Se es más apto para percibir adecuadamente muchas cosas, cuanto más cosas en común tiene su cuerpo con el de los demás.

PROPOSICIÓN XXXVI

Las ideas inadecuadas y confusas se siguen unas de otras con la misma necesidad que las ideas adecuadas, es decir, claras y distintas.

Demostración: Todas las ideas son en Dios (por la Proposi­ción 15 de la Parte I); y, en cuanto referidas a Dios, son verdaderas (por la Proposición 32 de esta Parte) y adecuadas (por el Corolario de la Proposición 7 de esta Parte); y, por tanto, ninguna es inadecuada ni confusa, sino en cuanto considerada en relación con el alma singular de alguien (acerca de esto, ver Proposiciones 24 y 28 de esta Parte). Y, de esta suerte, todas, tanto las adecuadas como las inadecuadas, se siguen unas de otras con la misma necesidad (por el Corolario de la Proposición 6 de esta Parte). Q.E.D.

PROPOSICIÓN XXXVII

Aquello que es común a todas las cosas, y que está igualmente en la parte y en el todo, no constituye la esencia de ninguna cosa singular.

Demostración: Si lo negáis, concebid, si es posible, que esto constituya la esencia de alguna cosa singular, por ejemplo, la de B. En tal cosa (por la Definición 2 de esta Parte), eso no podrá ser ni concebirse sin B. Ahora bien, esto va en contra de la hipótesis. Luego, aquello no pertenece a la esencia de B, ni constituye la esencia de otra cosa singular. Q.E.D.

PROPOSICIÓN XXXVIII

Aquello que es común a todas las cosas, y que está igualmen­te en la parte y en el todo, no puede ser concebido sino adecuadamente.

Demostración: Sea A algo común a todos los cuerpos, y que se da igualmente en la parte de un cuerpo cualquiera y en el todo. Digo que A no puede ser concebido sino adecuadamen­te. Pues su idea (por el Corolario de la Proposición 7 de esta Parte) será en Dios, necesariamente, adecuada, tanto en cuanto tiene la idea del cuerpo humano como en cuanto tiene las ideas de las afecciones del mismo, cuyas ideas (por las Proposiciones 16, 25 y 27 de esta Parte) implican en parte tanto la naturaleza del cuerpo humano como la de los cuerpos exteriores; es decir (por las Proposiciones 12 y 13 de esta Parte), dicha idea será en Dios necesariamente adecuada, en cuanto que Éste constituye el alma humana, o sea en cuanto que tiene ideas que se dan en el alma humana. Así pues, el alma (por el Corolario de la Proposición 11 de esta Parte) percibe A de un modo necesariamente adecuado, y ello tanto en cuanto se percibe a sí misma, como en cuanto percibe su cuerpo a cualquier cuerpo exterior, y A no puede ser concebi­do de otra manera. Q.E.D.

Corolario: De aquí se sigue que hay ciertas ideas o nociones comunes a todos los hombres. Pues (por el Lema 2) todos los cuerpos concuerdan en ciertas cosas, las cuales (por la Proposi­ción anterior) deben ser percibidas por todos adecuadamente, o sea, clara y distintamente.

PROPOSICIÓN XXXIX

De aquello que es común y propio del cuerpo humano y de ciertos cuerpos exteriores por los que el cuerpo humano suele ser afectado, y que se da igualmente en la parte y en el todo de cualquiera de ellos, habrá también en el alma una idea adecuada.

Demostración: Sea A aquello que es común y propio del cuerpo humano y de ciertos cuerpos exteriores, y que se da igualmente en el cuerpo humano y en dichos cuerpos exterio­res, e igualmente, asimismo en el todo y en la parte de cualquier cuerpo exterior. De A se dará una idea adecuada en Dios (por el Corolario de la Proposición 7 de esta Parte), tanto en cuanto tiene la idea del cuerpo humano, como en cuanto tiene las ideas de los cuerpos exteriores supuestos. Supóngase ahora que el cuerpo humano es afectado por un cuerpo exterior en virtud de aquello que tiene en común con él, es decir, en virtud de A; la idea de esta afección implicará la propiedad A (por la Proposición 16 de esta Parte), y de esta suerte (por el mismo Corolario de la Proposición 7 de esta Parte), en cuanto implica la propiedad A, será en Dios adecuada en cuanto está afectado por la idea del cuerpo humano, esto es (por la Proposición 13 de esta Parte), en cuanto constituye la naturaleza del alma humana; y así (por el Corolario de la Proposición 11 de esta Parte), esa idea es también adecuada en el alma humana. Q.E.D.

