¿Qué es lo que ha muerto, si es que ha muerto algo?


Hay cosas que no pueden morir aunque intenten hacerlo
Como un reflejo de la moderna filosofía naciente, nuestro contemporáneo Michel Onfray mostró en el Tratado de ateología una idea básica, que hay materias que no pueden morir, no esta en el cuerpo de su disciplina la capacidad de no ser. Siempre hay una necesidad -por individualizada que esta sea. que escapa a la muerte en materias como Filosofía, Arte, Novela, etc.

Hay cosas que no pueden morir aunque lo intenten

Decir Dios ha muerto se ha vuelto un acto muy barato en estos tiempos, fue Nietzsche quien primero introdujo esta moda en Así habló Zaratustra para que acto seguido, se recopilasen multitud de paralelismos, la filosofía ha muerto (aplastada por la publicidad), y la novela ha muerto (ahogada por el cine y los espectáculos), y, el arte a muerto (seguramente dirán que suplantado por la prensa rosa). A simple vista parece que la muerte funciona, oiga usted, pero, ¿qué quiso decir Nietzsche con Dios a muerto?, esta claro que arremetía contra el individuo y sus creencias, ¿como es posible que muera Dios sino?, solo el individuo que llama Dios a unas cuantas ideas muertas, y, al mismo tiempo muere con ellas esta matando a Dios (lo que ocurre es que en tiempos de Nietzsche se trataba de una verdadera plaga cristiana en Europa) pero en ningún caso consistía en la muerte de la espiritualidad de forma genérica, al igual que los contemporáneos que proclaman la muerte de la filosofía, quizá se trate de la muerte de las ideas divulgadas en nuestros tiempos, de una extrema vagueza conceptual enmarcada en todas las redes publicitarias, más, eso no quiere decir que la filosofía, las creaciones que ha esta acompañan vallan a morir, igual que no puede morir  la espiritualidad, tampoco puede morir la individualidad filosófica, ni sus espléndidas o futuras creaciones.

Cita de Michel Onfray en tratado de ateología.
¿Dios ha muerto? Está por verse... Tan buena noticia habría producido efectos solares de los que esperamos siempre, aunque en vano, la menor prueba. En lugar de que dicha desaparición haya dejado al descubierto un campo fecundo, más bien percibimos el nihilismo, el culto a lo fútil, la pasión por la nada, el gusto malsano por lo sombrío propio del fin de las civilizaciones, la fascinación por los abismos y los agujeros sin fondo donde perdemos el alma, el cuerpo, la identidad, el ser y el interés por todo. Cuadro siniestro, apocalipsis deprimente...

La muerte de Dios fue un dispositivo ontológico, la falsa grandilocuencia propia del siglo XX que veía la muerte por todas partes: muerte del arte, muerte de la filosofía, muerte de la metafísica, muerte de la novela, muerte de la tonalidad, muerte de la política... ¡Decretemos hoy la muerte de esas muertes ficticias! Esas falsas noticias servían en otras épocas para montar la escenografía de las paradojas antes del cambio de chaqueta metafísica. La muerte de la filosofía autorizaba libros de filosofía; la muerte de la novela generaba novelas; la muerte del arte, obras de arte, etc. La muerte de Dios produjo lo sagrado, lo divino, lo religioso a cual mejor.

Escrito de Esteban Higueras Galán: ¿Qué es lo que ha muerto, si es que ha muerto algo?
Correo electrónico: Higalano@gmail.com. Sígueme Twitter @HGEsteban

¿Lo único constante es el cambio?

¿Lo único constante es el cambio? ¿Constancia cambiante?
En un primer vistazo, parecería ser obvio que la afirmación de que todo cambia (y de manera constante) es la respuesta obligada, pero... ¿será?.


Constancia cambiante, cambio armónico y "solidario", son conceptos más difíciles de aceptar, pero que parecen ser la mejor respuesta. Primero habría que definir qué es lo que queremos decir con la palabra "cambio", y podemos concluir rápidamente, que es un sinónimo de movimiento o cambio de estado. Cambiar es pasar de A a B, moverse de un estado a otro.

