreza instrumental o toda inclinación espiritual –ese deseo de querer saber, de aprender nuevas tecnologías, de ser mejores y más meritorios, de tener una aproximación más precisa a los asuntos subordinados de la vida–. Todo lo que con tanto esfuerzo puso al país sobre la senda del desarrollo de su historia, hoy se ha desvanecido y yace en los pantanos de la mediocridad. Pero la causa de ello ha sido, justamente, la pérdida de la recíproca compenetración de lo público y lo privado, del individuo con la sociedad y de la sociedad con el individuo, a partir del mutuo reconocimiento de cada instancia de la diferencia de lo uno con lo otro. En último análisis, se trata de la creciente pérdida de la garantía de que lo uno y lo múltiple –lo público y lo privado– no se im-pongan, no sean im-puestos, uno por encima de lo otro. Y es que lo que se ha perdido es nada menos que la capacidad de juicio, aquella unión superior que permite la coincidencia de los propios intereses con los de la sociedad política, conformando el Estado ético, la eticidad propiamente dicha. Porque, desde su más diversa instancia, cada quien comprende que su labor lo trasciende, ya que mientras más mejoran sus asuntos privados con ello mejoran más los asuntos de la totalidad. Uno y todo: Hen kai Pan.

La eticidad es un modo de vida, el resultado de la continua formación cultural de los ciudadanos, y quizá el más alto grado de educación de la sociedad entera. Schiller, autor del “Himno a la Alegría”, que retumba y desborda la trayectoria de la Novena de Beethoven, la designó con el nombre de Educación Estética de la humanidad. Una educación estética no se limita –ni mucho menos se reduce– a abrir las puertas de la mera instrumentalización del conocimiento, ni a dejar abiertas las ventanas para que por ellas se esfumen los flatus vocis del “deber ser” y del lucrativo negocio de la venta de esperanzas, sobre todo en una población cansada de tanto esperar. En fin, se trata de hacer coincidir ser y pensar, de educar integral y orgánicamente a los individuos, con el propósito de que su yo particular se reconozca en el Volksgeist, en el espíritu de pueblo, sin por ello diluirse en él. El individuo se reconoce en la sociedad y la sociedad se reconoce en cada individuo. La “tortilla” no se voltea: no se cambia odio por odio, ni ganancias por ganancias: el individuo es por la sociedad y la sociedad por el individuo. El “deber” deja de ser un abstracto desiderato del más allá para hacerse sitte, costumbre del ser, absolutamente real y concreto.

Un país reducido a multitud, en el que la antipolítica ejerce funciones políticas y la política funciones antipolíticas, en el que la mediocridad –o la pobreza de espíritu– impera dentro y fuera del poder, requiere de ideas y valores, no de chambonadas y de “líderes” –tiranuelos– que vengan a “salvarnos”. Construir una nueva Venezuela, sustentada en el trabajo productivo y el saber innovador, es la tarea que conviene de una vez por todas construir. Porque, a pesar de la mala hora, cabe, una vez más, citar las palabras escritas por Gramsci, desde “la tumba” fascista: “Pesimismo de la razón. Optimismo de la voluntad”.

Ética de ideologías, Kant, Shopenhauer y Nietzsche.

Cuando las ideologías se dogmatizan.

A lo largo de la historia, los filósofos, desde su propia concepción filosófica, construyeron una ética a partir de la misma y también han elaborado modelos de organización política.
Esta situación, relación concepción filosófica, organización política y ética es advertida por todos los filósofos.
Es así que la concepción filosófica da fundamento a la ética, y también lo hace con el modelo de organización política, o sea, los valores que sustentan el pensamiento filosófico están presentes en ambas.


