Hesse, Hermann. Relato sobre la gran guerra.

Pintura de un país que pasa de un legado espiritual y humilde a un estado industrial poderoso, mostrando la lucha interna y el renacimiento a través de la introspección




EL IMPERIO (Diciembre de 1918)


Era un país grande y hermoso, aunque no rico precisamente; en él vivía un pueblo valiente, modesto, pero vigoroso y estaba contento con su suerte. La riqueza y la buena vida, la elegancia y la magnificencia no abundaban en verdad, y los ricos pueblos vecinos miraban a veces, no sin mofa o burlona compasión, al pueblo modesto que habitaba aquel gran país.
Sin embargo, en este pueblo poco afamado se daban bastante bien algunas cosas que no se pueden comprar con dinero y que, sin embargo, son bastante apreciadas por los hombres. Se daban tan bien que, con el tiempo, el pobre país, a pesar de su escaso poderío, fue famoso y apreciado. Allí prosperaban cosas como la música, la poesía y la ciencia del pensamiento, e igual que a un gran sabio, orador o poeta no se le pide que sea rico, elegante ni muy sociable y, sin embargo, se le honra en cierto modo, así hicieron los pueblos poderosos con este pobre y maravilloso país. Se encogieron de hombros ante su pobreza y su algo torpe y desmañada existencia en el mundo, pero hablaban con gusto y sin envidia de sus pensadores, poetas y músicos.
Y poco a poco, el país del pensamiento, aunque siguió siendo pobre y fue oprimido con frecuencia por sus vecinos, derramó sobre sus opresores y sobre todo el mundo un caudal continuo, sereno, fecundante, de calor e idealismo.

Pero había algo, una circunstancia antiquísima y sorprendente, por la que el pueblo no solo era escarnecido por los otros, sino que sufría y sentía pena: los numerosos y diversos renuevos de esta hermosa tierra no podían soportarse mutuamente desde tiempos antiguos. Continuamente se estaban suscitando querellas y rivalidades. Y aunque de cuando en cuando nacía la idea, y era expresada por los mejores hombres del pueblo, de que era necesario unirse y trabajar amistosamente y en común, surgía la sospecha de que uno de los muchos linajes, o su príncipe, se alzaría sobre los otros y llevaría la dirección, siendo esta la causa de que no se llegara a la unión.


La victoria sobre un príncipe extranjero o sobre un conquistador que hubiera oprimido duramente al país, parecía querer traer al fin esta unidad. Pero pronto volvían a pelearse; los pequeños príncipes se resistían a ello y los súbditos de estos príncipes habían recibido de ellos tantas gracias en forma de empleos, títulos y bandas policromas, que se sentían contentos en general y estaban poco dispuestos a cualquier novedad.


Entre tanto, el mundo sufrió aquella revolución, aquella notable mutación de personas y cosas, que se elevó como un fantasma o una enfermedad sobre el humo de la primera máquina de vapor y transformó la vida en todas partes. El mundo se llenó de trabajo y aplicación; la vida fue regida por las máquinas y espoleada hacia tareas siempre nuevas. Surgieron grandes naciones, y la parte del mundo que había inventado las máquinas se arrogó todavía más que antes el dominio del mundo, repartióse con los otros poderosos el resto de la Tierra, y el que no era fuerte se quedó sin nada.


También sobre el país del que estamos hablando pasó la oleada, pero su parte fue modesta, como correspondía a su papel. Los bienes de la Tierra fueron distribuidos una vez más, y el pobre país volvió a quedarse ayuno.