Ahora, y aquí es donde se empieza a complicar la cosa; partamos de la idea de que el tiempo no existe, que solo es una representación mental, una idea, un invento del hombre, para poder medir el movimiento, ¿Qué? ¿Cómo? Los físicos inmediatamente van a interpelar acertadamente, diciendo que el tiempo es una de las muchísimas dimensiones del universo en que habitamos. Espacio y tiempo son relativos, pero ¿qué diríamos acerca de que también el movimiento lo es? Para abordarlo, es necesario justificar cómo es que no existe el tiempo.
El tiempo no es más que una comparación de movimientos. Cuando determinamos "un tiempo" lo que hacemos realmente es comparar el evento A...B con el evento C...D, ejemplo, comparamos el trayecto de un vehículo con el movimiento de las agujas de un reloj, que a su vez es comparado con un patrón definido para determinar las unidades del tiempo (cierta cantidad de vibraciones del átomo de Cesio, en el caso del tiempo terrestre). Pero el tiempo nunca existió, lo que encontramos fue solo la comparación de ciertos movimientos.
Bien, ahora vamos a complicarnos un poquito más el análisis, y para esto hay que hacer uso de la imaginación. Imaginemos que es posible variar "el ritmo" de todo movimiento existente en el universo, pero absolutamente de todo. Para esto habrá que imaginar que esta variación es autónoma, o sea, que no existe nada ni nadie que no esté incluído en la variación y, por lo tanto, no hay nada ni nadie que pueda apreciarla, que pueda comparar "su movimiento" con el del resto del universo. ¿Qué pasaría si se redujera el ritmo de todo movimiento existente a la mitad de lo que actualmente es dado? Nada. Al estar todo movimiento sincronizado, desde las partículas más elementales hasta los sistemas más complejos, la RELATIVIDAD del movimiento es la misma, la comparación del movimiento A...B con la de C...D guarda la misma proporción, la relación no se altera. La luz, por ejemplo, viaja a la misma velocidad, ya que, aunque su movimiento es "más lento", también más lento es el referente con la que se compara. Solo sería más lenta para un observador en otro sistema de referencia, pero como dijimos que no existe tal, nada cambia. Y, así, con todo lo existente.

En este ejercicio de la imaginación, supongamos que es posible reducir el ritmo a cero, nada se mueve, como en una fotografía. En teoría esta condición se daría si la temperatura de todo el universo descendiera hasta el cero absoluto, los átomos y sus partículas dejarían de moverse por completo. En esta situación el universo y todo lo que en el existe, sería un bloque estático de "existencia". Al no haber movimiento alguno, no hay necesidad de medirlo, no es necesaria la idea del tiempo. El tiempo se da como resultado de la existencia del movimiento. Si se abriera la llave de este movimiento por un pequeñísimo período y se cerrara nuevamente, obtendríamos nuevamente otra fotografía. Al abrir definitivamente esta llave, lo que resulta es una infinita serie de fotografías de la existencia, una película a la que llamamos presente.

De esta manera, aunque todo está en movimiento, aunque todo está cambiando, no es más que una constancia cambiante, un cambio sincronizado, armónico y solidario. Vivimos en un presente continuo, en un tiempo que es solo si nosotros somos, en el que nos modificamos en conjunto y con el mismo ritmo. Es como viajar dentro de una caja donde las cuatro paredes fueran espejos, no importa cuanto se mueva o cambie de posición, las imágenes que en su interior se reflejen no cambiarán, solo un observador en otro sistema de referencia apreciaría el cambio, pero, como no hay otra cosa que el TODO o el UNO, lo único cambiante es el presente continuo.




¿Lo único constante es el cambio? ¿Constancia cambiante?
Escrito de Alfonso Rodríguez Ureña. Contacto por correo: ponchourena.rodriguez@aol.com

Ortega, la muerte y la ciscunstancia.

Ortega y Gasset en memoria de Francisco Navarro Ledesma.
En el artículo Ortega y Gasset no pierde ocasión en calmar dignamente los ánimos de una mujer maltrecha, señora de un amigo y admirado Francisco Ledesma - quien calló inmerso en mala circunstancia, y se refiere hacia ella, con el ánimo de lo múltiple, que admirado por la grandeza del autor y su muerte, contempla innegable más de un camino floreciente, cosecha -claro esta- del buen trabajo.


Artículo de Ortega y Gasset para Diario El Imparcial el 14 de septiembre de 1906.
Para la Sra. Doña Eloísa Navarro Ledesma de Cubas.

