Soy bloggero. Diversión de búsqueda

¿Qué tienen esos blogs? -Suele ser la pregunta,- tienen una estética rara surgida con poco esmero, mediocre parece, he escuchado que es poco elegante y ademas no valen para nada, me comento la gran abogada en que se esta convirtiendo Rosa.


Hay blogs buenísimos porque me divierten, -así responde un admirador bloggero a las preguntas de quienes no leen este tipo de contenidos-. Parece como si esta diversión surgiese de lo impredecible, razones inimaginables existen para cualquier diversión, como si en esos días un bloggero entendiese su mediocridad. Así que la única guía es la diversión.


En un momento dado cualquier sujeto se sitúa en un plano, siempre hay un plano habitado donde es necesario hacer algo, lo dramático es que se convierta en estático, pues de hay solo devendría aburrimiento. Por doquier captamos que personas habitan planos cerrados, sin vida, y solo ante una explosión, cual fuerza externa que efectúe una expansión de ese plano, solo ante tales circunstancias el plano se desliza, cambia de dirección y se despliegan velocidades genuinas, no experimentadas.


Y es que después de todo las personas están condenadas a divertirse. Claro, lógico, porque es imposible escapar a la diversión, ya, pero este no es el problema de quien se sabe poseedor de un plano cerrado, el siempre lo sabe, sabe que sus alegrías provienen de rutas externas, sabe que el plano continua aislado, no hay elección entre alegría o dolor, ambos como frutos del destino se arrojan sobre planos inmóviles.¿Dónde esta el movimiento intuitivo?. Porque el plano se desliza, si se confiá puede partir, captar el momento de caída, la coordenada de impacto, un plano en movimiento, el que se sabe vivo parte y capta la zona donde arriban las caídas, el que recoge frutos se sabe vivo, se cree valioso y no duda. Su plano actúa por el, el no sabe que sabe, y sabe que es bueno y valioso.


El bloggero utiliza un plano, y ese plano es virtual, es un blog que cambia, y el bloggero escribe por necesidad, el desliz es su alimento cuando se observa a si mismo estático, el bloggero busca rutas para el movimiento, pincha sobre enlaces, encuentra sitios y páginas, escritores con ideas, movimientos en potencia para su plano, amigos que no sabe que son, pero son porque habitan el plano de su próxima entrada. Diversión de búsqueda, más próxima a la libertad que la externa.


La diversión de búsqueda agranda tu voluntad, tu capacidad, tu habito, crea herramientas de expansión, se muestra optimista y te muestra optimista.

¿Quién busca en los blogs?, quien busca singularidades creativas en personas que quieren decir algo, y que pueden decirlo, o que están buscando como decirlo. Personas que buscan el cambio de velocidad, para desfigurar un plano y encontrar impresiones lo más vivas posibles.

La tristeza es directamente mala.

PROPOSICIÓN XLI

La alegría, nunca es directamente mala, sino buena; en cambio, la tristeza es directamente mala.

Demostración: La alegría (por la Proposición 11 de la Parte III, con su Escolio) es un afecto que aumenta o favorece la potencia de obrar del cuerpo; la tristeza, en cambio, es un afecto que disminuye o reprime la potencia de obrar del cuerpo, y así (por la Proposición 38 de esta Parte) la alegría es directamente buena, etc. Q.E.D.


PROPOSICIÓN XLII

El regocijo no puede tener exceso, sino que es siempre bueno, y, por contra, la melancolía es siempre mala.

Demostración: El regocijo (ver su definición en el Escolio de la Proposición 11 de la Parte III) es una alegría que, en cuanto referida al cuerpo, consiste en que todas las partes del cuerpo sean igualmente afectadas, esto es (por la Proposición 11 de la Parte III), en que la potencia de obrar del cuerpo resulta aumentada o favorecida de tal modo que todas sus partes conservan la misma relación de reposo y movimiento entre sí; y de este modo (por la Proposición 39 de esta Parte), el regocijo es siempre bueno, y no puede tener exceso. En cuanto a la melancolía, es una tristeza que, en cuanto referida al cuerpo, consiste en que la potencia de obrar del cuerpo resulta absolutamente disminuida o reprimida, y de este modo (por la Proposición 38 de esta Parte) es siempre mala. Q.E.D.


