Deleuze y su concepto de Deseo.

"Toda la filosofía de Deleuze y de Guattari es 
elaborar el esquema conceptual que permita comprender 


Deleuze contra el pensamiento político


Deleuze sujeto y máquina, como poseedor de una capacidad afectiva super-desarrollada, Deleuze hace de discriminante de las múltiples individualidades en que cada deseo es capaz-Leer más sobre las individualidades, es decir, codifica al Deseo en distintos devenires placer de manera que le permite trabajar en análisis concretos, por lo que el deseo no es causa del placer sino la incapacidad, los deseos serían a los placeres algo igual a una sombra, y no poseerán más existencia que esta, y si el deseo no tiene consistencia, ni duración (en sentido Spinoziano), entonces no existe, su figura consiste en el hecho de reflejar los signos amorfos y dispersos, a la espera de que, al fin, al amparo de su extinción, despierte un placer.

Pero, ¿qué es para Deleuze tener derecho a desear?

Él no dice en ningún momento tener derecho a satisfacer nuestros deseos, o en su caso, liberarnos de la pasión, pues, aún en los casos en que un deseo pueda ser fruto de una pasión, no por ello se puede liberar nada, no hay nada que liberar ya que no existe, el deseo es invisible, incapaz de ser visto o inferido por si solo, es necesario entonces - para Deleuze- "instigar" en la búsqueda de un territorio que hará las veces de mapa conceptual, para que ahí no sean ya deseos, sino devenires placeres, y si el cuerpo se ocupa en provocar a sus potencias y recorrer todos aquellos deseos estará en camino de posibilidades placenteras.
         

Desarrollo y creación, Filosofia Deleuze, revista filosofía
Meeting of galaxies imagen de Aliaga Aliev.
Para Deleuze, un deseo no se satisface, se completa.

Un deseo no es, no existe, no hay nada para llenar ni de que desprenderse, un deseo -para Deleuze- es un placer subdesarrollado, que existe en el mismo mapa que los zombis y es a la vez, lo más parecido a un fantasma. Por su inexistencia, los suspiros, la ausencia de cuerpo. Un deseo se completa si se arropa al camino de los placeres, entonces comienza a crearse y a formarse, y a agenciarse los afectos como propios, pero antes no había nada, y ahora son potencias y placeres en vías de desarrollo. Completar un placer es a la vez, tener acceso a nuevas potencias...

La filosofía Deleuziana como forma de albergar placeres y encuentros.
Completar un placer necesita de un encuentro, el hecho de gozar es advertir el hecho de una mayor potencia y de futuras capacidades. Deleuze escapa así de los ejes de normalización, escapa a Freud y a cualquier anti-pesimista, por que él hace vida en las desviaciones y diferencias. Por que él es filósofo de individualidades, y esta muy alejado del pensamiento político y social.
   


                                        

Micrrorelato: Cuadros y miradas.

Mi casa está llena de cuadros, dibujos e imágenes que he creado o capturado. Pero los retratos tienen algo en común, y la gente siempre se alarma por ese detalle y me dice que sufro delirio de persecución o paranoia o esas cosas. Cada vez que llega alguien a mi casa y ve mis trazos pregunta: “¿Por qué los retratos tienen los ojos tapados, borrados o arrancados?” Y me causa risa que me lo cuestionen. Yo sólo les contesto: Porque así como la música cobra vida al ser interpretada, mis ilustraciones cobran vida al ser plasmadas. Mis cuadros tienen vida, tienen ojos, los ojos ven, y yo no quiero sentirme observado.