A lo largo de la historia, los filósofos, desde su propia concepción filosófica, construyeron una ética a partir de la misma y también han elaborado modelos de organización política.
Esta situación, relación concepción filosófica, organización política y ética es advertida por todos los filósofos.
I. Kant, en un intento por elaborar una ética autónoma, propone el imperativo categórico “obra de tal manera que la norma que rige tu acción pueda ser considerada ley universal”, o sea una moralidad basada en el 'deber ser' un fundamento que no logra ser independiente,  pues así también es su propia interpretación del mundo.
En su “Crítica de la Razón Pura”, propone una estructura del conocimiento, dividida en doce categorías en las cuales ‘encajan’ las ideas que tenemos del mundo exterior, expresados en ‘juicios a priori’ (universales y necesarios) y que nos limita el llegar al νόuμενο (nóumeno), el objeto en sí, mismo (extramental). Y que se presenta en todos los seres humanos, de la misma manera. En la ética, este ‘juicio a priori’ se muda a un ‘imperativo categórico’ también universal y necesario. En este ejemplo se ve claramente la íntima relación entre concepción filosófica y ética. 
Es así que la concepción filosófica da fundamento a la ética, y también lo hace con el modelo de organización política, o sea, los valores que sustentan el pensamiento filosófico están presentes en ambas.
Cuando esta situación se encuentra en el plano de las ideas, a lo sumo genera adherentes  o refutaciones por parte de otras formas de interpretación de la realidad, que la pueden ir enriqueciendo.
Como todo ser humano quiere ser consecuente en su accionar, con su pensamiento, sus concepciones políticas y la consecuente ética, las lleva a la práctica, convirtiéndose así en ideologías.
Las dificultades surgen cuando intervienen las emociones humanas, especialmente el fanatismo, que pueden convertir la ideología en la única forma de organización social posible y se la quiere imponer por todos los medios. 
Un artículo de Arthur Schopenhauer, me pareció apropiado para hacer una observación acerca de las ideologías y de las consecuencias que producen[1]; el texto original se refiere a la religión, me tomé el atrevimiento de modificarlo para mostrar las similitudes que hay con las ideologías, cuando éstas dejan de ser ideas políticas para convertirse en una especie de  dogma de fe. ‘Obsérvese aquí de paso que lo que da a todas las ideologías, su gran fuerza, el punto de apoyo por el que se apoderan de los espíritus, es su aspecto ético, si bien no inmediatamente en cuanto tal, sino en cuanto aparece firmemente unido y entretejido con las ideas peculiares a cada doctrina política, como si solo por ellos se pudiera explicar; ello hasta tal punto que, aun cuando el significado ético de las acciones no es explicable según el principio de razón y sin embargo todas las ideas peculiares siguen ese principio, los creyentes consideran el significado ético de la conducta y sus ideales como totalmente inseparables y hasta idénticos, y todo ataque al mito lo ven como un ataque a la justicia y la virtud. Eso llega tan lejos que en los pueblos ideologizados, el libre pensamiento o la presencia de una diversidad de posturas sociales es sinónimo de ausencia de toda moralidad. Tales confusiones conceptuales son bienvenidas a los promotores de dichas ideologías cual sacerdotes de alguna fe o como pontífices de un dios con pies de barro, y solo como consecuencia de ellas podía surgir aquel terrible monstruo, el fanatismo, y no imperar acaso únicamente en individuos aislados especialmente equivocados y malvados, sino sobre pueblos enteros; y al final, para deshonra de la humanidad, aparece una y otra vez en la historia, personificarse en una forma de Inquisición o persecución que culmina con la muerte de aquellos que no piensan de la misma manera’.
‘A modo de ejemplo, solo en Madrid, en 300 años, por la Inquisición, hizo morir atormentados en la hoguera por cuestiones de fe a 300.000 hombres. Los muertos de otras manifestaciones cristianas (también hubo Inquisición en todas las expresiones cristianas). Las sucesivas guerras Islámicas. El genocidio Armenio. Todas estas religiosas. Pero también las hay por razones no religiosas. En la Alemania Nazi, por el predominio de la raza aria, 6.000.000 de Judíos, 1.500.000 polacos. En la URSS comunista, por el advenimiento de paraíso comunista, 30.000.000 condenados a morir de frío y trabajos forzados en Siberia, o directamente ejecutados y los que no sabemos de Cuba, China, Corea, a la que se suma hoy Venezuela, por la misma razón, etc. También el mundo capitalista, tiene lo suyo, los muertos en fábricas, quemados vivos porque reclamaban mejores condiciones laborales, o la guerra de secesión estadounidense, por la liberación de los esclavos, en razón de la libertad, no me quiero olvidar de los distintos colonialismos y sumisión de pueblos enteros en aras de imponer una mejor forma de vida, que terminó siendo solo para los colonizadores, y así podríamos enumerar infinidad de acontecimientos históricos en que una parte de la sociedad quiere suprimir a aquellos que piensan distinto, o que no comparten la misma ideología’[2].
En un artículo anterior, “F. Nietzsche y la corrupción”[3], hice un análisis acerca de la evolución de la corrupción y la llegada del “Cesar”, un tirano disfrazado de salvador que toma una ideología política haciéndola dogma social, y quisiera retomar la última parte de ese escrito para complementarlo con la ética que se construye a partir de la ideología utilizada.
Cuando la sociedad está harta de las manipulaciones políticas, las debacles económicas, la inoperancia de los que gobiernan, etc. y sostiene “que se vayan todos”, dice F. Nietzsche: "Cuando la descomposición alcanza el mayor grado, justo como la lucha entre tiranos de todo tipo, surge entonces el César, el tirano definitivo, que pone fin al conflicto agotado por el dominio exclusivo de uno solo, dejando que el cansancio actúe por su cuenta. A su llegada, el individuo está ya en plena madurez y, por consiguiente, la "cultura" ha alcanzado su más grande estado de fecundidad (si bien no a causa de él ni por él, aunque a los hombres sumamente cultos les gusta adularla haciéndose pasar por obra suya)"[4].
Seducen a todas las organizaciones sociales de todo tipo con su discurso, "hasta las manos más nobles se ofrezcan en cuanto un hombre poderoso se muestre dispuesto a derramar en ellas su oro. En ese instante se descubre una gran incertidumbre respecto del futuro que se vive para el presente; es un estado anímico en relación con el cual todos los seductores disponen de buenas oportunidades de juego, en tanto que la seducción y la corrupción se dejan para "el presente", ¡reservándose el futuro y la virtud![5]
Construyen poder con la teoría ‘amigo-enemigo’, necesitan de un enemigo común externo o interno, que siempre son poderosos, aúnan las voluntades de los pueblos y acallan voces que reclaman por la corrupción reinante; corrompen y desvían, de su propósito o ideal, a las organizaciones que en ellos pusieron su confianza. Se apropian y tuercen los ideales que sostuvieron a una sociedad ensamblada. Se sienten inmortales, y con derecho a eternizarse en el poder.
“Los individuos…, se preocupan del momento más de lo que lo hacen sus oponentes, los hombres gregarios, pues se consideran a sí mismos tan imprevisibles como el futuro. De esta manera, se unen con gusto a los violentos, pues se sienten capaces de actuar y disponen de recursos que la masa no comprendería ni perdonaría, mientras que, por otro lado, descubren que el César extiende el concepto de derecho del individuo hasta incluir también sus transgresiones, y que le interesa convertirse en el intérprete de una moral privada más audaz. El tirano piensa de sí mismo, y quiere también que los demás piensen, lo que a su modo dijo Napoleón de una manera totalmente clásica: "Tengo el derecho a contestar todas las quejas que me hagan con un eterno 'yo soy el que soy'. Yo estoy al margen de todos, no acepto condiciones de nadie. Deben someterse a todos mis caprichos y estimar como absolutamente natural que me entregue a tales o cuales distracciones". Así le aseveró Napoleón a su esposa, un día que ella puso en duda, no sin fundamento, la fidelidad conyugal de su marido”[6]. Sostienen que tienen el derecho a disponer de los bienes de todos como si fueran suyos, someten a la sociedad a su imperio y orden, hasta se creen sus propios discursos, y se sienten únicos capaces de salvar a la patria de los enemigos, que ellos mismos establecieron.
Tanto el “Cesar” o el que encarna al salvador de la patria, como aquellos que adhieren (algunos por interés, debido a los beneficios que reciben de la corrupción en que se vive, otros por convicción) construyen un entramado ideológico y una ética particular, no fundamentada en valores sobre la persona humana, sino sobre valores que se desprenden de ese credo al que adhieren.
Esa concepción ideológica, es generalmente construida sobre consensos que el grupo social reconoce, como ser derechos humanos, ancestrales, al trabajo, etc. la cual para imponerse necesita de un “otro” al que hay que reconocerle ese derecho y de un “otro” que se lo impide. Y es justamente esos “otros”, los que le dan sustento a una ética basada en imponer, dicha ideología a todos los que no piensan de la misma manera.
La tentación de convertirse en nuevo ‘Cesar’ de aquellos que legítimamente acceden al poder, luego de grandes períodos de corrupción y tiranía, así como la de recuperar el terreno por parte de aquellos que lo han perdido, es muy alta, pues es también profunda la penetración de la ideología y de su oposición a ella, en la comunidad. La sociedad en su conjunto necesita estar vigilantes para no caer en ideologías dogmatizadas. 
Como sostiene Arthur SchopenhauerTodo fanático ha de acordarse de ello tan pronto como quiera levantar la voz, lo cual ya sabemos, es imposible por el solo hecho de ser fanático”.[7]



