Objetividad, conocimiento y valores en la ciencia

Hola mi nombre es Arantxa Serantes. Soy Licenciada en Humanidades y actualmente investigadora en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santiago de Compostela.
Quiero mostrar un extracto de mi reciente libro titulado "Objetividad, conocimiento y valores en la Ciencia" este nació como fruto de unas investigaciones, durante una estancia en Oxford, hace algunos años. La Fundación Caja Madrid me había otorgado una beca y en transcurso de ese período de tiempo fui descubriendo el interés que tenía para mí la figura de Ilkka Niiniluoto, un autor conocido en España, tan sólo por especialistas en la materia, y escasamente divulgado en nuestro país.

 Libro editado en Meubook, y puesto a la venta a través de su portal web.


El objetivo del presente trabajo consiste en realizar un análisis del planteamiento filosófico de Ilkka Niiniluoto referido a la objetividad, conocimiento y valores. Atendiendo a estos puntos de vista : el axiológico, el epistemológico y el ontológico. Desde ahí se indagan aspectos de la idea de “progreso” en la Ciencia, así como los procesos y resultados que genera el realismo científico-crítico defendido por el autor en cuestión.

También se proporciona una visión más amplia sobre el desarrollo metodológico que permite la predicción de hechos nuevos o el acceso al conocimiento científico y que, a su vez, tiene una posterior incidencia tanto en la Ciencia Básica como en la Ciencia Aplicada, y en todas las manifestaciones culturales y  sociales humanas en sus diferentes contextos: justificación, transmisión de conocimientos...
Es importante destacar la especial relevancia que deben tener los valores dentro de la actividad científica, tanto a nivel interno como externo, teniendo en cuenta los diversos modos de relación, interpretación y transformación existentes en la realidad. La Ciencia se distingue de otros dominios de la cultura humana por su naturaleza progresiva debido a sus criterios normativos para su mejora que se identifican como avances en la Ciencia. La visión tradicional acumulativa del conocimiento científico fue cuestionada con eficacia entre los años 60 y 70 y así la noción de progreso se llevó a debate desde un punto de vista axiológico sobre los objetivos y el objeto de la Ciencia. La tarea de mi análisis es el de considerar posibles respuestas alternativas a las preguntas metodológicas y conceptuales tales como reconocer acontecimientos progresivos en la Ciencia, las diferentes propuestas existentes y sus límites.

Otra de mis pretensiones es interrelacionar el progreso con el realismo científico, pues la sistematización teórica de Niiniluoto está considerada como una tentativa de describir la realidad más allá de las cosas observables así como sus regularidades declarativas del valor de verdad- lo que supone un incremento de la verosimilitud-.

Como apunta el prof. Murillo en el prólogo, los problemas planteados en el libro son:
“¿Cómo se relaciona la ciencia con el mundo de los valores? ¿Qué papel juegan la ciencia y la tecnología en la sociedad? ¿Tiene sentido preguntarse por la verdad de la ciencia? ¿Qué verdad nos proporciona la ciencia? ¿Tiene la ciencia alguna repercusión sobre la determinación del bien humano y del alcance de la acción humana? En compañía del filósofo finlandés Ilkka Niiniluoto, nacido en Helsinki en 1946, la autora de este libro apunta a esos temas básicos de la filosofía actual de la ciencia: el axiológico, el epistemológico y el ontológico.”

Os dejo una muestra de mi respuesta y un breve fragmento de mi trabajo para que lo leáis y valoréis por vosotros mismos.

1.1 Caracterización teleológica de Ciencia
El conocimiento científico no invalida el conocimiento ordinario del mundo, únicamente lo mejora y lo completa. La Ciencia como tal es una investigación siempre en proceso de avance o autocorrección. A partír de los hechos es como la comunidad científica descubre un problema, es decír, un elemento que no puede ser explicado o predicho desde las teorías aceptadas. Para resolverlos, se elaboran hipótesis las cuales pueden llegar a considerarse como leyes e integrarse en teorías.1Sin embargo, el concepto tradicional de “Ciencia” era el de un conjunto sistemático de teorías acerca de los objetos, pudiendo ser estos entidades ideales (entendidas en las Ciencias formales como hechos) o fenómenos (en Ciencias empíricas). Estas definiciones permiten trazar las líneas básicas de la constante evolución que sufre la Ciencia: “ una institución que se desarrolla y cambia con el tiempo”

El concepto clásico griego o medieval descansa sobre el conocimiento descriptivo con un soporte metafísico, que empleando un método deductivo mediante el cual desarrollar la trama demostrativa. La demostración desde un punto de vista lógico y epistemológico contempla unas dimensiones semántica y pragmática, debido a las proposiciones y relaciones que se dan entre ellas y su disposición cognoscitiva. El orden deductivo lo constituyen los enunciados y significados que corresponden a la estructura del dominio estudiado desde un orden objetivo que mejora o aumenta nuestro conocimiento. .
Frente al concepto clásico, la alternativa moderna reemplaza al esencialismo por otras fundamentaciones del saber científico como el “programa inductivista”.

