The Century of The Self


The Century of The Self
The Century of The Self, traducida al español como El Siglo del Yo, es una serie documental de cuatro capítulos escrita y producida por el documentalista y escritor Adam Curtis. Se trata ante todo de un estudio histórico y reflexivo acerca del triunfo del individualismo y su estrecha conexión con la sociedad de consumo. Un repaso a la difusión de las teorías de Freud, su aprovechamiento comercial y posteriores devenires, que ilustra de manera amena y didáctica la batalla y esfuerzos, por parte del mundo empresarial, por crear ciudadanos que entreguen su vida a las dinámicas del consumo, haciendo depender su identidad de ellas.


The Century of The Self
Serie documental escrita y dirigida por Adam Curtis para la BBC. Más información sobre su obra en su perfil de IMDb.

Comienzos de la filosofía Griega.

Vídeo de filosofía de Carl Sagan.
El vídeo corto expone la causalidad de la creación filosófica en Grecia, aquellos que primero rompieron con el misticismo de las antiguas religiones, que crearon las bases para un pensamiento causal legible para el hombre, para los que la filosofía -sin poder ser gobernada aún por el hombre- servía de herramienta cognoscible.




Vídeo introducción a la filosofía griega, del misticismo a la ley / Carl Sagan.

Conceptos: ¿Filosofía o Publicidad en la Era Moderna?

Los conceptos nos rodean, pero, ¿son algo más que publicidad?.
En los tiempos modernos estamos realmente acostumbrados a escuchar la palabra "concepto", más ¿creen que esto se debe a una expansión filosófica?, o, ¿más bien a un énfasis publicitario?. Puede que ha ambos. ya que las ultimas creaciones tecnológicas -como los Smartphone- si que requieren de un gran y útil concepto.

Biblioteca moderna con libros y tablets en mesas, simbolizando la dualidad entre conceptos filosóficos y publicitarios en tecnología.

En la era moderna, los conceptos se han convertido en una pieza clave de nuestra realidad, pero ¿de dónde surgen realmente? ¿Son expresiones profundas de la filosofía o estrategias ingeniosas de la publicidad? Este artículo, titulado Conceptos: ¿Filosofía o Publicidad en la Era Moderna?, explora la dualidad entre los constructos filosóficos —como el "ser" de Aristóteles— y los conceptos publicitarios que impulsan creaciones tecnológicas, como los smartphones o los iPads. A través de esta reflexión, Microfilosofía.com invita a los lectores a cuestionar si los conceptos que nos rodean son herramientas de pensamiento o meros anzuelos comerciales, analizando su impacto en nuestra vida cotidiana y su evolución en el contexto actual.

Para comprender a fondo el texto sobre los conceptos y su dualidad entre filosofía y publicidad en la era moderna, es fundamental situarse en el presente. Este análisis se desarrolla en un momento histórico marcado por la revolución tecnológica y digital del siglo XXI, donde la globalización, el auge de internet y las redes sociales han transformado la manera en que las ideas, los productos y los valores se comunican y consumen. Desde los inicios del siglo, la proliferación de dispositivos como smartphones, tablets y plataformas como Facebook ha impulsado una cultura de conceptos que no solo definen innovaciones tecnológicas, sino también las estrategias de marketing y publicidad masiva, generando una fusión entre lo filosófico y lo comercial.

Estamos en una época de cambio paradigmático, donde las nociones tradicionales de conocimiento y creación han sido desafiadas por la rapidez del consumo cultural y la mercantilización de las ideas. La era moderna, caracterizada por la hiperconectividad y la economía digital, ha visto cómo conceptos filosóficos históricos —como el "ser" de Aristóteles o el "devenir" de Heráclito— coexisten con conceptos publicitarios creados por empresas tecnológicas y marcas, como el iPad de Apple o el concepto de "conexión en tiempo real" asociado a los smartphones. Este cruce refleja una tensión entre el pensamiento abstracto y especulativo de la filosofía y las dinámicas pragmáticas y económicas de la publicidad, un fenómeno que se intensificó con la llegada de la era digital a principios del siglo XXI.

Los conceptos, ya sean filosóficos o publicitarios, funcionan como "máquinas de pensamiento" o herramientas que dan sentido a la realidad, pero su utilidad y propósito difieren según el sistema en el que se insertan. En la filosofía, los conceptos, como el "ser" o el "devenir", emergen de un proceso de reflexión profunda sobre la existencia humana y no requieren de un "artilugio" físico para ser comprendidos; están intrínsecamente ligados a la naturaleza humana y al pensamiento crítico, como lo sostenían pensadores clásicos como Aristóteles o modernos como Heidegger. Por el contrario, en la publicidad, los conceptos —como el de "smartphone" o "iPad"— están diseñados para promover productos, integrándose en un sistema económico donde su valor depende de la capacidad de generar deseo, consumo y una respuesta económica, como el gasto en un dispositivo tecnológico.

