20 de marzo de 2017



Crónicas: Nietzsche y la amistad de las Estrellas

Publicado por: martin masciardi / @MartMasciardi





¨Éramos amigos y nos hemos vuelto extraños. Pero está bien que sea así, y no queremos ocultarnos ni ofuscarnos como si tuviésemos que avergonzarnos de ello. Somos dos barcos y cada uno tiene su meta y su rumbo; bien podemos cruzarnos y celebrar juntos una fiesta, como lo hemos hecho - y los valerosos barcos estaban fondeados luego tan tranquilos en un puerto y bajo un sol que parecía como si hubiesen arribado ya a la meta y hubiesen tenido una meta. Pero la fuerza todopoderosa de nuestras tareas nos separó e impulsó luego hacia diferentes mares y regiones del sol, y tal vez nunca más nos veremos - tal vez nos volveremos a ver, pero no nos reconoceremos de muevo: ¡los diferentes mares y soles nos habrán trasformado! Que tengamos que ser extraños uno para el otro, es la ley que está sobre nosotros: ¡por eso mismo hemos de volvernos más dignos de estimación uno al otro! ¡Por eso mismo ha de volverse más sagrado el recuerdo de nuestra anterior amistad! Probablemente existe una enorme e invisible curva y órbita de estrellas, en la que puedan estar contenidos como pequeños tramos nuestros caminos y metas tan diferentes -¡elevémonos hacia ese pensamiento! Pero nuestra vida es demasiado corta y demasiado escaso el poder de nuestra visión, como para que pudiéramos ser algo más que amigos, en el sentido de aquella sublime posibilidad. Y es así como queremos creer en nuestra amistad de estrellas, aún cuando tuviéramos que ser enemigos en la tierra.¨ 


Hace unos años una chica me envió este texto de Nietzsche por correo electrónico. Este bello poema de Nietzsche graficaba nuestra situación. La separación definitiva y el dolor que nos causó sobre todo a mí que cada uno debiera seguir navegando por mares diferentes, volvernos extraños el uno para el otro. Ya ni siquiera éramos ¨amigos¨ en Facebook por ejemplo que es donde se expresan hoy en día todo tipos de relaciones incluso aquellas cuya base es el odio y aunque actualmente nos seguimos en Twitter no nos escribimos, no voy a negar que a veces la leo pero es una persona extraña, me es ajena. De hecho todo sentimiento se fue apagando con el tiempo hasta llegar a la total indiferencia, hoy me es por completo indiferente. Y pensé: lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia, sé bien que es un razonamiento común pero al nivel de la experiencia, llegar a sentir indiferencia por un ser pretéritamente amado no es fácil. Se necesita tiempo, a veces mucho tiempo o si somos algo volubles otro ser que ocupe ese espacio pero en lo personal, eso no funciona conmigo. Pensé muchas veces en el pasado: qué hubiera pasado si… pero es en vano. No tiene sentido lamentarse ni pensar suposiciones que hoy no tienen lugar. No fue por falta de amor que decidimos no seguir juntos, a veces hay otros problemas que van más allá del amor que  en lo personal me hacían o me hacen, y hablo en tiempo presente, sujetan. No estaba listo para estar con ella ni con nadie y ella no estaba preparada para estar conmigo porque más allá de mi persona, está repleta de temores y prejuicios y sin embargo es una gran artista pero limitada al nivel de sus experiencias personales, creo que es como una enorme felina enjaulada que aún no descubre todo ese poder subyacente que se expresa en su arte.


Pienso en un puerto seguro de hace unos años. Y en los momentos pasados que hoy son recuerdos preciosos, también la pasamos mal y ella me supo ayudar a que no me pierda del todo en mí mismo, me sacó del laberinto interior por momentos como Ariadna, fue esa mano compañera que supo evitar que me ahogue en un vaso a medio llenar. Fui cruel, la lastimé mucho, no supe expresarle amor sino a través del dolor y el maltrato. Le escribí los poemas más hermoso que me fue posible escribir, nunca a ningún otra le escribí como a ella, le llenaba el cuaderno de poemas y luego con timidez se los leía y entregaba para que los guardara entre sus cosas. Una vez hicimos un viaje a Mendoza, fue la primera vez que pasamos una noche juntos, con el lápiz de labio le escribí en su cuerpo ¨te amo¨. Y ella escribió en mi vientre ¨yo también¨. Han pasado casi diez años de eso. Cómo pasa el tiempo.


