Como consideramos una cosa como singular.

PROPOSICIÓN L

Cualquier cosa puede ser, por accidente, causa de esperanza o de miedo.

Demostración: Esta Proposición se demuestra por la misma vía que la Proposición 15 de esta Parte, que debe verse junto con el Escolio 2 de la Proposición 18 de esta Parte.

Escolio: Las cosas que son por accidente causa de esperanza o de miedo se llaman buenos o malos presagios. Además, en cuanto esos presagios son causa de esperanza o miedo, en esa medida (por la definición de «esperanza» y de «miedo»: verla en el Escolio 2 de la de la Proposición 18 de esta Parte) son causa de alegría o de tristeza, y, consiguientemente (por el Corolario de la Proposición 15 de esta Parte), los amamos u odiamos, y (por la Proposición 28 de esta Parte) nos esforzamos por emplearlos como medios en orden a lo que esperamos, o por apartarlos como obstáculos o causas de miedo. Además, de la Proposición 25 de esta Parte se sigue que estamos constituidos, por naturaleza, de tal modo, que creemos fácilmente lo que esperamos, y difícilmente lo que tememos, y estimamos, respectivamente, en más o en menos de lo justo esas cosas. De ello han surgido las supersticiones, cuyo acoso sufren los hombres en todas partes. Por lo demás, no creo que valga la pena mostrar aquí las fluctuaciones que brotan de la esperanza y el miedo, toda vez que de la sola definición de esos afectos se sigue que no hay esperanza sin miedo ni miedo sin esperanza, y puesto que, además, en cuanto esperamos algo o le tenemos miedo, en esa medida lo ama­mos u odiamos, y, de esta suerte, todo cuanto hemos dicho acerca del amor y el odio podrá aplicarlo cada cual fácilmente a la esperanza y el miedo.

PROPOSICIÓN LI

Hombres distintos pueden ser afectados de distintas mane­ras por un solo y mismo objeto, y un solo y mismo hombre puede, en tiempos distintos, ser afectado de distintas maneras por un solo y mismo objeto.

Demostración: El cuerpo humano (por el Postulado 3 de la Parte II) es afectado por los cuerpos exteriores de muchísimas maneras. Así pues, dos hombres pueden ser afectados al mismo tiempo de diversos modos, y, por tanto (por el Axioma 1 de la parte II), pueden ser afectados de diversos modos por un solo y mismo objeto. Además, el cuerpo humano puede ser afectado de esta o de aquella manera, y, consiguientemente, puede, en tiempos distintos, ser afectado de distintas maneras por un solo y mismo objeto. Q.E.D.

Escolio: Vemos, pues, que puede ocurrir que lo que uno ama, otro lo odie; que uno tenga miedo a una cosa y otro no; que el mismo hombre ame ahora lo que antes ha odiado, y que se atreva ahora a lo que antes temía, etc. Además, como cada cual juzga según su afecto lo que es bueno o malo, mejor o peor (ver el Escolio de la Proposición 39 de esta Parte), se sigue que los hombres pueden diferir tanto por el juicio como por el afecto, y de aquí proviene que, cuando comparamos unos con otros, los distinguimos por la sola diferencia de los afectos, y llamamos a unos intrépidos, a otros tímidos y a otros con otro nombre. Por ejemplo, llamaré «intrépido» a quien desprecia el mal que yo suelo temer, y si, además, reparo en que su deseo de hacer mal al que odia y bien al que ama no es reprimido por el temor de un mal que a mí suele contenerme, lo llamaré «audaz». Me parecerá «tímido» quien teme un mal que yo suelo despreciar, y si, además, reparo en que su deseo es reprimido por el temor de un mal que a mí no puede contenerme, diré que es «pusilánime», y así juzgará cada uno. A causa de esta naturaleza del hombre, y de la inconstancia de su juicio, como también porque el hombre juzga a menudo acerca de las cosas por el solo afecto, y porque las cosas que cree hacer con vistas a la alegría o la tristeza, esforzándose por ello (por la Proposición 28 de esta Parte) en promoverlas o rechazarlas, no son a menudo sino imaginarias, por todo eso —digo— concebimos fácilmente que el hombre puede ser a menudo causa de su tristeza o de su alegría o sea, concebi­mos que esté afectado tanto de alegría como de tristeza, acompañadas, como su causa, por la idea de sí mismo. Y, por tanto, entendemos con facilidad qué es el arrepentimiento y qué es el contento de sí mismo. A saber: el arrepentimiento es una tristeza acompañada de la idea de sí mismo como causa, y el contento de sí mismo es una alegría acompañada de la idea de sí mismo como causa, y estos afectos son muy vehementes porque los hombres creen ser libres (ver Proposición 49 de esta Parte).