De pronto, todo tomó un nuevo rumbo. Las voces antiguas que pedían una unión de los linajes no habían enmudecido nunca. Un gran estadista, pictórico de fuerzas, surgió; una feliz y espléndida victoria sobre una gran nación fronteriza fortaleció y unió al país, cuyos troncos se fundieron y crearon un gran reino. El pobre país de soñadores, pensadores y músicos había despertado, era rico, era grande, estaba unido y avanzaba en su carrera con el mismo brío que sus viejos hermanos mayores. En el dilatado mundo ya no había mucho que pillar y heredar; en las remotas partes del mundo, la joven nación encontró ya echadas las suertes. Pero el espíritu de la máquina, que hasta entonces había vivido precariamente en este país, floreció asombrosamente. Toda la nación y el pueblo se transformaron rápidamente. Se hicieron grandes, ricos, poderosos y temidos. Se amontonaron riquezas y la nación se rodeó de una triple muralla de soldados, cañones y fortalezas. Pronto apareció en el pueblo vecino, al que el joven estado intranquilizaba, la desconfianza y el temor, y empezó también a levantar barreras y a aprestar sus cañones y barcos de guerra.


Sin embargo, esto no era lo peor. Había bastante dinero para pagar este enorme muro protector y nadie pensaba en una guerra; el país se preparaba ante cualquier eventualidad, además de que a los ricos les gusta ver una coraza de hierro en torno a su dinero.


Mucho peor era lo que sucedía dentro del joven reino. Este pueblo, que durante todo tiempo había sido medio escarnecido, medio venerado por el mundo, que había poseído tanto espíritu y tan poco dinero, este pueblo comprobó ahora que era linda cosa el dinero y el poder. Construyó y ahorró, fomentó el comercio y prestó dinero; nadie pedía hacerse rico con la rapidez deseada y quien tenía un molino o una fragua levantó una fábrica, y quien había tenido tres empleados, necesitó ahora diez o veinte, y muchos llegaron a tener pronto ciento y mil. Y cuanto más de prisa trabajaban todas aquellas manos y máquinas, tanto más rápidamente se amontonaba el dinero - solo en las arcas de aquellos que habían tenido habilidad para amontonarlo -. Pero los numerosos trabajadores no eran oficiales y colaboradores de un maestro, sino que caían pronto en la esclavitud.


Así sucedía también en los demás países, allí también se convirtió el taller en fábrica, el patrón en soberano, el trabajador en esclavo. Ningún país del mundo pudo sustraerse a este destino. Pero el joven reino tuvo la suerte de que este nuevo espíritu, el impulso que ahora sacudía al mundo, coincidiera con su nacimiento. No tenía ningún pasado tras sí, ninguna riqueza antigua; se lanzó a este tiempo nuevo y vertiginoso como un niño impaciente; tenía las manos llenas de trabajo y llenas de oro.


Es cierto que los monitores y advertidores dijeron al pueblo que iba descarriado. Recordaron los tiempos pasados, la fama tranquila e íntima del país, la misión espiritual que en otro tiempo le estaba encomendada, la noble y sólida corriente de pensamientos, de música y de poesía con que en otro tiempo inundara al mundo. Pero todos se rieron de estas advertencias, sumidos como estaban en las delicias de la joven riqueza. El mundo era redondo y giraba, y que los abuelos hubieran escrito poesías y teorías filosóficas estaba bastante bien, pero los nietos querían demostrar que en este país se podía y se sabía hacer también otras cosas. Y de esta manera martillaron y remacharon en sus mil fábricas nuevas máquinas, nuevos ferrocarriles, nuevas mercancías y nuevas armas y cañones en previsión de cualquier contingencia. Los ricos se apartaron del pueblo, los pobres trabajadores se vieron abandonados y no pensaron tampoco en su pueblo, del que eran parte, sino que se preocuparon y pensaron en sí solos. Y los ricos y los poderosos que habían fabricado los cañones y fusiles para emplearlos contra un enemigo exterior se alegraron de sus previsiones, pues ahora tenían enemigos internos que quizá fueran más peligrosos.