Escrito de Luis Roberto Calderón García en Impresionesvivas. 
Puedes hablar con el en Facebook, y Correo: luis_rooo@hotmail.com  

Video documental sobre Emile Cioran completo

Nihilista absoluto, cortesano del pesimismo y juez de la desesperación, pero -se dice- con mucho sentido del humor, artifice de su própia melancolia, en cualquier caso: un genio amado y odiado. Ahora pueden ver el documental integro, disfruten:

Algunas Citas de Emile Cioran.
Todas las imposibilidades se resumen en una: la de amar, la de salir de la tristeza propia (p. 21)

París: insectos comprimidos en una caja. Ser un insecto célebre. Toda gloria es ridícula; quien a ella aspira ha de tener en verdad el gusto de la decadencia. (p. 23)

Emil Cioran.
¡Qué horror tengo a la carne! Una suma infinita de caídas, el modo como se realiza nuestra decadencia cotidiana. Si hubiera un dios, nos habría dispensado de la carga que entraña almacenar podredumbre, arrastrar un cuerpo. (p. 24)

He leído demasiado… La lectura ha devorado mi pensamiento. Cuando leo, tengo la impresión de hacer algo, de justificarme ante la sociedad, de tener un empleo, de escapar a la vergüenza de ser un ocioso… un hombre inútil e inutilizable. (p. 26)

El Mal es en la misma medida que el Bien una fuerza creadora. Ahora bien, es el más activo de los dos. Pues con demasiada frecuencia el Bien haraganea. (p. 27)

Sólo me entiendo a fondo con quienes, sin ser creyentes, han pasado por una crisis religiosa que los ha dejado marcados para el resto de sus días. La religión -en cuanto debate interior- es el único medio para horadar, perforar, la capa de las apariencias que nos separa de lo esencial. (p. 31)

Emitir un juicio moral sobre los demás constituye casi siempre una señal de bajeza. Sólo los dioses -¡y con reparos!- tienen derecho a sopesar nuestros actos. (p. 45)


Video Documental sobre Emile Cioran en Impresionesvivas.



            

La razón afecta igualmente en el futuro, presente o pasado.

PROPOSICIÓN LXII

En la medida en que el alma concibe las cosas según el dictamen de la razón, es afectada igualmente por la idea de una cosa futura, que por la de una pretérita o presente.

Demostración: Todo cuanto el alma concibe teniendo a la razón por guía, lo concibe bajo la misma perspectiva de eternidad, o sea, de necesidad , siendo afectada por todo ello con la misma certeza. Por lo cual, el alma concibe una cosa con la misma necesidad, y es afectada por igual certidumbre, ya se trate de la idea de una cosa futura, pretérita o presente; y esa idea, lo sea de una cosa futura, pretérita o presente, será en cualquier caso igualmente verdadera, esto es, tendrá en cualquier caso las mismas propiedades de la idea adecuada. Y así, en la medida en que el alma concibe las cosas según el dictamen de la razón, es afectada del mismo modo por la idea de una cosa futura, pretérita o presente. Q.E.D.

Escolio: Si pudiéramos tener un adecuado conocimiento de la duración de las cosas, y pudiéramos determinar racional­mente los tiempos de su existencia, entonces experimentaría­mos un mismo afecto ante las cosas futuras y ante las presentes, y apeteceríamos como si fuera presente un bien que el alma concibiese como futuro, y, por consiguiente, daríamos de lado necesariamente a un bien presente menor, en favor de un bien futuro mayor, y no apeteceríamos un bien presente que fuera causa de un mal futuro, como demostraremos pronto. Pero acerca de la duración de las cosas no podemos tener más que un conocimiento muy inadecuado, y determinamos los tiempos de existencia de las cosas solamente con la imaginación, la cual no es igual­mente afectada por la imagen de una cosa presente que por la de una futura. De ahí deriva que el conocimiento verdadero que tenemos del bien y del mal no sea sino abstracto y universal, y que el juicio que nos formamos acerca del orden de las cosas y el nexo de las causas, en orden a determinar qué es malo o bueno, en el presente, para nosotros, sea más bien imaginario que real. Y así, no es de extrañar que el deseo que brota del conocimiento del bien y el mal, en lo que respecta al futuro, pueda ser reprimido muy fácilmente por el deseo de cosas que son actualmente agradables; acerca de ello, ver la Proposición 16 de esta Parte.