Este contexto histórico —de transformación digital y mercantilización— y esta distinción conceptual entre filosofía y publicidad permiten al lector situarse en el núcleo del debate: ¿los conceptos que nos rodean son fruto de un pensamiento profundo o de una estrategia comercial? Con esta base, te invito a reflexionar sobre cómo los conceptos moldean nuestra percepción de la realidad moderna, conectando la tradición filosófica con los desafíos de un mundo saturado de publicidad y tecnología.

Conceptos en la época moderna


Por donde quiera que caminen las ideas se pueden reconocer múltiples conceptos, en nuestro mundo la realidad es producto, el individuo vive rodeado de creaciones imaginarias y son ellas las que otorgan el sentido, sin la idea en la palabra -el concepto- no serían de utilidad creaciones como Ipad, Facebook, Ser, o devenir (sin distinción aquí entre conceptos de publicistas, y conceptos de filósofos, para lo que nos conviene trae sin cuidado) que atañen a la filosofía, ya se trate de creaciones tecnológicas (como las de Steve Jobs) o de las más antiguas creaciones (como la de "ser" en Aristóteles).

Si se piensa que un concepto atiende a un sistema, y funciona en él como una maquina de pensamiento, este concepto no sería aquel fuera de ese sistema, es decir, sería un concepto inútil sin capacidad de afectar al sistema en el que se incluía, y esto es así en todos los conceptos de nuestra realidad. Así, si se piensa en un concepto en publicidad, la diferencia relevante estriba en que el artilugio que representa los valores de ese concepto -ejemplo: Ipad- cuesta una respuesta, que en publicidad casi siempre es dinero. Usted puede experimentar la conexión en tiempo real con sus círculos cercanos, enviarles fotos, comunicarte con las grandes marcas en tiempo real, y para eso usted tiene que hacerse con un artilugio como el nuestro, esto es lo que enseña el concepto de Smartphone. Este es el sistema, el de la comunicación tecnológica, formarse un concepto de Smartphone necesita de un sistema arraigado a la comunicación entre artilugios tecnológicos. Usted ya tiene su concepto de Smartphone, solo le hace falta uno para utilizarlo. Es lo que persigue una estrategia publicitaria digna, se esfuerzan en comunicar la utilidad y ventajas de utilizar su concepto, y con el, el artilugio que los compromete. Como digo, se habla aquí de una creación conceptual realizada por publicistas, y no por filósofos. Y el objeto de la acción siempre trata de posicionar un producto (se trata de una guerra fría y cruda entre marcas) utilizando el concepto de una forma social muy amplia. Se trata de impregnar al máximo numero de personas posibles, e incluso -en la mayoría de productos en venta- a costa de rebajar la utilidad de ese concepto hasta hacerlo más comprensible para la mayoría del publico objetivo.

En cambio para la filosofía, en cuanto habla de artilugios filosóficos, es necesario hacer una objeción; no se trata de artilugios físicos. Pero que cosa digo!, no hace falta ningún artilugio, como ya sabemos se trata de algo parecido a una maquina de pensamiento, todo lo que hace falta para utilizar aquella palabra, aquel constructo, esta en tu naturaleza, esta en la palabra, y se puede decir que situado dentro del cráneo. Y es que la filosofía no puede venderse, la filosofía puede adueñarse. Un concepto en filosofía siempre esta listo para que alguien se adueñe de él, y en este sentido -cuando el concepto pertenece al adueñador tanto como al creador, no tiene cabida que requiera dinero alguno para quienes lo pretenden.




Escrito de Esteban Higueras Galán. Conceptos de filosofía y publicidad.
Correo electrónico: Higalano@gmail.com. Sígueme en Twitter @HGEsteban


F. C. Barcelona: la elevación de la Poiesis


F. C. Barcelona: la elevación de la Poiesis.
Poiesis, así podríamos definir el estilo del Barça. Me arriesgo a hacer esto porque hay algo que no me gusta: la media se ha adueñado de la palabra “filosofía” para hablar de un estilo de juego que después se ha ido extendiendo al resto de equipos de fútbol.


Poiesis, así podríamos definir el estilo del Barça. Me arriesgo a hacer esto porque hay algo que no me gusta: la media se ha adueñado de la palabra “filosofía” para hablar de un estilo de juego que después se ha ido extendiendo al resto de equipos de fútbol. Aprovecho que hay una etiqueta para hablar de esto, aunque pueda parecer contradictorio en muchos de mis escritos. La única de las comparaciones filosóficas que se pueden hacer con el equipo de la ciudad condal es esta, amén de hablar de su entrenador Josep Guardiola. Quiero analizar el aspecto ofensivo, ni el táctico ni el defensivo del equipo, porque es donde más se crea.