EL triste adamita pasa en menoscabo al través de la vida llevándose a sí mismo a la rastra: va cargado de afanes y de dolores, más que cargado va rendido so la gravedad de un perenne desencanto. Las ilusiones, las esperanzas se le han caído, como mal prendidos cascabeles, en la primera jornada. Sigue haciendo camino con el ánimo sordo, merced a un impulso oscuro, ciego, impersonal. Un día, entre que el sol sale o no sale, llega sobre el hombre una noche definitiva: se siente hundido en un descanso oscuro, ciego, impersonal. ¡Bebiotai, bebió tai! ¡Ha vivido, ha vivido!—decían entonces los griegos. Los amigos creen por un momento que se han quedado solos: lloran: a la luz de un mezquino sol rojo echan sobre el residuo carnal unos puñados de santa tierra: luego se enjugan las mejillas: por fin, advierten que el fenecido ha traspuesto sus memorias, como una nube el horizonte.

La historia, por lo vieja y por lo irremediable, no nos interesa —dirá alguno—. Vieja sí que lo es, satánicamente vieja, pero ¿irremediable...?
Los grandes pueblos han nacido en torno a las cenizas de sus muertos: Egipto, Grecia, Roma, se han formado en la religión de los difuntos: la energía de estas razas irradiaba de las urnas cinerarias que en la secreta penumbra de todos los hogares latía místicamente como corazones inmortales
Los muertos no mueren por completo cuando mueren: largo tiempo permanecen; largo tiempo flota entre los vivos que les amaron algo incierto de ellos. Si en esta razón respiramos a plenos pulmones y abrimos las puertecillas todas de nuestro sentimentalismo, los muertos entran dentro de nosotros, hacen en nosotros morada y agradecidos, como sólo los muertos saben serlo, déjannos en herencia la henchida aljaba de sus virtudes.
Una conjunción de venturosas circunstancias ha hecho a algunos hombres inmortales; pero esto no quiere decir que no deban serlo también otros. En todo ser hay una virtud, cuando menos, que tiene derecho a ser inmortalizada. -Es injusto e inmoral preguntar de un muerto solo: ¿Qué ha hecho? Hay que preguntar también:
¿Qué ha sido?
Esta es precisamente la labor religiosa impuesta a los que conocieron y sintieron el ardor espiritual de algunos hombres muertos a destiempo y cuyos esfuerzos, rotos por un error de la suerte, permanecen eternamente proyectados sobre el vacío como arcos incompletos, como imágenes frustradas en que las líneas no se cumplen, las dovelas no se aunan y se yerguen sin estatuas los plintos.
Así Navarro Ledesma murió al comenzar su labor constructora; ahí está el bloque de blanco mármol; sobre él dio la mano inspirada unos golpes de cincel; unas confusas líneas marcan sospechas de figuras poderosas, de brazos con músculos tendidos, de torsos egregios, de rostros sugestivos y enigmáticos. Pero el escultor ha muerto; la obra múltiple, honda, sincera, educadora, evangélica, queda por siempre inexplicada, perdida entre los prietos granos de la mole indiferente; so ese mundo nuevo que iba a surgir cae la única manera irremediable de muerte: la de lo que se queda sin nacer.
Dentro de algunos años acaso parezca confuso a una nueva juventud esto de que hoy echemos algunas flores de recuerdo en torno a la memoria de Navarro Ledesma. Su obra, esparcida a todos los vientos en forma de escritos periodísticos, no es su obra: el que quiera sobre esas páginas compuestas sin tiempo, sin esperanza y sin libertad, erigir un juicio, comete una injusticia. El tiempo, la esperanza y la libertad son los tres demiurgos que elaboran los planes del poeta, y los tres faltaron totalmente a Navarro Ledesma por una conjunción de adversas circunstancias.
En la historia del pensamiento aparecen a lo mejor nombres ante los que mostraron gran respeto sus contemporáneos, pero que no dejaron obra sobre que nosotros podamos hoy reconstruir definidamente aquella alma venerable. Sea un ejemplo Sócrates. Pero ¿qué cosa fue Sócrates? Y ved lo que tenemos qué responder: Sócrates fue Platón y Jenofonte, Sócrates es un poco de todos nosotros, que desde hace veinticinco siglos vamos naciendo con unos acordes socráticos dentro de Ia armonía equívoca de nuestro espíritu. Mas para nosotros, Sócrates es una idea que nos enseñó Platón, al tiempo que para este divino filósofo, Sócrates fue una aventura; mejor aún, la aventura, aquel momento de la vida individual que polariza, que cristaliza en forma decisiva el resto de esa vida individual.
Navarro Ledesma fue mi aventura. Tú, señor lector, leerás esta frase con indiferencia, pero es que tal vez no sepas qué hacecillo de abrojos y de amarguras, qué respiradero de inquietudes, qué cúmulo de anhelos dolientes, de dubitaciones, de tanteos desesperados, de ambiciones imposibles, constituye eso que llamaríamos el alma de un español de veinte años. Si lo ignoras, te pido noble respeto ante una cosa que es para ti un misterio, y prometo que alguna vez intentaré aclarártelo.