Lectura de Spinoza en Ética demostrada según orden geométrico.


                                                         

Microrelato: El hombre y su sombra.

El hombre lleva siete horas sentado, pensando como terminar su mal. Se levanta, camina hacia los extremos del cuarto y vuelve a sentarse. Vive en desesperación por una entidad que parece fuera de su alcance. Lleva meses grises por un ser que lo sigue, y no lo deja jamás. A veces al dormir, está con él y gobierna su vida, ya al amanecer descubre platos rotos, libros en el suelo y manchas de pintura en la pared. Trata de buscar pistas de cómo ha pasado todo, pero es imposible, ni si quiera recuerda haber escuchado ruido en la noche. Tampoco recuerda en qué momento se volvió un problema. Y se atormenta por su acompañante, se ha vuelto delirio y pesadilla. Quien está con él es su sombra. Ella es sigilosa y delgada, como una silueta, y puede estar con nosotros sin que nos demos cuenta. Sigue sentado y medita, cómo acabar con la sombra. Entonces, sabe que no queda otra opción. Va al espejo y confirma su sospecha, la sombra, era él mismo. Esa sombra que nos acompaña siempre y no queremos voltear a ver. La misma que crece con nosotros y la ignoramos confundiéndola en la oscuridad. Acabar con la sombra, es terminar con parte de nosotros, en algunos casos, todo lo que somos.



                       

Las personas alegres tienen razón aún con la menor inteligencia.

El presente escrito semi-humorístico se hace para aquellas personas que siempre obtienen lo que quieren, es decir, de las que diremos que llevan razón en sus argumentos, y esto, aunque sus actos no covarien con las conductas llamadas inteligentes.

Se quiere pensar (en este escrito) que la inteligencia es capaz de impedir conductas útiles, esto es algo extraño, pero es el objetivo, entonces, al hecho de ser capaz de articular entre sí una serie de constructos que desemboquen en una idea más o menos concreta, se entiende como inteligente, pero, si este proceso constructivo inunda a su vez al sujeto en una pasión triste, entonces, esta conducta será menos útil e inteligente que cualquier otra que mantenga al sujeto en un estado alegre.

Y para explicar esta descripción no se gastará mucho esfuerzo -ya que no pretende alcanzar una validez muy elevada, en cambio siempre podrá -quien se lo proponga- observar a su alrededor y encontrar a aquellas personas de mayor éxito, y entonces les propongo unos ejercicios para probar que es más fuerte en el observado: si la alegría o la inteligencia.

Pruebe a preguntar a su objetivo, con cara seria y ojos tristones, sobre los problemas más importantes en política internacional, y verán que estos problemas rara vez tienen solución sin ir acompañados de una sonrisa, entonces vuestro entrevistado haciendo gala de su inteligencia sonreirá al mismo tiempo que esbozará una frase ingeniosa. Y ustedes sabrán a ciencia cierta que están delante de un señor de éxito.
Pero, si no quedan totalmente convencidos recuerden a aquel personaje de ficción llamado Forest Gump, que es quizá, quien consiguió más éxistos con la menor inteligencia, y por eso diremos de él que era su alegría y actitud lo que le llevó al éxito.

Y es así como hemos afirmado que las personas alegres, aún con razonamientos muy estúpidos, siempre llevan la razón.

                            

Cómo escribir una novela según Miguel de Unamuno: Ficción y Vida

Retrato de Miguel de Unamuno reflexionando sobre la creación de personajes y la novela autobiográfica
Para Unamuno, todo personaje de ficción lleva en sí un fragmento del alma de su autor.


En estas circunstancias y en tal estado de ánimo me dio la ocurrencia, hace ya algunos meses, después de haber leído la terrible Piel de zapa (Peau de chagrin) de Balzac, cuyo argumento conocía y que devoré con una angustia creciente, aquí en París y en el destierro, de ponerme en una novela que vendría a ser una autobiografía. Pero ¿no son acaso autobiografías todas las novelas que se eternizan y duran eternizando y haciendo durar a sus autores y a sus antagonistas?