La Ciencia moderna adopta el método hipotético-deductivo ( que procede de la premisa general a la particular). La forma más perfecta la encontramos en el método axiomático utilizado en la Lógica y en las Matemáticas, pero existe otra tendencia: el método inductivo (legitimado por autores como F. Bacon o W. Whewell). La inducción moderna suele considerarse como una parte del método científico. Su uso puede tener lugar en la vida cotidiana o experiencia en estados precientíficos, de ahí su relación con la probabilidad o la certeza. Así lo explica el prof. Niiniluoto: “muchos empiristas y racionalistas desde el S. XVII reivindicaban que la Ciencia crece continuamente por acumulación infalible de verdades

El enfoque contemporáneo de Ciencia promueve nuevos planteamientos con la llegada del verificacionismo (Círculo de Viena) y el falsacionismo (K. Popper) así también propone una visión de Ciencia como una realidad dinámica, pues la Ciencia no es un proceso de acumulación de conocimientos. Este punto de vista tradicional sobre el proceso acumulativo de conocimiento en la Ciencia llevó a la comunidad científica a interesarse por la noción de “progreso”. Los debates sobre el concepto normativo de progreso afectan a cuestiones de corte axiológico sobre los objetos y objetivos de la Ciencia.

El Progreso es un concepto normativo que debería ser distinguido – a juicio de Niiniluoto- por términos neutros descriptivos, como “cambio” o “desarrollo”. En la Ciencia se concibe como demanda normativa que todas las contribuciones para investigar cedan un beneficio cognoscitivo y que su éxito pueda ser evaluado. La teoría del progreso científico debería dar una especificación de los valores u objetivos que pueden ser usados como criterios constitutivos para nuestra Ciencia.5No hay que olvidar que es la Axiología de la investigación la que trata de llegar al esclarecimiento de la Ciencia como quehacer orientado a fines. Introducen unos valores cognitivos que permiten que el investigador asuma unos valores epistémicos a la hora de ampliar o aplicar el conocimiento científico ya que la Ciencia no está libre de valores y el ser humano no puede negar su universalidad ni renunciar a la ética, la cual permite la actuación y la consecución del fin o fines buscados a través de la autocrítica y la revisión teórica. En este sentido, caben dos orientaciones: la Ética endógena y exógena.

Atendiendo a ambas y teniendo en cuenta que el progreso es un concepto orientado por el resultado acerca del éxito de un producto en relación a un objetivo nos encontramos con una Ciencia cuya empresa cognoscitiva es la búsqueda de conocimiento. Niiniluoto apunta que dicho cometido no debe ser utópico (pues racionalmente no puede ser alcanzado) ya que no se vislumbra progreso alguno en una tentativa por alcanzarlo. Sin embargo no todos los objetivos inaccesibles son utópicos. Un objetivo inalcanzable, puede funcionar como un principio regulativo, en sentido kantiano, si esto dirige nuestro comportamiento para que nosotros seamos capaces de avanzar hacia ello.

“El argumento escéptico clásico es aquel que considera la verdad como una tarea utópica. Peirce, el fundador del pragmatismo americano, argumentó que el acceso a la verdad como el límite ideal de pregunta se destina a un determinado conjunto de investigadores. El punto de vista de Peirce sobre el progreso científico es que hay un número finito de problemas científicos y que estos serán solucionados en un tiempo finito. Sin embargo, a mi juicio, no creo que la verdad pueda ser generalmente accesible en sentido fuerte. La Filosofía parte de unos principios de los que luego obtiene consecuencias implícitas de ellos; Las ideologías son las que parten de valoraciones que luego se justifican mediante una teoría apropiada, donde la voluntad precede a la razón, que queda convertida en medio.

Si la Ciencia es vista como una actividad que busca conocimiento, es natural definir el progreso en términos o condiciones sobre la base del mismo, pues el objetivo cognoscitivo – según Niiniluoto- debe reconocer algo que todavía es desconocido y nuestro progreso verdadero depende de nuestra distancia con respecto a ese destino. Pero como ese objetivo es desconocido para nosotros, nuestras percepciones deben estar fundadas en el pasado conocido”.

Los estudios metodológicos son uno de los mejores caminos para avanzar en los objetivos científicos. La verdad y la verosimilitud juegan un papel fundamental en la explicación racional del éxito en la Ciencia y en el análisis de la racionalidad. El cometido básico para un realista es la información verdadera acerca de la realidad. El realista aprecia el éxito empírico como el empirista, pero, para el realista, la verdad de una teoría es una precondición para la adecuación a una explicación científica. El objetivo cognitivo de la Ciencia incluye a la verdad en el sentido realista de correspondencia con la realidad.
El naturalismo histórico y sociológico sugiere que las cuestiones de origen axiológico sobre la Ciencia deberían ser resueltas estudiando las creencias y opiniones de los científicos, pues muchos debates en Filosofía de la Ciencia afectan a las reglas constitutivas de la propia Ciencia. Más concretamente, a sus objetivos y a sus métodos. Ese tipo de reglas definen lo que la Ciencia es. Debe existir, por tanto, un criterio de demarcación entre Ciencia y no-Ciencia.

