Película Chico Xavier completa y sin cortes.

Presentamos una película que versa sobre la vida de Chico Xavier, el medium espiritista más famoso del siglo XX, producida por Filmes Globo, contó con un presupuesto estimado de más de 7 millones de dólares, convirtiéndose en una de las películas más caras producidas en Brasil.

Quiero mantener el respeto que los brasileños tienen para este hombre humilde, quien afirmaba que sólo saldría de casa, cuando la gente estuviera feliz. Por coincidencia, murió a los 92 años, el día en que Brasil ganó la Copa del Mundo en 2002.

Disfruten de la película:

El Cinismo de Michel Onfray rescatado de Diógenes.


Observemos a Teofrasto retratar a un cínico: es un hombre que maldice y tiene una reputación deplorable. Es sucio, bebe y nunca está en ayunas. Cuando puede hacerlo, estafa y golpea a quienes descubren el engaño antes de que puedan denunciarlo. Ninguna actividad le repugna: será patrón de una taberna y, si es necesario, encargado de un burdel, pregonero e incluso, si se quiere, recaudador de impuestos. Ladrón, habituado a las comisarías y a los guardias civiles, a menudo se lo encuentra, locuaz, en la plaza pública, a menos que se convierta en abogado de todas las causas, aunque sean las más indefendibles.

Prestamista con fianza, tiene además la soberbia de un mañoso y no cuesta mucho imaginarlo como el gángster emblemático: "Puede vérselo haciendo su ronda -escribe Teofrasto-, entre los taberneros y los vendedores de pescado o salazones, para cobrar sus ganancias".' Para completar el cuadro, no olvidemos que el cínico deja sin sentir vergüenza que su madre se muera de hambre...  Como se comprenderá, este cinismo no es el nuestro. Ésta es la acepción más difundida y común. El cinismo de Diógenes, el filósofo oriundo de Sínope, es antes bien una farmacopea contra este cinismo vulgar.

El cinismo filosófico propone una gaya ciencia, un alegre saber insolente y una sabiduría práctica eficaz: "Tras la causticidad de Diógenes y su intención de provocar, percibimos una actitud filosófica seria, tal como puede haber sido la de Sócrates. Si se dedicó a hacer caer una tras otra las máscaras de la vida civilizada y a oponer a la hipocresía en boga las costumbres del 'perro', ello se debe a que Diógenes creía que podía proponer a los hombres un camino que los condujera a la felicidad". Diógenes se erige pues en médico de la civilización cuando el malestar desborda las copas y satura la actualidad.

Hoy es perentorio que aparezcan nuevos cínicos: a ellos les correspondería la tarea de arrancar las máscaras, de denunciar las supercherías, de destruir las mitologías y de hacer estallar en mil pedazos los bovarismos generados y luego amparados por la sociedad. Por último, podrían señalar el carácter resueltamente antinómico del saber y los poderes institucionalizados. Figura de la resistencia, el nuevo cínico impediría que las cristalizaciones sociales y las virtudes colectivas, transformadas en ideologías y en conformismo, se impusieran a las singularidades. No hay otro remedio contra las tiranías que no sea cultivar la energía de las potencialidades singulares, de las mónadas.

La máxima del cínico es "no ser esclavo de nada ni de nadie en el pequeño universo donde uno halla su lugar".'

Lectura de Michel Onfray en Cinismo retrato de los filósofos llamados perros.





                                 

Deleuze en deseo de poder.

Si hablo con Félix de disposición (agencement.) de deseo, es porque no estoy seguro de que los micro-dispositivos puedan ser descritos en términos de poder. Para mí, disposición de deseo señala que el deseo no es nunca una determinación “natural”, ni “espontánea”.