Navarro Ledesma fue para mí una aventura, porque coexistían en él junto a una agudísima e incansable ideación las dos más altas virtudes modernas: el cumplimiento de los deberes oscuros y el idealismo inmarcesible.
Conforme va el hombre viviendo. múdanse sus pensamientos, quiébranse sus proyectos, entran otros en su lugar, llegan y pasan bramando las pasiones, trastrócanse mil veces las ambiciones, mueren los amigos y los hermanos, sobreviven otros amigos y otros hermanos, todo se estremece y oscila, se trasmuda y huye, se renueva y cambia. En tanto una sola realidad permanece, una sola cosa está sentada a nuestro lado tácitamente y si caminamos hace vía con nosotros: el Deber, pardo, vulgar personaje sin historia. En tanto que fuera y dentro de nosotros sin cesar todo se muda, nosotros tenemos que cumplir con nuestro deber. ¿Qué deber? ¿Ese bello deber de conquistar un reino, de fundar una religión, de decir una verdad atrevida? No, no, esos son llamamientos unipersonales con que Dios regala a algunos hombres y que en el fondo les ensoberbecen. Hablo del deber anónimo, del deber cambiado en cuartos, el de este instante que está frente a nosotros y el de todos los instantes. Es ese deber sin flores y de frutos invisibles, ese deber hospiciano que forma el más hondo sedimento sobre el que se apoya todo el esplendor de la vida social: el deber del trabajo. Navarro Ledesma, que intelectualmente había hecho la vuelta de todas las quitaesencias enfermizas o sabias de la moral nueva, cumplió santamente, un día y otro, con esos deberes oscuros. Aquí tenéis un ejemplo de una de las dos sublimes virtudes democráticas. E l antiguo y conocido campo del Deber es el lugar de liza y de hazañas para los modernos caba- lleros, y cumplir en ese paso honroso de la Obligación, la muestra más cierta de virilidad moderna.
Hay quien espera a entrar en el combate cuando el rey está mirando; hay quien para escribir necesita, como Buffon, unos puños de encaje; hay quien es como Aristo, aquel filósofo galante que disertaba únicamente cuando le llevaban en litera. Hay, en cambio, quien trabaja siempre que es preciso, donde quiera y como quiera.
He llamado idealismo inmarcesible a la otra virtud que había eminentemente en Navarro Ledesma. Tú, señor lector, sabes bien, ¿no es cierto?, lo que es un ideal. El mundo es como es: nosotros quisiéramos que fuera de otra manera, y nos afanamos por lograrlo. Los hombres son injustos; nosotros creemos que la justicia debe hacer entre los hombre su firme nido de cigüeña. Los españoles somos fanáticos: tú y yo creemos que los españoles deben ser tolerantes. Al mundo que es oponemos un mundo que debe ser. Sobre la realidad trabajamos por fundar la idealidad. Este, estado de ánimo en que la idealidad halla siempre amorosa resonancia, es lo que llamo idealismo. La mocedad es siempre idealista: en ella el idealismo es fisiológico y tiene escaso mérito. Pero todos los alientos noblemente excesivos tras cosas ideales suelen agotarse antes de los treinta años en razas cansadas y mujeriegas como la nuestra. La vida es, ante todo, una faena de domesticación y de poda de ilusiones; mas, por lo mismo, es preciso entrarse por ella con pasto abundante en que se cebe, como es preciso en casi todas las enfermedades entrar rollizo para que algo sobrequede a la postre. Una injusticia suscita en un mozo indignación, en un viejo nostalgia de la indignación.
Navarro Ledesma había sufrido mucho, moral y físicamente: su mocedad se había anegado en una labor incesante y rudísima: por eso, habiéndole faltado la juventud ardorosa, pasional, turbulenta, conservó durante toda su vida una juventud más quieta, más armoniosa, más de Clara fuente risueña, pausada y fresca; mantúvose siempre capaz de indignación y de entusiasmo; tuvo, en fin, hasta la muerte, sobre su rostro ancho y reciamente asentado en los hombros esa tierna expresión con dejos melancólicos que conservan en la mirada las vírgenes viejas. Suelen hacernos las desventuras de vidrio, como al licenciado, y no quisiéramos movernos para quebrarnos. De ordinario, en la llamada experiencia, más que aprender nuevas verdades aprendemos el olvido de esas difíciles verdades eternas que nos impulsan a la guerra santa contra la realidad. Por esto sorprende hallar algún hombre en quien luego de años largos de dolor, perdure la exaltación idealista, la segunda virtud democrática, girondina. Nietzsche hubiera llamado a Navarro Ledesma, como se nombraba a sí mismo: «Argonauta del ideal».
No reduzcamos los muertos a las obras que dejaron: esto es impío. Recojamos lo que aún queda de ellos en el aire y revivamos sus virtudes.
¡Resucitemos a los muertos virtuosos de entre los muertos!
Diario El Imparcial, 14 septiembre 1906.