Niiniluoto advierte que “investigar bajo un paradigma es un camino particularmente efectivo para inducir el cambio de paradigma”- este es aceptado plenamente y por ello están ligados por elementos comunes para llevar a cabo la resolución de metas y objetivos de su investigación. Los miembros de una comunidad científica participan de una determinada formación sobre la base de una tradición científica determinada. Eso permite una adecuación de juicios que, sin embargo, no excluirá discrepancias. A mi juicio, lo que facilita la Ciencia normal promulgada por Kuhn, es la unión de los hechos y las predicciones de la teoría interpretando la naturaleza de tal forma que el científico debe ser capaz de explicar los fenómenos utilizando la observación y la experimentación y comparando los hechos con las predicciones. No obstante, siempre surgen problemas extraordinarios que no concuerdan con estos presupuestos. Me remito a estas ideas porque es importante valorar si el criterio de demarcación entre Ciencia y no-Ciencia ha de ser concretado por la comunidad científica y aceptado por consenso, a medida que van avanzando los conocimientos sobre un objetivo determinado.

Al igual que Kuhn, concibo que una revolución científica supondrá una incompatibilidad de paradigmas: se asienta un paradigma y los demás quedan superados. Esta elección, según Kuhn, no se hará siguiendo unos criterios objetivos (racionales) cuando se comparan los paradigmas entre sí, pues el criterio para preferir uno u otro es la plena aceptación de un paradigma por la comunidad científica. Este punto de la teoría kuhniana ha provocado discrepancias porque se consideraba que dicha comparación se hacía en base a criterios puramente racionales. De ahí que Kuhn acabe recurriendo a factores psicológicos y sociológicos.. En este sentido Niiniluoto examina cómo las nociones de “paradigma” y “crisis” son aplicables al desarrollo de un mecanismo de investigación. Esto produce una serie de consecuencias desde un punto de vista filosófico por parte de aquellos autores, como es el caso de Laudan, que entienden la Ciencia como una actividad solucionadora de problemas.

Teniendo en cuenta que una de las controversias principales entre los filósofos de la Ciencia está en los puntos de vista instrumentalista y realista.
Para Niiniluoto “el instrumentalista trata de encontrar soluciones a problemas dados pero su aplicación depende del grado de verosimilitud que alcance una teoría. A esto se añade que hay una distinción crucial entre problemas cognitivos (que envuelven hipótesis que conllevan regularidades, hechos pasados (postdicción) o hechos futuros (predicción) o da razones sobre los hechos (explicación).Sólo una solución será potencialmente correcta si la teoría es verdadera. Esta observación es totalmente compatible con la posición realista – el entender que la Ciencia es una actividad solucionadora de problemas- pues si los científicos tratan de dar respuesta a problemas cognitivos, para ambos la verdad es un objetivo de la Ciencia y un factor influyente en el valor instrumental de las teorías”.

El progreso científico no debe verse únicamente desde un prisma reduccionista que valorase únicamente los resultados empíricos pues el proceder tecnológico es distinto del científico. El criterio de validez que propone la racionalidad tecnológica se centra en una función práctica y en aquello que es útil. Su orientación se asienta en la resolución de problemas concretos y en una toma de decisiones que tiene como destinataria a la sociedad. De ahí, que los criterios de verdad o de verosimilitud no sean objeto de preocupación para la Tecnología pues en su lugar se prefiere la eficacia. Niiniluoto es muy claro en este sentido. Aunque la Tecnología trabaja para conseguir resultados, estos serán más satisfactorios en función del grado de verosimilitud teórica de los fenómenos que acote la investigación con respecto a su objeto de estudio.

Es por esto que “la Ciencia está conectada a un tipo de racionalidad diferente a la racionalidad tecnológica porque los objetivos, procesos y resultados con distintos. La racionalidad científica tiene sus objetivos puestos en la esfera cognitiva y son establecidos para incrementar nuestro conocimiento (Ciencia básica) o resolver problemas prácticos en un área concreta (Ciencia aplicada). Mientras que la racionalidad tecnológica se orienta hacia la transformación creativa de la realidad, sea natural o social, acorde con el diseño a lo que seguirá su transformación en el producto final”. Niiniluoto afirma que conceptos como racionalidad o progreso son muchas veces empleados como sinónimos aunque la racionalidad entendida como concepto metodológico es el camino que eligen los científicos para llegar a sus metas. La teoría de la elección racional elaborada por científicos del pasado estudiaba los objetivos, métodos, teorías alternativas... a través de programas de investigación relevantes o de pruebas disponibles avaladas por la comunidad científica. El diseño se convierte entonces en el nexo de la Ciencia con la sociedad que le da forma y contenido racional.

La investigación empírica se plantea en el seno del conocimiento existente, en cuyo contexto se establecen los problemas a investigar, se diseña la investigación y se concretan los objetivos. La incidencia de factores externos influye en el diseño de las investigaciones y la interpretación de los datos obtenidos. Los valores sociopolíticos y económicos pueden ser determinantes para la consecución del objetivo perseguido y las decisiones acerca de qué debe y qué no debe ser estudiado pueden estar conectados a fines prácticos de grupos sociales determinados. Niiniluoto apunta que “ninguna Ciencia ha sido absolutamente autónoma en la sociedad desde que tuvo la necesidad de un soporte financiero proveniente de fuentes `externas´”Es decir, es un concepto de corte axiológico y como tal debe distinguirse de los procesos cualitativos o habilidades específicas.