Corolario: De aquí se sigue que el alma es tanto más apta para percibir adecuadamente muchas cosas, cuanto más cosas en común tiene su cuerpo con otros cuerpos.


Etica geometrica en Spinoza. Definiciones de Dios

Primera parte: De Dios.

Definiciones.

I.—Por causa de sí entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o, lo que es lo mismo, aquello cuya naturaleza sólo puede concebirse como existente .

II.—Se llama finita en su género aquella cosa que puede, ser limitada por otra de su misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que es finito un cuerpo porque concebimos siempre otro mayor. De igual modo, un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento, ni un pensamiento por un cuerpo.

III.—Por substancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, esto es, aquello cuyo concepto, para formarse, no precisa del concepto de otra cosa.

IV.—Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de una substancia como constitutivo de la esencia de la misma.

V.—Por modo entiendo las afecciones de una substancia , o sea, aquello que es en otra cosa, por medio de la cual es también concebido.

VI.—Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito*, esto es, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.
*(de aquello que es meramente infinito en su género podemos negar infinitos atributos, mientras que a la esencia de lo que es absolutamente infinito pertenece todo cuanto expresa su esencia, y no implica negación alguna).

VII—Se llama libre a aquella cosa que existe en virtud de la sola necesidad de su naturaleza y es determinada por sí sola a obrar; y necesaria, o mejor compelida, a la que es determinada por otra cosa a existir y operar, de cierta y determinada manera.

VIII.—Por eternidad entiendo la existencia* misma, en cuanto se la concibe como siguiéndose necesariamente de la sola definición de una cosa eterna.
(existencia se concibe como una verdad eterna, como si se tratase de la esencia de la cosa, y por eso no puede explicarse por la duración o el tiempo).


El falso amor en Kierkegar y Nietzsche. Comentario

Un comentario sobre dos impresiones, de Kierkegard y de Nietzsche, la primera sacada de un escrito titulado Diario de un seductor y la segunda de Así hablo Zaratustra, donde habla del amor al projimo.


Relata Kierkegard el encuentro de algunas hojas revueltas sobresaliendo de un cajón abierto, en un acto poco respetuoso, cuenta que se abalanzó a la lectura de algunas líneas quedando sorprendido en la temática, escritos privados sobre impresiones con una muchacha, realizados por algún selecto seductor que hablaba con su alma a solas.
Recopiló Kierkegaard estos escritos otorgándole un orden, al que después tituló Diario de un seductor.

Más tarde de la entrada anterior, al leer algunas páginas de este diario, se relata el primer encuentro con esta señorita, sobrecogen con más fuerza unas cuantas líneas (pegadas a continuación), con recuerdos de un viejo Nietzsche en Así habló Zaratustra, forjan una comparación bastante fácil entre las cualidades de un espejo (relatadas por el autor del diario) y una gran crítica Nietzscheana sobre el amor al prójimo.

 Comparación en unas lineas de unión .
Un espejo como todos sabemos, ama al prójimo más que cualquier ente viviente jamás podría, pobre de el, más aún, pues no puede saberlo, que es incapaz de guardar imagen alguna sobre cualquier cosa, sobrecogido el reclama todo lo que da y que no le devuelven, solo mujeres guapas con prisa o sin ella lo utilizan de imagen para adornar sus cuerpos, un espejo complaciente.
Decidido a hacerse notar, este vidrio noble refleja todo lo sublime nítidamente, menos los fantasmas, esos que tienen poder de cambio animoso, que huyen de el pues no reciben compañía y saben que no podrían alcanzar amistad alguna.
Aspiras a ser mendigo de imágenes, ¿el que seduce a su dueña para conseguir poder?, ya no seas más espejo, si puedes.


