La historia caótica. Encuentro con la mierda.

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Segunda parte de la historia caótica.
Ya en cuerpo de Pedro, comienza un día de trabajo en sus alegrías y demás desajustes.

Me despierto con gusto, en un día como hoy salto de la cama, desayuno unas tostadas y arranco el coche para ir al trabajo.
Soy albañil, coloco uno tras otro bloque de forma automática, no se puede decir que disfrute de ello, lo cierto es que he cogido tal maña apiladora, que mientras estoy en ello, me dedico a hacer cuentas, canto o comparto risas.


«Marcelo, ¿que tal?» y entre que despega ambos parpados para ver quién soy contesta «¿Qué tal sienta un cigarrito por las mañanas Pedro?, todavía estoy en la cama y ya quiero un cigarro ¡Valla vicio ! y ¿esto es vida? Que me tengas que preguntar tal cosa, y con esa sonrrisa en la cara … joder ..»
Se marcha balbuceando, no cambia la marcha, joder pues no se si debería cambiar de saludo, que tal no le viene bien – pensé mientras ya desaparecía lejos y le grité «¡Marcelo, pero dime algo bonito una mañana!» de camino a las herramientas, ahora me apresuro pues voy tarde.
Las guardo en cualquier lado, esta vez en un armario empotrado en construcción, es el más cercano al tajo que me ocupa – recordaba mientras me aproximaba-


Al acercarme, de repente me acechan nauseas, que gritan al oído cosas terribles de animales muertos, bajaban lagrimas de asco por mi mejilla, que me hicieron cerrar la boca para no vomitar un par de tostadas, fue entonces cuando pensando en ninguna cosa, imágenes de ira rebotaban sobre mi cráneo pidiéndole morir allí mismo.


«¡Valla asco joder! - al fin pensé - ¿como puede alguien cagar sin abrir los ojos?» , y es que una impresionante cagada deslumbraba junto a la caja de herramientas, sobre el extremo del palustre relucía de un color oscuro, un fresco que pareciera vivo, como recién venido al lugar, un delito sin papel higiénico en forma de palustre albañil.
Así multitud de figuras tristes me atacaron entre paredes a medio construir, impidiendo un escape airoso, después rescate las herramientas.


Dejando esa sala para pasar a la contigua y comenzar el apilamiento, así una tras otra, las formas volvían a su ser, el palustre ya rejuvenecido entre mezcla y bloques daba forma a fuertes paredes, en el armonioso instante que escape de los fantasmas.



Enlace: Historia caótica, primer capítulo aquí

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