A su juicio, lo más lógico sería que los propios científicos establecieran los criterios necesarios para la investigación en determinados campos o que fueran libres para elegir los métodos a emplear, aceptando o rechazando hipótesis o publicando resultados sin interferencias de cara al exterior. Aunque sólo cuando se han planteado los problemas y se han especificado las variables, comienza verdaderamente la investigación.

Por otra parte, hay estudios comparativos que pueden versar sobre la transformación en el tiempo de determinados eventos y en tercer lugar está la investigación explicativa Popper entiende que estas son conjeturas acerca del mundo y que no son definitivamente sustentadas por los hechos, pues han de ser puestas a prueba por medio de la contrastación empírica. A mi juicio, aunque las teorías son falibles a través del método crítico se alcanza una mayor verosimilitud. Es por esto que las teorías científicas tienen un papel importante en el proceso de investigación porque contribuye al desarrollo de investigaciones ulteriores. Una teoría debe ofrecer una cuidada descripción que determina las causas que explican los fenómenos sociales. Un ejemplo claro se encuentra en las teorías científicas que están constituidas por leyes o principios que dan una explicación unitaria de los fenómenos.

Lo cierto es que Niiniluoto apunta que las predicciones empíricas más informativas son aquellas derivables de una teoría: no es necesario que muchas de esas predicciones sean estrictamente verdaderas, de hecho muchas de estas podrían ser falsas y no por eso estarían distanciadas de la verdad. Esta noción alude a que las teorías científicas no son consideradas aisladamente, la Ciencia tiene que ver con unidades que constituyen un marco teórico interconectado y permitir examinar las consecuencias. La proposición de estos modelos teóricos es la afirmación de que determinados sistemas de realidad han de ser justificados por los científicos. Es decir, a diferencia de la vida cotidiana, la Ciencia desarrolla nuevos modelos y los justifica críticamente, mientras que en la propia vida cotidiana no somos conscientes de los modelos adquiridos y ,por tanto, deben estar sujetos a examen crítico.

En este sentido, el conocimiento científico opera sobre unidades amplias que no se limitan a la mera evaluación teórica en función de su capacidad de predecir hechos nuevos o de la resolución de problemas en términos de logro de los fines planteados. Si se tienen en cuenta los procedimientos, resultados y objetivos que mantienen aquellos profesionales que trabajan en un mismo ámbito sea cual sea su tradición investigadora esto supone, como mínimo, que los investigadores sobre esos problemas y sus resultados supongan un incremento desde un punto de vista cuantitativo aunque existan discrepancias interpretativas. Tales debates redundan en el perfilamiento de teorías e hipótesis. Niiniluoto afirma que por esta razón: “ el conocimiento humano es visto desde una perspectiva dinámica”- es decir- es un proceso.

Puedes comprar mi libro Objetividad, conocimiento y valores en la Ciencia en Editorial Meubook / info@meubook.com / 902 922 477

El hombre de razón es más libre en el estado.

Lectura de proposición 73 de la parte cuarta del libro de Ética de Baruch Spinoza

El hombre que se guía por la razón es más libre en el Estado, donde vive según leyes que obligan a todos, que en la soledad, donde sólo se obedece a sí mismo.

El hombre que se guía por la razón es más libre en el Estado, donde vive según leyes que obligan a todos, que en la soledad, donde sólo se obedece a sí mismo.

Demostración: Al hombre que se guía por la razón no es el miedo el que le lleva a obedecer, sino que, en la medida en que se esfuerza por conservar su ser según el dictamen de la razón - esto es, en cuanto que se esfuerza por vivir libremente— desea sujetarse a las reglas de la vida y utilidad comunes, y, por consiguiente, desea vivir según la legislación común del Estado. El hombre que se guía por la razón desea, por tanto, para vivir con mayor libertad, observar las leyes comunes del Estado. Q.E.D.

Escolio: Estas cosas, y las otras semejantes que hemos mostrado acerca de la verdadera libertad del hombre, tienen que ver con la fortaleza, esto es, con la firmeza y la generosidad. No creo que valga la pena demostrar aquí, por separado, todas las propiedades de la fortaleza, y mucho menos demostrar que el varón de ánimo fuerte no odia a nadie, no se irrita contra nadie, a nadie envidia, contra nadie se indigna, no siente desprecio por nadie y no experimenta la menor soberbia. Ya que esto, y todo lo que tiene que ver con la verdadera vida y la verdadera religión, se infieren con facilidad de las Proposicio­nes 37 y 46 de esta Parte; a saber, que el odio ha de ser vencido por su contrario el amor, y que todo el que se guía por la razón desea también para los demás el bien que apetece para sí mismo. A ello se añade lo que hemos comentado en el Escolio de la Proposición 50 de esta Parte y en otro lugares, a saber: que el varón de ánimo fuerte considera ante todo que todas las cosas se siguen de la necesidad de la naturaleza divina, y, por ende, sabe que todo cuanto piensa ser molesto y malo, y cuanto le parece inmoral, horrendo, injusto y deshonroso, obedece a que su concepción de las cosas es indistinta, mutilada y confusa; y, por esta causa, se esfuerza sobre todo por concebir las cosas tal como son en sí, y por apartar los obstáculos que se oponen al verdadero conocimiento, tales como el odio, la ira, la envidia, la irrisión, la soberbia y los demás de este estilo, que hemos comentado con anterioridad; y de esta suerte, se esfuerza cuanto le es posible, como hemos dicho, por obrar bien y estar alegre. En la parte siguiente demostraré hasta dónde se extiende la humana virtud para conseguir esto, y cuál es el alcance de su potencia.