Texto de Kierkegard - Diario de un seductor
Aún no me ha visto, aunque me encuentro al otro extremo del mostrador; en la pared de enfrente cuelga un espejo. ¡Desgraciado espejo que puedes reflejar su imagen pero no a ella misma! Y ni siquiera puedes adueñarte de esa imagen, espejo desdichado y ocultarla al mundo, sino que la traicionas a todos, como ahora a mí...
¡Qué tormento, aunque el hombre así hubiera sido creado! Hay hombres, sin embargo, que sólo comienzan a gozar de aquello que poseen cuando pueden mostrarlo a los demás: hombres sólo capaces de concebir las apariencias y no la esencia, y que todo lo pierden cuando el ser interior se muestra, así como este espejo perdería su imagen, si ella se traicionara ante él un solo instante...
¡Pero qué hermosa es, a pesar de todo! ¡Pobre espejo, qué tormento!


Audiolibro – Así habló Zaratustra


 

La historia caótica. Encuentro con la mierda.

Segunda parte de la historia caótica.
Ya en cuerpo de Pedro, comienza un día de trabajo en sus alegrías y demás desajustes.

Me despierto con gusto, en un día como hoy salto de la cama, desayuno unas tostadas y arranco el coche para ir al trabajo.
Soy albañil, coloco uno tras otro bloque de forma automática, no se puede decir que disfrute de ello, lo cierto es que he cogido tal maña apiladora, que mientras estoy en ello, me dedico a hacer cuentas, canto o comparto risas.


«Marcelo, ¿que tal?» y entre que despega ambos parpados para ver quién soy contesta «¿Qué tal sienta un cigarrito por las mañanas Pedro?, todavía estoy en la cama y ya quiero un cigarro ¡Valla vicio ! y ¿esto es vida? Que me tengas que preguntar tal cosa, y con esa sonrrisa en la cara … joder ..»
Se marcha balbuceando, no cambia la marcha, joder pues no se si debería cambiar de saludo, que tal no le viene bien – pensé mientras ya desaparecía lejos y le grité «¡Marcelo, pero dime algo bonito una mañana!» de camino a las herramientas, ahora me apresuro pues voy tarde.
Las guardo en cualquier lado, esta vez en un armario empotrado en construcción, es el más cercano al tajo que me ocupa – recordaba mientras me aproximaba-


Al acercarme, de repente me acechan nauseas, que gritan al oído cosas terribles de animales muertos, bajaban lagrimas de asco por mi mejilla, que me hicieron cerrar la boca para no vomitar un par de tostadas, fue entonces cuando pensando en ninguna cosa, imágenes de ira rebotaban sobre mi cráneo pidiéndole morir allí mismo.


«¡Valla asco joder! - al fin pensé - ¿como puede alguien cagar sin abrir los ojos?» , y es que una impresionante cagada deslumbraba junto a la caja de herramientas, sobre el extremo del palustre relucía de un color oscuro, un fresco que pareciera vivo, como recién venido al lugar, un delito sin papel higiénico en forma de palustre albañil.
Así multitud de figuras tristes me atacaron entre paredes a medio construir, impidiendo un escape airoso, después rescate las herramientas.


Dejando esa sala para pasar a la contigua y comenzar el apilamiento, así una tras otra, las formas volvían a su ser, el palustre ya rejuvenecido entre mezcla y bloques daba forma a fuertes paredes, en el armonioso instante que escape de los fantasmas.



Enlace: Historia caótica, primer capítulo aquí

Como consideramos una cosa como singular.

PROPOSICIÓN L

Cualquier cosa puede ser, por accidente, causa de esperanza o de miedo.

Demostración: Esta Proposición se demuestra por la misma vía que la Proposición 15 de esta Parte, que debe verse junto con el Escolio 2 de la Proposición 18 de esta Parte.