Por ejemplo, feudalidad es una disposición que pone en juego nuevas relaciones con el animal (el caballo), con la tierra, con la desterritorialización (la carrera del caballero, la Cruzada), con las mujeres (el amor caballeresco), etc. Disposiciones completamente locas, pero siempre históricamente asignables. Yo diré por mi parte que el deseo circula en esta disposición de heterogéneos, en esta especie de “simbiosis”: el deseo está vinculado a una disposición determinada, supone un cofuncionamiento. Por supuesto, una disposición de deseo comportará dispositivos de poder (por ejemplo los poderes feudales), pero habrá que situarlos entre los diferentes componentes de la disposición. Siguiendo un primer eje se pueden distinguir en las disposiciones de deseo los estados de cosas y las enunciaciones (lo que sería conforme a la distinción de los dos tipos de formaciones o de multiplicidades que hace Michel). Siguiendo otro eje, se distinguirían las territorialidades o re–territorializaciones, y los movimientos de desterritorialización que una disposición implica (por ejemplo todos los movimientos de desterritorialización que implican la Iglesia, la caballería, los campesinos). Los dispositivos de poder surgirían donde operan re–territorializaciones, incluso abstractas.

Los dispositivos de poder serían por tanto un componente de las disposiciones. Pero las disposiciones indicarían también puntos de desterritorialización. En resumen, los dispositivos de poder no serían los que disponen, ni serían constituyentes, sino que serían las disposiciones de deseo quienes articularían las formaciones de poder siguiendo una de sus dimensiones. Esto me permite responder a la pregunta, necesaria para mí, no necesaria para Michel: ¿cómo puede el poder ser deseado? La primera diferencia sería pues que, para mí, el poder es una afección del deseo (una vez dicho que el deseo no es nunca “realidad natural”). Todo esto es muy aproximativo: relaciones más complicadas que no cito entre los dos movimientos, de desterritorialización y de re–territorialización. Pero es en este sentido en el que el deseo me parece lo primero, y es el elemento de un micro–análisis.


Lectura de Deleuze Gilles en Deseo y Placer.


                               

Deleuze, la experiencia del concepto y el espejo de los filósofos.

Comencemos por bosquejar la descripción del discurso de Gilles Deleuze ante los estudiantes. Digamos en primera instancia que es una introspección, una vía con antifaz de discurso hacía la consecución de una interiorización hermenéutica y ¿por qué no cerebral? Consigo mismo y con una multiplicidad de individuos. De ese tipo una interiorización y como el mismo lo dice, una repetición.

Es un filósofo, posicionado en el lugar del profesor. Habla de su suerte a sus alumnos, está sujeto al azar. Parece en cierta forma no tratarse de un azar naturalista en el que tendríamos que hablar de una supervivencia; a condición de la vida real es posible, hablamos para el caso del relato literario que tenemos representado en el discurso que se trata de un azar metafórico-filosófico que encuentra su campo de despliegue en la consecución o no de apropiaciones hermenéuticas respecto a temas. También el filósofo quiere transformarse, como Zarathustra quería transformarse él también lo quiere para sí. Podríamos preguntarle por qué o para qué, pero podemos también saber de su pretensión si sabemos de su espíritu. Nos encontramos con que a cierto modo si estamos frente a un motivo o motivación que revela un azar naturalista, el filósofo quiere sobrevivir, quiere transformar ser otro y en esa tarea piensa en el mundo.
A título personal, he vivido la experiencia de transformarme y querer transformarme, tiempo después al suceso quise sobrevivir pero no lo quería ni lo pretendía cuando quería transformarme.
El filósofo piensa en concreto en saber de las reacciones, es torpe y las objeciones le causan sufrimiento, pero quiere saber más allá de las objeciones, quiere ver la reacción tras puesta la objeción. Es un discurso calco, Deleuze quiere saber del espejo.