Lectura comentada por Esteban Higueras Galán


The Century of The Self


The Century of The Self
The Century of The Self, traducida al español como El Siglo del Yo, es una serie documental de cuatro capítulos escrita y producida por el documentalista y escritor Adam Curtis. Se trata ante todo de un estudio histórico y reflexivo acerca del triunfo del individualismo y su estrecha conexión con la sociedad de consumo. Un repaso a la difusión de las teorías de Freud, su aprovechamiento comercial y posteriores devenires, que ilustra de manera amena y didáctica la batalla y esfuerzos, por parte del mundo empresarial, por crear ciudadanos que entreguen su vida a las dinámicas del consumo, haciendo depender su identidad de ellas.


The Century of The Self
Serie documental escrita y dirigida por Adam Curtis para la BBC. Más información sobre su obra en su perfil de IMDb.

Comienzos de la filosofía Griega.

Vídeo de filosofía de Carl Sagan.
El vídeo corto expone la causalidad de la creación filosófica en Grecia, aquellos que primero rompieron con el misticismo de las antiguas religiones, que crearon las bases para un pensamiento causal legible para el hombre, para los que la filosofía -sin poder ser gobernada aún por el hombre- servía de herramienta cognoscible.




Vídeo introducción a la filosofía griega, del misticismo a la ley / Carl Sagan.

Conceptos: ¿Filosofía o Publicidad en la Era Moderna?

Los conceptos nos rodean, pero, ¿son algo más que publicidad?.
En los tiempos modernos estamos realmente acostumbrados a escuchar la palabra "concepto", más ¿creen que esto se debe a una expansión filosófica?, o, ¿más bien a un énfasis publicitario?. Puede que ha ambos. ya que las ultimas creaciones tecnológicas -como los Smartphone- si que requieren de un gran y útil concepto.

Biblioteca moderna con libros y tablets en mesas, simbolizando la dualidad entre conceptos filosóficos y publicitarios en tecnología.

En la era moderna, los conceptos se han convertido en una pieza clave de nuestra realidad, pero ¿de dónde surgen realmente? ¿Son expresiones profundas de la filosofía o estrategias ingeniosas de la publicidad? Este artículo, titulado Conceptos: ¿Filosofía o Publicidad en la Era Moderna?, explora la dualidad entre los constructos filosóficos —como el "ser" de Aristóteles— y los conceptos publicitarios que impulsan creaciones tecnológicas, como los smartphones o los iPads. A través de esta reflexión, Microfilosofía.com invita a los lectores a cuestionar si los conceptos que nos rodean son herramientas de pensamiento o meros anzuelos comerciales, analizando su impacto en nuestra vida cotidiana y su evolución en el contexto actual.

Para comprender a fondo el texto sobre los conceptos y su dualidad entre filosofía y publicidad en la era moderna, es fundamental situarse en el presente. Este análisis se desarrolla en un momento histórico marcado por la revolución tecnológica y digital del siglo XXI, donde la globalización, el auge de internet y las redes sociales han transformado la manera en que las ideas, los productos y los valores se comunican y consumen. Desde los inicios del siglo, la proliferación de dispositivos como smartphones, tablets y plataformas como Facebook ha impulsado una cultura de conceptos que no solo definen innovaciones tecnológicas, sino también las estrategias de marketing y publicidad masiva, generando una fusión entre lo filosófico y lo comercial.

Estamos en una época de cambio paradigmático, donde las nociones tradicionales de conocimiento y creación han sido desafiadas por la rapidez del consumo cultural y la mercantilización de las ideas. La era moderna, caracterizada por la hiperconectividad y la economía digital, ha visto cómo conceptos filosóficos históricos —como el "ser" de Aristóteles o el "devenir" de Heráclito— coexisten con conceptos publicitarios creados por empresas tecnológicas y marcas, como el iPad de Apple o el concepto de "conexión en tiempo real" asociado a los smartphones. Este cruce refleja una tensión entre el pensamiento abstracto y especulativo de la filosofía y las dinámicas pragmáticas y económicas de la publicidad, un fenómeno que se intensificó con la llegada de la era digital a principios del siglo XXI.

