Una historia de terror en las montañas, el bucle eterno.

Dos geologos atrapados


"El sabio no vacilará en ir a la muerte con paso seguro"
Lucio Anneo Séneca
-La soga no aguanta ya
-Sólo cinco metros más, muchacho

Maestro y alumno caen diez metros en el interior de una montaña. Son dos geólogos exploradores, perdidos, intentando regresar al exterior. Han olvidado la cuenta de los días desorientados. Su misión era rodear la gruta en busca de nuevos minerales. Los dos han caído sobre rocas cubiertas de hielo.

-Despierta, ¿cuánto tiempo llevamos? Será mejor movernos o la hipotermia nos abrigará.
-Le dije que la cuerda no soportaría el peso, y además… ¿qué es eso?
-¿Qué?
Aire corre por el lugar y el sudor baña la frente del estudiante, mientras el profesor, con más años procura estar sereno. Los dos observan admirados el nuevo hallazgo. La incredulidad se desvanece, lo que ven termina por despertarlos del golpe recibido. Frente a ellos están dos cuerpos idénticos.

-¿Somos nosotros? ¡Somos nosotros, cómo!
-Estupideces, ese no soy yo. Estoy aquí, ¡no lo ves! Eso que vemos debe de ser un espejismo o una ilusión, eso debe ser. Llevamos días bebiendo y comiendo poco, son alucinaciones.
-Pero, no entiendo. ¿Por qué están ahí? No son visiones, las visiones no se pueden tocar. Se ven golpeados. Tal vez, tal vez estamos muertos y…
-¿Y qué? Eso no es posible, yo estoy vivo, y tú también. Estamos aquí hablando, y eso que vemos, debe de ser un sueño.
-¡Un sueño es eso, sueño! Esto es real

Dos cuerpos, simetría exacta, pero sin movimiento. El profesor busca la lógica, ayuda en la razón para tener una explicación. Mientras el alumno, se guía más por la imaginación y un poco de sentido común. Los cuerpos están ahí, no pueden negarlo. El frío a resecado su piel, el cabello se ha erizado y los labios faltos de hidratación. Ambos de pie frente al hallazgo de su vida, sin explicaciones, se ven y vuelven la vista a los cuerpos. Pensaban encontrar nuevas rocas, sólo descubrieron la duplica de ellos.

-¿Por qué busca respuestas? -dice el estudiante- ¿Acaso no lo ve? Es sencillo profesor, hemos muerto al intentar escalar. La soga se rompió, caímos muchos metros y morimos. Pero eso no lo acepta su razón, busca una explicación matemática a todo, ¡no todo funciona así! Quizá, lo mejor sea quedarnos o buscar otra solución.
-¡No, porque moriríamos! Seguro deben de ser los gases de la montaña, el frío, el hambre, qué se yo. Sé que no soy un espíritu errante, eso es la única certeza que tengo. Pero siempre hay una explicación, y ahora intentaremos subir otra vez, y si caemos, volveremos a intentar una vez y otra vez, y mil veces más – sentenció el profesor y comenzaron a subir por la misma pendiente.

-La soga no aguanta ya
-Sólo cinco metros más, muchacho – responde el profesor con su voz de mando y necedad. Se oye su voz perdida, lejana desde el interior de una montaña. Y después de eso un golpe entre rocas cubiertas de hielo se escucha, han vuelto a caer una vez más, y lo volverán a hacer hasta entender que han vagado en ese lugar desde hace muchos años y estarán hay por muchos más. Se oye su conversación eterna y sin sentido, repitiéndose una y otra vez en aquel lugar, porque la estupidez no acepta la muerte.

Escrito - Una historia de terror: En las montañas 
Escrito de Luis Roberto Calderón García en Impresionesvivas. 
Puedes hablar con el en Facebook, y Correo: luis_rooo@hotmail.com
                            

El conocimiento filosófico aplicado a la publicidad.

 El conocimiento filosófico en el marketing moderno y la realidad de lo virtual.