Escolio: Las cosas que son por accidente causa de esperanza o de miedo se llaman buenos o malos presagios. Además, en cuanto esos presagios son causa de esperanza o miedo, en esa medida (por la definición de «esperanza» y de «miedo»: verla en el Escolio 2 de la de la Proposición 18 de esta Parte) son causa de alegría o de tristeza, y, consiguientemente (por el Corolario de la Proposición 15 de esta Parte), los amamos u odiamos, y (por la Proposición 28 de esta Parte) nos esforzamos por emplearlos como medios en orden a lo que esperamos, o por apartarlos como obstáculos o causas de miedo. Además, de la Proposición 25 de esta Parte se sigue que estamos constituidos, por naturaleza, de tal modo, que creemos fácilmente lo que esperamos, y difícilmente lo que tememos, y estimamos, respectivamente, en más o en menos de lo justo esas cosas. De ello han surgido las supersticiones, cuyo acoso sufren los hombres en todas partes. Por lo demás, no creo que valga la pena mostrar aquí las fluctuaciones que brotan de la esperanza y el miedo, toda vez que de la sola definición de esos afectos se sigue que no hay esperanza sin miedo ni miedo sin esperanza, y puesto que, además, en cuanto esperamos algo o le tenemos miedo, en esa medida lo ama­mos u odiamos, y, de esta suerte, todo cuanto hemos dicho acerca del amor y el odio podrá aplicarlo cada cual fácilmente a la esperanza y el miedo.

PROPOSICIÓN LI

Hombres distintos pueden ser afectados de distintas mane­ras por un solo y mismo objeto, y un solo y mismo hombre puede, en tiempos distintos, ser afectado de distintas maneras por un solo y mismo objeto.

Demostración: El cuerpo humano (por el Postulado 3 de la Parte II) es afectado por los cuerpos exteriores de muchísimas maneras. Así pues, dos hombres pueden ser afectados al mismo tiempo de diversos modos, y, por tanto (por el Axioma 1 de la parte II), pueden ser afectados de diversos modos por un solo y mismo objeto. Además, el cuerpo humano puede ser afectado de esta o de aquella manera, y, consiguientemente, puede, en tiempos distintos, ser afectado de distintas maneras por un solo y mismo objeto. Q.E.D.

Escolio: Vemos, pues, que puede ocurrir que lo que uno ama, otro lo odie; que uno tenga miedo a una cosa y otro no; que el mismo hombre ame ahora lo que antes ha odiado, y que se atreva ahora a lo que antes temía, etc. Además, como cada cual juzga según su afecto lo que es bueno o malo, mejor o peor (ver el Escolio de la Proposición 39 de esta Parte), se sigue que los hombres pueden diferir tanto por el juicio como por el afecto, y de aquí proviene que, cuando comparamos unos con otros, los distinguimos por la sola diferencia de los afectos, y llamamos a unos intrépidos, a otros tímidos y a otros con otro nombre. Por ejemplo, llamaré «intrépido» a quien desprecia el mal que yo suelo temer, y si, además, reparo en que su deseo de hacer mal al que odia y bien al que ama no es reprimido por el temor de un mal que a mí suele contenerme, lo llamaré «audaz». Me parecerá «tímido» quien teme un mal que yo suelo despreciar, y si, además, reparo en que su deseo es reprimido por el temor de un mal que a mí no puede contenerme, diré que es «pusilánime», y así juzgará cada uno. A causa de esta naturaleza del hombre, y de la inconstancia de su juicio, como también porque el hombre juzga a menudo acerca de las cosas por el solo afecto, y porque las cosas que cree hacer con vistas a la alegría o la tristeza, esforzándose por ello (por la Proposición 28 de esta Parte) en promoverlas o rechazarlas, no son a menudo sino imaginarias, por todo eso —digo— concebimos fácilmente que el hombre puede ser a menudo causa de su tristeza o de su alegría o sea, concebi­mos que esté afectado tanto de alegría como de tristeza, acompañadas, como su causa, por la idea de sí mismo. Y, por tanto, entendemos con facilidad qué es el arrepentimiento y qué es el contento de sí mismo. A saber: el arrepentimiento es una tristeza acompañada de la idea de sí mismo como causa, y el contento de sí mismo es una alegría acompañada de la idea de sí mismo como causa, y estos afectos son muy vehementes porque los hombres creen ser libres (ver Proposición 49 de esta Parte).

