Mecánica de la amistad. Punto 3

Ciertas personas consiguen perfeccionar habilidades para observar afectos más claramente que otras.

En el momento que una persona consigue observar un afecto en otra, se dice que aumenta la potencia de amistad, es decir, que se encuentra entendiendo los afectos de la otra, y estos afectos pueden ser percibidos más o menos claramente cuanta más semejanza encuentren en el modo de pensar de ambas personas.        

Definiciones de devoción e irrisión. Spinoza

X. —La devoción es el amor hacia quien nos asombra.

EXPLICACIÓN: Hemos mostrado en la Proposición 52 de esta Parte que el asombro brota de la novedad de una cosa. Así pues, si acontece que aquello de que nos asombramos lo imaginamos a menudo, dejaremos de asombrarnos de ello, y así vemos que el afecto de la devoción degenera fácilmente en simple amor.



XI.—La irrisión es una alegría surgida de que imaginamos que hay algo despreciable en la cosa que odiamos.

EXPLICACIÓN: En la medida en que despreciamos la cosa que odiamos, negamos su existencia (ver Escolio de la Proposición 52 de esta Parte), y, en esa medida (por la Proposición 20 de esta Parte), nos alegramos. Ahora bien, puesto que supone­mos que el hombre odia aquello de que hace irrisión, se sigue que esa alegría no es sólida. Ver Escolio de la Proposición 47 de esta Parte.

Clasicos de la cultura: Ética demostrada según el orden geométrico (Gastos de envío gratuitos)

Mecánica de la amistad. Punto 2

Una persona se dice amiga de otra, por el hecho de poder observar una realidad a través de los afectos de su amigo.

Esto ya se dijo en la Impresión 1, si una persona puede observar la realidad a través de los afectos de otra persona, a partir de ese momento se considerarán como amigos, y en cualquier momento que una cosa o imagen capaz de afectar a alguno de ellos dos se les presente, podrán diferenciar las pasiones que se producen en cada uno de ellos.

Explicación de los sueños en la antigüedad. Antimidoro

Texto rescatado durante la lectura de Historia de la sexualidad Vol II: La inquietud de si.

Artemidoro distingue dos formas de visiones nocturnas. Están los sueños: enypnia; traducen los afectos actuales del sujeto, aquellos que "acompañan al alma en su carrera": se está enamorado, se desea la presencia del objeto amado, se sueña que está allí; está uno privado de alimento, experimenta la necesidad de comer, sueña uno que está alimentándose; o también "aquel que está demasiado atiborrado de bazofia sueña que vomita o que se ahoga", el que tiene miedo de sus enemigos sueña que lo rodean. Esta forma de sueño tiene un valor diagnóstico simple: se establece en la actualidad (del presente al presente); manifiesta al sujeto que duerme su propio estado; traduce lo que es, en el orden del cuerpo, carencia o exceso, y lo que, en el orden del alma, es miedo o deseo.


Diferentes son los ensueños: oneiroi. Su naturaleza y su función, Artemidoro las descubre fácilmente en las tres "etimologías" que propone. El oneiros es lo que to on eirei, "lo que dice el ser"; dice lo que está ya en el encadenamiento del tiempo y se producirá como acontecimiento en un porvenir más o menos cercano. Es también lo que actúa sobre el alma y la excita: oreinei; la ensoñación modifica el alma, la conforma y la modela; la pone en ciertas disposiciones y provoca en ella movimientos que corresponden a lo que le es mostrado. Se reconoce finalmente en esta palabra oneiros el nombre del mendigo de Itaca, Iros, que llevaba los mensajes que se le habían confiado.


Término a término pues enypnion y oneiros se oponen; el primero habla del individuo, el segundo de los acontecimientos del mundo; uno deriva de los estados del cuerpo y del alma, el otro se anticipa al desarrollo de la cadena del tiempo; uno manifiesta el juego del exceso o de la carencia en el orden de los apetitos y de las aversiones; el otro hace señas al alma y, al mismo tiempo, la configura. Por un lado los sueños del deseo dicen lo real del alma en su estado actual; por el otro, las ensoñaciones del ser dicen el porvenir del acontecimiento en el orden del mundo.