PROPOSICIÓN LII

Si hemos visto un objeto junto con otros, o si imaginamos que no tiene nada que no sea común a otros muchos objetos, no lo consideraremos tanto tiempo como al que imaginamos que tiene algo singular.

Demostración: Tan pronto como imaginamos un objeto que hemos visto junto con otros, nos acordamos también de esos otros (por la Proposición 18 de la Parte II; ver también su Escolio), y así, de la consideración de uno pasamos al punto a la consideración de otro. Y esta misma es la situación del objeto que imaginamos no tiene nada que no sea común a otros muchos, pues suponemos, al imaginarlo así, que no consideramos en él nada que no hayamos visto antes en los otros. Pero cuando suponemos que imaginamos en algún objeto algo singular que no hemos visto nunca antes, no decimos sino que el alma, mientras considera ese objeto, no tiene en sí ningún otro a cuya consideración pueda pasar en virtud de la consideración del primero, y así, es determinada a considerar éste solo. Luego, si hemos visto un objeto, etc. Q.E.D.

Escolio: Esta afección del alma, o sea, esta imaginación de una cosa singular, en cuanto se encuentra sola en el alma, se llama asombro, y si es provocado por un objeto que tememos, se llama consternación, pues el asombro ante un mal tiene al hombre suspenso de tal manera en su sola contemplación, que no es capaz de pensar en otras cosas con las que podría evitar ese mal. Si lo que nos asombra es la prudencia de un hombre, su industria o algo de este género, el asombro se llama entonces veneración, pues pensamos que, en virtud de eso que admiramos, ese hombre nos supera en mucho; por el contra­rio, se llama horror, si nos asombramos de la ira, la envidia, etc., de un hombre. Además, si admiramos la prudencia, industria, etc., de un hombre a quien amamos, por ello mismo nuestro amor será mayor (por la Proposición 12 de esta Parte), y a este amor, unido al asombro o a la veneración, lo llamamos devoción. Y de esta misma manera podemos también concebir el odio, la esperanza, la seguridad y otros afectos unidos al asombro; y así podremos deducir muchos más afectos de los que suelen indicarse con los vocablos comúnmente admiti­dos. Lo que prueba que los nombres de los afectos han sido inventados más bien según su uso vulgar que según su cuidadoso conocimiento.

Al asombro se opone el desprecio, cuya causa es general­mente ésta: por el hecho de que vemos que alguien se asombra de una cosa, la ama, le tiene miedo, etc., o bien por el hecho de que una cosa parece a primera vista semejante a aquellas de que nos asombramos, que amamos o a que tenemos miedo (por la Proposición 15, con su Corolario, y la Proposición 27 de esta Parte), somos determinados a asombrarnos de esa cosa, a amarla, a tenerle miedo, etc. Pero si, en virtud de la presencia de la cosa misma, o a causa de una más cuidadosa considera­ción, nos vemos obligados a negar de ella todo lo que puede ser causa de asombro, amor, miedo, etc., entonces el alma queda determinada, por la mera presencia de la cosa, a pensar más bien en lo que no hay en el objeto que en lo que hay en él; siendo así que, muy al contrario, ante la presencia de un objeto suele normalmente pensarse, sobre todo, en lo que hay en él. Así como la devoción brota del asombro ante una cosa que amamos, la irrisión brota del desprecio por una cosa que odiamos o tememos, y el desdén surge del desprecio por la necedad, como la veneración del asombro ante la prudencia. Por último, podemos concebir, unidos al desprecio, el amor, la esperanza, la gloria y otros afectos, y, según eso, deducir a su vez otros afectos que tampoco solemos distinguir de los demás con vocablo alguno especial.