[1] El texto original, que se reproduce a continuación, se refiere a la religión, me tomé el atrevimiento de modificarlo para mostrar las similitudes que hay con las ideologías, cuando éstas dejan de ser ideas políticas para convertirse en una especie de religión dogmática.
Arthur Schopenhauer: "Obsérvese aquí de paso que lo que da a todos los dogmas de fe positivos su gran fuerza, el punto de apoyo por el que se apoderan de los espíritus, es su aspecto ético, si bien no inmediatamente en cuanto tal, sino en cuanto aparece firmemente unido y entretejido con los demás dogmas míticos peculiares a cada doctrina, como si solo por ellos se pudiera explicar; ello hasta tal punto que, aun cuando el significado ético de las acciones no es explicable según el principio de razón y sin embargo todos los mitos siguen ese principio, los creyentes consideran el significado ético de la conducta y su mito como totalmente inseparables y hasta idénticos, y todo ataque al mito lo ven como un ataque a la justicia y la virtud. Eso llega tan lejos que en los pueblos monoteístas el ateísmo o la ausencia de un dios es sinónimo de ausencia de toda moralidad. Tales confusiones conceptuales son bienvenidas a los sacerdotes, y solo como consecuencia de ellas podía surgir aquel terrible monstruo, el fanatismo, y no imperar acaso únicamente en individuos aislados especialmente equivocados y malvados, sino sobre pueblos enteros; y al final —lo cual, para honra de la humanidad, solo aparece una vez en la historia— personificarse en este Occidente en la forma de una Inquisición que, según los más recientes datos auténticos, solo en Madrid (en el resto de España fueron numerosos esos antros de asesinos espirituales) en 300 años hizo morir atormentados en la hoguera por cuestiones de fe a 300.000 hombres: todo fanático ha de acordarse de ello tan pronto como quiera levantar la voz" («El mundo como voluntad y representación», primer volumen; Madrid: Trotta, 2013 [1819], página 422).

[2] Cfr. Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, primer volumen; Madrid: Trotta, 2013 [1819], página 422
[3] http://www.microfilosofia.com/2017/06/f-nietzsche-y-la-corrupcion-nem.html
[4] Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia, edición digital.
[5] Ídem
[6] Ídem
[7] Cfr. Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, primer volumen; Madrid: Trotta, 2013 [1819], página 422

Corrupción y orden social

¿Un nuevo orden social es posible?

"En las épocas de corrupción caen los frutos del árbol; me refiero a los individuos, portadores de las semillas del futuro, instigadores de (…) la formación de nuevos órganos del Estado y de la sociedad". F. Nietzsche
La corrupción hace que caigan todas las concepciones que sostienen los andamiajes sociales. Pues se introduce en la vida social e individual hasta el punto de carcomer las bases éticas, y sostener que es imposible evitarla, incluso pareciera que sólo una concepción utilitarista puede dar respuesta a una nueva configuración social.