Una segunda brecha introduce, en cada una de las dos categorías de "visión nocturna", otra forma de distinción: lo que se muestra claramente, de manera transparente, sin exigir desciframiento e interpretación, y lo que no se da sino de manera figurada y en imágenes que dicen otra cosa que su apariencia primera. En los sueños de estado, el deseo puede quedar manifestado por la presencia fácilmente reconocible de su objeto (se ve en sueños a la mujer que se desea); pero puede manifestarse también por otra imagen que tiene un parentesco más o menos lejano con el objeto en cuestión. Diferencia análoga en los ensueños de acontecimientos: algunos de ellos designan directamente, mostrándolo como es, lo que existe ya en el modo futuro: se ve en sueños irse a pique el barco en el que pronto naufragará uno; se ve uno herido por el arma con que será uno herido mañana; tales son los ensueños llamados "teoremáticos". Pero en otros casos, la relación de la imagen con el acontecimiento es indirecta: la imagen del barco que se despedaza en el arrecife puede significar no un naufragio, ni siquiera una desgracia, sino para el esclavo que tiene ese sueño, su próxima liberación; son éstos los sueños alegóricos".


Ahora bien, el juego entre estas dos distinciones plantea al intérprete un problema práctico. Sea una visión dada durante el dormir: ¿cómo reconocer si tiene uno que vérselas con un sueño de estado o con un ensueño de acontecimiento? ¿Cómo determinar si la imagen anuncia directamente lo que muestra, o si hay que suponer que es la traducción de algo diferente? Evocando esta dificultad en las primeras páginas del libro iv (escrito después de los tres primeros), Artemidoro hace valer la importancia primordial que tiene el interrogarse sobre el sujeto soñador. Es bien seguro, explica, que los sueiíos de estado no podrían producirse en las almas "virtuosas"; éstas, en efecto, han sabido dominar sus movimientos irracionales, por consiguiente sus pasiones -deseo o miedo-; saben también mantener su cuerpo en el equilibrio entre la carencia y el exceso; para ellas, por tanto, no hay perturbaciones, luego no hay de esos "sueños" (enypnia) que deben siempre comprenderse como manifestaciones de afectos. Es por lo demás un tema muy frecuente entre los moralistas que la virtud se señala por la desaparición de los sueños que traducen en el dormir los apetitos o los movimientos involuntarios del alma y del cuerpo. "Los sueños del durmiente -decía Séneca- son tan tumultuosos como su jornada.


Plutareo se apoyaba en Zenón para recordar que es una señal de progreso no soñar ya que se goza con acciones deshonestas. Y evocaba a esos sujetos que tienen bastante fuerza durante la vigilia para combatir sus pasiones y resistirles, pero que, de noche, "liberándose de las opiniones y de las leyes", ya no sienten vergüenza; se despierta entonces en ellos lo que tienen de inmoral y de licencioso.


Para Artemidoro, en todo caso,'cuando se producen, los sueños de estado pueden tomar dos formas: en la mayoría de las gentes, el deseo o la aversión se manifiestan directamente y sin ocultarse; pero no se manifiestan sino por signos en aquellos que saben interpretar sus propios sueños; es que su alma "hace tretas de manera más artificiosas. Así, un hombre sin experiencia en materia de onirocrítica verá en sueños a la mujer que desea o la muerte tan anhelada de su amo. El alma desconfiada o hábil del experto rechazará en cierto modo manifestarle el estado de deseo en que se encuentra; recurrirá a la astucia y por consiguiente, en lugar de ver simplemente a la mujer que desea, el soñador verá la imagen de algo que la designa: "un caballo, un espejo, un barco, el mar, la sombra de una fiera, una prenda de vestir femenina". Artemidoro cita a aquel pintor de Corinto, alma sin duda experta, que veía en sueños el derrumbe del techo de su casa y su propia decapitación; hubiera podido imaginarse que era ése el signo de un acontecimiento futuro, pero era un sueño de estado; el hombre deseaba la muerte de su amo -el cual vive todavía, anota Artemidoro de paso.