En estos días de mediados de julio de 1925 —ayer fue el 14 de julio— he leído las eternas cartas de amor que aquel otro proscripto que fue José Mazzina escribió a Judit Sidoli. Un proscripto italiano, Alcestes de Ambris, me las ha prestado; no sabe bien el servicio que con ello me ha rendido. En una de esas cartas, de octubre de 1834, Mazzini, respondiendo a su Judit que le pedía que escribiese una novela, le decía: «Me es imposible escribirla. Sabes muy bien que no podría separarme de ti, y ponerme en un cuadro sin que se revelara mi amor... Y desde el momento en que pongo mi amor cerca de ti, la novela desaparece». Yo también he puesto a mi Concha, a la madre de mis hijos, que es el símbolo vivo de mi España, de mis ensueños y de mi porvenir, porque en esos hijos en quienes he de eternizarme, yo también la he puesto expresamente en uno de mis últimos sonetos y tácitamente en todos. Y me he puesto en ellos. Y además, lo repito, ¿no son, en rigor, todas las novelas que nacen vivas, autobiográficas y no es por esto por lo que se eternizan? Y que no choque mi expresión de nacer vivas, porque a) se nace y se muere vivo, b) se nace y se muere muerto, c) se nace vivo para morir muerto y d) se nace muerto para morir vivo.

Sí, toda novela, toda obra de ficción, todo poema, cuando es vivo, es autobiográfico. Todo ser de ficción, todo personaje poético que crea un autor hace parte del autor mismo. Y si éste pone en su poema un hombre de carne y hueso a quien ha conocido, es después de haberlo hecho suyo, parte de sí mismo. Los grandes historiadores son también autobiógrafos. Los tiranos que ha descrito Tácito son él mismo. Por el amor y la admiración que les ha consagrado —se admira y hasta se quiere aquello a que se execra y que se combate... ¡Ah! ¡Cómo quiso Sarmiento al tirano Rosas!— se los ha apropiado, se los ha hecho él mismo. Mentira la supuesta impersonalidad u objetividad de Flaubert. Todos los personajes poéticos de Flaubert son Flaubert y más que ningún otro Emma Bovary. Hasta monsieur Homais, que es Flaubert, y si Flaubert se burla de monsieur Homais es para burlarse de sí mismo, por compasión, es decir, por amor de sí mismo. ¡Pobre Bouvard! ¡Pobre Pécuchet!

Todas las criaturas son su creador. Y jamás se ha sentido Dios más creador, más padre, que cuando se murió en Cristo, cuando en él, en su Hijo, gustó la muerte.
He dicho que nosotros, los autores, los poetas, nos ponemos, nos creamos, en todos los personajes poéticos que creamos, hasta cuando hacemos historia, cuando poetizamos, cuando creamos personas de que pensamos que existen en carne y hueso fuera de nosotros. ¿Es que mi Alfonso XIII de Borbón y Habsburgo–Lorena, mi Primo de Rivera, mi Martínez Anido, mi conde de Romanones, no son otras tantas creaciones mías, partes de mí, tan mías como mi Augusto Pérez, mi Pachico Zabalbide, mi Alejandro Gómez y todas las demás criaturas de mis novelas? Todos los que vivimos principalmente de la lectura y en la lectura, no podemos separar de los personajes poéticos o novelescos a los históricos. Don Quijote es para nosotros tan real y efectivo como Cervantes o más bien éste tanto como aquél. Todo es para nosotros libro, lectura; podemos hablar del Libro de la Historia, del Libro de la Naturaleza, del Libro del Universo. Somos bíblicos. Y podemos decir que en el principio fue el Libro. O la Historia. Porque la Historia comienza con el Libro y no con la Palabra, y antes de la Historia, del Libro, no había conciencia, no había espejo, no había nada. La prehistoria es la inconciencia, es la nada.


Lectura de Miguel de Unamino en Como se hace una novela.