Definiciones de aprobación e indignación.

XIX.La aprobación es el amor hacia alguien que ha hecho bien a otro.

XX.La indignación es el odio hacia alguien que ha hecho mal a otro.

EXPLICACIÓN: Sé que estos nombres significan otra cosa en el uso corriente. Pero mi designio no es el de explicar la significación de las palabras, sino la naturaleza de las cosas, designando éstas con aquellos vocablos cuya significación según el uso no se aparte enteramente de la significación que yo quiero atribuirles. Bastará con advertir esto una vez. Por lo demás, véase la causa de estos afectos en el Corolario 1 de la Proposición 27 y en el Escolio de la Proposición 22 de esta Parte.

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Mecánica de la amistad. Punto 5

Si una persona cree que sus afectos son comprendidos, experimentara un goce acompañado de la idea de amistad.

Al encontrar las personas que sus afectos son comprendidos y al servirle de utilidad la definición expresada por la otra persona, esta persona experimentará un goze como resultado de una mayor perfección en su potencia de actuar.
De esto habló Spinoza.

Dos conceptos de Fútbol. Mourinho y Guardiola.

Esta entrada de carácter deportivo anticipa el cruce del Lunes entre F.C Barcelona - Real Madrid C.F. 

En cualquier momento que un observador se dispone a disfrutar de un partido de fútbol, este, podría decantarse por cualquiera modos de juego que un equipo pueda realizar, y en el más actual de los presentes se sentirá más atraído hacía modos futbolísticos en expansión, esto es de suponer, como al igual que en cualquier otra disciplina artística/competitiva, pues, pensamos que los grandes ganadores lo son por su actualidad; grandes jugadores, presupuesto, socios, fama... y no lo son, solo decimos que son grandes por la potencia de expansión que consiguen imprimir en la disciplina, un equipo que se sabe grande se preocupa por su potencia, es decir:

Para que un equipo crezca, tiene que existir una renovación de los movimientos entre los sujetos del bloque, se ve claro en el fútbol, hay un equipo que crece, ese aprende una táctica en la que las figuras individuales (futbolistas) coordinan y ejecutan modos de fútbol en una progresión positiva compleja (se podría decir musical...), es por esto que FC.Barcelona y Real Madrid C.F se distinguen de entre los demás por su constante voluntad de expansión, por la potencia de expansión que consiguen imprimir a la disciplina, ellos actualizan el deporte con nuevos esquemas en una mayor proporción (hasta aquí se dirá que el resto de equipos son en mayor medida quienes copian a estos dos).

Ocurre que cualquier sistema futbolístico es observable, ahí están los espectadores, gente que gusta del fútbol, que buscan en él modos de fútbol, comentaristas y entrenadores de otros clubes se dedican a asimilar nuevos conceptos de equipos en expansión. Ellos son los rivales y pretenden una idea de fútbol, que amplíe o varíe, aumente y disminuya su sistema, su forma de ver fútbol.

Los equipos que están en constante vigilancia, esto es, los punteros de grandes ligas (RMD,FCB,MCU,ACM) son los que más necesitan expandir su modo de hacer fútbol por la amenaza de la observación externa, todos los rivales observan y crean conceptos para superarles, intentan crear una idea de fútbol que les beneficie.

Así los grandes equipos se interesan en poseer a entrenadores con un concepto de fútbol exitoso y prometedor, es decir, el que más expansión pueda experimentar en un futuro.Esta temporada ( y estas últimas) vemos a Madrid y Barcelona como las grandes referencias en cuanto a expansión.


El F.C Barcelona crea un sistema de fútbol de toque con el que se identifica, en este fútbol se percibe un concepto a simple vista difuso, "imperceptible", los encadenamientos y secuencias son múltiples, vemos que el peligro acecha desde todos lados, los pases son cortos, la comunicación entre todo el equipo se sigue rítmicamente en fases de paredes y "toque de cara". Intentan eliminar el jugador de referencia (¿Xavi?) o al menos se pretende que no lo haya. De esta forma el fútbol se hace difícil de parar, funciona como una máquina donde el concepto en expansión sería la existencia de ninguna referencia.

