Definición de frustración. Spinoza.

XXXII. — La frustración es un deseo o apetito de poseer una cosa, alentado por el recuerdo de esa cosa, y a la vez reprimido por el recuerdo de otras que excluyen la existencia de la cosa apetecida.

EXPLICACIÓN: Cuando nos acordamos de una cosa —como ya hemos dicho a menudo—, por ello mismo nos disponemos a considerarla con el mismo afecto que si estuviera presente; pero esta disposición o esfuerzo es inhibido, por lo general, durante la vigilia, por imágenes de las cosas que excluyen la existencia de aquella que recordamos. Así pues, cuando nos acordamos de una cosa que nos ha afectado con algún género de alegría, por ello mismo nos esforzamos en considerarla, afectados de igual alegría, como presente; esfuerzo que es inhibido inmediatamente por el recuerdo de las cosas que excluyen la existencia de esa otra. Por lo cual, la frustración es realmente una tristeza que se opone a esa alegría que surge de la ausencia de la cosa que odiamos; ver, sobre este tema, el Escolio de la Proposición 47 de esta Parte. Ahora bien, como la palabra «frustración» parece referirse a un deseo, incluyo por ello este afecto entre los que se remiten al deseo.

El acontecimiento en los estoicos y Platon

La nueva dualidad entre cuerpos o estados de cosas y los efectos o acontecimientos incorporales entraña una conmoción de la filosofía. Por ejemplo, en Aristóteles, todas las categorías se dicen en función del Ser; y la diferencia pasa en el ser entre la sustancia como sentido primero y las demás categorías que se le remiten como accidentes. Para los estoicos, al contrario, los estados de cosas, cantidades y cualidades, no son menos seres (o cuerpos) que la sustancia; forman parte de la sustancia; y en esa medida se oponen a un extra-ser que constituye lo incorporal como entidad no existente. El término más alto no es pues el Ser, sino alguna cosa, aliquid, en tanto subsume al ser y al no-ser, las existencias y las insistencias. Pero, además, los estoicos llevan a cabo la primera gran  inversión del platonismo, la inversión radical. Porque si los cuerpos, con sus estados, cualidades y cantidades, asumen todos los caracteres de la sustancia y de la causa, a la inversa los caracteres de la Idea caen del otro lado, en este extra-ser impasible, estéril, ineficaz, en la superficie de las cosas: lo ideal, lo incorporal no puede ser más que un «efecto».

La consecuencia tiene una importancia extrema. Porque, en Platón, se mantenía un oscuro debate en la profundidad de las cosas, en la profundidad de la tierra, entre lo que se sometía a la acción de la Idea lo que se hurtaba a esta acción (las copias y los simulacros). Resuena un exo de este debate cuando Sócrates pregunta: ¿Existe Idea de todo, incluso del pelo, de la mugre y del lodo, o bien hay algo que, siempre y obstinadamente, esquiva a la Idea? Pero, en Platón, este algo nunca estaba lo suficientemente hundido, reprimido, repelido en la profundidad de los cuerpos, ahogado en el océano. Y he aquí que ahora todo sube a la superficie. Es el resultado de la operación estoica: lo ilimitado sube. El devenir-loco, el devenir-ilimitado ya no es un fondo que gruñe, sube a la superficie de las cosas y se vuelve impasible. Ya no se trata de simulacros que se sustraen al fondo y se insinúan por doquier, sino de efectos que se manifiestan y juegan en su lugar. Efectos en el sentido causal, pero también «efectos» sonoros, ópticos o de lenguaje; o menos aún, o mucho más, en tanto ya no tiene nada de corporal y son ahora toda la idea... Lo que se sustraía a la Idea ha subido a la superficie, límite incorporal, y representa ahora toda la idealidad posible, destituida ahora de su eficacia causal y espiritual.