Pensamientos profundos de Marco Aurelio

Primera meditación del libro dos de Marco Aurelio.
Meditaciones: Obra más grande del emperador Romano Marco Aurelio, escrita por el mismo en griego helenístico y que consiste de pensamientos "a sí mismo"


Esta es una obra preferida para pensamientos profundos, y aunque escrita entre los años 168 y 179 es tremendamente actual. Quizá impregnada del más grande ímpetu natural en el que se mezcla lo bello con las formas de antiguos dioses. En esta meditación particular la humanidad esta unida, y -como debemos esperar de la tradición estoica- no se trata de perdonar, se trata más bien de impregnar al prójimo de la más alta estima, como en aquel momento que se le oye decir a Marco Aurelio: ¡Oiga usted mi fuerza y tesón! , y adueñeselo como suyo, ya que somos dientes de la misma mandíbula.

Texto original:
Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males. Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle. Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa.

Texto de referencia: Meditaciones de Marco Aurelio para Kindle / Meditaciones (Alianza Bolsillo Nuevo)  

Buscar respuestas en la filosofía, entrevista a Luis Diego Fernandez

Entrevista a Luis Diego Fernandez en canal Metro.
¿Por qué la gente busca respuestas en la filosofía?, pregunta de fondo en la entrevista que Canal Metro hace a Luis Diego Fernandez, el escritor y bloggero defiende una mirada hacia la actualidad cuando habla de hacer filosofía de lo cotidiano, él se refiere a ideas modernas y actuales, que pueden pertenecer a figuras del pop tanto como a sabores gastronómicos. 

Hace tiempo que conozco a Luis, se trata de un escritor muy comprometido con la linea creativa de la filosofía, interesado por los "acoplamientos cotidianos" de las ideas con la gente corriente. Parece que no interesa una filosofía académica tanto como una filosofía de vida, es decir, una filosofía útil afianzada en los individuos de nuestro tiempo, esa que podemos utilizar usted y yo en nuestro mundo moderno.

También responde el filósofo argentino a dilemas filosóficos como el antiguo enfrentamiento entre Marxismo y Psicoanálisis, o el actual oficio de pensar la vida intima en filosofía.