¿Por qué decimos que Deleuze quiere saber del espejo? Lo dicen sus mismos libros y su actividad filosófica. El intempestivo Nietzsche decía entre cartas con ironía y desparpajo del rumor y la novedad ‘necesitamos un schopenhauer’ ‘cause con esto tal vez un poco de terror a ciertos míseros y horrorizados’. Como práctica de los antiguos estudios históricos alemanes decía que era conveniente ‘obigar’ a Schopenhauer a ser el espejo del tiempo actual. “obligar” en el único sentido en que sería éticamente aceptable, poniendo la imagen, la vida, la esencia psicológica del autor, su tradición y sus mismos libros al servicio de los hombres del presente, para encontrarse en él mismo, para dirigirse y hacer nuevas formas de vida, pensamientos acordes al tiempo a una escuela y una generación; casi como diría Deleuze, hacerse un cuerpo sin órganos.
Sabemos por registros biográficos que Nietzsche vivía estos pensamientos de manera particular, practicaba cierto ascetismo y adoptaba posturas un tanto santificantes acorde a las enseñanzas que quería impartir; llamaba a cierta colectividad de manera enigmática “la raza de los que esperan”. Schopenhauer debía ser el terreno en que los contemporáneos encontraran la identidad frente a las tendencias de la época, las de la filosofía, la filología y los escenarios políticos, también y primordialmente los escenarios culturales y el papel de los hombres frente a la humanidad presente. Nietzsche buscaba las reacciones, su relación con Schopenhauer no era incuestionable ni inescindible, era sólo la de un espejo que provocaba y era idóneo para reflexiones, que construía y constituía reactivos.
Tal vez no tengamos que profundizar en el cuerpo sin órganos ni en los reactivos de Nietzsche, ese es tema que podemos abordar en otro momento y como hemos dicho, queremos excluir lo netamente político de la presente reflexión.

Por lo que yo quiero indagar es por la condición del filósofo en la actualidad. Las escuelas y las academias son intolerantes, quieren retornar a las viejas formas netas del clasicismo y el escolasticismo, quieren obligar a la gente a creer sin reflexionar, quieren que acepten sin más que su vida sea la que sea es simplemente una existencia limitada y moralmente libre sujeta a una divinidad de la que debe depender y una institución académica y religiosa a la que debe adorar pero sin cuestionar nada. Para ellos la actitud crítica y el sostenimiento de la dignidad de la filosofía no consiste en otra cosa que el filósofo sea el esqueje y defensor oficial de las formas clásicas y escolásticas y pasando con ello por encima, ignorando las necesidades y las formas de la vida moderna y sus formas filosóficas. No diré más pues sería abiertamente politizar.
No ahondemos en el cuerpo sin órganos, no ahondemos en la actividad filosófica a gran escala, concentrémonos en el presente del filósofo.

Lo que corresponde actualmente al filósofo es dividirse, ser uno y muchos en pequeñas formas, relegarse a un submundo y desde allí emitir sus sentencias y exponer los términos y los resultados de su producción. Michel Foucault marcó el camino del nuevo de filósofo, con consecuencias negativas o positivas dio rumbo ya no a la tarea moral y descriptiva del estagirita, ni a la tarea de constricción y enseñanza de la sabiduría del platonismo puro. El filósofo había de ser ahora, no un medio, sino un mediador o tal vez sí y de manera revolucionaria, un medio. Foucault se preocupó por la legalidad y la moralidad, también por que los pensamientos filosóficos pudieran verse como fidedignos en el campo de acción de la realidad. A decir verdad, hace falta mucho camino y mucha evolución intelectual y social para que ello pueda ponerse en práctica.
La Aristocracia, además de inexistente en la historia, sigue siendo una utopía y un intento vano de comunicación multilateral con las esferas de la sociedad.
Pero Deleuze, ¿no es de cierta forma un buen espejo para crecer la filosofía?. El filósofo debe superar o cuando menos mediar con herramientas reflexivas su condición humana, hacerse esponja de las ideas y arrojarlas al dialogo de los efectos y las causas, de las reacciones y de las ideas múltiples y diversas, saber criticar y saber construir, posarse sobre la oscuridad de los conceptos y de las palabras, de los enunciados y de su parcial pertenencia a la historia.