Los conceptos, ya sean filosóficos o publicitarios, funcionan como "máquinas de pensamiento" o herramientas que dan sentido a la realidad, pero su utilidad y propósito difieren según el sistema en el que se insertan. En la filosofía, los conceptos, como el "ser" o el "devenir", emergen de un proceso de reflexión profunda sobre la existencia humana y no requieren de un "artilugio" físico para ser comprendidos; están intrínsecamente ligados a la naturaleza humana y al pensamiento crítico, como lo sostenían pensadores clásicos como Aristóteles o modernos como Heidegger. Por el contrario, en la publicidad, los conceptos —como el de "smartphone" o "iPad"— están diseñados para promover productos, integrándose en un sistema económico donde su valor depende de la capacidad de generar deseo, consumo y una respuesta económica, como el gasto en un dispositivo tecnológico.

Este contexto histórico —de transformación digital y mercantilización— y esta distinción conceptual entre filosofía y publicidad permiten al lector situarse en el núcleo del debate: ¿los conceptos que nos rodean son fruto de un pensamiento profundo o de una estrategia comercial? Con esta base, te invito a reflexionar sobre cómo los conceptos moldean nuestra percepción de la realidad moderna, conectando la tradición filosófica con los desafíos de un mundo saturado de publicidad y tecnología.

Conceptos en la época moderna


Por donde quiera que caminen las ideas se pueden reconocer múltiples conceptos, en nuestro mundo la realidad es producto, el individuo vive rodeado de creaciones imaginarias y son ellas las que otorgan el sentido, sin la idea en la palabra -el concepto- no serían de utilidad creaciones como Ipad, Facebook, Ser, o devenir (sin distinción aquí entre conceptos de publicistas, y conceptos de filósofos, para lo que nos conviene trae sin cuidado) que atañen a la filosofía, ya se trate de creaciones tecnológicas (como las de Steve Jobs) o de las más antiguas creaciones (como la de "ser" en Aristóteles).

Si se piensa que un concepto atiende a un sistema, y funciona en él como una maquina de pensamiento, este concepto no sería aquel fuera de ese sistema, es decir, sería un concepto inútil sin capacidad de afectar al sistema en el que se incluía, y esto es así en todos los conceptos de nuestra realidad. Así, si se piensa en un concepto en publicidad, la diferencia relevante estriba en que el artilugio que representa los valores de ese concepto -ejemplo: Ipad- cuesta una respuesta, que en publicidad casi siempre es dinero. Usted puede experimentar la conexión en tiempo real con sus círculos cercanos, enviarles fotos, comunicarte con las grandes marcas en tiempo real, y para eso usted tiene que hacerse con un artilugio como el nuestro, esto es lo que enseña el concepto de Smartphone. Este es el sistema, el de la comunicación tecnológica, formarse un concepto de Smartphone necesita de un sistema arraigado a la comunicación entre artilugios tecnológicos. Usted ya tiene su concepto de Smartphone, solo le hace falta uno para utilizarlo. Es lo que persigue una estrategia publicitaria digna, se esfuerzan en comunicar la utilidad y ventajas de utilizar su concepto, y con el, el artilugio que los compromete. Como digo, se habla aquí de una creación conceptual realizada por publicistas, y no por filósofos. Y el objeto de la acción siempre trata de posicionar un producto (se trata de una guerra fría y cruda entre marcas) utilizando el concepto de una forma social muy amplia. Se trata de impregnar al máximo numero de personas posibles, e incluso -en la mayoría de productos en venta- a costa de rebajar la utilidad de ese concepto hasta hacerlo más comprensible para la mayoría del publico objetivo.

En cambio para la filosofía, en cuanto habla de artilugios filosóficos, es necesario hacer una objeción; no se trata de artilugios físicos. Pero que cosa digo!, no hace falta ningún artilugio, como ya sabemos se trata de algo parecido a una maquina de pensamiento, todo lo que hace falta para utilizar aquella palabra, aquel constructo, esta en tu naturaleza, esta en la palabra, y se puede decir que situado dentro del cráneo. Y es que la filosofía no puede venderse, la filosofía puede adueñarse. Un concepto en filosofía siempre esta listo para que alguien se adueñe de él, y en este sentido -cuando el concepto pertenece al adueñador tanto como al creador, no tiene cabida que requiera dinero alguno para quienes lo pretenden.