"En las épocas de corrupción caen los frutos del árbol; me refiero a los individuos, portadores de las semillas del futuro, instigadores de (…) la formación de nuevos órganos del Estado y de la sociedad".[1]
En el ensayo “Nietzsche y la corrupción”[2], se ve claramente como la corrupción hace que caigan todas las concepciones que sostienen los andamiajes sociales. Pues se introduce en la vida social e individual hasta el punto de carcomer las bases éticas, y sostener que es imposible evitarla, incluso pareciera que sólo una concepción utilitarista puede dar respuesta a una nueva configuración social.
El estado caótico en que se encuentran algunas sociedades, producto de la corrupción, disgregación social, individualismo, desdén por los principios éticos, nos llama a tratar de establecer un nuevo contrato o pacto social, a refuncionalizar la República (del Latín res = cosa, publicae = pública), los asuntos públicos que, por tener esta condición, interpela a todos los individuos que forman parte del tejido social, y la respuesta es multifacética, compleja, ideologizada y corporativa -a veces los que van en contra de esta última forma de respuesta, se agrupan y terminan siendo tan corporativistas como los que dicen contrariar-.
Debido a la complejidad de miradas con que se analiza la realidad[3], las mismas se tendrían que precisar; además el hecho que todo ser humano anda por la vida con una postura filosófica a cuestas, aunque a veces sin ser concientes de ello, se hace necesario explicitar las distintas concepciones acerca de las bases sobre las cuales se construye una sociedad.
En primer lugar, para poder sentar algunas bases para el establecimiento de un nuevo contrato/pacto social, deberíamos hacer explícito lo que se entiende sobre los siguientes conceptos:
-         La condición de perfectibilidad del ser humano[4].
-         Su condición social.
-         La subjetividad como obstáculo y garantía de un nuevo orden social.

- La condición de perfectibilidad del ser humano:
El ser humano es una existencia inacabada, incompleto, está en constante perfeccionamiento. Siempre está en constante tensión entre las pasiones y las razones, entre lo que es y lo que quiere llegar a ser. Es un ser-en-el-mundo y un ser-con-el/lo-otro.
Ser-en-el mundo: El término expresa el hecho de que la existencia no se define sólo como rebasamiento que trasciende la realidad dada en dirección de la posibilidad, sino que este sobrepasamiento es siempre sobrepasamiento de algo, está siempre situado, está aquí. Existencia, Dasein, ser-en-el-mundo, son sinónimos. Los tres conceptos indican el hecho de que el hombre está «situado» de manera dinámica, es decir, en el modo del poder ser. En la acción de estar haciendo algo la experiencia se vuelve transitiva, lo cual nos coloca en situaciones que al estar experimentando eso lo hacemos en directo y sin elucubraciones intelectuales.[5]
Ser-con-el/lo-otro: En la construcción del yo voy elaborando una cosmovisión (mi visión del mundo), construida en el aquí/ahora con las circunstancias que me rodean, la primera relación que construyo es YO – TÚ, con los otros que me rodean, que me abrigan, que me dan afecto. Voy tomando conciencia de  mí mismo, por oposición al otro. Después le toca el turno a YO – LAS COSAS/OTRO, sobreviene la etapa del animismo: no distingo aquello que tiene vida de lo que no, de personas animales o cosas. Posteriormente la distinción entre yo – tú – otro – las cosas[6].

 - Su condición social:
El ser humano es un animal social, gregario, necesitado de los “otros” para su desarrollo, a su vez, es esta misma condición lo que lo limita y lo interpela.
Como grupo social construimos el mundo, nos apropiamos de una cosmovisión, que limita la acción individual.
En el último siglo y medio, la sociedad en su conjunto ha quitado, en la concepción del hombre, la condición espiritual que nos hace persona[7], y nos queda sólo el aspecto psicofísico, considerando al ser humano como un animal superior, poseedores de razón, sentimientos, pasiones…
Esta nueva mirada, hace que resalten especialmente estos aspectos:
-         La voluntad de dominio, la supervivencia del más fuerte.
-         El goce, las pasiones.
-         Yo sobre todo lo demás.
-         El otro como obstáculo.
Además se profundiza la dialéctica social, ya Marx y antes Hegel consideran la conformación social como una dialéctica de dos grandes grupos:
-         Los opresores, aquellos que son más fuertes (económica y físicamente).
-         Los oprimidos, aquellos que para subsistir se dejan sojuzgar por los primeros, y dentro de este grupo se encuentran dos subgrupos:
·         los oprimidos propiamente dichos, y
·         los que se ponen a disposición de los que tienen poder y adscriben a su discurso (y a veces con las armas) para imponer, al resto de los mortales, la cosmovisión del más fuerte (en ocasiones declamando que lo hacen en beneficio de aquellos que son sojuzgados).
Lo paradójico de la situación es que esta realidad se presenta independientemente de la concepción de sociedad de sus actores, todas las ideologías dominantes en la actualidad, mantienen esta estructura de poder.
Por otra parte la realidad humana no la podemos analizar puramente desde la dialéctica, es plural, cada ser humano es único e irrepetible, por lo que podríamos agregarle infinidad de otras categorías a las mencionadas, me voy a limitar a enumerar unas cuantas:
-         Los intelectuales que elaboran las teorías para mantener este orden.
-         Los que adscriben a esa teoría y tratan de convencer a toda la sociedad que es la mejor solución.
-         Los violentos que quieren imponerlas.
-         Los que piensan distinto, y conciben la sociedad como medio para la realización plena del ser humano.
-         Los que piensan que se puede construir una sociedad humana con el aporte de todos, salvo de las actitudes violentas de todo tipo.