Definición de amor y odio. Spinoza

alegría y tristeza con causa externa, esencia del amor y el odio, contentamiento en presencia, ausencia de deliberación o decreto libre



VI
. —El amor es una alegría acompañada por la idea de una causa exterior.

VIL—El odio es una tristeza acompañada por la idea de una causa exterior.


EXPLICACIÓN DE AMOR: Esta definición explica bastante claramente la esencia del amor; en cambio, la de los autores que lo definen como la voluntad que tiene el amante de unirse a la cosa amada, no expresa la esencia del amor, sino una propiedad suya, y como esos autores no han penetrado lo bastante en la esencia del amor, tampoco han podido tener un concepto claro de su propiedad, y de ello ha resultado que todos hayan juzgado sumamente oscura tal definición. Es de notar, no obstante, que cuando digo que el amante tiene la propiedad de unirse «por su voluntad» a la cosa amada, no entiendo por «voluntad» un consentimiento, o una deliberación, o sea, un libre decreto del ánimo (pues ya hemos demostrado en la Proposición 48 de la Parte II que eso es una ficción), ni tampoco un deseo de unirse a la cosa amada cuando está ausente, ni de perseverar en su presencia cuando está presente, pues el amor puede concebirse sin ninguno de esos deseos, sino que entiendo por voluntad el contento que la presencia de la cosa amada produce en el amante, contento que fortifica, o al menos mantiene, la alegría del amante.

EXPLICACIÓN DE ODIO: Se percibe fácilmente qué es lo que hay que notar aquí, en virtud de lo dicho en la explicación de la anterior definición. Ver, además, el Escolio de la Proposición 13 de esta Parte.

El conocimiento del bien y el mal son afectos de alegría o tristeza.

PROPOSICIÓN VIII

El conocimiento del bien y el mal no es otra cosa que el afecto de la alegría o el de la tristeza, en cuanto que somos conscientes de él.

Demostración: Llamamos «bueno» o «malo» a lo que es útil o dañoso en orden a la conservación de nuestro ser (por las Definiciones 1 y 2 de esta Parte), esto es, a lo que aumenta o disminuye, favorece o reprime nuestra potencia de obrar. Así pues (por las Definiciones de la alegría y la tristeza:), en la medida en que percibi­mos que una cosa nos afecta de alegría o tristeza, en esa medida la llamamos «buena» o «mala», y así, el conocimiento del bien y el mal no es otra cosa que la idea de la alegría o de la tristeza que se sigue necesariamente (por la Proposición 22 de la Parte II) del afecto mismo de la alegría o de la tristeza. Ahora bien, esta idea está unida al afecto de la misma manera que el alma está unida al cuerpo (por la Proposición 21 de la Parte II), esto es (como se ha mostrado en el Escolio de la misma Proposición), dicha idea no se distingue realmente del afecto mismo, o sea, de la idea de la afección del cuerpo (por la Definición general de los afectos), sino que se distingue sólo por el concepto que de ella tenemos. Por consiguiente, dicho conocimiento del bien y el mal no es otra cosa que el afecto mismo, en cuanto que somos conscientes de él. Q.E.D.


PROPOSICIÓN IX
Un afecto cuya causa imaginamos presente ante nosotros es más fuerte que si no imaginamos presente esa causa. 




Demostración: Una imaginación es una idea por la que el alma considera una cosa como presente (ver su Definición en el Escolio de la Proposición 17 de la Parte II), y que revela más bien la constitución del cuerpo humano que la naturaleza de la cosa exterior (por el Corolario 2 de la Proposición 16 de la Parte II). Un afecto es, pues, una imaginación (por la Definición general de los afectos), en cuanto que revela la constitución del cuerpo. Ahora bien, una imaginación es más intensa mientras no imaginamos nada que excluya la existencia presente de la cosa exterior; por consiguiente, también un afecto cuya causa imaginamos presente ante nosotros es más intenso, o sea, más fuerte, que si no imaginamos presente esa causa. Q.E.D.