Escrito de Esteban Higueras Galán. Conceptos de filosofía y publicidad.
Correo electrónico: Higalano@gmail.com. Sígueme en Twitter @HGEsteban


F. C. Barcelona: la elevación de la Poiesis


F. C. Barcelona: la elevación de la Poiesis.
Poiesis, así podríamos definir el estilo del Barça. Me arriesgo a hacer esto porque hay algo que no me gusta: la media se ha adueñado de la palabra “filosofía” para hablar de un estilo de juego que después se ha ido extendiendo al resto de equipos de fútbol.


Poiesis, así podríamos definir el estilo del Barça. Me arriesgo a hacer esto porque hay algo que no me gusta: la media se ha adueñado de la palabra “filosofía” para hablar de un estilo de juego que después se ha ido extendiendo al resto de equipos de fútbol. Aprovecho que hay una etiqueta para hablar de esto, aunque pueda parecer contradictorio en muchos de mis escritos. La única de las comparaciones filosóficas que se pueden hacer con el equipo de la ciudad condal es esta, amén de hablar de su entrenador Josep Guardiola. Quiero analizar el aspecto ofensivo, ni el táctico ni el defensivo del equipo, porque es donde más se crea.

Hablemos de la poiesis, según Heidegger en la Carta sobre el humanismo  la culpa del pensar técnico está en la escisión que hacen Platón y Aristóteles entre praxis y poiesis. Esta además se ha asociado a la poesía, es la creación de algo nuevo. Obviamente el primero de los filósofos despreciará esta porque se dedica a hacer copias de copias ya presentes, la poiesis será simplemente una creación de tercer nivel por así decirlo y totalmente alejada de la verdad, con lo que los creadores son expulsados de la República platónica. Paradójicamente, su estilo poético en los Diálogos platónicos le hacen un gran escritor y creador. Pero ese es otro tema, tan sólo trataba de darle una conexión con nuestros antepasados culturales griegos. El Pep Team ha conseguido enganchar con su forma de creación de fútbol a todo un colectivo muy diferente entre sí, ahí está el primer triunfo del conjunto blaugrana. Ese continuo reinvento futbolístico, además, le hace merecedor de la admiración mundial. Sea con tres o cuatro defensas el equipo siempre deleita a su público, por ello cuando baja un poco el nivel la sensación general es de desacierto o fallo de ese grupo humano. Una de las innovaciones que ningún otro equipo ha podido realizar es el destacado falso nueve, una manera de jugar sin un delantero centro puro. Messi como referencia de esto, a lo que se han sumado perfectamente jugadores como Cesc Fábregas o Alexis Sánchez. Pero vamos a analizar cómo es posible que ocurra esto con la formación que tienen y jugadores que tienen[1]La alineación habitual es la siguiente, he obviado lesiones y demás percances del deporte y la vida en general por razones más prácticas. Vamos a analizarla incluidos los movimientos ofensivos como hemos dicho:


Por lo general, este año sobre todo, Dani Alves sube la banda como carrilero lo que deja una defensa de tres. Pese a la fotografía, la defensa suele estar muy adelantada y las líneas del centro de campo se adelantan bastante provocando que al ataque se sumen hasta siete jugadores (incluso ocho). Provoca que la defensa y media contraria se metan atrás para defenderse, levantando una muralla que a base de paciencia los jugadores del Barcelona suelen derribar. Estos últimos años ha habido un cambio en un jugador importante como es Xavi, este sistema le permite llegar arriba y meter más goles de lo habitual ya que tiene bien cubierta la espalda por Sergio Busquets, cuyo trabajo es el más sucio e importante de toda esta creación poiética. Este jugador es el encargado de recuperar los balones que pueda, además de apoyar el ataque y desvivirse en defensa. El jugador clave, Messi, suele ejercer de mediapunta permitiendo la entrada de Iniesta. Por lo general toda jugada de gol pasa por los pies de estos cuatro jugadores, permitiendo la incorporación de los extremos Pedro y Villa. Una de las jugadas típica es la caída de Messi a la banda de Dani Alves, lo que permite llegar a cuatro jugadores al área contraria.