PROPOSICIÓN XLIII

El placer puede tener exceso y ser malo; el dolor puede ser bueno en la medida en que el placer, que es una alegría, sea malo.

Demostración: El placer es una alegría que, en cuanto referida al cuerpo, consiste en que una o algunas de sus partes son afectadas más que las otras (ver sus definición en el Escolio de la Proposición 11 de la Parte III), y la potencia de ese afecto pueda ser tan grande que supere a las restantes acciones del cuerpo (por la Proposición 6 de esta Parte), se aferré pertinaz­mente a él e impida de esta suerte que el cuerpo sea apto para ser afectado de otras muchas maneras, y así (por la Proposición 38 de esta Parte) puede ser malo. Por su parte, el dolor, que es, por el contrario, una tristeza, no puede ser bueno, considera­do en sí solo. Pero como su fuerza e incremento se definen por la potencia de la causa exterior comparada con la nuestra (por la Proposición 5 de esta Parte), podemos, entonces, concebir infinitos grados y moda­lidades en la fuerza de este afecto (por la Proposición 3 de esta Parte); y, de esta suerte, podemos concebir un dolor tal que pueda reprimir el placer, para que éste no tenga exceso, y provocar en esa medida (por la primera parte de esta Proposición) que el cuerpo no se vuelva menos apto, y, por tanto, en esa medida será bueno. Q.E.D.

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Relatos. Mujeres y copas en un bar.


Ahora respiraba y me sentía tranquilo, tranquilo, relajado, ahora estoy en calma me afirme a mi mismo. Llevo casi dos horas despierto, perdido entre flashes nocturnos, recuerdos de hace unas horas cuando bebía copas en compañía. En el último estaba con una chica, la había saludado para contarle lo que me gustaría conocerla, ella respondió afirmativamente, podía ver lo sexy que se sentía, estábamos muy cómodos, mientras, le contaba que justo antes dudaba entre hablar o no con ella, que no podía imaginar lo simpática que era, que era algo difícil conocer a una chica atractiva que se mostrase con tanta humildad.

Recuerdo que me alcanzó Lucia. Venían de una boda, era su amiga Sandra la afortunada, ella estaba contenta, ella estaba alegre, en esos momentos nos acercamos mucho, hablábamos muy cerca, podríamos besarnos si quisiéramos, entonces ella se dio cuenta, le comente algo sobre el trabajo. No recuerdo mucho más.

Pero recuerdo que la chica del recuerdo me abandono, ella ya no estaba junto a mi, tampoco en la misma sala.¿Quizá la traicione? Sería como una traición muy pequeña, recuerdo lo cómodo que estaba, y ella expectante , ambos al acecho, pero me alcanzó Lucía.

Creación de amistad, potencia de amistad.

Una amistad nace, se crea entre individuos, entre cuerpos con puntos cercanos. Con la captación de una región aislada que alienta el deseo de amistad, como si ciertos puntos vacios de significantes entrasen en contacto con otros, realizando una potencia amistosa. Por eso quedan sin lengua las palabras en un cuerpo amigo, por la creación de una lengua propia entre dos cuerpos. Comienza la construcción de gestos, expresiones, sonrisas, sollozos, y todo se hace necesario y común en una red de amistad. La forma de relacionar estos nuevos significantes con su significado. O mejor dicho, con el concepto que es creado.


Resulta principal crear el concepto, deja de ser útil el significado. El concepto remite a la carne, al entendimiento común, mientras que el significado requiere de interpretación, algo bastante superficial y lejano para dos amigos. Más claro aún, podemos inferir que un grupo de significantes sin significado, por simple necesidad se constituirían potencialmente en busca del concepto. Así nace una amistad, en la búsqueda del concepto, en la creación de una lengua.


