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    Las distintas miradas con que miramos a los otros. desde el análisis de G. Marcel
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    El otro.


    El otro como indiferente.
    El otro como objeto, con el que negocio.
    El otro como sujeto, como tú, como otro yo.
    El otro como Tú absoluto


    TRECE HOMBRES QUE MIRAN
    Para que pueda ser he ser otro,
    salir de mí, buscarme entre los otros,
    los otros que no son si yo no existo,
    los otros que me dan plena existencia.
                   Octavio Paz
    TRECE HOMBRES QUE MIRAN
    Mire la calle.
    ¿Cómo puede usted ver
    indiferente a ese gran río
    de huesos, a ese gran río
    de sueños, a ese gran río
    de sangre, a esa gran río?
                   Nicolás Guillén
    Yo.
    Tú.
    Él.
    Nosotros los seres humanos.
    Los otros nos interpelan, yo interpelo.
    Paso desapercibido, pasan desapercibidos.
    Los otros invisibilizados, no los veo, paso al lado.
    No entran dentro de mi campo de interés. Están ahí, en el montón, en la marea humana. Son animales que estorban mi camino. Los hago a un lado, sigo.
    Me digo postmoderno y lo que he hecho es profundizar lo que dice el tango:
    Cuando la suerte qu’es grela
    Fayando y fayando
    Te largue parao...
    Cuando estés bien en la vía,
    Sin rumbo, desesperao...
    Cuando no tengas ni fe,
    Ni yerba de ayer
    Secándose al sol...
    Cuando rajés los tamangos
    Buscando este mango
    Que te haga morfar...
    La indiferencia del mundo
    Que es sordo y es mudo
    Recién sentirás.
    Verás que todo es mentira
    Verás que nada es amor
    Que al mundo nada le importa
    Yira, yira
    Ese otro, el que me es indiferente, el que no lo considero humano. De pronto, se visibiliza, entorpece mi camino, intento apartarlo, protesto porque me molesta, chocamos.
    Ahí, recién, en ese momento, me doy cuenta que es un ser humano, que no puedo apartarlo como perro de la calle, entro en negociaciones con ellos. Son necesarios para mi vida diaria, me proveen de las cosas que necesito.
    Son objetos necesarios en mi vida, así como la mesa, la hoja y la birome con la que escribo. No los conozco, no me conocen. Ni intentamos conocernos, solo negocios, solo objetos.

    Con algunos de esos otros me involucro, ya no son otros son tú, tienen nombre, le ponemos nombre.
    Nombrar, la acción mas importante del ser humano.
    Nombrar, dar nombre, decir de las cosas y de las personas, individualizamos.
    Con él al que llamamos por el nombre, al que llamamos tú, dejamos de lado el negocio, lo considero como otro yo, capaz de sentir, amar, pensar.
    Sienten, aman, piensan, al igual que yo. Comenzamos y proseguimos una relación yo-tú, tú-yo.
    Deja de ser un objeto en mi vida, es alguien, no cualquiera,  un tú, al que amo u odio, por el que tengo sentimientos encontrados, quiero que piense como yo, pero sabemos que ellos piensan por sí mismos, discutimos, razonamos, nos ponemos de acuerdo. En palabras de Benedetti:
    HOMBRE QUE MIRA A OTRO HOMBRE QUE MIRA
    Vos también estás asombrado
    no querés admitir la salvación por el infierno
    o acaso no podés creer que haya
    cualesquiera hijos de vecino
    que metan la vida prójima en el cepo
    que un tipo pueda respirar
    y buscar el amor
    y faenar el tiempo
    y besar a sus hijos
    y decir oraciones
    y hasta cantar bajito
    después de haberse traicionado
    corrompido
                        enmerdado
    metiendo la vida prójima en el cepo
    vos
    como yo
    estás asombrado
    en realidad no hay fogata para ese humo
    ni siquiera hay sed para ese cántaro
    tal vez no haya pájaros para ese viento
    para ese inmune no haya después
    las venganzas yacen calmas y feroces
    la paciencia se arruga de tanta espera
    vos te preguntás donde está la cosecha
    y sin embargo tu estupor intacto
    demuestra por lo pronto que algo cosechaste
    vos mirás como inmóvil y te miro mirar
    somos dos conjeturas incómodas fraternas
    no entendemos un pito de esta infame justicia
    de esa fábrica de odios que propone el olvido
    a lo mejor te vino la infancia en un destello
    sentiste la sesera         esa insensible
    pensaste el corazón         ese impensable
    pero ni así te acostumbraste a esa saña piadosa
    a esa masacre tan emputecida
    así que no aflojaste ni un suspiro
    y te seguiste asombrando te seguiste
    yo te miro mirar como inmóvil
    pero claro la cosa no se arregla
    con miradas
                         ojeadas
                                      o vistazos
    qué tal si nos arremangamos vos y yo.[1]
    Pero también tropezamos con otro tú, un Tú, así con mayúsculas, un Tú absoluto.
    Ante Él hago lo mismo que con los seres humanos.
    Lo niego, lo aparto, busco formas de invisibilizarlo, y Él no se hace sentir, nos deja a nuestra elección.
    A veces, las circunstancias de la vida, enfermedades, accidentes, aunque no crea en Él, lo busco, le pido, me dirijo a Él para remediar lo que me está sucediendo. Negocio, hago transacciones. Vos me das esto y yo te doy aquello. Prometo.
    Pero cuando lo acepto como parte de mi vida, cuando lo considero como Tú, cuando comprendo que me ama, que me ha creado por amor, que me ha puesto en un tiempo y lugar para ser testigo de su amor, que me hace libre de elegirlo, comienzo a entender que mi vida tiene otro sentido, uno trascendente. Que puedo amarlo, que puedo sentirlo, que puedo hacerlo parte de mi vida.


    Gabriel Marcel, filósofo existencialista del siglo XX, que en su análisis de la existencia humana hace este recorrido:
    El otro como indiferente.
    El otro como objeto, con el que negocio.
    El otro como sujeto, como tú, como otro yo.
    Este mismo análisis lo lleva a descubrir el Tú Absoluto, lo que lo lleva a su conversión al cristianismo.
    El otro como Tú absoluto
    El siguiente escrito está basado en su análisis. Fuente "Diario Metafísico"


    [1] Mario Benedetti
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