Hablemos de la poiesis, según Heidegger en la Carta sobre el humanismo  la culpa del pensar técnico está en la escisión que hacen Platón y Aristóteles entre praxis y poiesis. Esta además se ha asociado a la poesía, es la creación de algo nuevo. Obviamente el primero de los filósofos despreciará esta porque se dedica a hacer copias de copias ya presentes, la poiesis será simplemente una creación de tercer nivel por así decirlo y totalmente alejada de la verdad, con lo que los creadores son expulsados de la República platónica. Paradójicamente, su estilo poético en los Diálogos platónicos le hacen un gran escritor y creador. Pero ese es otro tema, tan sólo trataba de darle una conexión con nuestros antepasados culturales griegos. El Pep Team ha conseguido enganchar con su forma de creación de fútbol a todo un colectivo muy diferente entre sí, ahí está el primer triunfo del conjunto blaugrana. Ese continuo reinvento futbolístico, además, le hace merecedor de la admiración mundial. Sea con tres o cuatro defensas el equipo siempre deleita a su público, por ello cuando baja un poco el nivel la sensación general es de desacierto o fallo de ese grupo humano. Una de las innovaciones que ningún otro equipo ha podido realizar es el destacado falso nueve, una manera de jugar sin un delantero centro puro. Messi como referencia de esto, a lo que se han sumado perfectamente jugadores como Cesc Fábregas o Alexis Sánchez. Pero vamos a analizar cómo es posible que ocurra esto con la formación que tienen y jugadores que tienen[1]La alineación habitual es la siguiente, he obviado lesiones y demás percances del deporte y la vida en general por razones más prácticas. Vamos a analizarla incluidos los movimientos ofensivos como hemos dicho:


Por lo general, este año sobre todo, Dani Alves sube la banda como carrilero lo que deja una defensa de tres. Pese a la fotografía, la defensa suele estar muy adelantada y las líneas del centro de campo se adelantan bastante provocando que al ataque se sumen hasta siete jugadores (incluso ocho). Provoca que la defensa y media contraria se metan atrás para defenderse, levantando una muralla que a base de paciencia los jugadores del Barcelona suelen derribar. Estos últimos años ha habido un cambio en un jugador importante como es Xavi, este sistema le permite llegar arriba y meter más goles de lo habitual ya que tiene bien cubierta la espalda por Sergio Busquets, cuyo trabajo es el más sucio e importante de toda esta creación poiética. Este jugador es el encargado de recuperar los balones que pueda, además de apoyar el ataque y desvivirse en defensa. El jugador clave, Messi, suele ejercer de mediapunta permitiendo la entrada de Iniesta. Por lo general toda jugada de gol pasa por los pies de estos cuatro jugadores, permitiendo la incorporación de los extremos Pedro y Villa. Una de las jugadas típica es la caída de Messi a la banda de Dani Alves, lo que permite llegar a cuatro jugadores al área contraria.



Al rosarino le encanta esta jugada porque siempre puede perfilarse hacia su pierna izquierda y golpear preciso y con fuerza a portería. A pesar de ser muy conocida, siempre sale de diferente manera con lo que la creación es demasiado importante. Hay dos posibilidades, espero se entienda el esquema:


Como se ve, a pesar de la superioridad defensiva representada por las cruces el Barça siempre tiene una posibilidad nueva de poiesis y la norma general es la triangulación si no hay posibilidad de creación, lo que nos lleva a ver cosas increíbles en un espacio de pocos metros. Cuando Messi recibe en el pico del área, tiene tres posibilidades: devolver al carrilero Alves y centrar con la incorporación de tres más dos jugadores al área, buscar a Xavi para que se la deje y tirar o a Pedro y tener el mismo resultado. El balón ajustado al palo suele entrar y si no la para o envía a córner el portero entran otros cuatro, tres mínimo, jugadores al rechace con lo que la presión para la defensa es máxima. La piedra angular de este proyecto es Messi, sin duda, pero los demás jugadores cuentan de manera inimaginable.

A grandes rasgos, esta es una aproximación al juego del F. C. Barcelona. Si la entrada tiene cabida y aceptación, me veré obligado a hacer más. Pero sobre todo me gustaría que se entendiera una cosa: este equipo es único, por eso el jugador argentino en su selección no puede hacer lo mismo que hace en su equipo. No hay comparación posible frente a un equipo que se dedica a dignificar este deporte. 


[1] Las imágenes son fotografías personales del autor, dando la autoridad de poder distribuir libremente cada una de ellas. 




F. C. Barcelona: la elevación de la Poiesis.
Enrique Martínez, mi blog personal: Esto es Kaos Contacto: Gmail: eselkaos2011@gmail.com / Facebook @Mart_Nrique