Los estoicos han descubierto los efectos de superficie. Los simulacros dejan de ser estos rebeldes subterráneos, hacen valer sus efectos (lo que se podría llamar «fantasmas», independientemente de la terminología estoica). Lo más oculto se ha vuelto lo más manifiesto, toas la viejas paradojas del devenir deben recobrar el rostro en una nueva juventud: transmutación.

El devenir-ilimitado se vuelve el acontecimiento mismo, ideal, incorporal, con todos los trastocamientos que le son propios, del futuro y el pasado, de lo activo y lo pasivo, de la causa y el efecto. El futuro y el pasado, el más y el menos, lo excesivo y lo insuficiente, el ya y el aún-no: pues el acontecimiento infinitamente divisible es siempre los dos a la vez, eternamente lo que acaba de pasar y lo que va a pasar pero nunca lo que pasa (cortar demasiado profundamente y no lo suficiente). Lo activo y lo pasivo: pues el acontecimiento, al ser impasible, los cambia tanto más cuanto que no es lo uno ni lo otro, sino su resultado común (cortar-ser cortado). La causa y el efecto: pues los acontecimientos, al no ser sino efectos, pueden, los unos con los otros, entrar mucho mejor en funciones de casicausas o en relaciones de casi-causalidad siempre reversibles (la herida y la cicatriz).

Definiciones de gloria y vergüenza. Spinoza

XXX. —La gloria es una alegría, acompañada por la idea de una acción nuestra que imaginamos alabada por los demás.

XXXI. —La vergüenza es una tristeza, acompañada por la idea de alguna acción que imaginamos vituperada por los demás.

EXPLICACIÓN: Acerca de esto, ver el Escolio de la Proposi­ción 30 de esta Parte. Pero debe notarse aquí la diferencia que hay entre la vergüenza y el pudor. La vergüenza es, en efecto, una tristeza que sigue a la acción de la que uno se avergüenza. En cambio, el pudor es un miedo o temor a la vergüenza, en cuya virtud el hombre se abstiene de cometer algo vergonzo­so. Al pudor suele oponérsele la impudicia, que no es realmente un afecto, como mostraré en su lugar, pero (como ya he advertido) las denominaciones de los afectos corresponden más bien al uso de aquéllas que a la naturaleza de éstos.

El concepto es una maquina de pensamiento.

Contraste entre la medicina antigua y moderna: Un médico antiguo examina a un paciente con una lupa en un entorno oscuro, mientras un doctor moderno utiliza tecnología avanzada de diagnóstico por imágenes en una clínica bien iluminada, simbolizando la evolución de la visibilidad en el diagnóstico médico desde la observación superficial a la exploración tridimensional.



No es que toda máquina sea óptica, sino que toda máquina es un ensamblaje de órganos y de funciones que permite ver algo, que saca a la luz y pone en evidencia.

El nacimiento de la clínica podía subtitularse «arqueología de la mirada» en la medida en que cada formación médicohistórica modulaba una luz primordial y constituía un espacio de visibilidad de la enfermedad, poniendo de relieve los síntomas, unas veces como la clínica, desplegándolos en capas de dos dimensiones, otras como la anatomía patológica, replegándolos según una tercera dimensión que devuelve al ojo la profundidad y al mal un volumen (la enfermedad como «autopsia» de lo vivo).

Personas normales y personas humanas. ¿cómo podemos ser?

Escrito realizado con un alto grado de atención en los puntos de la mecánica de amistad.

Un murmullo social dicta que:

Las personas buscan relacionarse con gente normal.
Las personas dedican tiempo en asignar un orden y estructura a sus impresiones.
Las personas realizan una clasificación que concuerda con este orden y estructura.

Así, he oido que esto es lo que se entiende por persona normal y en este escrito tengo el interés de agrandar estas impresiones para hacerlas más comunes.