«Lo virtual posee una realidad plena,
en tanto que virtual.»
Gilles Deleuze, Diferencia y repetición.








Quizás pretenda solo arrojar algo de conocimiento filosófico sobre aquello que se llama "marketing", y continuar informando sobre algo más desarrollado -concepto central- en los departamentos de marketing, estos que se dedican a hacer llegar sus productos de la forma más eficiente al mayor numero de personas. Pero en un sentido -en el que me interesa- el departamento de marketing se dedica a crear una realidad partiendo de lo que Gilles Deleuze llama en el ámbito cinematográfico "la realidad de lo virtual", en el sentido de que hay algo que en un sentido es virtual, es decir no es actual, y a pesar de todo tiene consecuencias reales, causas reales. El concepto que hoy nos interesa es este, el de realidad de lo virtual, y entendemos que este puede mostrarse enteramente fijándonos en dos acontecimientos: 1) utilidad practica y 2) enunciación teórica.

2) El periodo de enunciación es el mismo acto de creación filosófica, es decir, se produce en el momento que el filósofo pretende dejar por escrito la utilidad de un concepto (el concepto puede existir "anonimamente"). Y así, fue Deleuze quien primero enuncia este concepto en varias páginas de Diferencia y repetición, allí muestra que “nada puede impedir la conjunción de la imagen-movimiento [...] con la imagen cinematográfica”. Él piensa este concepto en cine y, -para él “el cine tiene su sitio más allá de la representación” pues reproduce un nuevo universo de movimiento y produce su propio tiempo. Deleuze asegura que las características del cine son, en realidad, análogas a las del mundo material. Muestra la fuerza de la imagen (él entiende el cine como un conjunto de imágenes - movimiento) y sugiere que esta virtualidad de imágenes pueden crear una realidad, igual o superior que la propia del mundo natural.

La producción de imagen-cine depende de un mecanismo técnico y por ello existe como irreal o como simulación de realidad. Simulación que constituye una realidad de cierto tipo. Es decir, se trata de la realidad de lo Virtual.

El cine produce un tiempo afectivo, esta es su novedad, convertirse en creador de subjetividades y virtualidades. Lo actual y lo virtual se vuelven indiscerníbles, es decir, se mezcla lo real y lo imaginario y todo momento vivido es percepción y recuerdo al mismo tiempo.

La nueva imagen-cine se caracteriza por la producción del tiempo. Para que pueda constituir una ‘nueva realidad’, el cine afecta a la subjetividad haciendo perceptible el tiempo subjetivo. El alcance del cine moderno ha sido conseguir que el espectador experimente y perciba el tiempo. La lectura de esta imagen no depende del discernimiento, sino de la medida en que el sujeto se deja llevar por la intuición y cree en la ilusión. Slavoj Žižek brinda una importancia fundamental a esta creencia: Vídeo de Zizek sobre la realidad de lo virtual.


1) La utilidad practica muestra en imágenes-movimiento la fuerza de este concepto: Gilles Deleuze distingue entre el cine antes y después de la segunda guerra mundial, así, la realidad de lo virtual pudo utilizarse -como concepto- en los altos mandos del bando nazi, por eso pensamos que el documental: El triunfo de la voluntad puede ser el primer filme cinematográfico que expresa este concepto en funcionamiento

Por último este concepto se presenta claramente en la siguiente publicidad de Coca-Cola, titulado: La fábrica de la felicidad. Anuncio que enmarca mejor que ningún otro la lucha contra la adversidad hasta conseguir que esa mueca de tristeza se transforme en una sonrisa de oreja a oreja. Es decir, de esta forma subjetiviza la afección de alegría -diría Deleuze- en "un sorbo de coca-cola".





                      

Video humorístico de Aristóteles y Platón, filosofía

Vídeo humorístico donde Platón aconseja a Aristóteles sobre el concepto (idea) de la nada. Aunque no es muy fiel a la historia y filosofía de ambos, puede observarse la creación filosófica de platón apoyada en la metáfora, y sustentada bajo una "rigidez" con la que Aristóteles no coincide.