PROPOSICIÓN LII

Si hemos visto un objeto junto con otros, o si imaginamos que no tiene nada que no sea común a otros muchos objetos, no lo consideraremos tanto tiempo como al que imaginamos que tiene algo singular.

Demostración: Tan pronto como imaginamos un objeto que hemos visto junto con otros, nos acordamos también de esos otros (por la Proposición 18 de la Parte II; ver también su Escolio), y así, de la consideración de uno pasamos al punto a la consideración de otro. Y esta misma es la situación del objeto que imaginamos no tiene nada que no sea común a otros muchos, pues suponemos, al imaginarlo así, que no consideramos en él nada que no hayamos visto antes en los otros. Pero cuando suponemos que imaginamos en algún objeto algo singular que no hemos visto nunca antes, no decimos sino que el alma, mientras considera ese objeto, no tiene en sí ningún otro a cuya consideración pueda pasar en virtud de la consideración del primero, y así, es determinada a considerar éste solo. Luego, si hemos visto un objeto, etc. Q.E.D.

Escolio: Esta afección del alma, o sea, esta imaginación de una cosa singular, en cuanto se encuentra sola en el alma, se llama asombro, y si es provocado por un objeto que tememos, se llama consternación, pues el asombro ante un mal tiene al hombre suspenso de tal manera en su sola contemplación, que no es capaz de pensar en otras cosas con las que podría evitar ese mal. Si lo que nos asombra es la prudencia de un hombre, su industria o algo de este género, el asombro se llama entonces veneración, pues pensamos que, en virtud de eso que admiramos, ese hombre nos supera en mucho; por el contra­rio, se llama horror, si nos asombramos de la ira, la envidia, etc., de un hombre. Además, si admiramos la prudencia, industria, etc., de un hombre a quien amamos, por ello mismo nuestro amor será mayor (por la Proposición 12 de esta Parte), y a este amor, unido al asombro o a la veneración, lo llamamos devoción. Y de esta misma manera podemos también concebir el odio, la esperanza, la seguridad y otros afectos unidos al asombro; y así podremos deducir muchos más afectos de los que suelen indicarse con los vocablos comúnmente admiti­dos. Lo que prueba que los nombres de los afectos han sido inventados más bien según su uso vulgar que según su cuidadoso conocimiento.

Al asombro se opone el desprecio, cuya causa es general­mente ésta: por el hecho de que vemos que alguien se asombra de una cosa, la ama, le tiene miedo, etc., o bien por el hecho de que una cosa parece a primera vista semejante a aquellas de que nos asombramos, que amamos o a que tenemos miedo (por la Proposición 15, con su Corolario, y la Proposición 27 de esta Parte), somos determinados a asombrarnos de esa cosa, a amarla, a tenerle miedo, etc. Pero si, en virtud de la presencia de la cosa misma, o a causa de una más cuidadosa considera­ción, nos vemos obligados a negar de ella todo lo que puede ser causa de asombro, amor, miedo, etc., entonces el alma queda determinada, por la mera presencia de la cosa, a pensar más bien en lo que no hay en el objeto que en lo que hay en él; siendo así que, muy al contrario, ante la presencia de un objeto suele normalmente pensarse, sobre todo, en lo que hay en él. Así como la devoción brota del asombro ante una cosa que amamos, la irrisión brota del desprecio por una cosa que odiamos o tememos, y el desdén surge del desprecio por la necedad, como la veneración del asombro ante la prudencia. Por último, podemos concebir, unidos al desprecio, el amor, la esperanza, la gloria y otros afectos, y, según eso, deducir a su vez otros afectos que tampoco solemos distinguir de los demás con vocablo alguno especial.

Krishnamurti y Krishnamurti .Comentario

Krishnamurti es el nombre de un gran predicador hinduista, realmente famoso por la excelencia mostrada en conferencias, recorriendo el mundo entero a fin de predicar la doctrina de la iluminación.

Si nace un niño en la India, esta enterado sin duda el máximo sacerdocio local, y adelantado incluso al evento del nacer le otorgan al feto su apellido, sucede en pocas ocasiones que los dioses y diosas indus se reúnen en comunión conforme al nacido, elevando su estatus hacia el escalón más alto de entre los humanos. 