Por ejemplo ¿qué es la filosofía de Deleuze y Guattari?, es un excelente libro para servir de espejo al presente de la sociedad, sus aspiraciones y sus posibilidades. En él no sólo se aprende filosofía sino que se aprende a saber de la filosofía, a cuestionarlas y a replantearla, a pensar sobre los presupuestos y sobre las novedades. Y es que eso de la Aristocracia no es cosa de la edad media ni del renacimiento únicamente, Deleuze sabe que es en cierto modo muy compatible con las posturas modernas. ¿Qué es la filosofía? es un intento por configurar y describir al filósofo del presente que, aunque moralmente no se encuentre en buenas condiciones materiales y morales, tiene caminos para potenciarse y para llegar a mediar y educar en las cuestiones prácticas y en las eventuales del vivir.
Tal vez hable sobre ese libro en otro momento, tal vez destaque del pensamiento de Deleuze los puntos de mayor relevancia y de mayor conexión con la realidad de la actividad filosófica y del mundo. Por ahora, sólo quiero sugerir que a la manera en que en 1983 buscaba saber de las reacciones; que, a la manera en que Nietzsche buscaba en los espejos las reacciones, nosotros los que estamos en posición de pensar en la filosofía, de hacerla y de darle un lugar pertinente en el mundo, debemos y es propicio para nosotros usar el espejo del filósofo del plano de inmanencia y del pensamiento rizoma para desarrollarnos y crecer idóneamente.


Por último, quiero decir que este escrito es hecho especialmente para la revista de filosofía “impresiones vivas”. No pongo por esto un carácter de exclusividad al escrito, no tengo tampoco la intención de difundirlo a gran escala ni de convertirlo en un herramienta de uso público. Tal vez quiera guardarlo o reproducirlo en algún otro espacio personal. Pero, es primordialmente para la revista, es un gesto, calificado de nombre común un regalo, un gesto que pretende expresar lo que para mí ha representado el hallazgo de la existencia de la revista: un faro de pertinente luz, de pertinente amalgamiento de ideas, de coherencia con el propósito; soñar y cultivar un filosofar, un quehacer filosófico que se acerque a la vida, a la intensidad de la emoción y a la representación de un de la alegría de la filosofía.
De otra parte y no teniendo nada que reprobar o reprobar a la revista, no tengo problema en reconocer y enaltecer el hecho de que ha sido un texto de la misma el que inspira el escrito que ahora ustedes han visto desarrollarse, no tengo problema tampoco en reconocer que lo hago como un trabajo de colaboración para la revista en cuestión lo que lo constituye como una reflexión sobre otra reflexión y lo hace una reflexión colaborativa. Si decide la revista publicarlo, será propiedad material de la misma y quedará como un archivo que ella manejará y que espero que le sea muy útil. El texto que me ha inspirado versa sobre una clase de filosofía y obedece al nombre de Lectura de: El Plan de Deleuze, en Universidad de Vicenes a 2/11/1983.  

Algo más. Ciñendo la orientación del escrito a la manera en que yo entiendo las cosas y partiendo de esos presupuestos, tengo que decir que el texto que me ha inspirado suscita en mí además otras sensaciones y reflexiones de otro tipo y que no las diré. La razón es que son reflexiones de tipo mera y formalmente político y como a mi entender, toda empresa que desea o encuentra por finalidad su desarrollo claro, idóneo y autónomo como la revista, pienso que, para empresas de este tipo, lo más nocivo es que sean sujetados, mucho más por otros a la mera política que corresponde a las relaciones con el estado; no sólo se le hace un ambiente viciado para desarrollarse, además se le coharta y casi se le cercena su autonomía política y se le cercena también por así llamarlo su ‘campo de prácticas’ y su desarrollo en el que establece y recrea sus derechos y en el que firma sus compromisos para con las entidades y sucesos coetáneos. Como no quiero que lo ante! riormente dicho suceda a la revista, excluyo del escrito dichas sensaciones y dichas reflexiones. Si se decide publicarlo, puede que en otro espacio y en otro momento y en un contexto que explícitamente me pertenezca, las incluya a la presente reflexión.


Escrito de Juan Camilo Aljure Amaya. en Impresionesvivas.
Puedes hablar con el en Facebook, y Correo:  JuanCamiloAljureAmaya@gmail.com

                          

Podemos actuar determinados por una pasión o por la razón.