El sentido no es nunca principio ni origen

Lectura de Deleuze en lógica del sentido.
En la lectura, Deleuze ejemplifica el paso de una filosofía para el hombre, contraria a una filosofía del hombre, es decir, creada, construida y diseñada por y para él mismo. El sentido no es principio ni origen -grita esta filosofía-, es producto, sumas, fugas y encuentros.
A continuación se expone un extracto del libro Lógica del sentido, de Deleuze Gilles.
Es pues agradable que resuene hoy la buena nueva: el sentido no es nunca principio ni origen, es producto. No está por descubrir, ni restaurar ni reemplazar; está por producir con nuevas maquinarias. No pertenece a ninguna altura, ni está en ninguna profundidad, sino que es efecto de superficie, inseparable de la superficie como de su propia dimensión. No es que el sentido carezca de profundidad o de altura; son más bien la altura y la profundidad las que carecen de superficie, las que carecen de sentido, o que lo tienen sólo gracias a un “efecto” que supone el sentido. Ya no nos preguntamos si el “sentido originario” de la religión está en un Dios al que los hombres han traicionado o en un hombre que se ha alienado en la imagen de Dios; por ejemplo, no buscamos en Nietzsche al profeta de la subversión ni de la superación. Si hay un autor para quien la muerte de Dios, la caída desde lo alto del ideal ascético no tiene ninguna importancia en tanto que queda compensada por las falsas profundidades de lo humano, mala conciencia y resentimiento, ése es sin duda Nietzsche: el lleva a cabo sus descubrimientos en otro lugar, en el aforismo y el poema, que no hacen hablar ni a Dios ni al hombre, máquinas para producir el sentido para medir la superficie instaurando el juego ideal efectivo. No buscamos en Freud al explorador de la profundidad humana y del sentido originario, sino al prodigioso descubridor de la maquinaria del inconsciente, por la que el sentido es producido, siempre producido en función del sinsentido. Y ¿Cómo no sentir que nuestra libertad y nuestra efectividad encuentran su lugar, no en lo universal divino ni en la personalidad humana, sino en estas singularidades que son más nuestras que nosotros mismos, más divinas que los dioses, que animan en lo concreto el poema y el aforismo, la revolución permanente y la acción parcial? ¿Qué hay de burocrático en estas máquinas fantásticas que son los pueblos y los poemas? Basta con que nos disipemos un poco, con que sepamos permanecer en la superficie, con que tensemos nuestra piel como un tambor, para que comience la gran política. Una casilla vacía que no es ni para el hombre ni para Dios; singularidades que no pertenecen ni a lo general ni a lo individual ni personales ni universales; todo ello atravesando por circulaciones, ecos, acontecimientos que el hombre nunca habría soñado, ni Dios concebido. Hacer circular la casilla vacía, y hacer hablar a las singularidades pre-individuales y no personales, en una palabra, producir el sentido, es la tarea de hoy.

¿Es el Fin de la Filosofía? Explorando su Evolución y Relevancia en la Era de la Ciencia



¿El fin de la Filosofía?
Desde mediados y finales del siglo XIX pero sobre todo a lo largo del siglo XX, tras la irrupción de la ciencia y su separación con la Filosofía, son muchos los autores que se han dedicado a hablar sobre la muerte de esta disciplina.

Monstruo del fin de la filosofía


En la conferencia que F. Brentano pronunció en la Universidad de Viena en la toma de posesión de su cátedra de Filosofía en 1874, nos dice que la propia disciplina no goza de gran confianza. Está disgregada, hay tantas opiniones como cabezas pensantes. Varias razones de ello serían el afán por lo imposible que le haría correr tras fantasmas, la falta de confianza en este tipo de estudios, la contraposición y combate de todos los sistemas. Este último es muy problemático ya que hacer ciencia de algo que cambia constantemente es difícil, además que la filosofía parece buscar un modo de fundamentación y explicación imposible al entendimiento del ser humano. Por ejemplo, la ciencia pretende para hacer esto subordinar los fenómenos particulares a unos hechos generales. Lo que le queda al filósofo es la especulación del cómo y del por qué en la investigación científica. Otra cosa negativa es su nulicidad práctica, con lo cual, las razones 
por las que no podemos tomar la filosofía como ciencia son:
  1. 1.      Falta de teoremas generalmente aceptados.
  2. 2.      Revoluciones que padece, constantes.
  3. 3.      Inaccesibilidad al fin propuesto.
  4. 4.      Imposibilidad de valoraciones prácticas.
Sin duda alguna, la irrupción de las ciencias es la principal razón por la que la filosofía ha sido desplazada a partir del siglo XX y mediados del XIX, ¿pero debemos tomarlo en negativo? Para Brentano es algo obvio, esa negatividad es por la manifiesta inferioridad[1] de la filosofía frente a las ciencias prácticas. Se han impuesto.


En este sentido, Heidegger confirma lo que dice Brentano sobre el final pero le da una vuelta: para él se ha entendido el fin como algo negativo pero no tiene que serlo necesariamente. Hay que tomarlo como el acabamiento de la metafísica ya que cada época la filosofía tiene su propia necesidad. Ese final es el lugar donde se reúne la totalidad de la historia de la filosofía en su posibilidad límite que es la inversión de la metafísica como había dicho Marx. Lo que aquí está de fondo es el tema recurrente de la filosofía heideggeriana, salirse de la metafísica occidental mediante la pregunta constante por el Ser. En la formación de las ciencias dentro del horizonte de la filosofía encontramos ese acabamiento que es legítimo e interdisciplinar, la filosofía encuentra su lugar en la cientificidad humana o ciencia empírica del hombre[2] y pasará a ser rasgo fundamental. Esto nos llevará a la cibernética, que es 

¿El fin de la filosofía?
La teoría para dirigir la posible planificación y organización del trabajo humano. La Cibernética transforma el lenguaje en un intercambio de noticias. Cita: M. HEIDEGGER (1978), ¿Qué es filosofía? Tr. J. L. Molinuevo, Narcea editorial, Pág. 100.