Todo esto vino a dar en la Gran Guerra, que asoló tan terriblemente al mundo durante años y entre cuyas ruinas vivimos aún, sordos por su estruendo, amargados por su desatino, enfermos por tantos torrentes de sangre que siguen corriendo a través de todos nuestros sueños.
Y la guerra hizo que aquella nación joven y floreciente, cuyos hijos habían ido a la lucha con .entusiasmo y hasta con orgullo, se derrumbara. Fue vencida, terriblemente vencida. Pero los vencedores, antes de hablar de paz, exigieron onerosos tributos al pueblo vencido. Y sucedió que durante días y días, mientras huía el ejército destrozado, los símbolos del poderío que hasta entonces había ostentado la nación salieron de ella en largos comboyes para ser entregados al enemigo victorioso. Maquinaria y dinero fluyeron en ríos caudalosos desde la patria vencida hasta las manos del enemigo.


Pero entre tanto, el pueblo vencido reflexionó en el instante de mayor necesidad. Había arrojado de sí a sus caudillos y príncipes y se había declarado mayor de edad. Había buscado remedio y había manifestado su voluntad de encontrarse a sí mismo en su desgracia, con sus propias fuerzas y con su propio espíritu.
Este pueblo, que ha llegado a su mayoría de edad a través de tan difíciles pruebas, no sabe hoy todavía adónde conduce su camino y quién ha de ser su guía y mentor.
Pero los cielos sí lo saben, y saben por qué han enviado sobre este pueblo y sobre todo el mundo el azote de la guerra.


Y en las tinieblas de estos días brilla un camino, el camino que debe seguir el pueblo desangrado.
No puede volver a ser niño. Nadie puede hacerlo. No puede devolver simplemente sus cañones, sus máquinas y su dinero y dedicarse otra vez a hacer poesías y a tocar sonatas en sus pequeñas y tranquilas ciudades. Pero debe hacer su camino, y deberá recorrerlo solitario, pues su vida le ha llevado a caer en graves faltas y en horribles tormentos. Puede recordar los caminos recorridos hasta el presente, puede recordar su origen e infancia, su engrandecimiento, su esplendor y su decadencia, y puede encontrar en el camino de estos recuerdos las fuerzas que le pertenecen esencialmente y que no pueden ser perdidas. Debe entrar dentro de sí, como dicen los creyentes. Y en sí, en lo más íntimo, encontrará su propio ser indestructible, y este ser no querrá sustraerse a su destino, sino aprobarlo y empezar de nuevo con sus virtudes mejores y más íntimas, recuperadas otra vez.


Y si esto es así, y si el pueblo humillado emprende el camino del destino con voluntad y decisión, podrá recuperar algo de lo que fue en otro tiempo. Volverá a fluir de él una corriente tranquila y continua que inundará el mundo, y los que hoy son todavía sus enemigos volverán a escuchar conmovidos el murmullo de esta corriente serena. 

Carisma, un post nuevo con palabras distintas.

Hay un concepto que me gusta, es poderoso, es fácilmente identificado pero difícil de poseer, este concepto responde al nombre de carisma.


Grandes actores de Hollywood se adjudican este apelativo, junto a buenos futbolistas, cosa que también comparten los políticos, miembros de la aristocracia, y no solo ellos, pues quien alguna vez pase por la frutería del mar en c/ mil flores captará rápidamente una muchacha repleta de esto mismo, su nombre es Pili.


El carisma sale a la luz en el momento que un plano se desliza, este desliz contribuye al concepto de carisma como a algo necesario en la interacción.



Ocurrió una historia:
Una muchacha observa a quien le habla, la conversación captó temas peliagudos, y bien podría tratarse de temas sexuales, como de trabajo, en fin, digamos que dialogan sobre un amigo en común que se encuentra en problemas, ahora ella esta atenta a quién le habla y se encuentra interesada en captar el problema: "el se sentía desnudo hacia esa situación, pues nada más abrir la puerta todos se callaron, ¿entiendes?", Si, afirmo apresurada ella, "bien, pues yo estaba en aquella sala, no muy cerca de donde hablaban, escuche hablar de el Susana, se reían de el" me imagino, y ¿que más?, "hablaban de como echarlo del grupo, pues como sabes a Alba no le.... ". Y hasta aquí estuvo presente él.