Krishnamurti y Krishnamurti .Comentario

Krishnamurti es el nombre de un gran predicador hinduista, realmente famoso por la excelencia mostrada en conferencias, recorriendo el mundo entero a fin de predicar la doctrina de la iluminación.

Si nace un niño en la India, esta enterado sin duda el máximo sacerdocio local, y adelantado incluso al evento del nacer le otorgan al feto su apellido, sucede en pocas ocasiones que los dioses y diosas indus se reúnen en comunión conforme al nacido, elevando su estatus hacia el escalón más alto de entre los humanos. 

Así, muy pocos son los que reciben de la gloria divina, el honor de ser llamado Krishnamurti, y sucedió que dos de ellos fueron contemporáneos.
El primero devolvió la ofrenda a su apellido, desarrollando sus virtudes espirituales y ofreciendo su apoyo al pueblo Hindú, a fin de que estos pudieran desarrollar sus dotes divinas. 

El segundo medito largamente durante su juventud, rodeado de grandes maestros instructores, observó una cultura antigua , falsificada, y quedando dolido de lo que no amaba, simplificó su nombre a solo U.G. Después replanteo su vida en EE.UU realizándose como empresario, se dice entonces, que los dioses dolidos le impregnaron de mal kharma , hasta que “Krishna” consiguió perderlo todo, vagabundeó por medio mundo, tirado por los rincones consiguió un pequeño trabajo y, conocer a una gran mujer, con la que vive actualmente. 

Con todo esto, dicen que logro vencer toda ambición humana, siendo recompensado con la “iluminación”. 


A continuación se recoge un extracto del libro: Krishnamurti U G - La Mente Es Un Mito. 

Pregunta: Todas las religiones han puesto el deseo de libertad, cielo, liberación, o Dios delante de todos los demás como algo que vale la pena perseguir. Pero si estas metas máximas no existen, como usted parece sugerir, serían, entonces, deseos inferiores, siendo falsos y de esa forma imposibles de satisfacer. Pero eso nos repele; nosotros insistimos en que algunos deseos, especialmente aquellos que ostensiblemente trascienden "la carne", son más divinos que otros. ¿Quisiera decir algo sobre esto? 

UG: A menos que esté libre del deseo más importante de todos, moksha, liberación, o auto-realización, usted será miserable. La meta máxima - que la sociedad puso delante nuestro - es la que tiene que irse. Hasta que esté libre de ese deseo, no podrá liberarse de ninguna de sus miserias. Suprimiendo esos deseos, no será libre. Esta realización es lo esencial, yendo como va al centro del problema. 

Es la sociedad la que ha puesto el deseo de libertad, el deseo de liberación, el deseo de Dios, el deseo de moksha - ese es el deseo del cual debe estar libre. Entonces todos esos otros deseos caen en su ritmo natural. Usted suprime esos deseos solo porque tiene miedo de que la sociedad lo castigue si actúa según ellos, o porque lo ve como "obstáculos" para su mayor deseo - la libertad. Si esto tuviera que pasarle, se encontraría en un estado primario sin que sea primitivo, y sin ninguna voluntad de su parte. Tan solo sucede. Ese hombre libre no estará en conflicto con la sociedad nunca más. No es antisocial, no está en guerra con el mundo; él ve que no podría ser diferente. No quiere cambiar la sociedad en absoluto; la demanda de cambiar ha cesado. 

Cualquier cosa que haga en cualquier dirección es violencia. Cualquier esfuerzo es violencia. Cualquier cosa que usted haga con el pensamiento para crear un estado de paz en la mente está usando la fuerza y entonces, es violencia. El yoga, las meditaciones, las plegarias, los mantras, son todas técnicas violentas. 

El organismo viviente es muy pacífico; usted no tiene que hacer nada. Al funcionamiento pacífico del cuerpo no le interesan un comino vuestros éxtasis, beatitudes, y estados de dicha. El hombre abandonó la inteligencia natural del cuerpo. 