Escolio: Cuando dije más arriba, en la Proposición 18 de la Parte III, que nosotros somos afectados por la imagen de una cosa futura o pretérita con el mismo afecto que si la cosa que imaginamos estuviera presente, advertí expresamente que ello es verdad en la medida en que tomamos en consideración la sola imagen de la cosa; esta imagen es, efectivamente, de la misma naturaleza, hayamos o no imaginado las cosas como presentes. Pero no negué que dicha imagen se debilite cuando consideramos como presentes ante nosotros otras cosas que excluyen la existencia presente de la cosa futura, y no lo advertí entonces porque había decidido tratar en esta Parte acerca de la fuerza de los afectos.

Corolario: La imagen de una cosa futura o pretérita, esto es, de una cosa que consideramos con relación a un tiempo futuro o pretérito, y no presente, es más débil, en igualdad de circunstancias, que la imagen de una cosa presente; y, por consiguiente, el afecto referido a una cosa futura o pretérita, en igualdad de circunstancias, es también menos enérgico que el afecto que se refiere a una cosa presente.


PROPOSICIÓN X
Experimentamos por una cosa futura, que imaginamos ha de cumplirse pronto, un afecto más intenso que si imaginamos que el tiempo de su existencia está mucho más distante del presente, y también somos afectados por la memoria de una cosa, que imaginamos haber ocurrido hace poco, más intensa­mente que si imaginamos que ha ocurrido hace mucho. 




Demostración: En efecto, al imaginar una cosa que ha de cumplirse pronto o que ha ocurrido no hace mucho, imagina­mos sin más algo que excluye menos su presencia que si ima­ginásemos que el tiempo de su existencia futura está mucho más lejos del presente, o que ha ocurrido hace mucho (como es por sí notorio); y así (por la Proposición anterior), en esa me­dida, seremos afectados por ella más intensamente. Q.E.D.

Escolio: De lo que hemos observado a propósito de la Definición 6 de esta Parte, se sigue que somos afectados con la misma debilidad por todos los objetos que distan del presente un lapso de tiempo mayor del que podemos determinar con la imaginación, aunque sepamos que ellos mismos están separa­dos entre sí por un amplio intervalo de tiempo.


Clasicos de la cultura: Ética demostrada según el orden geométrico (Gastos de envío gratuitos)

Mecánica de la amistad. Punto 1

Me propongo realizar una red de pensamientos con el propósito de recoger ideas que ayuden en el concepto de amistad.

Punto 1.

Dos personas pretenden la amistad, en cuanto más se esfuercen en conocer ambos los afectos del otro.

Digo que dos personas buscan amistad por el hecho de promover cada una de ellas la búsqueda de afectos en la persona amiga, pues si un amigo encontrara estos afectos en otra persona, el mismo conseguiría observar la realidad a través de los afectos de su amigo, consiguiendo con esto ampliar las acciones que una persona pueda realizar. Todas estas cosas se intentarán explicar en lo sucesivo.

Improvisación sobre "ImpresionesVivas" o el nombre de esta web.

De naturaleza instantánea, se refieren a un grupo de Impresiones de las que poco se conoce.
Se creé que se suceden unas de otras mediante un infinito geométrico, ya, seguros de su incapacidad de ser vistas por un ojo humano, las Impresionesvivas requieren de una representación simbólica, donde X signos se relacionen con otros signos o grupos simbólicos.


Así se podría dejar entrever su naturaleza múltiple, entre alguna claridad fruto de un nuevo agenciamiento. Múltiples, incapaces de ser terminadas, siempre pueden ser realizadas, reactualizadas continuamente, por eso, una materia, o un grupo de libros no podrían encerrar a Impresionesvivas, pues, devendrían gaseosas, simples y sanas se conocerían a sí mismas, y hacedoras de potencialidades, se sabrían infinitas.