Saludos y abrazos en este increíble fin de semana de Agosto en plena Costa del Sol.
Hasta la próxima semana.



Vídeo humorístico de Aristóteles y Platón, filosofía.

Microrrelato: Ella me vigila.

Desde la ventana del departamento me vigila. No lo veo pero sé que está ahí, sabe mi hora de llegada, suelo ser puntal, mis pasos son como cronómetro. También él sabe que sé que me observa. Se esconde tras la cortina, siento su mirar. Llego y como siempre lee el periódico, como si no notara que he entrado.

- No noté que entraste. ¿Vienes a verla? No ha llegado, ¿no sabes dónde está?
¿No ha llegado? Bueno, da igual, suelo esperar. Sarcasmo en sus palabras, pude haberlo dicho mejor yo, suelo tener mejor ironía en mi hablar. Es curioso que este tipo que tengo enfrente sepa bien a que vengo y por qué, y aun así finja todo lo que pasa. No, sabe lo que pasa, seguro planea asfixiarme con la almohada. No hay ni un libro, ni lápiz que no esté en su lugar, este sujeto me enferma con su orden. Aunque creo suelo ser ordenado también. ¿Lleva treinta minutos de retraso? Mejor saco el tabaco. Me encanta el cuadro de los dos en la pared, un toque familiar a la sala. La foto la puso él sin duda, para recordar quién posee lo que el otro desea, da igual.

- ¿Ella te coquetea?
Ni si quiera me dejó encender el cigarro. Ahora me ve fijo, ¿quiere que le responda? Sabe que no lo haré, mi indiferencia es suficiente.
- Tal vez esté por llegar, la esperaré en las escaleras.
- Yo voy, esta es tu casa. Espera aquí.

¿Ahora se va él? No tardará mucho en regresar, seguro tiene miedo a que le desarregle el escritorio o manche su ropa. Tal vez piensa arrojar un balde de gasolina por la ventana. Total, pierde su periódico y gana la muerte de su archí-enemigo. O quizá no sea tan perverso. Es decir, tenemos gustos iguales, y si creo que volverá con la policía bajo una falsa demanda, es porque yo lo haría. No lo culpo, si yo fuera él. Si yo fuera él y un sujeto llegará a buscarla… Quizá no sea tan malo, deberíamos ser los mejores amigos. Es decir, tenemos gustos iguales, orden, cigarros, libros, café, periódico, y ella, lo más importante.

Escrito de Luis Roberto Calderón García en Impresionesvivas. 
Puedes hablar con el en Facebook, y Correo: luis_rooo@hotmail.com
                                   

Quien tiene miedo no utiliza la razón.

PROPOSICIÓN LXIII
Quien se deja llevar por el miedo, y hace el bien para evitar el mal, no es guiado por la razón.

razón y deseo Spinoza



Demostración: Todos los afectos que se refieren al alma en cuanto que obra, esto es, todos los que se refieren a la razón, no son otros que los afectos de la alegría y del deseo; y así, quien se deja llevar del miedo y hace el bien por temor del mal, no es guiado por la razón. Q.E.D.

Escolio: Los supersticiosos, que se aplican a censurar los vicios más bien que a enseñar las virtudes, y que procuran, no guiar a los hombres según la razón, sino contenerlos por el miedo de manera que huyan del mal más bien que amen las virtudes, no tienden sino a hacer a los demás tan miserables como ellos mismos; y, por ello, no es de extrañar que resulten generalmente molestos y odiosos a los hombres.

Corolario: El deseo que nace de la razón nos hace seguir directamente el bien y huir indirectamente del mal.

Demostración: El deseo que nace de la razón puede brotar sólo de un afecto de alegría que no es pasión, esto es, de una alegría que no puede tener exceso, pero no de una tristeza. Por ende, dicho deseo brota del conocimiento del bien, y no del conocimiento del mal; y de esta suerte, bajo la guía de la razón apetecemos directamente el bien, y sólo en esa medida huimos del mal. Q.E.D.