- La subjetividad como obstáculo y garantía de un nuevo orden social.
La subjetividad e individualidad en que se mueve el mundo, hace que vivamos en una paradoja constante, ya no existen la certeza, la verdad, solo miradas, puntos de vista, interpretaciones distintas. No se pone el acento entre lo pensado y su correlato[8].
Una paradoja surge única y exclusivamente de una ambigüedad engañosa, ya sea por casualidad o porque así se desea[9], por lo que necesita ser resuelta.
Esta distintas miradas/interpretaciones, podrían ser una forma de construir un nuevo orden social, aprovecharlas para enriquecer, compartir, construir una sociedad mas humana, si podemos dejar de lado las ambiciones personales.
“A los filósofos se nos llama a interpretar e interpelar la realidad, a intentar modificarla, desde las argumentaciones, y proponer futuros posibles”.

Es así que, en segundo lugar, toda propuesta de un orden social debe estar basada en una concepción ética.
De hecho todas las concepciones sociales lo están, así por ejemplo:
-          El comunismo, está basado en la concepción ética que la igualdad social está por encima de otros derechos.
-          El capitalismo, en que la libertad es el valor supremo.
-          En la misma línea de concepción están el socialismo y el neoliberalismo, respectivamente, aunque atenuadas por los horrores del holocausto, los campos siberianos, los terrorismos de estado…
-          Con la globalización comunicacional, queda en evidencia la gran desigualdad social; con la económica, se produce el fenómeno de aumento de pobreza en algunos lugares y descenso en otros, sin solucionar el problema; con la tecnificación, el aumento de mano de obra calificada, y la pérdida de fuentes de trabajo no idóneo, dejando fuera del sistema productivo a un tercio de la población mundial. Sin embargo los principios éticos que la inspiran es el del bienestar del ser humano, con más consumo de artículos materiales, tareas más livianas, mayor comodidad y tiempo libre para el propio desarrollo.
-          En los últimos años ha aparecido un nuevo/viejo fenómeno, el populismo, que está basado en la ética, producto de una concepción nihilista, que el “otro” es el que me limita, como individuo o sociedad, que en otras palabras es “el otro es el enemigo” aunque a veces disfrazado considerándolo como sujeto que lo encumbra como poseedor de atributos: derechos, libertad, sentimientos, pasiones…, a su vez esta misma concepción deja librado a la subjetividad, del resto de los mortales, su aceptación. Se culpa al otro (otras sociedades, etnias, corporaciones, religiones) de todo lo malo que nos sucede.

De donde se desprende que, en tercer lugar, hay que tener en cuenta algunos valores éticos para dar nueva forma a la organización social, propongo los siguientes.