Así, muy pocos son los que reciben de la gloria divina, el honor de ser llamado Krishnamurti, y sucedió que dos de ellos fueron contemporáneos.
El primero devolvió la ofrenda a su apellido, desarrollando sus virtudes espirituales y ofreciendo su apoyo al pueblo Hindú, a fin de que estos pudieran desarrollar sus dotes divinas. 

El segundo medito largamente durante su juventud, rodeado de grandes maestros instructores, observó una cultura antigua , falsificada, y quedando dolido de lo que no amaba, simplificó su nombre a solo U.G. Después replanteo su vida en EE.UU realizándose como empresario, se dice entonces, que los dioses dolidos le impregnaron de mal kharma , hasta que “Krishna” consiguió perderlo todo, vagabundeó por medio mundo, tirado por los rincones consiguió un pequeño trabajo y, conocer a una gran mujer, con la que vive actualmente. 

Con todo esto, dicen que logro vencer toda ambición humana, siendo recompensado con la “iluminación”. 


A continuación se recoge un extracto del libro: Krishnamurti U G - La Mente Es Un Mito. 

Pregunta: Todas las religiones han puesto el deseo de libertad, cielo, liberación, o Dios delante de todos los demás como algo que vale la pena perseguir. Pero si estas metas máximas no existen, como usted parece sugerir, serían, entonces, deseos inferiores, siendo falsos y de esa forma imposibles de satisfacer. Pero eso nos repele; nosotros insistimos en que algunos deseos, especialmente aquellos que ostensiblemente trascienden "la carne", son más divinos que otros. ¿Quisiera decir algo sobre esto? 

UG: A menos que esté libre del deseo más importante de todos, moksha, liberación, o auto-realización, usted será miserable. La meta máxima - que la sociedad puso delante nuestro - es la que tiene que irse. Hasta que esté libre de ese deseo, no podrá liberarse de ninguna de sus miserias. Suprimiendo esos deseos, no será libre. Esta realización es lo esencial, yendo como va al centro del problema. 

Es la sociedad la que ha puesto el deseo de libertad, el deseo de liberación, el deseo de Dios, el deseo de moksha - ese es el deseo del cual debe estar libre. Entonces todos esos otros deseos caen en su ritmo natural. Usted suprime esos deseos solo porque tiene miedo de que la sociedad lo castigue si actúa según ellos, o porque lo ve como "obstáculos" para su mayor deseo - la libertad. Si esto tuviera que pasarle, se encontraría en un estado primario sin que sea primitivo, y sin ninguna voluntad de su parte. Tan solo sucede. Ese hombre libre no estará en conflicto con la sociedad nunca más. No es antisocial, no está en guerra con el mundo; él ve que no podría ser diferente. No quiere cambiar la sociedad en absoluto; la demanda de cambiar ha cesado. 

Cualquier cosa que haga en cualquier dirección es violencia. Cualquier esfuerzo es violencia. Cualquier cosa que usted haga con el pensamiento para crear un estado de paz en la mente está usando la fuerza y entonces, es violencia. El yoga, las meditaciones, las plegarias, los mantras, son todas técnicas violentas. 

El organismo viviente es muy pacífico; usted no tiene que hacer nada. Al funcionamiento pacífico del cuerpo no le interesan un comino vuestros éxtasis, beatitudes, y estados de dicha. El hombre abandonó la inteligencia natural del cuerpo. 

Por eso digo - esa es mi canción trágica - que el día en que el hombre experimentó esa conciencia que lo hizo sentirse separado y superior a los otros animales, en ese momento comenzó a sembrar las semillas de su propia destrucción. Esta retorcida visión de la vida está empujando lentamente a todo el pensamiento hacia la total aniquilación. No hay nada que ustedes puedan hacer para detenerlo. 

No soy un alarmista. No tengo miedo, no estoy interesado en salvar el mundo. La humanidad está condenada de todas formas. 

Todo lo que digo es que la paz que están buscando ya está dentro de ustedes, en el funcionamiento armonioso del cuerpo.

Nadie puede ser feliz, si al mismo tiempo no existe en acto.

PROPOSICIÓN XIX

Cada cual apetece o aborrece necesariamente, en virtud de las leyes de su naturaleza, lo que juzga bueno o malo.