PROPOSICIÓN LIX

A todas las acciones a que somos determinados por un afecto que es una pasión, podemos ser determinados, sin él, por la razón.

Demostración: Obrar según la razón no es otra cosa que hacer aquellas cosas que se siguen de la necesidad de nuestra naturaleza, considerada en sí sola. Ahora bien, la tristeza es mala en la medida en que disminuye o reprime esa potencia de obrar; no podemos, por consiguiente, ser determinados por este afecto a acción alguna que no pudiéramos realizar si la razón nos guiase. Por su parte, la alegría es mala en la medida en que impide que el hombre sea apto para obrar, y, en ese sentido, por tanto, tampoco podemos ser determinados a acción alguna que no pudiéramos realizar si la razón nos guiase. Por último, en cuanto que la alegría es buena, concuerda con la razón (pues consiste en que la potencia de obrar del mismo hombre se ve aumentada o favorecida), y no es una pasión sino en la medida en que no llega a aumentar la potencia de obrar del hombre hasta el punto de que éste se conciba adecuadamente a sí mismo y conciba adecuadamente sus acciones. Por lo cual, si un hombre afectado de alegría fuese llevado a una perfección tan grande que se concibiese a sí mismo y concibiese sus acciones adecuadamen­te, entonces sería apto, o mejor, sería todavía más apto para ser determinado a obrar las mismas acciones a que actualmen­te es determinado por afectos que son pasiones. Ahora bien, todos los afectos se remiten a la alegría, la tristeza o el deseo (ver la Explicación de la Definición de los afectos), y el deseo no es otra cosa que el esfuerzo mismo por obrar; por consiguiente, a todas las acciones a que somos determinados por un afecto que es una pasión, podemos ser determinados sin él, por la sola razón. Q.E.D.

De otra manera: Se dice que una acción cualquiera es mala, en cuanto que brota del hecho de que experimentemos odio, o algún otro afecto malo. Ahora bien, ninguna acción, considerada en sí sola, es buena o mala, sino que una sola y misma acción es a veces buena y a veces mala; por consiguiente, podemos ser conducidos por la razón a esa misma acción que al presente es mala, es decir, a esa acción que al presente brota de un afecto malo. Q.E.D.

Escolio: Esto se explica más claramente con un ejemplo. La acción de golpear, en cuanto físicamente considerada, aten­diendo sólo al hecho de que un hombre levanta el brazo, cierra el puño y mueve con fuerza todo el brazo de arriba abajo, es una virtud que se concibe a partir de la fábrica del cuerpo humano. Así pues, si un hombre, movido por la ira o el odio, es determinado a cerrar el puño o a mover el brazo, ello ocurre porque una sola y misma acción puede unirse a cualesquiera imágenes de cosas, y así, podemos ser determinados a una sola y misma acción, tanto en virtud de imágenes de cosas que concebimos confusamente, como en virtud de imágenes de cosas que concebimos clara y distintamente. Resulta claro, pues, que no sería de ninguna utilidad ningún deseo que nace de un afecto que es una pasión, si los hombres pudieran ser guiados por la razón. Veamos ahora por qué llamamos ciego al deseo que nace de un afecto que es una pasión.


Lectura de Spinoza en Ética demostrada según orden geométrico.

                   

La realidad de lo virtual, vídeo y lectura de Slavoj Zizek.

Lo que me interesa es lo que Gilles Deleuze llama "la realidad de lo virtual", en el sentido de que hay algo que en un sentido es virtual, es decir no es actual, y a pesar de todo tiene consecuencias reales, causas reales.

Soñamos que podemos cambiar cosas, mejorarlas, pero es algo que nos sirve para protegernos y sobrevivir al hecho de que las cosas son así y no podemos cambiarlas. Entonces, a veces lo virtual funciona, posibilita aceptar las cosas tal como son. Esta paradoja me interesa de sobremanera. Es decir, no el tópico de moda sobre lo virtual, en el sentido de comunicación a través de e-mails, el sexo virtual, los cyber sex, este aspecto no me interesa demasiado. Es más la cuestión de la realidad de lo virtual.