El Real Madrid C.F crea un fútbol de incisiones con el que se identifica. El concepto de este fútbol(el de Mourinho) diremos que no es de toque, es de "incisiones", aquí el sistema es mucho más rápido y parece no influye demasiado la posesión de balón, ni interesa de forma alguna el dar pases cortos, la eficacia se presenta de forma diferente.Usan referencias más defensivas que ofensivas, se hace necesario para mandar un pase en largo -una incisión desde cualquier parte del campo puede crear peligro- , alguien cae a banda, recoge un balón en largo dos pases más y gol. La referencia no esta en parte alguna del campo, la colocación defensiva en cada lugar del terreno crea el potencial peligro cuando es el contrario quién ataca. En ataque las conducciones son rápidas y los pases escasos, se forma un concepto donde la expansión actúa en las incisiones sobre cualquier referencia.

Estos son ejemplos de conceptos que interesan al fútbol -y a cualquier disciplina- ya que se encuentra en constante cambio, siempre es necesario un concepto futbolístico para hacer fútbol, un modo de fútbol que mejorar.

Definiciones de seguridad y desesperación.Spinoza

XIV. —La seguridad es una alegría que surge de la idea de una cosa futura o pretérita, acerca de la cual no hay ya causa de duda.

XV. —La desesperación es una tristeza que surge de la idea de una cosa futura o pretérita, acerca de la cual no hay ya causa de duda.

EXPLICACIÓN: Así pues, nace de la esperanza la seguridad, y del miedo la desesperación; cuando desaparece toda causa de duda acerca de la efectiva realización de la cosa, ello proviene de que el hombre imagina como actual la cosa pretérita o futura, y la considera como presente, o bien de que imagina otras cosas que excluyen la existencia de las que le sumían en la duda. Pues aunque nunca podemos estar ciertos de la efectiva realización de las cosas singulares (por el Corolario de la Proposición 31 de la Parte II), puede ocurrir, no obstante, que no dudemos de ella. En efecto: hemos mostrado (ver Escolio de la Proposición 49 de la Parte II) que una cosa es no dudar de algo y otra tener certeza de ello, y así, puede ocurrir que, en virtud de la imagen de una cosa pretérita o futura, seamos afectados de la misma alegría o tristeza que por la imagen de una cosa presente, como hemos demostrado en la Proposición 18 de esta Parte; verla con sus Escolios.

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Hablar de sexo, deseo o placer en la época clásica.

Siglo XVII: sería el comienzo de una edad de represión, propia de las sociedades llamadas burguesas, y de la que quizá todavía no estaríamos completamente liberados. A partir de ese momento, nombrar el sexo se habría tornado más difícil y costoso. Como si para dominarlo en lo real hubiese sido necesario primero reducirlo en el campo del lenguaje, controlar su libre circulación en el discurso, expulsarlo de lo que se dice y apagar las palabras que lo hacen presente con demasiado vigor. Y aparentemente esas mismas prohibiciones tendrían miedo de nombrarlo. Sin tener siquiera que decirlo, el pudor moderno obtendría que no se lo mencione merced al solo juego de prohibiciones que se remiten las unas a las otras: mutismos que imponen el silencio a fuerza de callarse. Censura. Pero considerando esos últimos tres siglos en sus continuas transformaciones, las cosas aparecen muy diferentes: una verdadera explosión discursiva en torno y a propósito del sexo.