Pero la filosofía no está alejada de las ciencias sino todo lo contrario; la técnica no se pregunta por su esencia sino que marca y encauza los fenómenos del mundo y la posición del hombre en él. La verdad científica es eficacia de la técnica. Pero la ciencia expone las Ontologías de las regiones del ente, hablan del Ser del ente porque suponen necesariamente su campo categorial.

Tan sólo pretendo abrir mi mente a la desilusión por la situación que atravesamos en general y por la particularidad de la filosofía, venerada antaño y tan despojada de su esencia, si se me permite aquí siquiera acercarme al Maestro de Alemania en título de Rudiger Safranski, ahora. Creo firmemente que la aplicabilidad de la filosofía existe, de hecho pretendo acercarme aquí mínimamente a una idea que desarrollaré más adelante aun siendo muy osado. Pero necesitamos la osadía. Si tan atrás estamos de las ciencias, necesitaremos un método. Así a grandes rasgos lo llamaré “reflexión crítica trascendental” y explicaré más adelante el por qué. Avanzo que lo veo como una manera de apuntalar el camino y si encontramos grietas taparlas a tiempo, antes que fragmente y sea tarde. No pretendo aunar toda disciplina en una, sino dar un lugar a la nuestra. Los caminos a construir y recorrer deben ser sólidos, pues la caída puede ser inminente y nos jugamos el tipo a cada paso que damos.

Más adelante trataré esto, pues un trabajo así requiere de mucho tiempo para poder expresar mínimamente una idea vaga de lo que se quiere decir con ese nombre. Pero a grandes rasgos diré que se trata de, como se indica, una crítica hacia todo lo que se mueve. Es necesaria por la situación en la que vivimos para empezar, pero también porque no podemos pasar sin inmutarnos ante la evidente tropelía que se está cometiendo. Por eso lo llamo una reflexión crítica. Pero además colocó una palabra clave en la historia de la Filosofía, ese "trascendental" puede sonar a muchas cosas pero sin duda se refiere a, como el propio Heidegger dice en la  que el Ser debe hacer, remontar el objeto de nuestro estudio y verlo más allá. Sólo así podemos dar cuenta real de lo que estamos estudiando y dar una solución desinteresada a un problema. Como digo, más adelante, desgranaremos este método que considero fundamental para la Filosofía. Para que, de una vez por todas, tenga el estatus que se merece. 


Las razones del desaliento en la filosofía: seguido de El porvenir de la filosofía, F. BRENTANO
Carta sobre el humanismo MARTIN HEIDEGGER [Tapa blanda]Descripción: http://www.assoc-amazon.es/e/ir?t=esteskao-21&l=as2&o=30&a=842063798X


[1] Que no tiene por qué ser real.
[2] Es lo que puede convertirse para él en objeto experiencial de su técnica.

Caricatura de los hombres dionisíacos en "El nacimiento de la tragedia".

Lectura de Friedrich Nietzsche en "El nacimiento de la tragedia".
El sabio alemán acostumbraba a conocer muy de cerca la más mínima expresión afectiva, tanto que se atrevió a inquietar las alegrías y tragedias de sus iguales, no para caricaturizárlas -como hacían los antiguos sátiros, sino para mostrarla limpia, y si fuera posible, en toda su crudeza. En cualquier caso, la propia incertidumbre dramática estriba en que el entusiasta dioni­síaco se vea a sí mismo como sátiro, y, pretenda un aspecto sublime y divino en los ojos de hombres dionisíacos