Por eso digo - esa es mi canción trágica - que el día en que el hombre experimentó esa conciencia que lo hizo sentirse separado y superior a los otros animales, en ese momento comenzó a sembrar las semillas de su propia destrucción. Esta retorcida visión de la vida está empujando lentamente a todo el pensamiento hacia la total aniquilación. No hay nada que ustedes puedan hacer para detenerlo. 

No soy un alarmista. No tengo miedo, no estoy interesado en salvar el mundo. La humanidad está condenada de todas formas. 

Todo lo que digo es que la paz que están buscando ya está dentro de ustedes, en el funcionamiento armonioso del cuerpo.

Nadie puede ser feliz, si al mismo tiempo no existe en acto.

PROPOSICIÓN XIX

Cada cual apetece o aborrece necesariamente, en virtud de las leyes de su naturaleza, lo que juzga bueno o malo.

Demostración: El conocimiento del bien y del mal es (por la Proposición 8 de esta Parte) el afecto mismo de la alegría o de la tristeza, en cuanto que somos conscientes de él, y, por ende (por la Proposición 28 de la Parte III), cada cual apetece necesariamente lo que juzga bueno, y, al contrario, aborrece necesariamente lo que juzga malo. Ahora bien, este apetito no es otra cosa que la esencia o naturaleza misma del hombre (por la definición del apetito; verla en el Escolio de la Proposición 9 de la Parte III, y la Definición 1 de los afectos). Por consiguiente, cada cual apetece o aborrece necesariamente, en virtud de las solas leyes de su naturaleza, etc. Q.E.D.

PROPOSICIÓN XX

Cuanto más se esfuerza cada cual en buscar su utilidad, esto es, en conservar su ser, y cuanto más lo consigue, tanto más dotado de virtud está; y al contrario, en tanto que descuida la conservación de su utilidad -esto es, de su ser—, en esa medida es impotente.

Demostración: La virtud es la potencia humana misma, que se define por la sola esencia del hombre (por la Definición 8 de esta Parte), esto es (por la Proposición 7 de la Parte III), que se define por el solo esfuerzo que el hombre realiza por perseve­rar en su ser. Luego, cuanto más se esfuerza cada cual por conservar su ser, y cuanto más lo consigue, tanto más dotado de virtud está, y, consiguientemente (por las Proposiciones 4 y 6 de la Parte III), alguien es impotente en la medida en que descuida la conservación de su ser. Q.E.D.

Escolio: Así pues, nadie deja de apetecer su utilidad, o sea, la conservación de su ser, como no sea vencido por causas exteriores y contrarias a su naturaleza. Y así, nadie tiene aversión a los alimentos, ni se da muerte, en virtud de la necesidad de su naturaleza, sino compelido por causas exte­riores; ello puede suceder de muchas maneras: uno se da muerte obligado por otro, que le desvía la mano en la que lleva casualmente una espada, forzándole a dirigir el arma contra su corazón; otro, obligado por el mandato de un tirano a abrirse las venas, como Séneca, esto es, deseando evitar un mal mayor por medio de otro menor; otro, en fin, porque causas exteriores ocultas disponen su imaginación y afectan su cuerpo de tal modo que éste se reviste de una nueva naturale­za, contraria a la que antes tenía, y cuya idea no puede darse en el alma (por la Proposición 10 de la Parte III). Pero que el hombre se esfuerce, por la necesidad de su naturaleza, en no existir, o en cambiar su forma por otra, es tan imposible como que de la nada se produzca algo, según todo el mundo puede ver a poco que medite.

PROPOSICIÓN XXI

Nadie puede desear ser feliz, obrar bien y vivir bien, si no desea al mismo tiempo ser, obrar y vivir, esto es, existir en acto.

Demostración: La demostración de esta Proposición, o más bien la materia misma de ella, es evidente de por sí, y también en virtud de la definición del deseo. El deseo, en efecto (por la Definición 1 de los afectos), de vivir felizmente, o sea, de vivir y obrar bien, etc., es la esencia misma del hombre, es decir (por la Proposición 7 de la Parte III), el esfuerzo que cada uno realiza por conservar su ser. Por consiguiente, nadie puede desear, etc. Q.E.D.