Entendámonos. Es bien posible que haya habido una depuración -y rigurosísima- del vocabulario autorizado. Es posible que se haya codificado toda una retórica de la alusión y de la metáfora. Fuera de duda, nuevas reglas de decencia filtraron las palabras: policía de los enunciados. Control, también, de las enunciaciones: se ha definido de manera mucho más estricta dónde y cuándo no era posible hablar del sexo; en qué situación, entre qué locutores, y en el interior de cuáles relaciones sociales; así "se han establecido regiones, si no de absoluto silencio" al menos de tacto y discreción: entre padres y niños, por ejemplo, o educadores y alumnos, patrones y sirvientes. Allí hubo, es casi seguro, toda una economía restrictiva, que se integra en esa política de la lengua y el habla -por una parte espontánea, por otra concertada- que acompañó las redistribuciones sociales de la edad clásica. En desquite, al nivel de los discursos y sus dominios, el fenómeno es casi inverso. Los discursos sobre el sexo -discursos específicos, diferentes a la vez por su forma y su objeto- no han cesado de proliferar: una fermentación discursiva que se aceleró desde el siglo XVIII. No pienso tanto en la multiplicación probable de discursos "ilícitos", discursos de infracción que, con crudeza, nombran el sexo a manera de insulto o irrisión a los nuevos pudores; lo estricto de las reglas de buenas maneras verosímilmente condujo, como contraefecto, a una valoración e intensificación del habla indecente. Pero lo esencial es la multiplicación de discursos sobre el sexo en el campo de ejercicio del poder mismo: incitación institucional a hablar del sexo, y cada vez más; obstinación de las instancias del poder en oír hablar del sexo y en hacerlo hablar acerca del modo de la articulación explícita y el detalle infinitamente acumulado.


Sea la evolución de la pastoral católica y del sacramento de penitencia después del concilio de Trento. Poco a poco se vela la desnudez de las preguntas que formulaban los manuales de confesión de la Edad Media y buen número de las que aún tenían curso en el siglo XVII. Se evita entrar en esos pormenores que algunos, como Sánchez o Tamburini, creyeron mucho tiempo indispensables para que la confesión fuera completa: posición respectiva de los amantes, actitudes, gestos, cari-, cias, momento exacto del placer: todo un puntilloso recorrido del acto sexual en su operación misma. La discreción es recomendada con más y más insistencia. En lo relativo a los pecados contra la pureza es necesaria la mayor reserva: "Esta materia se asemeja a la pez, que de cualquier modo que se la manipule y aunque sólo sea para arrojarla lejos, sin embargo mancha y ensucia siempre." Y más tarde Alfonso de Liguori prescribirá que conviene comenzar -sin perjuicio de reducirse a ello, sobre todo con los niños con preguntas "indirectas y algo vagas". Pero la lengua puede pulirse. La extensión de la confesión, y de la confesión de la carne, no deja de crecer. Porque la Contrarreforma se dedica en todos los países católicos a acelerar el ritmo de la confesión anual.


Porque intenta imponer reglas meticulosas de examen de sí mismo. Pero sobre todo porque otorga cada vez más importancia en la penitencia -a expensas, quizá, de algunos otros pecados- a todas las insinuaciones de la carne: pensamientos, deseos, imaginaciones voluptuosas, delectaciones, movimientos conjuntos del alma y del cuerpo, todo ello debe entrar en adelante, y en detalle, en el juego de la confesión y de la dirección. Según la nueva pastoral, el sexo ya no debe ser nombrado sin prudencia; pero sus aspectos, correlaciones y efectos tienen que ser seguidos hasta en sus más finas ramificaciones: una sombra en una ensoñación, una imagen expulsada demasiado lentamente, una mal conjurada complicidad entre la mecánica del cuerpo y la complacencia del espíritu: todo debe ser dicho. Una evolución doble tiende a convertir la carne en raíz de todos los pecados y trasladar el momento más importante desde el acto mismo hacia la turbación, tan difícil de percibir y formular, del deseo; pues es un mal que afecta al hombre entero, y en las formas más secretas: "Examinad pues, diligentemente, todas las facultades de vuestra alma, la memoria, el entendimiento, la voluntad. Examinad también con exactitud todos vuestros sentidos... Examinad aún todos vuestros pensamientos, todas vuestras palabras y todas vuestras acciones. Incluso examinad hasta vuestros sueños, para saber si despiertos no les habéis dado vuestro consentimiento.. . Por último, no estiméis que en esta materia tan cosquillosa y peligrosa pueda haber algo insignificante o ligero.". Un discurso obligado y atento debe, pues, seguir en todos sus desvíos la línea de unión del cuerpo y el alma: bajo la superficie de los pecados, saca a la luz la nervadura ininterrumpida de la carne. Bajo el manto de un lenguaje depurado de manera que el sexo ya no pueda ser nombrado directamente, ese mismo sexo es tomado a su cargo (y acosado) por un discurso que pretende no dejarle ni oscuridad ni respiro.