Escolio: Este Corolario se explica con el ejemplo del enfermo y el sano. El enfermo toma, por temor a la muerte, cosas que aborrece; en cambio, el sano goza con la comida y, de esta manera, disfruta de la vida mejor que si temiese la muerte y deseara evitarla directamente. Del mismo modo, un juez que condena a muerte a un reo no por odio o ira, sino por el solo amor a la salud pública, se guía por la sola razón.

Lectura de Spinoza en Ética demostrada según orden geométrico.  

                                 

Deleuze contra el concepto de ‘intencionalidad’

Para comenzar a intentar desarticular en el lector una noción que, debido al apoyo que recibe del sentido común, pocos estarían dispuestos a abandonar, empecemos por definir nuestro concepto. Nos limitaremos a la definición del Diccionario de filosofía de Ferrater Mora no sólo debido a que el condensado de ese artículo (Intencionalidad) nos permitirá adquirir una idea suficientemente clara del término que nos ocupa sino principalmente porque carezco, por el momento, de otros medios para ahondar en el mismo. Intención, intencional, intencionalidad, son nociones que tienen, principalmente, dos sentidos: 1) el sentido lógico y epistemológico (que muchas veces están entremezclados), y 2) el sentido ético. Este segundo sentido es el que, seguramente, el lector habrá entendido primero debido a que es el sentido que utilizamos con mayor frecuencia en el habla cotidiana. Es el sentido que refiere a la intención (ética o moral) que subyace a una acción, como cuando decimos “Disculpa, no había sido esa mi intención”. Sin embargo el sentido que aquí nos interesa es el primero, el sentido epistemológico (dejemos el lógico). “El vocablo ‘intención’, intentio – nos dice el Diccionario -, expresa la acción y efecto de tender (tendere) hacia algo (aliquid tendere)” [1]. En su sentido epistemológico, pues, la intencionalidad puede entenderse como “el acto del entendimiento dirigido al conocimiento de un objeto”. Cuando el sujeto cognoscente actúa cognoscitivamente, el modo de ser de este acto cognoscente es una especie de atención dirigida sobre la realidad conocida. La esencia de nuestra noción es, pues, la de un sujeto que tiende a y un objeto hacia el cual se tiende. No hay, creo yo, ninguna dificultad para entender de qué va el asunto y uno se preguntará por qué los filósofos nos complicamos tanto la existencia recurriendo a conceptos (como el de ‘intencionalidad’) que podrían ser sustituidos por otros más adecuados o, por lo menos, más conocidos. La razón que puedo ofrecerles aquí, si me preguntan, es que existen en filosofía muchos conceptos que tienen sus orígenes en la Edad Antigua o en la Edad Media (y, por lo tanto, en otros idiomas o lenguas, muchas veces muertas) y que han sobrevivido en el lenguaje técnico filosófico a lo largo de milenios, no obstante sufrir siempre importantes modificaciones a lo largo de su historia. Lo importante aquí (no nos compliquemos demasiado) es señalar que el concepto filosófico de ‘intencionalidad’ quiere significar solamente “la referencia a un contenido”: por una parte el sujeto que tiende a, por la otra el objeto hacia el cual este sujeto tiende. O, en palabras de Descartes, cada cogito tiene su cogitatum. La intención se entiende, entonces, como un “atender”, y –como dijo Husserl al inicio del siglo XX- la nota esencial de los ‘fenómenos psíquicos’ es la de que contienen intencionalmente un objeto. Dice: “Reconocemos bajo la intencionalidad la propiedad de las vivencias de ‘ser conciencia de algo’”. Eso es todo lo que, para el problema que nos ocupa, es necesario saber. Sospecho que para cualquier lector que me siga hasta ahora, la noción de ‘intencionalidad’, en su sentido epistemológico, no es ni difícil, ni cuestionable. El sentido común nos dice que la conciencia necesariamente tendría que ser conciencia de algo; que el sujeto empírico forzosamente está puesto delante de su objeto; que el conocimiento es, pues, conocimiento sobre algo. Por qué un filósofo como Gilles Deleuze -raro (yo diría extra-ordinario) como los ha habido pocos- habría de oponerse a esta noción tan usual, tan natural, tan amigable.
Para comprenderlo, habremos de adentrarnos en el corazón mismo del pensamiento deleuziano. A pesar de que este filósofo francés es bien conocido por otorgar una importancia sin par en la historia de la filosofía a los conceptos de ‘diferencia’ o de ‘multiplicidad’, es verdad que también ocupa un lugar importante en su pensamiento el desarrollo de la noción de Ser o de Uno, al que Deleuze rebautiza con el nombre de Uno-Todo [2]. Recurriremos a los fragmentos pertinentes de una de sus mayores obras, Diferencia y repetición, para adentrar plenamente al lector en este interesantísimo problema que nos ocupa.
Nos dice Deleuze: “Nunca hubo más que una proposición ontológica: el Ser es unívoco. […] De Parménides a Heidegger, se retoma la misma voz, en un eco que forma por sí solo todo el despliegue de lo unívoco. Una sola voz constituye el clamor del ser” [3]. El Diccionario de la Real Academia Española nos da la definición filosófica para ‘unívoco’: “Dicho de un término: Que se predica de varios individuos con la misma significación” [4]. Así pues, que el Ser sea unívoco no significa otra cosa que, no obstante hay en nuestro Universo diferentes entes, cualidades, relaciones, números, etc., de todos ellos se dice que son. Por ello, cuando se dice de muchas cosas que son (‘el cielo es…’, ‘la economía es…’, ‘mi tristeza es…’, etc.); cuando se habla de sus cualidades (‘el perro es grande’, ‘el mar está rojo’, etc.); cuando se habla de cuántos son (‘tres ojos’, ‘diez mandamientos’, etc.); cuando se expresa, pues, cualquier cosa, el último designado parece ser siempre el Ser. En palabras de Deleuze: “[El] ser, ese designado común, en tanto se expresa, se dice a su vez en un único y mismo sentido de todos los designantes o expresantes numéricamente distintos” [5]. Un único y mismo sentido, entiéndase bien: Ser.

