Microrelato: El hombre y su sombra.

El hombre lleva siete horas sentado, pensando como terminar su mal. Se levanta, camina hacia los extremos del cuarto y vuelve a sentarse. Vive en desesperación por una entidad que parece fuera de su alcance. Lleva meses grises por un ser que lo sigue, y no lo deja jamás. A veces al dormir, está con él y gobierna su vida, ya al amanecer descubre platos rotos, libros en el suelo y manchas de pintura en la pared. Trata de buscar pistas de cómo ha pasado todo, pero es imposible, ni si quiera recuerda haber escuchado ruido en la noche. Tampoco recuerda en qué momento se volvió un problema. Y se atormenta por su acompañante, se ha vuelto delirio y pesadilla. Quien está con él es su sombra. Ella es sigilosa y delgada, como una silueta, y puede estar con nosotros sin que nos demos cuenta. Sigue sentado y medita, cómo acabar con la sombra. Entonces, sabe que no queda otra opción. Va al espejo y confirma su sospecha, la sombra, era él mismo. Esa sombra que nos acompaña siempre y no queremos voltear a ver. La misma que crece con nosotros y la ignoramos confundiéndola en la oscuridad. Acabar con la sombra, es terminar con parte de nosotros, en algunos casos, todo lo que somos.



                       

Las personas alegres tienen razón aún con la menor inteligencia.

El presente escrito semi-humorístico se hace para aquellas personas que siempre obtienen lo que quieren, es decir, de las que diremos que llevan razón en sus argumentos, y esto, aunque sus actos no covarien con las conductas llamadas inteligentes.

Se quiere pensar (en este escrito) que la inteligencia es capaz de impedir conductas útiles, esto es algo extraño, pero es el objetivo, entonces, al hecho de ser capaz de articular entre sí una serie de constructos que desemboquen en una idea más o menos concreta, se entiende como inteligente, pero, si este proceso constructivo inunda a su vez al sujeto en una pasión triste, entonces, esta conducta será menos útil e inteligente que cualquier otra que mantenga al sujeto en un estado alegre.

Y para explicar esta descripción no se gastará mucho esfuerzo -ya que no pretende alcanzar una validez muy elevada, en cambio siempre podrá -quien se lo proponga- observar a su alrededor y encontrar a aquellas personas de mayor éxito, y entonces les propongo unos ejercicios para probar que es más fuerte en el observado: si la alegría o la inteligencia.

Pruebe a preguntar a su objetivo, con cara seria y ojos tristones, sobre los problemas más importantes en política internacional, y verán que estos problemas rara vez tienen solución sin ir acompañados de una sonrisa, entonces vuestro entrevistado haciendo gala de su inteligencia sonreirá al mismo tiempo que esbozará una frase ingeniosa. Y ustedes sabrán a ciencia cierta que están delante de un señor de éxito.
Pero, si no quedan totalmente convencidos recuerden a aquel personaje de ficción llamado Forest Gump, que es quizá, quien consiguió más éxistos con la menor inteligencia, y por eso diremos de él que era su alegría y actitud lo que le llevó al éxito.

Y es así como hemos afirmado que las personas alegres, aún con razonamientos muy estúpidos, siempre llevan la razón.

                            

Cómo escribir una novela según Miguel de Unamuno: Ficción y Vida

Retrato de Miguel de Unamuno reflexionando sobre la creación de personajes y la novela autobiográfica
Para Unamuno, todo personaje de ficción lleva en sí un fragmento del alma de su autor.


En estas circunstancias y en tal estado de ánimo me dio la ocurrencia, hace ya algunos meses, después de haber leído la terrible Piel de zapa (Peau de chagrin) de Balzac, cuyo argumento conocía y que devoré con una angustia creciente, aquí en París y en el destierro, de ponerme en una novela que vendría a ser una autobiografía. Pero ¿no son acaso autobiografías todas las novelas que se eternizan y duran eternizando y haciendo durar a sus autores y a sus antagonistas?