En cambio la no-potencia de amistad invoca al sufrimiento. Porque el sufrimiento surge como inferencia de la distancia hacia lo aún no conocido, hacia lo no común, como si echásemos la vista hacia lo que no existe. Porque se iluminan regiones vaciás en el espacio, el sufrimiento resuena como la iluminación de la no existencia.


Una potencia múltiple amistosa, sería la formación de conceptos donde habitaban significados, o donde no había nada. Trabaja la desterritorialización para otorgar un territorio común, múltiple, completamente intensivo, jodidamente vivo y cambiante. Como dos amigos que crean una lengua en movimiento, como si ambos utilizaran como envoltorio un cuerpo sin órganos. Como Deleuze y Felix.

El ser humano no se conoce a sí mismo.Spinoza

PROPOSICIÓN XXIII

El alma no se conoce a sí misma sino en cuanto percibe las ideas de las afecciones del cuerpo.

Demostración: La idea o conocimiento del alma (por la Proposición 20 de esta Parte) se sigue en Dios de la misma manera, y se refiere a Dios de la misma manera, que la idea o conocimiento del cuerpo. Ahora bien, puesto que (por la Proposición 19 de esta Parte) el alma humana no conoce el cuerpo humano mismo, es decir (por el Corolario de la Proposición 11 de esta Parte), puesto que el conocimiento del cuerpo humano no se refiere a Dios en cuanto Este constituye la naturaleza del alma humana, entonces tampoco el conoci­miento del alma se refiere a Dios en cuanto Éste constituye la esencia del alma humana; y, por tanto (por el mismo Corolario de la Proposición 11), en ese sentido, el alma humana no se conoce a sí misma. Además, las ideas de las afecciones por las que es afectado el cuerpo implican la naturaleza del cuerpo humano mismo (por la Proposición 16 de esta Parte), esto es (por la Proposición 13 de esta Parte), concuerdan con la naturaleza del alma; por lo cual el conocimiento de estas ideas implicará necesariamente el conocimiento del alma. Ahora bien (por la Proposición anterior), de tales ideas hay conoci­miento en el alma. Por consiguiente, sólo en ese sentido el alma se conoce a sí misma. Q.E.D.

PROPOSICIÓN XXIV

El alma humana no implica el conocimiento adecuado de las Partes que componen el cuerpo humano.

Demostración: Las partes componentes del cuerpo humano no pertenecen a la esencia de dicho cuerpo sino en cuanto que se comunican unas a otras sus movimientos según cierta relación (ver la Definición que sigue al Corolario del Lema 3), y no en cuanto pueden ser consideradas como individuos, al margen de su relación con el cuerpo humano. Las partes del cuerpo humano (por el Postulado 1), son, efectivamente, individuos muy compuestos, cuyas partes (por el Lema 4) pueden separarse del cuerpo humano y comunicar sus movi­mientos a otros cuerpos según otra relación, conservando el cuerpo enteramente su naturaleza y forma; y de esta suerte (por la Proposición 3 de esta Parte), la idea o conocimiento de una parte cualquiera se dará en Dios (por la Proposición 9 de esta Parte) en cuanto se lo considera afectado por otra idea de cosa singular, cuya cosa singular es, en el orden de la naturaleza, anterior a la parte misma (por la Proposición 7 de esta Parte). Esto mismo debe también decirse de cualquier parte de ese individuo compo­nente del cuerpo humano; y, de esta suerte, el conocimiento de cualquier parte componente del cuerpo humano se da en Dios en cuanto es afectado por un gran número de ideas de cosas, y no en cuanto tiene sólo la idea del cuerpo humano, esto es (por la Proposición 13 de esta Parte), la idea que constituye la naturaleza del alma humana; y, por lo tanto (Corolario de la Proposición 11 de esta Parte), el alma humana no implica el conocimiento adecuado de las partes que componen el cuerpo humano. Q.E.D.1

PROPOSICIÓN XXV
La idea de una afección cualquiera del cuerpo humano no implica el conocimiento adecuado del cuerpo exterior. 