En efecto, lo esencial de la univocidad no es que el Ser se diga en un único y mismo sentido, sino que se diga, en un único y mismo sentido, de todas sus diferencias individuantes o modalidades intrínsecas. El Ser es el mismo para todas esas modalidades, pero esas modalidades no son las mismas. Es ‘igual’ para todas, pero ellas mismas no son iguales. Se dice en un solo sentido de todas, pero ellas mismas no tienen el mismo sentido [6].

Esto es lo que significa que el Ser tenga una sola voz para todos sus modos. “El Ser se dice en un único y mismo sentido de todo aquello de lo cual se dice, pero aquello de lo cual se dice difiere: se dice de la diferencia misma” [7]. Que el Ser se diga de la diferencia es ya un pensamiento hermoso, pues nos lleva al corazón mismo de la filosofía deleuziana en donde el Ser es diferencia. “Es el Ser el que es Diferencia –dice nuestro filósofo-, en el sentido en que él se dice de la diferencia” [8]. Puedo con toda seguridad afirmar que el pensamiento sobre la univocidad del Ser es, para la mayoría de los lectores que me siguen hasta aquí, tan poco cuestionable y tan fácil de aprehender como el concepto de ‘intencionalidad’ que vimos anteriormente. Y sin embargo… La univocidad del Ser no compromete la diferencia (como lo cree Alain Badiou, opositor un tanto envidioso de la grandeza de Deleuze), pero sí que compromete, lo vamos a ver, el concepto mismo de ‘intencionalidad’. ¿Por qué razón? ¿Por qué habría la tesis de la univocidad del Ser comprometer la tesis de que la nota característica de los fenómenos psíquicos es la de interiorizar a su objeto intencionalmente? Porque habremos de advertir, antes que nada, que la intencionalidad de la conciencia, ese tender hacia las cosas, no es sólo una atención de lo interno a lo externo, del sujeto hacia su objeto. Es, sobre todo, una interiorización subjetiva del objeto externo que pretende conocerse. Es sólo interiorizando intencionalmente que la conciencia se apropia de su objeto y lo conoce. El objeto, de algún modo, entra en la conciencia, lo externo ‘se mete’ en lo interno y así el sujeto puede decir que conoce a su objeto.
Por otro lado (vayámonos acercando al foco del problema por aproximaciones), la tesis de la univocidad del Ser nos indica que el Ser se expresa en diferencias, es decir, que todo lo que es, es una modalidad diferenciada del Ser, no siendo éste sino la expresión multifacética, multidimensional, multívoca, del Uno-Todo siempre unívoco. Esto es lo mismo que decir que todo lo que es viene siempre de más lejos, de un Ser Uno-Todo que, no obstante ser unívoco, es al mismo tiempo fuente de recursos infinitos. Los árboles, los océanos, las estrellas y galaxias, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, todo, en fin, lo que puebla este Universo, no son sino modos infinitamente diversos de un mismo Ser que los reúne a todos en su seno. Por ello Deleuze dice: “Una sola y misma voz para el múltiple de mil voces, un solo y mismo Océano para todas las gotas, un solo clamor del Ser para todos los entes” [9] Y también nos dice en Lógica del sentido: “el Ser es el único Acontecimiento en el que todos los acontecimientos se comunican” [10]. Ahora bien, si le llamamos -aunque sólo sea para usar los mismos conceptos que Deleuze utiliza- lo Virtual a esa parte que venimos llamando Ser o Uno-Todo, y, por otra parte, lo actual a la infinita multiplicidad de entes diferentes en los que este Ser se expresa, tendremos que lo Virtual se expresa en lo actual o simplemente que lo Virtual se actualiza diferenciándose y multiplicándose. Aquí notemos una cosa: lo Virtual, aunque se exprese en modos que van de lo meramente energético hasta lo orgánico, de lo molecular a lo lingüístico, de lo lumínico a lo sentimental, lo Virtual es esencialmente