Demostración: El conocimiento del bien y del mal es (por la Proposición 8 de esta Parte) el afecto mismo de la alegría o de la tristeza, en cuanto que somos conscientes de él, y, por ende (por la Proposición 28 de la Parte III), cada cual apetece necesariamente lo que juzga bueno, y, al contrario, aborrece necesariamente lo que juzga malo. Ahora bien, este apetito no es otra cosa que la esencia o naturaleza misma del hombre (por la definición del apetito; verla en el Escolio de la Proposición 9 de la Parte III, y la Definición 1 de los afectos). Por consiguiente, cada cual apetece o aborrece necesariamente, en virtud de las solas leyes de su naturaleza, etc. Q.E.D.

PROPOSICIÓN XX

Cuanto más se esfuerza cada cual en buscar su utilidad, esto es, en conservar su ser, y cuanto más lo consigue, tanto más dotado de virtud está; y al contrario, en tanto que descuida la conservación de su utilidad -esto es, de su ser—, en esa medida es impotente.

Demostración: La virtud es la potencia humana misma, que se define por la sola esencia del hombre (por la Definición 8 de esta Parte), esto es (por la Proposición 7 de la Parte III), que se define por el solo esfuerzo que el hombre realiza por perseve­rar en su ser. Luego, cuanto más se esfuerza cada cual por conservar su ser, y cuanto más lo consigue, tanto más dotado de virtud está, y, consiguientemente (por las Proposiciones 4 y 6 de la Parte III), alguien es impotente en la medida en que descuida la conservación de su ser. Q.E.D.

Escolio: Así pues, nadie deja de apetecer su utilidad, o sea, la conservación de su ser, como no sea vencido por causas exteriores y contrarias a su naturaleza. Y así, nadie tiene aversión a los alimentos, ni se da muerte, en virtud de la necesidad de su naturaleza, sino compelido por causas exte­riores; ello puede suceder de muchas maneras: uno se da muerte obligado por otro, que le desvía la mano en la que lleva casualmente una espada, forzándole a dirigir el arma contra su corazón; otro, obligado por el mandato de un tirano a abrirse las venas, como Séneca, esto es, deseando evitar un mal mayor por medio de otro menor; otro, en fin, porque causas exteriores ocultas disponen su imaginación y afectan su cuerpo de tal modo que éste se reviste de una nueva naturale­za, contraria a la que antes tenía, y cuya idea no puede darse en el alma (por la Proposición 10 de la Parte III). Pero que el hombre se esfuerce, por la necesidad de su naturaleza, en no existir, o en cambiar su forma por otra, es tan imposible como que de la nada se produzca algo, según todo el mundo puede ver a poco que medite.

PROPOSICIÓN XXI

Nadie puede desear ser feliz, obrar bien y vivir bien, si no desea al mismo tiempo ser, obrar y vivir, esto es, existir en acto.

Demostración: La demostración de esta Proposición, o más bien la materia misma de ella, es evidente de por sí, y también en virtud de la definición del deseo. El deseo, en efecto (por la Definición 1 de los afectos), de vivir felizmente, o sea, de vivir y obrar bien, etc., es la esencia misma del hombre, es decir (por la Proposición 7 de la Parte III), el esfuerzo que cada uno realiza por conservar su ser. Por consiguiente, nadie puede desear, etc. Q.E.D.

Cual es el sentido de la vida. Calvin and Hobbes.



Cual es el sentido de la vida, se pregunta Calvin, ¿Por que hemos venido a llegar aquí?, y es que ¿tengo una misión como representante de la raza humana? que se supone debo hacer.

Especialmente entretenidos son los capítulos de Calvin y Hobbes, en una opinión general, diría que Calvin ha entrado ya en ese periodo propicio para la estupidez, en el que se deja de ser niño y te conviertes en un basurero simbólico.Cuando observas una montaña de responsabilidad, en un mundo extraño que no entiendes, y preguntas a tus más profundos instintos de niño ¿que ocurre?, puede ocurrir que te asustes de ti mismo, pues como se ve, la naturaleza animal no reflexiona mucho.Esta hecha para actuar.