Al rosarino le encanta esta jugada porque siempre puede perfilarse hacia su pierna izquierda y golpear preciso y con fuerza a portería. A pesar de ser muy conocida, siempre sale de diferente manera con lo que la creación es demasiado importante. Hay dos posibilidades, espero se entienda el esquema:


Como se ve, a pesar de la superioridad defensiva representada por las cruces el Barça siempre tiene una posibilidad nueva de poiesis y la norma general es la triangulación si no hay posibilidad de creación, lo que nos lleva a ver cosas increíbles en un espacio de pocos metros. Cuando Messi recibe en el pico del área, tiene tres posibilidades: devolver al carrilero Alves y centrar con la incorporación de tres más dos jugadores al área, buscar a Xavi para que se la deje y tirar o a Pedro y tener el mismo resultado. El balón ajustado al palo suele entrar y si no la para o envía a córner el portero entran otros cuatro, tres mínimo, jugadores al rechace con lo que la presión para la defensa es máxima. La piedra angular de este proyecto es Messi, sin duda, pero los demás jugadores cuentan de manera inimaginable.

A grandes rasgos, esta es una aproximación al juego del F. C. Barcelona. Si la entrada tiene cabida y aceptación, me veré obligado a hacer más. Pero sobre todo me gustaría que se entendiera una cosa: este equipo es único, por eso el jugador argentino en su selección no puede hacer lo mismo que hace en su equipo. No hay comparación posible frente a un equipo que se dedica a dignificar este deporte. 


[1] Las imágenes son fotografías personales del autor, dando la autoridad de poder distribuir libremente cada una de ellas. 




F. C. Barcelona: la elevación de la Poiesis.
Enrique Martínez, mi blog personal: Esto es Kaos Contacto: Gmail: eselkaos2011@gmail.com / Facebook @Mart_Nrique

El sentido no es nunca principio ni origen

Lectura de Deleuze en lógica del sentido.
En la lectura, Deleuze ejemplifica el paso de una filosofía para el hombre, contraria a una filosofía del hombre, es decir, creada, construida y diseñada por y para él mismo. El sentido no es principio ni origen -grita esta filosofía-, es producto, sumas, fugas y encuentros.
A continuación se expone un extracto del libro Lógica del sentido, de Deleuze Gilles.
Es pues agradable que resuene hoy la buena nueva: el sentido no es nunca principio ni origen, es producto. No está por descubrir, ni restaurar ni reemplazar; está por producir con nuevas maquinarias. No pertenece a ninguna altura, ni está en ninguna profundidad, sino que es efecto de superficie, inseparable de la superficie como de su propia dimensión. No es que el sentido carezca de profundidad o de altura; son más bien la altura y la profundidad las que carecen de superficie, las que carecen de sentido, o que lo tienen sólo gracias a un “efecto” que supone el sentido. Ya no nos preguntamos si el “sentido originario” de la religión está en un Dios al que los hombres han traicionado o en un hombre que se ha alienado en la imagen de Dios; por ejemplo, no buscamos en Nietzsche al profeta de la subversión ni de la superación. Si hay un autor para quien la muerte de Dios, la caída desde lo alto del ideal ascético no tiene ninguna importancia en tanto que queda compensada por las falsas profundidades de lo humano, mala conciencia y resentimiento, ése es sin duda Nietzsche: el lleva a cabo sus descubrimientos en otro lugar, en el aforismo y el poema, que no hacen hablar ni a Dios ni al hombre, máquinas para producir el sentido para medir la superficie instaurando el juego ideal efectivo. No buscamos en Freud al explorador de la profundidad humana y del sentido originario, sino al prodigioso descubridor de la maquinaria del inconsciente, por la que el sentido es producido, siempre producido en función del sinsentido. Y ¿Cómo no sentir que nuestra libertad y nuestra efectividad encuentran su lugar, no en lo universal divino ni en la personalidad humana, sino en estas singularidades que son más nuestras que nosotros mismos, más divinas que los dioses, que animan en lo concreto el poema y el aforismo, la revolución permanente y la acción parcial? ¿Qué hay de burocrático en estas máquinas fantásticas que son los pueblos y los poemas? Basta con que nos disipemos un poco, con que sepamos permanecer en la superficie, con que tensemos nuestra piel como un tambor, para que comience la gran política. Una casilla vacía que no es ni para el hombre ni para Dios; singularidades que no pertenecen ni a lo general ni a lo individual ni personales ni universales; todo ello atravesando por circulaciones, ecos, acontecimientos que el hombre nunca habría soñado, ni Dios concebido. Hacer circular la casilla vacía, y hacer hablar a las singularidades pre-individuales y no personales, en una palabra, producir el sentido, es la tarea de hoy.