inorgánico, inhumano, impersonal, inconsciente, amoral, afásico, etc. (recordemos que nos movemos ya en la inmanencia absoluta, en la muerte de Dios, es decir, en la falta de todo fundamento trascendente, ya sea éste personal, divino, inteligible, bueno, etc.). Lo que nos interesa aquí acentuar es aquello de que todo viene de más lejos; que incluso nosotros los humanos estamos como atravesados por la potencia infinita e inhumana del Uno-Todo virtual en tanto que somos sólo su actualización (una de tantas). Pero no sólo eso: la subjetividad, el pensamiento, se tornaría, digamos, mucho más rico si se volcase a ese Afuera apabullante que nos atraviesa de parte a parte. El ideal subjetivo sería, pues, el abandono de toda pretensión subjetiva limitada para, en su lugar, dejarse atravesar por el Afuera omnipresente del Uno-Todo virtual [11]. ¿Qué tiene que ver todo esto con la ‘intencionalidad’ de la conciencia?
La intencionalidad, recordémoslo, “presenta el pensamiento como si fuera una relación interiorizada, la conciencia y su objeto, la ideación y lo ideado […] o, en la variante sartreana, el para-sí y el en-sí” [12]. Ahora bien, el pensamiento, como bien lo vimos, es una más de las infinitas modalidades del Uno-Todo. Y aquí viene la tesis fuerte (que por el momento la haremos en forma de pregunta). ¿Por qué uno solo de los modos del Ser (el pensamiento) habría de tener como condición una relación de interiorización (intencionalidad) con otros modos como él? Pues la univocidad del Ser, según Deleuze, “supone que las modalidades múltiples del Ser son exteriores unas en relación con las otras, que ninguna puede tener el privilegio (como pretende tenerlo la conciencia) de interiorizar a las demás” [13]. Pues aquí está en juego –como bien lo indica Badiou, gran lector de Deleuze- la igualdad del Ser, “y esta igualdad implica, sin que haya en esto ninguna paradoja, que nada tenga la menor relación interior con otra cosa. Podemos sostener incluso que el respeto absoluto del Ser en tanto Uno exige en definitiva que todas sus actualizaciones inmanentes estén en posición de no-relación unas con respecto a otras. […] el ver y el hablar, las cosas y las palabras constituyen registros del ser […] totalmente desfasados” [14]. Esta es una tesis fuerte, sin duda, y muchos de los lectores estarán a estas alturas ansiosos de una demostración contundente o por lo menos más convincente. Que la univocidad del Ser haga imposible que ninguna de sus modalidades pueda tener el privilegio de interiorizar a otras es algo que requiere explicaciones.
Si el vínculo intencional existiera, “habría una desigualdad entre el polo activo (la mirada, la nominación) y el polo pasivo (el objeto, lo dicho)”. Ahora bien, “el Ser ‘pasa’ por sus modalidades –lo visible y el lenguaje, por ejemplo […]- de la misma manera. Suponer un lazo intencional entre la nominación y la cosa, entre la conciencia y el objeto, significa, necesariamente, romper con la soberanía expresiva del Uno” [15]. Es por ello que, siendo que las cosas y las palabras son actualizaciones de lo Mismo, no puede haber entre ellas ninguna relación intencional. La clave del asunto parece ser, pues, el que la univocidad del Ser, en su inmanencia absoluta, no puede otorgarle privilegios a ninguno de sus modos; o, dicho de otra forma, que el Ser, en tanto que unívoco, tiene que pasar necesariamente por todas sus actualizaciones de la misma manera. Un Ser unívoco no otorga preferencias, es Igual para todos. Recordemos, además, que el Uno-Todo es esencialmente inhumano, inconsciente, afásico, etc. ¿Por qué habría de otorgarle, entonces, el privilegio a la conciencia de interiorizar a otros modos de ser? Es por ello que -según Deleuze- lo esencial de la relación entre la mirada y la cosa (entre el sujeto y el objeto) es precisamente la no-relación.