Tanto el sátiro como el idílico pastor de nuestra época moderna son, ambos, productos nacidos de un anhelo orientado hacia lo originario y natural; ¡mas con qué firme e intrépida garra asía el griego a su hombre de los bosques, y de qué avergonzada y débil manera juguetea el hom­bre moderno con la imagen lisonjera de un pastor delica­do, blando, que toca la flauta! Una naturaleza no trabajada aún por ningún conocimiento, en la que todavía no han sido forzados los cerrojos de la cultura - eso es lo que el griego veía en su sátiro, el cual, por ello, no coincidía aún, para él, con el mono. Al contrario: era la imagen primor­dial del ser humano, la expresión de sus emociones más al­tas y fuertes, en cuanto era el entusiasta exaltado al que ex­tasía la proximidad del dios, el camarada que comparte el sufrimiento, en el que se repite el sufrimiento del dios, el anunciador de una sabiduría que habla desde lo más hon­do del pecho de la naturaleza, el símbolo de la omnipoten­cia sexual de la naturaleza, que el griego está habituado a contemplar con respetuoso estupor. El sátiro era algo su­blime y divino: eso tenía que parecerle especialmente a la mirada del hombre dionisíaco, vidriada por el dolor. A él le habría ofendido el pastor acicalado, ficticio: con sublime satisfacción demorábase su ojo en los trazos grandiosos de la naturaleza, no atrofiados ni cubiertos por velo alguno; aquí la ilusión de la cultura había sido borrada de la ima­gen primordial del ser humano, aquí se desvelaba el hom­bre verdadero, el sátiro barbudo, que dirige gritos de júbilo a su dios. Ante él, el hombre civilizado se reducía a una ca­ricatura mentirosa. También en lo que respecta a estos co­mienzos del arte trágico tiene razón Schiller: el coro es un muro vivo erigido contra la realidad asaltante, porque él - el coro de sátiros - refleja la existencia de una manera más veraz, más real, más completa que el hombre civiliza­do, que comúnmente se considera a sí mismo como única realidad. La esfera de la poesía no se encuentra fuera del mundo, cual fantasmagórica imposibilidad propia de un cerebro de poeta: ella quiere ser cabalmente lo contrario, la no aderezada expresión de la verdad, y justo por ello tiene que arrojar lejos de sí el mendaz atavío de aquella presunta realidad del hombre civilizado. El contraste entre esta au­téntica verdad natural y la mentira civilizada que se com­porta como si ella fuese la única realidad es un contraste si­milar al que se da entre el núcleo eterno de las cosas, la cosa en sí, y el mundo aparencial en su conjunto: y de igual modo que con su consuelo metafísico la tragedia señala ha­cia la vida eterna de aquel núcleo de la existencia, en medio de la constante desaparición de las apariencias, así el sim­bolismo del coro satírico expresa ya en un símbolo aquella relación primordial que existe entre la cosa en sí y la apa­riencia. Aquel idílico pastor del hombre moderno es tan sólo un remedo de la suma de ilusiones culturales que éste considera como naturaleza: el griego dionisíaco quiere la verdad y la naturaleza en su fuerza máxima - se ve a sí mis­mo transformado mágicamente en sátiro.
Con tales estados de ánimo y tales conocimientos la mu­chedumbre entusiasmada de los servidores de Dioniso lanza gritos de júbilo: el poder de aquéllos los transforma ante sus propios ojos, de modo que se imaginan verse como genios naturales renovados, como sátiros. La constitución poste­rior del coro trágico es la imitación artística de ese fenóme­no natural; en esta imitación fue necesario realizar, de todos modos, una separación entre los espectadores dionisíacos y los hombres transformados por la magia dionisíaca. Sólo que es preciso tener siempre presente que el público de la tragedia ática se reencontraba a sí mismo en el coro de la or­questa, que en el fondo no había ninguna antítesis entre público y coro: pues lo único que hay es un gran coro sublime de sátiros que bailan y cantan, o de quienes se hacen repre­sentar por ellos. La frase de Schlegel tiene que descubrírse­nos aquí en un sentido más profundo. El coro es el «especta­dor ideal» en la medida en que es el único observador el observador del mundo visionario de la escena. El público de espectadores, tal como lo conocemos nosotros, fue desco­nocido para los griegos: en sus teatros, dada la estructura en forma de terrazas del espacio reservado a los espectadores, que se elevaba en arcos concéntricos, érale posible a cada uno mirar desde arriba, con toda propiedad, el mundo cul­tural entero que le rodeaba, e imaginarse, en un saciado mi­rar, coreuta él mismo. De acuerdo con esta intuición nos es lícito llamar al coro, en su estadio primitivo de la tragedia primera, un autorreflejo del hombre dionisíaco: lo que me­jor puede aclarar este fenómeno es el proceso que acontece en el actor, el cual, cuando es de verdadero talento, ve flotar tangiblemente ante sus ojos la figura del personaje que a él le toca representar. El coro de sátiros es ante todo una visión tenida por la masa dionisíaca, de igual modo que el mundo del escenario es, a su vez, una visión tenida por ese coro de sátiros: la fuerza de esa visión es lo bastante poderosa para hacer que la mirada quede embotada y se vuelva insensible a la impresión de la «realidad», a los hombres civilizados si­tuados en torno en las filas de asientos. La forma del teatro griego recuerda un solitario valle de montaña; la arquitectu­ra de la escena aparece como una resplandeciente nube que las bacantes que vagan por la montaña divisan desde la cum­bre, como el recuadro magnífico en cuyo centro se les revela la imagen de Dioniso.

Dada nuestra visión erudita de los procesos artísticos ele­mentales, ese fenómeno artístico primordial de que aquí ha­blamos para explicar el coro trágico resulta casi escandalo­so: mientras que no puede haber cosa más cierta que ésta, que el poeta es poeta únicamente porque se ve rodeado de fi­guras que viven y actúan ante él y en cuya esencia más ínti­ma él penetra con su mirada. Por una peculiar debilidad de la inteligencia moderna, nosotros nos inclinamos a repre­sentarnos el fenómeno estético primordial de una forma de­masiado complicada y abstracta. Para el poeta auténtico la metáfora no es una figura retórica, sino una imagen sucedá­nea que flota realmente ante él, en lugar de un concepto. Para él el carácter no es un todo compuesto de rasgos aisla­dos y recogidos de diversos sitios, sino un personaje in­sistentemente vivo ante sus ojos, y que se distingue de la vi­sión análoga del pintor tan sólo porque continúa viviendo y actuando de modo permanente. ¿Por qué las descripciones que Homero hace son mucho más intuitivas que las de todos los demás poetas? Porque él intuye mucho más que ellos. So­bre la poesía nosotros hablamos de modo tan abstracto por­que todos nosotros solemos ser malos poetas. En el fondo el fenómeno estético es sencillo; para ser poeta basta con tener la capacidad de estar viendo constantemente un juego vi­viente y de vivir rodeado de continuo por muchedumbres de espíritus; para ser dramaturgo basta con sentir el impulso de transformarse a sí mismo y de hablar por boca de otros cuerpos y otras almas.