-          Ευδαιμονία: (Eudaimonía): Felicidad.
Toda acción humana está orientada a la felicidad, la buscamos en cada ocasión, aunque no sepamos de qué se trata. Según Aristóteles: la felicidad es la finalidad del ser humano y consiste en el desarrollo de sus aspectos más nobles, inteligencia y voluntad (espíritu). Para los estoicos, es la Ataraxia: tranquilidad del espíritu. Si unificamos ambos conceptos podríamos decir que la felicidad es “la tranquilidad que se logra por el desarrollo de las cualidades propias del ser humano”
-          Αρετή: (areté) Virtud
Virtud: cualidad positiva que permite producir ciertos efectos. Existen distintos usos del término vinculado a la fuerza, la valentía, el poder de obrar, la eficacia de una acción o cosa, la integridad del ánimo.
Así, por ejemplo la virtud de la fuerza, nos permite levantar pesos; la valentía, enfrentar un peligro; el poder de obrar, el desarrollo de la tecnología y la ciencia; la eficacia de un remedio para curar o aliviar una enfermedad; la integridad del ánimo, superar momentos difíciles.
Virtuosidad: Dominio y perfección propia de un arte o una técnica. Habilidad para superar dificultades y evitar consecuencias negativas.
En cambio la virtuosidad nos permite al levantar un peso, no lastimarnos; al enfrentar un peligro saber si está o no más allá de nuestras posibilidades; el uso adecuado de la tecnología y la ciencia y le da orientación al hacer para mejorar las condiciones de vida de la humanidad, etc.
Uniendo ambos conceptos podemos intuir que es necesario realizar un camino de esfuerzo y constancia para desarrollar una cualidad, el poder de obrar, convirtiéndola en una habilidad que nos permita producir ciertos cambios para superar las dificultades, evitando consecuencias negativas.
-          Bien común:
Toda organización social se construye sobre la base del bien común, (aunque sean pocos los beneficiados de ese bien).
Para poder comprender mejor el concepto hay que distinguirlo de bienestar general: éste considera que los bienes materiales se puedan distribuir entre el conjunto de la sociedad (aunque se permite que algunos queden afuera de esa distribución).
El Bien Común incluye lo anterior y lo trasciende, pues es crear las condiciones materiales y culturales para que cada ser humano, de todas las condiciones sociales, no sólo tengan lo indispensable para sus necesidades, sino que además puedan desarrollarse en plenitud desde su propia cosmovisión.
-          Justicia:
Principio moral que inclina a obrar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde.
Es un conjunto de valores esenciales sobre los cuales debe basarse una sociedad y el Estado, estos valores son; el respeto, la equidad, la igualdad y la libertad.
En sentido positivo es el conjunto de normas codificadas en función del bien común.
-          Justicia social:
La justicia social se refiere a las nociones fundamentales de igualdad de oportunidades y de derechos humanos, más allá del concepto tradicional de justicia legal. Está basada en la equidad y es imprescindible para que los individuos puedan desarrollar su máximo potencial…[10]
Además hay que tener en cuenta que “existe una correlación positiva entre la pobreza, la miseria y el crimen”.
-          Equidad:
Igualdad de ánimo. Propensión a dejarse guiar por el sentimiento del deber. Justicia natural, por oposición a justicia legal. Cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece o necesita por sus méritos o condiciones[11].
-          Cooperación:
La cooperación es el resultado de una estrategia aplicada al objetivo (lo que se quiere lograr) desarrollado por grupos de personas o instituciones que comparten un mismo interés u objetivo. En este proceso generalmente son empleados métodos colaborativos y asociativos que facilitan la consecución de la meta común. La cooperación ha sido estudiada desde diferentes campos disciplinarios: las matemáticas, las ciencias políticas, la biología, la ecología, la antropología, etc.
Desde la Ecología se establece que corresponde a una relación interna específica de colaboración para la obtención de un objetivo común de una población, como la protección o la cacería. Entendiéndose población como el conjunto de individuos de una misma especie, ubicada en un área determinada[12].
En síntesis: es colaboración para la obtención de un objetivo común de una sociedad, entendiendo que aquél es el bien común.
-          Solidaridad:
La solidaridad es un valor por excelencia que se caracteriza por la colaboración mutua que existe entre los individuos, lo que sin duda permite lograr la superación de los más terribles desastres, como guerras, pestes, enfermedades, entre otros, aplicarlo también con nuestros familiares, amigos y/o conocidos que se encuentren en situaciones difíciles y con la ayuda recibida permita salir adelante y mejorar en cierto modo la situación.
La solidaridad entre los seres vivos permite resistir las adversidades que se presenta a lo largo de la vida. La persona solidaria no duda en colaborar y apoyar a todos aquellos individuos que se encuentran en situaciones desfavorecidas, lo que permite distinguirse de las personas indiferentes, egoístas ante sus compañeros.
Es importante fomentar la solidaridad desde la infancia ya que puede ser vista como la base de otros valores humanos que logra desarrollar valiosas relaciones de amistad, familiares y/o sociales basadas en la ayuda, apoyo, respeto y tolerancia[13].
Por último un concepto que se ha dejado de lado en pos de la individualidad: “es el otro el que me constituye como ser humano”.
“Nadie es una isla, autónomo e independiente de los demás: solamente podemos construir el futuro juntos, sin excluir a nadie”.[14]
Hay una frase que se dice por estos lugares, “la patria es el otro”, pero quién es ese otro, y la respuesta es subjetiva, sólo yo determino quien es ese “otro”. 
El otro como sujeto es una construcción social que lo encumbra como poseedor de atributos: derechos, sentimientos, pasiones, libertad…, a su vez esta misma concepción deja librado a la subjetividad, del resto de los seres humanos, su aceptación como otro. Cuando lo objetivamos, cuando lo convertimos en un tú, permitimos que nos interpele, que lo tratemos como otro, es ese momento que comienzo a constituirme como ser humano y constituyo al “otro” como ser humano.



[1] F. Nietzsche, La gaya ciencia.
[7] Lo espiritual en el ser humano, está dado por su carácter de trascente. Ver http://www.microfilosofia.com/2017/04/el-yo-como-conciencia-de-si-mismo-nem.html
[8] La verdad es la conformidad de la relación pensada con la situación objetiva.
[9] Isaac Asimov
[10] www.enredate.org/cas/educacion_para_el_desarrollo/justicia_social
[11] Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
[12] https://es.wikipedia.org/wiki/Cooperaci%C3%B3n
[13] https://www.significados.com/solidaridad/

F. Nietzsche y la corrupción

Los filósofos también profetizamos

En toda sociedad existe la corrupción, es algo inherente al ser humano, pues tiene tendencia acumular poder, que le viene de los resabios del instinto de dominio. Especialmente en aquellas personas que tienen alguna cuota de poder. En una sociedad organizada, con instituciones independientes y fuertes, que se controlen mutuamente, la posibilidad de que la corrupción llegue a todos los ámbitos es poca.