Por ejemplo la creencia: en uno de los casos de la vida cotidiana que a mi me gusta usar, un padre con un hijo pequeño "yo no creo en la Navidad, yo sólo pretendo hacerle creer esto a mi hijo". Y si se le pregunta al hijo, éste dirá que procura creer para no defraudar a su padre. En realidad, nadie cree realmente, pero la creencia funciona. Pienso que la gente hoy cree en la virtual verdad de otro. Paradojas como estas son centrales y muestran la manera en que la ideología funciona.

Miguel de Unamuno en La producción de literatura y su consumación.


Eso se llama producción como consumo.

Eso se llama en literatura producción es un consumo, o más preciso: una consunción. El que pone por escrito sus pensamientos, sus ensueños, sus sentimientos los va consumiendo, los va matando. En cuanto un pensamiento nuestro queda fijado por la escritura, expresado, cristalizado, queda ya muerto y no es más nuestro que será un día bajo tierra nuestro esqueleto. La historia, lo único vivo, es el presente eterno, el momento huidero que se queda pasando, que pasa quedándose, y la literatura no es más que muerte.

Muerte de que otros pueden tomar vida. Porque el que lee una novela puede vivirla, revivirla —y quien dice una novela dice una historia—, y el que lee un poema, una criatura —poema es criatura y poesía creación— puede re–crearlo. Entre ellos el autor mismo. Y ¿es que siempre un autor al volver a leer una pasada obra suya, vuelve a encontrar la eternidad de aquel momento pasado que hace el presente eterno? ¿No te ha ocurrido nunca, lector, ponerte a meditar a la vista de un retrato tuyo, de ti mismo, de hace veinte o treinta años? El presente eterno es el misterio trágico, es la tragedia misteriosa, de nuestra vida histórica o espiritual. Y he aquí porque es trágica tortura la de querer rehacer lo ya hecho, que es deshecho. En lo que entra retraducirse a sí mismo. Y sin embargo...
Sí, necesito para vivir, para revivir, para asirme de ese pasado que es toda mi realidad venidera, necesito retraducirme. Y voy a retraducirme. Pero como al hacerlo he de vivir mi historia de hoy, mi historia desde el día en que entregué mis cuartillas a Juan Cassou, me va a ser imposible mantenerme fiel a aquel momento que pasó.


Lectura de Miguel de Unamuno en Como se hace una novela.

                                       

Michel Onfray habla de Diógenes y el pensamiento individual.


Diógenes se convertía en un epifenómeno molesto que había que reducir y hasta destruir: y eso fue lo que se hizo en principio en nombre de la moral y las buenas costumbres, y luego de la ciencia y de la seriedad filosófica. Por un lado, los émulos de Víctor Cousin; por el otro, los de Hegel. Ahora bien, Emile Bréhier ha desarrollado una idea extremadamente interesante sobre el tema. Lejos de las preocupaciones relativas a las escuelas y las filiaciones y de los debates estériles sobre los precursores y la fuentes, Bréhier afirma: "En la historia de la filosofía, siempre conviene remitirse a los esfuerzos intelectuales de los individuos; sería vano buscar en ella tipos de sistemas, clases de conceptos fijos y rígidos que habría que tomar o dejar de lado y que deberían sucederse según un ritmo definido; sólo existe el pensamiento individual, que recibe influencias de otros pensamientos individuales y obra a su vez sobre otros".' Tal es el caso del cinismo, que opera menos como una escuela que como una constelación de figuras singulares. En mi opinión, Diógenes lleva a la incandescencia la subversión característica de ese estilo. Ni siquiera me parece importante verificar la autenticidad de ciertos fragmentos: no tengo la aptimd ni el placer de juzgarla. Me importan el tono, el espíritu.

Lectura de Michel Onfray en Cinismos retrato de los filósofos llamados perros.