La excitación dionisíaca es capaz de comunicar a una masa entera ese don artístico de verse rodeada por semejan­te muchedumbre de espíritus, con la que ella se sabe íntima­mente unida. Este proceso del coro trágico es el fenómeno dramático primordial: verse uno transformado a sí mismo delante de sí, y actuar uno como si realmente hubiese pene­trado en otro cuerpo, en otro carácter. Este proceso está al comienzo del desarrollo del drama. Aquí hay una cosa dis­tinta del rapsoda, el cual no se fusiona con sus imágenes, sino que, parecido al pintor, las ve fuera de sí con ojo con­templativo; aquí hay ya una suspensión del individuo, debida al ingreso en una naturaleza ajena. Y, en verdad, ese fenóme­no sobreviene como una epidemia: una muchedumbre entera se siente mágicamente transformada de ese modo. El ditirambo es, por ello, esencialmente distinto de todo otro canto coral. Las vírgenes que se dirigen solemnemente hacia el templo de Apolo con ramas de laurel en las manos y que entre tanto van cantando una canción procesional continúan siendo quienes son y conservan su nombre civil: el coro di­tirámbico es un coro de transformados, en los que han que­dado olvidados del todo su pasado civil, su posición social: se han convertido en servidores intemporales de su dios, que viven fuera de todas las esferas sociales. Todo el resto de la lí­rica coral de los helenos es tan sólo una gigantesca amplia­ción del cantor apolíneo individual; mientras que en el diti­rambo lo que está ante nosotros es una comunidad de actores inconscientes, que se ven unos a otros como trans­formados.

La transformación mágica es el presupuesto de todo arte dramático. Transformado de ese modo, el entusiasta dioni­síaco se ve a sí mismo como sátiro, y como sátiro ve también al dios, es decir, ve, en su transformación, una nueva visión fuera de sí, como consumación apolínea de su estado. Con esta nueva visión queda completo el drama.
De acuerdo con este conocimiento, hemos de concebir la tragedia griega como un coro dionisíaco que una y otra vez se descarga en un mundo apolíneo de imágenes. Aquellas partes corales entretejidas en la tragedia son, pues, en cierto modo, el seno materno de todo lo que se denomina diálogo, es decir, del mundo escénico en su conjunto, del drama pro­piamente dicho. En numerosas descargas sucesivas ese fon­do primordial de la tragedia irradia aquella visión en que consiste el drama: visión que es en su totalidad una aparien­cia onírica, y por tanto de naturaleza épica, mas, por otro lado, como objetivación de un estado dionisíaco, no repre­senta la redención apolínea en la apariencia, sino, por el contrario, el hacerse pedazos el individuo y el unificarse con el ser primordial. El drama es, por tanto, la manifestación apolínea sensible de conocimientos y efectos dionisíacos, y por ello está separado de la epopeya como por un abismo enorme.

Lectura de Friedrich Nietzsche en "El nacimiento de la tragedia"
El nacimiento de la tragedia(Alianza Bolsillo Nuevo) Pág 18 - 19 Alianza Editorial; Edición de 8 de febrero de 2001. (ISBN-13: 978-8420637105)

El nuevo principio de responsabilidad



El nuevo principio de responsabilidad.
Un giro a la propuesta de Hans Jonas y su principio de responsabilidad. Un tema que debería ponernos la piel de gallina, ya que no tenemos en cuenta que nuestra acción tiene una repercusión inmediata en la naturaleza y su alrededor. Pero lo peor es que nosotros y nuestra descendencia pagarán las consecuencias.

Principio de responsabilidad natural.



El surgimiento del hombre no deja de ser extraordinario. Aunque no va a dejar de ser un tirón de orejas hacia él, hay que reconocer que también ha hecho cosas buenas. ¿Por qué? A lo largo de la Historia ha habido diferentes concepciones del hombre. Al principio no pareció un gran problema ya que la pregunta más importante fue por el arché y la phýsis, después llegó Platón con su teoría del hombre dualista. Una división entre cuerpo y alma donde el primero es la tumba de la segunda siendo esta principio vital que se libera con la muerte del otro que es malo y que se centra en las pasiones que le lleva al final. Además la muerte del cuerpo inaugura la auténtica vida, de hecho para Sócrates la esencia del hombre es el alma (psyché). En esta línea evolucionada apareció el Hombre que fue ejemplo durante un largo periodo, sólo este era bueno y el resto se podía asemejar. A su muerte nietzscheana este propone el Superhombre que es una metáfora con la que el filósofo pretende que el hombre se pueda esculpir a sí mismo, un hombre autónomo de un mundo verdadero cristiano-platónico que está por encima del hombre corriente al cual el Superhombre debe rescatar y recolocar a su lado en el mundo natural donde el otro está inmerso. El hombre sirve como puente entre el animal y el Superhombre, es transición y ocaso. Nietzsche habla de él en términos de futuro porque no es real, es una esperanza. Jonas reclama su responsabilidad. Los griegos vieron la parte positiva del hombre, pero la negativa no por la concepción de eternidad que tenían de la naturaleza. Además de eso, el cumplimiento de los ciclos que lo harían seguramente por repetición más que por tener una idea estacional ayudaría a pensar en el cumplimiento seguro de ese hecho (un proceso inductivo). Su técnica, aunque no tan avanzada, no dejaría de accidentar la tierra al igual que al obtener la materia (piedra, madera). Es decir, si desde el primer momento en que pudimos aprovecharnos de la naturaleza lo hicimos, qué no haremos con nuestra técnica. ¿Qué le estamos dejando a la próxima generación?