Ética homérica

Ética homérica.
Como sabemos, los orígenes se remontan a Grecia, nuestros orígenes como pensadores. La ética es algo que nos ha acompañado a lo largo de nuestra existencia, pues bien, no es menor su influencia en relatos como la Ilíada. La moral heroica es un tema tratado en el libro y pone de manifiesto su endeblez.
La Ilíada es deudora de toda una tradición anterior oral. Se discute aún si fue primero compuesta oralmente y luego escrita o si sólo se escribió. Los hechos que se narran, de lo que no me ocuparé, se datan hacia la época de la Edad Oscura. En el mundo épico, la moral es agónica en sentido de enfrentamiento. El agón es algo muy representativo de la sociedad griega en tanto que se forma la democracia, su significado es el de enfrentamiento pero en el sentido de disputa verbal como pudiera ocurrir, por ejemplo, en el ágora. Los héroes eran los reyes, basilei, y todos eran iguales en cuanto a rango mientras que no había ninguno por encima. No había un basileús de basilei. El resto conformaba el grueso de la tropa, laoi, mientras que el rey era llamado promachoi significando el que combate en primera fila. Los combates se convierten así en un cuerpo a cuerpo entre héroes y no a lo que hoy en día estamos acostumbrados. Eran nobles, aristoi, un rango que les viene de nacimiento y se suponían los mejores en algo. Se les aplicaba el aristeuein, el deber de sobresalir en el combate convirtiéndose en una obligación para con el resto. Debían también demostrar por qué lo eran y seguir mereciendo esa cualidad, debiendo para ello matar a otros en el combate y siendo este otro aspecto de esta moral griega. Asociado a esto debían sobresalir también con la palabra, destacar en el ágora, habiendo siempre un ganador y un perdedor. Cumpliendo con estas asignaciones el héroe conseguiría la excelencia, areté, siendo además un esfuerzo exigido por él mismo pues si consigue esta gloria su nombre no se borrará de la historia y será una forma de inmortalidad. Este es un punto fundamental para entender el mundo épico, el kléos áphthiton, la gloria imperecedera. La única manera de alcanzarla es muriendo en combate. Pero la intención de Homero no era mostrarnos la moral de aquel entonces, sino criticarla. Así podemos ver que en el largo, maravilloso y extraordinario parlamento de Aquiles, algo que no era normal en poemas de estas características, pone en cuestión una ética que a pesar de seguirla él mismo y morir en ella sabe que no es lo mejor. Como se puede ir observando a lo largo del texto, consta de muchas repeticiones y discursos apoyados en dioses, unos dioses ausentes, mientras que este discurso del héroe por antonomasia es ya una argumentación y respuesta a lo que sus amigos más íntimos le proponen siendo mediadores entre él y Agamenón. La argumentación no es algo que sale por casualidad, está metida de manera que en el momento más crítico pueda poner la puntilla a esa moral decadente. La primera razón que da es el que nada se agradece en estar luchando durante diez largos años por algo que la mayoría de los aqueos no les incumbe como es el ultraje inferido a Menelao por parte del príncipe troyano y la esposa del aqueo. Esto se entiende mejor sabiendo que la alianza entre basilei tiene como pacto la philotes, un vínculo por el cual ninguno es más que el otro y que implica la ayuda y reciprocidad. Así se justifica la venganza y la conducta despiadada. A esto se le une la humillación por parte de Agamenón que sufre el héroe y podemos entender que:
Ya que para nada se agradece ("ouk tik charis") el combatir siempre y sin descanso contra los hombres enemigos. La misma recompensa obtiene el que se queda en su tienda que el que pelea con bizarría; en igual consideración son tenidos el cobarde y el valiente; y así muere el holgazán como el laborioso. Ninguna ventaja me ha procurado sufrir tantos pesares y exponer mi vida en el combate.  Ilíada IX, §314-319
Aquí aparece la muerte como igualadora de todos los hombres. Al contrario que la moral presente, siendo la muerte la posibilitadora de una inmortalidad, hay una apología de la vida. No hay ningún tipo de diferencia cuando llega la hora de la muerte, puedes ser el mejor de los aqueos o de los teucros pero morirás igualmente. Matar y morir deja de tener sentido en la vida de Aquiles. Un diálogo de Sarpedón muestra lo contrario: hay muchos tiempos de muerte aunque en realidad sea una:
SARPEDÓN-¡Glauco! ¿Por qué a nosotros nos honran en la Licia con asientos preferentes, manjares y copas de vino, y todos nos miran como a dioses, y poseemos campos grandes y magníficos a orillas del Jano, con viñas y tierras de pan llevar? Preciso es que ahora nos sostengamos entre los más avanzados y nos lancemos a la ardiente pelea, para que diga alguno de los licios, armados de fuertes corazas: "No sin gloria imperan nuestros reyes en la Licia; y si comen pingües ovejas y beben exquisito vino, dulce como la miel, también son esforzados, pues combaten al frente de los licios". ¡Oh amigo! Ojalá que, huyendo de esta batalla, nos libráramos para siempre de la vejez, y de la muerte, pues ni yo me batiría en primera fila; ni te llevaría a la lid, donde los varones adquieren gloria; pero como son muchas las clases de muerte que penden sobre los mortales, sin que éstos puedan huir de ellas ni evitarlas, vayamos y daremos gloria a alguien, o alguien nos la dará a nosotros. Ilíada XII, §310-328
Y también aparece el amor cuando dice:
¿Por qué el Atrida ha juntado y traído el ejercito? ¿No es por Helena, la de hermosa cabellera? Pues, ¿acaso son los Atridas los únicos hombres, de voz articulada, que aman a sus esposas? Todo hombre bueno y sensato quiere y cuida a la suya, y yo apreciaba cordialmente a la mía, aunque la había adquirido por medio de la lanza. Ya que me defraudó, arrebatándome de las manos la recompensa, no me tiente; le conozco y no me persuadirá. Ilíada IX, §332-339 
Este es el suceso por el que Aquiles decide no ir a combate y es también objeto de esta reflexión. Al principio de la narración, Agamenón arrebata su recompensa, géras, elemento material por el cual la gloria es alcanzada. Sin él no hay reconocimiento, timé, por lo tanto sin estos pequeños pasitos no alcanzará su tan ansiado sino. Podemos entender que "en nada se agradece" ya que, epei, si muere lo hará sin gloria como uno más y es preferible irse de allí como aconseja a sus allegados Odiseo, Ayante y Fénix. Este "ya que" es un elemento muy importante, mientras que a lo largo del texto se van dando fórmulas más o menos hechas de acuerdo con la rima y ritmo del poema (recordemos que es lo que es, un poema recitado por un aedo o juglar) aquí encontramos una base de razonamiento. Es importante entenderlo porque aquí se desmarca de la tradición y pone la puntilla a esa moral que estamos tratando. Habla ya del hombre general, algo muy significativo si bien antes quien tenia renombre eran los ya nombradosbasilei, e incluso se pronuncia de manera universal cuando dice "todo hombre bueno y sensato", hostis aner agathós. Lo más excepcional de la épica y algo que no se da nada más que aquí son los términos subrayados, puesto que nunca van unidos. Encontramos también una contradicción en el modelo heroico. En principio son hombres cuya obligación es defender a la comunidad por ese pacto que les viene dado de por sí, pero por encima de todo ponen su interés particular arrastrando a la comunidad también a la desgracia. Por encima de las vidas de todos está la gloria y está muy bien representado en el texto por el papel que juega Héctor, ya que primero es "domador de caballos" y acaba siendo "el que mata a los hombres".