Una impresión de Deleuze sirve para comenzar, si diferenciamos entre quienes buscan el concepto en la palabra y quienes buscan un significado tras el significante, podríamos decir que en este contexto las personas "normales" actúan como sujetos incapaces de pretender la impresión, o de crear el concepto, es decir, no conocen la palabra como un enlace a un afecto, sino como un significante que remite a un significado sociocultural. Por esto estas personas observan en otras (que no utilizan significantes) a individuos no-normales, es claro si nos ponemos a imaginar un individuo acostumbrado a catalogar significantes, en el momento que no encuentre donde encaja alguna cosa, esta irremediablemente es "rara", la cosa rara de la que no se sabe, la no-normal.

Por contra estas personas no-normales se entienden a si mismas no como raras, sino como humanas. Este tipo de personas se encuentran interesadas en la búsqueda de afectos. Aquí al recibir palabras y signos estas buscan la pasión que la contiene, que la gobierna. Este tipo de personas (en un contexto diferente) podrían definirse como; "las portadoras de la potencia de amistad", aunque no se trata aquí de ampliar el concepto de amistad, se trata de definir a un tipo de persona. Entonces, las personas que encajan en esta definición utilizan el deseo en dirección al afecto -algo pasa en este modo de pensamiento que salta a la vista por su simplicidad- ¿porqué este tipo de persona no clasifica?. ¿Y cómo consigue comunicarse?.

Como decimos que al encontrar un afecto se pretenderá a la misma vez la definición de este (Punto 4), diremos que al encontrar la definición hallaremos la herramienta necesaria para la comunicación. Y ahora si, podemos decir que este tipo de personas se comunican utilizando definiciones comunes (Punto 6) y que hacen amigos con cierta facilidad.

Como en ambas definiciones de persona ejerce su influencia el efecto de rareza, la rareza aquí media entre la clasificación o la conceptualización:
Si el efecto de rareza pertenece aquí a una clasificación, se procederá a continuación a la búsqueda de un rango o grupo de referencia –esto es algo muy general- y ya que las clases están ordenadas bien podríamos abrir un manual de patología clínica y encuadrar un comportamiento con una clase o demencia. ¿Qué tipo de signos nos aclaran el trastorno de esta persona? ¿cuál es el nombre patológico para este individuo? Así se hace, ahora se procede a la asignación del nombre, teniendo en cuenta cada signo y cada alteración que se escapa de la media, después se corrige este, o al menos se intenta. La pregunta es: ¿así que conseguimos? ¿dirías que se consigue el beneficio para el sujeto?; más bien se consigue aquí la puesta a salvo del modo correcto, la forma normal, la ideal sale ganando.


El grito no enunciable sería: ¡¡Clasifíquense y pónganse a salvo!!!.

En contra, cuando el efecto de rareza pertenece a la conceptualización se procede a la búsqueda de un modo de ver, aquí es la visión quien se altera, se siente curiosa, sabe que pueden existir afectos sin concepto más no es suficiente, esto avergüenza a la visión, se hace muy necesario encontrar el concepto ya que tiene la potencia de atravesar al afecto, de controlarlo, liberalo y utilizarlo a placer. No partir en su búsqueda sería afirmar la impotencia.


El grito no enunciable sería:  ¡¡Conceptualízense y háganse libres!!

Definición de abyección. Spinoza.

XXIX. —La abyección consiste en estimarse, por tristeza, en menos de lo justo.

EXPLICACIÓN: Sin embargo, solemos oponer a menudo la humildad a la soberbia, pero, al obrar así, atendemos más bien a los efectos de ambas que a su naturaleza. Solemos, en efecto, llamar «soberbio» a quien se gloría en exceso (ver Escolio de la Proposición 30 de esta Parte), a quien, cuando habla de sí mismo, menciona sólo virtudes, y sólo vicios cuando habla de los demás; quiere ser preferido a todos y, en fin, se presenta con la misma gravedad y atuendo que suelen usar otros que están muy por encima de él. Por contra, llamamos «humilde» a quien se ruboriza a menudo, confiesa sus vicios y habla de las virtudes de los demás, cede ante todos y, en fin, anda con la cabeza baja y descuida su atavío. Por lo demás, estos afectos —la humildad y la abyección— son rarísimos, pues la natura­leza humana, considerada en sí misma, se opone a ellos cuanto puede (ver Proposiciones 13 y 54 de esta Parte), y de esta suerte, quienes son reputados más abyectos y humildes, son por lo general los más ambiciosos y envidiosos.