Este amigo aguantó hasta que ceso la comunicación, antes contribuía sigilosamente en la conversaciónsin sin emitir palabra alguna, dejando entrever su carisma. Cuando ambos hablaban el investigó, observó gestos en Javier, quien contaba el suceso algo cabreado, más tarde, cuando Susana se dedicaba a escuchar el la observaba, quería descubrir en que punto se encontraba, si ella era capaz de captar el mapa de Javier, y volviendo al muchacho, continuó comunicándole tranquilidad mediante gestos con las manos y otros gestos comunes entre ellos. Después mientras la conversación se rompía, cuando ambos amigos dejaron de comunicarse, el se marcho.


Existen transformaciones intensas en el intercambio anterior, hay un chico que no habla, ocurre algo en esa situación que tranquiliza y acompaña, una manera de ser, o una forma de amistad que une a dos de ellos. El chico es quien poseé la amistad en potencia, hay momentos en que se hace necesario juntar los planos de forma rítmica, podríamos decir alinear planos, encontrar puntos, coordenadas para la unión. Todo esto sucede en una interacciónn recordemos, donde el objeto es un enunciado y los sujetos dos conocedores de un problema, que siendo el mismo difieren en las proposiciones, por un lado Javier verbaliza sus proposiciones, sus experiencias, mucho mayores en numero y en dificultad. Susana recibe, ordena y desfigura las suyas propias, para amoldarlas a las próximas que pueden ser creadas.


Por eso aquí el trabajo esta en crear un enunciado muy común a quienes dialogan, el chico, el carismático, sin palabras se aproxima a los dialogadores como si su plano contuviera a los otros dos. Su plano es muy abierto, esta bien ejercitado para hender sus redes en el de otros individuos, actúa como imán y acompaña la producción enunciativa por rutas comunes.


Las personas carismáticas confeccionan planos flexibles que ejercen por su movilidad un mayor dominio en temas diversos, si el interés se sitúa en un conocido, una conversación puede surgir,también cambiar o desviarse por rutas cualesquiera, tales son: familia, trabajo, conocidos, estudios, o demás enlaces que unen al conocido con los presentes. Casos así son propicios para los planos flexibles de esta gente tan carismática pues, responden a la mayor demanda ambiental, captan alegrías de un gran numero de personas y hacen que exploten, para re-crearlas y volverlas al presente recién vivas.


Estas alegrías realizadas de forma común son el motor de la confianza, entre individuos e individualmente. Este es el secreto de la gente carismática. Parece que su diversión es la alegría en el esfuerzo por conocer a la persona.

Deleuze. Foucault y la Tª de visibilidades

Imagen conceptual de la arqueología de Foucault, mostrando capas estratificadas de conocimiento, visibilidad y discurso, con umbrales de epistemología, cientificidad, etización, estetización y politización.



En Foucault. Los lugares de visibilidad nunca tendrán el mismo ritmo, la misma historia, la misma forma que los campos de enunciados, y la primacía del enunciado solo será válida por esa razón, en tanto que se ejerce sobre algo irreductible. Cuando se olvida la teoría de las visibilidades se mutila la concepción que Foucault tiene de la historia, pero también se mutila su pensamiento, su concepción del pensamiento. Se lo convierte en una variante de la filosofía analítica actual, con la que no tiene casi nada en común. Foucault siempre se sintió tan fascinado por lo que veía como por lo que oía o leía, y la arqueología tal y como él la concebía es un archivo audiovisual (empezando por la historia de las ciencias).

Si a Foucault le gusta enunciar y descubrir los enunciados de los demás, es porque también tiene una pasión por ver: lo más característico de él es la voz, pero también los ojos. Los ojos, la voz. Foucault siempre ha sido un vidente, a la vez que introducía en la filosofía un nuevo estilo de enunciados, de acuerdo con un doble movimiento, con un doble ritmo. Lo estratificado no es el objeto indirecto de un saber que surgiría después, pero constituye directamente un saber: la lección de cosas y la lección de gramática. Por eso la arqueología se ocupa de los estratos, precisamente porque no remite obligatoriamente al pasado. Existe uria arqueología del presente. Presente o pasado, lo visible es como lo enunciable, son el objeto, no de una fenomenología, sino de una epistemología.