Cual es el sentido de la vida. Calvin and Hobbes.



Cual es el sentido de la vida, se pregunta Calvin, ¿Por que hemos venido a llegar aquí?, y es que ¿tengo una misión como representante de la raza humana? que se supone debo hacer.

Especialmente entretenidos son los capítulos de Calvin y Hobbes, en una opinión general, diría que Calvin ha entrado ya en ese periodo propicio para la estupidez, en el que se deja de ser niño y te conviertes en un basurero simbólico.Cuando observas una montaña de responsabilidad, en un mundo extraño que no entiendes, y preguntas a tus más profundos instintos de niño ¿que ocurre?, puede ocurrir que te asustes de ti mismo, pues como se ve, la naturaleza animal no reflexiona mucho.Esta hecha para actuar.

Si el pensamiento, imagina su impotencia se entristece.

PROPOSICIÓN LIII

Cuando el alma se considera a sí misma y considera su potencia de obrar, se alegra, y tanto más cuanto con mayor distinción se imagina a sí misma e imagina su potencia de obrar.

Demostración: el hombre no se conoce a sí mismo sino a través de las afecciones de su cuerpo y las ideas de éstas (por las Proposiciones 19 y 23 de la Parte II). Luego, cuando sucede que el alma puede considerarse a sí misma, se supone inmedia­tamente que pasa a una perfección mayor, esto es (por el Escolio de la Proposición 11 de esta Parte), se supone que es afectada de alegría, y tanto mayor cuanto con mayor distinción puede imaginarse a sí misma e imaginar su potencia de obrar. Q.E.D.

Corolario: Esta alegría es tanto más alentada cuanto más alabado por los otros se imagina el hombre. Pues cuanto más se imagina alabado por los otros, de tanto mayor alegría imagina que los afecta, alegría acompañada por la idea de sí mismo (por el Escolio de la Proposición 29 de esta Parte), y así (por la Proposición 27 de esta Parte) él resulta afectado por una alegría mayor, acompañada por la idea de sí mis­mo. Q.E.D.

PROPOSICIÓN LIV

El alma se esfuerza en imaginar sólo aquello que afirma su potencia de obrar.

 Stig Eklund
Demostración: El esfuerzo o potencia del alma es la esencia misma de ese alma (por la Proposición 7 de esta Parte), pero la esencia del alma (como es notorio por sí) afirma sólo aquello que el alma es y puede, y no aquello que no es y no puede; por consiguiente, el alma se esfuerza en imaginar sólo aquello que afirma su potencia de obrar. Q.E.D.

PROPOSICIÓN LV

Cuando el alma imagina su impotencia, se entristece.

Demostración: La esencia del alma afirma sólo aquello que el alma es y puede, o sea: es propio de la naturaleza del alma imaginar solamente lo que afirma su potencia de obrar (por la Proposición anterior). Así pues, cuando decimos que el alma, al considerarse a sí misma, imagina su impotencia, no decimos sino que, al esforzarse el alma por imaginar algo que afirma su potencia de obrar, ese esfuerzo suyo resulta reprimido, o sea (por el Escolio de la Proposición 11 de esta Parte), que se entristece. Q.E.D.

Corolario: Esta tristeza es tanto más alentada en la medida en que el alma imagina ser vituperada por otros, lo cual se demuestra del mismo modo que el Corolario de la Proposición 53 de esta Parte (arriba).