En estos días de mediados de julio de 1925 —ayer fue el 14 de julio— he leído las eternas cartas de amor que aquel otro proscripto que fue José Mazzina escribió a Judit Sidoli. Un proscripto italiano, Alcestes de Ambris, me las ha prestado; no sabe bien el servicio que con ello me ha rendido. En una de esas cartas, de octubre de 1834, Mazzini, respondiendo a su Judit que le pedía que escribiese una novela, le decía: «Me es imposible escribirla. Sabes muy bien que no podría separarme de ti, y ponerme en un cuadro sin que se revelara mi amor... Y desde el momento en que pongo mi amor cerca de ti, la novela desaparece». Yo también he puesto a mi Concha, a la madre de mis hijos, que es el símbolo vivo de mi España, de mis ensueños y de mi porvenir, porque en esos hijos en quienes he de eternizarme, yo también la he puesto expresamente en uno de mis últimos sonetos y tácitamente en todos. Y me he puesto en ellos. Y además, lo repito, ¿no son, en rigor, todas las novelas que nacen vivas, autobiográficas y no es por esto por lo que se eternizan? Y que no choque mi expresión de nacer vivas, porque a) se nace y se muere vivo, b) se nace y se muere muerto, c) se nace vivo para morir muerto y d) se nace muerto para morir vivo.

Sí, toda novela, toda obra de ficción, todo poema, cuando es vivo, es autobiográfico. Todo ser de ficción, todo personaje poético que crea un autor hace parte del autor mismo. Y si éste pone en su poema un hombre de carne y hueso a quien ha conocido, es después de haberlo hecho suyo, parte de sí mismo. Los grandes historiadores son también autobiógrafos. Los tiranos que ha descrito Tácito son él mismo. Por el amor y la admiración que les ha consagrado —se admira y hasta se quiere aquello a que se execra y que se combate... ¡Ah! ¡Cómo quiso Sarmiento al tirano Rosas!— se los ha apropiado, se los ha hecho él mismo. Mentira la supuesta impersonalidad u objetividad de Flaubert. Todos los personajes poéticos de Flaubert son Flaubert y más que ningún otro Emma Bovary. Hasta monsieur Homais, que es Flaubert, y si Flaubert se burla de monsieur Homais es para burlarse de sí mismo, por compasión, es decir, por amor de sí mismo. ¡Pobre Bouvard! ¡Pobre Pécuchet!

Todas las criaturas son su creador. Y jamás se ha sentido Dios más creador, más padre, que cuando se murió en Cristo, cuando en él, en su Hijo, gustó la muerte.
He dicho que nosotros, los autores, los poetas, nos ponemos, nos creamos, en todos los personajes poéticos que creamos, hasta cuando hacemos historia, cuando poetizamos, cuando creamos personas de que pensamos que existen en carne y hueso fuera de nosotros. ¿Es que mi Alfonso XIII de Borbón y Habsburgo–Lorena, mi Primo de Rivera, mi Martínez Anido, mi conde de Romanones, no son otras tantas creaciones mías, partes de mí, tan mías como mi Augusto Pérez, mi Pachico Zabalbide, mi Alejandro Gómez y todas las demás criaturas de mis novelas? Todos los que vivimos principalmente de la lectura y en la lectura, no podemos separar de los personajes poéticos o novelescos a los históricos. Don Quijote es para nosotros tan real y efectivo como Cervantes o más bien éste tanto como aquél. Todo es para nosotros libro, lectura; podemos hablar del Libro de la Historia, del Libro de la Naturaleza, del Libro del Universo. Somos bíblicos. Y podemos decir que en el principio fue el Libro. O la Historia. Porque la Historia comienza con el Libro y no con la Palabra, y antes de la Historia, del Libro, no había conciencia, no había espejo, no había nada. La prehistoria es la inconciencia, es la nada.


Lectura de Miguel de Unamino en Como se hace una novela.

Video interactivo de filosofía, caricaturas de filósofos.

Video interactivo para el estudio y búsqueda de curiosidades en filosofía, este video fué realizado por el espacio Angelus Novus, al que desde aquí recomendamos. El video muestra caricaturas de filósofos y una pregunta que te ayudara a identificarlo. Disfruten.





Video de filosofía y caricaturas en Impresionesvivas.



                              

Lo siento, microrelato de Luis Roberto Calderón García

¿No dices nada? ¿Por qué tan callado? Ya te dije que lo siento, ¿me escuchas? Siento haberte gritado, haberte golpeado así, perdón. Estás muy frío, casi helado: como muerto. Sabes que soy un poco celosa, es difícil imaginar una vida sin ti. Me han traicionado tanto. Pero tú, sólo tú te has mostrado cariñoso y fiel conmigo, por eso te quiero bastante. Dime algo, por favor. Sé que soy muy impulsiva, y eso no te agrada; soy un poco nerviosa; exaltada, un poco; lo siento. Soy un poco violenta (me lo has dicho), pero siempre recapacito minutos después, ya me conoces. No debí haberte insultado, no debí haberte maltratado de esa manera. En todo caso, tú tienes un poco de culpa: no debiste amenazarme con irte de aquí. Te quiero, tú lo sabes, y no hubiera dejado que salieras por esa puerta con tu maleta. Creo has cambiado de decisión, te has quedado ahí, como si durmieras un poco. Pero ya levántate, ya te perdí perdón varias veces. Muévete, dame tu gélida mano para saber que me escuchas y saber que me perdonas, por favor. Estás muy frío: como muerto.