Demostración: Hemos mostrado (ver Proposición 16 de esta Parte) que la idea de una afección del cuerpo humano implica la naturaleza del cuerpo exterior, en tanto en cuanto ese cuerpo exterior determina de cierta manera al cuerpo humano mismo. Ahora bien, en la medida en que el cuerpo exterior es un individuo no relacionado con el cuerpo huma­no, su idea o conocimiento se da en Dios (por la Proposición 9 de esta Parte) en cuanto se considera a Dios afectado por la idea de otra cosa, la cual (por la Proposición 7 de esta Parte) es anterior, por naturaleza, al cuerpo exterior mismo. Por ello, no hay en Dios conocimiento adecuado del cuerpo exte­rior en cuanto tiene la idea de una afección del cuerpo huma­no; o sea, la idea de una afección del cuerpo humano no implica el conocimiento adecuado del cuerpo exterior. Q.E.D.


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Spinoza. Obrar cosas con ideas adecuadas y padecer cosas con ideas inadecuadas.

PROPOSICIÓN I

Nuestra alma obra ciertas cosas, pero padece ciertas otras; a saber: en cuanto que tiene ideas adecuadas, entonces obra necesariamente ciertas cosas, y en cuanto que tiene ideas inadecuadas, entonces padece necesariamente ciertas otras.

Demostración: Las ideas de cualquier alma humana son unas adecuadas y otras mutiladas y confusas (por el Escolio de la Proposición 40 de la Parte II). Ahora bien: las ideas que, en el alma de alguien, son adecuadas, lo son en Dios, en cuanto que Este constituye la esencia de ese alma (por el Corolario de la Proposición 11 de la Parte II); y las que son inadecuadas en el alma, en Dios son también adecuadas, no en cuanto contiene en sí solamente la esencia de ese alma, sino en cuanto contiene también, a la vez, las almas de las otras cosas. Además, a partir de una idea cualquiera dada debe necesariamente seguirse algún efecto (por la Propo­sición 36 de la Parte I), de cuyo efecto Dios es causa adecuada (ver Definición 1 de esta Parte), no en cuanto que es infinito, sino en cuanto que se lo considera afectado por esa idea dada (ver Proposición 9 de la Parte II). Ahora bien: del efecto cuya causa es Dios en cuanto afectado por una idea que es adecuada en un alma, es causa adecuada esa misma alma (ver el Corolario de la Proposición 11 de la Parte II). Por consiguien­te, nuestra alma (por la Definición 2 de esta Parte), en cuanto que tiene ideas adecuadas, obra necesariamente ciertas cosas: que era lo primero. Además, de aquello que se sigue necesaria­mente de una idea que es adecuada en Dios, no en cuanto tiene en sí el alma de un solo hombre, sino en cuanto que tiene en sí, junto con ella, las almas de las otras cosas, no es causa adecuada el alma de ese hombre, sino parcial, y, por ende, el alma, en cuanto tiene ideas inadecuadas, padece necesariamente ciertas cosas: que era lo segundo. Luego nuestra alma, etc. Q.E.D.

Corolario: De aquí se sigue que el alma está sujeta a tantas más pasiones cuantas más ideas inadecuadas tiene, y, por contra, obra tantas más cosas cuantas más ideas adecuadas tiene.

PROPOSICIÓN II

Ni el cuerpo puede determinar al alma a pensar, ni el alma puede determinar al cuerpo al movimiento ni al reposo, ni a otra cosa alguna (si la hay).

Demostración: Todos los modos del pensar tienen a Dios por causa en cuanto que es cosa pensante, y no en cuanto que se explica a través de otro atributo (por la Proposición 6 de la Parte II); por consiguiente, lo que determina al alma a pensar es un modo del pensamiento, y no de la extensión, es decir (por la Definición 1 de la Parte II), no es un cuerpo, que era lo primero. Además, el movimiento y el reposo del cuerpo deben proceder de otro cuerpo, que ha sido también determi­nado al movimiento o al reposo por otro, y, en términos absolutos, todo cuanto sucede en un cuerpo ha debido proceder de Dios en cuanto se lo considera afectado por algún modo de la extensión, y no por algún modo del pensamiento (ver la misma Proposición 6 de la Parte II), es decir, no puede proceder del alma, que es un modo del pensamiento (por la Proposición 11 de la Parte II), que era lo segundo. Por consiguiente, ni el cuerpo puede, etc. Q.E.D.

