Identidad y Creencias: Por qué rechazamos la evidencia científica y protegemos nuestra verdad

¿Por qué nos cerramos ante la evidencia? Analizamos cómo la identidad y las creencias bloquean la verdad y generan resistencia psicológica al cambio.
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Silueta humana con muro de ladrillos mental rechazando nueva información
Nuestras creencias forman una fortaleza que a veces impide la entrada de nuevas verdades.

Si la identidad fuera esa casa que has construido ladrillo a ladrillo, donde, esos ladrillos son tus creencias. Será importante conocer cómo están colocados, con qué estructura y sentido, esas suelen ser las preguntas importantes para hacer una vivienda y para arreglarla. Igual pasa con las creencias y la identidad, las creencias tienen sentido y forman sentimientos, y, qué función, formas de percibir y pensar tienen entre ellas, suele ser lo más importante para el sentir humano.

No sentimos en el vacío. Nosotros sentimos a través de las creencias que hemos formado. Si tú crees que el mundo es un lugar hostil, sentirás miedo ante un desconocido. Si crees que tu comunidad es tu refugio, sentirás lealtad y protección. Esa emoción que surge no es automática; pasa por el filtro de lo que crees que eres y de lo que crees que es el mundo.

Y entonces, muy de vez en cuando, viene alguien que golpea la puerta de esa casa o identidad, y te trae una noticia: un nuevo habitáculo, una nueva verdad, algo que se percibe sobre tí; y esos cimientos, hábitos e ideas que tanto valoras, podrían dañarse.

¿Cuál es tu primera reacción? ¿Abres la puerta y aceptas demoler una pared? Probablemente no. Lo natural, lo humano, es poner el cerrojo. Lo hacemos por seguridad, porque esas creencias forman nuestra identidad en esa capa que consideramos más segura. Es nuestro suelo firme, en el que nos conocemos personalmente.

Esto es exactamente lo que ocurre en nuestra mente cuando la ciencia choca con nuestra identidad. Según un artículo reciente de Yashvin Seetahul, cuando un descubrimiento amenaza algo que consideramos parte esencial de nosotros mismos, no reaccionamos con lógica fría, sino con una defensa apasionada, porque nuestras creencias están dictando cómo debemos sentirnos ante esa "amenaza".

Vamos a explorar este fenómeno de responsabilidad sobre nuestras propias ideas.


    El atrincheramiento: Cuando la evidencia duele

    Pensemos en un ejemplo claro que menciona el estudio: los videojuegos. Para muchas personas, ser gamer es una etiqueta con peso identitario, existe una comunidad, una forma de entender la vida.

    Cuando surgen investigaciones que afirman que los videojuegos violentos aumentan la agresividad, ocurre algo curioso. Aquellas personas que no juegan, o que lo hacen esporádicamente, suelen leer la noticia y pensar: "Vaya, tiene sentido, acepto la evidencia". Sus creencias se ajustan a los nuevos datos porque su identidad no está en juego; sus sentimientos no se ven alterados porque no hay una creencia fundamental que esté siendo desafiada.

    Sin embargo, para los jugadores más dedicados, la reacción es opuesta. El estudio revela que, al sentirse señalados, estos jugadores intensos no solo niegan el vínculo con la agresividad, sino que a menudo adoptan la creencia contraria con más fuerza. Llegan a convencerse de que los juegos violentos reducen la agresividad porque, según su percepción, les ayudan a "descargar estrés".

    ¿Por qué ocurre esto? Porque en la capa de la creencia, el cerebro no está interpretando un dato científico neutral; está interpretando un ataque. Y como sentimos a través de nuestras creencias, la emoción resultante es la indignación o el rechazo.

    La responsabilidad de la reflexión.

    Aquí es donde entra en juego nuestra responsabilidad personal. Tener creencias no es un acto pasivo; es algo activo. En esta capa de las creencias es donde podemos —y debemos— reflexionar sobre las ideas que tenemos, y sobre cómo —con ellas— aceptamos las experiencias que hemos vivido.

    Ahí se encuentra lo que nosotros podemos “manipular” en un buen sentido, las creencias son lo que nos es obligatorio trabajar. No se hacen solas, sin mi responsabilidad y ejercicio no obtengo creencia alguna que pueda controlar(me).