REFERENCIA
Ilíada - Homero

Pequeña biografía de Hegel en vídeo

Hegel: Lecciones de filosofía y estética.
El núcleo del pensamiento estético de Hegel está en lo que entiende por belleza. Georg Wilhelm Friedrich Hegel (Stuttgart, 27 de agosto de 1770 Berlín, 14 de noviembre de 1831), filósofo alemán nacido en Stuttgart, Württemberg, recibió su formación en el Tübinger Stift (seminario de la Iglesia Protestante en Württemberg), donde trabó amistad con el futuro filósofo Friedrich Schelling y el poeta Friedrich Hölderlin. Le fascinaron las obras de Platón, Aristóteles, Descartes, Spinoza, Kant, Rousseau, así como la Revolución Francesa, la cual acabó rechazando cuando ella cayó en manos del terror jacobino. Se le considera el último de los Más Grandes Metafísicos. Murió víctima de una epidemia de cólera, que hizo estragos durante el verano y el otoño de 1831.


El dilema social de estudiar filosofía

Estudiar filosofía es un dilema no ya individual, sino social.
Me gustaría plantear un dilema social que aparece -como no- en un libro magnífico, Antimanual de filosofía, de Michel Onfray.


Trata de la dependencia, e independencia -más bien individualidad- de la filosofía. Todo el libro rota sobre si mismo, de un marco conceptual a otro, de un filósofo y su historia, hacia su extremo. Y en todos los casos el autor pretende la siguiente pregunta, ¿Es la filosofía una ciencia individualizable?, pero, ¿a costa de qué?.

para responder debemos ponernos en la situación de un estudiante de bachillerato que se encuentra por primera vez con la filosofía, con lo que tiene que tomar una decisión que le afectará el resto de su vida, ¿estudio la filosofía en soledad, o dentro de un grupo de filosofía?.

Los que eligen estudiar “de memoria” o de forma individual, pueden a priori aprobar los exámenes, en cambio dificilmente se adueñarán de concepto alguno, y por lo tanto, tendrán poca autoridad sobre su propia vida. En cambio quienes opten por la segunda opción, tardarán más en acomodar palabra y concepto, idea y señal, o constructo y teoría. Pero a la postre se guiarán a ellos mismos y a sus círculos con la mayor de las suficiencias. Algo que es útil para los hombres. Siendo así que quienes elijan la pura individualidad, posiblemente pasen al lado de ideas parecidas, y les parezcan, justamente, inapreciables fuera de su propia idea.

Ahora me gustaría enmarcar este pequeño pensamiento en un ejemplo: imaginemos a cuatro estudiantes, tienen que decidir entre estudiar en grupo, o hacerlo por separado, saben que si lo hacen por separado tienen más posibilidades de aprobar el examen, y que si estudian en parejas de dos pueden aprobar, y a la vez coordinar y manejar ideas entre dos personas. Pero, si gestionan el aprendizaje como un grupo (de cuatro o tres) el manejo conceptual y la consecuente cantidad y calidad de divergencias posibles es mucho mayor, lo que repercute sobre su nivel de vida y satisfacción, pero que, en cambio hará más difícil (mayor numero de horas de charla y dificultad para encontrar una idea afín al grupo) aprobar el examen. En esta problemática los alumnos deben elegir entre lo que beneficia más a cada uno, o al grupo, es decir, se encuentran inmersos en un dilema social.

Creo que este es un bonito ejemplo aplicable a todos los dilemas sociales, y seguramente la base de muchos de ellos.

Os dejo con una cita que viene al caso de este magnífico libro, Habla Michel Onfray:
La filosofía como la corte de los milagros

Por supuesto, os deseo que no sufráis durante todo el año a un espécimen del tipo funcionario de la filosofía. Consideraos unos afortunados si no se cruza en vuestro camino y tenéis la suerte de pasar nueve meses (el tiempo de gestación del curso, ai menos para los que no se queden rezagados...) con un maestro socrático. Sabed, sin embargo, que raramente esas dos figuras aparecen separadas en las aulas y que las obligaciones escolares de enseñar un método de la disertación y de comentario de texto, la necesidad (lamentable para vosotros tanto como para vuestro profesor) de mandar deberes, corregir ejercicios, poner notas, la perspectiva de la Selectividad, todo eso obliga a cada profesor a componérselas, a dar bandazos entre la administración y la práctica de la filosofía.


De modo que, independientemente de vuestra mala suerte si sufrís a uno o de vuestra fortuna si encontráis al otro, debéis disociar al mediador de la disciplina de la disciplina misma. Con independencia de quien la enseña, la filosofía tiene tras sí casi treinta siglos de pensamiento y pensadores, en la India, en China (un mundo que no se enseña en Francia, puesto que tradicionalmente hacemos comenzar la filosofía, sin razón, en Grecia en el siglo vil antes de Jesucristo con los presocráticos, aquellos que enseñaban antes que Sócrates: Parménides, Heráclito, Demócrito, entre muchos otros), e igualmente en Grecia, en Roma y en Europa. Esos sistemas de pensamiento, esas ideas, esos hombres proponen suficientes preguntas y respuestas como para que saquéis provecho de un libro, un texto, de unas páginas o una figura cimera de ese universo singular.