A fines del siglo XIX el filósofo alemán Friedrich Nietzsche[1], en el libro “La gaya ciencia”, en el punto 23, propone “Los síntomas de la corrupción”.
Dice: "Detengámonos a observar en el interior de las condiciones sociales…, los síntomas que son calificados de "corrupción".[2]
En un primer lugar: "comienza a predominar una superstición de diversos aspectos, mientras que se degrada y se vuelve impotente la creencia que hasta entonces profesaba un pueblo en su totalidad: la superstición es efectivamente un librepensamiento de segundo orden, quien se entrega a ella opta por un determinado número de formas y de fórmulas que le convienen, concediéndose a sí mismo el derecho a elegir. En comparación con el individuo religioso, el supersticioso es mucho más "personal".[3]
En las última década del siglo XX, luego de “la caída del muro de Berlín” resurge el liberalismo económico, a la nueva versión se le denomina “neoliberalismo” que propone nuevas formas de libertad de mercado, se desecha la idea del “Estado de Bienestar” y comienza la era de la “Teoría del Derrame”, se impone en la sociedad, supersticiones del tipo “hay que privatizar las empresas estatales”, y se concibe la idea de la privatización de la educación y salud. El Estado ya no es indicador del camino a seguir sino que sólo es regulador.
Asimismo, junto con el aspecto económico, se pone énfasis en el goce individual, en lo valioso de las distintas culturas, la globalización de la información, la diseminación de las distintas religiones mono y politeístas, filosofías orientales, aparece el postmodernismo[4], ya no hay verdades absolutas.
En segundo lugar sobreviene el relajamiento de las costumbres: "se acusa de relajamiento a la sociedad en la cual la corrupción gana terreno; y es evidente que en ella disminuyen el aprecio de la guerra y la afición a ésta, mientras que de ahora en más se aspira a las comodidades de la vida con el mismo fervor con el que antes se aspiraba a los honores gimnásticos y guerreros."[5] ¿Quién no puede estar de acuerdo con el fin de las guerras?, con más razón después de las dos guerras mundiales, la guerra fría, etc. y, como si fuera un movimiento pendular, se pasa a las comodidades de la vida que se manifiesta en el goce a toda costa, con el consecuente enriquecimiento. Sin tener en cuenta que se está perjudicando a todo el resto de la sociedad, se antepone el beneficio propio por sobre el bien común. El “otro” se convierte en un medio para alcanzar los fines personales.
Pero, "precisamente, en épocas de "relajamiento", la tragedia frecuenta las casas y recorre las calles, surgen grandes amores y grandes odios"[6], comienzan a crecer en gran medida los excluidos de las sociedades, los sin trabajo, las migraciones internas a los grandes centros de poder, recrudecen las adicciones, la violencia doméstica, la virulencia de los delitos…
"Se tiende a considerar, para compensar de algún modo los inconvenientes de la superstición y del relajamiento, que en estas épocas de corrupción existe una mayor dulzura que en las precedentes y que, en comparación con las épocas más creyentes y fuertes"[7], se ensalzan, al máximo, los valores de libertad, tecnologización, propiedad y algunos disvalores como el lujo, vulgaridad, ostentación…, se tiende a justificar la corrupción con la frase “roban, pero hacen”.
"La crueldad ha retrocedido considerablemente. Pero yo no podría sumarme a esta forma de alabanza, como tampoco podría hacerlo a censuras semejantes; sólo aceptaré que ahora la crueldad se hace más sofisticada y que en adelante sus formas más antiguas atentan contra el buen gusto, aunque en épocas de corrupción las heridas y torturas mediante palabras y miradas alcanzan su pleno desarrollo; asimismo, en tales épocas se crean tanto la maldad como el placer por la maldad"[8]. Se incrementan los daños producidos por el neoliberalismo y el individualismo, es cada vez mayor la marginalidad, pobreza; y la consecuente exclusión y protesta social. 
En tercer lugar: los corruptos en general son los que acusan a otros de lo mismo que son ellos, le cabe aquél refrán que dice “el ladrón cree a todos de su misma condición” y para ello agudizan sus discursos. "Los hombres de la corrupción son muy ingeniosos y agresivos; saben que existen otras maneras de matar diferentes a las causadas por un puñal y un golpe de mano, y no desconocen que todo lo que se dice bien goza de credibilidad"[9], y toda mentira que se repite hasta el hartazgo al final queda subyacente como verdad.
En cuarto lugar cuando el terreno está propicio, surgen los tiranos: "Cuando la descomposición alcanza el mayor grado, justo como la lucha entre tiranos de todo tipo, surge entonces el César, el tirano definitivo, que pone fin al conflicto agotado por el dominio exclusivo de uno solo, dejando que el cansancio actúe por su cuenta. A su llegada, el individuo está ya en plena madurez y, por consiguiente, la "cultura" ha alcanzado su más grande estado de fecundidad (si bien no a causa de él ni por él, aunque a los hombres sumamente cultos les gusta adularla haciéndose pasar por obra suya)."[10]
Seducen a todas las organizaciones sociales de todo tipo con su discurso, "hasta las manos más nobles se ofrezcan en cuanto un hombre poderoso se muestre dispuesto a derramar en ellas su oro. En ese instante se descubre una gran incertidumbre respecto del futuro que se vive para el presente; es un estado anímico en relación con el cual todos los seductores disponen de buenas oportunidades de juego, en tanto que la seducción y la corrupción se dejan para "el presente", ¡reservándose el futuro y la virtud![11]
Construyen poder con la teoría ‘amigo-enemigo’, necesitan de un enemigo común externo o interno, que siempre son poderosos, aúnan las voluntades de los pueblos y acallan voces que reclaman por la corrupción reinante; corrompen y desvían, de su propósito o ideal, a las organizaciones que en ellos pusieron su confianza. Se apropian y tuercen los ideales que sostuvieron a una sociedad ensamblada. Se sienten inmortales, y con derecho a eternizarse en el poder.
“Los individuos…, se preocupan del momento más de lo que lo hacen sus oponentes, los hombres gregarios, pues se consideran a sí mismos tan imprevisibles como el futuro. De esta manera, se unen con gusto a los violentos, pues se sienten capaces de actuar y disponen de recursos que la masa no comprendería ni perdonaría, mientras que, por otro lado, descubren que el César extiende el concepto de derecho del individuo hasta incluir también sus transgresiones, y que le interesa convertirse en el intérprete de una moral privada más audaz. El tirano piensa de sí mismo, y quiere también que los demás piensen, lo que a su modo dijo Napoleón de una manera totalmente clásica: "Tengo el derecho a contestar todas las quejas que me hagan con un eterno 'yo soy el que soy'. Yo estoy al margen de todos, no acepto condiciones de nadie. Deben someterse a todos mis caprichos y estimar como absolutamente natural que me entregue a tales o cuales distracciones". Así le aseveró Napoleón a su esposa, un día que ella puso en duda, no sin fundamento, la fidelidad conyugal de su marido”[12]. Sostienen que tienen el derecho a disponer de los bienes de todos como si fueran suyos, someten a la sociedad a su imperio y orden, hasta se creen sus propios discursos, y se sienten únicos capaces de salvar a la patria de los enemigos, que ellos mismos establecieron.
"En las épocas de corrupción caen los frutos del árbol; me refiero a los individuos, portadores de las semillas del futuro, instigadores de la colonización espiritual y de la formación de nuevos órganos del Estado y de la sociedad. La palabra corrupción no es sino un término despectivo para hacer referencia a las épocas otoñales de un pueblo."[13]
Pero, como son seres humanos, también les llega el final de la vida, o la sociedad, al sentirse tan humillada, bastardeada, dice “basta”.
Para salir de esta situación se necesita de instituciones fuertes e independientes, no corruptas, las cuales el “cesar” se ha encargado de destruir.
Se necesita volver a fundar el “pacto social” pero cuidado, en una auténtica democracia se deben escuchar todas las voces, aún las de lo que están en contra de ella, aún las que siguen sosteniendo al ‘césar’, pues se corre el peligro de caer en la demagogia o lo que es peor aún en la oclocracia[14].
Esto es un simple análisis sobre la historia reciente que me toca vivir, y le quité aspectos particulares para que se pueda realizar una analogía con la los hechos que les ha tocado vivir a cada uno en los últimos años. Porque la historia siempre enseña lo que NO debemos volver a repetir.