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Definición de soberbia. Spinoza.

XXVIII.— La soberbia consiste en estimarse a uno mismo, por amor propio, en más de lo justo.

EXPLICACIÓN: La soberbia se diferencia, pues, de la sobreestimación, en que ésta se refiere a un objeto exterior, y la soberbia, en cambio, se refiere al hombre mismo que se estima en más de lo justo. Además, así como la sobreestimación es un efecto o propiedad del amor, así la soberbia es un efecto o propiedad del amor propio, el cual puede definirse, por ello, a su vez, como clamor de sí mismo, o el contento de sí mismo, en cuanto afecta al hombre de tal modo que se estima a sí mismo en más de lo justo (ver el Escolio de la Proposición 26 de esta Parte). Este afecto no tiene contrario, pues nadie se estima a sí mismo, por odio hacia sí mismo, en menos de lo justo; es más: nadie se estima a sí mismo en menos de lo justo por el hecho de imaginar que no puede esto o aquello. Pues el hombre imagina necesariamente todo cuanto imagina que no puede hacer, y esta imaginación lo conforma de tal manera que realmente no puede hacer lo que imagina que no puede. En tanto que imagina, en efecto, que no puede hacer tal o cual cosa, no se determina a hacerla y, consiguientemente, le es imposible hacerla. Ahora bien, si nos fijamos en lo que depende sólo de la opinión ajena, podremos concebir que se dé la posibilidad de que un hombre se estime en menos de lo justo: efectivamente, puede ocurrir que un hombre, al consi­derar tristemente su debilidad, imagine ser despreciado por todos, siendo así que a los demás ni se les ha ocurrido despreciarlo. Además, un hombre puede estimarse en menos de lo justo si niega de sí mismo, en el momento presente, algo que tiene relación con el tiempo futuro, que es incierto para él, como cuando niega que él pueda concebir nada con certeza, o que pueda desear, u obrar, nada que no sea malo o deshones­to, etc. Podemos decir, en fin, que alguien se estima en menos de lo justo cuando vemos que, por excesivo miedo a la vergüenza, no se atreve a hacer aquello a que se atreven otros iguales a él. Podemos, pues, oponer este afecto —que llamaré abyección— a la soberbia, pues así como del contento de sí mismo brota la soberbia, de la humildad nace la abyección, la cual, por ende, definimos como sigue. 


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Relato. El chico que se gustaba en hacer el mal.

Si la trama de poder no hubiera atravesado al chico no pasaría nada. Actuó con valentía, eso cuenta cuando no dominas la situación, cuando quiso darse cuenta había cambiado 30 cosas de sitio y llegó a casa con 10 victorias y 20 derrotas.

Que la ambición le haga saber lo que es el arte, por eso siempre pasa de la cultura, que importa si no soy culto, y ademas si lo hago mal y a mi que, si tengo clase y disfruto, a más placer más vida, más existencia.... Solo hurga en los problemas por violencia. Y hay veces que quiere un problema y más de una discusión por miedo a la inmovilidad. El decía; Maldito aburrimiento, dame algo que pueda destruirme!! Yo quiero la alegría y la tristeza, ser amigo y no tenerlos...

Actúa como si no supiera nada, si algo le acelera le gusta, y sufre con un placer que le atrapa en un entorno próximo a la trama de poder. Detesta de las cosas buenas y se esfuerza en no hacerlas, pero su bien trata de los afectos, de esta forma su bien acecha cuanto más amistad experimente hacia alguna cosa, este bien es automático, así resulta que suele hacer "el mal" solo por desconocimiento de "el bien". Ignora la norma y lo normal, esta le aburre...