28 de noviembre de 2016



No habrá una nueva «Arca de Noé»

Publicado por: samir alarbid / @samiralarbid
   Estas líneas, tienen como objetivo, iniciar al lector no especialista en la investigación filosófica, en algunas nociones de ética ecológica y, ante todo, hacerle comprender, por un lado, la urgente necesidad de llevar a cabo una serie de reflexiones precisas acerca del problema ambiental y, por otro, advertir sobre la amplitud y la complejidad que significa el impacto del «poder humano» sobre el ambiente, lo que resulta un verdadero desafío. Existen, como es sabido, muchas reflexiones bastantes difundidas en torno a este tema, sin embargo, no se ha pasado de ahí, de la reflexión, por lo que intentaré realizar una crítica, a la luz de la filosofía práctica utilizando como recurso alegórico el mito bíblico acerca del Arca de Noé.
  
    La evolución humana durante los últimos siglos ha traído un cúmulo de bienes para todos los que actualmente habitamos la madre tierra. El cerebro humano se ha desarrollado de tal manera que alcanza «altos niveles de racionalidad»; cualidad que le ha permitido sobresalir de entre todos los seres que existen en el planeta, de hecho, ha caminado sobre la superficie lunar, habla sobre física cuántica y energía nuclear. El hombre es un ser eminentemente creativo. Hoy existen los maravillosos beneficios que proporcionan las nuevas tecnologías; supercomputadoras que automatizan un gran número de procedimientos manuales facilitando la vida de todos.

    Ahora bien, el problema radica en que el salvajismo del hombre moderno, la mala administración de las nuevas tecnologías, el logocentrismo de las nuevas ciencias y una racionalidad económica divorciada de la naturaleza están provocando la llamada crisis ambiental, es decir, el equilibrio ecológico del planeta tierra está siendo amenazado y «no habrá una nueva Arca de Noé» que salvaguarde la integridad de los individuos, tal como aparece en las «sagradas escrituras». La falta de conciencia sobre el ambiente y la voracidad desarrollista de muchos países con altos grados de industrialización, trae como consecuencias la lluvia ácida, el calentamiento global, la destrucción de la capa de ozono y el efecto invernadero. La sociedad de hoy, no puede pasar por alto tales circunstancias; de hacerlo se estaría autodestruyendo. Hasta ahora, las propuestas que se ofrecen para una posible resolución del problema ambiental, han sido verbal y no real, en última instancia, sólo se viene desplazando la crisis quedando reducida a propuestas utópicas e ilusorias. 

    Está fuera de duda que muy pocos científicos parecen preocuparse por este tema y, si realmente, es posible hablar de un «progreso científico», entonces, las ciencias deben articularse y dar respuesta al problema ambiental, este es el camino más viable acompañado del fomento de una nueva conciencia ecológica. Es fundamental estar convencido que el desarrollo humano debe ser integral y no debe basarse en lo estrictamente económico, el saber mirar a la totalidad,al oikos [la casa común] constituye, a mi parecer, un canon de máxima importancia.

   Los «tecnólogos» deben hacer ecotecnología, urge la necesidad de implementar nuevas políticas globales con matices ecológicos para atender las nuevas exigencias del equilibrio ecosistémico; todos coexistimos en el planeta, circunstancias que nos llevan a replantear los clásicos principios éticos antropocéntricos, somos parte de una interdependencia orgánica, por lo tanto, necesitamos pensar en una ética de la ecología. ¿Qué es la ética ecológica? es promover respeto por todo lo que existe en la naturaleza, es ser corresponsable de la creación y poseer una conciencia de la solidaridad generacional; nuestros hijos serán promotores de nuevas generaciones que también tienen derecho de habitar en nuestra madre tierra. Si el desarrollo humano tiene como fundamento la justicia social, donde son prioritarios los intereses de la comunidad mientras que el de los individuos son respetados en la medida que son compatibles con el bien de todos, entonces, estaremos trabajando en un nuevo modelo de desarrollo autosustentable que incluya el bienestar social y de la naturaleza. 



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