[1] Friedrich Nietzsche. Friedrich Wilhelm Nietzsche; Röcken, (15 de octubre de 1844 - Weimar, 25 de agosto de 1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX. https://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Nietzsche
[2] Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia, edición digital.
[3] Ídem
[4] En una famosa declaración del fin del modernismo, simbolizado por Auschwitz, el post modernista francés Jean-François Lyotard preguntó: "¿Después de los metarrelatos, dónde puede residir la legitimidad?" Entonces, ¿qué es el post modernismo? "Simplificando hasta el extremo, yo defino lo post moderno como la incredulidad hacia los metarrelatos". Es decir, el post modernismo es profundamente escéptico (o receloso) hacia los grandes sistemas o historias explicativos. También critica todo criterio que proclame ser neutral, imparcial o racional. El filósofo cristiano Merold Westphal observa que el modernismo se caracterizaba por la búsqueda de (a) la certeza absoluta (piense en Descartes) y (b) el totalismo, ese sistema "todoincluyente" (metarrelato). Los modernistas intentaron crear "grandes historias" --sin referencia a Dios-- sobre las cuales fundamentar la dignidad humana, la libertad, la moralidad y el progreso.
Mientras que el modernismo buscaba sistemas totalizantes y una certeza absoluta, el post modernismo ahora los pone en duda de dos maneras. Para contrarrestar el totalismo, el post modernismo asevera que frecuentemente utilizamos la "razón" para buscar el cumplimiento de nuestros intereses y deseos; la "verdad" es cualquier cosa que fomente mi voluntad o intereses (o los de mi grupo). Hay una "agenda política" en cualquier cosa que declaremos como verdad. El conocimiento no es neutral. (Esta observación utiliza la "hermenéutica de la sospecha"). En respuesta a la certeza imparcial, el post modernismo enfatiza que nuestras ideas y juicios están incrustados en un contexto histórico-cultural; así que nunca podemos salirnos totalmente de dicho contexto por pura reflexión. (A esto se le ha llamado la "hermenéutica de la finitud"). http://es.4truth.net/fourtruthespbnew.aspx?pageid=8589983633
[5] Ídem
[6] Ídem
[7] Ídem
[8] Ídem
[9] Ídem
[10] Ídem
[11] Ídem
[12] Ídem
[13] Ídem
[14] La oclocracia es el gobierno de la muchedumbre, es decir," la muchedumbre, masa o gentío es un agente de producción biopolítica que a la hora de abordar asuntos políticos presenta una voluntad viciada, evicciosa, confusa, injuiciosa o irracional, por lo que carece de capacidad de autogobierno y por ende no conserva los requisitos necesarios para ser considerada como  «pueblo»" https://es.wikipedia.org/wiki/Oclocracia