    Hablaba aquí sobre el trabajo reflexivo ordenado, afectivamente sano, pero en cualquier caso, ante un modo de vida surgen creencias asociadas, el albañil, el político o el jugador gamer aceptan y forman creencias de forma automática mientras se acostumbran a sus exigencias profesionales. Y estás, a veces entran en conflicto.

    Este fenómeno que llaman los investigadores distanciamiento psicológico —alejar la información amenazante de nosotros para proteger nuestra autoimagen— es una reacción de defensa. Pero si asumimos la responsabilidad de nuestras creencias, podemos hacer algo diferente. Podemos detenernos y preguntar: "¿Por qué esta información me hace sentir así? ¿Qué creencia está detrás de este sentimiento de ataque?".

    Cuando nos distanciamos, nuestra mente dice: "Esos científicos están hablando de otra gente. No hablan de mí". Pero al hacer el trabajo interno, podemos examinar si esa creencia defensiva realmente nos sirve o si solo nos está limitando.

    El efecto rebote y la seguridad de una mente abierta

    Esto no se limita a los videojuegos. Lo vemos en el cambio climático, las vacunas o la alimentación. Cuando una persona está en modo defensivo, protegiendo su identidad, machacar con más datos provoca el "efecto rebote". La persona se siente juzgada y se agarra con más fuerza a su postura inicial.

    Pero, una autoestima que es coherente y suficiente, presenta una relación entre creencias rápida y simple.

    Encontrar el sentido que tiene lo que creemos, y entender cómo explica nuestro mundo o el mundo de los demás, consiste en la forma de sentir más segura.

    Una persona con una autoestima verdaderamente alta y adaptable es aquella que puede mirar una evidencia contraria y no sentir que su identidad se desmorona. No es un narcisista o un egoísta que enloquece defendiendo su parcela de realidad; es alguien que no enloquece porque sus creencias abarcan más posibilidades que las meramente personales.

    Si eres capaz de ver que la verdad científica o la opinión del otro tiene un sentido, aunque sea distinto al tuyo, tu identidad no se ve amenazada.

    Hacia una comunicación y una comprensión sin juicio

    Entonces, ¿cómo podemos permitir que la ciencia y la verdad entren en nuestra "casa" sin sentir que vienen a destruirla?

    La clave, según sugieren los investigadores, está en la empatía de la comunicación, pero también en nuestro trabajo interior.

    Para que las mentes cambien, es necesario comunicar sin activar las alarmas de la identidad, usando un lenguaje que no acuse ni juzgue. Es fundamental separar la acción de la persona.

    Pero también es fundamental que nosotros, como receptores, recordemos que sentimos a través de lo que creemos. Si cambiamos nuestra relación con nuestras creencias, si las hacemos más flexibles y comprensivas, nuestros sentimientos ante la contradicción cambiarán. Dejarán de ser miedo y enfado para convertirse en curiosidad y crecimiento.

    Reflexión final para el camino:

    Aquella última vez que rechazaste un dato o una noticia casi por instinto.

    ¿Era porque el dato era falso? ¿O era porque tu sistema de creencias te hizo sentir que estabas bajo ataque?

    Reconocer que somos los arquitectos de nuestras creencias, y que a través de ellas moldeamos nuestros sentimientos, es en sí un acto de libertad. Nos permite bajar el puente levadizo, mirar la evidencia con calma y entender que aceptar una nueva verdad no nos rompe; nos hace más adaptables, más seguros y puede que más completos.

    Referencias

    Para aquellos que deseen profundizar en los estudios y artículos que han inspirado esta reflexión, aquí están las fuentes originales:

    Artículo Principal: Seetahul, Y. (2025). Changing Minds: When Do People Resist Scientific Findings? SPSP Character & Context Blog.
    https://spsp.org/news/character-and-context-blog/seetahul-resistance-to-scientific-findings

    Estudio Científico de Referencia: Seetahul, Y., & Greitemeyer, T. (2025). When the shot backfires: Demonstrating how science communication can fail. Personality and Social Psychology Bulletin.
    https://doi.org/10.1177/01461672251370004



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