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El Código Fitzgerald

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Son los textos póstumos que componen ¨El Cruck-Up¨ los que explican la obra de Fitzgerald. Texto de carácter autobiográfico narrado en 1936 y recopilado por Edmund Wilson en una cronología que nos permite sentir cómo Fitzgerald pre-sentía que ese ¨crack-up¨ estaba cerca. Literatura pura, subjetividad que se entrega en la forma de lo objetivo, se constituye como su propio objeto problemático, la emoción en registro escrito, no presenta ideas sino que capta sus diversos estados emotivos para expresarlos a través del lenguaje escrito. Hace de la experiencia personal, de los diversos estados emotivos que atraviesa, su objeto para presentarlos al mundo como un código. Un código de pasaje que despliega la historia de su vida en sus obras: A veces no sé si soy real, si existo o si soy un personaje de algunas de mis obras. Su obra presenta la historia de su generación y al expresarla retrata la propia. Amores no correspondidos o que terminan mal, el deseo de pertenecer a un ámbito social que no es el propio, la insensibilidad de los ricos y la esperanza como fuerza vital de la ilusión tal como en Gatsby, como en Dick Diver. Sus libros funcionan como si fueran el diario de su vida, el código funciona como una digresión de toda su obra que despliega diferentes momentos. Un solo objeto: la vida, su vida. Comenzando por el adolescente repleto de esperanzas y de éxito prematuro con ¨A este lado del paraíso¨ hasta el derrumbe total del hombre vencido, solo frente al fracaso presente en ¨El Crack-Up¨.

Retratos en forma de rompecabezas que anuncian el presentimiento de un destino:

El Insomnio: Dormir y Despertar, diciembre de 1934. Descripción de la noche que nunca termina. Dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño, experiencia íntima tan diferente una de otra. No poder cumplir con las siete horas de sueño o peor aun, una vez conquistado el descanso, despertar a mitad de la noche ante la mínima interrupción, el medio dormir por la irrupción de un mosquito. Uno solo. Dando comienzo a una batalla de uno contra uno en la que el mosquito adquiere personalidad propia. Nos es uno más, es el mosquito. Los golpes al aire, los picotazos a través de la sábana, seguirlo con la vista en su vuelo para dar con él y cuando lo logra, una mancha de sangre, de su sangre. ¿Qué hacer en medio de la noche? ¿Leer? ¿Dar vueltas en la cama? ¿Tomar un trago pero padecer las consecuencias la mañana siguiente? La noche más oscura, la más autentica, las tres de la mañana. Nos dice que para las horas oscuras del alma son siempre las tres de la mañana. Toda la narración del insomnio anuncia el posible derrumbe, lo presiente pero como posibilidad,  probable pero también es probable que no ocurra, porque conserva la esperanza de un destino a cumplir bajo un presente adverso frente a un futuro posible como escritor consagrado entre los grandes nombres de la literatura norteamericana. Situado sobre un suelo con dos planos: el derrumbe posible pero también la esperanza. Constituyen la prueba de una inteligencia de primera clase: permanecer en la paradoja, convivir con dos ideas, con dos sentimientos totalmente opuestos: el derrumbe y la esperanza. Como Gatsby vive sobre dos planos. Cinco años esperando por Daisy: Debió haber momentos, aún en aquella tarde, cuando Daisy se quedara corta con relación a sus sueños; no por culpa de ella, empero, sino por la colosal vitalidad de la ilusión de Gatsby, que la había superado a ella, que lo había superarlo todo. Se había dedicado a su quimera con una pasión creadora, agrandándola todo el tiempo, adornándola con cada una de las plumas brillantes que pasaban nadando junto a sí. Ninguna cantidad de fuego o frescura puede ser mayor que aquello que un hombre es capaz de atesorar en su insondable corazón. La esperanza opera como una condena a la espera. Al igual que sus personajes paga el precio de vivir la vida como un sueño.

Los golpes:  La prueba de una inteligencia de primera clase es la capacidad de retener dos ideas opuestas en un mismo tiempo y seguir conservando la capacidad de funcionar. Como en las notas sobre el insomnio, presentir que las cosas son irremediables, que el derrumbe como posibilidad está cerca y sin embargo estar decidido a que sean de otro modo, mantener activa la resistencia y la esperanza frente a los golpes del afuera y los golpes que vienen de adentro. Los de afuera, esos que padecemos todos en distintos momentos de la vida, una decepción o una traición; los de adentro, esos que no percibimos hasta que es demasiado tarde. Los primeros se producen con rapidez, los segundos no, se incuban adentro y como moscas que engendran su larva, los sentimos cuando ya es tarde, de repente y en tiempos de sosiego. El golpe llega cuando nos creíamos a salvo. Aún no hemos leído con verdadero detenimiento a Fitzgerald.  No poder dormir es uno de los síntomas de ese golpe que nos viene desde adentro. Encuentra una fórmula para dar respuesta a ese malestar que lo acompaña desde los tiempos juveniles. Un phármakon que opera bajo un cómo si... Dos etapas inconclusas, como una herida abierta que no puede cerrar, dos angustias de los tiempos de juventud: no ser un jugador de fútbol en la universidad (dejar la universidad inconclusa) y no tener participación activa en la guerra. Se vale de esas experiencias de fracaso a las que da otra forma en sus ensueños como solución al insomnio, en los sueños todo puede ser de otro modo. Crea ficciones, el cómo si, otra vida posible: una vez hace tiempo ya, me cuento a mí mismo, necesitaban un mariscal de campo en Princeton y no tenían ninguno y estaban desesperados. El entrenador se fijo en mí al pasar por el lateral del campo y gritó: -¿Quién es ese? ¿Por qué no nos habíamos fijado en él antes? Busca cambiar el presente alterando el pasado en sus ficciones diurnas, estos juegos mentales le permiten dormir después de un rato. Lo que siente como sus más íntimos fracasos se resuelven bajo nuevas revelaciones, juegos infantiles que no se limitan al fin práctico de conciliar el sueño sino que además le permiten sentir que todo pudo y es de otro modo.