No he vuelto a verla porque se fue a vivir a otro país. Lo sé porque lo vi en su perfil de Twitter. A lo que voy es que ser fiel a todo aquello que nos acontece y mantenernos firmes en nuestras elecciones excede a la lectura académica de Nietzsche. El amor fati conjugado con nuestra libertad para no caer en un determinismo teológico y aceptar con valor la negativa la ausencia del ser querido y sobre llevar en nosotros el acontecimiento encarnado en el cuerpo. Y cada cual carga su posible, así como Fitzgerald llevó el suyo como su posibilidad de crear aunque en ello se vaya la vida. Dudo que lea esto que ahora escribo y si lo hace, acaso volvamos a escribirnos. Y hasta creo que aceptaría viajar para verla de nuevo pero ya es tarde. No somos los mismos, somos extraños no sólo el uno para el otro, sino además para nosotros. Yo dejé de ser ese joven irresponsable que la buscaba a la salida del trabajo para ir a emborracharnos juntos en un bar o ir juntos al cine y llevar nuestra comida y bebida en una mochila porque en los cines te arrancan un ojo por una bolsita de mierda de pochoclos. Me siento tentado a invocarla escribiendo su nombre pero no puedo. Es tarde. No supe cuidarla porque no sabía cómo cuidarme yo. Y siempre lo mismo, como un retorno inevitable que me tiene como centro a mí mismo. La hice llorar tantas veces que logré lo que buscaba: quedarme solo. Desde entonces nadie ha podido tapar esa fisura en mi ser, la cargo conmigo cada día y en el mejor de los casos cada vez que encontraba la oportunidad de comenzar de nuevo con un ser diferente, hacía todo lo posible para que nadie ocupe ese lugar. He declarado amor tantas veces en palabras vacías que no dicen mi sentimiento verdadero... leo ese poema de Nietzsche que recuerda a cada una de ellas, ningún poeta ama a una sola mujer a lo lago de su vida. Es como una sucesión de errores que se repiten porque la fuente del problema involucra únicamente a quien escribe. Lo recuerdo ahora, le respondí que si el destino en algún momento nos cruzaba continuemos camino como dos desconocidos. Mentía y ella lo sabía.


Hace unos días mientras caminaba con este calor de verano que se resiste a retirarse me detuve a tomar una foto al sol, la misma me recordó el viejo mail que ella me envió en el pasado. Pensé en ella en estos días. Sentí la tentación de escribirle y contarle todo lo vivido desde que comenzamos a ser dos desconocidos. De mis ibas y vueltas, de mis subidas y bajadas, de mis estados de letargo, de mis escritos en los que ella aún está presente, de mis estudios que comencé en la universidad hace unos años, de sus fotografías y pinturas. Un ser particular que conjugaba las artes plásticas con la capacidad de escribir lo que ella quisiera como si se tratara de una escritora experimentada, además de esa sensibilidad tan sobre la piel, el saber leerme como un libro con apenas mirarme o escuchar el tono de mi voz.  Nunca pude mentirle. Fui diferente, siempre ciego sin poder verla, sin entender sus necesidades, tan encerrado en mi mismo que de a poco la fui apagando.


La semana pasada mientras caminaba por el parque para oxigenarme me crucé con una mujer muy parecida a ella. El pelo negro y largo con ondas, su piel tan clara y esos enormes ojos color miel. Me puse muy mal. Me di cuenta de todo lo que perdí. Y sin embargo de no ser por ella no estaría ahora escribiendo, leyendo y viviendo de nuevo. Conociendo a otra persona aunque sin mucho entusiasmo. No he cambiado mucho. Siempre el Yo primero, mis cosas, mis sentimientos, mis tiempos, Yo, Yo y mi mundo, mi burbuja, ese límite imaginario entre el mundo y yo. Una parte de mí hace la valija, compra un pasaje de colectivo, cruza el río y se aventura a buscarla con un poema en una mano y una rosa en la otra pero no puedo, toda una vida nos separa, el tiempo no pasó en vano, intento pese a todo seguir remando, nadando hasta llegar a la costa, seguir el movimiento de las olas, atravesar solo la tormenta y comenzar de nuevo pero desde un lugar distinto. Me es tan difícil la vida.


Posiblemente le envíe este texto, posiblemente también no lo haga, es lo más seguro. ¨Pero la fuerza todopoderosa de nuestras tareas nos separó e impulsó luego hacia diferentes mares y regiones del sol, y tal vez nunca más nos veremos - tal vez nos volveremos a ver, pero no nos reconoceremos de muevo: ¡los diferentes mares y soles nos habrán trasformado! Que tengamos que ser extraños uno para el otro, es la ley que está sobre nosotros: ¡por eso mismo hemos de volvernos más dignos de estimación uno al otro!¨ Es lo más seguro: nunca más nos veremos. Es extraño, por qué me ataca su recuerdo después de mucho tiempo. Por qué en esta noche silenciosa y fría me sorprende su recuerdo, me encuentra solo sentado escribiendo, sin defensas y cansado, con unas pocas ilusiones nuevas y con otras tantas ilusiones muertas. No hay retorno. La he buscado, lo juro, pero cometí un error fatal. La busqué en personas que no son ella.


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