Escolio: Esa tristeza acompañada de la idea de nuestra debilidad se llama humildad; y la alegría que surge de la consideración de nosotros mismos se llama amor propio o contento de sí mismo. Y como esta alegría se renueva cuantas veces considera el hombre sus virtudes, o sea, su potencia de obrar, de ello resulta que cada cual se apresura a narrar sus gestas, y a hacer ostentación de las fuerzas de su cuerpo y de su ánimo, y por esta causa los hombres son mutuamente enfado­sos. De ello se sigue también que los hombres sean por naturaleza envidiosos (ver el Escolio de la Proposición 24 y el Escolio de la Proposición 32 de esta Parte), o sea, que se complazcan en la debilidad de sus iguales, y, al contrario, se entristezcan a causa de su virtud. Pues cada vez que uno imagina sus propias acciones, es afectado de alegría, y tanto mayor, cuanto mayor perfección piensa que expresan esas acciones, y cuanto más distintamente las imagina, es decir (por lo dicho en el Escolio 1 de la Proposición 40 de la, Parte II), cuanto más pueda distinguirlas de las otras y considerarlas como cosas singula­res. Por ello, cada cual, al considerarse a sí mismo, obtendrá la máxima complacencia cuando advierta en sí mismo algo que niega de los demás. Pero si refiere aquello que afirma de sí mismo a la idea universal de «hombre» o «animal», no se complacerá tanto, y, desde luego, se entristecerá si imagina que sus acciones, comparadas con las acciones de otros, son más débiles, cuya tristeza (por la Proposición 28 de esta Parte) se esforzará en rechazar, interpretando torcidamente las acciones de sus iguales, o adornando las suyas todo lo que pueda. Está claro, pues, que los hombres son por naturaleza proclives al odio y la envidia, y a ello contribuye la educación misma. Pues los padres suelen incitar a los hijos a la virtud con el solo estímulo del honor y la envidia. Acaso quede algún motivo de duda, pues no es raro que admiremos las virtudes de los hombres y los veneremos. Para apartar esa posibilidad de duda, añadiré el siguiente Corolario.

Corolario: Nadie envidia por su virtud a alguien que no sea su igual.

Demostración: La envidia es el odio mismo (ver el Escolio de la Proposición 24 de esta Parte), o sea, una tristeza, esto es (por el Escolio de la Proposición 11 de esta Parte), una afección que reprime el esfuerzo del hombre, o sea, su potencia de obrar. Ahora bien, el hombre (por el Escolio de la Proposición 9 de esta Parte) no se esfuerza en hacer ni desea hacer sino lo que puede seguirse de su naturaleza tal como está dada; luego el hombre no deseará predicar de sí mismo ninguna potencia de obrar o, lo que es lo mismo, ninguna virtud, que sea propia de la naturaleza de otro y ajena a la suya, y, por tanto, su deseo no puede ser reprimido, esto es, no puede entristecerse, por el hecho de reconocer alguna virtud en otro que sea distinto a él, y, por consiguiente, tampoco puede envidiarlo. Pero sí envidiará a su igual, cuya naturaleza supone ser la misma que la suya. Q.E.D.

Escolio: Así pues, cuando hemos dicho más arriba, en el Escolio de la Proposición 52 de esta Parte, que nosotros veneramos a un hombre porque nos asombramos de su prudencia, su fuerza, etc., ello sucede (como es evidente por la misma Proposición) porque imaginamos que dichas virtudes están en él de un modo singular, y no como algo común a nuestra naturaleza, y, por ello, no se las envidiaremos más de lo que envidiamos a los árboles su altura, a los leones su fuerza, etc.

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Comentario - la niña repelente.

En este comentario, paso sobre un vídeo en clave de humor, colgado hace algunas semanas, titulado La niña repelente.

Con esto, antes de comenzar el comentario, quiero resaltar lo grandioso del humor en algunas experiencias, ya que: surge como inteligencia instantánea,que puede ser feliz o triste y es gestado en segundos, rechaza el razonamiento y lo supera, es natural, nunca miente.

La función de este comentario humorístico no es otra que la de intentar descifrar el código de activación de la carcajada, cosa algo interesante, a veces aburrida e incluso puede llegar a ser peligrosa, puesto que descifrar lo que te hace reír, posiblemente limite tu animo risueño.


Así que, conforme al desarrollo del comentario, se pasa de un análisis imaginativo, a pura coña imaginativa, regateando a la impresión del estimulo inicial, y así sacarle mas chispa a la cosa....

De tanto en cuando nace una niña, inteligente, valiente, encaminada al acto (algo que la convierte en objeto de deseo), que aparece como un ser preocupadísimo por su condición de reina, como tal, ella ejerce su inteligencia y su razocinio en todo momento, y no quedando en ello, que sería ya mucho, no pierde un segundo en llevarlo a cabo. 