Quizá el gran principio de la responsabilidad se encuentra en Kant con un giro de 180 grados: “Debes, puesto que haces, puesto que puedes” (Jonas 1995, pág. 212), a mí me importa ese “puesto que haces” aunque el autor se centre en el deber. Creo que eso queda en el lado kantiano, tradicionalmente al menos, pero lo que más se tiene que tener en cuenta es la acción. Nuestra responsabilidad es un  presente continuo, en el sentido de la forma verbal si se quiere, donde no vivimos en un presente real porque el tiempo pasa. Es un presente cambiante, los días al pasar nos llevan al futuro o incluso podríamos decir que cada segundo que pasa nos acercamos más hacia lo próximo. Por ejemplo, estamos en un presente x y tenemos el futuro x a dos pasos. Como estamos en constante fluidez temporal, recorremos ese espacio y llegamos al futuro x sin darnos cuenta prácticamente. Este se convierte así en un presente y y así sucesivamente aunque es algo finito ya que la muerte limita esto. En ese “puesto que haces” está el daño que realizamos a nuestro futuro que parece no llegar pero que llega. Lo que hacemos en este presente x repercute en el mismo instante en que se realiza y nos acompaña en nuestro camino hasta el futuro x que se vuelve presente y, parece que el futuro no lo viviremos nunca pero en realidad siempre llega. De este modo perpetuamos los daños, parece que nuestra acción no tiene repercusión pero, por ejemplo, los residuos nucleares tardan 10.000 años en descomponerse ¿verdad? ¿Acaso no nos damos cuenta que ya estamos recorriendo ese espacio de tiempo? Algún día el contador de esos años llegará a 0, no siempre van a quedar tantos años para que se descompongan, el futuro se nos hace presente, un presente continuo. Además, de este modo no habría que fijarse en lo que devenga. ¿Somos egoístas? Entonces, por nosotros mismos, necesitamos más autocontrol. Para Jonas el poder es liberar efectos en el mundo, pero primero hay que hacer salir ese poder. Lo que Hegel ni los anteriores fueron capaces de ver fue que la acción se pone en macha y la continuamos. Porque ese es otro problema, nuestras acciones son repetitivas y eso da más consistencia a lo que quiero explicar sobre el presente continuo. Si una acción aislada llega al futuro que se convierte en presente, una acción repetida tendrá más posibilidades de hacerlo. De ahí que sea necesaria una responsabilidad para con lo próximo y que nuestra acción no quede impune. Si sabemos que nuestro futuro en realidad es un presente que está por llegar puede que nos concienciemos más, cuando alguien ve o toca cosas de otros no se interesa pero cuando nos toca a nosotros mismos entonces somos capaces de hacer cualquier cosa. Y en este sentido me refiero al capítulo tercero del libro de Watts, Qué es Realidad, no sólo porque nos repercutirá en un tiempo que llegará, como somos y salimos de la naturaleza lo que estamos haciendo es tirar piedras contra nuestro propio tejado.

Otro de los problemas por los que los anteriores quizá no tuvieron en cuenta la magnitud de nuestra fuerza podría ser la técnica. La nuestra es moderna y en tanto que más moderna, abusa más del lugar donde se utiliza. Lo que quiero decir es que la contaminación generada por, pongamos por caso, nuestro vehículo, unida a la que genera el vecino con el suyo, a la del otro y así sucesivamente, consiguen que el efecto en la comunidad sea mayor. La conexión que logramos de contaminación aumenta las consecuencias en la capa de ozono. No nos hemos dado cuenta que con el aumento de nuestra tecnología ha aumentado nuestro poder porque simplemente hemos hecho uso de ella para nuestro propio beneficio. Como Marx piensa, no hay mayor progreso con mayor tecnología pero sí creo que hay mayor poder para dañar la naturaleza. Como Jonas señala, para la ética que deviene de esta nueva dimensión de la responsabilidad necesitamos vigilar el desmesurado poder que tenemos. 

REFERENCIAS:

JONAS, H. (1995); El principio de responsabilidad (Das Prinzip Verantwartung), Tr. Javier María Fernández Retenaga; Barcelona, Herder Ed.
WATTS, A. (1996); Qué es Realidad (What is Reality), Tr. Miguel Portillo; Barcelona, Ed. Kairós. Pp. 13-35. 


El nuevo principio de responsabilidad.
Enrique Martínez, Contacto: Gmail: eselkaos2011@gmail.com / Facebook @Mart_Nrique