Es quizá entonces cuando se impone por primera vez, en la forma de una coacción general, esa conminación tan propia del occidente moderno. No hablo de la obligación de confesar las infracciones a las leyes del sexo, como lo exigía la penitencia tradicional; sino de la tarea, casi infinita, de decir, de decirse a sí mismo y de decir a algún otro, lo más frecuentemente posible, todo lo que puede concernir al juego de los placeres, sensaciones y pensamientos innumerables que, a través del alma y el cuerpo, tienen alguna afinidad con el sexo. Este proyecto de una "puesta en discurso" del sexo se había formado hace mucho tiempo, en una tradición ascética y monástico. El siglo XVII lo convirtió en una regla para todos. Se dirá que, en realidad, no podía aplicarse sino a una reducidísima élite; la masa de los fieles que no se confesaban sino raras veces en el año escapaban a prescripciones tan complejas. Pero lo importante, sin duda, es que esa obligación haya sido fijada al menos como punto ideal para todo buen cristiano. Se plantea un imperativo: no sólo confesar los actos contrarios a la ley, sino intentar convertir el deseo, todo el deseo, en discurso. Si es posible, nada debe escapar a esa formulación, aunque las palabras que emplee deban ser cuidadosamente neutralizadas. La pastoral cristiana ha inscrito como deber fundamental llevar todo lo tocante al sexo al molino sin fin de la palabra .


La prohibición de determinados vocablos, la decencia de las expresiones, todas las censuras al vocabulario podrían no ser sino dispositivos secundarios respecto de esa gran sujeción: maneras de tornarla moralmente aceptable y técnicamente útil.

Mecánica de la amistad. Punto 4

Cuanto más claramente se observan los afectos en una persona, tanto más utilidad tendrá para la persona observada esa amistad.


Como los afectos pueden ser percibidos más o menos claramente se dice que la persona que expresa un afecto encontrara más utilidad en quién pueda definir ese afecto en el modo en que este le sea mejor comprendido.

Definiciones de esperanza y miedo. Spinoza

II. —La esperanza es una alegría inconstante, que brota de la idea de una cosa futura o pretérita, de cuya efectividad dudamos de algún modo.

XIII.—El miedo es una tristeza inconstante, que brota de la idea de una cosa futura o pretérita, de cuya efectividad dudamos de algún modo. Ver acerca de esto el Escolio 2 de la Proposición 18 de esta Parte.

Explicación: De estas definiciones se sigue que no hay esperanza sin miedo, ni miedo sin esperanza. En efecto: quien está pendiente de la esperanza y duda de la efectiva realización de una cosa, se supone que imagina algo que excluye la existencia de la cosa futura, y, por tanto, se entristece en esa medida (por la Proposición 19 de esta Parte); por consiguiente, mientras está pendiente de la esperanza, tiene miedo de que la cosa no suceda. Quien, por el contrario, tiene miedo, esto es, quien duda de la realización de la cosas que odia, imagina también algo que excluye la existencia de esa cosa y, por tanto (por la Proposición 20 de esta Parte), se alegra; por consiguien­te, tiene la esperanza de que esa cosa no suceda.

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Mecánica de la amistad. Punto 3

Ciertas personas consiguen perfeccionar habilidades para observar afectos más claramente que otras.

En el momento que una persona consigue observar un afecto en otra, se dice que aumenta la potencia de amistad, es decir, que se encuentra entendiendo los afectos de la otra, y estos afectos pueden ser percibidos más o menos claramente cuanta más semejanza encuentren en el modo de pensar de ambas personas.