La esperanza y el sentimiento de derrumbe se encuentran para confirmar su tesis: Naturalmente, toda vida es un proceso de demolición. La vida como ofensiva variable se expresa bajo códigos de pasaje de un estado a otro. La literatura como despliegue de esas fisuras no resueltas no evitan el ¨crak-up¨. No fue una época desgraciada. Me marché y había menos personas. Descubrí que estaba más que cansado. Podía estar acostado, y me alegraba hacerlo, durmiendo o dormitando en ocasiones hasta veinte horas diarias, y en los intervalos estaba resuelto a no pensar; en cambio hacia listas y las rompía, cientos de listas: de jefes de caballería y de jugadores de fútbol y de ciudades, de canciones populares y pitchers de béisbol, y de épocas felices y aficiones y  casas donde viví y de cuántos trajes había tenido desde que dejé el ejército y de los pares de zapatos y la camisa de vestir y del cuello duro que llevé de un sitio a otro durante años y que nunca usé, porque los zapatos se humedecieron y cuartearon y las camisas y el cuello se pusieron amarillos y apestaban a almidón. Y lista de mujeres que me gustaron, y de las veces que había dejado que me desdeñaran personas que no eran mejores que yo ni en carácter ni en capacidad…Y entonces, de repente, me sentí mejor…Y me quebré cómo un plato viejo cuando oí las noticias. Este es el autentico final de este escrito.  Ese ¨derrumbe¨ expresa la fuerza del golpe que viene de adentro. No es depresión la que narra Fitzgerald. Es la simple descripción del cruck-up. Una invención personal para poner en palabras ese estado íntimo, son equivocadas todas las traducciones, no es posible traducirlo como ¨derrumbe¨ o ¨grieta¨, no hay traducción posible. La descripciones a lo largo de los escritos no hacen más que referir a los golpes que fue recibiendo a lo largo de la vida y que constituyen su proceso de ¨demolición¨, quiero decir de su cruck-up.

Es el más alto de sus logros como narrador, haber creado desde la literatura un par de palabras: ¨cruck-up¨, para dar lugar a su propio sentir. Escribe: Cuando menos había un punto de partida para salir de la ciénaga en la que me revolcaba: `Sentía; por lo tanto, existía´.

Todo su corpus literario es una digresión de las experiencias más íntimas. Cada una de sus obras es parte de un código presente en ¨El Crack-Up¨. El éxito prematuro, la esperanza y el presentimiento del ¨cruck-up¨ para culminar en la ¨Gran Huida¨, ¨la fuga total¨.  Una ¨fuga total¨  es algo de lo que uno no se recupera, es algo irreparable porque el pasado deja de existir. ¨No tirar demasiado de la cuerda¨.

No tirar demasiado de la cuerda parece ser una de las claves para apropiarnos de la experiencia de Fitzgerald. Como en el Gran Gatsby, cuando Nick le advierte que no fuerce demasiado las cosas: Yo no le pediría tanto. Daisy es el punto de referencia en la vida de Gatsby. ¿Buscar entonces el punto de referencia? ¿Esperar una llamada que nunca llega?  ¿Comportarnos como un alcohólico borracho de sueño? La gran huida. La fuga total que permitió hacer de Dan Cody el Gran Gatsby y de Fitzgerald el gran narrador americano. El sueño como punto de anclaje tanto en el escritor como en sus personajes. Éste mostró un repentino indicio de que estaba feliz en su soledad: estiró los brazos hacia las aguas oscuras de un modo curioso, y aunque yo me encontraba lejos de él, puedo jurar que temblaba. Apuntando hacia una luz verde en el extremo del muelle El gesto no describe a quien intenta alcanzar las estrellas sino a un sueño.No tirar demasiado de la cuerda: hacer del sueño el punto de anclaje es un asunto serio en el que se juega la vida, el momento de reflexión y lucidez llega tarde. Lo que no advirtió Gatsby( esa gran creación a la cual no hemos estudiado en serio) y Fitzgerald es que ya estaban situados más allá de sus sueños.

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Filosofía y Literatura

Juan Martín Masciardi

Literatura norteamericana

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