Y es sin duda en el ejercicio de la no-relación que el pensamiento “se refiere” más fielmente al Ser que lo constituye. Es lo que Deleuze llama “síntesis disyuntiva”: pensar la no-relación de acuerdo con el Uno que la funda, al separar los términos en forma radical. Atenerse a la actividad de separación como potencia del Ser. Explicar que “la no-relación es todavía una relación, e incluso una relación más profunda”, porque piensa según el movimiento divergente o disyuntivo que, al separar sin tregua, revela la fecundidad infinita e igualitaria del Uno. Pero esta síntesis disyuntiva es precisamente la ruina de la intencionalidad [16].

Hay mucho más que decir sobre este mismo tema. Para empezar, ¿qué pasa entonces con la conciencia si no trabaja intencionalmente, si no interioriza a su objeto? ¿Qué dice Deleuze acerca de aquello que sustituiría a este concepto de ‘intencionalidad’? ¿Por qué nos parece a todos, después de todo, que la interiorización del objeto es la nota característica de los fenómenos psíquicos? En Mil mesetas Deleuze profundiza en las causas de la aparente prerrogativa de la conciencia para interiorizar a las cosas. La supremacía del lenguaje o de la conciencia sería, de acuerdo con Deleuze, sólo una ilusión. Dejemos, sin embargo, este interesantísimo tema para otra ocasión.