Escrito de Luis Roberto Calderón García en Impresionesvivas. 
Puedes hablar con el en Facebook y Correo: luis_rooo@hotmail.com.

                                 

Política y destino personal en la red compleja del poder y los enemigos.


Actividad política y destino personal. La precariedad de la fortuna -ya sea que un exceso de éxito atraiga los celos de los dioses, ya sea que los pueblos gusten de retirar los favores que han otorgado un momento, era evidentemente un tema tradicional de meditación. En la reflexión sobre la actividad política, en los primeros siglos del Imperio, esta precariedad inherente al ejercicio del poder está asociada a dos temas. Por un lado, se la percibe como ligada a la dependencia en que nos encontramos en relación con el prójimo. No es tanto el ciclo propio de la buena y la mala fortuna lo que explica esta fragilidad, sino el hecho de que estamos colocados bajo lo que Séneca llama la potencia aliena o la vis potentioris. En la red compleja del poder, no estamos nunca frente a unos enemigos; estamos expuestos por todos lados a las influencias, a las intrigas, a los complots, a los desfavores. Para estar en seguridad, habría que tener cuidado de no "ofender a nadie. A veces, es al pueblo al que debemos temer. A veces, es a aquellos que tienen crédito en el senado... A veces,es a los particulares que han recibido la autoridad del pueblo para ejercerse sobre el pueblo mismo. Es muy difícil tener a todas esas gentes por amigos; ya es bastante no tenerlos por enemigos." Entre el príncipe, el senado y el populacho que dan y retiran sus favores según los momentos, el ejercicio del poder depende de una coyuntura inestable: "Has ejercido las más altas funciones: ¿fueron tan grandes, tan inesperadas, tan ¡limitadas como las de Sejano? El día que acababa de tener al senado por cortejo, el pueblo lo despedazó. De ese privilegiado a quien los dioses y los hombres habían colmado de todos los favores posibles, no quedó un guiñapo para el diente de un verdugo.
A esos reveses y a la inquietud que pueden suscitar, hay que prepararse en primer lugar fijando uno mismo por anticipado un límite a las ambiciones que alimenta: "Sin esperar que la fortuna nos interrumpa a su guisa, es preciso detener nosotros mismos nuestros progresos mucho tiempo antes del instante fatal. Y si la ocasión se presenta, conviene desembarazarse de esas actividades, desde el momento en que nos perturban y nos impiden ocuparnos de nosotros mismos. Si de pronto se abate la desgracia, si es uno depuesto y exiliado, debe uno decirse -es el consejo que dirige Plutarco, sin duda, al mismo Menémaco al que, varios años antes, había alentado a hacer política "en libre elección, que por fin está uno libre de la obediencia a los gobernadores, de las liturgias demasiado costosas, de los favores que conceder, de las embajadas que cumplir, de los impuestos que pagar. y a Lucilio, que sin embargo no está amenazado, Séneca le da el consejo de librarse de esas tareas, progresivamente, en el buen momento, como lo pedía Epicuro, de manera que pueda ponerse a disposición de sí mismo.