No dejándose influir por tristes simbolismos que ella observa artificiales, realiza su poder de ingeniar travesuras, con la libertad suprema de una Diosa.

Juzga torpe, desgraciado, e inútil a cuanto ser la convenza de ello.Y ejerciendo su continua bondad, esta señorita no calla en realizarse a si misma, al transmitir tales impresiones de forma bella y descarada.
 

Mucha responsabilidad tiene en casa, papa no sabe, no quiere saber, ni entender como hacer algo, mientras mama ya no puede. Es ella la que realiza, absorve causas, juzga y juega para conseguir más de lo que hay.
 

Para cuando se excite, su imagen varonil le mostrará dos encrucijadas: rebajará sus instintos excitatórios a la imagen paterna, eligiendo a un novio "maceta", de esos dóciles, que cumplen su deseo de reina, o en cambio responderá hacia su lado más carnal, en el que la búsqueda de algo superior le nuble la vista.

Funciones del blog - decir mentiras.

Este espacio pretende ser una búsqueda continua de alegría, pretende experimentar el goce próximo a un aumento de dominio, y conseguir un uso más plural de la voluntad de poder. 

En este sentido, trae sin cuidado la importancia de lo que se dice, observando a esta como resultado de una variable estadística o como una medida social sobre mayor o menor conveniencia, con lo cual, en este marco individual, las cosas importantes carecen de valor.
Mientras realizas composiciones, tratas de unir símbolos, y lo importante aquí, reside en lo ilógico de la unión, normalmente, mientras más separados se encuentren dos puntos ideológicos, más bello el encuentro entre ambos, conforme a un efecto poético, de afirmar lo inimaginable.
El objeto como proceso alegre, se encuentra en la búsqueda de como otorgar a la potencia amplitud de acto, en la facilidad para hallar una posición física concreta, en un objeto más grande. Ahí reside el goce, de esta alegría.
La mentira, elevada como lo esta, a nivel de meditación, es una pieza importante del juego simbólico, la astucia de afirmar mentiras mediante pequeñas verdades, en la búsqueda de intensidades.
Como escritos de cualquier persona en un diario impersonal, realizar este diario no es cosa de mirar al pasado, lo que ha ocurrido este día, o hace un mes no es muy valioso. La búsqueda de lo no pensado, es dar paso a nuevas formas, en mentiras con derecho a la vida y a la reflexión, esa es la labor. Una búsqueda individual contra los símbolos, siempre individual, sin ningún partidismo religioso o político, asegurándose de que todo lo pensado es propio, el convencerse de la propia existencia fuera de todo grupo, es la mayor alegría.
Por un lado posee un carácter personal, puesto que las impresiones rescatadas en este espacio, fueron producidas en un cuerpo, asistido por un ánimo especifico y en un momento temporal concreto. En cambio, la función activa/transformadora de este blog, reside en su carácter impersonal, es decir, en la capacidad para olvidar todo, menos el encuentro, menos el pico de intensidad.
Aumentar la potencia de tu acto diría Spinoza, o dominar la voluntad de poder según Nietzsche.

Para terminar, recuerdo lo mentirosos que somos en esta página, creo que en todo este texto no hay ni una verdad.

El mandil de carolina. Radio Tarifa




el mandil de Carolina
tiene un lagarto pintado
cuando Carolina baila
el lagarto menea el rabo
bailaches Carolina
baile si señor
dime con quien bailaches
baile con miño amor

el zapato pide media
la media pide zapato
una muchachita guapa
también pide un chaval guapo
bailaches Carolina
baile si señor
dime con quien bailaches
baile con miño amor

el jilguero cando canta
mete rabo entre jilgueira
yo también lo metería
en una chica soltera
bailaches Carolina
baile si señor
dime con quien bailaches
baile con miño amor

el señor cura no baila
porque tiene una corona
baile señor cura baile
que Dios todo lo perdona
bailaches Carolina
baile si señor
dime con quien bailaches
baile con miño amor


Y así gozo en vida.