Lo que Foucault reprochará a La historia de la locura es que todavía invoque una experiencia vivida salvaje, a la manera de los fenomenólogos, o unos valores eternos de lo imaginario, a la manera de Bachelard. De hecho, nada hay previo al saber, pues el saber, tal y como Foucault lo convierte en un nuevo concepto, se define por esas combinaciones de visible y de enunciable específicas de cada estrato, de cada formación histórica. El saber es un agenciamiento práctico, un.«dispositivo » de enunciados y de visibilidades. Nada hay, pues, bajo el. Saber (aunque haya cosas fuera del saber). Lo que equivale a decir que el saber solo existe en función de «umbrales» muy variados, que señalan otras tantas láminas, separaciones y orientaciones en el estrato considerado. A este respecto, no basta con hablar de un «umbral de epistemologización»: este ya está orientado en una dirección que conduce a la ciencia y que todavía atravesará un umbral específico de «cientificidad» y, eventualmente, un «umbral de formalización».

En el estrato también existen otros umbrales, orientados de otra forma: umbrales de etización, de estetización, de politización, etc. El saber no es la ciencia, y es inseparable de tal y tal umbral en el que está incluido: incluso la experiencia perceptiva, incluso los valores de lo imaginario, incluso las ideas de la época o los elementos de la opinión común. El saber es la unidad de estrato que se distribuye en los diferentes umbrales, mientras que el estrato solo existe como la acumulación de esos umbrales bajo diversas orientaciones y la ciencia solo es una de ellas.

En tanto el alma (cuerpo) imagina, no se forma conocimiento adecuado.

PROPOSICIÓN XXVI

El alma humana no percibe ningún cuerpo exterior como existente en acto sino por obra de las ideas de las afecciones de su propio cuerpo.

Demostración: Si el cuerpo humano no es afectado en modo alguno por ningún cuerpo exterior, entonces (por la Proposi­ción 7 de esta Parte) tampoco la idea del cuerpo humano, es decir (por la Proposición 13 de esta Parte), tampoco el alma humana, es afectada en modo alguno por la idea de la existencia de ese cuerpo, o sea, no percibe en modo alguno la existencia de dicho cuerpo exterior. Pero en cuanto el cuerpo humano es afectado de algún modo por un cuerpo exterior, en esa medida (por la Proposición 16 de esta Parte, con su Corolario 1) percibe el cuerpo exterior. Q.E.D.

Corolario: En tanto el alma humana imagina un cuerpo exterior, no tiene de él un conocimiento adecuado.

Demostración: Cuando el alma humana considera los cuerpos exteriores por obra de las ideas de las afecciones de su propio cuerpo, decimos entonces que «imagina» (ver Escolio de la Proposición 17 de esta Parte); y el alma no puede imaginar de otra forma (por la Proposición anterior) los cuerpos exteriores como existentes en acto. Así, pues (por la Proposición 25 de esta Parte), en cuanto el alma imagina los cuerpos exteriores, no tiene de ellos conocimiento adecuado. Q.E.D.

PROPOSICIÓN XXVII
La idea de una afección cualquiera del cuerpo humano no implica el conocimiento adecuado del cuerpo humano mismo.
Demostración: Toda idea de una afección cualquiera del cuerpo humano implica la naturaleza de dicho cuerpo en tanto en cuanto se lo considera afectado de cierta manera (ver Proposición 16 de esta Parte). Pero en cuanto el cuerpo humano es un individuo, que puede ser afectado de muchas otras maneras, su idea, etc. Ver Demostración de la Proposi­ción 25 de esta Parte.

PROPOSICIÓN XXVIII
Las ideas de las afecciones del cuerpo humano, en cuanto referidas sólo al alma humana, no son claras y distintas, sino confusas. 