Escolio: Esto se entiende de un modo más claro por lo dicho en el Escolio de la Proposición 7 de la Parte II, a saber: que el alma y el cuerpo son una sola y misma cosa, que se concibe, ya bajo el atributo del pensamiento, ya bajo el de la extensión. De donde resulta que el orden o concatenación de las cosas es uno solo, ya se conciba la naturaleza bajo tal atributo, ya bajo tal otro, y, por consiguiente, que el orden de las acciones y pasiones de nuestro cuerpo se corresponde por naturaleza con el orden de las acciones y pasiones del alma. Ello es también evidente según la Demostración de la Proposición 12 de la Parte II. Ahora bien: aunque las cosas sean de tal modo que no queda ningún motivo para dudar de ello, con todo, creo que, no mediando comprobación experimental, es muy difícil poder convencer a los hombres de que sopesen esta cuestión sin prejuicios, hasta tal punto están persuadidos firmemente de que el cuerpo se mueve o reposa al más mínimo mandato del alma, y de que el cuerpo obra muchas cosas que dependen exclusivamente de la voluntad del alma y su capacidad de pensamiento. Y el hecho es que nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede el cuerpo, es decir, a nadie ha enseñado la experiencia, hasta ahora, qué es lo que puede hacer el cuerpo en virtud de las solas leyes de su naturaleza, considerada como puramente corpórea, y qué es lo que no puede hacer salvo que el alma lo determine. Pues nadie hasta ahora ha conocido la fábrica del cuerpo de un modo lo suficientemente preciso como para poder explicar todas sus funciones, por no hablar ahora de que en los animales se observan muchas cosas que exceden con largueza la humana sagacidad, y de que los sonámbulos hacen en sueños muchísimas cosas que no osarían hacer despiertos; ello basta para mostrar que el cuerpo, en virtud de las solas leyes de su naturaleza, puede hacer muchas cosas que resultan asombrosas a su propia alma. Además, nadie sabe de qué modo ni con qué medios el alma mueve al cuerpo, ni cuántos grados de movimiento puede imprimirle, ni con qué rapidez puede moverlo. De donde se sigue que cuando los hombres dicen que tal o cual acción del cuerpo proviene del alma, por tener ésta imperio sobre el cuerpo, no saben lo que se dicen, y no hacen sino confesar, con palabras especiosas, su ignoran­cia —que les trae sin cuidado— acerca de la verdadera causa de esa acción. Me dirán, empero, que sepan o no por qué medios el alma mueve al cuerpo, saben en cualquier caso por expe­riencia que, si la mente humana no fuese apta para pensar, el cuerpo sería inerte. Además, saben por experiencia que caen bajo la sola potestad del alma cosas como el hablar o el callar, y otras muchas que, por ende, creen que dependen del mandato del alma. Pues bien, en lo que atañe a lo primero, les pregunto: ¿acaso la experiencia no enseña también, y al contrario, que si el cuerpo está interte, el alma es al mismo tiempo inepta para pensar? Pues cuando el cuerpo reposa durante el sueño, el alma permanece también adormecida, y no tiene el poder de pensar, como en la vigilia. Además, creo que todos tenemos experiencia de que el alma no siempre es igualmente apta para pensar sobre un mismo objeto, sino que, según el cuerpo sea más apto para ser excitado por la imagen de tal o cual objeto, en esa medida es el alma más apta para considerar tal o cual objeto. Dirán, empero, que no es posible que de las solas leyes de la naturaleza, considerada como puramente corpórea, surjan las causas de los edificios, las pinturas y cosas de índole similar (que se producen sólo en virtud del arte humano), y que el cuerpo humano, si no estuviera determinado y orientado por el alma, no sería capaz de edificar un templo. Pero ya he mostrado que ellos ignoran lo que puede el cuerpo, o lo que puede deducirse de la sola consideración de su naturaleza, y han experimentado que se producen muchas cosas en virtud de las solas leyes de la naturaleza, cuya producción nunca hubiera creído posible sin la dirección del alma, como son las que hacen los sonámbulos durante el sueño, y que a ellos mismos les asombran cuando están despiertos. Añado aquí el ejemplo de la fábrica del cuerpo humano, que supera con mucho en artificio a todas las