Lo esencial de la actitud que hay que tener respecto de la actividad política debe referirse al principio general de que lo que uno es, no lo es por el rango que ocupa, el cargo que ejerce, el lugar donde se encuentra -por encima o por debajo de los demás. Lo que uno es, y de lo que es preciso ocuparse como de un fin último, es un principio que es singular en su manifestación en cada uno, pero universal por la forma que reviste en todos y colectivo también por el lazo de comunidad que establece entre los individuos; tal es, por lo menos para los estoicos, la razón humana como principio divino presente en nosotros. Pero ese dios, "huésped de un cuerpo mortal", se lo encontrará igualmente bajo las especies de un caballero romano que en el cuerpo de un liberto o de un esclavo. Desde el punto de vista de la relación con uno mismo, las identificaciones sociales y políticas no funcionan como las marcas auténticas de un modo de ser; son signos extrínsecos, artificiales y no fundados; ¿ser un caballero romano, un liberto, un esclavo? Es disponer de nombres nacidos de] orgullo y de la injusticia. "De la propia moralidad cada uno es el artesano; en cuanto a los empleos, la suerte dispone de ellos." Es pues en función de esta ley como habrán de ejercerse los empleos o como deberá uno deshacerse de ellos.
Ya se ve: no sería adecuado decir que la actividad política, en la reflexión moral, era mirada esencialmente bajo la forma de una alternativa simple: abstenerse o participar. Es cierto que la cuestión se planteaba bastante a menudo en términos semejantes. Pero esta alternativa misma correspondía a ,"a problematización más general: ésta incumbía a la maneY-a en que debía uno constituirse como sujeto moral en el conjunto de las actividades sociales, cívicas y políticas; incumbía a la determinación de aquellas de estas actividades que eran obligatorias o facultativas, naturales o convencionales, permanentes o provisionales, incondicionales o recomendadas únicamente bajo ciertas condiciones; incumbía también a las reglas que había que poner en obra cuando se las ejercía, y a la manera en que convenía gobernarse a uno mismo para poder tomar el lugar propio entre los demás, hacer valer la parte legítima de autoridad y en general situarse en el juego complejo y móvil de las relaciones de mando y de subordinación. La cuestión de la elección entre retiro y actividad se planteaba ciertamente de manera recurrente. Pero los términos en los que se la planteaba y la solución que tan a menudo se le daba muestran bien que no se trataba pura y simplemente de traducir en una moral del repliegue una decadencia general de la actividad política. Se trataba de elaborar una ética que permitiese constituirse a uno mismo como sujeto moral en relación con esas actividades sociales, cívicas y políticas, en las diferentes formas que podían tomar y cualquiera que fuese la distancia a que se mantuviese uno de ellas.

Lectura de Foucault en Historia de la sexualidad/ La inquietud de sí.

El paso de un proceso trascendente o uno inmanente.


El filósofo trascendente es Nietzsche, la trascendencia es una búsqueda individual y subjetiva, es decir, individual al igual que la inmanencia, pero, subjetiva en cuanto que es inseparable de un cuerpo y las imágenes que lo hacen actuar. Atravesar un canal trascendente es poco más que la manifestación de un deseo de extinción. Y esto es algo en demasía, personal e íntimo. Pudiera pasar que en un proceso trascendente, pasen de largo (incompletas) las composiciones, y ocultas tras algún afecto se conviertan en prosa, pienso, que una escritura brillante necesita de afectos, afecciones y pasiones si quiere renegar completamente del concepto. Si se mira la filosofía Nietzscheana se observa que esta se escribe en un lenguaje animal, pudiera pensarse que hasta las águilas y ratoncillos son capaces de comprenderlo, y esto por una necesidad de contar filosofía a quienes no saben la lengua , quiero decir, aquí la filosofía tiene que ser subjetivizable por encima de cualquier cosa, y se hace como espejo de una obra músical, su fin es mostrar la historia de las subjetividades, por otro lado, las subjetividades son bien innecesarias cuando hablamos de inmanencia...

Para el filósofo inmanente la filosofía es estar en busca de una composición, y las composiciones que son conceptuales, dejan de ser subjetivizables tras encontrar una forma "entera". Inmanente es devenir compuesto y no estar sujeto a deseos dimensionales, este tipo de filósofo no observa el deseo , es incapaz de verlo, su definición del deseo tiene que ser forzosamente imperceptible y amorfa -ellos saltan sobre este constructo, atraviesan su significado, pues, solo ven un devenir placer, para ellos tener un deseo es abrir una potencia, es devenir placer. Oh!, pero esto en sí, no es nada, un deseo necesita de un tiempo y situación adecuadas para encontrar su composición, para devenir completo y extinguir la potencia que le impulsó. Ahora es necesaria la figura Deleuziana junto a su trabajo de enseñanza, para él, enseñar es mostrar composiciones inmanentes para que sean usadas -por sus alumnos/as- en caminos trascendentes, situarse en el lugar de profesor es algo muy útil para crear inmanencia, él hablaba de palabras y conceptos, y daba de lado a las personas, pero -no crean- solo lo hacía para no entorpecer la composición. Él se hacía a sí mismo y a sus alumnos incapaces para pensar en lo que son, por que practicar la filosofía inmanente es ser incompleto a un nivel Heideggeriano.

Escrito en respuesta a Deleuze, la experiencia del concepto y el espejo de los filósofos.