Demostración: En efecto, las ideas de las afecciones del cuerpo humano implican la naturaleza, tanto de los cuerpos exteriores, como del cuerpo humano mismo (por la Proposi­ción 16 de esta Parte), y deben implicar no sólo la naturaleza del cuerpo humano, sino también la de sus partes, ya que las afecciones (por el Postulado 3) son modos por los que son afectadas las partes del cuerpo humano y, consiguientemente, el cuerpo entero. Ahora bien (por las Proposiciones 24 y 25 de esta Parte), no se da en Dios un conocimiento adecuado de los cuerpos exteriores, ni de las partes componentes del cuerpo humano, en cuanto se le considera afectado por el alma humana, sino en cuanto se le considera afectado por otras ideas. Por consiguiente, dichas ideas de afecciones, en cuanto referidas sólo al alma humana, son como consecuencias sin premisas, es decir (como es por sí notorio), ideas confusas. Q.E.D.

Escolio: Se demuestra de la misma manera que la idea que constituye la naturaleza del alma humana no es, considerada en sí sola, clara y distinta; como tampoco lo son la idea del alma humana y las ideas de las ideas de las afecciones del cuerpo humano, en cuanto referidas sólo al alma, lo cual comprenderán todos con facilidad.


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Soy bloggero. Diversión de búsqueda

¿Qué tienen esos blogs? -Suele ser la pregunta,- tienen una estética rara surgida con poco esmero, mediocre parece, he escuchado que es poco elegante y ademas no valen para nada, me comento la gran abogada en que se esta convirtiendo Rosa.


Hay blogs buenísimos porque me divierten, -así responde un admirador bloggero a las preguntas de quienes no leen este tipo de contenidos-. Parece como si esta diversión surgiese de lo impredecible, razones inimaginables existen para cualquier diversión, como si en esos días un bloggero entendiese su mediocridad. Así que la única guía es la diversión.


En un momento dado cualquier sujeto se sitúa en un plano, siempre hay un plano habitado donde es necesario hacer algo, lo dramático es que se convierta en estático, pues de hay solo devendría aburrimiento. Por doquier captamos que personas habitan planos cerrados, sin vida, y solo ante una explosión, cual fuerza externa que efectúe una expansión de ese plano, solo ante tales circunstancias el plano se desliza, cambia de dirección y se despliegan velocidades genuinas, no experimentadas.


Y es que después de todo las personas están condenadas a divertirse. Claro, lógico, porque es imposible escapar a la diversión, ya, pero este no es el problema de quien se sabe poseedor de un plano cerrado, el siempre lo sabe, sabe que sus alegrías provienen de rutas externas, sabe que el plano continua aislado, no hay elección entre alegría o dolor, ambos como frutos del destino se arrojan sobre planos inmóviles.¿Dónde esta el movimiento intuitivo?. Porque el plano se desliza, si se confiá puede partir, captar el momento de caída, la coordenada de impacto, un plano en movimiento, el que se sabe vivo parte y capta la zona donde arriban las caídas, el que recoge frutos se sabe vivo, se cree valioso y no duda. Su plano actúa por el, el no sabe que sabe, y sabe que es bueno y valioso.


El bloggero utiliza un plano, y ese plano es virtual, es un blog que cambia, y el bloggero escribe por necesidad, el desliz es su alimento cuando se observa a si mismo estático, el bloggero busca rutas para el movimiento, pincha sobre enlaces, encuentra sitios y páginas, escritores con ideas, movimientos en potencia para su plano, amigos que no sabe que son, pero son porque habitan el plano de su próxima entrada. Diversión de búsqueda, más próxima a la libertad que la externa.


La diversión de búsqueda agranda tu voluntad, tu capacidad, tu habito, crea herramientas de expansión, se muestra optimista y te muestra optimista.

¿Quién busca en los blogs?, quien busca singularidades creativas en personas que quieren decir algo, y que pueden decirlo, o que están buscando como decirlo. Personas que buscan el cambio de velocidad, para desfigurar un plano y encontrar impresiones lo más vivas posibles.

La tristeza es directamente mala.

PROPOSICIÓN XLI

La alegría, nunca es directamente mala, sino buena; en cambio, la tristeza es directamente mala.