cosas fabricadas por el arte de los hombres, por no hablar de lo que he mostrado más arriba: que de la naturaleza, considerada bajo un atributo cualquiera, se siguen infinitas cosas. Por lo que atañe a lo segundo, digo que los asuntos humanos se hallarían en mucha mejor situación, si cayese igualmente bajo la potestad del hombre tanto el callar como el hablar. Pero la experiencia enseña sobradamente que los hombres no tiene sobre ninguna cosa menos poder que sobre su lengua, y para nada son más impotentes que para moderar sus apetitos; de donde resulta que los más creen que sólo hacemos libremente aquello que apetecemos escasamente, ya que el apetito de tales cosas puede fácilmente ser dominado por la memoria de otra cosa de que nos acordamos con frecuencia, y, en cambio, no haríamos libremente aquellas cosas que apetecemos con un deseo muy fuerte, que no puede calmarse con el recuerdo de otra cosa. Si los hombres no tuviesen experiencia de que hacemos muchas cosas de las que después nos arrepentimos, y de que a menudo, cuando hay en nosotros conflicto entre afectos contrarios, reconocemos lo que es mejor y hacemos lo que es peor, nada impediría que creyesen que lo hacemos todo libremente. Así, el niño cree que apetece libremente la leche, el muchacho irritado, que quiere libremente la venganza, y el tímido, la fuga. También el ebrio cree decir por libre decisión de su alma lo que, ya sobrio, quisiera haber callado, y asimis­mo el que delira, la charlatana, el niño y otros muchos de esta laya creen hablar por libre decisión del alma, siendo así que no pueden reprimir el impulso que les hace hablar. De modo que la experiencia misma, no menos claramente que la razón, enseña que los hombres creen ser libres sólo a causa de que son conscientes de sus acciones, e ignorantes de las causas que las determinan, y, además, porque las decisiones del alma no son otra cosa que los apetitos mismos, y varían según la diversa disposición del cuerpo, pues cada cual se comporta según su afecto, y quienes padecen conflicto entre afectos contrarios no saben lo que quieren, y quienes carecen de afecto son impulsados acá y allá por cosas sin importancia. Todo ello muestra claramente que tanto la decisión como el apetito del alma y la determinación del cuerpo son co­sas simultáneas por naturaleza, o, mejor dicho, son una sola y misma cosa, a la que llamamos «decisión» cuan­do la consideramos bajo el atributo del pensamiento, y «de­terminación» cuando la consideramos bajo el atributo de la extensión, y la deducimos de las leyes del movimiento y el reposo, y esto se verá aún más claro por lo que vamos a de­cir. Pues hay otra cosa que quisiera notar particularmente aquí, a saber: que nosotros no podemos, por decisión del alma, hacer nada que previamente no recordemos. Por ejemplo, no podemos decir una palabra, si no nos acorda­mos de ella. Y no cae bajo la potestad del alma el acordar­se u olvidarse de alguna cosa. Por ello se cree que bajo la po­testad del alma sólo está el hecho de que podamos, en vir­tud de la sola decisión del alma, callar o hablar de la cosa que recordamos. Pero cuando soñamos que hablamos, cree­mos que hablamos por libre decisión del alma, y sin embargo no hablamos o, si lo hacemos, ello sucede en virtud de un movimiento espontáneo del cuerpo. Soñamos, además, que ocultamos a los hombres ciertas cosas, y ello por la misma decisión del alma en cuya virtud, estando despiertos, callamos lo que sabemos. Soñamos, en fin, que por decisión del alma hacemos ciertas cosas que, despiertos, no osamos hacer. Y, siendo ello así, me gustaría mucho saber si hay en el alma dos clases de decisiones, unas fantásticas y otras libres. Y si no se quiere incurrir en tan gran tontería, debe necesariamente concederse que esa decisión del alma que se cree ser libre, no se distingue de la imaginación o del recuerdo mismo, y no es más que la afirmación implícita en la idea, en cuanto que es idea (ver Proposición 49 de la, Parte II). Y, de esta suerte, tales decisiones surgen en el alma con la misma necesidad que las ideas de las cosas existentes en acto. Así pues, quienes creen que hablan, o callan, o hacen cualquier cosa, por libre decisión del alma, sueñan con los ojos abiertos.