En los programas oficiales se transmiten valores seguros, clásicos. La mayoría de las veces alteran poco el orden social, moral y espiritual, cuando no lo fortalecen claramente. Pero también existen, y en cantidad muy onsiderable, filósofos marginales, subversivos, raros, que saben vivir, reír, comer y beber, a los que les gusta el amor, la amistad, la vida en todas sus formas -Aristipo de Cirene (hacia el 435-366 a. de C.) y los filósofos de su escuela, los cirenaicos, Diógenes de Sínope (s. v. a. de C), y los cínicos, Gassendi (1592-1655) y los libertinos, La Mettrie (1709-1751), Diderot (1713- 1784), Helvecio (1715-1771) y los materialistas, Charles Fourier (1772-1837) y los utopistas, Raoul Vaneigem (nacido en 1934) y los situacionistas, etc.

No imaginéis, porque se os presenten prioritariamente pensadores poco excitantes -o porque el profesor que os los transmita tampoco parezca excitante-, que toda la filosofía se reduce a siniestros personajes o tristes individuos tanto más dotados para pensar como para ser torpes en la vida y desfasados en la existencia. La filosofía es un continente lleno de gente, de personas, de ideas, de pensamientos contradictorios, diversos, útiles para el éxito de vuestra existencia, a fin de que podáis regocijaros continuamente en vuestra vida y construirla día tras día. A vuestro profesor le corresponde proporcionaros el mapa y la brújula, a vosotros trazar vuestro camino en esta geografía farragosa, pero apasionante. Buen viaje...

Cita: Antimanual de filosofía (Michel Onfray)


¿Qué es lo que ha muerto, si es que ha muerto algo?


Hay cosas que no pueden morir aunque intenten hacerlo
Como un reflejo de la moderna filosofía naciente, nuestro contemporáneo Michel Onfray mostró en el Tratado de ateología una idea básica, que hay materias que no pueden morir, no esta en el cuerpo de su disciplina la capacidad de no ser. Siempre hay una necesidad -por individualizada que esta sea. que escapa a la muerte en materias como Filosofía, Arte, Novela, etc.

Hay cosas que no pueden morir aunque lo intenten

Decir Dios ha muerto se ha vuelto un acto muy barato en estos tiempos, fue Nietzsche quien primero introdujo esta moda en Así habló Zaratustra para que acto seguido, se recopilasen multitud de paralelismos, la filosofía ha muerto (aplastada por la publicidad), y la novela ha muerto (ahogada por el cine y los espectáculos), y, el arte a muerto (seguramente dirán que suplantado por la prensa rosa). A simple vista parece que la muerte funciona, oiga usted, pero, ¿qué quiso decir Nietzsche con Dios a muerto?, esta claro que arremetía contra el individuo y sus creencias, ¿como es posible que muera Dios sino?, solo el individuo que llama Dios a unas cuantas ideas muertas, y, al mismo tiempo muere con ellas esta matando a Dios (lo que ocurre es que en tiempos de Nietzsche se trataba de una verdadera plaga cristiana en Europa) pero en ningún caso consistía en la muerte de la espiritualidad de forma genérica, al igual que los contemporáneos que proclaman la muerte de la filosofía, quizá se trate de la muerte de las ideas divulgadas en nuestros tiempos, de una extrema vagueza conceptual enmarcada en todas las redes publicitarias, más, eso no quiere decir que la filosofía, las creaciones que ha esta acompañan vallan a morir, igual que no puede morir  la espiritualidad, tampoco puede morir la individualidad filosófica, ni sus espléndidas o futuras creaciones.

Cita de Michel Onfray en tratado de ateología.
¿Dios ha muerto? Está por verse... Tan buena noticia habría producido efectos solares de los que esperamos siempre, aunque en vano, la menor prueba. En lugar de que dicha desaparición haya dejado al descubierto un campo fecundo, más bien percibimos el nihilismo, el culto a lo fútil, la pasión por la nada, el gusto malsano por lo sombrío propio del fin de las civilizaciones, la fascinación por los abismos y los agujeros sin fondo donde perdemos el alma, el cuerpo, la identidad, el ser y el interés por todo. Cuadro siniestro, apocalipsis deprimente...

La muerte de Dios fue un dispositivo ontológico, la falsa grandilocuencia propia del siglo XX que veía la muerte por todas partes: muerte del arte, muerte de la filosofía, muerte de la metafísica, muerte de la novela, muerte de la tonalidad, muerte de la política... ¡Decretemos hoy la muerte de esas muertes ficticias! Esas falsas noticias servían en otras épocas para montar la escenografía de las paradojas antes del cambio de chaqueta metafísica. La muerte de la filosofía autorizaba libros de filosofía; la muerte de la novela generaba novelas; la muerte del arte, obras de arte, etc. La muerte de Dios produjo lo sagrado, lo divino, lo religioso a cual mejor.

Escrito de Esteban Higueras Galán: ¿Qué es lo que ha muerto, si es que ha muerto algo?
Correo electrónico: Higalano@gmail.com. Sígueme Twitter @HGEsteban