Demostración: La alegría (por la Proposición 11 de la Parte III, con su Escolio) es un afecto que aumenta o favorece la potencia de obrar del cuerpo; la tristeza, en cambio, es un afecto que disminuye o reprime la potencia de obrar del cuerpo, y así (por la Proposición 38 de esta Parte) la alegría es directamente buena, etc. Q.E.D.


PROPOSICIÓN XLII

El regocijo no puede tener exceso, sino que es siempre bueno, y, por contra, la melancolía es siempre mala.

Demostración: El regocijo (ver su definición en el Escolio de la Proposición 11 de la Parte III) es una alegría que, en cuanto referida al cuerpo, consiste en que todas las partes del cuerpo sean igualmente afectadas, esto es (por la Proposición 11 de la Parte III), en que la potencia de obrar del cuerpo resulta aumentada o favorecida de tal modo que todas sus partes conservan la misma relación de reposo y movimiento entre sí; y de este modo (por la Proposición 39 de esta Parte), el regocijo es siempre bueno, y no puede tener exceso. En cuanto a la melancolía, es una tristeza que, en cuanto referida al cuerpo, consiste en que la potencia de obrar del cuerpo resulta absolutamente disminuida o reprimida, y de este modo (por la Proposición 38 de esta Parte) es siempre mala. Q.E.D.


PROPOSICIÓN XLIII

El placer puede tener exceso y ser malo; el dolor puede ser bueno en la medida en que el placer, que es una alegría, sea malo.

Demostración: El placer es una alegría que, en cuanto referida al cuerpo, consiste en que una o algunas de sus partes son afectadas más que las otras (ver sus definición en el Escolio de la Proposición 11 de la Parte III), y la potencia de ese afecto pueda ser tan grande que supere a las restantes acciones del cuerpo (por la Proposición 6 de esta Parte), se aferré pertinaz­mente a él e impida de esta suerte que el cuerpo sea apto para ser afectado de otras muchas maneras, y así (por la Proposición 38 de esta Parte) puede ser malo. Por su parte, el dolor, que es, por el contrario, una tristeza, no puede ser bueno, considera­do en sí solo. Pero como su fuerza e incremento se definen por la potencia de la causa exterior comparada con la nuestra (por la Proposición 5 de esta Parte), podemos, entonces, concebir infinitos grados y moda­lidades en la fuerza de este afecto (por la Proposición 3 de esta Parte); y, de esta suerte, podemos concebir un dolor tal que pueda reprimir el placer, para que éste no tenga exceso, y provocar en esa medida (por la primera parte de esta Proposición) que el cuerpo no se vuelva menos apto, y, por tanto, en esa medida será bueno. Q.E.D.

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Relatos. Mujeres y copas en un bar.


Ahora respiraba y me sentía tranquilo, tranquilo, relajado, ahora estoy en calma me afirme a mi mismo. Llevo casi dos horas despierto, perdido entre flashes nocturnos, recuerdos de hace unas horas cuando bebía copas en compañía. En el último estaba con una chica, la había saludado para contarle lo que me gustaría conocerla, ella respondió afirmativamente, podía ver lo sexy que se sentía, estábamos muy cómodos, mientras, le contaba que justo antes dudaba entre hablar o no con ella, que no podía imaginar lo simpática que era, que era algo difícil conocer a una chica atractiva que se mostrase con tanta humildad.

Recuerdo que me alcanzó Lucia. Venían de una boda, era su amiga Sandra la afortunada, ella estaba contenta, ella estaba alegre, en esos momentos nos acercamos mucho, hablábamos muy cerca, podríamos besarnos si quisiéramos, entonces ella se dio cuenta, le comente algo sobre el trabajo. No recuerdo mucho más.

Pero recuerdo que la chica del recuerdo me abandono, ella ya no estaba junto a mi, tampoco en la misma sala.¿Quizá la traicione? Sería como una traición muy pequeña, recuerdo lo cómodo que estaba, y ella expectante , ambos al acecho, pero me alcanzó Lucía.