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Spinoza. El alma y el cuerpo, son un solo y mismo individuo.

PROPOSICIÓN XX

Se da también en Dios una idea o conocimiento del alma humana, cuya idea se sigue en Dios y se refiere a Dios de la misma manera que la idea o conocimiento del cuerpo humano.

Demostración: El Pensamiento es un atributo de Dios (por la Proposición 1 ); y así debe darse necesariamente en Dios una idea, tanto de Él mismo cuanto de todas sus afecciones; y, por consiguiente ( por la Proposición 10 de esta parte ), debe darse también en Dios, necesariamente, una idea del alma humana. Además, no se sigue que esta idea o conocimiento del alma se dé en Dios en cuanto es infinito, sino en cuanto es afectado por otra idea de una cosa singular ( por la Proposición 9 de esta parte ). Ahora bien, el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las causas ( por la Proposición 7 de esta parte ); luego esta idea o conocimiento del alma se sigue en Dios, y se refiere a Dios, del mismo modo que la idea o conocimiento del cuerpo. Q.E.D.


PROPOSICIÓN XXI

Esta idea del alma está unida al alma de la misma manera que el alma está unida al cuerpo.

Demostración: Hemos mostrado que el alma está unida al cuerpo a partir del hecho de que el cuerpo es el objeto del alma ( ver la Proposición 12 y 13 de esta parte ); y así, por esta misma razón, la idea del alma debe estar unida a su objeto, esto es, al alma misma, de la misma manera que el alma está unida al cuerpo. Q.E.D.

Escolio: Esta Proposición se entiende mucho más clara mente por lo dicho en el Escolio de la Proposición 7 de esta parte ; allí hemos mostrado, en efecto, que la idea del cuerpo y el cuerpo, esto es ( por la Proposición 13 de esta parte), el alma y el cuerpo, son un solo y mismo individuo, al que se concibe, ya bajo el atributo del Pensamiento, ya bajo el atributo de la Extensión; por lo cual, la idea del alma y el alma misma son una sola y misma cosa, concebida bajo un solo y mismo atributo, a saber, el del Pensamiento. Digo, pues, que la idea del alma y el alma misma resultan darse en Dios, con la misma necesidad, a partir de la misma potencia del pensar. Pues, en realidad, la idea del alma —esto es, la idea de la idea— no es otra cosa que la forma de la idea, en cuanto ésta es considerada como un modo del pensar sin relación con su objeto. En efecto, en cuanto alguien sabe algo, sabe sin más que lo sabe, y sabe a la vez que sabe lo que sabe, y así hasta el infinito. Pero de esto hablaremos más adelante.

PROPOSICIÓN XXII

El alma humana percibe, no sólo las afecciones del cuerpo, sino también las ideas de esas afecciones.

Demostración: Las ideas de las ideas de las afecciones se siguen en Dios de la misma manera, y se refieren a Dios de la misma manera, que las ideas mismas de las afecciones; lo que se demuestra del mismo modo que la Proposición 20 de esta Parte. Ahora bien: las ideas de las afecciones del cuerpo se dan en el alma humana ( por la Proposición 12 de esta parte ), esto es, en Dios, en cuanto constituye la esencia del alma humana. Por consiguiente, las ideas de esas ideas se darán en Dios, en cuanto tiene conocimiento, o sea, idea del alma humana; esto es (por la Proposición 21 de esta Parte), se darán en el alma humana misma, que, por ello, no sólo percibe las afecciones del cuerpo, sino también las ideas de éstas. Q.E.D.


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