NOTAS:

[1] José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía, Tomo II, pág. 1878.
[2] Alain Badiou, Deleuze. El clamor del ser, pág. 23.
[3] Gilles Deleuze, Diferencia y repetición, pág. 71.
[4] http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=unívoco
[5] Gilles Deleuze, Op.cit., pág. 72.
[6] Ibid.
[7] Ibid.
[8] Ibid. pág. 77
[9] Gilles Deleuze, Diferencia y repetición, pág. 379.
[10] Gilles Deleuze, Lógica del sentido, pág. 211.
[11] Alain Badiou, Op.cit., pág. 25.
[12] Ibid. pág. 38.
[13] Ibid. (las cursivas son mías).
[14] Ibid. pág. 38s (las cursivas son mías).
[15] Ibid. pág. 39.
[16] Ibid. pág. 39s (las cursivas son mías).


Escrito de Carlos Béjar en Impresionesvivas.
Puedes comunicarte con el por Correo: bejarca@gmail.com  

                       

Vídeo documental Sans Soleil de Chris Marker.

Chris Marker dirige este fantástico filme titulado San Soleil. Documental que nos permite a los espectadores poder asociar libremente que esta sucediendo por medio de palabras e imágenes, ya que el documental no esta en un orden preciso ,él lo cuenta mediante recuerdos que sólo sirvieron para dejar nada más que recuerdos. Por esto es difícil de catalogar, como documental, como película o como montaje de varios cortos. En cualquier caso Sans Soleil si que es una obra de arte.


Vídeo documental Sans Soleil de Chris Marker.

Los soñadores alemanes en cuadros de viaje de Heine Henrich


¡Qué extraños somos los hombres! En nuestra patria murmuramos de todo; cualquier tontería, cualquier torpeza nos subleva, y como niños, quisiéramos todos los días huir de ellas a través del vasto mundo; pero he aquí que nos hallamos realmente recorriendo ese vasto mundo, y entonces nos parece demasiado vasto para nosotros, y, con frecuencia, volvemos a suspirar secretamente por aquellas mezquinas necedades y torpezas de la patria, y quisiéramos vernos de nuevo sentados en nuestra vieja habitación tan bien conocida, y, a ser posible, construirnos una casa detrás de la estufa para acurrucarnos allí al calorcillo a leer el Indicador general de los alemanes. Esto fue lo que me pasó cuando hice mi viaje á. Inglaterra. Apenas perdí de vista las costas alemanas se despertó en mí un extraño amor póstumo hacia aquellos gorros de dormir, hacia aquel bosque de pelucones teutónicos de que acababa de alejarme malhumorado, y, cuando la patria desapareció á mis ojos, volví a encontrarla en mi corazón. Por esto mi voz debió sonar con cierta ternura cuando contesté al hombre amarillo:- "Mi buen señor, no hable usted mal de los alemanes.

Si es verdad que son soñadores, muchos de ellos han soñado cosas tan hermosas que no sé si podría cambiarlas por el despierto realismo de nuestros vecinos. Puesto que todos nosotros dormimos y soñamos, quizá podamos pasarnos sin libertad; porque nuestros tiranos duermen también y sueñan meramente su tiranía. Tan sólo despertamos cuando los católicos romanos nos arrebataron nuestra libertad de soñar; entonces luchamos, vencimos y volvimos a reclinarnos y a soñar. ¡Oh, señor; no se burle usted de nuestros soñadores, porque de cuando en cuando, como los sonámbulos, dicen en medio de su sueño cosas admirables y sus palabras se convierten en semillas de libertad! Nadie puede prever el giro de las cosas. El esplínico inglés, cansado de su mujer, quizá le eche un día una soga al cuello y la vaya á, vender a Smithfield. El voluble francés quizá llegue a ser infiel a su amada desposada, la abandone y se vaya cantando y bailando en pos de las cortesanas de su Palais-royal. Pero el alemán no echará nunca de su casa a u anciana abuela; siempre le concederá un pequeño rincón junto a su hogar, desde el que pueda referir á, sus atentos nietecillos sus consejas... Si un día, lo que Dios no quiera, hubiera desaparecido la libertad del mundo entero, un soñador alemán volvería a descubrirla en sus ensueños".


Lectura de Heine Heinrich en Cuadros de viaje.